
Hay historias que recuerdan que la fe no siempre comienza con grandes acontecimientos. A veces, la vocación se abre paso en una familia sencilla, en una casa donde los padres trabajan la tierra y en una vida que va tomando forma hasta desembocar en la entrega a Dios. La de Paul Charles Mahona, sacerdote en Tanzania, es una de ellas.
Una vocación al servicio de la Iglesia
Paul estudia Teología en la Universidad de Navarra durante el periodo académico 2025/2026-2026/2027. Vive en el Colegio Mayor Echalar II, en Pamplona, lejos de su tierra y de los suyos, pero con una idea clara de lo que quiere hacer con los conocimientos que está adquiriendo: ponerse al servicio de la Iglesia allí donde su obispo considere que puede ser más útil.
«Mi expectativa es poder ser profesor en un seminario o desempeñar cualquier otra misión que mi obispo considere conveniente y que esté de acuerdo con la voluntad de Dios», explica.
No habla de un destino concreto ni de un proyecto profesional al margen de su diócesis. Su futuro, asegura, está abierto a lo que la Iglesia necesite de él.
Paul procede de una familia numerosa. Sus padres son campesinos y ambos recibieron el bautismo en la edad adulta. Son diez hermanos: tres de sus hermanas están casadas, al igual que cuatro de sus hermanos menores. Actualmente, un hermano y una hermana menores continúan estudiando.
Paul tampoco fue bautizado de niño. Recibió el sacramento cuando cursaba primero de secundaria. Años después, aquel camino de fe desembocaría en la decisión de entregar su vida al sacerdocio.
En 2014, tras completar los estudios requeridos, ingresó en el seminario. En 2021 terminó sus estudios de Filosofía y Teología y, el 28 de julio de 2022, fue ordenado sacerdote en su diócesis de Shinyanga.
Desde entonces, su horizonte ha sido el servicio pastoral. Su estancia en España le permite continuar su formación para responder mejor a las necesidades de la Iglesia cuando regrese a Tanzania.
Una Iglesia con vocaciones, pero con dificultades para formarlas
La diócesis de Shinyanga se enfrenta a un desafío concreto: no es la falta de candidatos al sacerdocio, sino la dificultad de proporcionarles la formación que necesitan.
«Hay muchos seminaristas, pero la diócesis tiene dificultades para acogerlos y para sostener económicamente sus estudios y su formación», señala Mahona.
Detrás de estas palabras hay una necesidad concreta: las vocaciones requieren lugares donde formarse, profesores, recursos y medios económicos para completar el camino hasta la ordenación. La existencia de numerosos seminaristas es una oportunidad para la Iglesia local, pero también supone una responsabilidad que una diócesis con dificultades financieras no siempre puede asumir por sí sola.
La formación que Paul recibe en Pamplona se enmarca en ese horizonte de servicio. No descarta enseñar en un seminario cuando termine sus estudios, una posibilidad especialmente significativa en una diócesis que necesita acompañar y preparar a quienes se plantean entregar su vida a Dios.
La realidad de su país también forma parte de las preocupaciones que Paul lleva consigo. El sacerdote recuerda los asesinatos masivos ocurridos en Tanzania en octubre de 2025, durante las elecciones generales para elegir al presidente.
«Mi país se vio afectado por asesinatos masivos de personas en octubre de 2025, durante las elecciones generales para elegir al presidente. Esta situación se produjo a causa de los disturbios y las protestas de la población contra el presidente y el Gobierno en general, debido al fracaso de la reforma constitucional y a la falta de una verdadera democracia».
Su testimonio pone de relieve que la vida de la Iglesia no transcurre al margen de las dificultades sociales y políticas. Las comunidades cristianas desarrollan su misión en medio de las circunstancias concretas de sus países, con sus problemas, sus necesidades y las esperanzas de la población.
Según los datos que aporta Mahona, aproximadamente el 31 % de la población de Tanzania es católica y alrededor del 61 % es cristiana.

«España necesita una nueva evangelización»
La estancia en nuestro país le ha permitido observar una realidad que le preocupa: el distanciamiento de muchas personas respecto a la fe.
«En España, muchas personas se han alejado de la verdadera fe», afirma. En su opinión, esta distancia se aprecia en la escasa participación de los fieles en las iglesias y en la falta de jóvenes en la vida eclesial.
Mahona considera que muchas personas viven absorbidas por sus ocupaciones y asuntos cotidianos hasta el punto de dejar de reservar tiempo para la oración. No se trata únicamente de acudir más o menos a una celebración religiosa, sino de recuperar una relación personal con Dios en medio de las actividades de cada día.
Su diagnóstico es claro: «España necesita una nueva evangelización».
Desde su experiencia en Tanzania, propone un intercambio entre dos realidades que pueden aprender la una de la otra. Los españoles, sostiene, pueden descubrir en su país de origen el valor de una fe fuerte, la búsqueda constante de Dios y el esfuerzo por salir adelante con la ayuda divina.
No presenta la fe como una solución que elimine automáticamente las dificultades, sino como una referencia que acompaña a las personas en su vida y en su trabajo. Su mensaje invita a preguntarse qué lugar ocupa Dios cuando las obligaciones, las preocupaciones y las prisas terminan por ocuparlo todo.
El sacerdote y el desafío de educar a los jóvenes
Mahona también reflexiona sobre la identidad sacerdotal en una sociedad que, según percibe, ha cambiado la forma de mirar a quienes reciben la ordenación.
«En el siglo XXI, los sacerdotes son considerados muchas veces como personas laicas», explica. A su juicio, muchas personas ya no los reconocen como servidores de Dios, sino como miembros ordinarios de la sociedad, iguales a los demás.
Su reflexión plantea también la necesidad de acompañar a las nuevas generaciones y recuperar una tarea educativa que considera fundamental.
«Necesitamos evangelizar especialmente a los jóvenes», insiste. Para ello, defiende que se les acompañe y oriente para que aprendan qué se les debe permitir y qué no. Considera importante formar desde pequeños en el respeto y la consideración hacia los mayores, así como ayudarles a superar el egoísmo que puede crecer desde la infancia.
Paul no atribuye toda la responsabilidad a las familias. También reclama que los poderes públicos respeten y garanticen su libertad, junto con la de las instituciones educativas, para llevar a cabo una formación integral de las personas.
Su propuesta pone el acento en la educación, el acompañamiento y la transmisión de valores desde los primeros años de vida. Para él, evangelizar a los jóvenes exige estar presentes en su crecimiento, orientarlos y ayudarles a desarrollar una libertad que no se confunda con la ausencia de límites.
Una formación para servir
Paul Charles Mahona continúa sus estudios en Pamplona con la mirada puesta en el futuro de su diócesis. Podría convertirse en profesor de seminario o recibir otra misión de su obispo. No sabe todavía cuál será su siguiente destino, pero sí expresa su disposición a aceptar aquello que considere conforme a la voluntad de Dios.
Su historia reúne tres realidades: una familia de campesinos, una Iglesia local con seminaristas a los que le cuesta sostener económicamente y una sociedad española en la que percibe que la fe ha perdido presencia en la vida cotidiana.
Desde esa experiencia, su mensaje no es una invitación a idealizar Tanzania ni a ignorar sus dificultades. Es una llamada a recuperar algo que, a su juicio, resulta esencial en cualquier lugar: la búsqueda de Dios, el tiempo dedicado a la oración y una educación que ayude a los jóvenes a crecer con responsabilidad.
Mientras se prepara en la Universidad de Navarra, Paul se forma para regresar a su Iglesia y ponerse a su disposición. Su aspiración es sencilla y exigente a la vez: enseñar, acompañar o asumir la tarea que se le encomiende. Allí donde termine sirviendo, quiere que la formación recibida contribuya a sostener la fe de quienes vendrán después.
El papa León XIV: «El seminario es siempre un signo de esperanza para la Iglesia»
La historia de Paul Charles Mahona pone de relieve la importancia de una formación sacerdotal que prepare a los futuros sacerdotes para responder a las necesidades de sus diócesis. Una idea que también ha subrayado el papa León XIV al dirigirse a varias comunidades de seminarios españoles en febrero de 2026.
En su discurso, el Santo Padre recordó que la formación no consiste únicamente en adquirir conocimientos, sino que debe arraigarse en una relación personal con Dios y orientar toda la vida hacia el servicio a la Iglesia.
«Ese es el fundamento de toda formación sacerdotal, permanecer con Él y dejarse formar desde dentro; ver a Dios actuar y reconocer cómo Él obra en la propia vida y en la de su pueblo», afirmó.
El Papa también destacó que el camino de formación requiere acompañamiento y oración, y que los seminaristas no están solos en su vocación:
«Hacedlo siempre con la certeza de que no camináis solos: Cristo os precede, María Santísima os acompaña y la Iglesia entera os sostiene con su oración».
Las palabras de León XIV conectan con el propósito de Paul: aprovechar sus años de estudio para regresar a Tanzania y ponerse a disposición de su obispo. Porque la formación sacerdotal no termina en el aprendizaje académico, sino que encuentra su sentido último en la entrega y el servicio a los demás.
Marta Santín, periodista especializada en religión.
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