Ajo Joy, India, una vocación sacerdotal inspirada por su madre

La vocación sacerdotal de Ajo Joy (India) comienza a los 15 años. Ahora es un joven seminarista de 26 años que estudia cuarto curso de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

Vocación sacerdotal y la perdida de su madre

Su madre falleció de cáncer cuándo él tenía 15 años. Al día siguiente, Ajo entraba en el seminario menor san Rafael de la diócesis de Quilon (Kerala, en la India), dando el primer paso en su vocación sacerdotal: «mi madre era como una maestra y amiga para mí. Estoy convencido de que mi vocación se la debo a ella. Desde el cielo intercede por mí».

Tras su experiencia, manda un mensaje a los jóvenes que pierden a sus padres o familiares a temprana edad: «con cariño y con orgullo les digo que nuestros padres son un regalo de Dios; debemos compartir nuestros deseos y ambiciones con ellos. Cuando pierdas a uno de ellos, no te rompas, reza por ellos. Sé feliz y piensa que te están apoyando y amando de la misma manera que cuando estaban vivos».

La diócesis de Quilon: cuna del cristianismo en la India

Este seminarista de la India descubrió su vocación sacerdotal a una edad muy temprana. A pesar de ser hijo único, sus padres no solo no le pusieron reparos, sino que lo motivaron activamente en su camino. Nacido en el seno de una familia católica perteneciente a la diócesis de Quilon (también conocida como diócesis de Kollam), la primera diócesis católica establecida en la India, a menudo considerada la cuna del cristianismo indio. Fue erigida por el Papa Juan XXII el 9 de agosto de 1329. La diócesis abarca una extensión de 1.950 km² y cuenta con una comunidad de aproximadamente 239.400 fieles católicos.

La convivencia religiosa en Kerala, un modelo de unidad

«En Kerala los católicos viven en una sociedad diversa y multi religiosa. Aunque constituyen una minoría, alrededor del 18 % de la población, Kerala es hogar de dos iglesias: oriental y occidental. La Iglesia occidental incluye el rito siro-malabar y el rito siro-malankar, además de una gran población de rito latino.

En Kerala los católicos han mantenido una relación de respeto y de cooperación con otras religiones, como el hinduismo y el islam, y también mantenemos un respecto con las diversas culturas en el país», explica este joven seminarista.

En tiempos difíciles, comunidades unidas

La capacidad de vivir y de prosperar en una sociedad multi religiosa, es una de las lecciones más valiosas que los católicos europeos podrían aprender de los católicos de la India, en concreto de los de Kerala, que han creado una cultura fuerte de respeto y de cooperación con otras religiones.

Ajo lo expresa así: «La armonía entre las religiones es fundamental. Esto podría mejorar la vida y la práctica de la fe católica en España al fomentar la convivencia y el diálogo entre las religiones. El enfoque en la comunidad es otra lección crucial.

En tiempos difíciles, las comunidades católicas en la India suelen estar muy unidas y apoyándose mutuamente. Los católicos españoles pueden encontrar inspiración en esta solidaridad y sentido de pertenencia». 

Formación sacerdotal en un mundo secularizado

Ajo Joy es uno de los jóvenes seminaristas del siglo XXI que se forma para dar respuestas a los desafíos de un mundo secularizado. Considera que un joven sacerdote de la época actual se enfrenta a un mundo en constante cambio y, por este motivo, es esencial fortalecer su vocación viendo a Dios como un compañero, como un amigo. «La vocación sacerdotal es amistad, y siempre he visto a Dios como un amigo que me ha ayudado mucho en mi vida», nos dice con una gran sonrisa. 

Además, este joven seminarista de la India opina que, además de alimentarse de la oración y de la Eucaristía, la formación de un sacerdote actual también tiene que fortalecer su vocación en la justicia social, trabajando en proyectos comunitarios y abogando por los derechos humanos y la dignidad de todos. «Pero lo esencial es compartir la experiencia de Dios con los demás», concluye Ajo Joy.

Ajo está muy agradecido a todas los benefactores de la Fundación CARF que hacen posible que pueda completar su formación teológica, su objetivo es poder formarse muy bien y volver a su diócesis, en India, para ayudar a futuros sacerdotes, religiosos y religiosas de la India.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

Jesús Eduardo, seminarista: «los sacerdotes del siglo XXI no debemos tener miedo a las tribulaciones»

«En mi adolescencia y primeros años de juventud, muchas personas me invitaban a participar en algún grupo juvenil o de adoración, y mi respuesta siempre era la misma: muchas gracias, pero no. En esos momentos de mi vida no veía todo lo bueno que Dios me ofrecía».

La nueva evangelización en México

Ahora con 33 años es seminarista, de la diócesis de Tabasco (México), y estudia en la Universidad de Navarra y reside y se forma en el Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Es consciente de que es necesaria una buena formación para poder evangelizar en una sociedad post moderna del siglo XXI, y sobre todo en México, un país de fuertes raíces católicas donde el protestantismo también está copando espacios.

«Unas de las principales necesidades de evangelización, no solo de mi diócesis sino de todo el país, es cómo evangelizar ante los múltiples grupos protestantes que van creciendo». 

Según su experiencia, es necesario empezar por las familias, catequizando y dando a conocer la belleza de la palabra de Dios. «Para conseguir esto, las parroquias deben fomentar más el espíritu misionero en las propias comunidades (que es algo que se realiza) pero se debe impulsar mucho más, y así, junto con la participación de toda la comunidad, acercar a Dios a aquellos que aún no lo conocen o que incluso se han alejado».

celebración por los 500 años de evangelización en México. seminarista y sacerdotes

Las familias católicas, cuna de vocaciones

Ante la proliferación de grupos protestantes o anticlericales, este seminarista está convencido del poder que desprende el que cada católico sea testigo de la fe católica, y como sugiere, empezando por las familias.

«Las familias son las iglesias domesticas en donde se inicia el cultivo de la fe, así como también aquellos valores, virtudes, enseñanzas y costumbres que poco a poco moldearán el carácter y personalidad de cada uno de sus integrantes».

Jesús está convencido de que, si en cada familia se vive la fe católica, su testimonio dará respuesta a aquellos grupos anticlericales que buscan atacar a la Iglesia. «No se trata de una guerra entre la fe católica y sectas protestantes, pero como católicos tenemos una gran responsabilidad, e iluminados por la luz de la fe, debemos adquirir la mejor preparación para enfrentarnos a los nuevos desafíos de esta época».

El ejemplo de su familia

Este seminarista, que quiere ser sacerdote, transmite su propia experiencia de lo que aprendió en su familia. Es el pequeño de tres hermanos y ha crecido con el apoyo de su familia, un factor fundamental para ser la persona que ahora es, siempre de la mano de Dios en cada proyecto de su vida.

«Los buenos momentos de mi infancia están llenos de la unión entre hermanos, jugando, divirtiéndonos, protegiéndonos los unos a los otros. Algo bueno de mi infancia es que desde pequeño he sido una persona constante en mis estudios, lo cual siempre me inculcaron mis padres, algo que me ha caracterizado toda mi vida».

Un momento decisivo: el seminario

También recuerda que la adolescencia fue una de las mejores etapas de su vida por el hecho de que empezó a crecer y madurar en su personalidad. «Lo bueno de mi adolescencia es que fui definiendo mi forma de ser, sabía distinguir lo bueno de lo malo y sobre todo la confianza que mis padres tenían en mí y mis hermanos. Agradezco a mis padres que siempre me dieron una educación basada en valores, creando en mis hermanos y en mí, el sentido de la responsabilidad, dedicación y esfuerzo en todas nuestras actividades» comenta este seminarista.

Sus padres le apoyaron en el momento más importante de su vida: el ingreso en el seminario con treinta años, después de cursar una carrera profesional y tener un trabajo estable, confiando siempre en la voluntad de Dios, «llamándome a ir más allá de mis capacidades para devolver a Dios, de manera generosa, todo aquello que Él me había dado a lo largo de mi vida».

BIDASOA. JESUS EDUARDO FLORES seminarista

Evangelizar la juventud mexicana

El sueño de este seminarista es evangelizar a los jóvenes de México. «Hay algo que me llama mucho la atención y es que la juventud en México, a pesar de los cambios que se han producido en los últimos años, es una juventud que tiene voz y se hace escuchar, es una juventud en donde se ve claramente que cuando hay unión y todos conectan hacia un mismo interés logran alcanzar las metas que se proponen, es una juventud en donde hay mucha esperanza sobre todo en estos tiempos de modernidad”.

En su opinión, lo que se necesita para que los jóvenes se acerquen a la fe católica es darles y permitirles más participación en las parroquias, no excluirlos de los servicios litúrgicos porque es de gran importancia hacerles sentir parte de la iglesia, integrándolos en las actividades para generar en ellos actitudes de amor y responsabilidad no solo al servicio que estén prestando, sino a Dios.

«No obstante, las familias son fundamentales para lograr esto, ya que es ahí en donde se fomenta el amor a Dios, así como a la Iglesia», insiste Jesús.

El seminarista del siglo XXI

¿Cómo tiene que ser el seminarista y el sacerdote del siglo XXI para Jesús Eduardo? «En mi opinión debe tener un gran amor y entrega a lo que le ha llamado Dios; tener un sentido de compromiso y responsabilidad en donde quiera que esté; tener una solidez en todas sus áreas de formación, lo cual le permitirá enfrentarse a los retos que nuestra Iglesia tiene y tendrá en el futuro». 

Además, considera necesario que los seminaristas y sacerdotes actuales mantengan una formación permanente constante para así poder dar respuesta ante aquellas necesidades e inquietudes del pueblo de Dios ya que estamos ante futuras generaciones que se están preparando muy bien.

Perder el miedo y confiar en Dios

«Un seminarista del siglo XXI no debe apagar la llama de su vocación ante lo que el mundo puede ofrecer, lo cual podría desviarlo de aquello para lo que fue llamado. Debe tener siempre presente el motivo por el que decidió seguir a Dios y no tener miedo ante las tribulaciones que puedan experimentar».

Jesús Eduardo Flores concluye: «responder a la llamada de Dios es y será una de las grandes experiencias más enriquecedoras que marcarán la vida de un seminarista, que jamás olvidará todo su esfuerzo realizado a lo largo de su formación y se verá reflejado en el servicio a la Iglesia y a todo el pueblo de Dios como sacerdote» 

Para terminar, Jesús está muy agradecido a todos los benefactores de la Fundación CARF que hacen posible sus estudios en Pamplona. «Gracias a los benefactores por su generosidad y por sus oraciones, porque ayudando a seminaristas como yo, ayudan a muchas comunidades cristianas de todo el mundo. Les tengo presentes en mis oraciones».


Marta Santín, periodista especializada en religión.

15S, beato Álvaro del Portillo: continuar su legado

El 15 de septiembre conmemoramos el día en que el beato Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría Escrivá de Balaguer, asumió el cargo de prelado del Opus Dei en 1975. Dos semanas después, el 27 de septiembre, celebramos su beatificación en 2014, un reconocimiento oficial a su vida santa y a su labor incansable por la Iglesia. En la Fundación CARF honramos su legado, queremos comprender su impacto y ofrecer una oportunidad para apoyar la formación de futuros sacerdotes.

Beato Álvaro del Portillo, un hombre de fe y servicio

El beato Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914. Aunque comenzó su carrera como ingeniero, su verdadera vocación fue servir a Dios. En 1944, siguió esta llamada y se ordenó sacerdote. A lo largo de su vida, mantuvo una relación estrecha con san Josemaría Escrivá, a quien no solo asistió como colaborador cercano, sino también como un amigo fiel.

Tras la muerte de san Josemaría en 1975, don Álvaro fue elegido por unanimidad como su sucesor, asumiendo la responsabilidad de guiar al Opus Dei hacia una nueva etapa de crecimiento y consolidación. El 15 de septiembre de ese mismo año, se convirtió en el primer sucesor del fundador de la Obra, destacando por su humildad y dedicación inquebrantable.

Don Álvaro era conocido por su profunda entrega a los demás. Lejos de buscar protagonismo, su principal deseo era servir con humildad, guiando a quienes lo rodeaban hacia una vida más cercana a Dios. El papa Francisco lo describió como un hombre que «amó y sirvió a la Iglesia con un corazón despojado de interés mundano». Su enfoque siempre estuvo en ayudar a los demás a descubrir y vivir plenamente su vocación.

beato Álvaro del Portillo

Su legado de servicio sigue vivo hoy, especialmente en la labor que realiza la Fundación CARF. Los valores que el beato Álvaro del Portillo promovió, son los pilares que guían a la Fundación CARF en su misión y apoyo a la formación de sacerdotes. Para don Álvaro, la educación de los futuros sacerdotes no era solo una cuestión académica, sino también humana, espiritual y pastoral. Él creía que los sacerdotes debían estar bien preparados en todos los aspectos, para que pudieran ser pastores cercanos, capaces de guiar a sus hermanos con humildad y sencillez.

Hoy la Fundación CARF sigue esta misión, proporcionando los recursos necesarios para que seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo reciban una formación integral en universidades de prestigio en Roma y Pamplona. Al hacerlo, la fundación no solo está promoviendo la educación de los futuros sacerdotes, sino que está perpetuando el compromiso del beato Álvaro con la Iglesia universal. Los sacerdotes formados, con el apoyo de los benefactores de la Fundación CARF, están preparados para desarrollar con amor y dedicación el trabajo en diócesis de todo mundo, como lo hubiera querido el beato Álvaro.

La sucesión del beato Álvaro del Portillo

La elección del beato Álvaro del Portillo como sucesor de san Josemaría Escrivá fue un hito lleno de significado espiritual. A lo largo de los años, el beato Álvaro había trabajado codo a codo con san Josemaría, compartiendo su visión y dedicación al Opus Dei y a la Iglesia, lo que lo preparó de manera natural para tomar el relevo. Sin embargo, cuando recibió la noticia de su elección el 15 de septiembre de 1975, el beato Álvaro del Portillo lo hizo con una profunda humildad y un gran sentido de responsabilidad.

En lugar de celebraciones, pidió oraciones a todos los miembros del Opus Dei, manifestando su disposición de servicio diciendo: «Ante la tumba de nuestro queridísimo Fundador, todos nosotros, Santo Padre, renovamos el firme propósito de ser fidelísimos a su espíritu y ofrecemos también nuestras vidas por la Iglesia y por el Papa». Estas palabras reflejan su carácter, siempre dispuesto al servicio a la Iglesia y al Papa.

Para el beato Álvaro del Portillo, era esencial que cada persona encontrara a Dios en lo más sencillo y ordinario de su existencia. Durante su vida, promovió este mensaje y fortaleció la presencia del Opus Dei en nuevos países, ayudando a miles de personas a crecer humana y espiritualmente. A él le correspondió consolidar el camino jurídico de la Obra, tal como había visto su fundador.

Su capacidad de liderar desde la humildad y el servicio lo convirtió en un pastor cercano y respetado, cuyas decisiones siempre estuvieron orientadas al bien espiritual de todo el que se acercaba a él. Este enfoque, que guiaba cada una de sus decisiones, lo convirtió no solo en un obispo verdadero pastor, amado y respetado por todos aquellos que lo conocieron.

La beatificación de don Álvaro

El 27 de septiembre de 2014 fue un día histórico no solo para el Opus Dei, sino para toda la Iglesia. En una emotiva ceremonia celebrada en Valdebebas, Madrid, Álvaro del Portillo fue beatificado, reconociéndose oficialmente su santidad. La beatificación fue posible gracias a un milagro atribuido a su intercesión: la sorprendente recuperación de un niño chileno, José Ignacio Ureta, quien, tras sufrir un paro cardíaco de más de 30 minutos, inexplicablemente se recuperó sin secuelas. Este hecho, que fue exhaustivamente investigado por la Iglesia, se convirtió en un signo claro de la cercanía del beato Álvaro y de su continuo cuidado desde el Cielo.

La ceremonia de beatificación fue presidida por el cardenal Ángelo Amato, en representación del papa Francisco, quien subrayó el papel crucial del beato Álvaro como un modelo de «fidelidad inquebrantable a la Iglesia y a su misión». Cientos de miles de fieles asistieron al evento, muchos de ellos profundamente conmovidos por el reconocimiento de la vida y obra de quien siempre vivió con una humildad ejemplar.

Para muchos, la beatificación de don Álvaro fue la celebración de un hombre que, a través de su sencillez, cercanía y espíritu de servicio, había tocado incontables vidas. A lo largo de su vida, el beato Álvaro del Portillo no solo ayudó a expandir la Obra, sino que también inspiró a muchos a vivir su fe con alegría, con la mirada puesta en Dios en lo cotidiano. Este espíritu de entrega, que tanto lo caracterizó, sigue vivo hoy en aquellos que buscan seguir su ejemplo y continuar su misión de servir a la Iglesia con generosidad y amor.

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El impacto del beato Álvaro del Portillo en la formación de sacerdotes

Uno de los legados más significativos que dejó el beato Álvaro del Portillo fue su firme compromiso con la formación de los sacerdotes. Para él, los sacerdotes no solo debían ser buenos guías espirituales, sino también personas capaces de acompañar a todos con cercanía y humildad. Este enfoque humano y espiritual sigue siendo clave en la misión del Opus Dei y de la Fundación CARF, que hoy se esfuerzan por continuar con esta labor en 131 países y más de 1.100 diócesis.

Desde la Fundación CARF, damos a nuestros benefactores la oportunidad de participar en esta misión tan importante: apoyar la formación de los sacerdotes de hoy y del mañana. La educación que reciben los seminaristas y los sacerdotes diocesanos no solo los prepara académicamente, sino también pastoralmente, para que puedan estar al servicio de Dios y de los demás. Al apoyar la misión, no solo estás contribuyendo con una donación, estás invirtiendo en el futuro de la Iglesia.

El beato Álvaro del Portillo es un modelo de entrega total a Dios y a la Iglesia, y su vida continúa inspirando a decenas de miles de personas en multitud de países y proyectos entre los que se encuentra también la Fundación CARF con su tarea de ayuda a la formación de sacerdotes.

Noel, seminarista de Filipinas: «mamá, quiero ser el próximo Papa»

A los cinco años vio en la televisión muy débil al papa Juan Pablo II y, conmovido, le dijo a su madre: «Mamá, yo quiero ser el próximo Papa». Desde entonces, la idea del sacerdocio le rondó por su cabeza.

Su madre se tomó como una broma divertida sus tiernas e infantiles palabras. Pero cuando comenzó a pensar en ser sacerdote, sus padres se preocuparon. Para ellos, el sacerdote no aporta dinero ni colma su deseo de ser abuelos.

«El próximo Papa», y una paz inmensa

Noel recuerda aquella imagen del Papa en la televisión. El carisma de san Juan Pablo II fue lo que le encendió la llama de la vocación, y le permitió escuchar la llamada del Señor.  «Unos años después, en mi adolescencia, no sentía nada importante en mi vida. Sin embargo, todo cambió cuando entré en el seminario: sentí una paz que nunca había sentido antes».

«El Señor ha triunfado»

Ahora, cuando sus padres le ven feliz, Noel está convencido de que el Señor ha triunfado. «A medida que se daban cuenta de que estaba cada vez más firme en mi decisión, gradualmente lo aceptaron. Gracias a la perseverancia en la oración y a los programas ofrecidos por el seminario, lo aceptan plenamente y están felices con mi llamada a ser sacerdote, y hacen esfuerzos para rezar por mí y animarme en cada paso de mi camino», relata Noel. 

Su hermano Dexter, sin embargo, es el que ha colmado el sueño de ser abuelos a sus padres porque está casado, tiene dos hijos y es contable como su padre.

Rezar por los hijos

Este joven seminarista asegura que, aunque sintió cierto vacío en su vida durante la adolescencia, nunca ha experimentado una crisis de fe: «Gracias a Dios no pasé por ninguna rebeldía cuando era adolescente, pero lo que sí conozco es a muchísimas personas que abandonaron la fe y han vuelto a la Iglesia. Un mensaje que tengo para las familias que pasan por el sufrimiento de ver a sus hijos alejarse de Dios: recen por ellos». 

Noel recuerda que la fe es una gracia que hemos recibido de Dios y que solo viene de Él, pero con nuestra perseverancia, al rezar por nuestros hermanos perdidos, «el Espíritu Santo les ayudará. Por eso, no hay que perder la confianza en nuestro Dios». 

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El catolicismo en Filipinas, uno de los más grandes

Filipinas siempre ha sido el centro del catolicismo en Asia, pero ahora también está sufriendo la crisis del secularismo y la indiferencia.

«El catolicismo en Filipinas podría ser uno de los más grandes, pero también tiene sus debilidades. Existe una creciente necesidad de una buena catequesis y de formación sólida para mantener y reforzar el Evangelio que hemos recibido a lo largo de la historia», afirma Noel.

200 sacerdotes para un millón de católicos

Una de las preocupaciones de su diócesis es como llegar a las personas y a los grupos específicos de manera efectiva y atender sus propias necesidades espirituales.

«Nos resulta un poco difícil que menos de 200 sacerdotes ayuden a más de un millón de católicos de mi diócesis, y poderles brindar una formación adecuada», dice este joven seminarista con la ilusión se ser un buen sacerdote.

Evangelizar en el siglo XXI

Por eso, para evangelizar en el siglo XXI, considera que las características principales de un joven sacerdote de esta época son la prudencia, eficacia en su ministerio y llegar a los más necesitados de su parroquia.

«Los sacerdotes deben ser hombres verdaderos, bien formados emocional e intelectualmente y capaces de enfrentarse a la vida siendo unos sacerdotes santos. Los sacerdotes deben ser hombres que tienen un corazón parecido al de Cristo», afirma.

Noel lanticse ser el próximo papa

Estudiar en Navarra, un sueño

Noel está estudiando 3º de Teología en las Facultades Eclesiásticas de Navarra y es seminarista que reside y se forma en el Seminario Internacional Bidasoa. Considera que estudiar en la Universidad de Navarra es un sueño

Por todo ello, agradece muchísimo a los benefactores de la Fundación CARF la ayuda recibida, y la misión de formar bien a los sacerdotes para que sirvan en sus propias diócesis. «Que Dios les bendiga. Muchísimas gracias a todos, nunca dejáramos de rezar por ustedes».


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

Formación de seminaristas: ¿qué estudian?

¡Cuestión esencial la formación de seminaristas! Mientras las universidades abren sus puertas, los seminaristas también inician un nuevo año de formación, un proceso que no solo involucra estudios académicos, sino también una profunda preparación integral que forja al futuro sacerdotes.

¿Qué estudia un seminarista?

Con el inicio del nuevo curso escolar y universitario, los estudiantes regresan a las aulas llenos de expectativas y desafíos. Para los seminaristas, este momento no solo marca el comienzo de un nuevo año académico, sino también una etapa crucial en su preparación para ser sacerdotes.

La vocación del sacerdote es un don y una llamada gratuita a servir a Dios y a la Iglesia, un compromiso de vida que requiere una formación rigurosa y muy amplia. Pero, ¿cómo es la formación de seminaristas y qué estudia realmente un seminarista durante su preparación? ¿Cómo se forman los futuros sacerdotes diocesanos, y muchos religiosos y religiosas, para afrontar los desafíos de la sociedad actual y guiar a los fieles en su camino espiritual?

La formación de seminaristas o de un sacerdote tiene un elevado coste para la diócesis, lo que hace que el apoyo a la formación de seminaristas sea una misión estratégica en la Iglesia. Gracias a sus benefactores, la Fundación CARF posibilita a muchos de ellos el acceso a una educación integral que no solo abarca conocimientos teológicos y filosóficos, sino también su desarrollo humano, espiritual y personal.

El camino vocacional y la formación de seminaristas

Antes de adentrarnos en los estudios específicos que realiza un seminarista, es esencial comprender que la vocación sacerdotal es una llamada que muchos jóvenes sienten en su corazón: es una invitación a dedicar su vida al servicio de Dios y de los demás, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.

San Juan Pablo II, ferviente defensor de las vocaciones sacerdotales, decía que la vocación al sacerdocio es una gracia especial que Dios concede a algunos, llamándolos a ser sus ministros y testigos en el mundo. Esta llamada se responde con un sí generoso, que marca el inicio de un largo camino de formación y discernimiento.

juan pablo II formación de seminaristas qué estudia un seminarista
San Juan pablo II se ocupó de la formación de seminaristas y de lo que estudian.

¿Cuál es el camino académico de un seminarista?

Formación filosófica: base del pensamiento crítico

El camino hacia el sacerdocio comienza con la formación filosófica, que suele durar unos tres años. Durante este tiempo, los seminaristas estudian disciplinas que les permiten desarrollar un pensamiento crítico y una comprensión profunda de la realidad. Algunas de las materias que se abordan incluyen:

San Juan Pablo II explicaba que la Filosofía es una de las llaves para entender la vocación humana y la misión de la Iglesia. No es solo una preparación intelectual, sino que también sienta las bases para una reflexión profunda sobre el sentido de la vida y la vocación al sacerdocio.

Formación teológica: conocimiento profundo de la fe

Tras completar los estudios filosóficos, el seminarista entra en la etapa de formación teológica, que generalmente dura otros dos o tres años. Aquí es donde se profundiza en el conocimiento de la fe cristiana y la doctrina católica. Las principales áreas de estudio incluyen:

La Teología es el corazón de la formación sacerdotal. Es aquí donde los seminaristas aprenden a comunicar la fe y a responder a los desafíos de la modernidad.

formación de seminaristas qué estudia un seminarista

La formación espiritual: el cultivo de la vida interior

Además de la formación de seminaristas en el ámbito académico, la vida espiritual es un pilar fundamental para su preparación. La formación espiritual está destinada a cultivar una relación íntima con Dios. Para ello, los seminaristas deben ahondar en una profunda vida de oración y comunión con Dios. Este énfasis en la oración y en la vida espiritual es lo que distingue al sacerdocio de otras profesiones.

Formación humana: preparación para el ministerio

La formación humana les ayuda a desarrollar luego su ministerio pastoral, que es el componente práctico que permite a los seminaristas aplicar lo aprendido en un contexto real. A lo largo de su formación, participan en multitud de actividades pastorales. San Juan Pablo II expresó esta idea explicando que el sacerdote, es un hombre de caridad y su ministerio debe estar marcado por la compasión y la cercanía a los sufrimientos de los demás.

¿Cómo se financia esta misión de la formación de seminaristas?

La formación de seminaristas es una inversión estratégica y significativa para el futuro de la Iglesia. Los costes de educación, alojamiento, alimentación y materiales son elevados. Aquí es donde entra en juego la Fundación CARF, que se dedica a asegurar que ningún seminarista con vocación se quede sin la posibilidad de formarse debido a razones económicas.

La formación completa de un seminarista o sacerdote diocesano cuesta 18.000 euros al año en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Esta suma incluye no solo los costes directos de la educación, sino también otros gastos asociados como el alojamiento y la manutención.

Las donaciones a la Fundación CARF no solo ayudan a cubrir estos costes, sino que también aseguran que los seminaristas reciban una formación de la más alta calidad (titulaciones Bolonia), con el fin de que puedan servir de manera efectiva a la Iglesia y a la sociedad.

El apoyo a la formación de seminaristas no es solo una obra de caridad, sino una inversión en el futuro de la Iglesia. Con tu donación, mejoras la vida de estos jóvenes, y de sus 131 países, que han decidido responder a la llamada de Dios.

Dimas seminarista de Indonesia, cuenta cómo su madre, musulmana, se convirtió

Dimas Kusuma Wijaya es un joven seminarista de Indonesia que se encuentra en Pamplona estudiando en la Universidad de Navarra y reside y se forma en el Seminario Internacional de Bidasoa. Nos recibe con una sonrisa mientras mantenemos una entrevista sobre su vida, su familia y su llamada a la vocación.

Un seminarista en una familia de trece hermanos musulmanes 

«Indonesia es uno de los países del mundo con mayor número de musulmanes. Mi madre viene de una gran familia musulmana, sus padres y trece hermanos. Cuando conoció a mi padre, sintió una llamada para convertirse al cristianismo», cuenta Dimas. 

Durante el noviazgo, su padre le fue explicando cómo viven los cristianos la fe católica. «Mi mamá claramente tenía mucha ilusión. Por otro lado, cuando mi madre habló con su padre, mi abuelo, le dijo algo muy bonito: "si has conocido otra religión que es buena, tienes que profundizar en ella". Mi abuelo apoyó y respetó a mi mamá», dice este seminarista indonesio.

A los 8 años, después de casarse con su padre

En 2000, ocho años después de casarse con su padre, su madre se convirtió al cristianismo. «Fue un gran momento, un gran impacto en su vida, porque a partir de aquel instante, ya católica, se esforzó por vivir como una buena cristiana. Estaba muy contenta y feliz. Y sentía verdaderamente que esta religión es la verdadera. Porque al final, el encuentro con Jesús, el Hijo de Dios, fue cambiando su vida y su manera de ver la vida y la familia», relata Dimas. 

Explica también que tardó ochos años en convertirse porque sus padres trabajaban de un lugar a otro, y no tuvieron un hogar fijo. Esto fue una dificultad para asentarse en una parroquia y que su madre pudiera recibir las clases de catecismo y la formación doctrinal.

«La fe de mi mamá ha sido todo para mí»

Emocionado, Dimas cuenta que la fe de su mamá le enseñó todo. «Su modo de vida en un país como Indonesia, y su ejemplo en cómo profesaba su fe, fueron la semilla que encendió mi vocación al sacerdocio. Ella me enseñó a rezar cada mañana y cada noche. Me llevaba a la Iglesia, y siempre me ha mostrado cómo debe vivir un cristiano y cómo enfrentarse a los desafíos. La fe de mi mamá ha sido todo para mí. Una fe tan viva y real que me ha enseñado todo». 

Ahora, su madre está muy contenta por tener un hijo en el camino al sacerdocio. Además, toda la familia de su madre, que es musulmana, con gran respeto entre unos y otros, le apoyan en su vocación como sacerdote católico.

En la preadolescencia quiso cambiar su vida

Pero también pasó por una preadolescencia algo rebelde. «En la adolescencia tuve deseos de cambiar mi vida. No tenía ganas de estudiar, solo divertirme. En definitiva, hice todo lo que me dio la gana. Y para cambiar todo eso, pensé que el mejor camino era entrar en el seminario menor, un lugar donde me ayudarían a ser mejor. Pero, claro, al final Dios no solo cambió mi vida sino también mi vocación», dice impresionado.

Recuerda el momento más intenso de su llamado, un día que delante del Santísimo Sacramentado sintió una paz enorme, una alegría muy grande al experimentar que Dios le pedía darse a los demás. Al final, escuchó cómo Dios le llamó. 

«Oí una voz que me decía: Dimas, mira que hay gente que te necesita, y va a haber más gente que te necesitará. A partir de aquel momento de oración y de sentir que podía ayudar a los demás, quise ser sacerdote. Quiero estar con Dios y quiero ayudar a la gente necesitada en todos sus anhelos».

Una facultad de Teología en Surabaya

Así, a la edad de 15 años, Dimas entró en el seminario menor. A los 18 años, en el seminario propedéutico. Y, cuando tenía 20 años, su obispo le mandó a España, al Seminario Internacional Bidasoa para formarme bien para ser sacerdote en las facultades eclesiásticas de la Universidad de Navarra. 

«Acabo de terminar mi primer curso de formación. Lo que quiere mi obispo es levantar la facultad de teología en Surabaya, mi diócesis, y por eso cada dos años intenta enviar seminaristas para estudiar en Bidasoa», explica. 

Su hermano menor es dominico

Dimas tiene otro hermano pequeño que es seminarista de Ordo Predicatorum de los dominicos, que estudia Filosofía en Manila, Filipinas. También tiene dos hermanas mayores: una casada que vive en Tokio y la segunda hermana que es profesora de Psicología en una universidad en Yakarta.

Indonesia, un país con seis grandes religiones

¿Cómo viven los católicos en Indonesia, un país con gran cantidad de musulmanes? ¿Hay respeto entre las confesiones? Dimas nos responde: «Tengo que decir que ahora mismo existe más tolerancia entre nosotros, pero depende del lugar donde vivan los cristianos. Hay ciudades donde resulta muy difícil levantar una parroquia o una iglesia. Hay que tener en cuenta también que Indonesia es muy plural. Hay musulmanes, católicos, budistas, hinduistas, seguidores del confucionismo y cristianos protestantes. Seis grandes religiones que conviven en Indonesia». 

Las características de un joven sacerdote

Es consciente de que, cuando regrese a su país, uno de los retos a los que debe enfrentarse será la tolerancia y el respeto entre las religiones. Y en este camino que acaba de comenzar hacia al sacerdocio, considera que una de las características principales que debe reunir un joven sacerdote es la humildad. 

«Un joven sacerdote es como un bebé que acaba de nacer. Tiene que aprender mucho en su vocación sacerdotal. Tiene que saber escuchar a los demás y sobre todo escuchar a Dios. Con la humildad, uno puede tener una buena vida, porque su ego y su ambición no van a dirigirle, sino que será Dios mismo quién dirigirá y acompañará en su vida. Solo con humildad, un sacerdote puede vivir su vocación sacerdotal muy bien porque luego uno va a experimentar que en realidad la fuerza de Dios le acompañará en toda su labor pastoral», concluye este joven seminarista de Indonesia. 

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Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.