4 frases del papa León XIV sobre los seminaristas y la formación de sacerdotes

Más allá de los encuentros y celebraciones previstas para la visita del papa León XIV, hay un hilo de fondo que atraviesa muchas de sus intervenciones desde el inicio de su pontificado: la necesidad de cuidar con especial atención la formación de los seminaristas; de quienes se preparan para ser sacerdote: para ser el mismo Cristo.

La formación de sacerdotes según el papa León XIV

Durante 2025 y 2026 en distintos encuentros y documentos, el papa León XIV ha ido dibujando una visión coherente sobre el sacerdocio y la formación de los seminaristas. No se trata de afirmaciones aisladas, sino de una enseñanza constante que pone el foco en la profundidad, la madurez y la preparación integral que requiere la persona que será otro Cristo.

Estas son algunas de sus afirmaciones más significativas y el contexto en el que fueron pronunciadas.

1. «El seminario es siempre un signo de esperanza para la Iglesia»

Discurso a los seminaristas españoles el 28 de febrero de 2026. Al recibir a comunidades de los seminarios españoles, León XIV recordó que cada seminario es un motivo de esperanza para toda la Iglesia. Allí donde hay jóvenes, que responden a la llamada de Dios y se disponen a formarse para el sacerdocio, la Iglesia descubre que el Señor sigue actuando en la historia. 

Pero esa esperanza no nace solo del número de vocaciones, sino del camino interior que se cultiva en el seminario: aprender a mirar la realidad con fe, vivir en relación con Dios y dejar que esa mirada sobrenatural dé unidad a toda la formación. 

De ese modo, el seminario se convierte en un lugar donde se preparan pastores capaces de reconocer la acción de Dios en la vida concreta de las personas.

2. «Fidelidad que genera futuro es a lo que los presbíteros están llamados hoy».

Carta apostólica Una fidelidad que genera futuro, del 8 de diciembre de 2025. En esta carta programática, el Santo Padre propone una visión del sacerdocio en clave de perseverancia. La fidelidad no es simple constancia externa, sino una respuesta diaria a la llamada recibida.

Al hablar de una fidelidad que genera futuro, el Papa conecta la vida concreta del sacerdote con el porvenir de la Iglesia. Una formación sólida es el terreno donde esa fidelidad aprende a sostenerse incluso en momentos de dificultad.

3. «La formación es un camino de relación. Convertirse en amigos de Cristo significa formarse en la relación, no sólo en las competencias»

Encuentro con el Dicasterio para el Clero, del 26 de junio de 2025. Dirigiéndose a formadores, sacerdotes y seminaristas, León XIV recordó que la formación sacerdotal no puede reducirse a la adquisición de conocimientos o habilidades pastorales. 

En su núcleo está una relación personal con Cristo. El seminario es el lugar donde esa amistad se aprende y se cultiva: una familiaridad con el Señor que compromete toda la vida del futuro sacerdote, su corazón, su inteligencia y su libertad y lo configura poco a poco a imagen del Buen Pastor. 

Formar sacerdotes, por tanto, no consiste sólo en transmitir contenidos, sino en acompañar un camino de vida con Cristo para ser el mismo Cristo para los demás.  

4. «El seminario debe ser una verdadera escuela de los afectos».

Jubileo de los seminaristas, del 24 de junio de 2025. Durante el jubileo dedicado a los seminaristas, el Papa subrayó que el seminario no es únicamente un lugar de estudio. Es un espacio donde se aprende a integrar la dimensión afectiva, a ordenar los propios sentimientos y a crecer en equilibrio humano.

Al hablar de escuela de los afectos, León XIV puso el acento en la madurez personal como condición indispensable para el ministerio. La preparación intelectual es necesaria, pero sólo da fruto cuando se sostiene sobre una personalidad unificada y capaz de relaciones sanas.

diseñar nuevos mapas de esperanza papa león XIV carta apostólica

La visita del Papa a España

Del 6 al 12 de junio, el papa León XIV visita España, tal como anunció la CEE. Será un acontecimiento histórico para la Iglesia en nuestro país. Millones de personas participarán en encuentros de adoración, celebraciones de la Santa Misa y actos públicos.

Cada vez que un Papa visita un país, no solo deja imágenes o titulares. Deja algo más profundo: mueve a las conciencias, despierta cuestiones trascendentes de jóvenes y jóvenes de espíritu:, confirma multitud de vocaciones y fortalece decisiones personales que muchas veces se gestan en silencio. A lo largo de la historia reciente, las visitas papales han sido momentos de gracia que han marcado a generaciones enteras.

Esta visita llega, además, en un momento en el que el Santo Padre insiste con diaria claridad en un mensaje de paz para el mundo y, en el ámbito del sacerdocio, la necesidad de sacerdotes bien formados. No basta con que haya vocaciones; es necesario acompañarlas, sostenerlas y ofrecerles una preparación integral. Invertir hoy en su formación es una forma concreta de cuidar el futuro de la Iglesia.

Carta de León XIV con motivo de la Asamblea Presbiteral de la Arquidiocesis de Madrid

Un sueño que interpela a todos

En muchos países del mundo hay jóvenes con vocación, de lugares donde la fe es fuerte, pero los recursos económicos son muy escasos. Allí es donde tu ayuda marca la diferencia. Tu apoyo se torna esencial.

La Fundación CARF trabaja precisamente en aquello que el papa León XIV está solicitando: incentivar la formación integral (humana, espiritual y académica) de seminaristas y sacerdotes diocesanos de 130 países.

Cada donativo contribuye a que estas palabras del Santo Padre no se queden en un deseo, sino que se conviertan en realidad concreta.

Papa León XIV formación seminaristas sacerdotes visita a España


Domingo de Ramos: significado bíblico e historia

Comienza con el Domingo de Ramos la Semana Santa y recordamos la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Escribe San Lucas: «Al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos diciéndoles: "Vayan al caserío que está frente a ustedes. Al entrar, encontrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: el Señor lo necesita". Fueron y encontraron todo como el Señor les había dicho».

¿Qué celebramos el Domingo de Ramos?

El Domingo de Ramos es el último domingo antes del Triduo Pascual. También recibe el nombre de Domingo de Pasión que marca el inicio de las celebraciones de la Semana Santa.

Esta es una fiesta cristiana de paz. Los ramos, con su antiguo simbolismo, nos hacen recordar ahora, la alianza entre Dios y su pueblo. Confirmada y establecida en Cristo, porque Él es nuestra paz.

En la liturgia de nuestra Santa Iglesia Católica, leemos en el día de hoy estas palabras de profunda alegría: los hijos de los hebreos, llevando ramos de olivo salieron al encuentro del Señor, clamando y diciendo: Gloria en las alturas.

Mientras Jesús pasaba, cuenta San Lucas, las gentes tendían sus vestidos por el camino. Y estando ya cercano a la bajada del Monte de los Olivos, los discípulos en gran número, transportados de gozo, comenzaron a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto: bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor, paz en el cielo y gloria en las alturas.

«Con obras de servicio, podemos preparar al Señor un triunfo mayor que el de su entrada en Jerusalén», san Josemaría Escrivá.

Semana Santa: origen del Domingo de Ramos

En este día, los cristianos conmemoramos la entrada de Cristo en Jerusalén para consumar su Misterio Pascual. Por eso se leen desde hace mucho tiempo dos evangelios en la Santa Misa de este día.

Como lo explicaba el papa Francisco: «esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del evangelio sobre su pasión. Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén».

Es en el Domingo de Ramos, cuando Nuestro Señor comienza la semana decisiva para nuestra salvación, san Josemaría nos recomienda que «dejémonos de consideraciones superficiales, vayamos a lo central, a lo que verdaderamente es importante. Mirad: lo que hemos de pretender es ir al cielo. Si no, nada vale la pena. Para ir al cielo, es indispensable la fidelidad a la doctrina de Cristo. Para ser fiel, es indispensable porfiar con constancia en nuestra contienda contra los obstáculos que se oponen a nuestra eterna felicidad...».

Las hojas de palma, escribe san Agustín, son símbolo de homenaje, porque significan victoria. El Señor estaba a punto de vencer, muriendo en la Cruz. Iba a triunfar, en el signo de la Cruz, sobre el Diablo, príncipe de la muerte.

«Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “cátedra de Dios”»Papa Francisco.

Procesiones de Semana Santa

Significado del Domingo de Ramos

Mons. Javier Echevarría, nos hace ver el significado cristiano de esta fiesta: «nosotros, que no somos nada, nos mostramos a menudo vanidosos y soberbios: buscamos sobresalir, llamar la atención; tratamos de que los demás nos admiren y alaben.  El entusiasmo de las gentes no suele ser duradero. Pocos días después, los que le habían acogido con vivas pedirán a gritos su muerte. Y nosotros ¿nos dejaremos llevar por un entusiasmo pasajero? 

Si en estos días notamos el aleteo divino de la gracia de Dios, que pasa cerca, démosle cabida en nuestras almas. Extendamos en el suelo, más que palmas o ramos de olivo, nuestros corazones. Seamos humildes, mortificados y comprensivos con los demás. Éste es el homenaje que Jesús espera de nosotros». 

«Así como entonces el Señor entró en la Ciudad Santa a lomos del asno, dice Benedicto XVI, así también la Iglesia lo veía llegar siempre nuevamente bajo la humilde apariencia del pan y el vino».

La escena de Semana Santa del Domingo de Ramos se repite en cierto modo en nuestra propia vida. Jesús se acerca a la ciudad de nuestra alma a lomos de lo ordinario: en la sobriedad de los sacramentos; o en las suaves insinuaciones, como las que san Josemaría señalaba en su homilía sobre esta fiesta: «vive con puntualidad el cumplimiento del deber; sonríe a quien lo necesite, aunque tú tengas el alma dolorida; dedica, sin regateo, el tiempo necesario a la oración; acude en ayuda de quien te busca; practica la justicia, ampliándola con la gracia de la caridad».

El papa Francisco señalaba que nada pudo detener el entusiasmo por la entrada de Jesús; que nada nos impida encontrar en él la fuente de nuestra alegría, de la alegría auténtica, que permanece y da paz; porque sólo Jesús nos salva de los lazos del pecado, de la muerte, del miedo y de la tristeza.

El Domingo de Ramos en la Biblia

La liturgia del Domingo de Ramos pone en boca de los cristianos este cántico: levantad, puertas, vuestros dinteles; levantaos, puertas antiguas, para que entre el Rey de la gloria.

Primer Evangelio del Domingo de Ramos (Lucas 19,28-40)

Dicho esto, caminaba delante de ellos subiendo a Jerusalén. Y cuando se acercó a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos discípulos, diciendo:

—Id a la aldea que está enfrente; al entrar en ella encontraréis un borrico atado, en el que todavía no ha montado nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo desatáis, le responderéis esto: «Porque el Señor lo necesita».

Los enviados fueron y lo encontraron tal como les había dicho. Al desatar el borrico sus amos les dijeron:
—¿Por qué desatáis el borrico?

—Porque el Señor lo necesita —contestaron ellos.

Se lo llevaron a Jesús. Y echando sus mantos sobre el borrico hicieron montar a Jesús. Según él avanzaba extendían sus mantos por el camino. Al acercarse, ya en la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto, diciendo:

¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!
¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!

Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: —Maestro, reprende a tus discípulos.

Él les respondió: —Os digo que si éstos callan gritarán las piedras.

Evangelio del Domingo de Ramos  (Marcos 11, 1-10)

Al acercarse a Jerusalén, a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos y les dijo:

—Id a la aldea que tenéis enfrente y nada más entrar en ella encontraréis un borrico atado, en el que todavía no ha montado nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: «¿Por qué hacéis eso?», respondedle: «El Señor lo necesita y enseguida lo devolverá aquí».

Se marcharon y encontraron un borrico atado junto a una puerta, fuera, en un cruce de caminos, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les decían:

—¿Qué hacéis desatando el borrico?

Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y se lo permitieron. Entonces llevaron el borrico a Jesús, echaron encima sus mantos, y se montó sobre él. Muchos extendieron sus mantos en el camino, otros el ramaje que cortaban de los campos. Los que iban delante y los que seguían detrás gritaban:

—¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que viene, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!

Y entró en Jerusalén en el Templo; y después de observar todo atentamente, como ya era hora tardía, salió para Betania con los doce.

«Hay cientos de animales más hermosos, más hábiles y más crueles. Pero Cristo se fijó en él borrico para presentarse como rey ante el pueblo que lo aclamaba. Porque Jesús no sabe qué hacer con la astucia calculadora, con la crueldad de corazones fríos, con la hermosura vistosa pero hueca. Nuestro Señor estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño. Así reina en el alma», san Josemaría Escrivá.

domingo de ramos semana santa

Cuándo surgen las procesiones de Semana Santa del Domingo de Ramos

La tradición de celebrar el Domingo de Ramos tiene cientos de años. Durante siglos, la bendición del olivos ha sido parte de esta fiesta, al igual que las procesiones, La Santa Misa y el relato durante la misma de la Pasión de Cristo. Hoy se celebran en muchos países.

Los fieles que participan en la procesión de Jerusalén, que data del siglo IV, también llevan en las manos ramos de palma, olivos u otros árboles, y entonan los cantos del Domingo de Ramos. Los sacerdotes llevan ramos y van delante guiando a los fieles.

En España, una alegre procesión de Domingo de Ramos conmemora la entrada de Jesús a Jerusalén. Reunidos se canta hosanna y se agita las palmas como un gesto de alabanza y bienvenida.

Las ramas de olivo son un recordatorio de que la Cuaresma es un tiempo de esperanza y renovación de la fe en Dios. Se les atribuye ser un símbolo de la vida y resurrección de Jesucristo. Asimismo, recuerdan también la fe de la Iglesia en Cristo y su proclamación como Rey del Cielo y de la Tierra.

Al final la peregrinación, es costumbre colocar las palmas, ya bendecidas, junto a las cruces que hay en nuestro hogar como recuerdo de la victoria pascual de Jesús.

Estos mismos olivos se prepararán para el siguiente Miércoles de Ceniza.  Ya que para esta importante ceremonia se queman los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas se rocían con agua bendita y luego son aromatizadas con incienso.

Cantos para Domingo de Ramos

Breve lista de los cantos recomendados para la celebración del Domingo de Ramos:


Bibliografía:
Papa Francisco, Homilía, Domingo de Ramos 2017
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret.
San Josemaría, Es Cristo que pasa.
San Josemaría, Forja.


Preguntas y respuestas

– ¿Qué significa el día Domingo de Ramos?

El Domingo de Ramos es una de las celebraciones más importantes del cristianismo, ya que marca el inicio de la Semana Santa. Representa el fin de la Cuaresma y el comienzo de la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

– ¿Qué simboliza el ramo del Domingo de Ramos?

Conmemora la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Se celebra una semana antes de su Resurrección gloriosa triunfando sobre la muerte y el pecado. Jesús entró en Jerusalén montado en un asno, y la gente que había ido para las celebraciones de la Pascual judía depositaban en el suelo sus mantos y pequeñas ramas de árboles, a la vez entonaban parte del Salmo 118: «Bendito el que viene en nombre del Señor».

Aram Pano, sacerdote de Irak: una vocación de la guerra

Gerardo Ferrara, responsable de alumnado en la PUSC, entrevistó a Aram Pano, sacerdote de Irak, que participó en un encuentro de Fundación CARF. En su intervención abordó la situación social, cultural y religiosa de Irak, así como el impacto que tuvo para el país la visita del Santo Padre.

Aram Pano, AP. —«La visita del Santo Padre supuso un gran desafío para quienes quieren destruir el país y mostró los verdaderos valores del cristianismo en una nación donde los cristianos son rechazados; todo ello, a la luz de la encíclica Fratelli tutti. Irak necesita la fraternidad. Por eso el viaje cambió algo: socialmente y a nivel del pueblo sí habrá cambios; a nivel político, en cambio, no creo que vaya a cambiar mucho».

Arameo, la lengua de Jesús

«¡Gracias por invitarme a hablar con nuestros amigos de habla hispana! ¡Shlama o shina o taibotha dmaria saria ild kol!, que en arameo quiere decir “la paz, la tranquilidad y la gracia de Dios esté con todos ustedes», saluda Aram.

Gerardo Ferrara, GF.¡Increíble! Es estremecedor escuchar el arameo, la lengua de Jesús… Y sobre todo saber que es el idioma común de mucha gente, después de dos mil años.

AP. —Sí, de hecho el arameo, en el dialecto siriaco de Oriente, es mi idioma maternal y la lengua de todos los habitantes de la zona donde yo nací, en el norte de Iraq, que se llama Tel Skuf, que quiere decir Colina del obispo. Está ubicada a unos 30 km de Mosul, la antigua ciudad de Nínive, en el corazón cristiano del país.

GF. —Así que toda el aldea donde creciste es cristiana.

AP. —Pues sí, cristiana católica de rito Caldeo. La vida allí era muy sencilla: casi todos los habitantes son campesinos y viven cultivando sus campos y cuidando de su ganado. La gente se intercambiaba los productos de la tierra y cada uno tenía lo necesario para vivir. Además, está presente la costumbre de ofrecer las primicias de la cosecha, cada año, a la Iglesia, para sustentar a los sacerdotes y para que ellos también puedan cuidar de los más necesitados.

Me acuerdo que las casas eran lo bastante grandes para que una familia pudiera vivir en ellas… Y para nosotros, la familia es algo bastante extenso: niños, padres, madres, abuelos… Todos viven juntos en estos hogares orientales típicas, blancas y cuadradas, con un patio en el centro, como un jardín, y las habitaciones alrededor.

GF. —Pero esta paz idílica tan solo duró unos pocos años…

AP. —Bueno, de hecho, nunca existió, ya que cuando nací nos encontrábamos en el último año de la guerra entre Irán e Iraq, una guerra que duró ocho años y provocó más de un millón y medio de muertos. Mi padre y tres de mis tíos lucharon en el conflicto y fueron tiempos muy difíciles para mi abuela y mi madre. Ellas esperaban y rezaban para que sus seres queridos volvieran a casa. Y así fue, gracias a Dios, mi padre y sus hermanos volvieron.

GF. —Y en 1991 estalló otra guerra…

AP. —Nos quedamos en nuestra aldea solamente hasta 1992, cuando terminó la primera Guerra del Golfo, entre Iraq en un lado y Kuwait y la coalición internacional en el otro. Nos mudamos a una gran ciudad en el sur de Iraq, Basora, la tercera ciudad del país después de la capital Bagdad y de Mosul. La mayoría de sus habitantes son musulmanes chiíes y no hay muchos cristianos allí. Aún me acuerdo del agua que tenía sabor a sal, el calor, las palmeras… Un paisaje muy distinto al que estaba acostumbrado. Además, la cantidad de pozos y refinerías de petróleo en todas partes… Pero la gente era y sigue siendo muy generosa y acogedora.

Aram Pano, sacerdote irak
Aram, en el patio de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Tel Kaif, una ciudad cristiana cerca de Mosul, al norte de Irak.

En 2004, dos religiosas colaboraban con el ejército estadounidense en Basora. Un día, cuando regresaron a su casa, un grupo islámico radical mató a las hermanas frente a su casa. Este hecho se difundió por todo Irak y mi país se convirtió en el epicentro del terrorismo.  En 2014 llegó el ISIS y destruyó muchas de nuestras iglesias y de nuestros hogares. Hay un plan para destruir la historia de los cristianos en mi país, como lo hicieron en 1948 con los judíos.

La llamada a Servir al Señor

La ciudad de Basora tiene dos parroquias que forman parte de la archieparquía de Basora y del Sur, con 800 fieles. En 1995 recibió la Primera Comunión y fue entonces que sintió por primera vez la llamada a servir al Señor.

GF. —¿Y cómo fue?

AP.La parroquia era como mi casa. Me encantaba acudir con el grupo de niños para jugar con ellos pero también para la catequesis. Pero la idea de entrar al seminario se me hizo más clara cuando estaba en Secundaria.

GF. —En la tercera guerra de tu vida tenias dieciséis años. ¿Cuáles son tus recuerdos de este segundo conflicto del Golfo?

AP. —Era 2003, una guerra de invasión y ocupación de Irak liderada por Estados Unidos. Duró casi cuatro meses y la última ciudad que cayó fue justamente Basora, donde yo vivía. Recuerdo que veíamos aviones estadounidenses que llegaban y bombardeaban, y teníamos miedo, porque muchos de los edificios estatales estaban cerca de nuestra casa. Recuerdo una noche que estaba durmiendo y me desperté por el fragor de un misil que había dado en un edificio que se encontraba a unos 500 metros de nosotros. Salimos a la calle, la gente corría y los estadounidenses tiraban sus bombas de sonido para sembrar el terror en nosotros. Fue entonces cuando distinguí con más claridad la llamada del Señor.

GF. —Es conmovedor pensar que, aunque la voz del Señor no está en el ruido de los misiles ni de las bombas de sonido, sí se hace escuchar, con toda su dulzura, en medio de este horror.

AP. —Efectivamente. Y, además, si no hubiésemos sufrido ese terror de los bombardeos, mi padre no le hubiera pedido al obispo refugio: la iglesia estaba muy cerca de donde vivíamos, pero allí, en la casa del Señor, nos sentíamos más seguros. Así, mi padre empezó a servir en la cocina para corresponder un poco a la generosidad con la que se nos acogió. Yo, mientras, aprendí a servir en el altar con el sacerdote. Al terminar la guerra, nuestro obispo me eligió para ir con él a un pueblo llamado Misan, a unos 170 km al noreste de Basora, y lo que experimenté allí me animó a tomar mi decisión.

GF. —¿Quieres contarnos lo que te pasó?

AP. —Cuando el obispo me pidió que le acompañara a Misa en su misión pastoral, mi familia primero le dijo que no, que no querían. Pero yo me sentía muy determinado en ir y lo logré. Cuando llegamos, me sorprendió ver a los fieles entrar a la iglesia de rodillas y sin zapatos. Se arrodillaban ante el altar, delante del icono de la Virgen María, llorando, orando, suplicando.

Después, cuando empezó la Misa, oficiada por el obispo según nuestro rito caldeo, me di cuenta de que los fieles no sabían ni las oraciones ni cuándo sentarse o ponerse de pie. Esto me impresionó mucho y pensé que eran como ovejas sin pastor. Y en seguida miré al obispo que era mayor y por mi cabeza se pasó la idea de quién podría sustituirle y ayudar a tantas familias.

GF. —Es impresionante palpar cómo se conmueve Jesús frente a la multitud que están como ovejas sin pastor. 

AP. —¡Precisamente! Así que, con este pensamiento, continué mis estudios en la escuela del Instituto Vocacional y, en 2005, ingresé en el seminario en Bagdad, la capital de Irak. Allí estudié Filosofía y Teología durante seis años y me gradué en junio de 2011, y el 9 de septiembre de 2011 fui ordenado sacerdote.

«En Irak hay un plan para destruir la historia de los cristianos en nuestro país».

Después de casi 10 años de sacerdote, Aram Pano, enviado por su obispo, estudió en Roma Comunicación Institucional en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

«El mundo necesita a cada uno de nosotros para contribuir a la evangelización. Y especialmente en esta época, para anunciar el Evangelio, es preciso conocer la cultura digital y de la comunicación. Tengo una gran esperanza por el futuro: todos juntos podemos trabajar para difundir nuestra fe a través de todos los canales posibles, pero preservando nuestra identidad y nuestra originalidad», afirma.

Una persecución tras otra

GF. —Aram recuerda a los cristianos de Occidente que no se olviden de sus hermanos que sufren persecución en países como el suyo, Irak, donde ha vivido un conflicto tras otro. Después de la última guerra, la vida social en Irak ha cambiado mucho...

AP. —Ha habido una mercantilización del hombre. En la tierra donde ha nacido la civilización, donde el hombre ha construido las primeras ciudades, donde ha nacido el primer código legal en la historia, todo parece haber acabado en destrucción: el más fuerte mata al más débil, la corrupción se cierne sobre la sociedad y los cristianos llevan 1.400 años sufriendo la persecución.

Antes de 2003, los cristianos éramos 1,5 millones y hoy somos 250.000. La persecución no es solamente algo que tiene que ver con la supervivencia física: se extiende al nivel social y político, a las oportunidades laborales e incluso al derecho a la educación.

La visita del papa Francisco

GF. —¿Cuáles son los problemas de Irak hoy y qué significó la visita del Papa?

AP. —La falta de honestidad y de voluntad para reconstruir el país significa que los musulmanes se han separado, el gobierno piensa más en ser leal con los países vecinos que en el bienestar de sus ciudadanos…  Y todo esto ante los ojos de Estados Unidos. No hay un problema sino muchos problemas complicados.

Creo que la política, el servicio al ciudadano, ya no existe, porque está en las manos de otros de fuera de Irak. Sin embargo, el fruto de la obra de Dios no está en nuestro alcance y rezamos para que a través de este viaje se anuncien la paz, el amor de Cristo y la unidad para un pueblo que ya no puede más.

GF.Un pueblo, además, donde el cristianismo ha dejado profundas raíces, sobre todo la Iglesia Caldea.

AP. —¡Por supuesto! De hecho, el cristianismo llegó a Irak con los apóstoles santo Tomás y Bartolomé y con sus discípulos Tadeo (Addai), de Edesa, y Mari en el siglo II. Ellos fundaron la primera Iglesia en Mesopotamia y, gracias a su obra misionera, llegaron hasta India y China. Nuestra liturgia proviene de la más antigua anáfora eucarística cristiana, conocida como Anáfora de Addai y Mari. La Iglesia en aquel entonces estaba dentro del imperio persa, con su propia liturgia oriental, su propia arquitectura y una forma de rezar muy parecida a la liturgia judía.

La teología de nuestra Iglesia oriental es espiritual y simbólica. Hay muchos padres y mártires muy importantes, como, por ejemplo, Mar (san) Efrén, Mar Narsei, Mar Teodoro, Mar Abrahim de Kashkar, Mar Elías al-Hiri, etc.

GF. —La Iglesia católica caldea, que está en comunión con Roma, nació como resultado de un cisma dentro de la Iglesia de Babilonia, por una rivalidad entre patriarcas, en particular, porque una corriente deseaba unirse con Roma.

AP. —Nuestra tradición, sin embargo, es típicamente oriental y con profundas raíces en el país, donde se encuentran en todas partes, rastros de la milenaria presencia cristiana, con santuarios, monasterios, iglesias y tradiciones muy antiguas.

Mi estancia en Roma me permitió trabajar en preservar esta identidad y esta historia tan rica y larga, también utilizando las herramientas y los medios que la modernidad nos permite tener hoy en día.

La Facultad de Comunicación de la Santa Cruz

Esta entrevista se realizó con otros reportajes en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Santa Cruz.

Aram Pano durante su etapa de formación en Roma.

A lo largo de todos estos años ha pasado por la Facultad cientos de estudiantes de todo el mundo, distintos idiomas, identidades, historias, problemas…

Es una Facultad, la de Comunicación, donde se aprende que en esta Babel que es nuestro mundo, las barreras y los muros pueden ser derrocados, como nos dice el papa Francisco, y se puede de verdad ser todos hermanos.

En esta tarea, la Fundación CARF –Centro Académico Romano Fundación–, se ha comprometido de forma muy importante, otorgando ayudas al estudio y manutención de estudiantes –seminaristas y sacerdotes diocesanos, laicos, y religiosos y religiosas– de todos los continentes, sin distinción, y permitiéndoles utilizar todas las herramientas más modernas a través de la financiación de las actividades teóricas y prácticas que se desarrollan en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, para que luego puedan regresar a sus países y planten allí las semillas formativas que han recibido en Roma, fomentando el crecimiento de frutos de paz, de formación de alto nivel, de unidad y de capacidad de entenderse mejor, no solamente entre cristianos, sino con gente de toda religión e identidad.


Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable del alumnado Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.


25 de marzo, la Anunciación del Señor

La Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación del Señor el 25 de marzo, un momento crucial en la historia de la salvación. También conocida como la Encarnación del Señor, esta festividad recuerda el instante en que el Arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será la madre del Hijo de Dios. Su «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) representa un modelo de fe y entrega total a la voluntad divina.

Anunciación  25 de marzo Virgen María Jornada por la Vida sacerdotes

El significado de la Anunciación y de la encarnación del Verbo

El misterio de la Anunciación es inseparable de la Encarnación, ya que es el momento en que Dios asume la naturaleza humana. San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, resaltó la grandeza de este evento afirmando que: «Dios nos llama a santificarnos en la vida ordinaria, como María aceptó su misión con humildad».

María, modelo de vocación y entrega

Nuestra madre, la Virgen María es ejemplo para todos los cristianos, especialmente para aquellos que han sido llamados al sacerdocio. Su respuesta confiada y sin reservas es un reflejo de la disposición que todo seminarista y sacerdote debe tener ante la llamada de Dios.

Anunciación  25 de marzo Virgen María Jornada por la Vida sacerdotes

La Anunciación y la defensa de la vida

En España, la Conferencia Episcopal celebra el 25 de marzo la Jornada por la Vida, recordando el valor sagrado de la vida humana desde su concepción. En 2026, el lema es «La vida, un don inviolable», una llamada a la protección de la vida en todas sus etapas. «El aborto –subrayan los prelados– nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana».

Sin embargo, la mirada desde la Conferencia Episcopal no se queda solo en el seno materno, se dirige también a madres y padres que enfrentan dificultades a la hora de afrontar un embarazo. Por ello, indican que desde CEE «queremos promover una alianza social para la esperanza a favor de la natalidad, que sirva, por una parte, para construir juntos las condiciones necesarias para que nuestros jóvenes puedan plantearse formar una familia abierta a la vida y, por otra, para que ninguna mujer tenga que recurrir al aborto por sentirse sola o sin recursos».

anunciación 25 de marzo jornada por la vida sacerdotes

El compromiso de los sacerdotes y seminaristas

Para los sacerdotes diocesanos y para los futuros pastores apoyados por la Fundación CARF, esta festividad tiene un significado especial. La defensa de la vida es parte de su misión, siendo testigos del Evangelio en una sociedad que a menudo relativiza el valor de la existencia humana.

El compromiso de los sacerdotes y seminaristas no solo se basa en la defensa de la vida desde la concepción, sino en su labor pastoral para acompañar a las personas en cada etapa de su vida.

Su formación teológica y espiritual los prepara para ser guías en la fe y orientadores en los momentos difíciles. Inspirados por el sí de María, están llamados a ser heraldos de la esperanza, promoviendo una cultura de la vida y el amor cristiano.

Además, esta festividad los invita a profundizar en su vocación, reafirmando su compromiso con la evangelización y la enseñanza de la doctrina cristiana.

En tiempos donde la dignidad humana enfrenta múltiples desafíos, su testimonio cobra especial relevancia. La Anunciación es para ellos un recordatorio de su misión de ser presencia viva de Cristo en el mundo, transmitiendo el mensaje de salvación con palabras y obras.

anunciación 25 de marzo jornada por la vida sacerdotes
Vivir el sí de María: un compromiso para todo cristiano

La fiesta de la Anunciación no solo nos invita a meditar en el sí de María, sino también a renovar nuestra entrega a Dios con confianza y alegría.

María, con su aceptación humilde y valiente, nos enseña que todo cristiano, sin importar su estado de vida, está llamado a dar su propio sí a Dios en la cotidianidad del día a día.

Para los seminaristas y sacerdotes diocesanos es un día de especial reflexión sobre su vocación y sobre el compromiso de ser defensores de la vida y la fe.

Sin embargo, esta llamada no es exclusiva de ellos. Cada fiel, desde su propia realidad, puede hacer presente a Cristo en el mundo con sus actos de caridad, su testimonio cristiano y su confianza en la providencia de Dios.

La Anunciación nos recuerda que cada uno de nosotros, como parte del pueblo de Dios, puede ser un instrumento en sus manos, llevando esperanza, amor y fe a quienes nos rodean.


Herencias que construyen la fe: el valor del legado solidario para la Iglesia

Hablar de herencias y legados suele hacernos pensar en propiedades, bienes o dinero que se transmiten de los padres a los hijos o a otros seres queridos. Pero un legado solidario puede ir mucho más allá de lo material: es dejar una huella de fe que perdure en el tiempo, un testimonio que siga dando fruto en la Iglesia cuando ya no estemos.

La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de cómo los legados, grandes o pequeños, han sostenido su misión y han hecho posible que el Evangelio llegue a millones de personas.

La relación entre la cultura, arte, caridad y la Iglesia católica es, probablemente, el contrato de patrocinio más largo y fructífero de la humanidad. Durante siglos, la Iglesia ha sido una guía espiritual, y el principal "director creativo" de Occidente.

El real monasterio de san Lorenzo de El Escorial es un complejo que incluye un palacio real, una basílica, un panteón, una biblioteca , un colegio y un monasterio. Se encuentra en la localidad española de San Lorenzo de El Escorial, en Madrid, y fue construido entre 1563 y 1584.

Grandes herencias que dieron forma a la Iglesia

En diversos momentos de la historia, obispos, abades y fundadores religiosos que vivieron con santidad destinaron parte de sus bienes o rentas eclesiásticas para fundar seminarios, hospicios o casas de formación. No eran comerciantes ni mecenas de paso, eran pastores y religiosos que, con su vida austera, dieron testimonio de que todo lo tienen “prestado” de Dios y que su misión era cuidar almas.

Algunas comunidades monásticas, siguiendo su espiritualidad, asumieron que su excedente de tierras o rentas debía servir para su mantenimiento, pero también para una misión más amplia: formar sacerdotes, sostener misiones o ayudar en zonas pobres. Así, los monasterios se volvieron centros económicos que redistribuían bienes para fines eclesiales.

También encontramos legados de fieles laicos: personajes relevantes de la realeza o incluso figuras históricas como los reyes católicos, comerciantes, familias con vidas cristianas visibles que, al final de sus vidas, ofrecieron parte de lo que poseían a la Iglesia para sustentar escuelas, orfanatos o formación sacerdotal.

Estos legados físicos, a veces traducidos en catedrales, monasterios o universidades son la expresión visible de una convicción: que la fe merece ser transmitida y custodiada para las generaciones futuras.

Legados y testamentos que cambian vidas

También hay herencias discretas que, aunque invisibles, han transformado el rumbo de la Iglesia.

En muchos pueblos, las ermitas y parroquias se levantaron gracias a colectas de familias sencillas, de agricultores y artesanos que aportaron lo poco que tenían. Sus nombres no figuran en los libros de historia, pero sin ellos, la fe no habría echado raíces en tantas comunidades.

Otros legados son aún más profundos: el legado de la fe transmitida en familia. Pensemos en santa Mónica, que legó a la Iglesia nada menos que a san Agustín gracias a su llanto y oración constante. O en los padres de santa Teresita del Niño Jesús, cuya herencia espiritual fue el ambiente de fe y amor que hizo florecer la santidad en su hija. El legado de un cristiano no se mide en cifras, sino en el impacto que deja en las almas.

Un puente entre la tierra y el cielo: “Desde el Cielo” en la Fundación CARF

Los grandes y pequeños legados de la historia nos recuerdan que la generosidad cristiana nunca se pierde, sino que siempre se transforma en vida para la Iglesia. Esa misma realidad la vemos hoy en quienes, de manera anónima y discreta, deciden dejar un legado que contribuya al futuro de la iglesia. 

Como homenaje y muestra de gratitud, desde la Fundación CARF creamos la página Desde el Cielo: un memorial donde recordamos a esos benefactores fallecidos que hicieron posible que miles de sacerdotes y seminaristas diocesanos y religiosos fueran formados cada año.

Diariamente se ofrece la Santa Misa por sus almas en el Santuario de Torreciudad, y mensualmente en los colegios sacerdotales de Pamplona y Roma se reza por ellos. Los sacerdotes que han recibido ayuda de la Fundación CARF llevan en sus oraciones diarias la memoria de esos benefactores que ahora siguen ayudando desde el cielo.

Ese gesto consolida una relación espiritual íntima: quienes legaron su generosidad no sólo sostienen a la Iglesia desde la tierra, sino que ahora interceden y acompañan desde la eternidad. Es una hermosa y clara expresión de que el legado solidario cristiano no se agota con la muerte, sino que continúa en la comunión de los santos.

Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra
Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, Pamplona.

El sentido cristiano del legado

Para un cristiano, dejar un legado solidario significa mucho más que repartir bienes. Es una decisión espiritual, un modo de prolongar la caridad más allá de la propia vida.

El Evangelio nos recuerda: «donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (Mt 6,21). Quien decide incluir a la Fundación CARF en su testamento solidario transforma sus bienes en una semilla de fe, permitiendo que otros encuentren a Dios a través de sacerdotes bien formados.

Hoy, esa misma lógica sigue viva: el legado es el puente entre tu vida terrena y los frutos eternos que otros recibirán gracias a tu generosidad.

Tu legado hoy puede formar sacerdotes para el mañana

En la actualidad, a través de la Fundación CARF, tu legado se convierte en apoyo directo a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo. Jóvenes que desean entregarse a Dios y servir a la Iglesia universal, pero que necesitan ayuda para formarse.

Así como en el pasado los legados levantaron templos, universidades, hospitales, conventos y misiones, hoy tu herencia puede levantar templos vivos: sacerdotes preparados para anunciar el Evangelio y acompañar a miles de personas. Un cristiano no se lleva nada al cielo, pero puede dejar mucho en la tierra. Como lo hicieron reyes, santos y familias anónimas, hoy tienes la oportunidad de decidir que lo que Dios te confió en vida siga transformándose en esperanza, fe y servicio.

Tu legado puede ser la herencia más valiosa: la que sostiene a la Iglesia y acompaña a miles de personas hacia Dios.



ALGUNAS PREGUNTAS Y RESPUESTAS CURIOSAS

1. ¿Qué es mejor, una herencia o un legado?

La herencia es la sucesión en todos los bienes, derechos y obligaciones del difunto. Mientras que el legado, una donación específica de un bien concreto (un coche, una casa, una joya).

2. ¿Cómo consolidaron las herencias los emperadores?

Antes de que existieran los grandes coleccionistas de arte, fueron los líderes políticos quienes consolidaron los bienes de la Iglesia.

Constantino el Grande (S. IV): El mecenas original. Tras legalizar el cristianismo, financió la construcción de las primeras grandes basílicas, como la Antigua Basílica de San Pedro en Roma y la del Santo Sepulcro en Jerusalén.

Carlomagno (S. IX): Impulsó el "Renacimiento carolingio". Su apoyo fue vital para la preservación de manuscritos iluminados y la reforma de la arquitectura eclesiástica en Europa.

3. ¿Cómo se consolida el mecenazgo en el Renacimiento?

En los siglos XV y XVI, el mecenazgo se volvió una cuestión de estatus, fe y, admitámoslo, un poco de ego familiar apoyado por las grandes familias que apoyaron a artistas y legaron y donaron mucho patrimonio a la Iglesia.

Los Médici: produjeron cuatro papas (León X, Clemente VII, entre otros) y financiaron el esplendor de Florencia y del Vaticano. Promocionaron a Miguel Ángel o Rafael.

Papa Julio II: conocido como el Papa Guerrero, fue quien ordenó la demolición de la vieja basílica de San Pedro para construir la actual. Apoya a Miguel Ángel (Capilla Sixtina) y Bramante.

Los Borghese: el cardenal Scipione Borghese fue el gran mecenas del Barroco temprano. Impulsa las carreras de Bernini o de Caravaggio.

4. ¿Qué promovieron las grandes monarquías católicas?

Felipe II de España: el gran defensor de la fe. Su mayor obra de mecenazgo fue El Escorial, un monasterio-palacio que simbolizaba la unión del poder real y el fervor religioso.

Los Habsburgo de Austria: convirtieron a Viena y Centroeuropa en bastiones del barroco eclesiástico, financiando abadías e iglesias de una suntuosidad casi abrumadora.

5. Algunos ejemplos del mecenazgo moderno

Hoy en día, el mecenazgo ha pasado de ser una cuestión de reyes y papas a ser gestionado por instituciones y fundaciones.

Caballeros de Colón: esta organización ha financiado numerosas restauraciones en la Basílica de San Pedro y apoya proyectos de comunicación del Vaticano.

Fundaciones Privadas y Museos: instituciones como los Museos Vaticanos se autofinancian, pero dependen de donaciones internacionales (como los Patrons of the Arts in the Vatican Museums) para la restauración de algunas obras maestras.

Billonarios y Filántropos: tras el incendio de Notre Dame de París en 2019, familias como los Pinault y los Arnault (LVMH) donaron cientos de millones de euros, demostrando que el mecenazgo católico hoy es también un acto de preservación del patrimonio cultural global.

Sacerdote de Haití: «antiguamente, en algunas comunidades pasaban meses sin la Eucaristía»

Los católicos en Haití han vivido a menudo una situación que sorprende en otros lugares del mundo: son comunidades de fieles que pasaron meses sin poder celebrar y vivir la Eucaristía. Hugues Paul, de la diócesis de Jacmel, conoce esta realidad desde su infancia. Sin embargo, hoy en Haití hay tantos sacerdotes que pueden ir a otros países en misión.

Esa experiencia fue decisiva en su vida. «En estas comunidades eclesiales, a veces podía pasar casi un año sin la celebración de la Santa Misa», explica.

Fue precisamente esa carencia la que despertó en él la vocación. Creció en una pequeña comunidad que en Haití se conoce como capilla, una iglesia dependiente de una parroquia donde, ante la falta de sacerdotes, los fieles mantenían viva la fe con celebraciones de la Palabra dirigidas por laicos.

Dios le llamó para ayudar como sacerdote en su viña

«Normalmente hay un agente pastoral, a quien llamamos director de la capilla, encargado de presidir celebraciones de la Palabra en ausencia de los sacerdotes». En medio de esa realidad don Hugues Paul sintió la llamada de Dios: «Fue en este contexto donde sentí la llamada de Dios a echar una mano en su viña, para ayudar a su pueblo a encontrarlo y a vivir la fe de una manera más profunda donde la Eucaristía fuese el centro».

Hugues Paul fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 2021 y ahora tiene 39 años. Procede de una familia numerosa con dos hermanos y cinco hermanas, y agradece que sus padres sigan vivos.

En su hogar recibió una sólida educación católica, aunque su formación académica se desarrolló en centros cristianos de otras confesiones: estudió la Primaria en una escuela protestante y la Secundaria en un centro de la Iglesia episcopal de la comunión anglicana.

Su adolescencia estuvo marcada por una participación intensa en la vida de la Iglesia local. «Viví una adolescencia muy alegre y activa, participando en grupos y en el coro de la capilla, hasta que finalmente ingresé en el seminario».

Aquella comunidad sencilla, donde la fe se sostenía con pocos recursos, pero con gran convicción, fue el lugar donde maduró su vocación sacerdotal.

Hugues Paul, sacerdote al servicio de los católicos en Haití.

Preocupados por la isla

Hoy continúa su formación sacerdotal en España. Llegó el 30 de junio de 2024 gracias al apoyo de la Fundación CARF y de otras instituciones, y actualmente está terminando una licenciatura en Teología Bíblica, ya en su fase final, en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona.

Desde la distancia observa con preocupación la situación de su país. Haití atraviesa una crisis profunda marcada por la violencia y la inseguridad. «La vida se ha vuelto muy difícil, sobre todo a causa de la inseguridad que afecta a casi todo el territorio, especialmente a la capital», explica.

Sin embargo, incluso en medio de ese contexto, la fe sigue siendo una fuerza viva. «A pesar de ello, el pueblo sigue creyendo: muchas personas asumen riesgos para encontrar un lugar donde vivir su fe y participar en las celebraciones».

Las consecuencias del gran terremoto

La diócesis de Jacmel, situada en el sureste del país, vive una situación relativamente más estable que otras regiones, pero las consecuencias del gran terremoto de 2010 siguen siendo visibles. «Seguimos esperando la finalización de los trabajos de reconstrucción de la catedral y de muchas parroquias destruidas».

La falta de recursos y ayudas suficientes ha retrasado durante años esas obras que para muchas comunidades son esenciales.

Los católicos en Haití, más del 60 % de la población

Los católicos en Haití representan entre el 60 y el 66 % de la población. En la diócesis de Jacmel hay unos 80 sacerdotes para 36 parroquias, y en todo el país –sumando las diez diócesis y los religiosos– se calcula que hay entre 800 y 900 sacerdotes. La Iglesia universal ha sido un apoyo fundamental en estos años difíciles. «Hemos recibido un gran apoyo de la Iglesia universal, especialmente a través de Ayuda a la Iglesia Necesitada».

España: la belleza de las iglesias y su secularización

Su experiencia en España también le ha hecho reflexionar sobre las diferencias entre ambas realidades eclesiales. Lo que más le ha impresionado positivamente es «la belleza de las iglesias». Sin embargo, le preocupa ver templos con pocos jóvenes. «Me llama la atención que la Iglesia parezca estar formada principalmente por personas mayores, con muy poca presencia de jóvenes y niños en las celebraciones».

Hugues Paul, junto a un grupo de sacerdotes en Bidasoa.

A su juicio, la sociedad española vive un proceso profundo de secularización. Aun así, cree que también existen oportunidades para revitalizar la vida de la Iglesia. En particular, piensa que los católicos españoles podrían inspirarse en la manera en que se vive la liturgia en Haití. «Los católicos españoles podrían aprender de los católicos haitianos el entusiasmo por las celebraciones cantadas, que ayudan a hacerlas más vivas y participativas».

Cercano y coherente con la fe

Mirando al futuro, Hugues Paul tiene claro qué tipo de sacerdotes necesita la Iglesia en el siglo XXI: «ser cercano, empático y coherente con su fe; buen comunicador, abierto al diálogo, sensible a los problemas sociales, con una vida espiritual sólida y capaz de acompañar sin juzgar».

Esa misma actitud considera imprescindible para acercarse a quienes hoy viven lejos de la fe. «Para evangelizar a los jóvenes y a quienes están alejados de Dios, considero fundamental escucharlos con respeto, dar testimonio con la propia vida, utilizar un lenguaje actual y los medios digitales; crear espacios de acogida y mostrar que la fe responde a las preguntas reales del mundo de hoy».

La historia de Hugues Paul recuerda una realidad que a menudo pasa desapercibida: en muchas partes del mundo los cristianos pasan muchos meses sin Eucaristía y esperan la llegada de un sacerdote para poder celebrar la Santa Misa.

Precisamente de esa espera, nacen también nuevas vocaciones dispuestas a servir. Todos los socios, amigos y benefactores de la Fundación CARF se encargan de rezar por ellas, de promover su buen nombre en todo el mundo y de encontrar recursos económicos para que puedan recibir una formación integral en Roma y en Pamplona con es el caso de de Hugues Paul.


Marta Santín, periodista especializada en religión.