«Mi vocación sacerdotal ha sido una verdadera obra de Dios»

La vocación sacerdotal de Nataniel tiene su origen en la situación más insospechada, pues su padre, pertenecía a la religión kimbanguista, una corriente religiosa africana originaria de Angola, fundada en 1921 por Simão Toco, conocido como el profeta Kimbangu.

Esta fe combina elementos del cristianismo, especialmente del protestantismo, con prácticas y creencias tradicionales africanas. Los kimbanguistas creen en un Dios supremo, en la importancia de los profetas y en la sanación espiritual. Además, promueven la unidad, la paz y la justicia social, y se distinguen por su énfasis en la lucha contra la opresión y la discriminación racial. La religión tiene una gran influencia en Angola y en otras partes de África. Sin embargo, todo un camino providencial llevó a Nataniel a abrazar la fe católica y, tras los años, a sentir una llamada al sacerdocio.

Hoy se encuentra en Roma, estudiando bachillerato en Teología y viviendo en el Seminario Internacional Sedes Sapientiae, gracias también a una ayuda de la Fundación CARF.

La religión en la familia

Nataniel es el segundo de cinco hermanos y hermanas, y viene de una familia no estrictamente católica, pero que vivió una experiencia religiosa que marcó su vida. Su padre es militar, y aunque no practica mucho, en su familia la religión que se practicaba era kimbanguista. Por otro lado, su madre, Isabel, que era peluquera, fue bautizada en la Iglesia católica pero se acabó convirtiendo al protestantismo. Esta era la realidad de Nataniel hasta el año 2012.

Nataniel con sus hermanas y su madre

La reconversión de la madre

El cambio comenzó cuando la madre de Nataniel decidió regresar a la Iglesia católica. «Nos dio la orden de que ya no asistiríamos a ninguna otra iglesia, y comenzamos a ir a la iglesia cada domingo». Para Nataniel, fue un desafío. Había crecido participando en la escuela dominical de la iglesia protestante, donde se organizaban concursos sobre la Biblia, y lo que más le motivaba a ir era la posibilidad de ganar premios. Ahora, al asistir a la Iglesia, todo le parecía extraño y diferente. Pero no tuvo más opción que acompañar a su madre.

El descubrimiento de la fe católica

Al asistir a la catequesis, Nataniel comenzó a descubrir las enseñanzas de la Iglesia. Estudió con mayor profundidad la Biblia y la historia de la Iglesia, lo que fortaleció su fe y dio un nuevo sentido a su vida. En 2015, se unió al grupo de acólitos, acercándose a la liturgia y al sacerdote, y ese mismo año recibió el bautismo. «Podemos perder fama, juventud, dinero, pero lo único que verdaderamente no se puede perder es a Cristo».

La vocación sacerdotal

El año 2015 fue clave, no solo por su bautismo, sino porque comenzó la escuela secundaria. En ese período, la idea de entrar al seminario empezó a tomar forma en su corazón. «Ver al párroco desempeñar su ministerio me motivaba a seguir sus pasos. Sentía en lo más profundo de mi ser que mi vocación era ser sacerdote, para entregar mi vida al servicio de Dios y para la salvación de las almas. Quería ser un instrumento de Dios en medio de su pueblo», nos cuenta alegremente.

El desafío del sí a Jesús

Nataniel era un chico brillante en los estudios, había recibido becas para estudiar ingeniería informática en Londres o Estados Unidos, pero en el año 2017 toma la decisión de compartir con sus padres su deseo de entrar en el seminario. «Fue un momento difícil, especialmente para mi madre. No entendía por qué quería dar ese paso tan radical en mi vida. Para ella, que su único hijo varón tomara este camino era duro de entender».

Con el tiempo, sus padres, que habían vuelto a la fe católica, comenzaron a abrir sus corazones y a comprender el deseo de su hijo. Finalmente, en febrero de 2018, los padres de Nataniel aceptaron la decisión de su hijo de ser sacerdote y el 25 de febrero ingresó en el seminario archidiocesano de Luanda, un paso decisivo hacia el sueño de su vocación. «Fue un momento de gran alegría y de gratitud hacía Dios por haberme permitido seguir el camino que sentía que Él había preparado para mí».

Nataniel recibiendo la bendición

Un camino de fe

Hoy ve cómo cada paso le ha llevado a donde está, a esta llamada al sacerdocio que comenzó en su corazón de una forma inesperada, pero que se ha ido confirmando y fortaleciendo a lo largo de los años. «Mi vocación nació en un contexto familiar diverso, ha sido una verdadera obra de Dios».

Agradece profundamente a sus padres por su comprensión y por apoyarle en este camino. «Mi deseo es seguir adelante, con fe y con esperanza, dedicando mi vida al servicio de Dios y de su pueblo».

Agradecido a los benefactores

Con este testimonio, Nataniel desea expresar su profundo agradecimiento a todos los benefactores de la Fundación CARF por darle la oportunidad de continuar con sus estudios en Roma.

Actualmente está cursando el tercer año de Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. «Gracias a su apoyo puedo comprometerme en la misión de la Santa Madre Iglesia de llevar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a todas las naciones», comenta.

«Rezo cada día por ustedes para que el Señor, Sumo y Eterno Bien, de quien proceden todas las bendiciones, continúe bendiciéndoles y guiando sus pasos hacia la vocación a la que todos estamos llamados, la Santidad. ¡Muchísimas gracias!, nos dice con una sonrisa».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Paul de Malawi: «necesitamos sacerdotes bien formados para ayudar a todos»

A esta gran riqueza cultural de Malawi se contrapone la escasez de medios, sobre todo en la diócesis de Karonga, joven y pequeña, con necesidad de muchos sacerdotes. Esta es la ilusión de Paul: formarse bien en Pamplona para regresar y servir con eficacia a la iglesia diocesana de su país.

Este joven, africano de 23 años, reside en el seminario internacional Bidasoa y cursa la carrera de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. El obispo de la diócesis de Karonga, al norte de Malawi, le ha enviado a Pamplona para que reciba una formación sólida e integral y así, cuando regrese, pueda volcar en la Iglesia de su país toda la preparación adquirida.

Necesidad de sacerdotes en Malawi

«La necesidad de mi diócesis es contar con más sacerdotes. Somos muy pocos y es una diócesis joven, nueva y pequeña, fundada en 2010», explica Paul. Por eso, tiene una ilusión enorme en la completa preparación que está recibiendo en Pamplona. 

Su diócesis no solo necesita sacerdotes bien formados, sino también contar con más misioneros para ayudar a los pocos sacerdotes diocesanos, ya que sólo cuentan con 19 sacerdotes diocesanos y 28 seminaristas.

Las condiciones de vida en Malawi

En su diócesis también escasean profesionales de la salud y de la educación. Paul explica: «sin duda, necesitamos la ayuda de estas instalaciones sanitarias para mejorar las condiciones de vida de los cristianos, pero también de toda la población de la diócesis. Pero estamos agradecidos de que la diócesis haya hecho todo lo posible para ayudar con nuevas escuelas y algunos centros de salud, aunque todavía la demanda es muy alta». 

Si no hubiera sido por la ayuda de la Fundación CARF y de los benefactores, Paul no hubiera tenido la oportunidad de recibir una formación integral para prepararse como sacerdote que tanto bien hará a su pueblo.

Convivencia entre cristianos, musulmanes y tradiciones africanas

Ciertamente, su diócesis cuenta con escasos medios económicos, pero de una gran riqueza en cuanto a la convivencia. 

«Los católicos de Malawi viven en paz, celebran su fe con alegría y la demuestran culturalmente. Malawi es un país muy pacífico, vivimos en armonía y en cooperación con otros cristianos, musulmanes y tradiciones africanas sin matarnos los unos a otros. La expresión religiosa no es un problema», señala con alegría. 

En este país africano, los católicos tienen un porcentaje más alto (17,2 %) que otras denominaciones cristianas; hay que recordar que hay muchos otros grupos de confesiones cristianas, porque Gran Bretaña colonizó el país y los primeros cristianos que evangelizaron fueron protestantes de Inglaterra y Escocia. Unos años después, los Padres Blancos católicos de Francia fueron de misioneros, cuando el protestantismo ya se había extendido en el país.

El ejemplo de los sacerdotes

El ejemplo de los sacerdotes y misioneros católicos de Malawi influyó positivamente en Paul, además de la fortaleza de su entorno. Proviene de una familia numerosa de siete hermanos, de fuertes raíces católicas: cuatro varones y tres mujeres. Paul es el sexto. 

La marcha al Cielo de su madre en 2014, cuando solo tenía 13 años, le provocó un desconsuelo enorme. Pero este desconsuelo retornó en esperanza y fe gracias al apoyo de su familia y de los religiosos, un ejemplo que fue determinante para salir adelante y conformar su vocación.

«Señor, déjame intentarlo»

Comenzó a discernir su vocación al sacerdocio de niño, cuando participaba en las actividades que realizaban en su escuela, en el seminario menor. Pero no sabía si podía llevar a cabo tal misión. 

«De niño pensaba que podía vivir como ellos, como los sacerdotes que me cuidaban y educaban. Y le dije al Señor: déjame intentarlo, voy a darlo todo para que algún día pueda ser sacerdote», afirma. 
Finalmente, ingresó en el seminario mayor a los 19 años. En este itinerario vocacional que ha emprendido, alberga la ilusión de paliar la necesidad que tiene su diócesis de contar con sacerdotes bien formados, sobre todo para llegar a la juventud.

Llegar a los jóvenes

«Los jóvenes son muy influyentes en la difusión del Evangelio a través de los medios de comunicación, pero también en las reuniones y conferencias anuales de jóvenes que se organizan para mantener la fe y difundirla; se reúnen en gran número, lo que es muy prometedor», expresa con orgullo Paul Benson. 

Y es que, para él, los sacerdotes jóvenes son capaces de comprender lo que necesitan los jóvenes desarrollando nuevos enfoques para explicar la doctrina católica, dar argumentos y poder así vivir y dar testimonio de la fe católica en Malawi.

Lo que deben aprender los europeos de los africanos

África tiene grandes retos, pero también Europa, porque los europeos deben aprender grandes virtudes de los católicos africanos: «audacia y resiliencia para resistir y mantener la fe, la tradición misma; para proclamar la verdad y ayudar a esta generación rota, donde están sucediendo muchas cosas contrarias a nuestras costumbres cristianas, entre ellas, muchas inmoralidades sexuales», se lamenta Paul.

Gracias a la Fundación CARF

Esta es una de las razones por las que cree que la formación de un sacerdote es primordial: «debemos ayudar a todo el mundo, a los que creen y a los que no, los de una clase y los de otra.  Por eso, se necesitan sacerdotes que estén bien formados». 

Con ilusión y alegría agradece a la Fundación CARF todo lo que hace por sus estudios académicos. «Nuestra formación es académica, espiritual y pastoral, y estoy muy contento de vuestra ayuda».


Marta Santín, periodista especializada en religión.


La vocación de Benedikt: de carpintero a seminarista

El sueño de su vocación lo ha llevado a Roma para formarse como sacerdote en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y está cursando el primer año del primer ciclo de Teología.

Benedikt Aicher nació el 26 de abril de 1999 en Rosenheim, Bavaria, Alemania, a unos 90 kilómetros de Marktl am Inn, donde nació Josef Ratzinger, quien luego fue el papa Benedicto (Benedikt en alemán) XVI.

Este joven alemán reside en Roma, y es parte del instituto Obra de Jesús Sumo Sacerdote, comunidad católica dedicada principalmente a la santificación de los sacerdotes y la promoción de una vida de servicio, oración y apostolado. Su carisma se centra en la consagración al Corazón Inmaculado de María y en la búsqueda de la perfección cristiana mediante los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

Una infancia marcada por la fe y la familia

Benedikt Aicher creció junto a sus dos hermanos en una pequeña aldea en los Alpes bávaros, donde el trabajo en familia, la oración y los valores cristianos eran fundamentales. Desde niño, sus padres le enseñaron la importancia del sacrificio y la entrega a los demás, sentando las bases de una vocación que más tarde lo llevaría a querer ser sacerdote.

«Nuestros padres nos enseñaron una cosa en particular: hacer sacrificios por amor a los demás. Siempre había mucho trabajo, por lo que pronto tuvimos que ayudar. Como no teníamos hermanas, las tareas domésticas también eran algo normal para nosotros», nos cuenta.

La influencia de su abuelo y Benedicto XVI

La herencia católica de Benedikt se extiende a su abuelo, quien estudió junto al que fuera el sucesor de san Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI. Este legado familiar, junto con las tradiciones de la Iglesia, crearon un entorno propicio para que Benedikt cultivara su fe desde temprana edad.

«Mis padres recibieron una profunda influencia católica de sus propios padres y de la Iglesia. Mi padre pasó muchos años en un seminario menor. También mi abuelo asistió al seminario, junto con Joseph Ratzinger, con el sincero deseo de convertirse en sacerdote, pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió su formación. Al regresar de la prisión en Francia, quiso continuar sus estudios, pero debido a lo que había vivido, ya no encontraba la paz necesaria para estudiar», nos dice Benedikt.

Desde pequeño, él y sus hermanos asistían a Misa todos los domingos y fueron introducidos por sus padres en las tradiciones católicas. De esta manera, en casa, se creó un ambiente propicio para que Dios hiciera su obra.

«Después de mi Primera Comunión le dije a mi madre: ¡ahora empezaré a ser monaguillo y luego entraré en un monasterio!», nos relata con una sonrisa.

Descubriendo su vocación en medio de dudas y sueños

Aunque Benedikt soñaba con ser carpintero, su corazón fue conquistado por la llamada de Dios al sacerdocio. Durante su juventud, la Virgen María jugó un papel central para guiarlo hacia una vida de oración y entrega. A sus quince años, tras algunos de resistirse, finalmente aceptó su vocación, tomando pasos concretos para ingresar en el seminario.

«Mi vocación al sacerdocio surgió de niño, pero también soñaba con ser carpintero. Mi tío, que lamentablemente ya está en el Cielo, era un fraile benedictino y ejercía la carpintería en el monasterio. De pequeño quería formarme allí con él, pero con el tiempo ese deseo desapareció».

Durante su etapa en la escuela, era un chico muy tímido. En casa, en cambio, hacía mucho alboroto. La etapa del instituto lo llevó fuera del pueblo, a la ciudad. «Mi escuela aún tenía valores cristianos. Eso, junto a la protección de la Virgen María, me salvó de muchas cosas. De hecho, nunca salíamos de casa sin rezar con nuestra madre ante la estatua de la Virgen y sin hacernos la señal de la cruz con agua bendita».

Aunque la carpintería era algo que atraía a Benedikt, había otra camino para él. «Siempre me gustó participar en el grupo de monaguillos. Era mi preferencia hasta el final. Después de unos años, mis hermanos y yo nos convertimos en monaguillos mayores y liderábamos el grupo según nuestras capacidades. También ayudábamos en otras actividades parroquiales, como la preparación para la Confirmación. Durante muchos años, toqué el corno tenor en la banda musical Halfinger Bläserkreis».

El discernimineto de la vocación

La Virgen María siempre quiso llevarle a Jesús. «A los doce años, comenzamos a asistir mensualmente a conferencias de los Legionarios de Cristo, donde encontramos alimento espiritual. A los catorce años, mis hermanos y yo empezamos a participar en un campamento juvenil cada dos meses, también acompañado espiritualmente por los Legionarios de Cristo. Con el tiempo, me integré en el equipo organizador, donde principalmente me encargaba de las tareas económicas junto a mi hermano mayor».

Este período tuvo un gran impacto en su vida de fe, ya que fue guiado hacia la Eucaristía y la Confesión. A los quince años volvió a sentir la llamada al sacerdocio. «Fue breve y la rechacé con firmeza. En los años siguientes, los intervalos en los que sentía esta llamada se hicieron cada vez más cortos e intensos».

Los grupo de oración que frecuentaba le decían que rezara por su futura esposa. Benedikt aún no había aceptado su vocación, pero no podía rezar sin añadir: «y si tienes otro camino para mí, concédele a otro una buena esposa», nos dice alegremente.

Jesús conquistó su corazón, y Benedikt fue abrazando esa llamada al sacerdocio.

El papel clave de la Fundación CARF en su formación como seminarista

Hoy, Benedikt es seminarista y estudia teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz gracias al apoyo de la Fundación CARF. Con la ayuda de los benefactores, Benedikt no solo ha podido recibir una formación de calidad, sino que también ha sentido el respaldo espiritual y material necesario para seguir adelante en su misión de servir a la Iglesia.

La historia de Benedikt Aicher es un ejemplo vivo de cómo la fe, el trabajo y la generosidad de los benefactores de la Fundación CARF pueden transformar vidas y fortalecer a la Iglesia.


Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Asitha: «ser un sacerdote bueno y bien formado ayudará a la gente a alcanzar el camino de Dios»

Ser sacerdote para Asitha Sriyantha es cumplir con su sueño de niño. Su familia es católica y devota, pero él estudió en un colegio budista que pudo cambiar el rumbo de su vida. Pero no fue así. Ahora es seminarista, estudia en la Universidad de Navarra, en Pamplona y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

Cuando Dios llama en la infancia para ser sacerdote

«Desde mi infancia tuve el deseo de ser sacerdote. Cuando los maestros me preguntaban qué quería ser de mayor, yo respondía: quiero ser sacerdote», dice Asitha.

Y aunque proviene de una familia católica devota, con padres que participan activamente en las actividades parroquiales, la decisión de ser sacerdote no fue bien recibida en un principio por su padre, porque en Asia es difícil aceptar que tu único hijo varón entre en el seminario y abandone el negocio familiar.

«Ahora está orgulloso de tener un hijo preparándose para ser sacerdote», exclama Asitha. Gracias a sus padres, a la influencia de su madre, y a la fe sencilla de su abuela que vive con ellos, fue creciendo en la fe y la relación con Dios.

Ser sacerdote
«Ser sacerdote bueno y bien formado puede ayudar a mucha gente».

Su infancia en un colegio budista

Asitha estudió Primaria en la escuela cercana a la iglesia parroquial y entre su rutina diaria era normal servir en la Misa de la mañana.

En Secundaria su vida dio un giro al ingresar en un colegio budista, una experiencia que le ha imprimido un conocimiento más amplio del budismo, la práctica religiosa mayoritaria en su país.

«Mis maestros y amigos no lo entendían –señala–. Más tarde, cuando se lo expliqué, entendieron un poco mejor mi deseo e incluso me animaron».

Ahora, sus parientes y amigos están contentos porque es el primero de su familia que va a ser sacerdote. «Espero y rezo para que algunos de mis familiares elijan este maravilloso camino de vida: ser sacerdote», exclama. Su única hermana siempre está ahí para lo que haga falta.

Los católicos en Sir Lanka y la gran contribución de la Iglesia en Aasia

La Iglesia católica cuenta en Sri Lanka con alrededor de 1,4 millones de fieles, que representan a cerca del 7 % de la población. Está organizada en 11 diócesis incluyendo una archidiócesis. Asitha Sriyantha Lakmal es de la diócesis de Colombo, diócesis a la que regresará después de formarse en Teología y Filosofía en la Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

«Asia es increíblemente diversa, con numerosas etnias, idiomas y prácticas culturales», comenta Asitha, consciente de que la Iglesia en Asia contribuye al rico tapiz de religiones de varias maneras, reflejando las diversas culturas, tradiciones, e historias del continente.

«De hecho, la Iglesia en Asia a menudo abraza e integra esta diversidad, fomentando un sentido de unidad en medio de las diferencias. Asia es el hogar de varias religiones importantes, como el cristianismo, el islam, el hinduismo, el budismo, el sijismo y otras», comenta.

Por eso, la gran contribución de la Iglesia en Asia es su participación en el diálogo interreligioso, promoviendo la comprensión mutua y la cooperación entre personas de diferentes religiones y contribuyendo así a la paz.

«En muchos países de Asia los cristianos llevan a cabo su misión en paz y libertad, pero en cambio en otros se dan situaciones de violencia y persecución», lamenta.

Formación, el gran desafío ante la secularización

Sin embargo, el gran desafío al que se enfrentan los jóvenes sacerdotes del siglo XXI, tanto en Asia como en el resto del mundo, es la fuerte secularización de la sociedad.

Para enfrentarse a este gran desafío, Asitha Sriyantha está convencido de que «la formación es clave para abordar los desafíos de nuestra misión. Creo que cada sacerdote debe cumplir su misión de cara al pensamiento del mundo moderno», afirma Asitha.

Y una formación integral es también un reto para atraer a los jóvenes, formación que ayudará a encontrar formas innovadoras de abordar estos desafíos y de servir activamente en la misión divina.

Oración y sacramentos

Pero además de la formación, Asitha recuerda que la oración y los sacramentos son la esencia de nuestra fe católica, porque «sólo daremos el fruto que Dios quiere, si buscamos la gracia y la guía de Dios, manteniendo una relación cercana con Él».

Esta relación de confianza y de fe con el Señor fue adquirida desde niño gracias a sus padres, una semilla que dejó huella en su alma. Así, a los dieciséis años entró en el seminario menor de san Luis, en Colombo y tres años después, ingresó en el seminario propedéutico.

«Hice tres años de estudios filosóficos en el seminario nacional de Nuestra Señora de Lanka, Kandy, y ahora puedo estudiar Teología en Pamplona gracias a la Fundación CARF», resalta emocionado.

Asitha junto a don Emilio Forte y dos compañeros del coro de Bidasoa
Asitha junto a don Emilio Forte y otros compañeros del coro de Bidasoa.

La diversidad de la Iglesia universal en Bidasoa

Además, su experiencia en el seminario internacional Bidasoa le otorga una riqueza muy amplia en su camino vocacional. «En Sri Lanka, experimentamos la Iglesia local. Pero en Bidasoa, donde resido en Pamplona, se palpa la universalidad de la Iglesia católica. Podemos ser diferentes con nuestras culturas e idiomas, pero somos uno en nuestra fe».

Si Dios quiere, será ordenado sacerdote para servir a su diócesis. «Nuestra vida es una y servimos a un solo Maestro. Nuestros pensamientos e ideas pueden diferir, pero trabajamos juntos y caminamos juntos hacia un mismo objetivo», concluye Asitha.

Para terminar, agradece muchísimo el esfuerzo económico que los benefactores hacen para que jóvenes como él procedentes de todo el mundo puedan terminar sus estudios. «Un sacerdote bueno y bien formado puede ayudar a la gente a alcanzar el camino de Dios», dice alegremente.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

Ajo Joy, India, una vocación sacerdotal inspirada por su madre

La vocación sacerdotal de Ajo Joy (India) comienza a los 15 años. Ahora es un joven seminarista de 26 años que estudia cuarto curso de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

Vocación sacerdotal y la perdida de su madre

Su madre falleció de cáncer cuándo él tenía 15 años. Al día siguiente, Ajo entraba en el seminario menor san Rafael de la diócesis de Quilon (Kerala, en la India), dando el primer paso en su vocación sacerdotal: «mi madre era como una maestra y amiga para mí. Estoy convencido de que mi vocación se la debo a ella. Desde el cielo intercede por mí».

Tras su experiencia, manda un mensaje a los jóvenes que pierden a sus padres o familiares a temprana edad: «con cariño y con orgullo les digo que nuestros padres son un regalo de Dios; debemos compartir nuestros deseos y ambiciones con ellos. Cuando pierdas a uno de ellos, no te rompas, reza por ellos. Sé feliz y piensa que te están apoyando y amando de la misma manera que cuando estaban vivos».

La diócesis de Quilon: cuna del cristianismo en la India

Este seminarista de la India descubrió su vocación sacerdotal a una edad muy temprana. A pesar de ser hijo único, sus padres no solo no le pusieron reparos, sino que lo motivaron activamente en su camino. Nacido en el seno de una familia católica perteneciente a la diócesis de Quilon (también conocida como diócesis de Kollam), la primera diócesis católica establecida en la India, a menudo considerada la cuna del cristianismo indio. Fue erigida por el Papa Juan XXII el 9 de agosto de 1329. La diócesis abarca una extensión de 1.950 km² y cuenta con una comunidad de aproximadamente 239.400 fieles católicos.

La convivencia religiosa en Kerala, un modelo de unidad

«En Kerala los católicos viven en una sociedad diversa y multi religiosa. Aunque constituyen una minoría, alrededor del 18 % de la población, Kerala es hogar de dos iglesias: oriental y occidental. La Iglesia occidental incluye el rito siro-malabar y el rito siro-malankar, además de una gran población de rito latino.

En Kerala los católicos han mantenido una relación de respeto y de cooperación con otras religiones, como el hinduismo y el islam, y también mantenemos un respecto con las diversas culturas en el país», explica este joven seminarista.

En tiempos difíciles, comunidades unidas

La capacidad de vivir y de prosperar en una sociedad multi religiosa, es una de las lecciones más valiosas que los católicos europeos podrían aprender de los católicos de la India, en concreto de los de Kerala, que han creado una cultura fuerte de respeto y de cooperación con otras religiones.

Ajo lo expresa así: «La armonía entre las religiones es fundamental. Esto podría mejorar la vida y la práctica de la fe católica en España al fomentar la convivencia y el diálogo entre las religiones. El enfoque en la comunidad es otra lección crucial.

En tiempos difíciles, las comunidades católicas en la India suelen estar muy unidas y apoyándose mutuamente. Los católicos españoles pueden encontrar inspiración en esta solidaridad y sentido de pertenencia». 

Formación sacerdotal en un mundo secularizado

Ajo Joy es uno de los jóvenes seminaristas del siglo XXI que se forma para dar respuestas a los desafíos de un mundo secularizado. Considera que un joven sacerdote de la época actual se enfrenta a un mundo en constante cambio y, por este motivo, es esencial fortalecer su vocación viendo a Dios como un compañero, como un amigo. «La vocación sacerdotal es amistad, y siempre he visto a Dios como un amigo que me ha ayudado mucho en mi vida», nos dice con una gran sonrisa. 

Además, este joven seminarista de la India opina que, además de alimentarse de la oración y de la Eucaristía, la formación de un sacerdote actual también tiene que fortalecer su vocación en la justicia social, trabajando en proyectos comunitarios y abogando por los derechos humanos y la dignidad de todos. «Pero lo esencial es compartir la experiencia de Dios con los demás», concluye Ajo Joy.

Ajo está muy agradecido a todas los benefactores de la Fundación CARF que hacen posible que pueda completar su formación teológica, su objetivo es poder formarse muy bien y volver a su diócesis, en India, para ayudar a futuros sacerdotes, religiosos y religiosas de la India.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

Jesús Eduardo, seminarista: «los sacerdotes del siglo XXI no debemos tener miedo a las tribulaciones»

«En mi adolescencia y primeros años de juventud, muchas personas me invitaban a participar en algún grupo juvenil o de adoración, y mi respuesta siempre era la misma: muchas gracias, pero no. En esos momentos de mi vida no veía todo lo bueno que Dios me ofrecía».

La nueva evangelización en México

Ahora con 33 años es seminarista, de la diócesis de Tabasco (México), y estudia en la Universidad de Navarra y reside y se forma en el Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Es consciente de que es necesaria una buena formación para poder evangelizar en una sociedad post moderna del siglo XXI, y sobre todo en México, un país de fuertes raíces católicas donde el protestantismo también está copando espacios.

«Unas de las principales necesidades de evangelización, no solo de mi diócesis sino de todo el país, es cómo evangelizar ante los múltiples grupos protestantes que van creciendo». 

Según su experiencia, es necesario empezar por las familias, catequizando y dando a conocer la belleza de la palabra de Dios. «Para conseguir esto, las parroquias deben fomentar más el espíritu misionero en las propias comunidades (que es algo que se realiza) pero se debe impulsar mucho más, y así, junto con la participación de toda la comunidad, acercar a Dios a aquellos que aún no lo conocen o que incluso se han alejado».

celebración por los 500 años de evangelización en México. seminarista y sacerdotes

Las familias católicas, cuna de vocaciones

Ante la proliferación de grupos protestantes o anticlericales, este seminarista está convencido del poder que desprende el que cada católico sea testigo de la fe católica, y como sugiere, empezando por las familias.

«Las familias son las iglesias domesticas en donde se inicia el cultivo de la fe, así como también aquellos valores, virtudes, enseñanzas y costumbres que poco a poco moldearán el carácter y personalidad de cada uno de sus integrantes».

Jesús está convencido de que, si en cada familia se vive la fe católica, su testimonio dará respuesta a aquellos grupos anticlericales que buscan atacar a la Iglesia. «No se trata de una guerra entre la fe católica y sectas protestantes, pero como católicos tenemos una gran responsabilidad, e iluminados por la luz de la fe, debemos adquirir la mejor preparación para enfrentarnos a los nuevos desafíos de esta época».

El ejemplo de su familia

Este seminarista, que quiere ser sacerdote, transmite su propia experiencia de lo que aprendió en su familia. Es el pequeño de tres hermanos y ha crecido con el apoyo de su familia, un factor fundamental para ser la persona que ahora es, siempre de la mano de Dios en cada proyecto de su vida.

«Los buenos momentos de mi infancia están llenos de la unión entre hermanos, jugando, divirtiéndonos, protegiéndonos los unos a los otros. Algo bueno de mi infancia es que desde pequeño he sido una persona constante en mis estudios, lo cual siempre me inculcaron mis padres, algo que me ha caracterizado toda mi vida».

Un momento decisivo: el seminario

También recuerda que la adolescencia fue una de las mejores etapas de su vida por el hecho de que empezó a crecer y madurar en su personalidad. «Lo bueno de mi adolescencia es que fui definiendo mi forma de ser, sabía distinguir lo bueno de lo malo y sobre todo la confianza que mis padres tenían en mí y mis hermanos. Agradezco a mis padres que siempre me dieron una educación basada en valores, creando en mis hermanos y en mí, el sentido de la responsabilidad, dedicación y esfuerzo en todas nuestras actividades» comenta este seminarista.

Sus padres le apoyaron en el momento más importante de su vida: el ingreso en el seminario con treinta años, después de cursar una carrera profesional y tener un trabajo estable, confiando siempre en la voluntad de Dios, «llamándome a ir más allá de mis capacidades para devolver a Dios, de manera generosa, todo aquello que Él me había dado a lo largo de mi vida».

BIDASOA. JESUS EDUARDO FLORES seminarista

Evangelizar la juventud mexicana

El sueño de este seminarista es evangelizar a los jóvenes de México. «Hay algo que me llama mucho la atención y es que la juventud en México, a pesar de los cambios que se han producido en los últimos años, es una juventud que tiene voz y se hace escuchar, es una juventud en donde se ve claramente que cuando hay unión y todos conectan hacia un mismo interés logran alcanzar las metas que se proponen, es una juventud en donde hay mucha esperanza sobre todo en estos tiempos de modernidad”.

En su opinión, lo que se necesita para que los jóvenes se acerquen a la fe católica es darles y permitirles más participación en las parroquias, no excluirlos de los servicios litúrgicos porque es de gran importancia hacerles sentir parte de la iglesia, integrándolos en las actividades para generar en ellos actitudes de amor y responsabilidad no solo al servicio que estén prestando, sino a Dios.

«No obstante, las familias son fundamentales para lograr esto, ya que es ahí en donde se fomenta el amor a Dios, así como a la Iglesia», insiste Jesús.

El seminarista del siglo XXI

¿Cómo tiene que ser el seminarista y el sacerdote del siglo XXI para Jesús Eduardo? «En mi opinión debe tener un gran amor y entrega a lo que le ha llamado Dios; tener un sentido de compromiso y responsabilidad en donde quiera que esté; tener una solidez en todas sus áreas de formación, lo cual le permitirá enfrentarse a los retos que nuestra Iglesia tiene y tendrá en el futuro». 

Además, considera necesario que los seminaristas y sacerdotes actuales mantengan una formación permanente constante para así poder dar respuesta ante aquellas necesidades e inquietudes del pueblo de Dios ya que estamos ante futuras generaciones que se están preparando muy bien.

Perder el miedo y confiar en Dios

«Un seminarista del siglo XXI no debe apagar la llama de su vocación ante lo que el mundo puede ofrecer, lo cual podría desviarlo de aquello para lo que fue llamado. Debe tener siempre presente el motivo por el que decidió seguir a Dios y no tener miedo ante las tribulaciones que puedan experimentar».

Jesús Eduardo Flores concluye: «responder a la llamada de Dios es y será una de las grandes experiencias más enriquecedoras que marcarán la vida de un seminarista, que jamás olvidará todo su esfuerzo realizado a lo largo de su formación y se verá reflejado en el servicio a la Iglesia y a todo el pueblo de Dios como sacerdote» 

Para terminar, Jesús está muy agradecido a todos los benefactores de la Fundación CARF que hacen posible sus estudios en Pamplona. «Gracias a los benefactores por su generosidad y por sus oraciones, porque ayudando a seminaristas como yo, ayudan a muchas comunidades cristianas de todo el mundo. Les tengo presentes en mis oraciones».


Marta Santín, periodista especializada en religión.