La vocación sacerdotal de Juan Sebastián

Juan Sebastián Miranda (1997) es un seminarista argentino de la diócesis de San Roque. Explica con emoción que su vocación es un «regalo inmerecido», una historia que Dios escribió a través de personas sencillas que, sin saberlo, le fueron guiando hacia Él.

Estudia el tercer año del Bachillerato en Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y es su segundo año residiendo en el seminario internacional Bidasoa, donde continúa con este camino que el Señor le ha trazado.

La vocación del hermano mayor

Juan es el mayor de seis hermanos. Sabe lo que es compartir y ceder. Creció en una familia católica, aunque durante muchos años no fueron practicantes.

«De un tiempo a esta parte, por pura gracia de Dios, he visto cómo mi familia ha comenzado a asistir nuevamente a la Misa dominical», expresa con ilusión.

Juan estaba estudiando la carrera de Educación Física. «Entre el ritmo frenético de la carrera también sentía la inquietud por la llamada al sacerdocio».

Juan Sebastián (a la derecha de la imagen), en una parroquia de San Roque.

Este seminarista recuerda el momento concreto que marcó un antes y un después en su vocación. «Era el último día de la novena a la Inmaculada Concepción, patrona de mi parroquia. Durante esos días, un predicador nos ofrecía una breve reflexión antes de la Santa Misa, y nos pedía llevar la Biblia.

Aquella tarde llegué desanimado, sin ninguna gana, y solo fui porque era animador del grupo de jóvenes. Me senté en el último banco, apartado, con la Biblia a un lado, escuchando de fondo la predicación sin prestarle demasiada atención», nos cuenta.

De pronto una voz interior le decía: “Abre Lc. 5,10”. Juan la ignoró pero volvió a repetirse: “Abre Lc. 5,10”. Otra vez la dejó pasar. A la tercera vez que escuchó esa voz que le insistía, no pudo dejar de abrir el Nuevo Testamento y leer el pasaje.

Lucas 5,10 es un versículo bíblico donde Jesús se dirige a Simón Pedro después de una pesca milagrosa y le dice: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 

Juan Sebastián relata que en ese tiempo vivía con dudas sobre si el Señor le llamaba para ser sacerdote. Pero ese día, con esas palabras, todo se aclaró. Ese versículo lo iluminó todo. Sintió que Dios le confirmaba lo que quería de él. «Desde entonces, mi vida ha sido un intento, imperfecto, pero sincero, de responder a esa llamada y cumplir Su voluntad».

Juan Sebastian en el camino de su vocación como sacerdote

Ser el sacerdote que el mundo espera

En este camino hacia el sacerdocio tiene muy claro lo que el mundo actual necesita, y son presbíteros que se identifiquen profundamente con Cristo.

«La oración y la intimidad con Dios no pueden ser descuidadas. Solo un corazón enraizado en esa relación puede responder a las necesidades de la sociedad y guiarla por el camino de la esperanza», subraya Juan Sebastián.

Y así, este seminarista sigue caminando, con sus límites (como todos), pero con la certeza de que Dios está escribiendo su historia. «Cada día le pido que me ayude a ser fiel, para que en mi debilidad se manifieste su fuerza», añade.

Los desafíos de su diócesis en San Roque

Juan se está formando en España para regresar de nuevo a su diócesis en San Roque, una circunscripción muy extensa: cuenta con 24 parroquias, cada una con amplias zonas rurales y numerosas comunidades.

«Mi parroquia atiende a unos 25.000 habitantes, más diez comunidades rurales, y solo tiene un sacerdote». En total, la diócesis supera los 500.000 fieles, atendidos solo por 41 sacerdotes entre diocesanos, misioneros y religiosos.

Por esta razón, la formación del sacerdote es esencial, sobre todo para hacer frente además a otro desafío que está calando en su región: el crecimiento del protestantismo.

«Uno de nuestros grandes retos es llegar a lugares donde no pueden celebrar la Santa Misa diaria por la escasez de sacerdotes. Además, también es muy importante acompañar a los jóvenes que, en una sociedad marcada por el individualismo, buscan llenar su vacío existencial con las redes sociales y la necesidad constante de ser vistos, sin encontrar un sentido profundo a la vida», expresa con preocupación.

Juan Sebastián posa junto a algunos amigos después de celebrar la Santa Misa.

Evangelizar en una sociedad secularizada

Para Juan Sebastián, el individualismo imperante en la sociedad es un problema que necesita un cambio de paradigma. Y en este cambio es vital que el cristiano demuestre al mundo que no está llamado a vivir aislado, sino a salir al encuentro del otro.

«En una sociedad que se aleja de Dios y acomoda la verdad a su conveniencia –a veces por ignorancia–, el testimonio cercano y comunitario es más necesario que nunca», expresa.

En estos años de estancia en España, le ha llamado la atención que, por lo general, la gente es bastante religiosa, especialmente las personas mayores. Ha observado ese aprecio por las tradiciones, como las procesiones de Semana Santa.

seminario internacional bidasoa formación sacerdotes

La familia de Bidasoa

Juan se encuentra en Bidasoa, un seminario internacional situado en Pamplona. «Es un lugar donde se reúne una familia mundial, donde uno va conociendo otros hermanos que comparte la misma fe, la misma locura de querer servir al Señor desde la llamada al sacerdocio».

«Creo que sería hermoso que esa misma pasión por la Semana Santa se viviera también en la Eucaristía, en la Confesión y en los sacramentos. En mi país no tenemos esa misma expresión cultural, así que para mí ha sido algo nuevo y enriquecedor», concluye Juan Sebastián, con la esperanza de volver a Argentina con fuerza y entusiasmo.


Marta Santín, periodista especializada en religión.


Preguntas y respuestas sobre sacerdotes

¿Cuáles son las cuatro vocaciones de la Iglesia católica?

La vocación es única de todos a la santidad. Sin embargo, se distinguen:

Matrimonio: vocación sagrada en la que un hombre y una mujer se comprometen a vivir juntos en un vínculo indisoluble, abierto a la vida y a la educación de los hijos, buscando su santificación mutua y la de su familia.

Sacerdocio: llamada a hombres para servir a la Iglesia como ministros ordenados (obispos, presbíteros y diáconos). Los sacerdotes se dedican a la proclamación del Evangelio, la administración de los sacramentos y la pastoral de la comunidad.

Vida consagrada: una llamada a hombres y mujeres a consagrar su vida a Dios a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia, viviendo en comunidad. Esto incluye a monjas, monjes, frailes, hermanos y hermanas de diversas órdenes y congregaciones religiosas.

Vida célibe: La vocación de las personas que, sin unirse a una orden religiosa o casarse, se dedican a servir a Dios y a la Iglesia a través de su trabajo profesional, su servicio a los demás y su vida de oración, buscando la santidad en su estado de vida particular.

¿Cuál es la vocación de un sacerdote?

Según una catequesis del papa Francisco «el sacramento del Orden comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

El que recibe este sacramento ejerce la misión confiada por Jesús a sus Apóstoles y prolonga en el tiempo su presencia y su acción como único y verdadero Maestro y Pastor. ¿Qué significa esto concretamente en las vidas de aquellos que son ordenados? Quienes son ordenados son puestos a la cabeza de la comunidad como servidores, como lo hizo y lo enseñó Jesús.

El sacramento les ayuda también a amar apasionadamente a la Iglesia, dedicando todo su ser y su amor a la comunidad, que no han de considerarla de su propiedad, sino del Señor.

Por último, han de procurar reavivar el don recibido en el sacramento, concedido por la Oración y la imposición de manos. Cuando no se alimenta el ministerio ordenado con la oración, la escucha de la Palabra, la celebración cotidiana de la Eucaristía y la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia se termina perdiendo el sentido auténtico del propio servicio y la alegría que deriva de una profunda comunión con el Señor».

¿Cuántos años tiene que estudiar un seminarista para ser sacerdote?

El tiempo de formación de un seminarista para convertirse en sacerdote es un proceso largo y riguroso que, en general, dura entre 6 y 8 años, dependiendo del seminario y de la diócesis. Este período no solo se centra en el estudio académico, sino en una formación integral que abarca varias dimensiones: humana, espiritual, intelectual y pastoral.

¿Qué cualidades debe tener un sacerdote?

Lo mejor es que responda un sacerdote recién ordenado: «Pienso que lo mejor es que el sacerdote sea una persona normal. Me refiero al carácter y a la mentalidad. Además, la misión que tenemos nos pide ser personas con mirada sobrenatural, con una fuerte vida de relación con Dios. Y a la vez, muy humanas, cercanas, para relacionarse con todo tipo de personas que tienen necesidad de en un contacto más intenso con Dios. Me gustaría ser un sacerdote piadoso, alegre, optimista, generoso, disponible para todas las personas y todas las necesidades. Me parece que son aspectos que la gente valora especialmente del Papa Francisco».

Jornada Mariana de la Familia en Torreciudad

Torreciudad conmemoraba en esta ocasión un acontecimiento muy especial: la celebración del 50º aniversario de la apertura al culto del nuevo templo dedicado a la Virgen.

Un encuentro marcado por la alegría, la oración y la certeza de compartir la fe en familia. Como dijo el vicario del Opus Dei en España, don Ignacio Barrera: «¡Cuánta belleza y alegría puede transmitir la familia que reza!».

La Fundación CARF, fiel a su compromiso con la formación sacerdotal y con la Iglesia universal, fue una de las entidades patrocinadoras de esta jornada, sumándose así a la alegría de las familias que acudieron al santuario aragonés.

La familia que reza

El acto central fue la Eucaristía celebrada en la explanada, presidida por el vicario del Opus Dei en España, Ignacio Barrera, quien invitó a todos los presentes a ser «sembradores de paz y alegría», recordando las palabras de san Josemaría: las familias están llamadas a ser «hogares luminosos y alegres».

En un mundo tantas veces marcado por la prisa, la división y la incertidumbre, Barrera recordó que «el Señor se encargará de lo demás y encenderá otras muchas luces», si cada familia procura dar testimonio de amor en su vida cotidiana: «Dad luz en vuestra casa, en los colegios, en los lugares de trabajo… ¡Cuánta belleza y alegría puede transmitir la familia que reza, que se quiere, que se perdona y está unida!». Y preguntó: «¿No os parece que hay mucha necesidad de esto en nuestro tiempo, en la vida social, en la vida política, en los ambientes de trabajo?».

En esta jornada se respira fraternidad y oración. Tras el rezo del Ángelus, hubo una variada presentación de ofrendas por parte de las asociaciones, parroquias, colegios y grupos participantes, que ofrecieron flores, productos de la tierra, imágenes de la Virgen, manualidades infantiles y otros símbolos de gratitud y fe.

En un gesto lleno de ternura, los padres ofrecieron a sus hijos a la Virgen de Torreciudad, confiándoles su futuro y pidiendo su amparo. Este momento, vivido con lágrimas y sonrisas, fue testimonio de lo que significa caminar juntos como familia cristiana: dejarse guiar por María hacia su Hijo.

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En diálogo con Nachter y Roseanne.

Nachter y Roseanne

La jornada estuvo llena de momentos de encuentro y testimonio. El matrimonio formado por Nachter y Roseanne, conocidos por su humor y cercanía en redes sociales, compartió su experiencia sobre «cómo mejorar nuestras relaciones familiares con mucho humor». Recordaron que «reírse con los demás, no de los demás» es una clave sencilla para vivir la caridad en el hogar, y que «ante el dolor, es básico que nuestra vida no la defina el sufrimiento, sino la ayuda que nos prestamos unos a otros. Y sobre todo Dios, que es Padre y podemos confiar plenamente en Él, aunque a veces no le entendamos».

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Un grupo de voluntarias.

Un gesto sencillo

Durante todo el día, más de 200 voluntarios colaboraron en los servicios de acogida, aparcamiento, información y limpieza, junto a la Guardia Civil, Turismo de Aragón, las comarcas del Somontano, Ribagorza y Cinca Medio, los ayuntamientos de Secastilla y El Grado, la Fundación CARF y el Grupo Mahou San Miguel. Además, se recogieron productos de higiene destinados a familias necesitadas, que se entregarán a través de Cáritas Diocesana de Barbastro-Monzón: un gesto que encarna el amor cristiano hecho servicio.

En el 50º aniversario del templo, esta jornada volvió a mostrar el corazón vibrante de la Iglesia: familias unidas por la fe, que rezan, se perdonan y confían en Dios. La Fundación CARF, presente entre ellas, comparte esa misión de irradiar esperanza y formar corazones sacerdotales que sirvan a tantas familias en todo el mundo.

Torreciudad, una vez más, fue luz. Una luz que nace de María y que, a través de la familia, ilumina la sociedad con la alegría del Evangelio.

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La Virgen de Torreciudad en procesión durante el rezo del Rosario.

Los alcaldes animan a repetir

Javier Betorz, delegado del Gobierno de Aragón en Huesca, ha destacado que «Torreciudad es un indudable foco de atracción, por tanto tiene todo nuestro apoyo en la promoción del turismo religioso y cultural». Mari Carmen Obis, alcaldesa de El Grado, ha señalado la importancia de la fiesta «en estas convocatorias para compartir nuestro patrimonio y nuestra alegría, de forma que lleguen a nuevos visitantes».

José Luis Arasanz, teniente de alcalde de Secastilla, y Ana María Rabal, concejala, confían en el proyecto de eje carretero con El Grado y Graus a través del municipio. Antonio Comps, alcalde de Castejón del Puente, piensa que «la jornada es un evento muy importante para el Alto Aragón, con un hondo significado en positivo para la familia y como elemento de promoción».

Fernando Torres, alcalde de Barbastro, ha declarado estar «muy contento de repetir una edición más, y de haber compartido la preocupación del santuario por los daños de la tormenta de anoche», mientras que para José Pedro Sierra, alcalde de Peraltilla, «lo mejor es que he visto mucha gente, con familias que confiamos repitan y den a conocer nuestro entorno».

José María Civiac, presidente de la comarca del Cinca Medio y alcalde de Alfántega, ha comentado que «he visto a mucha gente, dispuesta a un desplazamiento a veces largo, y desde luego, hemos de colaborar entre todos para que aumenten los visitantes».

Lola Ibort, concejala en Almudévar y diputada provincial, señala en su segunda asistencia a esta jornada, que «regreso muy contenta porque comparto tantos valores que promueven la familia, que es tan importante. Y estas familias jóvenes son a la vez, los mejores embajadores de nuestro territorio».

También asistieron la alcaldesa de El Pueyo de Santa Cruz, Teresa Rupín, y representantes municipales de Puente de Montañana, Arén, Enate y Artasona.


Marta Santín, periodista especializada en religión.


Cristo, ¿se habrán encontrado con Él?

La fe cristiana, la Santa Misa, o es un encuentro vivo con Cristo o no es. Por eso la Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. con Él.

En una carta a su familia fechada el 14 de julio de 1929 en Nueva York, Federico García Lorca escribe: “La solemnidad en lo religioso es cordialidad, porque es una prueba viva, para los sentidos, de la inmediata presencia de Dios. Es como decir: Dios está con nosotros, démosle culto y adoración (…) Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios”.

No sé lo que tenía Federico en su corazón y en su cabeza al escribir estas palabras. Sí puedo sugerir que son una manifestación de su alma de poeta y de su saber apreciar la belleza de un encuentro con Dios vivo; y lo hago, porque antes de esas líneas, escribió: “Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una Misa en España”.

Santa Misa, encuentro con Cristo vivo

En su Carta Apostólica “Desiderio Desideravi”, en el apartado La Liturgia: lugar del encuentro con Cristo el papa Francisco escribió: “Aquí está toda la poderosa belleza de la Liturgia (…)  La fe cristiana, o es un encuentro vivo con Él, o no es.   La Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. No nos sirve un vago recuerdo de la última Cena, necesitamos estar presentes en aquella Cena, poder escuchar su voz, comer su Cuerpo y beber su Sangre: le necesitamos a Él.

En la Eucaristía y en todos los Sacramentos se nos garantiza la posibilidad de encontrarnos con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su Pascua. El poder salvífico del sacrificio de Jesús, de cada una de sus palabras, de cada uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebración de los Sacramentos” (nn, 10-11).

“Un encuentro vivo con Cristo”. Y si en todos los Sacramentos Jesucristo está presente y actúa, de manera muy particular, sacramentalmente, lo hace en la santa Misa.

«Es el Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre con la cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza en nosotros la Redención. (…) La Santa Misa nos sitúa de ese modo ante los misterios primordiales de la fe, porque es la donación misma de la Trinidad a la Iglesia. Así se entiende que sea el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano (…)

En la Misa se encamina hacia su plenitud la vida de la gracia, que fue depositada en nosotros por el Bautismo, y que crece fortalecida por la Confirmación. "Cuando participamos de la Eucaristía, escribe san Cirilo de Jerusalén, experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no solo nos configura con Cristo, como sucede en el Bautismo, sino que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo Jesús"» (Josemaría Escrivá. Es Cristo que pasa, nn. 86 y 87).

cristo santa misa torreciudad

La belleza de la liturgia en la Santa Misa

Estos textos referentes a la belleza de la Liturgia expresada en la celebración de la Santa Misa, se me vinieron a la memoria la tarde del domingo. Después de atender a una persona enferma, me acerqué a una iglesia a acompañar un rato al Señor. Faltaba un cuarto de hora para la celebración, a las 8.00 de la tarde. Comenzaron a llegar feligreses, en silencio y un cierto recogimiento. Un número elevado de los hombres vestía pantalón corto, y un número más reducido de mujeres también.

¿Se habrían presentado con esa vestimenta en la fiesta de alguna familia amiga? ¿Y a una reunión con sus jefes en el área de su trabajo profesional? ¿Hubieran ido con esas prendas a recibir un premio por alguna actuación profesional, por algún libro publicado, etc.?

En la puerta de entrada a la iglesia no había ningún de esos carteles –que seguramente todos los lectores recordarán– que prohibían la entrada en el templo vestidos de esa manera. Quizá los sacerdotes no habrían dicho nada al verlos en otras ocasiones acercarse así a recibir a Jesucristo en la Comunión.

Un buen número –más de cien– de esos hombres y mujeres se acercaron al altar a recibir la Comunión. Apenas terminada la Misa, la iglesia se vació.  El sacerdote mantuvo el silencio interior apenas medio minuto, después de recoger el altar, sin arrodillarse al pasar delante del Sagrario. Y los fieles que se quedaron en la iglesia dando gracias a Dios por haber recibido la Eucaristía, fueron apenas una decena. ¿Serían conscientes los feligreses de haberse encontrado con el Hijo de Dios hecho hombre? ¿Y de haber vivido con Jesús todos los momentos de la Misa, y de haberle “comido” en la Hostia Santa?


Original publicado en Religión Confidencial

Ernesto Juliá, ernesto.julia@gmail.com

«Mi vocación está fundada en el amor de la Virgen»

Ser sacerdote es la vocación de Francesco Fiorio, un joven seminarista italiano de 25 años de la Sociedad de vida apostólica de los Hijos de la Cruz, rama masculina de la comunidad Casa de María, realidad mariana nacida de la experiencia de Medjugorje. Gracias a la ayuda de la Fundación CARF, se han podido formar muchos de sus miembros, seminaristas, sacerdotes, religiosas y laicos, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Ahora, empieza su segundo año de Teología.

Desde la infancia, vivió la parroquia como una segunda familia

Las raíces de su historia vocacional se remontan a su infancia. Nació y creció en Roma, en el barrio periférico del Trullo. Desde pequeño frecuentó la parroquia, que fue confiada en 2005 a los Hijos de la Cruz. Ya desde los 6-7 años iba todos los días al oratorio, que para él se había convertido en su segunda casa.

«Los sacerdotes y las religiosas Hijas de la Cruz me acompañaron a recibir todos los sacramentos: desde la primera Confesión, la primera Comunión hasta la Confirmación. Los Hijos y las Hijas de la Cruz, junto con los otros chicos de la parroquia, eran una segunda familia, y creo que todo el bien que me quisieron dejó una huella indeleble en mi corazón y en mi conciencia».

«Recuerdo que una vez, de niño, me preguntaron qué quería ser de mayor y yo respondí tranquilamente: “el sacerdote”, porque veía a los Hijos de la Cruz que cada día jugaban al fútbol y estaban simplemente contentos, y así yo quería ser como ellos». 

Otra anécdota que explica este vínculo con su infancia es que las Hijas de la Cruz que fueron sus catequistas, ahora son las mismas que en el seminario les atienden en las necesidades cotidianas. «Estas personas fueron para mí la prolongación de las manos de la Virgen que cuidó de mí desde pequeño. A través de ellas conocí y entré en contacto con la realidad de la Casa de María, nuestros superiores y los otros chicos de la comunidad».

vocación  sacerdote de Francesco Fiorio virgen maría
Francesco Fiorio durante la entrevista con la Fundación CARF.

La adolescencia y el alejamiento de la fe

Todo iba bien hasta la adolescencia, cuando empezó a buscar otras amistades que le alejaron de los verdaderos lazos que le ofrecía la Virgen María. «Comencé a tener el pie en dos zapatos. Nunca rompí del todo con la fe: seguía yendo a Misa los domingos, a frecuentar la parroquia; pero al mismo tiempo lo único que me interesaba era construir una imagen de mí delante del mundo y conquistar a las chicas».

Siguió así por un tiempo hasta 2016 cuando, en la JMJ de Cracovia, yendo en peregrinación al santuario de la Virgen Negra de Częstochowa, sintió la llamada al sacerdocio. «Esta llamada me había dejado totalmente desconcertado, porque fue como un rayo en el cielo sereno, de hecho, puedo decir que llegó justamente en el periodo en que estaba más fuera de mí.

Al volver a casa, me cerré totalmente, porque de ninguna manera quería ser sacerdote: tenía otros proyectos y otros programas. Quería construirme una vida autogestionada. Me opuse durante varios años, hasta 2018, cuando yendo a Medjugorje para el retiro de verano, pasamos por Široki Brijeg, un pueblo centro de la catolicidad de Bosnia y Herzegovina».

El impacto de Široki Brijeg

El 7 de febrero de 1945, los partisanos comunistas yugoslavos asesinaron a 30 frailes franciscanos, quemando sus cuerpos y destruyendo el convento, la biblioteca y los archivos. Fue un intento de borrar la presencia cultural y religiosa católica en Herzegovina. En total, más de 120 franciscanos de la provincia fueron asesinados durante aquella persecución. Hoy los frailes son recordados como mártires de la fe, y cada año se conmemora su sacrificio.

«Cuando visité Široki Brijeg, supe que allí fueron martirizados decenas de frailes franciscanos en el periodo de ocupación comunista del siglo XX y muchos otros todavía en los siglos precedentes de dominación turca.

La historia de aquel sitio nos fue explicada por una señora local. Recuerdo muy bien que se conmovió y lloró contándonos la entrega de los sacerdotes hasta dar la vida por el pueblo, y también la entrega misma del pueblo por sus sacerdotes. Lloraba mientras hablaba de los sacerdotes, de la Santa Misa.

Ese testimonio suyo me tocó en lo íntimo y empezó a mover algo en mi corazón endurecido. Bajando al
lugar del martirio, uno de nuestros sacerdotes que seguía a nuestro grupo de jóvenes me dijo: “¿quieres otras respuestas?”, al darse cuenta de que no había quedado indiferente a aquellas palabras».

Cuaresma 2019, redescubriendo el amor de Cristo

En la Cuaresma de 2019 redescubrió el amor de Cristo y la centralidad de la oración. La Cuaresma de aquel año estaba guiada por las palabras de san Benito: “no anteponer nada al amor de Cristo”. «Estas palabras me quedaron grabadas y las asocié a las de san Pablo: “por Él dejé perder todas estas cosas y las considero basura, para ganar a Cristo”. Así comencé de nuevo a poner en el centro la oración, la relación con el Señor, considerando superfluo todo lo que antes buscaba desesperadamente».

La ordenación de ocho Hijos de la Cruz se convirtió en una ocasión que confirmó en Francesco la certeza de la vocación, mostrándole la alegría de una vida entregada.

«Sin embargo, fue decisiva para mí la ordenación sacerdotal de ocho Hijos de la Cruz que tuvo lugar el 12 de mayo de ese mismo año. Ver la alegría y felicidad de aquellos nuevos sacerdotes, que me habían acogido y querido como a un hermano menor, al entregarse totalmente al Señor en la virginidad, en la ofrenda de toda su vida por la Iglesia, por los hermanos y hermanas de la Casa de María y por tantas otras almas que la Virgen les haría encontrar, me hizo decir: “Señor, si es esto lo que quieres de mí, a lo que me llamas, está bien, acepto”».

Una familia espiritual

La Vocación en la Casa de María, le hizo comprender que la Virgen María ya le ofrecía en aquel lugar todo lo que deseaba: una familia espiritual y el sentido de su entrega.

«Entonces me di cuenta de que todo lo que buscaba y deseaba la Virgen me lo estaba ofreciendo desde hacía tiempo en la Casa de María, esperando solo que yo acogiera y aceptara su llamada. Ella realizó todos mis deseos más sinceros: me dio una familia espiritual, hermanos y hermanas, el amor de un padre y de una madre espiritual, la realización de mi afectividad llamándome, no a amar a una persona determinada, sino a una donación total al Señor y a los demás. Estaba claro en mí desde el principio que, si debía ser sacerdote, nunca lo habría querido ser fuera de la Casa de María, porque solo en esta familia tiene sentido mi vocación».

Francesco Fiorio junto a sus hermanos espirituales.

En 2021 se consagró a la Virgen y en 2022 entró en la Casa de María, donde vive hoy su vocación en comunidad.

«Así inicié un camino de acercamiento más radical a la Casa de María. El 6 de enero de 2021 me consagré a la Virgen. El 4 de diciembre de 2022 entré en la comunidad, y hasta hoy son dos años que vivo en la Casa de María».

Gracias a los benefactores

«Quiero concluir mi testimonio explicando cómo, más allá de acontecimientos particulares o experiencias que pueda relatar, mi vocación está fundada en el amor que la Virgen María ha tenido hacia mí a lo largo de toda mi vida y que me ha manifestado a través de las personas que ha puesto a mi lado acompañándome en cada momento y circunstancia».

«Por ello aprovecho la ocasión también para agradecer a los benefactores de la Fundación CARF la ayuda económica con la que están sosteniendo mis estudios y los de mis hermanos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Espero poder recompensarles con mi oración y también con buenos resultados en el camino universitario».

Francesco Fiorio, una vocación fundada por la Virgen María

Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Natividad de la Virgen María: 8 de septiembre

Cada 8 de septiembre, la Iglesia celebra la Natividad de la Virgen María, fiesta que recuerda el nacimiento de la Madre de Dios. La celebración está estrechamente unida a la solemnidad de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre), pues nueve meses después la Iglesia contempla el don de su nacimiento.

El nacimiento de María es visto como el inicio del cumplimiento de las promesas divinas: ella es la mujer elegida para ser la Madre del Salvador.

Muchos siglos habían pasado desde que Dios, en los umbrales del Paraíso, prometiera a nuestros primeros padres la llegada del Mesías. Cientos de años en los que la esperanza del pueblo de Israel, depositario de la promesa divina, se centraba en una doncella, del linaje de David, que concebirá y dará a luz un Hijo, a quien pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros (Is 7, 14). Generación tras generación, los piadosos israelitas esperaban el nacimiento de la Madre del Mesías, aquella que ha de dar a luz, como explicaba Miqueas teniendo como fondo la profecía de Isaías (cfr. Mi 5, 2).

El nacimiento de la Virgen de Bartolomé Esteban Murillo. Museo del Louvre, París.

El nacimiento de María, anuncio de la Salvación

Diversos Papas han descrito esta fiesta como el amanecer que anuncia la llegada del Sol de justicia: Jesucristo. En palabras de san Juan Pablo II, el nacimiento de la Virgen es un signo luminoso que prepara la Encarnación del Hijo de Dios.

La liturgia la llama “raíz de nuestra alegría”, porque en María comienza a hacerse visible el plan de salvación. El profeta Miqueas, citado en esta fiesta, anuncia que de Belén nacerá el Salvador y que Él mismo será la paz. María, hija de Israel y madre del Mesías, es el puente entre la promesa y su cumplimiento.

María, signo de paz y esperanza

El Papa Francisco recordó que esta fiesta habla también de paz. En las lecturas del día, la palabra paz resuena tres veces, porque la llegada de María prepara el corazón de la humanidad para recibir a Cristo, el Príncipe de la paz.

Celebrar el nacimiento de la Virgen es reconocerla como estrella de esperanza. Ella ilumina a la Iglesia y a cada cristiano, invitándonos a vivir abiertos a Dios, como ella lo hizo, y a dejar que Cristo transforme nuestra vida.

María modelo de santidad

La Natividad de la Virgen María no es solo un recuerdo histórico, sino una fiesta que nos anima a mirar la vida con fe: María es modelo de santidad y belleza espiritual, la criatura perfecta que Dios preparó para su Hijo.

Su nacimiento marca el inicio de la salvación, siendo ella el eslabón entre las promesas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en Cristo. Para los fieles, su fiesta es una ocasión para renovar la confianza en Dios y para pedir la gracia de vivir con la misma docilidad y fe que tuvo la Virgen.

Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos (Gal 4, 4-5). Dios se esmera en elegir a su Hija, Esposa y Madre. Y la Virgen santa, la muy alta Señora, la criatura más amada por Dios, concebida sin pecado original, vino a nuestra tierra. Nació en medio de un profundo silencio. Dicen que en otoño, cuando los campos duermen. Ninguno de sus contemporáneos cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Sólo los ángeles del cielo hicieron fiesta.

De las dos genealogías de Cristo que aparecen en los evangelios, la que recoge San Lucas es muy probablemente la de María. Sabemos que era de esclarecida estirpe, descendiente de David, como había señalado el profeta hablando del Mesías —saldrá un vástago de la cepa de Jesé y de sus raíces florecerá un retoño (Is 11, 1)— y como confirma San Pablo cuando escribe a los Romanos acerca de Jesucristo, nacido del linaje de David según la carne (Rm 1, 3).

Un escrito apócrifo del siglo II, conocido con el nombre de Protoevangelio de Santiago, nos ha transmitido los nombres de sus padres –Joaquín y Ana–, que la Iglesia inscribió en el calendario litúrgico. Diversas tradiciones sitúan el lugar del nacimiento de María en Galilea o, con mayor probabilidad, en la ciudad santa de Jerusalén, donde se han encontrado las ruinas de una basílica bizantina del siglo V, edificada sobre la llamada casa de Santa Ana, muy cerca de la piscina Probática. Con razón la liturgia pone en labios de María unas frases del Antiguo Testamento: me establecí en Sión. En la ciudad amada me dio descanso, y en Jerusalén está mi potestad (Sir 24, 15).

Lectura del Evangelio del día

✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo1, 1-16. 18-23

Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Bibliografía

Opusdei.org. Vida de María.

Catequesis del Papa: Jesucristo, nuestra esperanza

Audiencia general con el Papa León XIV en la plaza de san Pedro, 3 de septiembre de 2025.

Queridos hermanos y hermanas:

En el centro del relato de la pasión, en el momento más luminoso y a la vez más oscuro de la vida de Jesucristo, el Evangelio de Juan nos entrega dos palabras que encierran un misterio inmenso: «Tengo sed» (19,28), e inmediatamente después: «Todo está cumplido» (19,30). Palabras últimas, pero cargadas de toda una vida, que revelan el sentido de toda la existencia del Hijo de Dios. En la cruz, Jesús no aparece como un héroe victorioso, sino como un mendigo de amor. No proclama, no condena, no se defiende. Pide, humildemente, lo que por sí solo no puede darse de ninguna manera.

Jesucristo crucificado, expresión plena de Amor

La sed del Crucificado no es solo la necesidad fisiológica de un cuerpo destrozado. Es también y, sobre todo, la expresión de un deseo profundo: el de amor, de relación, de comunión. Es el grito silencioso de un Dios que, habiendo querido compartir todo de nuestra condición humana, se deja atravesar también por esta sed. Un Dios que no se avergüenza de mendigar un sorbo, porque en ese gesto nos dice que el amor, para ser verdadero, también debe aprender a pedir y no solo a dar.

«Tengo sed», dice Jesús, y de este modo manifiesta su humanidad y también la nuestra. Ninguno de nosotros puede bastarse a sí mismo. Nadie puede salvarse por sí mismo. La vida se «cumple» no cuando somos fuertes, sino cuando aprendemos a recibir. Y precisamente en ese momento, después de haber recibido de manos ajenas una esponja empapada en vinagre, Jesús proclama: «Todo está cumplido». El amor se ha hecho necesitado, y precisamente por eso ha llevado a cabo su obra.

Jesús

Esta es la paradoja cristiana: Dios salva no haciendo, sino dejándose hacer. No venciendo al mal con la fuerza, sino aceptando hasta el fondo la debilidad del amor. En la cruz, Jesús nos enseña que el ser humano no se realiza en el poder, sino en la apertura confiada a los demás, incluso cuando son hostiles y enemigos. La salvación no está en la autonomía, sino en reconocer con humildad la propia necesidad y saber expresarla libremente.

El cumplimiento de nuestra humanidad en el diseño de Dios no es un acto de fuerza, sino un gesto de confianza. Jesús no salva con un golpe de efecto, sino pidiendo algo que por sí solo no puede darse. Y aquí se abre una puerta a la verdadera esperanza: si incluso el Hijo de Dios ha elegido no bastarse a sí mismo, entonces también su sed –de amor, de sentido, de justicia– no es un signo de fracaso, sino de verdad.

Dejarnos amar por Jesucristo

Esta verdad, aparentemente tan simple, es difícil de aceptar. Vivimos en una época que premia la autosuficiencia, la eficiencia, el rendimiento. Sin embargo, el Evangelio nos muestra que la medida de nuestra humanidad no la da lo que podemos conquistar, sino la capacidad de dejarnos amar y, cuando es necesario, también ayudar.

Jesús nos salva mostrándonos que pedir no es indigno, sino liberador. Es el camino para salir de la ocultación del pecado, para volver al espacio de la comunión. Desde el principio, el pecado ha generado vergüenza. Pero el perdón, el verdadero, nace cuando podemos mirar de frente nuestra necesidad y ya no temer ser rechazados.

La sed de Jesús en la cruz es entonces también la nuestra. Es el grito de la humanidad herida que sigue buscando agua viva. Y esta sed no nos aleja de Dios, sino que nos une a Él. Si tenemos el valor de reconocerla, podemos descubrir que también nuestra fragilidad es un puente hacia el cielo. Precisamente en el pedir –no en el poseer– se abre un camino de libertad, porque dejamos de pretender bastarnos a nosotros mismos.

En la fraternidad, en la vida sencilla, en el arte de pedir sin vergüenza y de ofrecer sin cálculo, se esconde una alegría que el mundo no conoce. Una alegría que nos devuelve a la verdad original de nuestro ser: somos criaturas hechas para dar y recibir amor.

Queridos hermanos y hermanas, en la sed de Cristo podemos reconocer toda nuestra sed. Y aprender que no hay nada más humano, nada más divino, que saber decir: necesito. No temamos pedir, sobre todo cuando nos parece que no lo merecemos. No nos avergoncemos de tender la mano. Es precisamente allí, en ese gesto humilde, donde se esconde la salvación.

Un momento de la catequesis sobre Jesucristo en la audiencia general del Papa León XIV en la plaza de san Pedro. (@Vatican Media)

Llamamiento final del Papa León

Desde Sudán, en particular desde Darfur, llegan noticias dramáticas. En El Fasher, numerosos civiles están atrapados en la ciudad, víctimas de la escasez y las violencias. En Tarasin, un deslizamiento de tierra devastador ha causado numerosas muertes, dejando tras de sí dolor y desesperación. Y, como si no fuera suficiente, la propagación del cólera amenaza a cientos de miles de personas ya agotadas. Estoy más cerca que nunca de la población sudanesa, en particular de las familias, los niños y los desplazados.

Rezo por todas las víctimas. Hago un sincero llamamiento a los responsables y a la comunidad internacional para que garanticen corredores humanitarios y pongan en marcha una respuesta coordinada para detener esta catástrofe humanitaria. Es hora de iniciar un diálogo serio, sincero e inclusivo entre las partes, para poner fin al conflicto y devolver al pueblo de Sudán la esperanza, la dignidad y la paz.