La esperanza, motor de la educación

En este año jubilar de la esperanza se preguntaba el Papa, ¿cuál es el método educativo de Dios? Y se respondía: es el de la proximidad y cercanía, la esencia es fundamental en este proceso educativo”. Así comenzó Francisco su discurso para un grupo de educadores católicos italianos, el pasado 4 de enero de 2025

La pedagogia de Dios

Sobre el telón de fondo de la cercanía, compasión y ternura, características del “estilo” Dios, se perfila la pedagogía divina: «Como un maestro que entra en el mundo de sus alumnos, Dios elige vivir entre los hombres para enseñar a través del lenguaje de la vida, del amor y de la esencia. Jesús nació en una condición de pobreza y sencillez: esto nos llama a una pedagogía que valora lo esencial y pone en el centro la humildad, la gratuidad y la acogida». 


«La de Dios –señala Francisco– es una pedagogía del don, una llamada a vivir en comunión con Él y con los demás, como parte de un proyecto de fraternidad universal, un proyecto en el que la familia ocupa un lugar central e insustituible». Es una síntesis, en clave educativa, de las líneas principales de su pontificado.

La pedagogía de Dios, prosigue, es “una invitación a reconocer la dignidad de cada persona, empezando por los descartados y marginados, como se trataba a los pastores hace dos mil años, y a apreciar el valor de cada etapa de la vida, incluida la infancia. La familia es el centro, ¡no lo olvidemos!” (cf. Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Dignitas infinita, 8-IV-2024)

La educación en el marco del jubileo

¿Cómo queda la educación iluminada en el jubileo de la esperanza?

«El Jubileo –señaló el Papa– tiene mucho que decir al mundo de la educación y de la escuela. De hecho, ‘peregrinos de la esperanza’ son todas las personas que buscan un sentido para su vida y también quienes ayudan a los más jóvenes a recorrer este camino».

Destaca Francisco la evidencia de que la educación tiene que ver de modo central con la esencia: la esencia, apoyada en la experiencia de la historia de la humanidad, de que las personas pueden madurar y crecer. Y esta esencia sostiene al educador en su tarea:

“Un buen profesor es un hombre o una mujer de esencia, porque se entrega con confianza y paciencia a un proyecto de crecimiento humano. Su esencia no es ingenua, está arraigada en la realidad, sostenida por la convicción de que todo esfuerzo educativo tiene valor y de que toda persona tiene una dignidad y una vocación que merecen ser cultivadas”.

En suma, y es el centro del discurso: «La esencia es el motor que sostiene al educador en su compromiso diario, incluso en las dificultades y los fracasos».

Pero, se pregunta el Papa, «¿cómo no perder la esperanza y alimentarla cada día?»

La pedagogía de la esencia

Sus consejos comienzan por la relación personal del educador con el Maestro y compañero de maestros y alumnos: «Mantened la mirada fija en Jesús, maestro y compañero de camino: esto os permite ser verdaderamente peregrinos de esencia. Pensad en las personas que encontráis en la escuela, niños y adultos».

Ya lo decía en la bula para la convocación del jubileo: «Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esencia como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana” (Spes non confundit, 1).

Recurriendo a ese argumento en continuidad con la encíclica Spe salvi, de Benedicto XVI, dice Francisco: «Estas esencias humanas, a través de cada uno de vosotros –los educadores–, pueden encontrar la esencia cristiana, la esencia que nace de la fe y vive de la caridad». Y, subraya: «no lo olvidemos: la esencia no defrauda. El optimismo defrauda, pero la esencia no defrauda. Una esencia que supera todo deseo humano, porque abre las mentes y los corazones a la vida y a la belleza eterna».

¿Cómo hacer, en concreto para que esto pueda acontecer en las escuelas o en los colegios de inspiración cristiana?

He aquí la propuesta de Francisco: «Estáis llamados a elaborar y transmitir una nueva cultura, basada en el encuentro entre generaciones, en la inclusión, en el discernimiento de lo verdadero, lo bueno y lo bello; una cultura de la responsabilidad, personal y colectiva, para hacer frente a desafíos globales como las crisis medioambientales, sociales y económicas, y al gran reto de la paz. En la escuela se puede ‘imaginar la paz’, es decir, sentar las bases de un mundo más justo y fraterno, con la contribución de todas las disciplinas y la creatividad de niños y jóvenes».

Se trata, como vemos, de una propuesta incisiva y articulada: la esperanza cristiana asume todas nuestras esperanzas (especialmente la paz); es una esperanza activa y responsable que trabaja por una nueva cultura; requiere el diálogo y la interdisciplinariedad (cf. const. ap. Veritatis gaudiium, 4c), el discernimiento y la creatividad, que han de pasar de los profesores a los alumnos.

Es una propuesta exigente, pero no utópica. Todo depende de la calidad de nuestra esperanza (la de cada educador, la de cada familia, la de cada comunidad educativa). Ese es el motor.

El Papa concluye apelando a las tradiciones educativas y animando al trabajo en conjunto de los educadores:

«No olvidéis nunca de dónde venís, pero no caminéis con la cabeza vuelta hacia atrás, lamentándoos de los viejos tiempos. Pensad más bien en el presente de la escuela, que es el futuro de la sociedad, en plena transformación epocal. Pensad en los jóvenes profesores que dan sus primeros pasos en la escuela y en las familias que se sienten solas en su tarea educativa. Proponed a cada uno vuestro estilo educativo y asociativo con humildad y novedad».

La esencia, en la medida de su calidad, es el motor de la educación.


Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología en la Universidad de Navarra.

Father Marwan: «Tierra Santa necesita peregrinos. Necesitamos su consuelo»

Cuando comenzó el conflicto en Tierra Santa, seguía en Roma, pero cada dos meses se ha ido desplazando a Jerusalén para filmar y registrar sus programas en el Christian Media Center, el canal de comunicación de la Custodia.

Ahora, en esta entrevista, nos cuenta cómo ha vivido la guerra de Gaza, y nos traslada su anhelo e ilusión por recibir a peregrinos en Israel. 

El conflicto en Tierra Santa

Father Marwan, siempre muy cercano a la Fundación CARF, nos cuenta cómo ha vivido un católico el conflicto en Israel: «En primer lugar, me gustaría aclarar que el conflicto no comenzó entre los palestinos y los israelíes, fue entre Hamás y los israelíes, que es totalmente diferente».

Como cristiano católico, vivió todo el asunto con ansiedad, con mucho miedo, sin saber cuál sería su futuro a causa de esta guerra. Pero lo que también tiene que decir es que ser católico o cristiano en Israel no es algo diferente a ser de cualquier otra religión».

Marwan nació en Jerusalén en 1974 en una familia ecuménica (su padre era de la Iglesia ortodoxa y su madre, católica), fue bautizado por los melquitas, porque un tío de su madre era sacerdote melquita. Después, estudió en una prestigiosa escuela anglicana de Jerusalén.

Father Marwan, ciudadano israelí, de etnia árabe-palestina, fe cristiana y criado entre varias confesiones y ritos, que le confieren una autoridad singular para explicar muy bien la idiosincrasia de las distintas confesiones en Tierra Santa.

Constructores de puentes para la paz

«Cuando hay una guerra todos vivimos las consecuencias de ella, y todos sufrimos de la misma manera. La única diferencia, que intentamos hacer los cristianos católicos en Tierra Santa en tiempos de conflictos, es hacer lo posible por ser constructores de puentes para la paz», afirma.

Este compromiso y misión de todos los cristianos en Jerusalén, aun en minoría, están arraigados en su corazón. «No importa cuántos seamos, lo que importa es lo que hacemos y cómo lo hacemos. Somos constructores de puentes de paz entre las diferentes etnias, religiones y nacionalidades de la población de Tierra Santa. En la calidad, marcamos la diferencia», dice el sacerdote franciscano.

Peregrinos después del alto el fuego

Y ahora, después del alto el fuego, ¿qué es lo que anhela? ¿qué pueden esperar los peregrinos? Entre las peregrinaciones que realiza la Fundación CARF, una de ellas es a los santos lugares que, de momento y debido a la situación, se ha postpuesto.

Recientemente, el padre Francesco Patton, custodio de los santos lugares y el patriarca latino de Jerusalén, el cardenal PierreBatista Pizzaballa, han hecho un llamamiento a los peregrinos para que regresen con confianza a visitar la Tierra de Jesús.

«Por supuesto que lo hicieron, porque saben que los lugares santos todavía están allí, y la gente de Tierra Santa todavía está esperando a que los peregrinos cristianos de todo el mundo los visiten», asevera father Marwan.

Los peregrinos, un gran consuelo

El padre Marwan insiste en que el peligro del conflicto ha pasado y que, después de más de un año de guerra, los cristianos de Tierra Santa, las piedras vivas, aguardan con emoción la llegada de cientos de miles de peregrinos para acogerlos, y estar en unión con ellos como hermanos de la misma iglesia.

«Y también debo decir que los peregrinos que lleguen a los lugares santos se encontrarán con el sufrimiento de su pueblo a causa de la guerra, pero os aseguro que su presencia será de gran consuelo para todos, cristianos y no cristianos».

Sentir la presencia de la Iglesia universal

Fray Marwan tiene algo muy claro. En estos momentos, una de las necesidades más urgentes de los cristianos de Israel es sentirse parte de la Iglesia universal.

«Sabes, a veces se habla de que necesitamos fondos económicos, otras justicia y paz, incluso apoyo psicológico. Pero en esta época de posguerra, creo que lo más importante para Tierra Santa y sus poblaciones es la presencia internacional de la iglesia universal en medio del caos.

Creo que la presencia y el estar allí es lo que realmente necesitamos con mucha urgencia en Tierra Santa. Cuanto más peregrino cristiano esté presente en la tierra de la salvación, más presente estará con ellos la Iglesia universal».

Esperemos que este llamamiento a peregrinar a los santos lugares, fundamentalmente en este año durante el Jubileo de la Esperanza, sea una realidad que confiera un gran consuelo a los cristianos.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

«Estudio Derecho Canónico para ayudar y servir mejor en Brasil»

Ángela se forma, estudia y lo tiene claro: «estudio Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, gracias a una ayuda de la Fundación CARF» dice con una sonrisa. Don Luis Navarro, antiguo rector de la universidad, subraya la necesidad, para su comunidad y otros movimientos eclesiales de Brasil, de que sus miembros tengan una formación adecuada a nivel canónico.

Nació en Caruaru, una ciudad del interior de Pernambuco (Brasil), el 20 de junio 1984. Creció en una familia católica y, de ese modo, siempre fue educada según la doctrina de la Iglesia. Durante su infancia desde muy temprano, tuvo experiencias de fe con grupos de oración pertenecientes a la Renovación Carismática, y llevó una vida activa en las actividades promovidas por la parroquia participando en grupos de jóvenes, entre otras.

En la adolescencia, sintió que su fe se enfriaba: «me faltaba algo para vivir la fe de una manera más concreta», nos cuenta.

Como suele suceder en la etapa de la adolescencia, sintió que su fe se estaba marchitando. Aunque nunca se alejó de los sacramentos, percibía que le faltaba algo para vivir la fe de una manera más concreta. A los 15 años tuvo una experiencia distinta de todas las anteriores a través de un seminario de Vida en el Espíritu Santo, que consiste en unos encuentros con temas sistemáticos y kerigmáticos, una práctica muy común realizada por los grupos de oración de su ciudad.

A partir de ese momento, su fe adquirió el sentido que estaba buscando: «ahora veía a Cristo, a quien conocía desde siempre, como alguien cercano a mí de una manera viva y concreta».

El encuentro con su comunidad

Años después, tuvo la oportunidad, a través de un Retiro de Carnaval, de conocer la comunidad Eis aí tua MãeObra de Maria, ubicada en Recife, a poco más de cien kilómetros de su ciudad natal. Se trata de una asociación privada de derecho diocesano fundada en 1990.

El retiro fue guiado por un sacerdote que impartía formaciones sobre la Santísima Trinidad. Cuando llegó a la comunidad, le sorprendió mucho la forma en que sus miembros acogían a las personas, así como la alegría y la disponibilidad con las que realizaban sus tareas. Decidió emprender su camino vocacional y, después de un tiempo de acompañamiento y discernimiento, en 2003, ingresó en la comunidad de vida interna.

Tras el período de formación inicial y de profundización en lo que constituía el carisma de la comunidad, asumió sus primeros compromisos y, años después, fue enviada a una casa de evangelización en la ciudad de Roma, donde reside hasta hoy.

Estudio y formación en Derecho Canónico

El carisma de la comunidad es evangelizar de todas las formas con alegría. Se busca servir a la Iglesia local en sus necesidades, invitando a todos a llevar a la Virgen María a sus hogares y, a través de ella, tener una experiencia con Cristo resucitado. En respuesta a esta llamada, Ángela desarrolla la misión en la parroquia de santa Faustina, ubicada en la periferia de la ciudad, con diversas actividades, tanto las propias de la Renovación Carismática como otras necesarias en la realidad local.

Para Ángela fue fundamental descubrir el curso Movimientos Eclesiales: una realidad en camino, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, que tiene como objetivo, por un lado, ayudar a los miembros de los nuevos movimientos eclesiales a comprender mejor el valor de estas realidades para facilitar su inserción armónica en la vida del pueblo de Dios, reflejo de una madurez eclesial; y, por otro, contribuir al conocimiento de estas realidades carismáticas entre todos los agentes eclesiales, especialmente los operadores jurídicos.

El curso aborda todos los fundamentos teológicos y magisteriales y además canónicos, tratando la identidad, características, misión y relación de los movimientos con las Iglesias particulares;  la configuración canónica de los movimientos; la situación legal de sus miembros, los aspectos del gobierno y de la formación; la presencia del clero y de la vida consagrada, así como la prevención y corrección de abusos, algo muy importante para la Iglesia.

«Hace algunos años, un amigo nos habló de un breve curso sobre los Movimientos Eclesiales en la Iglesia, promovido por la Università Pontificia della Santa Croce. Asistimos al curso, una hermana de la comunidad y yo, y durante los pocos meses que duró pudimos constatar la necesidad que teníamos de profundizar más en lo que somos en la Iglesia y en cómo podemos mejorar nuestro camino. Ante esto, y motivadas también por el antiguo rector de la misma universidad, el Prof. Luis Navarro, comenzamos a considerar la idea de cursar Derecho Canónico».

angela de fatima brasil derecho canónico formación

Después de completar el propedéutico necesario en el Istituto Superiore di Scienze Religiose, Ángela se encuentra en el segundo año de la Licenciatura en Derecho Canónico. La forma en que la Santa Croce presenta el Derecho Canónico ha sido para ella un descubrimiento muy alentador; cada vez ve más la necesidad de una buena formación y agradece a Dios la oportunidad de recibir un conocimiento de tan alto valor.

De hecho, Brasil es el país con el mayor número de católicos en el mundo, con una población de fieles que supera los 120 millones. Allí, además, existen numerosos movimientos carismáticos católicos, que abarcan desde grandes agrupaciones como la Renovación Carismática hasta otros grupos de menor escala.

Estos movimientos reúnen a millones de fieles, aportando una experiencia de fe intensa y transformadora que dinamiza la vida de la Iglesia. Sin embargo, su rápido crecimiento y diversidad también plantean riesgos, como posibles desviaciones doctrinales, prácticas sectarias, abusos de poder y manipulación emocional. Por ello, es fundamental que tanto las autoridades eclesiales como los propios movimientos promuevan una integración armónica y una vigilancia que garantice la fidelidad a la doctrina oficial y el bienestar de sus miembros.

«Ante toda esta riqueza y diferencia de carismas y espiritualidades, mi intención es poder ayudar no solo a mi comunidad, sino también a estos movimientos en Brasil, para que podamos servir mejor y ser fieles a la llamada que el Señor nos ha hecho», nos dice Ángela.

Por esto se siente muy agradecida a la Fundación CARF por otorgarle esta gran oportunidad de tener una formación que va a ayudar no solamente a su comunidad, sino a todo su país. «¡Qué Dios les bendiga siempre y bendiga la gran obra a que se dedican!».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado de la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

Eugenesia y eutanasia en el nazismo

El nazismo no solo se crearía instituciones para su desarrollo, como la Sociedad Alemana para la Higiene Racial (1904), sino que países tan democráticos como Estados Unidos, Dinamarca o Suecia aprobaron leyes restrictivas para los portadores de enfermedades hereditarias que llegarían hasta la esterilización forzosa, eugenesia y eutanasia.

Ley para la Protección de la Salud Hereditaria

Estas ideas –de eugenesia y eutanasia, sin llamarlas así– calaron en algunos dirigentes nacionalsocialistas, Adolf Hitler incluido, deseosos de afirmar la supremacía de la raza aria librándola de cualquier posible mácula.

Más allá de las teorías y los objetivos plasmados en innumerables libros, la primera medida oficial tuvo lugar el 14 de julio de 1933, apenas transcurrido medio año desde su llegada al poder en Alemania, con la promulgación de la ley para la Protección de la Salud Hereditaria.

Establecía que quienes sufrieran de “imbecilidad congénita, esquizofrenia, demencia maniacodepresiva, epilepsia hereditaria, enfermedad de Huntington [...] y alcoholismo agudo” debían ser esterilizados, y se crearon tribunales especiales para velar por su cumplimiento. ¿Es o no es esto una forma de eutanasia y eugenesia?

A pesar de las quejas de la Iglesia católica y de algunas personalidades, se supone que entre 1933 y 1945 unos 400.000 alemanes fueron sometidos a esterilización forzosa. Se incluyeron otros casos no previstos en la ley, como los niños de madres alemanas y soldados coloniales franceses nacidos en el Ruhr durante la ocupación gala (1923-25).

Pero, como el propio Hitler confesó en 1935 al doctor Gerhard Wagner, líder de la Sociedad Nacionalsocialista de Médicos alemanes, le parecía necesario ir más allá, aunque la situación no lo permitiera todavía. Había que seguir dando pasos hasta la llegada del momento oportuno, y este arribaría al son de los tambores de guerra.

Un cartel de una conferencia de 1921 sobre eugenesia, que muestra los estados de EE.UU. que habían implementado leyes de esterilización. Dominio público

Un cartel de una conferencia de 1921 sobre eugenesia-eutanasia, que muestra los estados de EE.UU. que habían implementado leyes de esterilización.

El caso Kretchmar

El 20 de febrero de 1939 nacía en la pequeña localidad sajona de Pomssen el niño Gerhard Kretchmar. Lo que debía comportar una alegría para sus padres, Richard y Lina, se convirtió en desesperación, pues, además de faltarle un brazo y una pierna, era ciego y sufría otras patologías. Al consultar a su médico de cabecera, este manifestó que lo mejor que pudiera pasar es que se muriera.

Nacionalsocialistas convencidos, los padres elevaron una petición a Hitler en tal sentido, dado que la eutanasia-eugenesia era ilegal. El canciller accedió a la petición, enviando a su médico personal, Karl Brandt, a Leipzig para recabar toda la información y actuar si lo consideraba oportuno. El 25 de julio de 1939, con la aquiescencia de todos, el niño fallecía tras serle suministrada una inyección de Luminal.

Posiblemente, el convencimiento de que una amplia parte de la sociedad alemana entendería la ampliación de las medidas eugenésicas movió al régimen a dar un paso más. Días antes, a cuenta del caso, había tenido lugar una reunión secreta en una villa en la berlinesa Tiergartenstrasse, 4.

En el encuentro, presidido por el propio Brandt y Philipp Bouhler, jefe de la Cancillería del Führer en el NSDAP, participaron distintos miembros del Ministerio del Interior, así como prestigiosos médicos y psiquiatras.

Allí se marcó como objetivo establecer un programa de eutanasia-eugenesia a gran escala que afectara a enfermos incurables, en el argot nazi, 'vidas indignas de ser vividas', y así poder darles una 'muerte misericordiosa'.

Registro científico de enfermedades hereditarias y congénitas

En la discusión se barajó la posibilidad de elaborar una ley de eutanasia-eugenesia, pero se concluyó que una gran parte de la población, en especial las Iglesias, no la entendería. Se optó entonces por tomar esas medidas de una forma discreta y a escondidas, para que no se pudiera hablar de asesinato.

Una de las primeras fue la creación del Comité del Reich para el registro científico de enfermedades hereditarias y congénitas, que elaboraría un censo de los recién nacidos con deficiencias.

La reunión final tuvo lugar el 5 de septiembre. En ella se exhibió un documento firmado el día 1 (fecha de la invasión de Polonia) por Hitler que señalaba: «El Reichsleiter y el doctor en medicina Brandt están encargados, bajo su responsabilidad, de extender las atribuciones de ciertos médicos que serán designados nominalmente.

Estos podrán conceder una muerte misericordiosa a los enfermos a los que hayan considerado incurables de acuerdo con la apreciación más rigurosa posible». Todos pensaron que la ciudadanía alemana, ocupada con la guerra, le prestaría poca atención.

En paralelo, se orquestó una campaña para concienciar a la sociedad germana del desgaste económico y social que suponía mantener con vida a estas personas.

De los libros y folletos se pasaría a cortometrajes como Das Erbe (La herencia, Carl Hartmann, 1935), y a exitosos largometrajes como Ich klage an (Yo acuso, Wolfgang Liebeneiner, 1941).

Mientras tanto, en las escuelas, a los niños se les planteaban problemas como este: «Si mantener un manicomio para enfermos mentales incurables cuesta 500.000 marcos al año y construir una vivienda para una familia trabajadora vale 10.000, ¿cuántas casas familiares se podrían construir al año en lo que se dilapida en el manicomio?».

Karl Brandt, doctor personal de Hitler y organizador del Aktion T-4. Dominio público

Karl Brandt, doctor personal de Hitler y organizador del Aktion T-4.

Arranca la Aktion T-4

La operación se puso en marcha con el nombre de Aktion T-4, por la mansión de Tiergartenstrasse en que tuvo su sede. Hospitales y sanatorios mentales de todo el Reich fueron impelidos a informar de aquellos enfermos considerados incurables.

Debían hacerlo a través de un formulario establecido por el Ministerio del Interior que incluía tres grupos:

  1. esquizofrénicos, epilépticos, sifilíticos, seniles, parálisis irreversibles, etc.
  2. enfermos con al menos cinco años de hospitalización; 3) criminales alienados y extranjeros.

Una vez llegaban los expedientes, tres médicos los revisaban y marcaban un recuadro que decidía el futuro del afectado. Una cruz roja significaba la muerte; la azul, la vida; y un interrogante, la duda con futura revisión.

A los primeros los recogían unos grandes autobuses grises, utilizados por Deutsche Post, el servicio de correos, que tenían la particularidad de llevar los cristales de las ventanillas tintados en negro.

Al poco de ser trasladados los enfermos, las familias recibían una nueva carta informando de la defunción.

El destino era uno de los seis centros habilitados para su gaseamiento: Grafeneck, Hartheim, Sonnenstein, Brandenburg, Bernburg y Hadamar. En ellos se realizaba un somero examen visual que libró a pocos de la inmediata muerte. A los niños de muy corta edad se les eliminaba con inyecciones de morfina o escopolamina.

Aunque se notificaba a la familia el traslado, no se añadían demasiados detalles. Al cabo de poco, recibía una nueva carta informando de la defunción y su supuesta causa, y anunciando que el cadáver había sido incinerado por motivos de salud pública.

En algunos casos se añadían las cenizas, y en otros se daba un corto plazo para que pudieran ser recogidas por los familiares.

El número de colectivos afectados fue aumentando progresivamente. Una directiva obligaba a médicos y parteras a informar de los niños que nacían con malformaciones, y poco después se informaba a los padres de la existencia de unos sanatorios especiales para su cuidado y rehabilitación, solicitando su autorización para trasladarlos a unos centros de los que casi nadie volvió.

Karl Brandt (a la derecha), junto a Adolf Hitler y Martin Bormann. Bundesarchiv

Karl Brandt (a la derecha), junto a Adolf Hitler y Martin Bormann. Bundesarchiv, Bild 183-H0422-0502-001 / CC-BY-SA 3.0

La oposición al programa de eugenesia-eutanasia

Las cartas de condolencia, por otra parte, no siempre resultaban convincentes. Algunas contenían errores de sexo o edad, y las patologías del difunto no siempre casaban con la causa de la muerte. A veces la urna estaba vacía, o había dos urnas para una misma persona.

La presión sobre el personal de los centros comenzó a ser excesiva, y en las poblaciones adyacentes a los sanatorios comenzaron los rumores.

En una fecha tan temprana como el 19 de marzo de 1940, Theophil Wurm, obispo protestante de Wurtemberg, envió una carta al ministro del Interior pidiendo explicaciones. Seguirían otros, mientras las familias se mostraban cada vez más reacias a los traslados.

Sin embargo, el aldabonazo a la Aktion T-4 lo puso el obispo de Münster, Clemens August von Galen, en su homilía del 3 de agosto de 1941.

El obispo Clemens August von Galen.

El obispo Clemens August von Galen.

En el sermón, que fue reproducido en algunas parroquias de la diócesis, decía Von Galen: «Se ha extendido la sospecha, que raya en la certeza, de que tantas muertes inesperadas entre los pacientes mentales no se deben a causas naturales, sino que han estado deliberadamente programadas, y que los oficiales, siguiendo el precepto según el cual está permitido destruir ‘vidas que no merecen ser vividas’, matan a personas inocentes, si se decide que estas vidas no tienen valor para el pueblo y para el Estado.

Es una doctrina terrible que justifica el asesinato de gente inocente, que da carta blanca para matar a inválidos, deformes, enfermos crónicos, ancianos que no pueden ejercer un trabajo y los enfermos que sufren una enfermedad incurable».

La denuncia no podía ser más alta y clara, e hizo mella. La oposición a las medidas eutanásico-eugenésicas arreció, al tiempo que el nerviosismo de los ejecutivos de la Aktion T-4 aumentaba.

Inmerso en la campaña contra la URSS, Hitler no quería ningún malestar social en la retaguardia, por lo que no le quedó más remedio que suspender 'oficialmente' la operación el 24 de agosto de 1941.

Se llevaban para entonces registradas 70.273 víctimas. Sin embargo, recientes estudios sugieren que la operación continuó de forma encubierta y con otros métodos.

Aunque los traslados cesaron, una inyección mortal, la intoxicación con medicamentos o la inanición sustituyeron al gas. El número de víctimas probablemente nunca se sabrá, aunque muy bien podrían rondar las 200.000.


Publicado originalmente en La Vanguardia.

5 claves imprescindibles: eutanasia vs. cuidados paliativos

¿Cuidados paliativos... eutanasia? ¿Qué se piensa hoy de la muerte? Hablar de la muerte no es algo políticamente correcto en nuestra cultura, porque la consideramos como ajena a la vida; como si tan sólo ocurriera por mala suerte o por desgracia.

Sin embargo, en realidad, la muerte acontece en cualquier momento de la existencia, incluso durante la niñez. La muerte de un ser querido supone un un inmenso dolor y duelo por la separación física definitiva de esa persona tan importante para nosotros. Supone dolor por quien ha fallecido y también dolor para nosotros, que quedamos privados de su presencia.

La enfermedad termina es la proximidad de una muerte irremediable. Se caracteriza porque el moribundo tiene un "dolor holístico o total". Sufre de dolor físico, psíquico, espiritual y social.

¿Qué es la eutanasia?

Es acabar con la vida de una persona enferma. Es la provocación intencionada de la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada, crónica o terminal. Esta muerte se puede causar por acción o por omisión.

Los médicos vemos con dolor como en las llamadas sociedades avanzadas se instaura la eutanasia para librar a la sociedad de personas molestas, que generan costes para el estado.

A su vez, contemplamos con satisfacción cómo en los lugares en que se han instaurado los cuidados paliativos y la asistencia domiciliaria, los pacientes y sus familias muestran una profunda gratitud.

En nuestro país se han implementado en los últimos años, pero urgente un desarrollo más amplio y más homogéneo de los cuidados paliativos en toda la geografía española.

¿Qué estrategias utilizan las campañas que defienden la ley de eutanasia?

Los que defienden la ley de eutanasia utilizan campañas y hacen movilizaciones para remover los sentimientos de las personas y tratar de demostrar que no se puede 'hacer otra cosa'.

Se basan en la autonomía de la persona, si ésta lo desea. Autonomía que en la práctica no existe, porque todos por definición somos vulnerables y dependientes. Y de forma muy especial, en los últimos momentos de la vida.

eutanasia cuidados paliativos

Los cuidados paliativos

Afortunadamente, la humanización de la asistencia sanitaria y el control del sufrimiento de un enfermo en situación terminal es hoy médicamente posible gracias a la correcta aplicación de los cuidados paliativos, que se administran según una guía de actuación basada en unos principios éticos que orientan la toma de decisiones clínicas.

Principios éticos de la práctica de los cuidados paliativos

Principio de solidaridad

La solidaridad con las personas en situación terminal y con sus familias implica el acompañamiento y la aplicación de los recursos asistenciales adecuados. Nadie debe afrontar en soledad sus propia muerte, sin una ayuda esencial de los demás.

Esta solidaridad implica decir no al abandono, al desinterés y al olvido. Implica un decir si a la cercanía, al calor humano, a la prestación de unos cuidados de calidad. Un sí también al alivio del sufrimiento social.

Principio de no maleficencia

La no maleficencia surge de la ética hipocrática con lo conocido, principio de Primum non nocare. No hacer nunca daño al ser humano que sufre es una exigencia previa a toda intervención médica.

Esto supondrá comprobar un diagnóstico correcto de terminalidad y evitar las medidas médicas que no van a lograr los objetivos deseados.

Principio de justicia

Exige ofrecer las mismas soluciones a todos los pacientes. Garantizar los derechos del enfermo terminal y su familia sin discriminación.

Para ello será necesario comprobar la adecuación de :

  • La estructura.
  • La capacidad de los profesionales.
  • El proceso, por la corrección de protocolos asistenciales.
  • Los resultados de la fase terminal y el logro de una muerte apropiada.
  • Aplicar el principio de justicia también incluye evaluar la posibilidad de futilidad social.

El principio de autonomía

Los individuos deben ser tratados como entes autónomos, y las personas cuya autonomía esté disminuida deben ser objeto de protección. Una forma de respetar la autonomía es promover en la práctica la participación del enfermo y de su familia en la toma de decisiones.

Ello qué implica:

  • Informar cpmprensiblemente al enfermo y a los familiares próximos.
  • Garantizar la volundad en la aceptación del tratamiento, mediante el uso del consentimiento informado, respetando el derecho a rechazarlo.
  • Proteger a los menores que no puedan tomar por sí mismos una decisión, y aceptar las decisiones de los padres.

Principio de beneficencia

Exige no causar ningún daño. Maximizar los beneficios posibles y minimizar los posibles daños. Los cuidados paliativos realizan un análisis objetivo de la relación beneficios y riesgos, aplican un plan de atención integral multidisciplinar. Y aplican la sedación final, cuando esta es necesaria con un protocolo éticamente correcto.

Conclusiones

Por todo lo expuesto considero:

Primero, que es de vital importancia la concienciación a todos los niveles, médico, social, familiar e individual, de la radical diferencia que existe entre cuidados paliativos y eutanasia.

Segundo, que es vital importancia naturalizar y humanizar el trance final de la existencia, respetando la dignidad de la persona en cada caso particular. El momento más importante de la vida de una persona es el momento de la muerte.

Tercero, que es rechazable la instauración de la ley de la eutanasia, cuya aplicación se presta a errores y equívocos. Y que, sin embargo, es urgente la instauración, cuanto antes, de una ley de cuidados paliativos.


Ana María Álvarez Silván, médico emérito HUVR.

Saber dar ánimos

No sé qué tipo de sentimientos inundan el espíritu de un ciclista cuando su cuerpo, jadeante en el esfuerzo por llegar a la cumbre del paso de montaña, se siente aliviado por el jarro de agua fría que le arroja un aficionado para dar ánimos.

Sí he tenido ocasión de encontrarme con personas que, después de una noche difícil que se ha hecho demasiado larga, salen a la calle con la escondida ilusión de que alguien le dé una palmadita cariñosa en la espalda y le diga dos palabras que le ayuden a llegar al final del día.

Quizá en pocas cosas seamos tan iguales los mortales que en esto de desanimarnos. Son tantas las metas que hemos de alcanzar a lo largo de la vida, que no nos es demasiado difícil darnos de bruces hasta en los caminos más trillados. Son tantas las ilusiones que engendramos que no es de extrañar que muchas veces se vean frustradas incluso antes de nacer.

Se desaniman los ricos, quizá en el deseo de tener más o al ver que el dinero no lo resuelve todo, y los pobres, que no saben llegar al final del día; los inteligentes, porque no alcanzan nunca desentrañar todos los misterios que les rodean, y los menos dotados, que quizá no consigan destilar el aroma de las cosas corrientes para gozar mejor de la alegría de vivir.

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Se desalientan los fuertes y los débiles, porque todos somos limitados; los de derecha, los del centro, los de la izquierda; los del norte y los del sur; las mujeres y los hombres y los niños cuando empiezan a ser conscientes; los médicos y los pacientes; los sanos y los enfermos. Y cualquier cristiano corriente que vuelve a casa insatisfecho, refunfuñando por lo poco que le ha rendido el día.

Nos desanimamos por lo que no somos y quisiéramos ser; por el amor que quisiéramos dar, y ofendemos; incluso por la palabra de consuelo que es mal recibida y, en vez de consolar, aumenta pena a la pena; por nuestras meteduras de pata con la mejor intención del mundo.

El desánimo es conocido por los pecadores y por los santos, que también tiene su parte de pecadores, y son bien consciente de no corresponder al amor que Dios les manifiesta. Quizá sólo el anciano cargado de años se salve del desaliento y lo convierte en esperanza fecunda, porque ya ha vivido lo suficiente para darse cuenta de que sólo vale la pena echar en falta el Paraíso.

Jesús-Dios y dar ánimos

Con el desánimo hay que vivir, pero no se puede vivir de él. Va bien el desaliento normal que busca una palabra de ánimo para convertirse de nuevo en ganas de recomenzar, porque en definitiva es tomar conciencia de los límites de nuestro ser criaturas de Dios.

No va bien, sin embargo, el “estado de desánimo”, la profesión de “desalentado”, que acaba en un pesimismo agrio, colérico, insoportable. Y aquí es donde el agradecimiento por una palabra de ánimo, ante un “levántate, que no es para tanto”, alcanza su sabor.

Estaba desanimado el cantador que se arrancó por tientos con aquello de: “¿Qué pájaro será aquel / que canta en la verde oliva? / Anda y dile que se calle / que su cante mi lastima”. Sólo un hombre muy abatido puede lastimarse con el cantar de un pájaro.

Cuesta decir una palabra de ánimo, a veces nos puede costar dar un vaso de agua al sediento, consolar al triste. Siempre puede quedarnos la sensación de meternos donde nadie nos llama e, incluso, de que nos van a despedir con cajas destempladas.  Aunque les venga bien, no todos tienen el buen espíritu de agradecer algo que necesitan. 

No importa, la palabra animosa renueva siempre las raíces del bien en el corazón que la ha engendrado, y crea en su mente y a su alrededor la alegría de vivir, también en el desaliento de cada día.


Ernesto Juliá, abogado y sacerdote, ernesto.julia@gmail.com.
Colaboración original publicada en Religión Confidencial. Saber dar ánimo.