«En Venezuela el sacerdote debe donar el corazón, ser imagen de Cristo»

Seminarista de la diócesis de Cabimas, Venezuela, Luis Fernando Morales tiene 31 años y lleva un año cursando sus estudios de sacerdote en Pamplona. Recibió de su familia la fe y su abuela jugó un papel muy importante en el discernimiento de su vocación.

«Busqué al Señor en lugares equivocados»

Ella sostenía en la fe a toda la familia, les animaba a Luis Fernando, a su hermano menor y a sus primos a participar en los sacramentos, a buscar el encuentro personal con Cristo, a seguir con las catequesis... 

A pesar de ello, durante su juventud se alejó muchísimo de la Iglesia. Sólo iba durante las fiestas patronales o cuando se lo pedía su abuela. Buscaba a Dios en lugares equivocados, donde Él no se encuentra y la fe se distorsiona muchísimo. Pero las dudas sobre la existencia de Dios y la fe de su familia no desaparecieron.

Con su familia el día de ingreso al seminario propedéutico.

La positiva influencia de un grupo de jóvenes 

La insistencia de su abuela contribuyó en su camino sacerdotal. Junto con una vecina le invitaron a participar en una actividad de jóvenes de la parroquia. Iban a representar un Vía Crucis viviente y necesitaban a alguien que representara a san Pedro. Así que se lo pidieron a Luis Fernando, que, aunque ni siquiera iba a Misa, aceptó porque era un grupo muy bueno de jóvenes

La influencia positiva de este grupo fue decisiva. Comenzó con sus primeros pasos en la fe y delante de Jesús Sacramentado experimentaba dudas, emociones, preguntas y respuestas. La adoración eucarística marcó su vida. Fue un antes y un después que transformó su fe. 

«No sabía qué quería Dios de mí»

Su vida siguió adelante y cuando terminó Educación Industrial en el área de Electricidad, trabajó como profesor de Estadística y Electrónica en el Instituto Universitario de Tecnología Readic UNIR. A pesar de estar feliz con su trabajo, sentía que no le llenaba. Tampoco se sentía completo con su novia, y eso que iban juntos a Misa con frecuencia. Cada vez que el sacerdote levantaba el Pan consagrado sentía que Dios le reclamaba. Estaba con los fieles, pero veía que Dios le pedía que estuviera en el presbiterio. No terminaba de discernir qué quería el Señor de él. 

La aventura del sacerdocio en Bidasoa

Hasta que al final se decidió. Dejó su vida para iniciar la aventura de ser sacerdote. Ingresó en el seminario propedéutico de la diócesis de Cabimas con 26 años. Luego, al cumplir un año de formación introductoria, fue enviado junto con los demás compañeros de curso para comenzar el primer año de Filosofía en el seminario provincial en Maracaibo (Seminario Mayor santo Tomás de Aquino). Y casi tres años después, su obispo le envió al Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa. 

Su experiencia en en Bidasoa es «indescriptible, no existe la grandeza y la bendición que el Señor me ha concedido de poderme formar como sacerdote en Bidasoa. Había recibido de mis hermanos de mi diócesis varias referencias de su experiencia inolvidable, pero esto se queda corto», relata. Además, está muy agradecido de la formación excelente que recibe en la Universidad de Navarra, impartida por grandes profesionales que enseñan con una buena pedagogía y excelentes herramientas didácticas. 

Características de un sacerdote en el siglo XXI: un hombre valiente 

Luis Fernando también comenta en este relato qué es un sacerdote del siglo XXI, en una sociedad fuertemente secularizada: «Principalmente, tiene que ser un hombre de oración que viva en comunión visible con la Iglesia. Un sacerdote debe ser un hombre valiente que no tema a nadar a contracorriente frente a los retos que presenta la sociedad actual. Necesariamente tiene que ser alguien capaz de llevar el Amor de Cristo al mundo entero. Pero, no solo con palabras sino con su testimonio y mostrar coherencia de vida». 

El sacerdote en medio de los jóvenes en Venezuela

Los sacerdotes jóvenes deben ser verdaderos pastores con olor a oveja, como dice el papa Francisco. «Pero, no un olor de perfume o apariencia de oveja... NO. Tiene que ser un olor auténtico a oveja y para eso, es preciso que el pastor entre al redil, conozca sus ovejas, dificultades, dolencias. Y, desde ahí, sí que podrá cuidar y pastorear el verdadero rebaño que el Señor le ha encomendado». 

La evangelización en Venezuela no se detiene 

A pesar de la situación de Venezuela, la evangelización es posible. Un reto difícil, pero no imposible porque Dios siempre actúa. «En mi país, al igual que en el mundo entero, primero se debe comenzar por tener coherencia de vida. Actualmente el pueblo venezolano se encuentra muy afligido por la difícil situación que vive. Las personas buscan y necesitan palabras de aliento, de ánimo, de esperanza. Por eso, un sacerdote en Venezuela debe dar necesariamente todo de sí mismo, el sacerdote tiene que donar el corazón... tiene que ser imagen de Cristo». 

Pese a las dificultades, Luis Fernando se siente esperanzado porque la evangelización en Venezuela no se detiene. «En nuestra cultura, la formación religiosa comienza por el hogar. En la población existe una clara conciencia de la importancia que tiene Dios en nuestras vidas. Este primer acercamiento a la fe casi siempre viene dado por la ayuda de los abuelos y los padres. Son ellos los primeros que encienden en el corazón de los niños el amor por la Eucaristía, la devoción a los santos y las manifestaciones de religiosidad popular». 

Y después de las familias, la labor de las diócesis. «Es la Iglesia la primera que da el paso al frente para ayudar en la atención de las necesidades del pueblo (alimentación, medicina, educación, vestimenta, incluso en el área laboral). Con la gran ayuda de organismos como Cáritas, y otros más, mi diócesis se mantiene trabajando al máximo para ayudar a todas las personas necesitadas y llevar hacia ellos los rayos de esperanza y amor de Dios que tanto desean sentir». 


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

Dean: su conversión con la Teología del Cuerpo

Dean Spiller tiene 32 años y es seminarista de la arquidiócesis de Johannesburgo, (Sudáfrica). Estudia en Roma "gracias a la amabilidad y generosidad de mi diócesis y el programa de becas CARF", afirma. Es residente del Colegio Eclesiástico Sedes Sapientiae y estudia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Sorprendido todavía de su llamada al sacerdocio, "un camino diferente a aquellos ofrecidos y exaltados por el mundo", cuenta su testimonio de vocación.

"He tenido la experiencia de seguir muchos caminos diferentes en varias etapas de mi vida. Algunos eran mis propias decisiones pero otras veces, me dejaba llevar por las propuestas que otros me ofrecían. Si bien algunas de estas formas me brindaron felicidad momentánea, siempre me preguntaba: ¿Es este mi camino?, ¿Es esto realmente lo más importante en la vida? Después de un tiempo de búsqueda, finalmente me di cuenta de que los caminos que me habían llevado a un cierto compromiso verdadero y duradero siempre habían resultado ser aquellos en los que Nuestro Señor me guio. 

La verdadera felicidad 

Una vez que me di cuenta de que realmente no podría lograr la verdadera felicidad sin Jesús, comencé a encomendar mis decisiones en la oración para que el guiará mis caminos. Al principio no fue fácil, arrastraba malos hábitos en mi vida. Poco a poco, con la ayuda de su gracia, algunos buenos amigos, dirección espiritual y los sacramentos, me volví más abierto al Señor.

Comencé con pequeñas decisiones como ¿qué música debería escuchar?, ¿debería aceptar estas películas que mi amigo ha pirateado? y terminé con otras más grandes: ¿Debería tomarme en serio mi vocación y estar abierto a dejar todo lo que tengo y las personas que amo para descubrir la voluntad de Dios para mi vida?. Este fue, creo, uno de los pasos más importantes hacia una vida cristiana más auténtica y que, en última instancia, me hizo estar abierto a este llamado.

Una familia católica 

Mi hermana menor, Shannon, y yo fuimos educados en la fe católica. Nuestra posición económica era buena gracias al trabajo arduo de mis padres para brindarnos lo que necesitábamos. Su amor, compromiso y sacrificio además de mostrar interés sobre nuestras vidas, fueron características de mis padres que influyeron en mi historia vocacional.

La familia de mi padre (John) siempre ha sido católica, mientras que mi madre (Sharon), no lo era, aunque a menudo se aseguraba de prepararnos todos los domingos para asistir a la Santa Misa (y ella asistió a la mayoría de las semanas también). Finalmente, mi madre se convirtió al catolicismo hace unos ocho años, para alegría y entusiasmo de todos nosotros.

Mi madre, católica o no, siempre ha sido la persona más desinteresada que he conocido. Siempre hemos sido una familia muy unida. El hecho de que mis padres hayan celebrado este su 37 aniversario de bodas, supone un testimonio de su amor y compromiso con nuestra familia y con los demás. Sus ejemplos me enseñaron el verdadero significado del amor en todas las circunstancias.

Estilo de vida en mi juventud 

Cuando era adolescente, frecuenté una escuela secundaria secular. Durante ese tiempo mi hermana y yo asistimos a clases de catecismo y nos confirmaron. Para ser honesto en esta etapa, mi nivel de interés en las clases normalmente se basaba en si la chica de nuestra clase que me gustaba estaría allí esa semana o no (tales son las formas de los adolescentes, aunque no hay duda de que el Señor usó esto para acercarme a Él).

Asistí al grupo de jóvenes en nuestra parroquia en ocasiones, pero fue más un evento social para mí. Creo que en mi confirmación tuve un sincero deseo de seguir a Nuestro Señor, pero mi estilo de vida y amigos no facilitaban un ambiente para vivir una vida verdaderamente cristiana, por lo que durante muchos años tuve dos vidas: una de lunes a sábado y la otra el domingo.

Después de la secundaria estudié y completé una licenciatura en Informática y (curiosamente) psicología. Al finalizar la universidad, pasé dos años trabajando como consultor para una empresa asociada con Microsoft, una época en la que aprendí mucho sobre mí mismo y crecí mucho como persona en mis interacciones con los clientes, así como en la amistad con mis compañeros, que no siempre compartieron mis creencias.

También me di cuenta de que cuando a las personas les preocupa que sus computadoras no funcionen (o cualquier cosa que no entiendan), generalmente no son fáciles de manejar. Eso me enseñó mucho sobre paciencia y comprensión.

Otra cosa que fue significativa para mí después de dejar la escuela secundaria fue unirme al ministerio parroquial de música juvenil. Aquí conocí a algunas buenas personas que tuvieron una buena influencia en mí (sin mencionar el hecho de que me enseñaron a tocar la guitarra y cantar en grupo). Este ministerio realmente resonó conmigo y pronto estuve practicando por mi cuenta durante horas, así como tratando de escribir mis propias canciones como oraciones a Nuestro Señor.

La Teología del Cuerpo de Juan Pablo II

Durante este tiempo, me había estado involucrando con un grupo en una parroquia cercana que estaba explorando y enseñando los escritos del Papa San Juan Pablo II sobre la persona humana, el amor y la sexualidad (a menudo denominada "Teología del Cuerpo").

Nos reunimos todas las semanas durante casi 5 años, y pronto comenzamos a ejecutar programas para parroquias, grupos juveniles y escuelas secundarias (en lugar de programas de educación sexual que eran de tipo secular).

Después de haber encontrado un lugar donde podría ser yo mismo y compartir mis anhelos con otros jóvenes católicos, experimenté un profundo viaje de conversión a través de esta enseñanza y a través de la increíble comunidad recién formada.

No fue solo un momento espiritual como los que había experimentado antes en los retiros a los que había asistido (después de los cuales a menudo volvía rápidamente a mi antiguo estilo de vida). Con el compañerismo, el apoyo continuo y la gracia que recibí en los sacramentos, pude corregir muchos de los comportamientos que dañaban mis relaciones y, en última instancia, me impidieron tener una fe más profunda.

Un álbum de canciones 

 A la luz de todo esto, además de haber grabado y lanzado un álbum de canciones de adoración cristiana que había escrito en 2010, decidí que si bien el trabajo que había estado haciendo me había ayudado a crecer personalmente, no sentía que usara todos los talentos que tenía de la manera más efectiva para ayudar a otros y hacer la obra del Señor.

En esta etapa, me ofrecieron un trabajo en la escuela secundaria como administrador web, diseñador gráfico, maestro de religión, maestro de retiros y músico. El trabajo para mí parecía un paso hacia lo que era más capaz de hacer y acepté después de un corto tiempo de discernimiento. También seguí tocando música en mi parroquia en la Santa Misa todos los domingos.

Mi tiempo en la escuela resultó ser muy formativo de varias maneras. Compartir la fe católica con estos jóvenes fue una experiencia realmente increíble. Fue allí donde conocí a mi primer director espiritual oficial.

El padre Manu, sacerdote del trabajo, venía semanalmente a la escuela para hablar con los niños y escuchar confesiones durante las reuniones de grupos juveniles. Pronto comencé a hablar con él semanalmente y por primera vez experimenté un crecimiento constante y sustancial en mi vida espiritual. El constante cuidado, oración y consejo del padre Manu realmente dio abundante fruto en mi vida espiritual.

Programas en parroquias y escuelas 

Después de dos años, "The Foundation for the Person and the family" me ofreció un trabajo, una organización que nuestro grupo de Teología del Cuerpo había establecido para poner a disposición recursos a precios más asequibles en nuestro país. El trabajo con las escuelas y las parroquias había crecido hasta tal punto que se decidió que se necesitaba un empleado a tiempo completo para llevar la base adelante y después de considerarlo por un tiempo, acepté el trabajo. 

Durante esos dos años logramos hacer muchas cosas: presentamos programas y charlas a miles de sudafricanos en escuelas, parroquias y retiros sobre los temas de Dios, el amor, la vida, el sexo y la sexualidad.

También organizamos una gira de conferencias de Christopher West (un experto en Teología del Cuerpo de los Estados Unidos) a nuestro país; instituyó y dirigió el primer retiro de curación para el aborto de Rachel's Vineyard en el país y reunió a los católicos a través de nuestras muchas actividades de recaudación de fondos para la construcción de la comunidad y eventos sociales.

Este trabajo para mí fue realmente gratificante, así como increíblemente revelador para el entorno y las luchas que enfrentan los jóvenes de hoy. También pude experimentar de primera mano la gran sabiduría y el poder liberador de las enseñanzas de la Iglesia, especialmente cuando se trata de nuestros cuerpos y relaciones con los demás.

Siempre fue sorprendente para mí poder presentar el verdadero significado del Amor, a través de mis experiencias personales, y poder responder a las preguntas importantes sobre temas difíciles como la pureza, la castidad, la pornografía y la homosexualidad con la verdad del Evangelio.

Mi vocación 

Durante este tiempo, mi director espiritual sugirió que debería comenzar a orar sobre mi vocación. Este fue un momento difícil para mí. Me di cuenta de que durante muchos años había tenido tanto miedo de tener una vocación al sacerdocio o la vida religiosa que nunca me permití explorar esto.

Ahora, sin embargo, había llegado a un punto en el que podía ver el increíble poder y el valor del sacerdocio. Al vivir la castidad en la vida de soltero llegué a estar abierto a la idea de que podría ser un "bien" para mí, no solo para otras personas.

Mirando hacia atrás, ahora puedo ver que, sin saberlo, había creído en una de las mentiras que el mundo me había estado diciendo. Se dice que en muchas de las mentiras del demonio, a menudo se esconden medias verdades, y que así es como él nos hace estar de acuerdo con él o ceder a las tentaciones.

Es cierto que toda persona necesita intimidad. No podemos vivir sin intimidad; La persona humana es creada para el amor. La mentira que creí durante muchos años es que la intimidad solo se podía encontrar en las relaciones románticas (en la intimidad física y, en última instancia, en el sexo).

Pensé que para realmente cumplir esta exigencia, debía de tener una novia y casarme algún día. Sin embargo, mi vida como soltero me condujo a ver que, con la gracia de Dios, las verdaderas amistades pueden ser tan satisfactorias como cualquier otra relación, y sobre todo vivir la verdadera amistad con Jesús, la intimidad con él.

Una monja a la que escuché dar una charla dijo que la intimidad significa algo que suena como: "dentro de mí, ver", o sea ser conocida y amada en nuestros niveles más profundos, y conocer y amar profundamente a los demás. Podemos vivir sin sexo, pero no podemos vivir sin intimidad.

Quizás esto sea algo bastante obvio para mucha gente, pero para mí fue un punto de inflexión. Esta realización cambió mi vida. Comencé a ver la historia de mi viaje espiritual bajo una luz diferente. Todas las cosas que había intentado y fracasado, todas las noches que había pasado organizando reuniones juveniles o practicando música, todo tenía sentido para mí a la luz de este llamado y forma de vida.

"Arriesgar a Dios" 

Después de un tiempo de oración y discernimiento y muchas conversaciones con algunos buenos sacerdotes, decidí aprovechar la oportunidad, para "arriesgar a Dios" como dicen, y hablar con mi obispo acerca de ser aceptado en la Arquidiócesis como seminarista.

Aunque fue una realidad difícil de aceptar para mis padres, me dieron su bendición. Si bien sabía que sería difícil para ellos, nunca dudé de que me apoyarían, tal es su amor y desinterés. Nuestro Obispo es un hombre bueno y orante, y el hecho de que me haya enviado a Roma para estudiar fue un momento increíble para mí, así como otra confirmación de que estaba haciendo esto con la bendición de Dios.

Antes de que me viniera a Roma, celebramos el nacimiento de la primera hija de mi hermana. Bromeamos diciendo que Nuestro Señor incluso envió a mi familia un reemplazo mientras estoy fuera (pero aún así me dio tiempo para conocerla y convertirme en su padrino).

Una Universidad con cientos de seminaristas 

Meses después, estoy en Roma, viviendo en una universidad con cientos de seminaristas y sacerdotes. Estoy absorbiendo la cultura, la gracia y el conocimiento que se me ofrecen diariamente a través de la ciudad eterna, la vida espiritual de la universidad y los profesores increíblemente conocedores y santos de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

También me siento humilde a diario por la increíble generosidad y servicio de todos lo que hace posible que estemos aquí. Estoy de verdad agradecido al CARF y a todos mis bienhechores por su generosidad y amor, y quiero que sepan que estoy orando por ellos como hermanas y hermanos. 

Cuando Dios te llama y no le escuchas

Simone Moretti se prepara para ser sacerdote de la Fraternidad de san Carlos Borromeo, perteneciente al carisma de Comunión y Liberación, estudia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. Nació en 1988 en el seno de una familia católica que le educó en la fe. Como muchos jóvenes de ahora, después de recibir el sacramento de la Confirmación, se alejó de la Iglesia. No veía la conexión entre la fe y la vida concreta. 

El encuentro con el Señor 

Sin embargo, el Señor no le dejó y volvió a salir a su encuentro. Le recuperó en una actividad de Comunión y Liberación (CyL) cuando era todavía un adolescente. Aquella experiencia le marcó su vida. Un verano le invitaron a un campamento en las montañas de Juventud Estudiantil, el grupo de jóvenes de CyL. 

En esta comunidad, participando en campamentos, retiros y vida comunitaria, también vio y experimentó una intensidad de vida que le fascinó. 

El descubrimiento de la Iglesia Católica a través de Comunión y Liberación  

Con el tiempo se dio cuenta de que la fuente de esa vida intensa estaba en la fe. Participando en la vida del movimiento vio que la relación con Dios, que se había ido deshilachando, recuperaba su consistencia y adquiría vigor y fuerza. A través de este encuentro, redescubrió su relación con Jesús y volvió a la Iglesia, un lugar donde Jesucristo le tendía la mano y le acompañaba

«¿Y si Dios quiere que sea sacerdote?»

En ese ambiente de fe, oración y amistad fue cuando Simone pensó por primera vez en el sacerdocio. Un día, durante la Misa en la parroquia, se imaginó en el lugar del sacerdote durante la homilía, pensando en lo que podría decir. Después de la Misa, tuvo la sensación de que aquella imagen no era casual. 

Con esa idea en la cabeza, acudió a su madre, aquella que le había transmitido su fe. Y le preguntó: «¿Y si Dios quiere que sea sacerdote?, porque ¡yo no quiero!». Su sabia respuesta se le clavó en el corazón: «¿Crees que Dios podría pedirte algo en contra de tu felicidad?». 

Durante los siguientes años de bachillerato, la alegría y el gozo de aquel encuentro con Cristo fueron germinando, gracias también a una peregrinación a la Virgen Negra de Częstochowa, Polonia, donde conoció por primera vez a algunos sacerdotes de la san Carlos Borromeo, la fraternidad de Comunión y Liberación.

Los estudios de Física

Con aquella semilla en su corazón, comenzó sus estudios universitarios de Física a la vez que participaba de las actividades y formación con otros miembros de Comunión y Liberación. En esta realidad de la Iglesia, forjó algunas de sus amistades más profundas, unidas todas por el vínculo con Cristo. 

En aquellos años pudo experimentar cómo la fe en Jesús tenía que ver con todo: con el estudio, con las clases en la universidad, con las amistades, y cómo lo hacía todo más bello y verdadero. Como dice una frase de Romano Guardini, en la experiencia de un gran amor todo lo que sucede se convierte en un acontecimiento en su propia esfera. 

El amigo que dejó todo por Cristo 

Y llegó otro momento decisivo en su vida. Dios no le dejaba de su mano. Hacia los últimos años de universidad, un amigo le dijo que pensaba entregar toda su vida a Cristo. Y fue cuando pasó por su mente y por su corazón que él podría hacer lo mismo. Al principio, no le sentó muy bien: tenía otros planes, una novia…

Intentó continuar con su proyecto de vida, pero el Señor seguía llamando a la puerta de su corazón. No le dejaba tranquilo. Así que terminó con su novia y se fue a España a realizar el doctorado en Física, pensando que aquel aguijón de Dios desaparecería. Después trabajó en la universidad y fue investigador y PhD en Física en España.

Pero el aguijón del Señor no desaparecía... 

sacerdote comunión y liberación

En busca de un camino

«Durante todo este tiempo, sin embargo, no dejé de pedir al Señor que me ayudara, que me acompañara. Sobre todo, le pedía que me mostrara el camino y me diera fuerzas para seguirlo. A menudo me venían a la mente sus palabras: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si luego se pierde a sí mismo?"». 

Simone tenía todo lo que podía desear: un buen trabajo que le gustaba, un buen sueldo, otra novia, pero cuanto más ignoraba la invitación del Señor, más perdían su sabor todas las cosas que tenía. 

Finalmente, se dio por vencido: «Decidí afrontar esta invitación del Señor que fue muy paciente conmigo y esperó tanto tiempo, sin dejar de llamarme suavemente. Así que entré en el seminario y por fin experimenté la paz de responder al Señor, la paz y la alegría de decirle cada día "Aquí estoy", apostándolo todo a su fidelidad̀ y a su gracia».


Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable del alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Cinco maneras de aumentar el número de seminaristas y sacerdotes

1. Involucrar a toda la comunidad, movimientos y parroquias.

En el día del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santidad de los Sacerdotes y seminaristas. En 2019, con motivo de esta jornada, el papa Francisco invitaba a todos los católicos a través de su red de oración a rezar por los sacerdotes y los alumnos que cursan estudios en los seminarios «para que, con la sobriedad y la humildad de sus vidas, se comprometan en una solidaridad activa, sobre todo, hacia los más pobres».

En la Fundación CARF lanzamos este año esta pequeña campaña animando a rezar por la santidad de todos los sacerdotes.

2. Sacerdotes jóvenes como modelos para los seminaristas.

Una pastoral vocacional que sirva de terreno abonado para las nuevas vocaciones empieza con mucha oración, especialmente en la adoración al Santísimo con horas santas en las parroquias, con los sacerdotes más jóvenes implicados en la pastoral juvenil. De esta forma, intensificando su vida interior y su amor por Jesús-Eucaristía, y con los sacerdotes como modelo, muchos podrían plantearse la llamada al sacerdocio. 

3. Una figura paterna para los futuros seminaristas y sacerdotes.

El papa Francisco asegura que «la paternidad de la vocación pastoral consiste en dar la vida, hacer crecer la vida; no pasar por alto la vida de una comunidad». San José es un buen modelo tanto para los seminaristas como para sus formadores en el camino hasta llegar a ser sacerdote. Con su entrega total, Jesús es la manifestación de la ternura del Padre. Por eso, «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

El Papa nos dice que cada sacerdote u obispo tendría que poder decir como san Pablo: «[…] por medio del Evangelio, soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1Co 4,15). A san Pablo le preocupaba mucho la formación de los presbíteros. En la primera carta a los Corintios expresa con vehemencia: «¿Qué queréis? ¿Que vaya a visitaros con un palo o con amor y espíritu de mansedumbre?» (1Co 4,21). Los formadores y los sacerdotes que acompañan a los seminaristas tienen que ser como un buen padre, que escucha, acompaña, acoge y corrige con dulzura, pero con firmeza. 

4. La familia cristiana semillero de vocaciones.

La familia es el primer agente de la pastoral para las vocaciones (en todos los ámbitos de la Iglesia). La familia cristiana ha sido siempre humus y "mediación educativa" para el nacimiento y el desarrollo de las vocaciones, al celibato, sacerdotales o religiosas. 

Una pastoral familiar que integre la dimensión vocacional tiene que formar también a los padres en el diálogo con sus hijos e hijas sobre su fe y el modo de entender el seguimiento de Jesús. Pero sobre todo, las vocaciones se fraguan en el ejemplo de los padres en su amor a Dios y entre ellos.

5. Apoyar la formación de los seminaristas.

El papa Francisco menciona cuatro pilares para sostener la formación de todo seminarista: la vida espiritual, la oración, la vida comunitaria y la vida apostólica. También profundiza en la dimensión espiritual de los seminaristas poniendo especial acento en la «formación del corazón».

Contar con sacerdotes bien formados tiene un elevado coste para las diócesis. Al entrar al seminario un aspirante al sacerdocio tiene por delante, al menos, cinco años de estudios eclesiásticos, equivalentes a una licenciatura y una especialización. Luego se suman dos años o más de doctorado en la que se contempla la realización de una tesis de investigación. 

Muchas diócesis, especialmente de países pobres, carecen o bien de recursos para mantener a sus seminaristas, o de sacerdotes con la formación suficiente para ser formadores del seminario y dar a los candidatos un acompañamiento adecuado. Aquí es donde entre la Fundación CARF y tu ayuda. Con tu donativo contribuyes a la formación y manutención de sacerdotes diocesanos y seminaristas para sus estudios en Roma y Pamplona con el compromiso de regresar a su diócesis de origen.

Una “profesión” con futuro.

Benedicto XVI, con motivo de la celebración del Año Sacerdotal de 2010,  iniciaba una carta  con una anécdota de su juventud. Cuando en diciembre del 1944, el joven Joseph Ratzinger fue llamado al servicio militar, el comandante de la compañía preguntaba a cada uno qué quería ser en el futuro. Él respondió que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: «Tendrá que elegir otra cosa. En la nueva Alemania ya no hacen falta sacerdotes».

«Yo sabía –dice el Santo Padre– que esta ‘nueva Alemania' llegaba a su fin, y que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al país, los sacerdotes serían más necesarios que nunca». Benedicto XVI añade que «también ahora hay mucha gente que, de un modo u otro, piensa que el sacerdocio católico no es una ‘profesión' con futuro, sino que más bien pertenece al pasado». A pesar de este sentimiento actual, la realidad es que el sacerdocio tiene futuro porque –como dice el mismo Papa en el inicio de su carta a los seminaristas– «también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, las personas continuarán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con él y por medio de él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera».


Bibliografía:

Papa Francisco, Carta apostólica Patris corde

Congreso Europeo sobre las vocaciones, Documento de trabajo.

Papa Francisco, Mensaje para la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Benedicto XVI, Carta con motivo de la celebración del Año Sacerdotal 2010.

«Veía a mi párroco feliz, y el Señor conquistó mi corazón»

Proviene de una familia de cinco hermanos, cuatro chicos y una chica. De madre católica y padre protestante, un matrimonio que se dedica al comercio de la alimentación, se siente muy orgulloso de sus padres, tanto por los valores que les han transmitido como por lo duro que han trabajado para darles una educación integral a todos ellos. «Han sido un gran apoyo para todos. Nos transmitieron muy buenos valores que han cuajado en todos nosotros», afirma. Su madre está muy contenta con su vocación al sacerdocio y su padre le respeta y apoya que quiera ser sacerdote. «Mis hermanos mayores no son muy de iglesia y mi mamá les motiva para que se acerquen a la fe. Dios tiene su tiempo para cada uno».

Servir a la sociedad como sacerdote

A Dani siempre le ha gustado estudiar y formarse para servir a la sociedad. Estudió Ciencias de la Educación y trabajó como maestro en un colegio cristiano-protestante. Desde la universidad, el Señor iba preparando su camino.

Durante los años universitarios fue creciendo su vocación para ser sacerdote. «Todo empezó cuando mi párroco me propuso entrar al seminario, algo que no había pensado, pero fue una luz y una puerta que se abrió en mi vida». Después de esta invitación, sucedieron diversos acontecimientos en su vida que suscitaron en él una determinación por hacer la voluntad de Dios.

En una Misa de sanación

Un día, estando en la basílica de su diócesis, en una misa de sanación por los enfermos a la que acudió el obispo, el prelado dijo sorprendentemente: «Hay un joven que está interesado en entrar al seminario para ser sacerdote y se encuentra ahora en pleno discernimiento». Fue entonces cuando Dani entendió que era Cristo el que le llamaba. «Era a mí quien me decía eso», afirma.

Desde ese momento, comenzó a reflexionar sobre su vocación y qué es un sacerdote. Aquello fue muy significativo en su vida. El amor que tenía a la Iglesia fue creciendo y el testimonio de su párroco, muy entregado a la gente, a la Iglesia y a una vida de servicio fue determinante.

Veía a mi párroco feliz

«Yo veía en mi párroco una vida muy feliz, entregado al Señor y a los demás como sacerdote. Esto fue conquistando mi corazón para entregarme completamente a la Iglesia y al sacerdocio». Otro suceso que ocurrió en su vida y que le marcó con fuerza: rezando delante del Santísimo en una iglesia, escuchó a una persona detrás de él orando. «Cuando salimos a la calle, se dirigió a mí pensando que yo era el sacerdote de la parroquia. Sus palabras me tocaron fuerte, era para mí como otra señal del Señor que me llamaba al sacerdocio. La vocación es un misterio, pero Dios te llama en acontecimientos cotidianos».

Dani Alexander Guerrero con un grupo de jóvenes.
En el seminario a los 22 años

Después de estos acontecimientos, entró en el seminario a los 22 años en su diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia. A los 25 años, su obispo le envío a estudiar a España para prepararse para ser sacerdote, y lleva un año residiendo en el Seminario Internacional Bidasoa y estudia Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

Cuando comentó a sus amigos que dejaba todo para ser sacerdote, intentaron disuadirle: «Mis amigos trataron de convencerme para que no entrara al seminario, me dieron miles razones, que ya no tendría una mujer (había tenido una novia con 17 años), ni familia, ni hijos, que iba a dejar mi profesión para la que me había preparado. Pero mi llamada era más fuerte y ninguna de estas cosas me pararon. Ahora han entendido que estoy feliz con mi decisión y me apoyan».  

Para Dani, una de las características de un sacerdote del siglo XXI es que sea cercano a la gente y cercano a los jóvenes. «Debe implicarse en las acciones y hobbies de los jóvenes y aprovechar ese espacio para evangelizar. Y que ame mucho a su Iglesia. Que en sus predicaciones hable de la palabra de Dios y que dé testimonio de que es cristiano y un sacerdote santo. A través de nuestro testimonio podemos animar a las personas a encontrar a Dios. Por lo tanto, transmitir la fe con el testimonio y preocuparse por la gente creo que es lo más importante del sacerdote en el momento actual».

Cómo animar a los jóvenes

Este joven seminarista de la República Dominicana considera que los jóvenes hoy en día están «muy distraídos con las cosas del mundo, con las redes, la tecnología, la moda. Todo esto ha traído mucha confusión a los jóvenes de nuestra sociedad que siguen ideologías erróneas. Los jóvenes católicos tenemos que dar testimonio de nuestra fe, transmitir que se puede ser joven y cristiano. Que vean en nosotros una luz. La verdadera felicidad está en seguir a Cristo», señala.

La religión mayoritaria de la República Dominicana es la católica, aunque también hay muchos protestantes. Por eso, está convencido que, para evangelizar, lo principal es la formación doctrinal de los catequistas. «Mientras más preparados estemos, mejor podremos dar a conocer a Cristo a los demás. Muchos católicos se van a la iglesia protestante por la falta de formación. Un católico ignorante es un futuro protestante».

«Los católicos tenemos que dar testimonio de nuestra fe, transmitir que se puede ser joven y cristiano. Que vean en nosotros una luz. La verdadera felicidad está en seguir a Cristo».

Dani Alexander Guerrero

Por esta razón, agradece enormemente a las personas que hacen posible que tantos seminaristas de tantas partes del mundo tengan la oportunidad de estudiar para ser sacerdote en Bidasoa y en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra o en la Universidad de la Santa Cruz en Roma. «Gracias a los benefactores de la Fundación CARF nos estamos formando con mucho entusiasmo para regresar a nuestras diócesis con ilusión para poder evangelizar. Que Dios os lo pague».


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

El Seminario Internacional Bidasoa y la Fundación CARF

¿Cómo cooperan Bidasoa y la Fundación CARF?

La relación que existe entre el Seminario Internacional Bidasoa y la Fundación CARF es un ejemplo de cooperación y compromiso social. La mayor parte de los seminaristas pueden seguir sus estudios gracias a la generosa ayuda de los benefactores de la Fundación CARF, que colaboran económicamente, según sus posibilidades, para que ninguna vocación se pierda.

El Seminario Internacional Bidasoa

Es un seminario internacional adscrito a la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Fue erigido por la Santa Sede en el año 1988 y tiene su sede en Pamplona, en la localidad navarra de Cizur Menor, muy cerca del campus de la universidad.

El plan de formación del Seminario Internacional Bidasoa se inspira en los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente Optatam totius y Presbyterorum ordinis, la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis y la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis de la Congregación para el Clero.

Sacerdotes según el corazón de Cristo

El Seminario Internacional Bidasoa tiene como finalidad, el acompañamiento vocacional de los futuros sacerdotes y, por lo tanto, «el discernimiento de la vocación, la ayuda para corresponder a la llamada y a la preparación para recibir el sacramento del Orden Sacerdotal con las gracias y responsabilidades propias». Pastores dabo vobis, 61.

seminario internacional bidasoa

Formación humana, espiritual, pastoral e intelectual

En el Seminario Internacional Bidasoa es primordial posibilitar a los seminaristas, el encuentro con Cristo. La labor de formación se orienta a que el seminarista aspire a ser alter Christus en todos los aspectos de su vida, ya que participará por el sacramento del Orden Sacerdotal,  «del mismo y único sacerdocio y ministerio de Cristo». Presbyterorum Ordinis, 7. ​​Los aspirantes al sacerdocio han de convencerse de la necesidad de adquirir una personalidad humana madura, equilibrada y suficientemente consolidada, que haga resplandecer ante los demás el don recibido, y los capacite para perseverar en el seguimiento del Maestro, también en los momentos de dificultad.

La formación pastoral que reciben los candidatos del Seminario Internacional Bidasoa, por parte del director espiritual y de los formadores, se orienta a desarrollar, en cada uno, el alma sacerdotal; un corazón de padre y pastor, empapado por los mismos sentimientos de Cristo. 

Esta formación sacerdotal, se complementa con la labor científica y docente que se lleva a cabo en la Universidad de Navarra, donde se procura formar despertando el amor a la verdad. Especialmente, en los seminaristas que encuentran en el Seminario Internacional Bidasoa, se hace hincapié en la importancia del estudio, que les prepara para el futuro desarrollo del ministerio sacerdotal en el mundo de hoy.

Seminaristas protagonistas de su proceso formativo

Durante los 35 años del Seminario Internacional Bidasoa, los mismos años de existencia que la Fundación CARF, casi mil seminaristas de numerosos países han madurado su vocación sacerdotal acompañados por los formadores de este seminario.

Apoyados en la convicción de la importancia de la libertad personal como medio indispensable para lograr la necesaria madurez humana, espiritual, intelectual y misionera, han procurado transmitir a cada seminarista, que cada uno ha de ser el protagonista de su proceso formativo, sabiendo que la libertad responsable hunde sus raíces en un ambiente de confianza, amistad, franqueza y alegría.

Este protagonismo es posible gracias a que los seminaristas, algunos procedentes de lugares muy lejanos de España, comparten con alegría una misma experiencia formativa de estudio, clases, ratos de oración, actividades pastorales, tertulias y excursiones.

Seminaristas en unión con el obispo de su diócesis

El carácter internacional constituye una rica experiencia humana y eclesial, que ayuda a aumentar en cada seminarista un espíritu católico, universal y apostólico. Asimismo, en el Seminario Internacional Bidasoa se fomenta la unión de cada uno de los seminaristas con su obispo y con los sacerdotes de su presbiterio diocesano.

Por qué la Fundación CARF es uno de los principales benefactores del Seminario Internacional Bidasoa 

Los seminaristas del Seminario Internacional Bidasoa proceden de diversas partes del mundo. Son enviados por sus respectivos obispos con el objetivo de recibir una adecuada formación de cara a su futura labor sacerdotal en sus diócesis. 

Son los obispos quienes solicitan las becas de estudio a la Universidad de Navarra, que a su vez pide la ayuda a la Fundación CARF. El objetivo de la fundación es facilitar a estos jóvenes, una sólida preparación teológica, humana y espiritual en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma). Cada año, más de 5.000 benefactores lo hacen posible.

Además de la formación en las Universidades Eclesiásticas, los seminaristas necesitan un ambiente de confianza y libertad, un clima fraterno y familiar que facilite la apertura clara y sincera del corazón y la formación integral; este ambiente lo encuentran en el Seminario Internacional Bidasoa.

A lo largo del curso 2022/23, la Fundación CARF destinó 2.106.689 euros en ayudas de alojamiento y matrícula.

Encuentro anual entre benefactores de la Fundación CARF y seminaristas del Seminario Internacional Bidasoa

Cada año, la Fundación CARF en colaboración con el Seminario Internacional Bidasoa, organiza un encuentro entre los seminaristas y los benefactores. Un día entrañable, en el que ambas partes, benefactor y beneficiario, tienen la oportunidad de conocerse, vivir juntos la Eucaristía y disfrutar de un almuerzo y visita al seminario y de un festival musical que los alumnos preparan a modo de agradecimiento hacia quienes hacen posible que puedan formarse en Bidasoa.

La jornada termina con un momento muy esperado pues, las responsables del Patronato de Acción Social (PAS) de la Fundación CARF, entregan los estuches (mochilas) de vasos sagrados a los seminaristas que están en su último curso. En ellas se incluyen todos los objetos litúrgicos necesarios para celebrar la Misa en pueblos o aldeas remotas donde apenas tienen lo necesario, incluso un alba hecha a medida para cada uno de los futuros sacerdotes.

Por último, se comparte la adoración ante el Santísimo Sacramento; y la visita a la ermita de la Madre del Amor Hermoso, situada en el campus de la Universidad de Navarra.

«Estoy muy agradecido de estudiar en Bidasoa porque puedo ver de primera mano el rostro de la Iglesia Universal. Esto se debe a que los seminaristas de Bidasoa procedemos de más de 15 países. Otra cosa que indirectamente nos enseñan en el Seminario Internacional Bidasoa es la atención a las cosas pequeñas, sobre todo en la preparación de las celebraciones litúrgicas. Esto se hace no porque queramos ser perfeccionistas, sino porque amamos a Dios y queremos tratar de hacer y presentar lo mejor de nosotros mismos a Dios a través de las pequeñas cosas».

Binsar, 21 años, de Indonesia.