Purgatorio: ¿qué es y cuál es su origen y significado?

¿Qué es el Purgatorio?

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, pasan después de su muerte por una purificación, para obtener la santidad necesaria y entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados, aunque está segura de su eterna salvación.

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos y de eventuales indulgencias plenarias de las que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado". 2 M 12, 46

El Papa Benedicto XVI, explicaba en 2011 que el purgatorio es un estado temporal que la persona atraviesa tras la muerte mientras expía sus pecados. El purgatorio nunca es eterno, la doctrina de la Iglesia indica que todas las almas, logran acceder al Cielo.

«El purgatorio no es un elemento de las entrañas de la Tierra, no es un fuego exterior, sino interno. Es el fuego que purifica las almas en el camino de la plena unión con Dios", afirmó el Papa». Papa Benedicto XVI en la audiencia pública de los miércoles en 2011.

¿Cuáles son los orígenes del Purgatorio?

El origen etimológico del término purgatorio viene del Latín ”purgatorium”, que puede traducirse como “que purifica” y que deriva, a su vez, del verbo “purgare”, equivalente a limpiar o purificar. Y aunque la palabra Purgatorio no aparezca literalmente en la Biblia, sí aparece su concepto.

Santa Catalina habló del Purgatorio

Este mismo día el Santo Padre, resalto la figura de santa Catalina de Génova (1447-1510), conocida por su visión sobre el purgatorio. La santa no parte del más allá para contar los tormentos del purgatorio e indicar después el camino de la purificación o la conversión, sino que parte de la "experiencia interior del hombre en su camino hacia la eternidad".

Benedicto XVI añadió que el alma se presenta ante Dios aún ligada a los deseos y a la pena que derivan del pecado y que eso le imposibilita gozar de la visión de Dios y que es el amor de Dios por los hombres el que la purifica de las escorias del pecado.

Jesús habló del Purgatorio

En el sermón de la montaña nuestro Jesús les muestra a quien lo escucha, lo que nos espera después de la muerte como consecuencia de sus acciones en vida. Comienza con las bienaventuranzas. Avisa a los fariseos que no entrarán al Reino de los cielos y finalmente menciona las palabras recogidas en el Evangelio de Mateo:

"Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan a la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo". Mateo 5, 25-26.

San Pablo habló del Purgatorio

En su primera carta a los Corintios, san Pablo habla sobre el juicio personal de los que tiene fe en Jesucristo y su doctrina. Son personas que alcanzaron la salvación, pero deben pasar por el fuego para que sus obras sean probadas. Algunas obras serán tan buenas que recibirán inmediata recompensa; en cambio, otros “sufrirán el daño”, pero igual “quedarán salvos”. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios:

"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquel cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego". 1 Corintios 3, 11-15

En el siglo XVIII, por devoción a los difuntos, los vecinos de Santiago de Compostela construyeron la capilla de As Ánimas. Su construcción fue sufragada  por los propios vecinos, con sus limosnas y donaciones. Un templo para aliviar las penas de las ánimas del Purgatorio con planos del arquitecto Miguel Ferro Caaveiro y dirección de obra del maestro de obras Juan López Freire.

"El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El". San Josemaría Escrivá de Balaguer, Surco, 889.

Muchas son las razones para creer en el Purgatorio

Ajo Joy, India, una vocación sacerdotal inspirada por su madre

La vocación sacerdotal de Ajo Joy (India) comienza a los 15 años. Ahora es un joven seminarista de 26 años que estudia cuarto curso de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

Vocación sacerdotal y la perdida de su madre

Su madre falleció de cáncer cuándo él tenía 15 años. Al día siguiente, Ajo entraba en el seminario menor san Rafael de la diócesis de Quilon (Kerala, en la India), dando el primer paso en su vocación sacerdotal: «mi madre era como una maestra y amiga para mí. Estoy convencido de que mi vocación se la debo a ella. Desde el cielo intercede por mí».

Tras su experiencia, manda un mensaje a los jóvenes que pierden a sus padres o familiares a temprana edad: «con cariño y con orgullo les digo que nuestros padres son un regalo de Dios; debemos compartir nuestros deseos y ambiciones con ellos. Cuando pierdas a uno de ellos, no te rompas, reza por ellos. Sé feliz y piensa que te están apoyando y amando de la misma manera que cuando estaban vivos».

La diócesis de Quilon: cuna del cristianismo en la India

Este seminarista de la India descubrió su vocación sacerdotal a una edad muy temprana. A pesar de ser hijo único, sus padres no solo no le pusieron reparos, sino que lo motivaron activamente en su camino. Nacido en el seno de una familia católica perteneciente a la diócesis de Quilon (también conocida como diócesis de Kollam), la primera diócesis católica establecida en la India, a menudo considerada la cuna del cristianismo indio. Fue erigida por el Papa Juan XXII el 9 de agosto de 1329. La diócesis abarca una extensión de 1.950 km² y cuenta con una comunidad de aproximadamente 239.400 fieles católicos.

La convivencia religiosa en Kerala, un modelo de unidad

«En Kerala los católicos viven en una sociedad diversa y multi religiosa. Aunque constituyen una minoría, alrededor del 18 % de la población, Kerala es hogar de dos iglesias: oriental y occidental. La Iglesia occidental incluye el rito siro-malabar y el rito siro-malankar, además de una gran población de rito latino.

En Kerala los católicos han mantenido una relación de respeto y de cooperación con otras religiones, como el hinduismo y el islam, y también mantenemos un respecto con las diversas culturas en el país», explica este joven seminarista.

En tiempos difíciles, comunidades unidas

La capacidad de vivir y de prosperar en una sociedad multi religiosa, es una de las lecciones más valiosas que los católicos europeos podrían aprender de los católicos de la India, en concreto de los de Kerala, que han creado una cultura fuerte de respeto y de cooperación con otras religiones.

Ajo lo expresa así: «La armonía entre las religiones es fundamental. Esto podría mejorar la vida y la práctica de la fe católica en España al fomentar la convivencia y el diálogo entre las religiones. El enfoque en la comunidad es otra lección crucial.

En tiempos difíciles, las comunidades católicas en la India suelen estar muy unidas y apoyándose mutuamente. Los católicos españoles pueden encontrar inspiración en esta solidaridad y sentido de pertenencia». 

Formación sacerdotal en un mundo secularizado

Ajo Joy es uno de los jóvenes seminaristas del siglo XXI que se forma para dar respuestas a los desafíos de un mundo secularizado. Considera que un joven sacerdote de la época actual se enfrenta a un mundo en constante cambio y, por este motivo, es esencial fortalecer su vocación viendo a Dios como un compañero, como un amigo. «La vocación sacerdotal es amistad, y siempre he visto a Dios como un amigo que me ha ayudado mucho en mi vida», nos dice con una gran sonrisa. 

Además, este joven seminarista de la India opina que, además de alimentarse de la oración y de la Eucaristía, la formación de un sacerdote actual también tiene que fortalecer su vocación en la justicia social, trabajando en proyectos comunitarios y abogando por los derechos humanos y la dignidad de todos. «Pero lo esencial es compartir la experiencia de Dios con los demás», concluye Ajo Joy.

Ajo está muy agradecido a todas los benefactores de la Fundación CARF que hacen posible que pueda completar su formación teológica, su objetivo es poder formarse muy bien y volver a su diócesis, en India, para ayudar a futuros sacerdotes, religiosos y religiosas de la India.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

Velas para los difuntos: significado

La tradición de encender velas para los difuntos en la casa es una posible forma de mantener vivo su recuerdo. La luz representa también la unión de los vivos y los difuntos. La Fe es el mejor refugio para quienes tienen que pasar por el proceso de superar el duelo de una pérdida de cualquier tipo y particularidad. Y la vela encendida simboliza a Jesús como Luz del Mundo. Luz de la que queremos participar y ofrecer también a Dios.

Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la luz verdadera” y “Vosotros sois la luz del mundo… Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos", Mt 5,16.

¿Cuándo se deben prender las velas para los difuntos?

En los orígenes de la cristiandad se encendían velas o lámparas de aceite en las tumbas de los santos difuntos, particularmente de los mártires, utilizando el simbolismo de la luz como representación de Jesucristo. “En él estaba la vida; y la vida era la luz de los hombres”, Juan 1,4.

Es por ello que hoy en día acostumbramos a encender velas para los difuntos, poniendo en las manos de Dios la oración que ofrecemos con fe. Simboliza también el deseo de quedarnos allí, con ellos, junto a Dios, orando e intercediendo por nuestras necesidades y por las de todo el mundo, dando gracias, alabando y adorando a Jesús. Porque donde hay Dios ya no puede haber oscuridad.

Existe una dimensión íntima, relacionada con encender velas a nuestros difuntos, algo que concierne a de cada uno y a su diálogo silencioso con Dios. Esta vela encendida se convierte en el símbolo del fuego divino que arde en cada uno de nosotros, que nos convierte en parte integral de esa luz de la que Jesús es símbolo, pero de la cual todos nosotros, como cristianos, somos parte.

«Con la luz de la fe, suplicamos a la Santísima Virgen María que rece con nosotros. Y que interceda ante Dios por nuestras plegarias».

velas para difuntos
Velas para los difuntos

El significado cristiano de encender velas para los difuntos y otras velas

Las velas litúrgicas están vinculadas a la firme creencia de Jesucristo como “luz que ilumina a el mundo”. “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, Juan 8,12.

Encender velas, significa, en este caso, conocimiento de Dios que es guía en la oscuridad y que a través de su Hijo que desciende sobre nosotros, nos abre los ojos y nos hace dignos de su presencia, de su consideración.

Es por ello que, en la Iglesia Católica, además de las velas para los difuntos, las velas se colocan en el altar y cerca del tabernáculo. Son acompañantes de las celebraciones y se usan en casi todos los sacramentos, desde el Bautismo hasta la Extrema Unción, exceptuando el sacramento de la Reconciliación como elementos simbólicos irremplazables.

El cirio pascual

Se enciende durante la Vigilia Pascual, la Santa Misa celebrada el Sábado Santo, después del atardecer y antes del amanecer del Domingo de Pascua, para celebrar la resurrección de Jesús. Luego se deja en el altar durante todo el tiempo de Pascua y se apaga en Pentecostés.

Se enciende como un signo de la luz resucitada de Cristo, que vuelve de entre los muertos para iluminar el camino de sus hijos y ofreciéndose por su salvación.

Vela bautismal

Durante el Bautismo, el sacerdote presenta una vela, que se encendió con el cirio pascual.

La vela blanca en el sacramento del Bautismo es un símbolo que representa la guía en el camino de encuentro con Cristo que a su vez es luz de nuestras vidas y luz del mundo. También simboliza la resurrección de Cristo.

Velas votivas

Proviene del latín votum, que significa promesa, compromiso o simplemente plegaria.

Son las velas similares a la velas para difuntos. Son encendidas por los fieles frente a un altar, un crucifijo, una imagen de la Virgen María o de un santo. Tienen un significado preciso: expresa el deseo de confiar nuestras palabras y nuestros pensamientos. Estas velas encendidas son comunes en la mayoría de las iglesias. Sirven para una ofrenda, una intención en particular y van acompañadas de un tiempo de oración personal.

Vela del Tabernáculo

La luz que ilumina el Tabernáculo, indicando la presencia del Cuerpo de Cristo es fácilmente reconocible para cualquier cristiano que entre en una Iglesia.

Actualmente, en muchos lugares es una lámpara, no una vela, pero aun así es una de las más importantes y preciosas: la llama ardiente que simboliza a Jesús y la fe de aquellos que le aman. Luz inagotable que permanece encendida incluso cuando abandonamos la iglesia.

Velas de Adviento

La corona de Adviento, costumbre europea, comenzó a mediados del siglo XIX, para marcar las semanas que faltan hasta Navidad.

Se compone de una corona de ramas de hoja perenne entrelazadas entre sí, sosteniendo cuatro velas. Cada domingo de Adviento se enciende una vela y se hace una oración acompañada de una lectura de la Biblia y se puede cantar un villancico.

Las velas de altar

Se utilizan durante la Santa Misa desde al menos el siglo XII. Estas velas nos recuerdan a los cristianos perseguidos en los primeros siglos que secretamente celebraron la Misa en la noche o en las catacumbas a la luz de las velas.

También se pueden usar en las procesiones de entrada y finalización de la Misa. Se llevan a donde se lee el Evangelio como una señal de gozo triunfante en la presencia de las palabras de Cristo.

Durante la Vigilia Pascual, cuando el diácono o el sacerdote entra en la iglesia oscura con el cirio pascual, recita o canta Luz de Cristo, a lo que los fieles responden: Demos gracias a Dios. Este canto nos recuerda cómo Jesús llegó a nuestro mundo de pecado y muerte para traernos la luz de Dios.

Encender velas para los difuntos

Esta antigua costumbre de encender velas para los difuntos era ya practicada por los romanos, incluso antes por los etruscos y, aún más atrás, por los egipcios y los griegos, que usaban velas para los difuntos en los ritos funerarios, En la religión cristiana, visitar la tumba de un ser querido, llevarle flores, encender velas para difuntos y detenerse a rezar, es algo reconfortante y consolador.

Porque las velas para los difuntos son centinelas palpitantes, pequeños fragmentos de luz que dibujan el camino hacia la paz para nuestros seres queridos difuntos, por ello es una buena costumbre encender velas para los difuntos y dejarlas en las lápidas para que iluminen la noche de los cementerios. En la luz de las vela para los difuntos que se consume, alimentándose de su propia cera, reconocemos la vida humana que se apaga lentamente.

La ofrenda que dejamos al encender velas para los difuntos, es un sacrificio que acompaña nuestra oración con hechos y hace que nuestra intención de Fe sea tangible. Protección, por lo tanto, y guía, estas son las funciones principales de encender velas para los difuntos luto. Que cada año es costumbre volver a encender, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, y el día 2, de los difuntos o día de los muertos.

Días para encender velas según color

Además de las velas para difuntos, las velas tienen un papel importante en la bendición de cenizas y palmas de Domingo de Ramos. También en los sacramentos, la consagración de iglesias y cementerios y la misa de un sacerdote recién ordenado. Por color y por día, las velas nos pueden ayudar a mejorar y estimular los momentos de oración.

Estas velas que encendamos, pueden ser bendecidas por un sacerdote para ayudarnos a orar por los enfermos y ponernos en manos de Dios.

Velas blancas

En el siglo II, fueron los romanos quienes decidieron que el color oficial del luto fuese el blanco, por lo que las velas para difuntos eras blancas. Un color reconocido por las reinas europeas hasta el siglo XVI. Un luto blanco nos recuerda la palidez de la muerte y lo frágiles que somos ante ella, reafirmando la pureza de nuestra alma.

Para simbolizar el tiempo de especial espera y preparación, por ejemplo, podemos encender las velas blancas de la corona de Adviento, durante la cena de Navidad. Mientras podemos realizar oración en familia pidiendo que el Niño Jesús nazca en el corazón de cada uno de sus integrantes.

Es blanca también, la vela pascual. Quizás la más reconocible por su tamaño y apariencia, ya que puede medir más de un metro de alto y tiene diseños coloridos.

Velas rojas

En el Antiguo Egipto, el color rojo se consideraba símbolo de la ira y del fuego. También se asociaba con el desierto, lugar que guarda relación con la muerte. En la Antigua Roma, se asociaba con el color de la sangre derramada e iba unido, tanto con el luto, como con la muerte.

Por ejemplo, encender las velas rojas, rosas o burdeos en la corona de adviento representan nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve. Corresponden al tercer domingo de Adviento, y su significado es de alegría y gozo, porque ya está cerca el nacimiento de Jesús.

Velas negras

Los Reyes Católicos dictaron, en el 1502, que el negro fuera el color oficial del luto. Todo esto queda recogido en la “Pragmática de Luto y Cera”, un protocolo escrito sobre cómo se debía llevar el luto en aquella época.

¿Qué celebramos el Día de Todos los Santos?

El 1 de noviembre los cristianos celebramos el Día de Todos los Santos. En este día la Iglesia recuerda a todos aquellos difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

Día de Todos los Santos, solemnidad cristiana

El Día de Todos los Santos, 1 de noviembre, miramos hacia el cielo. Es el día en el que se homenajea a todos los santos, conocidos y desconocidos. A los que están en los altares y a tantos y tantos cristianos que después de una vida según el evangelio participan de la felicidad eterna del cielo. Son nuestros intercesores y nuestros modelos de vida cristiana.

«La santidad es el rostro más bello de la Iglesia» escribe el papa Francisco en «Gaudete et exsultate», su exhortación apostólica sobre la llamada a la santidad en el mundo actual (marzo 2018).

El Papa nos recuerda que esta llamada va dirigida a cada uno de nosotros. El Señor se dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1P 1,16). 

El 1 de noviembre recordamos a cada uno de los que dijeron sí a esta llamada. Por eso el día de todos los santos no se festeja solo en honor a los beatos o santos que están en la lista de los canonizados y por los que la Iglesia celebra en un día especial del año; se celebra también en honor a todos los que no están canonizados, pero viven ya en la presencia de Dios. Estas almas ya se consideran santas porque están bajo la presencia de Dios.

Día de todos los santos
Todos los Santos, pintado por Fra Angélico. Pintor italiano que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.

Historia del Día de Todos los Santos

Esta celebración tuvo sus orígenes en el siglo IV debido a la gran cantidad de mártires de la iglesia. Más adelante el 13 de mayo del año 610 el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón romano al culto cristiano. Es así que se les empieza a festejar en esta fecha. Posteriormente el Papa Gregorio IV, en el siglo VII, trasladó la fiesta al 1 de noviembre.

Los santos canonizados oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, que ya están gozando de Dios en el cielo. A estos, a los santos no canonizados está especialmente dedicada esta fiesta. La iglesia busca reconocer la labor de los santos desconocidos que arriesgaron su vida por la justicia y la libertad de forma anónima.

Diferencia entre el Día de Todos los Santos y de Fieles Difuntos

El Papa Francisco explicaba de una forma muy clara la diferencia entre el Día de Todos los Santos y el Día de los fieles Difuntos:

«El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos. El 2 de noviembre la conmemoración de los Fieles Difuntos. Estas dos celebraciones están íntimamente unidas entre sí, como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza.

En efecto, por una parte la Iglesia, peregrina en la historia, se alegra por la intercesión de los santos y los beatos que la sostienen en la misión de anunciar el Evangelio; por otra, ella, como Jesús, comparte el llanto de quien sufre la separación de sus seres queridos, y como Él y gracias a Él, hace resonar su acción de gracias al Padre que nos ha liberado del dominio del pecado y de la muerte»

«Hay muchos cristianos maravillosamente santos, hay muchas madres de familia maravillosamente, encantadoramente santas; hay muchos padres de familia estupendos. Ocuparán en el cielo lugares de maravilla». San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Día de Todos los Santos

El 1 de noviembre la iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos. Fiesta instituida en honor a todos y cada uno de los santos, conocidos o desconocidos, por su gran labor de difundir el mensaje de Dios. Muchas personas asisten hoy a una Misa especial en su honor.

Este día de la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos pide una mirada al cielo, que es nuestra futura patria. Se recuerda a todos aquellos que ya están ante la presencia de Dios y que no son recordados como los santos canonizados. Y es que hay millones que ya han llegado a la presencia de Dios. Muy seguro una mayoría no llegaron de forma directa, quizá pasaron por el purgatorio, pero al final lograron estar ante la presencia de Dios.

Como comentario de la Solemnidad de Todos los Santos. "Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos". Nacimos para no morir nunca más, ¡nacimos para disfrutar de la felicidad de Dios! El Señor nos anima y quiere que tomemos el camino de las Bienaventuranzas para ser felices.

Día de los Fieles Difuntos

El 2 de noviembre es el Día de los Fieles Difuntos. Aunque pareciera que es la misma, dista mucho de serla. Primero hay que tener presente que la celebración de los muertos viene a ser una tradición cultural donde se recuerda a los que ya murieron, y se dedican altares donde colocan fotos, flores y la comida que tanto gustaba en vida la persona recordada. Esta tradición según los historiadores se da principalmente en México 1.800 años antes de Cristo.

Este día la Iglesia nos invita a rezar por todos aquellos que ya murieron pero que muy posiblemente no han alcanzado el gozo eterno. Quizá estén en el purgatorio y necesitan de nuestras oraciones, por eso hay que recordarlos en la Santa Misa de difuntos  y rezar en todo momento por su eterno descanso.

Tú puedes ser santo

Todos los bautizados están llamados a seguir a Jesucristo, a vivir y a dar a conocer el Evangelio. 

La finalidad del Opus Dei es contribuir a esa misión evangelizadora de la Iglesia Católica, promoviendo entre fieles cristianos de toda condición una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia y especialmente a través de la santificación del trabajo.


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Jesús Eduardo, seminarista: «los sacerdotes del siglo XXI no debemos tener miedo a las tribulaciones»

«En mi adolescencia y primeros años de juventud, muchas personas me invitaban a participar en algún grupo juvenil o de adoración, y mi respuesta siempre era la misma: muchas gracias, pero no. En esos momentos de mi vida no veía todo lo bueno que Dios me ofrecía».

La nueva evangelización en México

Ahora con 33 años es seminarista, de la diócesis de Tabasco (México), y estudia en la Universidad de Navarra y reside y se forma en el Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Es consciente de que es necesaria una buena formación para poder evangelizar en una sociedad post moderna del siglo XXI, y sobre todo en México, un país de fuertes raíces católicas donde el protestantismo también está copando espacios.

«Unas de las principales necesidades de evangelización, no solo de mi diócesis sino de todo el país, es cómo evangelizar ante los múltiples grupos protestantes que van creciendo». 

Según su experiencia, es necesario empezar por las familias, catequizando y dando a conocer la belleza de la palabra de Dios. «Para conseguir esto, las parroquias deben fomentar más el espíritu misionero en las propias comunidades (que es algo que se realiza) pero se debe impulsar mucho más, y así, junto con la participación de toda la comunidad, acercar a Dios a aquellos que aún no lo conocen o que incluso se han alejado».

celebración por los 500 años de evangelización en México. seminarista y sacerdotes

Las familias católicas, cuna de vocaciones

Ante la proliferación de grupos protestantes o anticlericales, este seminarista está convencido del poder que desprende el que cada católico sea testigo de la fe católica, y como sugiere, empezando por las familias.

«Las familias son las iglesias domesticas en donde se inicia el cultivo de la fe, así como también aquellos valores, virtudes, enseñanzas y costumbres que poco a poco moldearán el carácter y personalidad de cada uno de sus integrantes».

Jesús está convencido de que, si en cada familia se vive la fe católica, su testimonio dará respuesta a aquellos grupos anticlericales que buscan atacar a la Iglesia. «No se trata de una guerra entre la fe católica y sectas protestantes, pero como católicos tenemos una gran responsabilidad, e iluminados por la luz de la fe, debemos adquirir la mejor preparación para enfrentarnos a los nuevos desafíos de esta época».

El ejemplo de su familia

Este seminarista, que quiere ser sacerdote, transmite su propia experiencia de lo que aprendió en su familia. Es el pequeño de tres hermanos y ha crecido con el apoyo de su familia, un factor fundamental para ser la persona que ahora es, siempre de la mano de Dios en cada proyecto de su vida.

«Los buenos momentos de mi infancia están llenos de la unión entre hermanos, jugando, divirtiéndonos, protegiéndonos los unos a los otros. Algo bueno de mi infancia es que desde pequeño he sido una persona constante en mis estudios, lo cual siempre me inculcaron mis padres, algo que me ha caracterizado toda mi vida».

Un momento decisivo: el seminario

También recuerda que la adolescencia fue una de las mejores etapas de su vida por el hecho de que empezó a crecer y madurar en su personalidad. «Lo bueno de mi adolescencia es que fui definiendo mi forma de ser, sabía distinguir lo bueno de lo malo y sobre todo la confianza que mis padres tenían en mí y mis hermanos. Agradezco a mis padres que siempre me dieron una educación basada en valores, creando en mis hermanos y en mí, el sentido de la responsabilidad, dedicación y esfuerzo en todas nuestras actividades» comenta este seminarista.

Sus padres le apoyaron en el momento más importante de su vida: el ingreso en el seminario con treinta años, después de cursar una carrera profesional y tener un trabajo estable, confiando siempre en la voluntad de Dios, «llamándome a ir más allá de mis capacidades para devolver a Dios, de manera generosa, todo aquello que Él me había dado a lo largo de mi vida».

BIDASOA. JESUS EDUARDO FLORES seminarista

Evangelizar la juventud mexicana

El sueño de este seminarista es evangelizar a los jóvenes de México. «Hay algo que me llama mucho la atención y es que la juventud en México, a pesar de los cambios que se han producido en los últimos años, es una juventud que tiene voz y se hace escuchar, es una juventud en donde se ve claramente que cuando hay unión y todos conectan hacia un mismo interés logran alcanzar las metas que se proponen, es una juventud en donde hay mucha esperanza sobre todo en estos tiempos de modernidad”.

En su opinión, lo que se necesita para que los jóvenes se acerquen a la fe católica es darles y permitirles más participación en las parroquias, no excluirlos de los servicios litúrgicos porque es de gran importancia hacerles sentir parte de la iglesia, integrándolos en las actividades para generar en ellos actitudes de amor y responsabilidad no solo al servicio que estén prestando, sino a Dios.

«No obstante, las familias son fundamentales para lograr esto, ya que es ahí en donde se fomenta el amor a Dios, así como a la Iglesia», insiste Jesús.

El seminarista del siglo XXI

¿Cómo tiene que ser el seminarista y el sacerdote del siglo XXI para Jesús Eduardo? «En mi opinión debe tener un gran amor y entrega a lo que le ha llamado Dios; tener un sentido de compromiso y responsabilidad en donde quiera que esté; tener una solidez en todas sus áreas de formación, lo cual le permitirá enfrentarse a los retos que nuestra Iglesia tiene y tendrá en el futuro». 

Además, considera necesario que los seminaristas y sacerdotes actuales mantengan una formación permanente constante para así poder dar respuesta ante aquellas necesidades e inquietudes del pueblo de Dios ya que estamos ante futuras generaciones que se están preparando muy bien.

Perder el miedo y confiar en Dios

«Un seminarista del siglo XXI no debe apagar la llama de su vocación ante lo que el mundo puede ofrecer, lo cual podría desviarlo de aquello para lo que fue llamado. Debe tener siempre presente el motivo por el que decidió seguir a Dios y no tener miedo ante las tribulaciones que puedan experimentar».

Jesús Eduardo Flores concluye: «responder a la llamada de Dios es y será una de las grandes experiencias más enriquecedoras que marcarán la vida de un seminarista, que jamás olvidará todo su esfuerzo realizado a lo largo de su formación y se verá reflejado en el servicio a la Iglesia y a todo el pueblo de Dios como sacerdote» 

Para terminar, Jesús está muy agradecido a todos los benefactores de la Fundación CARF que hacen posible sus estudios en Pamplona. «Gracias a los benefactores por su generosidad y por sus oraciones, porque ayudando a seminaristas como yo, ayudan a muchas comunidades cristianas de todo el mundo. Les tengo presentes en mis oraciones».


Marta Santín, periodista especializada en religión.

¡Halloween! ¿Brujas? Algo mucho mejor

En el Día de Todos los Santos nos alegramos y tratamos a los que murieron en gracia de Dios y ya están en el cielo. El Día de Todos los Difuntos rezamos por los que todavía están en el purgatorio, para que, purificados cuanto antes, gocen de la gloria celestial. Y en Halloween no celebramos nada.

Halloween, celebraciones para reflexionar

Ambas celebraciones nos invita a pensar en el misterio de la muerte que Jesús mismo quiso asumir para que nosotros pudiéramos vencerla.

Además nos debe hacer reflexionar en el destino final de nuestras vidas: lograr la felicidad definitiva para la que nos has hecho (cielo), el fracaso real del infierno, o la 'repesca' del purgatorio una vez debidamente purificados. Ahí no caben brujas ni celebraciones consumistas como Halloween que vienen importadas de los Estados Unidos. Celebramos la vida, no la muerte.

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La Comunión de los Santos

Y, en el fondo de esta celebración, está la fe en la comunión de los santos que confesamos al final del Credo.

«Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros… Es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza…

Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia» (Santo Tomás, symb. 10) (Catecismo, 947).

Nunca estamos solos, Jesucristo y todos nuestros hermanos en la fe nos acompañan y apoyan.

En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, la fracción del pan y las oraciones (Hch 2, 42).

Comunión en la fe: La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte (Catecismo, 949).

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que compartían todas las cosas (Hch 4,32).

Pintura de Caravaggio que representa a Santo Tomás metiendo su dedo en la herida de Cristo, rodeado por otros apóstoles.
La incredulidad de Santo Tomás" (c. 1601-1602) de Caravaggio, una obra maestra que captura el momento bíblico de la duda.

Caridad en el cuerpo místico de Cristo

Comunión de la caridad: En la “comunión de los santos” ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo (Rm 14, 7).

Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte (1Co 12,26-27).

El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos.

"Existe una comunión de vida entre nosotros los que creemos en Cristo y nos hemos incorporado a Él por el Bautismo. La relación entre Jesús y el Padre es el modelo de este fuego de amor.

Y la “comunión de los santos” es una gran familia. Todos nosotros somos familia, una familia donde todos procuramos ayudarnos y sostenernos entre nosotros". Catequesis del papa Francisco.

Intercesión de los santos

Contemos también con la intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre.

Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (Vaticano II, Lumen gentium 49).

Algunos santos, cercano el momento de su muerte, eran conscientes del gran bien que podían seguir haciendo desde el Cielo: “No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida" (Santo Domingo de Guzmán, moribundo, a sus hermanos, cf. Jordán de Sajonia, lib 43).

“Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra” (Santa Teresa del Niño Jesús, verba) (cf. Catecismo 956).

Invoquemos en especial a María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. Que ella, la toda santa, nos haga fieles discípulos de su hijo Jesucristo, y que se lleve cuanto antes al Cielo a los difuntos que estén en el purgatorio. Amén.

¿Dónde cabe una celebración de muerte y no de vida, de brujas? Sin duda en nuestras vidas, poco sentido tiene Halloween, o como quieran llamarlo en cada latitud. Nosotros somos de santos y de rezar por nuestros difuntos.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra.
Facultad de Teología. Profesor de Sagrada Escritura.