¿Qué celebramos el Día de Todos los Santos?

El 1 de noviembre los cristianos celebramos el Día de Todos los Santos. En este día la Iglesia recuerda a todos aquellos difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

Día de Todos los Santos, solemnidad cristiana

El Día de Todos los Santos, 1 de noviembre, miramos hacia el cielo. Es el día en el que se homenajea a todos los santos, conocidos y desconocidos. A los que están en los altares y a tantos y tantos cristianos que después de una vida según el evangelio participan de la felicidad eterna del cielo. Son nuestros intercesores y nuestros modelos de vida cristiana.

«La santidad es el rostro más bello de la Iglesia» escribe el papa Francisco en «Gaudete et exsultate», su exhortación apostólica sobre la llamada a la santidad en el mundo actual (marzo 2018).

El Papa nos recuerda que esta llamada va dirigida a cada uno de nosotros. El Señor se dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1P 1,16). 

El 1 de noviembre recordamos a cada uno de los que dijeron sí a esta llamada. Por eso el día de todos los santos no se festeja solo en honor a los beatos o santos que están en la lista de los canonizados y por los que la Iglesia celebra en un día especial del año; se celebra también en honor a todos los que no están canonizados, pero viven ya en la presencia de Dios. Estas almas ya se consideran santas porque están bajo la presencia de Dios.

Día de todos los santos
Todos los Santos, pintado por Fra Angélico. Pintor italiano que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.

Historia del Día de Todos los Santos

Esta celebración tuvo sus orígenes en el siglo IV debido a la gran cantidad de mártires de la iglesia. Más adelante el 13 de mayo del año 610 el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón romano al culto cristiano. Es así que se les empieza a festejar en esta fecha. Posteriormente el Papa Gregorio IV, en el siglo VII, trasladó la fiesta al 1 de noviembre.

Los santos canonizados oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, que ya están gozando de Dios en el cielo. A estos, a los santos no canonizados está especialmente dedicada esta fiesta. La iglesia busca reconocer la labor de los santos desconocidos que arriesgaron su vida por la justicia y la libertad de forma anónima.

Diferencia entre el Día de Todos los Santos y de Fieles Difuntos

El Papa Francisco explicaba de una forma muy clara la diferencia entre el Día de Todos los Santos y el Día de los fieles Difuntos:

«El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos. El 2 de noviembre la conmemoración de los Fieles Difuntos. Estas dos celebraciones están íntimamente unidas entre sí, como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza.

En efecto, por una parte la Iglesia, peregrina en la historia, se alegra por la intercesión de los santos y los beatos que la sostienen en la misión de anunciar el Evangelio; por otra, ella, como Jesús, comparte el llanto de quien sufre la separación de sus seres queridos, y como Él y gracias a Él, hace resonar su acción de gracias al Padre que nos ha liberado del dominio del pecado y de la muerte»

«Hay muchos cristianos maravillosamente santos, hay muchas madres de familia maravillosamente, encantadoramente santas; hay muchos padres de familia estupendos. Ocuparán en el cielo lugares de maravilla». San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Día de Todos los Santos

El 1 de noviembre la iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos. Fiesta instituida en honor a todos y cada uno de los santos, conocidos o desconocidos, por su gran labor de difundir el mensaje de Dios. Muchas personas asisten hoy a una Misa especial en su honor.

Este día de la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos pide una mirada al cielo, que es nuestra futura patria. Se recuerda a todos aquellos que ya están ante la presencia de Dios y que no son recordados como los santos canonizados. Y es que hay millones que ya han llegado a la presencia de Dios. Muy seguro una mayoría no llegaron de forma directa, quizá pasaron por el purgatorio, pero al final lograron estar ante la presencia de Dios.

Como comentario de la Solemnidad de Todos los Santos. "Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos". Nacimos para no morir nunca más, ¡nacimos para disfrutar de la felicidad de Dios! El Señor nos anima y quiere que tomemos el camino de las Bienaventuranzas para ser felices.

Día de los Fieles Difuntos

El 2 de noviembre es el Día de los Fieles Difuntos. Aunque pareciera que es la misma, dista mucho de serla. Primero hay que tener presente que la celebración de los muertos viene a ser una tradición cultural donde se recuerda a los que ya murieron, y se dedican altares donde colocan fotos, flores y la comida que tanto gustaba en vida la persona recordada. Esta tradición según los historiadores se da principalmente en México 1.800 años antes de Cristo.

Este día la Iglesia nos invita a rezar por todos aquellos que ya murieron pero que muy posiblemente no han alcanzado el gozo eterno. Quizá estén en el purgatorio y necesitan de nuestras oraciones, por eso hay que recordarlos en la Santa Misa de difuntos  y rezar en todo momento por su eterno descanso.

Tú puedes ser santo

Todos los bautizados están llamados a seguir a Jesucristo, a vivir y a dar a conocer el Evangelio. 

La finalidad del Opus Dei es contribuir a esa misión evangelizadora de la Iglesia Católica, promoviendo entre fieles cristianos de toda condición una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia y especialmente a través de la santificación del trabajo.


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Jesús Eduardo, seminarista: «los sacerdotes del siglo XXI no debemos tener miedo a las tribulaciones»

«En mi adolescencia y primeros años de juventud, muchas personas me invitaban a participar en algún grupo juvenil o de adoración, y mi respuesta siempre era la misma: muchas gracias, pero no. En esos momentos de mi vida no veía todo lo bueno que Dios me ofrecía».

La nueva evangelización en México

Ahora con 33 años es seminarista, de la diócesis de Tabasco (México), y estudia en la Universidad de Navarra y reside y se forma en el Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Es consciente de que es necesaria una buena formación para poder evangelizar en una sociedad post moderna del siglo XXI, y sobre todo en México, un país de fuertes raíces católicas donde el protestantismo también está copando espacios.

«Unas de las principales necesidades de evangelización, no solo de mi diócesis sino de todo el país, es cómo evangelizar ante los múltiples grupos protestantes que van creciendo». 

Según su experiencia, es necesario empezar por las familias, catequizando y dando a conocer la belleza de la palabra de Dios. «Para conseguir esto, las parroquias deben fomentar más el espíritu misionero en las propias comunidades (que es algo que se realiza) pero se debe impulsar mucho más, y así, junto con la participación de toda la comunidad, acercar a Dios a aquellos que aún no lo conocen o que incluso se han alejado».

celebración por los 500 años de evangelización en México. seminarista y sacerdotes

Las familias católicas, cuna de vocaciones

Ante la proliferación de grupos protestantes o anticlericales, este seminarista está convencido del poder que desprende el que cada católico sea testigo de la fe católica, y como sugiere, empezando por las familias.

«Las familias son las iglesias domesticas en donde se inicia el cultivo de la fe, así como también aquellos valores, virtudes, enseñanzas y costumbres que poco a poco moldearán el carácter y personalidad de cada uno de sus integrantes».

Jesús está convencido de que, si en cada familia se vive la fe católica, su testimonio dará respuesta a aquellos grupos anticlericales que buscan atacar a la Iglesia. «No se trata de una guerra entre la fe católica y sectas protestantes, pero como católicos tenemos una gran responsabilidad, e iluminados por la luz de la fe, debemos adquirir la mejor preparación para enfrentarnos a los nuevos desafíos de esta época».

El ejemplo de su familia

Este seminarista, que quiere ser sacerdote, transmite su propia experiencia de lo que aprendió en su familia. Es el pequeño de tres hermanos y ha crecido con el apoyo de su familia, un factor fundamental para ser la persona que ahora es, siempre de la mano de Dios en cada proyecto de su vida.

«Los buenos momentos de mi infancia están llenos de la unión entre hermanos, jugando, divirtiéndonos, protegiéndonos los unos a los otros. Algo bueno de mi infancia es que desde pequeño he sido una persona constante en mis estudios, lo cual siempre me inculcaron mis padres, algo que me ha caracterizado toda mi vida».

Un momento decisivo: el seminario

También recuerda que la adolescencia fue una de las mejores etapas de su vida por el hecho de que empezó a crecer y madurar en su personalidad. «Lo bueno de mi adolescencia es que fui definiendo mi forma de ser, sabía distinguir lo bueno de lo malo y sobre todo la confianza que mis padres tenían en mí y mis hermanos. Agradezco a mis padres que siempre me dieron una educación basada en valores, creando en mis hermanos y en mí, el sentido de la responsabilidad, dedicación y esfuerzo en todas nuestras actividades» comenta este seminarista.

Sus padres le apoyaron en el momento más importante de su vida: el ingreso en el seminario con treinta años, después de cursar una carrera profesional y tener un trabajo estable, confiando siempre en la voluntad de Dios, «llamándome a ir más allá de mis capacidades para devolver a Dios, de manera generosa, todo aquello que Él me había dado a lo largo de mi vida».

BIDASOA. JESUS EDUARDO FLORES seminarista

Evangelizar la juventud mexicana

El sueño de este seminarista es evangelizar a los jóvenes de México. «Hay algo que me llama mucho la atención y es que la juventud en México, a pesar de los cambios que se han producido en los últimos años, es una juventud que tiene voz y se hace escuchar, es una juventud en donde se ve claramente que cuando hay unión y todos conectan hacia un mismo interés logran alcanzar las metas que se proponen, es una juventud en donde hay mucha esperanza sobre todo en estos tiempos de modernidad”.

En su opinión, lo que se necesita para que los jóvenes se acerquen a la fe católica es darles y permitirles más participación en las parroquias, no excluirlos de los servicios litúrgicos porque es de gran importancia hacerles sentir parte de la iglesia, integrándolos en las actividades para generar en ellos actitudes de amor y responsabilidad no solo al servicio que estén prestando, sino a Dios.

«No obstante, las familias son fundamentales para lograr esto, ya que es ahí en donde se fomenta el amor a Dios, así como a la Iglesia», insiste Jesús.

El seminarista del siglo XXI

¿Cómo tiene que ser el seminarista y el sacerdote del siglo XXI para Jesús Eduardo? «En mi opinión debe tener un gran amor y entrega a lo que le ha llamado Dios; tener un sentido de compromiso y responsabilidad en donde quiera que esté; tener una solidez en todas sus áreas de formación, lo cual le permitirá enfrentarse a los retos que nuestra Iglesia tiene y tendrá en el futuro». 

Además, considera necesario que los seminaristas y sacerdotes actuales mantengan una formación permanente constante para así poder dar respuesta ante aquellas necesidades e inquietudes del pueblo de Dios ya que estamos ante futuras generaciones que se están preparando muy bien.

Perder el miedo y confiar en Dios

«Un seminarista del siglo XXI no debe apagar la llama de su vocación ante lo que el mundo puede ofrecer, lo cual podría desviarlo de aquello para lo que fue llamado. Debe tener siempre presente el motivo por el que decidió seguir a Dios y no tener miedo ante las tribulaciones que puedan experimentar».

Jesús Eduardo Flores concluye: «responder a la llamada de Dios es y será una de las grandes experiencias más enriquecedoras que marcarán la vida de un seminarista, que jamás olvidará todo su esfuerzo realizado a lo largo de su formación y se verá reflejado en el servicio a la Iglesia y a todo el pueblo de Dios como sacerdote» 

Para terminar, Jesús está muy agradecido a todos los benefactores de la Fundación CARF que hacen posible sus estudios en Pamplona. «Gracias a los benefactores por su generosidad y por sus oraciones, porque ayudando a seminaristas como yo, ayudan a muchas comunidades cristianas de todo el mundo. Les tengo presentes en mis oraciones».


Marta Santín, periodista especializada en religión.

¡Halloween! ¿Brujas? Algo mucho mejor

En el Día de Todos los Santos nos alegramos y tratamos a los que murieron en gracia de Dios y ya están en el cielo. El Día de Todos los Difuntos rezamos por los que todavía están en el purgatorio, para que, purificados cuanto antes, gocen de la gloria celestial. Y en Halloween no celebramos nada.

Halloween, celebraciones para reflexionar

Ambas celebraciones nos invita a pensar en el misterio de la muerte que Jesús mismo quiso asumir para que nosotros pudiéramos vencerla.

Además nos debe hacer reflexionar en el destino final de nuestras vidas: lograr la felicidad definitiva para la que nos has hecho (cielo), el fracaso real del infierno, o la 'repesca' del purgatorio una vez debidamente purificados. Ahí no caben brujas ni celebraciones consumistas como Halloween que vienen importadas de los Estados Unidos. Celebramos la vida, no la muerte.

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La Comunión de los Santos

Y, en el fondo de esta celebración, está la fe en la comunión de los santos que confesamos al final del Credo.

«Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros… Es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza…

Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia» (Santo Tomás, symb. 10) (Catecismo, 947).

Nunca estamos solos, Jesucristo y todos nuestros hermanos en la fe nos acompañan y apoyan.

En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, la fracción del pan y las oraciones (Hch 2, 42).

Comunión en la fe: La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte (Catecismo, 949).

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que compartían todas las cosas (Hch 4,32).

Pintura de Caravaggio que representa a Santo Tomás metiendo su dedo en la herida de Cristo, rodeado por otros apóstoles.
La incredulidad de Santo Tomás" (c. 1601-1602) de Caravaggio, una obra maestra que captura el momento bíblico de la duda.

Caridad en el cuerpo místico de Cristo

Comunión de la caridad: En la “comunión de los santos” ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo (Rm 14, 7).

Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte (1Co 12,26-27).

El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos.

"Existe una comunión de vida entre nosotros los que creemos en Cristo y nos hemos incorporado a Él por el Bautismo. La relación entre Jesús y el Padre es el modelo de este fuego de amor.

Y la “comunión de los santos” es una gran familia. Todos nosotros somos familia, una familia donde todos procuramos ayudarnos y sostenernos entre nosotros". Catequesis del papa Francisco.

Intercesión de los santos

Contemos también con la intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre.

Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (Vaticano II, Lumen gentium 49).

Algunos santos, cercano el momento de su muerte, eran conscientes del gran bien que podían seguir haciendo desde el Cielo: “No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida" (Santo Domingo de Guzmán, moribundo, a sus hermanos, cf. Jordán de Sajonia, lib 43).

“Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra” (Santa Teresa del Niño Jesús, verba) (cf. Catecismo 956).

Invoquemos en especial a María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. Que ella, la toda santa, nos haga fieles discípulos de su hijo Jesucristo, y que se lleve cuanto antes al Cielo a los difuntos que estén en el purgatorio. Amén.

¿Dónde cabe una celebración de muerte y no de vida, de brujas? Sin duda en nuestras vidas, poco sentido tiene Halloween, o como quieran llamarlo en cada latitud. Nosotros somos de santos y de rezar por nuestros difuntos.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra.
Facultad de Teología. Profesor de Sagrada Escritura.


Don Gustavo Zamudio, párroco en Lima, alcanzó su fe adulta gracias a estudiar en Roma

El párroco don Gustavo Zamudio pertenece a la nueva hornada de jóvenes sacerdotes peruanos que están tomando importantes responsabilidades en sus diócesis. Con apenas 32 años, ya ejerce como párroco de la parroquia de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Lima, desde donde trabaja de manera incansable para llevar el Evangelio a todos los rincones de una sociedad en la que se percibe también una rápida secularización.

Su historia –tal y como él mismo relata a la Fundación CARF– era muy similar a la de otros muchos niños del distrito de la Victoria, un barrio populoso de Lima. Pero un día Dios le tocó profundamente el corazón y con apenas 17 años ingresó en el seminario Santo Toribio de Lima. «Me dedicaba a estudiar, pero, sobre todo, pasaba mucho tiempo jugando al fútbol con mis amigos», cuenta sobre su infancia.

Su familia era católica y con gran devoción al Señor de los Milagros, al que desde niño quería llevar a hombros, pero no acudía regularmente a la iglesia. Pese a todo –agrega– «nunca me cuestioné la existencia de Dios, aunque posteriormente tuve que ir aprendiendo mejor todo lo que implicaba creer en Jesucristo«.

GUSTAVO ZAMUDIO, PÁRROCO EN LIMA

El grupo de jóvenes acólitos

Fue precisamente en su adolescencia, con tan sólo 13 años, cuando comenzó su proceso vocacional. «Una religiosa de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, que era mi profesora de Religión en el colegio, me invitó a unirme a un grupo de muchachos que se reunían en la parroquia los sábados por la mañana. Lo que más recuerdo es que me dijo que había desayuno y fútbol. No necesitaba saber más…», recuerda risueño.

Asistió a aquella reunión por primera vez y descubrió que se trataba de un grupo de acólitos. Y aunque esto era nuevo para él decidió unirse al grupo. Don Gustavo Zamudio asegura que fue una ocasión propicia para «conocer por primera personalmente a un sacerdote diocesano, el padre Henry, cuyo testimonio de vida sacerdotal fue muy importante en mi proceso de discernimiento».

Otro factor que destaca sobre este proceso fue el de la oración de la comunidad parroquial por las vocaciones al sacerdocio. «Sentía que mi llamada era, de algún modo, una respuesta de Dios a sus plegarias». Este contexto en el que empezó a vivir su fe fue una ayuda fundamental para Gustavo Zamudio, pues señala que lo primero que aprendió fue «a tomarme en serio la vida cristiana cuidando mi vida de piedad».

GUSTAVO ZAMUDIO, PÁRROCO EN LIMA

De este modo, el ahora sacerdote asegura que sólo así descubrió que «sin Cristo la vida no era vida. Esto supuso un paso bastante radical, ya que, debido a la atmósfera social que había respirado desde chico, significaba un auténtico cambio de ideales de vida».

Poco a poco, y de manera natural y paulatina, afirma que fue siendo consciente «de una fuerza interior que me impulsaba a seguir el camino de la vida sacerdotal». Teniéndolo claro, don Gustavo habló con sus padres y les transmitió su deseo de ser sacerdote. Aunque su familia tenía otros planes para él no se opuso y al acabar la Secundaria pudo ingresar en el seminario.

El sueño de Roma

Justo tras ser ordenado sacerdote y gracias a una ayuda de la Fundación CARF pudo estudiar la licenciatura de Filosofía en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. «Dada la condición económica de mi familia, jamás imaginé viajar a la ciudad eterna. Para alguien como yo que, anteriormente, apenas había salido de Perú unos días, fue realmente una experiencia internacional», añade.

Aunque geográficamente se encontraba en Italia, don Gustavo Zamudio afirma que “existencialmente” se sentía un poco en todo el mundo gracias a la catolicidad de la Iglesia. Sobre esta característica tan propia de Roma añade: «Me parece que no hay experiencia más inmersiva de la universalidad de la Iglesia, de esa bendita unidad en la pluralidad –también a nivel intelectual–, que estudiar en una universidad pontificia y en Roma».

Otro aspecto que le llamó la atención de su paso por Roma fue «la vitalidad del mundo intelectual católico», pues, según su propia experiencia, se trataba de una «tradición intelectual viva y dinámica, encarnada en los profesores, la mayoría sacerdotes, y en las aulas universitarias».

GUSTAVO ZAMUDIO, PÁRROCO EN LIMA

Una ayuda para evangelizar

Si algo tiene claro este sacerdote es que toda la formación que recibió en su paso por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz le es ahora de gran ayuda en su labor pastoral de cada día. Y sobre sus estudios de Filosofía en Roma asegura: «Me está ayudando personalmente a alcanzar una auténtica fe adulta que no se deje llevar por los vientos de la moda, de lo que pronto pasa».

Pero no se queda ahí, sino que don Gustavo añade que «los estudios filosóficos realizados en Roma me están ayudando a poder dialogar con el mundo contemporáneo, procurando hacer mías las legítimas inquietudes de los hombres de mi tiempo y buscando ofrecer las razones de mi esperanza a quien las pida».

En un ámbito más pastoral, el párroco considera que este bagaje que ha logrado le ha enseñado a «saber escuchar y analizar con respeto y espíritu crítico las ideas divergentes». De hecho, reconoce que tanto en la parroquia como en la universidad en la que imparte clase, los jóvenes le plantean abiertamente preguntas y objeciones acerca de la fe.

«Creo que todavía hay mucho por hacer en esa primera línea de evangelización, con un estilo propositivo que favorezca que la verdad se imponga por su propia fuerza», admite este joven sacerdote.

GUSTAVO ZAMUDIO, PÁRROCO EN LIMA
Equipo de futbol de la residencia sacerdotal Altomonte.

De hecho, para esta labor docente que desarrolla en Unife, una universidad privada de Lima, asegura haber descubierto durante su paso por Roma el testimonio de tres santos que iluminan su ministerio como párroco y que son fundamentales para su misión sacerdotal: santo Tomás de Aquino, san Josemaría Escrivá y san Felipe Neri.

Pero si son muchas las responsabilidades a las que ya se enfrenta don Gustavo Zamudio tanto como párroco como profesor, no son menos los desafíos a los que se enfrenta como sacerdote joven. Por ello, cree que es fundamental «tener una sólida vida interior para no dejar de ser hombres de Dios».

A esto añade la necesidad de una «coherente formación teológica y cultural para lograr que la palabra de Dios sea significativa hoy». Y por último, el párroco destaca también la importancia de »la fraternidad y amistad sacerdotal en vista de una sana gestión de la propia afectividad».

GUSTAVO ZAMUDIO, PÁRROCO EN LIMA

Para acabar, el padre y párroco Gustavo Zamudio quiere agradecer la labor de la Fundación CARF y de todos sus benefactores, gracias a los cuales tanto él como otros muchos conocidos suyos en Roma pudieron ampliar sus estudios.

«No dejen de apostar por la buena formación de los sacerdotes. La Iglesia necesita pastores según el corazón de Cristo: pastores con un corazón sabio capaz de ofrecer orientaciones espirituales y doctrinales a sus hermanos. Les encomiendo en cada Eucaristía para que se sientan siempre corresponsables de la formación de los llamados al sacerdocio y redescubran una y otra vez la alegría de dar», concluye.

San Pablo VI y san Josemaría Escrivá

No podemos olvidar que nuestra Facultad fue erigida como tal en 1969, durante su Pontificado. Tal reconocimiento a la tarea iniciada unos años antes con el aliento de san Josemaría Escrivá de Balaguer se enmarca en el impulso teológico que san Pablo VI quiso imprimir en la Iglesia en los años que siguieron a la conclusión del Concilio Vaticano II.

En octubre de 1999 tuve ocasión de preparar unas palabras de bienvenida a los participantes en unas Jornadas de Estudio sobre “El hombre moderno a la búsqueda de Dios, según el Magisterio de Pablo VI” que se celebraron en Pamplona. En aquella ocasión quise evocar con agradecimiento el recuerdo de algunos testimonios acerca de Pablo VI que por diversos motivos tienen relación con esta Facultad de Teología, y son por ello particularmente entrañables para quienes trabajamos aquí.

Hoy, veinte años después, pienso que la canonización realizada por el Papa Francisco es un buen motivo para recordarlos de nuevo.

Antes de ser Pablo VI: Juan Bautista Montini

Comencemos por un detalle, meramente anecdótico pero significativo, que hace referencia a las primeras ocasiones en que un profesor de nuestra Facultad fue recibido personalmente por Pablo VI, aunque por la fecha en que tuvieron lugar aquellos encuentros, 1943, el profesor Orlandis —Catedrático de la Universidad de Murcia y joven investigador— todavía no era profesor de esta Facultad, y Juan Bautista Montini aún no era Pablo VI.

Una de las veces en que habían quedado citados, la audiencia anterior se prolongó un poco más de lo habitual y el ujier encargado de introducir las visitas al despacho de Mons. Montini se creyó en el deber de dar conversación a D. José Orlandis para amenizar la espera.

«En la charla surgió, como una confidencia –recuerda el prof. Orlandis–, la opinión que le merecía Montini y la imagen que presentaba ante sus ojos, tan habituado a contemplarle tan de cerca. La definición, dicha en lenguaje popular de un viejo romano me hizo tal gracia –sigue diciendo Orlandis– que nunca pude olvidarla: "Monsignore è proprio un santo: lavora sempre, quasi non dorme e mangia come un uccelletto!».

Esta definición, un tanto singular en su forma, no deja de ser un testimonio expresivo de la capacidad de trabajo y el afecto que Juan Bautista Montini suscitaba en quienes eran testigos de su labor cotidiana.

Años después

Con motivo de otro encuentro, el 21 de enero de 1945, el profesor Orlandis regaló al futuro Pablo VI un ejemplar de Camino, que san Josemaría Escrivá de Balaguer le había hecho llegar a Roma unos días antes. Pues bien, aquel libro no quedaría abandonado en los estantes de una biblioteca, sino que también tendría su historia que hemos podido conocer muchos años más tarde.

Pablo VI me habló del Padre con admiración y me dijo que estaba convencido de que había sido un santo. Me confirmó que desde muchos años antes leía Camino a diario y que le hacía un gran bien a su alma

Fotografía tomada durante la audiencia de san Josemaría con Pablo VI el 24 de enero de 1964

En una audiencia

Concedida por Pablo VI al Beato Álvaro del Portillo treinta años después, esto es, en 1975, poco después del fallecimiento de san Josemaría, habló a su sucesor al frente del Opus Dei de aquel libro que aún conservaba con esmero.

Así recordaba Mons. del Portillo aquella conversación: «Pablo VI me habló del Padre con admiración y me dijo que estaba convencido de que había sido un santo. Me confirmó que desde muchos años antes leía Camino a diario y que le hacía un gran bien a su alma» (Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 18).

El afecto de san Pablo VI por san Josemaría se había manifestado ya desde que tuvo las primeras referencias acerca de su persona y de la labor apostólica que desarrollaba, y quedó plasmado en detalles tan entrañables dentro de su sencillez como el hecho que Mons. Montini pagó de su propio bolsillo los gastos para la concesión del nombramiento de Prelado Doméstico de Su Santidad que el Beato Álvaro del Portillo había solicitado para san Josemaría Escrivá (Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 18).

Monseñor Montini y Josemaría Escrivá tuvieron oportunidad de encontrarse por primera vez en 1946 con motivo del primer viaje a Roma del fundador del Opus Dei. San Josemaría recordó toda su vida, y lo manifestó repetidamente, que Mons. Montini fue la primera mano amiga que encontró en su llegada a Roma, y siempre le tuvo un cordial afecto.

24 de enero de 1964

Cuando Josemaría Escrivá fue recibido en audiencia por Pablo VI le causó una honda impresión contemplar en el Santo Padre el rostro amable que había encontrado en los despachos del Vaticano en su primer viaje a Roma.

Así se lo manifiesta con sencillez en la carta que le dirigió unos días después de esa entrevista: «Me parecía estar viendo de nuevo la amable sonrisa, y volviendo a escuchar las benévolas palabras de ánimo –fueron las primeras que escuché en el Vaticano– de S. E. Mons. Montini, en el ya lejano 1946: ¡pero ahora era Pedro quien sonreía, quien hablaba, quien bendecía!» (Carta 14.II.1964. El texto de la misma puede encontrarse en A. de Fuenmayor - V. Gómez Iglesias - J. L. Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei, p. 574).

Son recuerdos sencillos de la historia reciente que testimonian la categoría humana.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra.
Profesor de Sagrada Escritura de la Facultad de Teología.

Carlo Acutis, un santo adolescente: la historia del patrono de Internet

Carlo Acutis, un joven muy peculiar

La historia de Carlo Acutis es extraordinaria. Nacido el 3 de mayo de 1991 en el seno de una familia acomodada en Londres –porque sus dos padres italianos trabajaban allí–, murió el 12 de octubre de 2006, de forma muy rápida por una leucemia fulminante.

Genio de la computadora, pero también un chico especialmente devoto, pese a que su familia no lo era –su madre contó que sólo había ido a misa para su comunión, su confirmación y su matrimonio–, Carlo no sólo vivió cristianamente, sino que usó las redes para crear una muestra virtual de los milagros de la eucaristía en el mundo. Además, siempre gracias a su computadora, en la que solía entretenerse con videojuegos, como todos los chicos, elaboró un esquema del rosario que incluía los misterios de la luz.

Después de haber vivido un breve período en Londres, donde tenía una niñera polaca, Beata, gran admiradora de Juan Pablo II , que lo acercó a la Iglesia católica, se mudó junto a su familia a Milán. Allí fue primero a un colegio católico y poco antes de morir, a un secundario gestionado por los jesuitas.

Desde que recibió la primera comunión, a los 7 años –antes de tiempo porque así lo reclamaba–, Carlo nunca se perdía su cita cotidiana con la Misa. Rezaba todo el tiempo, se confesaba y le pedía a sus padres que lo llevaran en peregrinación a lugares de santos y a sitios de milagros de la eucaristía, que definía «una autopista hacia el Cielo».

Como su familia también tenía casa en Asís, Carlo solía pasar mucho tiempo en la ciudad de San Francisco, el patrono de Italia del que tomó el nombre el Papa argentino. Tanto le gustaba Asís a Carlo, que antes de morir expresó su deseo de ser sepultado allí.

Carlo Acutis un adolescente de nuestro tiempo

«Carlo no fue un franciscano. Fue, simplemente, un adolescente de nuestro tiempo, enamorado de Jesús –y especialmente de la Eucaristía– y devotísimo de María, especialmente en la práctica del rosario. Pero en Asís respiró el carisma de San Francisco», escribió el obispo de Asís, Domenico Sorrentino, en un libro titulado Originales, no fotocopias, una frase que se le adjudica a Carlo, un chico que seguramente nadaba en contra de la corriente. Vivía en forma simple, se enojaba si su mamá le compraba un segundo par de zapatillas o ropa de marca y solía a ayudar en un comedor para pobres de Milán.

El milagro en Brasil

Su causa de beatificación comenzó en 2013. En julio de 2018 el papa Francisco lo declaró venerable, título que la Iglesia católica le concede a quien, por la práctica de las virtudes ejercidas en vida, es considerado digno de ser venerado por los fieles. A Carlo se le atribuyó luego un milagro por su intercesión, paso indispensable para ser beatificado. Este se registró en Brasil, en el séptimo aniversario de su muerte, el 12 de octubre de 2013, en Campo Grande, capital del Estado de Mato Grosso del Sur.

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El cardenal Agostino Vallini junto a Andrea Acutis, el padre de Carlo, adolescente italiano que murió a los 15 años de leucemia mieloide aguda, fue beatificado en una ceremonia en Asís.

Allí, un niño de 6 años se curó inexplicablemente de una grave anomalía que padecía desde su nacimiento en el páncreas. «Padre Marcelo Renório invitó a los parroquianos a rezar una novena y apoyó un pedazo de camiseta de Carlo sobre el pequeño paciente, que al día siguiente empezó a comer y cuyo páncreas repentinamente estaba sano sin que los cirujanos lo hubieran operado», contó su mamá, Antonia Salzano, en una entrevista al Corrierre della Sera, en la que aseguró que ella también recibió de su hijo-beato señales milagrosas.

«Carlo predijo que me volvería nuevamente madre, pese a que estaba por cumplir 40 años. Y en 2010, cuando ya tenía 43, di a luz a dos gemelos, Michele y Francesca», contó, al subrayar, por otro lado, que cuando repentinamente se enfermó, en 2006, Carlo ofreció su sufrimiento al papa Benedicto XVI y a la Iglesia, así como «para ir derecho al paraíso sin pasar por el purgatorio». El beato entonces, que ya ha sido proclamado santo, de hecho, también tenía un gran sentido del humor y vivió con gran serenidad su etapa final.

«Carlo encarna la santidad de los nativos digitales», explicó en su libro el obispo Sorrentino, que aclaró que no era un fanático de las relaciones virtuales y que también fue un gran catequista. Fiel reflejo de esto, el empleado doméstico que trabajaba en su familia, Rajesh, gracias a él decidió convertirse del hinduismo al catolicismo. «Fue Carlo, con su entusiasmo, con sus explicaciones, con sus filmados, que me hizo nacer el deseo de convertirme en cristiano y de bautizarme», testimonió Rajesh en la causa de beatificación.

«Carlo sabía hablar de Jesús y de los sacramentos de un modo que te tocaba el corazón», subrayó el obispo Sorrentino, que en su libro marcó un paralelismo entre este adolescente y San Francisco de Asís, ya que su cuerpo en 2019 fue trasladado desde el cementerio de la ciudad hasta el Santuario de la Expoliación en la iglesia de Santa María Mayor, antigua catedral de Asís. En ese lugar fue donde el joven Francisco se despojó, hasta la desnudez, de todos los bienes del mundo, para darse por entero a Dios y a los demás.

relicario corazón de carlo acutis

El cuerpo de Carlo

Visto que en los últimos días circularon algunas versiones impropias en los medios, Sorrentino hace unos días explicó que no es cierto que el cuerpo del futuro beato fue hallado incorrupto. «En el momento de la exhumación del cementerio de Asís, ocurrida el 23 de enero de 2019, en vista de la traslación al santuario, fue encontrado en el normal estado de transformación propio de la condición cadavérica», indicó.

«No obstante, no habiendo pasado muchos años de la sepultura el cuerpo, aún transformado, pero con las diversas partes aún en su conexión anatómica, fue tratado con esas técnicas de conservación y de integración que suelen practicarse para exponer con dignidad a la veneración de los fieles los cuerpos de los beatos y de los santos», precisó.

Se trató de una operación que se hizo «con arte y amor», resaltó el obispo Sorrentino, que mencionó la «especialmente bien lograda reconstrucción del rostro a través de una máscara de silicona». El prelado también detalló que gracias a un tratamiento especial fue posible recuperar la reliquia preciosa del corazón, que será utilizada este sábado, día de la beatificación.

En Christus vivit (Cristo Vive), la exhortación apostólica que escribió a los jóvenes después del sínodo dedicado a ellos, de marzo del año pasado, el papa Francisco mencionó especialmente a Carlo Acutis. «Es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven venerable Carlo Acutis», escribió en el párrafo 104.

carlo acutis tumba

«Él sabía muy bien que esos mecanismos de la comunicación, de la publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo y de las novedades que podemos comprar, obsesionados por el tiempo libre, encerrados en la negatividad. Pero él fue capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza», siguió.

Acutis falleció el 12 de octubre de 2006 (fiesta de la Virgen del Pilar en España y Latinoamérica) y llegó a los altares con su beatificación el 10 de octubre de 2020. 


Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia y el Vaticano de La Nación. Licenciada en Ciencias Políticas con especialización en Relaciones Internacionales.

Publicado originalmente en La Nación.