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El papa León XIV habla del seminario como «escuela de los afectos»

29/06/2026

El papa León XIV saluda al pueblo de Dios durante la Audiencia General del 18 de marzo de 2026 en la Plaza de san Pedro.

El papa León XIV ha dejado un mensaje central para el futuro de la Iglesia: el seminario debe ser una escuela de los afectos. «Precisamente en este tiempo que están viviendo, es decir, el tiempo de la formación y del discernimiento, es importante centrar la atención en el centro, en el «motor» de todo su camino: ¡el corazón! El seminario, sea cual sea su modalidad, debe ser una escuela de los afectos. Hoy, de manera particular, en un contexto social y cultural marcado por el conflicto y el narcisismo, necesitamos aprender a amar y a hacerlo como Jesús».

En su encuentro con miles de seminaristas durante el Jubileo celebrado en Roma el 24 de junio de 2025, el papa León XIV dejó una expresión que ha resonado con fuerza en toda la Iglesia: «el seminario debe ser una escuela de los afectos». 

No fue una frase improvisada ni secundaria. El Santo Padre quiso poner el corazón de la formación sacerdotal en un lugar muy concreto: aprender a amar como Cristo.

«Como Cristo amó con corazón de hombre, ¡ustedes están llamados a amar con el Corazón de Cristo! Amar con el corazón de Jesús. Pero para aprender este arte hay que trabajar en la propia interioridad, donde Dios hace oír su voz y desde donde parten las decisiones más profundas; pero que es también lugar de tensiones y luchas (cf. Mc 7,14-23), que hay que convertir para que toda su humanidad huela a Evangelio.

El primer trabajo, por tanto, hay que hacerlo en la interioridad. Recuerden bien la invitación de san Agustín a volver al corazón, porque allí encontramos las huellas de Dios. Bajar al corazón a veces puede darnos miedo, porque en él también hay heridas. No tengan miedo de cuidarlas, déjense ayudar, porque precisamente de esas heridas nacerá la capacidad de estar junto a los que sufren. Sin vida interior tampoco es posible la vida espiritual, porque Dios nos habla precisamente allí, en el corazón.

Dios nos habla en el corazón, tenemos que saber escucharlo. Parte de este trabajo interior es también el entrenamiento para aprender a reconocer los movimientos del corazón: no solo las emociones rápidas e inmediatas que caracterizan el alma de los jóvenes, sino sobre todo sus sentimientos, que les ayudan a descubrir la dirección de su vida.

Si aprenden a conocer su corazón, serán cada vez más auténticos y no necesitarán ponerse máscaras. Y el camino privilegiado que nos lleva a la interioridad es la oración: en una época en la que estamos hiperconectados, cada vez es más difícil experimentar el silencio y la soledad. Sin el encuentro con Él, ni siquiera podemos conocernos verdaderamente a nosotros mismos».

¿Qué quiere decir el Papa con escuela de los afectos?

El Papa quiso detenerse especialmente en la dimensión humana de la vocación sacerdotal. Durante el Jubileo de los seminaristas afirmó:

«Es importante –más aún, necesario– desde el tiempo del seminario apostar mucho por la maduración humana, rechazando cualquier forma de máscara y de hipocresía. Con la mirada fija en Jesús, hay que aprender a dar nombre y voz incluso a la tristeza, al miedo, a la angustia, a la indignación, llevando todo a la relación con Dios».

Con estas palabras, el papa León XIV recordó que el seminario no es solo un lugar de estudio o de preparación pastoral. Es también el espacio donde el futuro sacerdote aprende a conocerse con verdad, a madurar interiormente y a poner toda su vida delante de Dios. Por eso definió el seminario como una auténtica escuela de los afectos: un lugar donde el corazón aprende a amar con profundidad, con libertad y con la mirada de Cristo.

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Formar sacerdotes capaces de acompañar a las personas

La expresión del Papa es especialmente actual. Hoy muchas personas buscan en el sacerdote alguien que sepa escuchar, que acompañe con cercanía y que hable de Dios desde una experiencia real y humana. Eso exige una formación integral.

Por eso la Iglesia insiste tanto en cuidar bien el tiempo del seminario: porque ahí no solo se estudia o se discierne una vocación. Ahí se aprende a ser pastor.

Un sacerdote con una sólida formación humana puede tender puentes, comprender mejor las heridas de su comunidad y acercar a Cristo con más delicadeza y profundidad.

«Les invito a invocar con frecuencia al Espíritu Santo, para que forme en ustedes un corazón dócil, capaz de captar la presencia de Dios, también escuchando las voces de la naturaleza y del arte, de la poesía, de la literatura y de la música, así como de las ciencias humanas.

En el riguroso compromiso del estudio teológico, sepan también escuchar con mente y corazón abiertos las voces de la cultura, como los recientes desafíos de la inteligencia artificial y los de las redes sociales. Sobre todo, como hacía Jesús, sepan escuchar el grito, a menudo silencioso, de los pequeños, de los pobres y de los oprimidos y de tantos, sobre todo jóvenes, que buscan un sentido a su vida.

Si cuidan su corazón, con momentos diarios de silencio, meditación y oración, podrán aprender el arte del discernimiento. También esto es un trabajo importante: aprender a discernir. Cuando somos jóvenes, llevamos dentro muchos deseos, muchos sueños y ambiciones. El corazón a menudo está abarrotado y sucede que nos sentimos confundidos.

En cambio, siguiendo el modelo de la Virgen María, nuestra interioridad debe ser capaz de custodiar y meditar. Capaz de synballein, como escribe el evangelista Lucas (2, 19-51): juntar los fragmentos. Guárdense de la superficialidad y junten los fragmentos de la vida en la oración y la meditación, preguntándose: ¿qué me enseña lo que estoy viviendo? ¿Qué me dice a mi camino? ¿Hacia dónde me está guiando el Señor?»

La misión de Fundación CARF: ayudar a formar  futuros sacerdotes

Gracias a la ayuda de miles de socios, benefactores y amigo, seminaristas y sacerdotes diocesanos de más de 130 países pueden estudiar y formarse en Roma y en Pamplona. 

Reciben una preparación académica, sí, pero también un acompañamiento espiritual, pastoral y humano que fortalece su vocación y les prepara para volver a sus diócesis con una mirada universal y un corazón bien formado.

Esto conecta plenamente con el sueño que el Papa León XIV está recordando a toda la Iglesia: que haya sacerdotes santos, cercanos y bien preparados para servir al mundo de hoy.

Haz que el sueño del Papa se cumpla

La visita del Papa a España volvió a poner este mensaje en primer plano. Su llamada a cuidar la formación de los seminaristas no es una idea abstracta. Es una invitación concreta a toda la Iglesia.

En la Fundación CARF queremos responder con hechos: ayudando a quienes hoy se preparan para entregar su vida al servicio de los demás.

Porque apoyar la formación de un seminarista es ayudar a formar un corazón capaz de acompañar, sostener y llevar esperanza allí donde más hace falta.

«Los seminaristas tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a
sacerdotes bien formados. El criterio para que los seminarios sean auténticas casas de formación es que aseguren una adecuada experiencia de vida comunitaria; que tengan formadores totalmente dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en el acompañamiento espiritual; y que cuenten con centros superiores de teología dotados con los medios necesarios para desarrollar su función. Para ello es imprescindible, además de aunar fuerzas, aprender a trabajar juntos en la gestión de estos desafíos» (Encuentro con los obispos de España. Sede de la Conferencia Episcopal, Madrid. Lunes 8 de junio de 2026).

Carta de León XIV con motivo de la Asamblea Presbiteral de la Arquidiocesis de Madrid

Hay jóvenes en todo el mundo que han escuchado una llamada profunda para seguir la vocación de sacerdote. Quieren servir, acompañar, impartir los sacramentos y ayudar a su gente a encontrar a Dios. Pero muchos de ellos no tienen los medios económicos para formarse bien, académica y humanamente, en esta etapa clave de su encuentro con Dios.

El papa León XIV lo ha recordado recientemente con sencillez y profundidad en su carta apostólica Una fidelidad que genera futuro: «Una fidelidad que genera futuro es a lo que los presbíteros están llamados también hoy, en la conciencia de que perseverar en la misión apostólica nos ofrece la posibilidad de interrogarnos sobre el futuro del ministerio y de ayudar a otros a percibir la alegría de la vocación presbiteral... La identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ser para y es inseparable de su misión... la anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, animado por el espíritu de Cristo.

 La llamada al ministerio ordenado es un don libre y gratuito de Dios. Vocación, en efecto, no significa constricción por parte del Señor, sino propuesta amorosa de un proyecto de salvación y libertad para la propia existencia que recibimos cuando, con la gracia de Dios, reconocemos que en el centro de nuestra vida está Jesús, el Señor. Entonces la vocación al ministerio ordenado crece como donación de sí mismos a Dios y, por ello, a su Pueblo santo.

Toda la Iglesia ora y se alegra por este don con el corazón lleno de esperanza y gratitud, como expresaba el Papa Benedicto XVI al concluir el Año sacerdotal: «Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día. Queríamos también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe; más aún, que Dios está esperando nuestro “sí”».

Por eso la Iglesia cuida especialmente la formación de los futuros sacerdotes para que sean hombres, preparados humana, espiritual y pastoralmente, capaces de acompañar a sus comunidades y servir a las personas allí donde más se les necesita. Esto mismo viene haciendo la Fundación CARF desde 1989.

En muchos países del planeta hay personas con vocación al sacerdocio donde la fe es fuerte, pero los recursos son escasos. Allí es donde tu ayuda marca la diferencia.

La Fundación CARF ha acompañado desde sus inicios a seminaristas y sacerdotes diocesanos de 130 países, cerca de 30.000 estudiantes, para que reciban esa formación integral que la Iglesia necesita hoy y necesitará mañana. Detrás de cada uno hay una historia, una familia, un pueblo y una diócesis entera que un día contará con un sacerdote mejor preparado para servirles, y para formar a otros.

Con tu ayuda estás haciendo posible ese sueño del papa León XIV: que la formación llegue a seminaristas y sacerdotes de todo el mundo. Que el futuro de la Iglesia se construya sobre bases firmes, con personas bien preparadas y entregadas.

¡Haz que el sueño del Papa se cumpla! Haz posible la formación de quienes cuidarán la fe y la vida de millones de personas en todo el mundo.



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