1 Parte | Jesús o Mahoma: ¿quién tiene razón?

¿Quién era realmente Mahoma, en árabe Muḥammad (el alabado)? ¿Y fue la historia de la “revelación”, que se extendió por todo el mundo a partir de él con el nombre de Islam, realmente la historia de un malentendido, de una fake news?

Vamos a tratar, de forma absolutamente no exhaustiva, de contestar a estas preguntas, sobre todo porque analizar el asunto de los orígenes del Islam es necesario para comprender las consecuencias históricas del advenimiento de esta doctrina, supuestamente nueva, en el mundo.

Introducción

Empecemos con el preguntarnos si realmente se trató de un malentendido. Para ello, vamos a elaborar tres postulados sobre la credibilidad de Mahoma y de su mensaje:

  • Si Mahoma sí recibió una revelación, y si esta revelación es auténtica, entonces el Islam es la verdadera religión, Jesús no es Dios, no ha sido crucificado y no ha resucitado;
  • Si no la recibió o dijo no haberla recibido, entonces sus discípulos lo malinterpretaron, por lo que nos enfrentamos al malentendido más colosal de la historia;
  • Si no la recibió en absoluto, pero dijo que sí la había recibido, mintió de mala fe y no fue un malentendido, sino un fraude.

Para nosotros los cristianos, el primer postulado es inaceptable. Si fuera cierto, de hecho, faltaría el fundamento de nuestra fe (una fe que, como hemos visto, se basa en miles de testimonios y documentos históricos).

Por otro lado, la segunda declaración también parece difícil de aceptar, al menos desde un punto de vista académico: la hipótesis de que Mahoma ha sido mal entendido es bastante extraña, principalmente porque está comprobada su intención de hacerse creer un profeta, y no un profeta cualquiera, sino el último, el sello de los profetas.

Por lo tanto, la tercera hipótesis es la más plausible, tanto que Dante, en la Divina Comedia, coloca a Mahoma, precisamente por su mala fe, en los círculos inferiores del Infierno: “Or vedi com’io mi dilacco! Vedi come storpiato è Maometto!” [1] (Infierno XXVIII, 30). Otros, sobre todo San Juan Damasceno, identifican su mensaje como una herejía cristiana destinada a extinguirse en pocos años.

En todo caso, es difícil, si no imposible, proporcionar una respuesta precisa e inequívoca a las complejas preguntas que nos hemos hecho. La opinión más extendida entre los islamólogos contemporáneos, pues, es que Mahoma estaba realmente convencido, al menos en la primera fase de su predicación, en La Meca, en la cual desempeña el papel de un reformador religioso acalorado y nada más, de haber recibido una verdadera revelación divina.

Aún más convencido aparece posteriormente, en la siguiente fase de su vida pública, llamada medinesa (para contraponerla a la primera, conocida como mecana), de que era justo y necesario dar a los hombres una religión simple, en comparación con los monoteísmos que hasta aquel entonces existían y que él mismo había conocido más o menos; una religión escamondada de todos los elementos que no parecían realmente útiles, especialmente para él.

Todo sucedió en distintas fases, en una especie de esquizofrenia que causó muchas dudas respecto a la llamada revelación y al portador de la misma, incluso entre los partidarios más convencidos del autoproclamado profeta.

Mahoma o Jesús ¿quién tiene razón? Un viaje por Arabia

Mapa Arabia pre-Islam.

El contexto: la Arabia preislámica de la ǧāhilīya

La película “El mensaje”, de 1975, describe en detalle lo que era La Meca al comienzo de la predicación de Mahoma: una ciudad pagana, inmersa en la ǧāhilīya (en árabe y en el Islam, se atribuye este nombre, que traducido significa “ignorancia”, al periodo anterior al advenimiento del Islam mismo). En ese momento, en el siglo VI de la era cristiana, Arabia era una zona fronteriza, completamente aislada del llamado mundo civilizado.

Quedaba apartada de las rutas comerciales tradicionales y de las rutas de caravanas (que pasaban por los “puertos del desierto” como Palmira, Damasco o Alepo para adentrarse en Mesopotamia y luego, pasando el Golfo Pérsico, llegar hacia India y China). Sin embargo, en los períodos en el que las mismas rutas comerciales no estaban transitables debido a las guerras y la inestabilidad política, Arabia se volvía en un cruce de gran importancia. En tales casos, había dos rutas seguidas por las caravanas: una pasaba por La Meca, la otra por Yaṯrib (Medina).

La cuna del Islam está ubicada justo en esta área, llamada Ḥiǧāz, donde se encuentran La Meca (la tierra natal de Mahoma, nacido en 570 o 580) y Medina (una ciudad donde el mismo Mahoma se refugió después de las disputas surgidas de su predicación en La Meca: período llamado hiǧra, en castellano hégira), principales centros habitados alrededor de los cuales orbitaban tribus nómadas beduinas, siempre en lucha la una con la otra.

El pastoreo, la caza, los asaltos a caravanas y las incursiones contra tribus rivales eran el principal medio de subsistencia y la dureza de la vida forjaba el carácter de los beduinos, quienes tenían un ideal de virtus, un código de honor: murūwa. En ello se unen los conceptos de hospitalidad e inviolabilidad del huésped, fidelidad a la palabra dada, implacabilidad en el ta‛r, es decir la venganza por el derramamiento de sangre y la vergüenza sufrida.

La religiosidad de los nómadas y sedentarios de la Arabia preislámica era puramente fetichista: se veneraban las piedras sagradas, con vagas nociones sobre la supervivencia del alma después de la muerte (completamente absurdo y burlado era el concepto de la resurrección de la carne, luego predicado por Mahoma).

Algunos lugares se consideraban santos, en particular el santuario de la Ka‛ba, en La Meca, donde, durante ciertos meses proclamados sagrados, la gente hacía peregrinaciones y celebraba festivales y ferias (en particular certámenes poéticos).

En La Meca, se adoraba a dioses como Ḥubal, Al-Lāt, Al-‛Uzzāt e Al- Manāṯ, así como la Piedra Negra, engastada en una pared de la Kaaba, una especie de panteón árabe en el que también se encontraba la efigie de Cristo (la única no destruida por Muhammad en el momento de su regreso triunfante de la hégira en 630).

Antes del advenimiento del Islam, Arabia (que había visto florecer una gran civilización al sur de la península, la de las mineos y de los sabeos antes y de los himyaritas después, estaba formalmente bajo el dominio de los persas, quienes habían expulsado a los cristianos abisinios (un pueblo que había acudido en masa desde Etiopía para defender a sus correligionarios perseguidos por los reyes sabeos, de religión judía, después de la masacre de cristianos que fueron arrojados a miles en un horno de fuego por el rey Ḍū Nūwās, en Naǧrān, en 523).

En el norte, en el limes del Imperio bizantino, se habían creado reinos vasallos de Constantinopla, gobernados por las dinastías gasánida (nómadas sedentarizados de religión cristiana monofisita) y laḥmida (nestorianos): estos estados impedían que los asaltantes beduinos cruzaran las fronteras del Imperio, protegiendo las regiones más remotas de ello, así como el comercio de caravanas.

Por lo tanto, la presencia de elementos cristianos y judíos en la península árabe en la época de Mahoma es muy cierta. Estos elementos, sin embargo, eran heterodoxos y heréticos, lo que sugiere que el mismo “profeta” del Islam fue engañado acerca de muchas de las doctrinas cristianas y judías.

Mahoma

No hay información histórica precisa sobre la primera fase de la vida de Mahoma (una situación curiosamente análoga a la de Jesús). Sobre él mismo, por otro lado, hay muchas leyendas que hoy en día forman parte de la tradición islámica, a pesar de que estas anécdotas  no hayan sido investigadas mediante un análisis histórico y textual detallado (lo que sí sucedió, por lo contrario, para los evangelios apócrifos).

Por esta razón nos encontramos con dos historiografías diferentes sobre el autoproclamado profeta del Islam: una, precisamente, musulmana; la otra, la que vamos a considerar nosotros, es la historiografía occidental moderna, que se basa en fuentes más confiables, así como en el propio Corán, que puede considerarse, de una forma u otra, una especie de autobiografía de Mahoma.

La fecha más segura que tenemos es la de 622 (I de la era islámica), año de la hiǧra, la hégira, emigración de Mahoma y sus seguidores a Yaṯrib (más tarde renombrada Medina).

En cuanto al año de nacimiento del propio Mahoma, la tradición relata, aunque sin apoyarse en suficientes elementos concretos, el 570, mientras que varios historiadores están de acuerdo en dar a luz al nuestro hacia 580, siempre en La Meca.

Mahoma formaba parte de la tribu Banū Qurayiš (también llamada coraichitas), nació cuando su padre ya había fallecido y perdió a su madre en una edad temprana. Luego fue recibido primero por su abuelo y, después de la muerte de éste, por su tío paterno Abū Ṭālib.

A la edad de unos veinte años, Mahoma se puso al servicio de una viuda adinerada que ya tenía una edad avanzada por la época: Ḫadīǧa, una especie de empresaria que comerciaba perfumes con Siria. Con ella (quien más tarde se hizo famosa como la primera musulmana porque de hecho fue la primera persona en creer que era el enviado de Dios) Mahoma se casó unos años más tarde.

Esta unión fue, al parecer, larga, feliz y monógama, tanto que ‛Āʼiša, la que, después de la muerte de Ḫadīǧa, luego se convertirá en la esposa favorita de Mahoma, se dice fuera más celosa de la difunta que de todas las otras esposas en la vida del “profeta” del Islam.

Con Ḫadīǧa, Mahoma no tuvo hijos, mientras que del matrimonio con Āʼiša nacieron cuatro hijas: Zaynab, Ruqayya, Fāṭima y Umm Kulṯūm. El único hijo de Muhammad, Ibraḥīm, quien murió a una edad muy temprana, tuvo como madre una concubina copta cristiana.

En nombre de Ḫadīǧa, Muḥammad tuvo que viajar con caravanas para vender los productos más allá de la frontera bizantinas, es decir en Siria. Durante estos viajes, presumiblemente entró en contacto con miembros de varias sectas heréticas cristianas (docetistas, monofisitas, nestorianos), siendo adoctrinado por ellos, sin tener, como analfabeto, la posibilidad de acceder directamente a los textos sagrados cristianos. Sin embargo, reiteramos que elementos de la fe judaica y de la cristiana – o simplemente ideas monoteístas, ḥanīf, ya existían en La Meca y sus alrededores.

Todo cambió, en la vida de Mahoma, cuando él ya tenía alrededor de cuarenta años y abandonó el paganismo para adoptar – y comenzar a predicar – ideas monoteístas. Muḥammad estaba convencido, al menos en los primeros años de su misión “profética”, de estar profesando la misma doctrina de judíos y cristianos y que, por lo tanto, incluso estos, además de los paganos, deberían reconocerlo como rasūl Allāh, mensajero, enviado de Dios.

Fue solamente en un segundo momento, cuando ya se encontraba en Medina, que él mismo remarcó las notables diferencias entre su predicación y la doctrina oficial cristiana y judía. De hecho, el Corán contiene deformaciones de las narraciones bíblicas (tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento), así como resultan evidentes en ello tanto las ideas docetistas de Mahoma en cristología como su confusión con respecto a la doctrina de la Trinidad (en su opinión formada por Dios, Jesús y María).

Según Ibn Iṣḥāq, el primer biógrafo de Muḥammad, al encontrarse dormido en una cueva en el Monte Ḥīra, en las afueras de La Meca, el ángel Gabriel se le apareció con un paño de brocado en las manos y diciéndole que leyera (“iqrāʼ”); sin embargo, Mahoma era analfabeto, por lo que fue el arcángel quien recitó los primeros cinco versos del sūra 96 ​​(llamada “del coágulo”), que, según él, se le quedaron literalmente impresos en el corazón.

Esta noche se llama laylat al-qadr, noche del poder. Al principio, Muḥammad no pensaba ser el iniciador de una nueva religión, sino el receptor de una revelación transmitida también a otros enviados de Alá que lo habían precedido. Él creía, de hecho, que lo que lo inspiró fueron pasajes de un libro celestial, umm al-kitāb (madre del libro), ya revelado también a judíos y cristianos (llamados por él mismo ahl al-kitāb, es decir gente del libro).

Al menos a principios del período mecano, todo sugiere que M. se sentía verdaderamente llamado a elevar espiritualmente a sus conciudadanos, y precisamente su convicción personal, combinada con el carisma que no le faltaba, empujó a otros – a Ḫadīǧa, en primer lugar, luego a su primo ‛Alī y después a su futuro suegro, Abū Bakr – para tener fe en él. El período mecano se caracteriza por el ardor, por el celo que es típico de un neófito, por una especie de ingenuidad y sinceridad en el autodenominado enviado de Dios.

No por nada fueron muchos los que lo llamaron maǧnūn (loco, poseído por los ǧinn), especialmente por lo absurdo de lo que predicó: la presencia de un solo Dios, el juicio final, la resurrección de la carne; los rudimentos, en la práctica, de una fe monoteísta muy cercana al cristianismo y al judaísmo. Los “cinco pilares” [2] (arkān al-islām), o sea los cinco elementos fundamentales de la fe islámica, se introdujeron solo más tarde, en el período medinés, especialmente después de los contactos y de las disputas con las tribus judías locales.

Volviendo a hablar del primer período en La Meca, no es difícil imaginar la reacción de los notables de la ciudad ante la predicación de Mahoma, pues ninguno de ellos quería subvertir el status quo religioso de la ciudad, poniendo en peligro su prosperidad económica y sus antiguas tradiciones, solo por la palabra de Mahoma, quien, aunque se le instó, nunca hizo ningún milagro ni dio ninguna señal tangible de las revelaciones que, según él, había recibido.

Así comenzó una persecución del “profeta” y de sus seguidores, hasta el punto que Mahoma debió enviar al menos a ochenta de ellos a Abisinia, a refugiarse bajo la protección de un rey cristiano.

El erudito islámico Félix M. Pareja, como también autores islámicos más antiguos, por ejemplo Ṭabarī e al-Wāqidī, sitúa en este período el famoso episodio de los “versos satánicos”, al que parece referirse el Corán en sūra 22/52. [3]

Sucedió, de hecho, que Muhammad, para tratar de llegar a un acuerdo con los conciudadanos de la Meca, habría sido tentado por Satanás mientras recitaba la sūra 53/19 y habría proclamado:

“¿Cómo es que adoráis a al-Lāt, al-‛Uzzāt e al-Manāṯ Lât, a ‘Uzza y a Manât? Ellas son las Ġarānīq exaltadas, de las cuales esperamos su intercesión”

Como hemos visto, estas tres diosas eran una parte fundamental del panteón mecano y protagonistas de varios ritos que atraían cientos de peregrinos a la Ka‛ba cada año: su título era el de “tres grullas sublimes” (Ġarānīq) y admitir su existencia, además del poder de intercesión con Allah, si por un lado significaba reconciliarse con la élite de La Meca y permitir el regreso de sus seguidores exiliados, por el otro implicaba desacreditarse a sí mismo y al rígido monoteísmo que había profesado hasta entonces.

Evidentemente, el juego no valía la pena, tanto que a la mañana siguiente el “Mensajero de Dios” se retractó y declaró que Satanás le había susurrado esos versos en el oído izquierdo, en lugar de Gabriel en el derecho; debían considerarse, por lo tanto, de origen satánico. En su lugar, se dictaron los siguientes:

“¿Cómo es que adoráis a al-Lāt, al-‛Uzzāt e al-Manāṯ? [Estos tres ídolos] Son sólo nombres que vosotros y vuestros padres habéis inventado, y Allah no os dio autoridad alguna para ello”.

El episodio recién citado le trajo aún más descrédito a Mahoma, quien, con la muerte de su esposa y de su tío-protector Abū Ṭālib, permaneció sin dos apoyos válidos.

Dada la situación, se vio obligado (y las sūra de este período revelan la desolación y el abandono en el que se encontró, con la sūra de los ǧinn sūra contando cuántos duendes se hicieron musulmanes en esos mismos momentos) para buscar protección en otra parte, algo que logró encontrando a oyentes válidos entre los ciudadanos de Yaṯrib, una ciudad al norte de La Meca, poblada entonces por tres tribus judías (los Banū Naḍīr, los Banū Qurayẓa y los Banū Qaynuqā‛ y por dos tribus beduinas).

Entre los judíos y los beduinos no había buena relación y Mahoma, en virtud de su fama, fue llamado a ser árbitro imparcial entre los contendientes, por lo que en el año 622, el primero de la era islámica, comenzó la hiǧra, hégira del “profeta” y de sus seguidores, alrededor de ciento cincuenta. El término hiǧra no significa solo “emigración”, sino extrañamiento, una especie de renuncia a la ciudadanía y a la pertenencia a La Meca y a la tribu, con la consiguiente privación de toda protección.

Yaṯrib más tarde se llamará Medina (Madīnat al-nabī, la ciudad del profeta). Recién llegado aquí, para granjearse a los judíos, que constituían los ricos y notables de la ciudad, M. introdujo innovaciones en el primitivo ritual islámico, en particular orientando la qibla, la dirección de la oración, hacia Jerusalén. Sin embargo, cuando los propios judíos se dieron cuenta de la confusión de Mahoma en cuestiones bíblicas, se burlaron de él, enemistándose con él para siempre.

En aquel  mismo momento empezó, pues, a producirse la división entre lo que evolucionaría como el islam, por un lado, y el judaísmo y el cristianismo, por el otro. Mahoma no podía admitir que estaba confundido o que no conocía los episodios bíblicos que había citado repetidamente a sus seguidores. Lo que hizo, pues, fue usar su ascendencia sobre sus discípulos y acusar a judíos y a cristianos de falsificar deliberadamente la revelación que recibieron; el mismo ascendente y la misma autoridad son suficientes para que los musulmanes de hoy continúen creyendo en tales acusaciones.

Una vez más, sin embargo, la intención de Mahoma no era fundar una nueva religión, sino intentar restaurar la que, según él, era la pura y auténtica, primitiva fe, basada en Abrahán, quien para él no era cristiano ni judío, sino un simple monoteísta, en árabe ḥanīf. Con ese vocablo lo conocían los árabes paganos, quienes se consideraban sus descendientes a través de Ismael.

Y así fue que, en el Corán, Ismael se convirtió en el hijo amado de Abrahán, en lugar de Isaac; es a Ismael a quien se le ordena a Abraham sacrificar en Jerusalén, donde se encuentra hoy la Cúpula de la Roca; es Ismael quien, junto con su padre, construye el santuario de la Ka‛ba en La Meca, donde, además, su madre Agar se había refugiado después de ser expulsada del desierto por Sarah.

Siempre para vengarse de los judíos, incluso la dirección de la qibla cambió, y se orientó hacia La Meca. El Islam se convirtió en la religión nacional de los árabes, con un libro revelado en árabe: la reconquista de la ciudad santa se convirtió así en un propósito fundamental.

En Medina, en la figura y en la persona de Mahoma se juntan la autoridad religiosa y la política es allí donde nacen los conceptos de umma (la comunidad de los creyentes musulmanes), de estado islámico y de ǧihād, guerra santa: la comunidad de Medina, con las diversas religiones. Que allí se profesaban (musulmana, judía, pagana), vivió en paz bajo el gobierno del árbitro, y ya autoridad política y religiosa, que venía de La Meca.

Los musulmanes prosperaron particularmente, garantizándose ingresos considerables a través de razias a las caravanas que pasaban por allí. Los éxitos y fracasos (los éxitos se llamaban obra divina, los fracasos faltas de fe, indisciplina y cobardía) se alternaron en las campañas contra los mecanos.

En unos pocos años, sin embargo, Mahoma decidió deshacerse de las tribus judías que se habían vuelto hostiles mientras tanto: los primeros fueron los banū Naḍīr, seguidos por los banū Qaynuqā‛, a los cuales fueron confiscados los bienes pero fue perdonada la vida; un destino más atroz, por otro lado, les tocó a los banū Qurayẓa, cuyos mujeres y niños fueron esclavizados, y cuyos hombres, una vez confiscados sus bienes, fueron degollados en la plaza (hubo alrededor de setecientos muertos: solamente uno de ellos se salvó pues se convirtió al islam).

En el sexto año de la Hégira Mahoma declaró haber recibido una visión en la que se le dieron las llaves de La Meca. Luego comenzó una larga campaña de reconquista, violando una tregua (algo que era terriblemente deshonroso para esa época) y tomando, uno tras otro, los ricos oasis judíos al norte de Medina. El éxito económico y militar fue un imán para los beduinos, quienes comenzaron a convertirse en masa (obviamente no por razones religiosas). Todo culminó con la entrada triunfal en la ciudad de origen en 630, sin encontrar resistencia. Los ídolos presentes en la Ka‛ba (excepto la efigie de Cristo) fueron destruidos.

Los siguientes dos años vieron la consolidación de la fuerza y ​​del poder de M. y de sus seguidores, hasta que, en 632, el “profeta” murió, en medio de la fiebre y el delirio, sin indicar sucesores.

Lo que surge de un análisis de la vida de Muḥammad es sobre todo su gran ambigüedad, junto a su personalidad que a menudo los académicos definen esquizofrénica, por lo contradictorias que son sus actitudes y discursos, así como las mismas revelaciones reportadas en el Corán. Es por esta razón que los eruditos y teólogos musulmanes recurrirán a la práctica del nasḫ wa mansūḫ (abrogante y abrogado, un procedimiento según el cual, si un pasaje en el Corán contradice otro, el segundo anula el primero). [4]

Puede servir como ejemplo de ello el episodio en el que M. va a la casa de su hijo adoptivo Zayd (este mismo episodio está citado en la conclusión del presente artículo) y muchos otros: circunstancias extravagantes y sospechosas en las que Alá literalmente corre en ayuda de Mahoma y le revela versos donde se amonestan a los incrédulos y a los dudosos que se atreven a acusarlo de haber entrado en contradicción; o también palabras que animan al mismo Mahoma a no querer seguir las leyes y las costumbres de los hombres y a aceptar los favores que Dios le otorgaba solamente a él:

“A veces se han querido ver en Mahoma dos personalidades casi contradictorias; la del piadoso agitador de La Meca y la del prepotente político de Medina. [---] En sus diversos aspectos nos parece generoso y cruel, tímido y audaz, guerrero y político.

Su forma de actuar era extremadamente realista: no tenía ningún problema en abrogar una revelación reemplazándola por otra, en faltar a su palabra, en servirse de sicarios, en dejar caer la responsabilidad de ciertas acciones en otras personas, en componérselas entre hostilidades y rivalidades. La suya era una política de compromisos y contradicciones siempre dirigida a alcanzar su objetivo. [---] Monógamo hasta que vivió su primera esposa, se convirtió en un gran amigo de las mujeres ya que las circunstancias lo permitieron y mostró una predilección por las viudas". [5]

Anexo

  1. “¡Mira cómo me desgarro! ¡Mira qué tan maltrecho está Mahoma!”. Dante coloca a Mahoma entre los sembradores de la discordia de la IX Bolgia del VIII Círculo del Infierno, cuya pena consiste en ser hecho a pedazos por un demonio armado con una espada. Mahoma aparece en Canto XXVIII, vv. 22-63, cortado desde la barbilla hasta el ano, con las entrañas y los órganos internos que cuelgan entre las piernas; él mismo se presenta a Dante y muestra sus heridas al abrir su pecho, explicándole que él y sus compañeros han sembrado el escándalo y el cisma en el mundo, por lo que ahora son fessi, o sea cortados por un demonio que los mutila con un un demonio que los mutila con una espada (con las heridas que sanan para despues volver a ser abiertas).
  2. Los cinco pilares del islam son: šahāda, la profesión de fe; ṣalāt, oración cinco veces por día; zakāt, limosna o décima; ṣawm, ayuno en el mes sagrado de ramaḍān; ḥaǧǧ, peregrinación a La Meca al menos una vez en la vida en el mes de ḏu-l-ḥiǧǧa).
  3. “Y no hemos enviado antes de ti [¡Oh, Muhammad!] Mensajero ni Profeta alguno sin que Satanás les susurrara a sus pueblos para que no comprendieran correctamente cuando les transmitían los preceptos divinos. Pero Allah desbarata los planes de Satanás y aclara Sus preceptos, porque Allah es Omnisciente, Sabio”.
  4. Es así, por ejemplo, que observamos versículos mecanos, por lo tanto más antiguos, hablar de los cristianos como de los mejores entre los hombres, mientras que otros versículos del período medinés animan a los musulmanes a luchar contra combatir a los cristianos hasta que éstos no paguen, humillados, los tributos de la ǧizya y del ḫarāǧ, es decir los impuestos particulares que los cristianos y los judíos deben pagar al Tesoro del estado musulmán para beneficiarse de su protección como ciudadanos de segunda clase.
  5. Pareja, F.M., Islamologia, Roma, Orbis Catholicus, 1951, pag. 70. Traducción mía.
 

Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado de la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

Aquí puedes leer la segunda entrega de este análisis.

Benedicto XVI: su trascendencia teológica

Recordaremos siempre al papa Benedicto XVI, fallecido el sábado 31 de diciembre de 2022, por estimular a todos los fieles católicos a buscar, conocer y amar a Jesucristo; por enseñarnos a comportarnos y a vivir cristianamente en una sociedad pagana, con el optimismo y con el vigor que da la esperanza de difundir el Evangelio, motivándonos a transformarla desde dentro.

Breve perfil de Benedicto XVI

El pontificado de Benedicto XVI duró solo ocho años, sin embargo ha sido trascendental en la Historia de la Iglesia por sus reflexiones sobre la fe y la doctrina. Fiel a su lema, “colaborador de la verdad”, el impulso intelectual al diálogo entre fe y la razón, y a la lucha contra los abusos y la división en la Iglesia fueron los estandartes de su pontificado.

Siempre tuvo una postura clara y fraterna con todas las personas y posiciones teológicas que se apartaban de las verdades de fe de la Iglesia.

Por otra parte, Benedicto XVI consideraba que había que actuar en favor de un orden justo en la sociedad, y que se debía promover el bien común a través de la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural. Sus tres encíclicas, culminan su gran labor teológica para dar respuesta a los problemas del mundo actual.

Algunos hitos de su vida

  • 29 de junio de 1951: Joseph Ratzinger fue ordenado sacerdote junto a su hermano Georg en la catedral de Freising.
  • En 1953: se doctora en Teología con la disertación Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín.
  • 24 de marzo de 1977: san Pablo VI lo nombra arzobispo de München und Freising. Joseph Ratzinger no llegaba a los 50 años cuando fue nombrado arzobispo, pero ya era ya un teólogo conocido y respetado. Aquel nombramiento dio un giro inesperado a su vida. Lo suyo era el estudio, la investigación y la docencia de la Teología. Los cargos de gobierno los aceptó por obediencia y por servicio de la Iglesia. El mismo año el papa lo crea también cardenal.
  • 19 de abril de 2005: El cardenal Joseph Ratzinger fue elegido como sucesor de Pedro y presentado al mundo como papa Benedicto XVI a sus 78 años. En sus primeras palabras recordó a san Juan Pablo II y se definió como un «simple y humilde trabajador en la viña del Señor». Siguiendo el ejemplo de su predecesor visitó 24 países.
  • 25 de diciembre de 2005: Publica su primera encíclica Deus caritas est dedicada al amor de Dios. Como Papa habla continuamente de la "alegría de ser cristiano".
  • 30 de noviembre 2007: Publica la encíclica Spe Salvi donde trata el tema de la esperanza. También publica la primera parte de su obra Jesús de Nazaret, un gran trabajo teológico y pastoral, que termina de publicar en 2012.
  • 29 de junio de 2009: Publica su última encíclica Caritas in veritate sobre la justicia social en el siglo XXI. Fue en esta última donde criticó el consumismo y también el actual sistema económico completamente alejado del bien común.
  • 11 de febrero de 2013:  Anuncia su renuncia al pontificado generando una revolución cultural y teológica, que conformará su gran legado a la Historia de la Iglesia, y marcará definitivamente la manera en que los papas deberán concebir ya sus pontificados.
  • 31 de diciembre de 2023: El papa emérito Benedicto XVI fallece en Roma a los 95 años. Con él desaparece el último de los pontífices implicados personalmente en los trabajos del Concilio Vaticano II.

"Para mí no faltan los momentos de encuentro personal, fraterno y afectuoso con el Papa emérito. Pero esta ocasión es importante para reafirmar que la contribución de su obra teológica y, en general, de su pensamiento sigue siendo fecunda y activa, no dirigida al pasado, sino fecunda para el futuro, para la aplicación del Concilio y para el diálogo entre la Iglesia y el mundo de hoy.

Estas aportaciones nos ofrecen una sólida base teológica para el camino de la Iglesia: una Iglesia ‘viva’, que él nos enseñó a ver y vivir como comunión, y que está en movimiento –en ‘synodos’–, guiada por el Espíritu del Señor, siempre abierta a la misión de anunciar el Evangelio y de servir al mundo en el que vive".

Papa Francisco, durante la ceremonia de entrega del Premio Ratzinger 2022.

Benedicto XVI: un gran papa teólogo

La contribución de la obra y del pensamiento teológico de Benedicto XVI al cristianismo y a la humanidad es ya hoy prolífica y eficaz. Una de sus preocupaciones fue la de dar respuesta a los problemas actuales a través de la reflexión y de la interpretación de las Sagradas Escrituras.

Joseph Ratzinger trabajó muchos años estrechamente con san Juan Pablo II, quien lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe en noviembre de 1981, donde se dio a conocer como teólogo, inspirando a la Iglesia durante 31 años.

Fue testigo directo de la crisis postconciliar, del cuestionamiento de las verdades esenciales de la fe y de la experimentación en el ámbito litúrgico. Ya en 1966, un año después del final del Concilio Vaticano II, dijo que veía el avance de un «cristianismo a precios rebajados».

Así, el papa teólogo, logró expresar con gran fuerza argumentativa y, al mismo tiempo, con gran unción espiritual lo que constituye el corazón de la fe cristiana y de la misión de la Iglesia. Frente a los escándalos eclesiásticos, Benedicto XVI hacia llamamientos a la conversión, a la penitencia y a la humildad.

En septiembre de 2011 invitaba a la Iglesia a ser menos mundana: «los ejemplos históricos muestran que el testimonio misionero de la Iglesia desprendida del mundo resulta más claro. Liberada de fardos y privilegios materiales y políticos, la Iglesia puede dedicarse mejor y de manera verdaderamente cristiana al mundo entero; puede verdaderamente estar abierta al mundo…».

Jesucristo: núcleo central de la teología de Joseph Ratzinger

Su legado como teólogo y pastor, cuyos elementos principales es bueno recordar en estos momentos y donde confluye el trabajo de toda una vida, se centra en la figura de Cristo.

Jesucristo presente en la escritura y en la liturgia, y su relación con la Iglesia y con María, es el núcleo central de su teología. En Jesucristo, Dios mismo se ha hecho visible y ha mostrado a los hombres su Amor salvador.

Puntualizando que esa revelación de Dios no es un simple hecho del pasado, sino una fuerza divina de hoy y para el futuro, accesible en la Iglesia de los santos, habilitados como testigos de la resurrección por medio del Espíritu Santo.

Entre los pilares teológicos y ontológicos de su pensamiento se encuentra también la persona, y el significado que para ella tienen el amor, la verdad, la belleza y la esperanza, temas plasmados en sus encíclicas.

Para el anuncio del mensaje cristiano, Benedicto XVI insistía tanto en la fe como en la razón; y de la relación entre ambas se desprende su concepción de la teología, de la catequesis y de la predicación. Finalmente, en lo que se refiere a la misión, resultan interesantes sus afirmaciones sobre el ministerio y la Eucaristía (con importantes consecuencias para la teología ecuménica), la creación, las religiones y la relación de la Iglesia.

papa benedicto xvi

Benedicto XVI: humildad y servicio a la Iglesia

Benedicto XVI ha sido uno de los grandes teólogos del siglo XX y XXI; un intelectual que ha buscado durante toda su vida, con el estudio de la Teología, la investigación y la enseñanza, el rostro de Dios. Y al mismo tiempo, era un hombre sencillo, muy cordial y gentil, incluso tímido, que se puso su vida a disposición total y al servicio de la Iglesia.

Cuando en 2005 es elegido Papa con el nombre de Benedicto XVI, comentó en una entrevista que durante el conclave rezó «al Señor para que eligiera a alguien más fuerte que yo, pero en esa oración evidentemente Él no me escuchó». El nombre no fue casual, lo eligió en honor a Benedicto XV y de Benito de Nursia, el papa de la Paz y el iniciador de la vida monástica en Occidente, respectivamente.

La renuncia al pontificado

Una de las acciones sorprendentes y más humildes de Benedicto XVI, además de una demostración de su valentía, fue el hecho de su renuncia como Papa. Se trató de un hecho histórico en la vida de la Iglesia. Solo en 1294, setecientos años antes, Celestino V había renunciado al papado. La realidad es que hasta ese momento nadie pensaba que el obispo de Roma tuviera un límite de edad. El papa Benedicto XVI rompió una tradición milenaria y lo hizo de forma meditada y razonada.

Es por todo ello que la figura de Benedicto XVI, como papa, teólogo, antes como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es y será de especial trascendencia para la historia de la Iglesia. Influyó notoriamente en Francisco I, y también lo hará en los posteriores papados. Sus aportes interpretativos del Concilio Vaticano II han definido algunas de las líneas de la Iglesia Católica, así como lo han hecho las decenas de obras de extraordinario valor teológico y metafísico que escribió. Su legado permanecerá más allá y alcanzará cotas que ahora son difíciles de valorar en su justa medida.


Bibliografía:

- Joseph Ratzinger - Benedicto XVI. Una vida en la continuidad del pensamiento y la fe, Hansjürgen Verweyen.
- El Papa teólogo, Jean-Heiner Tück.
- La teología de Joseph Ratzinger, Blanco P.

Nochevieja y Año Nuevo: celebrar como un cristiano

Como católicos, celebrar la Nochevieja y el Año Nuevo es mucho más que festejar con las tradiciones propias de cada localidad o de cada país: es reconocer la presencia de Dios en el tiempo que vivimos y en nuestra propia historia personal. ¿Qué significa esta celebración desde una perspectiva cristiana?

La llegada del año no es solo una excusa para las fiestas y los buenos propósitos, ¡es una oportunidad perfecta para los católicos, y para todos los cristianos, de vivirla con un profundo sentido de fe!

¿Qué celebramos en Nochevieja y Año Nuevo?

El papa Francisco nos invitaba a vivir el agradecimiento como un estilo de vida y no solo en el último día del calendario y el primero del siguiente: «La gratitud es un arma poderosa. Solo quien sabe dar gracias a Dios puede también irradiar esperanza».

Al terminar el año, podemos mirar hacia atrás y reconocer la mano de Dios en cada momento, incluso en las dificultades que experimentamos todas las personas sin excepción alguna. Cada alegría y también cada prueba han sido ocasiones para crecer en la fe y en santidad.

Un buen ejercicio puede ser dedicar unos minutos antes de la medianoche para escribir una lista de las bendiciones que hemos recibido durante el año que termina.

noche vieja año nuevo cristiano

Consejo: participa en la Misa de acción de gracias el 31 de diciembre. Es una hermosa tradición que nos ayuda a cerrar el año alabando al Señor por todo lo vivido y empezar el nuevo año con la ilusión de contar con su apoyo.

Año Nuevo: comienza y recomienza

San Josemaría animaba a comenzar y recomenzar con esperanza y sin miedo, porque Dios es Padre y somos sus hijos. El Año Nuevo nos recuerda que Dios siempre nos da una nueva oportunidad para acercarnos a Él. No importa cuántas veces hayamos caído o fallado en nuestros propósitos: lo importante es levantarnos y caminar con confianza.

???? Propósito: más que metas superficiales, como ir al gimnasio o comer más sano, pregunta a Dios qué espera de ti este año. ¿Cómo puedes crecer en santidad?, ¿cómo puedes servir mejor a los demás?

Rezar: Día Mundial de la Paz

El 1 de enero, la Iglesia celebra el Día Mundial de la Paz, instituido por san Pablo VI. Es un recordatorio de que la paz debe empezar en nuestros corazones y luego se debe expandir a nuestras familias, comunidades y al mundo entero.

San Francisco de Asís decía: «Señor, hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio lleve yo tu amor. Donde haya injuria, tu perdón Señor. Donde haya duda, fe en ti». Todo un plan de vida y propósito de Año Nuevo.

???? Reflexión: en esta Nochevieja y Año Nuevo, pide a Dios que te convierta en un constructor de paz, alguien que perdona, que escucha y que busca en todo y con todos la reconciliación.

Ofrecer el año nuevo a María, Madre de Dios

El 1 de enero también celebramos la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Como nuestra Madre espiritual, ella nos acompaña en cada paso del camino. Es el momento perfecto para consagrar el año que comienza a su protección maternal.

???? Consejo: reza un Rosario en familia o dedica una oración especial pidiendo su intercesión.

¿Cómo vivir estas fiestas de manera cristiana?

1️⃣ Vive las celebraciones con alegría, no con exceso. Celebra con moderación y dedica tiempo a compartir con los tuyos, recordando que Cristo es el centro de todo y de todos.

2️⃣ Haz un examen de conciencia antes de terminar el año. Reflexiona sobre tus actos, pide perdón por tus fallos y propón mejorar. Y aprovecha en cuanto puedas para hacer una buena Confesión.

3️⃣ Prepara una lista de propósitos espirituales: Leer más la Biblia, participar en los sacramentos con frecuencia, ayudar a los necesitados o ser más generoso con tu tiempo que es lo que más cuesta y más valor tiene.

4️⃣ Dedica un tiempo al silencio y la oración. El bullicio de la Nochevieja puede distraernos, pero regalarte unos minutos de recogimiento te ayudará a empezar el año con serenidad y paz.

Año nuevo, vida nueva

Decía san Josemaría en una carta de diciembre 1970: «Sabéis que el Padre os abre su corazón con sinceridad. No creo en ese refrán que dice: año nuevo, vida nueva. En veinticuatro horas no se cambia nada. Sólo el Señor, con su gracia, puede convertir en un momento a Saulo, de perseguidor de los cristianos en Apóstol».

Y en las Navidades de 1972 añadía: «Por eso, este año especialmente es tiempo de acción de gracias, y así lo he señalado a mis hijas y a mis hijos, con unas palabras tomadas de la liturgia: "Ut in gratiarum semper actione maneamus!".

Que estemos siempre en una continua acción de gracias a Dios, por todo: por lo que parece bueno y por lo que parece malo, por lo dulce y por lo amargo, por lo blanco y por lo negro, por lo pequeño y por lo grande, por lo poco y por lo mucho, por lo que es temporal y por lo que tiene alcance eterno. Demos gracias a Nuestro Señor por cuanto ha sucedido este año, y también en cierto modo por nuestras infidelidades, porque las hemos reconocido y nos han llevado a pedirle perdón, y a concretar el propósito –que traerá mucho bien para nuestras almas– de no ser nunca más infieles».

¡Feliz Nochevieja y bendito Año Nuevo!

Que cada campanada sea un acto de gratitud y de esperanza, y que Cristo sea nuestra luz en este nuevo comienzo de año.

La familia cristiana: concepto e importancia

La Iglesia celebra cinco años de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia sobre la belleza y la alegría del amor familiar. Ese mismo día el papa Francisco inaugurará el año dedicado a ella, que terminó el 26 de junio de 2022, con ocasión del X Encuentro Mundial en Roma con el Santo Padre.

La primera de todas

Tanto la gran prole humana, y cada una de las familias que habrían de componerla, es uno de los instrumentos naturales queridos por Dios para que los hombres cooperen en su misión creadora.

La voluntad de Dios de contar con ella en su plan salvador se confirmará, con el cumplimiento del plan divino. Cuando nace Jesús, en Nazaret, de María, por obra del Espíritu Santo. Y Dios provee para su Hijo un núcleo familiar, con un padre adoptivo, José, y con María, la Madre virginal. Quiso el Señor que, también en esto, quedara reflejado el modo en que Él desea ver nacer y crecer a sus hijos los hombres.

“¿Qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?” A esta pregunta que nos sugiere Ssan Josemaría podemos responder con palabras del Catecismo, señalando que la familia cristiana, a imagen de la de Jesús, es también iglesia doméstica porque manifiesta la naturaleza de unión y familiar de la Iglesia como familia de Dios.

La de Nazaret es la modelo en la que todas las del mundo pueden hallar su sólido punto de referencia y una firme inspiración dice el papa Francisco

La importancia 

Toda familia tiene una entidad sagrada, y merece la veneración y solicitud de sus miembros, de la sociedad civil y de la Iglesia. Tanto por su misión natural y sobrenatural, por su origen, por su naturaleza y por su fin, es grande la dignidad de la familia cristiana.

El hogar ha de ser la escuela primera y principal donde los hijos aprendan y vivan las virtudes humanas y cristianas. El buen ejemplo de los padres, de los hermanos y de los demás componentes se refleja en la configuración de las relaciones sociales que cada uno de los miembros establece. La realidad familiar funda unos derechos y unos deberes.

En los momentos actuales de la vida de la sociedad, se hace especialmente urgente volver a inculcar el sentido cristiano en el seno de tantos hogares. La tarea no es sencilla pero sí apasionante. Para contribuir a esta inmensa labor, que se identifica con la de volver a dar tono cristiano a la sociedad, cada uno ha de empezar por barrer la propia casa.

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Amoris laetitia​ es la segunda exhortación apostólica postsinodal del papa Francisco, firmada el día 19 de marzo de 2016 y hecha pública el 8 de abril ​del mismo año.

El año de Amoris Laetitia

Por esto surge esta iniciativa del papa Francisco, que se propone llegar a todos los hogares del mundo a través de diferentes propuestas. Surge de la experiencia de la pandemia. En ella se ha puesto de relieve el papel central del hogar cristiano como Iglesia doméstica y la importancia de los lazos comunitarios entre ellos, que hacen de la Iglesia una “familia de familias” AL 87.

Están invitadas a participar tanto las conferencias episcopales, diócesis, parroquias, movimientos eclesiales, asociaciones familiares pero especialmente las cristianas de todo el mundo, son las protagonistas con nuevas propuestas.

El Papa, también ha recordado que, a imitación de la Sagrada Familia, «estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza».

Esta fiesta «nos presenta el ideal del amor conyugal y familiar, tal y como quedó subrayado en la Exhortación apostólica Amoris laetitia».

Amoris Laetitia resumen

  1. “Hacer experimentar que el Evangelio es alegría que llena el corazón y la vida entera” (AL 200). Una familia que descubre y experimenta la alegría de tener un don y ser a su vez un don para la Iglesia y la sociedad, “puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo” (AL 66). ¡Y el mundo de hoy necesita esta luz!
  2. Anunciar que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano. Para ello es necesario que los pastores y los hogares caminen juntos en una corresponsabilidad y complementariedad pastoral, entre las diferentes vocaciones en la Iglesia (cf. AL 203).
  3. Hacer a las familias protagonistas de la pastoral. Para ello se requiere “un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a ellas” (AL 200), ya que una familia cristiana se convierte también en una familia misionera.
  4. Concienciar los jóvenes de la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, con iniciativas dedicadas a ellos.
  5. Ampliar la mirada y la acción de la pastoral para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad.

“La vida cristiana es una vocación y un camino a la santidad, una expresión del 'rostro más bello de la Iglesia' (Gaudete et exsultate 9)”.

 

El Papa recuerda la importancia de hacer las paces. En la fiesta de la Sagrada Familia, el papa Francisco invita a seguir el modelo de Nazaret y da algunos consejos para un ambiente sano: «si discuten, hagan las paces el mismo día, la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa».

Recomendación para vivir 

El pontífice ha recomendado una serie de acciones para que se pueda experimentar una comunión sincera y se viva profundamente este año Amoris Laetitia.

  • Mantener «afectos profundos y puros».
  • Hacer prevalecer «el perdón sobre las discordias». Nunca terminar la jornada sin hacer las paces
  • Que «la dureza cotidiana del vivir sea suavizada por la ternura mutua y por la serena adhesión a la voluntad de Dios».

De esta manera, ha puntualizado Francisco, «la familia se abre a la alegría que Dios da a todos aquellos que saben dar con alegría, pero también halla la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos; evangelizadora con el ejemplo de vida».

Así mismo, ha vuelto a enunciar las tres palabras que siempre tienen que prevalecer: permiso, gracias y disculpa. «Permiso para no ser invasivo en la vida de los demás, después gracias, gracias de tantas ayudas y servicios que hacemos; agradecer siempre, pero la gratitud es la sangre del alma noble y luego la más difícil de pronunciar: disculpa». Porque como ha dicho el Papa: «siempre hacemos cosas feas y alguien se puede sentir ofendido».

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Bibliografía:

La Navidad en 4 países devastados por la guerra

La Navidad es un tiempo de amor, renovación y paz. Sin embargo, para millones de personas que viven en países devastados por las guerras y los conflictos armados, estas fechas representan un desafío adicional para poder creer en la paz.

En lugares como Ucrania, Israel, Líbano o Nigeria, las tradiciones navideñas conviven con el dolor, la incertidumbre y la búsqueda de consuelo. La labor de los sacerdotes diocesanos o misioneros se vuelve crucial en estos contextos, ofreciendo una luz de esperanza.

La Fundación CARF apoya la formación integral de estos sacerdotes, brindándoles los recursos necesarios para servir en un futuro aún en las condiciones más adversas.

La Navidad en Ucrania: una llamada de fe en medio del frío

En Ucrania, la Navidad llega en medio de una guerra que ha desplazado a millones de personas. Las familias, marcadas por el conflicto, se reúnen bajo tierra en refugios o en iglesias parcialmente destruidas para celebrar el nacimiento de Cristo. A pesar de las circunstancias carentes de paz, la fe continúa siendo una fuente de fortaleza y esperanza.

El padre Roman Ostrovskyy, vicerrector del seminario greco-católico de Kiev, expresó con firmeza: «La fe nos ayuda a seguir adelante en los peores días», subrayando cómo la espiritualidad sostiene a los cristianos ucranianos durante estos tiempos de adversidad (Vatican News).

La Iglesia en Ucrania no solo ha sido un refugio físico, sino también espiritual. En las parroquias, los sacerdotes no solo distribuyen alimentos y ropa a los afectados, sino que, sobre todo, ofrecen palabras de consuelo y celebran Misa que renueva la esperanza de sus comunidades. Su labor no solo sostiene cuerpos agotados, sino también almas abatidas.

Tradiciones de Navidad bajo fuego en Israel y Siria

Tierra Santa, cuna del cristianismo, enfrenta una Navidad marcada por las tensiones bélicas. En Gaza, los cristianos son una minoría que lucha por mantener sus tradiciones. Las iglesias organizan vigilias con escasos recursos, y los belenes suelen estar hechos de materiales reciclados debido a la escasez.

«A pesar de toda esta gran violencia, no debemos olvidar que el mensaje de Navidad permanece, quizás en este momento incluso más importante que nunca. Dios se hace carne por amor y nos comunica una nueva manera de estar en el mundo, que es la de dar la vida por amor, por los demás». (Cardenal Pizzaballa, mensaje de Navidad de 2023).

En Israel, los peregrinos disminuyen debido a los conflictos. Sin embargo, las celebraciones en Belén, como la Misa del Gallo, siguen siendo un símbolo de unidad y perseverancia. Formar a sacerdotes que puedan liderar estas celebraciones en medio de las adversidades es una misión en la que la Fundación CARF desempeña un papel fundamental.

En Gaza, las familias cristianas decoran pequeños árboles y asisten a Misa en iglesias rodeadas de soldados. Como dijo san Josemaría «mientras me quede aliento, no cesaré de predicar la necesidad primordial de ser alma de oración ¡siempre!, en cualquier ocasión y en las circunstancias más dispares, porque Dios no nos abandona nunca. No es cristiano pensar en la amistad divina exclusivamente como en un recurso extremo.» (Amigos de Dios, 242).

Nigeria | Don Bosco Vocational Training Centre | Fuente: Manos Unidas.

La lucha por la paz en Nigeria

Nigeria, un país azotado por los conflictos religiosos, y siempre vive una Navidad llena de contrastes y resiliencia. En el norte del país, donde los ataques de los grupos extremistas como Boko Haram han forzado el desplazamiento de comunidades enteras, las iglesias se transforman en fortalezas de fe. A pesar de las amenazas y las estrictas medidas de seguridad, los cristianos acuden a Misa con un espíritu inquebrantable, manteniendo vivas sus tradiciones navideñas.

El perdón y la oración son sus armas contra el odio. Los sacerdotes de la zona de mayor conflicto organizan vigilias nocturnas para que las familias puedan reunirse en oración en un ambiente de relativa seguridad. Estas reuniones no solo ofrecen un espacio para adorar, sino también un momento de consuelo y esperanza en medio de las adversidades.

La Navidad en Nigeria no solo es un tiempo de celebración, sino también de reafirmar la fe y la unidad en una sociedad profundamente herida por la guerra. Las comunidades cristianas demuestran que la luz del nacimiento de Cristo puede brillar incluso en los lugares más oscuros, llevando consuelo y fortaleza a quienes más necesitan la paz.

Fotografía de khalid kwaik en Unsplash.

Navidad en el Líbano: esperanza entre los escombros

El Líbano, un país profundamente afectado por la crisis económica y las secuelas de trágicas explosiones, celebra la Navidad con humildad y paciencia. Muchas familias decoran árboles improvisados con materiales reciclados y preparan cenas con lo poco que tienen a su disposición, demostrando que el verdadero espíritu navideño trasciende las adversidades materiales.

En Beirut, las iglesias desempeñan un papel crucial, organizando conciertos, vigilias y actividades comunitarias que recuerdan el significado profundo de estas fechas. «En medio del sufrimiento, la Navidad nos invita a ser una luz para los demás», expresó el papa Francisco durante su mensaje del 25 de diciembre del año 2020 en la basílica de san Pedro, refiriéndose a la llamada de abrir el corazón hacia quienes más lo necesitan.

Los sacerdotes diocesanos en el Líbano son testigos activos de esta esperanza. A través de sus acciones diarias, ofrecen apoyo espiritual y material, llevando un mensaje de consuelo y fe a comunidades que enfrentan la incertidumbre y la necesidad. Su labor refuerza la importancia de ver a Cristo en los demás.

Cómo y qué orar por los sacerdotes

El papel integrador de la Fundación CARF

En contextos como estos, el papel de los sacerdotes es fundamental. No solo presiden las celebraciones litúrgicas, sino que también brindan apoyo emocional y espiritual. La Fundación CARF tiene como misión formar de manera integral a seminaristas y sacerdotes diocesanos, asegurando que estén preparados para servir en las condiciones más adversas.

Cada donación a la Fundación CARF contribuye directamente a cubrir los costes de esa formación integral de sacerdotes diocesanos sin recursos de todo el mundo. Gracias a esta labor, es posible llevar el mensaje de Jesús de paz y esperanza incluso a las zonas más golpeadas por la guerra.

¿Cómo podemos ayudar a países en guerra?

La Navidad, incluso en los lugares más tristes por el azote de la guerra, sigue siendo un faro de esperanza. En países en guerra, las comunidades cristianas encuentran consuelo en su fe, lideradas por sacerdotes comprometidos que enfrentan desafíos inimaginables.

La Fundación CARF te invita a ser parte de esta misión, ayudando a formar a quienes llevan la paz de Cristo al mundo. Tu apoyo puede marcar la diferencia. La alegría del hombre está en dar, no en recibir y este es el espíritu de la Navidad, un espíritu que permite compartir con quienes más lo necesitan.

El sentido de la Navidad: 25 de diciembre

Todos estos sentimientos, serán reales si dejamos que el Niño Jesús nazca en nuestros corazones y los ilumine. Porque, como dijo Benedicto XVI, «si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ¿qué sentido tiene celebrar la Navidad? La celebración se vacía».

Hoy los cristianos estamos rodeados por una celebración muchas veces vacía y consumista, muy diferente al verdadero sentido de la Navidad, donde conmemoramos el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, que «por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre» (Credo niceno-constantinopolitano). Cada año, la Iglesia se prepara para vivir la Navidad con el tiempo litúrgico del Adviento, que dura cuatro semanas.

¿Qué es y cuál es el sentido de la Navidad?

Con el sentido de la Navidad católica, cambial la forma de adorar a Dios. El cristiano pasa de orar mirando al cielo, a volver los ojos a la tierra para reparar en la fragilidad de un niño pequeño que duerme entre la paja de un pesebre. La grandeza infinita de Dios se torna en la fragilidad de un niño recién nacido. De pronto, dos conceptos como la divinidad e infancia, hasta entonces muy distantes, se unen en una persona y misma dirección. El sentido de la Navidad es la revelación de los más sencillos, que pone a prueba la sabiduría de los sabios y entendidos.

Fueron pastores los primeros en adorar al Niño en el pesebre; y lo hicieron porque entendieron que un Niño Dios abraza su nimiedad y sencillez. Su fe ha soñado con un Dios como este que vive entre sus rebaños, que sea uno más entre ellos, padeciendo sus mismas necesidades.

Y, al acercarse a la cueva descubren que ese Dios hecho niño se refugia en el regazo de su Madre. Es ese vínculo entre el Niño y la Madre el que termina de completar el misterio de la Navidad cristiana. Porque Dios deja de ser una ser abstracto y lejano, para convertirse en un Dios indefenso, humano, que se cobija en una Madre, intercesora en nuestra relación con Él.

Si la despojamos de este sentido originario, el sentido de la Navidad deja de tener la auténtica impronta cristiana.

«Ante todo –subrayo–, nosotros, los cristianos, tenemos que reafirmar con convicción profunda y sentida la verdad de la Navidad de Cristo para testimoniar ante todo la conciencia de un don gratuito que es riqueza no sólo para nosotros, sino para todos». Benedicto XVI.

navidad plaza de san pedro

El árbol de Navidad en la tradición católica

El primer rasgo del árbol dentro en el sentido de la Navidad es su capacidad de mantener las hojas vivas en invierno por eso se utilizan abetos o pinos. «Era un símbolo de la eternidad y de la vida de Dios que no pasa nunca. Por lo tanto, aplicarlo a la vida de Dios que no pasa nunca, aplicarlo al Hijo de Dios que viene con nosotros en la Navidad le da ese sentido también de Dios que se hace presente en medio de la humanidad», dice don Bernardo Estrada, Profesor de la PUSC.

Los primeros indicios de adornos al árbol nos llevan a Alemania en donde se le colgaban frutos, recordando el árbol de la vida del paraíso. Hoy, el árbol de Navidad es más que una decoración, es una señal de alegría para todo el mundo.

En palabras de san Juan Pablo II: «en invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca».

«El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes… Por eso tiene un sentido cristiano la tradición de poner bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños: frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura». Benedicto XVI.

sentido de la navidad

Cómo celebrar la Navidad católica

El papa Francisco nos recomienda que para vivir el verdadero sentido de la Navidad cristiana lo primero es hacer espacio para el Niño que va a nacer. Algunos consejos prácticos del Santo Padre son:

1. Poner el nacimiento y explicarlo a los niños, y rezar allí reviviendo la escena. Hacer espacio en nuestros corazones y en nuestros días al Señor. Que sea una fiesta de la alegría, de acoger al Señor en el pesebre y en el corazón. Asistir a la Santa Misa. Recibir el sacramento de la Confesión.

«Cada familia cristiana, como hicieron María y José, puede recibir a Jesús, escucharlo, hablar con Él, estar con Él, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio en nuestros corazones y en nuestros días al Señor». Papa Francisco.

2. Que el sentido de la Navidad no sea una fiesta del consumismo desmedido: dar a los necesitados. También de dar tiempo y afecto a la familia y a quienes tenemos cerca.

«Que la Santa Navidad no sea nunca una fiesta del consumismo comercial, de la apariencia, de los regalos inútiles, o del desperdicio superfluo, sino que sea una fiesta de la alegría, de acoger al Señor en el pesebre y en el corazón». Papa Francisco.

3. El sentido de la Navidad es la fiesta de la pobreza de Dios que se despojó de sí mismo tomando la naturaleza de esclavo.

«Esto es la verdadera Navidad: la fiesta de la pobreza de Dios que se despojó de sí mismo tomando la naturaleza de esclavo; de Dios que sirve en la mesa; de Dios que se esconde a los intelectuales y sabios y que se revela a los pequeños, sencillos y pobres». Papa Francisco.


Bibliografía