Papa Francisco: diálogo y colaboración entre creyentes

Durante su visita apostólica en Asia y Oceanía, el Papa Francisco mantuvo un encuentro de carácter interreligioso en Yacarta, Indonesia (un país de gran mayoría musulmana, donde solamente hay un 10 % de cristianos y un 3 % de católicos), en la mezquita Istiqlal (cf. Discurso 5-IX-2024).

El edificio fue diseñado por un arquitecto cristiano y está unido a la catedral católica de Santa María de la Asunción por el “túnel (subterráneo) de la amistad”. Allí, el Papa Francisco alabó la nobleza y la armonía en la diversidad, de modo que los cristianos pueden testimoniar su fe en diálogo con grandes tradiciones religiosas y culturales. El lema de su visita fue “fe, fraternidad, comprensión”.

Amistad y trabajo conjunto, según el Papa Francisco

Animó el Papa Francisco a los creyentes a proseguir con la comunicación –simbolizada en ese túnel de la amistad– en la vida del país: «Los animo a continuar por este camino: que todos, todos juntos, cultivando cada uno la propia espiritualidad y practicando la propia religión, podamos caminar en la búsqueda de Dios y contribuir a construir sociedades abiertas, cimentadas en el respeto recíproco y en el amor mutuo, capaces de aislar las rigideces, los fundamentalismos y los extremismos, que son siempre peligrosos y nunca justificables».

En esta perspectiva, el Papa Francisco quiso dejarles dos orientaciones. En primer lugar, ver siempre en profundidad. Porque más allá de las diferencias entre las religiones –diferencias en las doctrinas, ritos y prácticas–, «podríamos decir la raíz común de todas las sensibilidades religiosas es una sola: la búsqueda del encuentro con lo divino, la sed de infinito que el Altísimo ha puesto en nuestro corazón, la búsqueda de una alegría más grande y de una vida más fuerte que la muerte, que anima el viaje de nuestras vidas y nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios».

El Papa Francisco insistió en lo fundamental: «Mirando en profundidad, percibiendo lo que fluye en lo más íntimo de nuestra vida, el deseo de plenitud que vive en lo más profundo de nuestro corazón, descubrimos que todos somos hermanos, todos peregrinos, todos en camino hacia Dios, más allá de lo que nos diferencia».

Con ello el Papa Francisco aludía a una de las claves de estos días: el significado de las religiones y el diálogo y la colaboración entre creyentes (Cfr. El análisis de Ismatu Ropi, académico musulmán indonesio, "Clave en el diálogo interreligioso indonesio", en Alfa y Omega 12-IX-2024).

El Papa Francisco en su encuentro con los jóvenes

Pocos días después el Papa Francisco diría a los jóvenes en Singapur: «todas las religiones son un camino hacia Dios» (Encuentro, 13-IX-2024). Así es y se cumple en las religiones propiamente dichas y en la medida en que respeten la dignidad humana y no se opongan a la fe cristiana. No se dice esto, por tanto, en referencia a las deformaciones de la religión como la violencia, el terrorismo, el satanismo, etc.

Por otra parte, el Papa Francisco tampoco afirmó que las religiones fueran entre sí equivalentes, o que tuvieran el mismo valor en la perspectiva cristiana (cfr. Decl. Nostra Aetate del Concilio Vaticano II y el magisterio posterior, cfr. Decl. Dominus Iesus, de 2000).

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De hecho, la doctrina católica enseña que las religiones, junto con elementos de verdad y de bien, tienen elementos que es necesario purificar (vid. también el documento de la Comisión Teológica Internacional, El cristiano y las religiones, 1996).

En segundo lugar, el Papa Francisco invitó a cuidar las relaciones entre los creyentes. Así como un pasaje subterráneo conecta, crea un enlace, «lo que realmente nos acerca es crear una conexión entre nuestras diferencias, ocuparnos de cultivar lazos de amistad, de atención, de reciprocidad».

En efecto, lejos de todo relativismo o sincretismo, esos vínculos –como han insistido y practicado también los Papas anteriores– «nos permiten trabajar juntos, caminar unidos en la consecución de algún objetivo, en la defensa de la dignidad del hombre, en la lucha contra la pobreza, en la promoción de la paz. La unidad nace de los vínculos personales de amistad, del respeto recíproco, de la defensa mutua de los espacios y las ideas ajenas».

En otros términos, se trata de «promover la armonía religiosa para el bien de la humanidad» y en esa línea se sitúa la declaración conjunta preparada para esta ocasión (cfr. Declaración conjunta de Istiqlal).

«En ella asumimos con responsabilidad las grandes, y algunas veces, dramáticas crisis que amenazan el futuro de la humanidad, particularmente las guerras y conflictos, desafortunadamente alimentados también por las instrumentalizaciones religiosas; pero también la crisis medioambiental, que se ha convertido en un obstáculo para el crecimiento y la convivencia de los pueblos.

Y ante este escenario, es importante que los valores comunes a todas las tradiciones religiosas se promuevan y se refuercen, ayudando a la sociedad a «erradicar la cultura de la violencia y de la indiferencia».

Como un faro de luz

En Papúa Nueva Guinea (con una gran mayoría cristiana y un cuarto de ellos católicos), el Papa Francisco señaló nada más llegar al país: “«A todos los que se profesan cristianos –señaló al llegar al país– os exhorto vivamente a que no reduzcan jamás la fe a una observancia de ritos y preceptos, sino a que ésta consista en el amor, en amar y seguir a Jesucristo, y pueda convertirse en cultura vivida, inspirando las mentes y las acciones, transformándose en un faro de luz que ilumine el trayecto.

De este modo, la fe podrá ayudar a la sociedad entera a crecer y encontrar soluciones, buenas y eficaces, a sus grandes desafíos» (Encuentro con las autoridades en la APEL Haus, Port Moresby, 7-IX-2024).

El perfume de Cristo

En Timor oriental (donde el contexto es bien diverso: una gran mayoría de católicos), a los católicos les invitó a cuidar ante todo su identidad: “«No dejen de profundizar la doctrina del Evangelio, no dejen de madurar en la formación espiritual, catequética, teológica; porque todo esto es necesario para anunciar el Evangelio en esta cultura vuestra y, al mismo tiempo, purificarla de formas arcaicas y, a veces, supersticiosas» (Encuentro con la jerarquía católica y los colaboradores pastorales en la catedral de Dili, 10-IX-2024).

«Recordemos –añadió el Papa Francisco– que con el perfume, el testimonio de una vida cristiana coherente, debemos ungir los pies de Cristo, que son los pies de nuestros hermanos en la fe, empezando por los más pobres.

Los más privilegiados son los más pobres. Y con ese perfume tenemos que cuidarlos. Es elocuente aquí el gesto que los fieles realizan cuando se encuentran con ustedes, sacerdotes: toman la mano consagrada, la acercan a su frente como un signo de bendición» (Ib.).

Finalmente, en Singapur (situado en la vanguardia de la economía y el progreso material, con pocos cristianos, pero vivos y comprometidos en el diálogo fraterno entre étnicas, culturas y religiones) durante la Misa que celebró en el estadio nacional (Singapore Sports Hub, cf. Homilía,12-IX-2024), el Papa Francisco subrayó que nada se edifica sin el amor, aunque alguno pudiera pensar que se trata de una afirmación ingenua.

[Este texto es una versión sintética del que será publicado en la revista Omnes, octubre de 2024].


Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

Nithin, único seminarista de rito siro-malabar en España

Nithin Joji Karimpanmackal, seminarista de rito siro-malabar, de la diócesis de Kerala (India), se encuentra en su tercer año de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el seminario internacional Bidasoa.

A sus 25 años, además de continuar su formación en Pamplona, ha colaborado este verano en la pastoral de la colegiata y basílica de san Isidro, en Madrid, ayudando a su párroco, don Ángel Luis Miralles, y atendiendo a la pequeña pero ferviente comunidad católica de rito siro-malabar que hay en la capital española y que está compuesta por unas 80 personas.

La Misa de rito siro-malabar

Cada domingo, la colegiata de san Isidro celebra una Misa de rito siro-malabar a las cinco de la tarde y que dura aproximadamente unas dos horas. Esta celebración es un punto de encuentro para los fieles de esta tradición litúrgica en Madrid.

Nithin señala la gran cercanía que existe entre los párrocos y los fieles en su diócesis de Kerala, un aspecto que busca mantener en Madrid: «El rito siro-malabar proviene del apóstol santo Tomás. Actualmente, contamos con unos 500 sacerdotes en Kerala», comenta con orgullo.

Colas para confesar en san Isidro

Durante su estancia en Madrid, Nithin ha quedado impresionado por la devoción de los madrileños hacia san Isidro y el Jesús del Gran Poder, venerado en la colegiata. Además, le ha sorprendido la cantidad de fieles que acuden con cierta frecuencia a confesarse: «Es impresionante, hay colas para confesar, algo que no es tan común en otros lugares», relata.

Una vocación desde los 15 años

Nithin nació el 8 de enero de 1999 en Alappuzha, Kerala (India). Es hijo de Joji Thomas y Sherly Joji, y tiene un hermano mayor, Jithin Joji Thomas. Su vocación para ser sacerdote comenzó a una temprana edad: a los 15 años ingresó en el seminario menor, tras completar su educación Primaria en su ciudad natal, Manimala.

En 2014, ingresó en el seminario menor de la archidiócesis de Changanaserry en Kerala, donde residió durante su formación. Posteriormente, se graduó en Comercio, especializándose en finanzas e impuestos en el St. Berchmans Autonomous College, afiliado a la Universidad Mahatma Gandhi de Kerala.

Tras completar su Licenciatura en 2020, continuó sus estudios filosóficos en el Instituto de Filosofía Jeevalaya, en Bengaluru, afiliado a la Universidad Urbaniana de Roma.

Después de sus estudios filosóficos, Nithin participó en un programa de regencia, sirviendo como secretario en la oficina del arzobispo emérito Joseph Powathil. También colaboró con 'Apóstol', una iniciativa educativa de la archidiócesis que apoya a estudiantes desde el 7º grado hasta niveles superiores, acompañándolos en su discernimiento vocacional.

Formación en el seminario internacional Bidasoa

Finalizado el programa de regencia, su obispo le envió a España para continuar su formación teológica en el seminario internacional Bidasoa y en la Universidad de Navarra, en Pamplona.

«Gracias a Dios, he terminado mi segundo año de Teología y me siento agradecido a los benefactores de la Fundación CARF que me han apoyado en mi formación. La experiencia de convivir con seminaristas de diversas culturas y tradiciones es enriquecedora, y el ambiente en Bidasoa favorece una mayor cercanía con Dios», destaca Nithin.

Pauline Mathias, seminarista de Tanzania en Madrid

Pauline Mathias es otro seminarista, de Tanzania, de la diócesis de Mwanza, que está realizando su pastoral en la parroquia de san Manuel González de san Sebastián de los Reyes en Madrid. Estudia 3º de Teología la UNAV y reside también en el seminario internacional Bidasoa. «Estoy muy contento de convivir con diferentes seminaristas de todo el mundo», afirma y da las gracias a los benefactores por esta oportunidad. 

Una relación cercana con los feligreses

Pauline explica que su actividad pastoral en Madrid incluye la preparación de la liturgia y la Misa, ayudando a la distribución de la Comunión. Pero lo que más le ha gustado es conocer y relacionarse con los feligreses y convivir con ellos, que incluso algunos gustan de invitarles a sus propias casas a pasar un rato. «Los cristianos de esta parroquia son muy amables, y es sorprendente ver la cantidad de personas que se acercan con frecuencia a confesarse», expresa.

También ha podido dedicarse a dar catequesis a los más jóvenes para apoyar así la labor del párroco don José María Marín y que puedan estar más cerca de Jesucristo.

Además, destaca el sentido de responsabilidad de los católicos de su país en las actividades parroquiales, algo que, según él, también podría inspirar a los católicos españoles. Y agradece todo el cariño y el apoyo que ha recibido y recibe de los benefactores y amigos de la Fundación CARF, gracias a cuya ayuda puede seguir con su formación académica, espiritual y humana.


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

JRR Tolkien: 3 sacerdotes que marcaron su vida

¿Qué influyó en Tolkien a la hora de escribir El Señor de los Anillos?

J.R.R. Tolkien tuvo tres grandes influencias. La primera fueron los acontecimientos de su propia vida, por ejemplo, la primera guerra mundial. La segunda fue la formación académica del autor; él era un lingüista y el El Señor de los Anillos fue en un principio casi una excusa para volcar las lenguas que Tolkien había inventado.

La tercera influencia son los valores y los temas propios del catolicismo, y de los sacerdotes que marcaron la vida del autor de la saga de El Señor de los Anillos y que contribuyeron con su formación. J.R.R. Tolkien era un católico ferviente y eso tenía que inevitablemente plasmarse en su obra. Fue un católico devoto desde su conversión y durante toda su vida. Posteriormente formo una familia católica y el mayor de sus hijos fue también sacerdote.

La infancia y la conversión de Tolkien

John Ronald Reuel Tolkien nació en Sudáfrica en 1892. Su padre, Arthur Tolkien, trabajaba como comerciante de diamantes para el banco de Inglaterra. En 1895, Mabel Tolkien decide irse con sus dos hijos de visita a Inglaterra. Pero en Sudáfrica su padre muere, dejando a la familia sin ingresos.

Ronald tenía solo 4 años de modo que su madre tuvo que cuidar ella sola al joven Tolkien y a su hermano. Tras morir su marido, la familia se traslada a Birmingham. Al poco tiempo, la madre de Tolkien toma la decisión de convertirse al catolicismo y con ella sus hijos.

Hay que tener en cuenta lo que suponía abandonar la fe anglicana en la Inglaterra de finales del siglo XIX y de principios del siglo XX. Este acto se veía no solo como una traición religiosa, sino también como una traición a la patria, por lo que la familia Tolkien fue marginada socialmente. Y para dificultar más la vida del futuro autor, cuando tiene 12 años su madre muere. Él y su hermano se quedan huérfanos.

El Padre Francis Xavier Morgan será quien les sostenga económica y espiritualmente a partir de entonces. Desde estos hechos, la vida de J.R.R. Tolkien cambia y la religión y la figura del sacerdote pasan a ser parte fundamental de su infancia. Hechos que inevitablemente forjan su carácter.

Los sacerdotes de la vida de Tolkien. Cardenal Newman - Padre F Morgan - El Jesuita Murray

El padre Francis Xavier Morgan, tutor de Tolkien

Este sacerdote, que nunca quiso perder sus raíces, y que siempre que pudo viajó a España, procedía de una familia española con unos significados antecedentes en el mundo de las letras, los Böhl de Faber. Francisco Javier Morgan Osborne nace en El Puerto de Santa María (Cádiz), en 1857.

A los once años fue enviado a estudiar a la Escuela del Oratorio de Birmingham bajo la dirección del afamado cardenal John Henry Newman. Finalizados sus estudios inició su carrera religiosa y se unió a la comunidad del Oratorio, para ser posteriormente ordenado, en marzo de 1883.

El resto de su vida estuvo vinculado a esta institución y a su prestigiosa escuela, llevando a cabo múltiples tareas. Durante sus primeros años fue ayudante personal del propio cardenal, al que representó en una audiencia ante el papa León XIII.

Con posterioridad a la muerte del Cardenal Newman en 1890, se ocupó de una gran diversidad de tareas, desde la dirección del prestigioso coro del Oratorio a otras actividades burocráticas. No obstante, por encima de todo, su vocación se manifestó en su honda implicación personal con la parroquia del Oratorio y sus feligreses, entre los cuales llevó a cabo numerosos actos de misericordia y filantropía.

La figura del padre Morgan en la vida de Tolkien

Así, entre otros, asumió el papel de tutor de un niño huérfano que habría de convertirse en el afamado filólogo y escritor J. R. R. Tolkien, pese a que esta tarea implicó que durante varios años no pudiera regresar a España a visitar a su familia.

Los medios económicos que Mabel Tolkien había dejado para la crianza de los niños eran muy escasos, pero el padre Francis los complementó en secreto con dinero procedente de su parte del negocio familiar en el Puerto de Santa María.

J.R.R. Tolkien, quien se refería al padre Morgan como a su segundo padre, obtuvo de él los recursos económicos que le permitieron estudiar en el King Edward’s School y después en Oxford.

También le debió su formación religiosa, un rasgo fundamental en la obra de este autor, así como su gusto por los idiomas y en particular por la lengua española.

Además, varios expertos afirman que Tolkien le usó como inspiración para alguno de sus personajes y que, gracias a él, la tradición cultural de sus antepasados, en particular de Fernán Caballero, llegó hasta el autor británico.

Morgan falleció en Birmingham en el año 1935 apesadumbrado por la difícil situación política y social que España padecía en aquellos momentos previos al inicio de la Guerra Civil.

Probablemente su herencia más importante es la de haber sido un nexo de unión entre la tradición católica y cultural española y una figura tan destacada como la del cardenal Newman y, a su vez, de haber transmitido todo ello a uno de los autores más universales del siglo XX.

Los sacerdotes de la vida de Tolkien. Cardenal Newman - Padre F Morgan - El Jesuita Murray

«Diez mil dificultades no hacen una duda», decía Newman, pero vencerlas sí hacen un santo.

La influencia del cardenal Newman en La vida de Tolkien

El Padre Francis Xavier Morgan, era adscrito al oratorio de San Felipe Neri de Birmingham fundado por el cardenal John Henry Newman que fue canonizado en 2019. Hoy Newman está más vigente que nunca, alguno de los problemas actuales, son similares a los de la Inglaterra victoriana de su época: entre otros, la compresión racional de Dios, la necesidad de la formación del laicado y la escrupulosa búsqueda de la verdad moral.

Así lo entendió Benedicto XVI, quien le beatificó en 2010. Aunque vivió hace más de un siglo, Newman es una persona que tiene mucho que decir al mundo de hoy. Su libro sobre lo que es una universidad, por ejemplo, es un clásico sobre la educación que sigue discutiéndose hoy día. Y no es solo una discusión abstracta: Newman comenzó una universidad en Dublín y un colegio de Secundaria en Inglaterra, y ambos perduran hasta el día de hoy.

Con una labor continua a lo largo de 45 años, Newman provoca un gran cambio social en el país. Para cuando fallece en 1890, ya se ve bien que alguien se haga católico. La conversión es un camino aceptable socialmente gracias a Newman.

El milagro que permitió canonizar a John Herny Newman.

La mitología bien entendida prefigura el Evangelio

Como otros autores británicos católicos, J.R.R. Tolkien tiene una deuda con el pensamiento y las ideas de Newman que, debido a sus circunstancias biográficas, seguramente, a él le fueron trasmitidas de forma muy directa. Precisamente la influencia del cardenal Newman fue determinante para que Tolkien se decidiera a crear un universo mitológico de raíz católica.

«El cardenal Newman defendía respecto de los mitos, que existen dos revelaciones. Una, la contenida en la Biblia. Y otra, para alcanzar a los gentiles, a través de la naturaleza, lo que se fue reflejando a lo largo de la historia a través de los mitos», explica Diego Blanco experto en la obra de Tolkien.

En este sentido, Newman defendía que la mitología bien entendida prefigura el Evangelio. Así Tolkien comprendió la necesidad de crear una mitología para la Inglaterra no católica y comienza a escribir El Silmarillion, donde se desarrolla la creación de un mundo con un Dios único en el que el ángel más bello se rebela. La idea que subyace es «narrar de forma mitológica para poder llegar al corazón de la gente sin forzar a la gente», enfatiza Blanco a través de la narración de «una batalla profunda y espiritual que Tolkien siempre defendió».

Newman ha dejado un enorme legado a propósito de sus ideas lo que facilita la tarea de conocer detalladamente su pensamiento. Así, para Newman el papel de la literatura no debería ser nunca el de desarrollar virtudes morales, ya que esto es algo que debe recaer en la familia y en la Iglesia. Esta creencia íntima, compartida sin duda por Tolkien, lo demostró a través de diversos hechos tales como la renuncia en sus obras a la alegoría.

El escritor Graham Greene (1904-1991) definió a Newman como el 'patrón de los novelistas católicos' en lo que viene a ser un reconocimiento a la herencia recibida del fundador del Oratorio por autores como él mismo, Hilaire Belloc, G.K. Chesterton, Evelyn Waugh o el propio J.R.R. Tolkien.

Todos tienen en común, entre ellos y con Newman, el origen de su inspiración, basada en sus cimientos morales e intelectuales como católicos convencidos y fruto, en muchos casos, de unas experiencias que supusieron una enorme influencia en sus creencias.

Los sacerdotes de la vida de Tolkien. Cardenal Newman - Padre F Morgan - El Jesuita Murray

«El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica, de manera inconsciente al principio, pero luego cobré conciencia de ello en la revisión». Palabras de J.R.R. Tolkien al jesuita padre Robert Murray.

El jesuita padre Robert Murray amigo de la familia Tolkien

El padre Robert Murray fue amigo personal de J.R.R. Tolkien desde 1944, cuando los presentó la tía del autor. En ese momento, Murray era un estudiante graduado en Corpus Christi College en Oxford. En 1946, Murray se unió a la Iglesia Católica debido en parte a su relación con la familia Tolkien.  

Después de graduarse, Murray se unió a la Compañía de Jesús y fue ordenado en 1959. Este jesuita tuvo el privilegio de mantener una estrecha amistad con el escritor, de leer y corregir, especialmente sobre cuestiones teológicas los manuscritos de El Señor de los Anillos. Y de mantener una abundante correspondencia sobre la materia.

En una de esas cartas, Tolkien detalla al padre Murray que El Señor de los Anillos es una obra católica en su fundamento, sin lugar a dudas: «El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica; de manera inconsciente al principio, pero luego cobré conciencia de ello en la revisión», dice el autor inglés.

Después de haber sido ordenado sacerdote el 31 de julio de 1959, Robert Murray tuvo su primera Misa en la Iglesia Oratorio de Saint Aloysius en Oxford. El Padre Murray recordó que Tolkien y su hijo Christopher Tolkien estaban presentes ese día. La amistad de los Tolkien con el Jesuita duró años, hasta los últimos días de su vida.

En agosto de 1973 almorzó con Tolkien, quien murió al mes siguiente, el 2 de septiembre. El 6 de septiembre de 1973 se llevó a cabo una Misa de réquiem por Tolkien en san Antonio de Padua en Headington, Oxford.

Las oraciones y lecturas fueron elegidas por su hijo John, quien ofició la Misa con la ayuda de Robert Murray y del párroco, Monseñor Doran. El 15 de septiembre de 1973, se publicó el obituario de Tolkien en The Tablet, escrito por el Padre Robert Murray.


Bibliografía

Opusdei.org Newman, un santo para nuestra época.

José Manuel Ferrández Bru , J.R.R. Tolkien y el Cardenal Newman: Hijos de la Misma Luz.

Tolkien. Cartas de JRR Tolkien, Arte y Letra, 2006.

Jesuit.org.uk /profile/robert-murray-sj.

«La Fe en Dios es clave para vencer el secularismo en el camino hacia el sacerdocio»

Pedro Santiago Méndez Cruz, alumno de la Universidad de Navarra y del Seminario Internacional Bidasoa, encuentra en la fe en Dios la fortaleza para superar las adversidades y reafirmar su vocación como sacerdote. Desde su infancia marcada por el amor de sus abuelos, hasta su experiencia espiritual decisiva en un retiro, Pedro nos invita a reflexionar sobre la importancia de la formación cristiana y de las virtudes que un sacerdote del siglo XXI debe cultivar.

Cómo la fe guía a los jóvenes frente al secularismo

«Entre el 73 % y el 78 % de la población en México es católica, pero siento que el secularismo que se está impregnando en mi país se debe a la falta de formación cristiana. Los jóvenes necesitan conocer nuestra fe, que es maravillosa», afirma Pedro. 

Para él, sin formación, sin conocer en profundidad la fe católica, los jóvenes se dejan atrapar por las modas que se prodigan en las redes sociales a las que tantos están enganchados sin control. «A veces nos dejamos llevar por otros y comenzamos a perder nuestras raíces, los valores cristianos y las creencias, y esto está ocurriendo entre los jóvenes mexicanos. Son católicos de palabra, pero no practican su fe».

La fe de sus abuelos: raíces del sacerdote del futuro

Pedro es un joven que proviene de la diócesis de Tabasco que no conoció a su padre biológico. Su madre se quedó embarazada a los 18 años y tuvo que ponerse a trabajar para sacar a su hijo adelante. «Entonces me quedé con mis abuelos maternos, una situación que les pasa a muchos niños en México. A ellos les debo todo: me dieron su amor y su fe en Dios. A ambos les llamo papá y mamá».

«A pesar de que mi familia no es perfecta, y de que no conozco a mi padre biológico, le agradezco al Señor todo lo que me ha dado. Me dio un padre adoptivo que es mi papa-abuelo», relata con emoción y serenidad.

Su madre luego tuvo otra hija, que ahora tiene 16 años. «Fue uno de los regalos más hermosos que me ha dado el Señor, una hermana».

Y fueron sus abuelos quienes le enseñaron las primeras oraciones y le llevaron a la catequesis de la parroquia a los seis años; edad en la que también ingresó en el grupo de monaguillos. Así fue madurando su fe en sus tres ejes principales: casa, escuela y parroquia.

Cómo la fe ayudó a Pedro en su periodo rebelde

Como muchos adolescentes, durante la Secundaria experimentó un periodo rebelde en su vida. Tenía 13 o 14 años cuando enfrentó varias dificultades en el colegio y vivió algunos problemas en su familia.

«Un día hablé con mi párroco. Sus palabras nunca se me olvidarán. Me dijo que no nos damos cuenta cuando tenemos a Dios en nuestra vida, que no percibimos que Él siempre nos lleva discretamente de la mano. Pero cuando nos alejamos de Él, sí que notamos su ausencia y que la vida se vuelve diferente.

Si Jesús no está en nuestra vida, nuestra vida no es nada. Si Jesús está en mi vida, mi vida vale muchísimo. Entonces empecé a pensar qué era lo que Jesús quería de mi vida. Reconocí mi error, mi alejamiento del Señor, y regresé a Él», expresa Pedro.

La experiencia espiritual que confirmó su vocación de sacerdote

Al terminar la Secundaria, durante su primer año de Bachillerato, se dio cuenta de que el Señor le pedía algo, aunque no tenía muy clara si su vocación era ser sacerdote.

«Mi párroco entonces me animó a acudir a un retiro espiritual, y fui. En ese retiro, en un momento determinado, tuve una experiencia indescriptible: sentí que estaba solo ante el Señor en la Eucaristía, cara a cara con Él, solo Él y yo. Y Él me dijo: “Toma tu cruz y sígueme”. Allí fue donde despejé todas mis dudas», relata.

Ingresó en el seminario menor de su diócesis a los 16 años. Sus abuelos se alegraron muchísimo.

Cualidades para un sacerdote del siglo XXI: Fe, oración y empatía

Para él, además de recibir una formación integral, un sacerdote del siglo XXI necesita ser un sacerdote de oración, que no descuide esos momentos de intimidad con Dios.

«Eso es lo más importante, pero también ser cercano a los fieles, al pueblo de Dios. Es importante ser empático con las personas, escucharlas, comprenderlas y aprender de ellas. Esto es lo que estoy descubriendo ahora en la pastoral que he realizado durante el verano», afirma este joven seminarista.

Hay una virtud que él considera esencial en la vida del sacerdote: «La sinceridad es vital. Si un sacerdote no es sincero, no será un buen sacerdote. Vivimos en un mundo en el que nos cuesta dejarnos acompañar. Los sacerdotes también necesitamos que los demás nos guíen y nos ayuden».

Por lo tanto, para Pedro, la oración, la empatía, aprender de los demás y dejarse instruir por los que saben son las cualidades esenciales que un sacerdote del siglo XXI debería adquirir.

La fe en Dios como apoyo frente a la soledad del sacerdote

Vivir la experiencia de formación en el seminario Bidasoa es algo que nunca pudo llegar a imaginar. «Me hace muchísima ilusión compartir la fe y las experiencias tan maravillosas que estoy viviendo en España, con mis hermanos seminaristas y con los formadores. Compartir la fe y saberme llamado por Dios me llena de alegría. Es una experiencia de formación y vida inigualable», expresa Pedro.

Sin embargo, también hay algo que le da miedo, y es la soledad sacerdotal. «Si el sacerdote no está firme en su vocación y no está convencido de lo que es, la rutina puede nublarle el verdadero sentido de su misión. No hay que dejar solos a los sacerdotes».

Por eso, para Pedro, es necesario detenerse, reservar momentos de descanso y de oración para cultivar el trato con Dios. Con estas palabras concluye este encuentro de pequeñas confidencias, dando gracias a todos los benefactores de la Fundación CARF que le han ayudado en sus estudios y en su formación.


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

Un sacerdote polaco: «Dios es tan bueno, tan grande, que no hay 1 reto que no tenga solución»

Dios no se deja ganar en bondad y amor. Fue en la adolescencia, tras asistir a la JMJ de Roma 2000 y conocer poco después el Opus Dei, cuando se fue perfilando la vocación al sacerdocio de este joven polaco que hoy es un sacerdote muy feliz que vive en Poznan.

¿Rezar por las vocaciones al sacerdocio vale para algo? Que se lo pregunten a Stanislaw Urmanski que, cuando era tan sólo un niño, un sacerdote le dijo que rezaría para que algún día fuera ordenado. Dos décadas después, aquel pequeño se convertiría en sacerdote.

«Me acuerdo de mi abuelo pidiéndome que le ayudara en una gestión con un buen sacerdote amigo suyo. Yo tenía unos 10 años y tenía que llevarle unos libros. Cuando me despedía, él me preguntó si podía rezar por mi vocación sacerdotal. No le di entonces mucha importancia, pero hoy parece claro que aquel sacerdote rezó por mí, y que al final se hizo realidad», comenta a la Fundación CARF don Stanislaw Urmanski.

La vivencia de la fe en Dios en la familia

Este sacerdote polaco nacido en 1984 incide también en un aspecto fundamental que, a la postre, marcaría su futura vocación de sacerdote: la transmisión de la fe que nace en el seno de su familia. «Mis padres fueron mis primeros evangelizadores, aunque siempre fue de un modo muy natural, sin forzar nada», recuerda. Sus padres –añade– iban a Misa todos los días y sus vidas reflejaban después aquello de lo que se alimentaban a diario: la Eucaristía.

Por otro lado, don Stanislaw indica también otro elemento familiar que le ayudó en todo este proceso. «La casa de mis padres ha estado siempre muy abierta; recibíamos muchas visitas, ya fuera de amigos, conocidos o monitores del grupo de jóvenes de la parroquia. Gracias a esto entendí muy fácilmente que la fe se vive las 24 horas, y que fe significa también misión. No es quedarse con los brazos cruzados», matiza.

Su llamada para ser sacerdote se produjo en este ambiente cristiano en el que la fe se vivía como algo natural y gracias al cual incluso tiene otro hermano también sacerdote. «Fue un proceso gradual, y todavía sigue, porque en toda vocación cristiana hay que ir diciendo sí al Señor cada día, muchas veces al día. Eso es lo bonito y lo que hace que la vida sea una aventura», afirma convencido don Stanislaw.

Una experiencia en la JMJ

Sin embargo, en medio de este proceso gradual sí hubo algunos hitos que marcaron su vida. Destaca especialmente lo que vivió en la Jornada Mundial de la Juventud del año 2000 en Roma, el gran Jubileo: «Yo tenía 16 años. Todo lo que vi me impactó mucho, y me di cuenta de que el Señor me pedía algo especial».

Y Dios se le manifestó de una manera muy concreta. El padre Urmanski asegura que, tras volver de la JMJ, comenzó a rezar pidiendo que el Señor le mostrara su camino. Justamente, poco tiempo después, «un compañero de clase empezó a frecuentar el centro de la Obra en Varsovia. La semana siguiente aparecí yo en aquel lugar y me gustó mucho. Ahí empezó a concretarse todo».

La gran enseñanza de Roma y Pamplona

Su vocación de sacerdote está estrechamente vinculada a la Obra, institución que conoció en un momento providencial de su adolescencia. Hoy es sacerdote de la Prelatura y capellán de Solek, el centro en la ciudad polaca de Poznan, lugar desde el que además atiende espiritualmente varios colegios.

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Don Stanislaw Urmanski guarda un recuerdo único de la formación que recibió tanto en Roma como en Pamplona, en su proceso para convertirse en sacerdote. «Me marcó profundamente», admite. Su etapa romana le permitió conocer al entonces prelado de la Obra, don Javier Echevarría, del que asegura que se sintió «muy hijo suyo, como también de san Josemaría».

Por su parte, de su etapa en Pamplona destaca la gran experiencia que vivió allí «desde el punto de vista académico». Y cita un elemento muy concreto: «La quinta planta de la biblioteca, la de Teología, es una maravilla». Los recursos bibliográficos son riquísimos. Sin ella asegura que no podría haber acabado su tesis doctoral en Teología Dogmática.

De sus años de estudio en Navarra y en Roma, don Stanislaw recibió algo más que una excelente formación académica y espiritual. Asegura que descubrió la universalidad de la Iglesia. «Lo palpas, lo ves en las caras, en las historias de tus compañeros, que además son más que eso, son hermanos. Después vuelves a tu país, pero ya has experimentado que la Iglesia está en todas partes, y te sabes apoyado por la comunión de los santos con todos aquellos que has conocido y muchísimos más».

La belleza de lo cotidiano

Son muchos los momentos importantes que ha vivido como sacerdote desde que don Stanislaw fue ordenado en 2015, pero asegura que destacaría como importante lo cotidiano, lo de cada día. Como sacerdote de la Obra trabaja normalmente con grupos pequeños, algo que según explica «no es nada espectacular a simple vista, pero que sí lo es a ojos de Dios».

Y cuenta un ejemplo reciente de una experiencia que ha vivido con un grupo de estudiantes de Bachillerato: «Tenía encuentros con ellos durante todo el curso sobre historia del arte. El broche de oro fue una excursión a Viena. Visitamos el Kunst Historische Museum y cada chico preparó una breve exposición de un cuadro. También hubo un componente espiritual. Da mucha esperanza ver a los jóvenes entusiasmados por la belleza, rezando, ayudándose entre amigos».

Por último, ante los retos y desafíos a los que se enfrentan los sacerdotes hoy, don Stanislaw Urmanski insiste en que cada uno debe saber que es sólo un colaborador, un instrumento de Dios.  Y tiene especialmente claro un hecho: «Dios es tan bueno, tan grande, que no hay reto que no tenga solución. Lo importante es fiarse de Él, dejarse guiar».

Por último, este sacerdote polaco quiere dejar un mensaje para los benefactores de la Fundación CARF. «Hacéis algo muy bueno que traerá mucho fruto. Es algo que parece oculto a simple vista, pero en el Cielo se sabrá», concluye.

15S, beato Álvaro del Portillo: continuar su legado

El 15 de septiembre conmemoramos el día en que el beato Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría Escrivá de Balaguer, asumió el cargo de prelado del Opus Dei en 1975. Dos semanas después, el 27 de septiembre, celebramos su beatificación en 2014, un reconocimiento oficial a su vida santa y a su labor incansable por la Iglesia. En la Fundación CARF honramos su legado, queremos comprender su impacto y ofrecer una oportunidad para apoyar la formación de futuros sacerdotes.

Beato Álvaro del Portillo, un hombre de fe y servicio

El beato Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914. Aunque comenzó su carrera como ingeniero, su verdadera vocación fue servir a Dios. En 1944, siguió esta llamada y se ordenó sacerdote. A lo largo de su vida, mantuvo una relación estrecha con san Josemaría Escrivá, a quien no solo asistió como colaborador cercano, sino también como un amigo fiel.

Tras la muerte de san Josemaría en 1975, don Álvaro fue elegido por unanimidad como su sucesor, asumiendo la responsabilidad de guiar al Opus Dei hacia una nueva etapa de crecimiento y consolidación. El 15 de septiembre de ese mismo año, se convirtió en el primer sucesor del fundador de la Obra, destacando por su humildad y dedicación inquebrantable.

Don Álvaro era conocido por su profunda entrega a los demás. Lejos de buscar protagonismo, su principal deseo era servir con humildad, guiando a quienes lo rodeaban hacia una vida más cercana a Dios. El papa Francisco lo describió como un hombre que «amó y sirvió a la Iglesia con un corazón despojado de interés mundano». Su enfoque siempre estuvo en ayudar a los demás a descubrir y vivir plenamente su vocación.

beato Álvaro del Portillo

Su legado de servicio sigue vivo hoy, especialmente en la labor que realiza la Fundación CARF. Los valores que el beato Álvaro del Portillo promovió, son los pilares que guían a la Fundación CARF en su misión y apoyo a la formación de sacerdotes. Para don Álvaro, la educación de los futuros sacerdotes no era solo una cuestión académica, sino también humana, espiritual y pastoral. Él creía que los sacerdotes debían estar bien preparados en todos los aspectos, para que pudieran ser pastores cercanos, capaces de guiar a sus hermanos con humildad y sencillez.

Hoy la Fundación CARF sigue esta misión, proporcionando los recursos necesarios para que seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo reciban una formación integral en universidades de prestigio en Roma y Pamplona. Al hacerlo, la fundación no solo está promoviendo la educación de los futuros sacerdotes, sino que está perpetuando el compromiso del beato Álvaro con la Iglesia universal. Los sacerdotes formados, con el apoyo de los benefactores de la Fundación CARF, están preparados para desarrollar con amor y dedicación el trabajo en diócesis de todo mundo, como lo hubiera querido el beato Álvaro.

La sucesión del beato Álvaro del Portillo

La elección del beato Álvaro del Portillo como sucesor de san Josemaría Escrivá fue un hito lleno de significado espiritual. A lo largo de los años, el beato Álvaro había trabajado codo a codo con san Josemaría, compartiendo su visión y dedicación al Opus Dei y a la Iglesia, lo que lo preparó de manera natural para tomar el relevo. Sin embargo, cuando recibió la noticia de su elección el 15 de septiembre de 1975, el beato Álvaro del Portillo lo hizo con una profunda humildad y un gran sentido de responsabilidad.

En lugar de celebraciones, pidió oraciones a todos los miembros del Opus Dei, manifestando su disposición de servicio diciendo: «Ante la tumba de nuestro queridísimo Fundador, todos nosotros, Santo Padre, renovamos el firme propósito de ser fidelísimos a su espíritu y ofrecemos también nuestras vidas por la Iglesia y por el Papa». Estas palabras reflejan su carácter, siempre dispuesto al servicio a la Iglesia y al Papa.

Para el beato Álvaro del Portillo, era esencial que cada persona encontrara a Dios en lo más sencillo y ordinario de su existencia. Durante su vida, promovió este mensaje y fortaleció la presencia del Opus Dei en nuevos países, ayudando a miles de personas a crecer humana y espiritualmente. A él le correspondió consolidar el camino jurídico de la Obra, tal como había visto su fundador.

Su capacidad de liderar desde la humildad y el servicio lo convirtió en un pastor cercano y respetado, cuyas decisiones siempre estuvieron orientadas al bien espiritual de todo el que se acercaba a él. Este enfoque, que guiaba cada una de sus decisiones, lo convirtió no solo en un obispo verdadero pastor, amado y respetado por todos aquellos que lo conocieron.

La beatificación de don Álvaro

El 27 de septiembre de 2014 fue un día histórico no solo para el Opus Dei, sino para toda la Iglesia. En una emotiva ceremonia celebrada en Valdebebas, Madrid, Álvaro del Portillo fue beatificado, reconociéndose oficialmente su santidad. La beatificación fue posible gracias a un milagro atribuido a su intercesión: la sorprendente recuperación de un niño chileno, José Ignacio Ureta, quien, tras sufrir un paro cardíaco de más de 30 minutos, inexplicablemente se recuperó sin secuelas. Este hecho, que fue exhaustivamente investigado por la Iglesia, se convirtió en un signo claro de la cercanía del beato Álvaro y de su continuo cuidado desde el Cielo.

La ceremonia de beatificación fue presidida por el cardenal Ángelo Amato, en representación del papa Francisco, quien subrayó el papel crucial del beato Álvaro como un modelo de «fidelidad inquebrantable a la Iglesia y a su misión». Cientos de miles de fieles asistieron al evento, muchos de ellos profundamente conmovidos por el reconocimiento de la vida y obra de quien siempre vivió con una humildad ejemplar.

Para muchos, la beatificación de don Álvaro fue la celebración de un hombre que, a través de su sencillez, cercanía y espíritu de servicio, había tocado incontables vidas. A lo largo de su vida, el beato Álvaro del Portillo no solo ayudó a expandir la Obra, sino que también inspiró a muchos a vivir su fe con alegría, con la mirada puesta en Dios en lo cotidiano. Este espíritu de entrega, que tanto lo caracterizó, sigue vivo hoy en aquellos que buscan seguir su ejemplo y continuar su misión de servir a la Iglesia con generosidad y amor.

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El impacto del beato Álvaro del Portillo en la formación de sacerdotes

Uno de los legados más significativos que dejó el beato Álvaro del Portillo fue su firme compromiso con la formación de los sacerdotes. Para él, los sacerdotes no solo debían ser buenos guías espirituales, sino también personas capaces de acompañar a todos con cercanía y humildad. Este enfoque humano y espiritual sigue siendo clave en la misión del Opus Dei y de la Fundación CARF, que hoy se esfuerzan por continuar con esta labor en 131 países y más de 1.100 diócesis.

Desde la Fundación CARF, damos a nuestros benefactores la oportunidad de participar en esta misión tan importante: apoyar la formación de los sacerdotes de hoy y del mañana. La educación que reciben los seminaristas y los sacerdotes diocesanos no solo los prepara académicamente, sino también pastoralmente, para que puedan estar al servicio de Dios y de los demás. Al apoyar la misión, no solo estás contribuyendo con una donación, estás invirtiendo en el futuro de la Iglesia.

El beato Álvaro del Portillo es un modelo de entrega total a Dios y a la Iglesia, y su vida continúa inspirando a decenas de miles de personas en multitud de países y proyectos entre los que se encuentra también la Fundación CARF con su tarea de ayuda a la formación de sacerdotes.