¿Qué es la indulgencia plenaria y cómo obtenerla?

La indulgencia plenaria, es un regalo extraordinario de la Iglesia Católica, que permite la remisión completa de la pena temporal que queda después de que los pecados han sido perdonados en el sacramento de la confesión.

Desde el año 1983 el Código de derecho canónico (c. 992) y el Catecismo de la Iglesia católica (n. 1471), definen la indulgencia de la siguiente manera:

«La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».

San Josemaría también resaltó la profundidad espiritual de las indulgencias al afirmar: «las indulgencias son una manifestación de la misericordia infinita de Dios» (Camino, 310).

Diferencia entre indulgencia plenaria y parcial

La indulgencia plenaria y la parcial son expresiones de la infinita misericordia de Dios. Aunque difieren en su alcance, ambas nos animan a buscar la santidad a través de la fe, la oración y las obras de caridad.

La indulgencia plenaria es un regalo extraordinario, ya que remite por completo la pena temporal que queda tras el perdón de los pecados en el sacramento de la confesión. Es un acto de amor que nos permite presentarnos ante Dios purificados libres de cualquier mancha que nos aleje de Su presencia.

Por otro lado, la indulgencia parcial remite solo una parte de esta pena, pero no por ello es menos significativa. Es un paso importante que nos motiva a seguir avanzando en nuestro camino espiritual, ofreciendo nuestras oraciones, sacrificios y buenas obras como signos concretos de arrepentimiento y fe.

El Papa Francisco, lo explicó con claridad durante su Audiencia General, 9 de marzo de 2016 que «la indulgencia plenaria es un don que nos ayuda a acercarnos más a Dios y a vivir una vida más santa». Es por ello que debemos recordar que las indulgencias plenarias son una invitación a caminar hacia la santidad con esperanza y confianza en la divina misericordia.

Cada vez que recurrimos a las indulgencias, renovamos nuestro compromiso de conversión, confirmamos que el amor de Dios siempre está dispuesto a acogernos y a darnos una nueva oportunidad. ¿Qué mayor consuelo podemos tener que saber que, a través de estas prácticas, nos acercamos más al corazón amoroso del Padre?

Requisitos para obtener una indulgencia plenaria

El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Cuaresma de 2008, afirmó: «La indulgencia no puede ser entendida como una especie de 'descuento' sobre la pena debida al pecado, sino como una ayuda para una conversión más radical». La Indulgencia es una oportunidad sincera de comprometernos con el camino hacia la santidad y renovar nuestra relación con Dios.

  1. Confesión sacramental: este sacramento nos permite estar en estado de gracia y reconciliarnos con Dios. En el acto de la confesión, encontramos el abrazo amoroso del Padre que siempre está dispuesto a perdonarnos.
  2. Comunión eucarística: recibir la Eucaristía con devoción. Al acercarnos al altar, encontramos la fortaleza para vivir en santidad.
  3. Oración por las intenciones del Papa: rezar un Padrenuestro y un Avemaría nos une a la Iglesia universal. Este acto sencillo nos invita a pensar más allá de nuestras propias necesidades y a rezar por el bien común.
  4. Desapego total del pecado: este paso no exige perfección, pero sí un sincero deseo de rechazar el pecado, incluso venial. Es una llamada a examinar nuestro corazón y a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
  5. Realizar la obra indulgenciada: por ejemplo, rezar el Rosario en comunidad, leer la Sagrada Escritura durante al menos media hora o adorar al Santísimo Sacramento o llevar a cabo obras de misericordia, tanto espirituales como corporales.

Cumplir con estos requisitos es un recordatorio de que la gracia de Dios está siempre disponible para aquellos que la buscan con humildad y sinceridad.

¿Cuándo se puede obtener una indulgencia plenaria?

Existen momentos especialmente significativos para obtener indulgencias plenarias:

Además de estas fechas específicas, el Papa puede designar otras ocasiones especiales para obtener indulgencias. Cada una de estas oportunidades nos acerca al corazón misericordioso de Dios y nos invita a vivir nuestra fe.

Indulgencia plenaria y medalla de san Benito

En momentos puntuales, la Iglesia concede la posibilidad de ganar indulgencias plenarias relacionadas con el uso de la medalla de san Benito, siempre que se cumplan las condiciones habituales: confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa, desapego del pecado y realización de una obra indulgenciada.

Entre las ocasiones más destacadas para ganar una indulgencia plenaria vinculada a la medalla de san Benito se encuentran:

Reverso y anverso de una medalla de San Benito.
Reverso y anverso de una medalla de San Benito.

Al conocer en el significado y la belleza del don de la indulgencia plenaria, nos acercamos a la misericordia infinita de Dios. En este camino de fe, la labor de la Fundación CARF es fundamental, al formar con tu apoyo a sacerdotes y seminaristas para la Iglesia Católica, que serán quienes nos guíen y acompañen en nuestra relación con Dios. Apoyar a la Fundación CARF significa que más cristianos puedan acercarse a la gracia redentora de Dios en todo el mundo.

Asitha: «ser un sacerdote bueno y bien formado ayudará a la gente a alcanzar el camino de Dios»

Ser sacerdote para Asitha Sriyantha es cumplir con su sueño de niño. Su familia es católica y devota, pero él estudió en un colegio budista que pudo cambiar el rumbo de su vida. Pero no fue así. Ahora es seminarista, estudia en la Universidad de Navarra, en Pamplona y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

Cuando Dios llama en la infancia para ser sacerdote

«Desde mi infancia tuve el deseo de ser sacerdote. Cuando los maestros me preguntaban qué quería ser de mayor, yo respondía: quiero ser sacerdote», dice Asitha.

Y aunque proviene de una familia católica devota, con padres que participan activamente en las actividades parroquiales, la decisión de ser sacerdote no fue bien recibida en un principio por su padre, porque en Asia es difícil aceptar que tu único hijo varón entre en el seminario y abandone el negocio familiar.

«Ahora está orgulloso de tener un hijo preparándose para ser sacerdote», exclama Asitha. Gracias a sus padres, a la influencia de su madre, y a la fe sencilla de su abuela que vive con ellos, fue creciendo en la fe y la relación con Dios.

Ser sacerdote
«Ser sacerdote bueno y bien formado puede ayudar a mucha gente».

Su infancia en un colegio budista

Asitha estudió Primaria en la escuela cercana a la iglesia parroquial y entre su rutina diaria era normal servir en la Misa de la mañana.

En Secundaria su vida dio un giro al ingresar en un colegio budista, una experiencia que le ha imprimido un conocimiento más amplio del budismo, la práctica religiosa mayoritaria en su país.

«Mis maestros y amigos no lo entendían –señala–. Más tarde, cuando se lo expliqué, entendieron un poco mejor mi deseo e incluso me animaron».

Ahora, sus parientes y amigos están contentos porque es el primero de su familia que va a ser sacerdote. «Espero y rezo para que algunos de mis familiares elijan este maravilloso camino de vida: ser sacerdote», exclama. Su única hermana siempre está ahí para lo que haga falta.

Los católicos en Sir Lanka y la gran contribución de la Iglesia en Aasia

La Iglesia católica cuenta en Sri Lanka con alrededor de 1,4 millones de fieles, que representan a cerca del 7 % de la población. Está organizada en 11 diócesis incluyendo una archidiócesis. Asitha Sriyantha Lakmal es de la diócesis de Colombo, diócesis a la que regresará después de formarse en Teología y Filosofía en la Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

«Asia es increíblemente diversa, con numerosas etnias, idiomas y prácticas culturales», comenta Asitha, consciente de que la Iglesia en Asia contribuye al rico tapiz de religiones de varias maneras, reflejando las diversas culturas, tradiciones, e historias del continente.

«De hecho, la Iglesia en Asia a menudo abraza e integra esta diversidad, fomentando un sentido de unidad en medio de las diferencias. Asia es el hogar de varias religiones importantes, como el cristianismo, el islam, el hinduismo, el budismo, el sijismo y otras», comenta.

Por eso, la gran contribución de la Iglesia en Asia es su participación en el diálogo interreligioso, promoviendo la comprensión mutua y la cooperación entre personas de diferentes religiones y contribuyendo así a la paz.

«En muchos países de Asia los cristianos llevan a cabo su misión en paz y libertad, pero en cambio en otros se dan situaciones de violencia y persecución», lamenta.

Formación, el gran desafío ante la secularización

Sin embargo, el gran desafío al que se enfrentan los jóvenes sacerdotes del siglo XXI, tanto en Asia como en el resto del mundo, es la fuerte secularización de la sociedad.

Para enfrentarse a este gran desafío, Asitha Sriyantha está convencido de que «la formación es clave para abordar los desafíos de nuestra misión. Creo que cada sacerdote debe cumplir su misión de cara al pensamiento del mundo moderno», afirma Asitha.

Y una formación integral es también un reto para atraer a los jóvenes, formación que ayudará a encontrar formas innovadoras de abordar estos desafíos y de servir activamente en la misión divina.

Oración y sacramentos

Pero además de la formación, Asitha recuerda que la oración y los sacramentos son la esencia de nuestra fe católica, porque «sólo daremos el fruto que Dios quiere, si buscamos la gracia y la guía de Dios, manteniendo una relación cercana con Él».

Esta relación de confianza y de fe con el Señor fue adquirida desde niño gracias a sus padres, una semilla que dejó huella en su alma. Así, a los dieciséis años entró en el seminario menor de san Luis, en Colombo y tres años después, ingresó en el seminario propedéutico.

«Hice tres años de estudios filosóficos en el seminario nacional de Nuestra Señora de Lanka, Kandy, y ahora puedo estudiar Teología en Pamplona gracias a la Fundación CARF», resalta emocionado.

Asitha junto a don Emilio Forte y dos compañeros del coro de Bidasoa
Asitha junto a don Emilio Forte y otros compañeros del coro de Bidasoa.

La diversidad de la Iglesia universal en Bidasoa

Además, su experiencia en el seminario internacional Bidasoa le otorga una riqueza muy amplia en su camino vocacional. «En Sri Lanka, experimentamos la Iglesia local. Pero en Bidasoa, donde resido en Pamplona, se palpa la universalidad de la Iglesia católica. Podemos ser diferentes con nuestras culturas e idiomas, pero somos uno en nuestra fe».

Si Dios quiere, será ordenado sacerdote para servir a su diócesis. «Nuestra vida es una y servimos a un solo Maestro. Nuestros pensamientos e ideas pueden diferir, pero trabajamos juntos y caminamos juntos hacia un mismo objetivo», concluye Asitha.

Para terminar, agradece muchísimo el esfuerzo económico que los benefactores hacen para que jóvenes como él procedentes de todo el mundo puedan terminar sus estudios. «Un sacerdote bueno y bien formado puede ayudar a la gente a alcanzar el camino de Dios», dice alegremente.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

¡Vuelve el 28º mercadillo solidario de la Fundación CARF!

El voluntariado del Patronato de Acción Social de la Fundación CARF (PAS) organiza su tradicional mercadillo solidario para recaudar fondos para  la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos, y de religiosos y religiosas de todo el mundo. 

El mercadillo, en su 28ª edición, se celebra del 26 al 30 de noviembre en los locales de la parroquia de san Luis de los Franceses, en la calle Padilla 9, de Madrid, todos los días desde las 11 a las 21 horas. 

El voluntariado del PAS lleva muchos años organizando este mercadillo, cuyo objetivo principal es cooperar con la Iglesia diocesana en todo el mundo. 

Gracias a la venta de muebles restaurados, antigüedades, alguna obra de arte, prendas vintage, ropa de bebé hecha a mano, menaje y objetos de decoración, se consigue sufragar ayudas al estudio, pero, sobre todo, contribuir al coste de las mochilas de vasos sagrados que reciben los seminaristas que se gradúan y regresan a sus países.

¿Dónde y cuándo?

¡Ven y contribuye a una gran causa! Ayuda a la Fundación CARF a seguir formando sacerdotes comprometidos, mientras encuentras regalos especiales para tus seres queridos. ¡Te esperamos!

El mercadillo solidario con más solera del barrio de Salamanca

El mercadillo solidario, uno de los de más solera de la capital española, se vuelve a celebrar en los salones de la parroquia de san Luis de los Franceses en el barrio de Salamanca. «Este año alcanzamos la vigésimo octava edición, todo un éxito», señalan Carmen y Rosana, coordinadoras del PAS.

Gracias al trabajo de las voluntarias del PAS, el mercadillo solidario cuenta con una gran variedad de muebles, vestidos y ropa de bebé hecha a mano por las propias voluntarias, también puedes encontrar obras de arte, cuberterías de estilo vintage, entre otras cosas.

La recaudación va destinada a cubrir los gasto de formación de seminaristas, sacerdotes diocesanos y religiosas y religiosas de todo el mundo. Además, también nos ayuda a cubrir los gastos de las mochilas de vasos sagrados que cada seminarista recibe al terminar sus estudios en Roma y Pamplona (seminarios Sedes Sapientiae y Bidasoa).

Desde primera hora, numerosos anticuarios , fieles a su cita anual y conscientes del valor y calidad de los objetos a la venta, acudirán a los locales de la calle Padilla, 9.

El equipo detrás del mercadillo solidario

Rosana Diez-Canseco y Carmen Ortega, como presidentas del patronato, han liderado un equipo, mayoritariamente femenino, cuya labor alcanza su culmen en el mercadillo, pero que se desarrolla durante todo el año. Mes a mes, las voluntarias reciben y catalogan los objetos que se pondrán a la venta, restauran los muebles, tejen la ropa de bebé y bordan las albas que también se entregarán a los seminaristas.

Rosana y Carmen, de izquierda a derecha, sonríen en un local lleno de ropa.
mercadillo solidario ropa mujer
Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Fundación CARF (@fundacioncarf)

Las mochilas de vasos sagrados con un alba a medida

Estas mochilas contienen todo lo necesario para poder celebrar la Santa Misa en cualquier lugar del mundo: una pequeña superficie de seda para usar de altar, cáliz, patena, copón, dos vinajeras, estola, hisopo, aceite crismal, cíngulo, un alba hecha a medida y hasta dos velas y un crucifijo. 

Emmanuel, Paul, Modest, Halalisane, Thomas, John… son algunos de los nombres de de los 19 seminaristas que se graduarán este curso en el seminario internacional Bidasoa (Pamplona) y que estudian en la Universidad de Navarra.

Mochila de vasos sagrados con todo lo necesario para celebrar la Santa Misa
Mochila de vasos sagrados con todo lo necesario para celebrar la Santa Misa.

Todos ellos recibirán, de manos de las responsables del PAS, su mochila con los objetos litúrgicos y las albas cosidas a medida para cada uno de los seminaristas. 

Con esta ayuda, podrán celebrar la Eucaristía y los sacramentos con dignidad, ya sea en un pueblo perdido de Latinoamérica o de África donde la presencia de sacerdotes es escasa. 

La mochila y todo su contenido, que cuesta 600 euros, está elaborada por Granda, un reconocido taller artesanal de objetos litúrgicos ubicado en Madrid. El mercadillo solidario es uno de los eventos que nos ayuda a cubrir este gasto.

Cada curso se forman unos 300 seminaristas entre Pamplona y Roma. Y aproximadamente 1.700 sacerdotes diocesanos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, y en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona, además de un centenar de personas de vida consagrada.

Rezar por los sacerdotes: por qué y cómo rezar

Rezar por los sacerdotes es una misión de amor y responsabilidad. El papa Francisco nos recuerda que un sacerdote no se hace solo; necesita el apoyo y la oración de todos nosotros. En su exhortación Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) y en muchas homilías, el Papa subraya que el camino del sacerdocio está profundamente ligado a todos los cristianos.

La vocación sacerdotal implica grandes sacrificios y desafíos, y los sacerdotes se enfrentan a dificultades que pueden debilitar su misión, si no reciben el apoyo necesario. Por eso, nuestras plegarias son un acto de amor y compromiso, una manera de cuidar a aquellos que, a su vez, nos cuidan y nos acercan a Dios.

Rezar por los sacerdotes
La mujer y el hombre deberían estar siempre rezando por los sacerdotes.

¿Por qué debemos rezar por los sacerdotes?

San Josemaría Escrivá enseñó que el sacerdote, aunque hombre entre los hombres, ¡es el mismo Cristo! A través de nuestra oración, podemos ser su escudo y fortaleza. Los sacerdotes son directores espirituales y ejemplos vivos de amor y entrega a Cristo, pero también necesitan de nuestras plegarias para mantenerse firmes en su vocación. Rezar por ellos es un acto de empatía y apoyo profundo, un gesto de amor que los acompaña y fortalece en su misión diaria de servicio. Y las oraciones son de ida y vuelta, ya que todos los sacerdotes rezan a diario en la Liturgia de las Horas por todos los seres humanos de todo el planeta.

3 razones para rezar por los sacerdotes

¿Cómo rezar por los sacerdotes?

Rezar por los sacerdotes es una forma sencilla y profunda de acompañarlos en su misión. Hay muchas formas de hacerlo; una opción fácil y al alcance de todos es incluirlos en nuestras intenciones diarias: dedicar una plegaria por ellos, cada día, como perla de amor que enriquece a la Iglesia.

También puedes ofrecer un rosario o la celebración de la Misa en su nombre; o participar en una novena especialmente dedicada a su santidad y fortaleza.

Además, en momentos de silencio y meditación, pide a Dios que les dé fuerza y sabiduría para afrontar los retos de la soledad o las incomprensiones. Estas oraciones los sostienen espiritualmente y les recuerdan que no están solos en su camino.

¿Cuál es la oración de los fieles por los sacerdotes?

La oración de los fieles es un momento puntual de la Santa Misa en el que, unidos como un solo corazón, elevamos las peticiones a Dios por distintas intenciones, entre ellas, no te olvides de la santidad de vida y de la misión de los sacerdotes. En esta oración pedimos por quienes se han entregado al servicio de la Iglesia.

Esta plegaria tiene un valor incalculable, porque reconocemos que los sacerdotes, como todos seres humanos, necesitamos de la gracia y la fortaleza de Dios para ser fieles y serviciales. Es una muestra de gratitud, pues al pedir por ellos, también reconocemos su sacrificio y dedicación. Esa oración conjunta refleja el deseo de todos de ver a los sacerdotes como modelos de Cristo que, como el buen pastor, cuida de su rebaño con ternura y valentía.

¿Qué es la oración de intercesión por los sacerdotes?

La oración de intercesión es una plegaria en la que pedimos a Dios por el bien de otros, en este caso, por los sacerdotes.

Rezar por los sacerdotes

La oración aporta una riqueza incalculable a la Iglesia por el don del ministerio sacerdotal y de la vida consagrada en sus múltiples carismas e instituciones. Damos las gracias a Dios por la vida y por el testimonio de tantos sacerdotes y personas de vida consagrada.

En la Fundación CARF trabajamos con dedicación para apoyar la formación integral de sacerdotes diocesanos de todas partes del mundo. Este esfuerzo es posible gracias a la generosidad de los benefactores y amigos, y, sobre todo, a las oraciones constantes de quienes valoran la misión sacerdotal.

Los benefactores de la Fundación CARF forman un grupo de cristianos comprometidos que además de apoyar económicamente, se unen en oración, no solo por las vocaciones de los futuros sacerdotes, sino también por aquellos que ya están desarrollando su misión.

Rezamos para que todos ellos, presentes y futuros, reciban la gracia necesarias para llevar adelante su vocación, superando los desafíos y viviendo con alegría su servicio a la Iglesia diocesana y al mundo.

Gabriel Hernán, el seminarista que quiere sacar a Honduras de la violencia

Gabriel Hernán Méndez (Honduras, 1994) es un seminarista de 30 años, originario de san Pedro Sula, Honduras, que pertenece a la diócesis de Santa María de las Gracias y sueña con ayudar a los jóvenes de Honduras para que abandonen la violencia de las pandillas. Actualmente cursa el tercer año de Teología en la Universidad de Navarra y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

De la duda a la fe: el despertar espiritual

Aunque su familia no era religiosa, la influencia de su abuela, que le enseñó a rezar, fue decisiva. Sin embargo, en la adolescencia se alejó de la fe y dejó de asistir a la Misa, ya que los constantes cambios de domicilio y los intereses juveniles lo apartaron de la Iglesia. A pesar de ello, en su interior sentía una atracción por la fe que nunca llegó a desaparecer.

«En mi adolescencia, me alejé completamente de la Iglesia y de todo lo relacionado con la religión. Esto se debió fundamentalmente a los compromisos laborales de mis padres, que nos obligaban a mudarnos con frecuencia, lo que me impedía tener un lugar fijo donde asistir a Misa. Además, por mi edad, había otras cosas que captaban mi interés. Sin embargo, en el fondo, siempre me sentí atraído por las cosas de la Iglesia», nos cuenta Gabriel.

Años después, una religiosa lo invitó a una catequesis para recibir la Confirmación. Gabriel accedió, inicialmente motivado por la presencia de una compañera de clase que le gustaba, pero con el tiempo comenzó a involucrarse en actividades de la Iglesia. Al recibir el sacramento, el obispo le preguntó cómo iba a servir a una Iglesia pobre como la de Honduras, palabras que resonaron profundamente en él.

honduras bandera seminarista

El proceso de discernimiento y de formación en el seminario de Honduras

Un seminarista, ahora sacerdote, lo invitó a encuentros de discernimiento vocacional dirigidos a jóvenes que graduados del Bachillerato y que desearan descubrir su vocación. A finales de 2013, Gabriel recibió la aceptación para ingresar en el seminario mayor Nuestra Señora de Suyapa en Tegucigalpa, donde inició su formación en 2014 con 19 años, aunque sin el apoyo de su familia.

«Fue una experiencia nueva para mí, ya que me fui sin el apoyo de mi familia, quienes, al no practicar la fe, no entendían mi decisión de ingresar en el seminario», señala. 

Una pausa en su formación presbiteral

Después de terminar Filosofía (2017) diversas circunstancias le llevaron a poner una pausa en su formación presbiteral y regresar a casa. Comenzó a trabajar en un grupo de empresas dedicadas al comercio, lo cual representó un nuevo reto para él, ya que tuvo que adaptarse a otro estilo de vida y al ambiente laboral. 

«Aquí debo mencionar a una persona que Dios puso en mi camino: Magdalena Méndez, la dueña del grupo de empresas. Ella confió en mí y me dio el empleo a pesar de no tener experiencia alguna», apunta Gabriel.

Una llamada a la vocación como sacerdote que persiste

Con el tiempo, fue ascendiendo en la empresa y un día le propusieron ser Gerente General y representante legal de la empresa. Laboral y financieramente le iba muy bien; había logrado muchas cosas que nunca imaginó. Sin embargo, a pesar de todo, siempre seguía resonando en su cabeza la idea de ser sacerdote: «había como un vacío en mi interior», confiesa este joven de Honduras. 

En todo este tiempo mantuvo comunicación con su director espiritual. Posteriormente, él fue nombrado obispo de una nueva diócesis en Honduras y le invitó a una experiencia en una parroquia de su diócesis para ayudarle en su proceso de discernimiento. 

santuario de san matías, la campa, honduras. sacerdotes y seminaristas

«En enero de 2023, renuncié a mi trabajo y me trasladé al santuario san Matías Apóstol, en La Campa, Lempira (Honduras) donde me acompañó el padre Rubén Gómez. Estando allí, surgió la oportunidad de venir a España a un seminario internacional, el de Bidasoa. El obispo me hizo la propuesta, la cual acepté, y en agosto de 2023 llegué a Pamplona, donde retomé mi formación y estudios con miras a la ordenación presbiteral».

Una misión: ayudar a los jóvenes atrapados en la violencia de pandillas

En todo este tiempo Gabriel no dejó nunca de rezar ni de pedir a Dios qué quería para su vida. «Yo crecí entre maras y pandillas. Honduras es un país con mucha violencia donde los chicos jóvenes se unen a pandillas violentas. Algunos de estos jóvenes me veían cercano a la Iglesia y se acercaban a conversar conmigo. Para acompañar a estos jóvenes pensé: creo que Dios me pide ser sacerdote. Desde mi ejemplo de vida quizás pueda arrastrar a estos jóvenes a otra forma de vida y que descubran que no solo la mara o la pandilla es la única salida», relata con emoción. 

Se entristece cuando piensa que algunos de sus compañeros no han finalizado el Bachillerato, porque se han introducido en el violento mundo de las pandillas. «Mi ciudad, san Pedro Sula, está marcada por las pandillas y las maras, y muchos jóvenes no ven otra salida que meterse allí porque ven el grupo como una familia, la que no han encontrado en sus casas. Sufren de carencias afectivas y vacíos familiares», se lamenta. 

Gabriel-Mendez-Seminarista-Honduras-Bidasoa

Su deseo: ser un sacerdote que ayude a estos jóvenes 

Gabriel aspira a ser un sacerdote comprometido, en primer lugar, en el terreno espiritual, evangelizando, y transmitiendo el amor que Dios les tiene a todos estos jóvenes. Y, en segundo lugar, apoyando la creación de centros de rehabilitación: «Cuando un joven entra en una pandilla no le dejan salir. Por eso es importante la creación de estos centros donde acoger a niños antes de que entren en estas organizaciones, enseñarles oficios que ocupen su mente». 

En esta misión, Gabriel agradece la labor de la Iglesia que cuenta con centros y congregaciones religiosas dedicadas a trabajar con jóvenes en riesgo social. Sin embargo, el trabajo se complica porque, para muchos de estos jóvenes, las pandillas representan la única salida viable. Además, el Gobierno muestra un gran desinterés por abordar este problema. 

El problema de las sectas y la falta de sacerdotes 

Otro de los problemas que vive Honduras es la influencia de las sectas: «hoy en día los católicos ya no somos mayoría en un país que tradicionalmente ha sido católico. Los jóvenes se sienten más atraídos por estas sectas, ya que en los barrios hay una en cada calle, mientras que las iglesias católicas son escasas, con solo una por barrio. Además, el sacerdote muchas veces no puede llegar ni una vez al mes, ya que tiene que atender 50 templos más», se lamenta. 

Con este gran desafío que tiene Gabriel pide oraciones a todos los benefactores y amigos de la Fundación CARF para llegar a ser un buen sacerdote: lo primero que debemos tener claro los sacerdotes es el mensaje del Evangelio y cómo transmitirlo, anunciando a Jesucristo sin dejarse influenciar por ideologías que atacan a la sociedad. Al contrario, debe actuar como un pastor y buscar a las ovejas perdidas, que muchas veces no tienen a alguien que les muestre el camino». 

«Se predica a Cristo, no a uno mismo» 

Además, para Gabriel, un sacerdote del siglo XXI debe recordar que se predica a Cristo y no a uno mismo. «Con el auge de las redes sociales, existe el riesgo de que Cristo quede relegado y el predicador se ponga en el centro. Por ello, es fundamental que el sacerdote se prepare intelectualmente para dar razón de nuestra fe, no solo con oraciones, sino también con elocuencia en su enseñanza, tanto de palabra como de obra». 

En toda esta tarea, agradece a la Fundación CARF el apoyo que recibe para formarse más y mejor. «Hacen falta sacerdotes bien formados porque en este mundo, con tanta ideología, tenemos que dar razones de nuestra fe, para asentar las bases de una nueva evangelización y así contribuir al nuevo resurgimiento de la Iglesia». 

Oración y agradecimientos

Gabriel está muy agradecido a todas los benefactores de la Fundación CARF y la Asociación para los estudios humanísticos: «Rezo por ustedes y les estoy muy agradecidos porque sin su ayuda no sería posible completar mi formación teológica en la Universidad de Navarra». El objetivo de Gabriel es poder formarse muy bien para volver a su diócesis y ayudar en la formación de futuras vocaciones sacerdotales en su país.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

Guardini: el encuentro y su papel en la pedagogía

Dejemos a un lado, aunque el autor lo considera brevemente, el encuentro entre dos objetos materiales, entre dos plantas, entre dos animales, que en cada caso sigue unas leyes diversas según sus respectivos modos de ser.

Condiciones para que se dé el encuentro personal

Hablamos de encuentro, se nos dice, propiamente cuando un hombre contacta con la realidad. No es todavía un encuentro si solo busca, por ejemplo satisfacer su hambre, aunque puede ir más allá del instinto. Como todavía no lo es tampoco un simple choque entre dos personas.

Dos condiciones iniciales para que se dé un encuentro (personal), según Romano Guardini, serían: 1) el toparse con la realidad más allá de una interacción simplemente mecánica, biológica o psicológica; 2) establecer una distancia respecto a esa realidad, fijarse en su singularidad, tomar postura ante ella y adoptar una conducta práctica respecto a ella.

Para todo ello se requiere la libertad. En la libertad se pueden ver dos lados: una libertad material, por la que podamos entrar en relación con todo lo que nos rodea; una libertad formal, como facultad de actuar (o no) desde la energía inicial propia de la persona. A veces la persona puede llegar a la convicción de que no se debe confiar en todo lo que sale al encuentro: «Puede cerrar las puertas de su corazón, y dejar fuera el mundo. La antigua Stoa [escuela del estoicismo] lo hizo así, y así se comporta la ascesis religiosa, para dirigir el amor solo a Dios» [1].

El encuentro puede partir solamente de parte de la persona, por ejemplo, frente a una cosa que despierta nuestro interés, como una fuente, un árbol o un pájaro y se puede convertir en una imagen de algo más profundo o incluso puede ayudar a comprender radicalmente la existencia. Esto, siempre que se venza la costumbre, la indiferencia o el esnobismo, la presunción engreída y llena de sí mismo [2]. Tales son los enemigos principales del encuentro.

Pero el encuentro puede ser también bilateral, y entonces surge una relación especial, en la que dos personas se valoran más profundamente, más allá de su mera presencia o sus funciones sociales: se convierten en un “tú”.

Como contenidos del encuentro Guardini enumera:

Además, el encuentro requiere que se dé un buen momento, un momento propicio, que se constituye a partir de miles de elementos más o menos conscientes o inconscientes: vivencias del pasado e imágenes, energías y tensiones, necesidades, ambiente, estado de ánimo, elementos creativos y afectivos, etc. De ahí la dificultad o la imposibilidad de confeccionar un encuentro, y la apertura del encuentro hasta acercarse a la Providencia y a la suerte.

El encuentro requiere, pues, a la vez, la libertad y la espontaneidad, en el sentido de que solo acontece si no se busca, como sería el encuentro con una flor azul que abre el camino hacia el tesoro.

Dimensiones del encuentro: metafísica, psicología y religiosa

El fenómeno del encuentro puede ser descrito por su lado metafísico, es decir, lo que se refiere al ser mismo del encuentro: ¿porqué es como es?, ¿cómo ha surgido?, Esto lo testimonia la experiencia de los sabios. Sobre todo, que las grandes cosas tienen que ser regaladas, no son exigibles ni pueden ser forzadas.

«Esto apunta a una creatividad objetiva que está por encima de la individual y humana; a una instancia que dirige, condensa y ‘escribe’ la situación con una sabiduría y una originalidad ante cuya soberanía las acciones humanas resultan bobas y elementales.

Por esto todo encuentro auténtico despierta el sentimiento de hallarse uno ante algo inmerecido, y también de gratitud o, al menos, de sorpresa por lo curiosamente y bien que ha salido todo.

Estas reacciones no es necesario que se den siempre en el plano consciente; pero conforman una actitud (un elemento que, según lo que resulte y las circunstancias, puede hacerse arrollador» 3].

El encuentro puede describirse, como también hace Guardini, por su lado psicológico: pues el encuentro se sustrae ante lo que llamamos concentración, ya que esta tensiona, ordena y cierra. El encuentro resiste a la búsqueda de lo útil, lo sistemático, lo pedante y diligente.

«Frecuentemente los encuentros se regalan a personas que no se esfuerzan en conseguirlos, que incluso puede que aparentemente no los merezcan (la felicidad)…» [4]. Se siente que ha sido una encrucijada regalada de libertad y necesidad: se han dado muchas circunstancias, quizá aparentemente casuales, para que sucediera, y surge el sentimiento curioso de que «no podía ser de otra manera».

El encuentro tiene, en tercer lugar, relación con lo espiritual y con lo religioso, en cuanto que supone un logro o un éxito de lo personal, gracias a un factor que no viene simplemente del trabajo o de la previsión humana, que podría degenerar en puro hábito sin alegría ni emociones.

Este factor, respetando la libertad, orienta la existencia hacia una cierta plenitud, sin dejarla convertirse, por el otro extremo, en una aventura inestable y juguete del momento. Por eso el encuentro afecta al centro espiritual o interior de la persona.

Esto es así, señala Guardini, «porque en el encuentro lo que brota no es únicamente lo esencial y singular, sino también el misterio» [5]. «En el momento en que yo me encuentro con una cosa o con una persona, éstas pueden adquirir una nueva dimensión, la religiosa.

Entonces todo se convierte en misterio; y a eso responde la admiración, el agradecimiento, la emoción». Guardini aduce el acontecimiento narrado por san Agustín, de cómo se le quitó un fuerte dolor de muelas después de acudir a la oración propia y ajena (cf. Confesiones, IX, 4, 12).

La médula del sentido del encuentro

Para mostrar lo que considera como «la médula del sentido del encuentro», Guardini recurre a unas palabras de Jesús camino de Jerusalén. Conviene notar que estas palabras tiene siempre para Guardini un significado especial, pues se vinculan a un momento trascendental de su vida, en que experimentó una conversión a la vez intelectual y espiritual [6]: «Quien quisiere poner a salvo su vida (psyche, vida o alma), la perderá; mas quien perdiere su vida por mi causa, la hallará», Mt 16, 25).

Se refieren estas palabras a la manera de comportarse el hombre en la relación con Cristo y, según Guardini, son claves para entender la existencia humana en general. Vienen a significar: «Quien se aferra a su sí mismo en su propio ser, lo perderá; quien lo pierde por causa de Cristo, lo encuentra» [7].

Y explica Guardini esta expresión en cierto modo paradójica (pues es el perderse lo que lleva a encontrarse): «El hombre llega a ser él mismo liberándose de su egoísmo. Pero no en forma de ligereza, de superficialidad y vacío existencial, sino en pro de algo que merece que por su causa corra uno el riesgo de no ser él» [8].

¿Cómo puede uno liberarse de sí mismo en este sentido? Esto, responde Guardini, puede suceder de formas muy diversas. Por ejemplo, ante un árbol, puedo pensar simplemente en comprarlo, aprovecharlo, etc., es decir en su relación conmigo. Pero también puedo considerarlo de otra manera, en sí mismo, contemplando su estructura, su belleza, etc.

Otro ejemplo que pone Guardini es el de dos estudiantes universitarios: uno trabaja con la vista puesta en su futuro, en sus oportunidades y en el provecho que puede sacar de tal asignatura o tal examen, y acabará siendo un buen abogado, médico o lo que sea. Al otro le interesan los temas en sí, la investigación, la verdad, y puede llegar a realizar una carrera razonable.

Para el primero, la ciencia es un medio con vistas a un fin, que consiste en afirmarse a sí mismo en la vida. El segundo se abre al objeto, poniendo en el centro no a sí mismo sino la verdad. Y este se autorrealizó al crecer su yo en contacto con los avances de sus planteamientos e investigaciones.

Otros ejemplos servirían, apunta Guardini, en relación con la amistad el amor (la amistad calculadora y la auténtica; el amor basado en el apetito y el amor personal).

«La amistad nace solamente cuando reconozco al otro como persona; le reconozco la libertad de existir en su identidad y esencia; consiento que se convierta en un centro de gravedad por derecho propio y experimento una solicitud viva para que esto ocurra realmente… Entonces se convierten la forma y la estructura de la relación personal, y el estado de ánimo con el que la abordo.

La relación se centra en la otra persona. Al darme cuenta de esto, me distancio continuamente de mí mismo y de este modo me encuentro a mí mismo, como amigo, en lugar de como explotador; libre en lugar de atado a mi propio beneficio; verdaderamente magnánimo, más que lleno de pretensiones»[ 9].

Guardini concluye su reflexión ofreciendo una interpretación conclusiva del sentido último del encuentro, diríamos nosotros, a la luz de una antropología cristiana. Es, por tanto, importante como clave para una pedagogía de la fe.

Primero desde un nivel antropológico. Y luego, antropológico-teológico, en relación con la revelación cristiana: «El hombre está hecho de manera tal que de entrada se manifiesta a sí mismo en una forma inicial, como un proyecto. Si se aferra a ese proyecto, permanece encerrado en sí mismo y no pasa a la entrega, se hace cada vez más estrecho y mezquino. Ha ‘conservado su alma’, pero la ha ido perdiendo cada vez más.

En cambio, si se abre, si se entrega a algo, se convierte en campo donde puede aparecer lo otro (el país que ama, la obra a la que sirve, la persona a la que está unido, la idea que lo inspira), y entonces se hace cada vez más profunda y propiamente él mismo» [10]. Además, en el encuentro con el mundo circundante, el hombre encarna lo que es y crea haciendo cultura en su sentido más amplio [11].

«Este salir de uno mismo puede ser cada vez más completo. Puede alcanzar una intensidad religiosa. Tengamos en cuenta que el término con que se expresa una muy elevada forma de conmoción religiosa es el de ‘éxtasis’, que significa precisamente ser sacado de uno mismo, estar fuera de sí.

Hay que pensar que, como sucede en todas las relaciones, el éxtasis no es unilateral, es decir que no afecta sólo a la persona que sale fuera de sí misma en busca de quien le sale al encuentro, sino que también éste sale de sí mismo; su ser sale fuera del arcano de su propio yo. Se revela, se abre» [12].

El hombre se hace verdaderamente hombre cuando sale de sí mismo respondiendo en los acontecimientos propiamente humanos. Pues bien: «El encuentro es el comienzo de ese proceso; o, al menos, puede serlo.

Representa el primer toque por parte de lo que nos sale al paso, en virtud del cual el individuo es llamado a salir de su inmediato yo y renunciar a su egoísmo, animado a ir más allá de sí mismo en pos de lo que le sale al encuentro y se le abre» [13].

Sin duda todo ello puede ser educado en el sentido de facilitado, fomentado, orientado mediante una pedagogía del encuentro.

El encuentro en la pedagogía

En sus escritos pedagógicos, Guardini muestra el papel que juega el encuentro en el conjunto de la educación. Sobre la base constituida por la forma (estructura de la existencia personal concreta) que se va desplegando en la «formación con la ayuda de la educación, la persona se realiza también gracias al encuentro, en medio del movimiento del hacerse y de la multiplicidad de sus fases en la diversidad de factores del propio ser y en la pluralidad de sus determinaciones» [14].

Todo ello compete a la pedagogía del aspecto subjetivo o inmanente de la persona.

A esto habrá que añadir el aspecto objetivo o transcendente de la persona (en relación con las ideas, normas y valores: la realidad, el mundo, los hombres, la historia, la cultura, Dios, la Iglesia, etc., que valen por sí y no ante todo por su significado para mí).

Esto segundo se lleva a cabo mediante la pedagogía de la aceptación (acogida de lo objetivo, tal como es) y del servicio (entrega a lo que me pide la realidad)[15].  En ese aspecto transcendente, dirá Guardini, se funda la dignidad humana.

La educación debe enseñar el discernimiento de cuál debe ser el centro de gravedad de cada acción personal, teniendo en cuenta el conjunto: la forma personal, el encuentro o el servicio. Enseñar a tomar con auténtica libertad esas decisiones: eso es lo propio de la pedagogía.


REFERENCIAS:

(*) Cf. R. Guardini, “El encuentro” en Id., Ética. Lecciones en la Universidad de Múnich (redcoge textos de 1950-1962), BAC, Madrid 1999 (original alemán de 1993), pp. 186-197; Id., “L’incontro” (ensayo publicado en alemán en 1955),en Id., Persona e libertà. Saggi di fondazione della teoria pedagogica, a cura di C. Fedeli, ed. La Scuola, Brescia 1987, pp. 27-47.
[1] Persona e libertà, 32.
[2] Cf. Ib., 34.
[3] Ética, p. 192.
[4] Ibid.
[5] Ib., 193.
[6] Cf. https://iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com/2018/10/50-aniversario-de-romano-guardini.html.
[7] Ética, o. c., p. 194.
[8] Ib., 195. Recuérdese, al respecto, lo que dirá diez años después el Concilio Vaticano II en Gaudium et spes, 24: “El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”.
[9] Persona e libertà, 45.
[10] Ética, 196.
[11] Cf. R. Guardini, Fundamentación de la teoría de la formación, Eunsa, Pamplona 2020, 51s.
[12] Ética, 196. Así ha sucedido, en efecto, con la Revelación cristiana (en la que Dios se autocomunica al hombre) y, de otro modo, en toda auténtica toma de conciencia sobre la propia vocación.
[13] Ética., 197.
[14] Fundamentación de la teoría de la formación, 80s.
[15] Cf. Ib., 82-88.


Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en su blog Iglesia y nueva evangelización.