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De vender leña en Uganda a sacerdote en Estados Unidos

30/10/2026

Lawrence Kawagga De Uganda a sacerdote en EEUU

El padre Lawrence Kawagga tuvo una vida familiar muy complicada: la muerte y la pobreza marcaron sus primeros años. Su idea de ser sacerdote llegó a consolidar gracias a la ayuda de muchas personas. Hoy ejerce su ministerio en los Estados Unidos de América.

El sacerdote Lawrence Kawagga perdió a su padre cuando tenía nueve años y desde muy joven ayudó a su madre a sacar adelante a sus doce hijos. Vendió leña, hojas de plátano y alimentos para continuar sus estudios. Su vocación sacerdotal nació siendo monaguillo y, gracias a la ayuda de varias personas, pudo formarse en Uganda y España. Hoy ejerce su ministerio sacerdotal en Estados Unidos.

La historia del padre Lawrence está marcada por una palabra: perseverancia. Nació el 27 de abril de 1993 en Uganda, en el seno de una familia numerosa y profundamente católica. Eran doce hermanos. Cuando tenía apenas nueve años, su padre falleció y su madre, Annet, tuvo que sacar adelante sola a la familia.

«El 90 % de mi catolicismo se debe a mi familia», reconoce el padre Kawagga en esta entrevista con la Fundación CARF. En casa recibió las primeras enseñanzas de la fe, incluso antes de acudir a la catequesis. Sus hermanos mayores le ayudaron a leer la Biblia y a descubrir cómo integrar la vida espiritual con el resto de sus obligaciones.

Pero la vida familiar no era sencilla. La ausencia de su padre obligó a todos a arrimar el hombro. Lawrence comenzó desde muy joven a buscar distintas formas de ganar dinero para ayudar en casa y continuar sus estudios. Vendía leña y hojas de plátano en la ciudad, transportaba agua desde los estanques, vendía alimentos, mangos, maíz y aguacates, y realizaba trabajos en la construcción.

En ocasiones recorría hasta diez kilómetros entre su casa y la ciudad para vender estos productos. «Mi familia solía ayudarme con los estudios y algunos amigos también me ayudaban», explica. Él, por su parte, hacía todo lo que estaba en su mano para seguir adelante.

Lawrence Kawagga celebrando misa

La importancia de ser monaguillo

En medio de aquellas dificultades comenzó a surgir también su vocación. Lawrence era monaguillo y la cercanía al altar y a los sacerdotes fue despertando en él una inquietud que, con el tiempo, se convertiría en una decisión de vida.

«Mi vocación surgió cuando era joven, al convertirme en monaguillo. Ayudaba en misa y el ejemplo de los sacerdotes hizo que quisiera ser como ellos», cuenta.

En 2005, cuando todavía era muy joven, Lawrence ya tenía claro que quería entrar en el seminario. El problema era económico: «Quería entrar en el seminario, pero el coste era muy elevado», explica.

Por esa razón tuvo que continuar sus estudios en una escuela protestante. Pero tampoco allí quiso renunciar a su fe. Un día pidió al director que permitiera a un sacerdote católico celebrar misa para los alumnos católicos. El director aceptó y, de este modo, Lawrence pudo seguir teniendo cerca los sacramentos.

Pasaban los años, pero aquella llama seguía encendida en su interior. En 2011 encontró finalmente la ayuda que necesitaba. «Un sacerdote me ayudó económicamente a ingresar en el seminario», relata. Después, su obispo y otras personas continuaron colaborando para que la vocación de Lawrence pudiera florecer.

En el seminario de la diócesis de Kasana-Luweero, en su Uganda natal, estudió tres años de Filosofía y, posteriormente, dos años de Teología. Su camino hacia el sacerdocio comenzaba a hacerse realidad.

De Uganda a Pamplona

Fue entonces cuando su obispo le envió a España para continuar sus estudios en el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa y en la Universidad de Navarra. Llegó en 2018 y permaneció en España hasta 2023.

«Me recibieron muy cálidamente en 2018 y eso continuó hasta que me fui», cuenta.

En Pamplona no encontró solamente una universidad en la que completar su formación académica, sino también una comunidad internacional que marcaría profundamente su experiencia. «Me encantaba estudiar con seminaristas de 39 países. Eso me dio mucha experiencia en la vida», explica.

Para un joven procedente de Uganda, convivir con seminaristas de tantos lugares del mundo supuso una oportunidad para ampliar su mirada sobre la Iglesia.

«Estar con personas de varios países me ha ayudado a ser un sacerdote más internacional y a tener un mejor enfoque hacia cada persona», afirma.

También tuvo que enfrentarse a uno de los grandes retos de su llegada a España: el idioma.

«No siempre fue fácil, porque vengo de un país que habla 45 dialectos y cuya lengua nacional es el inglés. Así que no fue fácil aprender español», reconoce.

Sin embargo, acabó convirtiendo aquella dificultad en una herramienta para su futuro ministerio. «Doy gracias a Dios porque ahora puedo hablar bien español, lo que me ha ayudado mucho en mi ministerio como sacerdote», asegura.

Lawrence Kawagga rodeado de feligreses

Una formación que da fruto

La estancia en Bidasoa y en la Universidad de Navarra no se limitó a la preparación académica. Lawrence destaca especialmente el crecimiento espiritual que experimentó durante aquellos años.

«Mi espiritualidad se amplió en gran medida y aún se mantiene», afirma. Entre los recuerdos que conserva con mayor intensidad está la manera de vivir la liturgia: «Me encantó la liturgia en Bidasoa, la reverencia a la Sagrada Eucaristía».

Añade que aquella experiencia ha influido directamente en su ministerio actual: «Es mi punto más fuerte al predicar ahora».

La formación recibida en España le ha ayudado también a acercarse a personas de culturas diferentes y a desenvolverse en un contexto pastoral internacional. El español, aprendido durante sus años en Pamplona, se ha convertido incluso en una herramienta para su apostolado.

Después de regresar a Uganda, Lawrence pasó un año realizando trabajo pastoral en su diócesis de Kasana-Luweero. Posteriormente fue ordenado diácono y, el 17 de agosto de 2024, recibió la ordenación sacerdotal.

Su primer destino como sacerdote fue la parroquia de Katikamu, donde permaneció durante un año. Después, su obispo le envió a Estados Unidos, a la diócesis de Grand Island, en Nebraska. Actualmente ejerce su ministerio en la iglesia católica Prince of Peace, en Kearney.

Cristo como director

La vida sacerdotal ha llevado a Lawrence desde Uganda hasta Estados Unidos, pasando por España. Tres países, tres culturas y experiencias muy diferentes que le han ayudado a comprender mejor la universalidad de la Iglesia.

Ante los retos del sacerdocio, considera que lo esencial no cambia: «Crecer en la fe en Dios y estar preparados para lo que venga, poniendo a Cristo como nuestro director».

Lawrence sabe que no habría podido recorrer solo aquel camino. Su familia fue fundamental. También lo fueron los sacerdotes que le acompañaron, su obispo y las personas que hicieron posible su formación. Entre ellas, los benefactores de la Fundación CARF.

Su agradecimiento hacia ellos es especialmente expresivo: «Los benefactores de CARF son ángeles enviados desde el cielo para venir en nuestro rescate».

Y explica por qué su ayuda tiene un alcance que va mucho más allá de cada sacerdote que recibe una beca: «Muchos de nosotros no seríamos lo que somos, pero por su generosidad somos sacerdotes».


Preguntas y respuestas sobre el apoyo a los párrocos

1. ¿Por qué los laicos debemos asumir un papel activo en la vida parroquial?

Porque la misión de la Iglesia no recae exclusivamente sobre los hombros del sacerdote. Desde la Fundación CARF se subraya la doctrina conciliar: «Desde el Bautismo somos incorporados a Cristo y participamos a nuestro modo de los tres ministerios, sacerdotal, profético y real».

La presencia y corresponsabilidad del laico en la comunidad parroquial «es imprescindible para su existencia, como también, al mismo tiempo, para nuestra propia identidad y misión cristiana». No esperes a que el sacerdote te pida colaboración: ofrécete con iniciativa.

2. ¿Cómo influye en el sacerdote nuestra participación en la Santa Misa?

Una liturgia viva aligera el esfuerzo del párroco y eleva espiritualmente a toda la asamblea. Como enseña la Constitución Sacrosanctum Concilium (14), custodiada en el magisterio de la Santa Sede. «La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la liturgia misma, y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo cristiano».

Ofrecerte para el servicio del altar –como lector, monaguillo o en el coro parroquial– permite que las celebraciones fluyan con serenidad y belleza, permitiendo al sacerdote centrarse en el misterio que preside.

3. ¿De qué manera podemos cuidar el bienestar humano y descanso del párroco?

El ministerio sacerdotal exige una gran entrega cotidiana. «El exceso de trabajo y la incomprensión de muchos los puede llevar al agotamiento o a la frustración», señala una publicación del blog de la Fundación.

El laico puede aliviar esta fatiga mediante «la oración y el acompañamiento amistoso», abriendo las puertas de los hogares y de los planes familiares para ofrecer al párroco momentos de sano esparcimiento, confianza fraterna y descanso.

4. ¿Por qué es insustituible rezar por los sacerdotes?

La fecundidad de un sacerdote depende de la gracia divina, y los fieles están llamados a ser su soporte invisible. Aunque habitualmente no lo exterioricen, los presbíteros necesitan tus oraciones para reconfortarse y continuar su misión.

Rezar a diario por su santidad, fidelidad doctrinal y fortaleza es una manifestación directa de comunión filial. Un detalle concreto de delicadeza cristiana consiste en recordar con afecto el día de su cumpleaños y el aniversario de su ordenación sacerdotal.

5. ¿Qué aportan los grupos parroquiales y el consejo de pastoral?

Los grupos parroquiales son cauces organizados para el crecimiento en la fe y la acción caritativa. Integrarse en ellos o participar en el consejo de pastoral ayuda directamente al párroco a planificar el curso litúrgico y a coordinar las actividades.

Acércate a las iniciativas de tu parroquia que mejor encajen con tus inquietudes personales o profesionales; el párroco agradecerá contar con personas comprometidas y organizadas.

6. ¿Cómo se colabora eficazmente en la catequesis?

Ser catequista no es una tarea meramente administrativa, sino una verdadera vocación de transmisión de la fe viva. El papa Francisco recordó en la exhortación apostólica Christus Vivit (162) que el Señor llama a que: «Cada uno de nosotros, con sus recursos espirituales e intelectuales, con sus competencias profesionales o su experiencia de vida, y también con sus límites y defectos, se esfuerce en ver los modos de colaborar más y mejor en la inmensa tarea de poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas».

Hacen falta colaboradores creativos y pedagógicos que ayuden al sacerdote a formar a niños, jóvenes y adultos con el testimonio de sus propias vidas.

7. ¿Cuál es el papel del laico en Cáritas parroquial?

La caridad organizada es el rostro de Cristo ante las familias más necesitadas del entorno. El equipo voluntario de Cáritas identifica las carencias del barrio o del pueblo y distribuye ayuda material (alimentos, ropa, asistencia económica básica). Involucrarse en este equipo alivia una carga asistencial ingente para el párroco, asegurando que nadie en la comunidad quede desamparado.

8. ¿Cómo repercute la ayuda económica en la misión sacerdotal?

«En el tema económico también puedes ayudar. Con mucho o con poco. Esporádicamente o mensualmente», afirma un donante recurrente que lleva apoyando desde 2000. El sostenimiento del culto, el cuidado del templo y la manutención del clero requieren de la generosidad de los fieles.

Además, las donaciones a entidades acogidas a la Ley de Mecenazgo cuentan con importantes deducciones fiscales, lo que maximiza el impacto real de cada aportación, tanto a nivel parroquial como en instituciones dedicadas a su formación integral como la Fundación CARF.

Tu ayuda a la parroquia y tu apoyo a su párroco y a los sacerdotes puede marcar una gran diferencia en la vida de la parroquia y en la vida del párroco. Para que las comunidades cuenten con pastores preparados teológica, humana y espiritualmente, la formación continua resulta indispensable.

En la Fundación CARF canalizamos la generosidad de miles de benefactores para sostener los estudios de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo en facultades eclesiásticas de prestigio. Navega por nuestra web y descúbrelo, o únete a la comunidad de @fundacioncarf en redes sociales: con tu colaboración económica, en la difusión y tu oración, harás posible que ninguna vocación sacerdotal se pierda por falta de recursos económicos.

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