La Virgen de Fátima: 13 de mayo, luz de esperanza para el mundo

La Virgen de Fátima es una de las advocaciones marianas más conocidas y veneradas dentro de la Iglesia Católica. Su historia comienza en un pequeño pueblo de Portugal y se ha extendido por todo el mundo como un mensaje de esperanza, conversión y paz. Esta devoción mariana ha tocado los corazones de millones de fieles que ven en ella una manifestación del amor materno de María por la humanidad y una llamada urgente a la conversión.

Pastores de Fátima

El origen de la advocación de Fátima

Todo comenzó en 1917, en la aldea de Cova da Iría, cerca del pueblo de Fátima, en el centro de Portugal. En ese año, tres pequeños pastores –Lucía dos Santos, de 10 años, y sus primos Francisco y Jacinta Marto, de 9 y 7 años respectivamente– afirmaron haber visto a una «Señora más brillante que el sol» durante una de sus jornadas de pastoreo. Esta visión tuvo lugar el 13 de mayo y fue la primera de una serie de seis apariciones que se repitieron el día 13 de cada mes hasta octubre de ese mismo año.

Los niños describieron a la Virgen de Fátima como una mujer vestida de blanco, con un rosario en las manos y un semblante lleno de dulzura y serenidad. A pesar del escepticismo inicial de muchos, las multitudes comenzaron a acudir al lugar de las apariciones conforme los rumores se difundían. La última aparición, el 13 de octubre de 1917, fue acompañada por lo que se conoce como el «milagro del sol», presenciado por decenas de miles de personas, creyentes y no creyentes. Muchos testigos relataron haber visto el sol bailar, girar sobre sí mismo y emitir colores extraordinarios, antes de parecer precipitarse a la Tierra y luego volver a su lugar en el cielo.

Una advocación mariana con profundo mensaje

La Virgen de Fátima no solo se apareció a los tres niños como un gesto extraordinario, sino que vino con un mensaje muy concreto. Su aparición se dio en un contexto histórico especialmente convulso: Europa estaba sumida en la Primera Guerra Mundial y, en Rusia, se gestaba la revolución comunista. En este marco, María trajo palabras que, si bien son profundamente espirituales, tienen implicaciones concretas para la historia y la vida de los pueblos.

En las apariciones, la Virgen de Fátima habló principalmente de tres temas clave: la conversión del corazón, la penitencia por los pecados y la oración –especialmente del Santo Rosario– como medio para alcanzar la paz.

Virgen de Fátima

Los tres secretos de la Virgen de Fátima

Uno de los aspectos más conocidos y debatidos de las apariciones de la Virgen de Fátima son los llamados tres secretos. Estos fueron revelaciones que la Virgen confió a los pastorcitos, y que con el tiempo serían divulgadas, cada una en su momento.

Primer secreto: la visión del infierno

En la aparición del 13 de julio, los niños recibieron una impactante visión del infierno. Lucía lo describió como un gran mar de fuego, donde había almas en sufrimiento acompañadas de demonios horribles. Esta visión no fue dada para sembrar miedo, sino para mostrar la seriedad del pecado y la necesidad urgente de oración y penitencia por la salvación de las almas.

Segundo secreto: la devoción al Inmaculado Corazón y la conversión de Rusia

En esa misma aparición, la Virgen profetizó la próxima guerra mundial (si el mundo no se convertía) y habló de la necesidad de consagrar Rusia a su Inmaculado Corazón. Dijo que si esto se hacía, Rusia se convertiría y habría paz; de lo contrario, esparciría sus errores por el mundo. Este mensaje fue interpretado por muchos como una alusión directa al comunismo ateo que se extendería tras la Revolución Rusa.

Tercer secreto: el martirio y la persecución de la Iglesia

El tercer secreto fue mantenido en reserva por muchos años y solo fue revelado públicamente por el Vaticano en el año 2000. Contenía una visión simbólica de un «obispo vestido de blanco» que camina entre ruinas y cuerpos de mártires, y que finalmente cae muerto por disparos. Esta imagen fue interpretada como una representación de las persecuciones que ha sufrido la Iglesia en el siglo XX, y en particular se ha relacionado con el atentado contra san Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981, aniversario de la primera aparición.

La Virgen de Fátima y la llamada a la oración

Uno de los elementos más repetidos en los mensajes de la Virgen de Fátima fue la oración del Santo Rosario. María insistió en que se rezara el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra. Esta insistencia subraya la importancia que la Iglesia otorga a esta oración como arma espiritual poderosa.

También pidió que se ofrecieran sacrificios por la conversión de los pecadores y que se viviera una vida de penitencia. Esto no implica necesariamente grandes sufrimientos, sino la vivencia diaria de las dificultades con espíritu de amor y entrega.

La dimensión eclesial y profética de Fátima

El mensaje de Fátima no se limita a una experiencia personal de los tres pastorcitos, sino que tiene una dimensión profética y eclesial. El Papa Benedicto XVI, durante su visita a Fátima en 2010, dijo que «se engañaría quien pensase que la misión profética de Fátima ha concluido». La Virgen de Fátima sigue interpelando al mundo de hoy, invitándonos a un cambio de vida, a un corazón más humilde, orante y abierto a Dios.

Además, la devoción a la Virgen de Fátima ha sido especialmente abrazada por los Papas del siglo XX y XXI. San Juan Pablo II, que atribuía su salvación del atentado del 13 de mayo de 1981 a la protección de la Virgen de Fátima, visitó el santuario en varias ocasiones y consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María. También Benedicto XVI y el papa Francisco han demostrado una profunda devoción a esta advocación.

Santuario de la Virgen de Fátima
Santuario de la Virgen de Fátima, Portugal.

Un mensaje actual

Más de un siglo después de las apariciones, el mensaje de Fátima sigue siendo profundamente actual. En un mundo marcado por la violencia, el materialismo y el relativismo, la Virgen sigue pidiendo lo mismo: oración, conversión y reparación. Fátima no es un mensaje de condena, sino de esperanza: la esperanza de que, con la ayuda de Dios y la intercesión de María, el corazón humano puede transformarse, la historia puede cambiar y el bien puede triunfar sobre el mal.

«Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará», prometió la Virgen de Fátima. Esta frase resuena como una luz que guía a los creyentes en medio de la oscuridad del mundo. Confiar en ella es caminar con esperanza hacia el Reino de Dios.

Papa León XIV: bienvenido Santo Padre

A sus 69 años, Robert Francis Prevost, eligió el nombre de León XIV. El Papa León XIV, y todavía actual prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, es el primer estadounidense y el primer agustino en convertirse en Sumo Pontífice en la historia de la institución.

Biografía del Papa León XIV

El Papa León XIV, nacido como Robert Francis Prevost el 14 de septiembre de 1955 en Chicago (Illinois, Estados Unidos), es el 267.º pontífice de la Iglesia Católica. Miembro de la Orden de San Agustín (O.S.A.), ingresó al noviciado en 1977 y realizó sus votos solemnes en 1981. Estudió teología en la Catholic Theological Union de Chicago y posteriormente se especializó en derecho canónico en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino en Roma.

En 1985, fue enviado como misionero a Perú, donde desempeñó diversas funciones pastorales y académicas. Fue obispo de Chiclayo desde 2015 y en 2023, el Papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Ese mismo año, fue creado cardenal con la diaconía de Santa Mónica.

El 8 de mayo de 2025, fue elegido Papa, adoptando el nombre de León XIV. Su elección marca un hito al ser el primer pontífice estadounidense y agustino en la historia de la Iglesia. Su trayectoria destaca por su compromiso con la pastoral misionera, la formación académica y la administración eclesiástica tanto en América Latina como en el Vaticano.

Puedes leer su biografía completa en el sitio oficial del Opus Dei: Biografía del Papa León XIV.

8 de mayo de 2025, nombramiento del Papa León XIV

A las 19:13 horas, del 8 de mayo de 2025, 65 minutos después de la fumata blanca miles de fieles y peregrinos vieron abrirse las cortinas del balcón central de la Basílica vaticana. El cardenal protodiácono, Dominique Mamberti, apareció ante la multitud y con voz solemne pronunció las históricas palabras: «Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam…», seguidas del nombre del nuevo Pontífice: el cardenal Prevost, quien ha tomado el nombre de León XIV.

La plaza estalló en júbilo. Cientos de campanas repicaron en toda Roma mientras banderas ondeaban y muchos fieles se abrazaban emocionados. Entre gritos de «¡Viva el Papa!» y el canto del Tu es Petrus, el nuevo sucesor de Pedro apareció por primera vez ante el mundo. Vestido de blanco y con gesto sereno, saludó a la multitud con una bendición apostólica, agradeciendo la confianza de sus hermanos cardenales y pidiendo oraciones para su misión.

Se inicia así una nueva etapa para la Iglesia católica, marcada por la esperanza y la expectativa. En las próximas horas el Papa León XIV se dirigirá nuevamente a los fieles y comenzará su pontificado formalmente con una misa de inicio en los próximos días.

Robert Francis Prevost
Don Robert Francis Prevost, durante una homilia.

Mensaje del Prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz

El 8 de mayo de 2025, Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, emitió un mensaje con motivo de la elección del Papa León XIV. Expresó su alegría y gratitud por la designación del nuevo vicario de Cristo, instando a la comunidad a unirse en oración por él y por la misión que emprende al frente de la Iglesia.

En su mensaje, Mons. Ocáriz destacó la importancia de la unidad de corazones y oraciones en momentos como este, subrayando la fe de la Iglesia que resplandece con particular esplendor. Recordó las palabras de san Josemaría Escrivá en Forja, donde se exhorta a amar, venerar, rezar y mortificarse por el Romano Pontífice, considerado la piedra basilar de la Iglesia.

El prelado enfatizó que el Papa León XIV, como sucesor de Pedro, continúa la labor de santificación y gobierno que Jesús confió a su primer apóstol. Animó a los fieles a renovar su compromiso de oración y apoyo al Santo Padre, reconociendo la responsabilidad y el servicio que implica su nuevo ministerio.

Finalmente, Mons. Ocáriz invitó a todos a vivir este acontecimiento con fe y esperanza, viendo en la elección del nuevo Papa una oportunidad para fortalecer la comunión eclesial y el compromiso con la misión evangelizadora de la Iglesia.

Puedes leer el mensaje completo en el sitio oficial del Opus Dei: Mensaje del Prelado con motivo de la elección del Papa León XIV.

Formación sacerdotal para un seminarista

Franklin recibe formación sacerdotal en nuestro país, en el seminario internacional Bidasoa, gracias a las ayudas que los benefactores de la Fundación CARF aportan con tanta generosidad. Se encuentra en Pamplona estudiando Teología y tiene muy clara su vocación.

Para ser buen sacerdote se necesita una buena formación sacerdotal

Antes de su encuentro con el Señor y de descubrir su vocación sacerdotal, pensaba que la felicidad pasaba por tener un balón en los pies, como tantos jóvenes en su país. Sus padre, Vicente, no era muy religioso. Su madre algo más y le enseño lo básico de la fe desde pequeño, aunque la Iglesia no le atraía nada. Pero una Misa lo cambió todo. Pudo escuchar a Dios hablando con él.

Entonces, empezó a tomarse en serio la vida cristiana. Empezó a ir a Misa más a menudo. Ingresó en un curso de Crisma, recibió el sacramento de la Confirmación y comenzó a ayudar en la parroquia como catequista y predicador en un grupo de oración.

Jeusús se convirtió en el pilar de su existencia cristiana, donde su deseo de recibir una formación sólida y profunda se consolidó como un elemento esencial de su vida, motivando su búsqueda de una formación continua y significativa. Este viaje fue fundamental para su desarrollo personal y espiritual, convirtiéndose en un proceso transformador que definió su trayectoria de fe.

Todo este proceso avivó su deseo de dar a conocer a Jesucristo a otros, mientras alimentaba su vocación sacerdotal sin ser muy consciente. Reconoce que formarse bien es esencial para el crecimiento espiritual y la madurez en la fe, así como un recurso invaluable para la formación integral de las nuevas generaciones. Su experiencia demuestra que estudiar y formarse no solo transforma vidas, sino que también fortalece la comunidad en su conjunto.

Sacerdote Franklin Cavalcante con su familia

Descubriendo la vocación: «Cristo es lo que me hace feliz»

Poco a poco descubrió que Jesucristo era quien daba plenitud a su vida y quien le hacía verdaderamente feliz. Hasta entonces nunca se había planteado su vocación sacerdotal, pero el trabajo pastoral en la parroquia le hizo percibir que el pueblo necesitaba pastores.

«Tuve una profunda conversación con mi párroco e inicié el camino vocacional. Después de dos años participando en encuentros vocacionales, discerní mi vocación sacerdotal y mi camino hacia la felicidad. Dar a conocer a Jesucristo y hacer que los hombres sean amigos de Dios, es la misión que espero realizar durante toda mi vida».

El seminario internacional Bidasoa, una bendición

Después de realizar los estudios de filosofía en la Universidad Pontificia de Río de Janeiro, su obispo le envío a terminar de formarse al seminario internacional Bidasoa y en las Facultades de estudios eclesiásticos de la Universidad de Navarra. Allí ha tenido la posibilidad de experimentar la riqueza de la Iglesia Universal, conviviendo con seminaristas de distintos países. «Es como vivir un nuevo pentecostés».

Para Franklyn, Bidasoa es una bendición para la formacion teologica del sacerdote. Recibe una formación muy buena que le permite crecer en la amistad con Cristo y madurar su vocación.

Formación sacerdotal

Ser sacerdote y fomentar la vocación entre los jóvenes

Como decía el Papa Francisco, nos ha tocado vivir un «cambio de época». Muchos jóvenes están alejados de Dios y de la Iglesia. «Si queremos fomentar las vocaciones sacerdotales», dice Franklyn, es imprescindible que el pueblo rece para que el Señor de la mies envíe operarios. Los sacerdotes tienen que testimoniar la belleza de la vocación sacerdotal. Un sacerdote del siglo XXI debe ser ante todo un amigo de Cristo, que testimonia con su vida el amor por la Iglesia y por las almas».

Secularización y evangelización

En Brasil, la secularización y la irrupción del protestantismo amenazan la vida de la Iglesia Católica. «Hoy más que nunca la Iglesia tiene la obligación de anunciar la buena nueva de Jesucristo, de promover el encuentro de los jóvenes con la Persona de Jesús, para que ellos descubran en Él el camino seguro para la felicidad». Frente a secularización, Franklyn propone vivir la fe como testigos del Resucitado y frente al protestantismo, presentar la verdad de la fe.

«Las necesidades apostólicas más importantes de Río de Janeiro son: la conversión personal de cada cristiano y, a partir de ahí, promover una evangelización que presente toda la riqueza y verdad que Jesucristo confió a la Iglesia Católica».


Marta Santín, Periodista especializada en información religiosa.

El sacerdote, psicología de una vocación

Un libro que plantea muchas preguntas sobre la felicidad y sobre la vocación del sacerdote. ¿Sigue siendo atractiva la figura del sacerdote católico? ¿Puede ser feliz una persona que renuncia al matrimonio? ¿Cuándo desaconsejar el sacerdocio u otros caminos específicos de entrega cristiana? Estas y otras preguntas encuentran útiles respuestas, salpicadas de vivencias reales y experiencia pastoral.

sacerdote y felicidad

El libro muestra el mundo interior de quien responde a la llamada de Dios

El autor de Madurez psicológica y espiritual aborda el luminoso panorama de la vocación cristiana, a partir del sacerdocio. La identidad y misión del sacerdote, como de otras vocaciones dentro de la Iglesia, se comprenden con la luz de Jesucristo, que vino a la tierra para servir y no ser servido.

El sacerdote –se explica en el libro– ha de ver lo sagrado en los demás, confirmándolos en su valor; y, al mismo tiempo, traer lo divino, lo sagrado, a cada persona. Esta es la misión que lo caracteriza y de la cual proviene su dignidad y gran responsabilidad ante Dios, ante cada persona y ante la sociedad entera.

Se introduce en las dinámicas psicológicas, en sus conflictos y desafíos, en sus fuentes de paz y de armonía. Ser sacerdote implica dar luz, dar consuelo y esperanza, en la medida en que se esfuerza por identificarse con Jesucristo, Dios hecho hombre.

Muchas de las ideas expuestas se aplican a otras formas de vocación dentro de la Iglesia, en especial si asumen el don del celibato.

«La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a otros».
Documento de Aparecida, 2007, cit. en papa Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 24 de noviembre 2013, n. 10.

Jesús

Jesucristo es el modelo común para la felicidad

En el primer capítulo se expone el proceso de madurez, subrayando la libertad y los momentos de crisis a lo largo del desarrollo. Se definen las notas de una personalidad madura, para acoger y hacer fructificar el don gratuito de una llamada divina.

Cómo discernir esa llamada, con los tipos de vocación, el examen de las aptitudes y de la intención de la persona son el tema del segundo capítulo. Se menciona también cuándo es necesario recurrir a los psicólogos, siguiendo las orientaciones de la Ratio para la formación de los sacerdotes, de la Congregación del Clero: El don de la vocación presbiteral, de 2016.

Sacerdote
Wencesleao Vial, autos del libro. Foto vía Zenit.

Armonía de la vida cotidiana

El tercer capítulo lleva por título Armonía de la vida cotidiana. Aquí se distinguen y explican los conceptos de soledad buena y soledad perjudicial. Se profundiza en la importancia psicológica de la oración, y la necesidad de un sano equilibrio entre actividad y descanso. Los hábitos y aficiones saludables forman un apartado especial, que muestra en su desarrolló la unidad de las tres dimensiones humanas: física, psíquica y espiritual.

Una dimensión de particular fuerza en la persona es la sexualidad. El cuarto capítulo explica cómo puede ser una fuente de alegría o de tormento, dependiendo de si está integrada o no, de si vive humanamente o no.

Se aborda el tema del amor humano, cuya comprensión es la base para entender el amor divino y la donación. Se tocan los obstáculos psicológicos y conductuales, en particular la pornografía y la actividad homosexual, que dificultan un avance sereno en la vocación; y se termina con algunas notas de la paternidad espiritual y la defensa de un carisma: el celibato.

agotamiento o burnout

El agotamiento del sacerdote

En el quinto capítulo se analiza un fenómeno frecuente entre muchas profesiones de servicio o de las que dependen otras personas: el agotamiento o burnout, con referencia a la práctica pastoral. Aparecen las formas de presentación, las personas de riesgo y cómo afrontarlo y prevenirlo. Todo con la intención de comprender mejor este cuadro, similar a la depresión, que hace sufrir a muchas personas de distintos ambientes, también sacerdotes y personas entregadas en apostolados de la Iglesia.

El último capítulo presenta una serie de actitudes de prevención de la sintomatología psíquica. Se trata del mindfulness o conciencia focalizada en lo importante, y su relación con la meditación cristiana y la presencia de Dios. La autotrascendencia como característica esencial del ser humano se pone en relación con la misión apostólica y los desafíos pastorales.

Se termina con una referencia a la Juventud y fuerza del espíritu, capaz de sobreponerse a muchas dificultades y guiar por caminos de paz y de alegría. Al final se incluye una lista de libros recomendados y de páginas web útiles.

Donde comprarlo y en qué idiomas se puede obtener

El libro El sacerdote, psicología de una vocación se encuentra publicado también en italiano (Il sacerdote, psicologia di una vocazione, Edusc 2021) y en Portugués (A Psicologia de uma Vocaçao, Quadrante 2021).

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La vocación religiosa de Riccardo

Riccardo Dimida nos cuenta como encontró su vocación religiosa de sacerdote a través de la gracia de Dios actuando en él mediante pequeños gestos.

Pertenece al Instituto de los Siervos del Corazón Inmaculado de María, una comunidad religiosa –o asociación de fieles– que centra su espiritualidad en el amor y la reparación al Corazón Inmaculado de María, en profunda comunión con el Corazón de Jesús. Aunque existen varias comunidades con nombres similares en distintos países, todas comparten elementos comunes en su identidad y carisma.

Actualmente, todos los jóvenes de esta comunidad se forman en Roma, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC), gracias a las ayudas financiadas por la Fundación CARF.

Riccardo nació el 18 de septiembre de 1985 en Volterra, una ciudad antigua de origen etrusco situada en la región de Toscana, Italia. Actualmente cursa el segundo año de Filosofía, antes de comenzar, el próximo año, el bachillerato en Teología. Nos cuenta su historia a través de su testimonio.

Riccardo Dimida haciendo deporte

De una infancia serena al descubrimiento de una vocación religiosa

«Nací en una familia católica que me brindó una educación sana y un ejemplo admirable. Mis padres siempre han sido personas moralmente intachables, y me impulsaron a recibir una formación católica. Crecí en un pequeño pueblo de la Toscana, disfrutando de una infancia feliz y despreocupada.

Tras recibir la Confirmación, me integré en las actividades de Acción Católica, donde permanecí hasta pasados los 30 años, organizando campamentos, peregrinaciones y animando grupos de adolescentes y jóvenes.

Después del Bachillerato ingresé en la universidad, y allí comencé a descubrir el mundo en toda su amplitud y diversidad, algo desconocido para mí como chico de pueblo. La vida universitaria puede ser muy estimulante –a veces incluso demasiado– y, de hecho, amplié mis círculos sociales y amistades.

Participé en grupos de representación estudiantil y en muchas otras actividades, algunas más académicas que otras. Digo “más o menos” porque, entre tantas propuestas educativas y de desarrollo personal, siempre se esconde algún riesgo inesperado. Así ocurrió que, en los primeros años, el tiempo dedicado al estudio fue escaso. En cambio, dediqué muchas horas a todo tipo de actividades.

Desde los 15 años toco la guitarra, instrumento que siempre me ha apasionado. Hacía voluntariado desde los 17, y jugaba en el equipo de baloncesto de mi pueblo desde los 7 hasta los 25 años. Además, practicaba natación, atletismo, fútbol sala y senderismo. Siempre me ha atraído el aprendizaje de idiomas y el conocimiento de otras culturas, y por supuesto, el encuentro con nuevas personas y experiencias».

Riccardo fue a la universidad y allí comenzó su 'exploración' del mundo

«En todo ese gran entramado de intereses y diversiones asociadas, tuve la oportunidad de vivir muchísimas experiencias. Lamentablemente, no todas fueron positivas ni edificantes: las fiestas, los amigos, los conciertos…

Los viajes –muy frecuentes– me brindaban la ocasión para transgredir las reglas, para pisar siempre el acelerador en la búsqueda del placer y de emociones fuertes.

Fueron años muy intensos los de la universidad, también porque, al mismo tiempo, nunca dejé de asistir a la misa dominical, participaba en peregrinaciones y encuentros de oración, y colaboraba en la organización diocesana de Acción Católica, donde incluso tenía roles organizativos y de responsabilidad.

Obviamente, lo que más sufría era el estudio. Todo esto era posible gracias a la energía propia de los años de juventud temprana (hoy tengo 39 años) y al entusiasmo de descubrir el mundo y descubrirme a mí mismo.

Vida en la universidad

Dentro de mí todo era una gran mezcla de buenos principios, aunque nunca verdaderamente profundizados. Quería mi bien y el de los demás, pero también deseaba disfrutar de los placeres de la vida, y quería que todo eso ocurriera en la mayor medida posible. Era como si viviera una vida de día y otra de noche, tratando de no dejarme nada por experimentar.

Recuerdo que muchas veces, a pesar de volver a casa muy tarde un sábado por la noche (o muy temprano el domingo por la mañana…), incluso con pocas horas de sueño, asistía igualmente a la Misa dominical. Podía pasar cualquier cosa, pero no podía dejar de ir a Misa; era como una tarjeta que debía fichar a toda costa.

En un momento, me di cuenta de que no todo iba bien. Comprendí que había una “mejor manera” de hacer las cosas. Tenía fe, sí, pero no la vivía plenamente. Recuerdo que un amigo, con quien compartí gran parte de mi camino de fe, me hizo reflexionar sobre el hecho de que el aborto nunca es aceptable, mientras que yo estaba convencido de que en ciertos casos sí lo era.

Con esa toma de conciencia se encendió en mí algo que, desde entonces, ha funcionado como un verdadero paradigma de vida: comprendí que había cosas que debían asumirse por completo o no asumirse en absoluto.

Entonces me comprometí a terminar mis estudios y a sacarles el mayor provecho posible. Empecé a trabajar como camarero y a dar clases particulares de matemáticas e inglés para poder mantenerme durante la carrera».

Vocación religiosa

Una búsqueda de sentido en medio de estudios y la lucha interior

«Después de obtener la Licenciatura, inicié la maestría y gané dos becas que me llevaron, primero, seis meses a Amberes (Bélgica), y al año siguiente, otros seis meses a Ciudad de México, en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fueron dos experiencias importantes, intensas, llenas de acontecimientos, que me involucraron tanto intelectual como sentimentalmente. De México me llevé una fuerte herida afectiva que tuvo consecuencias durante muchos años posteriores.

Con los ojos de hoy, me doy cuenta de que fue una gran batalla la que libré para cumplir con mi deber como estudiante en el extranjero sin perderme en las muchísimas ocasiones de desenfreno, intentando hacer prevalecer la parte luminosa de mí sobre la oscura.

En esos últimos años, hasta la obtención de la maestría con la máxima calificación, tomé mucha más conciencia de mí mismo, del mundo y del bien y el mal que lo habitan. Mi comportamiento, tanto interior como exterior, era contrastante y conflictivo, pero aun así trataba de hacer el bien, de estar cerca de Dios o, al menos, de volver a Él para pedir perdón a pesar de las frecuentes caídas.

Después del título, comencé a trabajar como recepcionista en un hotel, y al cabo de un año decidí abrir una pequeña empresa junto con otros socios. Nos dedicábamos al sector de la iluminación LED, la automatización y el ahorro energético.

Esta iniciativa me marcó profundamente, ya que me exigió un gran compromiso, enormes esfuerzos y asumir importantes riesgos, incluso económicos. Aunque al principio empezó con entusiasmo y empuje —coincidiendo con la gran difusión de la iluminación LED en Italia en esos años—, pronto se convirtió en un torbellino de dificultades y desilusiones.

Incluso ocurrió la muerte por leucemia de uno de los socios fundadores, con quien tenía un vínculo muy estrecho. El tema de la enfermedad, y en particular del cáncer, también entró en mi familia en esos años y, desde entonces, no nos ha dejado. A día de hoy, gracias a Dios, seguimos luchando, viviendo milagro tras milagro.

Ese periodo, desde la maestría hasta mi trabajo en la empresa, fue para mí fuente de muchísimo estrés físico y psicológico. Fue una época muy oscura, marcada por un ambiente laboral que me colocaba constantemente en situaciones críticas, mientras yo intentaba descargar el estrés a través de comportamientos tóxicos, tanto hacia mí mismo como en la relación con los demás.

Es cierto que unos años antes había comenzado un camino de conversión serio, pero mi vida nocturna seguía presente y aún no había tocado fondo. No lograba dormir, había adelgazado, y vivía todo de forma profundamente negativa».

Gracia de Dios

Caminos espirituales a su vocación religiosa

«En mi camino espiritual, con el paso de los años, me fui alejando un poco de la Acción Católica y pasé un tiempo en Comunión y Liberación. Posteriormente, me acerqué al ambiente de la Misa en rito antiguo (Vetus Ordo), que me ayudó profundamente a vivir la liturgia y los sacramentos de una manera más seria y comprometida.

Sobre todo, me permitió profundizar en el aspecto doctrinal de la fe: en las verdades que profesamos como católicos y en los principios que sustentan nuestra religión. Fue un paso fundamental en mi vida, ya que, por un lado, acentuó el carácter volitivo y exigente de mi fe, pero por otro, sentó las bases racionales sólidas sobre las que se apoyaba mi adhesión a ella.

El gran paso adelante llegó cuando toqué fondo. Me encontraba en una profunda crisis laboral y personal: solo, derrotado, sin poder dormir, cada vez más agresivo con los demás y conmigo mismo.

Cambiar el centro de la vida

«Hasta entonces, mi relación con Dios era como un intercambio: yo cumplía y Él me premiaba. Había visitado muchos santuarios –Lourdes, Tierra Santa, Montenegro…–, pero Dios ocupaba un segundo plano, y el protagonista era yo. Todo giraba en torno a “mi esfuerzo”, “mi mérito”.

En 2018 encontré un buen trabajo que me dio estabilidad y me llevó a pensar seriamente en formar una familia, con plena conciencia de las dificultades que ello implica hoy para un católico.

Llegaron los años del COVID, que me causaron mucho sufrimiento y amargura por la forma en que muchas personas reaccionaban: con miedo, egoísmo y frialdad. Vivía con gran estrés y sin rumbo claro.

En 2021 hice un peregrinaje al Monte Athos con unos amigos. La sacralidad de aquel lugar me impactó profundamente, hasta el punto de hacer tambalear brevemente mi fe. En septiembre del mismo año fui a Lourdes y recé con fervor para encontrar un director espiritual. Un mes después, una religiosa me llevó con un sacerdote del Instituto, y por fin encontré esa guía tan deseada.

Consagración y nueva etapa

En junio de 2022 me consagré a la Virgen como laico en el Movimiento de la Familia del Corazón Inmaculado de María. El discernimiento continuaba, con dificultades, sí, pero también con firmeza. Finalmente, en octubre de 2023 tomé una excedencia laboral, y en octubre de 2024 dejé oficialmente el trabajo. Ya no hay “fichajes” que marcar.

El discernimiento sigue, y, como ocurre con las personas, creo que nunca terminamos de conocernos del todo, ni a nosotros mismos ni a Dios. Hoy estoy en Roma, gracias a la Providencia, viviendo en un instituto religioso y formándome en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

La gracia de Dios actúa incluso a través de los gestos más pequeños: un Rosario rezado medio dormido, una peregrinación improvisada, una donación. Solo Él sabe hasta dónde llega esa caridad. Y es mejor así, que seguir fichando.

Gracias a los benefactores

Quiero expresar mi gratitud a todas aquellas personas que encontré en el camino y que, literalmente, me salvaron. La Virgen, inevitablemente, me conducía siempre a Jesús. Un agradecimiento especial va dirigido a los benefactores de la Fundación CARF, instrumentos de la Providencia en la formación de todos nosotros, los Siervos del Corazón Inmaculado de María. ¡Que Dios los bendiga siempre!».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado de la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

La X a favor de la Iglesia, un gesto que ayuda a muchos

Marcar la X, una decisión que no cuesta en la Renta, pero sí cuenta

Al realizar tu declaración de la Renta, tienes la opción de marcar la X (la casilla 105) para destinar el 0,7 % de tu cuota íntegra al sostenimiento económico de la Iglesia Católica. Esta elección no implica un mayor pago de impuestos ni reduce la devolución que puedas recibir. Además, es compatible con la casilla 106, destinada a actividades de interés social, permitiendo asignar un 0,7 % adicional a proyectos sociales sin coste adicional para ti.​

Datos actualizados de la campaña de la Renta 2024

En la campaña de la Renta 2024, correspondiente al ejercicio fiscal de 2023, se registraron 208.841 declaraciones más a favor de la Iglesia Católica en comparación con el año anterior. Esto representa un incremento significativo en el apoyo de los contribuyentes.

El importe total asignado a la Iglesia alcanzó los 382.437.998 euros, lo que supone un aumento de 23,6 millones de euros respecto al año anterior. La aportación media por contribuyente que marcó la casilla fue de 42,5 euros.

Marca la X a favor de la Iglesia

¿Dónde se encuentra la casilla de la Iglesia en la declaración?

La casilla 105, correspondiente a la «Asignación tributaria a la Iglesia Católica», se encuentra en la página 1 del Modelo 100 de la declaración de la Renta. Si deseas contribuir al sostenimiento de la Iglesia, debes marcar esta casilla. Recuerda que también puedes marcar simultáneamente la casilla 106 para apoyar actividades de interés social.​

Deducciones fiscales por donativos

Además de la asignación tributaria, puedes colaborar con la Iglesia mediante donativos, los cuales son deducibles fiscalmente según la Ley 49/2002 de Mecenazgo. Por ejemplo, las donaciones de hasta 250 euros tienen una deducción del 80 %, lo que significa que Hacienda te devolverá 200 euros en la declaración de la Renta. Este incentivo fiscal facilita el apoyo a la labor de la Iglesia y sus instituciones.

¿Qué es la asignación tributaria?

Es la opción voluntaria para destinar un porcentaje de la cuota íntegra a colaborar con el sostenimiento económico de la Iglesia católica y/o a otros fines de interés social.

Marcar la X de la casilla de la Iglesia católica en la declaración de la Renta, no supone que el contribuyente tenga que pagar más ni que le devuelvan menos y es totalmente compatible e independiente de la asignación para otros fines de interés social. En ambos casos se destinará un 0,7 % de la cuota íntegra a cada opción.

Por el contrario, no marcar ninguna opción. Significará que el 0,7 % de la cuota íntegra del IRPF se imputará a los Presupuestos Generales del Estado con destino a fines generales.

En todo caso, sea cual sea tu decisión respecto de la asignación tributaria, no se modifica la cuantía final del impuesto que pagas o de la devolución a la que tengas derecho. No afecta a lo que tengas que tributar, simplemente decides a dónde quieres que vaya una parte de tus impuestos.

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Marca la X de la iglesia web por tantos, y ayuda.

Deducciones fiscales: ¿pagaré más impuestos?

Otra forma de ayudar a la Iglesia es realizando un donativo periódico o puntual. Colaborando de esta forma con una ONG que apoye la labor de la Iglesia Católica. Estos donativos se pueden desgravar fiscalmente en la declaración de la renta.

La desgravación de donaciones a ONG se rige por la Ley de Mecenazgo 49/2002 que recompensa los esfuerzos privados en actividades de interés general.

Beneficios fiscales para donantes

Gracias a la nueva Ley de Mecenazgo, las donaciones de hasta 250 € tendrán una deducción en la renta del 80 %. Es decir, donando 20,83 €/mes o 250 €/año, Hacienda te devolverá 200 € en la declaración de la Renta.

Por 20 € al mes puedes ayudar a que nuestros seminaristas sigan formándose y así lograr que ninguna vocación se pierda.

La importancia de marcar la casilla de la iglesia católica en la declaración de la Renta

Desde 2007 la Iglesia no recibe dinero con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y renuncia a la exención del IVA. Ese año se modificó el Acuerdo de 1979 entre España y la Santa Sede sobre asuntos económicos y se creó la casilla 105 para el sostenimiento de la Iglesia católica.

La cantidad que se recibe de los contribuyentes que marcan la casilla de la Iglesia católica en la declaración de la renta se reparte solidariamente desde el Fondo Común Interdiocesano.

Este fondo, que se nutre de las aportaciones directas de los fieles y de los contribuyentes, se distribuye entre las diferentes diócesis en función de su tamaño y sus necesidades. Supone de media el 25 % de la financiación de las diócesis en España.

Según los últimos datos disponibles, cerca de 9 millones de personas marcan la equis a favor de la Iglesia católica en nuestro país.

Un gesto que la Iglesia agradece, y anima a seguir haciéndolo, para poder continuar con toda esta labor que realiza en favor de toda la sociedad.

¿Cómo se financia la Iglesia?

La Iglesia en España cuenta para su sostenimiento con varias fuentes de financiación para sostener sus actividades. Las principales son:

El portal de transparencia de la Iglesia

La Iglesia en un ejercicio de transparencia, cada año informa de cuál ha sido la cantidad que se ha recibido en concepto de asignación tributaria de los contribuyentes, y de cuál ha sido el destino de esta cantidad.

Una vez repartida esta cantidad, principalmente a las diócesis, ésta entra a formar parte de su economía diocesana. Toda esta información se refleja cada año en la Memoria anual de actividades de la CEE.

En la web de la Conferencia Episcopal informan cada año de cuál ha sido la cantidad que se ha recibido al marcar la casilla de la Iglesia católica en la declaración de la renta.

Tiene como misión acercar la Iglesia a la sociedad mediante el impulso de medidas de trasparencia y buen gobierno económico en la Conferencia Episcopal y sus obras, así como en el resto de entidades que de ella dependan.

Cestillo de la colecta

Destino de los fondos aportados al marcar la casilla de la iglesia en la Renta

La cantidad proveniente de la asignación tributaria es enviada a las 70 diócesis españolas. Las diócesis lo integran dentro de su presupuesto diocesano para acometer las actividades propias de la Iglesia.

Más de la mitad de los gastos del conjunto de las diócesis españolas fueron gastos pastorales y asistenciales, junto con gastos de conservación de edificios y funcionamiento.

La Conferencia Episcopal solicita anualmente información a las diócesis sobre sus cuentas económicas consolidadas, incluyendo las parroquias, para así dotar de transparencia al proceso y obtener una información sobre la procedencia de sus recursos y las aplicaciones que se han dado cada año.

Con la acción de marcar la equis en casilla de la iglesia en la renta aportamos recursos para que la Iglesia siga realizando actividades que redunda en beneficio de toda la sociedad española.

Es por eso que la Iglesia agradece a todos aquellos españoles que contribuyen con este gesto y con el resto de campañas realizadas a lo largo del año a sostener la labor religiosa, espiritual y social al servicio de millones de españoles.

Esta aportación es decisiva para sostener la inmensa labor de la Iglesia, que, para seguir ayudando, necesita más que nunca la colaboración de todos.

Por todo esto desde CARF te animamos a marcar la casilla de la Iglesia católica en la declaración de la renta de este año.