Amistad entre santos: el padre Pío y Juan Pablo II

El padre Pío, capuchino italiano, (1887-1968), canonizado en 2002, en una multitudinaria ceremonia por san Juan Pablo II bajo el nombre de san Pío de Pietrelcina, este santo sacerdote recibió un don espiritual extraordinario para servir a todos los hombres y mujeres de su tiempo. Este don marcó su vida, llenándola de sufrimiento, no solo con el dolor físico que provocaban sus estigmas, sino también con el sufrimiento moral y espiritual, consecuencia de aquellos que lo consideraban loco o estafador.

El padre Pío, generoso dispensador de la misericordia divina

La realidad es que este santo ayudo a miles de personas a volver a la fe, a convertirse y acercarse a Dios. El Padre Pío realizó curaciones asombrosas. Y predicciones difíciles de contrastar como la realizada al propio Karol Wojtyla vaticinando su futuro papado. El francés Emanuele Brunatto acreditaba ese mismo don de profecía que le permitía averiguar de vez en cuando lo que iba a suceder. «Es Jesús –explicaba el Padre Pío– quien me deja leer a veces su cuaderno personal...».

Privilegio de un penitente

En la Misa de canonización el 16 de junio de 2002 en la plaza de san Pedro del Vaticano, san Juan Pablo II afirmó que «el padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia. También yo, durante mi juventud, tuve el privilegio de aprovechar su disponibilidad hacia los penitentes. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de san Giovanni Rotondo».

¿Cómo se conocieron Juan Pablo II y Padre Pío?

La relación entre el Padre Pío y san Juan Pablo II no sólo viene por haberse celebrado las ceremonias de beatificación y canonización del fraile capuchino durante el pontificado del papa polaco, sino que, en 1948, Karol Wojtyla conoció al Padre Pío en san Giovanni Rotondo.

El primer encuentro de dos santos

Fue en abril de 1948 cuando Karol Wojtyla, un recién ordenado sacerdote, decidió conocer al padre Pío. «Fui a san Giovanni Rotondo para ver al padre Pío, participar de su Misa y si resultaba posible, confesarme con él». 

Este primer encuentro fue muy importante para el futuro papa. Así lo reflejó años después en una carta que envió de su puño y letra, escrita en polaco, al padre guardián del convento de san Giovanni Rotondo: «Hablé con él en persona e intercambié algunas palabras, fue mi primer encuentro con él y lo considero el más importante».

Mientras el padre Pío celebraba la Eucaristía, el joven Wojtyla se fijó especialmente en las manos del fraile, donde se veían los estigmas tapados por una costra negra. «En el altar de san Giovanni Rotondo se cumplía el sacrificio del mismo Cristo, y durante la confesión, el padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor».

Las dolorosas llagas del Padre Pío

Además, el joven sacerdote se interesó por las llagas del padre Pío: «La única pregunta que le hice fue qué llaga le producía más dolor. Yo estaba convencido de que era la del corazón, pero padre Pío me sorprendió mucho cuando me dijo: 'No, la que más me duele es la de la espalda, la que tengo en el lado derecho'».

Esta sexta herida en el hombro, como la que Jesús sufrió llevando la cruz o el patibulum camino del Calvario. Era la llaga «que más dolía», porque había supurado y nunca había «sido tratada por los médicos».

Las cartas de Juan Pablo II y Padre Pío, se remontan al período del Concilio

La carta con fecha del 17 de noviembre de 1962 decía: «Venerable Padre, le pido que ore por una madre de cuatro hijas, de cuarenta años que vive en Cracovia, Polonia. Durante la última guerra estuvo en los campos de concentración en Alemania durante cinco años, y ahora corre un grave peligro de salud, incluso de vida, debido un cáncer.

Ore para que Dios, con la intervención de la Santísima Virgen, muestre misericordia para ella y su familia. In Christo obligatissimus, Carolus Wojtyla».

En ese entonces monseñor Wojtyla, estaba en Roma y recibió la noticia de la grave enfermedad de Wanda Poltawska. Convencido de que la oración del padre Pío tenía un poder especial ante Dios, decidió escribirle para pedirle ayuda y oraciones por la mujer, madre de cuatro hijas. 

Esta carta le llegó al padre Pío a través de Angelo Battisti, funcionario de la secretaría de Estado del Vaticano y administrador de la Casa Alivio del Sufrimiento. Él mismo cuenta que después de haberle leído el contenido, el padre Pio pronunció la famosa frase: “«¡A este no le puedo decir que no!», y añadió: «Angelo, guarda esta carta porque un día será importante».

Gracias por la curación

Unos días más tarde, la mujer se sometió a un nuevo examen diagnóstico que mostró que el tumor cancerígeno había desaparecido completamente. Once días después, Juan Pablo II volvió a escribir una carta, esta vez para darle las gracias.

La carta decía: «Venerable Padre, la mujer que vive en Cracovia, en Polonia, madre de 4 niñas, el día 21 de noviembre antes de la operación quirúrgica se curó repentinamente. Damos gracias a Dios y también a ti venerado Padre.

Expreso mi sincero agradecimiento en nombre de la señora, de su marido y de toda la familia. En Cristo, Karol Wojtyla, obispo capitular de Cracovia». En esa ocasión el fraile dijo: «¡Alabado sea el Señor!».

«Mirad la fama que ha alcanzado el padre Pío; los seguidores del mundo entero que ha congregado en torno a sí. Pero ¿por qué? ¿Acaso porque era un filósofo? ¿Porque era un sabio? ¿Porque disponía de medios?
Nada de eso: porque decía la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, es difícil decirlo, un representante sellado con las llagas de Nuestro Señor. Un hombre de oración y sufrimiento». Papa san Pablo VI, febrero de 1971.

Karol Wojtyla rezando ante la tumba del padre Pío en san Giovanni Rotondo.

Las visitas de Juan Pablo II a la tumba del Padre Pío

Wojtyla volvió a san Giovanni Rotondo en dos ocasiones más. La primera, siendo cardenal de Cracovia, en 1974 y la segunda proclamado ya Papa, en 1987. En estos dos viajes visitó los restos mortales de padre Pío y rezó arrodillado junto a la tumba del fraile capuchino. 

En el otoño de 1974, entonces cardenal Karol Wojtyla, estaba de vuelta en Roma y, «al acercarse la fecha del aniversario de su ordenación sacerdotal (1 de noviembre de 1946), decidió conmemorar el aniversario en san Giovanni Rotondo y celebrar la Misa junto a la tumba del padre Pío. Debido a una serie de vicisitudes (el 1 de noviembre fue especialmente lluvioso) el grupo compuesto por Wojtyla, Deskur y otros seis sacerdotes polacos se retrasó bastante, llegando por la noche alrededor de las 21 horas.

Desgraciadamente Karol Wojtyla no pudo cumplir su deseo de celebrar la Misa ante la tumba del padre Pío justo el día de su ordenación sacerdotal. Así que lo hizo al día siguiente». Stefano Campanella, director de Padre Pio TV.

Amor a los penitentes

El Padre Pío «tenía un simple y claro discernimiento y trataba al penitente con un gran amor», escribió ese día Juan Pablo II en el libro de visitas del convento en san Giovanni Rotondo.

En mayo de 1987, san Juan Pablo II, ya convertido en Papa, visitó la tumba del padre Pío con motivo del primer centenario de su nacimiento.

Ante más de 50.000 personas, su Santidad proclamó: «Grande es mi alegría por este encuentro y lo es por varios motivos. Como saben, estos lugares están ligados a recuerdos personales, es decir a mis visitas hechas al padre Pío durante su vida terrena, o ya espiritualmente luego de su muerte, ante su tumba».

San Pío de Pietrelcina

El 2 de mayo de 1999, Juan Pablo II beatificó al fraile estigmatizado, y el 16 de junio de 2002 lo proclamó santo. Ese día, san Juan Pablo II lo canoniza bajo el nombre de san Pío de Pietrelcina. En la homilía de su santificación, Juan Pablo recitó la oración compuesta por él para padre Pío: 

«Humilde y amado padre Pío: Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre ha prometido revelar los misterios de su Reino. 

Ayúdanos a rezar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos. Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús. 

Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba, y si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón. Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra. 

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacía la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».

¿Tuvieron relación san Pío y san Josemaría?

Según varias fuentes, no consta que san Josemaría Escrivá de Balaguer y el Padre san Pío de Pietrelcina se hubieran conocido personalmente.

A pesar de no haber tenido un encuentro directo, sí existe una relación indirecta y un mutuo respeto entre ellos. El Padre Pío incluso defendió al Opus Dei en una ocasión. Se relata que un empresario italiano, Luigi Ghisleri, que tenía dudas sobre la Obra, consultó al Padre Pío, quien le respondió: «No te preocupes. El Opus Dei es cosa de Dios. ¡Es cosa santa!».

Además, el fundador del Opus Dei, san Josemaría, estaba convencido de la santidad del Padre Pío y lo defendía siempre que alguien ponía en duda la figura del capuchino. Ambos santos fueron elevados a los altares por san Juan Pablo II, convirtiéndose en intercesores importantes para la Iglesia.


Bibliografía

- La Brújula Cotidiana entrevista al director de Padre Pio TV, Stefano Campanella.
- Entrevista arzobispo polaco Mons. Andrés María Deskur, 2004.
- Homilía de Juan Pablo II. Misa de santificación, 2002.

San Mateo, apóstol y evangelista, 21 de septiembre

Cada 21 de septiembre, la Iglesia celebra la festividad de san Mateo, apóstol y evangelista, uno de los doce discípulos que siguieron a Jesús y fueron testigos directos de su vida, enseñanzas, Pasión y Resurrección. San Mateo, también conocido como Leví, nos ofrece un ejemplo profundo de conversión, entrega y fidelidad a la misión evangelizadora, cualidades que siguen inspirando a sacerdotes y fieles en la actualidad.

Su vida demuestra cómo un encuentro personal con Jesús puede transformar completamente el corazón de una persona y conducirla a un compromiso radical. La figura de san Mateo nos ayuda a conocer la historia del cristianismo primitivo y a comprender cómo vivir la vocación sacerdotal y el compromiso evangelizador.

Mateo en su puesto de recaudador de impuestos antes de encontrarse con Jesús. Imagen de Facebook vía The Chosen.

Antes de ser llamado por Jesús, Mateo ejercía la profesión de recaudador de impuestos en Cafarnaúm. Esta labor, socialmente mal valorada por el pueblo judío y a menudo asociada con la corrupción, no impidió que Jesús lo eligiera como discípulo. La elección de Mateo subraya un mensaje central del Evangelio: Dios llama a cada persona, independientemente de su pasado, para transformarla y ponerla al servicio de su misión.

Al escuchar la invitación de Jesús, Mateo respondió con prontitud dejando lo que estaba haciendo y marchándose. Este acto de decidido de entrega total supone una apertura del corazón ante la vocación y sirve como modelo para todos los que sienten una llamada al sacerdocio, a la entrega total en el celibato o a la vida consagrada. Mateo comprendió que la verdadera riqueza se encuentra en la entrega de la vida a Dios y en la misión de llevar su mensaje a los demás.

Mateo se dedicó a seguir a Jesús y a ser testigo de su obra. Más adelante, escribirá el Evangelio que lleva su nombre, el primero de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento y uno de los tres sinópticos, en el que presenta a Jesús como el Mesías prometido y cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento. Trata de convencer a los judíos mediante esa relación con las escrituras que bien conocía. Este Evangelio enfatiza la cercanía de Jesús con los necesitados y el valor de la vida cotidiana.

Mateo junto a Jesús, toma notas para su Evangelio. Imagen de Facebook vía The Chosen.

El Evangelio de Mateo

El evangelio según san Mateo se caracteriza por su enfoque pedagógico y moral, dirigido tanto a judíos como a cristianos de todas las épocas. Entre sus aportaciones destacan:

Este Evangelio se convierte así en una fuente de inspiración para sacerdotes y laicos, recordándoles que evangelizar no significa solo predicar palabras, sino dar un ejemplo que transforma vidas y comunidades.

Sacerdotes: continuadores de la misión

Los sacerdotes son llamados a ser referentes para todos los discípulos de Jesús, continuando la labor de Mateo y de los doce apóstoles. Su misión se encuadra en tres dimensiones básicas:

  1. Predicar el Evangelio: transmitir el mensaje de Cristo de manera clara, accesible y adaptada a los tiempos actuales.
  2. Administrar los sacramentos: ofrecer la gracia de Dios a través de los más frecuentes Eucaristía y la Confesión, y de los otros sacramentos Bautismo, Confirmación, Matrimonio Orden sacerdotal y Unción de los enfermos.
  3. Acompañar pastoralmente a los fieles: orientar, educar y apoyar a las personas en su crecimiento espiritual y en la vivencia de la fe.

En un mundo que cambia rápidamente, los sacerdotes enfrentan el desafío de llevar la fe a contextos nuevos: ciudades globalizadas, sociedades digitales, culturas plurales. Siguiendo el ejemplo de san Mateo, los sacerdotes están llamados a adaptarse a los medios y canales de comunicación modernos sin perder la autenticidad del mensaje cristiano.

La evangelización en el siglo XXI se ha transformado gracias a la digitalización y al alcance global de internet. Redes sociales, blogs, podcasts y transmisiones en vivo permiten que la voz del Evangelio llegue a millones de personas que de otra manera no tendrían contacto directo con la Iglesia.

Algunos ejemplos de iniciativas actuales incluyen:

Estos ejemplos son solo una muestra que permite evangelizar a jóvenes y adultos en sus contextos naturales, integrando la fe en la vida diaria y haciendo más palpable el testimonio de vida cristiana. Así como san Mateo transmitió su experiencia con Jesús a través de su Evangelio, hoy los sacerdotes y los evangelizadores digitales buscan compartir la fe de manera concreta y cercana.

Mateo escucha las palabras que Jesús le dice. Imagen de Facebook vía The Chosen.

Una llamada para cada uno

San Mateo es un modelo para sacerdotes y evangelizadores, y también para todos los cristianos. Su vida nos recuerda que todos estamos llamados a ser testigos del Evangelio. Esto implica:

La evangelización no es solo una tarea de los sacerdotes; cada fiel tiene un papel en llevar el mensaje de Cristo a su entorno, inspirando a otros con obras concretas.

San Mateo, apóstol y evangelista, nos enseña que la verdadera vocación nace de un encuentro personal con Jesús y se expresa en la entrega de la vida al servicio de los demás. Su historia es un recordatorio de que no importa el pasado de cada persona: Dios siempre ofrece una oportunidad para la conversión.

En el siglo XXI, sacerdotes y evangelizadores continúan su labor, adaptándose a los nuevos medios de comunicación y encontrando formas innovadoras de llegar al corazón de las personas, tal como san Mateo llegó a sus contemporáneos con la fuerza del Espíritu Santo y del Evangelio. Siguiendo su ejemplo, todos estamos llamados a ser discípulos activos, testigos y agentes de transformación en el mundo.

 "Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme»”. Si Jesús pudo transformar a un recaudador en un servidor, a un traidor en su amigo íntimo, también puede transformarnos a nosotros en hijos de Dios, en sus amigos íntimos.

Santa madre Teresa de Calcuta: 5 de septiembre

Cada 5 de septiembre, la Iglesia celebra la memoria de la Madre Teresa de Calcuta. Su vida, marcada por la humildad y la entrega total a los más necesitados, sigue siendo un modelo de santidad y servicio.

Mons. Javier Echevarría señalaba cómo la Madre Teresa supo mirar la vida desde la perspectiva del amor cristiano: un amor que se entrega, que se inclina hacia los más necesitados y que transforma cada acto en una ocasión para vivir con Dios. El entonces prelado de Opus Dei, subrayaba que ella «veía el mundo como una casa común» y que su vida invitaba a «aprender a vivir para los demás».

Institución de la memoria litúrgica

El Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, bajo la prefectura del cardenal Arthur Roche, emitió un decreto el 24 de diciembre de 2024, instituyendo oficialmente la memoria litúrgica de la Madre Teresa en el Calendario Romano General.

Este decreto permite celebrar su memoria el 5 de septiembre en todas las diócesis del mundo. La intención es que los fieles recuerden su ejemplo de humildad y servicio, y que las celebraciones litúrgicas incluyan oraciones y lecturas que refuercen la centralidad del amor al prójimo en la vida cristiana.

La institución de la memoria litúrgica también facilita que la Iglesia pueda difundir los textos litúrgicos propios de la Madre Teresa, que incluyen lecturas de Isaías 58 (Parte tu pan con el hambriento) y Mateo 25 (Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis), reforzando la dimensión espiritual de su testimonio.

El legado espiritual de la Madre Teresa de Calcuta

En un artículo publicado en opusdei.org, Mons. Javier Echevarría, entonces prelado, recordaba que santa Teresa se inclinaba siempre para «acoger al abandonado o curar heridas del cuerpo y del alma». Estas palabras reflejan bien lo que ella fue: una mujer que supo descubrir a Cristo en el rostro de los más pobres.

En su reflexión sobre la Madre Teresa, enfatizaba cómo ella encarnó la caridad en el día a día. No se limitó a gestos grandiosos, sino que encontró a Cristo en cada persona necesitada: enfermos, pobres, abandonados. Su vida demuestra que la santidad se construye a través de actos concretos de amor, consistencia y entrega.

Su vida interpela a todos los cristianos, porque no se trata solo de admirar su generosidad, sino de hacer de la entrega un estilo de vida en lo ordinario. Tal como enseñaba san Josemaría, la santidad está en las pequeñas cosas, en el trabajo, en la familia y también en el servicio desinteresado a quienes nos rodean.

Por eso, la memoria de la Madre Teresa se convierte en una ocasión para revisar nuestro compromiso cristiano: ¿miramos a quienes sufren con ojos de fe?, ¿sabemos descubrir en cada persona la dignidad de hijo de Dios?, ¿ponemos el amor en los detalles concretos de la vida?

¿Por qué el 5 de septiembre?

En la Iglesia, la memoria de un santo se celebra el día de su fallecimiento, entendido como el momento en que entra plenamente en la gloria del cielo. En el caso de la Madre Teresa, esto corresponde al 5 de septiembre de 1997, fecha en la que murió en Calcuta.

Desde ese día, muchos comenzaron a recordar su ejemplo y a rezar mediante su intercesión. Su canonización en 2016 por el papa Francisco reforzó la importancia de esta fecha. Así, la celebración anual no solo honra su vida, sino que también invita a los fieles a reflexionar sobre la santidad y el servicio concreto a los demás.

En diversas diócesis y parroquias, esta fecha se ha convertido en ocasión para realizar actividades caritativas y celebraciones litúrgicas, recordando que la vida de la Madre Teresa fue un testimonio de amor a los más pobres y marginados.

San Juan Pablo II, junto a santa Teresa de Calcuta y al beato Álvaro del Portillo, el 1 de junio de 1985.

Madre Teresa ilumina el servicio

El cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, afirmó que la Madre Teresa es «un testigo excepcional de esperanza» en tiempos de dolor y marginación. Su vida es una respuesta concreta al llamado del Evangelio a servir a los más pequeños y olvidados.

Desde la perspectiva cristiana, su fiesta litúrgica no es solo un recuerdo histórico, sino una invitación a seguir su ejemplo en el presente. Cada cristiano puede encarnar ese mismo espíritu en su entorno: cuidando enfermos, acompañando a solitarios, moribundos, huérfanos... dedicando tiempo a quien lo necesita.

Así, la Madre Teresa se convierte en una guía para vivir la caridad con coherencia, recordando que el camino de la santidad no se mide por las palabras, sino por gestos concretos de amor.

Textos litúrgicos y celebraciones

El decreto litúrgico incluye textos específicos para la Misa y la Liturgia de las Horas, adaptables por las conferencias episcopales en diferentes lenguas. Entre ellos se encuentran oraciones, lecturas y antífonas que subrayan la misericordia de Dios y la importancia de la caridad activa.

Esto asegura que los fieles puedan participar en una celebración uniforme en todo el mundo, y que la fiesta de la Madre Teresa no se limite a un recuerdo histórico, sino que se viva de manera espiritual y comunitaria.

Tumba de la Madre Teresa en Calcuta (India).

Datos clave sobre Santa Teresa de Calcuta

Su vida y obra muestran cómo la caridad cristiana puede transformar realidades concretas y dejar un legado que sigue inspirando a millones de personas en todo el mundo.

La fiesta de la Madre Teresa nos invita a mirar el mundo con sus ojos: ojos de compasión, de fe, de entrega sin límites. Como subrayó el prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, se trata de aprender a vivir para los demás.

A dos días de su partida a la Casa del Padre, el papa Juan Pablo II, amigo personal de la religiosa, dedicó el rezo dominical del Ángelus en la plaza san Pedro a la madre Teresa de quien dijo lo siguiente: «la querida religiosa reconocida universalmente como la Madre de los Pobres, nos deja un ejemplo elocuente para todos, creyentes y no creyentes. Nos deja el testimonio del amor de Dios. Las obras por ella realizadas hablan por si mismas y ponen de manifiesto ante los hombres de nuestro tiempo el alto significado que tiene la vida».

¿Y tú? ¿Cómo puedes hacer de tu día a día un servicio a los demás? El 5 de septiembre, pero durante toda tu vida, celebra la fiesta de la Madre Teresa con gestos de servicio: oración, actos de caridad o una reflexión sobre cómo poner amor y compasión en tu vida diaria. Ayúdanos a difundir su legado de santidad y entrega.


Fuentes consultadas

El Cura de Ars, patrono de los sacerdotes

San Juan María Vianney (1786-1859), conocido en todo el mundo como el Cura de Ars, es una de las figuras más impresionantes y luminosas del sacerdocio católico. Su vida fue una entrega total a Dios y a los fieles, una vocación vivida con humildad, sacrificio y amor ardiente por las almas.

Fue proclamado patrono de los párrocos y de todos los sacerdotes del mundo, no por sus dotes intelectuales ni por grandes hazañas humanas, sino por la profundidad de su santidad, su fervor pastoral y su fidelidad heroica a su ministerio.

En la Fundación CARF, que promueve la formación de futuros sacerdotes diocesanos en todo el mundo, su figura es fuente de inspiración continua. ¿Qué hace de este sencillo cura de pueblo un ejemplo universal? Te lo contamos a continuación.

Nacido en tiempos de persecución

Juan María Vianney nació el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, un pequeño pueblo al sur de Francia, en una familia campesina profundamente cristiana. Su infancia estuvo marcada por la Revolución Francesa, un periodo en el que la práctica religiosa estaba perseguida y muchos sacerdotes celebraban Misa en la clandestinidad.

Desde muy joven, Juan María mostró un amor especial por la Eucaristía, la oración y los pobres. Asistía a Misa en lugares ocultos, acompañado de su madre, y admiraba profundamente a los sacerdotes que, a riesgo de su vida, seguían ejerciendo su ministerio. Aquella valentía sacerdotal sembró en él una semilla que germinaría en forma de vocación.

Un camino lleno de dificultades

A los 20 años, Juan María sintió con claridad la llamada al sacerdocio, pero su camino no fue fácil. Su escasa formación previa y sus dificultades con el latín hicieron que muchos consideraran inviable su ingreso en el seminario. No obstante, con la ayuda del abate M. Balley, párroco de Écully, logró prepararse y fue ordenado sacerdote en 1815, a los 29 años, por pura perseverancia y fe.

Nunca fue brillante en lo académico, pero sí lo fue en virtud, obediencia y celo pastoral. En su examen final, un superior dijo de él: «No sabe mucho, pero es piadoso; le dejamos en manos de Dios». Ese hombre 'sin grandes luces' sería más adelante faro de conversión para miles de personas.

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Vista de la localidad de Ars, con la Basílica en la que se venera el cuerpo de san Juan María Vianney. De Paul C. Maurice - [1], CC BY-SA 3.0 (Wikipedia).

Ars: un pequeño pueblo para una gran misión

En 1818 fue enviado como párroco a Ars, un diminuto y olvidado pueblo del sur de Francia. Tan solo contaba con 230 habitantes, en su mayoría alejados de la práctica religiosa. Muchos sacerdotes consideraban esos destinos como un castigo. Juan María, sin embargo, lo vio como un campo de misión.

Comenzó su labor pastoral con una vida de penitencia y oración. Ayunaba con frecuencia, pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento y dedicaba todo su tiempo a los fieles. Su humildad, cercanía y entrega fueron ganándose poco a poco el corazón de los habitantes de Ars.

Su predicación sencilla pero profunda, su amor por los pobres y su celo por la salvación de las almas hicieron que el pueblo comenzara a transformarse. Lo que parecía un rincón olvidado de Francia se convirtió en un centro espiritual al que acudían miles de personas.

El confesionario: trono de misericordia

Si hay algo que caracteriza al santo Cura de Ars es su ministerio incansable en el confesionario. Llegó a pasar entre 12 y 18 horas diarias confesando, sobre todo en los últimos años de su vida. A Ars acudían peregrinos de toda Francia y otros países, buscando la reconciliación con Dios.

Se calcula que, en los años de mayor afluencia, más de 80.000 personas al año se acercaban a Ars. La razón era sencilla: Juan María Vianney tenía un don especial para leer los corazones, aconsejar con ternura y mostrar la misericordia de Dios. Era un instrumento del Espíritu Santo para sanar las almas.

La Confesión no era para él una mera práctica sacramental, sino el lugar donde el amor de Dios se derramaba sobre sus hijos. Su vida en el confesionario era su martirio diario, y también su fuente de alegría.

Pobreza, mortificación y caridad

San Juan María Vianney vivió con extrema austeridad. Dormía poco, se alimentaba con lo justo y se privaba de cualquier comodidad. Todo lo ofrecía por la conversión de los pecadores. Su habitación era tan sencilla que muchos se sorprendían al visitarla.

Pero su verdadera riqueza era la caridad. Fundó el Providence, un orfanato para niñas sin recursos, y se volcó en atender a los más necesitados. Su amor era concreto, lleno de gestos pequeños y constantes.

A pesar de su fama creciente, nunca se envaneció. De hecho, pidió varias veces que le trasladaran a otra parroquia más alejada, pues se consideraba indigno de su misión. Sus superiores siempre le negaron ese deseo, conscientes del bien inmenso que hacía en Ars.

Tentaciones del demonio y ataques espirituales

Como todo gran santo, san Juan María Vianney fue objeto de tentaciones y ataques furibundos del demonio. Durante años sufrió fenómenos preternaturales en su casa: ruidos, gritos, muebles que se movían solos, incendios… El diablo intentaba amedrentarlo y apartarlo de su misión. Él, lejos de asustarse, ofrecía todo por la conversión de los pecadores.

Solía decir con humor: «El diablo y yo somos casi amigos, porque nos vemos todos los días». Su fortaleza espiritual fue fruto de una vida profundamente unida a Dios.

Una muerte santa y una herencia viva

El 4 de agosto de 1859, tras 41 años como párroco de Ars, san Juan María Vianney murió serenamente, rodeado del cariño de su pueblo. Tenía 73 años. Fue beatificado en 1905 y canonizado en 1925 por el papa Pío XI, quien lo proclamó patrono de los párrocos. En 2009, con motivo del 150 aniversario de su fallecimiento, el papa Benedicto XVI lo declaró patrono de todos los sacerdotes del mundo.

Su cuerpo incorrupto puede venerarse hoy en el santuario de Ars, que sigue recibiendo peregrinos de todo el mundo. Su figura sigue siendo una luz para la Iglesia y, especialmente, para los sacerdotes.

El modelo para seminaristas y sacerdotes

En un mundo que a veces pierde de vista lo esencial, la figura del santo Cura de Ars recuerda a los sacerdotes su verdadera identidad: ser hombres de Dios para los demás, instrumentos de su misericordia, pastores con olor a oveja, como decía el papa Francisco.

En la Fundación CARF, que apoya la formación de seminaristas y sacerdotes en los cinco continentes, la vida de san Juan María Vianney sirve de modelo y estímulo, como la de san Josemaría que se inspiró mucho en él, incluso le nombró Patrono del Opus Dei.

Muchos jóvenes de hoy –como él en su tiempo– encuentran dificultades para formarse, carecen de recursos o viven su vocación en ambientes adversos. Nuestra labor es ayudarles a que, como el Cura de Ars, lleguen a ser sacerdotes santos.

El cura de Ars y el fundador del Opus Dei

La fiesta de san Juan María Vianney se celebra el 4 de agosto. Y, como adelantábamos más arriba, san Josemaría acudió siempre con fe a la intercesión del Cura de Ars, patrono del clero secular.

Su primer viaje a la ciudad de Ars (Francia), para conocer los lugares donde san Juan María Vianney desempeñó su tarea pastoral y rezar ante sus restos, fue en 1953. Después regresó en numerosas ocasiones. Después, y siempre acompañado por don Álvaro del Portillo, regresó en 1955, 1956, 1958, 1959 y 1960. San Josemaría acudió siempre con fe a su intercesión y destacaba sus rasgos sacerdotales.

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San Josemaría, refiriéndose a la dedicación de los sacerdotes al sacramento de la Penitencia, les decía: «Sentaos en el confesonario todos los días, o por lo menos dos o tres veces a la semana, esperando allí a las almas como el pescador a los peces.

Al principio, quizá no venga nadie. Llevaos el breviario, un libro de lectura espiritual o algo para meditar. En los primeros días podréis; después vendrá una viejecita y le enseñaréis que no basta que ella sea buena, que debe traerse a los nietos pequeñines.

A los cuatro o cinco días vendrán dos chiquillas, y después un chicote, y luego un hombre, un poco a escondidas... Al cabo de dos meses no os dejarán vivir, ni podréis rezar nada en el confesonario, porque vuestras manos ungidas estarán, como las de Cristo –confundidas con ellas, porque sois Cristo– diciendo: yo te absuelvo». 

El poder de un sí

San Juan María Vianney no fue un gran teólogo ni un reformador eclesial. Fue, sencillamente, un sacerdote fiel a su vocación, un hombre enamorado de Cristo y de las almas. Su vida nos enseña que la santidad no está reservada a los sabios o a los fuertes, sino a los que confían en Dios y se entregan sin reservas.

Su testimonio sigue siendo actual y necesario. En cada seminarista que se forma con ayuda de la Fundación CARF hay una posibilidad de que surja un nuevo Cura de Ars. Porque lo que el mundo necesita no son solo buenos profesionales, sino santos sacerdotes.

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25 de julio Santiago apóstol: ¿por qué celebrar?

Quien era Santiago apóstol

El apóstol Santiago es el hijo mayor de Zebedeo y María Salomé. Hermano de Juan, el Evangelista. Vivian en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca.

El nombre de Santiago proviene de las palabras Sant Iacob, del hebreo Jacob. Durante las batallas los españoles solían gritar Sant Iacob, ayúdenos y al decirlo rápido repetitivamente sonaba a Santiago.

Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: "Desde ahora seréis pescadores de hombres", Santiago dejó sus redes, a su padre y a su empresa pesquera y se dispuso a seguir a Jesucristo.

Santiago el Mayor fue uno de los doce discípulos. Junto con Pedro y Juan, acompañaron a Jesús en momentos muy importantes de su vida. Tales como la Transfiguración del Señor que recordamos en el cuarto de los Misterios Luminosos, la pesca milagrosa y la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre otros.

Los Hechos de los Apóstoles, relatan que Santiago fue el primer apóstol martirizado, degollado por orden de Herodes Agripa hacia el año 43 en Jerusalén.

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Santiago llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es su principal Santuario, donde están las reliquias del apóstol. Miles de personas peregrinan allí cada año, deseosas de recorrer el Camino de Compostela. A Santiago apóstol, se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.

En 1982, cuando san Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos” que proclamaba Santiago.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como Pilar de la Iglesia.

El papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.

La importancia del apóstol Santiago en España

Pese a que desde el siglo IX los reyes de la reconquista reconocían a Santiago apóstol como su patrón, no fue hasta el siglo XVII cuando el patronato de España le fue concedido al santo.

El papa Urbano VIII, en 1630 declaro, bajo el reinado de Felipe IV, que Santiago apóstol fuera reconocido oficialmente como único patrón de España (que desde 1627 compartía con Santa Teresa de Jesús).

Esta decisión se hizo conjuntamente con el reconocimiento por parte de la Iglesia de que sus restos estaban enterrados en Compostela y estableciendo además que la festividad de Santiago apóstol se celebrara cada 25 de julio.

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Desde 1646, por obra de Felipe IV, está institucionalizado el Voto de Santiago que consistía en una ofrenda por parte de los reyes, príncipes y del arzobispo de Compostela a la Catedral de Santiago cada 25 de julio. Esta ofrenda sigue teniendo lugar a día de hoy, aunque de forma simbólica, en una de las partes de la Misa de la celebración en el Día del Apóstol.

"El Camino de Santiago despierta uno de los deseos más profundos del corazón del hombre, el anhelo de purificarse, de mejorar; en fin, el deseo de Dios". San Josemaría Escrivá  Imagen de Almudena Cuesta.

¿Cuándo es el día de Santiago?

Es el día 25 de julio cuando se celebra la festividad del apóstol Santiago y el día de Galicia. Esta es una celebración cristiana que tiene lugar en múltiples localidades españolas y puntos de todo el mundo.

Sin embargo, desde el final de la Dictadura en España, el Día del Apóstol no es festivo en todo el país, sino únicamente en las comunidades autónomas que así lo deciden cada año al configurar su calendario de fiestas, con la excepción de Galicia, que celebra su día grande, por lo que es festivo todos los años.

¿Qué celebramos y por qué el día de Santiago apóstol?

Este día celebramos la muerte del santo, su muerte por martirio, un final que junto a su carácter de discípulo muy próximo a Jesucristo le confiere su nombre de apóstol y de santo. Existen datos y referencias que señalan el año 44 como la fecha del martirio de Santiago, aun que la elección del día 25 de julio no parece basarse en ningún dato histórico.

En todo caso, la celebración del día de Santiago es una celebración muy antigua, una fiesta instaurada en Roma aproximadamente hacia el siglo X o XI cuando tenemos noticia de su celebración en la basílica romana de san Pedro.

Además, el día de Santiago se pueden conseguir indulgencias plenarias, es decir, la posibilidad de obtener el perdón de los pecados para los peregrinos o fieles. Para poder ganar el Jubileo, y obtener la indulgencia plenaria, se necesitan cumplir tres condiciones:

  1. Visitar la tumba del apóstol Santiago en la catedral. 
  2. Rezar una oración.
  3. Recibir el sacramento de la Confesión quince días antes o quince días después de visitar la tumba y comulgar.
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¿Dónde se festeja el día de Santiago Apóstol?

Hoy día, en pleno siglo XXI, la fiesta del día de Santiago se celebra más que nunca en Galicia en la ciudad de Santiago de Compostela. Representa los aspectos religiosos y de perdón que unen y congregan en los diferentes espacios de la ciudad a peregrinos llegados de todos los rincones del mundo.

Durante el día 25, se realiza la celebración de La Santa Misa solemne en la catedral, en la que el rey o un delegado de la Casa Real hace la tradicional ofrenda al apóstol Santiago.

Dentro de la celebración actual están los magníficos fuegos artificiales que tienen lugar en la plaza del Obradoiro durante la noche del 24 que en los últimos años ha ido acompañándose de proyecciones y espectáculos audiovisuales sobre las fachadas de la catedral y otros edificios históricos de la plaza.

"...de Santiago podemos aprender muchas cosas:  la prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la barca de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria, la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. (...) Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por el buen camino."
Benedicto XVI, Audiencia General Junio 2006

Como surgió el Camino de Santiago

El apóstol Santiago es uno de los santos más importantes del cristianismo. Tras el descubrimiento de su sepulcro alrededor del año 813, donde descansan sus restos, numerosos cristianos del norte de la geografía comenzaron a peregrinar a lo que hoy es Santiago de Compostela para mostrar su devoción.

Esta costumbre se convirtió en tradición, expandiéndose el fenómeno del Camino de Santiago a toda Europa, por lo que la ciudad se convirtió en uno de los centros de peregrinación más importantes de la cristiandad, junto a Roma y Jerusalén.

Además los peregrinos a Compostela podían obtener el perdón general de todos sus pecados, un perdón que podía extenderse a todo el año cuando dicha fiesta coincidía en domingo, es decir, cuando era un Año Santo Compostelano.

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Oración para pedir la intercesión del apóstol el día de Santiago

Dios Todopoderoso y misericordioso,
que escogiste doce apóstoles para evangelizar al mundo entero.
Entre ellos, tres fueron favorecidos de manera especial por Tu Hijo Jesucristo,
quien se dignó a contar con el Apóstol Santiago en este selecto número.

 Que por su intercesión seamos dignos de obtener la gloria del Cielo,
donde Tú vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Santiago apóstol y Nuestra Señora del Pilar

Este santo tiene mucha relación con Zaragoza ya que se sabe que Santiago apóstol "llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, Gratia Plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol".

La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar de jade. El apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio. La Basílica de la Virgen del Pilar en Zaragoza

En honor del apóstol, una de las torres del Pilar, la puerta alta de la Plaza, lleva el nombre de Santiago. Además, Zaragoza es también una de las paradas del Camino de Santiago y cuenta con una iglesia con el nombre del apóstol: la Iglesia de Santiago el Mayor, donde se celebra la Santa Misa del día de Santiago.


Bibliografía:



Santa María Magdalena: testigo de la Resurrección

Cada 22 de julio, la Iglesia católica celebra con especial devoción la festividad de santa María Magdalena, una de las discípulas más cercanas a Jesús y la primera persona que fue testigo de su Resurrección. Su figura, a menudo envuelta en confusiones históricas, ha sido reivindicada por el Magisterio como una mujer clave en los comienzos del cristianismo.

¿Quién fue realmente esta santa? ¿Qué sabemos de su vida antes de seguir a Cristo? ¿Por qué ha llegado a tener un lugar tan destacado en la tradición de la Iglesia?

¿Quién era María Magdalena?

El Evangelio la identifica como María, la que era de Magdala, una pequeña localidad situada a orillas del lago de Galilea. De ahí el nombre de Magdalena.

Según Lucas 8, 2, Jesús había expulsado de ella siete demonios, expresión que puede aludir a una situación de profundo sufrimiento físico, espiritual o moral. Sea como fuere, lo que sabemos con certeza es que, a partir de ese encuentro con Jesús, su vida cambió radicalmente.

A partir de entonces, se convierte en discípula y seguidora fiel de Jesús, acompañándole junto a otras mujeres durante su ministerio público. Muchas de ellas ayudaban con sus bienes a sostener la misión.

María Magdalena representa así la figura de la mujer creyente que, tras experimentar la misericordia divina, lo deja todo para seguir al Maestro.

María Magdalena Resurrección y Jesús
María Magdalena, antes de la Resurrección, postrada ante la cruz de Jesús en La Pasión de Cristo.

Una vida transformada por el amor de Jesús

Apenas contamos con datos concretos de la vida de María Magdalena antes de encontrarse con Jesús, pero lo que los evangelios nos muestran es suficiente para comprender la profundidad de su compromiso con el Señor.

La tradición ha vinculado a María Magdalena con la mujer pecadora que unge los pies de Jesús con perfume en casa del fariseo Simón (cf. Lc 7, 36-50), aunque los estudios bíblicos modernos tienden a distinguirlas como personas diferentes.

No obstante, el gesto de amor y arrepentimiento que realiza aquella mujer muestra similitudes con el modo en que María Magdalena respondió a la gracia recibida: con una entrega total, sin reservas. Por eso, se ha convertido en un modelo de conversión sincera, de amor agradecido y de seguimiento radical.

Discípula fiel hasta la Cruz

Mientras muchos discípulos huían por miedo tras la detención de Jesús, María Magdalena permanece al pie de la Cruz. Los evangelios la mencionan explícitamente como testigo de la Crucifixión y muerte, junto a María, la madre de Jesús, y otras mujeres. Esta fidelidad en el momento del dolor y del aparente fracaso prueba su amor incondicional y su profunda fe, aunque todavía no comprendiera del todo el misterio pascual.

Después de la muerte de Jesús, también se menciona a María como una de las mujeres que fueron al sepulcro, al amanecer del domingo, llevando perfumes para ungir el cuerpo del Señor sin atisbar que ya se había complido su palabra y que la Resurrección era un hecho.

Primera testigo de la Resurrección

Es en ese momento cuando se produce uno de los episodios más bellos y significativos del Evangelio: María Magdalena es la primera en ver al Cristo resucitado (cf. Jn 20, 11-18). Llena de dolor por la pérdida de su Maestro, llora fuera del sepulcro vacío hasta que Jesús se le aparece, aunque ella no lo reconoce al principio. Es cuando Él la llama por su nombre —¡María!—, sus ojos se abren y reconoce al Señor.

Ese encuentro con el Resucitado marca un punto de inflexión: Jesús le encomienda anunciar la buena noticia a los apóstoles. Vuelve a ser significativo que el Señor quiera que una mujer (en aquella época gozaban de escasa consideración) se encargue del anuncio a sus discípulos.

Por eso, la tradición patrística le ha dado el título de Apóstol de los Apóstoles, porque fue enviada por Cristo mismo para dar testimonio de su victoria sobre la muerte.

María Magdalena Resurrección y Jesús
Escena de La Pasión de Cristo: María Magdalena llora la muerte de Jesús a los pies de la cruz.

Un lugar de honor en la Iglesia

El Papa san Juan Pablo II la recordó en su carta apostólica Mulieris Dignitatem como un ejemplo del papel esencial de la mujer en la vida de la Iglesia. Y en 2016, el papa Francisco elevó su memoria litúrgica a fiesta, el mismo rango que tienen las celebraciones de los apóstoles, subrayando su relevancia como modelo de discipulado.

Este reconocimiento oficial quiere recuperar y limpiar la imagen de María Magdalena, muchas veces distorsionada por interpretaciones populares o literarias que la han retratado injustamente como prostituta o mujer caída, cuando en realidad fue una discípula valiente.

Devoción y legado

La figura de santa María Magdalena ha sido objeto de devoción desde los primeros siglos del cristianismo. En la tradición occidental, especialmente en Francia y España, hay numerosas iglesias, monasterios y santuarios dedicados a su nombre. También ha inspirado el arte cristiano, que la representa habitualmente con un frasco de perfume en la mano, símbolo de su amor al Señor y del momento en que lo ungió.

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Magdalena penitente, El Greco 1557.

Su historia es una invitación constante a la esperanza, al perdón y a la fidelidad. En un mundo que muchas veces juzga y condena sin misericordia, María Magdalena nos recuerda que el amor de Dios puede transformar incluso las heridas más profundas en una fuente de gracia.

Santa María Magdalena es mucho más que un personaje secundario de los Evangelios. Es la mujer renovada por el amor de Cristo, modelo de discípula fiel y primera anunciadora de la Resurrección.

Como su vida nos interpela, pensemos: ¿tenemos nosotros el mismo amor apasionado por el Señor? ¿Sabemos mantenernos firmes junto a la Cruz? ¿Somos testigos del Resucitado en medio del mundo?