Fundación CARF
Dona

29 de julio: Santos Marta, María y Lázaro. Quiénes fueron y qué nos enseñan a los cristianos

29/07/2026

Santa Marta, María y Lázaro

Descubre quiénes fueron los santos Marta, María y Lázaro, por qué la Iglesia los celebra juntos y qué nos enseñan sobre la amistad con Jesús, la familia y la vocación.

Cada 29 de julio la Iglesia celebra la memoria de los santos Marta, María y Lázaro, tres hermanos de Betania que ocuparon un lugar muy especial en la vida de Jesús. Los Evangelios muestran que el Señor no solo pasó por su casa en alguna ocasión, sino que regresó a ella una y otra vez. Allí encontraba descanso, amistad, conversación y un ambiente familiar donde era recibido con cariño.

No es casualidad que el papa Francisco decidiera en 2021 extender esta celebración litúrgica a los tres hermanos. La casa de Betania representa uno de los rostros más hermosos del Evangelio: el de una familia que hace sitio a Cristo en su vida cotidiana.

Para Fundación CARF, contemplar a Marta, María y Lázaro supone mirar hacia el origen de muchas vocaciones. Allí donde Cristo encuentra un hogar abierto, también florecen la fe, el deseo de servir y la disponibilidad para seguir la llamada de Dios.

El papa Francisco se dirige a la Plenaria de la Congregación para el Culto

¿Quiénes fueron Marta, María y Lázaro?

Los tres hermanos vivían en Betania, una pequeña localidad situada en la ladera oriental del monte de los Olivos, muy cerca de Jerusalén. Su casa aparece varias veces en los Evangelios como uno de los lugares donde Jesús era acogido con confianza.

El evangelista san Juan resume esta relación con una frase extraordinaria:

«Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro» (Jn 11, 5).

Pocas personas reciben una afirmación tan explícita en el Evangelio. No eran únicamente discípulos entre muchos otros. Eran amigos del Señor.

Cada uno posee una personalidad distinta: Marta aparece como una mujer activa, generosa y servicial. María destaca por su capacidad para escuchar a Jesús y permanecer a sus pies. Lázaro, por su parte, ocupa un lugar central en uno de los milagros más impresionantes narrados en el Evangelio: su resurrección.

Juntos forman una imagen muy completa de la vida cristiana: el servicio, la oración y la confianza absoluta en Dios.

Santa Marta, María y Lázaro

¿Por qué la Iglesia celebra juntos a los tres hermanos?

Durante siglos, el Calendario Romano General celebraba únicamente a santa Marta el 29 de julio.

Sin embargo, el 26 de enero de 2021 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, por deseo del papa Francisco, decretó que la memoria litúrgica incluyera también a María y a Lázaro.

El decreto explica que los tres hermanos ofrecen un testimonio único de amistad con Cristo y recuerda que: "En la casa de Betania el Señor Jesús experimentó el espíritu familiar y la amistad."

La decisión pone de relieve que la santidad no siempre se vive de forma individual. Muchas veces florece en una familia donde cada miembro responde a Dios desde su propia vocación.

Este mensaje resulta especialmente actual. En una sociedad marcada por el individualismo, Betania recuerda que la fe también crece en comunidad, en la familia y en los pequeños gestos cotidianos.

La fe es abrir las puertas a Cristo, hospedarle en la propia casa, compartir la mesa con él, dejar que entre hasta lo más íntimo del alma. Así lo hizo la familia de Betania compuesta por Marta, María y Lázaro

Marta: servir con alegría con paz

Uno de los pasajes más conocidos aparece en el Evangelio de san Lucas.

Mientras María permanece sentada escuchando a Jesús, Marta se afana preparando todo lo necesario para recibir al Maestro.

En un momento dado expresa su cansancio: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con el trabajo?»

La respuesta de Jesús ha sido interpretada muchas veces como una oposición entre acción y contemplación. Sin embargo, la tradición de la Iglesia y las meditaciones publicadas por Opus Dei recuerdan que Cristo no critica el trabajo de Marta.

Lo que corrige es la inquietud que le hace perder la serenidad.

Marta ama profundamente al Señor y desea ofrecerle lo mejor. Su servicio nace del cariño, pero necesita aprender que la actividad solo encuentra su pleno sentido cuando brota del encuentro con Dios.

Esta enseñanza sigue siendo muy actual.

Muchos cristianos viven absorbidos por el trabajo, las responsabilidades familiares o las preocupaciones diarias. Marta recuerda que toda tarea puede convertirse en oración cuando se realiza por amor y con paz interior.

La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en realizar con amor las tareas ordinarias.

María: aprender a escuchar antes de actuar

Si Marta representa el servicio, María simboliza la escucha.

El Evangelio la presenta sentada a los pies de Jesús, actitud propia del discípulo que desea aprender de su Maestro. Cristo afirma entonces que María ha escogido «la mejor parte».

No porque el trabajo carezca de importancia, sino porque toda misión cristiana nace primero de la escucha. Antes de anunciar el Evangelio, es necesario dejar que el Evangelio transforme el corazón. Antes de enseñar, hay que aprender.

Esta enseñanza tiene una importancia especial para quienes sienten una llamada a servir a la Iglesia.

En Fundación CARF conocemos bien esta realidad. La formación espiritual, humana, intelectual y pastoral de los futuros sacerdotes comienza precisamente por cultivar una relación profunda con Jesucristo.

Lázaro: confiar incluso cuando parece demasiado tarde

El episodio de la enfermedad y resurrección de Lázaro constituye uno de los momentos culminantes del Evangelio de san Juan.

Cuando Jesús recibe la noticia de que su amigo está gravemente enfermo, no parte inmediatamente hacia Betania.

Humanamente parece llegar tarde y Lázaro ya ha muerto. Marta sale a recibirlo con unas palabras llenas de fe y dolor al mismo tiempo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» A pesar de su sufrimiento, Marta continúa confiando en Él. Entonces Jesús pronuncia una de las grandes afirmaciones del Evangelio: «Yo soy la resurrección y la vida.»

La posterior resurrección de Lázaro anticipa la victoria definitiva de Cristo sobre la muerte. Pero también enseña otra lección: Dios nunca deja de actuar, incluso cuando nosotros pensamos que todo está perdido. ¿Cuántas veces experimentamos situaciones similares?

Problemas familiares, crisis personales, enfermedades, falta de esperanza... Lázaro recuerda que la última palabra nunca pertenece a la desesperación. Pertenece siempre a Dios.

Resurrección de Lázaro, José de Ribera
Resurrección de Lázaro, José de Ribera

Betania: una casa abierta al Señor

Más que detenernos en cada uno de los tres hermanos por separado, conviene contemplar el conjunto que forman como familia. Lo verdaderamente extraordinario de Betania no es únicamente la generosidad de Marta, María o Lázaro después de haber sido resucitado. Lo que hace especial este hogar es que Jesús siempre encuentra en él las puertas abiertas.

Los Evangelios presentan Betania como una casa donde Cristo es acogido con sencillez y amistad. Sus habitantes no destacan por realizar grandes hazañas ni pronunciar discursos memorables; simplemente dejan que el Señor forme parte de su vida cotidiana. Precisamente por eso, este hogar continúa siendo un modelo para todas las familias cristianas.

Lo que enseñan hoy a las familias

La memoria litúrgica de los santos Marta, María y Lázaro no pertenece únicamente al pasado. Su ejemplo sigue ofreciendo respuestas muy concretas a los desafíos de nuestro tiempo. Ellos recuerdan que el servicio nunca es tiempo perdido cuando nace del amor, que la oración no es un privilegio reservado para unos pocos, sino la fuente de toda vida cristiana, y que la confianza en Dios puede mantenerse firme incluso en medio del sufrimiento.

Su historia también muestra que la amistad con Jesús es capaz de transformar una casa corriente en un lugar santo. En ese ambiente de fe vivido con sencillez, la familia continúa siendo el primer espacio donde se transmite el Evangelio y donde las nuevas generaciones aprenden a descubrir la presencia de Dios en la vida cotidiana.

Por eso, al contemplar el testimonio de los santos Marta, María y Lázaro, también es motivo de agradecimiento pensar en tantas familias anónimas que, con su ejemplo diario, siguen haciendo posible que el Evangelio llegue a nuevas generaciones y que la Iglesia continúe recibiendo nuevas vocaciones al servicio de Dios y de los demás.

Abrir cada día la puerta de nuestra casa y de nuestro corazón a Cristo transforma la vida familiar desde dentro. Allí donde Él es recibido con alegría, la fe se fortalece, nacen vocaciones generosas y la Iglesia encuentra el apoyo necesario para seguir anunciando el Evangelio al mundo.

Leer el evangelio


Comparte
magnifiercrossmenu linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram