
La vida consagrada a Dios de la hermana Isabel Cristone Setimane, de Mozambique, se expresa en un camino de fe y entrega que desea compartir con profunda gratitud y esperanza. Desde su infancia en Mozambique hasta su actual formación en Derecho Canónico en Roma, su historia entrelaza la fe recibida en su familia, el descubrimiento de su vocación religiosa, el servicio a los más pequeños y vulnerables, las dificultades sociales de su país y el apoyo de la Fundación CARF, que le permite prepararse mejor para servir a la Iglesia y a su congregación.
Nacida en Quelimane en 1987, Isabel cursa el tercer año de la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Su vocación de servicio a los más vulnerables se une a una profunda gratitud hacia quienes hacen posible su formación, especialmente la Fundación CARF, que la acompaña en su camino académico y espiritual.
Es la quinta hija de una familia profundamente religiosa. Desde su infancia conoció el camino de la fe: recibió la catequesis, los sacramentos y participó activamente en distintos ministerios parroquiales.
Tras su Primera Comunión, se incorporó al grupo de vocaciones, movida por un deseo temprano de consagrarse como religiosa y servir a los más vulnerables, especialmente a niños en situación de pobreza y a mujeres víctimas de abuso. Después de tres años de formación vocacional, conoció a las Hermanas Franciscanas de Nuestra Señora de las Victorias, congregación fundada en 1884 en la isla de Madeira (Portugal) por la venerable Mary Jane Wilson.
En 2007 fue admitida en la congregación, donde inició la etapa de aspirante. Agradece especialmente que sus padres respetaran su decisión de consagrarse como religiosa. Durante los años de formación, sus formadoras la acompañaron y orientaron en el seguimiento de Jesucristo, inspirándose en el ejemplo de la venerable Mary Jane Wilson y de san Francisco de Asís.
Tras tres años de preparación, el 8 de diciembre de 2011, por la gracia de Dios, realizó sus primeros votos en la capilla de san Francisco de Asís, en la casa del noviciado en Mozambique. Poco después, fue enviada en misión a la diócesis de Gurúè, en la provincia de Zambezia, donde se encargó del cuidado de 125 niños, algunos de ellos huérfanos. «Allí pude vivir, aprender y experimentar el amor de Dios reflejado en el rostro de los más pequeños», asegura.
El contacto directo con el sufrimiento de aquellos niños –muchos de ellos marcados por la muerte de sus madres durante el parto– transformó profundamente su manera de mirar la vida. Esta experiencia le enseñó a valorar cada cosa y a descubrir la belleza que permanece incluso en medio del dolor.
«Aprendí a vivir con lo esencial y a cultivar la sencillez junto a ellos. En aquella realidad, marcada por la pobreza pero también por una entrega generosa y llena de amor, descubrí en cada mirada la belleza de mi vocación: ser consagrada para servir, y no para ser servida, siguiendo el estilo de Jesús» dice con una sonrisa.
La congregación asumió esta misión en respuesta al clamor del pueblo de la diócesis de Gurúè. Con profundo agradecimiento a Dios, las hermanas continúan entregadas al cuidado de los más pequeños, especialmente en el orfanato Mary Jane Wilson, en Lioma. A pesar de las dificultades, permanecen firmes en su compromiso, buscando siempre el bien de los niños.
En este contexto, ella agradece a su congregación la oportunidad de haber formado parte de esta misión. «Desde muy joven sentí el deseo de trabajar y defender a los más frágiles, a quienes son excluidos y no tienen voz. Vivo mi vocación como una colaboración activa en la misión de Cristo, procurando hacer todo el bien posible».
Una familia marcada por la dificultad
En 2024 perdió a su padre, un acontecimiento que marcó profundamente a su familia. Desde entonces, su situación ha cambiado de manera significativa. Su madre, campesina y sin acceso a educación formal, ha sacado adelante a la familia en un entorno de gran dificultad.

Aunque sus hermanos han finalizado sus estudios, actualmente se encuentran en búsqueda de empleo, una tarea especialmente compleja en el contexto de Mozambique. Esta situación le provoca momentos de desánimo, pero, sostenida por la gracia de Dios, mantiene la esperanza de que podrán salir adelante.
«La realidad del país agrava estas dificultades: la pobreza, la escasez de alimentos, el desempleo y el conflicto en el norte han endurecido aún más las condiciones de vida. A pesar de todo, mi familia continúa luchando con fortaleza, apoyándose en la fe y en la confianza en Dios».
Formarse para servir: una misión al servicio de la Iglesia
Seis años después, realizó su entrega definitiva en la Congregación Franciscana de Nuestra Señora de las Victorias. Poco tiempo más tarde, asumió la misión de formadora de jóvenes en las primeras etapas de su camino vocacional. Aunque exigente, vivió esta responsabilidad con profundidad, hasta poder afirmar: «Me siento feliz y realizada en la misión de servir a Cristo».
En la actualidad, la congregación acoge vocaciones procedentes principalmente de África y Asia. Ante los desafíos que plantea la misión de la Iglesia, especialmente en los lugares a los que son enviadas, se hace necesaria una sólida preparación, también en el ámbito jurídico. A pesar de contar con recursos limitados, la congregación procura formar a sus hermanas para responder mejor a este servicio.
En este contexto, actualmente se encuentra en Roma, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, donde cursa estudios de Derecho Canónico. Allí experimenta un ambiente académico cercano y exigente, que favorece el aprendizaje y el crecimiento personal. Como ella misma expresa, «me siento acompañada, ayudada y comprendida por los profesores».
Su paso por Roma responde al deseo de prepararse mejor para servir a Dios, a la Iglesia y a su congregación. Por ello, manifiesta un profundo agradecimiento a los socios, benefactores y amigos de la Fundación CARF, cuya ayuda hace posible su formación y sostiene su camino académico.
Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable del alumnado Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.
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