
El viaje de Lacton Lucas Carvallo para ser sacerdote comenzó en la JMJ de Brasil, celebrada en Río de Janeiro, un imponente apostolado con el papa Francisco que a nadie dejó indiferente.
Lucas pertenece a la diócesis de san Sebastián de Río de Janeiro. Actualmente continúa su formación en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, donde cursa la Licenciatura en Teología Dogmática gracias a la ayuda de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF.
Cuando Lacton recuerda el origen de su vocación, su memoria se detiene inevitablemente en un acontecimiento que marcó para siempre su vida: la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Río de Janeiro en 2013 con la visita del papa Francisco.
Por aquel entonces discernía la posibilidad del matrimonio e intentaba descubrir cuál era el proyecto de Dios para él. Sin embargo, durante aquellos días experimentó algo que transformó su corazón. «Durante esos días experimenté una presencia de Dios tan fuerte y personal que me descolocó interiormente.
No fue una emoción pasajera, sino una certeza suave y persistente de que el Señor me miraba con amor y me invitaba a algo más grande de lo que yo había imaginado».
Ingresó en el seminario cuatro años después
Aquella experiencia abrió una puerta que ya no volvería a cerrarse. Al año siguiente participó en un retiro espiritual buscando claridad para su futuro. Allí, a través de una predicación sencilla, pero profundamente iluminadora, sintió que Dios confirmaba aquella llamada interior.
Pero no se sentía preparado para dar el paso definitivo. Durante dos años continuó discerniendo junto a su párroco y a los formadores del seminario de su diócesis, quienes lo acompañaron con paciencia, escucha y oración.
Finalmente, en 2017 ingresó en el seminario São José. Durante siete años recibió una sólida formación humana, espiritual, pastoral y académica que culminó en 2024. «Aquellos años fueron decisivos para consolidar mi relación con Cristo y para comprender la belleza del ministerio sacerdotal», expresa Lacton.
Hoy mira con agradecimiento aquella etapa, y también la oportunidad que ahora tiene en Navarra de profundizar en los estudios teológicos, para servir mejor a la Iglesia en el futuro. «Estoy profundamente agradecido por esta oportunidad de profundizar en la fe y prepararme mejor para servir a la Iglesia», declara con afecto.
La fe estuvo presente desde su infancia. Nació en una familia tradicionalmente católica, donde la religión formaba parte de la vida cotidiana. Recuerda especialmente el papel de su madre, figura fundamental en su educación religiosa.
«Mi madre fue una figura clave en mi formación cristiana: ella nos acompañaba a mi hermana y a mí a las celebraciones de la Iglesia cuando éramos niños, asegurándose de que recibiéramos los sacramentos y de que la fe formara parte de nuestra vida cotidiana», señala con emoción.
Sin embargo, como ocurre con tantos jóvenes, la adolescencia también estuvo marcada por una etapa de distanciamiento. Se alejó de la práctica sacramental y buscó encajar entre amigos y experimentar aquello que el mundo presentaba como libertad. «Aun así, nunca dejé de creer; la semilla de la fe seguía viva, aunque adormecida», confiesa.
Con el tiempo comprendió que muchas de esas experiencias dejaban un vacío interior. Mirando hacia atrás, considera que aquella búsqueda y esa cierta rebeldía le ayudaron a comprender mejor la fragilidad humana y la necesidad de un encuentro personal con Cristo.
Por eso está convencido de que la JMJ de 2013 fue providencial para él y para miles de jóvenes, porque volvió a encender «la llama del amor de Dios, recordándonos que la verdadera alegría nace del encuentro con Cristo vivo».
Hablar de su vocación es también hablar de Brasil, un país profundamente religioso y de mayoría cristiana, donde la fe sigue impregnando la cultura, las celebraciones populares y la vida cotidiana.
Su diócesis, San Sebastián de Río de Janeiro, ocupa además un lugar especial en la historia del catolicismo brasileño: de ella salió el primer cardenal de Latinoamérica y allí se estableció la Conferencia Nacional de los Obispos, un acontecimiento decisivo para la organización pastoral del país.
Aunque Brasil disfruta de libertad religiosa y la Iglesia puede desarrollar su misión sin restricciones, este joven sacerdote reconoce que la realidad social plantea enormes desafíos.

«Nos enfrentamos con graves problemas sociales y económicos: desigualdad, desempleo, corrupción, falta de responsabilidad política y una gestión pública deficiente. Muchas personas están cerrando sus comercios, otras están desempleadas, y esto afecta directamente la vida de las familias y también la capacidad de la Iglesia para atender las necesidades temporales de los fieles», explica Lacton.
A pesar de todo, destaca que la fe del pueblo brasileño sigue siendo fuerte y que la Iglesia continúa siendo un referente moral, espiritual y social.
Llegó a España dos meses después de su ordenación
Lacton Lucas llegó a España dos meses después de ordenación sacerdotal, con una enorme ilusión en la maleta para formarse y desarrollar plenamente su ministerio cuando regrese a su diócesis.
Porque conoce bien las necesidades de la Iglesia local. Aunque cuentan con un número considerable de sacerdotes, reconoce que hacen falta muchos más debido al enorme número de fieles y a la amplitud de los desafíos pastorales.
«La demanda pastoral es enorme: comunidades grandes, barrios con necesidades sociales urgentes, familias que requieren acompañamiento, jóvenes que buscan sentido, ancianos que necesitan consuelo...».
Frente a esta realidad, destaca el trabajo generoso de sacerdotes y obispos que, mediante la escucha, la presencia cercana y numerosas obras sociales, intentan aliviar el sufrimiento del pueblo.
Muchas parroquias ofrecen consultas médicas y jurídicas gratuitas, distribuyen alimentos a familias necesitadas, acompañan a personas en situación de vulnerabilidad y desarrollan iniciativas de evangelización y formación. «Para muchos brasileños, la Iglesia sigue siendo un auténtico refugio y un lugar de esperanza», afirma.
Otro de los retos que observa es el crecimiento de numerosos grupos protestantes y el avance del secularismo. «Sí, nos afecta la proliferación de los colectivos protestantes. Esto ocurre, en parte, porque seguimos siendo un país religioso y las personas tienen sed de lo sagrado», explica.
Sin embargo, advierte que algunas personas terminan alejándose de la fe católica por falta de una formación sólida, mientras determinados grupos utilizan la Sagrada Escritura con fines proselitistas.
La evangelización juvenil está viva
Pero su ánimo no decae y contempla esta realidad con esperanza: «Muchos jóvenes –en Brasil y en otros países– están impulsando a otros jóvenes a conocer a Cristo mediante retiros, encuentros, grupos de alabanza y experiencias comunitarias. La evangelización juvenil está viva, y eso es un signo de esperanza», declara con entusiasmo.
Además, considera que la relación con las comunidades protestantes no tiene por qué ser conflictiva, pues existe una búsqueda común de Dios y un deseo sincero de vivir la fe. Esa cercanía puede convertirse también en una oportunidad para que muchos descubran la riqueza de la tradición católica.
Porque Lacton lo tiene claro: «para evangelizar hoy, especialmente a los jóvenes, es fundamental mostrar la belleza de la fe, la profundidad de la liturgia, la fuerza de los sacramentos y la alegría de una vida entregada a Cristo. También es necesario utilizar los medios digitales, acompañar procesos personales y ofrecer espacios de encuentro auténtico».
Su estancia en España le ha permitido contemplar la realidad de la Iglesia desde otra perspectiva. Le impresionan especialmente las hermosas procesiones y la profunda devoción mariana que encuentra en numerosas regiones. «España conserva un patrimonio espiritual impresionante, fruto de siglos de fe», afirma con admiración.
Al mismo tiempo, percibe una menor participación en la vida eclesial que la que suele encontrarse en Brasil. Muchas personas reciben los sacramentos de iniciación cristiana y posteriormente se alejan de la práctica religiosa. Por ello, reconoce que ha encontrado una sociedad bastante secularizada, especialmente en algunos ambientes parroquiales donde la participación pastoral es reducida.

Sin embargo, tampoco aquí pierde la esperanza. «Descubro también jóvenes que buscan a Dios, comunidades vivas y parroquias que trabajan con creatividad y entusiasmo. Pero creo que aún hace falta una Iglesia en salida, como nos exhorta el Papa Francisco».
Ser sacerdote es llevar la presencia de Cristo en su vida
Cuando reflexiona sobre el sacerdote del siglo XXI, su respuesta nace de la propia experiencia de quien acaba de iniciar su ministerio. Está convencido de que los sacerdotes «deben llevar la presencia de Cristo mediante el testimonio de vida» mostrarse disponibles para todas las personas y ser hombres profundamente arraigados en la oración «para que el mundo vea que Cristo es la respuesta a todos los problemas».
Para él, el sacerdote está llamado a ser un puente: un puente entre Dios y los hombres, entre la tradición y el mundo contemporáneo, entre la fe y la cultura. Debe saber escuchar, acompañar, discernir, consolar y anunciar con valentía la verdad del Evangelio.
«Para evangelizar, es fundamental conocer los anhelos y deseos de las personas, comprender sus heridas, sus búsquedas y sus miedos. También es necesario utilizar los medios de comunicación social, estar presentes en el mundo digital y promover una mayor participación de los laicos, especialmente de los jóvenes, que tienen un papel esencial en la misión de la Iglesia», concluye Lacton.
Este joven sacerdote está convencido que Cristo continúa llamando, acompañando y transformando corazones.
Marta Santín, periodista especializada en religión.
Tabla de contenidos
Resumen en 5 frases de los discursos del papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro, su primer viaje pastoral.
1. «Quisiera decir una cosa: ¿qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío. Que acá adentro va a haber lío, va a haber. Que acá en Río va a haber lío, va a haber. Pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera… Quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos.». (Encuentro con los jóvenes argentinos).
2. «El futuro exige hoy la tarea de rehabilitar la política, rehabilitar la política, que es una de las formas más altas de la caridad. El futuro nos exige también una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza» (Discurso en el Teatro Municipal de Río).
3. «También hoy el Señor sigue necesitando a los jóvenes para su Iglesia. Queridos jóvenes, el Señor los necesita. También hoy llama a cada uno de ustedes a seguirlo en su Iglesia y a ser misioneros. Queridos jóvenes, el Señor hoy los llama. No al montón. A vos, a vos, a vos, a cada uno. Escuchen en el corazón qué les dice». (Vigilia de oración).
4. «El campo, además de ser lugar de siembra, es lugar de entrenamiento. Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos en su equipo». A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en otros países, el fútbol es pasión nacional. ¿Sí o no? Pues bien, ¿qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor». (Vigilia de oración).
5. «¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor». (Misa de envío).