El Cura de Ars, patrono de los sacerdotes

San Juan María Vianney (1786-1859), conocido en todo el mundo como el Cura de Ars, es una de las figuras más impresionantes y luminosas del sacerdocio católico. Su vida fue una entrega total a Dios y a los fieles, una vocación vivida con humildad, sacrificio y amor ardiente por las almas.

Fue proclamado patrono de los párrocos y de todos los sacerdotes del mundo, no por sus dotes intelectuales ni por grandes hazañas humanas, sino por la profundidad de su santidad, su fervor pastoral y su fidelidad heroica a su ministerio.

En la Fundación CARF, que promueve la formación de futuros sacerdotes diocesanos en todo el mundo, su figura es fuente de inspiración continua. ¿Qué hace de este sencillo cura de pueblo un ejemplo universal? Te lo contamos a continuación.

Nacido en tiempos de persecución

Juan María Vianney nació el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, un pequeño pueblo al sur de Francia, en una familia campesina profundamente cristiana. Su infancia estuvo marcada por la Revolución Francesa, un periodo en el que la práctica religiosa estaba perseguida y muchos sacerdotes celebraban Misa en la clandestinidad.

Desde muy joven, Juan María mostró un amor especial por la Eucaristía, la oración y los pobres. Asistía a Misa en lugares ocultos, acompañado de su madre, y admiraba profundamente a los sacerdotes que, a riesgo de su vida, seguían ejerciendo su ministerio. Aquella valentía sacerdotal sembró en él una semilla que germinaría en forma de vocación.

Un camino lleno de dificultades

A los 20 años, Juan María sintió con claridad la llamada al sacerdocio, pero su camino no fue fácil. Su escasa formación previa y sus dificultades con el latín hicieron que muchos consideraran inviable su ingreso en el seminario. No obstante, con la ayuda del abate M. Balley, párroco de Écully, logró prepararse y fue ordenado sacerdote en 1815, a los 29 años, por pura perseverancia y fe.

Nunca fue brillante en lo académico, pero sí lo fue en virtud, obediencia y celo pastoral. En su examen final, un superior dijo de él: «No sabe mucho, pero es piadoso; le dejamos en manos de Dios». Ese hombre 'sin grandes luces' sería más adelante faro de conversión para miles de personas.

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Vista de la localidad de Ars, con la Basílica en la que se venera el cuerpo de san Juan María Vianney. De Paul C. Maurice - [1], CC BY-SA 3.0 (Wikipedia).

Ars: un pequeño pueblo para una gran misión

En 1818 fue enviado como párroco a Ars, un diminuto y olvidado pueblo del sur de Francia. Tan solo contaba con 230 habitantes, en su mayoría alejados de la práctica religiosa. Muchos sacerdotes consideraban esos destinos como un castigo. Juan María, sin embargo, lo vio como un campo de misión.

Comenzó su labor pastoral con una vida de penitencia y oración. Ayunaba con frecuencia, pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento y dedicaba todo su tiempo a los fieles. Su humildad, cercanía y entrega fueron ganándose poco a poco el corazón de los habitantes de Ars.

Su predicación sencilla pero profunda, su amor por los pobres y su celo por la salvación de las almas hicieron que el pueblo comenzara a transformarse. Lo que parecía un rincón olvidado de Francia se convirtió en un centro espiritual al que acudían miles de personas.

El confesionario: trono de misericordia

Si hay algo que caracteriza al santo Cura de Ars es su ministerio incansable en el confesionario. Llegó a pasar entre 12 y 18 horas diarias confesando, sobre todo en los últimos años de su vida. A Ars acudían peregrinos de toda Francia y otros países, buscando la reconciliación con Dios.

Se calcula que, en los años de mayor afluencia, más de 80.000 personas al año se acercaban a Ars. La razón era sencilla: Juan María Vianney tenía un don especial para leer los corazones, aconsejar con ternura y mostrar la misericordia de Dios. Era un instrumento del Espíritu Santo para sanar las almas.

La Confesión no era para él una mera práctica sacramental, sino el lugar donde el amor de Dios se derramaba sobre sus hijos. Su vida en el confesionario era su martirio diario, y también su fuente de alegría.

Pobreza, mortificación y caridad

San Juan María Vianney vivió con extrema austeridad. Dormía poco, se alimentaba con lo justo y se privaba de cualquier comodidad. Todo lo ofrecía por la conversión de los pecadores. Su habitación era tan sencilla que muchos se sorprendían al visitarla.

Pero su verdadera riqueza era la caridad. Fundó el Providence, un orfanato para niñas sin recursos, y se volcó en atender a los más necesitados. Su amor era concreto, lleno de gestos pequeños y constantes.

A pesar de su fama creciente, nunca se envaneció. De hecho, pidió varias veces que le trasladaran a otra parroquia más alejada, pues se consideraba indigno de su misión. Sus superiores siempre le negaron ese deseo, conscientes del bien inmenso que hacía en Ars.

Tentaciones del demonio y ataques espirituales

Como todo gran santo, san Juan María Vianney fue objeto de tentaciones y ataques furibundos del demonio. Durante años sufrió fenómenos preternaturales en su casa: ruidos, gritos, muebles que se movían solos, incendios… El diablo intentaba amedrentarlo y apartarlo de su misión. Él, lejos de asustarse, ofrecía todo por la conversión de los pecadores.

Solía decir con humor: «El diablo y yo somos casi amigos, porque nos vemos todos los días». Su fortaleza espiritual fue fruto de una vida profundamente unida a Dios.

Una muerte santa y una herencia viva

El 4 de agosto de 1859, tras 41 años como párroco de Ars, san Juan María Vianney murió serenamente, rodeado del cariño de su pueblo. Tenía 73 años. Fue beatificado en 1905 y canonizado en 1925 por el papa Pío XI, quien lo proclamó patrono de los párrocos. En 2009, con motivo del 150 aniversario de su fallecimiento, el papa Benedicto XVI lo declaró patrono de todos los sacerdotes del mundo.

Su cuerpo incorrupto puede venerarse hoy en el santuario de Ars, que sigue recibiendo peregrinos de todo el mundo. Su figura sigue siendo una luz para la Iglesia y, especialmente, para los sacerdotes.

El modelo para seminaristas y sacerdotes

En un mundo que a veces pierde de vista lo esencial, la figura del santo Cura de Ars recuerda a los sacerdotes su verdadera identidad: ser hombres de Dios para los demás, instrumentos de su misericordia, pastores con olor a oveja, como decía el papa Francisco.

En la Fundación CARF, que apoya la formación de seminaristas y sacerdotes en los cinco continentes, la vida de san Juan María Vianney sirve de modelo y estímulo, como la de san Josemaría que se inspiró mucho en él, incluso le nombró Patrono del Opus Dei.

Muchos jóvenes de hoy –como él en su tiempo– encuentran dificultades para formarse, carecen de recursos o viven su vocación en ambientes adversos. Nuestra labor es ayudarles a que, como el Cura de Ars, lleguen a ser sacerdotes santos.

El cura de Ars y el fundador del Opus Dei

La fiesta de san Juan María Vianney se celebra el 4 de agosto. Y, como adelantábamos más arriba, san Josemaría acudió siempre con fe a la intercesión del Cura de Ars, patrono del clero secular.

Su primer viaje a la ciudad de Ars (Francia), para conocer los lugares donde san Juan María Vianney desempeñó su tarea pastoral y rezar ante sus restos, fue en 1953. Después regresó en numerosas ocasiones. Después, y siempre acompañado por don Álvaro del Portillo, regresó en 1955, 1956, 1958, 1959 y 1960. San Josemaría acudió siempre con fe a su intercesión y destacaba sus rasgos sacerdotales.

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San Josemaría, refiriéndose a la dedicación de los sacerdotes al sacramento de la Penitencia, les decía: «Sentaos en el confesonario todos los días, o por lo menos dos o tres veces a la semana, esperando allí a las almas como el pescador a los peces.

Al principio, quizá no venga nadie. Llevaos el breviario, un libro de lectura espiritual o algo para meditar. En los primeros días podréis; después vendrá una viejecita y le enseñaréis que no basta que ella sea buena, que debe traerse a los nietos pequeñines.

A los cuatro o cinco días vendrán dos chiquillas, y después un chicote, y luego un hombre, un poco a escondidas... Al cabo de dos meses no os dejarán vivir, ni podréis rezar nada en el confesonario, porque vuestras manos ungidas estarán, como las de Cristo –confundidas con ellas, porque sois Cristo– diciendo: yo te absuelvo». 

El poder de un sí

San Juan María Vianney no fue un gran teólogo ni un reformador eclesial. Fue, sencillamente, un sacerdote fiel a su vocación, un hombre enamorado de Cristo y de las almas. Su vida nos enseña que la santidad no está reservada a los sabios o a los fuertes, sino a los que confían en Dios y se entregan sin reservas.

Su testimonio sigue siendo actual y necesario. En cada seminarista que se forma con ayuda de la Fundación CARF hay una posibilidad de que surja un nuevo Cura de Ars. Porque lo que el mundo necesita no son solo buenos profesionales, sino santos sacerdotes.

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«La plenitud más grande es una vida ofrecida del todo»

La vocación y el testimonio de Giovanni, que nació en Reggio Emilia (Italia) el 29 de julio de 1992, muestra cómo Dios actúa en lo concreto, sembrando señales, despertando preguntas y abriendo caminos.

Este joven está terminando el Bachillerato en Teología en Roma gracias a una ayuda de la Fundación CARF, que sostiene su formación y de sus hermanos de la Fraternidad san Carlos Borromeo, comunidad de sacerdotes misioneros nacida en el seno del movimiento Comunión y Liberación.

A pocos días de su ordenación diaconal, que fue el pasado 21 de junio, nos comparte su camino de vida.

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Giovanni con dos amigos en una excursión a las montañas.

Un adolescente que soñaba con ser justo

«Me llamo Giovanni Ferrari, nací el 29 de julio de 1992 en Reggio Emilia, una pequeña ciudad entre Milán y Bolonia. Es una tierra de campesinos, gente sencilla y trabajadora, pero también acogedora y rica en valores.

Nací en una familia católica, donde la fe me fue transmitida por ósmosis, a través de los muchos amigos que siempre pasaban por nuestra casa. Además de una hermana mayor, recibimos el regalo de una hermana adoptiva proveniente de Nigeria, quien enriqueció y amplió los horizontes de nuestra familia.

De niño me encantaba jugar al fútbol, pero pronto tuve que aceptar que nunca llegaría a ser futbolista profesional. A cambio, me iba bien en la escuela, y durante los años de Bachillerato nació en mí el deseo de ser juez algún día. Me atraía la idea de entregar mi vida por un ideal de justicia, ideal que con frecuencia veía frustrado por la realidad. Las muchas situaciones de injusticia me tocaban profundamente, y la profesión de juez me parecía una manera concreta de responder a ello.

Durante el Bachillerato surgieron las primeras amistades importantes, primero en la parroquia y luego en una organización que recaudaba fondos para misiones en América Latina, donde en el tiempo libre hacíamos trabajos manuales.

Poco a poco comprendí que las amistades que valía la pena cultivar eran aquellas con las que compartía un ideal por el que valía la pena entregarse. En esos años, decidí dejar el fútbol para dedicarme más al voluntariado».

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La inspiración misionera de Daniele Badiali

El ejemplo del padre Daniele Badiali, un sacerdote misionero italiano asesinado en Perú en 1997, tras ofrecerse como rehén en lugar de una misionera. El padre Badiali sirvió con sencillez y entrega entre los pobres de la diócesis de Huari. Es considerado un mártir por su testimonio de fe y amor radical.

«En la adolescencia conocí su historia. Cuanto más leía sus cartas, más deseaba vivir una vida intensa y totalmente entregada como la suya. Más que una vida truncada, me parecía una vida cumplida.

La vida siguió su curso y decidí inscribirme en Derecho para alcanzar mi sueño de ser juez. En los primeros años de universidad conocí la historia de otro sacerdote que me conmovió profundamente: el padre Anton Luli, un jesuita albanés que pasó gran parte de su vida en prisión y trabajos forzados bajo el régimen comunista.

Terminaba su testimonio diciendo que lo más valioso de su vida había sido su fidelidad a Cristo. Yo, que lo tenía todo, no lograba ser tan libre y feliz como ese hombre que lo había perdido todo por amor a una persona».

Misión en Brasil y primera llamada

«Fue entonces cuando decidí pasar cuatro meses en Brasil, en una misión diocesana, para ver si esa posibilidad de entregarme así era para mí o no. Durante esos meses, en una peregrinación a un santuario mariano, sentí una fuerte intuición de dejarlo todo y entrar en los jesuitas, pero esa convicción duró solo tres días. Al regresar de Brasil, retomé la universidad como si nada hubiera pasado.

Poco después, conocí a unos nuevos sacerdotes que acababan de llegar a mi ciudad. Eran jóvenes, vivían juntos, eran amigos e inteligentes, y era un gusto estar con ellos. Pertenecían a la Fraternidad san Carlos, una comunidad de sacerdotes misioneros vinculada al carisma de Comunión y Liberación, el movimiento fundado por don Luigi Giussani.

Gracias a la invitación de un amigo a un aperitivo con estos sacerdotes, nació una amistad que poco a poco se volvió totalizante. Iba a su casa a cenar, estudiar, jugar, ver películas... mi vida, como la de muchos amigos, giraba en torno a esa casa de sacerdotes.

Sentía que el Señor, a través de ese encuentro, estaba respondiendo a todos los deseos de entregarme a Él que había experimentado años atrás. "¿Por qué me siento tan en casa con ellos?", era la pregunta que tenía dentro, pero aún no me atrevía a formularla».

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Giovanni y un amigo disfrutan de una excursión en bici.

La muerte de un amigo y la pregunta decisiva

«El momento decisivo llegó cuando un querido amigo mío murió a los 24 años, tras un año y medio de enfermedad. Se llamaba Cristian y vivió su enfermedad con santidad.

Uno de estos sacerdotes, poco antes de que muriera, dijo en una homilía que, a través de la vida de Cristian, Dios estaba preguntando a cada uno: "¿Quieres darme tu vida? ¿Quieres dármela para el mundo entero? Cada uno, en su corazón, debe preparar su respuesta". Yo ya sabía cuál era mi respuesta, pero aún necesitaba tiempo».

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Giovanni Ferrari durante una celebración.

Última etapa en Derecho y decisión final

«Después de graduarme, trabajé un par de años en un estudio jurídico en Milán e hice la escuela de especialización para las profesiones legales, que me habilitaba para el concurso de magistratura.

Pero cuando ya estaba todo listo para presentarme, entendí que había llegado el momento de dar un paso importante: entrar en el seminario. Comprendí el deseo de renunciar al sueño de una carrera y de formar una familia, por la esperanza de una vida plena en la virtud de la castidad, el sacerdocio, la vida común y la misión.

Como escribió Von Balthasar, era demasiado fuerte la intuición de que “dejándolo todo, finalmente lo ganaría todo”».

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Entrada al seminario y vocación misionera

«Así fue como decidí entrar en el seminario de la Fraternidad san Carlos Borromeo en 2018. El pasado 21 de junio fui ordenado diácono y pronto partiré en misión.

Hoy solo puedo decir que Dios me ha dado mucho más de lo que jamás hubiera imaginado, ante todo una plenitud de sentido para mi vida.

Deseo agradecer a la Fundación CARF y a todos los benefactores que colaboran con ella por la valiosa ayuda recibida durante estos años de estudio y por las oraciones.

Estos años en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz han sido muy formativos. He podido apreciar la universalidad de la Iglesia conociendo a jóvenes de todo el mundo, y recibir una excelente formación teológica.

Por todo esto, les estoy profundamente agradecido por la ayuda y por el hermoso servicio que prestan en favor de toda la Iglesia».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Oración en familia: cómo aprender a orar

Lo mejor de todo es que estos tiempos de intimidad nos acercan más entre nosotros y a Dios. «Oremos para que cada uno de nosotros pueda encontrar consuelo en una relación personal con Jesús, y desde su corazón, aprenda a tener compasión por el mundo», reza el Papa León XIV en inglés en su primera contribución a ‘The Pope video’, una reflexión mensual publicada por la Red Mundial de Oración del Papa. El verano siempre es buen momento para orar en familia; hacer oración todos juntos.

Importancia de la oración en la familia

Tener la oportunidad de crecer en un hogar donde la oración es parte del día a día es una hermosa bendición. Su importancia, radica en el ejemplo de padres a hijos. Aprender a orar en todas las estaciones de la vida junto con la familia fortalece la unión y los vínculos familiares.

La oración en familia brota de la escucha de Jesús, de la lectura y familiaridad con la Palabra de Dios. “La fe alcanza su mayor fecundidad cuando se vive en interacción con los demás, y en primer lugar con nuestro cónyuge y nuestros hijos, quienes, de hecho, forman nuestra primera comunidad de vida, nuestra Iglesia doméstica” (Cic, 1655).

Vivir la fe de forma concreta en el hogar implica que existan momentos de oración familiar, momentos de vivir los sacramentos juntos, sobre todo en la misa del domingo, que se pueden convertir en un auténtico ritual para disfrutar conjuntamente.

No es necesario realizar largas oraciones ni hacer actos de ostentación. Para orar en familia, pueden bastar las oraciones en la iglesia, hechas con devoción y constancia, sumando las intenciones familiares.  Los gestos sencillos de piedad, como bendecir la mesa, rezar antes de dormir o cuando se viaja, reafirman la presencia del Señor en el hogar.

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La unión de la oración en familia

Orar en familia es el fundamento mismo que la mantiene unida porque la familia que ora unida permanece unida. Este principio espiritual, que implica la oración en el interior del seno familiar es un factor de cambio muy importante, que ayuda a superar los momentos difíciles. Una familia que se enfoca en tomarse tiempo de oración tiene unos cimientos que podrán sacudirse a veces, pero que resistirá todo lo que venga en contra. Las familias que tienen puesta su mirada constantemente y de forma sincera en el Señor, con devoción y humildad, experimentan su gran providencia.

Jesucristo nos enseñó que "cuando hay dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 17,19). Alabar a Dios, darle gracias y pedirle sus dones forma parte esencial de la vida de una familia cristiana.

Dios quiere una unidad derivada de Él. Es por eso que Pablo amonesta a la iglesia a ser uno (1 Corintios 1:10) Y es por eso también que Jesús enseña que el marido y la esposa son una sola carne. (Mateo 19:5) Estos mandamientos de Dios piden una entrega total. La familia, es una comunidad de fe, esperanza y caridad. Por eso le podemos llamar Iglesia doméstica. La familia cristiana es una comunión de personas, que reflejan la comunión que existe en Dios entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Las familias que oran juntas establecen una confianza entre ellos, aprenden a orar en comunidad y se ponen de acuerdo por medio de Jesús. Esta costumbre ayuda a traer unidad a la vida doméstica.

La familia es una Iglesia pequeña y nuestro ministerio empieza en casa. Cuidarla es cuidar de cada miembro que la integra, mostrarle el camino de Dios, guiarlos para crecer en el Señor, y prepararles para la vida adulta. La oración es un elemento importante en este proceso. Una familia que ora unida con el corazón por cada uno, orará con el corazón por el mundo.

Cuando Dios habita en una familia, la felicidad abunda en todos sus miembros.

El recogimiento familiar ayuda a cada uno

La educación en la fe y la catequesis de los hijos sitúan a la familia en el ámbito de la Iglesia como un verdadero sujeto de evangelización y de apostolado. Este año el Papa Francisco quiere reforzar la familia, especialmente por ello nombró el 2021 como año de la Familia. Y en CARF hemos reflexionado sobre los desafíos de la familia en el siglo XXI en los Encuentros de reflexión virtual.

Las familias y más concretamente los padres, tienen la libre facultad de escoger para sus hijos un determinado modelo de educación religiosa y moral, de acuerdo con las propias convicciones. Pero incluso cuando confían estos cometidos a instituciones eclesiásticas o a escuelas dirigidas por personal religioso, es necesario que su presencia educativa siga siendo constante y activa.

Para su audiencia general del 26/08/2015 el Papa Francisco ha elegido hablar sobre la oración en familia. Ha explicado que es en la familia donde se aprende a orar y a pedir el don del Espíritu Santo. Ha dicho que el Evangelio meditado en familia es como un buen pan que alimenta el corazón y ha pedido a los padres que enseñen a los niños a hacer la señal de la Cruz.

Cómo orar en familia

Una parte importante de como orar en familia comienza por la lectura y la meditación compartidas de la Palabra de Dios, una muy buena oportunidad para crear una comunión familiar en torno a Cristo. Vivir la Palabra de Dios conlleva ponerla en práctica para el bien de los cónyuges y los niños, a través de la práctica personal de las virtudes, de la tolerancia, del perdón. La fe, fuente de amor, nos da la razón plena de amar a nuestra familia respetándola y mostrándonos generosos hacia ella.

La Biblia nos habla de esas familias de los primeros cristianos, la Iglesia doméstica, dice San Pablo (1 Cor 16, 19), a las que la luz del Evangelio daba nuevo impulso y nueva vida. El papa Francisco lo llama un “hogar de misión”, un hogar que realiza el encargo del Señor (Mt 28:19) difundiendo el Evangelio de la familia en torno a Él.

Ejemplo en la oración

En lo que concierne a los hijos, la mejor manera de que los padres les transmitan la fe es vivirla ellos mismos. No hay mejor catequesis para un niño que la imagen de sus padres unidos en la oración; una imagen así es más edificadora, profunda y duradera que las palabras. Es necesario que los hijos vean rezar a sus padres en el hogar.  Es vital que la oración en familia sea con devoción, que no se limite a las palabras, sino que se transforme en hechos y testimonios de fe, para que los niños aprenden a hacer los gestos, a repetir algunas fórmulas sencillas, algún canto, a estar en silencio hablando a Dios.

El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos, dice San Josemaría, aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir, más que enseñar, esa piedad a los hijos, que comienza por la oración en familia

San Josemaría también hace hincapié en la singularidad de cada familia y promueve utilizar los propios métodos creativos para orar en familia y dar gracias a Dios. De este modo los integrantes se acostumbran a orar en todo momento, y tendrán herramientas para su salud espiritual y emocional.

En la familia la fe no debe permanecer como una palabra vacía o una postura, sino que ha de convertirse en una fuente de transformación que conduzca a desear y a hacer el bien a los demás.

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Cómo orar en familia con 2-7 años

Para el niño pequeño, la oración familiar suele ser la ocasión de una tierna intimidad con sus padres. Verles cómo dejan sus ocupaciones para prepararse a encontrar a Dios le indica la importancia de esta relación. Para iniciar un momento de oración con vuestro hijo, invitadlo a que se siente tranquilamente y que os mire, sin hablar, mientras encendéis una vela ante una imagen. Este gesto asociado al silencio le dará una cierta solemnidad a ese momento. Llevará de forma natural al niño a la interioridad. Después, se puede empezar a repasar su jornada, confiar un problema o dar gracias por las alegrías recibidas.

Cómo hacer oración en familia con 8-13 años

La catequesis completa la experiencia espiritual en familia, pero esta edad tienen una ternura particular en este momento sumamente familiar. El niño es receptivo y dispuesto, hablamos también de una edad de gracia desde el punto de vista espiritual. El rito posee una gran importancia, rezar un Padre Nuestro con él es una forma de enseñarle que más allá del grupo familiar hay otras muchas personas que rezan. Pero animadle también en su relación completamente personal con Dios. La lectura del evangelio le enseñará que puede confiar a Dios sus alegrías, sus penas e incluso su rabia.

Cómo rezar en familia con 14-16 años

Con los adolescentes, rezar en familia se vuelve más difícil. Su fe es más íntima y no les gusta manifestarla, la influencia de sus amigos se impone, muchas veces, sobre la de la familia. Ha llegado el tiempo de ocuparse de sus elecciones más que de imponer las nuestras.

Tengamos la humildad de aceptar que nuestros hijos no se sumen, o que lo hagan de forma diferente a nuestro modo de rezar. Ellos podrán rezar o cantar en la capilla con los de su edad, participar en una reunión de jóvenes cristianos, etc. Tanto si tienden al misticismo como si rechazan todo en bloque, habrán conocido el placer de la oración, y podrán volver a ella en cualquier momento de su vida. P. “¡Somos responsables de lo que sembramos, no de lo que crece!” Jean-Noël Bezançon.

Un rincón en casa para hacer oración

Buscar un lugar en tu casa de recogimiento ayuda a convertir tu hogar en una "iglesia doméstica". Sobre todo, para afrontar estos tiempos difíciles que vivimos mundialmente en la actualidad. Conviene buscar un lugar en nuestro hogar para establecer en él un clima de oración familiar. Este rincón facilita el recogimiento y llama a la oración. Es una potente herramienta para la oración familiar, aunque no está exclusivamente reservado a la oración colectiva porque cada uno y de forma individual podrá encontrar allí la calma y el silencio necesario para acercarse a Dios durante el día.

La permanencia de ese lugar en la casa recuerda a todos, a lo largo del día, el papel de la oración en nuestra vida, su importancia vital. El rincón para hacer oración en familia puede tener una luz que este permanentemente encendida delante del crucifijo o imagen de la Virgen para que se recuerde la presencia tranquilizadora de Dios.

También podemos adornarlo con flores frescas y agregar las peticiones familiares escritas. Sobre todo cuando tenemos niños pequeños estas actividades pueden hacerlos sentir participes de este rincón y del momento de oración familiar.

A pesar de lo complicado que es el tiempo en la familia (...) La oración nos permite encontrar la paz para las cosas necesarias. Papa Francisco, 2015.

Ejemplos de oraciones para la familia

El Papa Francisco. compuso esta oración con ocasión de la Fiesta de la Sagrada Familia. Este año 2021, el papa nos invita también ha rezar una novena en familia.

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;

que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Rezar el Santo Rosario en familia

Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oración, quizá enseñándoles a rezar primero un solo misterio, luego dos y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

«¡Ojalá resurgiese la hermosa costumbre de rezar el Rosario en familia!»

La Iglesia ha querido conceder innumerables gracias e indulgencias cuando se reza el Santo Rosario en familia. Pongamos los medios necesarios para fomentar esta oración tan grata al Señor y a su Madre Santísima, y que es considerada como «una gran plegaria pública y universal frente a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia santa, de las naciones y del mundo entero». Es un buen soporte en el que se apoya la unidad familiar y la mejor ayuda para hacer frente a sus necesidades


Bibliografía:

25 de julio Santiago apóstol: ¿por qué celebrar?

Quien era Santiago apóstol

El apóstol Santiago es el hijo mayor de Zebedeo y María Salomé. Hermano de Juan, el Evangelista. Vivian en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca.

El nombre de Santiago proviene de las palabras Sant Iacob, del hebreo Jacob. Durante las batallas los españoles solían gritar Sant Iacob, ayúdenos y al decirlo rápido repetitivamente sonaba a Santiago.

Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: "Desde ahora seréis pescadores de hombres", Santiago dejó sus redes, a su padre y a su empresa pesquera y se dispuso a seguir a Jesucristo.

Santiago el Mayor fue uno de los doce discípulos. Junto con Pedro y Juan, acompañaron a Jesús en momentos muy importantes de su vida. Tales como la Transfiguración del Señor que recordamos en el cuarto de los Misterios Luminosos, la pesca milagrosa y la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre otros.

Los Hechos de los Apóstoles, relatan que Santiago fue el primer apóstol martirizado, degollado por orden de Herodes Agripa hacia el año 43 en Jerusalén.

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Santiago llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es su principal Santuario, donde están las reliquias del apóstol. Miles de personas peregrinan allí cada año, deseosas de recorrer el Camino de Compostela. A Santiago apóstol, se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.

En 1982, cuando san Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos” que proclamaba Santiago.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como Pilar de la Iglesia.

El papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.

La importancia del apóstol Santiago en España

Pese a que desde el siglo IX los reyes de la reconquista reconocían a Santiago apóstol como su patrón, no fue hasta el siglo XVII cuando el patronato de España le fue concedido al santo.

El papa Urbano VIII, en 1630 declaro, bajo el reinado de Felipe IV, que Santiago apóstol fuera reconocido oficialmente como único patrón de España (que desde 1627 compartía con Santa Teresa de Jesús).

Esta decisión se hizo conjuntamente con el reconocimiento por parte de la Iglesia de que sus restos estaban enterrados en Compostela y estableciendo además que la festividad de Santiago apóstol se celebrara cada 25 de julio.

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Desde 1646, por obra de Felipe IV, está institucionalizado el Voto de Santiago que consistía en una ofrenda por parte de los reyes, príncipes y del arzobispo de Compostela a la Catedral de Santiago cada 25 de julio. Esta ofrenda sigue teniendo lugar a día de hoy, aunque de forma simbólica, en una de las partes de la Misa de la celebración en el Día del Apóstol.

"El Camino de Santiago despierta uno de los deseos más profundos del corazón del hombre, el anhelo de purificarse, de mejorar; en fin, el deseo de Dios". San Josemaría Escrivá  Imagen de Almudena Cuesta.

¿Cuándo es el día de Santiago?

Es el día 25 de julio cuando se celebra la festividad del apóstol Santiago y el día de Galicia. Esta es una celebración cristiana que tiene lugar en múltiples localidades españolas y puntos de todo el mundo.

Sin embargo, desde el final de la Dictadura en España, el Día del Apóstol no es festivo en todo el país, sino únicamente en las comunidades autónomas que así lo deciden cada año al configurar su calendario de fiestas, con la excepción de Galicia, que celebra su día grande, por lo que es festivo todos los años.

¿Qué celebramos y por qué el día de Santiago apóstol?

Este día celebramos la muerte del santo, su muerte por martirio, un final que junto a su carácter de discípulo muy próximo a Jesucristo le confiere su nombre de apóstol y de santo. Existen datos y referencias que señalan el año 44 como la fecha del martirio de Santiago, aun que la elección del día 25 de julio no parece basarse en ningún dato histórico.

En todo caso, la celebración del día de Santiago es una celebración muy antigua, una fiesta instaurada en Roma aproximadamente hacia el siglo X o XI cuando tenemos noticia de su celebración en la basílica romana de san Pedro.

Además, el día de Santiago se pueden conseguir indulgencias plenarias, es decir, la posibilidad de obtener el perdón de los pecados para los peregrinos o fieles. Para poder ganar el Jubileo, y obtener la indulgencia plenaria, se necesitan cumplir tres condiciones:

  1. Visitar la tumba del apóstol Santiago en la catedral. 
  2. Rezar una oración.
  3. Recibir el sacramento de la Confesión quince días antes o quince días después de visitar la tumba y comulgar.
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¿Dónde se festeja el día de Santiago Apóstol?

Hoy día, en pleno siglo XXI, la fiesta del día de Santiago se celebra más que nunca en Galicia en la ciudad de Santiago de Compostela. Representa los aspectos religiosos y de perdón que unen y congregan en los diferentes espacios de la ciudad a peregrinos llegados de todos los rincones del mundo.

Durante el día 25, se realiza la celebración de La Santa Misa solemne en la catedral, en la que el rey o un delegado de la Casa Real hace la tradicional ofrenda al apóstol Santiago.

Dentro de la celebración actual están los magníficos fuegos artificiales que tienen lugar en la plaza del Obradoiro durante la noche del 24 que en los últimos años ha ido acompañándose de proyecciones y espectáculos audiovisuales sobre las fachadas de la catedral y otros edificios históricos de la plaza.

"...de Santiago podemos aprender muchas cosas:  la prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la barca de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria, la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. (...) Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por el buen camino."
Benedicto XVI, Audiencia General Junio 2006

Como surgió el Camino de Santiago

El apóstol Santiago es uno de los santos más importantes del cristianismo. Tras el descubrimiento de su sepulcro alrededor del año 813, donde descansan sus restos, numerosos cristianos del norte de la geografía comenzaron a peregrinar a lo que hoy es Santiago de Compostela para mostrar su devoción.

Esta costumbre se convirtió en tradición, expandiéndose el fenómeno del Camino de Santiago a toda Europa, por lo que la ciudad se convirtió en uno de los centros de peregrinación más importantes de la cristiandad, junto a Roma y Jerusalén.

Además los peregrinos a Compostela podían obtener el perdón general de todos sus pecados, un perdón que podía extenderse a todo el año cuando dicha fiesta coincidía en domingo, es decir, cuando era un Año Santo Compostelano.

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Oración para pedir la intercesión del apóstol el día de Santiago

Dios Todopoderoso y misericordioso,
que escogiste doce apóstoles para evangelizar al mundo entero.
Entre ellos, tres fueron favorecidos de manera especial por Tu Hijo Jesucristo,
quien se dignó a contar con el Apóstol Santiago en este selecto número.

 Que por su intercesión seamos dignos de obtener la gloria del Cielo,
donde Tú vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Santiago apóstol y Nuestra Señora del Pilar

Este santo tiene mucha relación con Zaragoza ya que se sabe que Santiago apóstol "llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, Gratia Plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol".

La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar de jade. El apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio. La Basílica de la Virgen del Pilar en Zaragoza

En honor del apóstol, una de las torres del Pilar, la puerta alta de la Plaza, lleva el nombre de Santiago. Además, Zaragoza es también una de las paradas del Camino de Santiago y cuenta con una iglesia con el nombre del apóstol: la Iglesia de Santiago el Mayor, donde se celebra la Santa Misa del día de Santiago.


Bibliografía:



Santa María Magdalena: testigo de la Resurrección

Cada 22 de julio, la Iglesia católica celebra con especial devoción la festividad de santa María Magdalena, una de las discípulas más cercanas a Jesús y la primera persona que fue testigo de su Resurrección. Su figura, a menudo envuelta en confusiones históricas, ha sido reivindicada por el Magisterio como una mujer clave en los comienzos del cristianismo.

¿Quién fue realmente esta santa? ¿Qué sabemos de su vida antes de seguir a Cristo? ¿Por qué ha llegado a tener un lugar tan destacado en la tradición de la Iglesia?

¿Quién era María Magdalena?

El Evangelio la identifica como María, la que era de Magdala, una pequeña localidad situada a orillas del lago de Galilea. De ahí el nombre de Magdalena.

Según Lucas 8, 2, Jesús había expulsado de ella siete demonios, expresión que puede aludir a una situación de profundo sufrimiento físico, espiritual o moral. Sea como fuere, lo que sabemos con certeza es que, a partir de ese encuentro con Jesús, su vida cambió radicalmente.

A partir de entonces, se convierte en discípula y seguidora fiel de Jesús, acompañándole junto a otras mujeres durante su ministerio público. Muchas de ellas ayudaban con sus bienes a sostener la misión.

María Magdalena representa así la figura de la mujer creyente que, tras experimentar la misericordia divina, lo deja todo para seguir al Maestro.

María Magdalena Resurrección y Jesús
María Magdalena, antes de la Resurrección, postrada ante la cruz de Jesús en La Pasión de Cristo.

Una vida transformada por el amor de Jesús

Apenas contamos con datos concretos de la vida de María Magdalena antes de encontrarse con Jesús, pero lo que los evangelios nos muestran es suficiente para comprender la profundidad de su compromiso con el Señor.

La tradición ha vinculado a María Magdalena con la mujer pecadora que unge los pies de Jesús con perfume en casa del fariseo Simón (cf. Lc 7, 36-50), aunque los estudios bíblicos modernos tienden a distinguirlas como personas diferentes.

No obstante, el gesto de amor y arrepentimiento que realiza aquella mujer muestra similitudes con el modo en que María Magdalena respondió a la gracia recibida: con una entrega total, sin reservas. Por eso, se ha convertido en un modelo de conversión sincera, de amor agradecido y de seguimiento radical.

Discípula fiel hasta la Cruz

Mientras muchos discípulos huían por miedo tras la detención de Jesús, María Magdalena permanece al pie de la Cruz. Los evangelios la mencionan explícitamente como testigo de la Crucifixión y muerte, junto a María, la madre de Jesús, y otras mujeres. Esta fidelidad en el momento del dolor y del aparente fracaso prueba su amor incondicional y su profunda fe, aunque todavía no comprendiera del todo el misterio pascual.

Después de la muerte de Jesús, también se menciona a María como una de las mujeres que fueron al sepulcro, al amanecer del domingo, llevando perfumes para ungir el cuerpo del Señor sin atisbar que ya se había complido su palabra y que la Resurrección era un hecho.

Primera testigo de la Resurrección

Es en ese momento cuando se produce uno de los episodios más bellos y significativos del Evangelio: María Magdalena es la primera en ver al Cristo resucitado (cf. Jn 20, 11-18). Llena de dolor por la pérdida de su Maestro, llora fuera del sepulcro vacío hasta que Jesús se le aparece, aunque ella no lo reconoce al principio. Es cuando Él la llama por su nombre —¡María!—, sus ojos se abren y reconoce al Señor.

Ese encuentro con el Resucitado marca un punto de inflexión: Jesús le encomienda anunciar la buena noticia a los apóstoles. Vuelve a ser significativo que el Señor quiera que una mujer (en aquella época gozaban de escasa consideración) se encargue del anuncio a sus discípulos.

Por eso, la tradición patrística le ha dado el título de Apóstol de los Apóstoles, porque fue enviada por Cristo mismo para dar testimonio de su victoria sobre la muerte.

María Magdalena Resurrección y Jesús
Escena de La Pasión de Cristo: María Magdalena llora la muerte de Jesús a los pies de la cruz.

Un lugar de honor en la Iglesia

El Papa san Juan Pablo II la recordó en su carta apostólica Mulieris Dignitatem como un ejemplo del papel esencial de la mujer en la vida de la Iglesia. Y en 2016, el papa Francisco elevó su memoria litúrgica a fiesta, el mismo rango que tienen las celebraciones de los apóstoles, subrayando su relevancia como modelo de discipulado.

Este reconocimiento oficial quiere recuperar y limpiar la imagen de María Magdalena, muchas veces distorsionada por interpretaciones populares o literarias que la han retratado injustamente como prostituta o mujer caída, cuando en realidad fue una discípula valiente.

Devoción y legado

La figura de santa María Magdalena ha sido objeto de devoción desde los primeros siglos del cristianismo. En la tradición occidental, especialmente en Francia y España, hay numerosas iglesias, monasterios y santuarios dedicados a su nombre. También ha inspirado el arte cristiano, que la representa habitualmente con un frasco de perfume en la mano, símbolo de su amor al Señor y del momento en que lo ungió.

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Magdalena penitente, El Greco 1557.

Su historia es una invitación constante a la esperanza, al perdón y a la fidelidad. En un mundo que muchas veces juzga y condena sin misericordia, María Magdalena nos recuerda que el amor de Dios puede transformar incluso las heridas más profundas en una fuente de gracia.

Santa María Magdalena es mucho más que un personaje secundario de los Evangelios. Es la mujer renovada por el amor de Cristo, modelo de discípula fiel y primera anunciadora de la Resurrección.

Como su vida nos interpela, pensemos: ¿tenemos nosotros el mismo amor apasionado por el Señor? ¿Sabemos mantenernos firmes junto a la Cruz? ¿Somos testigos del Resucitado en medio del mundo?

¿Qué es el sacramento de la Confirmación?

«La Confirmación une más íntimamente a la Iglesia y enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo, y con ello quienes la reciben quedan obligados a difundir y defender la fe a través de la palabra y las obras, como verdaderos testigos de Cristo», Catecismo de la Iglesia Católica, 1285.

¿Por qué recibimos la Confirmación?

El Sacramento de la Confirmación, junto con el sacramento del Bautismo y el sacramento de la Eucaristía forman el conjunto de los sacramentos de la iniciación cristiana. Estos son sacramentos cuya recepción es necesaria para la plenitud de la gracia que recibimos y están destinados a todos los cristianos, no solo a algunos escogidos.

Se confiere cuando el candidato ha llegado al uso de razón, no existe una edad obligatoria, pero debe tenerse en cuenta su carácter de iniciación. Para recibir la Confirmación, se requiere la previa instrucción, una verdadera intención y el estado de gracia.

El término indica que este sacramento ratifica la gracia bautismal, nos une más firmemente a Cristo: afianza nuestra relación con la Iglesia y nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para defender la fe y confesar el nombre de Cristo.

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La fuerza del Espíritu Santo

La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano un signo espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se puede recibir una vez en la vida. Catecismo de la Iglesia Católica, 1302-1305.

Como todo sacramento, la Confirmación es obra de Dios, que se preocupa de que nuestra vida sea plasmada a imagen de su Hijo, de hacernos capaces de amar como él, infundiéndonos a el Espíritu Santo.

Este Espíritu actúa con su fuerza en nosotros, en toda la persona durante toda la vida. Cuando lo acogemos en nuestro corazón, Cristo mismo se hace presente y toma forma en nuestra vida.

¿Cuáles son los efectos?

El efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés. El Papa Francisco nos dijo que es el Espíritu quien nos mueve a salir de nuestro egoísmo y a ser un don para los demás.

Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:

¿Quién lo puede recibir?

«La Confirmación se recibe una sola vez, pero su fuerza espiritual se mantiene en el tiempo y anima a crecer espiritualmente con los demás», Papa Francisco.

Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación. Los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, por ello los fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en tiempo oportuno, porque sin la Confirmación y la Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz, pero la iniciación cristiana queda incompleta.

En otras culturas este sacramento es administrado inmediatamente después del Bautismo y es seguido de la participación en la Eucaristía, tradición que pone de relieve la unidad de los tres sacramentos de la iniciación cristiana.

En la Iglesia latina se administra este sacramento cuando se ha alcanzado la edad del uso de razón. Sin embargo, en peligro de muerte, se debe confirmar a los niños incluso si no han alcanzado todavía la edad del uso de razón.

Existe una preparación al sacramento que ayuda a sentirse parte de la Iglesia de Jesucristo. Cada parroquia tiene la responsabilidad de la preparación de los confirmandos.

Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia. Conviene recurrir al confesarse y realizar un buen examen de conciencia antes del sacramento. Para, de esta forma, ser purificado en atención al don del Espíritu Santo.

Hay que prepararse con una oración al Espíritu Santo más intensa para recibir con docilidad y disponibilidad su fuerza y sus gracias. Para la Confirmación, como para el Bautismo, es conveniente que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina.

Liturgia del sacramento

«Es necesario recibir al Espíritu Santo en recogimiento y oración», Papa Francisco.

El rito tiene varios gestos litúrgicos que expresan la profundidad de este sacramento de la iniciación cristiana. Antes de recibir la unción que confirma y refuerza la gracia del bautismo, los candidatos son llamados a renovar las promesas bautismales y hacer profesión de fe.

Después de un silencio orante, el obispo extiende las manos sobre los confirmados e invoca la efusión del Espíritu sobre ellos. El Espíritu enriquece con sus dones a los miembros de la Iglesia, construyendo así la unidad en la diversidad.

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Consagración del santo crisma

Es un momento importante que precede a la celebración, pero que, en cierta manera forma parte de ella, es la consagración del santo crisma.

Es el obispo quien, el Miércoles de ceniza, en el transcurso de la misa crismal, consagra el santo crisma para toda su diócesis. El santo crisma esta compuesto de aceite de oliva y bálsamo y la unción del confirmando con él es signo de su consagración.

Con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos, comienza la liturgia del sacramento. El obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los Apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y el obispo invoca así la efusión del Espíritu:

«Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del pecado: escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor», Ritual, 25.

La unción con el aceite

Por medio de la unción con el aceite en la frente, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo. La unción del santo crisma después de un sacramento, es el signo de una consagración. Una señal visible del don invisible que estamos recibiendo.

Los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda a Cristo. la unción del aceite perfumado o crisma, que indica cómo el Espíritu entra hasta lo más profundo de nosotros, embelleciéndonos con tantos carismas.

De este modo, el sacramento se confiere con la unción del santo crisma en la frente y pronunciando estas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». Un carácter indeleble que nos configura más plenamente con Jesús y nos da la gracia para difundir por el mundo el buen olor de Cristo.

«Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo», Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae.

Beso de paz

Con él que concluye el rito del sacramento. Significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles. Esta incorporación a la comunidad eclesial se manifiesta en el signo de la paz con el que se concluye el rito. El obispo dice a cada confirmado: "la paz esté contigo".

Estas palabras nos recuerdan el saludo de Jesús a sus discípulos en la noche de Pascua y expresan la unión con el pastor de esa iglesia particular y con todos los fieles. Momento que recordamos durante la Cuaresma.

«Apóstol es el cristiano que se siente injertado en Cristo, identificado con Cristo, por el Bautismo; habilitado para luchar por Cristo, por la Confirmación; llamado a servir a Dios con su acción en el mundo, por el sacerdocio común de los fieles, que confiere una cierta participación en el sacerdocio de Cristo, que –siendo esencialmente distinta de aquella que constituye el sacerdocio ministerial– capacita para tomar parte en el culto de la Iglesia, y para ayudar a los hombres en su camino hacia Dios, con el testimonio de la palabra y del ejemplo, con la oración y con la expiación». San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 120.

Significado del sacramento en la Biblia

Así pues, posee una unidad intrínseca con el Bautismo, aunque no se exprese necesariamente en el mismo rito.  Con ella el patrimonio bautismal del candidato se completa con los dones sobrenaturales característicos de la madurez cristiana.

En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado "El espíritu del Señor Yahvéh está sobre mí, por cuanto me ha ungido Yahvéh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado." Isaías 61 1-2

Luego Dios dice a todo el pueblo, "infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos", Ezequiel 36,27.

El el Bautismo de Jesús fue el signo de que Él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios. Habiendo sido concebido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da sin medida.

En varios momentos del Nuevo Testamento, Jesús prometió esta unión con el Espíritu. Lo hizo primero el día de Pascua y luego el día de Pentecostés.

Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar las maravillas de Dios y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos. Los Hechos de los apóstoles cuentan que los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos y la oración.

Es ésta imposición de las manos la que ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento, el cual perpetúa en la Iglesia, la gracia de Pentecostés.

«No te limites a hablar al Paráclito, ¡óyele!», san Josemaría Escrivá.


Bibliografía: