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Stichting CARF

31 januari, 23

Argentijnse priester

Don Miguel Mullen, priester uit Argentinië

"Het is noodzakelijk om te vertrouwen op de Eucharistie, om kracht en troost te zoeken in moeilijke momenten. De Argentijnse priester Miguel Mullen, gewijd midden in de pandemie, legt het belang uit van de eucharistie, het gebed en de geestelijke begeleiding in het leven van een christen.

El sacerdote Miguel Mullen vive en la archidiócesis argentina de Mendoza, una de las más grandes del país y situada en la llanura al este de los Andes, en la parte más occidental del país sudamericano. A sus 49 años este religioso perteneciente a la Prelatura del Opus Dei es lo que hoy se denomina una vocación tardía, pues fue ordenado sacerdote en 2020, en plena pandemia de coronavirus.

De weg die hem naar het priesterschap leidde was echter lang, want hij voelde al lang een beroepsrust die uiteindelijk resulteerde in deze roeping om priester te worden, waarvan hij de droom kon vervullen op de dag dat hij in Rome werd gewijd.

Hij woont in Argentinië, zijn geboorteland, een land dat al lange tijd gebukt gaat onder een gecompliceerde situatie, zowel politiek en economisch als sociaal en religieus. "Argentinië maakt een vertrouwenscrisis door in zijn munt, met een hoge inflatie. Dit leidt tot een situatie waarin werkenden gedurende het jaar de koopkracht van hun inkomen verliezen, totdat hun salaris wordt aangepast. De situatie is zeer ongunstig voor de lagere en middenklasse", verklaart hij in een interview met de Stichting CARF.

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Wat de religieuze situatie betreft, meent Miguel Mullen dat het moeilijk is te generaliseren. Hij zegt dat "aan de ene kant, in Mendoza, waar ik woon, merk ik dat weinig gezinnen van de school waar ik werk de zondagsmis bijwonen. Kinderen die bijvoorbeeld hun eerste communie al hebben gedaan, willen graag gaan, maar hun ouders nemen hen niet mee". Maar hij legt ook uit dat toen hij op zondag pastoors moest vervangen, hij "betrokken gemeenschappen en een goede opkomst bij de mis" heeft aangetroffen.

En esta entrevista con la Stichting CARF habla de su llamada vocacional, de su vida como sacerdote y de su experiencia de estudios tanto en Pamplona como en Roma.

Hoe heb je het geloof ontvangen? Don Tino (Constantino Gargallo) me bautizó a la semana de nacer. Este mismo sacerdote español, del Opus Dei, casó a mis padres. Mi madre, Nancy Taylor, no era católica, sino protestante. Conoció un Centro de la Opus Dei en Buenos Aires. Allí se decidió hacer la profesión de fe católica. Fue una conversión muy profunda y valiente. Mi papá, Miguel Mullen, se educó en una familia católica. El contacto con la adversidad, lo hizo madurar y fue un hombre bueno que irradiaba calidez y alegría. En mi familia siempre se respiraba un clima cristiano, lleno de naturalidad.

En hoe kwam uw roeping tot het priesterschap tot stand? Con ocasión de un Jueves Santo, en la ciudad de La Plata, comencé a percibir la llamada al sacerdocio. Durante el lavatorio de los pies, me vino al alma algo así como una propuesta del Señor a lavarles los pies a los demás mediante el sacramento de la Confesión. Esa inquietud persistió durante muchos años. La fui manifestando al Prelado del Opus Dei en distintas cartas y también al Vicario Regional. Hacia 2015 volví a insistir; tenía claro que mi vocación como numerario no estaba incompleta por el hecho de no ser sacerdote. Pero uno intenta ser fiel a las sugerencias que nos vienen de arriba…

Tuve que esperar unos 20 años desde aquel Jueves Santo hasta la ordenación. No guardo el más mínimo reproche por la demora, porque la vocación a la Obra solo me trajo alegrías.

Usted estudió tanto en Pamplona como en Roma, ¿cómo fue su experiencia allí? Debido a mi edad y mis encargos en Argentina, realicé una licenciatura en Teología Moral y Espiritual en la Universidad de Navarra. Con un plan excepcional, solo viajaba en los períodos de exámenes a estudiar y a rendir. Me encantó el campus y el ambiente de la Facultad de Teología.

La vida de Miguel Mullen, de Argentina, en Pamplona

Vivía en el Colegio Mayor Aralar. Después de los exámenes, aprovechaba las instalaciones deportivas para jugar al fútbol y al tenis. Los jueves era obligado ir de pinchos y disfrutar la magnífica ciudad que es Pamplona.

Después de la licenciatura, encaré el doctorado en Teología Moral en Roma, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Allí disfrute de algunas clases, las necesarias para sumar créditos para el doctorado. Valoré especialmente la presencialidad y el compartir las clases en un ambiente cosmopolita. A pesar de mi italiano rudimentario, pude asistir a algunas clases de sobre ética de la virtud, a cargo don Ángel Rodríguez Luño. Un gran profesor. Tuve la suerte de encontrar también un gran relator para mi tesis, el sacerdote uruguayo Arturo Bellocq. Junto a su calidad humana, percibí una competencia académica sólida.

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Zijn er opvallende situaties die u zich herinnert uit deze jaren? En mi caso, la pandemia en cierto modo me favoreció. Pude concentrarme en el doctorado y la preparación inmediata para el sacerdocio. Por otra parte, mi ordenación fue en septiembre de 2020. El presbiterio de la iglesia de San Eugenio (Roma) estaba repleto de sacerdotes con barbijos (mascarillas), a prudente distancia. Incluso el cardenal Pietro Parolin, quien nos ordenó, y hasta nuestro Prelado, don Fernando Ocáriz.

Los vuelos desde América fueron cancelados en su totalidad. Por ese motivo, los diáconos que proveníamos de América tuvimos que ofrecer al Señor la ausencia nuestros parientes. Fue una nota de tristeza en un contexto celestial.

¿Cuáles han sido los momentos más memorables que ha vivido en su tiempo como sacerdote? Mis primeros meses de sacerdote los viví en Madrid. La principal tarea pastoral que me asignaron fue sustituir a don Felipe, un sacerdote agregado del presbiterio del Opus Dei, que estaba internado por una infección. Tres veces por semana ayudaba en la Parroquia de San Josemaría, en Alcorcón. Allí celebraba una de las misas del domingo y dedicaba muchas horas al confesionario.

Al poco tiempo de llegar, me enteré por los medios de comunicación que don Javier Contreras, el párroco, sufrió un intento de asesinato. Un hombre de unos 25 años, fuera de sus cabales, lo sorprendió de madrugada, empuñando un cuchillo. Le espetó que iba a matarlo y durante unos cinco minutos sostuvieron una lucha cuerpo a cuerpo.

Gracias a Dios y a la fortaleza humana y espiritual de don Javier, solo sufrió tres puñaladas. Me quedé impactado porque durante la tarde de ese día, una vez que fue dado de alta, el párroco celebró la Santa Misa. No tenía 30 años sino unos 70. En la homilía, contó a sus feligreses que perdonaba de todo corazón a su agresor. Estaba junto al protagonista de la película El gran 2 Torino.

Otro momento destacable se produjo atendiendo a alumnas de Secundaria en el Colegio Fuenllana. Recuerdo la alegría de percibir tanto la confianza de las chicas en el sacerdote como mi propia alegría de impartir el sacramento de la Reconciliación. De hecho, los días más grises para mí eran cuando no venía nadie a confesarse y las horas se alargaban.

- Wat heeft de priester volgens u nodig om de vele uitdagingen en gevaren waarmee hij wordt geconfronteerd het hoofd te bieden? Llevo poco más de años ordenado, pero pienso que un sacerdote necesita cultivar la amistad con Cristo mediante la oración. También ha de apoyarse en la Eucaristía; buscar allí la fortaleza y el consuelo en los momentos difíciles.

Tenemos las mismas debilidades que cualquier hombre. Creo que decidirse a tener acompañamiento espiritual es de mucha sabiduría porque también nosotros, los sacerdotes, necesitamos de la escucha, de la comprensión y el aliento.

También me resulta útil invertir en la formación doctrinal y moral. Desde una buena lectura hasta ver una conferencia sobre algún tema teológico actual. Agrego también que disfruto mucho de las reuniones con otros sacerdotes. En Mendoza, la diócesis organiza encuentros generales del clero, donde uno cultiva la fraternidad sacerdotal. También hacemos algo parecido en el decanato de Guaymallén, una vez por mes. Uno se maravilla con la vida buena de muchos sacerdotes.

- Wilt u iets zeggen tegen de weldoeners van de Stichting CARF? Je helpt bij het smeden van de priesters van Jezus Christus. Dat is onbetaalbaar. God zal het onthouden en je zult er nooit spijt van krijgen.