La Santa Misa, plenitud de los tiempos
En esta meditación del padre Ricardo Sada se explora cómo la Santa Misa actualiza el sacrificio de Cristo, revelando nuestra identidad como hijos de Dios y convirtiéndose en el centro vital de todo cristiano.
«Nosotros sabemos que la Biblia es la palabra de Dios, no son palabras puramente humanas, aunque hayan sido escritas por los escritores sagrados, sino que es palabra revelada, palabra de vida eterna.
Y una enseñanza que nos presenta San Pablo dice: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley".
Al llegar la plenitud de los tiempos, cuando se da el momento central de la historia de la humanidad, cuando habían pasado algunos miles de años, no sabemos cuántos, desde el pecado original, y haber sido elegido el pueblo de Israel para que en él naciera el Mesías, cuando ya estaba todo dispuesto, Dios envía a su Hijo. A su Hijo único, nacido de mujer, nacido bajo la ley. Nacido de mujer, toma carne en las entrañas de una mujer y, por lo tanto, es verdadero hombre, al mismo tiempo que es verdadero Hijo de Dios.
¿Y para qué? Dice San Pablo: "Para que nosotros llegáramos a la plenitud de hijos". No es algo que se queda en el verbo de Dios, sino que nos afecta profundamente a nosotros. Y, por lo tanto, la Iglesia dice: "Cristo revela al hombre el propio hombre". Cristo nos descubre el misterio profundo del hombre. ¿Qué es el hombre? ¿Qué eres tú? ¿O qué soy yo?
La Misa, elevados al orden divino
Somos un espíritu encarnado, hecho para la unión con Dios para siempre, para vivir en la intimidad con Dios porque Dios nos asocia a su Hijo, nos da la vida de su Hijo. Y, por lo tanto, nos dice, "tú eres esto, tú eres un espíritu que está en una carne". Pero no nada más eso, no eres nada más cuerpo y alma, sino que al tener alma, estás capacitado para ser elevado al orden de lo divino.
Y pues creo que es importante que siempre corrijamos un poquito nuestra concepción de lo que es el hombre y la concepción de lo que somos nosotros. Tú no eres el cuerpo, tú tienes un cuerpo. Tú eres ante todo un alma, tú eres un espíritu. Eres un espíritu. Si no tuvieras cuerpo, serías un ángel. Pero como tienes cuerpo, eres una persona humana.
Pero lo que importa no es tanto tu cuerpo, aunque veamos, por ejemplo, que hay grandes pues, no sé, desarrollos médicos, ¿no? Qué bueno que alivien los cuerpos. Pero bueno, al final todos los cuerpos se van a a pues a morir, se van a corromper y se van a morir, por una razón o por otra, pero el alma vive para siempre.
Y así como nos encontramos muchas veces preocupados por la salud de nuestro cuerpo y vamos al doctor y nos dan medicinas y y seguimos un tratamiento y qué sé qué y qué sé cuánto, pues no podemos pensar que el alma sea menos importante, sino al revés.
Que somos ante todo un espíritu, un espíritu en carne, pero ese espíritu y esa carne, elevados a la realidad de los hijos de Dios, divinizados por la gracia, la gracia santificante. La gracia que es la la vida de Cristo que se nos comunica como si fuera una transfusión de sangre que, en vez de sangre, nos pone la divinidad.
Meterse en el misterio del amor
Pues que que nos valoremos adecuadamente. Somos mucho más de lo que parecemos. Decíamos ayer que que el hombre debería parecerse a a las aves porque vuela y porque canta, pues aquí Dios nos dice, "mira, no tienes límite para poder volar, tu espíritu puede volar siempre". Así como el cuerpo es muy limitante porque se cansa y y tiene una capacidad de de levantar tanto tantos kilos, de correr a tanta velocidad, tu alma no, tu alma siempre puede subir y subir y subir y subir, no tienes límite. No tienes límite en el amor.
Pues es el misterio, el misterio de de toda persona y y por eso pues en un retiro o en un rato de oración, lo que buscamos siempre es, a ver, métete en tu interior, ahí es donde vive la verdad, eh cabe Dios en tu interioridad, es el lugar donde realizas el encuentro.
Pues Cristo revela al hombre al propio hombre y nos deja los sacramentos. Él es un sacramento. ¿Qué es un sacramento? Un sacramento es una cosa sensible que que tiene eh o que contiene una gracia invisible. Y Cristo es un misterio porque ahí la gente que lo veía, pues veía un un hombre que hablaba, que pues hacía algunos gestos, que hacía milagros. Pero eh los que tenían fe veían también ahí al al Hijo de Dios, un sacramento.
Y después dice, "te voy a dejar sacramentos como eh signos de mi presencia para que tú no te olvides de mí, te acuerdes siempre de mí". Y nos deja los siete sacramentos.
Y yo quería que habláramos un poquito en en la Eucaristía, pero no en la Eucaristía como eh la hostia consagrada, sino la Eucaristía cuando se hace la Eucaristía. Lo que se llama la Eucaristía in fieri, o sea, en el hacerse, que es el sacrificio de la misa, el santo sacrificio de la misa. Que que al pensar un poquito en la misa, eh creciera nuestra fe y creciera nuestro amor.
El amor de Cristo en el Calvario
Porque es una realidad que puede resultar, si la vemos superficialmente, muy aburrida. Siempre igual. Eh "yo podría hacer cosas mucho más interesantes. Tengo, no sé, todo un mundo de diversión en mi teléfono y esto, pero esto es muy lento y y me empiezo a dormir, además a lo mejor llegué, no sé, no había lugar y no me gusta pues cómo habla este sacerdote o o cómo predica". Y decimos otra vez, "intenta profundizar, intenta irte a lo más hondo". ¿Y qué estás haciendo cuando estás en misa? Estás tomando parte del sacrificio de Cristo en el Calvario.
Y todos pues estamos llamados a aumentar nuestra fe y a pedir también, por ejemplo, por los sacerdotes. Es muy importante porque los sacerdotes pues celebramos muchas misas. Ayer me llamó un sacerdote para decirme si le podía ayudar porque tenía muchas misas. Yo le dije, "oye, perdóname, es que no va a estar el otro sacerdote aquí y no puedo ir, pero pero bueno, avísame otra vez".
A lo mejor iba a celebrar cuatro misas o cinco misas un un domingo o un día de de misa de obligación. Decimos, "oye, ¿y después de la tercera misa, de la cuarta misa no empieza como a a flaquear tu fe? ¿No te sientes cansado? ¿O no empieza a haber como un poquito de de fastidio por celebrar la misa? A lo mejor ya te estás quedando sin voz y ya pues tienes carraspera porque pues has hablado mucho y has en cada misa dado una homilía. Y además pues como ha acumulado mucha gente pues has tenido que estar mucho rato y parado".
Y yo no sé si vamos a rezar para que este sacerdote no pierda nunca la conciencia de de que está actualizando el sacrificio de Cristo. Y que lo más importante no es la liturgia de la palabra o no es, no sé, la serie de avisos parroquiales que nos están dando, sino que lo más importante es la doble consagración. Ese momento en que se consagra separadamente el pan y el vino, que simbolizan la la separación cruenta de el cuerpo y la sangre de Jesús en el Calvario. Y la sabiduría divina ha hallado un modo maravilloso para hacer presente ese momento.
El mes de Nisán
Ninguno de nosotros estuvimos presentes ahí en el año 33 de el mes de Nisán, en el día 14, en Jerusalén, de 12:00 a 3:00 de la tarde. No, no estuvimos. Pero dice, "mira, ahora te voy a dar la oportunidad de que sí estés. Vas a estar presente en el sacrificio del Calvario. Te vas a ir con tu fe como si te fueras en una nave espacial que te transporta por el tiempo y por el espacio y te va a poner en Jerusalén ese día y a esa hora. Y tu fe te va a decir, 'aquí estás'.
Aquí estás y no hay otro Cristo muere en la plenitud de los tiempos". Cuando el el eje de la Tierra pues empieza a a hacer que todo esté dando vueltas en torno a la cruz de Cristo. Todo se resuelve ahí.
Por eso el sacerdote, después de hacer la doble consagración, dice: "Este es el sacramento de nuestra fe". Un misterio. Sacramento significa misterio. Un misterio, yo veo una cosa pero hay mucho más. "De fe", porque no estamos haciendo efectos especiales. No estamos poniendo un video o los ruidos del martillo cuando clavaban a Cristo o los gritos de los soldados o del pueblo, o las siete palabras de Jesús, ¿no? No estamos diciendo "está cayendo la sangre, está ahorita pues, no sé, eh diciendo esta palabra o aquella", ¿no?
Pero la fe nos dice, en la doble consagración está eh el cuerpo y la sangre de Cristo separados. Por lo tanto, Cristo está muerto, acaba de morir. Acaba de morir, está muerto. El receptor dice: "Este es el sacramento de nuestra fe, anunciamos tu muerte". Sí, estás muerto. Y el misterio tan profundo que nos hace después decir, "pero eh proclamamos tu resurrección".
Está resucitado. El resucitado es el mismo que estuvo muerto, por eso el resucitado se aparece con las señales de los clavos y las llagas en las manos y en el costado. Y terminamos diciendo, "ven, Señor Jesús". Ya ven a establecer tu reino, tu reino definitivo. Ya está, ya ha dado inicio tu reino, pero ven a establecerlo de modo pleno.
¿Qué pasa en la Misa?
Por eso qué bueno que que tengamos pues una gran valoración por la misa. Eh que que podamos nosotros comprender, digo que nunca la vamos a comprender plenamente, pero sí un poquito mejor. Con la ayuda de Dios, del Espíritu Santo, eh comprendamos un poquito mejor la misa y que lo veamos como una muestra enorme enorme de amor de Dios, un una explosión de amor.
Y que comprendamos también cuál puede ser como el dolor de Cristo cuando no apreciamos la misa o simplemente cuando no vamos, cuando no la la tenemos como en un lugar absolutamente prioritario que le da sentido a no solo al domingo, sino a toda la semana.
¿Qué pasa en la misa? Pues decíamos, Cristo muere y, por lo tanto, se nos abren las puertas del cielo que estaba cerrado por el pecado de nuestros primeros padres. Otra vez, ya podemos entrar al cielo porque Jesús ha pagado nuestro rescate con su amor infinito.
Y además, salvamos sacamos almas del purgatorio. Por eso pues qué bueno es esta costumbre de que cuando hay algún difunto pues siempre, siempre se trata de que se celebre una misa y después a lo mejor, si se puede pues un novenario de misas, o si no al mes, o si no cada año, porque cada misa saca almas del purgatorio. A lo mejor esa persona, este pariente nuestro, lo que sea, sigue en el purgatorio. Bueno, "te voy a ofrecer, Señor, esta misa por mi abuelito difunto".
Lo voy a ayudar a que salga del purgatorio o a otras almas voy a sacar del purgatorio. Y cuando yo me vaya a mi juicio, a lo mejor voy a tener ahí santos que van a decir, "te vamos a a hablar muy bien de ti porque nos ayudaste a salir del purgatorio". Porque ofreciste también la misa por nosotros, los difuntos.

La misa, una misa vale más que las oraciones particulares. ¿No? No perdamos la conciencia sacramental de la misa, de la Iglesia es sacramental. Y muchas veces, "no, es que ya fui, por ejemplo, a a la feria de Tepalcingo". Bueno, pues fuiste a comprar cosas o a qué fue a qué fuiste. "No, es que fui a ver a Jesús Nazareno". Bueno, ¿pero fuiste a misa o no fuiste a misa? "Es que fui a la procesión". ¿Pero fuiste a misa o no fuiste a misa? Porque todo lo demás no intentamos no no es el acto de Cristo, no es la acción de Cristo, de valor infinito.
Dice un libro sobre la misa: "Luego de la consagración, como en la cruz, todo se ha cumplido. Él se encarna en las manos del sacerdote como en el seno de María. Todos somos colmados de gracia y el Señor es con nosotros". Ahí está Jesús haciendo el bien, curando todo género de males, obrando toda clase de maravillas, iluminando los ciegos, multiplicando el pan, apaciguando las olas de las pasiones y de las penas, resucitando a los muertos a la vida de la gracia.
Dándose todo entero como en el cenáculo, entregándose como en el huerto de los olivos, callando como en Jerusalén, elevándose como en el Calvario, derramando su sangre como en la cruz, glorioso y vivo como el día de su victoria, derramando sobre toda carne su bendición, su espíritu y su gracia. Oh, profundidad de los misterios de Dios. ¿Quién no se sentirá anonadado ante el solo pensamiento de este sacrificio en el que Dios no cesa de obrar lo que ha consumado una vez en el Calvario, haciéndose Él mismo templo, altar, sacerdote y víctima?
Dios lo da todo
Dios da como quien es, ¿no? Dios da infinitamente. Dios hace milagros pues verdaderamente increíbles. No solo porque se queda en el pan presente con su cuerpo y su sangre, su alma y su divinidad, sino porque hace actual su sacrificio. ¿Cuánto milagro? Si nos ponemos a pensar, por ejemplo, ¿cuántos sagrarios hay? O sea, aquí en esta casa está este, está el de la administración, está el del colegio, están los de la casa de retiros.
Bueno, ¿y en todos esos sagrarios hay un copón que tiene muchas hostias? Y en cada hostia está Jesús y también está en cada trozo de cada hostia, si se parte la hostia, están repetido. Bueno, ¿y si eso lo multiplicas por todos los sagrarios del mundo? Eso ahí, ¿qué milagro? O sea, qué increíble milagro.
Bueno, pues todo eso eh procede del gran milagro del amor de Dios. Y lo mismo podríamos decir, en este momento aquí donde estamos, en esta latitud, en esta hora, pues ha de haber, no sé, 10, 15, 20 mil misas que se están celebrando en este momento. Y dentro de una hora pues habrá otras 10, 15, 20 ¿En dónde? Pues no sé, en África, en Australia, en Japón, o a lo mejor aquí porque pues a lo mejor hay una misa vespertina y bueno, ha de haber muchas misas ahorita que se están celebrando en México, pues porque es la misa vespertina.
El sacrificio del Calvario
Y y qué milagro, ¿no? Que el sacrificio del Calvario esté haciéndose presente aquí y allá y cien veces, mil veces, ¿y quién puede hacer esto? Pues solamente el poder de Dios, un milagro de primer orden.
Y entonces vamos a decir, "yo no puedo eh como reducir el regalo de Dios", ¿no? Sería muy triste que lo viera, por ejemplo, como una simple obligación. "Es que tengo que ir". Es que no le vas a hacer tú un favor a Dios si vas a misa, es Él el que te hace un grandísimo favor, que te invita. Hay una invitación, dice, "ven a mi sacrificio, acompáñame". No vayas a hacer como Pedro y los demás apóstoles que se fueron, no estuvieron en el sacrificio, solo estuvo María y Juan y las santas mujeres.
Los apóstoles, todos los demás, bueno Judas ya se había ido a a ahorcarse, pero los otros diez salieron corriendo por miedo. Y Jesús nos dice, "a ver, voy otra vez, otra vez te cito, otra vez estoy contigo, otra vez quiero que me acompañes, consuélame, aprovecha todas las gracias que voy a derramar en esta Eucaristía".
En primer lugar, porque te vas a unir a la alabanza que le estoy dando al Padre celestial y, por lo tanto, estás cumpliendo tu primera tu primera obligación como criatura, que es glorificar a Dios. "Es que yo puedo rezar también muy bien en mi casa". Sí, pero ¿quién no está rezando tú? Estás rezando con Cristo, unido a Cristo, con toda la Iglesia. Y lo que tú rezas pues es una oración particular. Aquí está el momento de la redención, la plenitud de los tiempos. Aquí es donde se derraman sobre el mundo todos los bienes, todas las gracias.
Pues ayúdanos, Señor, a a entender un poquito, ayuda a todos los fieles cristianos, ayuda a todos los sacerdotes, que no hagamos de la misa una cosa banal, superficial, una cosa puramente humana, ¿no? Como si fuera un show donde lo importante es el sacerdote, ¿no? Lo importante no es el sacerdote.
Si lo importante fuera el sacerdote, pues haríamos como hacen los pastores protestantes, que los pastores protestantes, cuando acaban su pues no sé cómo se llama, su su celebración dominical o sus lecturas de los salmos y sus cantos, pues se van a la entrada de la iglesia y se ponen a despedir a todos los feligreses.
No, aquí es que "yo no fui a ver al padrecito fulano". No, no, yo no fui a ver al sacerdote, no tiene por qué salir a saludarme, yo fui a ver a Cristo, a estar con Cristo. Y, por lo tanto, el sacerdote es lo de menos. "Es que no me gusta su tono de voz", da igual. Con tal de que sea un sacerdote válidamente ordenado, está haciendo actual el sacrificio de Cristo.
Sea aquí el momento propicio, el grandísimo tesoro. Hay un autor que dice: "A la hora de tu muerte, tu mayor consuelo serán las misas que con devoción hayas oído en tu vida. Cada misa que oíste te acompañará al tribunal divino y ahí abogará por ti para que alcances el perdón". Pues tu mayor consuelo. No tanto, no sé, una una obra de caridad que hice, ¿no? Porque yo estoy en el momento en en el que Jesús está ofreciendo al Padre y me uní, estuve con devoción. Pues qué bueno que tengamos esta conciencia.
Pues ojalá digamos, "la misa es el centro de mi vida". Así le gustaba decir a San Josemaría, "o sea, que sea el centro de tu vida". No hay nada más importante ni en el día de hoy, ni mañana, ni cuando termine la carrera, ni nada, que estar en misa. Hacer de que la misa sea el centro del domingo. "Es que no me dio tiempo de ir a misa". Pues ponla en primer lugar y vas a ver que siempre te va a dar tiempo. Si la pones en primer lugar, pues el centro, todo lo demás gira en torno a la misa, como los planetas giran alrededor del sol.
Vamos a tratar de evitar la rutina y participaremos con ilusión. A lo mejor, no sé, no tengo por qué cantar o no tengo por qué, no sé, responder muy fuerte, pero lo que sí tengo que hacer es tener conciencia de lo que estoy haciendo. Poner atención, atención interior. También exterior no voy a estar babeando, ¿no? Pero pero puedo estar así como viendo para adelante y estar en la luna. Voy a tratar de eh de estar verdaderamente participando, tomando parte en el sacrificio.
Cuidar la preparación y la puntualidad. ¿No? O sea, pensé qué voy a hacer, dónde voy a estar, voy a ir al sacrificio de Cristo, me voy a unir a Él, voy a llegar con tiempo. Hombre, porque muchas veces si llego tarde ya no encuentro dónde sentarme y pues voy a estar muy incómodo. No, llega temprano, no no llegues tarde porque vas a estar hasta allá, hasta el montón de gente que está hasta atrás y sigue llegando gente tarde y pues te estás distrayendo. Bueno, llegué temprano y pues tengo tuve un buen lugar.
Puedo ir también con una intención para decir, "esta misa, Jesús, te la voy a ofrecer pues por esta necesidad que tengo, por esta persona, o por la Iglesia, o por el Papa, o por las almas del purgatorio, por este familiar que murió". Pues la intención de ofrecerla y procuramos, por lo tanto, no faltar a la cita del domingo.
Y así es la misa mide, o sea, la importancia que le estoy dando a Dios, ¿no? Y la importancia que da también cada cristiano. Pues la misa es para mí, para ti, para cada uno de nosotros, es tu misa, es la misa en que te unes a Jesús.
Y el Papa San Juan Pablo le gustaba decir que lo que pasó en el Calvario pasa también en cada celebración. No solo la muerte de Cristo, sino también, por ejemplo, la presencia de María. María está en el Calvario, María está en cada misa, es la única que nunca falta a misa. Puede haber nada más una viejita en una misa o a lo mejor nadie, o estaba una persona y era un turista y se salió.
Bueno, pero está María, no no deja de estar ella nunca en todas las misas, como estuvo en el Calvario y de ahí. Dice también el Papa que ahí Jesús repite las palabras que le dice que le dijo a Juan, "ahí está tu madre y ahí a tu madre, te entrego a tu madre". Entre la consagración del pan y la consagración del vino pues Jesús está crucificado, pero todavía no está muerto.
Y es cuando pronuncia esas palabras: "Mujer, ahí a tu hijo" y "ahí a tu madre", pues ahí me la está dando, en este momento la estoy recibiendo y tengo esta dicha y y he procurado pues vivir así con recogimiento la celebración eh desde el fondo, porque me he preparado, porque a lo mejor desde el sábado ya estoy pensando "¿A qué hora voy a ir a misa mañana?" y "¿Cómo le hago para apurarme y que me dé tiempo y no andar a las carreras?".
Y "voy a tratar de ir un ratito antes y me voy a poner a hacer un poco de oración" o puedo decir "voy a a tener un misal o voy a buscar en internet pues cuál es la misa de mañana, cuál es el evangelio de mañana y cuáles son las oraciones propias de mañana, voy a pensarlas un poquito, voy a a rezar un poquito con esas oraciones".
Pero ante todo, voy a a sintonizar con el corazón de Jesús que se ofrece al Padre y nos salva, y ya no eres puramente terreno, ya ni siquiera eres puramente psíquico, eres de naturaleza divina, porque Jesús al morir, nos dio esa capacidad de ser también nosotros hijos de Dios».
Ricardo Sada Fernández, sacerdote mexicano de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, es ingeniero informático y doctor en Teología. Ordenado en 1981 y con una larga experiencia como predicador y director espiritual, es autor de varios libros, y conocido por su página www.medita.cc, que publica diariamente meditaciones en audio.
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