«Volveremos de peregrinación a Roma con amigos, porque transforma el corazón»

Este año, la peregrinación a Roma con benefactores y amigos tenía un motivo muy especial: participar en el Jubileo de la Esperanza, y también conocer, por fin en persona, al papa León XIV: una ocasión única para renovar la fe y fortalecer los lazos de amistad y espirituales que unen a toda la familia de la Fundación CARF.

Durante esos días, los peregrinos descubrieron lugares llenos de historia, rezar en los escenarios más emblemáticos del cristianismo y dejarse inspirar por la belleza de Roma, corazón de la Iglesia.

Los peregrinos de la Fundación CARF, tras la Misa en la capilla del Santísimo de san Pedro.

Peregrinación a Roma con la Fundación CARF

Uno de los momentos más conmovedores fue la Santa Misa en una capilla del Santísimo de la basílica de San Pedro, seguida de la audiencia general con el papa León XIV en la plaza de San Pedro. En su mensaje, el Santo Padre recordó: «Cristo resucitado es un puerto seguro en nuestro camino».

Luis Alberto Rosales, director de la Fundación CARF, entregó al papa León XIV un libro con la memoria anual 2024.

Al concluir la audiencia, Luis Alberto Rosales, director general de la Fundación CARF, saludó personalmente al papa León XIV y le entregó un libro sobre la labor de la Fundación, un gesto simbólico que refleja el compromiso con la Iglesia universal y con las vocaciones de seminaristas y sacerdotes diocesanos y de religiosos y religiosas.

Visita a Villa Tevere y a la PUSC

Encuentro con el prelado del Opus Dei, don Fernando Ocáriz, en Villa Tevere.

Otro momento de especial significado fue la visita a Villa Tevere, donde los peregrinos participaron en una tertulia con el prelado del Opus Dei, mons. Fernando Ocáriz. Su cercanía, sencillez y sentido del humor crearon un ambiente de alegría y de familia.

Asimismo, los peregrinos fueron recibidos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz por su rector, don Fernando Puig, quien les dio la bienvenida y compartió la importancia de la misión académica al servicio de la Iglesia. Además pronunció una conferencia sobre el Gobierno de la Iglesia hoy.

Entre los asistentes, Almudena Camps y Miguel Postigo participaban por primera vez en esta peregrinación. «Es precioso poder estar en el Vaticano cerca del Papa. Ayuda a rezar mucho más por él y por la Iglesia; sientes el consuelo de su presencia», manifiestan.

Encuentro con los seminaristas y formadores del colegio eclesiástico internacional Sedes Sapientiae.

Sobre la tertulia con el prelado, destacan que «fue una alegría poder estar con él; su sencillez, su mensaje claro y asequible, su sentido del humor y cercanía… Vale mucho la pena esa mañana en Villa Tevere: Misa, visita y tertulia».

Jornada de convivencia en el Sedes Sapientiae

Uno de los momentos más entrañables fue el encuentro con los seminaristas, que Almudena y Miguel calificaron como «el momento más sublime de todo el viaje».

«Conocer a los seminaristas, con sus historias y su sonrisa, es algo único. La comida estilo bufet nos permitió saludar a muchos de ellos, y la Misa, con su coro y homilía, fue memorable».

Ambos coinciden en que ha sido un viaje transformador, en el que se respira alegría, fe y amistad: «Volveremos con más amigos, porque transforma el corazón. En resumen: un diez».

roma peregrinación fundación CARF 2025
Un momento de la proyección del vídeo Testigos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

Marta Santín, periodista especializada en religión.


Ángel David, del ateísmo a una vida de entrega

El ateísmo práctico es una manera de vivir que actúa como si Dios no existiera, sin necesidad de un debate filosófico o una negación formal. Se manifiesta en la ausencia de motivación religiosa, la indiferencia hacia temas trascendentes o divinos y la exclusión de la religión de la vida diaria.

A sus 20 años, Ángel David, seminarista mexicano, es consciente del don que ha recibido para estudiar y formarse como sacerdote en la Universidad de Navarra, en Pamplona. Su historia es de conversión y esperanza, de cómo Dios puede transformar una familia alejada de la fe en un hogar de comunión con Cristo.

«Ver a mis padres retomar la fe fue la semilla de la vocación que Dios puso en mí, y sigue cuidando de ella cada día», recalca Ángel David.

Del ateísmo práctico a la fe

Ángel David creció en una familia numerosa: cinco hermanos y unos padres que, como él mismo dice, eran creyentes, pero vivían un ateísmo práctico. «No contemplábamos a Dios en la vida cotidiana y mucho menos ir a Misa», comenta.

Todo cambió cuando decidieron acercarse de nuevo a la fe, recibir los sacramentos y sus padres se casaron por la Iglesia. «Ahora mis papás están comprometidos con la evangelización», cuenta con gratitud. Aquella transformación familiar fue también el terreno fértil donde germinó su vocación.

El momento que sintió la vocación

Su primer contacto serio con la fe fue prepararse para la Primera Comunión. Lo que comenzó como una tradición, pronto se convirtió en una llamada interior. «Dios tenía otros planes para mí», dice sonriendo. Ser monaguillo le permitió vivir de cerca la liturgia, y en el silencio de una Misa comprendió que su vida no le pertenecía solo a él.

«El momento especial fue durante una Santa Misa –recuerda–. El sacerdote tenía unas cincuenta personas para confesar, y pensé que era imposible que alcanzara a todos. Me pregunté si algún día podría ser yo quien ofreciera el perdón de Dios… y en ese instante, Él plantó la semilla de mi vocación», expresa con serenidad.

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Tabasco, tierra de fe que se enfrenta al secularismo

Su diócesis de origen, Tabasco, situada al sureste de México, es una tierra cálida no solo por su clima, sino también por la fe de su pueblo. Con alrededor de un millón y medio de habitantes, un 64 % se declara católico. Cuenta con 250 sacerdotes y 120 parroquias.

Sin embargo, como muchas otras regiones, se enfrenta a desafíos crecientes. «El mayor reto es el secularismo y el materialismo en los jóvenes –explica Ángel David–. Ese materialismo lleva a la falta de compromiso en la Iglesia. Además, el aumento de diversas religiones y sectas ha hecho que el catolicismo esté un poco a la baja».

Devoción a la Virgen de Guadalupe

A pesar de la creciente secularización, Tabasco es una diócesis viva, marcada por la alegría y la hospitalidad de su gente. Sus comunidades rurales conservan tradiciones profundamente cristianas, aun cuando la modernidad y la globalización han traído consigo la indiferencia religiosa.

Aun así, la devoción popular, especialmente a la Virgen de Guadalupe, sigue siendo un foco de esperanza. «La Guadalupana en México se ve como una madre amorosa que siempre nos cuida y que intercede ante Dios por nosotros –afirma el joven seminarista–. El 12 de diciembre, festividad de nuestra patrona, incluso personas de otras religiones o ateas se acercan a rezar un rosario ante ella. Parece una broma, pero es cierto», manifiesta con emoción.

Un hecho que le sorprendió de España

Al llegar a España pensó que éste también era un país con gran devoción mariana. No se equivocó, aunque, por otro lado, le chocó alguna cosa que no esperaba. «Me sorprendió mucho observar por ejemplo que un día, en una Santa Misa, solo hubiera tres personas», confiesa.

Sin embargo, le ha llamado mucho la atención que los pocos jóvenes y adolescentes españoles que participan en la Misa dominical están muy comprometidos con su fe.

Evangelizar en la sociedad actual

Cuando se le pregunta cómo evangelizar hoy, su respuesta es clara: «no se trata de mostrar un Dios justiciero o castigador, sino al verdadero Padre Misericordioso, lleno de amor, que siempre nos perdona y nos busca».

En sus palabras resuena la cercanía pastoral que sueña para los sacerdotes del siglo XXI: «El sacerdote de este tiempo debe ser sano, sabio y santo. Sabiendo vivir en el mundo, pero sin ser de él. Y también debe aprender a usar las redes sociales como puente de evangelización, aunque con cuidado para no aislarse ni caer en la desinformación».

Ángel David Álvarez Ramírez, joven tabasqueño que cursa el tercer año de bachillerato en Teología y que, desde el corazón de Navarra, se prepara para volver algún día a su tierra como sacerdote.


Marta Santín, periodista especializada en religión.


Don Fernando, ¡feliz cumpleaños!

Mons. Fernando Ocáriz nació en París, el 27 de octubre de 1944, hijo de una familia española exiliada en Francia por la Guerra Civil (1936-1939). Es el más joven de ocho hermanos. Con motivo de su cumpleaños hacemos un breve repaso de su vida.

Es licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona (1966) y en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense (1969). Obtuvo el doctorado en Teología, en 1971, en la Universidad de Navarra. Ese mismo año fue ordenado sacerdote. En sus primeros años como presbítero se dedicó especialmente a la pastoral juvenil y universitaria.

Consultor en diversos dicasterios

Es consultor del Dicasterio para la Doctrina de la Fe desde 1986 (cuando era Congregación para la Doctrina de la Fe) y del Dicasterio para la Evangelización desde 2022 (anteriormente, desde 2011, del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización). Entre 2003 y 2017 fue consultor de la entonces Congregación para el Clero.

En 1989 ingresó en la Pontificia Academia Teológica. En la década de los ochenta, fue uno de los profesores que iniciaron la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma), donde fue profesor ordinario (ahora emérito) de Teología Fundamental.

fernando ocáriz gran canciller prelado

Algunas de sus publicaciones son: The mystery of Jesus Christ: a Christology and Soteriology textbook; Hijos de Dios en Cristo. Introducción a una teología de la participación sobrenatural. Otros volúmenes tratan temas de índole teológica y filosófica como Amar con obras: a Dios y a los hombresNaturaleza, gracia y gloria, con prefacio del cardenal Ratzinger.

En 2013 se publicó un libro entrevista de Rafael Serrano bajo el título Sobre Dios, la Iglesia y el mundo. Entre sus obras hay dos estudios de filosofía: El marxismo: teoría y práctica de una revolución; Voltaire: Tratado sobre la tolerancia. Además, es coautor de numerosas monografías, y autor de numerosos artículos teológicos y filosóficos.

Gran Canciller de la PUSC y la UNAV

El Prelado es también, por su cargo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra y de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Es el cuarto, después de san Josemaría (hasta 1975) –fundador y primer Gran Canciller de la Universidad–, el beato Álvaro del Portillo (1975-1994) y Javier Echevarría (1994-2016).

Monseñor Fernando Ocáriz ha dedicado a la teología muchos años de estudio y de trabajo. Hasta el punto de que esa actividad ha marcado su modo de ser. Es amigo de la razón, de la lógica y los argumentos, de la claridad. Ha publicado libros y artículos sobre Dios, la Iglesia y el mundo, con esa amplitud de miras que proporciona la mirada teológica.

Muestra un espíritu abierto en los debates: le he oído decir, por ejemplo, que «las herejías son soluciones equivocadas a problemas reales», animando así a aceptar la existencia de los problemas, a comprender a quien los detecta y a buscar soluciones alternativas aceptables.

Además de teólogo, es un universitario. Profesor desde muy joven, quienes han asistido a sus clases afirman que suele lograr lo más difícil: hacer comprensible lo complejo. Sabe explicar y sabe escuchar. Tiene la paciencia del buen profesor, que todos los años debe empezar de cero con alumnos que llegan con pocos conocimientos y muchas preguntas.

Desde la atalaya romana

Gran parte del trabajo teológico de Fernando Ocáriz se ha desarrollado en el ámbito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que es consultor desde 1986. Durante veinte años trabajó cerca del entonces cardenal Ratzinger, prefecto de aquella Congregación, en temas de dogmática, cristología y eclesiología. Un trabajo que requiere ciencia y también prudencia. Y, como suele suceder a los que trabajan en el Vaticano, la labor de consultor aporta un hondo sentido eclesial. Roma es una atalaya desde la que se conoce a la Iglesia en extensión y en profundidad. Uno de los documentos que presentó en el Vaticano fue precisamente el que está dedicado a la Iglesia como comunión, en 1992.

Además de ser profesor de universidad y consultor del Vaticano, Fernando Ocáriz ha trabajado en la sede central del Opus Dei, siempre en el ámbito de la teología, la formación y la catequesis. Primero con san Josemaría, después con Álvaro del Portillo y finalmente con Javier Echevarría. De este último fue el colaborador más cercano durante veintidós años. En ese sentido se puede afirmar que conoce bien la realidad del Opus Dei del último medio siglo.

Su firma personal

Además de estos datos de su perfil, ¿cómo es Fernando Ocáriz? De carácter sereno y trato fácil, amable y sonriente, no es amigo de la palabrería. De él se puede aprender algo del arte de la escritura. Suele decir que para mejorar un texto casi siempre lo mejor es acortarlo, podar las palabras sobrantes, repetidas, imprecisas. Algo parecido ha escrito el literato italiano Leonardo Sciascia.

No es de extrañar saber que la Congregación contó con su ayuda para la publicación del Compendio del Catecismo, de la Iglesia Católica, excelente síntesis de un texto mucho más largo. Lo que se escribe en este artículo, él lo habría dicho más brevemente.

A sus años sigue practicando deporte, sobre todo, el tenis. Mantiene las cualidades del deportista: no importa el esfuerzo, nobleza obliga, no vale rendirse. También los teólogos pueden tener espíritu deportivo. Desde la Universidad de Navarra le hemos transmitido nuestros deseos de apoyarle en lo que esté en nuestra mano. Al final, casi todo en esta vida es labor de equipo.


Juan Manuel Mora García de Lomas, consultor y profesor de la PUSC. Publicado en Nuestro Tiempo.


El diezmo: ¿qué es y cuál es su significado?

El diezmo tenía como finalidad la recaudación de fondos para el mantenimiento material de la Iglesia y de los más necesitados, hoy en día el Papa Francisco nos dice “El enemigo de la generosidad es el consumismo”.

Cada cristiano puede contribuir económicamente “lo que ha decidido en su corazón y no de mala gana ni a la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría”. 2 Corintios 9:7

Qué es el diezmo

La palabra diezmo procede del latin decimus y está vinculado a un décimo, la décima parte de algo. El concepto se utilizaba para nombrar al derecho del 10 % que se debía pagar a un rey, a un gobernante o a un líder. Quienes debían realizar el pago entregaban la décima parte de sus ganancias o ingresos al acreedor. Era una práctica común de la antigüedad tanto entre los babilonios, persas, griegos y romanos y entre los hebreos.

El significado de diezmo en la Biblia, es la décima parte de todos los frutos adquiridos, que se debe entregar a Dios como reconocimiento de su dominio supremo. Cf. Levítico 27,30-33. El diezmo se le ofrece a Dios, pero se transfiere a sus ministros. Cf. Num 28,21.

El diezmo y ofrenda, debe hoy entenderse, según el espíritu cristiano de una entrega de corazón por amor para ayudar a la Iglesia y a los más desfavorecidos en sus necesidades.

“La generosidad de las pequeñas cosas ensancha el corazón, cuidado al consumismo”. En su homilía en la Misa matutina en la casa santa Marta, el día 26 noviembre 2018, el papa Francisco exhortó a preguntarnos cómo podemos ser más generosos con los pobres, el diezmo actual esta en "las pequeñas cosas". Y advirtió que el enemigo de la generosidad es el consumismo, gastando más de lo que necesitamos.

Cómo aparece reflejado el diezmo en la Biblia

El Antiguo Testamento habla de la disposición del corazón para entregar el diezmo, según la frase “cada uno ofrende a como dispuso en su corazón, no dando con tristeza sino con alegría”. El significado del diezmo en la biblia aparece por primera vez cuando Abram, lo entrega al sacerdote Melquisedec en una muestra de gratitud (Génesis 14:18-20; hebreos 7:4). Con el tiempo, se instruyó para todos los sacerdotes levitas e incluso se estableció como obligación o ley.

Luego, Jacob da el diezmo de todas sus posesiones al Señor. "Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti." (Génesis 28:22)

Posteriormente la Biblia explica como cada año, los israelitas apartaban la décima parte de lo que producían sus tierras (Levítico 27:30). Si decidían pagar con dinero, entonces tenían que añadirle el 20 % de su valor (Levítico 27:31). También tenían que dar “las décimas partes del ganado vacuno y del rebaño” (Levítico 27:32).

Para calcular el diezmo de su ganado, los israelitas escogían cada décimo animal que saliera de su corral. La Ley decía que no podían examinar si ese animal era bueno o malo, ni cambiarlo por otro. Además, no podían pagar ese diezmo con dinero (Levítico 27:32, 33).

Pero el segundo diezmo, el que se usaba para las fiestas anuales, ese sí se podía pagar con dinero. Esto era muy práctico para los israelitas que venían de lejos para asistir a las fiestas (Deuteronomio 14:25, 26). Las familias israelitas usaban estas ofrendas en sus fiestas especiales. Y había años específicos en que esas ofrendas se usaban para ayudar a la gente muy pobre. (Deuteronomio 14:28, 29; 26:12.)

Pagar el diezmo era una obligación moral, la ley mosaica no establecía ningún castigo a quien no cumpliese. Los israelitas tenían que declarar ante Dios que habían cumplido y entonces pedirle que los bendijera por haberlo hecho (Deuteronomio 26:12-15).

Grupo de personas en un entorno antiguo, similar a un mercado o templo, entregando ofrendas de frutas y monedas a un hombre que las recibe. La escena evoca la práctica del diezmo en tiempos bíblicos.
En el mercado de la antigua Judea, la gente se acercaba para entregar sus diezmos.

El diezmo en la Biblia: el Nuevo Testamento

En los días de Jesús, todavía se pagaba el diezmo. Pero, cuando él murió en la cruz, esto dejó de ser un requisito. Jesús, no lo rechaza, pero enseña una referencia nueva: Dar ya no el 10 % sino darse del todo por amor, sin contar el costo. Por ello, condenó a los líderes religiosos porque eran muy estrictos a la hora de cobrar el diezmo y al mismo tiempo, descuidaban “los asuntos más importantes de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad” (Mateo 23:23).

La muerte de Jesús anuló la Ley mosaica, incluido “el mandato de cobrarle el diezmo al pueblo” (Hebreos 7:5, 18; Efesios 2:13-15; Colosenses 2:13, 14). En ninguna de las cuatro veces que el diezmo aparece en el Nuevo Testamento se nos enseña a guiarnos por esa medida. Ya no se limita a la ley del 10 % sino que nos refiere al ejemplo de Jesucristo que se dio sin reservas. Jesús vive una entrega radical y nos enseña que debemos hacer lo mismo. Por ello nos trasmitió el concepto y la importancia de las Obras de misericordia: espirituales y corporales.

El Corazón de Jesús es el modelo de entrega total. Se entregó hasta la muerte en el Calvario. Jesús nos da Su gracia para saber dar y darnos como Él se dio. Todo le pertenece a Dios y somos administradores de nuestros recursos según el Espíritu Santo que ilumina nuestra conciencia. San Pablo enseña y vive la misma entrega, “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza.” (II Corintios 8,9)

El Papa Francisco da una catequesis sobre el jubileo, el diezmo y la condena de la usura. En la audiencia general del Miércoles de Ceniza del año 2016.

Importancia que tiene en la financiación de la Iglesia en España

El Catecismo de la Iglesia Católica solo menciona el diezmo una vez, es en referencia a la responsabilidad del cristiano hacia los pobres, fundamentada ya en el Antiguo Testamento. El quinto mandamiento, “ayudar a la Iglesia en sus necesidades”, enuncia que los fieles están obligados de ayudar, cada uno según su posibilidad, a las necesidades materiales de la Iglesia (cf CIC can. 222).

Existe mucha confusión entre la población sobre las fuentes de financiación de la Iglesia Católica en España. La Iglesia Católica recibe del Estado español, el 0,7 % de los impuestos de aquellos que marcan libremente la casilla correspondiente en la declaración del IRPF. Es así desde que en diciembre de 2006 se firmó la modificación en el sistema de asignación tributaria. Y se puede considerar una forma de aportar un diezmo u ofrenda a la Iglesia hoy en día.

Además de la aportación del Estado vía IRPF, la Iglesia se sostiene con la aportación y ofrendas de sus fieles a través de otras vías:

Marcar la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta no supone coste alguno para el ciudadano. No le devolverán menos ni pagará más. Pero sí constituye una gran ayuda para miles de personas que lo necesitan. Un pequeño gesto para una gran obra. En las Jornadas de Reflexión de la Fundación CARF que organizamos con diferentes colaboradores vía online, Silvia Meseguer explicó la financiación de la religión en España.


Bibliografía:

Catecismo de la Iglesia Católica
infocatolica.com
Opusdei.org


San Lucas, escritor del tercer Evangelio

San Lucas nació en Antioquía. Su origen era gentil, probablemente griego, y se dedicaba a la medicina. Después de convertirse al cristianismo hacia el año 40, acompañó a san Pablo en su segundo viaje apostólico y pasó junto a él la última parte de la vida del apóstol en el momento de su cautividad en Roma. Es el autor del tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles.

Hay figuras que, sin haber conocido directamente a Jesús, lograron transmitir en su relato sobre la vida del Señor una viveza y ternura especiales. Uno de esos hombres fue san Lucas, el médico amado por san Pablo y el cronista que más detalló la infancia de Jesús de entre todos los evangelistas. Se trata del que mejor nos ha mostrado esa época de la vida del Señor.

San Lucas ofrece detalles que ayudan a considerar la humanidad de Jesucristo y la normalidad de la vida de la Sagrada Familia: cómo Nuestro Señor fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre, la purificación de María y la presentación del Niño en el templo, la pérdida de Jesús en Jerusalén… Probablemente cualquier familia de la época vivió situaciones similares. Y seguramente fue Nuestra Madre la Virgen María quien se lo contó de primera mano.

Presentar la verdad

No fue un apóstol de la primera hora, no; su vocación fue la misma que la de cualquier cristiano, pero fue una llamada a investigar, a ordenar y a presentar la Verdad con la precisión de un galeno y el alma de un artista.

Desde muy antiguo san Lucas recibió el título de pintor de la Virgen. Porque es el evangelista que traza más claramente la figura de María como modelo de correspondencia a Dios. De ella subraya que es la llena de gracia, concibe por obra del Espíritu Santo, será bendecida por todas las generaciones…

Giorgio Vasari como san Lucas pintando a la Virgen, 1565. El toro, símbolo del evangelista en el tetramorfos.

Al mismo tiempo, expresa que ella responde con fidelidad y agradecimiento a todas esas gracias divinas: recibe con humildad el anuncio del ángel, se entrega a los planes divinos, observa las costumbres de su pueblo…

Su historia no comienza con una pesca milagrosa ni con una llamada directa a orillas del mar. San Lucas era un hombre culto, instruido en la ciencia de Hipócrates, un gentil cuya mente estaba entrenada para observar en detalle y contrastar. Esa mirada atenta le permitió acercarse con precisión y claridad a la vida y figura de carpintero de Nazaret. Su evangelio es, en cierto modo, una detallada historia de la salvación del nacimiento a la muerte, resurrección, ascensión y aparición a distintos grupos de discípulos y los apóstoles.

El médico amado

La Providencia teje hilos de manera insospechada. El camino de Lucas se cruzó con el de Saulo de Tarso, el perseguidor convertido en Pablo, apóstol de los gentiles. En los Hechos de los Apóstoles, la segunda parte de su obra, donde el propio Lucas, con humildad utiliza el pronombre "nosotros", se incluye en la aventura misionera de san Pablo. Se convirtió en su compañero inseparable, confidente y, como lo llama el propio Pablo en la carta a los Colosenses, 'el médico amado'"' (Col 4, 14).

Es fácil imaginar a estos dos grandes santos conversando en las largas travesías por el Mediterráneo o en las noches de prisión. Pablo, apóstol apasionado; Lucas, el observador metódico. Quizá de esos diálogos, de ese compartir la fe y la misión, o quizá por invitación de san Pablo, nacería la convicción en san Lucas de poner por escrito, y de forma ordenada, todo lo que había sucedido.

san lucas evangelista y médico

Testigos oculares

No se conformó con lo que había oído; como buen investigador, «me pareció también a mí, después de haberme informado con exactitud de todo desde los comienzos, escribírtelo de forma ordenada, distinguido Teófilo» (Lc 1, 3), entrevistando a los testigos oculares, a aquellos que sí habían visto, oído y tocado al Verbo hecho carne.

Según una antiquísima tradición, ¿quién mejor para contarle los misterios de la infancia de Jesús que la propia Virgen María? Su Evangelio es el más mariano, el que nos regala el Magníficat, el que nos permite asomarnos al Corazón Inmaculado de la Nuestra Madre María.

Pintura renacentista de Giorgio Vasari donde San Lucas, sentado frente a un caballete, pinta un retrato de la Virgen María y el Niño Jesús, quienes posan para él rodeados de querubines.
San Lucas pintando a la Virgen, fresco de Giorgio Vasari (1565).

A Dios a través de las letras

Se desconoce la forma en que san Lucas murió y se presentó ante el Juicio de Dios. Algunas fuentes señalan que pudo ser martirizado, pero otras tradiciones señalan que murió a los 84 años, tras un trabajo paciente, meticuloso e inspirado por Dios.

Su obra: el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, dos libros, una sola historia: la historia del amor de Dios que se hace hombre y que continúa vivo y actúa en su Iglesia por la fuerza del Espíritu Santo. Y con san Lucas como fiel compañero de san Pablo, en sus viajes misioneros, documentó los inicios de la Iglesia.

El Evangelio de la Misericordia

Si hubiera que definir el tercer Evangelio con una sola palabra, sería misericordia. Lucas presenta a un Jesús que se acerca constantemente a curar la fragilidad humana. Es la parábola del buen samaritano, de la oveja perdida, del hijo pródigo...

Es el evangelio que nos muestra a un Dios que no se cansa de perdonar, que corre a abrazar al pecador arrepentido y que celebra una fiesta en el cielo por cada conversión. Como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 125, «los Evangelios son el corazón de todas las Escrituras por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador». La obra de Lucas es un testimonio elocuente de esta verdad.

Su pluma, guiada por el Espíritu Santo, no solo sacó de dudas a su destinatario, el ilustre Teófilo, sino que ha seguido acercando a las almas a lo largo de veinte siglos, recordándonos que la santidad no es la ausencia de dolores, sino el dejarse acompañar por el Médico divino, Cristo.

El cronista de la primera cristiandad

En los Hechos de los Apóstoles, Lucas pone el foco en la Iglesia naciente, pero el protagonista sigue siendo el mismo: el Espíritu Santo. Narra con detalle y emoción la aventura de los primeros cristianos, las persecuciones, los viajes de Pablo, los milagros y, sobre todo, la irrefrenable difusión de la Buena Nueva. Nos enseña que la vocación cristiana empieza con un encuentro personal con Cristo que impulsa a llevar adelante la misión: testigos hasta los confines de la tierra.

san lucas evangelista y médico

La obra de san Lucas es, en definitiva, un canto a la fidelidad de Dios y a la grandeza de la vocación humana. Un médico de Antioquía, un hombre que no conoció personalmente a Jesús, se convirtió, por la gracia de Dios y su diligente trabajo, en uno de sus más fieles retratistas, legándonos un evangelio que es un bálsamo para el alma y una hoja de ruta para la Iglesia de todos los tiempos.

Los cristianos en los Hechos de los apóstoles

Como nos muestra el papa Francisco en una catequesis de 2019 «en los Hechos de los Apóstoles, san Lucas nos muestra a la Iglesia de Jerusalén como el paradigma de toda comunidad cristiana. Los cristianos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, hacían memoria del Señor a través de la fracción del pan, es decir, de la Eucaristía, y dialogaban con Dios en la oración.

Los creyentes vivían todos unidos, conscientes del vínculo que los une entre sí como hermanos en Cristo, sintiéndose especialmente llamados a compartir con todos los bienes espirituales y materiales, según la necesidad de cada uno. Así, compartiendo la Palabra de Dios y también el pan, la Iglesia se convierte en fermento de un mundo nuevo, en el que florece la justicia, la solidaridad y la compasión.

El libro de los Hechos añade que los discípulos acudían a diario al templo, partían el pan en las casas y alababan a Dios. En efecto, la liturgia no es un aspecto más de la Iglesia, sino la expresión de su esencia, el lugar donde nos encontramos con el Resucitado y experimentamos su amor».


Marcus Vinicius, de biólogo a ser sacerdote

El joven Marcus es un enamorado de todo lo relacionado con la vida, lo que queda de manifiesto en su propia evolución, donde pasó de trabajar como biólogo a ingresar en el seminario y ser ordenado sacerdote.

Los seres vivos, todos creados por Dios, siguen siendo para él algo fascinante, pero es ahora el hombre, la obra maestra de Dios, el que centra del todo su atención y al que ayuda a conocer a su Creador.

Pertenece al clero de la diócesis brasileña de Nova Friburgo, en Río de Janeiro, Marcus tiene en estos momentos una misión fundamental como formador en el seminario diocesano, concretamente en el curso propedéutico, una etapa clave para los jóvenes que están discerniendo y valorando su vocación a la vida sacerdotal.

Marcus Vinicius Muros ordenado sacerdote oración y formación
Marcus Vinicius Muros rodeado de sus compañeros de seminario.

La familia, clave para ser ordenado sacerdote

En esta entrevista con la Fundación CARF, el joven sacerdote, ordenado en 2021, recuerda que procede de una familia católica que participaba activamente en las actividades pastorales de su parroquia. «Mis padres han sido maestros de fe para mi hermano y para mí. Ya de niño jugaba a celebrar Misa. Conviví con muchos sacerdotes que iban a casa de mis padres, pero nunca pensé en ser uno de ellos», asegura.

Sin embargo, todo cambió cuando tuvo la oportunidad de conocer el seminario de su diócesis, después de que un día los delegados de la pastoral vocacional visitaran su parroquia. Marcus reconoce que ese fue el primer momento en el que se planteó ser sacerdote, aunque había un gran obstáculo: «yo ya estaba trabajando; tenía mi trabajo y mi independencia financiera».

Marcus Vinicius Muros ordenado sacerdote oración y formación
Marcus Muros imparte la bendición en la iglesia mediante la aspersión del agua bendita.

«Pero aunque tenía todo –agrega este sacerdote– nada de lo que tenía me era suficiente. Me faltaba algo importante, algo que hiciera que mi vida tuviera sentido y mereciera la pena ser vivida. La parábola del joven rico me interpelaba mucho», señala Marcus. Y así fue como finalmente en 2014 ese combate interior llegó a su fin e ingresó en el seminario para comenzar con su formación.

Una buena formación para el presente

Apenas un año después llegaría otro momento que marcaría su vida. Su obispo le envió a España para que prosiguiera allí con su formación y con los estudios filosóficos y teológicos. Sobre esta experiencia, asegura que «jamás olvidaré los años de formación y oración en Pamplona. Fueron mucho más que una preparación académica para el ejercicio del ministerio sacerdotal, fue una experiencia de la universalidad de la Iglesia».

Define este tiempo como unos “años inolvidables” marcados por su estancia en la Universidad de Navarra y en el seminario internacional Bidasoa, donde tuvo la gracia de tener «una oportunidad singular de obtener una excelente preparación humana, espiritual, intelectual y pastoral».

Si hay algo que Marcus ha sacado en claro de estos años es que su formación en Navarra ha sido «una buena preparación para lo que Dios me confía hoy».

En estos momentos, Marcus es el administrador de una parroquia y formador del seminario. «Cuando fui nombrado por el obispo, siendo todavía diácono, como formador del Propedéutico, la etapa de inicio en el seminario, lo único que quería era ofrecer a los que ahora se preparan para el sacerdocio ministerial lo mismo que yo recibí en Pamplona», confiesa.

Marcus Muros celebrando con los fieles la alegría de ser hijos de Dios.

Para ser buen sacerdote: mucha vida de oración

Según nos relata, «en Bidasoa se aprende que el amor a Dios y a la Iglesia nos impulsa a dar lo mejor de nosotros mismos. Hoy, entre la parroquia y el seminario, busco dar lo mejor de mí, gastarme por las almas que el Señor me confía».

El mundo necesita sacerdotes que se entreguen a Dios en un mundo en muchas ocasiones hostil a la fe cristiana. Por ello, el padre Muros está convencido de que «el sacerdote necesita un alma enamorada del Señor y disponible para, con fidelidad, servir a todas las personas. No son tiempos fáciles, pero todas las dificultades nos ayudan a confiar en Cristo y en su poder. Estamos en sus manos como instrumentos insuficientes, pero que el Señor desea para la realización de su obra».

Pero además de un alma enamorada considera indispensable «tener una profunda vida de oración. Quién no entiende que para ser un hombre de Dios se necesita mucha vida de oración, no es capaz de sacrificarse. Y es la intimidad con Cristo la que nos hace comprender que no somos solo celebrantes, sino también víctimas que todos los días se ofrecen por amor al Amado».

Agradecer la ayuda por la formación

Por último, Marcus quiere tener un agradecimiento especial con los benefactores de la Fundación CARF. «Siempre me llamó la atención la generosidad para donar sin esperar que el beneficio fuera para su diócesis o país, sino para la Iglesia universal.

Gracias por proporcionarnos los medios para ayudar a nuestras diócesis y a la Iglesia. Gracias por su apertura de corazón. Que el Señor les conceda a ustedes y a sus familias muchas bendiciones», concluye.