De Uganda a Pamplona como seminarista: una historia de superación

Timothy Katende, seminarista ugandés de 28 años, estudia quinto curso del bachillerato en Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Se quedó huérfano de madre y padre siendo niño y fue educado por sus tíos: «la familia extensa es vital en mi país». Él es el primer miembro de su diócesis Kiyinda-Mityana, que viene a España a formarse en Teología.

Al desgranar su presente y futuro, Timothy visualiza el camino que ha recorrido. Apenas al mes de nacer, perdió a su madre y con siete años a su padre, lo que hizo que tuviese que separarse de su hermano para ser criado por unos parientes en Maddu, aldea perteneciente a la diócesis de Kiyinda-Mityana.

Timothy, el seminarista huérfano creció con sus primos

«Crecer con mis tíos y mis cuatro primos que eran más o menos de mi misma edad, me ayudó mucho. Además, en el pueblo había un buen ambiente familiar y tenía muchos amigos con los que jugaba al fútbol e iba a la escuela Primaria. Mis tíos me han apoyado mucho con lo poco que tenían, me han dado mucho cariño y sacrificio. Nunca perdí el contacto con mi hermano», relata.

Para Timothy, el papel de la familia es muy importante porque allí es donde se enseñan los valores morales y sociales: el respeto a los demás, la responsabilidad y cuidado de las prácticas culturales y religiosas. «La familia es donde uno debe sentirse más amado, respetado y apoyado. En las familias, se enseñan y se aprenden las responsabilidades y las obligaciones de cada uno», explica.

seminarista uganda familia timothy

Ingresó en el seminario menor con trece años

Desde pequeño colaboraba en la parroquia como monaguillo, organizando el coro y trasladando los avisos del sacerdote a la comunidad.

«Después del examen nacional para terminar Primaria, con 13 años, el párroco me habló del seminario menor que buscaba chicos jóvenes y me preguntó si me gustaría ir: ¡estaba contentísimo!», afirma.

Superar el acceso era un paso, pero costear los estudios y el material, otro más difícil si cabe. El párroco expuso la situación en la celebración dominical y los vecinos se volcaron para ayudarle. Fue el comienzo de una andadura que prosiguió tras superar seis cursos y acceder al seminario mayor (Alokolum Major Seminary), en Gulu.

«La familia es donde uno debe sentirse más amado, respetado y apoyado. En las familias, se enseñan y se aprenden las responsabilidades».

Al desgranar su presente y su futuro, Timothy, visualiza el camino que ha recorrido. Apenas al mes de nacer, perdió a su madre y con siete años a su padre, lo que hizo que tuviese que separarse de su hermano para ser criado por unos parientes en Maddu, aldea perteneciente a la diócesis de Kiyinda-Mityana (Uganda).

«Crecer con mis tíos y mis cuatro primos que eran más o menos de mi misma edad, me ayudó mucho. Además, en el pueblo había un buen ambiente familiar y tenía muchos amigos con los que jugaba al fútbol e iba a la escuela primaria. Mis tíos me han apoyado mucho con lo poco que tenían, me han dado mucho cariño y sacrificio. Nunca perdí el contacto con mi hermano», relata.

Libertad y obediencia para estudiar

«Al terminar me ofrecieron una beca para estudiar Filología Francesa: me gustaba el Derecho y los idiomas…, pero yo ya tenía claro que quería ser sacerdote, quería seguir el camino que Dios había elegido para mí». Y así fue como continuó su formación con tres años de Filosofía, otro de pastoral en una parroquia y otro más de Teología en el seminario Kinyamasika. Allí se encontraba cuando le llamaron para venir a Pamplona.

«Cuando me dijeron que mi obispo, monseñor Joseph Antony Zziwa de la diócesis de Kiyinda-Mityana quería hablar conmigo, tuve un poco de preocupación. Pero luego los miedos se disiparon.  Me preguntó si quería ir a Pamplona a estudiar. Le dije que si había la oportunidad, estaba dispuesto. Lo hice con toda libertad y con obediencia».

Primer miembro de su diócesis en venir a España

Así es como Timothy Katende comenzó su aventura española convirtiéndose en el primer miembro de su diócesis que venía a España para formarse en Teología, ya que lo habitual es que viajen a Italia o a Estados Unidos.

Los miedos iniciales por adentrarse en una cultura desconocida y un idioma extraño, además de «la preocupación por la confianza del obispo y la responsabilidad de hacerlo bien», fueron superados por la ilusión.

Contar mi historia

«Nos encontramos muchos en la misma situación y así aprendemos y nos ayudamos los unos a los otros. Esta situación me ha hecho madurar», explica Timothy, quien espera valerse de su experiencia en el futuro.

Desde que llegó en julio de 2017 para aprender español, vive en el seminario internacional Bidasoa y este año estudia el 5º curso y finaliza el Ciclo I con el Grado de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra gracias a los benefactores y amigos de la Fundación CARF.

«Poner lo aprendido al servicio de mi diócesis es una forma de agradecer, tanto a los formadores que he tenido como a los benefactores que me permitieron formarme en Uganda inicialmente, como ahora en Pamplona. Les estoy muy agradecido a todos los que me apoyan en este camino».

Su diócesis, Kiyinda-Mityana se ubica en la región central de Uganda, en la provincia eclesiástica de Kampala. «Se trata de una diócesis rural. Muchos niños no tienen la oportunidad de ir a la escuela y a veces los que consiguen terminar la escuela Primaria no llegan lejos en sus estudios por problemas económicos», comenta.

Por eso tiene claro que cuando regrese quiere buscar «vocaciones contando mi testimonio y explicando que la responsabilidad tiene que ser de toda la parroquia: hay muchas familias dispuestas a ayudar a otros y la Iglesia necesita vocaciones».

Timothy explica que a la mayoría de las escuelas les faltan recursos necesarios, por ejemplo, acceso al agua, sillas o pizarras en las aulas, electricidad, etc. Incluso hay algunas escuelas sin techo.

En su diócesis, el 40 % de la población es católica, aunque la mayoría es cristiana protestante. Pero es mayoritariamente cristiana. Sin embargo, el islam va creciendo cada vez más: «ahora la población de los musulmanes va creciendo cada vez más».

La incertidumbre actual rodea también a su futura ordenación, pero Timothy sabe qué le gustaría hacer cuando finalice sus estudios: «Mi ilusión es volver a una parroquia en mi país y, aparte de las labores propias del sacerdote, me gustaría apoyar mucho las vocaciones. Más viendo mi caso, que he podido estudiar por los benefactores y he visto a muchos que no han podido seguir por falta de recursos».


Marta Santín, periodista especializada en religión.


¿Por qué te recomendamos escuchar cada día 10 minutos con Jesús?

Los 10 Minutos con Jesús (10mcJ) tienen un objetivo: llevar la vida de Cristo a los oyentes. Mostrar la belleza de la vida de Jesús, de su doctrina y virtudes, y servir de 'altavoz' para tocar el corazón de las personas y acercarlos a Dios.

Además, 10 minutos con Jesús ha decidido que los donativos que se realicen a través de su YouTube contribuirán a las ayudas al estudio que financia la Fundación CARF para sacerdotes diocesanos, seminarista y religiosos y religiosas para servir a la Iglesia en todo el mundo.

¿Cómo se realizan los donativos en YouTube? Los Super Thanks

Recientemente YouTube ha activado la posibilidad de ingresar donaciones mediante un botón que se llama Super Thanks, que permite a los creadores de contenidos obtener ingresos e interactuar con los usuarios que quieren demostrarles un mayor agradecimiento por su contenido que el sencillo Like o Me gusta, que todos conocemos.

En cada vídeo de 10 minutos con Jesús aparecerá el botón de Gracias. Al hacer clic en él se abre la opción de donar diferentes cantidades.

¿Qué es 10 minutos con Jesús?

Este contenido, llamado 10 minutos con Jesús, son audios grabados por sacerdotes con el objetivo de ayudar a rezar. El proyecto nació en 2018, por propuesta de María Feria, madre y profesora. A la vista de las vacaciones de verano, María sugirió al capellán de su colegio grabar breves charlas espirituales para compartirlas durante esas vacaciones con sus hijos y gente joven de su entorno.

Ante la insistencia de la madre, don José María García de Castro, sacerdote incardinado a la Prelatura del Opus Dei, accedió. Montó un primer audio, utilizando su propio móvil y un lenguaje sencillo y asequible. 

En esa primera ocasión, don José María, pensó en hablar de cosas cotidianas y de cómo acercar el Evangelio al día a día. En concreto, relató el contenido de una carta que le había enviado un chico que había estado colaborando con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta en una casa de niños de Nairobi en Kenia. 

El chaval contaba en la misiva, explicó el sacerdote, entre otras cosas, uno de los momentos que más le marcaron de su estancia en África. En concreto, cuando una Hermana de la Caridad le pidió que cogiera en brazos a un bebé que no paraba de llorar y le invitó a que le diera cariño.

El joven se quedó paralizado porque el bebé estaba muy caliente por la fiebre, pero las palabras de la monja le dieron seguridad. Comenzó a arrullar al pequeño, a acariciarle, a sonreírle, a darle besos. El niño dejó entonces de gimotear y sonrió. Pocos segundos después, se durmió. Sin embargo, el universitario notó que el crío no respiraba y avisó a la Hermana de la Caridad, que confirmó el fallecimiento. 

«Ella sabía que el niño se estaba muriendo y mirándome a los ojos me dijo: ha muerto en tus brazos y tú te has adelantado unos segundos al Amor que Dios le va a dar para toda la eternidad», relató el joven en la carta que inspiró a don José María para hablar en ese primer audio de cómo puede cada persona en su día a día adelantar ese Cielo, evitando discusiones en casa, sonriendo a los seres queridos o siendo amable con los demás. 

Los hijos de María Feria conectaron con el mensaje. El sacerdote grabó un segundo audio y un tercero y luego muchos más.

10 minutos con Jesús continuó creciendo

Don José María, contactó con otros sacerdotes amigos suyos para que se unieran a este ilusionante proyecto. Es así como se creó el primer grupo de WhatsApp y personas de todas partes del mundo comenzaron a sumarse como oyentes a esta iniciativa. Para finales del verano de 2018 eran miles de personas las que recibían diariamente estos audios. Los sacerdotes decidieron continuar grabando 10 minutos hasta el día de hoy.

Actualmente el equipo de 10 minutos con Jesús está por el mundo. No se conocen entre todos ellos, los ha unido Internet y el amor a Jesucristo.

Hoy, 10 minutos con Jesús se ha convertido en un fenómeno de masas. Esto se debe a su capacidad para adaptarse a las necesidades y a los estilos de vida de las personas. Ofrece un acceso conveniente a la espiritualidad y a la reflexión en un mundo ocupado. Suma una inmensa variedad de canales para atender a una audiencia muy diversa. Y se ha convertido en una herramienta valiosa para aquellos que buscan fortalecer su vida espiritual en medio de la vida cotidiana.

«Los curas hablamos muy raro y no queremos caer en eso; aquí hablamos claro y para que se entienda»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
Puedes escuchar 10mcJ en diversos idiomas

Los 10 minutos con Jesús cuenta con un canal de YouTube, donde tienes la posibilidad de disfrutar del contenido. El canal cuenta con más de 147.000 suscriptores y te ofrece acceso a todo el contenido. Aquí podrás encontrar los audios traducidos al inglés, portugués, francés y alemán.

«A pesar de los pesares, el mundo cuenta con 400.000 sacerdotes que adoran al Señor y están entregados a Él sirviendo a todas las almas sin importar su credo. Y qué mejor que ayudar a la formación de sacerdotes y seminaristas diocesanos, y también religiosos y religiosas para que se forman en las universidades a las que apoya la Fundación CARF»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.

Canales en los que puedes recibir o escuchar los 10 minutos con Jesús  

Puedes escuchar 10 minutos con Jesús en una amplia variedad de plataformas y aplicaciones. 10mcJ tiene una aplicación específica que puedes descargar en tu dispositivo Apple o Android. En ella, podrás escuchar los audios directamente. Con esta herramienta 10 minutos con Jesús, trae a tu dispositivo el contenido de los más de 700 audios, actualizados diariamente y clasificados por temas, edades, sacerdotes y con enlaces a más contenidos relacionados con la meditación del día.

La APP funciona en segundo plano, los audios se pueden escuchar con la pantalla apagada o al abrir otras aplicaciones. Además, te ofrece diferentes posibilidades como acceso gratuito al audio de cada día y sugerencias de otros audios que te pueden ayudar. También permite realizar búsquedas de meditaciones en la base de datos. Y facilita el acceso a las citas de las Sagradas Escrituras que acompañan cada meditación o a algún otro texto relevante. 

Por otro lado, cuenta con un apartado para tomar tus propias notas a modo de diario espiritual. Y posibilita descargar audios en el dispositivo para escucharlos sin conexión.

Existen también otros canales disponibles para no perderse los 10 minutos con Jesús. La elección de la plataforma dependerá de tus preferencias personales y del dispositivo que utilices.

«Actualmente el equipo de 10mcJ está disperso por el mundo. Ni siquiera nos conocemos todos entre nosotros. Nos ha unido Internet y el amor a Jesucristo. Sacerdotes y laicos de EE. UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas formamos el equipo que hace posible que decenas de miles de personas de todo el planeta pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de audios de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, podcast de Apple, Google Podcast en cinco idiomas» 

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.

Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.

Es importante destacar que los promotores de esta iniciativa ofrecen también contacto directo con los sacerdotes. Es decir, cualquier persona que quiera contactar con uno de los sacerdotes del equipo de 10 Minutos con Jesús, puede hacerlo rellenando un formulario en la web. 


4 cuestiones sobre el origen del sacerdocio cristiano

Antes de profundizar, conviene entender la idea central: el sacerdocio cristiano no surge como una estructura creada por la Iglesia, sino como participación real en el sacerdocio único de Cristo. Todo lo que sigue en esta entrada explica cómo esa realidad se fue expresando y consolidando desde los Apóstoles hasta los primeros ministerios.

El sacerdocio cristiano no nace de una institución humana, sino del único Sacerdote: Cristo, cuya misión continúa viva en la Iglesia primitiva y en sus ministros.

¿Cómo se explica que Jesús nunca se refiriera a sí mismo como sacerdote?

El sacerdote es, ante todo, un mediador entre Dios y los hombres. Alguien que hace presente a Dios entre las personas, y a la vez, alguien que presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, que es Dios y hombre verdadero, es el más auténtico sacerdote.

Sin embargo, conociendo los derroteros que había tomado el sacerdocio israelita en su época, limitado a la realización de unas ceremonias en las que se sacrificaban unos animales en el Templo, pero con el corazón más atento de ordinario a las intrigas políticas y al afán de poder personal, no sorprende que Jesús nunca se presentara como sacerdote.

El suyo no era un sacerdocio como el que se veía en los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Además, a sus contemporáneos parecía evidente que no lo era, ya que según la Ley el sacerdocio estaba reservado a los miembros de la tribu de Leví y Jesús era de la tribu de Judá.

Su figura era mucho más próxima a la de los antiguos profetas, que predicaban la fidelidad a Dios (y en algunos casos como Elías y Eliseo realizaron milagros), o sobre todo, de la figura de los maestros itinerantes que iban por ciudades y aldeas rodeados con un grupo de discípulos a los que enseñaban y a cuyas sesiones de instrucción permitían acercarse a la gente. De hecho, los Evangelios reflejan que cuando la gente hablaba a Jesús se dirigían a él llamándolo “Rabbí” o “Maestro”.

Pero Jesús, ¿Realizó tareas propiamente sacerdotales?

Desde luego. Es propio del sacerdote acercar Dios a la gente, y a la vez ofrecer sacrificios a favor de los hombres. La cercanía de Jesús a la humanidad necesitada de salvación y su intercesión para que pudiésemos alcanzar la misericordia de Dios culmina en el sacrificio de la Cruz.

Precisamente ahí surge un nuevo choque con la práctica del sacerdocio propia de aquel momento. La crucifixión no podía ser considerada por aquellos hombres como una ofrenda sacerdotal, sino todo lo contrario. Lo esencial del sacrificio no eran los sufrimientos de la víctima, ni su propia muerte, sino la realización de un rito en las condiciones establecidas, en el Templo de Jerusalén.

La muerte de Jesús se presentaba ante sus ojos de un modo muy distinto: como la ejecución de un condenado a muerte, realizada fuera de los muros de Jerusalén, y que en vez de atraer la benevolencia divina se consideraba –sacando de contexto un texto del Deuteronomio (Dt 21,23)- que era objeto de maldición.

¿Se empezó a hablar de sacerdotes ya desde los comienzos de la Iglesia?

En los momentos que siguieron a la Resurrección y Ascensión de Jesús a los cielos, tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar, y con el paso del tiempo fueron asociando colaboradores a su tarea. Pero si el mismo Jesucristo no se había designado nunca como sacerdote, era lógico que tal denominación ni se les ocurriera utilizarla a sus discípulos para hablar de sí mismos en esos primeros momentos.

De hecho, las tareas que realizaban tenían poco que ver con las que los sacerdotes judíos desempeñaban en el Templo. Por eso utilizaron otros nombres que designaran más descriptivamente sus funciones en las primeras comunidades cristianas: apóstolos que significa “enviado”, epíscopos que significa “inspector”, presbýteros “anciano” o diákonos “servidor, ayudante”, entre otros.

No obstante, al reflexionar y explicar las tareas de esos “ministros” que son los Apóstoles o que ellos mismos fueron instituyendo, se percibe que se trata de funciones realmente sacerdotales, aunque tienen un sentido diverso de lo que había sido característico del sacerdocio israelita.

Cuatro cuestiones sobre el sacerdocio cristiano
Ordenación de los primeros sacerdotes del Opus Dei: José María Hernández Garnica, Álvaro del Portillo y José Luis Múzquiz.

¿Cuál es ese sentido nuevo del sacerdocio cristiano?

Ese “sentido nuevo” se puede apreciar ya, por ejemplo, cuando san Pablo habla de sus propias tareas al servicio de la Iglesia. En sus cartas, para describir su ministerio emplea un vocabulario que es claramente sacerdotal, pero que no se refiere a un sacerdocio con personalidad propia, sino a una participación del Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús.

En este sentido, San Pablo no pretende asemejarse a los sacerdotes de la Antigua Alianza, pues su tarea no consiste en quemar sobre el fuego del altar el cadáver de un animal para sustraerlo —“santificándolo” en su sentido ritual— de este mundo, sino en “santificar” —en otro sentido, ayudándoles a alcanzar la “perfección” al introducirlos en el ámbito de Dios— a unos hombres vivos con el fuego del Espíritu Santo, prendido en sus corazones mediante la predicación del Evangelio.

Del mismo modo, cuando escribe a los Corintios, San Pablo hace notar que ha perdonado los pecados no en su nombre, sino in persona Christi (cf. 2 Co 2,10). No se trata de una simple representación ni de una actuación “en lugar de” Jesús, pues el mismo Cristo es quien actúa con sus ministros y mediante ellos.

Se puede afirmar, por tanto, que en la primitiva Iglesia hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter verdaderamente sacerdotal, que desempeñan diversas tareas al servicio de las comunidades cristianas, pero con un elemento común decisivo: ninguno de ellos son "sacerdotes" a título propio -ni por tanto gozan de autonomía para desempeñar un "sacerdocio" a su aire, con su sello personal-, sino que participan del sacerdocio de Cristo.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra. Profesor de Sagrada Escritura Facultad de Teología.


«El mayor peligro es olvidar para qué y para quién nos consagramos sacerdotes»

El padre Miguel Romero Camarillo es un sacerdote enamorado de los dos países que han marcado su trayectoria: su México natal y España, el país que le acogió para que pudiera completar sus estudios en Derecho Canónico. En ambos ha visto una fe que se deshace, por lo que vive entregado para que esto no ocurra llamando a los creyentes a ayudar a revivir la fe que ha dado forma a nuestra civilización.

Actualmente es párroco de Santa María de la Asunción, en Tlancualpicán, en el estado mexicano de Puebla. Y desde allí hace un análisis del catolicismo de su tierra, uno de los países con más católicos del mundo: «considero que se encuentra un poco frío, creo que las idolatrías nos están alcanzando nuevamente. El culto a la muerte, el neopentencostalismo, la nueva era, los abusos litúrgicos e incluso la ignorancia de los clérigos van hundiendo poco a poco las verdades de fe». Sin embargo, recuerda también que son muchos los católicos que «están comprometidos con la Iglesia y sostienen la vida de fe». Pero como ocurre en tantas ocasiones –añade– «lo malo hace más ruido».

Miguel Romero celebra la Santa Misa en su parroquia.

Antes de ser sacerdote, Miguel asegura que era una persona normal y corriente. Trabajaba como técnico químico industrial hasta que, finalmente y tras años planteándose su vocación, decidió dar ese paso al que Dios le llamaba.

Esta vocación se fue cultivando en su interior ya en su infancia, algo que luego fue fundamental cuando en su familia se dio un alejamiento de la fe. «Sobre todo mi abuela paterna y mi madre jugaron un papel importante. Recuerdo cosas de mi infancia, como que mi madre me leyera pasajes de san Francisco o viésemos películas de santos, o que mi abuela me hablara de los escritos de san Agustín», indica.

Sobre aquellos momentos destaca algo que le sucedió cuando tenía sólo seis años y de lo que se acuerda como si hubiera ocurrido ayer: «en Preescolar preguntaron qué era la Santísima Trinidad. Y yo con mis seis añitos contesté correctamente. La cara de la maestra era para haberla hecho una foto. Yo entonces tenía un fuerte deseo de ser sacerdote».

Una vocación de frente al Santísimo

Sin embargo, poco después su familia se alejó de la Iglesia, aunque esa semilla ya estaba insertada en su interior y acabaría brotando unos años más tarde. Fue a los 16 años cuando Miguel decidió entrar en un coro parroquial porque «sentía que alguien me llamaba a estar allí». No sabía a qué estaba llamado realmente. Tardaría cinco años en descubrirlo.

Ese deseo, que tenía con seis años de ser sacerdote y que se alejó, reapareció con fuerza a los 22 años. «En una Hora Santa se refrescó aquello que tenía guardado hace 16 años», indica. Poco después acabaría ingresando en el seminario, donde fue ordenado sacerdote en 2017. Apenas, unos meses después, su obispo le envió a Pamplona a estudiar la Licenciatura de Derecho Canónico gracias a una ayuda de la Fundación CARF.

Miguel Romero durante la Liturgia de la Palabra en una Misa.

De su experiencia en el seminario internacional Bidasoa afirma guardar “gratos recuerdos”, porque además de la enseñanza que recibió fue una oportunidad única para hacer un apostolado en España. «Ayudé a muchas personas y quisiera volver a hacerlo», asegura sobre lo que encontró en Europa. A su juicio, «la fe del mundo está en peligro y parece que la fe desaparece, pero no he visto un lugar más sombrío para esto que mi querida España. Falta el amor a la Cruz».

Aún así, el padre Miguel reconoce que «hay mucha gente luchando para que esto no suceda», por lo que considera urgente «batallar en nuestra trinchera y ayudar a nuestros obispos a que sean hombres de fe, valientes y entregados».

La conexión entre liturgia y derecho

Con su amor por la liturgia y sus conocimientos adquiridos de Derecho Canónico, este sacerdote quiere proteger los grandes tesoros de la Iglesia. En su opinión, «la fe se revitaliza con una adecuada liturgia y una liturgia guiada por el derecho canónico es maravillosa». Y es ahí donde cree que la Iglesia debe esforzarse en cuidar la liturgia con el rico derecho adquirido tras tantos siglos de cristianismo.

Preguntado sobre los retos del sacerdote actual, Miguel Romero lo tiene claro: «El peor peligro al que se puede enfrentar un sacerdote es olvidar para qué y para quién se consagró, o más bien a quién le dejó su vida en sus manos». De este modo, considera que «si nosotros fuéramos conscientes de lo que hemos hecho ante Dios, la Iglesia reflejaría otro rostro».

Por último, este clérigo mexicano agradece a la Fundación CARF toda la ayuda que prestan. «Agradezco su esfuerzo diario para llevar a los pueblos más lejanos la formación. Gracias por todo y espero un día ayudarles para seguir haciendo crecer el conocimiento de la Iglesia. No se olviden de que esto es de Dios», concluye.


«La visita del Papa al Líbano traerá esperanza»

El padre don Christian Hallak, sacerdote maronita de la diócesis de Beirut que estudia en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra gracias a los socios, benefactores y amigos de la Fundación CARF, confía plenamente que la visita del papa León XIV a su país, tras pasar por Turquía, llenará de esperanza y futuro a su pueblo. 

Mensaje de esperanza y unidad

En su mirada se mezcla la nostalgia por regresar a su tierra y la responsabilidad de seguir formándose para volver algún día a servir mejor a su país. Desde España sigue con emoción cada noticia sobre la visita del papa León XIV a Turquía y al Líbano, del 27 de noviembre al 2 de diciembre. «La visita del Papa traerá mucha esperanza», afirma con convicción.

En un panorama desolador para su país, la voz del Papa será, según él, una voz profética, que recordará al país cinco cosas esenciales:

  1. La firmeza de la esperanza incluso en la oscuridad.
  2. La responsabilidad compartida entre los cristianos y musulmanes para proteger y sostener la patria.
  3. La importancia de aplicar justicia y rendición de cuentas para sanar la sociedad.
  4. La necesidad de que la comunidad internacional no abandone al Líbano.
  5. Que Líbano es más que un país, un mensaje de convivencia, como dijo san Juan Pablo II.

Un país herido que espera una visita histórica

En Líbano, la visita apostólico del papa León XIV se vive como un acontecimiento histórico. Para don Christian, la llegada del Pontífice en medio de guerras regionales, crisis económica y una herida social aún abierta, es una luz que atraviesa la oscuridad: «los libaneses, cristianos y musulmanes, ven su visita como un mensaje de esperanza, paz y bendición en un momento de enorme dificultad».

Y añade algo que para él es esencial: «nada es por casualidad, sino por la providencia de Dios, que ha permitido que la situación esté así y en este momento de la historia del Líbano». 

La presencia católica: una luz que resiste

A su llegada, el Papa será recibido por el presidente Joseph Aoun, católico maronita, que para el padre Christian es una prueba de la histórica participación de esta comunidad en la vida política del país. 

A pesar de la crisis, la presencia de los católicos sigue siendo activa y fecunda. En El Líbano conviven seis comunidades católicas: maronitas, latinos, griegos católicos, siro-católicos, caldeos y armenios católicos. Todas mantienen escuelas, universidades, hospitales y obras de servicio social que sostienen al país incluso cuando todo parece desmoronarse.

«La presencia cristiana –dice el padre Christian– sigue siendo viva, arraigada y comprometida con preservar su misión en la sociedad».

Pero más allá de la política, el pueblo espera un gesto de cercanía y consuelo. La visita de León XIV no será solo un acto protocolario, sino un abrazo espiritual a una nación que lleva demasiado tiempo al borde del abismo.

Enriquecer su misión educativa 

Nacido y formado en el seno de la Iglesia maronita, el padre Christian fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 2020, mediante la imposición de manos de monseñor Boulous Abdel Sater. Su trayectoria comenzó en el Seminario Patriarca Maronita de Ghazir, tras completar su formación teológica en la Universidad del Espíritu Santo de Kaslik. Sirvió después en parroquias, en centros escolares y en distintos ámbitos pastorales, especialmente con niños y jóvenes, un campo que sigue siendo su prioridad.

Padre don Christiana Hallak, sacerdote maronita en Libano. Fundación CARF. Visita Papa León XIV. Turquía viaje.
Don Christian preside una procesión Eucarística.

En la actualidad reside en España gracias al apoyo de la Fundación CARF, y está cursando la Licenciatura de Moral Fundamental en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Lo hace con el deseo de regresar después al Líbano con una preparación más sólida: «Lo que estudio –explica– enriquecerá mi misión educativa y pastoral con los jóvenes y los niños».

Una Iglesia de montaña, resistencia y fe

Cuando habla de su iglesia, el padre Christian lo hace con una ternura filial. Pertenece a la Iglesia maronita, una Iglesia católica oriental en plena comunión con Roma, heredera de la liturgia siro-antioquena. 

Su identidad se ha forjado en la dureza de las montañas libanesas, donde sus monjes y fieles resistieron siglos de aislamiento, guerras y persecuciones. Esa historia marcó un temperamento espiritual muy propio: ascético, contemplativo y arraigado en la esperanza, un rasgo que él insiste en subrayar.

«La Iglesia maronita –explica– se distingue por su fuerte énfasis en la Encarnación, por su profundo amor a los santos, especialmente a san Marón y san Charbel, y por una espiritualidad de firmeza y perseverancia». Su liturgia, que combina el siriaco y el árabe, es rica en símbolos y en una estética que refleja siglos de fe vivida en circunstancias extremas.

Don Christian recuerda la figura de san Marón, fundador espiritual de los maronitas, cuya vida en las montañas, sostenida por la oración y la austeridad, se volvió modelo de resistencia y fidelidad. «San Marón soportó las dificultades del clima y el aislamiento. Permaneció firme en la fe y de esa firmeza se alimenta nuestra identidad maronita».

Padre Christiana Hallak, sacerdote maronita en Libano. Fundacaión CARF.

Monasterio de san Marón, cuna de millones de peregrinaciones

Entre los lugares más esperados del viaje, el Papa visitará un suburbio rural de Beirut al norte de Jbeil donde se alza el Monasterio de san Marón en Annaya, cuna de millones de peregrinaciones cada año. 

Annaya es un paisaje de colinas verdes desde las que se divisa la costa, un entorno que envuelve al visitante en una calma casi sobrenatural. El papa León visitará allí la Ermita de san Charbel, un pequeño santuario donde el santo vivió en austeridad y donde hoy descansa su cuerpo incorrupto.

«Annaya –describe el padre Christian– es un centro de peregrinación mundial. Vienen cristianos de todos los ritos, pero también musulmanes que piden su intercesión con una fe sencilla y sincera». En esas montañas la diversidad religiosa no es un obstáculo, sino un testimonio vivo de una espiritualidad compartida.

Los milagros de san Charbel

También, el Papa descenderá a la gruta donde está enterrado San Charbel, el monje cristiano proclamado santo por Pablo VI, al que se atribuyen más de 29.000 milagros de curación documentadas médica y espiritualmente, muchas de ellas con informes comparativos antes y después de la sanación.

«No hay santo en el Líbano cuya devoción sea tan multitudinaria como san Charbel Makhlouf. Lo extraordinario de estos hechos no está solo en la cantidad, sino en que son milagros a personas de diversas religiones. Muchas son curaciones inexplicables de cáncer, enfermedades neurológicas o parálisis. Van acompañadas, con frecuencia, de una renovación espiritual profunda», explica este sacerdote maronita. 

El padre don Christian insiste en que el verdadero milagro no es solo el físico: «no se trata aquí de una simple curación del cuerpo. El milagro más grande es el amor y el perdón. En cada milagro recordamos que Dios está con nosotros».

Padre don Christiana Hallak, sacerdote maronita en Libano. Fundación CARF. Visita Papa León XIV. Turquía viaje.

Un deseo para su pueblo y una oración por el Papa

Al final de la conversación, el padre Christian abre su corazón en un mensaje que resume lo que esta visita significa para él y para todo libanés: «como hijo de la Iglesia maronita, confío en que esta visita traerá un nuevo aire de consuelo para nuestro pueblo y deseo que sea un impulso espiritual que nos recuerde que la esperanza nunca decepciona». 

Agradece la cercanía del Papa en un momento tan delicado y eleva una oración por la protección de los santos del Líbano: san Marón, san Charbel, santa Rafqa, san Naamatallah y tantos otros que han iluminado la tierra libanesa para que sigan protegiendo al Santo Padre en su misión y acompañen cada paso hacia su futura visita. 

«Que su intercesión custodie también a nuestro país, fortalezca a su pueblo y mantenga viva la esperanza en medio de los desafíos que enfrentamos. Con la gracia de Dios y el amparo de nuestros santos, confiamos en que llegará un tiempo nuevo de paz, unidad y renovación para todo el Líbano». 

En las palabras de don Christian se percibe que esa esperanza no es una idea teórica o un vago deseo: se trata de una certeza que emerge de la fe de su pueblo, una fe que sigue viva en las montañas, en los monasterios, en las calles de Beirut y en cada libanés que espera consuelo.


Marta Santín, periodista especializada en religión.



Preguntas y respuestas

¿Cuándo va el Santo Padre a Turquía?

El jueves, 27 de noviembre de 2025, por la mañana llegará a la capital Ankara. 

¿Y cuándo llegará a Líbano?

Llegará al país del cedro el 30 de noviembre y regresará a Roma el 2 de diciembre, tras una visita previa a Turquía entre el 27 y el 30 de noviembre.

¿Cuáles son los motivos del viaje?

El objetivo del viaje será promover el diálogo y la unidad entre los todos cristianos, y fomentar el diálogo interreligioso en una zona del mundo compleja, con una rica historia y marcada por las tensiones actuales.

Marcus Vinicius, de biólogo a ser sacerdote

El joven Marcus es un enamorado de todo lo relacionado con la vida, lo que queda de manifiesto en su propia evolución, donde pasó de trabajar como biólogo a ingresar en el seminario y ser ordenado sacerdote. Los seres vivos, todos creados por Dios, siguen siendo para él algo fascinante, pero es ahora el hombre, la obra maestra de Dios, el que centra del todo su atención y al que ayuda ahora a conocer a su Creador.

Pertenece al clero de la diócesis brasileña de Nova Friburgo, en Río de Janeiro, Marcus tiene en estos momentos una misión fundamental como formador en el seminario diocesano, concretamente en el curso propedéutico, una etapa clave para los jóvenes que están discerniendo y valorando su vocación a la vida sacerdotal.

Marcus Vinicius Muros ordenado sacerdote oración y formación
Marcus Vinicius Muros rodeado de sus compañeros de seminario.

La familia, clave para ser ordenado sacerdote

En esta entrevista con la Fundación CARF, el joven sacerdote, ordenado en 2021, recuerda que procede de una familia católica que participaba activamente en las actividades pastorales de su parroquia. «Mis padres han sido maestros de fe para mi hermano y para mí. Ya de niño jugaba a celebrar Misa. Conviví con muchos sacerdotes que iban a casa de mis padres, pero nunca pensé en ser uno de ellos», asegura.

Sin embargo, todo cambió cuando tuvo la oportunidad de conocer el seminario de su diócesis, después de que un día los delegados de la pastoral vocacional visitaran su parroquia. Marcus reconoce que ese fue el primer momento en el que se planteó ser sacerdote, aunque había un gran obstáculo: «yo ya estaba trabajando; tenía mi trabajo y mi independencia financiera».

Marcus Vinicius Muros ordenado sacerdote oración y formación
Marcus Muros imparte la bendición en la iglesia mediante la aspersión del agua bendita.

«Pero aunque tenía todo –agrega este sacerdote– nada de lo que tenía me era suficiente. Me faltaba algo importante, algo que hiciera que mi vida tuviera sentido y mereciera la pena ser vivida. La parábola del joven rico me interpelaba mucho», señala Marcus. Y así fue como finalmente en 2014 ese combate interior llegó a su fin e ingresó en el seminario para comenzar con su formación.

Una buena formación para el presente

Apenas un año después llegaría otro momento que marcaría su vida. Su obispo le envió a España para que prosiguiera allí con su formación y con los estudios filosóficos y teológicos. Sobre esta experiencia asegura que «jamás olvidaré los años de formación y oración en Pamplona. Fueron mucho más que una preparación académica para el ejercicio del ministerio sacerdotal, fue una experiencia de la universalidad de la Iglesia».

Define este tiempo como unos “años inolvidables” marcados por su estancia en la Universidad de Navarra y en el seminario internacional Bidasoa, donde tuvo la gracia de tener «una oportunidad singular de obtener una excelente preparación humana, espiritual, intelectual y pastoral».

Si hay algo que Marcus ha sacado en claro de estos años es que su formación en Navarra ha sido «una buena preparación para lo que Dios me confía hoy».

En estos momentos, Marcus es el administrador de una parroquia y formador del seminario. «Cuando fui nombrado por el obispo, siendo todavía diácono, como formador del Propedéutico, la etapa de inicio en el seminario, lo único que quería era ofrecer a los que ahora se preparan para el sacerdocio ministerial lo mismo que yo recibí en Pamplona», confiesa.

Marcus Muros celebrando con los fieles la alegría de ser hijos de Dios.

Para ser buen sacerdote: mucha vida de oración

Según nos relata, «en Bidasoa se aprende que el amor a Dios y a la Iglesia nos impulsa a dar lo mejor de nosotros mismos. Hoy, entre la parroquia y el seminario, busco dar lo mejor de mí, gastarme por las almas que el Señor me confía».

El mundo necesita sacerdotes que se entreguen a Dios en un mundo en muchas ocasiones hostil a la fe cristiana. Por ello, el padre Muros está convencido de que «el sacerdote necesita un alma enamorada del Señor y disponible para, con fidelidad, servir a todas las personas. No son tiempos fáciles, pero todas las dificultades nos ayudan a confiar en Cristo y en su poder. Estamos en sus manos como instrumentos insuficientes, pero que el Señor desea para la realización de su obra».

Pero además de un alma enamorada considera indispensable «tener una profunda vida de oración. Quién no entiende que para ser un hombre de Dios se necesita mucha vida de oración, no es capaz de sacrificarse. Y es la intimidad con Cristo la que nos hace comprender que no somos solo celebrantes, sino también víctimas que todos los días se ofrecen por amor al Amado».

Agradecer la ayuda por la formación

Por último, Marcus quiere tener un agradecimiento especial con los benefactores de la Fundación CARF. «Siempre me llamó la atención la generosidad para donar sin esperar que el beneficio fuera para su diócesis o país, sino para la Iglesia universal.

Gracias por proporcionarnos los medios para ayudar a nuestras diócesis y a la Iglesia. Gracias por su apertura de corazón. Que el Señor les conceda a ustedes y a sus familias muchas bendiciones», concluye.