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«Hoy expreso gratitud al Señor porque me dio la fuerza y el valor para ser una voz de aliento, motivación y esperanza a tantos sufrimientos de nuestra gente»

Nombre: Orlando Sánchez Celis.
Edad: 48 años.
Situación: Sacerdote.
Origen: Tolima, Colombia.
Estudia: Comunicación Institucional en la Universidad Pontifica de la Santa Cruz, en Roma.

Orlando es el menor de 10 hermanos. Procede de una familia sencilla, humilde y trabajadora.

«Recuerdo que de pequeño admiraba los sacerdotes de mi parroquia que cumplían una misión extraordinaria en la comunidad.

Comencé a ayudar al párroco con la Infancia Misionera y fue en esa experiencia donde fui sintiendo cómo se disfrutaba del servicio y empecé “a sentir el llamado del Señor”. Aún con el miedo y la timidez juvenil ingresé en el Seminario.

Ahora, tras 13 años de vida sacerdotal curso el primer año de Comunicación Social en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

Durante 11 años fui párroco en dos parroquias. La primera, llamada "Nuestra señora del Carmen de Gaitania", estaba ubicada al sur del Tolima, donde nació la guerrilla. Allí viví en primera persona la dureza y consecuencias de esta.

Durante mis 5 años de servicio vi como muchos padres perdieron a sus hijos. En algunos momentos la situación fue tan compleja que me plantee pedir el traslado, pero el señor me dio la fortaleza para aguantar un poco más. Ahí es donde uno reconoce que verdaderamente debe ser luz en medio de todas estas situaciones que vive mi país.

He visto y vivido en aquella parroquia experiencias que han suscitado diversas emociones y sentimientos en mi vida y que me han marcado y hecho madurar como persona y fortalecer mi vocación. No obstante, hoy expreso mi gratitud al Señor porque me dio la fuerza y el valor para ser una voz de aliento, de motivación y de esperanza a tantos sufrimientos de nuestra gente.

La segunda parroquia a la que fui encargado era más urbana pero también tenía problemáticas sociales como consumo y tráfico de drogas, hurtos, pobreza, desempleo…

Agradezco la oportunidad ofrecida de estudiar en Roma. La experiencia es una bendición para mí, no sólo por estar en esta ciudad sagrada sino también porque me enseña desde esta dimensión pluricultural – religiosa a mirar mi país con un mirada más crítica y a mi diócesis de manera diferente».

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