12 octubre, Virgen del Pilar de Zaragoza: ¿qué celebramos?

Patrona de la Hispanidad, de la ciudad de Zaragoza y también de Correos y de la Guardia Civil. Miles son los peregrinos y de todas las nacionalidades que acuden a rezar a La Virgen del Pilar en Zaragoza, donde se encuentra su Catedral-Basílica.

Zaragoza, durante todo el año, pero muy especialmente durante las fiestas del Pilar, es la cuidad desde donde surge la unión nacional y universal: la Virgen del Pilar. Desde que Colón abriera las puertas al Nuevo Mundo en 1492, se difundieron los valores cristianos a naciones de América, África y Asia, ahora unidas por el sólido pilar de un pasado, un idioma y una rica y diversa cultura en común.

virgen del pilar

¿Cuál es la historia de la Virgen del Pilar?

Tal y como se recoge en unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, la historia se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión.

En el año 40 después de Cristo, los Apóstoles habían empezado a cumplir la misión de predicar el Evangelio. Cada uno buscando una parte del mundo.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, «pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro.

El Apóstol fue viendo que aquella civilización era increíblemente dura. Era muy difícil hacer llegar a esas gentes las palabras del Evangelio, por lo que Santiago comienza a desanimarse al ver que su esfuerzo no da frutos.

Pero en la noche del 2 de enero del año 40 AD, Santiago, que se encontraba descansando con sus discípulos junto al río Ebro, en la Cesaraugusta Romana, que era el nombre que daba Roma a la actual Zaragoza, de repente oyó voces de ángeles que cantaban "Ave, María, gratia plena" y la Virgen se apareció de pie sobre un pilar de mármol».

La Santísima Virgen, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que «permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio».

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El apóstol Santiago y los ocho testigos comenzaron a edificar una iglesia en aquel sitio. Pero antes que estuviese terminada, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Años más tarde...

El Papa Clemente XII es consciente de esta devoción e instaura el 12 de octubre como día en el que se celebra la festividad de la Virgen del Pilar.

El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón pone el primer pie en América y así queda patente que hay mundo más allá de Hispania. Por este motivo a Nuestra Señora del Pilar se le encomienda la Hispanidad, porque se puso bajo su manto la evangelización de las nuevas tierras.

La devoción del pueblo es tan profunda entre los españoles, y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen como «una antigua y piadosa creencia».

Virgen del Pilar

La ciudad de Zaragoza y la basílica de Nuestra Señora del Pilar su patrona

A orillas del Ebro se levanta en Zaragoza la basílica de Nuestra Señora del Pilar. Comienza su construcción en tiempos del Renacimiento, atraviesa el Barroco y remata, en pleno siglo XVIII, con soluciones neoclásicas.

Dentro de la basílica está la santa capilla de Nuestra Señora del Pilar, magnífico estuche que encierra la columna en donde se apareció la Virgen al Apóstol Santiago, y que los visitantes han venerado a lo largo de los siglos. Ese pilar está forrado de bronce y plata, y sostiene una estatuilla que representa a una Virgen del Pilar, con imponente manto y el niño Jesús en brazos.

La imagen de la Virgen

La talla de la Virgen no alcanza los cuarenta centímetros. Sus líneas son gótico tardías, y por la forma de abotonar la túnica, el cinturón con su hebilla, el alto talle y los zapatos, podría datarse en el siglo XV.

La figura del Niño sostiene en una mano un pajarillo y con la otra se agarra con fuerza al manto de su Madre. Puede decirse que no sigue el estilo escultórico de la Virgen, aunque sí la completa.

El conjunto se asienta sobre el Pilar, la lisa columna de jaspe recubierta de plata labrada que a excepción de los días 2, 12 y 20 de cada mes, la Virgen, no se cubre con manto.

Algunas curiosidades:

De la importancia actual de la Basílica

La basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza es el monumento más visitado de España en los últimos años prepandemia. Es, además de la principal atracción turística de Zaragoza y el icono de ciudad, el primer santuario mariano del mundo y un importante destino de peregrinación; millones de personas lo visitan anualmente.

Es basílica y también catedral. Zaragoza fue la primera ciudad del mundo en tener dos catedrales:la primera, desde principios del siglo XII, cuando las tropas de Alfonso el Batallador conquistaron la ciudad; la segunda, la basílica del Pilar, nada menos que desde 1676.

Se puede subir a una de las cuatro torres, por 3 €. El ascensor llega a los 63 metros de altura y se puede disfrutar de las mejores vistas panorámicas de la ciudad de Zaragoza, desde el mirador de una de las cuatro torres de la basílica. Así como también se puede contemplar desde allí la majestuosidad del río Ebro y de los Pirineos. Además, también puede accederse a la parte más alta de las torres (que se encuentra a unos 80 metros de altura) tras subir unos cuantos peldaños.

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De la historia de la basílica de la Virgen del Pilar

En agosto de 1936 fue bombardeada la basílica de la Virgen del Pilar en Zaragoza. Durante la guerra civil española, un avión republicano lanzó cuatro bombas: una cayó al Ebro, otra a la plaza del Pilar y dos en el interior del templo sin que ninguna de ellas llegara a estallar ni a causar daños de consideración. Dos de esas bombas se encuentran expuestas en los pilares del templo y el hueco, con forma de cruz que dejó la que cayó en la plaza, fue rellenado con mármol.

Del valor artístico y cultural de la basílica de Nuestra Señora del Pilar

Goya pintó la cúpula de la basílica de la Virgen del Pilar en tan solo 44 días.

La primera película española de la historia se rodó en el Pilar en 1898.

También es el único edificio cristiano del mundo con simbología taoísta. Estos son los símbolos similares a los empleados en la medicina china tradicional que adornan algunas partes del templo, y que alimentan la teoría de la influencia taoísta en El Pilar. Los monjes jesuitas volvieron a Zaragoza tras pasar una etapa de misioneros en China y ésta puede ser su explicación.

Virgen del Pilar

«A una sencilla imagen de la Virgen del Pilar confiaba yo por aquellos años mi oración, para que el Señor me concediera entender lo que ya barruntaba mi alma. Domina! –le decía con términos latinos, no precisamente clásicos, pero sí embellecidos por el cariño, ut sit!: Señora, que sea de mí lo que Dios quiere que sea».

San Josemaría.

Nuestra Señora del Pilar en la vida de san Josemaría

En la infancia de san Josemaría esta advocación de la Virgen del Pilar fue de gran compañía y apoyo. Sus padres, aragoneses de nacimiento, le inculcaron desde niño su devoción. Y esta devoción le acompañó hasta el final de su vida.

En Roma, en los últimos años de su vida, lo acompañaba una pequeña imagen de la Virgen del Pilar que besaba cada mañana al despertarse; y en el cuarto de trabajo, conservaba otra representación a tamaño natural de esta advocación.

En los años que pasó en Zaragoza, tanto en el seminario como estudiando Derecho, sus visitas a la Virgen eran diarias. «Como tenía buena amistad con varios de los clérigos que cuidaban la basílica, pude un día quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto. Subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de Nuestra Madre. Sabía que no era ésa la costumbre, que besar el manto se permitía exclusivamente a los niños y a las autoridades (...)

(...) Sin embargo, estaba y estoy seguro de que, a mi Madre del Pilar, le dio alegría que me saltara por una vez los usos establecidos en su catedral. La sigo tratando con amor filial. Con la misma fe con que la invocaba por aquellos tiempos, en torno a los años veinte, cuando el Señor me hacía barruntar lo que esperaba de mí: con esa misma fe la invoco ahora (...) Bajo su protección, continúo siempre contento y seguro». Esa oración ante la Virgen, pidiéndole que viese y fuese lo que Dios quería para él, prepararon la fundación del Opus Dei.

Domina, ut sit! Señora, que sea eso... que tú quieres

San Josemaría celebró su Primera Misa solemne en la capilla del Pilar de Zaragoza. Cuando se trasladó a Madrid luego a Roma, continuó visitando a la Virgen siempre que podía. La última vez fue el 7 de abril de 1970.

El 23 de junio de 1992, tras la recién celebrada beatificación del Fundador del Opus Dei, el entonces prelado de la Obra, don Álvaro del Portillo ofreció un manto a la Virgen del Pilar.

Con motivo de esta fiesta, ofrecemos una oración para pedir su intercesión: ¡Virgen Santísima del Pilar, ruega por el Papa y los obispos, por los sacerdotes y por todos los cristianos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Amén!

A los pies de la Virgen

«Ahora entendemos el sentido profundo del Pilar. No es, ni ha sido nunca, ocasión para un sentimentalismo estéril: establece una base firme en la que se asienta una norma de conducta cristiana, real y sólida. En el Pilar, como en Fátima y en Lourdes, en Einsiedeln y en Loreto, en la Villa de Guadalupe, y en esos miles de lugares que la piedad cristiana ha edificado y edifica para María, se educan en la fe los hijos de Dios.

La historia nos remonta a los comienzos apostólicos, cuando se iniciaba la evangelización, el anuncio de la Buena Nueva. Estamos todavía es esa época. Para la grandeza y la eternidad de Nuestro Señor, dos mil años son nada. Santiago, Pablo, Juan y Andrés y los demás apóstoles caminan junto a nosotros. En Roma se asienta Pedro, con la vigilante obligación de confirmar a todos en la obediencia de la fe. Cerrando los ojos, revivimos la escena que nos ha relatado, como en una carta reciente, san Lucas: todos los discípulos, animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración, con María, la madre de Jesús», señala san Josemaría.

Es signo de fortaleza en la fe, en el amor, en la esperanza. Con María, en el cenáculo, recibimos al Espíritu Santo. Él, no abandonará a su Iglesia. Nuestra Señora multiplicará en la tierra el número de los cristianos, convencidos de que vale la pena entregar la vida por Amor de Dios.


Con la colaboración de: OpusDei.org

Papa Francisco: diálogo y colaboración entre creyentes

Durante su visita apostólica en Asia y Oceanía, el Papa Francisco mantuvo un encuentro de carácter interreligioso en Yacarta, Indonesia (un país de gran mayoría musulmana, donde solamente hay un 10 % de cristianos y un 3 % de católicos), en la mezquita Istiqlal (cf. Discurso 5-IX-2024).

El edificio fue diseñado por un arquitecto cristiano y está unido a la catedral católica de Santa María de la Asunción por el “túnel (subterráneo) de la amistad”. Allí, el Papa Francisco alabó la nobleza y la armonía en la diversidad, de modo que los cristianos pueden testimoniar su fe en diálogo con grandes tradiciones religiosas y culturales. El lema de su visita fue “fe, fraternidad, comprensión”.

Amistad y trabajo conjunto, según el Papa Francisco

Animó el Papa Francisco a los creyentes a proseguir con la comunicación –simbolizada en ese túnel de la amistad– en la vida del país: «Los animo a continuar por este camino: que todos, todos juntos, cultivando cada uno la propia espiritualidad y practicando la propia religión, podamos caminar en la búsqueda de Dios y contribuir a construir sociedades abiertas, cimentadas en el respeto recíproco y en el amor mutuo, capaces de aislar las rigideces, los fundamentalismos y los extremismos, que son siempre peligrosos y nunca justificables».

En esta perspectiva, el Papa Francisco quiso dejarles dos orientaciones. En primer lugar, ver siempre en profundidad. Porque más allá de las diferencias entre las religiones –diferencias en las doctrinas, ritos y prácticas–, «podríamos decir la raíz común de todas las sensibilidades religiosas es una sola: la búsqueda del encuentro con lo divino, la sed de infinito que el Altísimo ha puesto en nuestro corazón, la búsqueda de una alegría más grande y de una vida más fuerte que la muerte, que anima el viaje de nuestras vidas y nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios».

El Papa Francisco insistió en lo fundamental: «Mirando en profundidad, percibiendo lo que fluye en lo más íntimo de nuestra vida, el deseo de plenitud que vive en lo más profundo de nuestro corazón, descubrimos que todos somos hermanos, todos peregrinos, todos en camino hacia Dios, más allá de lo que nos diferencia».

Con ello el Papa Francisco aludía a una de las claves de estos días: el significado de las religiones y el diálogo y la colaboración entre creyentes (Cfr. El análisis de Ismatu Ropi, académico musulmán indonesio, "Clave en el diálogo interreligioso indonesio", en Alfa y Omega 12-IX-2024).

El Papa Francisco en su encuentro con los jóvenes

Pocos días después el Papa Francisco diría a los jóvenes en Singapur: «todas las religiones son un camino hacia Dios» (Encuentro, 13-IX-2024). Así es y se cumple en las religiones propiamente dichas y en la medida en que respeten la dignidad humana y no se opongan a la fe cristiana. No se dice esto, por tanto, en referencia a las deformaciones de la religión como la violencia, el terrorismo, el satanismo, etc.

Por otra parte, el Papa Francisco tampoco afirmó que las religiones fueran entre sí equivalentes, o que tuvieran el mismo valor en la perspectiva cristiana (cfr. Decl. Nostra Aetate del Concilio Vaticano II y el magisterio posterior, cfr. Decl. Dominus Iesus, de 2000).

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De hecho, la doctrina católica enseña que las religiones, junto con elementos de verdad y de bien, tienen elementos que es necesario purificar (vid. también el documento de la Comisión Teológica Internacional, El cristiano y las religiones, 1996).

En segundo lugar, el Papa Francisco invitó a cuidar las relaciones entre los creyentes. Así como un pasaje subterráneo conecta, crea un enlace, «lo que realmente nos acerca es crear una conexión entre nuestras diferencias, ocuparnos de cultivar lazos de amistad, de atención, de reciprocidad».

En efecto, lejos de todo relativismo o sincretismo, esos vínculos –como han insistido y practicado también los Papas anteriores– «nos permiten trabajar juntos, caminar unidos en la consecución de algún objetivo, en la defensa de la dignidad del hombre, en la lucha contra la pobreza, en la promoción de la paz. La unidad nace de los vínculos personales de amistad, del respeto recíproco, de la defensa mutua de los espacios y las ideas ajenas».

En otros términos, se trata de «promover la armonía religiosa para el bien de la humanidad» y en esa línea se sitúa la declaración conjunta preparada para esta ocasión (cfr. Declaración conjunta de Istiqlal).

«En ella asumimos con responsabilidad las grandes, y algunas veces, dramáticas crisis que amenazan el futuro de la humanidad, particularmente las guerras y conflictos, desafortunadamente alimentados también por las instrumentalizaciones religiosas; pero también la crisis medioambiental, que se ha convertido en un obstáculo para el crecimiento y la convivencia de los pueblos.

Y ante este escenario, es importante que los valores comunes a todas las tradiciones religiosas se promuevan y se refuercen, ayudando a la sociedad a «erradicar la cultura de la violencia y de la indiferencia».

Como un faro de luz

En Papúa Nueva Guinea (con una gran mayoría cristiana y un cuarto de ellos católicos), el Papa Francisco señaló nada más llegar al país: “«A todos los que se profesan cristianos –señaló al llegar al país– os exhorto vivamente a que no reduzcan jamás la fe a una observancia de ritos y preceptos, sino a que ésta consista en el amor, en amar y seguir a Jesucristo, y pueda convertirse en cultura vivida, inspirando las mentes y las acciones, transformándose en un faro de luz que ilumine el trayecto.

De este modo, la fe podrá ayudar a la sociedad entera a crecer y encontrar soluciones, buenas y eficaces, a sus grandes desafíos» (Encuentro con las autoridades en la APEL Haus, Port Moresby, 7-IX-2024).

El perfume de Cristo

En Timor oriental (donde el contexto es bien diverso: una gran mayoría de católicos), a los católicos les invitó a cuidar ante todo su identidad: “«No dejen de profundizar la doctrina del Evangelio, no dejen de madurar en la formación espiritual, catequética, teológica; porque todo esto es necesario para anunciar el Evangelio en esta cultura vuestra y, al mismo tiempo, purificarla de formas arcaicas y, a veces, supersticiosas» (Encuentro con la jerarquía católica y los colaboradores pastorales en la catedral de Dili, 10-IX-2024).

«Recordemos –añadió el Papa Francisco– que con el perfume, el testimonio de una vida cristiana coherente, debemos ungir los pies de Cristo, que son los pies de nuestros hermanos en la fe, empezando por los más pobres.

Los más privilegiados son los más pobres. Y con ese perfume tenemos que cuidarlos. Es elocuente aquí el gesto que los fieles realizan cuando se encuentran con ustedes, sacerdotes: toman la mano consagrada, la acercan a su frente como un signo de bendición» (Ib.).

Finalmente, en Singapur (situado en la vanguardia de la economía y el progreso material, con pocos cristianos, pero vivos y comprometidos en el diálogo fraterno entre étnicas, culturas y religiones) durante la Misa que celebró en el estadio nacional (Singapore Sports Hub, cf. Homilía,12-IX-2024), el Papa Francisco subrayó que nada se edifica sin el amor, aunque alguno pudiera pensar que se trata de una afirmación ingenua.

[Este texto es una versión sintética del que será publicado en la revista Omnes, octubre de 2024].


Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

JRR Tolkien: 3 sacerdotes que marcaron su vida

¿Qué influyó en Tolkien a la hora de escribir El Señor de los Anillos?

J.R.R. Tolkien tuvo tres grandes influencias. La primera fueron los acontecimientos de su propia vida, por ejemplo, la primera guerra mundial. La segunda fue la formación académica del autor; él era un lingüista y el El Señor de los Anillos fue en un principio casi una excusa para volcar las lenguas que Tolkien había inventado.

La tercera influencia son los valores y los temas propios del catolicismo, y de los sacerdotes que marcaron la vida del autor de la saga de El Señor de los Anillos y que contribuyeron con su formación. J.R.R. Tolkien era un católico ferviente y eso tenía que inevitablemente plasmarse en su obra. Fue un católico devoto desde su conversión y durante toda su vida. Posteriormente formo una familia católica y el mayor de sus hijos fue también sacerdote.

La infancia y la conversión de Tolkien

John Ronald Reuel Tolkien nació en Sudáfrica en 1892. Su padre, Arthur Tolkien, trabajaba como comerciante de diamantes para el banco de Inglaterra. En 1895, Mabel Tolkien decide irse con sus dos hijos de visita a Inglaterra. Pero en Sudáfrica su padre muere, dejando a la familia sin ingresos.

Ronald tenía solo 4 años de modo que su madre tuvo que cuidar ella sola al joven Tolkien y a su hermano. Tras morir su marido, la familia se traslada a Birmingham. Al poco tiempo, la madre de Tolkien toma la decisión de convertirse al catolicismo y con ella sus hijos.

Hay que tener en cuenta lo que suponía abandonar la fe anglicana en la Inglaterra de finales del siglo XIX y de principios del siglo XX. Este acto se veía no solo como una traición religiosa, sino también como una traición a la patria, por lo que la familia Tolkien fue marginada socialmente. Y para dificultar más la vida del futuro autor, cuando tiene 12 años su madre muere. Él y su hermano se quedan huérfanos.

El Padre Francis Xavier Morgan será quien les sostenga económica y espiritualmente a partir de entonces. Desde estos hechos, la vida de J.R.R. Tolkien cambia y la religión y la figura del sacerdote pasan a ser parte fundamental de su infancia. Hechos que inevitablemente forjan su carácter.

Los sacerdotes de la vida de Tolkien. Cardenal Newman - Padre F Morgan - El Jesuita Murray

El padre Francis Xavier Morgan, tutor de Tolkien

Este sacerdote, que nunca quiso perder sus raíces, y que siempre que pudo viajó a España, procedía de una familia española con unos significados antecedentes en el mundo de las letras, los Böhl de Faber. Francisco Javier Morgan Osborne nace en El Puerto de Santa María (Cádiz), en 1857.

A los once años fue enviado a estudiar a la Escuela del Oratorio de Birmingham bajo la dirección del afamado cardenal John Henry Newman. Finalizados sus estudios inició su carrera religiosa y se unió a la comunidad del Oratorio, para ser posteriormente ordenado, en marzo de 1883.

El resto de su vida estuvo vinculado a esta institución y a su prestigiosa escuela, llevando a cabo múltiples tareas. Durante sus primeros años fue ayudante personal del propio cardenal, al que representó en una audiencia ante el papa León XIII.

Con posterioridad a la muerte del Cardenal Newman en 1890, se ocupó de una gran diversidad de tareas, desde la dirección del prestigioso coro del Oratorio a otras actividades burocráticas. No obstante, por encima de todo, su vocación se manifestó en su honda implicación personal con la parroquia del Oratorio y sus feligreses, entre los cuales llevó a cabo numerosos actos de misericordia y filantropía.

La figura del padre Morgan en la vida de Tolkien

Así, entre otros, asumió el papel de tutor de un niño huérfano que habría de convertirse en el afamado filólogo y escritor J. R. R. Tolkien, pese a que esta tarea implicó que durante varios años no pudiera regresar a España a visitar a su familia.

Los medios económicos que Mabel Tolkien había dejado para la crianza de los niños eran muy escasos, pero el padre Francis los complementó en secreto con dinero procedente de su parte del negocio familiar en el Puerto de Santa María.

J.R.R. Tolkien, quien se refería al padre Morgan como a su segundo padre, obtuvo de él los recursos económicos que le permitieron estudiar en el King Edward’s School y después en Oxford.

También le debió su formación religiosa, un rasgo fundamental en la obra de este autor, así como su gusto por los idiomas y en particular por la lengua española.

Además, varios expertos afirman que Tolkien le usó como inspiración para alguno de sus personajes y que, gracias a él, la tradición cultural de sus antepasados, en particular de Fernán Caballero, llegó hasta el autor británico.

Morgan falleció en Birmingham en el año 1935 apesadumbrado por la difícil situación política y social que España padecía en aquellos momentos previos al inicio de la Guerra Civil.

Probablemente su herencia más importante es la de haber sido un nexo de unión entre la tradición católica y cultural española y una figura tan destacada como la del cardenal Newman y, a su vez, de haber transmitido todo ello a uno de los autores más universales del siglo XX.

Los sacerdotes de la vida de Tolkien. Cardenal Newman - Padre F Morgan - El Jesuita Murray

«Diez mil dificultades no hacen una duda», decía Newman, pero vencerlas sí hacen un santo.

La influencia del cardenal Newman en La vida de Tolkien

El Padre Francis Xavier Morgan, era adscrito al oratorio de San Felipe Neri de Birmingham fundado por el cardenal John Henry Newman que fue canonizado en 2019. Hoy Newman está más vigente que nunca, alguno de los problemas actuales, son similares a los de la Inglaterra victoriana de su época: entre otros, la compresión racional de Dios, la necesidad de la formación del laicado y la escrupulosa búsqueda de la verdad moral.

Así lo entendió Benedicto XVI, quien le beatificó en 2010. Aunque vivió hace más de un siglo, Newman es una persona que tiene mucho que decir al mundo de hoy. Su libro sobre lo que es una universidad, por ejemplo, es un clásico sobre la educación que sigue discutiéndose hoy día. Y no es solo una discusión abstracta: Newman comenzó una universidad en Dublín y un colegio de Secundaria en Inglaterra, y ambos perduran hasta el día de hoy.

Con una labor continua a lo largo de 45 años, Newman provoca un gran cambio social en el país. Para cuando fallece en 1890, ya se ve bien que alguien se haga católico. La conversión es un camino aceptable socialmente gracias a Newman.

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El milagro que permitió canonizar a John Herny Newman.

La mitología bien entendida prefigura el Evangelio

Como otros autores británicos católicos, J.R.R. Tolkien tiene una deuda con el pensamiento y las ideas de Newman que, debido a sus circunstancias biográficas, seguramente, a él le fueron trasmitidas de forma muy directa. Precisamente la influencia del cardenal Newman fue determinante para que Tolkien se decidiera a crear un universo mitológico de raíz católica.

«El cardenal Newman defendía respecto de los mitos, que existen dos revelaciones. Una, la contenida en la Biblia. Y otra, para alcanzar a los gentiles, a través de la naturaleza, lo que se fue reflejando a lo largo de la historia a través de los mitos», explica Diego Blanco experto en la obra de Tolkien.

En este sentido, Newman defendía que la mitología bien entendida prefigura el Evangelio. Así Tolkien comprendió la necesidad de crear una mitología para la Inglaterra no católica y comienza a escribir El Silmarillion, donde se desarrolla la creación de un mundo con un Dios único en el que el ángel más bello se rebela. La idea que subyace es «narrar de forma mitológica para poder llegar al corazón de la gente sin forzar a la gente», enfatiza Blanco a través de la narración de «una batalla profunda y espiritual que Tolkien siempre defendió».

Newman ha dejado un enorme legado a propósito de sus ideas lo que facilita la tarea de conocer detalladamente su pensamiento. Así, para Newman el papel de la literatura no debería ser nunca el de desarrollar virtudes morales, ya que esto es algo que debe recaer en la familia y en la Iglesia. Esta creencia íntima, compartida sin duda por Tolkien, lo demostró a través de diversos hechos tales como la renuncia en sus obras a la alegoría.

El escritor Graham Greene (1904-1991) definió a Newman como el 'patrón de los novelistas católicos' en lo que viene a ser un reconocimiento a la herencia recibida del fundador del Oratorio por autores como él mismo, Hilaire Belloc, G.K. Chesterton, Evelyn Waugh o el propio J.R.R. Tolkien.

Todos tienen en común, entre ellos y con Newman, el origen de su inspiración, basada en sus cimientos morales e intelectuales como católicos convencidos y fruto, en muchos casos, de unas experiencias que supusieron una enorme influencia en sus creencias.

Los sacerdotes de la vida de Tolkien. Cardenal Newman - Padre F Morgan - El Jesuita Murray

«El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica, de manera inconsciente al principio, pero luego cobré conciencia de ello en la revisión». Palabras de J.R.R. Tolkien al jesuita padre Robert Murray.

El jesuita padre Robert Murray amigo de la familia Tolkien

El padre Robert Murray fue amigo personal de J.R.R. Tolkien desde 1944, cuando los presentó la tía del autor. En ese momento, Murray era un estudiante graduado en Corpus Christi College en Oxford. En 1946, Murray se unió a la Iglesia Católica debido en parte a su relación con la familia Tolkien.  

Después de graduarse, Murray se unió a la Compañía de Jesús y fue ordenado en 1959. Este jesuita tuvo el privilegio de mantener una estrecha amistad con el escritor, de leer y corregir, especialmente sobre cuestiones teológicas los manuscritos de El Señor de los Anillos. Y de mantener una abundante correspondencia sobre la materia.

En una de esas cartas, Tolkien detalla al padre Murray que El Señor de los Anillos es una obra católica en su fundamento, sin lugar a dudas: «El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica; de manera inconsciente al principio, pero luego cobré conciencia de ello en la revisión», dice el autor inglés.

Después de haber sido ordenado sacerdote el 31 de julio de 1959, Robert Murray tuvo su primera Misa en la Iglesia Oratorio de Saint Aloysius en Oxford. El Padre Murray recordó que Tolkien y su hijo Christopher Tolkien estaban presentes ese día. La amistad de los Tolkien con el Jesuita duró años, hasta los últimos días de su vida.

En agosto de 1973 almorzó con Tolkien, quien murió al mes siguiente, el 2 de septiembre. El 6 de septiembre de 1973 se llevó a cabo una Misa de réquiem por Tolkien en san Antonio de Padua en Headington, Oxford.

Las oraciones y lecturas fueron elegidas por su hijo John, quien ofició la Misa con la ayuda de Robert Murray y del párroco, Monseñor Doran. El 15 de septiembre de 1973, se publicó el obituario de Tolkien en The Tablet, escrito por el Padre Robert Murray.


Bibliografía

Opusdei.org Newman, un santo para nuestra época.

José Manuel Ferrández Bru , J.R.R. Tolkien y el Cardenal Newman: Hijos de la Misma Luz.

Tolkien. Cartas de JRR Tolkien, Arte y Letra, 2006.

Jesuit.org.uk /profile/robert-murray-sj.

15S, beato Álvaro del Portillo: continuar su legado

El 15 de septiembre conmemoramos el día en que el beato Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría Escrivá de Balaguer, asumió el cargo de prelado del Opus Dei en 1975. Dos semanas después, el 27 de septiembre, celebramos su beatificación en 2014, un reconocimiento oficial a su vida santa y a su labor incansable por la Iglesia. En la Fundación CARF honramos su legado, queremos comprender su impacto y ofrecer una oportunidad para apoyar la formación de futuros sacerdotes.

Beato Álvaro del Portillo, un hombre de fe y servicio

El beato Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914. Aunque comenzó su carrera como ingeniero, su verdadera vocación fue servir a Dios. En 1944, siguió esta llamada y se ordenó sacerdote. A lo largo de su vida, mantuvo una relación estrecha con san Josemaría Escrivá, a quien no solo asistió como colaborador cercano, sino también como un amigo fiel.

Tras la muerte de san Josemaría en 1975, don Álvaro fue elegido por unanimidad como su sucesor, asumiendo la responsabilidad de guiar al Opus Dei hacia una nueva etapa de crecimiento y consolidación. El 15 de septiembre de ese mismo año, se convirtió en el primer sucesor del fundador de la Obra, destacando por su humildad y dedicación inquebrantable.

Don Álvaro era conocido por su profunda entrega a los demás. Lejos de buscar protagonismo, su principal deseo era servir con humildad, guiando a quienes lo rodeaban hacia una vida más cercana a Dios. El papa Francisco lo describió como un hombre que «amó y sirvió a la Iglesia con un corazón despojado de interés mundano». Su enfoque siempre estuvo en ayudar a los demás a descubrir y vivir plenamente su vocación.

beato Álvaro del Portillo

Su legado de servicio sigue vivo hoy, especialmente en la labor que realiza la Fundación CARF. Los valores que el beato Álvaro del Portillo promovió, son los pilares que guían a la Fundación CARF en su misión y apoyo a la formación de sacerdotes. Para don Álvaro, la educación de los futuros sacerdotes no era solo una cuestión académica, sino también humana, espiritual y pastoral. Él creía que los sacerdotes debían estar bien preparados en todos los aspectos, para que pudieran ser pastores cercanos, capaces de guiar a sus hermanos con humildad y sencillez.

Hoy la Fundación CARF sigue esta misión, proporcionando los recursos necesarios para que seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo reciban una formación integral en universidades de prestigio en Roma y Pamplona. Al hacerlo, la fundación no solo está promoviendo la educación de los futuros sacerdotes, sino que está perpetuando el compromiso del beato Álvaro con la Iglesia universal. Los sacerdotes formados, con el apoyo de los benefactores de la Fundación CARF, están preparados para desarrollar con amor y dedicación el trabajo en diócesis de todo mundo, como lo hubiera querido el beato Álvaro.

La sucesión del beato Álvaro del Portillo

La elección del beato Álvaro del Portillo como sucesor de san Josemaría Escrivá fue un hito lleno de significado espiritual. A lo largo de los años, el beato Álvaro había trabajado codo a codo con san Josemaría, compartiendo su visión y dedicación al Opus Dei y a la Iglesia, lo que lo preparó de manera natural para tomar el relevo. Sin embargo, cuando recibió la noticia de su elección el 15 de septiembre de 1975, el beato Álvaro del Portillo lo hizo con una profunda humildad y un gran sentido de responsabilidad.

En lugar de celebraciones, pidió oraciones a todos los miembros del Opus Dei, manifestando su disposición de servicio diciendo: «Ante la tumba de nuestro queridísimo Fundador, todos nosotros, Santo Padre, renovamos el firme propósito de ser fidelísimos a su espíritu y ofrecemos también nuestras vidas por la Iglesia y por el Papa». Estas palabras reflejan su carácter, siempre dispuesto al servicio a la Iglesia y al Papa.

Para el beato Álvaro del Portillo, era esencial que cada persona encontrara a Dios en lo más sencillo y ordinario de su existencia. Durante su vida, promovió este mensaje y fortaleció la presencia del Opus Dei en nuevos países, ayudando a miles de personas a crecer humana y espiritualmente. A él le correspondió consolidar el camino jurídico de la Obra, tal como había visto su fundador.

Su capacidad de liderar desde la humildad y el servicio lo convirtió en un pastor cercano y respetado, cuyas decisiones siempre estuvieron orientadas al bien espiritual de todo el que se acercaba a él. Este enfoque, que guiaba cada una de sus decisiones, lo convirtió no solo en un obispo verdadero pastor, amado y respetado por todos aquellos que lo conocieron.

La beatificación de don Álvaro

El 27 de septiembre de 2014 fue un día histórico no solo para el Opus Dei, sino para toda la Iglesia. En una emotiva ceremonia celebrada en Valdebebas, Madrid, Álvaro del Portillo fue beatificado, reconociéndose oficialmente su santidad. La beatificación fue posible gracias a un milagro atribuido a su intercesión: la sorprendente recuperación de un niño chileno, José Ignacio Ureta, quien, tras sufrir un paro cardíaco de más de 30 minutos, inexplicablemente se recuperó sin secuelas. Este hecho, que fue exhaustivamente investigado por la Iglesia, se convirtió en un signo claro de la cercanía del beato Álvaro y de su continuo cuidado desde el Cielo.

La ceremonia de beatificación fue presidida por el cardenal Ángelo Amato, en representación del papa Francisco, quien subrayó el papel crucial del beato Álvaro como un modelo de «fidelidad inquebrantable a la Iglesia y a su misión». Cientos de miles de fieles asistieron al evento, muchos de ellos profundamente conmovidos por el reconocimiento de la vida y obra de quien siempre vivió con una humildad ejemplar.

Para muchos, la beatificación de don Álvaro fue la celebración de un hombre que, a través de su sencillez, cercanía y espíritu de servicio, había tocado incontables vidas. A lo largo de su vida, el beato Álvaro del Portillo no solo ayudó a expandir la Obra, sino que también inspiró a muchos a vivir su fe con alegría, con la mirada puesta en Dios en lo cotidiano. Este espíritu de entrega, que tanto lo caracterizó, sigue vivo hoy en aquellos que buscan seguir su ejemplo y continuar su misión de servir a la Iglesia con generosidad y amor.

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El impacto del beato Álvaro del Portillo en la formación de sacerdotes

Uno de los legados más significativos que dejó el beato Álvaro del Portillo fue su firme compromiso con la formación de los sacerdotes. Para él, los sacerdotes no solo debían ser buenos guías espirituales, sino también personas capaces de acompañar a todos con cercanía y humildad. Este enfoque humano y espiritual sigue siendo clave en la misión del Opus Dei y de la Fundación CARF, que hoy se esfuerzan por continuar con esta labor en 131 países y más de 1.100 diócesis.

Desde la Fundación CARF, damos a nuestros benefactores la oportunidad de participar en esta misión tan importante: apoyar la formación de los sacerdotes de hoy y del mañana. La educación que reciben los seminaristas y los sacerdotes diocesanos no solo los prepara académicamente, sino también pastoralmente, para que puedan estar al servicio de Dios y de los demás. Al apoyar la misión, no solo estás contribuyendo con una donación, estás invirtiendo en el futuro de la Iglesia.

El beato Álvaro del Portillo es un modelo de entrega total a Dios y a la Iglesia, y su vida continúa inspirando a decenas de miles de personas en multitud de países y proyectos entre los que se encuentra también la Fundación CARF con su tarea de ayuda a la formación de sacerdotes.

Chiara Lubich y el Jesús de la cuarta palabra

Chiara Lubich es una referencia indispensable en estos tiempos difíciles en los que muchos cristianos se sienten desanimados por ser una minoría en medio de una sociedad plural y compleja, que parece vivir de espalda a Dios.

La importancia de los textos de Chiara

Esos cristianos se sienten abandonados y tienen nostalgia de un tiempo pasado, supuestamente idílico y que ellos no han vivido. Les invade la tristeza y se asemejan a la mujer encorvada del evangelio (Lc 13, 10-17), incapaz de alzar la cabeza al cielo. A estos cristianos, necesitados de recuperar la alegría que nos trae Cristo, les vendría muy bien profundizar y meditar en los textos de Chiara, una mujer siempre atenta a las inspiraciones del Espíritu Santo. Sabía muy bien que la fortaleza del cristiano no deja de ser prestada, pues nuestra debilidad se hace fortaleza en Cristo.

Chiara y la figura de Cristo

Uno de mis textos preferidos de Chiara Lubich es un artículo escrito para la agencia Zenit para el Viernes Santo de 2000. Tenía entonces ochenta años, aunque podía haberlo escrito al inicio de su itinerario espiritual, pues aquí encontramos uno de los rasgos más características de su espiritualidad: la meditación sobre Jesús abandonado.

En contraste con las expectativas de esos cristianos apegados a la supuesta seguridad vivida en otros tiempos, Chiara presenta la figura de un Cristo despojado en la cruz de su divinidad para unirse todavía más al hombre, para experimentar Él también la angustia y el desamparo del ser humano e en algunos momentos de su vida. Tal es el sentido de la cuarta palabra pronunciada en la cruz, “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” (Mt 27, 47).

Chiara Lubich

Chiara y los heridos de la vida

Una vez leí una explicación que no me convenció en absoluto: Jesús se había puesto a rezar un salmo que contiene estas palabras y su agotamiento le impidió proseguir su oración. Es posible que Jesús pudiera estar rezando ese salmo, pero lo cierto es que sus palabras expresan nítidamente lo que sentía en ese momento. Durante siglos no se ha prestado la suficiente atención a esta cuarta palabra, acaso porque algunos se imaginaban que era una pregunta sin respuesta.

En cambio, los creyentes sabemos, tal y como recuerda Chiara, que el Padre resucitó y ensalzó a su Hijo para siempre. Sobre este particular, señala además: “En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada, la sabiduría callada. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenia que experimentar el abandono de Dios para que nosotros no nos sintiéramos más abandonados”.

La esperanza a los pies de Cristo

Chiara ve en ese Jesús que grita su abandono a muchas personas que sufren en lo físico como ciegos, mudos o sordos, pero también percibe a los que sufren en su espíritu: los desilusionados, los traicionados, los miedosos, los tímidos, los desorientados… Estos últimos son los heridos de la vida, una expresión utilizada en algunas ocasiones por san Juan Pablo II, y que no hace mucho contemplé como rótulo de una sección en una librería de Lourdes. Pienso que los enfermos del espíritu son mucho más numerosos que los otros, pues en una sociedad poco solidaria son infinidad las personas que viven en la soledad y el desamparo.

En ellas está Jesús abandonado, pues como dice Chiara: “Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Al acercarnos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado”.

A los que sufren se les ha vendido la idea de que su vida es un fracaso y que nada merece la pena. Pero Jesús ha sufrido mucho más que todos ellos. Chiara recuerda que detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida, se encuentra el rostro de Cristo. Podríamos añadir que es un rostro concreto con identidad, aunque tenga representaciones muy variadas, y si su rostro es reconocible, también ha de serlo el rostro de nuestros hermanos porque, tal y como señala Chiara, cada uno de ellos es Él.

Es tarea nuestra transformar el dolor en amor, una labor que humanamente parece imposible, pero será posible gracias a la fortaleza y a otros dones que nos infunde el Espíritu de Cristo.

 
 

La idea de Juan XXIII sobre la Iglesia como signo e instrumento de unidad, que fuera el alma del Concilio Vaticano II, tuvo una singular sintonía con el carisma de Chiara Lubich

Chiara y su visión de la juventud

La evocación del abandono de Cristo crucificado me lleva a relacionar a Chiara con Olivier Clément, un conocido teólogo ortodoxo francés. Ambos sentían una gran admiración por el patriarca Atenágoras y mantuvieron algunos encuentros personales de los que dejaron constancia en sus escritos. Ante las tormentas político-sociales de la época, como el mayo del 68, Atenágoras no es pesimista ni tiene nostalgia de un pasado supuestamente mejor, y asegura a Clément que esos jóvenes contestatarios le inspiran compasión.

Aunque no se den cuenta, son jóvenes completamente abandonados y su grito no deja de ser un grito de huérfanos. El patriarca, un gran experto en humanidad, ve la revuelta estudiantil como una llamada de auxilio. Por su parte, Clément subraya que, pese al aparente triunfo del nihilismo, existe un gran vacío en un movimiento de protesta que se proclama heredero de Marx, Nietzsche y Freud.

"A diferencia de la economía consumista, basada en una cultura del tener, la economía de comunión es la economía del dar …." Chiara Lubich.

El autentico ecumenismo cristiano

Creen, como tantos otros, en la transformación de las estructuras, o a lo mejor ni siquiera en eso, aunque no se dan cuenta de que la única revolución creativa en la historia es la que nace de la transformación de los corazones. Por su parte, Chiara Lubich, testigo de una época turbulenta en la que Cristo es nuevamente abandonado y sustituido por utopías sin esperanza, encuentra en Atenágoras el corazón de un padre, un espíritu juvenil lleno de fe y esperanza.

No le califica de hermano separado, una expresión muy frecuente en la época del posconcilio, pues tiene el convencimiento de pertenecer a una misma casa, a una misma familia. Este es el auténtico ecumenismo, en el que las diferencias han perdido su color gracias al sol de la caridad. Tanto es así que el grito de Jesús abandonado en la cruz está necesariamente dirigido a todos los cristianos sin excepción. El encuentro con Jesús abandonado, presente en tantos hermanos a los que no podemos dejar solos, es un buen ejemplo de ecumenismo.


Antonio R. Rubio Plo, Licenciado en Historia y en Derecho, escritor y analista internacional.
@blogculturayfe / @arubioplo

La buena literatura italiana en 5 libros

«Nada hay más metafísico que la verdad. Y la verdad es sencilla»

Hablando de literatura, esta cita pertenece a Cinco clásicos italianos (Ed. Rialp), el último libro del sacerdote e historiador Mariano Fazio, y me parece muy apropiada para descubrir el valor de la buena literatura. Es una literatura que encierra mucho de verdad. Podría calificarse de “metafísica”, pues va más allá de sus componentes históricos o sociológicos y puede hacer mucho bien por su sencillez y su posibilidad de llegar al corazón del ser humano para mostrarle que ese corazón encierra algo muy grande: la capacidad de amar.

Esto es lo único que ha de preocuparnos, no un brillante currículo, ni nuestras proezas laborales o de ocio que pretenden convertirnos en autosuficientes y dignos de una admiración infantilizada, ni menos aún nuestra erudición.

Al atardecer de la vida, te examinarán del amor, dice un clásico castellano, san Juan de la Cruz. Incluso los no creyentes pueden comprobar que los hombres también examinan a los otros hombres del amor que han puesto en las personas y en las cosas.

Mariano Fazio introduce al lector en la buena literatura italiana, la que ha marcado sus lecturas desde la infancia y ha redescubierto en su madurez. Bastan cinco autores y algunos de sus libros para llegar a la conclusión de que la buena literatura es la que aspira a que seamos mejores, aunque la mentalidad imperante en muchos escritores de los últimos dos siglos ha sido que el único criterio de verdad es la experiencia, aunque pocas cosas hay menos objetivas que ella.

literatura italiana

Mons. Mariano Fazio nació en Buenos Aires el 25 de abril de 1960. Es licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Es autor de más de 20 libros sobre sociedad moderna y procesos de secularización.

La divina comedia de Dante

En primer lugar, el autor nos presenta este, que es un libro para el camino de la vida, que nos presenta al poeta florentino en la mitad de ella, y sirve a Fazio para llegar a una acertada conclusión: tenemos que aceptar las propias limitaciones y no podemos resolver por nosotros mismos los problemas existenciales.

El propio Dante tendrá que pedir ayuda, la del poeta Virgilio, expresión de la recta razón y de las virtudes humanas que allanan el recorrido de la gracia, y la de su amada Beatriz, que le conduce a la luz del Paraíso.

Una notable reflexión de esta obra es que el hombre lo hace todo por amor. Amor es equivalente a deseo, pero la consecuencia negativa es que, si ese amor va dirigido exclusivamente hacia uno mismo y hacia las cosas materiales, el ser humano termina por fracasar, porque no ha tenido ojos para el amor a Dios y a los demás.

Los novios de Alessandro Manzoni

La segunda gran obra de la literatura italiana y una de las novelas preferidas del papa Francisco. Narra la historia de Renzo y Lucía, dos jóvenes que encuentran toda clase de obstáculos para su matrimonio, en la Lombardía del siglo XVII.

Un noble, don Rodrigo, decidido a conseguir a Lucía a toda costa, no reparará en medios para hacerla suya. Pero saldrá vencedora no solo por su sencillez y afectividad natural, sino porque confía plenamente en la Providencia divina.

Manzoni no oculta, en cambio, los defectos de su enamorado, Renzo, aunque la generosidad y la capacidad de conmoverse ante las desgracias ajenas, ayudarán al joven a madurar. El máximo acto de maduración de Renzo será el del perdón, que otorgará a don Rodrigo, cuando este agoniza víctima de la peste que asoló Milán en aquella época.

Esta pareja de novios es la protagonista en una sucesión de personajes que tienen mucho que enseñarnos. Incluso el mal puede servir para que otros, como el religioso fray Cristóbal, practique hasta el heroísmo la caridad cristiana. Los personajes de Manzoni presentan los rasgos más diversos, pues no dejan de ser profundamente humanos. Los hay santos como el cardenal Federico Borromeo, tibios como el párroco don Abundio o malvados, con un resquicio hacia el arrepentimiento, como el caballero Sin Nombre. El bien triunfa en Los novios porque es un bien que actúa, no una resignación temerosa. Hay un mensaje claro: el de superar nuestros propios límites sin dejar de confiar en la Providencia.

Pinocho de Carlo Collodi

La tercera obra presentada, un famoso relato para niños. Tal y como decía el pensador liberal Benedetto Croce, Pinocho está hecho con la madera de la humanidad. Su autor profesaba la ideología liberal y anticlerical, propia de la época de la unificación italiana en el siglo XIX, si bien el sustrato de su obra no deja de ser cristiano. Tal y como decía Croce en un artículo de 1942, en un contexto de inquietud por los horrores del nazismo, “no podemos no ser cristianos”. Pese a sus propósitos, Pinocho no es un dechado de virtudes.

Entiende la libertad exclusivamente como libertad de elección, y es continuamente engañado por personajes como el Gato y el Zorro. Comete el error de dialogar con la tentación, pero el amor de su padre, Gepetto, y el del Hada lo redimirán.

Dos cardenales italianos, Albino Luciani, el futuro Juan Pablo I, y Giacomo Biffi supieron, con distintos matices, buscar una dimensión teológica en esta obra, y el último de ellos dejó escrita esta paradoja: «El hombre que solo quiere ser hombre, se hace menos hombre».

Corazón, de Edmondod’Amicis

Quizás la cuarta obra estudiada, es la que peor ha resistido el paso del tiempo. Muchos la consideran cursi y almibarada, además de impregnada de excesiva retórica nacionalista. Recuerdo que hace años un periodista católico italiano buscaba en ella la huella de la masonería.

Sin embargo, Mariano Fazio encuentra en esta obra valores humanos que remiten de inmediato a los valores cristianos: la caridad, la preocupación por los pobres, el perdón… Esa coincidencia de valores puede llevar a creyentes y a no creyentes a hacer cosas juntos, en vez de enfrascarse en estériles debates.

Giovanni Guareschi

El último capítulo del libro de Fazio se refiere a la serie de novelas de Don Camilo de Giovanni Guareschi, un sacerdote de un pueblecito del norte de Italia enfrentado al alcalde comunista Pepón. Este cura, que el cine popularizó, fue recordado en un discurso del papa Francisco en Florencia. El pontífice alabó su método: la cercanía a la gente y la oración.

No obstante, don Camilo es un hombre demasiado temperamental y el Cristo crucificado de su iglesia, ante el que suele orar, tendrá que recordarle cuál es la actitud de un cristiano. En ella está toda la filosofía de Guareschi, que le causó incomprensiones de los dos lados: el respeto por los que piensan diferente de nosotros; la superación de las diferencias por el amor; la comprensión de las circunstancias de los amigos, el rechazo de la absolutización de la política, de las humillaciones, de la alegría ante el mal ajeno…

Cinco clásicos italianos de la literatura

Un libro, el de Mariano Fazio, recomendable en todos los aspectos. No solo es una invitación a la lectura. Lo es también a ser mejores personas y al diálogo con Dios y con los demás. Pero el diálogo no consiste en entrecruzar opiniones enfrentadas. El auténtico diálogo es una invitación a la amistad.


Antonio R. Rubio Plo, Licenciado en Historia y en Derecho. Escritor y analista internacional @blogculturayfe / @arubioplo