Amistad entre santos: el padre Pío y Juan Pablo II

El padre Pío, capuchino italiano, (1887-1968), canonizado en 2002, en una multitudinaria ceremonia por san Juan Pablo II bajo el nombre de san Pío de Pietrelcina, este santo sacerdote recibió un don espiritual extraordinario para servir a todos los hombres y mujeres de su tiempo. Este don marcó su vida, llenándola de sufrimiento, no solo con el dolor físico que provocaban sus estigmas, sino también con el sufrimiento moral y espiritual, consecuencia de aquellos que lo consideraban loco o estafador.

El padre Pío, generoso dispensador de la misericordia divina

La realidad es que este santo ayudo a miles de personas a volver a la fe, a convertirse y acercarse a Dios. El Padre Pío realizó curaciones asombrosas. Y predicciones difíciles de contrastar como la realizada al propio Karol Wojtyla vaticinando su futuro papado. El francés Emanuele Brunatto acreditaba ese mismo don de profecía que le permitía averiguar de vez en cuando lo que iba a suceder. «Es Jesús –explicaba el Padre Pío– quien me deja leer a veces su cuaderno personal...».

Privilegio de un penitente

En la Misa de canonización el 16 de junio de 2002 en la plaza de san Pedro del Vaticano, san Juan Pablo II afirmó que «el padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia. También yo, durante mi juventud, tuve el privilegio de aprovechar su disponibilidad hacia los penitentes. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de san Giovanni Rotondo».

¿Cómo se conocieron Juan Pablo II y Padre Pío?

La relación entre el Padre Pío y san Juan Pablo II no sólo viene por haberse celebrado las ceremonias de beatificación y canonización del fraile capuchino durante el pontificado del papa polaco, sino que, en 1948, Karol Wojtyla conoció al Padre Pío en san Giovanni Rotondo.

El primer encuentro de dos santos

Fue en abril de 1948 cuando Karol Wojtyla, un recién ordenado sacerdote, decidió conocer al padre Pío. «Fui a san Giovanni Rotondo para ver al padre Pío, participar de su Misa y si resultaba posible, confesarme con él». 

Este primer encuentro fue muy importante para el futuro papa. Así lo reflejó años después en una carta que envió de su puño y letra, escrita en polaco, al padre guardián del convento de san Giovanni Rotondo: «Hablé con él en persona e intercambié algunas palabras, fue mi primer encuentro con él y lo considero el más importante».

Mientras el padre Pío celebraba la Eucaristía, el joven Wojtyla se fijó especialmente en las manos del fraile, donde se veían los estigmas tapados por una costra negra. «En el altar de san Giovanni Rotondo se cumplía el sacrificio del mismo Cristo, y durante la confesión, el padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor».

Las dolorosas llagas del Padre Pío

Además, el joven sacerdote se interesó por las llagas del padre Pío: «La única pregunta que le hice fue qué llaga le producía más dolor. Yo estaba convencido de que era la del corazón, pero padre Pío me sorprendió mucho cuando me dijo: 'No, la que más me duele es la de la espalda, la que tengo en el lado derecho'».

Esta sexta herida en el hombro, como la que Jesús sufrió llevando la cruz o el patibulum camino del Calvario. Era la llaga «que más dolía», porque había supurado y nunca había «sido tratada por los médicos».

Las cartas de Juan Pablo II y Padre Pío, se remontan al período del Concilio

La carta con fecha del 17 de noviembre de 1962 decía: «Venerable Padre, le pido que ore por una madre de cuatro hijas, de cuarenta años que vive en Cracovia, Polonia. Durante la última guerra estuvo en los campos de concentración en Alemania durante cinco años, y ahora corre un grave peligro de salud, incluso de vida, debido un cáncer.

Ore para que Dios, con la intervención de la Santísima Virgen, muestre misericordia para ella y su familia. In Christo obligatissimus, Carolus Wojtyla».

En ese entonces monseñor Wojtyla, estaba en Roma y recibió la noticia de la grave enfermedad de Wanda Poltawska. Convencido de que la oración del padre Pío tenía un poder especial ante Dios, decidió escribirle para pedirle ayuda y oraciones por la mujer, madre de cuatro hijas. 

Esta carta le llegó al padre Pío a través de Angelo Battisti, funcionario de la secretaría de Estado del Vaticano y administrador de la Casa Alivio del Sufrimiento. Él mismo cuenta que después de haberle leído el contenido, el padre Pio pronunció la famosa frase: “«¡A este no le puedo decir que no!», y añadió: «Angelo, guarda esta carta porque un día será importante».

Gracias por la curación

Unos días más tarde, la mujer se sometió a un nuevo examen diagnóstico que mostró que el tumor cancerígeno había desaparecido completamente. Once días después, Juan Pablo II volvió a escribir una carta, esta vez para darle las gracias.

La carta decía: «Venerable Padre, la mujer que vive en Cracovia, en Polonia, madre de 4 niñas, el día 21 de noviembre antes de la operación quirúrgica se curó repentinamente. Damos gracias a Dios y también a ti venerado Padre.

Expreso mi sincero agradecimiento en nombre de la señora, de su marido y de toda la familia. En Cristo, Karol Wojtyla, obispo capitular de Cracovia». En esa ocasión el fraile dijo: «¡Alabado sea el Señor!».

«Mirad la fama que ha alcanzado el padre Pío; los seguidores del mundo entero que ha congregado en torno a sí. Pero ¿por qué? ¿Acaso porque era un filósofo? ¿Porque era un sabio? ¿Porque disponía de medios?
Nada de eso: porque decía la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, es difícil decirlo, un representante sellado con las llagas de Nuestro Señor. Un hombre de oración y sufrimiento». Papa san Pablo VI, febrero de 1971.

Karol Wojtyla rezando ante la tumba del padre Pío en san Giovanni Rotondo.

Las visitas de Juan Pablo II a la tumba del Padre Pío

Wojtyla volvió a san Giovanni Rotondo en dos ocasiones más. La primera, siendo cardenal de Cracovia, en 1974 y la segunda proclamado ya Papa, en 1987. En estos dos viajes visitó los restos mortales de padre Pío y rezó arrodillado junto a la tumba del fraile capuchino. 

En el otoño de 1974, entonces cardenal Karol Wojtyla, estaba de vuelta en Roma y, «al acercarse la fecha del aniversario de su ordenación sacerdotal (1 de noviembre de 1946), decidió conmemorar el aniversario en san Giovanni Rotondo y celebrar la Misa junto a la tumba del padre Pío. Debido a una serie de vicisitudes (el 1 de noviembre fue especialmente lluvioso) el grupo compuesto por Wojtyla, Deskur y otros seis sacerdotes polacos se retrasó bastante, llegando por la noche alrededor de las 21 horas.

Desgraciadamente Karol Wojtyla no pudo cumplir su deseo de celebrar la Misa ante la tumba del padre Pío justo el día de su ordenación sacerdotal. Así que lo hizo al día siguiente». Stefano Campanella, director de Padre Pio TV.

Amor a los penitentes

El Padre Pío «tenía un simple y claro discernimiento y trataba al penitente con un gran amor», escribió ese día Juan Pablo II en el libro de visitas del convento en san Giovanni Rotondo.

En mayo de 1987, san Juan Pablo II, ya convertido en Papa, visitó la tumba del padre Pío con motivo del primer centenario de su nacimiento.

Ante más de 50.000 personas, su Santidad proclamó: «Grande es mi alegría por este encuentro y lo es por varios motivos. Como saben, estos lugares están ligados a recuerdos personales, es decir a mis visitas hechas al padre Pío durante su vida terrena, o ya espiritualmente luego de su muerte, ante su tumba».

San Pío de Pietrelcina

El 2 de mayo de 1999, Juan Pablo II beatificó al fraile estigmatizado, y el 16 de junio de 2002 lo proclamó santo. Ese día, san Juan Pablo II lo canoniza bajo el nombre de san Pío de Pietrelcina. En la homilía de su santificación, Juan Pablo recitó la oración compuesta por él para padre Pío: 

«Humilde y amado padre Pío: Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre ha prometido revelar los misterios de su Reino. 

Ayúdanos a rezar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos. Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús. 

Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba, y si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón. Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra. 

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacía la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».

¿Tuvieron relación san Pío y san Josemaría?

Según varias fuentes, no consta que san Josemaría Escrivá de Balaguer y el Padre san Pío de Pietrelcina se hubieran conocido personalmente.

A pesar de no haber tenido un encuentro directo, sí existe una relación indirecta y un mutuo respeto entre ellos. El Padre Pío incluso defendió al Opus Dei en una ocasión. Se relata que un empresario italiano, Luigi Ghisleri, que tenía dudas sobre la Obra, consultó al Padre Pío, quien le respondió: «No te preocupes. El Opus Dei es cosa de Dios. ¡Es cosa santa!».

Además, el fundador del Opus Dei, san Josemaría, estaba convencido de la santidad del Padre Pío y lo defendía siempre que alguien ponía en duda la figura del capuchino. Ambos santos fueron elevados a los altares por san Juan Pablo II, convirtiéndose en intercesores importantes para la Iglesia.


Bibliografía

- La Brújula Cotidiana entrevista al director de Padre Pio TV, Stefano Campanella.
- Entrevista arzobispo polaco Mons. Andrés María Deskur, 2004.
- Homilía de Juan Pablo II. Misa de santificación, 2002.

San Mateo, apóstol y evangelista, 21 de septiembre

Cada 21 de septiembre, la Iglesia celebra la festividad de san Mateo, apóstol y evangelista, uno de los doce discípulos que siguieron a Jesús y fueron testigos directos de su vida, enseñanzas, Pasión y Resurrección. San Mateo, también conocido como Leví, nos ofrece un ejemplo profundo de conversión, entrega y fidelidad a la misión evangelizadora, cualidades que siguen inspirando a sacerdotes y fieles en la actualidad.

Su vida demuestra cómo un encuentro personal con Jesús puede transformar completamente el corazón de una persona y conducirla a un compromiso radical. La figura de san Mateo nos ayuda a conocer la historia del cristianismo primitivo y a comprender cómo vivir la vocación sacerdotal y el compromiso evangelizador.

Mateo en su puesto de recaudador de impuestos antes de encontrarse con Jesús. Imagen de Facebook vía The Chosen.

Antes de ser llamado por Jesús, Mateo ejercía la profesión de recaudador de impuestos en Cafarnaúm. Esta labor, socialmente mal valorada por el pueblo judío y a menudo asociada con la corrupción, no impidió que Jesús lo eligiera como discípulo. La elección de Mateo subraya un mensaje central del Evangelio: Dios llama a cada persona, independientemente de su pasado, para transformarla y ponerla al servicio de su misión.

Al escuchar la invitación de Jesús, Mateo respondió con prontitud dejando lo que estaba haciendo y marchándose. Este acto de decidido de entrega total supone una apertura del corazón ante la vocación y sirve como modelo para todos los que sienten una llamada al sacerdocio, a la entrega total en el celibato o a la vida consagrada. Mateo comprendió que la verdadera riqueza se encuentra en la entrega de la vida a Dios y en la misión de llevar su mensaje a los demás.

Mateo se dedicó a seguir a Jesús y a ser testigo de su obra. Más adelante, escribirá el Evangelio que lleva su nombre, el primero de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento y uno de los tres sinópticos, en el que presenta a Jesús como el Mesías prometido y cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento. Trata de convencer a los judíos mediante esa relación con las escrituras que bien conocía. Este Evangelio enfatiza la cercanía de Jesús con los necesitados y el valor de la vida cotidiana.

Mateo junto a Jesús, toma notas para su Evangelio. Imagen de Facebook vía The Chosen.

El Evangelio de Mateo

El evangelio según san Mateo se caracteriza por su enfoque pedagógico y moral, dirigido tanto a judíos como a cristianos de todas las épocas. Entre sus aportaciones destacan:

Este Evangelio se convierte así en una fuente de inspiración para sacerdotes y laicos, recordándoles que evangelizar no significa solo predicar palabras, sino dar un ejemplo que transforma vidas y comunidades.

Sacerdotes: continuadores de la misión

Los sacerdotes son llamados a ser referentes para todos los discípulos de Jesús, continuando la labor de Mateo y de los doce apóstoles. Su misión se encuadra en tres dimensiones básicas:

  1. Predicar el Evangelio: transmitir el mensaje de Cristo de manera clara, accesible y adaptada a los tiempos actuales.
  2. Administrar los sacramentos: ofrecer la gracia de Dios a través de los más frecuentes Eucaristía y la Confesión, y de los otros sacramentos Bautismo, Confirmación, Matrimonio Orden sacerdotal y Unción de los enfermos.
  3. Acompañar pastoralmente a los fieles: orientar, educar y apoyar a las personas en su crecimiento espiritual y en la vivencia de la fe.

En un mundo que cambia rápidamente, los sacerdotes enfrentan el desafío de llevar la fe a contextos nuevos: ciudades globalizadas, sociedades digitales, culturas plurales. Siguiendo el ejemplo de san Mateo, los sacerdotes están llamados a adaptarse a los medios y canales de comunicación modernos sin perder la autenticidad del mensaje cristiano.

La evangelización en el siglo XXI se ha transformado gracias a la digitalización y al alcance global de internet. Redes sociales, blogs, podcasts y transmisiones en vivo permiten que la voz del Evangelio llegue a millones de personas que de otra manera no tendrían contacto directo con la Iglesia.

Algunos ejemplos de iniciativas actuales incluyen:

Estos ejemplos son solo una muestra que permite evangelizar a jóvenes y adultos en sus contextos naturales, integrando la fe en la vida diaria y haciendo más palpable el testimonio de vida cristiana. Así como san Mateo transmitió su experiencia con Jesús a través de su Evangelio, hoy los sacerdotes y los evangelizadores digitales buscan compartir la fe de manera concreta y cercana.

Mateo escucha las palabras que Jesús le dice. Imagen de Facebook vía The Chosen.

Una llamada para cada uno

San Mateo es un modelo para sacerdotes y evangelizadores, y también para todos los cristianos. Su vida nos recuerda que todos estamos llamados a ser testigos del Evangelio. Esto implica:

La evangelización no es solo una tarea de los sacerdotes; cada fiel tiene un papel en llevar el mensaje de Cristo a su entorno, inspirando a otros con obras concretas.

San Mateo, apóstol y evangelista, nos enseña que la verdadera vocación nace de un encuentro personal con Jesús y se expresa en la entrega de la vida al servicio de los demás. Su historia es un recordatorio de que no importa el pasado de cada persona: Dios siempre ofrece una oportunidad para la conversión.

En el siglo XXI, sacerdotes y evangelizadores continúan su labor, adaptándose a los nuevos medios de comunicación y encontrando formas innovadoras de llegar al corazón de las personas, tal como san Mateo llegó a sus contemporáneos con la fuerza del Espíritu Santo y del Evangelio. Siguiendo su ejemplo, todos estamos llamados a ser discípulos activos, testigos y agentes de transformación en el mundo.

 "Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme»”. Si Jesús pudo transformar a un recaudador en un servidor, a un traidor en su amigo íntimo, también puede transformarnos a nosotros en hijos de Dios, en sus amigos íntimos.

La vocación sacerdotal de Juan Sebastián

Juan Sebastián Miranda (1997) es un seminarista argentino de la diócesis de San Roque. Explica con emoción que su vocación es un «regalo inmerecido», una historia que Dios escribió a través de personas sencillas que, sin saberlo, le fueron guiando hacia Él.

Estudia el tercer año del Bachillerato en Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y es su segundo año residiendo en el seminario internacional Bidasoa, donde continúa con este camino que el Señor le ha trazado.

La vocación del hermano mayor

Juan es el mayor de seis hermanos. Sabe lo que es compartir y ceder. Creció en una familia católica, aunque durante muchos años no fueron practicantes.

«De un tiempo a esta parte, por pura gracia de Dios, he visto cómo mi familia ha comenzado a asistir nuevamente a la Misa dominical», expresa con ilusión.

Juan estaba estudiando la carrera de Educación Física. «Entre el ritmo frenético de la carrera también sentía la inquietud por la llamada al sacerdocio».

Juan Sebastián (a la derecha de la imagen), en una parroquia de San Roque.

Este seminarista recuerda el momento concreto que marcó un antes y un después en su vocación. «Era el último día de la novena a la Inmaculada Concepción, patrona de mi parroquia. Durante esos días, un predicador nos ofrecía una breve reflexión antes de la Santa Misa, y nos pedía llevar la Biblia.

Aquella tarde llegué desanimado, sin ninguna gana, y solo fui porque era animador del grupo de jóvenes. Me senté en el último banco, apartado, con la Biblia a un lado, escuchando de fondo la predicación sin prestarle demasiada atención», nos cuenta.

De pronto una voz interior le decía: “Abre Lc. 5,10”. Juan la ignoró pero volvió a repetirse: “Abre Lc. 5,10”. Otra vez la dejó pasar. A la tercera vez que escuchó esa voz que le insistía, no pudo dejar de abrir el Nuevo Testamento y leer el pasaje.

Lucas 5,10 es un versículo bíblico donde Jesús se dirige a Simón Pedro después de una pesca milagrosa y le dice: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 

Juan Sebastián relata que en ese tiempo vivía con dudas sobre si el Señor le llamaba para ser sacerdote. Pero ese día, con esas palabras, todo se aclaró. Ese versículo lo iluminó todo. Sintió que Dios le confirmaba lo que quería de él. «Desde entonces, mi vida ha sido un intento, imperfecto, pero sincero, de responder a esa llamada y cumplir Su voluntad».

Juan Sebastian en el camino de su vocación como sacerdote

Ser el sacerdote que el mundo espera

En este camino hacia el sacerdocio tiene muy claro lo que el mundo actual necesita, y son presbíteros que se identifiquen profundamente con Cristo.

«La oración y la intimidad con Dios no pueden ser descuidadas. Solo un corazón enraizado en esa relación puede responder a las necesidades de la sociedad y guiarla por el camino de la esperanza», subraya Juan Sebastián.

Y así, este seminarista sigue caminando, con sus límites (como todos), pero con la certeza de que Dios está escribiendo su historia. «Cada día le pido que me ayude a ser fiel, para que en mi debilidad se manifieste su fuerza», añade.

Los desafíos de su diócesis en San Roque

Juan se está formando en España para regresar de nuevo a su diócesis en San Roque, una circunscripción muy extensa: cuenta con 24 parroquias, cada una con amplias zonas rurales y numerosas comunidades.

«Mi parroquia atiende a unos 25.000 habitantes, más diez comunidades rurales, y solo tiene un sacerdote». En total, la diócesis supera los 500.000 fieles, atendidos solo por 41 sacerdotes entre diocesanos, misioneros y religiosos.

Por esta razón, la formación del sacerdote es esencial, sobre todo para hacer frente además a otro desafío que está calando en su región: el crecimiento del protestantismo.

«Uno de nuestros grandes retos es llegar a lugares donde no pueden celebrar la Santa Misa diaria por la escasez de sacerdotes. Además, también es muy importante acompañar a los jóvenes que, en una sociedad marcada por el individualismo, buscan llenar su vacío existencial con las redes sociales y la necesidad constante de ser vistos, sin encontrar un sentido profundo a la vida», expresa con preocupación.

Juan Sebastián posa junto a algunos amigos después de celebrar la Santa Misa.

Evangelizar en una sociedad secularizada

Para Juan Sebastián, el individualismo imperante en la sociedad es un problema que necesita un cambio de paradigma. Y en este cambio es vital que el cristiano demuestre al mundo que no está llamado a vivir aislado, sino a salir al encuentro del otro.

«En una sociedad que se aleja de Dios y acomoda la verdad a su conveniencia –a veces por ignorancia–, el testimonio cercano y comunitario es más necesario que nunca», expresa.

En estos años de estancia en España, le ha llamado la atención que, por lo general, la gente es bastante religiosa, especialmente las personas mayores. Ha observado ese aprecio por las tradiciones, como las procesiones de Semana Santa.

seminario internacional bidasoa formación sacerdotes

La familia de Bidasoa

Juan se encuentra en Bidasoa, un seminario internacional situado en Pamplona. «Es un lugar donde se reúne una familia mundial, donde uno va conociendo otros hermanos que comparte la misma fe, la misma locura de querer servir al Señor desde la llamada al sacerdocio».

«Creo que sería hermoso que esa misma pasión por la Semana Santa se viviera también en la Eucaristía, en la Confesión y en los sacramentos. En mi país no tenemos esa misma expresión cultural, así que para mí ha sido algo nuevo y enriquecedor», concluye Juan Sebastián, con la esperanza de volver a Argentina con fuerza y entusiasmo.


Marta Santín, periodista especializada en religión.


Preguntas y respuestas sobre sacerdotes

¿Cuáles son las cuatro vocaciones de la Iglesia católica?

La vocación es única de todos a la santidad. Sin embargo, se distinguen:

Matrimonio: vocación sagrada en la que un hombre y una mujer se comprometen a vivir juntos en un vínculo indisoluble, abierto a la vida y a la educación de los hijos, buscando su santificación mutua y la de su familia.

Sacerdocio: llamada a hombres para servir a la Iglesia como ministros ordenados (obispos, presbíteros y diáconos). Los sacerdotes se dedican a la proclamación del Evangelio, la administración de los sacramentos y la pastoral de la comunidad.

Vida consagrada: una llamada a hombres y mujeres a consagrar su vida a Dios a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia, viviendo en comunidad. Esto incluye a monjas, monjes, frailes, hermanos y hermanas de diversas órdenes y congregaciones religiosas.

Vida célibe: La vocación de las personas que, sin unirse a una orden religiosa o casarse, se dedican a servir a Dios y a la Iglesia a través de su trabajo profesional, su servicio a los demás y su vida de oración, buscando la santidad en su estado de vida particular.

¿Cuál es la vocación de un sacerdote?

Según una catequesis del papa Francisco «el sacramento del Orden comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

El que recibe este sacramento ejerce la misión confiada por Jesús a sus Apóstoles y prolonga en el tiempo su presencia y su acción como único y verdadero Maestro y Pastor. ¿Qué significa esto concretamente en las vidas de aquellos que son ordenados? Quienes son ordenados son puestos a la cabeza de la comunidad como servidores, como lo hizo y lo enseñó Jesús.

El sacramento les ayuda también a amar apasionadamente a la Iglesia, dedicando todo su ser y su amor a la comunidad, que no han de considerarla de su propiedad, sino del Señor.

Por último, han de procurar reavivar el don recibido en el sacramento, concedido por la Oración y la imposición de manos. Cuando no se alimenta el ministerio ordenado con la oración, la escucha de la Palabra, la celebración cotidiana de la Eucaristía y la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia se termina perdiendo el sentido auténtico del propio servicio y la alegría que deriva de una profunda comunión con el Señor».

¿Cuántos años tiene que estudiar un seminarista para ser sacerdote?

El tiempo de formación de un seminarista para convertirse en sacerdote es un proceso largo y riguroso que, en general, dura entre 6 y 8 años, dependiendo del seminario y de la diócesis. Este período no solo se centra en el estudio académico, sino en una formación integral que abarca varias dimensiones: humana, espiritual, intelectual y pastoral.

¿Qué cualidades debe tener un sacerdote?

Lo mejor es que responda un sacerdote recién ordenado: «Pienso que lo mejor es que el sacerdote sea una persona normal. Me refiero al carácter y a la mentalidad. Además, la misión que tenemos nos pide ser personas con mirada sobrenatural, con una fuerte vida de relación con Dios. Y a la vez, muy humanas, cercanas, para relacionarse con todo tipo de personas que tienen necesidad de en un contacto más intenso con Dios. Me gustaría ser un sacerdote piadoso, alegre, optimista, generoso, disponible para todas las personas y todas las necesidades. Me parece que son aspectos que la gente valora especialmente del Papa Francisco».

Jornada Mariana de la Familia en Torreciudad

Torreciudad conmemoraba en esta ocasión un acontecimiento muy especial: la celebración del 50º aniversario de la apertura al culto del nuevo templo dedicado a la Virgen.

Un encuentro marcado por la alegría, la oración y la certeza de compartir la fe en familia. Como dijo el vicario del Opus Dei en España, don Ignacio Barrera: «¡Cuánta belleza y alegría puede transmitir la familia que reza!».

La Fundación CARF, fiel a su compromiso con la formación sacerdotal y con la Iglesia universal, fue una de las entidades patrocinadoras de esta jornada, sumándose así a la alegría de las familias que acudieron al santuario aragonés.

La familia que reza

El acto central fue la Eucaristía celebrada en la explanada, presidida por el vicario del Opus Dei en España, Ignacio Barrera, quien invitó a todos los presentes a ser «sembradores de paz y alegría», recordando las palabras de san Josemaría: las familias están llamadas a ser «hogares luminosos y alegres».

En un mundo tantas veces marcado por la prisa, la división y la incertidumbre, Barrera recordó que «el Señor se encargará de lo demás y encenderá otras muchas luces», si cada familia procura dar testimonio de amor en su vida cotidiana: «Dad luz en vuestra casa, en los colegios, en los lugares de trabajo… ¡Cuánta belleza y alegría puede transmitir la familia que reza, que se quiere, que se perdona y está unida!». Y preguntó: «¿No os parece que hay mucha necesidad de esto en nuestro tiempo, en la vida social, en la vida política, en los ambientes de trabajo?».

En esta jornada se respira fraternidad y oración. Tras el rezo del Ángelus, hubo una variada presentación de ofrendas por parte de las asociaciones, parroquias, colegios y grupos participantes, que ofrecieron flores, productos de la tierra, imágenes de la Virgen, manualidades infantiles y otros símbolos de gratitud y fe.

En un gesto lleno de ternura, los padres ofrecieron a sus hijos a la Virgen de Torreciudad, confiándoles su futuro y pidiendo su amparo. Este momento, vivido con lágrimas y sonrisas, fue testimonio de lo que significa caminar juntos como familia cristiana: dejarse guiar por María hacia su Hijo.

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En diálogo con Nachter y Roseanne.

Nachter y Roseanne

La jornada estuvo llena de momentos de encuentro y testimonio. El matrimonio formado por Nachter y Roseanne, conocidos por su humor y cercanía en redes sociales, compartió su experiencia sobre «cómo mejorar nuestras relaciones familiares con mucho humor». Recordaron que «reírse con los demás, no de los demás» es una clave sencilla para vivir la caridad en el hogar, y que «ante el dolor, es básico que nuestra vida no la defina el sufrimiento, sino la ayuda que nos prestamos unos a otros. Y sobre todo Dios, que es Padre y podemos confiar plenamente en Él, aunque a veces no le entendamos».

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Un grupo de voluntarias.

Un gesto sencillo

Durante todo el día, más de 200 voluntarios colaboraron en los servicios de acogida, aparcamiento, información y limpieza, junto a la Guardia Civil, Turismo de Aragón, las comarcas del Somontano, Ribagorza y Cinca Medio, los ayuntamientos de Secastilla y El Grado, la Fundación CARF y el Grupo Mahou San Miguel. Además, se recogieron productos de higiene destinados a familias necesitadas, que se entregarán a través de Cáritas Diocesana de Barbastro-Monzón: un gesto que encarna el amor cristiano hecho servicio.

En el 50º aniversario del templo, esta jornada volvió a mostrar el corazón vibrante de la Iglesia: familias unidas por la fe, que rezan, se perdonan y confían en Dios. La Fundación CARF, presente entre ellas, comparte esa misión de irradiar esperanza y formar corazones sacerdotales que sirvan a tantas familias en todo el mundo.

Torreciudad, una vez más, fue luz. Una luz que nace de María y que, a través de la familia, ilumina la sociedad con la alegría del Evangelio.

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La Virgen de Torreciudad en procesión durante el rezo del Rosario.

Los alcaldes animan a repetir

Javier Betorz, delegado del Gobierno de Aragón en Huesca, ha destacado que «Torreciudad es un indudable foco de atracción, por tanto tiene todo nuestro apoyo en la promoción del turismo religioso y cultural». Mari Carmen Obis, alcaldesa de El Grado, ha señalado la importancia de la fiesta «en estas convocatorias para compartir nuestro patrimonio y nuestra alegría, de forma que lleguen a nuevos visitantes».

José Luis Arasanz, teniente de alcalde de Secastilla, y Ana María Rabal, concejala, confían en el proyecto de eje carretero con El Grado y Graus a través del municipio. Antonio Comps, alcalde de Castejón del Puente, piensa que «la jornada es un evento muy importante para el Alto Aragón, con un hondo significado en positivo para la familia y como elemento de promoción».

Fernando Torres, alcalde de Barbastro, ha declarado estar «muy contento de repetir una edición más, y de haber compartido la preocupación del santuario por los daños de la tormenta de anoche», mientras que para José Pedro Sierra, alcalde de Peraltilla, «lo mejor es que he visto mucha gente, con familias que confiamos repitan y den a conocer nuestro entorno».

José María Civiac, presidente de la comarca del Cinca Medio y alcalde de Alfántega, ha comentado que «he visto a mucha gente, dispuesta a un desplazamiento a veces largo, y desde luego, hemos de colaborar entre todos para que aumenten los visitantes».

Lola Ibort, concejala en Almudévar y diputada provincial, señala en su segunda asistencia a esta jornada, que «regreso muy contenta porque comparto tantos valores que promueven la familia, que es tan importante. Y estas familias jóvenes son a la vez, los mejores embajadores de nuestro territorio».

También asistieron la alcaldesa de El Pueyo de Santa Cruz, Teresa Rupín, y representantes municipales de Puente de Montañana, Arén, Enate y Artasona.


Marta Santín, periodista especializada en religión.


Cristo, ¿se habrán encontrado con Él?

La fe cristiana, la Santa Misa, o es un encuentro vivo con Cristo o no es. Por eso la Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. con Él.

En una carta a su familia fechada el 14 de julio de 1929 en Nueva York, Federico García Lorca escribe: “La solemnidad en lo religioso es cordialidad, porque es una prueba viva, para los sentidos, de la inmediata presencia de Dios. Es como decir: Dios está con nosotros, démosle culto y adoración (…) Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios”.

No sé lo que tenía Federico en su corazón y en su cabeza al escribir estas palabras. Sí puedo sugerir que son una manifestación de su alma de poeta y de su saber apreciar la belleza de un encuentro con Dios vivo; y lo hago, porque antes de esas líneas, escribió: “Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una Misa en España”.

Santa Misa, encuentro con Cristo vivo

En su Carta Apostólica “Desiderio Desideravi”, en el apartado La Liturgia: lugar del encuentro con Cristo el papa Francisco escribió: “Aquí está toda la poderosa belleza de la Liturgia (…)  La fe cristiana, o es un encuentro vivo con Él, o no es.   La Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. No nos sirve un vago recuerdo de la última Cena, necesitamos estar presentes en aquella Cena, poder escuchar su voz, comer su Cuerpo y beber su Sangre: le necesitamos a Él.

En la Eucaristía y en todos los Sacramentos se nos garantiza la posibilidad de encontrarnos con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su Pascua. El poder salvífico del sacrificio de Jesús, de cada una de sus palabras, de cada uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebración de los Sacramentos” (nn, 10-11).

“Un encuentro vivo con Cristo”. Y si en todos los Sacramentos Jesucristo está presente y actúa, de manera muy particular, sacramentalmente, lo hace en la santa Misa.

«Es el Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre con la cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza en nosotros la Redención. (…) La Santa Misa nos sitúa de ese modo ante los misterios primordiales de la fe, porque es la donación misma de la Trinidad a la Iglesia. Así se entiende que sea el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano (…)

En la Misa se encamina hacia su plenitud la vida de la gracia, que fue depositada en nosotros por el Bautismo, y que crece fortalecida por la Confirmación. "Cuando participamos de la Eucaristía, escribe san Cirilo de Jerusalén, experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no solo nos configura con Cristo, como sucede en el Bautismo, sino que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo Jesús"» (Josemaría Escrivá. Es Cristo que pasa, nn. 86 y 87).

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La belleza de la liturgia en la Santa Misa

Estos textos referentes a la belleza de la Liturgia expresada en la celebración de la Santa Misa, se me vinieron a la memoria la tarde del domingo. Después de atender a una persona enferma, me acerqué a una iglesia a acompañar un rato al Señor. Faltaba un cuarto de hora para la celebración, a las 8.00 de la tarde. Comenzaron a llegar feligreses, en silencio y un cierto recogimiento. Un número elevado de los hombres vestía pantalón corto, y un número más reducido de mujeres también.

¿Se habrían presentado con esa vestimenta en la fiesta de alguna familia amiga? ¿Y a una reunión con sus jefes en el área de su trabajo profesional? ¿Hubieran ido con esas prendas a recibir un premio por alguna actuación profesional, por algún libro publicado, etc.?

En la puerta de entrada a la iglesia no había ningún de esos carteles –que seguramente todos los lectores recordarán– que prohibían la entrada en el templo vestidos de esa manera. Quizá los sacerdotes no habrían dicho nada al verlos en otras ocasiones acercarse así a recibir a Jesucristo en la Comunión.

Un buen número –más de cien– de esos hombres y mujeres se acercaron al altar a recibir la Comunión. Apenas terminada la Misa, la iglesia se vació.  El sacerdote mantuvo el silencio interior apenas medio minuto, después de recoger el altar, sin arrodillarse al pasar delante del Sagrario. Y los fieles que se quedaron en la iglesia dando gracias a Dios por haber recibido la Eucaristía, fueron apenas una decena. ¿Serían conscientes los feligreses de haberse encontrado con el Hijo de Dios hecho hombre? ¿Y de haber vivido con Jesús todos los momentos de la Misa, y de haberle “comido” en la Hostia Santa?


Original publicado en Religión Confidencial

Ernesto Juliá, ernesto.julia@gmail.com

«Mi vocación está fundada en el amor de la Virgen»

Ser sacerdote es la vocación de Francesco Fiorio, un joven seminarista italiano de 25 años de la Sociedad de vida apostólica de los Hijos de la Cruz, rama masculina de la comunidad Casa de María, realidad mariana nacida de la experiencia de Medjugorje. Gracias a la ayuda de la Fundación CARF, se han podido formar muchos de sus miembros, seminaristas, sacerdotes, religiosas y laicos, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Ahora, empieza su segundo año de Teología.

Desde la infancia, vivió la parroquia como una segunda familia

Las raíces de su historia vocacional se remontan a su infancia. Nació y creció en Roma, en el barrio periférico del Trullo. Desde pequeño frecuentó la parroquia, que fue confiada en 2005 a los Hijos de la Cruz. Ya desde los 6-7 años iba todos los días al oratorio, que para él se había convertido en su segunda casa.

«Los sacerdotes y las religiosas Hijas de la Cruz me acompañaron a recibir todos los sacramentos: desde la primera Confesión, la primera Comunión hasta la Confirmación. Los Hijos y las Hijas de la Cruz, junto con los otros chicos de la parroquia, eran una segunda familia, y creo que todo el bien que me quisieron dejó una huella indeleble en mi corazón y en mi conciencia».

«Recuerdo que una vez, de niño, me preguntaron qué quería ser de mayor y yo respondí tranquilamente: “el sacerdote”, porque veía a los Hijos de la Cruz que cada día jugaban al fútbol y estaban simplemente contentos, y así yo quería ser como ellos». 

Otra anécdota que explica este vínculo con su infancia es que las Hijas de la Cruz que fueron sus catequistas, ahora son las mismas que en el seminario les atienden en las necesidades cotidianas. «Estas personas fueron para mí la prolongación de las manos de la Virgen que cuidó de mí desde pequeño. A través de ellas conocí y entré en contacto con la realidad de la Casa de María, nuestros superiores y los otros chicos de la comunidad».

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Francesco Fiorio durante la entrevista con la Fundación CARF.

La adolescencia y el alejamiento de la fe

Todo iba bien hasta la adolescencia, cuando empezó a buscar otras amistades que le alejaron de los verdaderos lazos que le ofrecía la Virgen María. «Comencé a tener el pie en dos zapatos. Nunca rompí del todo con la fe: seguía yendo a Misa los domingos, a frecuentar la parroquia; pero al mismo tiempo lo único que me interesaba era construir una imagen de mí delante del mundo y conquistar a las chicas».

Siguió así por un tiempo hasta 2016 cuando, en la JMJ de Cracovia, yendo en peregrinación al santuario de la Virgen Negra de Częstochowa, sintió la llamada al sacerdocio. «Esta llamada me había dejado totalmente desconcertado, porque fue como un rayo en el cielo sereno, de hecho, puedo decir que llegó justamente en el periodo en que estaba más fuera de mí.

Al volver a casa, me cerré totalmente, porque de ninguna manera quería ser sacerdote: tenía otros proyectos y otros programas. Quería construirme una vida autogestionada. Me opuse durante varios años, hasta 2018, cuando yendo a Medjugorje para el retiro de verano, pasamos por Široki Brijeg, un pueblo centro de la catolicidad de Bosnia y Herzegovina».

El impacto de Široki Brijeg

El 7 de febrero de 1945, los partisanos comunistas yugoslavos asesinaron a 30 frailes franciscanos, quemando sus cuerpos y destruyendo el convento, la biblioteca y los archivos. Fue un intento de borrar la presencia cultural y religiosa católica en Herzegovina. En total, más de 120 franciscanos de la provincia
fueron asesinados durante aquella persecución. Hoy los frailes son recordados como mártires de la fe, y cada año se conmemora su sacrificio.

«Cuando visité Široki Brijeg, supe que allí fueron martirizados decenas de frailes franciscanos en el periodo de ocupación comunista del siglo XX y muchos otros todavía en los siglos precedentes de dominación turca.

La historia de aquel sitio nos fue explicada por una señora local. Recuerdo muy bien que se conmovió y lloró contándonos la entrega de los sacerdotes hasta dar la vida por el pueblo, y también la entrega misma del pueblo por sus sacerdotes. Lloraba mientras hablaba de los sacerdotes, de la Santa Misa.

Ese testimonio suyo me tocó en lo íntimo y empezó a mover algo en mi corazón endurecido. Bajando al
lugar del martirio, uno de nuestros sacerdotes que seguía a nuestro grupo de jóvenes me dijo: “¿quieres otras respuestas?”, al darse cuenta de que no había quedado indiferente a aquellas palabras».

Cuaresma 2019, redescubriendo el amor de Cristo

En la Cuaresma de 2019 redescubrió el amor de Cristo y la centralidad de la oración. La Cuaresma de aquel año estaba guiada por las palabras de san Benito: “no anteponer nada al amor de Cristo”. «Estas palabras me quedaron grabadas y las asocié a las de san Pablo: “por Él dejé perder todas estas cosas y las considero basura, para ganar a Cristo”. Así comencé de nuevo a poner en el centro la oración, la relación con el Señor, considerando superfluo todo lo que antes buscaba desesperadamente».

La ordenación de ocho Hijos de la Cruz se convirtió en una ocasión que confirmó en Francesco la certeza de la vocación, mostrándole la alegría de una vida entregada.

«Sin embargo, fue decisiva para mí la ordenación sacerdotal de ocho Hijos de la Cruz que tuvo lugar el 12 de mayo de ese mismo año. Ver la alegría y felicidad de aquellos nuevos sacerdotes, que me habían acogido y querido como a un hermano menor, al entregarse totalmente al Señor en la virginidad, en la ofrenda de toda su vida por la Iglesia, por los hermanos y hermanas de la Casa de María y por tantas otras almas que la Virgen les haría encontrar, me hizo decir: “Señor, si es esto lo que quieres de mí, a lo que me llamas, está bien, acepto”».

Una familia espiritual

La Vocación en la Casa de María, le hizo comprender que la Virgen María ya le ofrecía en aquel lugar todo lo que deseaba: una familia espiritual y el sentido de su entrega.

«Entonces me di cuenta de que todo lo que buscaba y deseaba la Virgen me lo estaba ofreciendo desde hacía tiempo en la Casa de María, esperando solo que yo acogiera y aceptara su llamada. Ella realizó todos mis deseos más sinceros: me dio una familia espiritual, hermanos y hermanas, el amor de un padre y de una madre espiritual, la realización de mi afectividad llamándome, no a amar a una persona determinada, sino a una donación total al Señor y a los demás. Estaba claro en mí desde el principio que, si debía ser sacerdote, nunca lo habría querido ser fuera de la Casa de María, porque solo en esta familia tiene sentido mi vocación».

Francesco Fiorio junto a sus hermanos espirituales.

En 2021 se consagró a la Virgen y en 2022 entró en la Casa de María, donde vive hoy su vocación en comunidad.

«Así inicié un camino de acercamiento más radical a la Casa de María. El 6 de enero de 2021 me consagré a la Virgen. El 4 de diciembre de 2022 entré en la comunidad, y hasta hoy son dos años que vivo en la Casa de María».

Gracias a los benefactores

«Quiero concluir mi testimonio explicando cómo, más allá de acontecimientos particulares o experiencias que pueda relatar, mi vocación está fundada en el amor que la Virgen María ha tenido hacia mí a lo largo de toda mi vida y que me ha manifestado a través de las personas que ha puesto a mi lado acompañándome en cada momento y circunstancia».

«Por ello aprovecho la ocasión también para agradecer a los benefactores de la Fundación CARF la ayuda económica con la que están sosteniendo mis estudios y los de mis hermanos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Espero poder recompensarles con mi oración y también con buenos resultados en el camino universitario».

Francesco Fiorio, una vocación fundada por la Virgen María

Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.