¿Qué significa la pastoral para un seminarista?

Durante el camino hacia el sacerdocio, los seminaristas no solo se forman en el estudio de la Teología o en la vida espiritual. También se preparan para ejercer una labor clave y profundamente humana: acompañar, servir y cuidar de las personas en su vida de fe. A esto se le llama pastoral: una experiencia que no solo enriquece su formación, sino que les permite experimentar cómo será su futuro ministerio como sacerdotes.

En la Fundación CARF, acompañamos a cientos de seminaristas de todo el mundo que, gracias a la ayuda de nuestros benefactores, reciben una formación integral. Parte esencial de esa formación es precisamente salir del aula y del oratorio o la capilla del seminario para encontrarse con las personas allí donde están. Pero, ¿qué significa realmente esta tarea?, ¿cuál es su función en el seminario?, ¿es una práctica más o algo esencial?

Parte del corazón del ministerio del sacerdote

La palabra proviene del término latino pastor, que significa pastor de ovejas. En la Iglesia, esta imagen evangélica se refiere al cuidado del pueblo de Dios, tal como lo hizo Jesucristo, el Buen Pastor. Vivir la pastoral, por tanto, no es otra cosa que salir al encuentro de las personas, guiarlas, escucharlas, acompañarlas y ofrecerles el alimento de la fe.

Para un seminarista, este aspecto de la formación es tan importante como el estudio de la Filosofía, la Teología o la Liturgia. A través de ella, el futuro sacerdote aprende a:

Grupo de sacerdotes y seminaristas mostrando alegría en un contexto pastoral dentro de un edificio religioso.
Un momento de encuentro y alegría en el camino de formación y servicio.

No es un ejercicio académico: es un encuentro

Servir a los demás en estos períodos que precisamente no son académicos (Semana Santa o el verano) no forma parte de un ejercicio académico, ni de un ensayo profesional. Es un encuentro real con el otro. Por eso, desde los primeros años del seminario, los formadores proponen a los seminaristas diversas actividades en parroquias, colegios, hospitales, residencias, prisiones o en el ámbito universitario. Allí, acompañados siempre por sacerdotes con experiencia, los jóvenes aprenden a vivir lo que luego serán sus tareas cotidianas.

Muchos seminaristas que residen en las casas internacionales como el seminario internacional Bidasoa (Pamplona) o Sedes Sapientiae (Roma) realizan sus prácticas los fines de semana y en vacaciones. A pesar de las exigencias académicas de las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra o de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, dedican ese tiempo para ir a servir donde haga falta: dando catequesis, visitando enfermos, organizando actividades para jóvenes o colaborando en la liturgia dominical.

Jóvenes seminaristas y sacerdotes católicos asisten a clase en un aula universitaria, vestidos con la sotana negra o camisa clerical con alzacuellos. Están atentos, tomando notas o usando portátiles, como parte de su formación intelectual y espiritual para vivir plenamente su vocación y el compromiso del celibato sacerdotal.

Aprender a ser pastor, desde el principio

Un seminarista no espera a ser ordenado para aprender a ser pastor. Se entrena desde ya. En esas experiencias reales descubre las múltiples dimensiones del sacerdote: el consuelo al que sufre, la paciencia con el que duda, la alegría del servicio escondido, la escucha atenta a quien busca sentido en su vida.

Es también un momento clave de maduración personal y espiritual. El servicio “pone a prueba” las motivaciones vocacionales, purifica el corazón del seminarista y le ayuda a crecer en humildad y generosidad. Como él mismo no puede administrar sacramentos aún, su papel se centra en acompañar, escuchar y servir, sin pretensiones, desde la sencillez del testimonio.

Testimonios que hablan de vida

Muchos seminaristas que reciben ayudas de formación gracias a los benefactores de la Fundación CARF comparten testimonios conmovedores de su experiencia vital. Un seminarista africano contaba recientemente cómo, durante sus visitas a un hospital, aprendió a «ver a Cristo en cada cama, en cada rostro, en cada herida». Otro, de América, explicaba que en la catequesis con niños había descubierto «la alegría pura de transmitir la fe con palabras sencillas, pero llenas de verdad»

Estas experiencias marcan profundamente. No solo confirman la vocación, sino que abren el corazón al amor. Un amor que será la base del futuro ministerio sacerdotal: cercano, disponible, alegre y entregado.

Etapas en el seminario

La formación se va desarrollando progresivamente. En los primeros años, las actividades son más sencillas y se realizan siempre con acompañamiento. A medida que el seminarista avanza en su formación, se le confían más responsabilidades y se le invita a implicarse de manera más directa en la vida de la comunidad.

En los últimos años de formación, muchos seminarios viven esta costumbre durante un año o una etapa más intensa de inserción parroquial. Cuando el seminarista es ordenado diácono, puede ya predicar, bautizar, celebrar bodas y acompañar con mayor libertad a los fieles. Esta etapa es crucial para prepararse a la entrega total que supone la ordenación sacerdotal.

Diacono vestido con el alba blanca con las manos en posición de rezar

Gracias por hacerlo posible

Esta función de servicio forma parte de ese aprendizaje profundo y realista que prepara a los seminaristas a ser sacerdotes según el corazón de Cristo. Gracias a la generosidad de los benefactores de la Fundación CARF, cientos de jóvenes de todo el mundo no solo reciben una formación académica de primer nivel, sino que pueden vivir también estas experiencias que transforman su vocación en una entrega concreta y alegre.

Acompañarlos en este camino es una inversión de esperanza y futuro para la Iglesia universal. Porque donde hay un seminarista que aprende y se entrega sin medida, habrá una comunidad fieles que un día tendrá un sacerdote bien formado, cercano y generoso.

Samuel Pitcaithly, 9º seminarista de Nueva Zelanda

Samuel Pitcaithly se suma a la lista de seminaristas estudiantes de Nueva Zelanda que se han formado en los 40 años que tiene la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC), en Roma. Con este seminarista, ya son nueve los chicos que han pasado por las aulas, bibliotecas y programas de formación integral y asistencia personalizada de la universidad.

Samuel, joven neozelandés, posa en la cima de una montaña rodeado de naturaleza, con sudadera y gafas de sol.
Antes de responder a la vocación, Samuel vivía en su tierra natal, Nueva Zelanda.

Conocida por ser la Tierra Media de Tolkien y un país muy secularizado

Nueva Zelanda es un país más conocido por la filmación del libro escrito por J. R. R. Tolkien, El Señor de los Anillos, y llevada al cine por el director Peter Jackson, y por su haka, la danza ceremonial tradicional del pueblo maorí, los indígenas del país, que hoy en día es muy famosa en todo el mundo gracias al equipo nacional de rugby de Nueva Zelanda, los All Blacks. Sin embargo, nadie conoce a la religiosa Tierra Media neozelandesa de Tolkien por su religiosidad.

De hecho, la sociedad de Nueva Zelanda se encuentra muy secularizada: una parte significativa de la población se declara sin afiliación religiosa. Samuel Pitcaithly es el único estudiante de su país en la PUSC.

La historia de Samuel, quien nació en Christchurch, Nueva Zelanda, el 22 de noviembre de 1995 y que hoy está cursando el bienio filosófico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, gracias a una ayuda al estudio de la Fundación CARF, es precisamente la historia de muchos jóvenes de su país, crecidos a veces alejados de la fe.

Pero incluso en esa vida más alejada puede encenderse una chispa que poco a poco se convierta en fuego. De hecho, hoy este joven estudiante es un seminarista religioso perteneciente a la comunidad española Siervos del Hogar de la Madre y nos cuenta su historia iluminada por la llamada vocacional a ser sacerdote.

Una fe heredada, pero adormecida

«Me llamo Samuel Pitcaithly y vengo de Nueva Zelanda, el país de El Señor de los Anillos. Crecí en una familia católica, pero como sucede con muchos jóvenes hoy en día, la fe no era más que un aspecto más de mi vida, sin mucha importancia.

Por la gracia de Dios, en nuestra parroquia había un grupo de jóvenes al que asistía principalmente para divertirme con mis amigos. Recibíamos buena formación, y encontré compañeros valiosos que me ayudaron muchísimo», nos cuenta Samuel.

Samuel, seminarista neozelandés, sonríe junto a su padre y sus dos hermanos, todos vestidos de manera formal.
Samuel junto a su padre y hermanos en Nueva Zelanda, el lugar donde comenzó su camino como sacerdote religioso.

Una confesión que le cambió la vida

A los 17 años, durante un campamento para jóvenes líderes católicos, Samuel vivió una experiencia muy fuerte con Dios. En la última noche hubo una liturgia de reconciliación. Les dieron un bolígrafo y un papel, y les pidieron que escribieran todos sus pecados antes de confesarse.

«Al principio escribí lo de siempre: discusiones, quejas... pero pronto el Señor comenzó a recordarme cosas que había olvidado, escondido o minimizado. Llené el papel entero y me sorprendió la cantidad. Al confesarme, al recibir la absolución, sentí que un peso enorme caía de mis hombros y experimenté con fuerza el amor de Jesús. Comprendí de verdad que había muerto por mí. Y sentí que tenía que hacer algo por Él en respuesta».

La búsqueda del sentido

Desde entonces, comenzó a rezar e ir a Misa por iniciativa propia. Ayudaba con el grupo de jóvenes y seguía formándose, mientras estudiaba ingeniería en la universidad. Sin embargo, ese fuego inicial se fue apagando con el tiempo.

En su último año decidió participar en un retiro. Allí, en adoración ante el Santísimo, le preguntó a Jesús qué debía hacer con su vida. Mientras todos sus amigos buscaban trabajo, Samuel sentía un vacío.

«Le pedí a Jesús que me ayudara a encontrar un trabajo. Y entonces, en el corazón, sentí su voz clara: 'Quiero que me des dos años'.

Me sorprendió. No esperaba eso. Pero sentí la misma paz profunda que había sentido años antes. En aquella confesión; supe que Jesús me estaba guiando», relata con emoción.

Un camino providencial: NET y Nightfever

Algunos amigos le habían hablado de NET (National Evangelisation Teams, Equipos Nacionales de Evangelización), un grupo de misioneros que trabajan con jóvenes en varios países. A Samuel le parecía perfecto: podía servir al Señor, trabajar con jóvenes y conocer el mundo. Se inscribió y le enviaron a una parroquia en Dublín, Irlanda.

«Allí organizábamos grupos juveniles, catequesis, preparación para la Confirmación y colaborábamos en eventos como Nightfever, en el centro de Dublín: una exposición del Santísimo, música de alabanza, velas, y voluntarios que invitaban a los transeúntes a entrar y pasar un momento con Jesús.

Muchos, incluso alejados de la fe, tenían allí experiencias muy fuertes», nos cuenta.

Samuel de adolescente, sonrie junto a tres amigos un coche durante el NET en Irlanda.
Samuel, junto a tres amigos durante su etapa en Irlanda como NET.

El encuentro con los Siervos del Hogar de la Madre

«Durante una de esas noches de Nightfever, vi a un sacerdote joven con sotana, haciendo malabares con fuego rodeado de jóvenes alegres. Eran los Siervos del Hogar de la Madre. Me impresionaron su alegría, su juventud, su pasión por la fe». Se acercó a conocerlos y se enamoró de sus tres misiones:

  1. Defensa de la Eucaristía;
  2. Defensa del honor de Nuestra Madre, especialmente su Virginidad;
  3. Conquista de los jóvenes para Jesucristo.

Al final de esa noche le dijo a un compañero: «Si Dios me llama al sacerdocio, será con ellos».

La llamada al sacerdocio se confirma

Ese mismo año fue a una peregrinación con ellos a España. Al estar en la capilla de la Casa Madre sitió que estaba en casa. Un año después, en 2020, ingresó en la comunidad.

«Hoy, al mirar atrás, veo con claridad cómo Dios me ha guiado paso a paso. Hoy acabo de terminar mi primer año de estudios para el sacerdocio en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Es una bendición poder formarme en el corazón de la Iglesia, rodeado de seminaristas y profesores de todo el mundo, todos buscando la santidad» relata.

Gracias a los benefactores de la Fundación CARF

Samuel quiere agradecer a los benefactores de la Fundación CARF, sus oraciones y su apoyo: «Agradezco profundamente todo lo que hacen para que este camino, mío y de tantos compañeros seminaristas y sacerdotes de todo el mundo, sea posible. Les tengo muy presentes en mis oraciones y, si Dios quiere, un día podré ofrecer la Santa Misa por ustedes y sus intenciones.

¡Que Dios y Nuestra Santísima Madre los bendigan abundantemente!».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

El seminarista Xudong, impresionado por España

Xudong Feng, procede de Taiyuan, una antigua diócesis del norte de China; llegaba con los muy ojos abiertos, el corazón lleno de fe y un temblor en el alma. Era la primera vez que salía de su país, y aunque le embargaba la incertidumbre y la dificultad del idioma, algo en su interior le decía que no venía solo a estudiar: venía a crecer.

Junto a Xudong Pedro Mari, otros dos seminaristas de China, residentes en el seminario internacional Bidasoa y que estudian en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, realizarán este verano su pastoral en Madrid, colaborando con los párrocos en las tareas litúrgicas y catequéticas.

Los compatriotas de Xudong Pedro Mari son Pengfei Wang (José Pedro), que pertenece a la archidiócesis de Taiyuan y acaba de culminar el curso puente de Bachillerato en Teología, y Zhinqinag Duan, (Pablo) de la archidiócesis de Beijing, que estudia el cuarto curso de Bachillerato en Teología.

Xudong Feng seminarista chino bidasoa

Una Iglesia universal

Junto a Xudong Pedro Mari, Pengfei José Pedro y Zhinqinag Pablo, otros 28 seminaristas de distintos países se desplazarán estos meses de verano a parroquias madrileñas. Este grupo de chicos colaborarán con los párrocos en la preparación de los sacramentos, la catequesis y otras labores pastorales y de liturgia como parte de su proceso de formación integral.

En el seminario internacional Bidasoa, Xudong Pedro Mari ha encontrado algo que no esperaba. En aquel rincón de Pamplona no solo ha hecho amigos de casi todos los continentes –África, América Latina, Europa, Asia–, sino que ha descubierto «la belleza de una Iglesia verdaderamente universal», afirma. Cada conversación, cada celebración compartida, cada plato que probaba o costumbre que aprendía, eran para él una lección de comunión.

«Al principio me costaba mucho hablar. No entendía bien el idioma, pero poco a poco fui comprendiendo. Hoy puedo decir que entiendo más que palabras; entiendo corazones», comenta con una sonrisa amable Xudong Pedro Mari.

Xudong Feng seminarista bidasoa

El ambiente espiritual de España

Xudong Pedro Mari estudia en la Universidad de Navarra gracias al apoyo de la Fundación CARF. Cada día atraviesa los pasillos de la Facultades Eclesiásticas con su cuaderno en la mano y con una convicción profunda: que su vocación es un regalo para los demás.

A Xudong Pedro Mari le ha impresionado especialmente, el ambiente espiritual que ha encontrado en España. «Aquí hay muchas iglesias. Incluso en las universidades, en los hospitales… Se respira fe. Es algo que me alimenta por dentro. ¡Me recuerda que la Iglesia está viva!», exclama.

Desde Navarra, comparte cada descubrimiento con su familia. «Les cuento todo: la cultura, las costumbres, las comidas, la forma de vivir la fe. Están muy contentos. Se alegran de que esté aquí aprendiendo, porque saben que es para volver mejor a casa».

Xudong Feng seminarista bidasoa

Las dificultades de la Iglesia en China

Y su casa es Taiyuan, una diócesis con más de 100.000 católicos, donde todavía se respira el sacrificio de siglos de persecución. «La Iglesia en China ha pasado por mucho. Desde la dinastía Tang, en el siglo VII, con la Iglesia nestoriana, hasta la llegada de los jesuitas en el siglo XVI. Ha habido mucha dificultad, pero la fe sigue ahí, como una llama protegida por manos viejas».

Xudong Pedro Mari recuerda con emoción cómo su vocación nació en esa tierra regada de fidelidad: «Mi abuelo y mis padres me enseñaron a ir a Misa todos los días desde niño. No era una obligación, era una herencia. Así empecé a sentir que quería ser sacerdote».

Hoy, mientras completa su formación, sabe que China necesita muchos sacerdotes y misioneros. La Iglesia crece, pero aún enfrenta desafíos: tensiones sociales, poca libertad en algunos lugares y, sobre todo, la necesidad de esperanza.

«Estoy aquí gracias a muchas personas que creen en nuestra vocación. Gracias a la Fundación CARF, puedo formarme bien para servir mejor. Sé que mi camino no termina en Navarra: apenas empieza. Quiero volver a mi pueblo, a mi diócesis, y dar lo que he recibido».

Xudong Pedro Mari, el seminarista de ojos orientales y corazón universal, camina despacio, sin prisas, pero con firmeza. Su historia es la de miles de cristianos en China que, entre silencios y fidelidades, siguen manteniendo viva la fe. Y también es la historia de una Iglesia sin fronteras, donde un joven de Taiyuan puede encontrar, en España, un hogar para su vocación.

Xudong Feng seminarista bidasoa

Marta Santín, periodista especializada en religión.

«Dios sigue llamando y no se olvida de Venezuela»

Leonardo nació en El Tigre (Venezuela), pero creció en Pariaguán, «un pueblo al que Dios ha regalado atardeceres hermosos que se pueden apreciar en el gran horizonte plano cuando el sol se oculta», comenta Leo.

En ese pueblo guarda sus mejores recuerdos con su familia y amigos, una villa a la que siempre regresaba por vacaciones durante su etapa en el seminario en Venezuela para estar con los suyos y ayudar en la parroquia.

Allí vivió su infancia, acompañado por su madre y su abuela, las dos mujeres que sembraron en él la semilla de la fe. «Mi familia es un regalo de Dios para mí», confiesa con ternura. Es el menor de cuatro hermanos, y aunque su padre estuvo ausente, la calidez de su hogar, las catequesis dominicales y el ejemplo de sus mayores le dieron un sentido profundo de comunidad.

Ahora, sus sobrinos son la alegría de todos ellos. «Para mí la familia es parte esencial de mi vida en todos los aspectos». Leo se entristece al recodar que algunos de los suyos no han tenido más remedio que salir de Venezuela debido a la situación política.

Decir sí al Señor y recibir una buena formación

Fue en su adolescencia, mientras ayudaba como monaguillo, cantaba en Misa o participaba en la Legión de María, cuando comenzó a preguntarse por su futuro. A los 17 años, decidió decirle sí al Señor, impulsado por el testimonio cercano de su párroco. «El Señor me llamó en lo más común: siendo un joven que quería hacer algo con su vida», expresa. Y así, Leonardo decidió tomar esta hermosa aventura que cada día le cautiva más.

Ahora reside en el seminario internacional Bidasoa, y estudia las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Fue enviado por su obispo, Mons. José Manuel Romero Barrios, para servir a la joven diócesis de El Tigre, que acaba de cumplir siete años.

«Como dice mi obispo, estamos sembrando lo que otros cosecharán. Hay mucha necesidad de sacerdotes y es fundamental que estemos bien formados, no por nosotros, sino por la gente, que tiene derecho a buenos pastores».

Leonardo posa subido a una motocicleta en su pueblo nata, en Venezuela, mientra piensa en Dios.

Venezuela, una oportunidad para evangelizar

En Venezuela, donde la escasez y las tensiones sociales han marcado generaciones, Leonardo no ve desánimo, sino misión. «Es una gran oportunidad para consolar a un pueblo humilde que sufre. Evangelizar hoy es estar cerca, escuchar, presentar a Dios las heridas de todos. Y confiar».

Leonardo recuerda que las dificultades siempre han estado presentes en la vida de la Iglesia, tanto en Venezuela como en otros países. «Es en estas dificultades donde podemos encontrar oportunidades para llevar al Señor Jesús a todas esas personas que sufren y que están sedientos de Él», afirma.

Para ello, hace falta mucho diálogo, respeto, y sobre todo capacidad de escuchar y acompañar a las personas que viven angustiadas, con dificultades, pero también con alegrías y anhelos a Dios. «Esta es la manera de provocar un cambio en mi país, sosteniendo la fe de todo ese pueblo y confiando en la misericordia de Dios», dice esperanzado.

El sacerdote del siglo XXI

Para impulsar este cambio, hacen falta presbíteros bien formados. Cuando le preguntamos a Leonardo cómo debe ser un sacerdote en el siglo XXI, no duda: «Debe ser alguien que escucha, que consuela, que no juzga. Un instrumento de Dios para el perdón. Un hombre de oración, capaz de ver a la persona cara a cara, no solo desde una pantalla o a través de las redes sociales. Un testigo pobre, libre, humilde y que confía en los planes de Dios».

Este joven seminarista lo tiene claro y este es su empeño: formarse como un sacerdote atento, respetuoso, informado de los acontecimientos del mundo, pero también capaz de profundizar en el propio contexto particular en el que se encuentre.

Un grupo de jóvenes durante una peregrinación mariana posan felizes en la cima de una montaña.

«Que las personas que vean un sacerdote vean a alguien en quien confiar y en quien encontrar un apoyo. Un sacerdote de nuestro tiempo debe ser obediente y estar dispuesto a sufrir cualquier calamidad por anunciar la Palabra de Dios, por llevar a Jesús a todos», remarca.

La secularización en los jóvenes

En un mundo cada vez más secularizado, él no pierde la esperanza ni el optimismo, fundamentalmente porque comprueba cada día que muchos jóvenes sienten la llamada de Dios.

«Para atraer a los jóvenes a la fe hace falta comprensión y cercanía, pero sobre todo oración, porque todas las estrategias de evangelización serían estériles si no confiamos y lo ponemos en manos de Dios. Cristo sigue cautivando, pero hay que saber presentarlo de forma que les hable», manifiesta con entusiasmo.

El joven Leonardo entiende a la perfección a la juventud actual, porque él mismo forma parte de la llamada generación zeta. Por eso, recuerda que para evangelizar a los jóvenes es necesario entender cómo piensan hoy en día.

«Eso es una realidad muy compleja. Sin embargo, un sacerdote puede acercarse y escuchar las inquietudes de los jóvenes, hacerles ver que hay cosas mucho más profundas y que en Dios está nuestra felicidad».

Humberto Salas, sacerdote de Venezuela junto a algunos monaguillos de su parroquia.

Lazos entre España y Venezuela

Leonardo también nos cuenta los lazos entre España y Venezuela y nos deja un mensaje para la reflexión: «Europa llevó la fe a América, pero Europa está perdiendo la fe y América la está conservando y sosteniendo».

Para él, Venezuela y España pueden complementarse en todos los sentidos: «España nos ha recibido y nosotros no podemos sino ofrecerles lo mejor de nosotros mismos. Los valores humanos y cristianos de los venezolanos son un vaso de agua fresca para toda España y Europa, y la historia y tradición de Europa ayuda a ampliar el horizonte de todos los que aquí vienen».

Por eso, está muy contento de estar en España y residir en el seminario internacional Bidasoa donde ha encontrado un hogar: «Es impresionante ver a seminaristas de tantos países con el mismo anhelo. Aquí he hecho amigos, he rezado, he estudiado. Es un ambiente propicio para crecer. Se palpa la Iglesia universal».

Leonardo sabe que su camino es exigente, pero no duda. Porque hay una certeza que le sostiene: Dios no deja de llamar. Y él, con serenidad y alegría, ya ha respondido.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús 2025

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús celebramos la solemnidad litúrgica del amor de Dios: hoy es la fiesta del amor, dijo hace unos años el Papa Francisco. Y añade «el apóstol Juan nos dice qué es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos ha amado primero. Él nos esperaba con amor. Él es el primero en amar». San Juan Pablo II decía que «esta fiesta recuerda el misterio del Amor que Dios alberga por los hombres de todos los tiempos».

¿Cuándo se celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús?

Todo el mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, aunque su fiesta es después de la octava de Corpus Christi. Este 2025 se celebra el viernes 27 de junio.

Durante la fiesta, san Josemaría invita a meditar sobre el Amor de Dios: «Son pensamientos, afectos, conversaciones que las almas enamoradas han dedicado a Jesús desde siempre. Pero, para entender ese lenguaje, para saber de verdad lo que es el corazón humano y el Corazón de Cristo hace falta fe y hace falta humildad».

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

San Josemaría hace hincapié en que como devotos tengamos presente toda la riqueza que se encierra en estas palabras: Sagrado Corazón de Jesús.

Cuando hablamos de corazón humano no nos referimos sólo a los sentimientos, aludimos a toda la persona que quiere, que ama y trata a los demás. Un hombre vale lo que vale su corazón, podemos decir.

En la Biblia se habla del corazón, para referirse a la persona que, como manifestó el mismo Jesucristo, se dirige toda ella –alma y cuerpo– a lo que considera su bien. «Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt VI, 21).

Por eso al hablar de la devoción al Corazón, san Josemaría pone de manifiesto la certeza del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotros. Al recomendar la devoción a ese Sagrado Corazón de Jesús, nos recomienda dirigirnos íntegramente –con todo lo que somos: nuestra alma, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones, nuestros trabajos y nuestras alegrías– a todo Jesús.

En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a Él, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en la devoción más superficialidad que la del hombre que no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado. Sin olvidarnos que siempre a su lado está el Sagrado Corazón de María.

Representación del Sagrado Corazón de Jesús con halo de luz, mostrando el corazón ardiente en su pecho y las heridas de la crucifixión en sus manos, sobre fondo oscuro.

¿Qué significado tiene el Sagrado Corazón?

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús nos ama tanto, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

El Papa Francisco nos dijo que el Sagrado Corazón de Jesús invita a aprender «del Señor que se ha hecho alimento, para que cada uno pueda estar todavía más disponible para con los otros, sirviendo a todos los necesitados, especialmente a las familias más pobres».

Que el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, que celebramos, nos ayude a mantener nuestro corazón lleno de amor misericordioso, con todos los que sufren. Por ello, pidamos un corazón:

Nosotros podemos demostrar nuestro amor con nuestras obras; en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

La paz de los cristianos

En esta fiesta, los cristianos tenemos que proponernos que hemos de luchar por obrar el bien. Es mucho lo que falta para que la convivencia terrena esté inspirada por el amor.

Aun así, no desaparecerá el dolor. Ante esas pesadumbres, los cristianos tenemos una respuesta auténtica, una respuesta que es definitiva: Cristo en la Cruz, Dios que sufre y que muere, Dios que nos entrega su Corazón, que una lanza abrió por amor a todos.

Nuestro Señor abomina de las injusticias, y condena al que las comete. Pero, como respeta la libertad de cada individuo, permite que las haya.

Su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas: nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia. Vivir en el Corazón de Jesús, es unirnos a Cristo estrechamente, es convertirnos en morada de Dios.

«El que me ama será amado por mi Padre, nos anunció el Señor. Y Cristo y el Padre, en el Espíritu Santo, vienen al alma y hacen en ella su morada», escribe san Josemaría.

Valen tanto los hombres, su vida y su felicidad, que el mismo hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarnos para elevarnos. ¿Quién no amará su corazón tan herido? Preguntaba ante eso un alma contemplativa. Y seguía preguntando: ¿quién no devolverá amor por amor?, ¿quién no abrazará un Corazón tan puro?, termina de añadir san Josemaría Escrivá.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Roma

¿Cómo surgió la fiesta? Historia del Sagrado Corazón de Jesús

Fue un pedido explícito de Jesús, quien el 16 de junio de 1675 se le apareció y le mostró su Corazón a santa Margarita María de Alacoque. Jesús se le apareció en varias ocasiones y le comunico lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

Durante estas visitas, Jesús le pidió a santa Margarita que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

Más adelante santa Margarita con su director espiritual, propagarían los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús. En 1899, el papa León XIII publicó la encíclica Annum Sacrum sobre la consagración del género humano, que se realizó ese mismo año.

San Juan Pablo II en su pontificado estableció que en esta fiesta además se celebrase la Jornada Mundial de Oración por la santificación de los sacerdotes. Muchos grupos, movimientos, órdenes y congregaciones religiosas, desde antiguo, se han puesto bajo su protección.

En Roma se encuentra la Basílica del Sacro Cuore (Sagrado Corazón) construida por San Juan Bosco por encargo del papa León XIII y con donaciones de fieles y devotos de varios países.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús en el devocionario católico

¿Cómo se reza al Sagrado Corazón de Jesús? Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:

Escrita por santa María de Alacoque:

«Yo, (decir aquí tu nombre), me doy y consagro al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, mi persona y mi vida, mis oraciones, penas y sufrimientos, para no querer servirme de ninguna parte de mi ser, sino para honrarlo, amarlo y glorificarlo. Es mi voluntad irrevocable ser todo de Él y hacer todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo lo que pueda disgustarle.

Yo os tomo, pues, Oh Sagrado Corazón, por el único objeto de mi amor, el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación, el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia, el reparador de todos los defectos de mi vida, y mi asilo en la hora de mi muerte».


Bibliografía

Es Cristo que pasa, san Josemaría Escrivá.
Confesiones, San Agustín.
Carta, 5 de octubre de 1986, al M. R. P. Kolvenbach, san Juan Pablo II.
Opusdei.org
Vaticannews.va

Vocación de Angola: del campo al seminario

Gonçalves es un joven de Angola que descubrió su vocación desde muy pequeño, a los ocho años. «Mi corazón ardía y soñaba con ser catequista», recuerda con emoción. Hoy, junto a un compañero, es una de las primeras vocaciones de seminaristas angoleños que estudian en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona.

Angola es un país rico en recursos naturales como los diamantes y el petróleo. Sin embargo, sigue enfrentando grandes desafíos. La falta de sentido de pertenencia entre sus ciudadanos y la escasa responsabilidad de algunos gobernantes hacia el bien común contribuyen a que persista la pobreza.

Al servicio de su país

Gonçalves es plenamente consciente de los desafíos que enfrenta su país. Aunque su vocación sacerdotal se centra en la evangelización y en la administración de los sacramentos, sabe que, a través de su ministerio, podrá contribuir al bienestar de muchos de sus compatriotas.

«A pesar de la pobreza, la escasez de escuelas, la falta de infraestructuras viales y las deficiencias en el sistema de salud, quien visite mi país descubrirá, ante todo, la alegría de su gente. La hospitalidad, la humildad, el deseo de aprender y la unidad entre diversas culturas son signos vivos del espíritu angoleño y caminos privilegiados para la evangelización.

También destacaría la profunda fe del pueblo y su liturgia vibrante, que permite un encuentro auténtico con lo divino, sin olvidar los encantos de nuestra naturaleza y la riqueza de nuestra gastronomía», afirma con entusiasmo este joven.

La primera vocación de Angola en Bidasoa

Pertenece a la diócesis de Lwena-Moxico, la más extensa de Angola, con una superficie de 223.000 km². Junto con un compañero, es el primer angoleño que estudia en el seminario internacional Bidasoa. Este año comenzará su tercer curso de Teología. «Siempre he definido mi vocación como una verdadera Providencia divina» y mi obispo Dom Martín Lasarte fue quien quiso que viniese a España a formarme.

Gonçalves puede formarse en Bidasoa gracias al apoyo de la Fundación CARF, que cubre los costes de su formación sacerdotal. Este compromiso con la formación es uno de los pilares fundamentales de la Fundación: ayudar a las vocaciones de países con menos recursos, para que ninguna se pierda por falta de medios económicos.

Un ambiente familiar lleno de valores

«Vengo de una familia humilde y campesina, compuesta por ocho miembros: cuatro hombres y cuatro mujeres. Soy el séptimo hijo y el único que aún está estudiando, ya que mis hermanos y hermanas ya han formado sus propias familias. Mis padres, aunque ya mayores, aún viven. Toda mi familia es cristiana, pero solo mi madre, un hermano y tres hermanas son católicos; los demás pertenecen a otras denominaciones cristianas. A pesar de las limitaciones económicas, crecimos en un ambiente lleno de valores humanos y religiosos que han marcado profundamente nuestra vida», relata Gonçalves.

Su vocación al sacerdocio nació cuando tenía ocho años. «Solía ir todos los domingos a la iglesia con mi madre, y me fascinaba ver al catequista explicar las lecturas. Sentía un ardor en el corazón y soñaba con ser catequista algún día».

Ese deseo se fortaleció en 2012, cuando llegaron a su municipio los sacerdotes religiosos de la Congregación de los Sacramentinos de Nuestra Señora, procedentes de Brasil. Fundaron la parroquia de san Antonio de Lisboa y, con su testimonio de vida, su dedicación a la Palabra de Dios, su servicio en los pueblos más alejados y su atención a los ancianos y a los niños de la calle, transformaron por completo su visión: «De querer ser catequista, pasé a sentir una llamada al sacerdocio».

Goncalves-Cacoma-Cahinga-Angola-vocación-sacerdote

Las dificultades económicas y las tribulaciones

Pero su vocación no ha estado exenta de dificultades y tribulaciones que marcaron profundamente su camino, al punto de estar a punto de naufragar.

En 2014 se trasladó a otro municipio para continuar sus estudios y, durante ese tiempo, se alejó de la Iglesia. En 2016 finalizó el segundo ciclo, regresó a su pueblo y no pudo seguir estudiando por falta de recursos económicos.

«Durante ese año, tenía otros planes: formar una familia y buscar trabajo. Sin embargo, el Señor tenía otros caminos para mí. Los sacerdotes hablaron conmigo y con mis padres, y me invitaron a participar en la formación vocacional con vistas a ingresar en el seminario. Así, en 2018 ingresé en el seminario propedéutico san Juan María Vianney».

Tres años después, en 2020, los sacerdotes que financiaban sus estudios regresaron a su país, y ante la imposibilidad de continuar por falta de medios, decidió abandonar el seminario. Sin embargo, gracias a la intervención de su rector y a una señora generosa que se ofreció a costear su formación, pudo ingresar en el seminario mayor de Filosofía san José, donde estudió durante tres años.

Seminario internacional Bidasoa

Una gran oportunidad para madurar en su vocación 

Actualmente, Gonçalves se encuentra en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona. «Para mí fue una verdadera sorpresa, y también para mi familia. Es una oportunidad para crecer en mi vocación, en mi misión y madurar más en mi formación», afirma con gratitud.

Consciente de la necesidad pastoral en su país, añade: «En mi diócesis, aunque hay bastantes católicos, hay pocos sacerdotes y pocas parroquias. Por eso agradezco profundamente a todos los benefactores de la Fundación CARF la oportunidad que me brindan. Para mí, estar en Bidasoa supone una gran riqueza, porque me permite descubrir la grandeza de la Iglesia universal».

Finaliza su testimonio con un sincero agradecimiento a la Fundación CARF, cuya ayuda ha sido clave para que su vocación siga adelante.


Marta Santín, periodista especializada en religión.