Una vocación sacerdotal de Perú: servir a Dios en las alturas
En el contexto de un Perú rural, una vocación sacerdotal adquiere matices propios. Grandes distancias, escasez de recursos y una fuerte identidad cultural de los pueblos andinos que hacen que el ministerio del sacerdote deba vivirse desde la incomodidad y sin esquemas urbanos. En este ámbito, el presbítero es una presencia esperada y necesaria, muchas veces, la única referencia estable de la Iglesia en territorios extensos y difíciles de recorrer.
En este marco, la vocación se entiende como una llamada personal y como una respuesta a una necesidad concreta del pueblo. Ser sacerdote en los Andes implica aceptar una vida marcada por el desplazamiento constante, el contacto directo con la pobreza y una relación muy cercana con los fieles, que conocen a su pastor por su palabra, por su disponibilidad y por su cercanía cotidiana.
El testimonio del padre Christiam se inserta precisamente en esta realidad. Su historia personal vive unida al territorio al que ha sido enviado y a las comunidades a las que sirve, donde la fe se vive con profundidad y sencillez, incluso en medio de grandes carencias.
Una vocación sacerdotal que nace de la Palabra
El padre Christiam Anthony Burgos Effio nació en Lima el 26 de agosto de 1992 y pertenece a la Diócesis de Sicuani, en la región andina del sur del país. Es el mayor de cuatro hermanos y creció en una familia cristiana donde la fe se vivía con naturalidad.
La fe familiar se expresó en prácticas religiosas y también como una forma concreta de entender la vida, el sacrificio y el servicio. En ese ambiente, la figura del sacerdote era respetada y valorada como alguien cercano al pueblo, lo que ayudó a que la vocación pudiera germinar sin rechazo inicial, aunque con muchas preguntas.
Durante los años de discernimiento, el padre Christiam aprendió a escuchar con paciencia lo que Dios le pedía, sin precipitar decisiones. La vocación fue madurando en el silencio, en la oración y en el contacto con la realidad concreta de la Iglesia local, hasta convertirse en una opción firme.
Este proceso gradual fue clave para afrontar más adelante las renuncias propias del camino sacerdotal y para asumir la formación como un tiempo necesario de preparación interior y pastoral.
Su llamada a la vocación sacerdotal llegó a los 16 años, durante una Eucaristía en la que se proclamó el Evangelio de san Mateo: «ustedes son la sal de la tierra (…) y la luz del mundo» (Mt 5, 13-16). Aquella Palabra no fue un impacto momentáneo, sino el inicio de una inquietud constante que lo llevó a plantearse seriamente el sacerdocio como camino de vida.
«Creo verdaderamente, que el Señor se valió de su palabra para poner en mí, la inquietud de la vocación, el deseo de poder servirle plenamente a través de su pueblo, en el ministerio sacerdotal».
El acompañamiento mariano: una presencia constante
Desde la infancia, la fe aprendida en casa y la devoción mariana –especialmente el rezo del Santo Rosario– acompañaron su proceso. Con el paso del tiempo, comprendió que Dios había ido preparando su vocación de forma silenciosa y paciente.
Entrar en el seminario: una elección que exige renunciar
La formación sacerdotal no solo supuso adquirir conocimientos teológicos y humanos, sino aprender a vivir en comunidad, a obedecer y a servir sin protagonismo. Estos años fueron decisivos para configurar un estilo de sacerdocio sencillo y cercano, especialmente adecuado para la realidad andina.
En un contexto donde muchas comunidades apenas ven al sacerdote unas pocas veces al año, la preparación interior cobra una importancia especial. La fortaleza espiritual, la constancia y la capacidad de adaptarse a situaciones difíciles se convierten en herramientas imprescindibles para el ministerio.
Esta etapa formativa permitió al padre Christiam asumir con realismo la misión que le esperaba, sin idealizarla, pero también sin miedo.
La decisión de entrar en el seminario llegó cuando ya había iniciado los estudios universitarios y tenía proyectos personales definidos. Apostar por el sacerdocio supuso dejar atrás planes legítimos y asumir la incertidumbre de un camino exigente.
La prueba más difícil fue la familiar. Para sus padres, la decisión significó inicialmente una sensación de perder a un hijo. Ese dolor se transformó con los años en un proceso de fe compartida, vivido en paralelo a la formación sacerdotal de Christiam. Hoy, esa renuncia inicial es motivo de gratitud y de alegría profunda.
El tiempo de seminario fue clave para madurar humana y espiritualmente, y para purificar la vocación hasta convertirla en una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios.
El padre Christiam Anthony Burgos Effio junto a los monaguillos de su parroquia.
Ordenación y envío: vocación puesta a prueba en los Andes
La ordenación sacerdotal, celebrada en las vísperas del Buen Pastor, marcó el inicio de una entrega definitiva. Desde ese momento, el ministerio del padre Christiam quedó ligado a una realidad pastoral extrema.
Su diócesis abarca más de 16.700 km² y cuenta con un número muy limitado de sacerdotes para atender decenas de parroquias separadas por grandes distancias. En este contexto, el sacerdote acompaña espiritualmente y muchas veces debe asumir tareas educativas y sociales.
Comunidades aisladas y una fe que sostiene
Además de la sede parroquial, el padre Christiam atiende trece comunidades rurales. Algunas, como Paropata y Tucsa, se encuentran a casi 4.900 metros sobre el nivel del mar y solo son accesibles a pie o a caballo o mula. Son pueblos con graves carencias materiales y sanitarias, pero con una fe viva que se expresa en costumbres profundamente arraigadas.
En estas comunidades, evangelizar significa también compartir el trabajo del campo, escuchar, enseñar y sostener la esperanza. Allí, el sacerdote descubre que, mientras evangeliza, también es evangelizado por la fe sencilla del pueblo.
Don Christiam Anthony acompaña a una comunidad en una celebración de fe en las alturas del Perú.
Actualmente, el padre Christiam cursa estudios de Derecho Canónico en la Universidad Pontificiade la Santa Cruz, en Roma, gracias a una ayuda de los socios, benefactores y amigos de la Fundación CARF. Vive esta etapa no como un mérito personal, sino como una oportunidad para formarse mejor y servir con mayor entrega a la Iglesia de Perú cuando regrese.
Su vocación sacerdotal sigue teniendo un horizonte claro: regresar a los Andes y continuar cuidando del pueblo que Dios le ha confiado.
Gerardo Ferrara, licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado Universidad de la Santa Cruz de Roma.
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Nirmala: mujer, cristiana, religiosa, comunicadora de la India
Esta Facultad tiene como objetivo transmitir la fe de la Iglesia en cada siglo con los instrumentos a disposición y también formar a profesionales capaces de operar en el campo de la comunicación en instituciones eclesiales, a través de un programa muy sólido y diversificado, que se basa en el estudio teórico y práctico.
Estudiantes de comunicación social
Los estudiantes de Comunicación Social e Institucional, además, de hecho, se focalizan mucho sobre el entorno cultural en el que la Iglesia propone su mensaje, en un espíritu de diálogo permanente con las mujeres y los hombres de cada siglo.
Para ello, es necesario que conozcan muy bien, por un lado los contenidos de la fe y la identidad de la Iglesia como institución, a través de asignaturas de carácter teológico, filosófico y canónico, y por el otro la aplicación concreta de las teorías, prácticas y técnicas de comunicación institucional a la identidad particular de la Iglesia Católica, incluso mediante laboratorios avanzados en los diferentes medios de comunicación (radio, televisión, prensa y medios basados en las nuevas tecnologías).
25 aniversario
La Facultad de Comunicación Social e Institucional, gracias a sus características únicas en el ámbito de las universidades pontificias, ha formado, en 25 años, ya a decenas de profesionales de la comunicación, que hoy en día dan su aporte en distintos sectores eclesiales y no eclesiales, gracias sobre todo a la ayuda de muchos benefactores, en particular de la Fundación CARF – Centro Académico Romano Fundación.
CARF que no solamente otorga ayudas al estudio a jóvenes de todo el mundo para que se formen en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, sino que ofrece su soporte financiero para ayudar a la universidad a realizar sus actividades académicas ordinarias previstas (los cursos habituales), a sustentar a todo el personal de profesores y funcionarios, a financiar actividades extraordinarias (como congresos, publicaciones y otras actividades de los profesores) y a subvencionar las herramientas y tecnologías necesarias (laboratorios, aulas, instrumentos para la didáctica, etc.).
Conocer la realidad de la Facultad de Comunicación Social
Empezamos un viaje para conocer mejor la realidad de esta Facultad y su misión en el mundo gracias a las historias de sus estudiantes, antiguos alumnos y profesores.
Hermana Nirmala Santhiyagu, de India
Hoy nos encontramos con la hermana Nirmala Santhiyagu, de India, de la Congregación de las Misioneras de San Pedro Claver. Nirmala tiene 35 años y estudia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz gracias a una ayuda de la Fundación CARF, que también ayuda a otra estudiante de su misma congregación.
«¡Hola a todos! Es un placer para mi, siendo estudiante en el primer año de la Licenciatura en Comunicación, poder acercarme a este mundo a través de una entrevista para que se nos conozca mejor a mi y a toda mi familia académica, como la llamo, de la Facultad. Pues esto es muy importante, ser familia aquí también: es algo que valoro mucho, ya que nací y crecí en una familia católica muy unida, en Tamil Nadu, India, junto con mis padres y mis tres hermanos».
Transmitir formación en un entorno difícil
G: Es un placer para mi y para nuestros lectores también. Además, es muy interesante, el hecho de que usted, que procede de India, en cuanto mujer, cristiana y religiosa estudie en Roma para luego compartir su formación con un entorno no siempre fácil, y en un país sobre el cual las crónicas nos ofrecen muy a menudo historias dramáticas de violencia sobre la mujer.
N: «Sí, de hecho mi congregación me pidió que estudiara Comunicación Social e Institucional para poder colaborar más eficazmente con su equipo de comunicación, trabajando en la diócesis de Indore, India. Es una época muy difícil en todo el mundo, debido también a la emergencia del COVID, pero creo que este tipo de estudios es interesante y al mismo tiempo desafiante, sobre todo por un país como India, por lo mismo que usted comentaba».
G: Me imagino que nacer y crecer como cristiana en un país donde los cristianos son una pequeña minoría no debe haber sido muy fácil.
N: Pues, de hecho cuando yo era pequeña aún no era difícil como hoy. Ante todo, tuve la suerte de tener unos padres muy amorosos que se preocuparon de que nosotros los niños creciéramos en la fe cristiana siguiendo sus valores morales. Los miembros de mi familia jugaron un papel vital en la formación de mi fe: siempre me animaron a participar en las clases de catecismo dominical y en todas las actividades que se llevaban a cabo para la formación de la fe y de la moral en nuestra parroquia.
Además, estudié en una escuela católica dirigida por monjas y allí tenía más posibilidades de valorar mis valores cristianos, es decir compartir lo que uno tiene, perdonar al prójimo y sobre todo la igualdad: o sea que todos somos hijos de Dios y no importa la casta o el credo. Por esto digo que tuve suerte, pues sé que no todos los niños, y sobre todo niñas, tienen esta posibilidad de crecer como yo crecí.
«Estudié en una escuela católica dirigida por monjas donde aprendí que todos somos hijos de Dios y no importa la casta o el credo».
Las actividades misioneras de las Hermanas de San Pedro Claver en países de misión como India y Vietnam cooperan con las actividades pastorales diocesanas en la formación cristiana, que sea espiritual y moral, de niños y jóvenes, en el empoderamiento de las mujeres, en la educación de los niños pobres y sobre todo para despertar la conciencia misionera entre los fieles.
G: ¿Y desde pequeña tuvo usted la posibilidad de encontrarse con gente de distintas religiones?
N: Sí, a medida que crecía, ya fuera en la escuela o en el entorno familiar, pude cruzar mi camino con personas de otras religiones, como hindúes y musulmanes, y allí aprendí a conocer los contenidos de sus creencias, llegando a apreciar y atesorar aún más mi fe cristiana. Solamente en el cristianismo, pues, encontré a un Dios que te permite ser tú mismo, con todas tus debilidades y habilidades, y siempre fue emocionante para mí saber que tengo a un Dios que nos ama, nos perdona y desea que sus hijos seamos felices aquí en la tierra, para luego estar con él para siempre en el cielo.
G: Pues, debe ser muy enriquecedor para un niño crecer en un ambiente tan abierto…
N: Bueno, debo admitir que los niños de hoy en la mayor parte de la India no gozan de la libertad religiosa que teníamos en nuestros días de infancia, hay cambios enormes en los últimos días debido a las influencias políticas del nacionalismo hindú, que no dejan de afectar a otros grupos étnicos o religiosos.
Pero me acuerdo que, en los días de mi infancia, la coexistencia de diferentes religiones era muy pacífica y edificante: estudiar y jugar juntos, independientemente de la casta o religión; el respeto que teníamos por las creencias de los demás, etc. Incluso hoy, aprecio las maravillosas experiencias que tuve en mis días escolares.
G: ¿Fue en la escuela que sintió la llamada a ser religiosa?
N: Bueno, no solo allí... De hecho fui muy inspirada por las actividades de las monjas en mi parroquia, así como por mi hermana de sangre que era monja ella también. Así que yo también quería ser misionera. Con la ayuda de mi párroco, me uní a la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Pedro Claver donde estoy ahora. En 2007 hice mi primera profesión religiosa. Con el pasar de los años, redescubrí y confirmé mi vocación de ser el testimonio del amor de Dios y en 2014 dije mi “sí” a la llamada del Señor para siempre.
G: ¿Y eso como se relaciona con la comunicación?
N: ¡Todo está relacionado con la comunicación, especialmente hoy en día! Y el carisma de las Hermanas de San Pedro Claver es la animación misionera, entendida como la información y formación del pueblo de Dios sobre las misiones. Se realiza despertando en todos la cooperación en la misión, para proporcionar a los misioneros los medios espirituales y materiales necesarios para la evangelización de los pueblos.
G: ¡Qué bien! Todo el pueblo, toda la comunidad involucrada en la misión!
N: ¡Pues, sí! Las actividades misioneras de las Hermanas de San Pedro Claver en países de misión como India y Vietnam cooperan con las actividades pastorales diocesanas en la formación cristiana, que sea espiritual y moral, de niños y jóvenes, en el empoderamiento de las mujeres, en la educación de los niños pobres y sobre todo para despertar la conciencia misionera entre los fieles. Y hay que decir que, en las actividades de empoderamiento de la mujer y educación de niños pobres, estamos en contacto constante con personas de otras religiones.
G: Un reto muy importante, si consideramos que los cristianos de India son una minoría…
N: Sí, de hecho el porcentaje de cristianos en India es solo del 2.5%, pero su presencia es increíblemente significativa para la sociedad india. ¡Basta recordar a Santa Teresa de Calcuta! La contribución del cristianismo es muy remarcable, sobre todo en tema de reforma de tradiciones destructivas, modernización del sistema democrático, educación social y acceso a los medios de comunicación, atención médica, cambio social e impacto entre las tribus y los dalits (los sin casta), empoderamiento de las mujeres.
G: Los pobres, más pobre y los ricon, más ricos. Una misión que lo involucra todo...
N: Así es… En mi opinión, la misión que espera a cada cristiano en este siglo XXI en la India no es solamente compartir la alegría del evangelio, sino también promover los valores del evangelio, para brindar igualdad de derechos a todos los ciudadanos. Aunque la tecnología ha mejorado la calidad de vida y el trabajo, el proceso de modernización tiene sus efectos sociales, morales y religiosos negativos.
A medida que las personas migran de áreas rurales a áreas metropolitanas e industrializadas, la mayoría de las personas, con un bajo nivel profesional y educativo, terminan siendo explotadas, marginadas, víctimas de injusticia y en la pobreza extrema, provocando la desintegración de los lazos familiares. En este círculo vicioso, los pobres se vuelven más pobres y los ricos más ricos.
«La misión de cada cristiano en este siglo XXI en la India es promover los valores del Evangelio»
La hermana Nirmala cuenta que el porcentaje de cristianos en India es solo del 2.5%, pero su presencia es increíblemente significativa para la sociedad india. "¡Basta recordar a Santa Teresa de Calcuta!", afirma. La contribución del cristianismo es muy remarcable, sobre todo en tema de reforma de tradiciones destructivas, modernización del sistema democrático, educación social y acceso a los medios de comunicación.
G: Sin mencionar los contrastes entre los distintos componentes religiosos…
N: Nos enfrentamos con una tendencia fundamentalista creciente, que mira la modernidad como el proceso responsable del declive de los valores, reivindica el retorno a los valores tradicionales y los redefine en una ideología que supuestamente reemplaza a la modernidad y excluye la diversidad.
La situación actual exige más que nunca el diálogo interreligioso. Porque los desarrollos en el mundo moderno han planteado un desafío no solo a las instituciones sociales y políticas de la India, sino también a las creencias e ideas éticas y religiosas. Existe una necesidad urgente de una conciencia general de paridad, que debe fomentarse entre todos.
G: ¿Y cuál es la situación de la mujer en su país?
N: India siempre ha sido un país patriarcal, donde tradicionalmente se ha impedido que las mujeres se emanciparan desde la antigüedad. De hecho, la inferioridad de la mujer estaba codificada por el Código Manu: durante la infancia era propiedad del padre, en la adolescencia del marido y, en caso de fallecimiento del marido, propiedad del pariente varón más cercano. Este antiguo modelo es particularmente importante porque subyace a las opresiones antiguas y nuevas. De hecho, aunque la condición de la mujer ha mejorado con el advenimiento de la modernidad, la tradición aún está profundamente arraigada en todo el país.
Por supuesto, la India fue el primer gran país del mundo en tener una mujer como jefa de gobierno (Indira Gandhi); y sí, en las ciudades hay muchas mujeres educadas y emancipadas, y muchos matrimonios modernos en los que los dos cónyuges tienen los mismos derechos. Sin embargo, estos son episodios marginales.
G: Existe también el drama de la alta mortalidad de las niñas…
N: Claro. India es uno de los pocos países donde los hombres superan en número a las mujeres, y eso en parte es debido a la mayor tasa de mortalidad de las niñas, a las cuales se les presta menor atención. A las viudas se les permite volver a casarse, pero si lo hacen, se les desaprueba y se les marginaliza, por lo que en su mayoría viven en la pobreza. Los matrimonios infantiles han disminuido, pero aún existen, especialmente en las zonas rurales. Además, hay que considerar un aspecto dramático de la condición femenina que tiene que ver con la dote.
Hoy en día, pues, existe una verdadera “bolsa de valores” de esposos potenciales: cuanto más alto es su estatus social, mayor es la dote requerida. A menudo, después de que el matrimonio ya ha tenido lugar, la familia del novio pide más objetos o más dinero, y si la familia de la novia no puede dar más, a la novia se le quema viva, simulando un accidente doméstico.
Desde hace algún tiempo, muchas mujeres se han organizado en grupos y comités, y es de esperar que algún día estas tragedias lleguen a su fin, pero las mujeres indias todavía tenemos un largo camino por recorrer para lograr la igualdad de derechos.
G: Un camino que pasa por la formación y la comunicación…
N: ¡Por supuesto! La razón de todos estos problemas es el analfabetismo, la falta de formación, de acceso a los medios y a la instrucción. Los misioneros cristianos han trabajado durante siglos para educar a los pobres y valorizar a los marginados. La Iglesia católica siempre ha invertido en la educación en la India y todavía hoy tenemos las mejores escuelas. Claro, hay mucho por hacer pero no vamos a dejar de trabajar en este sentido.
Agradecimientos a los benefactores
Y es muy bueno que nuestros lectores y benefactores europeos y occidentales se hagan más conscientes de que están contribuyendo, ayudándole a usted a formarse, a mejorar la condición del pueblo entero de India, no solamente de los cristianos, a través de la obra de la Iglesia.
Claro, y por esto estamos muy agradecidos, yo y los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, así como los antiguos alumnos y los profesores… Todos somos Iglesia, y estoy muy segura de que la formación académica que nos ha sido posible gracias a la aportación de nuestros benefactores nos ayudará a vivir nuestra vida religiosa siendo auténticos testigos del Evangelio y buenos profesionales, dando muchos frutos para su Reino. La generosidad siempre permanece en forma de regalo, la formación que recibimos debido a la generosidad de tanta gente nos equipará a su vez para ser generosos con los demás.
Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable del alumnado Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.
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De Uganda a Pamplona como seminarista: una historia de superación
Timothy Katende, seminarista ugandés de 28 años, estudia quinto curso del bachillerato en Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Se quedó huérfano de madre y padre siendo niño y fue educado por sus tíos: «la familia extensa es vital en mi país». Él es el primer miembro de su diócesis Kiyinda-Mityana, que viene a España a formarse en Teología.
Al desgranar su presente y futuro, Timothy visualiza el camino que ha recorrido. Apenas al mes de nacer, perdió a su madre y con siete años a su padre, lo que hizo que tuviese que separarse de su hermano para ser criado por unos parientes en Maddu, aldea perteneciente a la diócesis de Kiyinda-Mityana.
Timothy, el seminarista huérfano creció con sus primos
«Crecer con mis tíos y mis cuatro primos que eran más o menos de mi misma edad, me ayudó mucho. Además, en el pueblo había un buen ambiente familiar y tenía muchos amigos con los que jugaba al fútbol e iba a la escuela Primaria. Mis tíos me han apoyado mucho con lo poco que tenían, me han dado mucho cariño y sacrificio. Nunca perdí el contacto con mi hermano», relata.
Para Timothy, el papel de la familia es muy importante porque allí es donde se enseñan los valores morales y sociales: el respeto a los demás, la responsabilidad y cuidado de las prácticas culturales y religiosas. «La familia es donde uno debe sentirse más amado, respetado y apoyado. En las familias, se enseñan y se aprenden las responsabilidades y las obligaciones de cada uno», explica.
Ingresó en el seminario menor con trece años
Desde pequeño colaboraba en la parroquia como monaguillo, organizando el coro y trasladando los avisos del sacerdote a la comunidad.
«Después del examen nacional para terminar Primaria, con 13 años, el párroco me habló del seminario menor que buscaba chicos jóvenes y me preguntó si me gustaría ir: ¡estaba contentísimo!», afirma.
Superar el acceso era un paso, pero costear los estudios y el material, otro más difícil si cabe. El párroco expuso la situación en la celebración dominical y los vecinos se volcaron para ayudarle. Fue el comienzo de una andadura que prosiguió tras superar seis cursos y acceder al seminario mayor (Alokolum Major Seminary), en Gulu.
«La familia es donde uno debe sentirse más amado, respetado y apoyado. En las familias, se enseñan y se aprenden las responsabilidades».
Al desgranar su presente y su futuro, Timothy, visualiza el camino que ha recorrido. Apenas al mes de nacer, perdió a su madre y con siete años a su padre, lo que hizo que tuviese que separarse de su hermano para ser criado por unos parientes en Maddu, aldea perteneciente a la diócesis de Kiyinda-Mityana (Uganda).
«Crecer con mis tíos y mis cuatro primos que eran más o menos de mi misma edad, me ayudó mucho. Además, en el pueblo había un buen ambiente familiar y tenía muchos amigos con los que jugaba al fútbol e iba a la escuela primaria. Mis tíos me han apoyado mucho con lo poco que tenían, me han dado mucho cariño y sacrificio. Nunca perdí el contacto con mi hermano», relata.
Libertad y obediencia para estudiar
«Al terminar me ofrecieron una beca para estudiar Filología Francesa: me gustaba el Derecho y los idiomas…, pero yo ya tenía claro que quería ser sacerdote, quería seguir el camino que Dios había elegido para mí». Y así fue como continuó su formación con tres años de Filosofía, otro de pastoral en una parroquia y otro más de Teología en el seminario Kinyamasika. Allí se encontraba cuando le llamaron para venir a Pamplona.
«Cuando me dijeron que mi obispo, monseñor Joseph Antony Zziwa de la diócesis de Kiyinda-Mityana quería hablar conmigo, tuve un poco de preocupación. Pero luego los miedos se disiparon. Me preguntó si quería ir a Pamplona a estudiar. Le dije que si había la oportunidad, estaba dispuesto. Lo hice con toda libertad y con obediencia».
Primer miembro de su diócesis en venir a España
Así es como Timothy Katende comenzó su aventura española convirtiéndose en el primer miembro de su diócesis que venía a España para formarse en Teología, ya que lo habitual es que viajen a Italia o a Estados Unidos.
Los miedos iniciales por adentrarse en una cultura desconocida y un idioma extraño, además de «la preocupación por la confianza del obispo y la responsabilidad de hacerlo bien», fueron superados por la ilusión.
Contar mi historia
«Nos encontramos muchos en la misma situación y así aprendemos y nos ayudamos los unos a los otros. Esta situación me ha hecho madurar», explica Timothy, quien espera valerse de su experiencia en el futuro.
Desde que llegó en julio de 2017 para aprender español, vive en el seminario internacional Bidasoa y este año estudia el 5º curso y finaliza el Ciclo I con el Grado de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra gracias a los benefactores y amigos de la Fundación CARF.
«Poner lo aprendido al servicio de mi diócesis es una forma de agradecer, tanto a los formadores que he tenido como a los benefactores que me permitieron formarme en Uganda inicialmente, como ahora en Pamplona. Les estoy muy agradecido a todos los que me apoyan en este camino».
Su diócesis, Kiyinda-Mityana se ubica en la región central de Uganda, en la provincia eclesiástica de Kampala. «Se trata de una diócesis rural. Muchos niños no tienen la oportunidad de ir a la escuela y a veces los que consiguen terminar la escuela Primaria no llegan lejos en sus estudios por problemas económicos», comenta.
Por eso tiene claro que cuando regrese quiere buscar «vocaciones contando mi testimonio y explicando que la responsabilidad tiene que ser de toda la parroquia: hay muchas familias dispuestas a ayudar a otros y la Iglesia necesita vocaciones».
Timothy explica que a la mayoría de las escuelas les faltan recursos necesarios, por ejemplo, acceso al agua, sillas o pizarras en las aulas, electricidad, etc. Incluso hay algunas escuelas sin techo.
En su diócesis, el 40 % de la población es católica, aunque la mayoría es cristiana protestante. Pero es mayoritariamente cristiana. Sin embargo, el islam va creciendo cada vez más: «ahora la población de los musulmanes va creciendo cada vez más».
La incertidumbre actual rodea también a su futura ordenación, pero Timothy sabe qué le gustaría hacer cuando finalice sus estudios: «Mi ilusión es volver a una parroquia en mi país y, aparte de las labores propias del sacerdote, me gustaría apoyar mucho las vocaciones. Más viendo mi caso, que he podido estudiar por los benefactores y he visto a muchos que no han podido seguir por falta de recursos».
Marta Santín, periodista especializada en religión.
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¿Por qué te recomendamos escuchar cada día 10 minutos con Jesús?
Los 10 Minutos con Jesús (10mcJ) tienen un objetivo: llevar la vida de Cristo a los oyentes. Mostrar la belleza de la vida de Jesús, de su doctrina y virtudes, y servir de 'altavoz' para tocar el corazón de las personas y acercarlos a Dios.
Además, 10 minutos con Jesús ha decidido que los donativos que se realicen a través de su YouTube contribuirán a las ayudas al estudio que financia la Fundación CARF para sacerdotes diocesanos, seminarista y religiosos y religiosas para servir a la Iglesia en todo el mundo.
¿Cómo se realizan los donativos en YouTube? Los Super Thanks
Recientemente YouTube ha activado la posibilidad de ingresar donaciones mediante un botón que se llama Super Thanks, que permite a los creadores de contenidos obtener ingresos e interactuar con los usuarios que quieren demostrarles un mayor agradecimiento por su contenido que el sencillo Like o Me gusta, que todos conocemos.
En cada vídeo de 10 minutos con Jesús aparecerá el botón de Gracias. Al hacer clic en él se abre la opción de donar diferentes cantidades.
¿Qué es 10 minutos con Jesús?
Este contenido, llamado 10 minutos con Jesús, son audios grabados por sacerdotes con el objetivo de ayudar a rezar. El proyecto nació en 2018, por propuesta de María Feria, madre y profesora. A la vista de las vacaciones de verano, María sugirió al capellán de su colegio grabar breves charlas espirituales para compartirlas durante esas vacaciones con sus hijos y gente joven de su entorno.
Ante la insistencia de la madre, don José María García de Castro, sacerdote incardinado a la Prelatura del Opus Dei, accedió. Montó un primer audio, utilizando su propio móvil y un lenguaje sencillo y asequible.
En esa primera ocasión, don José María, pensó en hablar de cosas cotidianas y de cómo acercar el Evangelio al día a día. En concreto, relató el contenido de una carta que le había enviado un chico que había estado colaborando con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta en una casa de niños de Nairobi en Kenia.
El chaval contaba en la misiva, explicó el sacerdote, entre otras cosas, uno de los momentos que más le marcaron de su estancia en África. En concreto, cuando una Hermana de la Caridad le pidió que cogiera en brazos a un bebé que no paraba de llorar y le invitó a que le diera cariño.
El joven se quedó paralizado porque el bebé estaba muy caliente por la fiebre, pero las palabras de la monja le dieron seguridad. Comenzó a arrullar al pequeño, a acariciarle, a sonreírle, a darle besos. El niño dejó entonces de gimotear y sonrió. Pocos segundos después, se durmió. Sin embargo, el universitario notó que el crío no respiraba y avisó a la Hermana de la Caridad, que confirmó el fallecimiento.
«Ella sabía que el niño se estaba muriendo y mirándome a los ojos me dijo: ha muerto en tus brazos y tú te has adelantado unos segundos al Amor que Dios le va a dar para toda la eternidad», relató el joven en la carta que inspiró a don José María para hablar en ese primer audio de cómo puede cada persona en su día a día adelantar ese Cielo, evitando discusiones en casa, sonriendo a los seres queridos o siendo amable con los demás.
Los hijos de María Feria conectaron con el mensaje. El sacerdote grabó un segundo audio y un tercero y luego muchos más.
10 minutos con Jesús continuó creciendo
Don José María, contactó con otros sacerdotes amigos suyos para que se unieran a este ilusionante proyecto. Es así como se creó el primer grupo de WhatsApp y personas de todas partes del mundo comenzaron a sumarse como oyentes a esta iniciativa. Para finales del verano de 2018 eran miles de personas las que recibían diariamente estos audios. Los sacerdotes decidieron continuar grabando 10 minutos hasta el día de hoy.
Actualmente el equipo de 10 minutos con Jesús está por el mundo. No se conocen entre todos ellos, los ha unido Internet y el amor a Jesucristo.
Hoy, 10 minutos con Jesús se ha convertido en un fenómeno de masas. Esto se debe a su capacidad para adaptarse a las necesidades y a los estilos de vida de las personas. Ofrece un acceso conveniente a la espiritualidad y a la reflexión en un mundo ocupado. Suma una inmensa variedad de canales para atender a una audiencia muy diversa. Y se ha convertido en una herramienta valiosa para aquellos que buscan fortalecer su vida espiritual en medio de la vida cotidiana.
«Los curas hablamos muy raro y no queremos caer en eso; aquí hablamos claro y para que se entienda»
Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
Puedes escuchar 10mcJ en diversos idiomas
Los 10 minutos con Jesús cuenta con un canal de YouTube, donde tienes la posibilidad de disfrutar del contenido. El canal cuenta con más de 147.000 suscriptores y te ofrece acceso a todo el contenido. Aquí podrás encontrar los audios traducidos al inglés, portugués, francés y alemán.
«A pesar de los pesares, el mundo cuenta con 400.000 sacerdotes que adoran al Señor y están entregados a Él sirviendo a todas las almas sin importar su credo. Y qué mejor que ayudar a la formación de sacerdotes y seminaristas diocesanos, y también religiosos y religiosas para que se forman en las universidades a las que apoya la Fundación CARF»
Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
Canales en los que puedes recibir o escuchar los 10 minutos con Jesús
Puedes escuchar 10 minutos con Jesús en una amplia variedad de plataformas y aplicaciones. 10mcJ tiene una aplicación específica que puedes descargar en tu dispositivo Apple o Android. En ella, podrás escuchar los audios directamente. Con esta herramienta 10 minutos con Jesús, trae a tu dispositivo el contenido de los más de 700 audios, actualizados diariamente y clasificados por temas, edades, sacerdotes y con enlaces a más contenidos relacionados con la meditación del día.
La APP funciona en segundo plano, los audios se pueden escuchar con la pantalla apagada o al abrir otras aplicaciones. Además, te ofrece diferentes posibilidades como acceso gratuito al audio de cada día y sugerencias de otros audios que te pueden ayudar. También permite realizar búsquedas de meditaciones en la base de datos. Y facilita el acceso a las citas de las Sagradas Escrituras que acompañan cada meditación o a algún otro texto relevante.
Por otro lado, cuenta con un apartado para tomar tus propias notas a modo de diario espiritual. Y posibilita descargar audios en el dispositivo para escucharlos sin conexión.
Existen también otros canales disponibles para no perderse los 10 minutos con Jesús. La elección de la plataforma dependerá de tus preferencias personales y del dispositivo que utilices.
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«Actualmente el equipo de 10mcJ está disperso por el mundo. Ni siquiera nos conocemos todos entre nosotros. Nos ha unido Internet y el amor a Jesucristo. Sacerdotes y laicos de EE. UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas formamos el equipo que hace posible que decenas de miles de personas de todo el planeta pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de audios de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, podcast de Apple, Google Podcast en cinco idiomas»
Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.
Es importante destacar que los promotores de esta iniciativa ofrecen también contacto directo con los sacerdotes. Es decir, cualquier persona que quiera contactar con uno de los sacerdotes del equipo de 10 Minutos con Jesús, puede hacerlo rellenando un formulario en la web.
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4 cuestiones sobre el origen del sacerdocio cristiano
Antes de profundizar, conviene entender la idea central: el sacerdocio cristiano no surge como una estructura creada por la Iglesia, sino como participación real en el sacerdocio único de Cristo. Todo lo que sigue en esta entrada explica cómo esa realidad se fue expresando y consolidando desde los Apóstoles hasta los primeros ministerios.
El sacerdocio cristiano no nace de una institución humana, sino del único Sacerdote: Cristo, cuya misión continúa viva en la Iglesia primitiva y en sus ministros.
¿Cómo se explica que Jesús nunca se refiriera a sí mismo como sacerdote?
El sacerdote es, ante todo, un mediador entre Dios y los hombres. Alguien que hace presente a Dios entre las personas, y a la vez, alguien que presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, que es Dios y hombre verdadero, es el más auténtico sacerdote.
Sin embargo, conociendo los derroteros que había tomado el sacerdocio israelita en su época, limitado a la realización de unas ceremonias en las que se sacrificaban unos animales en el Templo, pero con el corazón más atento de ordinario a las intrigas políticas y al afán de poder personal, no sorprende que Jesús nunca se presentara como sacerdote.
El suyo no era un sacerdocio como el que se veía en los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Además, a sus contemporáneos parecía evidente que no lo era, ya que según la Ley el sacerdocio estaba reservado a los miembros de la tribu de Leví y Jesús era de la tribu de Judá.
Su figura era mucho más próxima a la de los antiguos profetas, que predicaban la fidelidad a Dios (y en algunos casos como Elías y Eliseo realizaron milagros), o sobre todo, de la figura de los maestros itinerantes que iban por ciudades y aldeas rodeados con un grupo de discípulos a los que enseñaban y a cuyas sesiones de instrucción permitían acercarse a la gente. De hecho, los Evangelios reflejan que cuando la gente hablaba a Jesús se dirigían a él llamándolo “Rabbí” o “Maestro”.
Pero Jesús, ¿Realizó tareas propiamente sacerdotales?
Desde luego. Es propio del sacerdote acercar Dios a la gente, y a la vez ofrecer sacrificios a favor de los hombres. La cercanía de Jesús a la humanidad necesitada de salvación y su intercesión para que pudiésemos alcanzar la misericordia de Dios culmina en el sacrificio de la Cruz.
Precisamente ahí surge un nuevo choque con la práctica del sacerdocio propia de aquel momento. La crucifixión no podía ser considerada por aquellos hombres como una ofrenda sacerdotal, sino todo lo contrario. Lo esencial del sacrificio no eran los sufrimientos de la víctima, ni su propia muerte, sino la realización de un rito en las condiciones establecidas, en el Templo de Jerusalén.
La muerte de Jesús se presentaba ante sus ojos de un modo muy distinto: como la ejecución de un condenado a muerte, realizada fuera de los muros de Jerusalén, y que en vez de atraer la benevolencia divina se consideraba –sacando de contexto un texto del Deuteronomio (Dt 21,23)- que era objeto de maldición.
¿Se empezó a hablar de sacerdotes ya desde los comienzos de la Iglesia?
En los momentos que siguieron a la Resurrección y Ascensión de Jesús a los cielos, tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar, y con el paso del tiempo fueron asociando colaboradores a su tarea. Pero si el mismo Jesucristo no se había designado nunca como sacerdote, era lógico que tal denominación ni se les ocurriera utilizarla a sus discípulos para hablar de sí mismos en esos primeros momentos.
De hecho, las tareas que realizaban tenían poco que ver con las que los sacerdotes judíos desempeñaban en el Templo. Por eso utilizaron otros nombres que designaran más descriptivamente sus funciones en las primeras comunidades cristianas: apóstolos que significa “enviado”, epíscopos que significa “inspector”, presbýteros “anciano” o diákonos “servidor, ayudante”, entre otros.
No obstante, al reflexionar y explicar las tareas de esos “ministros” que son los Apóstoles o que ellos mismos fueron instituyendo, se percibe que se trata de funciones realmente sacerdotales, aunque tienen un sentido diverso de lo que había sido característico del sacerdocio israelita.
¿Cuál es ese sentido nuevo del sacerdocio cristiano?
Ese “sentido nuevo” se puede apreciar ya, por ejemplo, cuando san Pablo habla de sus propias tareas al servicio de la Iglesia. En sus cartas, para describir su ministerio emplea un vocabulario que es claramente sacerdotal, pero que no se refiere a un sacerdocio con personalidad propia, sino a una participación del Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús.
En este sentido, San Pablo no pretende asemejarse a los sacerdotes de la Antigua Alianza, pues su tarea no consiste en quemar sobre el fuego del altar el cadáver de un animal para sustraerlo —“santificándolo” en su sentido ritual— de este mundo, sino en “santificar” —en otro sentido, ayudándoles a alcanzar la “perfección” al introducirlos en el ámbito de Dios— a unos hombres vivos con el fuego del Espíritu Santo, prendido en sus corazones mediante la predicación del Evangelio.
Del mismo modo, cuando escribe a los Corintios, San Pablo hace notar que ha perdonado los pecados no en su nombre, sino in persona Christi (cf. 2 Co 2,10). No se trata de una simple representación ni de una actuación “en lugar de” Jesús, pues el mismo Cristo es quien actúa con sus ministros y mediante ellos.
Se puede afirmar, por tanto, que en la primitiva Iglesia hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter verdaderamente sacerdotal, que desempeñan diversas tareas al servicio de las comunidades cristianas, pero con un elemento común decisivo: ninguno de ellos son "sacerdotes" a título propio -ni por tanto gozan de autonomía para desempeñar un "sacerdocio" a su aire, con su sello personal-, sino que participan del sacerdocio de Cristo.
Don Francisco Varo Pineda Director de Investigación de la Universidad de Navarra. Profesor de Sagrada Escritura Facultad de Teología.
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«El mayor peligro es olvidar para qué y para quién nos consagramos sacerdotes»
El padre Miguel Romero Camarillo es un sacerdote enamorado de los dos países que han marcado su trayectoria: su México natal y España, el país que le acogió para que pudiera completar sus estudios en Derecho Canónico. En ambos ha visto una fe que se deshace, por lo que vive entregado para que esto no ocurra llamando a los creyentes a ayudar a revivir la fe que ha dado forma a nuestra civilización.
Actualmente es párroco de Santa María de la Asunción, en Tlancualpicán, en el estado mexicano de Puebla. Y desde allí hace un análisis del catolicismo de su tierra, uno de los países con más católicos del mundo: «considero que se encuentra un poco frío, creo que las idolatrías nos están alcanzando nuevamente. El culto a la muerte, el neopentencostalismo, la nueva era, los abusos litúrgicos e incluso la ignorancia de los clérigos van hundiendo poco a poco las verdades de fe». Sin embargo, recuerda también que son muchos los católicos que «están comprometidos con la Iglesia y sostienen la vida de fe». Pero como ocurre en tantas ocasiones –añade– «lo malo hace más ruido».
Miguel Romero celebra la Santa Misa en su parroquia.
Antes de ser sacerdote, Miguel asegura que era una persona normal y corriente. Trabajaba como técnico químico industrial hasta que, finalmente y tras años planteándose su vocación, decidió dar ese paso al que Dios le llamaba.
Esta vocación se fue cultivando en su interior ya en su infancia, algo que luego fue fundamental cuando en su familia se dio un alejamiento de la fe. «Sobre todo mi abuela paterna y mi madre jugaron un papel importante. Recuerdo cosas de mi infancia, como que mi madre me leyera pasajes de san Francisco o viésemos películas de santos, o que mi abuela me hablara de los escritos de san Agustín», indica.
Sobre aquellos momentos destaca algo que le sucedió cuando tenía sólo seis años y de lo que se acuerda como si hubiera ocurrido ayer: «en Preescolar preguntaron qué era la Santísima Trinidad. Y yo con mis seis añitos contesté correctamente. La cara de la maestra era para haberla hecho una foto. Yo entonces tenía un fuerte deseo de ser sacerdote».
Una vocación de frente al Santísimo
Sin embargo, poco después su familia se alejó de la Iglesia, aunque esa semilla ya estaba insertada en su interior y acabaría brotando unos años más tarde. Fue a los 16 años cuando Miguel decidió entrar en un coro parroquial porque «sentía que alguien me llamaba a estar allí». No sabía a qué estaba llamado realmente. Tardaría cinco años en descubrirlo.
Ese deseo, que tenía con seis años de ser sacerdote y que se alejó, reapareció con fuerza a los 22 años. «En una Hora Santa se refrescó aquello que tenía guardado hace 16 años», indica. Poco después acabaría ingresando en el seminario, donde fue ordenado sacerdote en 2017. Apenas, unos meses después, su obispo le envió a Pamplona a estudiar la Licenciatura de Derecho Canónico gracias a una ayuda de la Fundación CARF.
Miguel Romero durante la Liturgia de la Palabra en una Misa.
De su experiencia en el seminario internacional Bidasoa afirma guardar “gratos recuerdos”, porque además de la enseñanza que recibió fue una oportunidad única para hacer un apostolado en España. «Ayudé a muchas personas y quisiera volver a hacerlo», asegura sobre lo que encontró en Europa. A su juicio, «la fe del mundo está en peligro y parece que la fe desaparece, pero no he visto un lugar más sombrío para esto que mi querida España. Falta el amor a la Cruz».
Aún así, el padre Miguel reconoce que «hay mucha gente luchando para que esto no suceda», por lo que considera urgente «batallar en nuestra trinchera y ayudar a nuestros obispos a que sean hombres de fe, valientes y entregados».
La conexión entre liturgia y derecho
Con su amor por la liturgia y sus conocimientos adquiridos de Derecho Canónico, este sacerdote quiere proteger los grandes tesoros de la Iglesia. En su opinión, «la fe se revitaliza con una adecuada liturgia y una liturgia guiada por el derecho canónico es maravillosa». Y es ahí donde cree que la Iglesia debe esforzarse en cuidar la liturgia con el rico derecho adquirido tras tantos siglos de cristianismo.
Preguntado sobre los retos del sacerdote actual, Miguel Romero lo tiene claro: «El peor peligro al que se puede enfrentar un sacerdote es olvidar para qué y para quién se consagró, o más bien a quién le dejó su vida en sus manos». De este modo, considera que «si nosotros fuéramos conscientes de lo que hemos hecho ante Dios, la Iglesia reflejaría otro rostro».
Por último, este clérigo mexicano agradece a la Fundación CARF toda la ayuda que prestan. «Agradezco su esfuerzo diario para llevar a los pueblos más lejanos la formación. Gracias por todo y espero un día ayudarles para seguir haciendo crecer el conocimiento de la Iglesia. No se olviden de que esto es de Dios», concluye.