Cuatro pasos del sacramento de la Confesión

«Jesucristo Señor Nuestro, nuestro Dios, instituyó los sacramentos, que son como huellas de sus pisadas, para que nosotros pisemos allí y podamos llegar al Cielo. Y uno de los sacramentos más hermosos, más consoladores, es el sacramento de la Confesión», san Josemaría Escrivá, Argentina, 15 junio de 1974.

Citaba san Josemaría y aquí te mostramos lo que decía sobre le sacramento como maravilla del Amor de Dios.

Sacramento de la Confesión

Cristo instituyó este sacramento ofreciéndonos una nueva posibilidad de convertirnos y de recuperar, después del Bautismo, la gracia de Dios.

«El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien», papa Francisco. Audiencia general, 19 de febrero de 2014.

Como todos los sacramentos, este es un encuentro con Jesús. Durante la Confesión, contamos nuestros pecados al sacerdote que actúa en la persona de Cristo y con la autoridad de Jesús para escuchar, ofrecer orientación, proporcionar una penitencia adecuada y pronunciar las palabras de absolución.

«En la celebración del Sacramento de la Reconciliación, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la Comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.

Alguno puede decir: “yo me confieso solamente con Dios”. Sí, tú puedes decir a Dios: “perdóname”, y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia, y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote», papa Francisco. Catequesis del miércoles, 19 de febrero de 2013.

San Josemaría solía llamar a la Confesión el sacramento de la alegría, porque a través de él se recuperan el gozo y la paz que trae la amistad con Dios.

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Momento de la Confesión, signo del perdón y la misericordia de Dios.

Importancia de la Confesión

Este sacramento no solo restaura nuestra relación como hijos e hijas de Dios, sino que también nos reconcilia entre nosotros rehaciendo nuestra unión con el Cuerpo de Cristo, su Iglesia.

El Papa Francisco explicaba la importancia de la confesión con estas palabras: «el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo».

Hay varios detalles que podemos tener en cuenta para hacerlo de un modo más profundo y efectivo.

Por ejemplo, podemos ayudarnos de una guía con las claves necesarias para un buen examen de conciencia. Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.

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Álvaro del Portillo da la absolución a san Josemaría.

Pasos de para una buena Confesión

El Catecismo de la Iglesia nos propone cuatro pasos para una buena confesión. Estos expresan el camino hacia la conversión, que va desde el análisis de nuestros actos, hasta la acción que demuestra el cambio que se ha realizado en nosotros.

Son cuatro los pasos que damos para poder recibir el gran abrazo de amor que Dios, nuestro Padre, nos quiere dar con este sacramento: «Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso del hijo pródigo, hace falta solo que abramos el corazón», san Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 64.

1º Examen de conciencia

En el examen de conciencia tratamos de examinar nuestra alma en oración ante Dios, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, a partir de nuestra última confesión.

Reflexionamos sobre aquellas obras, pensamientos o palabras, que nos hayan podido alejar de Dios, ofender a los demás o dañarnos interiormente.

Hay varios detalles que podemos tener en cuenta para hacerlo de un modo más profundo y efectivo. Por ejemplo, podemos ayudarnos de una guía con las claves necesarias para un buen examen de conciencia. 

Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.

2º Contrición y propósito de no volver a pecar

La contrición o arrepentimiento, es un don de Dios. Es un dolor del alma y un rechazo de nuestros pecados, que incluye la resolución de no volver a pecar.

La confesión consiste en decir los pecados al sacerdote. A veces, el arrepentimiento llega con un sentimiento intenso de dolor o vergüenza, que nos ayuda a enmendarnos. Pero este sentimiento no es indispensable. Lo importante es comprender que hemos obrado mal y tener deseos de mejorar como cristianos. De no ser así, nos pondremos en manos de Dios para pedirle a Él que obre en nuestro corazón, para rechazar el mal.

«La contrición –explica el Papa Francisco– es el pórtico del arrepentimiento, es esa senda privilegiada que lleva al corazón de Dios, que nos acoge y nos ofrece otra oportunidad, siempre que nos abramos a la verdad de la penitencia y nos dejemos transformar por su misericordia».

3º Confesar los pecado

El sacerdote es un instrumento de Dios. Dejemos a un lado la vergüenza o el orgullo, y abramos nuestra alma seguros de que es Dios quien nos escucha.

«Confesarse con un sacerdote es un modo de poner mi vida en las manos y en el corazón de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús. [...] Es importante que vaya al confesionario, que me ponga a mí mismo frente a un sacerdote que representa a Jesús, que me arrodille frente a la Madre Iglesia llamada a distribuir la Misericordia de Dios. Hay una objetividad en este gesto, en arrodillarme frente al sacerdote, que, en ese momento, es el trámite de la gracia que me llega y me cura», papa Francisco. El nombre de Dios es misericordia, 2016.

La confesión consiste en decir los pecados al sacerdote. Se suele decir que una buena confesión tiene 4 C:

  • Clara: señalar cuál fue la falta específica, sin añadir excusas.
  • Concreta: decir el acto o pensamiento preciso, no usar frases genéricas.
  • Concisa: evitar dar explicaciones o descripciones innecesarias.
  • Completa: sin callar ningún pecado grave, venciendo la vergüenza.
  • La confesión es un sacramento, cuya celebración incluye ciertos gestos y palabras por parte del penitente y del sacerdote. Este es el momento más hermoso del sacramento de la Confesión, pues recibimos el perdón de Dios.

    4º Cumplir la penitencia

    La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos. Es una buena ocasión también para dar gracias a Dios por el perdón recibido, y para renovar el propósito de no volver a pecar.


    Bibliografía


    Vinel Rosier, sacerdote: «La Iglesia de Haití sostiene la esperanza del pueblo»

    Vinel Rosier nació el 10 de octubre de 1989 en Cavaillon, Haití, el tercero de una familia de cuatro hijos. Recibió el diaconado el 25 de mayo de 2019 y fue ordenado sacerdote el 31 de agosto del mismo año en la catedral de Les Cayes, Haití.

    Su primer destino pastoral fue como vicario en la parroquia Sacré-Cœur des Cayes, tarea que compaginaba con la dirección del movimiento «KIRO», formado por jóvenes cristianos, junto a la enseñanza del catecismo en escuelas de secundaria y dando clases de introducción a la Biblia a los jóvenes que estaban a punto de entrar en el Seminario Mayor.

    ¿Cómo descubrió su vocación al sacerdocio?

    —De niño me preparé para hacer la Primera Comunión en un colegio dirigido por religiosas. En una clase, una de las monjas preguntó qué queríamos ser de mayores y yo le contesté que quería ser sacerdote. Ese deseo fue creciendo dentro de mí, fomentado por el hecho de que me uní a un grupo de monaguillos que ayudaba en Misa.

    Allí me impresionaba la disponibilidad de los sacerdotes y su disposición para servir. Al cabo del tiempo, le pedí al párroco que me enviara a discernir mi vocación, y eso es lo que hice durante dos años hasta que, en 2010, empecé el programa propedéutico. 

    ¿Cuál fue la reacción de su familia y amigos cuando les dijo que quería ser sacerdote?

    —Aunque, en un primer momento, había un poco de ansiedad y oposición entre mis familiares, al final estaban contentos. Mi familia pensaba que ya no podría ir a mi barrio, que  tendría otros amigos y otra familia. Pero al final, su alegría superó a la prevención porque es un motivo de orgullo para la familia entregar un sacerdote a la Iglesia.

    Mis amigos, sobre todo mis compañeros de clase, tenían el mismo sentimiento de descontento al principio pero, cuando vieron mi determinación de entrar en el seminario, finalmente aceptaron mi elección.

    ¿Cómo describiría a la Iglesia en Haití?

    —Haití era un país predominantemente católico, tanto que la gran devoción mariana de la gente fue el origen de una intervención milagrosa de la Virgen María cuando la epidemia de viruela asolaba a la población. El 8 de diciembre de 1942, el presidente del país permitió a las autoridades eclesiásticas consagrar Haití a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

    Pero entre finales del siglo XIX y principios del XX, empezó a crecer el protestantismo. Con la ocupación estadounidense de Haití, se produjo una mayor consolidación de la presencia protestante en Haití y esto ha causado un declive del catolicismo en el país. 

    Aunque la presencia del catolicismo sigue siendo fuerte en el país. Es verdad que nuestra Iglesia depende totalmente de la ayuda exterior, pero con nuestros limitados recursos intentamos apoyar a las personas allí donde el Estado está ausente. 

    A pesar de todos los problemas y dificultades, la Iglesia de Haití sigue siendo una fuente de esperanza, que trabaja por un mañana mejor.

    viniel rosier sacerdote haití carta agradecimiento
    Carta de agradecimiento de Viniel Rossier a los benefactores de la Fundación CARF.

    ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la Iglesia en su país?

    —Debido a la inestabilidad política los retos a los que se enfrenta la Iglesia son cada vez más intensos. Casi todos los días vemos la violencia indiscriminada de bandas que operan con impunidad. Todos los días se registran actos de asesinato y bandidaje. Las bandas siembran el terror y la desesperación, y por eso los habitantes se han echado a la calle para escapar, a veces sin saber siquiera adónde van.

    Haití es un país realmente amenazado, porque las instituciones del Estado se han vuelto frágiles y los dirigentes son incapaces de estabilizar la situación. Ante esto, la Iglesia desempeña su papel, recordando la necesidad urgente de una transformación de las mentalidades. 

    La Iglesia en Haití trabaja para que los jóvenes en particular, y los haitianos en su conjunto, no se dejen llevar por el desánimo, y sostiene la esperanza del pueblo a través de su misión profética y de sus intervenciones en el campo de la caridad.

    ¿Qué es lo que más aprecia de su formación en Roma? 

    —Lo que más aprecio de mi formación es la amplitud de miras que adquirí en la universidad en Roma. Descubrí otras culturas gracias a nuestros encuentros e intercambios con universitarios de otros países. He podido hacer amigos y descubrir mucha riqueza y belleza. 


    Entrevista original publicada en Omnes.

    San Bartolomé, apóstol: ejemplo de fe y entrega

    La historia de la Iglesia está llena de testimonios de santos y apóstoles, como el de san Bartolomé, que muestran con su vida cómo responder a la llamada de Dios con una entrega total y con generosidad.

    Uno de los doce elegidos por Jesús para anunciar el Evangelio al mundo. Natanael puede ser faro de inspiración para aquellos jóvenes que sienten la llamada a la vocación sacerdotal o religiosa.

    ¿Quién fue san Bartolomé?

    San Bartolomé es uno de los doce apóstoles de Jesucristo, nombrado en los evangelios, aunque con pocas menciones explícitas en el Nuevo Testamento. Tradicionalmente se le identifica con Natanael, un joven israelita conocido por su sinceridad y profunda fe en Jesús. Su nombre, Bartolomé, significa hijo de Tolmai o hijo del maestro, y Natanael, Dios ha dado.

    Pese a que su figura aparece de manera breve, la tradición e historia le atribuyen un papel fundamental en la expansión del cristianismo, llegando a tierras lejanas para anunciar al Señor y el Evangelio.

    La llamada de san Bartolomé

    La vocación de san Bartolomé comenzó en un momento de profunda sinceridad y búsqueda de la verdad. En el Evangelio de Juan (1, 45-51), Felipe, uno de los primeros discípulos de Maestro, encuentra a Natanael y le dice: «Hemos encontrado a aquel de quién escribió Moisés en la ley, y también los profetas: a Jesús de Nazaret, hijo de José». Natanael, escéptico, responde: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».

    Pero cuando conoce a Jesús, quien lo sorprende diciendo que lo había visto bajo la higuera antes de que Felipe lo llamara, su corazón se abre a la fe, exclamando: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

    Este encuentro es un ejemplo precioso para todos aquellos que sienten la llamada: la vocación nace siempre del encuentro personal con Cristo, que conoce nuestro corazón y nos invita a seguirlo con una confianza total.

    Un testimonio de vida

    Tras su encuentro con Jesús, san Bartolomé no dudó en dejar atrás su vida anterior para entregarse plenamente a la misión de anunciar el Evangelio. Según la tradición, predicó en diversas regiones, como la India, Armenia, Mesopotamia y Etiopía, transmitiendo la palabra de Dios y a menudo enfrentándose a grandes dificultades y persecuciones.

    Su valentía y fidelidad son un ejemplo para quienes se preparan para el sacerdocio o la vida consagrada. La entrega sin reservas a la misión, el testimonio valiente incluso ante el sufrimiento, y la confianza en la providencia de Dios son rasgos esenciales que san Bartolomé nos transmite.

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    El martirio de San Bartolomé, José de Ribera, Museo del Prado.

    El martirio, culminación del amor a Cristo

    Como muchos apóstoles, san Bartolomé dio su vida por amor a Cristo y a la Iglesia. La tradición señala que fue martirizado por predicar la fe en Jesús. Se cuenta que fue desollado vivo, un martirio especialmente cruel que, sin embargo, no logró hacerle desfallecer y renunciar al Amor.

    Este sacrificio extremo nos recuerda que la vocación sacerdotal y religiosa es una llamada a dar la vida por el Evangelio, no necesariamente de manera física, pero sí con un amor total y sin reservas, dispuestos a entregar nuestro tiempo, talentos y, en ocasiones, incluso enfrentarnos a pruebas por amor a Cristo y a los demás.

    ¿Por qué san Bartolomé es ejemplo para seminaristas y sacerdotes?

    En la Fundación CARF, que promueve la formación de sacerdotes diocesanos, vemos en san Bartolomé a un modelo ejemplar de fe, entrega y coraje. Su vida nos invita a reflexionar sobre tres aspectos fundamentales:

    El legado de san Bartolomé

    La misión de la Fundación CARF es apoyar la formación de sacerdotes para que puedan responder con fidelidad a la llamada de Dios, tal como hizo san Bartolomé. Creemos que cada seminarista, como el apóstol, está llamado a ser luz en el mundo, la sonrisa de Dios en el mundo y testimonio vivo del amor de Cristo.

    Apoyar a un seminarista es acompañar esa vocación que brota del encuentro personal con Jesús y que se expresa en una vida entregada, muchas veces con sacrificios, para la salvación de las almas. Por eso, te invitamos a conocer más sobre la labor de la Fundación y a sumarte a esta hermosa misión.

    San Bartolomé, apóstol y mártir, nos enseña que la verdadera grandeza de la vida cristiana está en responder a la llamada de Cristo con un corazón abierto, lleno de fe y amor. Su ejemplo desafía a todos los que sientan la llamada a la vida sacerdotal o consagrada, a no temer los obstáculos, sino a confiar plenamente en la gracia de Dios.

    Que su vida y su testimonio sean inspiración para que cada día más jóvenes puedan descubrir la belleza de la vocación y entregar sus vidas a Dios y al servicio a la Iglesia.

    El Evangelio de día (Jn 1, 45-51)

    En aquel tiempo, Felipe encontró a Natanael y le dijo:

    — Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José. Entonces le dijo Natanael:

    — ¿De Nazaret puede salir algo bueno?

    —Ven y verás, le respondió Felipe.

    Vio Jesús a Natanael acercarse y dijo de él:

    — Aquí tenéis a un verdadero israelita en quien no hay doblez. Le contestó Natanael:

    — ¿De qué me conoces? Respondió Jesús y le dijo:

    — Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

    Respondió Natanael:

    —Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

    Contestó Jesús:

    —¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores verás. Y añadió:

    — En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.


    Bibliografía:

    Santa María Reina: la Virgen María, emperatriz de cielo y tierra

    Cada año, la Iglesia celebra emocionada la festividad de Santa María Reina, una fecha que nos invita a contemplar con profunda devoción el papel de la Virgen María como Reina del cielo y de la tierra. San Josemaría nos enseña su devoción y amor a nuestra madre. Su reinado no se basa en un poder humano, sino en el inmenso amor que nos tiene a todos; en una entrega a la voluntad de Dios con humildad y servicio, en perfecta sintonía con su sí desde el primer momento en la Encarnación del Hijo de Dios.

    El Papa Pío XII instituyó esta festividad en 1954, en la clausura del Año Mariano, y más tarde, con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se ubicó dentro de la octava de la Asunción de la Virgen, el 22 de agosto. Así, la coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado se celebra justo después de su entrada gloriosa al cielo en cuerpo y alma.

    Santa María Reina porque es Madre

    La realeza de la Virgen María está íntimamente ligada a su papel como Madre de Dios. San Josemaría Escrivá, gran devoto de nuestra Madre, meditaba con frecuencia sobre esta verdad, enseñando que María ha sido ensalzada por Dios por encima de toda criatura: «Llénate de seguridad: nosotros tenemos por Madre a la Madre de Dios, Reina del Cielo y del Mundo».

    En otra ocasión san Josemaría dejó escrito en una homilía: «Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta san Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en Él sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios», Amigos de Dios 285

    Desde el primer instante de su concepción, María fue colmada de gracia. Fue preservada del pecado original y vivió toda su existencia unida perfectamente a la voluntad de Dios. En la plenitud de su entrega, aceptó ser la Madre del Salvador, y al pie de la Cruz, se convirtió también en Madre de todos los hombres y Corredentora junto a su Hijo.

    Por eso, su reinado no es simbólico: es el reflejo de su papel esencial en el plan de salvación, querida por Dios como intercesora, protectora y guía del Pueblo cristiano.

    Santa María Reina san Josemaría amor a la Virgen María

    La Virgen María fuente de paz en medio de las tormentas

    A diferencia de los reinados humanos marcados por poder o ambición, el de María está lleno de ternura y compasión maternal. Como señala san Josemaría, ella es Reina de la paz, y acudir a ella es encontrar consuelo: «Santa María es la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma… no ceses de aclamarla… Regina pacis, ora pro nobis!».

    La Virgen no está distante: es cercana, comprensiva y disponible. Muchos cristianos experimentan cómo, al acudir a ella en medio de dificultades –enfermedades, preocupaciones familiares, dudas vocacionales–, su presencia serena el corazón y abre caminos de esperanza.

    Reina y Madre de los apóstoles

    Además de consolar, María impulsa. Es Regina Apostolorum, Reina de los Apóstoles. San Josemaría insistía en que la Virgen María nos anima a vivir una vida de entrega y misión:

    «Sed audaces. Contáis con la ayuda de María, Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. (…) Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así el haced lo que Él os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal». San Josemaría, Es Cristo que pasa, 149

    Esta dimensión apostólica del reinado de María conecta profundamente con la misión de la Fundación CARF, que promueve la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas al servicio de la Iglesia universal. María, que supo acoger y guiar la vocación de los primeros apóstoles, sigue hoy acompañando a quienes entregan su vida en el sacerdocio o en la vida consagrada.

    ¿Cómo celebrar la fiesta de Santa María Reina?

    Te proponemos vivir este día con algunos gestos sencillos, pero profundos:

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    La Coronación de la Virgen María. Foto de la galería de las escenas del Rosario del Santuario de Torreciudad.

    «La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima», san Josemaría. Amigos de Dios, 276

    Propuesta de oración para el 22 de agosto

    Que este 22 de agosto, al honrar a Santa María Reina, encontremos en su maternal ayuda y presencia reinado la paz y el impulso para servir con corazón generoso y manos dispuestas.


    Bibliografía:

    Emmanuel Enwenwen, sacerdote: «muchos nigerianos son hoy misioneros»

    Emmanuel Enwenwen nació en el seno de una familia católica en Nigeria. A los 12 años ingresó en el seminario menor y, años después, «impulsado por el ardiente celo de servir a Dios y a la humanidad», ingresó en el Seminario Mayor. Tras una década de formación, recibió la ordenación sacerdotal el 7 de julio de 2018.

    ¿Cómo descubrió su vocación como sacerdote?

    —Crecer en una familia católica y en una comunidad católica tuvo mucha influencia positiva en mi fe. Crecí viendo a los sacerdotes católicos como agentes de esperanza por el papel que desempeñaban en nuestra comunidad.

    La abnegación de estos sacerdotes que dedicaban su vida al servicio de los necesitados y los enfermos fue una gran fuente de inspiración para mí. El deseo de llevar el mensaje de esperanza a la gente en sus momentos difíciles se convirtió en un celo ardiente que me llevó a los altares.

    ¿Cuál fue la reacción de su familia y amigos cuando les dijo que quería ser sacerdote?

    —Su reacción fue positiva. Me aseguraron su apoyo y prometieron no ser nunca un obstáculo para mi progreso y misión. He disfrutado de ese apoyo hasta hoy. Les debo gratitud eterna y rezo todos los días por ellos.

    ¿Cómo describiría la Iglesia en Nigeria?

    —La Iglesia católica de Nigeria ha seguido siendo una madre centrada en la salvación de todos sus hijos. Esto ha dado muchos resultados positivos, como se ve en la asistencia a Misa.

    Este compromiso de fe también se ve en el número de vocaciones tanto al sacerdocio como a la vida religiosa. Hace unos años, éramos beneficiarios de misioneros que venían a evangelizarnos. Hoy muchos nigerianos se han convertido en misioneros en distintas partes del mundo.

    ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la Iglesia en su país?

    —La Iglesia católica de Nigeria se enfrenta a numerosos retos en su empeño por cumplir su misión espiritual y social. Uno de los principales problemas es la inseguridad. Existe la violencia de grupos insurgentes, bandidos y secuestradores que atacan al clero, a los laicos e incluso los lugares de culto, perturbando las actividades pastorales y sembrando el miedo. De hecho, en algunas partes del país, la Iglesia se ha convertido en una ruta fácil hacia el martirio.

    ¿Cómo ve el futuro de la Iglesia en Nigeria?

    —El futuro de la Iglesia católica en Nigeria tiene un profundo significado, no sólo para los fieles, sino para el alma de la propia nación. Gracias a una población joven y dinámica, la Iglesia tiene la capacidad de remodelar el paisaje moral de la nación. Además, con los muchos jóvenes que hay en los seminarios y los conventos, hay una gran esperanza de continuidad para el futuro.

    Emmanuel Enwenwen sacerdote Nigeria

    ¿Qué es lo que más aprecia de su educación en Roma?

    —Estudiar en Roma es lo mejor que le puede pasar a cualquier sacerdote católico. Aparte de las ricas posibilidades académicas, aquí en Roma convergen la historia y la fe. Aprecio inmensamente el carácter multicultural de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, que me ha expuesto a las diferentes culturas del mundo. Para mí es un largo período en el que aprendo, desaprendo y vuelvo a aprender.

    ¿Cómo es hoy su vocación sacerdotal?

    —El don del sacerdocio es para mí una de las mayores bendiciones que he recibido de Dios. Me considero un siervo indigno al que se ha confiado el mayor privilegio de servir al Pueblo de Dios.

    Me siento privilegiado por celebrar cada día la Sagrada Eucaristía y por ser portador de la Buena Nueva de Cristo, que es un mensaje de esperanza. No sólo soy feliz siendo sacerdote, sino que me siento realizado y agradecido por el privilegio de ser sacerdote.

    ¿Cómo le ayuda en su labor pastoral la formación recibida a través de los benefactores de la Fundación CARF?

    —Soy estudiante de Comunicación Social Institucional. Ser profesional en el campo de la comunicación me dota de muchas herramientas para mi trabajo pastoral en el cambiante mundo de hoy. Una buena comunicación contribuye enormemente al éxito de la labor misionera.

    Mi formación me proporciona un ojo crítico para leer la realidad que me rodea y comunicar un mensaje que aporte esperanza a las personas confiadas a mi cuidado. Los conocimientos adquiridos aquí se transmitirán a otros jóvenes que se preparan para el sacerdocio en Nigeria.


    Entrevista original publicada en Omnes

    ¿Por qué la Fundación CARF apoya la formación de congregaciones católicas?

    La Fundación CARF en su misión de servicio a la Iglesia, se compromete, no solo a facilitar el acceso a la formación a los sacerdotes y futuros sacerdotes de todo el mundo, sino también a los miembros de diferentes congregaciones católicas de religiosos y religiosas.

    En la Iglesia hay distintas llamadas y congregaciones católicas

    Cada congregación religiosa tiene su propia misión y actividades específicas acordes a su carisma. Dedican su tiempo a campos tan diversos como la educación, la sanidad o la asistencia social a los más necesitados, o simplemente, a través de la contemplación, a ser los pulmones espirituales de la vida moderna. Sus servicios son fundamentales para nuestra sociedad y su labor en estos campos es muy apreciada y valorada.

    La Fundación CARF, además de ayudar a la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo, concede becas también a religiosos y religiosas pertenecientes a las diversas congregaciones católicas para que puedan acceder a una formación sólida y adecuada a la realización de su misión como agentes pastorales.

    ¿Por qué es importante que las congregaciones católicas tengan miembros bien formados?

    Los miembros de las congregaciones católicas son importantes portadores y transmisores de la fe. Una formación sólida les permite comprender y vivir plenamente los fundamentos del Evangelio y de la doctrina de la Iglesia.

    Gran parte de estas órdenes religiosas se dedican a la educación y están al servicio de la sociedad. Una formación integral les capacita para responder a las necesidades de los demás de manera más efectiva y acorde a su misión. Por otra parte, en un mundo cada vez más globalizado, es esencial que los miembros de las congregaciones católicas estén bien formados tanto para la comunicación institucional como para el diálogo interreligioso y ecuménico.

    La Fundación CARF apoya la formación de congregaciones religiosas como los sacerdotes franciscanos

    Los sacerdotes franciscanos, pertenecientes a la Orden de Frailes Menores, también conocidos como Hermanos Franciscanos, una de las congregaciones religiosas más importantes, comparten las características distintivas de la espiritualidad franciscana fundada por san Francisco de Asís; abrazan la pobreza evangélica como una forma de imitar a Cristo, viviendo una vida sencilla y despojada de bienes materiales y se comprometen a vivir en comunidad fraterna. La Fundación CARF, en la medida de sus posibilidades apoya la formación de congregaciones religiosas como los Hermanos Franciscanos.

    Father Marwan, después de servir como párroco en la basílica de la Anunciación en Nazareth, acabó ordenándose sacerdote franciscano. Estudia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, gracias a una ayuda al estudio la Fundación CARF.

    La Fundación CARF apoya la formación de sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de san Carlos Borromeo

    Los Misioneros de san Carlos Borromeo, también conocidos como los Misioneros de Comunión y Liberación, siguen la figura de don Luigi Giussan, sacerdote italiano. Este movimiento tiene como objetivo principal promover el encuentro personal con Jesucristo y la vivencia profunda de la fe católica en la vida cotidiana.

    «No puedo dejar de agradecer a quienes, con oraciones y ayuda material –como mis benefactores de la Fundación CARF, quienes me sustentaron con sus oraciones y su ayuda financiera para poder estudiar en esta gran universidad donde me encontré con muchos amigos nuevos de todo el mundo, y pude profundizar con profesores excelentes en tantas disciplinas que me van a ayudar en mi misión como sacerdote del Señor». Filippo Pellini tiene 32 años, pertenece a la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de san Carlos Borromeo y ha recibido una ayuda de la Fundación CARF para completar sus estudios de teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. 

    congregaciones religiosas formación CARF PUSC

    La Fundación CARF apoya la formación de sacerdotes de la Congregación de la Preciosa Sangre 

    Los Misioneros de la Preciosa Sangre, fundados por san Gaspar del Búfalo en 1815 en Italia, se dedican a la predicación del Evangelio y al servicio de la redención del mundo a través de la devoción a la Preciosa Sangre de Jesús derramada en la Cruz.

    Su carisma se centra en la reconciliación, la redención y la renovación espiritual. Buscan llevar el amor y la misericordia de Dios a todos los rincones del mundo ya todas las personas.

    La congregación está compuesta por sacerdotes y hermanos religiosos que viven en comunidades fraternales y profesan los votos de pobreza, castidad y obediencia. 

    Francesco Albertini es un joven seminarista de los Misioneros de la Preciosa Sangre y el primero de su congregación en estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, gracias a una ayuda al estudio de la Fundación CARF.