¿Por qué te recomendamos escuchar cada día 10 minutos con Jesús?

Los 10 Minutos con Jesús (10mcJ) tienen un objetivo: llevar la vida de Cristo a los oyentes. Mostrar la belleza de la vida de Jesús, de su doctrina y virtudes, y servir de 'altavoz' para tocar el corazón de las personas y acercarlos a Dios.

Además, 10 minutos con Jesús ha decidido que los donativos que se realicen a través de su YouTube contribuirán a las ayudas al estudio que financia la Fundación CARF para sacerdotes diocesanos, seminarista y religiosos y religiosas para servir a la Iglesia en todo el mundo.

¿Cómo se realizan los donativos en YouTube? Los Super Thanks

Recientemente YouTube ha activado la posibilidad de ingresar donaciones mediante un botón que se llama Super Thanks, que permite a los creadores de contenidos obtener ingresos e interactuar con los usuarios que quieren demostrarles un mayor agradecimiento por su contenido que el sencillo Like o Me gusta, que todos conocemos.

En cada vídeo de 10 minutos con Jesús aparecerá el botón de Gracias. Al hacer clic en él se abre la opción de donar diferentes cantidades.

¿Qué es 10 minutos con Jesús?

Este contenido, llamado 10 minutos con Jesús, son audios grabados por sacerdotes con el objetivo de ayudar a rezar. El proyecto nació en 2018, por propuesta de María Feria, madre y profesora. A la vista de las vacaciones de verano, María sugirió al capellán de su colegio grabar breves charlas espirituales para compartirlas durante esas vacaciones con sus hijos y gente joven de su entorno.

Ante la insistencia de la madre, don José María García de Castro, sacerdote incardinado a la Prelatura del Opus Dei, accedió. Montó un primer audio, utilizando su propio móvil y un lenguaje sencillo y asequible. 

En esa primera ocasión, don José María, pensó en hablar de cosas cotidianas y de cómo acercar el Evangelio al día a día. En concreto, relató el contenido de una carta que le había enviado un chico que había estado colaborando con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta en una casa de niños de Nairobi en Kenia. 

El chaval contaba en la misiva, explicó el sacerdote, entre otras cosas, uno de los momentos que más le marcaron de su estancia en África. En concreto, cuando una Hermana de la Caridad le pidió que cogiera en brazos a un bebé que no paraba de llorar y le invitó a que le diera cariño.

El joven se quedó paralizado porque el bebé estaba muy caliente por la fiebre, pero las palabras de la monja le dieron seguridad. Comenzó a arrullar al pequeño, a acariciarle, a sonreírle, a darle besos. El niño dejó entonces de gimotear y sonrió. Pocos segundos después, se durmió. Sin embargo, el universitario notó que el crío no respiraba y avisó a la Hermana de la Caridad, que confirmó el fallecimiento. 

«Ella sabía que el niño se estaba muriendo y mirándome a los ojos me dijo: ha muerto en tus brazos y tú te has adelantado unos segundos al Amor que Dios le va a dar para toda la eternidad», relató el joven en la carta que inspiró a don José María para hablar en ese primer audio de cómo puede cada persona en su día a día adelantar ese Cielo, evitando discusiones en casa, sonriendo a los seres queridos o siendo amable con los demás. 

Los hijos de María Feria conectaron con el mensaje. El sacerdote grabó un segundo audio y un tercero y luego muchos más.

10 minutos con Jesús continuó creciendo

Don José María, contactó con otros sacerdotes amigos suyos para que se unieran a este ilusionante proyecto. Es así como se creó el primer grupo de WhatsApp y personas de todas partes del mundo comenzaron a sumarse como oyentes a esta iniciativa. Para finales del verano de 2018 eran miles de personas las que recibían diariamente estos audios. Los sacerdotes decidieron continuar grabando 10 minutos hasta el día de hoy.

Actualmente el equipo de 10 minutos con Jesús está por el mundo. No se conocen entre todos ellos, los ha unido Internet y el amor a Jesucristo.

Hoy, 10 minutos con Jesús se ha convertido en un fenómeno de masas. Esto se debe a su capacidad para adaptarse a las necesidades y a los estilos de vida de las personas. Ofrece un acceso conveniente a la espiritualidad y a la reflexión en un mundo ocupado. Suma una inmensa variedad de canales para atender a una audiencia muy diversa. Y se ha convertido en una herramienta valiosa para aquellos que buscan fortalecer su vida espiritual en medio de la vida cotidiana.

«Los curas hablamos muy raro y no queremos caer en eso; aquí hablamos claro y para que se entienda»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
Puedes escuchar 10mcJ en diversos idiomas

Los 10 minutos con Jesús cuenta con un canal de YouTube, donde tienes la posibilidad de disfrutar del contenido. El canal cuenta con más de 147.000 suscriptores y te ofrece acceso a todo el contenido. Aquí podrás encontrar los audios traducidos al inglés, portugués, francés y alemán.

«A pesar de los pesares, el mundo cuenta con 400.000 sacerdotes que adoran al Señor y están entregados a Él sirviendo a todas las almas sin importar su credo. Y qué mejor que ayudar a la formación de sacerdotes y seminaristas diocesanos, y también religiosos y religiosas para que se forman en las universidades a las que apoya la Fundación CARF»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.

Canales en los que puedes recibir o escuchar los 10 minutos con Jesús  

Puedes escuchar 10 minutos con Jesús en una amplia variedad de plataformas y aplicaciones. 10mcJ tiene una aplicación específica que puedes descargar en tu dispositivo Apple o Android. En ella, podrás escuchar los audios directamente. Con esta herramienta 10 minutos con Jesús, trae a tu dispositivo el contenido de los más de 700 audios, actualizados diariamente y clasificados por temas, edades, sacerdotes y con enlaces a más contenidos relacionados con la meditación del día.

La APP funciona en segundo plano, los audios se pueden escuchar con la pantalla apagada o al abrir otras aplicaciones. Además, te ofrece diferentes posibilidades como acceso gratuito al audio de cada día y sugerencias de otros audios que te pueden ayudar. También permite realizar búsquedas de meditaciones en la base de datos. Y facilita el acceso a las citas de las Sagradas Escrituras que acompañan cada meditación o a algún otro texto relevante. 

Por otro lado, cuenta con un apartado para tomar tus propias notas a modo de diario espiritual. Y posibilita descargar audios en el dispositivo para escucharlos sin conexión.

Existen también otros canales disponibles para no perderse los 10 minutos con Jesús. La elección de la plataforma dependerá de tus preferencias personales y del dispositivo que utilices.

«Actualmente el equipo de 10mcJ está disperso por el mundo. Ni siquiera nos conocemos todos entre nosotros. Nos ha unido Internet y el amor a Jesucristo. Sacerdotes y laicos de EE. UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas formamos el equipo que hace posible que decenas de miles de personas de todo el planeta pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de audios de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, podcast de Apple, Google Podcast en cinco idiomas» 

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.

Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.

Es importante destacar que los promotores de esta iniciativa ofrecen también contacto directo con los sacerdotes. Es decir, cualquier persona que quiera contactar con uno de los sacerdotes del equipo de 10 Minutos con Jesús, puede hacerlo rellenando un formulario en la web. 


4 cuestiones sobre el origen del sacerdocio cristiano

Antes de profundizar, conviene entender la idea central: el sacerdocio cristiano no surge como una estructura creada por la Iglesia, sino como participación real en el sacerdocio único de Cristo. Todo lo que sigue en esta entrada explica cómo esa realidad se fue expresando y consolidando desde los Apóstoles hasta los primeros ministerios.

El sacerdocio cristiano no nace de una institución humana, sino del único Sacerdote: Cristo, cuya misión continúa viva en la Iglesia primitiva y en sus ministros.

¿Cómo se explica que Jesús nunca se refiriera a sí mismo como sacerdote?

El sacerdote es, ante todo, un mediador entre Dios y los hombres. Alguien que hace presente a Dios entre las personas, y a la vez, alguien que presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, que es Dios y hombre verdadero, es el más auténtico sacerdote.

Sin embargo, conociendo los derroteros que había tomado el sacerdocio israelita en su época, limitado a la realización de unas ceremonias en las que se sacrificaban unos animales en el Templo, pero con el corazón más atento de ordinario a las intrigas políticas y al afán de poder personal, no sorprende que Jesús nunca se presentara como sacerdote.

El suyo no era un sacerdocio como el que se veía en los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Además, a sus contemporáneos parecía evidente que no lo era, ya que según la Ley el sacerdocio estaba reservado a los miembros de la tribu de Leví y Jesús era de la tribu de Judá.

Su figura era mucho más próxima a la de los antiguos profetas, que predicaban la fidelidad a Dios (y en algunos casos como Elías y Eliseo realizaron milagros), o sobre todo, de la figura de los maestros itinerantes que iban por ciudades y aldeas rodeados con un grupo de discípulos a los que enseñaban y a cuyas sesiones de instrucción permitían acercarse a la gente. De hecho, los Evangelios reflejan que cuando la gente hablaba a Jesús se dirigían a él llamándolo “Rabbí” o “Maestro”.

Cuatro cuestiones sobre el sacerdocio cristiano
Ordenación de los primeros sacerdotes del Opus Dei: José María Hernández Garnica, Álvaro del Portillo y José Luis Múzquiz.

Pero Jesús, ¿Realizó tareas propiamente sacerdotales?

Desde luego. Es propio del sacerdote acercar Dios a la gente, y a la vez ofrecer sacrificios a favor de los hombres. La cercanía de Jesús a la humanidad necesitada de salvación y su intercesión para que pudiésemos alcanzar la misericordia de Dios culmina en el sacrificio de la Cruz.

Precisamente ahí surge un nuevo choque con la práctica del sacerdocio propia de aquel momento. La crucifixión no podía ser considerada por aquellos hombres como una ofrenda sacerdotal, sino todo lo contrario. Lo esencial del sacrificio no eran los sufrimientos de la víctima, ni su propia muerte, sino la realización de un rito en las condiciones establecidas, en el Templo de Jerusalén.

La muerte de Jesús se presentaba ante sus ojos de un modo muy distinto: como la ejecución de un condenado a muerte, realizada fuera de los muros de Jerusalén, y que en vez de atraer la benevolencia divina se consideraba –sacando de contexto un texto del Deuteronomio (Dt 21,23)- que era objeto de maldición.

¿Se empezó a hablar de sacerdotes ya desde los comienzos de la Iglesia?

En los momentos que siguieron a la Resurrección y Ascensión de Jesús a los cielos, tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar, y con el paso del tiempo fueron asociando colaboradores a su tarea. Pero si el mismo Jesucristo no se había designado nunca como sacerdote, era lógico que tal denominación ni se les ocurriera utilizarla a sus discípulos para hablar de sí mismos en esos primeros momentos.

De hecho, las tareas que realizaban tenían poco que ver con las que los sacerdotes judíos desempeñaban en el Templo. Por eso utilizaron otros nombres que designaran más descriptivamente sus funciones en las primeras comunidades cristianas: apóstolos que significa “enviado”, epíscopos que significa “inspector”, presbýteros “anciano” o diákonos “servidor, ayudante”, entre otros.

No obstante, al reflexionar y explicar las tareas de esos “ministros” que son los Apóstoles o que ellos mismos fueron instituyendo, se percibe que se trata de funciones realmente sacerdotales, aunque tienen un sentido diverso de lo que había sido característico del sacerdocio israelita.

¿Cuál es ese sentido nuevo del sacerdocio cristiano?

Ese “sentido nuevo” se puede apreciar ya, por ejemplo, cuando san Pablo habla de sus propias tareas al servicio de la Iglesia. En sus cartas, para describir su ministerio emplea un vocabulario que es claramente sacerdotal, pero que no se refiere a un sacerdocio con personalidad propia, sino a una participación del Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús.

En este sentido, San Pablo no pretende asemejarse a los sacerdotes de la Antigua Alianza, pues su tarea no consiste en quemar sobre el fuego del altar el cadáver de un animal para sustraerlo —“santificándolo” en su sentido ritual— de este mundo, sino en “santificar” —en otro sentido, ayudándoles a alcanzar la “perfección” al introducirlos en el ámbito de Dios— a unos hombres vivos con el fuego del Espíritu Santo, prendido en sus corazones mediante la predicación del Evangelio.

Del mismo modo, cuando escribe a los Corintios, San Pablo hace notar que ha perdonado los pecados no en su nombre, sino in persona Christi (cf. 2 Co 2,10). No se trata de una simple representación ni de una actuación “en lugar de” Jesús, pues el mismo Cristo es quien actúa con sus ministros y mediante ellos.

Se puede afirmar, por tanto, que en la primitiva Iglesia hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter verdaderamente sacerdotal, que desempeñan diversas tareas al servicio de las comunidades cristianas, pero con un elemento común decisivo: ninguno de ellos son "sacerdotes" a título propio -ni por tanto gozan de autonomía para desempeñar un "sacerdocio" a su aire, con su sello personal-, sino que participan del sacerdocio de Cristo.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra. Profesor de Sagrada Escritura Facultad de Teología.


Fiesta del Bautismo del Señor

La Fiesta del Bautismo del Señor es una celebración cristiana que conmemora un momento central en la vida de Jesús: su bautismo en el río Jordán por Juan el Bautista, que marca el inicio de su misión pública. Esta solemnidad se celebra en la Iglesia católica el domingo siguiente a la Epifanía, y en 2026 cae el domingo 11 de enero.

¿Qué se celebra en la Fiesta del Bautismo del Señor?

La festividad recuerda el acontecimiento narrado en los evangelios sinópticos (Mateo 3, Marcos 1 y Lucas 3): Jesús llega al río Jordán y recibe el bautismo de manos de san Juan Bautista. Al salir del agua, los cielos se abren y el Espíritu Santo desciende sobre Él en forma de paloma, mientras una voz del cielo confirma: “Este es mi Hijo amado”.

Este episodio es interpretado como:

Así, no se trata solo de un recuerdo histórico, sino de una revelación teológica profunda sobre quién es Jesús y cómo se relaciona con la humanidad y con Dios Padre.

Ubicación en el calendario litúrgico

La Fiesta del Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad y da paso al Tiempo Ordinario en la liturgia católica.

Breve contexto:

Después de esta solemnidad, la Iglesia entra en el Tiempo Ordinario, una etapa más estable del año litúrgico que se prolonga hasta la Cuaresma.

Infografía acerca de la Fiesta del Bautismo del Señor
Celebración del Bautismo del Señor: Jesús es bautizado por Juan en el Jordán, manifestación de la Trinidad y comienzo de su misión salvadora.

Significado teológico

Jesús se identifica con la humanidad

Aunque Jesús no tenía pecado, se sometió al bautismo de Juan para identificarse con nosotros, hombres y mujeres que necesitan redención. Su gesto no fue una señal de necesidad personal, sino de solidaridad con la condición humana y de obediencia a la voluntad del Padre.

El bautismo es salvación

El bautismo que Jesús recibe se convierte en símbolo y fundamento del sacramento del Bautismo en la Iglesia. A partir de él, el bautismo cristiano será visto como:

Revelación de la Santísima Trinidad

El relato evangélico de este día muestra la presencia simultánea del Hijo (Jesús), del Padre (voz desde el cielo) y del Espíritu Santo (paloma). Este evento es una de las escenas más claras de la Teofanía trinitaria en los evangelios.

Lecturas y símbolos litúrgicos

Liturgia del día

En la celebración eucarística de este domingo, las lecturas suelen incluir textos que:

Estos textos invitan a los fieles a hacer memoria de su propio bautismo, a renovar las promesas bautismales y a vivir una fe activa en el mundo.

Símbolos

Reflexión para los fieles

La Fiesta del Bautismo del Señor no es solo una conmemoración ritual, sino una oportunidad para reflexionar sobre la identidad cristiana. La Iglesia, en diversas reflexiones y homilías, invita a ver en este día:

Como explicó el Papa en celebraciones anteriores, esta fiesta hace pensar “en nuestra propia entrada en la vida cristiana y en la gracia que hemos recibido en el bautismo”.

Relación con Juan el Bautista

Juan el Bautista tiene un papel central en esta fiesta. Su misión fue preparar el camino al Mesías, llamando al pueblo a la conversión y a una vida nueva en el Espíritu. Al bautizar a Jesús, Juan cumple la misión que le fue encomendada y reconoce a Jesús como el Cordero de Dios.

Conexión con otras fiestas

La Fiesta del Bautismo del Señor está estrechamente vinculada con:

Esta conexión articula el misterio de Cristo desde su nacimiento hasta el inicio de su misión pública.

La Fiesta del Bautismo del Señor del domingo 11 de enero de 2026 es una celebración litúrgica y teológica de gran importancia:

En este día, la Iglesia no solo recuerda un hecho del pasado, sino que propone una experiencia espiritual actual: volver a las fuentes de nuestra fe, renovar nuestro compromiso bautismal y avanzar en la misión cristiana diaria.

Algunas historias de bautismos


Los Reyes Magos, el 6 de enero. Fiesta de la Epifanía del Señor

La Iglesia celebra cada 6 de enero la Epifanía del Señor, una de las solemnidades más antiguas del calendario litúrgico. Esta fiesta conmemora la manifestación de Jesucristo como Salvador y rey universal, representado de manera emblemática en la adoración de los Reyes Magos de Oriente.

Se trata de algo más que un recuerdo piadoso, es una afirmación central de la fe cristiana: Cristo ha venido y se manifiesta para salvar a todos, sin distinción de pueblos, culturas o razas.

La palabra epifanía procede del griego epipháneia, que significa manifestación o aparición. En la tradición cristiana, esta solemnidad subraya que el Niño Jesús, nacido en Belén, pertenece al pueblo de Israel y es reconocido también por los gentiles, simbolizados en los Reyes Magos. La liturgia de este día pone así el acento en la universalidad de la salvación.

Los Reyes Magos, una fiesta con dimensión misionera

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Epifanía ha tenido un marcado carácter misionero. Los Magos –sabios venidos de Oriente, guiados por una estrella– representan a la humanidad que busca la verdad y que, aun sin conocer la ley ni los profetas, es capaz de reconocer a Dios cuando se manifiesta. Su peregrinación hacia Belén muestra el camino de la fe, hecho de búsqueda, preguntas y adoración.

Los dones que ofrecen al Niño Jesús –oro, incienso y mirra– tienen un profundo significado teológico. El oro reconoce su realeza; el incienso, su divinidad; y la mirra anticipa su Pasión y Muerte. En un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo, los Reyes Magos confiesan quién es realmente ese Niño acostado en un pesebre.

La Epifanía recuerda también que la fe cristiana debe vivirse de forma abierta y nunca con un enfoque autorreferencial. Quien ha encontrado a Cristo está llamado, como los Magos de Oriente, a volver por otro camino, es decir, a vivir transformado u transformando a otros para dar testimonio con una vida coherente y entregada a la adoración del Niño Jesús.

Reyes Magos: el Evangelio de la Epifanía

Evangelio según san Mateo (Mt 2, 1-12)

«Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

— ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

— «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

— «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino».

Reyes Magos Epifanía del Señor 6 enero

Luz en medio de la oscuridad

El relato evangélico contrapone dos actitudes ante la llegada de Cristo. Por un lado, la de Herodes, que ve amenazado su poder y responde con miedo y violencia. Por otro, la de los Magos, que se dejan guiar por la luz y acogen la verdad con alegría. Esta tensión sigue siendo actual: la Epifanía interpela a cada persona sobre cómo reacciona ante la presencia de Dios en su vida.

La estrella que guía a los Magos ocupa un lugar central en la iconografía y la espiritualidad de esta fiesta. No se trata solo de un fenómeno astronómico, sino de un signo de la luz de Dios que orienta al que busca con corazón sincero. La liturgia presenta a Cristo como “luz de las naciones”, cumplimiento de las promesas hechas a Israel y esperanza para toda la humanidad.

Una celebración viva en la Iglesia

En muchos países, especialmente en España, la Epifanía tiene además una fuerte dimensión cultural y familiar, asociada a la tradición de los Reyes Magos. Sin embargo, la liturgia recuerda que el sentido profundo de la fiesta va más allá del folclore: celebrar la Epifanía es renovar la certeza de que Dios se ha hecho cercano y accesible a todos.

La solemnidad invita también a redescubrir la vocación misionera de la Iglesia. Así como los Magos llevaron consigo el anuncio de lo que habían visto, los cristianos están llamados a ser testigos de Cristo en medio del mundo, con palabras y obras coherentes.

En la Epifanía del Señor, la Iglesia proclama que Dios se deja encontrar, que sale al encuentro de la humanidad y se revela en la humildad. Un mensaje especialmente relevante en un tiempo marcado por la incertidumbre y la búsqueda de sentido.


Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

El 1 de enero, la Iglesia católica celebra la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. No es un cierre piadoso del tiempo de Navidad ni un añadido devocional al calendario litúrgico. Es una afirmación doctrinal de primer orden: en María se juega la verdad de quién es Jesucristo. Para un católico del año 2026, esta fiesta sigue siendo una referencia decisiva para comprender la fe, la dignidad de la persona y el sentido cristiano del tiempo.

El origen de la solemnidad de Santa María

La celebración de María como Madre de Dios hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo. No nace de una devoción popular desbordada, sino de una controversia teológica central: quién es realmente Jesús de Nazaret. En el siglo V, la discusión en torno a Nestorio –que rechazaba llamar a María Theotokos (Madre de Dios) y prefería el título Christotokos (Madre de Cristo)– obligó a la Iglesia a precisar su fe.

El Concilio de Éfeso (431) declaró que María es verdaderamente Madre de Dios porque el Hijo que nace de ella es una sola Persona, divina, que asume plenamente la naturaleza humana. No se trata de decir que María preceda a Dios o sea origen de la divinidad, sino de afirmar que el sujeto del nacimiento es Dios hecho hombre. Separar la maternidad de María de la divinidad de Cristo implica fragmentar el misterio de la Encarnación.

Desde entonces, la maternidad divina se convirtió en una piedra angular de la fe cristiana. La liturgia romana fijó esta celebración el 1 de enero, ocho días después de la Navidad, siguiendo la antigua tradición bíblica de la octava, para subrayar que el Niño nacido en Belén es el mismo Señor confesado por la Iglesia.

El significado teológico: María garantiza la verdad de la Encarnación

Celebrar a María como Madre de Dios es, ante todo, una confesión cristológica. La Iglesia no centra la mirada en María para aislarla, sino para proteger el núcleo de la fe: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. María no es un añadido, sino el lugar concreto donde Dios entra en la historia.

La maternidad de María implica que Dios ha asumido una genealogía, un cuerpo, un tiempo. No se encarna de forma simbólica ni aparente. En ella, Dios acepta depender, crecer, ser cuidado. Por eso, esta solemnidad tiene consecuencias profundas para la antropología cristiana: la carne, la historia y la maternidad no son realidades secundarias, sino espacios donde Dios actúa.

Desde esta perspectiva, María no es una figura idealizada o distante. Es una mujer real, situada en un contexto histórico concreto, que responde libremente a la iniciativa de Dios. Su fe no elimina la oscuridad ni la incertidumbre, pero las atraviesa. El Evangelio del día la presenta “guardando todas estas cosas y meditándolas en su corazón”: una fe pensada, no ingenua; silenciosa, pero firme.

Una fiesta para iniciar el año: tiempo de paz cristiana

Que esta solemnidad se celebre el primer día del año no es casual. La Iglesia propone comenzar el tiempo civil desde una clave teológica: el tiempo tiene sentido porque Dios ha entrado en él. Para el católico de 2026, inmerso en una cultura acelerada, fragmentada y marcada por la incertidumbre, esta afirmación resulta especialmente actual.

Además, desde 1968, el 1 de enero está vinculado a la Jornada Mundial de la Paz. No como un eslogan, sino como una consecuencia lógica: si Dios ha asumido la condición humana, toda vida humana tiene una dignidad inviolable. María, como Madre de Dios, se convierte también en referencia para una visión cristiana de la paz, entendida no solo como ausencia de guerra, sino como orden justo, reconciliación y cuidado del más vulnerable.

En un contexto global marcado por conflictos armados, tensiones culturales y crisis de sentido, esta solemnidad recuerda que la paz no se construye únicamente con estructuras, sino con una mirada correcta sobre el ser humano. La maternidad de María afirma que nadie es descartable y que la historia no está cerrada al sentido.

María, Madre de Dios y madre de los cristianos hoy

Para el creyente contemporáneo, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios no es una celebración arqueológica. Interpela directamente a la vida cristiana. María aparece como modelo de fe adulta, capaz de integrar razón, libertad y obediencia. Su maternidad no es pasiva: implica responsabilidad, riesgo y perseverancia.

San Josemaría Escrivá insistía en que acudir a María no es una evasión sentimental, sino una escuela de vida cristiana concreta. En ella se aprende a acoger la voluntad de Dios en lo ordinario, a vivir la fe sin estridencias y a sostener la esperanza cuando no todo se comprende.

En este punto, el trabajo de instituciones como la Fundación CARF adquiere una especial relevancia. Formar sacerdotes y seminaristas para una Iglesia fiel a la verdad de la Encarnación implica transmitir una teología sólida, enraizada en la tradición y capaz de dialogar con el mundo actual. La maternidad divina de María no es un tema marginal, sino una clave para una formación integral: doctrinal, espiritual y pastoral.

Un comienzo que orienta todo el año

La Solemnidad de Santa María, Madre de Dios sitúa al cristiano, al inicio del año, ante una verdad decisiva: Dios no es una idea ni una fuerza abstracta, sino alguien que ha querido tener madre. Desde ahí se ordena todo lo demás: la fe, la moral, la vida social y la esperanza.

Celebrarla en 2026 significa reafirmar que la fe cristiana sigue teniendo algo concreto que decir sobre la realidad, el tiempo y la persona. María no eclipsa a Cristo; lo muestra en su verdad más radical. Y por eso, comenzar el año bajo su advocación no es un gesto piadoso más, sino una toma de posición: confiar en que la historia, incluso con sus sombras, sigue abierta a Dios.


26 de diciembre, san Esteban: el primer mártir

Cada 26 de diciembre, la Iglesia celebra la festividad de san Esteban, recordando al primer rtir cristiano. Su historia, aunque breve, es un testimonio impresionante de fe, valentía y amor al Evangelio. ¿Conoces su origen y cómo llegó a convertirse en uno de los modelos de santidad más emblemáticos de la Iglesia?

¿Quién fue san Esteban?

San Esteban fue uno de los siete primeros diáconos elegidos por los apóstoles para ayudar en el servicio a la comunidad cristiana en Jerusalén. Su misión principal era atender las necesidades de las viudas y los más pobres, asegurándose de que nadie quedara desamparado.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que Esteban era un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo (Hch. 6, 5). También era conocido por su sabiduría y por los signos y milagros que realizaba entre el pueblo, lo que atrajo tanto admiradores como detractores.

San Esteban, primer mártir de la cristiandad
San Esteban aparece representado como diácono, con la dalmática, la palma del martirio y las piedras que evocan su lapidación. La obra subraya su serenidad y entrega al Evangelio.

El martirio de san Esteban

La predicación de Esteban causó controversia entre algunos líderes religiosos de su tiempo. Fue acusado falsamente de blasfemia contra Moisés y contra Dios, y llevado ante el Sanedrín, el consejo supremo de los judíos.

Durante su defensa, pronunció un discurso poderoso y valiente en el que repasó la historia de Israel y denunció la resistencia del pueblo a aceptar la voluntad de Dios. Este discurso enfureció a sus acusadores, quienes lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta la muerte.

Mientras se convertía en el primer mártir, Esteban, lleno del Espíritu Santo, exclamó: «Señor Jesús, recibe mi espíritu» y, con un corazón lleno de perdón, dijo: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado» (Hch. 7, 59-60). Su muerte es un reflejo del amor y la misericordia de Cristo en la cruz.

«Esteban, lleno de gracia y poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo» (Hch 6,8). El número de los que creían en la doctrina de Jesucristo era cada vez mayor. Sin embargo, muchos –ya sea porque no conocían a Cristo o porque le conocían mal– no consideraron a Jesús como el salvador.

«Se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Entonces indujeron a unos que asegurasen: “Le hemos oído proferir palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios”» (Hch 6,9-11).

San Esteban fue el primer mártir del cristianismo. Murió lleno del Espíritu Santo, rezando por los que le apedreaban. «Ayer, Cristo fue envuelto en pañales por nosotros; hoy, cubre Él a Esteban con vestidura de inmortalidad. Ayer, la estrechez de un pesebre sostuvo a Cristo niño; hoy, la inmensidad del cielo ha recibido a Esteban triunfante. El Señor descendió para elevar a muchos; se humilló nuestro Rey, para exaltar a sus soldados».

Vivir la alegría del Evangelio

También nosotros hemos recibido la apasionante misión de difundir el anuncio de Jesucristo con nuestras palabras y sobre todo con nuestra vida, mostrando la alegría del evangelio. Quizá san Pablo, presente en aquel suceso, quedaría removido por el testimonio de Esteban y, una vez ya cristiano, tomaría de allí fuerza para su propia misión.

«El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás (…). Recobremos y acrecentemos el fervor, la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través (...) de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» (exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco, 2013).

¿Qué aprender de san Esteban?

San Esteban nos enseña la importancia de defender nuestra fe con valentía y humildad, pero también con amor y perdón hacia quienes nos persiguen. Su ejemplo nos invita a confiar plenamente en Dios, incluso en los momentos más difíciles.

También nos recuerda el valor del servicio. Como diácono, dedicó su vida a ayudar a los más necesitados, viviendo el mandamiento del amor al prójimo de manera concreta.

El patrono de los diáconos

San Esteban es considerado el patrono de los diáconos y de aquellos que sufren persecución por su fe. Su testimonio ha inspirado a generaciones de cristianos a lo largo de la historia.

En la liturgia, su festividad del 26 de diciembre, nos invita a reflexionar sobre el significado del martirio como una entrega total a Cristo.

En un mundo que muchas veces rechaza los valores del Evangelio, san Esteban nos anima a vivir nuestra fe con autenticidad y valentía.

San Esteban, primer mártir de la cristiandad
Martirio de san Esteban, Juan de Juanes en el Museo de El Prado.

Una reflexión

El testimonio del primer mártir, san Esteban, sigue siendo relevante en nuestros días. ¿Cómo podemos ser testigos de Cristo en nuestra vida cotidiana? Tal vez no enfrentemos persecuciones físicas, pero podemos encontrar desafíos al tratar de vivir con coherencia nuestra fe en un mundo que muchas veces se muestra indiferente o crítico.

El evangelio de su fiesta refleja la fidelidad del primer discípulo de Jesús que dio testimonio de él ante los hombres. Fidelidad significa semejanza, identificación con el Maestro. Igual que Jesús, Esteban predicaba a sus hermanos de raza, lleno de la sabiduría del Espíritu Santo, y hacía grandes prodigios en favor de su pueblo; como Jesús, fue llevado fuera de la ciudad y allí fue lapidado, mientras él perdonaba a sus verdugos y entregaba su espíritu al Señor (cf. Hechos de los Apóstoles, 6,8-10; 7,54-60).

Preocuparse por el ambiente

Pero podemos reclamar a Jesús: ¿cómo no preocuparnos cuando se siente la amenaza de un ambiente hostil al Evangelio? ¿Cómo desatender la tentación del miedo o del respeto humano, para evitar tener que resistir?

Más aún, cuando esa hostilidad surge en el propio ambiente familiar, algo que ya vaticinó el profeta: “Porque el hijo ultraja al padre, la hija se alza contra su madre, la nuera, contra su suegra: los enemigos del hombre son los de su propia casa” (Miqueas, 7,6). Es cierto que Jesús no nos da una técnica para salir ilesos ante la persecución. Nos da mucho más: la asistencia del Espíritu Santo para hablar y perseverar en el bien, dando así un fiel testimonio del amor de Dios por toda la humanidad, también por los perseguidores.

En este primer día de la Octava de Navidad sigue habiendo espacio para la alegría, puesto que lo que más queremos, lo que más nos hace felices no es nuestra propia seguridad, sino la salvación para todos.

San Esteban nos invita a recordar que la fuerza para vivir y defender nuestra fe proviene del Espíritu Santo. ¡Confiemos en Él y sigamos su ejemplo de amor, perdón y servicio!

En la Fundación CARF, rezamos por los cristianos perseguidos en todo el mundo y trabajamos para formar seminaristas y sacerdotes diocesanos líderes que, como san Esteban, lleven el mensaje de Cristo con valentía. ¡Unámonos en oración por ellos!