
Nicolás Duarte (23 años) tiene clara una cosa: quiere ser sacerdote. Pero llegar hasta aquí no fue una decisión sencilla. El joven seminarista de la diócesis de San Roque, en Argentina, tuvo miedo, sintió incertidumbre y llegó a pensar que quizá debía tomar otro camino. Hoy estudia el primer año de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside y se forma en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona, donde afronta su segundo año en España y espera, con ilusión, la visita del papa León a Argentina.
Nicolás todavía no da crédito a la decisión de su obispo de realizar sus estudios teológicos en España. Cuando recibió la propuesta, sus primeras sensaciones fueron «de miedo y de incertidumbre», pero poco a poco «fui adaptándome, haciendo nuevas relaciones y descubriendo experiencias novedosas», afirma
Nicolás nació en una familia católica y es el segundo de tres hermanos. Sus padres llevan muchos años siendo catequistas y continúan formándose en la fe. «Desde pequeños nos han inculcado en la fe católica y nos enseñaron los valores y una buena educación», explica. Por eso, desde niño vivió «en un ambiente vivo en la Iglesia». Fue monaguillo y colaboró en su parroquia «en lo que podía».
La pregunta por su futuro estuvo presente desde pequeño. «Siempre me planteaba qué era lo que Dios quería para mi vida», recuerda. Durante la adolescencia comenzó a participar en los encuentros vocacionales organizados por el seminario diocesano.
Pero fue en el último año de secundaria, cuando tenía 18 años, cuando empezó a darse cuenta de que quizá Dios le llamaba al sacerdocio. La posibilidad le produjo temor. «Me sentía muy joven e inseguro para adoptar una decisión tan fuerte de seguir el llamado de Dios», explica.
Por eso decidió tomar «mi propio camino». Estaba a punto de comenzar en la universidad la carrera de sus sueños. Sin embargo, un mes antes de entrar en la universidad participó en una misión organizada por el seminario en un pequeño pueblo alejado de su diócesis.

Aquella experiencia cambió sus planes.
«Tuve una experiencia fuerte y personal de la falta de sacerdotes en mi diócesis», cuenta. Y, finalmente, decidió ingresar en el seminario un mes después.
Su decisión adquiere todavía más sentido cuando describe la realidad de la diócesis a la que espera regresar como sacerdote. San Roque es un territorio extenso y con bastante pobreza, donde «mucha gente no recibe los sacramentos». A esta situación se suma, según su percepción, una «notable decadencia de la fe en la iglesia argentina debido al creciente número de sectas y de abandono de la fe».
La necesidad de sacerdotes que descubrió durante aquella misión no era, por tanto, una impresión aislada. Formarse para volver a su diócesis significa para Nicolás prepararse para una Iglesia que necesita sacerdotes capaces de acercarse a personas que no reciben los sacramentos y que se encuentran cada vez más alejadas de la fe.

En este contexto, Argentina se prepara para recibir próximamente al papa León XIV. Después de décadas sin la visita de un Pontífice al país y tras el pontificado de un papa argentino, Francisco, Nicolás percibe una expectación especial.
«En todo el país se está generando un ambiente de mucho entusiasmo y preparación para recibir al Santo Padre», asegura. Las parroquias y las comunidades «se están moviendo para poder ver al papa».
Y hay algo que el seminarista tiene especialmente claro: «Se siente que será una visita con muchos frutos».
La expectación es todavía mayor porque Francisco no pudo visitar Argentina durante su pontificado. «Pasaron varias décadas sin la visita de un papa a Argentina y más aún que el papa Francisco no pudo ir», señala Nicolás, que recuerda el legado que dejó el pontífice argentino entre sus compatriotas.
Del papa Francisco y también del papa León ha aprendido la sencillez, la humildad y el carisma, cualidades que, a su juicio, deberían estar presentes en todos los cristianos y especialmente en los sacerdotes.
Precisamente esas cualidades adquieren especial importancia cuando Nicolás piensa en el sacerdote del siglo XXI y en el desafío de evangelizar a quienes se han alejado de Dios.
Para él, la respuesta está en una palabra: caridad.
«Es la caridad el fundamento por el cual los cristianos obramos para Dios y para la Iglesia», afirma. Y considera que también es «la herramienta por la que debemos trabajar en aquellas personas alejadas de la fe y de todo conocimiento de Dios, especialmente entre los jóvenes».
Durante su estancia en España, Nicolás ha podido comprobar de cerca esa realidad. Reconoce que ha notado «cierta decadencia en la juventud de España», aunque considera que es una situación que se repite «en muchas otras partes del mundo». Sin embargo, la visita del papa León a nuestro país fue un revulsivo para muchos jóvenes.
Frente a ello, recupera una enseñanza de Francisco: «La esperanza es la virtud del que tiene un corazón joven».
Y vuelve a situar la fe en el centro de su misión: «Es en el cristianismo, en esa fe católica que todos debemos cultivar y llevar a los demás, donde se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente».

La historia de Nicolás permite poner rostro a una realidad que a veces puede quedar oculta detrás de una cifra: la formación de un seminarista no termina cuando descubre su vocación. También necesita años de preparación humana, espiritual, pastoral e intelectual para poder responder adecuadamente a las necesidades de la Iglesia a la que un día regresará.
En el caso de Nicolás, esa formación continúa hoy en Pamplona. El Seminario Internacional Bidasoa acoge a seminaristas enviados por sus obispos desde distintas partes del mundo, y la Fundación CARF contribuye, gracias a sus benefactores, a que muchos de ellos puedan recibir una formación integral y realizar sus estudios.
Por eso, detrás de una ayuda a CARF no hay únicamente una matrícula, una residencia o unos estudios. Hay historias como la de Nicolás: un joven que un día sintió miedo ante la posibilidad de ser sacerdote, que estuvo a punto de comenzar otra vida y que, en una misión en un pequeño pueblo de Argentina, descubrió de forma personal la falta de sacerdotes que necesitaba su diócesis.
Marta Santín, periodista especializada en religión.
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