1 de mayo, san José Obrero. ¿Quién fue el padre de Jesús?

San José tiene varias fiestas en nuestro calendario. En mayo, el primer día del mes, celebramos san José Obrero, patrón de los trabajadores. Él fue quien mantuvo y cuidó con sus capacidades de carpintero a Jesús y a María. En su fiesta del 19 de marzo, el papa León XIV nos invitó a fijarnos de forma especial en la figura de san José. Para eso, ha señalado cuáles son las dos virtudes únicas que definen al padre de Jesús: «José nos muestra que la presencia y la custodia son dimensiones inseparables» y «en él reconocemos que acoger, además de presencia, es también custodiar. Custodiar significa estar al lado del otro con atención, respetar sus elecciones y cuidar de él».

«Quiere mucho a san José, quiérele con toda tu alma, porque es la persona que, con Jesús, más ha amado a Santa María y el que más ha tratado a Dios: el que más le ha amado, después de nuestra Madre. Se merece tu cariño, y te conviene tratarle, porque es Maestro de vida interior, y puede mucho ante el Señor y ante la Madre de Dios», Forja, 554.

Biografía de san José el obrero de Nazaret

Tanto san Mateo como san Lucas nos hablan de san José como de un varón que descendía de una estirpe ilustre: la de David y Salomón, reyes de Israel. Los detalles de esta ascendencia son históricamente algo confusos: no sabemos cuál de las dos genealogías, que traen los evangelistas, corresponde a María y cuál a san José, que era su padre según la ley judía. No sabemos si su ciudad natal fue Belén, a donde se dirigió a empadronarse, o Nazaret, donde vivía y trabajaba.

Sabemos, en cambio, que no era una persona rica: era un trabajador, como millones de otros hombres en todo el mundo; ejercía el oficio fatigoso y humilde que Dios había escogido para sí, al tomar nuestra carne y al querer vivir treinta años como uno más entre nosotros.

La Sagrada Escritura dice que José era artesano. Varios Padres añaden que fue carpintero. San Justino, hablando de la vida de trabajo de Jesús, afirma que hacía arados y yugos (S. Justino, Dialogus cum Tryphone, 88, 2, 8 (PG 6, 687).); quizá, basándose en esas palabras, San Isidoro de Sevilla concluye que José era herrero. En todo caso, un obrero que trabajaba en servicio de sus conciudadanos, que tenía una habilidad manual, fruto de años de esfuerzo y de sudor.

De las narraciones evangélicas se desprende la gran personalidad humana de José: en ningún momento se nos aparece como un hombre apocado o asustado ante la vida; al contrario, sabe enfrentarse con los problemas, salir adelante en las situaciones difíciles, asumir con responsabilidad e iniciativa las tareas que se le encomiendan.

Siete domingos de san José

Quién fue san José Obrero en la Iglesia Católica

La Iglesia entera reconoce en san José a su protector y patrono. A lo largo de los siglos se ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de su vida, continuamente fiel a la misión que Dios le había confiado.

En palabras de san Josemaría, san José es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre. Tratándole se descubre que el Santo Patriarca es, además, Maestro de vida interior: porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con El, a sabernos parte de la familia de Dios. Este Santo nos da esas lecciones siendo, como fue, un hombre corriente, un padre de familia, un trabajador que se ganaba la vida con el esfuerzo de sus manos.

Las virtudes de José de Nazaret

¿Quién es san José obrero? Era un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. En su día solo había paternidad y trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar.

Pero el nombre de José significa, en hebreo, Dios añadirá. Dios añade, a la vida santa de los que cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas: lo importante, lo que da su valor a todo, lo divino.  Dios, a la vida humilde y santa de José, añadió la vida de la Virgen María y la de Jesús, Señor Nuestro.

Vivir de la fe, estas palabras se ven realizadas con creces en san José. Su cumplimiento de la voluntad de Dios es espontáneo y profundo.

Porque la historia del Santo Patriarca fue una vida sencilla, pero no una vida fácil. Después de momentos angustiosos, sabe que el Hijo de María ha sido concebido por obra del Espíritu Santo. Y ese Niño, Hijo de Dios, descendiente de David según la carne, nace en una cueva. Ángeles celebran su nacimiento y personalidades de tierras lejanas vienen a adorarle, pero el Rey de Judea desea su muerte y se hace necesario huir. El hijo de Dios es, en la apariencia, un niño indefenso, que vivirá en Egipto.

En su Evangelio, San Mateo pone constantemente de relieve la fidelidad de José, que cumple los mandatos de Dios sin vacilaciones, aunque a veces el sentido de esos mandatos le pudiera parecer oscuro o se le ocultara su conexión con el resto de los planes divinos.

Fe y esperanza

En muchas ocasiones los Padres de la Iglesia hacen resaltar esta firmeza de la fe de san José. La fe de José no vacila, su obediencia es siempre estricta y rápida.

Para comprender mejor esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca, es bueno que consideremos que su fe es activa. Porque la fe cristiana es lo más opuesto al conformismo, o a la falta de actividad y de energía interiores.

En las diversas circunstancias de su vida, el Patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación de su responsabilidad. Al contrario: coloca al servicio de la fe toda su experiencia humana.

Fe, amor, esperanza: estos son los ejes de la vida del Santo y los de toda vida cristiana. La entrega de José de Nazaret aparece tejida de ese entrecruzarse de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza confiada.

Eso nos enseña la vida de san José: sencilla, normal y ordinaria, hecha de años de trabajo siempre igual, de días humanamente monótonos, que se suceden los unos a los otros.

Siete domingos de san José

San José el padre de Jesús

«Tratad a José y encontraréis a Jesús», san  Josemaría Escriva de Balaguer.

 A través del ángel, Dios mismo le confía a José cuáles son sus planes y cómo cuenta con él para llevarlos adelante. José está llamado a ser padre de Jesús; esa va a ser su vocación, su misión.

José ha sido, en lo humano, maestro de Jesús; le ha tratado diariamente, con cariño delicado, y ha cuidado de El con abnegación alegre.

Con san José, aprendemos lo que es ser de Dios y estar plenamente entre los hombres, santificando el mundo. Tratad a José y encontraréis a Jesús. Tratad a José y encontraréis a María, que llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret.

José de Nazaret cuidó del Hijo de Dios y, en cuanto a hombre, le introdujo en la esperanza del pueblo de Israel. Y eso mismo hace con nosotros: con su poderosa intercesión nos lleva hacia Jesús. San Josemaría, cuya devoción a san José fue creciendo a lo largo de su vida, decía que Él es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre.

Dios exige continuamente más, y sus caminos no son nuestros humanos caminos. San José, como ningún hombre antes o después de él, ha aprendido de Jesús a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazón abiertos.

La fiesta de san José

El 19 de marzo la Iglesia celebra la fiesta del Santo Patriarca, patrono de la Iglesia y de la Obra, fecha en la que en el Opus Dei renovamos el compromiso de amor que nos une al Señor. Pero en todo el mundo también celebramos el 1 de mayo la festividad de san José Obrero, patrono de todos los trabajadores.

La fiesta de san José pone ante nuestra mirada la belleza de una vida fiel. José se fiaba de Dios: por eso pudo ser su hombre de confianza en la tierra para cuidar de María y de Jesús, y es desde el cielo un padre bueno que cuida de la fidelidad cristiana.

Los siete domingos de san José

Son una costumbre de la Iglesia para preparar la fiesta del 19 de marzo. Dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta en recuerdo de los principales gozos y dolores de su vida.

La meditación de los Dolores y gozos de san José ayuda a conocer mejor al santo Patriarca y a recordar que también él afrontó alegrías y dificultades.

Fue el Papa Gregorio XVI quien fomentó la devoción de los siete domingos de san José, concediéndole muchas indulgencias; pero S.S. Pío IX les dio actualidad perenne con su deseo de que se acudiera al santo, para aliviar la entonces aflictiva situación de la Iglesia universal.

Un día, alguien preguntó a san Josemaría cómo acercarse más a Jesús: «Piensa en aquel hombre maravilloso, escogido por Dios para hacerle de padre en la tierra; piensa en sus dolores y en sus gozos. ¿Haces los siete domingos? Si no, te aconsejo que los hagas».

«¡Qué grandeza adquiere la figura silenciosa y oculta de san José –decía san Juan XXIII– por el espíritu con que cumplió la misión que le fue confiada por Dios. Pues la verdadera dignidad del hombre no se mide por el oropel de los resultados llamativos, sino por las disposiciones interiores de orden y de buena voluntad».

Curiosidades de san José Obrero

Devoción del papa León XIV

«José deja atrás sus seguridades humanas y se abandona por completo a Dios, navegando “mar adentro” hacia un futuro confiado plenamente a la Providencia. San Agustín describe así su consentimiento: "«"A la piedad y caridad de José le nació de la Virgen María un hijo, Hijo a la vez de Dios" (Sermón 51, 30)».

Devoción del papa Francisco

«Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de la figura del santo para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema».

Devoción de san Josemaría

San José es patrono de esta familia que es la Obra. En los primeros años, san Josemaría acudió especialmente a él para poder hacer presente a Jesús Sacramentado en el primer centro del Opus Dei. Por su intercesión, en marzo de 1935 fue posible tener al Señor reservado en el oratorio de la Academia-Residencia DYA, de la calle Ferraz, en Madrid.

Desde entonces, el fundador de la Obra quiso que la llave de los sagrarios de los centros del Opus Dei tuviera una pequeña medalla de san José con la inscripción Ite ad Ioseph; el motivo es recordar que, de modo similar a como el José del Antiguo Testamento lo hace con su pueblo, el santo patriarca nos había facilitado el alimento más preciado: la Eucaristía.

San José Obrero, el santo del silencio, el protector

No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección. Él protegió a la Inmaculada Madre de Dios y fue el padre de Jesús en la tierra. Sin embargo, no hay ninguna cita de él en los Evangelios. Más bien, fue un silencioso y humilde servidor de Dios que desempeñó su rol cabalmente. Trabajando duro para mantener a la Sagrada Familia.

Uno de los primeros títulos que utilizaron para honrarlo fue Nutritor Domini, el que alimenta al Señor; se remonta al menos al siglo IX.

Celebraciones en su honor

La solemnidad de san José es el 19 de marzo y la fiesta de san José obrero (Día Internacional del trabajo) es el 1 de mayo. También está incluido en la Fiesta de la Sagrada Familia (30 de diciembre) y sin duda forma parte de la historia de la Navidad.

San José tiene múltiples patronazgos

Es el patrón de la Iglesia Universal, la buena muerte, las familias, los padres, las mujeres embarazadas, viajeros, inmigrantes, artesanos, ingenieros y de los trabajadores. Es también el patrón de las Américas, Canadá, China, Croacia, México, Corea, Austria, Bélgica, Perú, Filipinas y Vietnam.

Pidamos a san José obrero que nos siga ayudando a acercarnos a Jesús Sacramentado, que es el alimento del que se nutre la Iglesia. Así lo hizo junto a María, en Nazaret, y así lo hará también con ella en nuestros hogares.



Por qué 30 días de mayo para la Virgen María

La Iglesia concede este mes a María para conocerla y amarla más. En Europa, mayo es el mes de las flores, de la primavera.  Este es un mes ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza de la naturaleza. Precisamente por esto, todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.

«De una manera espontánea, natural, surge en nosotros el deseo de tratar a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra. De tratarla como se trata a una persona viva: porque sobre Ella no ha triunfado la muerte, sino que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, junto al Espíritu Santo. Para comprender el papel que María desempeña en la vida cristiana, para sentirnos atraídos hacia Ella, para buscar su amable compañía con filial afecto, no hacen falta grandes disquisiciones, aunque el misterio de la Maternidad divina tiene una riqueza de contenido sobre el que nunca reflexionaremos bastante» (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 142).

Mayo mes de la Virgen María. El Fundador del Opus Dei explica cómo puede ser nuestro amor a la Virgen.

¿Por qué mayo es el mes de la Virgen María?

Esta costumbre cristiana lleva dos siglos en vigor y coincide con el comienzo de la primavera y el fin del invierno. El "triunfo de la vida" que simboliza la primavera es uno de los motivos por los que se sitúa en mayo el mes de la Virgen, Madre de la Vida, de Jesús. Esa belleza de la naturaleza también nos habla de María, de su belleza interior y de su virtud.

En la antigua Grecia, el mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los ludi florals o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión.

Posteriormente, en la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera.

Antes del siglo XII se celebraba la fiesta de "La devoción de los treinta días a María" o Tricesimum, que tenía lugar entre la segunda quincena de agosto y los primeros 14 días de septiembre.

La idea del mes de mayo, mes de María se remonta al tiempo barroco o siglo XVII. Este incluía treinta ejercicios espirituales diarios en honor a la Madre de Dios. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes.

Festejar este mes de mayo es más que una tradición cristiana, es un homenaje y una acción de gracias hacia quien es Nuestra Madre. Se le pueden ofrecer muchas y variados detalles. Entre los más comunes están, la oración en familia, el rezo del Rosario, las ofrendas florales y la meditación de sus dogmas.

La devoción a la Virgen María en mayo

Las formas en que María es honrada en mayo son tan variadas como las personas y las costumbres de quienes la honran. Es común que las parroquias tengan en mayo un rezo diario del Santo Rosario y muchas erijan un altar especial con una estatua o imagen de María.

Además, se trata de una larga tradición el coronar su estatua, una costumbre conocida como la Coronación de mayo. A menudo, la corona está hecha de hermosas flores que representan la belleza y la virtud de María y también es un recordatorio a los fieles para esforzarse en imitar sus virtudes. Esta coronación es en algunas áreas una gran celebración y, por lo general, se lleva a cabo fuera de la Misa.

Los altares y coronaciones en este mes no son solo privilegios de la parroquia. En los hogares también se puede participar plenamente en la vida de la Iglesia. Debemos darle un lugar especial a María no porque sea una tradición o por las gracias especiales que se pueden obtener, sino porque María es nuestra Madre, la madre de todo el mundo y porque se preocupa por todos nosotros, intercediendo incluso en los asuntos más pequeños.

¿Cómo se comportan un hijo con su madre?

«¿Cómo se comportan un hijo o una hija normales con su madre? De mil maneras, pero siempre con cariño y con confianza. Con un cariño que discurrirá en cada caso por cauces determinados, nacidos de la vida misma, que no son nunca algo frío, sino costumbres entrañables de hogar, pequeños detalles diarios, que el hijo necesita tener con su madre y que la madre echa de menos si el hijo alguna vez los olvida: un beso o una caricia al salir o al volver a casa, un pequeño obsequio, unas palabras expresivas».

En nuestras relaciones con Nuestra Madre del Cielo hay también esas normas de piedad filial, que son el cauce de nuestro comportamiento habitual con Ella. Muchos cristianos hacen propia la costumbre antigua del escapulario; o han adquirido el hábito de saludar –no hace falta la palabra, el pensamiento basta– las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles de tantas ciudades.

O viven esa oración maravillosa que es el santo rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren, y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor; o acostumbran dedicar a la Señora un día de la semana –precisamente este mismo en que estamos ahora reunidos: el sábado–, ofreciéndole alguna pequeña delicadeza y meditando más especialmente en su maternidad». (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 142).

Manifestar el amor a María

«Hay muchas otras devociones marianas que no es necesario recordar aquí ahora. No tienen por qué estar incorporadas todas a la vida de cada cristiano –crecer en vida sobrenatural es algo muy distinto del mero ir amontonando devociones–, pero debo afirmar al mismo tiempo que no posee la plenitud de la fe quien no vive alguna de ellas, quien no manifiesta de algún modo su amor a María».

«Los que consideran superadas las devociones a la Virgen Santísima, dan señales de que han perdido el hondo sentido cristiano que encierran, de que han olvidado la fuente de donde nacen: la fe en la voluntad salvadora de Dios Padre, el amor a Dios Hijo que se hizo realmente hombre y nació de una mujer, la confianza en Dios Espíritu Santo que nos santifica con su gracia. Es Dios quien nos ha dado a María, y no tenemos derecho a rechazarla, sino que hemos de acudir a Ella con amor y con alegría de hijos», san Josemaría. Es Cristo que pasa, 142.

¿Quieres amar a la Virgen? —Pues, ¡trátala! ¿Cómo? —Rezando bien el Rosario de nuestra Señora. (San Josemaría, Santo Rosario).

Para aprovechar el mes de mayo

La Santísima Virgen María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.

María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer sencilla; generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida. Todas estas virtudes son ejemplo de vida para nosotros los cristianos, queremos vivir como dignos hijos suyos por eso seguimos su ejemplo.

¿Qué se acostumbra hacer este mes?

Recordar las apariciones de la Virgen. Son muchas y todas muy especiales. La Virgen María entrega su mensaje directamente, todos, están relacionados con el amor que Ella nos tiene a todos nosotros, sus hijos.

Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.

Vivir una devoción real y verdadera a María. Mirar a María como a una madre. Hablarle de todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento. Meditar los 7 dolores de la Virgen, esos momentos de la vida de la Virgen María en donde estaba unida a Jesús de un modo particular y que le permitió compartir la profundidad del dolor de su Hijo y el amor de su sacrificio.

Imitar sus virtudes: esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor. Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.

Confiar plenamente en ella: porque es La Virgen María quien intercede ante Jesús por nuestras dificultades. Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María.

Varias oraciones Marianas

Tratar a María es una buena forma de acercarse a su Hijo. Realizar oración en familia, especialmente las oraciones dedicadas a la Santísima Virgen María.

Los cristianos contamos con bellas oraciones dedicadas a la Virgen María, también son muchas las canciones para honrarla, que nos ayudan a recordar el inmenso amor de nuestra madre a nosotros, sus hijos.

Rezar el Ángelus (que se acostumbra a rezar a mediodía), el Regina Coeli o la Consagración a María. Entre otras oraciones. También puedes dedicar una Novena a la Virgen para pedirle un favor especial o darle las gracias.

mayo mes de maría ángelus


Los Ordinariatos anglicanos de la Iglesia Católica y su aportación a la educación de la fe

En el documento fundacional de los Ordinariatos anglicanos, creados para quienes desean la plena comunión con la Iglesia católica (cf. Benedicto XVI, Const. Ap. Anglicanorum coetibus, 2009), se establece su facultad de «mantener vivas en el seno de la Iglesia católica las tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales de la Comunión anglicana». Esta identidad se reconoce como un «don precioso» destinado a alimentar la fe de sus miembros y como una riqueza espiritual para compartir con toda la comunidad eclesial (cf. apartado III).

Hace ahora poco más de un mes, el Dicasterio para la Doctrina de la fe invitó a los obispos responsables de esos Ordinariatos a poner por escrito su experiencia sobre cómo han recibido e integrado esos elementos, a la vez culturales y religiosos, que vienen de la tradición anglicana. Ahora se ha publicado su respuesta (cf. Characteristics of the Anglican Heritage as Lived in the Ordinariates Established Under the Apostolic Constitution “Anglicanorum Coetibus”, 24-III-2016).

Los obispos han afirmado que, a pesar de las distancias y los diversos lugares donde están asentados (como Inglaterra y Escocia, Orlando, Australia y Micronesia), tienen conciencia de compartir una identidad esencial (a core share identity). «Esta identidad compartida tiene su origen en un camino común de seguimiento de Cristo que los ha llevado a la plena comunión con la Iglesia católica».

Por eso entienden que, al entrar en la Iglesia católica, han traído con ellos lo que ya san Pablo VI denominó en 1970 un «patrimonio valioso de piedad y costumbres» que la Iglesia reconoce, como hemos visto, como un don precioso no solo para ellos sino también para compartir con los demás católicos.

La inculturación del Evangelio pasa por Inglaterra

Ya en junio de 2024 el cardenal Víctor Fernández, desde la catedral de Westminster (templo católico principal de Inglaterra y Gales), llamó la atención sobre el valor de estos Ordinariatos en la perspectiva de la inculturación:

«La existencia del Ordinariato […] refleja una realidad profunda y hermosa sobre la naturaleza de la Iglesia y la inculturación del Evangelio, como un rico patrimonio inglés. Porque la Iglesia es una, y el Evangelio es uno, pero en el proceso de inculturación, el Evangelio se expresa en una variedad de culturas. De este modo, la Iglesia adquiere un nuevo rostro […] En este proceso, la Iglesia no solo da, sino que también se enriquece. Porque, como enseñó san Juan Pablo II, "cada cultura ofrece valores y formas positivas que pueden enriquecer la manera en que se predica, se comprende y se vive el Evangelio" (Exh. ap. Ecclesia in Oceania, 2001, 16)».

El Ordinariato, afirmó además el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la fe, representa una expresión concreta de esa realidad: «En el caso del Ordinariato, la fe católica se incultura entre personas que han vivido el Evangelio en el contexto de la Comunión Anglicana. Al entrar en plena comunión con la Iglesia católica, ésta se ha enriquecido. Podemos decir, por tanto, que cada Ordinariato representa uno de los rostros de la Iglesia, que, en este caso, acoge ciertos elementos de la rica historia de la tradición anglicana: elementos que ahora se viven en la plenitud de la comunión católica».

Como decíamos, el más reciente capítulo de esta historia es la lista que los obispos de los Ordinariatos anglicanos han elaborado, enumerando los rasgos que consideran característicos de su herencia espiritual y pastoral. Identifican en siete párrafos esos rasgos que, como se puede ver, constituyen interesantes sugerencias para la educación de la fe en el conjunto de la Iglesia Católica (cf. Characteristics, documento citado). Estas características, como veremos, tienen mucho que ver con san John Henry Newman. Con su figura y con su camino hacia la Iglesia Católica.

Tradición, belleza litúrgica y dimensión social

Participación, tradición, belleza

1. Un “ethos eclesial” distintivo. Se trata de una praxis eclesial caracterizada «por la amplia participación tanto del clero como de los laicos en la vida y el gobierno de la Iglesia». Esta cultura, explican, «es intrínsecamente consultiva y colaborativa». También se caracteriza por la capacidad de acoger a aquellos que desean entrar en la comunión católica «preservando al mismo tiempo la singularidad de su historia espiritual».

Además, «se centra en un sentido vivo de la tradición que busca permanecer fiel a lo recibido, reconociendo al mismo tiempo el lugar que ocupa el desarrollo orgánico». Como se ve, se trata de principios y criterios que valen también para la educación de la fe, en cuanto que marcan un estilo de participación activa en la vida y en la misión de la Iglesia.

2. Evangelización a través de la belleza. En segundo lugar, destacan «la importancia de la belleza, no como un fin en sí misma, sino en la medida en que tiene el poder de conducirnos a Dios; por lo tanto, posee un poder evangelizador inherente». Por esta razón, «el culto divino, la música sacra y el arte sacro» se entienden a la vez como medios para llevarnos a la comunión con Dios y como instrumentos de misión.

Ordinariatos anglicanos en la iglesia católica

«La belleza que transmiten tiene por objeto atraer a las personas y a las comunidades a una plena participación, en cuerpo y alma, en la obra del Salvador, que es la ‘imagen del Dios invisible’ (Col 1, 15) y el ‘resplandor de la gloria [del Padre]’ (Hb 1, 3)». En efecto, la liturgia y el arte son expresiones del “camino de la belleza” que hoy consideramos esencial en la educación de la fe. Esta educación incluye, además del aspecto intelectual, la experiencia estética y espiritual que facilita el encuentro con la Verdad y el Amor de Dios.

Liturgia y vida y dimensión social

3. Acercamiento directo a los pobres«En los Ordinariatos –señalan sus obispos–, la belleza del culto y la santidad de vida se plasman en las realidades concretas del barrio». Esto se comprende como un reflejo de una teología profundamente encarnada, que invita a salir del culto divino para buscar a Jesús entre los pobres y los necesitados (cf. Mt 25, 40). Como ejemplo práctico, evocan el hecho de que «las multitudes que se congregaron en las calles de Birmingham con motivo del funeral de san John Henry Newman estaban allí no solo por su erudición, sino también porque era el sacerdote que les atendía en sus necesidades».

Así es, porque la Encarnación lleva a promover la dignidad de cada persona y comprometerse en la dimensión social de la evangelización. Y esto debe ser impulsado en la educación, en todos los lugares y en todas las edades de las personas.

4. Cultura pastoralBajo este epígrafe, entienden «una cultura pastoral en la que el culto divino y la vida cotidiana están profundamente interconectados». En otras palabras, se promueve la conexión entre liturgia y vida. En este caso se trata específicamente de «un ritmo litúrgico, casi monástico, inspirado en la tradición espiritual inglesa». Consideran esencial para ello la recitación comunitaria del Oficio Divino, entendido como la oración de todo el Pueblo de Dios (cf. Sal 119, 164; Ef 5, 19). [cf. Sacrosanctum concilium, 100).

Y afirman que esto caracteriza cómo «formar y sostener las comunidades parroquiales». En efecto, y esto enriquece la educación de la fe que es educación para la fe profesada y celebrada, vivida y traducida en oración y alabanza a Dios, junto con el servicio a todos.

La iglesia doméstica y el cuidado personal de las almas

Familia y educación

5. La familia y la iglesia doméstica. Otro aspecto en el que los obispos hicieron especial hincapié es la importancia de la familia y su papel como «iglesia doméstica» (cf. Lumen gentium, 11) De hecho señalaron que al santuario de Walsingham (dedicado a la Virgen como patrona de Inglaterra) se le llama “el Nazaret británico”. Así como Nazaret, según san Pablo VI, es ‘la escuela del Evangelio’ (cf. Alocucion, 5-I-1964) donde aprendemos a observar, escuchar, meditar y comprender el misterio del Hijo de Dios en el seno de la Sagrada Familia, también el hogar cristiano es el primer lugar donde se aprende y se vive la fe.

En el centro de todo ello se encuentra «la valoración del sacramento del matrimonio y el papel de los padres como primeros educadores de sus hijos en la fe» (cf. Decl. Gravissimum educationis, 3). De ahí que en los Ordinariatos se apoye a los padres en esta sagrada responsabilidad de transmitir la fe a sus hijos (cf. Dt 6, 6-7; Jl 1, 3) y se acompañe a las familias en su crecimiento conjunto en Cristo.

Además, «esta visión conduce a un enfoque orgánico de la formación que se centra en la parroquia y la familia, y que da prioridad a la formación intelectual permanente de todos los miembros del Cuerpo de Cristo». Todo ello afecta de modo directo a la educación de la fe.

Escritura, predicación y cuidado personal

6. La Escritura y la predicaciónestos obispos han señalado también además que su patrimonio incluye «una sólida tradición de predicación basada en la Escritura, reconociendo que alimentar intelectualmente a las personas es parte integrante de la alimentación de sus almas (cf. Mt 4, 4)». Por aquí reaparece el tema de la belleza: «El encuentro con Cristo en el esplendor de la liturgia y en la proclamación de la Palabra no se entienden como realidades separadas, sino como dos dimensiones del mismo encuentro» (Sacrosanctum Concilium 7, 48-51 y Catecismo de la Iglesia Católica 1088 y 1346).

Y añaden que en las comunidades del Ordinariato, esto se vive «con un sólido fundamento en la Tradición (especialmente en los Padres de la Iglesia) y con una apreciación del papel de la razón en armonía con la fe y al servicio de ella». Esta relación entre la Sagrada Escritura y predicación en contexto litúrgico conecta con el tema tradicional de las “dos mesas”: la Palabra (la Biblia, especialmente los Evangelios y la oración) y la Eucaristía.

7. La dirección espiritual y el sacramento de la Penitencia. Finalmente, han explicado que han heredado la valoración de la importancia de la dirección espiritual y del sacramento de la Penitencia como elementos del «cuidado de las almas que da prioridad a dedicar tiempo a cada persona y a acompañarla en su encuentro con Cristo, el Buen Pastor (cf. Jn 10, 11-16; Lc 15, 4-7)».

Encarnación, educación y misión

En los párrafos conclusivos de este documento, señala el Dicasterio para la Doctrina de la fe que «si se consideran todas estas características en su conjunto, se aprecia lo fundamental que es el misterio de la Encarnación para el patrimonio conservado en los Ordinariatos. La dignidad de cada persona, el papel de la belleza, la riqueza de la expresión litúrgica, la preocupación por los pobres y la reverencia hacia la iglesia doméstica brotan todas de esta misma fuente».

Esta fuente es «el Hijo de Dios, nuestro único Salvador (cf. Hch 4, 12) y Mediador ante el Padre (cf. 1 Tim. 2, 5), quien, habiéndose encarnado entre nosotros (cf. Jn. 1, 14), habiendo sufrido por nosotros (cf. 1 Pe. 2, 21) y resucitando de entre los muertos, nos abrió el camino ‘para que también nosotros caminemos en novedad de vida’ (Rom. 6, 4)».

Por último –lo que podía intuirse al ir leyendo todo lo anterior–, en la medida en que este patrimonio constituye una forma de acoger y vivir la fe, «el clero y los fieles de los Ordinariatos reconocen que se trata de una realidad viva, que mira hacia el futuro en la transmisión de la fe a las generaciones venideras (cf. Sal 22, 30-31; 78, 4-7; 102, 18)». Así es, y un aspecto central de esta transmisión de la fe es la educación, sea en la familia, sea en la escuela (enseñanza escolar de la religión) o la catequesis y formación cristiana en las parroquias y movimientos eclesiales, etc.

Concluyen los obispos de estos Ordinariatos que este patrimonio no solo les dota de los medios para acoger a comunidades y personas en plena comunión, sino que «también sigue configurando su participación distintiva en la misión de la Iglesia de cara al futuro», creciendo orgánicamente y ofreciendo «un reflejo único del rostro de la Iglesia y una contribución distintiva a la riqueza viva de su identidad como ‘una, santa, católica y apostólica’».



Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

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25 de abril, san Marcos Evangelista: vida y evangelio

Cada 25 de abril, la Iglesia Católica se viste de fiesta para celebrar a san Marcos, uno de los cuatro evangelistas que, inspirados por el Espíritu Santo, plasmaron por escrito la vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

La figura de san Marcos es básica para comprender la esencia de nuestra fe. Su Evangelio, considerado según los estudiosos el más antiguo de los cuatro, es un relato vibrante, directo y lleno de acción que nos invita a descubrir la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

En este artículo queremos acercarnos a la vida de este santo de la primera hora; explorar las características de su texto sagrado a la luz del Magisterio de la Iglesia y de las enseñanzas de san Josemaría. Reflexionaremos sobre cómo su figura impulsa hoy la formación de sacerdotes en todo el mundo.

¿Quién fue san Marcos?

Para conocer a san Marcos, debemos sumergirnos en los primeros compases de la historia de la Iglesia, tal como nos relatan los Hechos de los Apóstoles y algunas cartas del Nuevo Testamento. Conocido también como Juan Marcos, no formó parte del grupo de los doce Apóstoles, pero su vida estuvo ligada a las dos columnas de la Iglesia: san Pedro y san Pablo.

La tradición eclesial nos sitúa en Jerusalén. La madre de Marcos, María, era una mujer acomodada de la primera comunidad cristiana, y su casa servía como lugar de reunión para los primeros fieles. Es muy probable que en esa misma casa se celebrara la Última Cena y que fuera el lugar donde los discípulos se refugiaron con miedo tras la crucifixión. Y luego se reunían allí unidos a la espera de la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés.

El compañero de viaje de Pablo y Bernabé

En los inicios de la expansión del cristianismo, san Marcos acompañó a su primo, san Bernabé, y a san Pablo en el primer viaje misionero a Chipre. Aunque Marcos decidió regresar a Jerusalén –episodio que causó cierta fricción y enfado de San Pablo–, la gracia de Dios logró el camino de la reconciliación. Y años más tarde, vemos a un Marcos maduro acompañando nuevamente a Pablo durante su cautiverio en Roma.

El "intérprete" de san Pedro

Pero el vínculo más profundo de san Marcos fue con el apóstol san Pedro. El primer Papa lo llama afectuosamente "mi hijo Marcos" en su primera carta (1 Pedro 5, 13). La tradición unánime de la Iglesia, recogida en los documentos de la Santa Sede y en los escritos de los Padres de la Iglesia como Papías de Hierápolis y san Ireneo, confirma que Marcos fue el intérprete de Pedro. Su Evangelio no es otra cosa que la puesta por escrito de la catequesis oral y la predicación de san Pedro a los cristianos de Roma.

Esta cercanía a la fuente original y primaria hace que leer a san Marcos sea, en esencia, escuchar la voz viva de san Pedro recordando los gestos, las miradas y los milagros de Jesús de Nazaret.

Cuáles son las características del Evangelio según san Marcos

El relato que nos regala san Marcos es el más breve de los cuatro Evangelios (consta de 16 capítulos), pero lo que le falta en longitud, le sobra en intensidad. Es un Evangelio escrito principalmente para los cristianos provenientes del paganismo, concretamente de Roma. Por ello, omite largas genealogías o explicaciones exhaustivas de las leyes judías, centrándose más en la acción.

Un relato vivo, directo y urgente

Una de las palabras que más se repite en el texto original griego es euthys, que significa "inmediatamente" o "enseguida". El Evangelio avanza con un ritmo trepidante. Jesucristo está en continuo movimiento: cura, predica, expulsa demonios, camina sobre las aguas y se dirige resueltamente hacia Jerusalén para consumar su sacrificio en la Cruz.

San Marcos quiere que el lector se haga una pregunta fundamental desde el primer versículo: "¿quién es este hombre?". A través de lo que los teólogos han llamado el secreto mesiánico, Jesús pide a menudo a quienes cura o a los propios demonios que no revelen su identidad. ¿Por qué? Porque Jesús no quiere ser confundido con un líder político o un mesías terrenal. Su verdadera identidad como Hijo de Dios solo se comprende plenamente a los pies de la Cruz. De hecho, es un centurión romano (un pagano) el primero en confesarlo tras su muerte: "verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39).

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La humanidad de Cristo

Otro aspecto conmovedor de la obra de san Marcos es cómo detalla la humanidad de Jesús. Nos describe a un Cristo que se compadece de la multitud (Mc 6, 34), que se indigna ante la dureza de corazón (Mc 3, 5), que abraza y bendice a los niños (Mc 10, 16), y que siente pavor y angustia en el huerto de Getsemaní (Mc 14, 33). Esta aproximación tan humana y tan divina es una fuente inagotable para la oración personal.

Enseñanza de san Josemaría: vivir el Evangelio

La sensibilidad que propone la Fundación CARF, inspirada en la formación sacerdotal y en las enseñanzas de san Josemaría Escrivá (fundador del Opus Dei), conocer y vivir la Palabra de Dios resulta vital.

San Josemaría recomendaba insistentemente la lectura y la meditación diaria del Santo Evangelio. En su obra, se nos invita no solo a leer las páginas sagradas como quien lee un libro de historia antigua, sino a vivirlas. Como enseñaba frecuentemente: «Yo te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más (Amigos de Dios, punto 253)».

Leer el Evangelio de san Marcos bajo esta luz cambia por completo nuestra perspectiva. Nos convertimos en uno más de la multitud que se aprieta contra Jesús junto al lago de Genesaret; somos el ciego Bartimeo que grita desde el borde del camino pidiendo compasión; o aquellos apóstoles que, en medio de la tormenta en el mar, despiertan al Maestro con mucho miedo y una fe vacilante. A través de los escritos de san Josemaría vemos cómo esta familiaridad con la vida de Cristo es un apoyo para entender y vivir la santidad en medio del mundo.

San Marcos, al recoger la catequesis de Pedro, nos entregó un manual práctico para encontrarnos con Jesucristo en nuestra vida cotidiana, en nuestras ocupaciones diarias, invitándonos a ser portadores de su mensaje en nuestras propias familias y lugares de trabajo.

Celebración del 25 de abril y la tradición

El 25 de abril, la liturgia de la Iglesia Universal nos convoca a celebrar la fiesta de san Marcos. Es un día de alegría que, además de rendir homenaje al evangelista, subraya la importancia de la transmisión de la fe. Los textos litúrgicos aprobados por la Santa Sede e impulsados por la Conferencia Episcopal Española para este día hacen hincapié en la responsabilidad apostólica que todos los bautizados compartimos.

En la Liturgia de las Horas, la Iglesia ora pidiendo a Dios que, así como concedió a san Marcos la gracia de predicar el Evangelio, nosotros también podamos aprovechar sus enseñanzas para seguir fielmente las huellas de Cristo. Es una día propicio para renovar nuestro amor por las Sagradas Escrituras. Como nos recordó el papa Francisco, llevar un pequeño Evangelio en el bolsillo y leer un fragmento cada día es una práctica espiritual altamente recomendable para dejarnos transformar por la mirada de Cristo.

El león alado: símbolo de san Marcos

Al hablar de este santo debemos mencionar su representación iconográfica: el león alado. Esta imagen, profundamente arraigada en la historia del arte cristiano e inspirada en las visiones del profeta Ezequiel y en el libro del Apocalipsis, tiene un significado teológico precioso.

La tradición cristiana, especialmente a partir de san Jerónimo (siglo IV), asignó el león a san Marcos, porque su Evangelio comienza con la figura de san Juan Bautista clamando en el desierto. «Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Mc 1, 3). Los exégetas antiguos asociaron esa voz potente y solitaria en la estepa con el rugido del león, el rey de la selva y el desierto.

En el bestiario medieval y la exégesis patrística, se creía que los cachorros de león nacían muertos y su padre los despertaba a la vida al tercer día con su rugido. Esto se convirtió en un símbolo perfecto para el Evangelio de Marcos, que subraya con fuerza la majestad y la victoria de Cristo (el León de Judá) sobre la muerte con su Resurrección gloriosa.

Las alas que acompañan al león representan la naturaleza divina y la inspiración celestial de los escritos sagrados. Indican que el mensaje del evangelista no es puramente humano, sino que vuela desde lo alto, conectando la tierra con la divinidad.

Esta iconografía adorna miles de iglesias en todo el mundo, siendo la más famosa la basílica de san Marcos en Venecia, ciudad de la que es patrono indiscutible y donde reposan sus reliquias.

Objetivo de la Fundación CARF: llevar el Evangelio al mundo entero

La obra escrita por san Marcos concluye con el gran mandato misionero de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16, 15). Este versículo no es solo un cierre brillante para su libro; es el latido continuo del corazón de la Iglesia y es, de forma muy directa, una de las razones de ser de la Fundación CARF (Centro Académico Romano Fundación).

Para que el Evangelio escrito por san Marcos siga resonando con fuerza hoy, para que siga tocando los corazones en las grandes urbes descristianizadas y en las misiones más recónditas y países más abandonados y pobres, la Iglesia necesita sacerdotes santos, bien formados, sabios pastores con "olor a oveja". Necesita hombres que, como el propio Marcos hizo con san Pedro, se sienten a los pies de la sabiduría de la Iglesia para luego llevar esa verdad de una forma accesible y apasionada por todos los rincones del planeta.

En la Fundación CARF trabajamos incansablemente para apoyar la formación sólida e integral de seminaristas, sacerdotes diocesanos, y religiosos y religiosas, procedentes de todas partes del mundo, especialmente de aquellos lugares donde la Iglesia sufre persecución o carece de recursos. Al facilitarles estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, o en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona, estamos invirtiendo directamente en la expansión de la Palabra de Dios.

Un sacerdote bien formado en teología bíblica, que comprende las profundidades literarias, históricas y espirituales del Evangelio de san Marcos, es un sacerdote capaz de sostener la fe de miles de almas. Al igual que la madre de Marcos puso su casa a disposición de los Apóstoles, los benefactores de la Fundación CARF ponen sus recursos a disposición de los futuros pastores de la Iglesia diocesana.

La vigencia de un mensaje eterno

Al celebrar el 25 de abril, no solo recordamos a un santo del pasado. Celebramos que su obra, inspirada por el Espíritu Santo, sigue viva. El león de san Marcos sigue rugiendo. Sigue despertando conciencias, sigue consolando a los enfermos, sigue ofreciendo esperanza a los desesperados.

El reto que nos deja la festividad de este evangelista es doble. Por un lado, a nivel personal, estamos llamados a redescubrir su Evangelio. Te invitamos a que hoy a que tomes tu Biblia y leas, aunque sea, el primer capítulo de San Marcos. Haz el propósito de acompañar a Jesús, de dejarte interpelar por su autoridad y su amor compasivo.

Por otro lado, a nivel comunitario y eclesial, estamos llamados a apoyar la tarea evangelizadora. Nadie evangeliza solo. Al igual que Marcos necesitó a Bernabé, a Pablo y a Pedro, los sacerdotes de hoy te necesitan a ti.

Tu apoyo es el motor del Evangelio hoy

El mejor homenaje que podemos hacer a san Marcos en su festividad es asegurarnos de que la historia de Jesús que él escribió con tanta fidelidad nunca deje de ser contada. ¿Cómo puedes hacerlo posible? Apoyando la formación de aquellos que consagran su vida a predicar esta Palabra.

Desde la Fundación CARF, te animamos a que te unas a nuestra gran familia de socios, benefactores y amigos. Cada donativo, por pequeño que sea, se transforma en horas de estudio, en libros, en manutención para un seminarista o sacerdote que mañana celebrará la Eucaristía y leerá el Evangelio en su parroquia. Navega por nuestra página web y descubre cómo tu generosidad puede tener un impacto eterno en la formación de los pastores del mañana. Y sigue nuestras redes sociales en @fundacioncarf para conocer los rostros de aquellos a quienes estás ayudando a prepararse para «ir al mundo entero y proclamar el Evangelio».

Que san Marcos interceda por la Iglesia, por el Papa, por todos los sacerdotes y religiosos, y por todos los que formamos parte del carisma que promueve la Fundación CARF, para que el rugido de la fe nunca se apague en nuestros corazones.



El mercadillo solidario de tocados ‘royals’ que impulsa la formación de sacerdotes

El reciente mercadillo solidario de la Fundación CARF demostró que la elegancia y el compromiso social son un binomio que funciona bien. El evento, que se celebró del 4 al 6 y del 11 al 13 de marzo, por las tardes de cinco a ocho y media, no solo fue un éxito de convocatoria entre los benefactores, amigos y socios de la Fundación. El mercadillo siempre está promovido por el Patronato de Acción Social, y se convirtió en un escaparate de sofisticación gracias a los exclusivos tocados y pamelas de la diseñadora María Nieto —famosa por vestir a la reina Letizia, tal y como señalaba la agencia Servimedia—, cuyas creaciones fueron el gran reclamo de la cita.

Numerosas benefactoras y amigas de la Fundación se dieron cita para adquirir desde accesorios de alta costura hasta tesoros vintage, convirtiendo cada compra en un gesto de esperanza.

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Nieves Herrero durante su visita al mercadillo.

Nieves Herrero en el mercadillo solidario

La jornada contó con una madrina de excepción: la periodista Nieves Herrero. Durante su visita, Herrero destacó la relevancia de la labor de la fundación con una frase que resume el espíritu del evento:

«Formar a los sacerdotes es un bien para todos».

Uno de los momentos más emotivos fue cuando descubrió la mochila de vasos sagrados. Este kit, con un coste de 700 euros, es el regalo de graduación más valioso para los seminaristas que regresan a sus diócesis de origen, siempre en países con escasos recursos económicos.

La mochila está diseñada para que puedan celebrar la Santa Misa y administrar los sacramentos con total dignidad, incluso en las regiones más remotas y con menos recursos del planeta.

Mochila de vasos sagrados de la Fundación CARF en la que se muestra encima de una mesa todo el contenido de la mochila
Mochila de vasos sagrados de la Fundación CARF.

La mochila, un regalo muy apreciado

Este regalo, valorado en 700 euros, es considerado uno de los más apreciados por los sacerdotes recién ordenados. Contiene todo lo necesario para poder celebrar la Santa Misa y administrar los sacramentos con dignidad, incluso en lugares donde apenas existen medios materiales.

Contenido detallado de la mochila de vasos sagrados de la Fundación CARF:

Formación de élite para un Impacto global

Esta misión se desarrolla a través de centros académicos de prestigio donde se forman quienes, en el futuro, llevarán su labor pastoral a los rincones más necesitados del mundo.

Más allá de la moda, el objetivo de este mercadillo es recaudar fondos para la formación integral (humana, intelectual y espiritual) de sacerdotes y religiosos. Los beneficiarios estudian en centros como:

Una jornada en la que la moda se convirtió en vehículo de esperanza, y donde cada compra fue también un gesto de apoyo a una causa que trasciende fronteras.

Gracias a la generosidad de los asistentes, estos futuros pastores podrán llevar su labor a los rincones más necesitados del mundo, contando con una preparación académica y espiritual de primer nivel.

Los objetos litúrgicos de la mochila de vasos sagrados

José Luis Solís, sacerdote de la diócesis mexicana de Celaya, rememora cuando «algunos párrocos me pedían que les ayudara a celebrar la eucaristía en lugares recónditos de sus parroquias». «Para acercarme a esos lugares, cuyo paisaje era bellísimo y donde se percibía un gran silencio, a veces era necesario montar a caballo o en burro o seguir caminando para llegar al sitio y poder celebrar la misa», prosigue. Una vez allí, el sacerdote abría su mochila, desplegaba su contenido y comenzaba la eucaristía, a la que acudían fieles de todos los pueblos del entorno. «Agradezco a la fundación y pido a Dios por los frutos de esta obra», concluye.

Ropa de ceremonia y complementos

Por otro lado, el mercadillo ofrecía además ropa de ceremonia y de diario, así como complementos, en un ambiente marcado por la generosidad y la cercanía. Los fondos recaudados se destinan a la labor de la Fundación CARF para la formación integral –intelectual, humana y espiritual– de sacerdotes diocesanos, seminaristas y religiosos y religiosas de todo el mundo.



Marta Santín, periodista especializada en religión.


Un legado solidario que dará futuro a la Iglesia

Pensar en el futuro de la Iglesia significa preguntarse algo tan sencillo como: ¿quién sostendrá todo esto cuando nosotros ya no estemos? Pensar así en la Iglesia es un acto de amor que puedes apuntalar con tu testamento o con un legado solidario.

Durante nuestra vida recibimos mucho más de lo que solemos recordar. Recibimos una fe transmitida en familia, sacerdotes que nos acompañaron en momentos importantes, parroquias que estuvieron abiertas cuando las necesitábamos. Nada de todo ello apareció de la nada. Detrás se encontraban personas que se preocuparon por el futuro de la Iglesia, porque siguiera viva, bien estructurada y presente en cada generación.

La generosidad de Ana y Álvaro

En el documental Testigos, Álvaro y Ana cuentan cómo conocieron la Fundación CARF a través de un familiar que decidió incluirla en su testamento. Aquella decisión les sorprendió al principio, pero les llevó a informarse y a entender qué había detrás.

Descubrieron que la Fundación CARF ayuda a financiar la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo en instituciones académicas de Roma y Pamplona (la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra).

Se trata de apoyar a jóvenes que, en muchos casos, proceden de diócesis con muy pocos recursos económicos y que necesitan de un apoyo sólido para poderse formar bien antes de regresar a servir a sus comunidades.

Ambos, Ana y Álvaro, entendieron que incluir a la Fundación CARF en un testamento o legado solidario no era un gesto simbólico, sino que era una manera real de asegurar que esa labor continúe perpetuada en el tiempo.

Convertir el esfuerzo de una vida en un futuro para otros

Como dice Álvaro en el documental: «es una oportunidad brillante para prepararte un hogar en el cielo; pensar que, con tu patrimonio y el esfuerzo de toda una vida, puedes ayudar a que se formen tantos sacerdotes».

Más allá de la expresión espiritual, la idea es muy práctica. Después de años de trabajo, de ahorro y de esfuerzo, parte de ese patrimonio puede seguir generando un impacto cuando ya no estemos. Puede convertirse en formación integral para sacerdotes que atenderán parroquias, acompañarán a familias y estarán presentes en los momentos clave de la vida de muchas personas.

Una decisión compatible con el amor a la familia

Incluir a la Fundación CARF en el testamento no significa desatender y desentenderse de los seres queridos. En el caso de la legislación española se permite destinar una parte de la herencia (la de libre disposición) a una causa solidaria, respetando siempre la parte legítima de los herederos.

Es una decisión que puede tomarse con asesoramiento y serenidad. No exige grandes patrimonios ni compromisos inasumibles. Para muchos benefactores es simplemente la continuación natural de una vida en la que ya han colaborado con la Iglesia de distintas maneras.

Muchas personas que han colaborado durante su vida con donaciones o apoyo puntual ven en el legado solidario una continuación natural de ese compromiso vital.

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Seminaristas atienden en clase de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra

Tu legado solidario mira más allá del hoy

Cada generación tiene la oportunidad de renovar la generosidad de la anterior. A través de la Fundación CARF, tu herencia se convierte en un apoyo directo a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo: jóvenes que desean entregarse a Dios y servir a la Iglesia universal, pero que necesitan ayuda concreta para poder formarse.

Así como en el pasado hubo personas que aseguraron la continuidad de la misión de la Iglesia, mecenas y grandes donantes, hoy tú puedes hacer lo mismo. Convertir una parte del esfuerzo de tu vida en consolidar la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos para llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo.

Un cristiano (y un no creyente, igual) no se lleva nada al cielo, pero puede dejar mucho y bueno en la tierra. Tu legado puede convertirse en formación, en servicio y en continuidad. Puede ser la herencia más valiosa: la que sostiene a la Iglesia y permite que muchas personas sigan encontrando a Dios a través de sacerdotes bien formados que luchan por ser santos y por ayudar a los demás.

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