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Luis Felipe: «el ministerio sacerdotal me ha permitido descubrir la grandeza del amor de Dios»

01/07/2026

El amor de Dios, testimonio de Luis Felipe, sacerdote colombiano

Luis Felipe Castro Betancurt es un joven sacerdote de la archidiócesis de Manizales, en Colombia. Nació en la región del Eje Cafetero, en el centro del país, el 14 de febrero de 1994 y se encuentra en Roma estudiando Teología dogmática gracias a una ayuda de la Fundación CARF.

Luis Felipe nació en Manizales y creció en el municipio de Neira, en el departamento de Caldas, donde transcurrieron sus años de infancia y juventud y experimento el amor de Dios. Proviene de una familia sencilla y trabajadora. Su madre fue propietaria de un salón de belleza en el municipio, mientras que su padre ha dedicado su vida a la agricultura, especialmente al cultivo del café, una de las actividades más representativas de la región.

Tiene un hermano menor que actualmente trabaja en una fábrica en la ciudad de Manizales y que, al mismo tiempo, ha querido continuar con la tradición familiar vinculada al cultivo y producción del café, al que el propio sacerdote se refiere como «una de las actividades más representativas de nuestra región».

La llamada al ministerio sacerdotal

Desde muy pequeño, este sacerdote colombiano experimentó la llamada de Dios al sacerdocio. Por esta razón, durante su niñez y adolescencia participó activamente en la vida de su parroquia como monaguillo y servidor del altar.

Aquellos años fueron decisivos para el nacimiento y maduración de su vocación. A los dieciséis años ingresó en el seminario mayor de Manizales, donde realizó nueve años de formación, descritos como «años de estudio, de crecimiento humano y espiritual, de vida comunitaria y de discernimiento vocacional», que recuerda con gratitud hacia Dios y hacia quienes lo acompañaron en ese proceso.

El sacerdocio y el servicio pastoral: un reto y una vocación incluso durante la pandemia

Recibió la ordenación diaconal el 9 de julio de 2018 y fue ordenado sacerdote el 30 de noviembre de 2019. Desde entonces ha servido en diversas comunidades parroquiales, que han enriquecido profundamente su ministerio.

Su experiencia pastoral comenzó como diácono en la parroquia Nuestra Señora de la Merced, en el municipio de La Merced, Caldas. Posteriormente, durante su primer año de sacerdocio, en medio de las dificultades de la pandemia, acompañó a la comunidad de la parroquia San Jorge en la ciudad de Manizales, en un periodo que marcó su inicio en el ministerio sacerdotal.

Misionero en las fronteras del país

Más adelante, el Administrador Apostólico de la Archidiócesis de Manizales lo envió como misionero a la Archidiócesis de Florencia, en el sur de Colombia, una región cercana a las fronteras con Perú y Ecuador.

Esta experiencia misionera marcó profundamente su vida sacerdotal. Durante los primeros meses prestó servicio en la parroquia de la Catedral de Florencia y posteriormente fue destinado a la parroquia Nuestra Señora de Aránzazu, en el municipio de San José del Fragua, donde permaneció cerca de dos años.

De esa etapa destaca el haber conocido «una región extraordinariamente hermosa, caracterizada por sus ríos cristalinos, su exuberante vegetación y la riqueza humana de sus habitantes». Tras esta misión regresó a su archidiócesis de origen, donde sirvió como vicario parroquial de la Catedral Basílica Metropolitana de Manizales.

El estudio en Roma: descubrir la “catolicidad” de la Iglesia

Tras un año de trabajo pastoral, el Arzobispo de Manizales lo envió a Roma para continuar su formación académica. Desde hace dos años reside en la ciudad, donde realiza la Licenciatura en Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

Esta etapa ha representado una oportunidad para profundizar en la fe, fortalecer su formación intelectual y comprender los desafíos pastorales y culturales de la Iglesia contemporánea. Luis Felipe afirma haber descubierto «la grandeza del amor de Dios, que sin mérito alguno de nuestra parte nos llama a ser testigos de su misericordia y de su presencia en medio de los hombres», así como la riqueza de la Iglesia universal en su diversidad de culturas y realidades.

Agradecimiento a la Fundación CARF

El sacerdote expresa su agradecimiento a sus benefactores de la Fundación CARF y a todas las personas que colaboran en la formación de los sacerdotes.

Señala que su apoyo contribuye a preparar pastores capaces de responder con generosidad y formación a los desafíos de la evangelización. Añade que, al finalizar sus estudios en Roma, regresará a su arquidiócesis con el deseo de poner al servicio de la Iglesia lo aprendido, especialmente en la formación de futuros sacerdotes.

Subraya que esta ayuda «no constituye solamente un beneficio personal», sino también una inversión en la formación de nuevos sacerdotes para la Iglesia de Manizales y la Iglesia universal.


Gerardo Ferrara es también el responsable de alumnado Universidad de la Santa Cruz de Roma.


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