El obispo Erik Varden presenta 'Heridas que sanan' en el Foro Omnes

Heridas que sanan: la fragilidad de la vida nos golpea de múltiples maneras, con pérdidas, incertidumbres, heridas visibles e invisibles. Y ante esa angustia personal, las palabras de Erik Varden, obispo de Trondheim (Noruega) y monje cisterciense, emergen como viento de esperanza. Su mensaje, profundamente católico y a la vez contemporáneo, le ha convertido en una de las voces más lúcidas y escuchadas del catolicismo del siglo XXI.

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El sufrimiento no es un enemigo, sino un misterio

Por eso, su presencia siempre causa expectación y emoción, porque su discurso impacta en cada persona que ha sentido alguna vez el peso del dolor, la pérdida o la incertidumbre.

En Madrid, más de 250 personas abarrotaron el Aula Magna de la Universidad CEU San Pablo para asistir al Foro Omnes y escucharle. El obispo de Trondheim y escritor reflexionó sobre su último libro Heridas que sanan, que toca el sufrimiento humano y su sentido cristiano. El Foro, organizado por Omnes Magazine junto a Ediciones Encuentro y a la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, contó además con el patrocinio de Fundación CARF.

Erik Varden (Sarpsborg, Noruega, 1974) es un monje accesible, un religioso que da la vuelta al sentido del sufrimiento: «no es un enemigo, sino un misterio que exige ser visto, acogido y transformado desde el corazón», señaló.

Desde su mirada cristiana, el sufrimiento no puede ser simplemente explicado o eliminado. El cristianismo no ofrece teorías que anulen el dolor, sino una presencia capaz de asumirlo y redimirlo. Y esa presencia es Cristo encarnado. Por eso, este monje nacido en una familia no practicante y de tradición luterana explicó que el núcleo del misterio cristiano está en la Encarnación: Dios, siendo absoluta trascendencia, entra en la condición humana para sanarla desde dentro. «La Encarnación tiene lugar en vistas a la Redención», aseveró, insistiendo en que el sufrimiento no es el final de la historia.

Una belleza que sana

Con voz pausada pero firme, Varden nos recuerda que el sufrimiento no es un accidente cósmico ni una falla del universo, sino un misterio profundo que, si se contempla con fe, revela una belleza que sana.

En su conferencia, evocó un pasaje de Crimen y castigo donde un hombre, ante el dolor injusto, grita de ira: «no puede haber una respuesta para esto».  Ante ese grito, su hermano no intenta corregirlo ni explicarlo; simplemente permanece en silencio y mira la cruz. Esa es, dijo, la respuesta cristiana: «no una explicación que anule el dolor, sino una presencia silenciosa ante el sufrimiento».

Entre la negación y la victimización: dos trampas contemporáneas

Varden señaló dos respuestas típicas de nuestra época ante el sufrimiento. Por un lado, la cultura de la superficie y la apariencia, lo que él llamó la “tendencia de Instagram” que nos empuja a proyectar vidas perfectas e invulnerables, escondiendo cualquier herida. Por otro, la creciente inclinación a la victimización puede hacer que las heridas se conviertan en identidades cerradas y absolutas.

El peligro, explicó, es quedar atrapados entre estas dos dinámicas: negar el dolor o atraparlo como una identidad estática. Y ambas distorsionan la perspectiva cristiana. 

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Vivir en carne propia el dolor

Erik Varden es un hombre que ha vivido en carne propia la búsqueda de sentido ante el dolor. Nacido en una familia luterana no practicante, su vida tomó un rumbo radical cuando, en su adolescencia, experimentó un despertar espiritual que lo condujo a profundizar en la fe cristiana y, con el tiempo, a ingresar en la vida monástica.

Con estudios en la Universidad de Cambridge y el Pontificio Instituto Oriental en Roma, ingresó en 2002 en el monasterio cisterciense de Mount St. Bernard en Inglaterra, donde fue ordenado sacerdote y más tarde elegido abad.

Sus obras que incluyen títulos como Castidad, Sobre la conversión cristiana y Heridas que sanan, combinan una profunda espiritualidad con una mirada sensible sobre la condición humana.

Heridas que sanan: contemplar el misterio de la cruz

Su último libro, Heridas que sanan se alza como una meditación profunda sobre esa misma experiencia. Al partir de un antiguo poema cisterciense, Varden invita a contemplar las heridas de Cristo no como un símbolo triste o derrotado, sino como la fuente viva desde la que se puede encontrar sanación.

«Todos cargamos cicatrices –algunas visibles, otras escondidas en lo más profundo del alma–, y buscamos respuestas en terapias, filosofías o consejos espirituales que a menudo se quedan cortos ante la pregunta que más nos desgarra: ¿por qué duele la vida?», lanzó como si fuese un misil ante el silencio del Aula Magna del CEU.

Pero este monje contemporáneo sabe dar una respuesta que consuela: «en el camino de la vida, el sufrimiento no se elimina, sino que se transforma al unirse al sufrimiento redentor de Cristo, convirtiéndose no solo en consuelo sino en fuente de vida y de Gracia».

La cruz: símbolo de libertad y comunión

El obispo noruego también reflexionó sobre la cruz como un símbolo que rompe con nuestra lógica de autosuficiencia. Observó que contemplar la cruz –donde los clavos atraviesan la carne y la movilidad está anulada– parece representar la negación absoluta de la libertad. Pero, dijo, leída desde la fe, revela una libertad extrema: «si es posible, que pase de mí este cáliz, pero que se haga tu voluntad».

Incluso cuando la libertad física está restringida, sigue siendo posible una respuesta interior íntegramente libre. La cruz muestra que no somos meros espectadores del sufrimiento, sino que podemos responder con libertad en medio de él.

Cubierta del libro Heridas que sanan, de Erik Varden (Ediciones Encuentro).

Sanar no es olvidar es transformar en amor

El obispo insistió en que la sanación no es instantánea ni elimina automáticamente el dolor. Algunas fracturas físicas o emocionales pueden permanecer, pero eso no las excluye de la acción sanadora de la gracia. «La fe cristiana proclama no solo un Dios capaz de eliminar el sufrimiento, sino un Dios que lo carga con nosotros y lo transforma en fuente de sanación y de vida».

Y aquí citó las palabras de Isaías que él mismo puso como epígrafe en su libro: “Por sus heridas hemos sido curados”, para agregar que aprender a decir “Señor, esto es tuyo”, ante lo que duele puede convertir incluso las heridas en puentes de sanación para uno mismo y para los demás.

Un valle iluminado por la esperanza

Al concluir su intervención en el Foro, Varden afirmó con serenidad y profundidad: «vivimos en este mundo como en un valle de lágrimas, pero es un valle iluminado por la luz de Cristo».

No es una frase vacía de consuelo, sino una afirmación que reconoce la realidad del dolor humano y la esperanza cristiana de que no estamos solos en nuestras heridas. Cada experiencia dolorosa, cuando se acoge y se interpreta desde la fe, puede transformarse en un camino de comunión con Dios y con los demás.

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El giro católico y el sufrimiento como horizonte de vida

En una entrevista concedida a María José Atienza, directora de Omnes Magazine, poco después del Foro, Varden habló de lo que él llama un giro católico real en nuestro tiempo. Para él, la fe cristiana «no consiste simplemente en añadir una capa de consuelo a una vida ya “perfecta” o “autosuficiente”, sino en aceptar que lo más profundo de la existencia humana gira en torno a nuestras heridas, a las que normalmente preferimos ocultar o negar».

Varden explicó que bajo el prisma de la fe el sufrimiento adquiere una dimensión totalmente diferente: «empezamos a tener la posibilidad de ver nuestras propias heridas como algo que potencialmente da vida y la mejora».

Este giro católico, según él, no es sentimental ni superficial, sino un retorno profundo a la tradición cristiana que reconoce –no evita– las heridas humanas y las coloca ante el misterio de Cristo. Se trata de una llamada a no perderse ni en la negación del dolor, ni en una victimización permanente, sino a situar el sufrimiento dentro de una historia más grande que lleva hacia la vida.


Marta Santín, periodista especializada en religión.


Carta apostólica: una fidelidad que genera futuro

En el marco del LX aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterium ordinis, promulgados el 28 de octubre y el 7 de diciembre de 1965, el Papa publica la carta apostólica Una fidelidad que genera futuro, reflexionando sobre la fidelidad en el servicio, la fraternidad, la sinodalidad, la misión y el futuro.

Aunque es una carta que pueda parecer sólo dirigida a los sacerdotes, todos los fieles cristianos tenemos alma sacerdotal. Resumimos los principales puntos de la carta apostólica.

Fidelidad: a eso están llamados los sacerdotes; perseverar en la misión apostólica es preguntarse sobre el futuro del ministerio y ayudar a otros a percibir la alegría de la vocación sacerdotal.

Son dos textos nacidos de una única inspiración de la Iglesia, consciente de que la anhelada renovación de la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, siempre animado por el espíritu de Cristo.

El papa León XIV invita con esta carta apostólica a «reconsiderar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia».

Fidelidad y servicio

El Papa advierte que: «especialmente en el tiempo de la prueba y de la tentación, se fortalece cuando no olvidamos esa voz, cuando somos capaces de recordar con pasión el sonido de la voz del Señor que nos ama, nos elige y nos llama, confiándonos también al indispensable acompañamiento de quienes son expertos en la vida del Espíritu».

El Papa invita a que se sigan formando los sacerdotes y que no se detenga esa formación en el tiempo del seminario. Formación continua, permanente, de modo que constituya un dinamismo constante de renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral. A esta labor se dedica en cuerpo y alma la Fundación CARF.

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Fidelidad y fraternidad

Y reflexionando sobre la fidelidad y la fraternidad el Papa cita el decreto Presbyterorum ordinis: «Los sacerdotes del Nuevo Testamento, aunque por razón del sacramento del Orden ejercen el ministerio de padre y de maestro, importantísimo y necesario en el pueblo y para el pueblo de Dios, sin embargo, son, juntamente con todos los fieles cristianos, discípulos del Señor, hechos partícipes de su Reino por la gracia de Dios que llama.

Con todos los regenerados en la fuente del Bautismo los presbíteros son hermanos entre los hermanos, puesto que son miembros de un mismo Cuerpo de Cristo, cuya edificación se exige a todos».

«La fraternidad presbiteral, por lo tanto –dice el Papa–, antes que ser una tarea que hay que realizar, es un don inherente a la gracia de la Ordenación. Hay que reconocer que este don nos precede: no se construye sólo con la buena voluntad y en virtud de un esfuerzo colectivo, sino que es un don de la Gracia, que nos hace partícipes del ministerio del obispo y se realiza en la comunión con él y con los hermanos».

Fidelidad y sinodalidad

Luego al hablar de la identidad de los sacerdotes, destaca los señalado por el decreto Presbyterorum ordinis sobre el vínculo con el sacerdocio y la misión de Jesucristo (cf. n. 2) y señala más adelante tres coordenadas fundamentales: la relación con el obispo, la comunión sacramental y la fraternidad con los demás presbíteros; y la relación con los fieles laicos.

De esta manera invita también a vivir la fidelidad junto al ejercicio de la sinodalidad. «El impulso del proceso sinodal es una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos decididos en esta dirección».

«En una Iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas», dice el Pontífice.

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Fidelidad y misión

«La identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ser para y es inseparable de su misión», dice el Papa reflexionando sobre la fidelidad y la misión. Como una «vocación sacerdotal se desarrolla entre las alegrías y las fatigas de un servicio humilde a los hermanos, que el mundo a menudo desconoce, pero del que tiene una profunda sed: encontrar testigos creyentes y creíbles del Amor de Dios, fiel y misericordioso, constituye una vía primordial de evangelización».

Y advierte sobre dos tentaciones contra la fidelidad a la misión, en un mundo acelerado e hiperconectado. En primer lugar sería caer en «una mentalidad eficientista según la cual el valor de cada uno se mide por el rendimiento, es decir, por la cantidad de actividades y proyectos realizados». Y en segundo lugar «una especie de quietismo: asustados por el contexto, nos encerramos en nosotros mismos, rechazando el desafío de la evangelización y adoptando un enfoque perezoso y derrotista».

Fidelidad y futuro

Mirando al futuro el papa León XIV desea que «la celebración del aniversario de los dos decretos conciliares y el camino que estamos llamados a compartir para concretarlos y actualizarlos se traduzcan en un renovado Pentecostés vocacional en la Iglesia, suscitando santas, numerosas y perseverantes vocaciones al sacerdocio ministerial, para que nunca falten obreros para la mies del Señor».

Concluye el Papa agradeciendo al Señor que siempre está cercano y camina con su pueblo a través del sacerdote, «y doy las gracias a todos ustedes, pastores y fieles laicos, que abren su mente y corazón al mensaje profético de los decretos conciliares Presbyterorum ordinis y Optatam totius y se disponen, juntos, a nutrirse y estimularse mutuamente para el camino de la Iglesia».


Agustín Velázquez Soriano.


¿Por qué te recomendamos escuchar cada día 10 minutos con Jesús?

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Los 10 Minutos con Jesús (10mcJ) tienen un objetivo: llevar la vida de Cristo a los oyentes. Mostrar la belleza de la vida de Jesús, de su doctrina y virtudes, y servir de 'altavoz' para tocar el corazón de las personas y acercarlos a Dios.

Además, 10 minutos con Jesús ha decidido que los donativos que se realicen a través de su YouTube contribuirán a las ayudas al estudio que financia la Fundación CARF para sacerdotes diocesanos, seminarista y religiosos y religiosas para servir a la Iglesia en todo el mundo.

¿Cómo se realizan los donativos en YouTube? Los Super Thanks

Recientemente YouTube ha activado la posibilidad de ingresar donaciones mediante un botón que se llama Super Thanks, que permite a los creadores de contenidos obtener ingresos e interactuar con los usuarios que quieren demostrarles un mayor agradecimiento por su contenido que el sencillo Like o Me gusta, que todos conocemos.

En cada vídeo de 10 minutos con Jesús aparecerá el botón de Gracias. Al hacer clic en él se abre la opción de donar diferentes cantidades.

¿Qué es 10 minutos con Jesús?

Este contenido, llamado 10 minutos con Jesús, son audios grabados por sacerdotes con el objetivo de ayudar a rezar. El proyecto nació en 2018, por propuesta de María Feria, madre y profesora. A la vista de las vacaciones de verano, María sugirió al capellán de su colegio grabar breves charlas espirituales para compartirlas durante esas vacaciones con sus hijos y gente joven de su entorno.

Ante la insistencia de la madre, don José María García de Castro, sacerdote incardinado a la Prelatura del Opus Dei, accedió. Montó un primer audio, utilizando su propio móvil y un lenguaje sencillo y asequible. 

En esa primera ocasión, don José María, pensó en hablar de cosas cotidianas y de cómo acercar el Evangelio al día a día. En concreto, relató el contenido de una carta que le había enviado un chico que había estado colaborando con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta en una casa de niños de Nairobi en Kenia. 

El chaval contaba en la misiva, explicó el sacerdote, entre otras cosas, uno de los momentos que más le marcaron de su estancia en África. En concreto, cuando una Hermana de la Caridad le pidió que cogiera en brazos a un bebé que no paraba de llorar y le invitó a que le diera cariño.

El joven se quedó paralizado porque el bebé estaba muy caliente por la fiebre, pero las palabras de la monja le dieron seguridad. Comenzó a arrullar al pequeño, a acariciarle, a sonreírle, a darle besos. El niño dejó entonces de gimotear y sonrió. Pocos segundos después, se durmió. Sin embargo, el universitario notó que el crío no respiraba y avisó a la Hermana de la Caridad, que confirmó el fallecimiento. 

«Ella sabía que el niño se estaba muriendo y mirándome a los ojos me dijo: ha muerto en tus brazos y tú te has adelantado unos segundos al Amor que Dios le va a dar para toda la eternidad», relató el joven en la carta que inspiró a don José María para hablar en ese primer audio de cómo puede cada persona en su día a día adelantar ese Cielo, evitando discusiones en casa, sonriendo a los seres queridos o siendo amable con los demás. 

Los hijos de María Feria conectaron con el mensaje. El sacerdote grabó un segundo audio y un tercero y luego muchos más.

10 minutos con Jesús continuó creciendo

Don José María, contactó con otros sacerdotes amigos suyos para que se unieran a este ilusionante proyecto. Es así como se creó el primer grupo de WhatsApp y personas de todas partes del mundo comenzaron a sumarse como oyentes a esta iniciativa. Para finales del verano de 2018 eran miles de personas las que recibían diariamente estos audios. Los sacerdotes decidieron continuar grabando 10 minutos hasta el día de hoy.

Actualmente el equipo de 10 minutos con Jesús está por el mundo. No se conocen entre todos ellos, los ha unido Internet y el amor a Jesucristo.

Hoy, 10 minutos con Jesús se ha convertido en un fenómeno de masas. Esto se debe a su capacidad para adaptarse a las necesidades y a los estilos de vida de las personas. Ofrece un acceso conveniente a la espiritualidad y a la reflexión en un mundo ocupado. Suma una inmensa variedad de canales para atender a una audiencia muy diversa. Y se ha convertido en una herramienta valiosa para aquellos que buscan fortalecer su vida espiritual en medio de la vida cotidiana.

«Los curas hablamos muy raro y no queremos caer en eso; aquí hablamos claro y para que se entienda»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
Puedes escuchar 10mcJ en diversos idiomas

Los 10 minutos con Jesús cuenta con un canal de YouTube, donde tienes la posibilidad de disfrutar del contenido. El canal cuenta con más de 147.000 suscriptores y te ofrece acceso a todo el contenido. Aquí podrás encontrar los audios traducidos al inglés, portugués, francés y alemán.

«A pesar de los pesares, el mundo cuenta con 400.000 sacerdotes que adoran al Señor y están entregados a Él sirviendo a todas las almas sin importar su credo. Y qué mejor que ayudar a la formación de sacerdotes y seminaristas diocesanos, y también religiosos y religiosas para que se forman en las universidades a las que apoya la Fundación CARF»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
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Canales en los que puedes recibir o escuchar los 10 minutos con Jesús  

Puedes escuchar 10 minutos con Jesús en una amplia variedad de plataformas y aplicaciones. 10mcJ tiene una aplicación específica que puedes descargar en tu dispositivo Apple o Android. En ella, podrás escuchar los audios directamente. Con esta herramienta 10 minutos con Jesús, trae a tu dispositivo el contenido de los más de 700 audios, actualizados diariamente y clasificados por temas, edades, sacerdotes y con enlaces a más contenidos relacionados con la meditación del día.

La APP funciona en segundo plano, los audios se pueden escuchar con la pantalla apagada o al abrir otras aplicaciones. Además, te ofrece diferentes posibilidades como acceso gratuito al audio de cada día y sugerencias de otros audios que te pueden ayudar. También permite realizar búsquedas de meditaciones en la base de datos. Y facilita el acceso a las citas de las Sagradas Escrituras que acompañan cada meditación o a algún otro texto relevante. 

Por otro lado, cuenta con un apartado para tomar tus propias notas a modo de diario espiritual. Y posibilita descargar audios en el dispositivo para escucharlos sin conexión.

Existen también otros canales disponibles para no perderse los 10 minutos con Jesús. La elección de la plataforma dependerá de tus preferencias personales y del dispositivo que utilices.

«Actualmente el equipo de 10mcJ está disperso por el mundo. Ni siquiera nos conocemos todos entre nosotros. Nos ha unido Internet y el amor a Jesucristo. Sacerdotes y laicos de EE. UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas formamos el equipo que hace posible que decenas de miles de personas de todo el planeta pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de audios de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, podcast de Apple, Google Podcast en cinco idiomas» 

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.

Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.

Es importante destacar que los promotores de esta iniciativa ofrecen también contacto directo con los sacerdotes. Es decir, cualquier persona que quiera contactar con uno de los sacerdotes del equipo de 10 Minutos con Jesús, puede hacerlo rellenando un formulario en la web. 


4 cuestiones sobre el origen del sacerdocio cristiano

Antes de profundizar, conviene entender la idea central: el sacerdocio cristiano no surge como una estructura creada por la Iglesia, sino como participación real en el sacerdocio único de Cristo. Todo lo que sigue en esta entrada explica cómo esa realidad se fue expresando y consolidando desde los Apóstoles hasta los primeros ministerios.

El sacerdocio cristiano no nace de una institución humana, sino del único Sacerdote: Cristo, cuya misión continúa viva en la Iglesia primitiva y en sus ministros.

¿Cómo se explica que Jesús nunca se refiriera a sí mismo como sacerdote?

El sacerdote es, ante todo, un mediador entre Dios y los hombres. Alguien que hace presente a Dios entre las personas, y a la vez, alguien que presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, que es Dios y hombre verdadero, es el más auténtico sacerdote.

Sin embargo, conociendo los derroteros que había tomado el sacerdocio israelita en su época, limitado a la realización de unas ceremonias en las que se sacrificaban unos animales en el Templo, pero con el corazón más atento de ordinario a las intrigas políticas y al afán de poder personal, no sorprende que Jesús nunca se presentara como sacerdote.

El suyo no era un sacerdocio como el que se veía en los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Además, a sus contemporáneos parecía evidente que no lo era, ya que según la Ley el sacerdocio estaba reservado a los miembros de la tribu de Leví y Jesús era de la tribu de Judá.

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Su figura era mucho más próxima a la de los antiguos profetas, que predicaban la fidelidad a Dios (y en algunos casos como Elías y Eliseo realizaron milagros), o sobre todo, de la figura de los maestros itinerantes que iban por ciudades y aldeas rodeados con un grupo de discípulos a los que enseñaban y a cuyas sesiones de instrucción permitían acercarse a la gente. De hecho, los Evangelios reflejan que cuando la gente hablaba a Jesús se dirigían a él llamándolo “Rabbí” o “Maestro”.

Pero Jesús, ¿Realizó tareas propiamente sacerdotales?

Desde luego. Es propio del sacerdote acercar Dios a la gente, y a la vez ofrecer sacrificios a favor de los hombres. La cercanía de Jesús a la humanidad necesitada de salvación y su intercesión para que pudiésemos alcanzar la misericordia de Dios culmina en el sacrificio de la Cruz.

Precisamente ahí surge un nuevo choque con la práctica del sacerdocio propia de aquel momento. La crucifixión no podía ser considerada por aquellos hombres como una ofrenda sacerdotal, sino todo lo contrario. Lo esencial del sacrificio no eran los sufrimientos de la víctima, ni su propia muerte, sino la realización de un rito en las condiciones establecidas, en el Templo de Jerusalén.

La muerte de Jesús se presentaba ante sus ojos de un modo muy distinto: como la ejecución de un condenado a muerte, realizada fuera de los muros de Jerusalén, y que en vez de atraer la benevolencia divina se consideraba –sacando de contexto un texto del Deuteronomio (Dt 21,23)- que era objeto de maldición.

¿Se empezó a hablar de sacerdotes ya desde los comienzos de la Iglesia?

En los momentos que siguieron a la Resurrección y Ascensión de Jesús a los cielos, tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar, y con el paso del tiempo fueron asociando colaboradores a su tarea. Pero si el mismo Jesucristo no se había designado nunca como sacerdote, era lógico que tal denominación ni se les ocurriera utilizarla a sus discípulos para hablar de sí mismos en esos primeros momentos.

De hecho, las tareas que realizaban tenían poco que ver con las que los sacerdotes judíos desempeñaban en el Templo. Por eso utilizaron otros nombres que designaran más descriptivamente sus funciones en las primeras comunidades cristianas: apóstolos que significa “enviado”, epíscopos que significa “inspector”, presbýteros “anciano” o diákonos “servidor, ayudante”, entre otros.

No obstante, al reflexionar y explicar las tareas de esos “ministros” que son los Apóstoles o que ellos mismos fueron instituyendo, se percibe que se trata de funciones realmente sacerdotales, aunque tienen un sentido diverso de lo que había sido característico del sacerdocio israelita.

Cuatro cuestiones sobre el sacerdocio cristiano
Ordenación de los primeros sacerdotes del Opus Dei: José María Hernández Garnica, Álvaro del Portillo y José Luis Múzquiz.

¿Cuál es ese sentido nuevo del sacerdocio cristiano?

Ese “sentido nuevo” se puede apreciar ya, por ejemplo, cuando san Pablo habla de sus propias tareas al servicio de la Iglesia. En sus cartas, para describir su ministerio emplea un vocabulario que es claramente sacerdotal, pero que no se refiere a un sacerdocio con personalidad propia, sino a una participación del Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús.

En este sentido, San Pablo no pretende asemejarse a los sacerdotes de la Antigua Alianza, pues su tarea no consiste en quemar sobre el fuego del altar el cadáver de un animal para sustraerlo —“santificándolo” en su sentido ritual— de este mundo, sino en “santificar” —en otro sentido, ayudándoles a alcanzar la “perfección” al introducirlos en el ámbito de Dios— a unos hombres vivos con el fuego del Espíritu Santo, prendido en sus corazones mediante la predicación del Evangelio.

Del mismo modo, cuando escribe a los Corintios, San Pablo hace notar que ha perdonado los pecados no en su nombre, sino in persona Christi (cf. 2 Co 2,10). No se trata de una simple representación ni de una actuación “en lugar de” Jesús, pues el mismo Cristo es quien actúa con sus ministros y mediante ellos.

Se puede afirmar, por tanto, que en la primitiva Iglesia hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter verdaderamente sacerdotal, que desempeñan diversas tareas al servicio de las comunidades cristianas, pero con un elemento común decisivo: ninguno de ellos son "sacerdotes" a título propio -ni por tanto gozan de autonomía para desempeñar un "sacerdocio" a su aire, con su sello personal-, sino que participan del sacerdocio de Cristo.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra. Profesor de Sagrada Escritura Facultad de Teología.


Fiesta del Bautismo del Señor

La Fiesta del Bautismo del Señor es una celebración cristiana que conmemora un momento central en la vida de Jesús: su bautismo en el río Jordán por su primo Juan el Bautista, que marca el inicio de su misión pública. Esta solemnidad se celebra en la Iglesia católica el domingo siguiente a la Epifanía, y en 2026 cae el domingo 11 de enero.

¿Qué se celebra en la Fiesta del Bautismo del Señor?

La festividad recuerda el acontecimiento narrado en los evangelios sinópticos (Mateo 3, Marcos 1 y Lucas 3): Jesús llega al río Jordán y recibe el bautismo de manos de san Juan Bautista. Al salir del agua, los cielos se abren y el Espíritu Santo desciende sobre Él en forma de paloma, mientras una voz del cielo confirma: “Este es mi Hijo amado”.

Este episodio es interpretado como una manifestación pública de la identidad de Jesús como Hijo de Dios, la inauguración de su ministerio público y la revelación de la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– que se hace presente en ese momento.

Así, no se trata solo de un recuerdo histórico, sino de una revelación teológica profunda sobre quién es Jesús y cómo se relaciona con la humanidad y con Dios Padre.

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Ubicación en el calendario litúrgico

La Fiesta del Bautismo del Señor cierra el Tiempo de Navidad y da paso al Tiempo Ordinario en la liturgia católica.

Si hacemos un breve contexto de fechas: El tiempo de Navidad comienza el 25 de diciembre con el nacimiento de Jesús. Incluye la Solemnidad de María, Madre de Dios (1 de enero), la Epifanía (6 de enero) y otras conmemoraciones (los Santos Inocentes). Finalmente, culmina con la Fiesta del Bautismo del Señor, que este año se celebra el domingo 11 de enero de 2026.

Después de esta solemnidad, la Iglesia encara el Tiempo Ordinario, la etapa más estable del año litúrgico que se prolonga hasta la Cuaresma.

Aproximación al significado teológico

Jesús se identifica con la humanidad. Aunque Jesús no tenía pecado, se sometió al bautismo de Juan para identificarse con nosotros, hombres y mujeres que necesitan de la redención. Su gesto no fue una señal de necesidad personal, sino de solidaridad y aceptación de la condición humana y de obediencia a la voluntad del Padre.

El bautismo es salvación . El bautismo que Jesús recibe se convierte en símbolo y fundamento del sacramento del Bautismo en la Iglesia. A partir de él, el bautismo cristiano será visto como: un signo de conversión y perdón de los pecados; acceso a la vida en el Espíritu Santo y de nuestra filiación divina; y el ingreso en la Iglesia como Pueblo de Dios.

Revelación de la Santísima Trinidad

El relato evangélico de este día muestra la presencia simultánea del Hijo (Jesús), del Padre (la voz desde el cielo) y del Espíritu Santo (la paloma). Este evento es una de las escenas más claras de la Teofanía trinitaria en los evangelios.

Lecturas y símbolos litúrgicos

Infografía acerca de la Fiesta del Bautismo del Señor
Fiesta del Bautismo del Señor: Jesús es bautizado por Juan en el Jordán, se manifiesta la Trinidad y comienzo de su misión salvadora.

Liturgia del día

En la celebración eucarística de este domingo, las lecturas suelen incluir textos que presenten la figura de Jesús como Siervo del Señor, muestra la llamada a los discípulos a vivir la fe con coherencia y el Evangelio narra el mismo bautismo de Jesús en el Jordán.

Estos textos invitan a los fieles a hacer memoria de su propio bautismo, a renovar las promesas bautismales y a vivir una fe activa en el mundo.

Los símbolos

Una reflexión para los fieles

La Fiesta del Bautismo del Señor es una conmemoración ritual y una oportunidad para reflexionar sobre la identidad cristiana. La Iglesia, en diversas reflexiones y homilías, invita a ver en este día como una llamada a recordar nuestro bautismo y el compromiso que éste implica; una invitación a vivir una fe coherente con el seguimiento de Jesús; y una oportunidad para profundizar en el don del Espíritu Santo en nuestra vida.

El Papa León XIV ha reflexionado sobre la Fiesta del Bautismo del Señor, recordando que con esta celebración comienza el Tiempo Ordinario del año litúrgico, «un período que nos invita a seguir al Señor, escuchar su Palabra e imitar sus gestos de amor al prójimo». Según el Papa, de este modo «renovamos y confirmamos nuestro propio Bautismo, el sacramento que nos hace cristianos, liberándonos del pecado y transformándonos en hijos de Dios, por el poder de su Espíritu de vida».

La relación con Juan Bautista

Juan el Bautista tiene un papel central en esta fiesta. Su misión fue preparar el camino al Mesías, llamando al pueblo a la conversión de los pecados y a una vida nueva en el Espíritu. Al bautizar a Jesús, Juan cumple la misión que le fue encomendada y reconoce a Jesús como el Cordero de Dios.

La Fiesta del Bautismo del Señor está estrechamente vinculada con la Epifanía, que celebra la manifestación de Jesús al mundo, el 6 de enero, pero también con la Navidad, que celebra el nacimiento de Cristo, el 25 de diciembre. Esta fiesta abre la puerta al inicio del Tiempo Ordinario, que llama a los fieles a vivir su fe en la cotidianidad.

En este día, la Iglesia recuerda un hecho histórico y propone una experiencia actual: volver al origen de nuestra fe, renovar nuestro compromiso bautismal y avanzar en la misión cristiana diaria.

Algunas historias de bautismos

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Los Reyes Magos, el 6 de enero. Fiesta de la Epifanía del Señor

La Iglesia celebra cada 6 de enero la Epifanía del Señor, una de las solemnidades más antiguas del calendario litúrgico. Esta fiesta conmemora la manifestación de Jesucristo como Salvador y rey universal, representado de manera emblemática en la adoración de los Reyes Magos de Oriente.

Se trata de algo más que un recuerdo piadoso, es una afirmación central de la fe cristiana: Cristo ha venido y se manifiesta para salvar a todos, sin distinción de pueblos, culturas o razas.

La palabra epifanía procede del griego epipháneia, que significa manifestación o aparición. En la tradición cristiana, esta solemnidad subraya que el Niño Jesús, nacido en Belén, pertenece al pueblo de Israel y es reconocido también por los gentiles, simbolizados en los Reyes Magos. La liturgia de este día pone así el acento en la universalidad de la salvación.

Los Reyes Magos, una fiesta con dimensión misionera

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Epifanía ha tenido un marcado carácter misionero. Los Magos –sabios venidos de Oriente, guiados por una estrella– representan a la humanidad que busca la verdad y que, aun sin conocer la ley ni los profetas, es capaz de reconocer a Dios cuando se manifiesta. Su peregrinación hacia Belén muestra el camino de la fe, hecho de búsqueda, preguntas y adoración.

Los dones que ofrecen al Niño Jesús –oro, incienso y mirra– tienen un profundo significado teológico. El oro reconoce su realeza; el incienso, su divinidad; y la mirra anticipa su Pasión y Muerte. En un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo, los Reyes Magos confiesan quién es realmente ese Niño acostado en un pesebre.

La Epifanía recuerda también que la fe cristiana debe vivirse de forma abierta y nunca con un enfoque autorreferencial. Quien ha encontrado a Cristo está llamado, como los Magos de Oriente, a volver por otro camino, es decir, a vivir transformado u transformando a otros para dar testimonio con una vida coherente y entregada a la adoración del Niño Jesús.

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Reyes Magos: el Evangelio de la Epifanía

Evangelio según san Mateo (Mt 2, 1-12)

«Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

— ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

— «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

— «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino».

Reyes Magos Epifanía del Señor 6 enero

Luz en medio de la oscuridad

El relato evangélico contrapone dos actitudes ante la llegada de Cristo. Por un lado, la de Herodes, que ve amenazado su poder y responde con miedo y violencia. Por otro, la de los Magos, que se dejan guiar por la luz y acogen la verdad con alegría. Esta tensión sigue siendo actual: la Epifanía interpela a cada persona sobre cómo reacciona ante la presencia de Dios en su vida.

La estrella que guía a los Magos ocupa un lugar central en la iconografía y la espiritualidad de esta fiesta. No se trata solo de un fenómeno astronómico, sino de un signo de la luz de Dios que orienta al que busca con corazón sincero. La liturgia presenta a Cristo como “luz de las naciones”, cumplimiento de las promesas hechas a Israel y esperanza para toda la humanidad.

Una celebración viva en la Iglesia

En muchos países, especialmente en España, la Epifanía tiene además una fuerte dimensión cultural y familiar, asociada a la tradición de los Reyes Magos. Sin embargo, la liturgia recuerda que el sentido profundo de la fiesta va más allá del folclore: celebrar la Epifanía es renovar la certeza de que Dios se ha hecho cercano y accesible a todos.

La solemnidad invita también a redescubrir la vocación misionera de la Iglesia. Así como los Magos llevaron consigo el anuncio de lo que habían visto, los cristianos están llamados a ser testigos de Cristo en medio del mundo, con palabras y obras coherentes.

En la Epifanía del Señor, la Iglesia proclama que Dios se deja encontrar, que sale al encuentro de la humanidad y se revela en la humildad. Un mensaje especialmente relevante en un tiempo marcado por la incertidumbre y la búsqueda de sentido.