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En 2025, se formaron seminaristas y sacerdotes diocesanos de 85 países

15/10/2026

Memoria Fundación CARF

La Fundación CARF ayuda a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo, así como de religiosos y religiosas. La Memoria 2025 muestra la dimensión universal de esta labor: alumnos de 85 países de los cinco continentes que se forman en los seminarios y residencias de Roma y Pamplona para regresar después a sus diócesis y comunidades al servicio de la Iglesia.

La Fundación CARF recientemente hizo públicos los datos de su Memoria 2025, y hay una cifra que destaca sobre el resto: los seminaristas, sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas, cuya formación financió la institución el año pasado en Roma y Pamplona, procedían de 85 países de los cinco continentes. 

«Estos estudiantes, procedentes de 85 países y de más de mil doscientas diócesis, son la prueba de que la Iglesia es una familia universal que no conoce fronteras», resume Fernando Martí Scharfhausen, presidente de la Fundación, en la carta que presenta la memoria.

Detrás de esa cifra hay una labor que la Fundación CARF (Centro Académico Romano Fundación) sostiene desde hace más de tres décadas: financiar la formación académica, humana, pastoral y espiritual de seminaristas, sacerdotes diocesanos, de religiosos y religiosas que, sin esa ayuda, no podrían costearse los estudios en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, o en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona.

Que la vocación no dependa del lugar de nacimiento

La Fundación CARF, constituida legalmente el 14 de febrero de 1989 (aunque trabaja desde 1984), parte de una convicción sencilla: la calidad de la formación de un sacerdote no puede depender de si su diócesis de origen es rica o pobre. Por eso sostiene económicamente los estudios de seminaristas, sacerdotes diocesanos y de religiosos y religiosas de cualquier país, para que completen una formación integral –académica, humana, pastoral y espiritual– sin que el dinero sea el motivo por el que una vocación no llegue a prosperar.

En cada ayuda al estudio hay un obispo que ha depositado su confianza en la Fundación –más de 1.200 obispos y 350 generales de órdenes religiosas de 130 países lo hacen– y también un joven que, gracias a esa ayuda, puede prepararse para volver a su tierra y ejercer allí su sacerdocio con solidez. 

Y esa confianza se sostiene, año tras año, gracias a la generosidad de benefactores, socios y amigos que entienden que ayudar a formar a un buen sacerdote es ayudar a miles de personas a las que ese sacerdote acompañará durante toda su vida.

Universalidad de la Iglesia, país a país

Repasar de dónde proceden los alumnos de la Fundación CARF es también repasar la geografía de la fe en el mundo. África y Europa son, en 2025, los dos continentes con mayor diversidad de países de origen, con 25 cada uno; le sigue América, sumando sus tres regiones, la meridional, la central y la septentrional, después Asia, y por último Oceanía. No hay un único perfil entre quienes reciben estas ayudas: hay tantas historias como culturas, lenguas y realidades eclesiales.

En África

Los beneficiados proceden de países como Angola, Benín, Camerún, Costa de Marfil, Ghana, Kenia, Nigeria, Tanzania o Uganda, entre muchos otros. Es el caso de Gonçalves Cacoma Cahinga, seminarista angoleño que descubrió su vocación a los ocho años. «Mi corazón ardía y soñaba con ser catequista», recuerda con emoción.

Hoy, junto a un compañero, es una de las primeras vocaciones de seminaristas angoleños que estudian en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona. «En mi diócesis, aunque hay bastantes católicos, hay pocos sacerdotes y pocas parroquias. Por eso agradezco profundamente a todos los benefactores de la Fundación CARF la oportunidad que me brindan. Para mí, estar en Bidasoa supone una gran riqueza, porque me permite descubrir la grandeza de la Iglesia universal», cuenta.  

En Europa

En la cuna histórica de la Iglesia, la Fundación sigue ayudando a formar seminaristas y sacerdotes diocesanos en países donde la fe convive con contextos muy distintos, del oeste al este del continente.

El sacerdote polaco Krzysztof Patejuk, ayudado por la Fundación CARF para estudiar Derecho Canónico en Pamplona. lo resume así: «Gracias a vuestro apoyo, pude vivir un tiempo de estudios inolvidable en Pamplona, de encuentro con la Iglesia y de crecimiento espiritual, especialmente a través de la formación ofrecida por el Opus Dei. Sé que esta experiencia ha sido clave para mi sacerdocio, y sin vosotros, yo no sería el mismo sacerdote que soy hoy».  

En Asia

Donde en muchos países los católicos son una minoría, cada vocación tiene un peso especial. Xudong Feng, de nombre cristiano Pedro Mari, es un seminarista chino que estudia en Pamplona gracias a la Fundación CARF. Recuerda con emoción cómo su vocación nació en esa tierra regada de fidelidad: «Mi abuelo y mis padres me enseñaron a ir a Misa todos los días desde niño. No era una obligación, era una herencia. Así empecé a sentir que quería ser sacerdote».

Y tiene claro su agradecimiento y objetivos: «Estoy aquí gracias a muchas personas que creen en nuestra vocación. Gracias a la Fundación CARF, puedo formarme bien para servir mejor. Sé que mi camino no termina en Navarra: apenas empieza. Quiero volver a mi pueblo, a mi diócesis, y dar lo que he recibido».

En América

La Fundación acompaña vocaciones que llegan desde México hasta Argentina, pasando por Centroamérica y el Caribe. Arthur César, seminarista brasileño de la archidiócesis de São Sebastião de Río de Janeiro, estudia en Bidasoa gracias al apoyo de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF.

«El pueblo no busca organizadores de eventos, sino cercanía, sacramentos y formación. La primera llamada del sacerdote es a la santidad; ser un ejemplo y compañero en la búsqueda de Cristo. Y yo sentí una paz que me confirmaba que era Dios quien me llamaba», relata sobre su vocación.

En 2025 las ayudas alcanzaron a alumnos procedentes de 85 países.
En 2025 las ayudas alcanzaron a alumnos procedentes de 85 países.

En Oceanía

La presencia es más pequeña (Australia, Nueva Zelanda y Papúa Nueva Guinea), pero significativa. Samuel Pitcaithly, ayudado por la Fundación CARF y noveno seminarista neozelandés en formarse en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en sus 40 años de historia. Resume así su historia: «Hoy, al mirar atrás, veo con claridad cómo Dios me ha guiado paso a paso. Hoy acabo de terminar mi primer año de estudios para el sacerdocio en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Es una bendición poder formarme en el corazón de la Iglesia, rodeado de seminaristas y profesores de todo el mundo, todos buscando la santidad».

Y añade: «Agradezco profundamente todo lo que hacen para que este camino, mío y de tantos compañeros seminaristas y sacerdotes de todo el mundo, sea posible. Les tengo muy presentes en mis oraciones y, si Dios quiere, un día podré ofrecer la Santa Misa por ustedes y sus intenciones. ¡Que Dios y Nuestra Santísima Madre los bendigan abundantemente!».

La misma vocación, la misma familia

Lo que estas historias tienen en común no es el país, sino una vocación de servicio a la Iglesia. Seminaristas, sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas de procedencias muy distintas pueden acceder, gracias al apoyo de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF, a una formación integral sin que la falta de recursos económicos sea un obstáculo.

Es, en el fondo, la razón de ser de la Fundación desde su origen: promover una formación intelectual, humana y espiritual de excelencia para seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas de cualquier país del mundo, sin que su capacidad económica fuera un impedimento.

Durante sus años de formación, además, alumnos procedentes de países y culturas muy diferentes comparten estudios y convivencia en Roma y Pamplona. Una experiencia que hace visible esa «familia universal que no conoce fronteras» de la que habla el presidente de la Fundación CARF.

Sostener esta labor es posible gracias a quienes, año tras año, deciden ser parte de esta familia universal como benefactores. Si quieres ayudar a que la próxima Memoria pueda contar aún más países, puedes colaborar con la Fundación CARF aquí.

La importancia de la formación sacerdotal

La formación de un sacerdote no termina con su ordenación. San Juan Pablo II subrayó la importancia de acompañar y formar a quienes reciben la llamada al sacerdocio, tanto durante su etapa de seminario como a lo largo de toda su vida ministerial. El papa León XIV también lo viene reiterando desde el inicio de su pontificado.

En su exhortación apostólica Pastores dabo vobis, publicada en 1992, san Juan Pablo destacó que la formación de los futuros sacerdotes debe abarcar todas las dimensiones de la persona: humana, espiritual, intelectual y pastoral. Para el papa polaco, esta preparación es una de las tareas de mayor importancia para el futuro de la evangelización.

El documento recuerda también que el seminario debe ser un verdadero espacio de formación y crecimiento, donde quienes se preparan para el sacerdocio puedan profundizar en su relación con Cristo y adquirir las herramientas necesarias para servir a las personas que les serán encomendadas. La formación, por tanto, no consiste únicamente en adquirir conocimientos, sino en prepararse para vivir y comunicar la caridad de Cristo, Buen Pastor.

Esta visión conecta directamente con la labor que la Fundación CARF desarrolla desde hace décadas: facilitar que seminaristas, sacerdotes diocesanos y religiosos de distintos lugares del mundo puedan acceder a una formación integral y regresar después a sus diócesis y comunidades para poner al servicio de los demás todo lo aprendido.

Para el papa León: «La formación es un camino de relación. Convertirse en amigos de Cristo significa formarse en la relación, no sólo en las competencias». En el encuentro con el Dicasterio para el Clero, del 26 de junio de 2025, dirigiéndose a formadores, sacerdotes y seminaristas, León XIV recordó que la formación sacerdotal no puede reducirse a la adquisición de conocimientos o habilidades pastorales. 

En su núcleo está una relación personal con Cristo. El seminario es el lugar donde esa amistad se aprende y se cultiva: una familiaridad con el Señor que compromete toda la vida del futuro sacerdote, su corazón, su inteligencia y su libertad y lo configura poco a poco a imagen del Buen Pastor. 

Formar sacerdotes, por tanto, no consiste sólo en transmitir contenidos, sino en acompañar un camino de vida con Cristo para ser el mismo Cristo para los demás, remarca el papa León.  

«La formación de los futuros sacerdotes […] la considera la Iglesia como una de las tareas de máxima importancia para el futuro de la evangelización de la humanidad». San Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 2.

Más de treinta años después de aquellas palabras de san Juan Pablo II, la formación sacerdotal continúa siendo una misión esencial para la Iglesia. La Memoria 2025 de la Fundación CARF muestra cómo esta tarea se hace realidad cada año a través de cientos de historias y de vocaciones procedentes de todo el mundo.



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