9 puntos de educación de la moral cristiana

El Catecismo de la Iglesia Católica explica que la moral cristiana responde a la vocación del hombre: la vida en el espíritu. Ahí se pone de relieve a la vez la alegría y las exigencias que comporta este camino a la vida y a nuestra educación moral.

La educación para la moral cristiana forma parte de la catequesis en su sentido originario como formación de la vida cristiana en todas las edades y no solo para los niños. La moral cristiana tiene unas características que se deducen no solo de la ética o moral racional, sino también específicamente del anuncio de Cristo (kerygma) y del Reino de Dios a través de la misión de la Iglesia (1).

Las características de la educación moral cristiana, según las expone el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1691-1698), pueden resumirse en los siguientes puntos:

Vida nueva en Cristo por el Espíritu Santo

1. La educación de la fe para la vida en Cristo. Esa vida es participación de la vida misma de Dios, gracias al Espíritu Santo, que es "Espíritu de Cristo". La obra de Cristo nos cura y restituye la imagen y semejanza de Dios perdida por el pecado. 

A partir del bautismo, que nos hace abandonar el “hombre viejo” y renacer en Cristo, tenemos la semilla de una vida humana plena –lo que llamamos vida de la gracia–, que tiene sus propias reglas y normas. Por eso la pila bautismal presenta a veces la forma de un útero materno: el bautismo nos hace renacer con Cristo en el seno de la Iglesia.

2. La educación de la moral cristiana destaca, por tanto, el papel del Espíritu Santo, consolador y huésped del alma, luz y origen de sus dones que elevan la naturaleza humana al orden de la gracia. Es realmente una vida nueva en Cristo por el Espíritu Santo, una vida que es participación de la vida divina, una “vida deiforme”.

Para ello el Espíritu Santo otorga sus dones (sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) que abrazan todo nuestro ser, elevando la naturaleza al orden de la gracia. Estos dones producen los “frutos del Espíritu” (“caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Ga 5, 22-23, edición Vulgata, Catecismo de la Iglesia Católica, 1832) y las obras que corresponden a las bienaventuranzas (ver más adelante).

Educación para la vida de la gracia y las bienaventuranzas

3. Como estamos viendo, la educación moral cristiana es educación para la vida de la gracia, y no solo para un comportamiento ético a nivel racional. El horizonte de la vida cristiana es el de la configuración con Cristo, esto es interiormente “hacerse a la forma” de Cristo. En otras palabras, la plenitud de la vida moral es la santidad, en unión con la voluntad de Dios.

Para esto el cristiano “pierde la propia vida” por Jesús, secundando la obra redentora de la Trinidad que se nos da por entero. Todo esto sucede a partir del bautismo, que nos inserta en la dinámica del Espíritu Santo: una dinámica de amor, que lleva a querer ardientemente el bien y no cualquier bien, sino el bien en la perspectiva de la vida de Cristo. La vida de la gracia se desarrolla a partir del bautismo, con los sacramentos, la oración y todo el obrar del cristiano.

4. La educación moral cristiana es también una educación sobre las Bienaventuranzas. El justo (o el santo) es feliz con la felicidad que proviene de adherirse a Dios. El verdadero discípulo es el que escoge libremente este camino de las bienaventuranzas, que son el “rostro de Cristo”.

Son garantía de una felicidad “paradójica”, pues no solo ofrecen la felicidad al hombre, sino que la garantizan para los pobres de espíritu, los mansos y los afligidos, los hambrientos de justicia y los misericordiosos, los hacedores de la paz y los perseguidos por causa de Cristo (cf. Mt 5, 3-11).

Educación sobre el pecado y sobre el perdón

5. La educación moral cristiana es una educación sobre el pecado Educación sobre el pecado y sobre el perdóny sobre el perdón. El pecado es perdición porque supone, desde el corazón del hombre, una ofensa a Dios y al prójimo, al lesionar el orden del amor. Con el pecado vienen las “obras de la carne” (cf. Ga 5, 19-21) que se oponen a los frutos del Espíritu.

Por tanto, el pecado –y todos somos pecadores– necesita de la conversión: acogerse a la misericordia de Dios para alcanzar la salvación, que viene con el perdón de los pecados y la victoria definitiva sobre las consecuencias del pecado que son el dolor y la muerte eterna.

Nadie se salva a sí mismo, por sus propios conocimientos o esfuerzos, ni tampoco puede salvarse el hombre en conjunto con otros hombres sin contar con Dios. Acoger la misericordia de Dios nos hace misericordiosos con los demás.

Educación de las virtudes y del discernimiento

6. La educación moral cristiana es una educación de las virtudes y, con ellas, del discernimiento. Una educación de virtudes va más allá de una educación de valores, pero virtudes, valores y normas deben estar presentes en toda educación ética.

En las virtudes humanas o morales destaca la prudencia, virtud que hace de puente entre las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las teologales (fe, esperanza y caridad).

La prudencia es el fundamento de la conciencia moral (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1776 y 1794). La prudencia permite el discernimiento necesario para saber tomar las opciones adecuadas en la vida. Hace conocer y practicar el bien. La persona prudente no se contenta con que el fin de su obrar sea recto: quiere que sean también rectos los medios y el modo de actuar.

Por eso escoge también concretamente el tiempo y el lugar en que conviene obrar, evitando dar pasos inútiles o falsos. El prudente posee el equilibrio, característica inconfundible de madurez espiritual (2).
Las virtudes teologales capacitan al cristiano para participar, en su mismo obrar, de la vida trinitaria recibida como don.

Así le es posible seguir a Cristo participando de Su propia experiencia vital (“ver” espiritualmente con sus ojos, “sentir” con su corazón, “obrar” con sus actitudes). De esta manera el cristiano puede orientar toda decisión y toda acción a la luz de Dios uno y trino. Y también así las virtudes teologales informan y vivifican las virtudes morales y todo el obrar de cristiano (3).

El doble mandamiento de la caridad

7. En el centro de la educación para la “vida nueva” del cristiano se sitúa “el doble mandamiento de la caridad”, desarrollado en el Decálogo de los Mandamientos. Para Jesús, el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables (cf. Mc 12, 29-31) y van unidos en “el mandamiento nuevo”.

A partir de ahí, el amor ya no es solo un mandamiento, sino respuesta al amor de Dios que nos sale al encuentro. “El amor puede ser mandado porque antes es donado” (4).Más aún, para el cristiano, esa respuesta se integra en la vida de entrega de Jesús, fruto de su amor (cf. Jn 17-26).

Esto significa que la vida moral cristiana es participación del mismo amor de Jesús.  Esto es la caridad, fruto del Espíritu Santo que hace posible lo que parece humanamente imposible: amar como Jesús mismo ha amado (5)

El doble mandamiento de la caridad

8. La educación moral cristiana es una educación para la vida eucarística y su fruto que es una vida eclesial. En la Eucaristía Jesús nos hace suyos y se convierte en nuestro alimento para el camino de la vida hasta su segunda venida y para realizar la misión misma que Él ha recibido del Padre.

Solo con la Eucaristía, centro de todos los sacramentos, somos capaces de llevar adelante lo que se ha dicho hasta ahora: vivir en Cristo por el Espíritu Santo, progresar en la vida de la gracia y en el camino de las bienaventuranzas y de las virtudes, rechazar el pecado y discernir siempre el bien en el obrar, viviendo la caridad con Dios y los demás.

Puesto que la Eucaristía se recibe de la Iglesia y da como fruto nuestro crecimiento en la vida de la Iglesia, la vida moral del cristiano no se desarrolla de modo individual sino en la “comunión de los santos” que es la Iglesia.

Al participar de la vida de Cristo en la Iglesia (su Cuerpo místico), participamos también, cada uno según su vocación concreta, sus dones y sus carismas, en la misión de la Iglesia. La Iglesia es esencialmente misionera, evangelizadora, anunciadora de Cristo y “sacramento de la unidad del género humano”.

Para ello, la Iglesia camina al lado de todas las personas, especialmente de los más pobres y necesitados. Está disponible para todas sus justas exigencias o expectativas. Se preocupa por su bien, dilatando así más allá de todo límite los confines de su caridad.

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Cada cristiano está llamado, personalmente y en unión con los demás cristianos, a participar de esta vida que se entrega en unión con Cristo y por la acción del Espíritu Santo. Con todo su obrar, también en medio de la vida ordinaria, el cristiano está llamado a colaborar en la edificación del misterio de la Iglesia –que es su madre, su cuerpo y su hogar, el santo pueblo de Dios y el templo del Espíritu Santo– y en su misión evangelizadora. Como dice el Documento de Aparecida todos los cristianos somos discípulos misioneros.

9. Como conclusión, en la perspectiva del Catecismo de la Iglesia Católica, la moral cristiana es “vida nueva” en Cristo, “Camino, verdad y vida” (Jn 14, 6), centro y referente primero y último de la educación de la fe.

Para la fe cristiana, la vida plena, verdadera y eterna nace y madura en relación con el “conocimiento amoroso” de Cristo (cf. Jn 17, 3), que es la finalidad de la educación de la fe.

La visión cristiana de la persona (antropología cristiana) permite comprender y vivir la realidad de que cada persona lleva en su propio ser una llamada a realizarse a sí mismo según la imagen de Cristo. Esto significa una tensión a obrar según la verdad y el bien (7) “entrando” libremente en la vida de Cristo y participando de su propia entrega.

Desde su encuentro con Cristo y su progresiva identificación con Él, cada creyente, movido por la acción constante del Espíritu Santo, puede, a través de la propia vida anunciar al mundo la buena noticia de la salvación universal, realizada por el Señor (8).

Por eso la moral cristiana implica “vivir y sentir con la Iglesia y en la Iglesia, lo cual, en no pocas situaciones, también nos llevará a sufrir en la Iglesia y con la Iglesia” (6). Cristo en el centro de la educación moral cristiana.

Responsabilidad por la sociedad y el mundo creado

Este anuncio tiene consecuencias para las estructuras y la dinámica del mundo natural creado, que ha de ser renovado en Cristo con la colaboración de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 19-22 y Ef 5, 9).

De ahí que un cristiano tenga una especial responsabilidad en la promoción de la paz y de la justicia, en el servicio al bien común, en la cultura de la vida y en el cuidado de la Tierra (ecología). Aquí se sitúa la educación de la doctrina social de la Iglesia y más ampliamente de la moral social.

Por tanto, todo lo que se refiere a la familia y al trabajo, la economía y la política, la comunidad humana en todos sus niveles y el medio ambiente entra a formar parte de la moral cristiana no solo por razones éticas, sino también como exigencias propias de la vocación y de la misión del cristiano, llamado a la transformación de la sociedad y del mundo creado como esbozo del Reino de Dios definitivo.

El Catecismo de la Iglesia, al concluir su introducción sobre la educación moral cristiana, recoge un texto de san Juan Eudes (s. XVII) que invita, reza y ruega para que pensemos en Jesús, de modo que podamos pensar mejor en nosotros mismos; para que conozcamos el deseo de Jesús, de manera que podamos desear lo que él quiere; y así podamos decir con el apóstol: “Para mí vivir es Cristo” (Fl 1, 21).

Bibliografía:

(1) Cf. R. Gerardi, La vocazione dell’umo: la vita nello Spirito, en R. Fisichella (a cura di), Nuovo commento teologico-pastorale [al Catecismo de la Iglesia Católica], Città del Vaticano-Milano 2017, pp. 1269-1285.
(2) Cf. Ibid., pp. 1280-1281.
(3) Cf. p. 1282.
(4) p. 1283.
(5) Cf. Ibídem.
(6) Francisco, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (29-VI-2019), n. 9.
(7) Cf. R. Gerardi, La vocazione dell’uomo..., pp. 1284-1285.
(8) Cf. p. 1285. 

Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

Un día en la vida de la Virgen

Dice san Lucas en su Evangelio que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret (cfr. Lc 1, 26), a una virgen llamada María, para anunciarle que iba a ser la madre del Mesías que todos los judíos esperaban, el Salvador.

La Nazaret de la Virgen María

Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. En ese momento la Roma imperial brillaba llena de esplendor. Había muchas ciudades prósperas en las orillas del Mediterráneo. El bullicio de mercaderes y marineros inundaba muchas calles y plazas de ciudades portuarias o emporios comerciales. Nazaret, en cambio, era un puñado de pobres casas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran importancia.

A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la actividad comercial de la zona. Era una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino. En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo.

La mayor parte de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algún artesano como José, que con su ingenio y esfuerzo prestaba un buen servicio a sus conciudadanos haciendo trabajos de carpintería o herrería.

La casa de la la Virgen María

La casa de María era modesta, como la de sus vecinos. Tenía dos habitaciones. La interior, era una cueva que servía como granero y despensa. Tres paredes de adobe o mampostería adosadas a la roca delante de esa habitación interior sostenían un entramado de ramas, maderas y hojas que servía de techo, y formaban la habitación exterior de la casa. La luz entraba por la puerta.

Allí tenían algunos útiles de trabajo y pocos muebles. Gran parte de la vida de familia se hacía fuera, a la puerta de la casa, tal vez a la sombra de una parra que ayudaría a templar el calor del verano.

Casi todos sus vecinos tenían una casa similar. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modificaciones alguna bodega, silo o cisterna.

El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas paredes elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir.

El Pozo de María​ es el sitio en el que el ángel Gabriel se le apareció a la Virgen María y le anunció que daría a luz al Hijo de Dios. Se localiza en la actual Nazaret al norte de Israel.

Oraciones de la mañana

La jornada comenzaba con la salida del sol. Alguna oración sencilla, como el Shemá, y enseguida se iniciaba la dura faena. El Shemá es una oración, tomada de la Biblia, que comienza en hebreo por esa palabra, y dice así: “Shemá Israel (Escucha Israel), el Señor nuestro Dios es uno solo Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma  y con todas tus fuerzas.

Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo. Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas estando en casa o yendo de viaje, acostado o levantado. Atalas a tu mano como signo, ponlas en tu frente como señal. Escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas” (Dt 6, 4-9).

La Virgen María y la preparación de la comida

Una de las primeras tareas a realizar cada jornada, después de la oración, era la preparación del pan, alimento básico de cada día. Para eso, María, como solían hacer las mujeres, comenzaría por moler el grano de trigo o cebada para hacer la harina. Se han encontrado algunos molinos domésticos, de piedra, de la época de nuestro Señor, que se utilizaban para esta tarea.

Después la harina se mezclaba con agua y un poco de sal para formar la masa, a la que se añadía —excepto durante la fiesta de la Pascua— una pizca de levadura. Con la masa fermentada se hacían unas tortas muy delgadas, o unos panecillos, que se cocían en el horno o enterrados en unas brasas, y se comían recién hechos.

La comida de cada día sería bastante parecida a la que conocemos actualmente en las regiones mediterráneas. El pan se partía con la mano, sin utilizar cuchillo, y se tomaba solo o con aceite, y acompañado por vino, leche, fruta, y cuando era posible por algo de carne o pescado. La leche se solía guardar en odres hechos con pieles de cabra cosidas, y se bebía directamente de los mismos.

Lo más probable es que casi siempre al tomarla estuviese ácida. De la leche también se obtenían la mantequilla y el queso, que eran alimentos básicos allí donde había ganados, como en Galilea.

Nazareth, de nuestra Madre la Virgen María a principios del siglo XX.

Otro elemento importante en la alimentación de aquellas gentes era el aceite. Y también se tomaban las aceitunas conservadas en salmuera. El aceite se llevaba incluso cuando se iba de viaje, en unas botellitas planas de arcilla de forma parecida a una cantimplora. También era frecuente beber vino, que solía ser fuerte, y por eso se tomaba habitualmente rebajado con agua, y a veces mezclado con algunas especias, o endulzado con miel.

Entre los guisos más habituales estaban los de garbanzos o lentejas. Las verduras más conocidas eran las habas, los guisantes, los puerros, las cebollas, los ajos, y los pepinos. La carne que más se solía comer era la de cordero o cabra, y algo la de gallina. Las frutas más habituales eran los higos, los dátiles, las sandías y las granadas. Las naranjas, hoy tan abundantes en aquella zona, todavía no eran conocidas en la Galilea en la que vivió Santa María.

Antes de comer cada día, se solían recitar unas oraciones para dar gracias a Dios por los alimentos recibidos de su bondad. La bendición de la mesa se hacía más o menos en estos términos: “Benditos seas, Señor, Dios nuestro, rey del Universo, que nos has dado hoy para comer el pan, fruto de la tierra”. Y se respondía: Amén.

Tareas diarias de María

Para cubrir las necesidades de la casa, un trabajo duro que era necesario realizar cada día era el transporte del agua. La fuente de Nazaret estaba a cierta distancia, algo más de quince minutos andando desde las casas de la aldea. Posiblemente María iría allí cada mañana a llenar su cántaro, y regresaría a su hogar cargándolo sobre la cabeza, como es costumbre en la zona, para seguir su trabajo. Y algunos días tal vez tuviera que volver a sus inmediaciones en otros momentos del día, para lavar la ropa.

Transporte del agua y lavado de la de ropa

La ropa que tendría que lavar María sería la que utilizaban ella, José y Jesús.  La vestimenta habitual estaba compuesta por un vestido o túnica interior, amplia, que solía ser de lino. Caía hasta las rodillas o pantorrillas. Podía ser sin mangas o con mangas hasta la mitad del brazo.

La túnica se ceñía al cuerpo con una especia de faja, hecha con una franja larga y ancha de lino, que se enrollaba varias veces alrededor del cuerpo, pero no siempre ajustada de modo liso, sino que en algunas de esas vueltas se formaban pliegues, que podían utilizarse para llevar el dinero. Sobre la túnica se llevaba el vestido exterior, o manto, de forma cuadrada o redondeada, que habitualmente era de lana.

La mayor parte de los días de María fueron, sin duda, totalmente normales. Gastaba muchas horas en las tareas domésticas: preparación de la comida, limpieza de la casa y de la ropa, e incluso ir tejiendo la lana o el lino y confeccionando la ropa necesaria para su familia.

Llegaría agotada al final del día, pero con el gozo de quien sabe que esas tareas aparentemente sencillas tienen una eficacia sobrenatural maravillosa, y que haciendo bien su trabajo estaba realizando una tarea de primera magnitud en la obra de la Redención.


Francisco Varo Pineda, director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
Profesor de Sagrada Escritura.

¿Quién es la Virgen de Fátima? Historia, aparición y dónde está

¿Quién es Virgen de Fátima?

La Virgen de Fátima, también llamada Nuestra Señora del Rosario de Fátima es una advocación de la Virgen María que surge de las apariciones de Nuestra Señora a tres pastorcillos en 1917 en Portugal.

Estos hechos y los mensajes de conversión que la Virgen María les dio a Lucía, Jacinta y Francisco han llegado hasta nuestros días.

Historia y origen de Fátima

El año 1917 fue especial. Europa estaba en guerra. El domingo 13 de mayo, en un pueblo escondido de la Serra do Aire en el centro de Portugal. Tres niños, Lucia dos Santos y sus hermanos Francisco y Jacinta Marto, estaban jugando mientras cuidaban de un rebaño, en un terreno del padre de Lucia.

Hacia el mediodía, después de asistir a misa como de costumbre, ven dos fenómenos luminosos, como dos relámpagos y luego una hermosa Señora más resplandeciente que el sol.

– «¿De dónde sois, Señora?»
– «Soy del Cielo».

Así empezó la primera conversación entre la Virgen y Lucia.
Esta, fue la primera aparición de la Virgen de Fátima.

Estatua de los Pastorcillos de Fátima en Valinhos, el monumento de una aparición del Ángel de Portugal.

Aparición de la Virgen de Fátima

Esa fue la primera de las seis apariciones que tendrán los tres pastores hasta octubre: siempre en día 13, excepto en el mes de agosto, cuando del 13 al 15 son retenidos por autoridades del pueblo. Igualmente, la Virgen de Fátima aparecerá ante los tres niños el día 19.

En octubre de 1930, el obispo de Leiria declara las visiones dignas de fe, autorizando el culto a Nuestra Señora de Fátima.

En todas sus apariciones la Virgen hizo un especial énfasis sobre el rezo del Rosario, y les pidió a los niños que cuando lo rezaran, después de cada misterio dijeran: ‘‘Oh Jesús perdónanos por nuestros pecados, líbranos del fuego infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu Divina Misericordia’’.

La Virgen también pidió la construcción de una capilla en el lugar de los hechos, hoy el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

Los 3 pastorcillos informaron que la Virgen también les había hablado de la muerte prematura de los dos pequeños hermanos, agregó que Lucía permanecería en la Tierra durante mucho tiempo. Y así fue. Francisco y Jacinta, murieron entre el año 1919 y 1920 de gripe. Lucía ingresó en el orden de las Hermanas de Santa Dorotea en 1925 y en 1948 pasó entre las Carmelitas del convento de Coimbra, donde permaneció hasta su muerte en 2005.

El Milagro al Sol anunciado por la Virgen

Eran miles de peregrinos que comenzaron a llegar a Fátima apenas se extendió el rumor de las apariciones de la Virgen.

El 13 de octubre, una multitud de hasta 100 mil personas, entre ellas numerosos periodistas, presenciaron el "milagro del sol".

Esta era una señal que había sido anunciada por la Virgen María, después de una lluvia torrencial que empapó el suelo y la ropa, el cielo se abrió y vieron como el sol cambió de color, tamaño y posición durante unos diez minutos. Después de lo acontecido, la ropa y el suelo aparecieron repentinamente secos.

Fue la última aparición de la Virgen de Fátima.

«Cor Mariæ dulcissimum, iter para tutum! - Corazón Dulcísimo de María, prepara el camino seguro». A la Virgen de Fátima, san Josemaría.

Los secretos revelados por la Virgen de Fátima

El mensaje de Fátima contiene un aspecto de exigencia cristiana universal: es necesario desagraviar al Señor por todos los pecados cometidos, hacer penitencia, rezar el Rosario, difundir la devoción al Corazón Inmaculado de María, y rezar mucho por el Papa.

Incluye, también, algunas revelaciones particulares que la Virgen hizo a los niños pastores en la aparición del 13 de julio. La Santa Sede dio a conocer todos los mensajes durante el pontificado de San Juan Pablo II.

Los dos primeros, las escribió Lucía en su diario al tomar los hábitos. El tercero, escrito el 3 de enero de 1944, lo entregó en un sobre sellado al obispo de Leiria, un sobre que luego se entregó en 1957 al archivo secreto del Santo Oficio y cuyo contenido fue revelado en 2000.

La visión del infierno

La Virgen de Fátima mostró a los tres niños pastores lo que les espera a las personas después de la muerte, si no se arrepienten, tuvieron la visión del infierno:

“Un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas…”

El sagrado Corazón y la conversión de Rusia

La segunda parte contiene estas palabras de La Virgen de Fátima:

«Vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los primeros sábados».

María habló de una guerra que comenzaría durante el pontificado de Pío XI. Y acertó. La Segunda Guerra Mundial estalló en 1939.

El Ángel y la sangre de los mártires

La tercera parte del secreto es desvelada por la Hermana Lucía “Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas".

Pie de foto: «Fátima es un tesoro para toda la Iglesia. No es un lujo, porque está todo hecho con mucha dignidad y sin ostentación. Pero es un tesoro: aquí los corazones y las almas se esponjan, aquí se palpa la Iglesia, se siente la presencia de la Santísima Virgen. Es algo que no se puede explicar, pero aquí se nota que la oración de Nuestra Señora es muy eficaz». Beato Álvaro del Portillo, Tertulia en el Santuario, 1985.

Los Papas y su devoción por la Virgen de Fátima

El Papa Pío XI concedió el 1 de octubre de 1930 una indulgencia plenaria especial a los peregrinos de Fátima. Años más tarde, en 1942, Pío XII consagró la humanidad al Inmaculado Corazón de María.

Además, el Papa Juan Pablo II visitó personalmente el lugar de las apariciones en tres ocasiones. Una de sus visitas más relevantes fue cuando le entregó a la Virgen la bala con la que le habían disparado en la Plaza San Pedro. Para Wojtyla fue la Virgen de Fátima quien le salvó la vida en el ataque del 13 de mayo de 1981

También, Benedicto XVI visitó personalmente el lugar de las apariciones y consagró a todos los sacerdotes al Inmaculado Corazón de María.

Más recientemente, el Papa Francisco consagró su pontificado a la Virgen de Fátima y en mayo del 2017 visitó el Santuario para conmemorar los 100 años de las apariciones.

Virgen de Fátima: ¿Dónde está?

En la actualidad, en el lugar de las apariciones se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Un templo hasta el que cada año peregrinan miles de personas de todo el mundo.

El santuario de Fátima y el relato de las apariciones ha supuesto una ayuda para muchas personas.

A lo largo del siglo XX los católicos de Europa han acudido especialmente a la Virgen de Fátima para rezar por la paz y la reconciliación en el continente.

Al entrar en el Recinto de las Oraciones, en uno de los extremos se puede ver la Basílica de la Virgen del Rosario de Fátima, con su gran torre de 65 metros. En el centro se encuentra el monumento al Sagrado Corazón de Jesús y, en uno de los lados, la Capilla de las Apariciones, en el mismo lugar en el que la Virgen pidió a los pastorcitos que se construyese una capilla.

Fátima, altar do mundo

Fátima, altar do mundo, es una expresión corriente en Portugal. En Fátima concurren todos los caminos del mundo. Allí, como san Josemaría, el primer peregrino a este santuario que ha subido a los altares, van también hoy la mente y el corazón de tantos cristianos a rezar a la Virgen.

Mons. Javier Echevarría, durante una de sus estancias en Fátima, animaba a ponerse bajo la protección maternal de María Santísima en todas las circunstancias de la vida: «Madre, ¡qué bien se está junto a ti! ¡Qué serenidad se siente en el alma pensando en que tú nos conoces, que tú nos entiendes, que tú nos ayudas, y que tú vas a presentar ante Dios nuestras necesidades muchísimo mejor de como lo podamos hacer cada uno de nosotros! Recurrimos a ti que eres la Omnipotencia Suplicante».


Bibliografía

Mercadillo solidario de ropa de mujer

Ropa de marca, blusas o camisas nuevas que vienen hasta con su etiqueta; vestidos de fiesta que solo se han utilizado una vez… Más de treinta mujeres han donado su ropa, trajes de fiesta, collares y pendientes para el mercadillo solidario de primavera del PAS de la Fundación CARF.

Todas las voluntarias, además de generosas, lo han hecho con el entusiasmo de que los beneficios recaudados irán destinados a la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas de todo el mundo.

mercadillo solidario ropa mujer
Visitantes del mercadillo solidario de ropa mujer buscando complementos.

Oración y mercadillo de apoyo a las vocaciones

El domingo 21 de abril, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas. De vocaciones, la Fundación CARF sabe mucho. Porque una de sus misiones es ayudar en la formación integral de vocaciones de aquellos países con escasos recursos para que ninguna vocación se pierda.

Carmen Ortega y Rosana Diez-Canseco, presidentas del Patronato de Acción Social de la Fundación CARF nos cuentan cómo se organizan para montar este mercadillo solidario que tanto ayuda con sus recursos y oraciones a la futura formación de estas vocaciones: «durante todo el año nos movemos entre amistades y conocidas para que nos donen la ropa en buen estado que no usan. Eso sí, tiene que estar prácticamente nueva. Hacemos una selección y lo que pensamos que está en condiciones de no poder venderse, como si fuese casi de primera mano, en muchos caso lo es, lo donamos a una parroquia de Vallecas».

Mercadillo con un buen fin

Hay señoras que entregan un vestido que solo se lo han puesto una vez para una fiesta especial, y están convencidas de que no le van a volver a dar más uso. «Incluso tenemos chicas que les han regalado una blusa, que no se han visto bien con ella, que, con el paso del tiempo, no la han cambiado; está nueva y nos la donan. Saben que están contribuyendo con un fin muy bueno».

Este mercadillo solidario del PAS de la Fundación CARF, de ropa y complementos de mujer, se organiza todas las primaveras. Este año desde el 16 hasta el 18 de abril, de martes a jueves, en horario de tarde, de 17 a 20 horas en el local del Patronato (calle Reina Mercedes 22).

mercadillo solidario ropa mujer
Rosana y Carmen, de izquierda a derecha, sonríen en un local lleno de ropa.

Talleres y actividades

En este local, las voluntarias del PAS se reúnen una vez a la semana para sus talleres, como el de restauración de muebles, que luego se venden en los mercadillos semestrales y en el anual, que se celebra a finales de año y que celebrará en 2024 su 27ª edición. También se encuentran otro día para tejer ropa de bebé que se vende bajo pedido.

Otra de las actividades estrella es el bordado de las albas y lienzos litúrgicos que regalan a los seminaristas, de Bidasoa y Sedes Sapientiae, cuando regresan a sus países de origen para ordenarse sacerdotes tras su período de intensa formación.

Mochilas de vasos sagrados

El PAS de la Fundación CARF y sus actividades cubren el coste de las icónicas mochilas de vasos sagrados, elementos que llegan al alma de los futuros sacerdotes. Estas mochilas van más allá de ser una mera herramienta; permiten a los sacerdotes llevar consigo todo lo necesario para impartir celebrar la Santa Misa y los sacramentos de manera digna, incluso en los rincones más remotos del mundo. Y en ellas se guarda también el alba cosida a la medida de cada uno en los talleres del PAS.

Si no te ha dado tiempo a acudir a este mercadillo solidario, donde podrás adquirir ropa y complementos de mujer para ayudar a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo, no te preocupes. «Vamos a mantener el mercadillo abierto para poder ofrecer nuestra ropa y complementos. Lo único que tienes que hacer es llamarnos y pedir cita», comentan Carmen y Rosana.


Pedir cita: Rosana, 659 057 320. Carmen, 659 378 901.

Correo: patronatodeaccionsocial@gmail.com

Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

Necesidades y retos de la vida afectiva del sacerdote

Recientemente ha publicado un libro sobre el celibato ¿Qué le ha llevado a tomar esta decisión? He tenido la suerte de compartir formaciones con más de mil sacerdotes distintos y otros tantos laicos, y hay un creciente interés en comprender y vivir mejor el celibato.

¿Así que nace de un contacto real con personas que viven el celibato, sus aportaciones y dudas? Efectivamente, del interés práctico de personas que querían ahondar en el sentido y significado de esta realidad en su vida o en la de familiares. En los últimos años he tenido muchas conversaciones sobre el celibato en reuniones de formación con sacerdotes, religiosos y laicos. Al experimentar que lo que hablábamos les daba luz y ayudaba, me pareció que ponerlo por escrito podría servir.

¿No está pasado de moda? Mi experiencia es que no, sino muy vivo y con muchas personas con ganas de vivirlo plenamente. Considero que es interesante e ilusionante hablar del celibato como una realidad propia de los católicos que aporta mucha riqueza. Sugiero que, quien quiera cuestionarse el celibato, lo haga en un ambiente festivo y de celebración, con el interés de comprenderlo, vivirlo, sentirlo y enriquecerse.

¿A qué público está dirigido? Lo he escrito principalmente para quien lo vive como vocación particular, pero también para cualquier cristiano. Tengo la esperanza de que sirva para comprender mejor cómo el celibato enriquece la vida de la Iglesia, la vida cristiana y la vocación particular de cada uno.

¿También para los casados? Sí, esto es muy luminoso porque, como dice el Catecismo, celibato y matrimonio “son inseparables y se apoyan mutuamente”. Así, espero que resulte sugerente tanto para quienes viven el celibato como para quienes lo comparten más directamente en la familia –por ejemplo, para unos padres a quienes una hija les dice que vivirá célibe– y para cualquiera que quiera aprender más sobre cómo enriquecer su vida cristiana gracias a la presencia en su vida de personas que viven el celibato.

¿Y para todos los estilos de celibato? Hay un mayor acento en el celibato de los laicos en medio del mundo y a la vez referencias y fundamentos para los factores comunes como la esponsalidad y la nupcialidad; el sacerdocio como ministerio sacerdotal y como sacerdocio común de todos los fieles; la misión específica; la eucaristía; la imitación de Cristo; el testimonio de la unión con Dios; la maternidad y paternidad, etc.

La amistad, un regalo que salva al sacerdote

Usted es médico psiquiatra y autor de un estudio sobre afectividad y vida sacerdotal. ¿Qué concluye su estudio que pueda ayudar en la vida afectiva del sacerdote? Este estudio se publica ahora en la revista académica Scripta Theologica y está accesible. Tras entrevistar a 140 sacerdotes concluimos que hay ocho dimensiones de desarrollo de la vida afectiva sacerdotal: la relación con Dios y la vida espiritual; la amistad en general con todo tipo de personas; tener un buen acompañamiento espiritual y mantenido en el tiempo; vivir la fraternidad sacerdotal de forma activa, tanto para dejarse querer como para querer; la formación permanente, tanto como actitud de fondo para tener mente de principiante como para recibir formación y estudiar los diversos y novedosos aspectos de la vida sacerdotal; el cuidado personal en lo físico (comer, dormir, ejercicio físico, aficiones) y en lo mental (descanso, límites, equilibrio en las relaciones);  el conocimiento psicológico sobre cómo funcionamos las personas; y tener una misión clara y estructurada, que facilite el servicio concreto.

¿Se encontraron con algún resultado que les sorprendiera? Sí, en lo referente a la soledad. Se generaron nuevas hipótesis de investigación sobre la soledad que sienten los sacerdotes. La refirieron como un reto y fue el principal riesgo referido, pero no sabemos si se referían a la soledad física por el aislamiento que puedan tener, a una soledad afectiva por no sentirse queridos, soledad institucional por falta de apoyo, psicológica por tener un sistema de apego inseguro, soledad pastoral por el exceso de tareas, social o emocional.

¿No tiene cierta lógica que un sacerdote cultive la soledad? Sí, es algo que planteamos en la discusión. Podría ser que no estuvieran aprovechando precisamente la soledad propia del célibe para cultivar ahí su particular y cómplice relación con Dios, un ámbito íntimo donde cortejarle. En breve comenzaremos un estudio específico sobre la soledad en los sacerdotes, con la intención de conocer mejor cuál es la que les preocupa y proponerles herramientas prácticas para solventarla. 

doctor carlos chiclana
El doctor Chiclana en un Foro Omnes.

¿Qué herramientas se conocen ya como eficaces para disminuir esta soledad? En estudios específicos con sacerdotes se han encontrado factores protectores como vivir en comunidad, la propia vida espiritual bien cuidada, contar con el apoyo de otros sacerdotes, tener una buena red social (amistad general y con otros sacerdotes), cuidar la salud y poder descansar, que el sistema organizativo sea menos jerárquico y más motivante / colaborativo, el trabajo en equipo, mantener bien los límites en las distintas dimensiones vitales, la extroversión, el optimismo y la capacidad para el compromiso. Como dice una canción de Ariel Rot: el que tenga un amor que lo cuide / y que mantenga la ilusión.

Ahora trabajo en otro estudio sobre la soledad sacerdotal sobre el que estoy en pleno trabajo de campo.

¿Trata este tema de la soledad en su libro sobre el celibato? Sí, el subtítulo del libro es “Disfruta de tu regalo”. Al ser un don que te facilita amar todo, a todos y a todas, precisamente debería ser un factor protector frente a la soledad, porque la vida del célibe está llamada a estar constantemente habitada por muchas personas, sin que ninguna se quede a vivir en tu “hogar interior” ni te quedes tú a vivir en exclusiva en ninguna. Ahora bien, tiene una proporción de soledad que es necesario tolerar y que a la vez te facilita la entrada en ese ámbito donde poder estar a solas con Dios, en esa relación espiritual exclusiva, no obstante eres sacerdote, no un coach ni un cooperante de una ONG ni un agente social.

El actual prefecto del Dicasterio para el Clero, cardenal Lazzaro You decía a Omnes que «una persona no está nunca sola si busca vivir en Dios. Nuestro Dios no es soledad, es Uno y Trino». A lo mejor esa soledad es la caja fuerte donde está escondido el tesoro y es necesario encontrar la clave y así poder cantar con san Juan de la Cruz: En soledad vivía / y en soledad ha puesto ya su nido / y en soledad la guía / a solas su querido / también en soledad de amor herido. Es una soledad donde el yo puede desprenderse del ego, del egoísmo, del narcisismo, del egotismo, y entrar en la tienda compartida con la Trinidad, sin máscaras ni ropajes.

La soledad del sacerdote puede acabar en adiciones

La soledad o el aislamiento pueden llevar también a las adicciones. Sí, es algo conocido tanto para las adicciones con sustancia como para las conductuales (juego, sexo, pornografía, pantallas), porque completan una necesidad que tienes de satisfacción y plenitud.

¿Cómo prevenirlas? Para que un adulto sacerdote puede ayudarle a prevenirlas conocer si tiene predisposición a engancharse, porque en él o en la familia hay antecedentes, por ser más impulsivo, con mayor tendencia a buscar la novedad o porque tiene ansiedad o bajo ánimo. Así, estará más pendiente y cuidará cómo atender esto.

Además, tener un diseño de la vida personal interesante, con un proyecto vital individual concreto, con objetivos y metas que le impliquen en su desarrollo. Que estén vivos y no sean robots sin iniciativa.

 Es necesario tener los pies en la realidad y saber que es fácil desarrollar hábitos perjudiciales con las pantallas, las series o la pornografía si no te cuidas. Son personas normales y corrientes. Si cuidan las ocho dimensiones antes referidas la eficacia de la prevención está asegurada.

¿Cómo buscar ayuda para salir de ellas? Basta con ir al médico de atención primaria, a un centro especializado público o privado. En los buscadores de internet aparecen inmediatamente.

Como un coche que necesita las cuatro ruedas bien puestas. ¿Cuáles serían? Biológica: tratar enfermedades de fondo, fármacos para controlar los síntomas. Psicológica: motivación para el cambio, esperanza de una vida mejor, volver a disfrutar, rehumanizarse, rellenar sus carencias y desarrollar nuevos hábitos, y estrategias de regulación emocional y de afrontamiento. Pueden servir los grupos de ayuda como Alcohólicos Anónimos, que los hay de todas las posibilidades. Actitud personal: reconocer la realidad, aceptarla, ser honrado y sincero, asumir las responsabilidades. Ambiental: será necesario un cambio de escenarios y de relaciones.

Vocaciones sacerdotales: una llamada al apoyo y a la formación

En el contexto de la distribución de los Anuarios Pontificios y el Annuarium Statisticum Ecclesiae, publicados por la Librería Editora Vaticana, y editados por la Oficina Central de Estadística de la Iglesia, se ha observado un cierto crecimiento del número de seminaristas en diferentes regiones del mundo en los últimos años. Estos datos numéricos proporcionan una visión detallada de la evolución de las vocaciones sacerdotales y su importancia para la Iglesia a nivel global.

Las vocaciones sacerdotales en todo el mundo

Según los datos proporcionados por el Anuario Pontificio 2022 y el Anuario Estadístico Eclesiástico 2020, publicados por el Vaticano, se ha observado un decrecimiento en el número de seminaristas en diferentes partes del mundo en los últimos años. Los datos reflejan, sin embargo, el interés y el incremento de la vocación de muchas personas hacia la vida religiosa.

Los informes estadísticos indican que la tendencia al alza en el número de religiosos y de católicos como un fenómeno global, aunque con variaciones regionales significativas. Áreas como África y Asia experimentan un aumento del número de vocaciones sacerdotales, mientras que en otras regiones el crecimiento pueda ser negativo.

Es importante destacar que este crecimiento no solo se refiere a la cantidad de seminaristas, sino también a la calidad de su formación y su compromiso con la Iglesia y la comunidad. La formación sacerdotal es un proceso integral que requiere no solo conocimientos teológicos, sino también valores éticos, espirituales y de servicio, entre otros.

Variación de datos numéricos y localización

Durante el período analizado, se ha observado un aumento absoluto de 16 millones de católicos bautizados en el mundo, pasando de 1.344 millones en 2019 a 1.360 millones en 2020, lo que representa aproximadamente un incremento del 1,2 %. Este crecimiento es una señal positiva que refleja el interés y la vocación de muchas personas hacia la vida religiosa y el sacerdocio. Al analizar la distribución de católicos por continentes, se destacan las siguientes tendencias:

Datos destacables del anuario pontificio y del estadístico

El anuario pontificio es una importante fuente de información sobre la Iglesia Católica a nivel mundial. Proporciona datos sobre el número de católicos en el mundo, la cantidad de sacerdotes diocesanos y religiosos, así como la evolución de las vocaciones religiosas y la vida consagrada.

1- Número de católicos en el mundo: expone que el número de católicos en el mundo ha mantenido una tendencia al alza en las últimas décadas, especialmente en regiones como África y Asia. Esta tendencia refleja el crecimiento de la Iglesia Católica en áreas con mayor población y también el esfuerzo de evangelización en distintas partes del mundo.

2- Número de sacerdotes diocesanos y religiosos: proporciona datos sobre la cantidad de sacerdotes diocesanos y religiosos en diferentes países. Este número ha experimentado variaciones significativas en diversas regiones, con áreas como África y Asia, mostrando un aumento en el número de sacerdotes. En algunas partes de Europa y América del Norte se ha observado una disminución de 4.117 sacerdotes en comparación con el año anterior.

3-Número de seminaristas y formación sacerdotal: el número de seminaristas en formación y la formación sacerdotal son aspectos clave de los anuarios. En 2019, el total de candidatos al sacerdocio era de 114.058, mientras que en 2020 disminuyó a 111.855 a nivel mundial. Esta tendencia a la baja se manifestó especialmente en Europa, América y Asia, siendo África la única región que experimentó un aumento en el número de seminaristas mayores durante ese período.

4- Evolución de las vocaciones religiosas y la vida consagrada. En cuanto a la evolución de las vocaciones religiosas y la vida consagrada, se observan cambios significativos. El número de diáconos permanentes aumentó de 48.238 en 2019 a 48.635 en 2020, representando un incremento relativo cercano al 1 %. Este aumento se destacó principalmente en el continente americano, mientras que en Europa se registró un ligero descenso en este grupo.

Por otro lado, los religiosos profesos no sacerdotes aumentaron de 50.295 en 2019 a 50.569 en 2020, con incrementos notables en África, Asia y Europa. Sin embargo, las religiosas profesas experimentaron una disminución global del 1,7 %, con Europa y América como los continentes más afectados por esta tendencia decreciente en la vida religiosa consagrada.

Importancia del apoyo a las vocaciones

El apoyo a las vocaciones sacerdotales es fundamental para el crecimiento y la vitalidad de la Iglesia Católica en todo el mundo. Los datos numéricos reflejan la necesidad de fortalecer la formación y el acompañamiento de los seminaristas para asegurar una preparación integral y comprometida con la comunidad y la fe cristiana.

La Fundación CARF desempeña un papel crucial con un apoyo económico para la formación de seminaristas, brindando oportunidades concretas para que aquellos que sienten la llamada al sacerdocio puedan recibir una educación integral.

El costo de la formación de un seminarista puede variar dependiendo del país y las circunstancias específicas, pero, en general, representa una inversión significativa en tiempo, recursos y esfuerzos dedicados. Esta inversión no solo beneficia al individuo en formación, sino que también impacta positivamente en todos los católicos al asegurar sacerdotes comprometidos y bien preparados para guiar y servir a los fieles.

También los benefactores y amigos de la Fundación CARF rezan para porque el crecimiento en las vocaciones sacerdotales es un indicador positivo para la Iglesia Católica, y el apoyo y la formación adecuada de los seminaristas son esenciales para fortalecer la presencia de la Iglesia en el mundo.