Cinco maneras de aumentar el número de seminaristas y sacerdotes

1. Involucrar a toda la comunidad, movimientos y parroquias.

En el día del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santidad de los Sacerdotes y seminaristas. En 2019, con motivo de esta jornada, el papa Francisco invitaba a todos los católicos a través de su red de oración a rezar por los sacerdotes y los alumnos que cursan estudios en los seminarios «para que, con la sobriedad y la humildad de sus vidas, se comprometan en una solidaridad activa, sobre todo, hacia los más pobres».

En la Fundación CARF lanzamos este año esta pequeña campaña animando a rezar por la santidad de todos los sacerdotes.

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2. Sacerdotes jóvenes como modelos para los seminaristas.

Una pastoral vocacional que sirva de terreno abonado para las nuevas vocaciones empieza con mucha oración, especialmente en la adoración al Santísimo con horas santas en las parroquias, con los sacerdotes más jóvenes implicados en la pastoral juvenil. De esta forma, intensificando su vida interior y su amor por Jesús-Eucaristía, y con los sacerdotes como modelo, muchos podrían plantearse la llamada al sacerdocio. 

3. Una figura paterna para los futuros seminaristas y sacerdotes.

El papa Francisco asegura que «la paternidad de la vocación pastoral consiste en dar la vida, hacer crecer la vida; no pasar por alto la vida de una comunidad». San José es un buen modelo tanto para los seminaristas como para sus formadores en el camino hasta llegar a ser sacerdote. Con su entrega total, Jesús es la manifestación de la ternura del Padre. Por eso, «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

El Papa nos dice que cada sacerdote u obispo tendría que poder decir como san Pablo: «[…] por medio del Evangelio, soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1Co 4,15). A san Pablo le preocupaba mucho la formación de los presbíteros. En la primera carta a los Corintios expresa con vehemencia: «¿Qué queréis? ¿Que vaya a visitaros con un palo o con amor y espíritu de mansedumbre?» (1Co 4,21). Los formadores y los sacerdotes que acompañan a los seminaristas tienen que ser como un buen padre, que escucha, acompaña, acoge y corrige con dulzura, pero con firmeza. 

4. La familia cristiana semillero de vocaciones.

La familia es el primer agente de la pastoral para las vocaciones (en todos los ámbitos de la Iglesia). La familia cristiana ha sido siempre humus y "mediación educativa" para el nacimiento y el desarrollo de las vocaciones, al celibato, sacerdotales o religiosas. 

Una pastoral familiar que integre la dimensión vocacional tiene que formar también a los padres en el diálogo con sus hijos e hijas sobre su fe y el modo de entender el seguimiento de Jesús. Pero sobre todo, las vocaciones se fraguan en el ejemplo de los padres en su amor a Dios y entre ellos.

5. Apoyar la formación de los seminaristas.

El papa Francisco menciona cuatro pilares para sostener la formación de todo seminarista: la vida espiritual, la oración, la vida comunitaria y la vida apostólica. También profundiza en la dimensión espiritual de los seminaristas poniendo especial acento en la «formación del corazón».

Contar con sacerdotes bien formados tiene un elevado coste para las diócesis. Al entrar al seminario un aspirante al sacerdocio tiene por delante, al menos, cinco años de estudios eclesiásticos, equivalentes a una licenciatura y una especialización. Luego se suman dos años o más de doctorado en la que se contempla la realización de una tesis de investigación. 

Muchas diócesis, especialmente de países pobres, carecen o bien de recursos para mantener a sus seminaristas, o de sacerdotes con la formación suficiente para ser formadores del seminario y dar a los candidatos un acompañamiento adecuado. Aquí es donde entre la Fundación CARF y tu ayuda. Con tu donativo contribuyes a la formación y manutención de sacerdotes diocesanos y seminaristas para sus estudios en Roma y Pamplona con el compromiso de regresar a su diócesis de origen.

Una “profesión” con futuro.

Benedicto XVI, con motivo de la celebración del Año Sacerdotal de 2010,  iniciaba una carta  con una anécdota de su juventud. Cuando en diciembre del 1944, el joven Joseph Ratzinger fue llamado al servicio militar, el comandante de la compañía preguntaba a cada uno qué quería ser en el futuro. Él respondió que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: «Tendrá que elegir otra cosa. En la nueva Alemania ya no hacen falta sacerdotes».

«Yo sabía –dice el Santo Padre– que esta ‘nueva Alemania' llegaba a su fin, y que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al país, los sacerdotes serían más necesarios que nunca». Benedicto XVI añade que «también ahora hay mucha gente que, de un modo u otro, piensa que el sacerdocio católico no es una ‘profesión' con futuro, sino que más bien pertenece al pasado». A pesar de este sentimiento actual, la realidad es que el sacerdocio tiene futuro porque –como dice el mismo Papa en el inicio de su carta a los seminaristas– «también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, las personas continuarán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con él y por medio de él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera».


Bibliografía:

Papa Francisco, Carta apostólica Patris corde

Congreso Europeo sobre las vocaciones, Documento de trabajo.

Papa Francisco, Mensaje para la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Benedicto XVI, Carta con motivo de la celebración del Año Sacerdotal 2010.

¿Cómo superar el dolor desde la fe?

El duelo: La experiencia de superar una pérdida

Aunque los seres humanos vivimos el sentimiento de dolor como una de las experiencias más comunes de la vida, siempre estamos desprevenidos ante él y continuamente nos exige aprender y adaptarnos a nuevas circunstancias. El duelo no se refiere solamente a la muerte. Es duelo es una emoción o varias emociones que experimenta el ser humano cuando vive una pérdida de cualquier tipo.

No hay “expertos” en el dolor de una pérdida; siempre tiene una dimensión de originalidad: en la forma cómo se manifiesta, en sus causas, y en las diversas reacciones que desencadena. Son muchas las veces que nos encontramos sufriendo profundamente por motivos y razones que nunca esperamos.

El Santo Padre Juan Pablo II, escribe: «El sufrimiento humano suscita compasión; suscita también respeto, y a su manera, atemoriza. En efecto, en él está contenida la grandeza de un misterio específico [...] el hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible»

Esta experiencia humana nos mueve a buscar la ayuda de otras personas y a ofrecer, a la vez, nuestro apoyo. La experiencia de superar el duelo, nos enseña a prestar más atención a otros que sufren. La experiencia del dolor marca la diferencia entre una persona madura, que es capaz de enfrentar obstáculos y situaciones difíciles, y una persona que se deja llevar y absorber por sus propias emociones y sensaciones.

La Fe cristiana apoyo para superar el duelo

La Fe es el mejor refugio para quienes tienen que pasar por el proceso de superar el duelo de una pérdida de cualquier tipo y particularidad. La Fe nos da la fortaleza, sosiego y la serenidad necesaria para aligerar el dolor del duelo.

Superar una pérdida con serenidad

"La resurrección de Jesús no da sólo la certeza de la vida más allá de la muerte, sino que ilumina también el misterio mismo de la muerte de cada uno de nosotros. Si vivimos unidos a Jesús, fieles a Él, seremos capaces de afrontar con esperanza y serenidad incluso el paso de la muerte."  (Papa Francisco, Audiencia general 27 de noviembre de 2013).

Superar una pérdida con esperanza

La muerte llegará inexorable. Por lo tanto, ¡qué hueca vanidad centrar la existencia en esta vida! Mira cómo padecen tantas y tantos. A unos, porque se acaba, les duele dejarla; a otros, porque dura, les aburre... No cabe, en ningún caso, el errado sentido de justificar nuestro paso por la tierra como un fin.
Hay que salirse de esa lógica, y anclarse en la otra: en la eterna. Se necesita un cambio total: un vaciarse de sí mismo, de los motivos egocéntricos, que son caducos, para renacer en Cristo, que es eterno. (Surco, 879)

Superar una pérdida sin miedo a la muerte

No tengas miedo a la muerte. —Acéptala, desde ahora, generosamente..., cuando Dios quiera..., como Dios quiera..., donde Dios quiera. —No lo dudes: vendrá en el tiempo, en el lugar y del modo que más convenga..., enviada por tu Padre-Dios. —¡Bienvenida sea nuestra hermana la muerte! (Camino, 739).

Superar una pérdida con la mirada en el Cielo

¡Visión sobrenatural! ¡Calma! ¡Paz! Mira así las cosas, las personas y los sucesos..., con ojos de eternidad.
Entonces, cualquier muro que te cierre el paso —aunque, humanamente hablando, sea imponente—, en cuanto alces los ojos de veras al Cielo, ¡qué poca cosa es!, (Forja, 996).

El dolor y el amor

Al elegir la Encarnación, Jesucristo quiso experimentar todo el sufrimiento humanamente posible para enseñarnos que el amor puede superar cualquier clase de dolor. Se puede superar el duelo mirando la vida de Jesús y siguiendo su huella.

El dolor es un punto de encuentro entre la alegría de la esperanza y la necesidad de la oración. Los cristianos aceptan el dolor con la esperanza de un gozo futuro. Son plenamente conscientes de sus límites y confían en la ayuda que se implora a Dios en la oración.

El sufrimiento es solo una parte del camino, un lugar de paso; no es nunca la estación final. Así, la oración se convierte en un momento importante donde el sufrimiento encuentra su sentido y, con la gracias de Dios, se convierte en alegría.

La oración es soporte fundamental en el proceso de asumir y superar una perdida. El efecto purificador de la oración se hace realidad porque, cada vez que el hombre reza, experimenta la misericordia de Dios y comparte sus preocupaciones y problemas.

Sin embargo, hay momentos en este recorrido en los que la experiencia del dolor forja la vida de un hombre. No se trata ya de una cuestión de aceptación o rechazo del dolor, sino de aprender a considerar el sufrimiento como parte de nuestra propia existencia y como parte del plan de Dios para cada uno de nosotros.

Cuando el dolor de la pérdida se instala

El duelo por la pérdida de un ser querido es algo natural e inevitable. Sin embargo, superarlo no es sencillo y, en ocasiones, por distintos motivos, hay quienes se quedan estancados en ese dolor. Por este motivo, son muchas las Fundaciones Católicas que ofrecen  apoyo, organizan grupos de acompañamiento para volver a vivir después de la muerte de un ser querido y superar su perdida

Superar el duelo en paz con Dios

Para poder enfrentarse al dolor del duelo, hay que ser consciente de la importancia del acompañamiento espiritual en esos momentos difíciles. No hay una receta única para todos los casos, sus particularidades hacen cada caso único y particular.

Dicen que, “el dolor procede del cuerpo y el sufrimiento, del alma”, pero precisa que ayudar a que los acompañantes estén serenos y “en paz con Dios”, ya que, de esa manera, “se transmite esa serenidad”. Algo que, posteriormente, facilitará que el duelo sea, de algún modo, más sencillo.

Cuando se habla de personas en el proceso de superar el duelo, los sacerdotes subrayan una palabra: esperanza. La esperanza los ayuda a volver a situarse en términos espirituales, a volver a encontrar su lugar, también en la práctica religiosa, que quizás han abandonado. Hay que hacerles ver que Dios no les ha mandado el dolor que viven sino que les ama.

Por eso, el Papa Francisco no anima, "no dejéis de hablar con Nuestro Señor y con su Madre, la Santísima Virgen. Ella siempre nos ayuda".


Bibliografía:

Catecismo de la iglesia Católica
OpusDei.org

Mensaje del Papa para la JMJ23

Tras el aplazamiento de un año debido a la pandemia, esta JMJ se celebrará en dos momentos distintos: el primero en la solemnidad de Cristo Rey, el 20 de noviembre de este año, con celebraciones en las Iglesias particulares de todo el mundo y, posteriormente, a nivel internacional en Lisboa del 1 al 6 de agosto de 2023. Las dos celebraciones mantienen el mismo lema:

«María se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39).

Ésta es la cita bíblica elegida por el Papa Francisco como lema de la Jornada Mundial de la Juventud 2023. Que se celebrará por primera vez en Lisboa el próximo año. El tema, concluye el ciclo de tres mensajes que acompañan a los jóvenes en el camino entre la JMJ de Panamá 2019 y la de Lisboa 2023, todos ellos centrados en el verbo levantarse.

La cita elegida, del Evangelio de San Lucas, abre el relato de la Visitación de María a su prima Isabel. En el Mensaje de este año, el Santo Padre invita a los jóvenes a meditar juntos la escena bíblica en la que, después de la Anunciación, la joven Virgen María se levanta y sale al encuentro de su prima Isabel, llevando a Cristo en su interior.

La Virgen María de Nazaret es la gran figura del camino cristiano. Su ejemplo nos enseña a decirle sí a Dios. Fue la protagonista de la última edición de la JMJ en Panamá y también lo será en Lisboa. Partir sin demora resume la actitud motivada por el papa Francisco en sus instrucciones para la JMJ Lisboa 2023: “Que sea activa y misionera la evangelización de los jóvenes que, asimismo, reconocerán y serán testigos de la presencia de Cristo vivo”.

Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, desafiándolos a ser valientes misioneros, el Papa escribe en la Exhortación Apostólica Christus Vivit: “¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos” (CV 177).

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La Madre del Señor, modelo de los jóvenes en movimiento

“María, se levantó y se puso en marcha, porque estaba segura de que los planes de Dios eran el mejor proyecto posible para su vida. María se convirtió en el templo de Dios, imagen de la Iglesia en camino, la Iglesia que sale y se pone al servicio, la Iglesia portadora de la Buena Noticia.

Los relatos de la resurrección utilizan a menudo dos verbos: despertar y levantarse. Con ellos, el Señor nos insta a salir a la luz, a dejarnos llevar por Él para cruzar el umbral de todas nuestras puertas cerradas. Es una imagen significativa para la Iglesia.

La Madre del Señor es modelo de los jóvenes en movimiento, no inmóviles frente al espejo contemplando su propia imagen o 'atrapados' en las redes. Ella estaba totalmente orientada hacia el exterior. Es la mujer pascual, en permanente estado de éxodo, de salida de sí misma hacia el gran Otro que es Dios y hacia los demás, los hermanos y las hermanas, especialmente los más necesitados, como lo fue su prima Isabel”.

“Espero, y creo firmemente, que la experiencia que muchos de ustedes vivirán en Lisboa en agosto del año próximo representará un nuevo comienzo para ustedes, jóvenes, y —con ustedes— para toda la humanidad”, Papa Francisco.

María partió sin demora

Y el Papa nos dice en la JMJ “Por supuesto, ustedes no pueden resolver todos los problemas del mundo. Pero tal vez puedan empezar con los más cercanos, con los problemas de su propia zona. A la Madre Teresa le dijeron una vez: “Lo que usted hace es sólo una gota en el océano”. Y ella respondió: “Pero si no lo hiciera, el océano tendría una gota menos”.

“Ante una necesidad concreta y urgente, hay que actuar con rapidez. ¡Cuántas personas en el mundo están esperando la visita de alguien que los atienda! ¡Cuántas personas mayores, cuántos enfermos, presos, refugiados necesitan nuestra mirada compasiva, nuestra visita, un hermano o una hermana que rompa las barreras de la indiferencia!”

Queridos jóvenes, ¿Qué “prisas” los mueven?

La prisa es “buena” dice el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud,” la prisa buena siempre nos empuja hacia arriba y hacia los demás." A partir de la reflexión sobre la prisa que caracteriza a la Virgen de Nazaret, el Santo Padre anima a los jóvenes a preguntarse qué actitudes y motivaciones experimentan ante los retos de la vida cotidiana. Les invita a hacer un discernimiento entre una “buena prisa [que] siempre nos empuja hacia arriba y hacia los demás” y una “no buena (...) que nos lleva a vivir superficialmente, a tomar todo a la ligera, sin compromiso ni atención, sin participar realmente en las cosas que hacemos”.

"A muchos de nosotros nos ha sucedido que, inesperadamente, Jesús salió a nuestro encuentro: por primera vez, experimentamos en Él una cercanía, un respeto, una ausencia de prejuicios y condenas, una mirada de misericordia que nunca habíamos encontrado en los demás. No sólo eso, también sentimos que a Jesús no le bastaba con mirarnos desde lejos, sino que quería estar con nosotros, quería compartir su vida con nosotros."

"La alegría de esta experiencia despertó en nosotros una prisa por acogerlo, una urgencia por estar con Él y conocerlo mejor. Isabel y Zacarías acogieron a María y a Jesús. ¡Aprendamos de estos dos ancianos el significado de la hospitalidad! Pregunten a sus padres y abuelos, y también a los miembros mayores de sus comunidades, qué significa para ellos ser hospitalarios con Dios y con los demás. Les hará bien escuchar la experiencia de los que les han precedido.”

Sois la esperanza de una nueva unidad

"Queridos jóvenes, sueño que en la JMJ vuelvan a experimentar la alegría del encuentro con Dios y con los hermanos y las hermanas. Tras largos periodos de distancia y aislamiento, en Lisboa —con la ayuda de Dios— redescubriremos juntos la alegría del abrazo fraternal entre los pueblos y entre las generaciones, el abrazo de la reconciliación y la paz, ¡el abrazo de una nueva fraternidad misionera! Que el Espíritu Santo encienda en sus corazones el deseo de levantarse y la alegría de caminar todos juntos, en estilo sinodal, abandonando las falsas fronteras. ¡El momento de levantarse es ahora! ¡Levantémonos sin demora!"

En el tramo que aún nos queda antes de llegar a Lisboa, caminaremos junto a la Virgen de Nazaret que, inmediatamente después de la anunciación, «se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39) para ir a ayudar a su prima Isabel."

El asombro de ser Iglesia

3. Por último, señala el obispo de Roma que el conjunto de esos pasajes despierta (o debería despertar) en nosotros “el asombro de ser Iglesia; de pertenecer a esta familia, a esta comunidad de creyentes que forma un solo cuerpo con Cristo, desde nuestro bautismo. Es ahí donde hemos recibido las dos raíces del asombro tal como hemos visto: primero el ser bendecidos en Cristo y segundo el de ir con Cristo al mundo".

Y explica Francisco que "se trata de un asombro que no disminuye con los años ni decae con las responsabilidades (podríamos decir nosotros: con las tareas, dones, ministerios y carismas que podemos recibir cada uno en la Iglesia, al servicio de la Iglesia y del mundo).

Al llegar a este punto, Francisco evoca la figura del santo papa Pablo VI y de su encíclica programática Ecclesiam suam, escrita durante el Concilio Vaticano II. Ahí dice el Papa Montini: «Ésta es la hora en que la Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, [...] de su propio origen, [...] de su propia misión». Y haciendo referencia precisamente a la Carta a los Efesios, pone esa misión en la perspectiva del plan de salvación; de “la dispensación del misterio escondido por siglos en Dios... a fin de que venga a ser conocida... a través de la Iglesia” (Ef 3,9-10)».

Francisco pone a san Pablo VI como modelo, para presentar el perfil de cómo debe ser un ministro en la Iglesia: “El que sabe maravillarse ante el plan de Dios, y ama apasionadamente la Iglesia con ese espíritu, dispuesto a servir su misión donde y como quiera el Espíritu Santo”. Así era, antes que san Pablo VI, el apóstol de las gentes: con esa capacidad de asombrarse, de apasionarse y de servir. Y esa debería ser también la medida o el termómetro de nuestra vida espiritual.

Por ello, el Papa concluye dirigiendo de nuevo a los cardenales unas preguntas que nos sirven a todos; pues todos –fieles y ministros en la Iglesia– participamos, de modos bien diversos y complementarios, en ese grande y único 'ministerio de salvación' que es la misión de la Iglesia en el mundo: “¿Cómo es tu capacidad de asombrarte? ¿O te has acostumbrado, tan acostumbrado, que la has perdido? ¿Eres capaz de volver a sorprenderte?” Advierte que no es una simple capacidad humana, sino ante todo una gracia de Dios que hemos de pedir y agradecer, guardar y hacer fructificar, como María y con su intercesión.


Bibliografía:

OpusDei.org

El Seminario Internacional Bidasoa y la Fundación CARF

¿Cómo cooperan Bidasoa y la Fundación CARF?

La relación que existe entre el Seminario Internacional Bidasoa y la Fundación CARF es un ejemplo de cooperación y compromiso social. La mayor parte de los seminaristas pueden seguir sus estudios gracias a la generosa ayuda de los benefactores de la Fundación CARF, que colaboran económicamente, según sus posibilidades, para que ninguna vocación se pierda.

El Seminario Internacional Bidasoa

Es un seminario internacional adscrito a la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Fue erigido por la Santa Sede en el año 1988 y tiene su sede en Pamplona, en la localidad navarra de Cizur Menor, muy cerca del campus de la universidad.

El plan de formación del Seminario Internacional Bidasoa se inspira en los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente Optatam totius y Presbyterorum ordinis, la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis y la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis de la Congregación para el Clero.

Sacerdotes según el corazón de Cristo

El Seminario Internacional Bidasoa tiene como finalidad, el acompañamiento vocacional de los futuros sacerdotes y, por lo tanto, «el discernimiento de la vocación, la ayuda para corresponder a la llamada y a la preparación para recibir el sacramento del Orden Sacerdotal con las gracias y responsabilidades propias». Pastores dabo vobis, 61.

seminario internacional bidasoa

Formación humana, espiritual, pastoral e intelectual

En el Seminario Internacional Bidasoa es primordial posibilitar a los seminaristas, el encuentro con Cristo. La labor de formación se orienta a que el seminarista aspire a ser alter Christus en todos los aspectos de su vida, ya que participará por el sacramento del Orden Sacerdotal,  «del mismo y único sacerdocio y ministerio de Cristo». Presbyterorum Ordinis, 7. ​​Los aspirantes al sacerdocio han de convencerse de la necesidad de adquirir una personalidad humana madura, equilibrada y suficientemente consolidada, que haga resplandecer ante los demás el don recibido, y los capacite para perseverar en el seguimiento del Maestro, también en los momentos de dificultad.

La formación pastoral que reciben los candidatos del Seminario Internacional Bidasoa, por parte del director espiritual y de los formadores, se orienta a desarrollar, en cada uno, el alma sacerdotal; un corazón de padre y pastor, empapado por los mismos sentimientos de Cristo. 

Esta formación sacerdotal, se complementa con la labor científica y docente que se lleva a cabo en la Universidad de Navarra, donde se procura formar despertando el amor a la verdad. Especialmente, en los seminaristas que encuentran en el Seminario Internacional Bidasoa, se hace hincapié en la importancia del estudio, que les prepara para el futuro desarrollo del ministerio sacerdotal en el mundo de hoy.

Seminaristas protagonistas de su proceso formativo

Durante los 35 años del Seminario Internacional Bidasoa, los mismos años de existencia que la Fundación CARF, casi mil seminaristas de numerosos países han madurado su vocación sacerdotal acompañados por los formadores de este seminario.

Apoyados en la convicción de la importancia de la libertad personal como medio indispensable para lograr la necesaria madurez humana, espiritual, intelectual y misionera, han procurado transmitir a cada seminarista, que cada uno ha de ser el protagonista de su proceso formativo, sabiendo que la libertad responsable hunde sus raíces en un ambiente de confianza, amistad, franqueza y alegría.

Este protagonismo es posible gracias a que los seminaristas, algunos procedentes de lugares muy lejanos de España, comparten con alegría una misma experiencia formativa de estudio, clases, ratos de oración, actividades pastorales, tertulias y excursiones.

Seminaristas en unión con el obispo de su diócesis

El carácter internacional constituye una rica experiencia humana y eclesial, que ayuda a aumentar en cada seminarista un espíritu católico, universal y apostólico. Asimismo, en el Seminario Internacional Bidasoa se fomenta la unión de cada uno de los seminaristas con su obispo y con los sacerdotes de su presbiterio diocesano.

Por qué la Fundación CARF es uno de los principales benefactores del Seminario Internacional Bidasoa 

Los seminaristas del Seminario Internacional Bidasoa proceden de diversas partes del mundo. Son enviados por sus respectivos obispos con el objetivo de recibir una adecuada formación de cara a su futura labor sacerdotal en sus diócesis. 

Son los obispos quienes solicitan las becas de estudio a la Universidad de Navarra, que a su vez pide la ayuda a la Fundación CARF. El objetivo de la fundación es facilitar a estos jóvenes, una sólida preparación teológica, humana y espiritual en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma). Cada año, más de 5.000 benefactores lo hacen posible.

Además de la formación en las Universidades Eclesiásticas, los seminaristas necesitan un ambiente de confianza y libertad, un clima fraterno y familiar que facilite la apertura clara y sincera del corazón y la formación integral; este ambiente lo encuentran en el Seminario Internacional Bidasoa.

A lo largo del curso 2022/23, la Fundación CARF destinó 2.106.689 euros en ayudas de alojamiento y matrícula.

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Encuentro anual entre benefactores de la Fundación CARF y seminaristas del Seminario Internacional Bidasoa

Cada año, la Fundación CARF en colaboración con el Seminario Internacional Bidasoa, organiza un encuentro entre los seminaristas y los benefactores. Un día entrañable, en el que ambas partes, benefactor y beneficiario, tienen la oportunidad de conocerse, vivir juntos la Eucaristía y disfrutar de un almuerzo y visita al seminario y de un festival musical que los alumnos preparan a modo de agradecimiento hacia quienes hacen posible que puedan formarse en Bidasoa.

La jornada termina con un momento muy esperado pues, las responsables del Patronato de Acción Social (PAS) de la Fundación CARF, entregan los estuches (mochilas) de vasos sagrados a los seminaristas que están en su último curso. En ellas se incluyen todos los objetos litúrgicos necesarios para celebrar la Misa en pueblos o aldeas remotas donde apenas tienen lo necesario, incluso un alba hecha a medida para cada uno de los futuros sacerdotes.

Por último, se comparte la adoración ante el Santísimo Sacramento; y la visita a la ermita de la Madre del Amor Hermoso, situada en el campus de la Universidad de Navarra.

«Estoy muy agradecido de estudiar en Bidasoa porque puedo ver de primera mano el rostro de la Iglesia Universal. Esto se debe a que los seminaristas de Bidasoa procedemos de más de 15 países. Otra cosa que indirectamente nos enseñan en el Seminario Internacional Bidasoa es la atención a las cosas pequeñas, sobre todo en la preparación de las celebraciones litúrgicas. Esto se hace no porque queramos ser perfeccionistas, sino porque amamos a Dios y queremos tratar de hacer y presentar lo mejor de nosotros mismos a Dios a través de las pequeñas cosas».

Binsar, 21 años, de Indonesia.

Los jóvenes y la vida real

Con los jóvenes de Hungría, casi en un previo de la JMJ de Lisboa, el Papa estuvo claro y entusiasta (cfr. Discurso en el Papp László Budapest Sportaréna, 29-IV-2023). No dejó de hablarles de sus raíces (condición de vida) y ante todo, de Cristo. El papa Francisco a los jóvenes de hungria les dijo que las respuestas preconfeccionadas no sirven. Que «Cristo es Dios en carne y hueso; es el Dios vivo que se hace cercano a nosotros; es el Amigo, el mejor de los amigos; es el Hermano, el mejor de los hermanos; y es muy bueno haciendo preguntas. En el Evangelio, de hecho, Él, que es el Maestro, hace preguntas antes de dar respuestas».

papa francisco a los jóvenes

A los que desean cosas grandes, jóvenes y no tan jóvenes, les enseña que «uno no se hace grande pasando por encima de los demás, sino abajándose hacia los demás; no a costa de los demás, sino sirviendo a los demás (cfr. Mc 10,35-45)».

El papa Francisco a los jóvenes

Jesús nos enseña a arriesgar, apuntar alto; pero también a entrenar. A hacer equipo sin encerrarse en un grupito de amigos y en un teléfono celular. Además el papa Francisco a los jóvenes ha querido decirles: «No tengan miedo de ir contracorriente, de encontrar cada día un tiempo de silencio para hacer un alto y rezar». Aunque hoy todo parece empujarnos a ser eficientes como máquinas, no somos máquinas. Al mismo tiempo, es verdad que con frecuencia nos quedamos como si nos faltase la gasolina, y por eso necesitamos recogernos en silencio.

Para el Papa, «El silencio es el terreno en el cual se pueden cultivar relaciones provechosas, porque nos permite confiarle a Jesús lo que vivimos, llevarle rostros y nombres, depositar en Él nuestras angustias, pensar en nuestros amigos y hacer una oración por ellos».

Documental papa Francisco Amén

Además, «el silencio nos da la posibilidad de leer una página del Evangelio que le hable a nuestra vida; de adorar a Dios, encontrando así la paz en nuestro corazón».

Pero el papa Francisco a los jóvenes les añade que quizás «el silencio te permite escoger un libro que no estás obligado a leer, pero que te ayuda a leer el corazón humano; a observar la naturaleza para no estar sólo en contacto con las cosas hechas por el hombre y descubrir así la belleza que nos rodea».

Pero, ojo, remarca el Papa con mucha fuerza a todos los jóvenes: «El silencio no es para quedarse pegado al celular y a las redes sociales. No, por favor. La vida es real, no virtual; no sucede en una pantalla, ¡la vida sucede en el mundo! Por favor, no virtualizar la vida. Lo repito: no virtualizar la vida, que es concreta. ¿Entendido?»

Es esta una llamada del papa Francisco al realismo, realismo que necesita, como se ve, del silencio; porque «el silencio, es la puerta de la oración, y la oración es la puerta del amor». En la oración, aconseja Francisco, «no tengan miedo de llevar a Jesús todo lo que pasa en vuestro mundo interior: los afectos, los miedos, los problemas, las expectativas, los recuerdos, las esperanzas, todo, también los pecados. Él entiende todo. La oración es diálogo de vida, la oración es vida».

Amar y servir

Realismo y vida. El peligro hoy, advierte el papa Francisco a los jóvenes, es ser «personas falsas, que confían demasiado en sus propias capacidades y a la vez viven de las apariencias para quedar bien; alejan a Dios de su corazón porque solamente se ocupan de sí mismos». En cambio el Señor, como se ve en los Evangelios, hace cosas grandes con nosotros si somos auténticos, si reconocemos nuestras limitaciones y vamos adelante luchando contra nuestros pecados y defectos.

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¿Que le pide el Papa Francisco a los jóvenes de hoy?

Y para concretar y finalizar el papa Francisco a los jóvenes les anima a preguntarse: «¿Qué hago yo por los demás?, ¿qué hago yo por la sociedad, ¿qué hago yo por la Iglesia?, ¿qué hago por mis enemigos? ¿Vivo pensando en mi propio bien o me arriesgo por alguien, sin calcular mis propios intereses? (…) Preguntémonos por nuestra gratuidad, por nuestra capacidad de amar, amar según Jesús, es decir, amar y servir. Como el joven del Evangelio que se fía de Jesús. Y le da a lo poco que tenía para almorzar. Y entonces Jesús hace aquel milagro de la multiplicación de los alimentos (cf. Jn 6, 9)».


Ramiro Pellitero, cedido por el blog Iglesia y nueva evangelización, 21-V-2023.

Un encuentro inesperado en el Camino de Santiago

«Hacía mucho tiempo que deseaba hacer el Camino de Santiago junto con Cristina mi mujer, cuando otro matrimonio, experto él en excursiones, nos comentaron que a finales de mayo querían hacer el llamado Camino Inglés, que va desde el Ferrol a Santiago. Son algo más de cien kilómetros, y tenían ya planificada la ruta, los alojamientos y las ayudas con el equipaje, con una empresa que mediante taxi te recoge las maletas en tu hotel y te las deposita en el siguiente.

Por mi edad, ya recién jubilado, resultaba una opción muy interesante, pues evitaba llevar mucho peso en la mochila, lo cual es un alivio cuando caminas tantos kilómetros. Además, si en algún momento te flaquean las fuerzas, o tienes algún impedimento que no te deja caminar, te pueden venir a buscar y llevarte al siguiente punto de encuentro.

Con estas premisas, no dudamos en lanzarnos a la aventura, y contratamos nuestros billetes de avión para A Coruña y de vuelta de Santiago a Barcelona, donde residimos.

Las jornadas del Camino de Santiago, se concretaron en cinco tramos. El primero, de unos 19 kilómetros, desde El Ferrol hasta Pontedeume; y el siguiente, otros 20 kilómetros, hasta Betanzos. En ambos pueblos pudimos participar en la Misa, que suele celebrarse por la tarde.

En la tercera etapa ya se empiezan a complicar las cosas pues de Betanzos a Mesón do Vento fue un trayecto de más de 25 kilómetros con un gran desnivel del Camino de Santiago. Al llegar al destino, no teníamos ninguna Iglesia en la que poder asistir a Misa, con lo que concertamos un taxi que nos llevara otra vez hasta Betanzos para participar en la que se celebra a las siete y media, y que luego nos devolviera de nuevo al Mesón do Vento. Ya algo más descansados, pudimos cenar bien y reponer fuerzas pues, al día siguiente, también teníamos un largo trecho que andar.

Camino del apóstol Santiago

camino de santiago

Ya ansiando el penúltimo recorrido, salimos al día siguiente hasta Sigüeiro, otros 25 kilómetros con sus buenos desniveles de subidas y bajadas, pero algo más llevadero que el tramo anterior y con unos paisajes de bosques de eucaliptos y campos a punto de la siega.

La verdad es que llegamos a Sigüeiro reventados pero contentos. Cristina acabó con una llaga en el pie y decidimos que el último tramo hasta Santiago, de apenas 16 kilómetros, la llevaran en taxi hasta un kilómetro antes y allí se uniría con nosotros que hacíamos a pie el último recorrido. Concretamos vernos en la Iglesia de san Cayetano, que queda a esa distancia del centro y que se cruza con el itinerario del Camino de Santiago Inglés.

Un poco antes de las doce del mediodía coincidimos en la parroquia de san Cayetano. Se estaba ya cerrando y el párroco no tenía tiempo para podernos estampar el sello de la parroquia en nuestra ya bien nutrida Compostela, pero saludamos al Señor y le dimos gracias por todo el buen Camino que habíamos tenido. La verdad es que no nos llovió ni un día y el calor, aunque apretaba, no impidió que fuéramos completando felizmente las etapas.

Justo en la puerta de la parroquia, estaban apoyados en el muro de piedra, dos jóvenes keniatas según nos dijeron, a los que les pedimos que nos hicieran una foto a todo el grupo. Hablaban castellano y su amable disposición hizo que entabláramos una rápida conversación.

– Hola, buenos días. ¿A qué os dedicáis?

– Estamos ayudando al párroco, pues somos seminaristas.

– Mira, ¡qué bien! Pues nosotros colaboramos con una fundación que ayuda a los estudios de los seminaristas, que se llama Fundación CARF.

– ¡¡Qué me dices!! Pues nosotros estamos estudiando en Bidasoa. Así que, muchas gracias por vuestra ayuda y colaboración.

La alegría y la sorpresa fue mayúscula, y a partir de ese momento se genera una empatía enorme. Serapion (Serapion Modest Shukuru) y Faustin (Faustin Menas Nyamweru), ambos de Tanzania, nos acompañaron en el último tramo.

Luego Serapion nos comentó que ya está en cuarto curso y Faustin en primero. Nos indicaron la oficina del Peregrino que es donde te acaban de poner el último sello y certifican tu Camino, que además acredita la posibilidad de lucrar la indulgencia plenaria que implica ese peregrinaje, siempre que se cumplan el resto de condiciones que manda la Iglesia.

Bidasoa en el Camino de Santiago

Emocionados de nuevo, nos despedimos de los dos, deseando que sean muy fieles y que hagan mucho bien cuando lleguen a su lugar de origen para ordenarse sacerdotes, tras su período de formación en el Seminario Bidasoa.

A nosotros nos queda el maravilloso recuerdo de este encuentro casual, y de haber recibido el agradecimiento de estos dos seminaristas que, con la ayuda de todos los benefactores de la Fundación CARF, pueden llegar a muchas almas allí donde desempeñen su labor ministerial.

Por la tarde, pudimos participar en la Misa en la catedral, dando gracias al apóstol y gozando del vaivén del botafumeiro que elevaba al cielo con el olor del incienso, todas nuestras intenciones y el agradecimiento por la vocación de Serapion y Faustin».


Fernando de Salas, Sant Cugat del Vallés.