Me permita unas líneas, después de haber leído un artículo suyo publicado en una revista parroquial. Y me permita expresarme con toda libertad, después de un buen número de años de labor sacerdotal, y después de años, durante mis estudios universitarios, de haber vivido en un “ateísmo que buscaba a Dios”.
Encontrar a Dios leyendo libros
Le felicito por la sinceridad con que se expresa, y le recomiendo que siga manteniendo el profundo deseo de encontrar a Dios leyendo libros como el que tiene ahora entre manos, que ha hecho ya mucho bien a un buen número de personas.
Sus palabras: «Soy ateo como una maldición y porque no me siento capaz de dejar de serlo», me llevan a pensar que no ha abandonado su empeño de un día recibir la fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero (me supongo que usted está bautizado). Si es así, le sugiero no intentar “racionalizar” el concepto que se pueda haber hecho de ese Dios que está buscando.
Él vino a la tierra para estar más cerca de nosotros, y transmitirnos el Amor, de padre y de madre, con que nos ha creado; y facilitarnos que pudiéramos encontrarle cara a cara. Y decirnos que nos acompañará siempre en todas las situaciones en las que nos hacemos tanto mal, a causa de nuestros pecados. Por eso le recomiendo que lea, paso a paso y sin interrupción, los Cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles.
Y leerlos pidiéndole a Jesús que le aumente la Fe, que le acompañe el Espíritu Santo en la lectura. Y lea, dejando que lo que lee vaya entrando en su inteligencia y en su corazón gota a gota: la Gracia de Dios hará su labor y le irá abriendo los ojos del espíritu para acabar haciendo un Acto de Fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
Permítame una pregunta: ¿entra usted de vez en cuando en una iglesia, y se acerca al Sagrario y le pide al Señor que le dé la Fe de creer que Él está allí? No espere una respuesta inmediata, un sentimiento fortísimo o deslumbrante. El Señor habla despacio, en silencio, a media luz, para que nosotros usemos la libertad y el amor, y le sigamos buscando y hablando con Él.
Me permito añadir esta oración de un soldado en la segunda guerra mundial. La dejó escrita antes de recibir la orden de asaltar una trinchera enemiga. Después del asalto, murió.
Cuando el hombre descubre a Dios en el límite
«¡Escucha, oh Dios! En mi vida no he hablado ni una sola vez contigo, pero hoy me vienen ganas de hacer fiesta. Desde pequeño me han dicho siempre que Tú no existes… Y yo, como un idiota, lo he creído. Nunca he contemplado tus obras, pero esta noche he visto desde el cráter de una granada el cielo lleno de estrellas y he quedado fascinado por su resplandor.
En ese instante he comprendido qué terrible es el engaño… No sé, oh Dios, si me darás tu mano, pero te digo que Tú me entiendes… ¿No es algo raro que en medio de un espantoso infierno se me haya aparecido la luz y te haya descubierto? No tengo nada más que decirte. Me siento feliz, pues te he conocido.
A medianoche tenemos que atacar, pero no tengo miedo, Tú nos ves. ¡Han dado la señal! Me tengo que ir. ¡Qué bien se estaba contigo!
Quiero decirte, y Tú lo sabes, que la batalla será dura: quizá esta noche vaya a tocar a tu puerta. Y si bien hasta ahora no he sido tu amigo, cuando vaya, ¿me dejarás entrar? Pero, ¿qué me pasa? ¿Lloro? Dios mío, mira lo que me ha pasado. Sólo ahora he comenzado a ver con claridad… Dios mío, me voy… Será difícil regresar. Qué raro, ¡ahora la muerte no me da miedo!».
El camino concreto: oración y lectura del Evangelio
Un clamor semejante puede brotar del corazón del cualquier hombre que, caminando por la tierra, haya elevado alguna vez su mirada al Cielo. Con sus gemidos, con sus sonrisas, con sus llantos en el portal de Belén, el Señor sigue llamando a las puertas de los corazones de todos sus hijos, de todas sus hijas, en el mundo entero, hayan oído hablar de Él, o no haya llegado jamás a sus oídos el nombre con que le llamó el Arcángel: Jesús.
Le acompaño con mis oraciones a la Virgen Santísima, no deje de saludarla alguna vez, y con un recuerdo particular en la Santa Misa, y quedo a su disposición si lo ve oportuno.
Tabla de contenidos
Ernesto Juliá, (ernesto.julia@gmail.com) | Publicado anteriormente en Religión Confidencial.
Jesús de Nazaret: la figura más influyente de la historia
¿Existió realmente Jesús de Nazaret? ¿Qué podemos afirmar sobre él desde el punto de vista histórico? ¿Es posible distinguir entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe?
Estas preguntas, que han atravesado siglos de debate cultural y académico, constituyen el punto de partida del libroJesús de Nazaret: ¿mito o historia?, del escritor e investigador italiano Gerardo Ferrara, recientemente disponible también en español.
Lejos de proponer un tratado académico complejo, el libro invita al lector a recorrer el camino de la investigación histórica en torno a la figura del Nazareno, analizando fuentes antiguas, estudios contemporáneos y el contexto cultural del judaísmo del siglo I.
Interpretaciones sobre la existencia histórica de Jesús de Nazaret
Durante siglos la existencia histórica de Jesús no fue seriamente cuestionada. Fue a partir de la Ilustración cuando surgieron nuevas preguntas y métodos críticos que dieron origen a un intenso debate historiográfico. En ese contexto, el filósofo francés Jean Guitton propuso tres posibles respuestas al problema histórico de Jesús: la solución crítica, que reconoce su existencia pero rechaza los elementos sobrenaturales; la solución mítica, según la cual Jesús nunca habría existido; y la solución de la fe, que considera veraz el testimonio de los Evangelios. El libro examina estas perspectivas para situar al lector dentro del debate contemporáneo.
El contexto religioso del judaísmo en el siglo I
A partir de ahí, Ferrara propone un recorrido por el mundo en el que vivió Jesús. El lector descubre el complejo mosaico religioso y social del judaísmo del siglo I: fariseos, saduceos, zelotes y esenios; grupos que representaban las diferentes formas de vivir la Ley y la identidad de Israel bajo la dominación romana. Comprender este contexto resulta esencial para interpretar muchas de las tensiones presentes en los Evangelios.
El significado del nombre de Jesús
Uno de los aspectos más sugerentes del libro es la atención a los detalles lingüísticos y culturales. Por ejemplo, el propio nombre de Jesús –Yehoshúa en hebreo– significa literalmente Dios salva, lo que permite comprender mejor la dimensión simbólica que su figura adquirió dentro de la tradición bíblica y del judaísmo de su tiempo.
La expectativa mesiánica en el mundo judío
El autor también examina la intensa expectativa mesiánica que caracterizaba el mundo judío en los años inmediatamente anteriores al nacimiento de Jesús. Diversas tradiciones y textos antiguos hablaban de la llegada de un libertador procedente de Judea. Incluso historiadores romanos como Publio Cornelio Tácitoo Gayo Suetonio Tranquilo mencionan que en Oriente existía la convicción de que de esa región surgiría un gobernante destinado a dominar el mundo.
La posible explicación histórica de la estrella de Belén
Entre los aspectos más curiosos del ensayo se encuentra el análisis histórico de la llamada estrella de Belén. Algunos estudios astronómicos, retomando una intuición del propio Johannes Kepler, han relacionado este fenómeno con una extraordinaria conjunción de los planetas Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en el año 7 a.C., un acontecimiento que pudo haber sido interpretado en la antigüedad como un signo del nacimiento de un gran rey.
El libro también aborda cuestiones históricas concretas relacionadas con los relatos evangélicos: el censo ordenado por Augusto, el reinado de Herodes el Grande, la compleja situación política de Judea bajo el dominio romano y el contexto religioso en el que surgió la predicación de Jesús.
Artículos en prensa
A lo largo del ensayo aparecen numerosas referencias a estudiosos que han marcado la investigación moderna sobre el Jesús histórico –entre ellos David Flusser, Joachim Jeremias o Joseph Ratzinger– cuyas investigaciones han contribuido a renovar el diálogo entre Historia, Filología y Exégesis bíblica.
El volumen nace de la adaptación y reorganización de una serie de artículos publicados por el autor en los últimos años en revistas culturales y de divulgación histórica, entre ellas Omnes y Fatti per la storia. Reunidos ahora en un solo volumen, estos textos ofrecen una síntesis clara y accesible de algunos de los debates más relevantes sobre la figura histórica de Jesús.
La edición en español se publica además en formato independiente a través de Amazon con el objetivo de facilitar su difusión internacional y poner este material a disposición de un público más amplio interesado en el estudio histórico del cristianismo.
La influencia histórica y cultural de Jesús
Más allá de las cuestiones estrictamente religiosas, la figura de Jesús de Nazaret ha marcado profundamente la historia de la humanidad. Incluso pensadores no cristianos como Friedrich Nietzsche, Richard Rorty o Benedetto Croce han reconocido la extraordinaria influencia cultural del cristianismo en la formación de la civilización occidental.
En un momento en el que el debate público oscila con frecuencia entre el escepticismo superficial y la simplificación ideológica, Jesús de Nazaret: ¿mito o historia? invita a redescubrir el valor del método histórico, del estudio serio de las fuentes y del diálogo entre historia, cultura y fe para acercarse a la figura más decisivas de la historia de la humanidad.
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Sobre el autor, Gerardo Ferrara.
Nacido en Italia en 1978, se licenció en Ciencias Políticas, con especialización en Oriente Próximo, en la prestigiosa Università Orientale de Nápoles, y pasó muchos años en el extranjero (España, Francia, Argentina, Túnez, Líbano, Israel) por motivos de estudio y trabajo.
Sus intereses abarcan desde la Música (estudió piano), la Lingüística y la Filología, hasta los estudios sobre el cristianismo, el judaísmo y el islam, la historia y la cultura del pueblo judío, y las culturas y literaturas de Oriente Próximo.
Publicó las novelas El asesino de mi hermano, en 2013, y La escuela de punto, en 2016.
También ejerce como conferenciante, ensayista y traductor de diferentes idiomas, en particular del español, francés, inglés y portugués. Ha colaborado con la RAI, la BBC y otros periódicos italianos e internacionales (Omnes, entre otros en España) como experto en historia y política y para la traducción de vídeos, artículos y documentales.
4 frases del papa León XIV sobre los seminaristas y la formación de sacerdotes
Más allá de los encuentros y celebraciones previstas para la visita del papa León XIV, hay un hilo de fondo que atraviesa muchas de sus intervenciones desde el inicio de su pontificado: la necesidad de cuidar con especial atención la formación de los seminaristas; de quienes se preparan para ser sacerdote: para ser el mismo Cristo.
La formación de sacerdotes según el papa León XIV
Durante 2025 y 2026 en distintos encuentros y documentos, el papa León XIV ha ido dibujando una visión coherente sobre el sacerdocio y la formación de los seminaristas. No se trata de afirmaciones aisladas, sino de una enseñanza constante que pone el foco en la profundidad, la madurez y la preparación integral que requiere la persona que será otro Cristo.
Estas son algunas de sus afirmaciones más significativas y el contexto en el que fueron pronunciadas.
1. «El seminario es siempre un signo de esperanza para la Iglesia»
Discurso a los seminaristas españoles el 28 de febrero de 2026. Al recibir a comunidades de los seminarios españoles, León XIV recordó que cada seminario es un motivo de esperanza para toda la Iglesia. Allí donde hay jóvenes, que responden a la llamada de Dios y se disponen a formarse para el sacerdocio, la Iglesia descubre que el Señor sigue actuando en la historia.
Pero esa esperanza no nace solo del número de vocaciones, sino del camino interior que se cultiva en el seminario: aprender a mirar la realidad con fe, vivir en relación con Dios y dejar que esa mirada sobrenatural dé unidad a toda la formación.
De ese modo, el seminario se convierte en un lugar donde se preparan pastores capaces de reconocer la acción de Dios en la vida concreta de las personas.
2. «Fidelidad que genera futuro es a lo que los presbíteros están llamados hoy».
Carta apostólica Una fidelidad que genera futuro, del 8 de diciembre de 2025. En esta carta programática, el Santo Padre propone una visión del sacerdocio en clave de perseverancia. La fidelidad no es simple constancia externa, sino una respuesta diaria a la llamada recibida.
Al hablar de una fidelidad que genera futuro, el Papa conecta la vida concreta del sacerdote con el porvenir de la Iglesia. Una formación sólida es el terreno donde esa fidelidad aprende a sostenerse incluso en momentos de dificultad.
3. «La formación es un camino de relación. Convertirse en amigos de Cristo significa formarse en la relación, no sólo en las competencias»
Encuentro con el Dicasterio para el Clero, del 26 de junio de 2025. Dirigiéndose a formadores, sacerdotes y seminaristas, León XIV recordó que la formación sacerdotal no puede reducirse a la adquisición de conocimientos o habilidades pastorales.
En su núcleo está una relación personal con Cristo. El seminario es el lugar donde esa amistad se aprende y se cultiva: una familiaridad con el Señor que compromete toda la vida del futuro sacerdote, su corazón, su inteligencia y su libertad y lo configura poco a poco a imagen del Buen Pastor.
Formar sacerdotes, por tanto, no consiste sólo en transmitir contenidos, sino en acompañar un camino de vida con Cristo para ser el mismo Cristo para los demás.
4. «El seminario debe ser una verdadera escuela de los afectos».
Jubileo de los seminaristas, del 24 de junio de 2025. Durante el jubileo dedicado a los seminaristas, el Papa subrayó que el seminario no es únicamente un lugar de estudio. Es un espacio donde se aprende a integrar la dimensión afectiva, a ordenar los propios sentimientos y a crecer en equilibrio humano.
Al hablar de escuela de los afectos, León XIV puso el acento en la madurez personal como condición indispensable para el ministerio. La preparación intelectual es necesaria, pero sólo da fruto cuando se sostiene sobre una personalidad unificada y capaz de relaciones sanas.
La visita del Papa a España
Del 6 al 12 de junio, el papa León XIV visita España, tal como anunció la CEE. Será un acontecimiento histórico para la Iglesia en nuestro país. Millones de personas participarán en encuentros de adoración, celebraciones de la Santa Misa y actos públicos.
Cada vez que un Papa visita un país, no solo deja imágenes o titulares. Deja algo más profundo: mueve a las conciencias, despierta cuestiones trascendentes de jóvenes y jóvenes de espíritu:, confirma multitud de vocaciones y fortalece decisiones personales que muchas veces se gestan en silencio. A lo largo de la historia reciente, las visitas papales han sido momentos de gracia que han marcado a generaciones enteras.
Esta visita llega, además, en un momento en el que el Santo Padre insiste con diaria claridad en un mensaje de paz para el mundo y, en el ámbito del sacerdocio, la necesidad de sacerdotes bien formados. No basta con que haya vocaciones; es necesario acompañarlas, sostenerlas y ofrecerles una preparación integral. Invertir hoy en su formación es una forma concreta de cuidar el futuro de la Iglesia.
Un sueño que interpela a todos
En muchos países del mundo hay jóvenes con vocación, de lugares donde la fe es fuerte, pero los recursos económicos son muy escasos. Allí es donde tu ayuda marca la diferencia. Tu apoyo se torna esencial.
La Fundación CARF trabaja precisamente en aquello que el papa León XIV está solicitando: incentivar la formación integral (humana, espiritual y académica) de seminaristas y sacerdotes diocesanos de 130 países.
Cada donativo contribuye a que estas palabras del Santo Padre no se queden en un deseo, sino que se conviertan en realidad concreta.
La carta apostólica 'Una fidelidad que genera futuro' pide renovar la identidad y la misión del sacerdocio a través de la formación continua, la fraternidad y la sinodalidad, alertando contra el eficientismo y el quietismo, y llamando a un nuevo impulso vocacional para la Iglesia.
Carta del Santo Padre al Presbiterio de la archidiócesis de Madrid con motivo de la asamblea presbiteral "Convivium", que se celebró recientemente con la participación de casi todos los sacerdotes, más de 1.200.
¿No es cierto que la paz que se nos está ofreciendo es paradójicamente una “paz armada”? Pero esa falsa “paz” es el resultado del miedo. Por otros caminos discurre la insistencia de papa León XIV, aunque parezca solo en su intento.
El papa León XIV, con ocasión del 60° aniversario de la Declaración Conciliar 'Gravissimum Educationis', ha publicado una carta apostólica con el título «Diseñar nuevos mapas de Esperanza».
Domingo de Ramos: significado bíblico e historia
Comienza con el Domingo de Ramos la Semana Santa y recordamos la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Escribe San Lucas: «Al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos diciéndoles: "Vayan al caserío que está frente a ustedes. Al entrar, encontrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: el Señor lo necesita". Fueron y encontraron todo como el Señor les había dicho».
¿Qué celebramos el Domingo de Ramos?
El Domingo de Ramos es el último domingo antes del Triduo Pascual. También recibe el nombre de Domingo de Pasión que marca el inicio de las celebraciones de la Semana Santa.
Esta es una fiesta cristiana de paz. Los ramos, con su antiguo simbolismo, nos hacen recordar ahora, la alianza entre Dios y su pueblo. Confirmada y establecida en Cristo, porque Él es nuestra paz.
En la liturgia de nuestra Santa Iglesia Católica, leemos en el día de hoy estas palabras de profunda alegría: los hijos de los hebreos, llevando ramos de olivo salieron al encuentro del Señor, clamando y diciendo: Gloria en las alturas.
Mientras Jesús pasaba, cuenta San Lucas, las gentes tendían sus vestidos por el camino. Y estando ya cercano a la bajada del Monte de los Olivos, los discípulos en gran número, transportados de gozo, comenzaron a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto: bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor, paz en el cielo y gloria en las alturas.
«Con obras de servicio, podemos preparar al Señor un triunfo mayor que el de su entrada en Jerusalén», san Josemaría Escrivá.
Semana Santa: origen del Domingo de Ramos
En este día, los cristianos conmemoramos la entrada de Cristo en Jerusalén para consumar su Misterio Pascual. Por eso se leen desde hace mucho tiempo dos evangelios en la Santa Misa de este día.
Como lo explicaba el papa Francisco: «esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del evangelio sobre su pasión. Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén».
Es en el Domingo de Ramos, cuando Nuestro Señor comienza la semana decisiva para nuestra salvación, san Josemaría nos recomienda que «dejémonos de consideraciones superficiales, vayamos a lo central, a lo que verdaderamente es importante. Mirad: lo que hemos de pretender es ir al cielo. Si no, nada vale la pena. Para ir al cielo, es indispensable la fidelidad a la doctrina de Cristo. Para ser fiel, es indispensable porfiar con constancia en nuestra contienda contra los obstáculos que se oponen a nuestra eterna felicidad...».
Las hojas de palma, escribe san Agustín, son símbolo de homenaje, porque significan victoria. El Señor estaba a punto de vencer, muriendo en la Cruz. Iba a triunfar, en el signo de la Cruz, sobre el Diablo, príncipe de la muerte.
«Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “cátedra de Dios”», Papa Francisco.
Significado del Domingo de Ramos
Mons. Javier Echevarría, nos hace ver el significado cristiano de esta fiesta: «nosotros, que no somos nada, nos mostramos a menudo vanidosos y soberbios: buscamos sobresalir, llamar la atención; tratamos de que los demás nos admiren y alaben. El entusiasmo de las gentes no suele ser duradero. Pocos días después, los que le habían acogido con vivas pedirán a gritos su muerte. Y nosotros ¿nos dejaremos llevar por un entusiasmo pasajero?
Si en estos días notamos el aleteo divino de la gracia de Dios, que pasa cerca, démosle cabida en nuestras almas.Extendamos en el suelo, más que palmas o ramos de olivo, nuestros corazones. Seamos humildes, mortificados y comprensivos con los demás. Éste es el homenaje que Jesús espera de nosotros».
«Así como entonces el Señor entró en la Ciudad Santa a lomos del asno, dice Benedicto XVI, así también la Iglesia lo veía llegar siempre nuevamente bajo la humilde apariencia del pan y el vino».
La escena de Semana Santa del Domingo de Ramos se repite en cierto modo en nuestra propia vida. Jesús se acerca a la ciudad de nuestra alma a lomos de lo ordinario: en la sobriedad de los sacramentos; o en las suaves insinuaciones, como las que san Josemaría señalaba en su homilía sobre esta fiesta: «vive con puntualidad el cumplimiento del deber; sonríe a quien lo necesite, aunque tú tengas el alma dolorida; dedica, sin regateo, el tiempo necesario a la oración; acude en ayuda de quien te busca; practica la justicia, ampliándola con la gracia de la caridad».
El papa Francisco señalaba que nada pudo detener el entusiasmo por la entrada de Jesús; que nada nos impida encontrar en él la fuente de nuestra alegría, de la alegría auténtica, que permanece y da paz; porque sólo Jesús nos salva de los lazos del pecado, de la muerte, del miedo y de la tristeza.
El Domingo de Ramos en la Biblia
La liturgia del Domingo de Ramos pone en boca de los cristianos este cántico: levantad, puertas, vuestros dinteles; levantaos, puertas antiguas, para que entre el Rey de la gloria.
Primer Evangelio del Domingo de Ramos (Lucas 19,28-40)
Dicho esto, caminaba delante de ellos subiendo a Jerusalén. Y cuando se acercó a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos discípulos, diciendo:
—Id a la aldea que está enfrente; al entrar en ella encontraréis un borrico atado, en el que todavía no ha montado nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo desatáis, le responderéis esto: «Porque el Señor lo necesita».
Los enviados fueron y lo encontraron tal como les había dicho. Al desatar el borrico sus amos les dijeron: —¿Por qué desatáis el borrico?
—Porque el Señor lo necesita —contestaron ellos.
Se lo llevaron a Jesús. Y echando sus mantos sobre el borrico hicieron montar a Jesús. Según él avanzaba extendían sus mantos por el camino. Al acercarse, ya en la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto, diciendo:
¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!
Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: —Maestro, reprende a tus discípulos.
Él les respondió: —Os digo que si éstos callan gritarán las piedras.
Evangelio del Domingo de Ramos (Marcos 11, 1-10)
Al acercarse a Jerusalén, a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos y les dijo:
—Id a la aldea que tenéis enfrente y nada más entrar en ella encontraréis un borrico atado, en el que todavía no ha montado nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: «¿Por qué hacéis eso?», respondedle: «El Señor lo necesita y enseguida lo devolverá aquí».
Se marcharon y encontraron un borrico atado junto a una puerta, fuera, en un cruce de caminos, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les decían:
—¿Qué hacéis desatando el borrico?
Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y se lo permitieron. Entonces llevaron el borrico a Jesús, echaron encima sus mantos, y se montó sobre él. Muchos extendieron sus mantos en el camino, otros el ramaje que cortaban de los campos. Los que iban delante y los que seguían detrás gritaban:
—¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que viene, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!
Y entró en Jerusalén en el Templo; y después de observar todo atentamente, como ya era hora tardía, salió para Betania con los doce.
«Hay cientos de animales más hermosos, más hábiles y más crueles. Pero Cristo se fijó en él borrico para presentarse como rey ante el pueblo que lo aclamaba. Porque Jesús no sabe qué hacer con la astucia calculadora, con la crueldad de corazones fríos, con la hermosura vistosa pero hueca. Nuestro Señor estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño. Así reina en el alma», san Josemaría Escrivá.
Cuándo surgen las procesiones de Semana Santa del Domingo de Ramos
La tradición de celebrar el Domingo de Ramos tiene cientos de años. Durante siglos, la bendición del olivos ha sido parte de esta fiesta, al igual que las procesiones, La Santa Misa y el relato durante la misma de la Pasión de Cristo. Hoy se celebran en muchos países.
Los fieles que participan en la procesión de Jerusalén, que data del siglo IV, también llevan en las manos ramos de palma, olivos u otros árboles, y entonan los cantos del Domingo de Ramos. Los sacerdotes llevan ramos y van delante guiando a los fieles.
En España, una alegre procesión de Domingo de Ramos conmemora la entrada de Jesús a Jerusalén. Reunidos se canta hosanna y se agita las palmas como un gesto de alabanza y bienvenida.
Las ramas de olivo son un recordatorio de que la Cuaresma es un tiempo de esperanza y renovación de la fe en Dios. Se les atribuye ser un símbolo de la vida y resurrección de Jesucristo. Asimismo, recuerdan también la fe de la Iglesia en Cristo y su proclamación como Rey del Cielo y de la Tierra.
Al final la peregrinación, es costumbre colocar las palmas, ya bendecidas, junto a las cruces que hay en nuestro hogar como recuerdo de la victoria pascual de Jesús.
Estos mismos olivos se prepararán para el siguiente Miércoles de Ceniza. Ya que para esta importante ceremonia se queman los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas se rocían con agua bendita y luego son aromatizadas con incienso.
Cantos para Domingo de Ramos
Breve lista de los cantos recomendados para la celebración del Domingo de Ramos:
Canto procesional: TÚ REINARÁS.
Canto de entrada: HOSANNA, HOSANNA.
Del Salmo 21: DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?
Aclamación antes del Evangelio: HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.
Versículo: CRISTO POR NOSOTROS SE SOMETIÓ.
Canto de ofertorio: LLEVEMOS AL SEÑOR.
Santo: SANTO, SANTO, SANTO - Alberto Taulé.
Cordero de Dios: CORDERO DE DIOS.
Canto de comunión: SEÑOR, ¿A QUIÉN IREMOS?
Canto de reflexión: EN TU CRUZ SIGUES HOY.
Canto de salida: AL PIE DE LA CRUZ.
Antes de las lecturas: GLORIA A TI, SEÑOR.
Bibliografía: Papa Francisco, Homilía, Domingo de Ramos 2017 Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. San Josemaría, Es Cristo que pasa. San Josemaría, Forja.
Tabla de contenidos
Preguntas y respuestas
– ¿Qué significa el día Domingo de Ramos?
El Domingo de Ramos es una de las celebraciones más importantes del cristianismo, ya que marca el inicio de la Semana Santa. Representa el fin de la Cuaresma y el comienzo de la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
– ¿Qué simboliza el ramo del Domingo de Ramos?
Conmemora la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Se celebra una semana antes de su Resurrección gloriosa triunfando sobre la muerte y el pecado. Jesús entró en Jerusalén montado en un asno, y la gente que había ido para las celebraciones de la Pascual judía depositaban en el suelo sus mantos y pequeñas ramas de árboles, a la vez entonaban parte del Salmo 118: «Bendito el que viene en nombre del Señor».
25 de marzo, la Anunciación del Señor
La Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación del Señor el 25 de marzo, un momento crucial en la historia de la salvación. También conocida como la Encarnación del Señor, esta festividad recuerda el instante en que el Arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será la madre del Hijo de Dios. Su «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) representa un modelo de fe y entrega total a la voluntad divina.
El significado de la Anunciación y de la encarnación del Verbo
El misterio de la Anunciación es inseparable de la Encarnación, ya que es el momento en que Dios asume la naturaleza humana. San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, resaltó la grandeza de este evento afirmando que: «Dios nos llama a santificarnos en la vida ordinaria, como María aceptó su misión con humildad».
María, modelo de vocación y entrega
Nuestra madre, la Virgen María es ejemplo para todos los cristianos, especialmente para aquellos que han sido llamados al sacerdocio. Su respuesta confiada y sin reservas es un reflejo de la disposición que todo seminarista y sacerdote debe tener ante la llamada de Dios.
La Anunciación y la defensa de la vida
En España, la Conferencia Episcopal celebra el 25 de marzo la Jornada por la Vida, recordando el valor sagrado de la vida humana desde su concepción. En 2026, el lema es «La vida, un don inviolable», una llamada a la protección de la vida en todas sus etapas. «El aborto –subrayan los prelados– nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana».
Sin embargo, la mirada desde la Conferencia Episcopal no se queda solo en el seno materno, se dirige también a madres y padres que enfrentan dificultades a la hora de afrontar un embarazo. Por ello, indican que desde CEE «queremos promover una alianza social para la esperanza a favor de la natalidad, que sirva, por una parte, para construir juntos las condiciones necesarias para que nuestros jóvenes puedan plantearse formar una familia abierta a la vida y, por otra, para que ninguna mujer tenga que recurrir al aborto por sentirse sola o sin recursos».
El compromiso de los sacerdotes y seminaristas
Para los sacerdotes diocesanos y para los futuros pastores apoyados por la Fundación CARF, esta festividad tiene un significado especial. La defensa de la vida es parte de su misión, siendo testigos del Evangelio en una sociedad que a menudo relativiza el valor de la existencia humana.
El compromiso de los sacerdotes y seminaristas no solo se basa en la defensa de la vida desde la concepción, sino en su labor pastoral para acompañar a las personas en cada etapa de su vida.
Su formación teológica y espiritual los prepara para ser guías en la fe y orientadores en los momentos difíciles. Inspirados por el sí de María, están llamados a ser heraldos de la esperanza, promoviendo una cultura de la vida y el amor cristiano.
Además, esta festividad los invita a profundizar en su vocación, reafirmando su compromiso con la evangelización y la enseñanza de la doctrina cristiana.
En tiempos donde la dignidad humana enfrenta múltiples desafíos, su testimonio cobra especial relevancia. La Anunciación es para ellos un recordatorio de su misión de ser presencia viva de Cristo en el mundo, transmitiendo el mensaje de salvación con palabras y obras.
Vivir el sí de María: un compromiso para todo cristiano
La fiesta de la Anunciación no solo nos invita a meditar en el sí de María, sino también a renovar nuestra entrega a Dios con confianza y alegría.
María, con su aceptación humilde y valiente, nos enseña que todo cristiano, sin importar su estado de vida, está llamado a dar su propio sí a Dios en la cotidianidad del día a día.
Para los seminaristas y sacerdotes diocesanos es un día de especial reflexión sobre su vocación y sobre el compromiso de ser defensores de la vida y la fe.
Sin embargo, esta llamada no es exclusiva de ellos. Cada fiel, desde su propia realidad, puede hacer presente a Cristo en el mundo con sus actos de caridad, su testimonio cristiano y su confianza en la providencia de Dios.
La Anunciación nos recuerda que cada uno de nosotros, como parte del pueblo de Dios, puede ser un instrumento en sus manos, llevando esperanza, amor y fe a quienes nos rodean.
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Herencias que construyen la fe: el valor del legado solidario para la Iglesia
Hablar de herencias y legados suele hacernos pensar en propiedades, bienes o dinero que se transmiten de los padres a los hijos o a otros seres queridos. Pero un legado solidario puede ir mucho más allá de lo material: es dejar una huella de fe que perdure en el tiempo, un testimonio que siga dando fruto en la Iglesia cuando ya no estemos.
La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de cómo los legados, grandes o pequeños, han sostenido su misión y han hecho posible que el Evangelio llegue a millones de personas.
La relación entre la cultura, arte, caridad y la Iglesia católica es, probablemente, el contrato de patrocinio más largo y fructífero de la humanidad. Durante siglos, la Iglesia ha sido una guía espiritual, y el principal "director creativo" de Occidente.
El real monasterio de san Lorenzo de El Escorial es un complejo que incluye un palacio real, una basílica, un panteón, una biblioteca , un colegio y un monasterio. Se encuentra en la localidad española de San Lorenzo de El Escorial, en Madrid, y fue construido entre 1563 y 1584.
Grandes herencias que dieron forma a la Iglesia
En diversos momentos de la historia, obispos, abades y fundadores religiosos que vivieron con santidad destinaron parte de sus bienes o rentas eclesiásticas para fundar seminarios, hospicios o casas de formación. No eran comerciantes ni mecenas de paso, eran pastores y religiosos que, con su vida austera, dieron testimonio de que todo lo tienen “prestado” de Dios y que su misión era cuidar almas.
Algunas comunidades monásticas, siguiendo su espiritualidad, asumieron que su excedente de tierras o rentas debía servir para su mantenimiento, pero también para una misión más amplia: formar sacerdotes, sostener misiones o ayudar en zonas pobres. Así, los monasterios se volvieron centros económicos que redistribuían bienes para fines eclesiales.
También encontramos legados de fieles laicos: personajes relevantes de la realeza o incluso figuras históricas como los reyes católicos, comerciantes, familias con vidas cristianas visibles que, al final de sus vidas, ofrecieron parte de lo que poseían a la Iglesia para sustentar escuelas, orfanatos o formación sacerdotal.
Estos legados físicos, a veces traducidos en catedrales, monasterios o universidades son la expresión visible de una convicción: que la fe merece ser transmitida y custodiada para las generaciones futuras.
Legados y testamentos que cambian vidas
También hay herencias discretas que, aunque invisibles, han transformado el rumbo de la Iglesia.
En muchos pueblos, las ermitas y parroquias se levantaron gracias a colectas de familias sencillas, de agricultores y artesanos que aportaron lo poco que tenían. Sus nombres no figuran en los libros de historia, pero sin ellos, la fe no habría echado raíces en tantas comunidades.
Otros legados son aún más profundos: el legado de la fe transmitida en familia. Pensemos en santa Mónica, que legó a la Iglesia nada menos que a san Agustín gracias a su llanto y oración constante. O en los padres de santa Teresita del Niño Jesús, cuya herencia espiritual fue el ambiente de fe y amor que hizo florecer la santidad en su hija. El legado de un cristiano no se mide en cifras, sino en el impacto que deja en las almas.
Un puente entre la tierra y el cielo: “Desde el Cielo” en la Fundación CARF
Los grandes y pequeños legados de la historia nos recuerdan que la generosidad cristiana nunca se pierde, sino que siempre se transforma en vida para la Iglesia. Esa misma realidad la vemos hoy en quienes, de manera anónima y discreta, deciden dejar un legado que contribuya al futuro de la iglesia.
Como homenaje y muestra de gratitud, desde la Fundación CARF creamos la página Desde el Cielo: un memorial donde recordamos a esos benefactores fallecidos que hicieron posible que miles de sacerdotes y seminaristas diocesanos y religiosos fueran formados cada año.
Diariamente se ofrece la Santa Misa por sus almas en el Santuario de Torreciudad, y mensualmente en los colegios sacerdotales de Pamplona y Roma se reza por ellos. Los sacerdotes que han recibido ayuda de la Fundación CARF llevan en sus oraciones diarias la memoria de esos benefactores que ahora siguen ayudando desde el cielo.
Ese gesto consolida una relación espiritual íntima: quienes legaron su generosidad no sólo sostienen a la Iglesia desde la tierra, sino que ahora interceden y acompañan desde la eternidad. Es una hermosa y clara expresión de que el legado solidario cristiano no se agota con la muerte, sino que continúa en la comunión de los santos.
Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, Pamplona.
El sentido cristiano del legado
Para un cristiano, dejar un legado solidario significa mucho más que repartir bienes. Es una decisión espiritual, un modo de prolongar la caridad más allá de la propia vida.
El Evangelio nos recuerda: «donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (Mt 6,21). Quien decide incluir a la Fundación CARF en su testamento solidario transforma sus bienes en una semilla de fe, permitiendo que otros encuentren a Dios a través de sacerdotes bien formados.
Hoy, esa misma lógica sigue viva: el legado es el puente entre tu vida terrena y los frutos eternos que otros recibirán gracias a tu generosidad.
Tu legado hoy puede formar sacerdotes para el mañana
En la actualidad, a través de la Fundación CARF, tu legado se convierte en apoyo directo a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo. Jóvenes que desean entregarse a Dios y servir a la Iglesia universal, pero que necesitan ayuda para formarse.
Así como en el pasado los legados levantaron templos, universidades, hospitales, conventos y misiones, hoy tu herencia puede levantar templos vivos: sacerdotes preparados para anunciar el Evangelio y acompañar a miles de personas. Un cristiano no se lleva nada al cielo, pero puede dejar mucho en la tierra. Como lo hicieron reyes, santos y familias anónimas, hoy tienes la oportunidad de decidir que lo que Dios te confió en vida siga transformándose en esperanza, fe y servicio.
Tu legado puede ser la herencia más valiosa: la que sostiene a la Iglesia y acompaña a miles de personas hacia Dios.
Tabla de contenidos
ALGUNAS PREGUNTAS Y RESPUESTAS CURIOSAS
1. ¿Qué es mejor, una herencia o un legado?
La herencia es la sucesión en todos los bienes, derechos y obligaciones del difunto. Mientras que el legado, una donación específica de un bien concreto (un coche, una casa, una joya).
2. ¿Cómo consolidaron las herencias los emperadores?
Antes de que existieran los grandes coleccionistas de arte, fueron los líderes políticos quienes consolidaron los bienes de la Iglesia.
– Constantino el Grande (S. IV): El mecenas original. Tras legalizar el cristianismo, financió la construcción de las primeras grandes basílicas, como la Antigua Basílica de San Pedro en Roma y la del Santo Sepulcro en Jerusalén.
– Carlomagno (S. IX): Impulsó el "Renacimiento carolingio". Su apoyo fue vital para la preservación de manuscritos iluminados y la reforma de la arquitectura eclesiástica en Europa.
3. ¿Cómo se consolida el mecenazgo en el Renacimiento?
En los siglos XV y XVI, el mecenazgo se volvió una cuestión de estatus, fe y, admitámoslo, un poco de ego familiar apoyado por las grandes familias que apoyaron a artistas y legaron y donaron mucho patrimonio a la Iglesia.
– Los Médici: produjeron cuatro papas (León X, Clemente VII, entre otros) y financiaron el esplendor de Florencia y del Vaticano. Promocionaron a Miguel Ángel o Rafael.
– Papa Julio II: conocido como el Papa Guerrero, fue quien ordenó la demolición de la vieja basílica de San Pedro para construir la actual. Apoya a Miguel Ángel (Capilla Sixtina) y Bramante.
– Los Borghese: el cardenal Scipione Borghese fue el gran mecenas del Barroco temprano. Impulsa las carreras de Bernini o de Caravaggio.
4. ¿Qué promovieron las grandes monarquías católicas?
– Felipe II de España: el gran defensor de la fe. Su mayor obra de mecenazgo fue El Escorial, un monasterio-palacio que simbolizaba la unión del poder real y el fervor religioso.
– Los Habsburgo de Austria: convirtieron a Viena y Centroeuropa en bastiones del barroco eclesiástico, financiando abadías e iglesias de una suntuosidad casi abrumadora.
5. Algunos ejemplos del mecenazgo moderno
Hoy en día, el mecenazgo ha pasado de ser una cuestión de reyes y papas a ser gestionado por instituciones y fundaciones.
– Caballeros de Colón: esta organización ha financiado numerosas restauraciones en la Basílica de San Pedro y apoya proyectos de comunicación del Vaticano.
– Fundaciones Privadas y Museos: instituciones como los Museos Vaticanos se autofinancian, pero dependen de donaciones internacionales (como los Patrons of the Arts in the Vatican Museums) para la restauración de algunas obras maestras.
– Billonarios y Filántropos: tras el incendio de Notre Dame de París en 2019, familias como los Pinault y los Arnault (LVMH) donaron cientos de millones de euros, demostrando que el mecenazgo católico hoy es también un acto de preservación del patrimonio cultural global.