Un encuentro inesperado en el Camino de Santiago

«Hacía mucho tiempo que deseaba hacer el Camino de Santiago junto con Cristina mi mujer, cuando otro matrimonio, experto él en excursiones, nos comentaron que a finales de mayo querían hacer el llamado Camino Inglés, que va desde el Ferrol a Santiago. Son algo más de cien kilómetros, y tenían ya planificada la ruta, los alojamientos y las ayudas con el equipaje, con una empresa que mediante taxi te recoge las maletas en tu hotel y te las deposita en el siguiente.

Por mi edad, ya recién jubilado, resultaba una opción muy interesante, pues evitaba llevar mucho peso en la mochila, lo cual es un alivio cuando caminas tantos kilómetros. Además, si en algún momento te flaquean las fuerzas, o tienes algún impedimento que no te deja caminar, te pueden venir a buscar y llevarte al siguiente punto de encuentro.

Con estas premisas, no dudamos en lanzarnos a la aventura, y contratamos nuestros billetes de avión para A Coruña y de vuelta de Santiago a Barcelona, donde residimos.

Las jornadas del Camino de Santiago, se concretaron en cinco tramos. El primero, de unos 19 kilómetros, desde El Ferrol hasta Pontedeume; y el siguiente, otros 20 kilómetros, hasta Betanzos. En ambos pueblos pudimos participar en la Misa, que suele celebrarse por la tarde.

En la tercera etapa ya se empiezan a complicar las cosas pues de Betanzos a Mesón do Vento fue un trayecto de más de 25 kilómetros con un gran desnivel del Camino de Santiago. Al llegar al destino, no teníamos ninguna Iglesia en la que poder asistir a Misa, con lo que concertamos un taxi que nos llevara otra vez hasta Betanzos para participar en la que se celebra a las siete y media, y que luego nos devolviera de nuevo al Mesón do Vento. Ya algo más descansados, pudimos cenar bien y reponer fuerzas pues, al día siguiente, también teníamos un largo trecho que andar.

Camino del apóstol Santiago

camino de santiago

Ya ansiando el penúltimo recorrido, salimos al día siguiente hasta Sigüeiro, otros 25 kilómetros con sus buenos desniveles de subidas y bajadas, pero algo más llevadero que el tramo anterior y con unos paisajes de bosques de eucaliptos y campos a punto de la siega.

La verdad es que llegamos a Sigüeiro reventados pero contentos. Cristina acabó con una llaga en el pie y decidimos que el último tramo hasta Santiago, de apenas 16 kilómetros, la llevaran en taxi hasta un kilómetro antes y allí se uniría con nosotros que hacíamos a pie el último recorrido. Concretamos vernos en la Iglesia de san Cayetano, que queda a esa distancia del centro y que se cruza con el itinerario del Camino de Santiago Inglés.

Un poco antes de las doce del mediodía coincidimos en la parroquia de san Cayetano. Se estaba ya cerrando y el párroco no tenía tiempo para podernos estampar el sello de la parroquia en nuestra ya bien nutrida Compostela, pero saludamos al Señor y le dimos gracias por todo el buen Camino que habíamos tenido. La verdad es que no nos llovió ni un día y el calor, aunque apretaba, no impidió que fuéramos completando felizmente las etapas.

Justo en la puerta de la parroquia, estaban apoyados en el muro de piedra, dos jóvenes keniatas según nos dijeron, a los que les pedimos que nos hicieran una foto a todo el grupo. Hablaban castellano y su amable disposición hizo que entabláramos una rápida conversación.

– Hola, buenos días. ¿A qué os dedicáis?

– Estamos ayudando al párroco, pues somos seminaristas.

– Mira, ¡qué bien! Pues nosotros colaboramos con una fundación que ayuda a los estudios de los seminaristas, que se llama Fundación CARF.

– ¡¡Qué me dices!! Pues nosotros estamos estudiando en Bidasoa. Así que, muchas gracias por vuestra ayuda y colaboración.

La alegría y la sorpresa fue mayúscula, y a partir de ese momento se genera una empatía enorme. Serapion (Serapion Modest Shukuru) y Faustin (Faustin Menas Nyamweru), ambos de Tanzania, nos acompañaron en el último tramo.

Luego Serapion nos comentó que ya está en cuarto curso y Faustin en primero. Nos indicaron la oficina del Peregrino que es donde te acaban de poner el último sello y certifican tu Camino, que además acredita la posibilidad de lucrar la indulgencia plenaria que implica ese peregrinaje, siempre que se cumplan el resto de condiciones que manda la Iglesia.

Bidasoa en el Camino de Santiago

Emocionados de nuevo, nos despedimos de los dos, deseando que sean muy fieles y que hagan mucho bien cuando lleguen a su lugar de origen para ordenarse sacerdotes, tras su período de formación en el Seminario Bidasoa.

A nosotros nos queda el maravilloso recuerdo de este encuentro casual, y de haber recibido el agradecimiento de estos dos seminaristas que, con la ayuda de todos los benefactores de la Fundación CARF, pueden llegar a muchas almas allí donde desempeñen su labor ministerial.

Por la tarde, pudimos participar en la Misa en la catedral, dando gracias al apóstol y gozando del vaivén del botafumeiro que elevaba al cielo con el olor del incienso, todas nuestras intenciones y el agradecimiento por la vocación de Serapion y Faustin».


Fernando de Salas, Sant Cugat del Vallés.

La oración, escuela de misericordia

Recién concluida, la catequesis del Papa sobre la oración del cristiano, al hilo del Catecismo de la Iglesia Católica, está llena de imágenes vivas, ancladas en la historia de la salvación, sobre todo en los evangelios.

De esta manera responde implícitamente a la pregunta sobre el papel de la oración en la formación de la afectividad y de la sensibilidad del cristiano.

El  Vatican News se resume esa catequesis con esta frase “del corazón humano a la misericordia de Dios” (A. Lomonaco). Y bien podría servir la recíproca, como expresión de la iniciativa de Dios, que quiere “contagiar” su misericordia al hombre: “desde el corazón de Dios a la misericordia del hombre”.

Esto se manifiesta sobre todo en Jesús, en su vida, en sus enseñanzas, en su entrega por nosotros.

Las dimensiones afectivas

Esta oración cristiana brota del grito de la fe en medio de la oscuridad, como en Bartimeo. Pero también del corazón de cada hombre, aunque no lo sepa. Porque todo hombre es “mendigo de Dios" (san Agustín).

Porque nace de la revelación de Dios, que nos acercó a Jesús para llevarnos a la alianza y la amistad con Él. Pues Dios, conoce solo el amor y la misericordia. “Ese es el núcleo incandescente de toda oración . El Dios del amor, nuestro Padre que nos espera y nos acompaña” (Audiencia general, 13-V-2020).

También, surge de la belleza de la creación, porque lo creado lleva “la firma de Dios”. Y se traduce en admiración, agradecimiento y esperanza. Quien reza se convierte en portador de luz y de alegría.

Abre la puerta al Dios de la vida. Un jefe de gobierno ateo, refiere Francisco, encontró a Dios porque recordó que “la abuela rezaba”. Es una siembra de vida. Y por eso es importante buscar tiempos para hacerla en familia y enseñar a los niños a rezar y hacer la señal de la cruz. Es la nostalgia de un encuentro con Dios.

Las Sagradas Escrituras

Recordemos, la oración de los justos, que es escucha y recepción, hecha historia personal, de la Palabra de Dios (Abraham). Es, desde la impermeabilidad a la gracia, apertura a la misericordia de Dios (Jacob). Es hacerse puente entre Dios y el pueblo (Moisés).

Estas primeras oraciones cristianas son “el hilo rojo que da unidad a todo lo que sucede” (David). El camino para recobrar la serenidad y la paz (Elías).

En los salmos nos asegura que Dios tiene un corazón de padre que con ternura llora por sus hijos, por sus penas y sufrimientos, como Jesús lloró por Jerusalén y por Lázaro.

Jesús nos revela que Él está continuamente ante el Padre y con el Espíritu Santo rezando por nosotros. En Getsemaní nos enseña a dejarnos transformar por el Espíritu y abandonarnos en el Padre.

Sin la oración cristiana

Cuando no está presente, no tenemos fuerzas, no tenemos oxígeno para vivir. Porque nos trae la presencia del Espíritu Santo y nos quita el temor. En ella nos unimos a Jesús. La oración de Jesús es el “lugar” de su vida interior con Dios Padre, el lugar del abandono en su voluntad.

Él "reza por nosotros como nuestro sacerdote; reza en nosotros como nuestra cabeza; es rezado por nosotros como nuestro Dios. Reconozcamos, pues, en Él nuestra voz, y en nosotros la suya" (san Agustín).

Como María, llena de confianza y de docilidad, como señala Francisco: "Señor, lo que quieras, cuando quieras y como quieras". Su corazón atesora los acontecimientos, sobre todo los de la vida de Jesús como la perla que se va construyendo con elementos del entorno.

También la Iglesia persevera, desde el principio, gracias al Espíritu Santo, que es quien le otorga la unidad y la vida. Una vida que es la misma vida de Jesús (cf. Gal 2, 20).

Ella nos ayuda a dejarnos bendecir por Dios para poder bendecir a los demás. Nos enseña a esperar y a pedir, interceder y amar. Se trata de hacer nuestras las necesidades de las personas que nos rodean, a base de identificarnos con el corazón de Dios: “En realidad, se trata de mirar con los ojos y el corazón de Dios, con su misma invencible compasión y ternura. Rezar con ternura por los otros” (Audiencia general, 16-XII-2020).

Rezar con gratitud y esperanza, rezar alabando a Dios, como Jesús, porque los sencillos y humildes son capaces de reconocer a Dios.

Como auxilios o apoyos, el Papa señalaba en primer lugar la Sagrada Escritura, que dejado como su “molde”, su huella, en la vida de los santos, con obediencia y creatividad. También la liturgia, porque un cristiano sin liturgia es como un cristiano sin el “Cristo total” (en expresión de san Agustín: Cristo, cabeza con su cuerpo que es la Iglesia).

Oración Cristiana, Sagrado Corazón de Jesús, Misericordia

Cuando vamos a misa o celebramos un sacramento, rezamos con Cristo, que se hace presente, y nosotros cada uno y todos juntos, actuamos con Él.

Vida cotidiana y misericordia

El papa Francisco afirma, “La oración sucede en el hoy. Jesús nos viene al encuentro hoy, este hoy que estamos viviendo. Y ella que transforma este hoy en gracia, o mejor, que nos transforma: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar” (Audiencia general, 10-II-2021).

Y así vuelve el Papa a ese núcleo fundamental; nos injerta el corazón de Dios para enseñarnos a amar como Él, con misericordia y ternura, sin poner por delante el juicio y la condena.

Vale la pena trascribir este párrafo más largo: “nos ayuda a amar a los otros, no obstante sus errores y sus pecados. La persona siempre es más importante que sus acciones, y Jesús no ha juzgado al mundo, sino que lo ha salvado. (...) Jesús ha venido a salvarnos: abre tu corazón, perdona, justifica a los otros, entiende, también tú sé cercano a los otros, ten compasión, ten ternura como Jesús.

Es necesario querer a todos y cada uno recordando que todos somos pecadores y al mismo tiempo amados por Dios uno a uno. Amando así este mundo, amándolo con ternura, descubriremos que cada día y cada cosa lleva escondido en sí un fragmento del misterio de Dios” (Ibid.)

La puerta de la misericordia

Porque la oración es, escuela de misericordia, fuente de misericordia para nuestro corazón, a medida que nos identificamos con el corazón de Dios.

También, “nos abre de par en par a la “Trinidad” (Audiencia general, 3-III-2021)Jesús nos ha revelado el corazón de Dios, y el camino de la oración es la humanidad de Cristo. En ese “camino”, el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre.

El Espíritu es el maestro interior y el artífice principal de nuestra oración (cf. Audiencia general, 17-III-2021), el artista que compone en nosotros obras originales. Las obras, podríamos decir, del corazón (en sentido bíblico), las obras del amor.

Y ese corazón vive también del corazón de nuestra Madre, María. Y vive en el corazón de la Iglesia, que es la comunión de todos los santos: “Cuando rezamos nunca estamos solos, sino en compañía de otros hermanos y hermanas en la fe, tanto de los que nos han precedido como de los que aún peregrinan a nuestro lado.

En esta comunión, los santo, sean reconocidos o anónimos, “de la puerta de al lado”, rezan e interceden por y con nosotros. Junto a ellos, estamos inmersos en un mar de invocaciones y súplicas que se elevan al Padre” (Audiencia general, 7-IV-2021).

La Iglesia entera (en las familias, en las parroquias, en las demás comunidades cristianas) es maestra de oración cristiana. Todo en la Iglesia nace y crece en la oración. Y las reformas que a veces se proponen sin oración, no van adelante, se quedan en un envoltorio vacío, cuando no hacen la guerra a la Iglesia junto con su Enemigo.

Solo con la oración se mantiene la luz, la fuerza y el camino de la fe. Porque la oración del cristiano es aceite para la lámpara de la fe. En efecto, y por eso no solo hemos de hacer oración sino enseñar a hacer oración, educar para la oración.

Cuando la oración vocal es meditación y contemplación

Para ponderar la importancia de la oración vocal (las oraciones que muchos hemos aprendido desde niños, sobre todo el Padrenuestro) dice el Papa: “La Palabra divina se ha hecho carne, y en la carne de cada hombre la palabra vuelve a Dios en la oración”.

Y continúa: “Las palabras son nuestras criaturas, pero son también nuestras madres, y de alguna manera nos modelan.

Las palabras de una oración nos hacen atravesar sin peligro un valle oscuro, nos dirigen hacia prados verdes y ricos de aguas, haciéndonos festejar bajo los ojos de un enemigo, como nos enseña a recitar el salmo (cfr. Sal 23)”.

Desde ahí se puede ir pasando a la meditación, que nos hace encontrarnos con Jesús bajo la guía del Espíritu Santo. Y de la meditación, a la oración contemplativa (cf. Audiencia general, 5-V-2021), la de quien, como el santo cura de Ars, se siente mirado por Dios.

La contemplación, que se va identificando con el amor, no se contrapone a la acción de cristiano, sino que la fundamenta y garantiza su calidad.

Y a propósito de la contemplación que es meta de toda oración cristiana, insiste Francisco en esta escuela del corazón que es la oración.

“Ser contemplativos no depende de los ojos, sino del corazón. Y aquí entra en juego la oración, como acto de fe y de amor, como ‘respiración’ de nuestra relación con Dios. La oración purifica el corazón, y con eso, aclara también la mirada, permitiendo acoger la realidad desde otro punto de vista” (cf. Audiencia general, 5-V-2021)

Oración, combate y certeza

La oración cristiana es un combate (cf. Audiencia general, 12-V-2021) a veces duro y largo, a veces con gran oscuridad. Y muchos santos han dado sabios consejos. Pero no deja de ser un combate, como el de aquel obrero –lo relata Francisco– que fue en tren hasta el santuario de Luján para pedir toda la noche por su hija enferma, que se curó milagrosamente.

Entre los obstáculos a la oración, que podríamos llamar ordinarios, destacan las distracciones, la aridez y la pereza (cf. Audiencia general, 19-V-2021). Es preciso combatirlos con vigilancia, esperanza y perseverancia, aunque a veces nos “enojemos” con Dios y como los niños no paremos de preguntar por qué.

En el Evangelio hay casos donde se ve claramente que Dios espera para concedernos lo que pedimos. Lo que no hemos de perder es la certeza de ser escuchados (cf. Audiencia general, 26-V-2021). Incluso puede parecer que Dios Padre no escucha la oración de Jesús en Getsemaní, pero es necesario esperar con paciencia hasta el tercer día, en que se produce la resurrección.

La oración de Jesús por nosotros

“No olvidemos –señala el Papa– que lo que nos sostiene a cada uno de nosotros en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros, con nombre, apellido, ante el Padre, enseñándole las heridas que son el precio de nuestra salvación. (...)

Sostenidas por la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones se apoyan en alas de águila y suben al cielo” (Audiencia general, 2-VI-2021).

En correspondencia de amor, lo que hemos de hacer nosotros es perseverar en la oración (cf. Audiencia general, 9-VI-2021), sabiendo compaginarla con el trabajo.

“Los tiempos dedicados a estar con Dios revitalizan la fe, que nos ayuda en la concreción de la vida, y la fe, a su vez, alimenta la oración, sin interrupción. En esta circularidad entre fe, vida y oración, se mantiene vivo el fuego del amor cristiano que Dios espera de nosotros” (Ibid.).

La oración pascual de Jesús por nosotros (cf. Audiencia general, 16-VI-2021) fue la más intensa, en el contexto de su pasión y muerte: en la última cena, en el huerto de Getsemaní y en la cruz.

En suma, nosotros no solo rezamos, sino que “hemos sido rezados” por Jesús. “Hemos sido queridos en Cristo Jesús, y también en la hora de la pasión, muerte y resurrección todo ha sido ofrecido por nosotros”. Y de ahí ha de brotar nuestra esperanza y nuestra fortaleza para ir adelante, dando con toda nuestra vida gloria a Dios.

En efecto. Y de esta manera el Espíritu Santo nos va introduciendo y configurando en la misma “sensibilidad” de Dios.

Don Ramiro Pellitero Iglesias, Profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en “Iglesia y nueva evangelización”

Partes de la Misa católica explicada

Que la participación en la Santa Misa sea plena, consciente y activa. Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, nn. 14 y 48.

La raíz y el centro de nuestra vida espiritual es el Santo Sacrificio del Altar, una de las partes de la Misa más importantes. San Josemaría Escrivá, tanto de palabra como por escrito, afirmaba, que la Eucaristía es el centro y la raíz de la vida del cristiano.

Porque es importante explicar las partes de la Misa católica

En la Santa Misa vivimos el sacrificio de Cristo, que se ofreció a todos nosotros, una vez para siempre en la Cruz. Este, que es el centro de nuestra vida cristiana y la acción de gracias que presentamos a Dios por su gran amor hacia nosotros, no es otro sacrificio, no es una repetición. Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente.

A grandes rasgos la Misa Cristiana cuenta con dos partes fundamentales:

  1. Liturgia de la palabra
  2. La liturgia de eucaristía

Disponer, vivir y dar las gracias por la Misa

Para saber aprovechar los grandes frutos espirituales que como cristianos se nos dan a través de la Celebración de la Santa Misa, hay que conocer esta celebración, entendiendo sus gestos y símbolos, participando en ella con reverencia. 
Vivir la fe cristiana de forma concreta implica que existan momentos de oración en familia, momentos de vivir los sacramentos juntos, sobre todo en la misa del domingo.

1 - Ritos iniciales

Llegamos preferentemente de manera puntual al templo y nos disponemos para celebrar el misterio más grande de nuestra fe. El altar se encontrará preparado y con las velas encendidas.

Los ritos introductorios, nos preparan para escuchar la palabra y celebrar la eucaristía:

  • Canto de Entrada
  • Beso al altar y Señal de la cruz
  • Acto penitencial
  • Canto del Gloria
  • Oración colecta

Canto de entrada

Nos preparamos para comenzar la primer parte de una misa con el canto de entrada. Es un canto que nos une a todos porque a la misa venimos personas de distintos lugares, culturas, edades y cantamos a una voz, como una familia, la de Dios en la tierra, en comunión con toda la Iglesia.

El Canto, destaca el carácter festivo de la celebración. Nos unimos para celebrar uno de los dones más grandes que Jesús nos dejó: la Eucaristía.

Algunos atribuyen al Papa Celestino I (422-431) la incorporación del canto de entrada. Aunque se desconoce la fecha exacta de la incorporación, ya existía con seguridad en el S. V.

 

Beso en el altar y Señal de la cruz

El sacerdote entra, besa el altar y saluda a todos los presentes realizando el gesto de la señal de la Cruz. Comenzar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo no es sólo mencionar el nombre de Dios, sino ponernos en su presencia.

Este es un buen momento para pedirle al Señor que nos ayude a vivir la Santa Misa con la misma pureza, humildad y devoción con que le recibió la Santísima Virgen.

(...) El sacerdote está allí, no en su propio nombre, sino in nomine Ecclesiæ, en nombre de la Iglesia. Representa, pues, a todos los fieles, y en nombre de todos da el beso litúrgico a Cristo, simbolizado por el altar. Esta veneración al altar se expresa con tres signos:

  1. La inclinación que es un el gesto se convierte en un acto de homenaje a Cristo, al lugar del sacrificio y a la mesa del Señor.
  2. El beso al altar que es un beso de saludo y de amor entre la Iglesia y la incensación.
  3. Se completa con la incensación que simboliza el honor, la purificación y santificación.

Acto penitencial

Puestos en la presencia de Dios, la Iglesia nos invita a reconocer con humildad que somos pecadores. Pedimos humildemente perdón al Señor por todas nuestras faltas. Reconocemos humildemente frente a todos nuestros hermanos, que somos pecadores.

Es un gesto importante empezar la Santa Misa con el corazón y el alma limpios. Es un buen momento para recordar cuándo fue nuestra última confesión. Como cristianos tenemos que acudir a este Sacramento para recibir a Jesús.

Y para expresar este deseo y pedirle perdón a Dios, usamos las palabras del ciego que oyó que Jesús pasaba cerca, y como sabía que no podía curarse a sí mismo, sino necesitaba del auxilio de Dios, se puso a gritar en medio de la multitud: “Señor, ten piedad de mí”. Así, con confianza en la misericordia de Dios, rezamos también el “Señor ten piedad”.

Canto del Gloria

Alabamos a Dios, reconociendo su santidad, al mismo tiempo que nuestra necesidad de Él. El Gloria es como un grito de entusiasmo hacia Dios, a toda la Trinidad.

En los domingos y solemnidades se reza este himno, que resume el sentido máximo de la vida cristiana: darle gloria a Dios. Alabar a Dios, no sólo porque es bueno, o porque nos ayuda, o por las cosas que nos da. Darle gloria por quién es Él, porque es Dios. Nos ayuda a estar bien orientados, a afirmar que el sentido máximo de nuestra vida es Él.

Oración Colecta

La Colecta se llama así porque es la oración que recoge las peticiones de todos. Las hacemos por medio de Jesucristo, el único Mediador, en la comunión del Espíritu Santo, que recoge nuestras súplicas, haciéndose presente nuevamente el Misterio de la Trinidad.

El sacerdote invita a toda la comunidad a rezar presentando a Dios Padre las peticiones que la Iglesia eleva al Cielo cada vez que se celebra el Santo Sacrificio. “Si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, lo conseguirán de mi Padre que está en los Cielos” Mt 18, 19-20.s partes de la misa catolica, segunda parte de la misa liturgia de la palabra

2 - Liturgia de la Palabra

“La Misa consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí que constituyen un solo acto de culto”, Misal Romano, Institución General, 28

A través de las lecturas, vamos a escuchar directamente a Dios que nos habla a nosotros, que somos su pueblo. Nosotros respondemos cantando, meditando y rezando.

En la primera lectura Dios nos habla por las vivencias de sus profetas, en la segunda lectura por medio de sus apóstoles- Por último, en el Evangelio nos habla directamente por medio de su Hijo Jesucristo

  • Primera lectura del Antiguo Testamento
  • Salmo
  • Segunda lectura: En el Nuevo Testamento.
  • Evangelio: El canto del Aleluya nos dispone a escuchar la proclamación del misterio de Cristo. Al finalizar aclamamos diciendo: "Gloria a ti, Señor Jesús".
  • Homilía: El sacerdote nos explica la Palabra de Dios.
  • Credo: La profesión de fe
  • Oración de los fieles: Rezamos unos por otros pidiendo por las necesidades de todos.

Primera lectura: Antiguo Testamento, Dios habla a los hombres

La primera lectura, tomada generalmente del Antiguo Testamento. Dios nos habla a través de la historia del pueblo de Israel y de sus profetas.

Es importante meditarlas, porque por estas palabras, Dios fue preparando a su Pueblo para la venida de Cristo. Y también nos preparan a nosotros para escuchar a Jesús, ya que la primera lectura está directamente relacionada con el Evangelio que se va a leer.

Salmo Responsorial, respuesta de los fieles a la Palabra de Dios

El Salmo Responsorial es como una prolongación de los temas propuestos en la primera lectura.

Con los salmos aprendamos a rezar, aprendemos a hablar con Dios, usando sus mismas palabras, que se convirtieron en oración. Palabras que Él pone en nuestra boca para que sepamos cómo expresarnos.

Segunda lectura: En el Nuevo Testamento, Dios nos habla a través de los apóstoles.

Escuchamos la predicación de los primeros hombres a los que Jesús les dijo: “Vayan y hagan discípulos míos a todas las gentes… enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado.” (Mt 28, 19-20).

Se toma del Nuevo Testamento. Puede ser parte de los Hechos de los Apóstoles o de las cartas que escribieron los primeros apóstoles. También de las Epístolas Católicas, del libro de los Hebreos o el Apocalipsis. Es decir, son los escritos de los apóstoles,

Esta segunda lectura nos sirve para conocer cómo vivían los primeros cristianos y cómo explicaban a los demás las enseñanzas de Jesús. Esto nos ayuda a conocer y entender mejor lo que Jesús nos enseñó.

Después de la segunda lectura se canta el Aleluya, que es un canto alegre que recuerda la Resurrección u otro canto según las exigencias del tiempo litúrgico .

Evangelio, La proclamación del Evangelio

El canto del Aleluya nos dispone a escuchar la proclamación del misterio de Cristo. Al finalizar aclamamos diciendo: "Gloria a ti, Señor Jesús".

Es el mismo Jesucristo quien nos habla en el Evangelio. Por eso lo escuchamos de pie, y el sacerdote lo besa cuando termina de proclamarlo. Luego anuncia en voz alta que Jesucristo está entre nosotros: Dominus vobiscum!

Los gestos que realiza el sacerdote, simbolizan nuestros deseos de formar parte de la Verdad del Evangelio. Se nos comunican las enseñanzas del Señor para que las meditemos en la intimidad personal y las incorporemos a nuestras almas, de modo que luego las comuniquemos, en forma de palabra y de obras de misericordia a las personas que tenemos a nuestro alrededor en la cotidianeidad de nuestra vida.

Es una llamada a la responsabilidad apostólica de los cristianos, que en la Santa Misa cobra nuevas fuerzas.

Homilía: El sacerdote nos explica la Palabra de Dios.

El sacerdote, se toma un tiempo para explicarnos la Palabra de Dios. Homilía viene de una palabra griega que significa “diálogo”, “conversación”. Es el momento cuando Dios nos habla por su Iglesia.

Es una explicación sencilla y práctica, enraizada en los textos litúrgicos, que aplicaremos a nuestra vida cristiana. Intentamos hacer propios estos consejos que nos dan y procuramos sacar propósitos concretos. Una buena homilía es aquella que te hace reflexionar desde por dentro.

Credo: Después de escuchar la Palabra de Dios profesarnos nuestra fe

«Somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un Credo; un pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (San León Magno, Homilía I en la Natividad del Señor (PL 54, 192).

Rezar el Credo es motivo de santo orgullo para todo cristiano, Asombrarnos por la realidad de ser Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo.

Oración de los fieles: Rezamos unos por otros pidiendo por las necesidades de todos.

Con la oración de los fieles termina la primera parte de la Misa. Rezamos unos por otros pidiendo por las necesidades de todos.  Presentación de las ofrendas del pan y del vino

En ese Pan y ese Vino que ofrece el sacerdote a Dios –fruto del sudor y del trabajo del hombre– están todos tus esfuerzos humanos. Ofrécele a Dios todo eso. Todas las horas y acciones de tu día ponerlos en la patena junto a Cristo y así sobrenaturalizarás tu vida.

Todo estará hecho para Dios y será grato a Dios. Haz de verdad, de tu vida, una ofrenda al Señor. No olvidemos que, al elevar estas plegarias, es Cristo mismo quien las presenta a Dios Padre por la virtud del Espíritu Santo.

3 - Liturgia de la Eucaristía.

La liturgia de la Eucaristía el momento más importante de la Misa. Presentamos el pan y el vino que se transformarán en el cuerpo y la sangre de Cristo. Realizamos la colecta en favor de toda la Iglesia y Oramos sobre las ofrendas.

  • Prefacio y Presentación de las ofrendas: El Pan y el Vino
  • Lavabo
  • Epíclesis: Plegaria eucarística
  • Santo: canto de alabanza a Dios
  • Consagración: El pan y el vino se transforman en el cuerpo y en la sangre de Jesús. (Doxología)

Prefacio y Presentación de las ofrendas

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En el Prefacio, damos gracias y alabanza a Dios, al tres veces santo, realizado una oración. Viene del latín: pre – factum. Significa “antes del hecho”. Y se llama así porque está justamente antes del hecho más importante de toda la misa: la plegaria eucarística

En el prefacio hay un diálogo con el sacerdote, que siempre dice: “Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor”. Es que en el prefacio hemos dado gracias a Dios, hemos reconocido sus obras de amor y lo alabamos.

En este momento presentamos las ofrendas, el pan y el vino. La sencillez de estos alimentos nos recuerda al niño que le llevó a Jesús sus ofrendas, cinco panes y dos peces. Era todo lo que tenía, pero esa pequeñez, puesta en las manos de Jesús, se convirtió en abundancia y alcanzó para alimentar a una multitud inmensa e incluso sobró.

Así nuestras sencillas ofrendas de pan y vino, puestas en las manos del Señor, también se convertirán en abundancia, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo para alimentar a una gran multitud que está hambrienta de Dios.

En cada misa, ¡nosotros somos esa multitud! Junto a este pan y vino, le presentamos también a Dios, de manera simbólica, algo de nosotros mismos.

Le ofrecemos nuestros esfuerzos, sacrificios, alegrías y dolores. Le ofrecemos nuestra fragilidad para que Él haga obras grandes con nosotros.

Esta es la actitud interior a la que la liturgia nos conduce, elevar el corazón para estar listos para el momento más importante: cuando Cristo se haga presente con su Cuerpo y su Sangre.

Lavabo

Mientras el sacerdote hace el lavatorio de las manos, repite tú por dentro la oración que hace interiormente: ¡Señor, lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!

En la Misa, el Señor Jesús, haciéndose «pan partido» por amor a nosotros, se nos da y nos comunica toda su misericordia y su amor, renovando nuestro corazón, nuestra vida y nuestras relaciones con él y con los hermanos. Papa Francisco.

La epíclesis o invocación al Espíritu Santo: plegaria

La plegaria eucarística son todas las oraciones que rodean el momento de la consagración. Invocamos con una oración al Espíritu Santo en este momento el que “la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (...) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353).

Así como el Espíritu Santo descendió sobre la Virgen María para que concibiera e hiciera presente a Jesús en su seno, ahora invocamos al Espíritu Santo para que descienda sobre estos dones y también haga presente a Cristo entre nosotros.

“Debemos elevar nuestro corazón al Señor no sólo como una respuesta ritual, sino como expresión de lo que sucede en este corazón que se eleva y arrastra hacia arriba a los demás”. Papa Benedicto

Luego, es el momento en el cual se lleva al altar el pan y el vino, dos alimentos muy sencillos, que el sacerdote ofrecerá a Dios para que Cristo se haga presente en la Eucaristía, también nos convierta a nosotros, nos haga mejores, más semejantes a Él.

Santo: canto de alabanza a Dios

La letra está tomada de las Sagradas Escrituras. La primera parte, es un canto que hemos aprendido del coro de los ángeles, que el profeta Isaías oyó que le cantaban a Dios junto a su trono. El tres veces santo repetido, nos recuerda las tres personas divinas de la Santa Trinidad.

La segunda parte es la aclamación que le dicen a Jesús cuando está entrando montado en un burrito a Jerusalén el domingo de Ramos: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor, hossana!”

Estaban felices aclamando Jesús, el rey esperado, que entraba a su ciudad. Nosotros en la misa también aclamamos a Cristo que está a las puertas de hacerse presente ante nosotros. Por eso podemos decir que el santo, es un canto de hombres y ángeles, que nos unimos para alabar a Dios.

Consagración: el pan y el vino se transforman en el cuerpo y en la sangre de Jesús. (Doxología)

«La fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y los dones del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la Cruz de una vez para siempre» Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353.

Hemos llegado al corazón de la plegaria eucarística, al momento más importante de la misa. Siguiendo el mandato que Jesús le dijo a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria mía”, el sacerdote, actuando en la persona misma de Cristo, pronuncia las palabras de la institución de la Eucaristía, las mismas que Jesús pronunció el día de la Última Cena.

(...) ¡Qué hondura atesoran las palabras: esto es mi Cuerpo; éste es el cáliz de mi Sangre! Llenan de seguridad, refuerzan nuestra fe, aseguran nuestra esperanza y enriquecen nuestra caridad. Sí: Cristo vive, es el mismo de dos mil años atrás, y vivirá siempre, interviniendo en nuestro peregrinar. Nuevamente se nos acerca como caminante con nosotros, lo mismo que en Emaús, para sostenernos y darnos apoyo en todo nuestro quehacer.

La presencia real de Jesús es consecuencia del misterio inefable que se cumple con la transustanciación, ante el que no cabe otra actitud que adorar la omnipotencia y el amor de Dios. Por eso nos arrodillamos al llegar este instante sublime, que constituye el núcleo de la celebración eucarística. En esos momentos, el sacerdote es instrumento del Señor, actúa in persona Christi.

partes de la misa catolica, segunda parte de la misa liturgia de la eucaristia

4 - Rito de conclusión

La Santa misa termina como la empezamos, con la señal de la cruz. Podemos ir en paz, porque hemos visto a Dios, nos hemos encontrado con Él y estamos renovados para seguir en la misión que Dios nos encarga. Al terminar la misa el sacerdote nos da la bendición final.

Son ritos que concluyen la celebración son:

  • Bendición final
  • Despedida
  • Acción de gracias

Bendición final

Recibimos la bendición del sacerdote. Que ese “podéis ir en paz” sea el reflejo de una Santa Misa bien vivida.

La palabra bendición viene de dos palabras: bien y decir. Cuando Dios dice bien de nosotros, su Palabra sí nos hace distintos, nos da esa gracia para librar el buen combate de la fe. Así termina la misa y estamos listos para seguir adelante con nuestra vida cristiana.

Acción de gracias última parte de la Misa

Cuando el tiempo dedicado a la acción de gracias dentro de la Misa resulta demasiado breve, puede ser una buena acción prolongar la acción de gracias unos minutos más, de modo personal, al terminar todas las partes de la Misa.


Bibliografía:

Pentecostés: El amigo que acompaña, orienta y anima

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de un viento que irrumpe impetuosamente, y llenó toda la casa en la que se hallaban. Entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos. Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les hacía expresarse
Hch 2,1-4

Pentecostés o shebuot

Era para los judíos una de las tres grandes fiestas. Al principio agradecimiento por la recolección cereal (primicias), pero a eso se unió la fiesta por la donación de la Torah, el “manual de instrucciones” del mundo y del hombre, que otorgaba la sabiduría a Israel. Pentecostés era la fiesta de la Alianza de vivir siempre conforme a la voluntad de Dios manifestada en su Ley.

La fiesta del Sinaí

Las imágenes que utiliza san Lucas para indicar la irrupción del Espíritu Santo en Pentecostés —el viento y el fuego— aluden al Sinaí, donde Dios se había revelado al pueblo de Israel y le había concedido su alianza (cf. Ex 19, 3 ss). La fiesta del Sinaí, que Israel celebraba cincuenta días después de la Pascua, era la fiesta del Pacto. Al hablar de lenguas de fuego (cf. Hch 2, 3), san Lucas quiere presentar el Cenáculo como un nuevo Sinaí, como la fiesta de la Alianza que Dios hace con su Iglesia, a la que nunca abandonará.

Palabras del Papa Francisco en Pentecostes, accion del espíritu santo, 2021 Roma

El Santo Padre pide a todos los pastores y fieles de la Iglesia católica, a unirse, este Pentecostés 2023,  en oración junto con los Ordinarios Católicos de Tierra Santa, para invocar al Espíritu Santo, “para que israelíes y palestinos puedan encontrar el camino del diálogo y del perdón”.

El día de Pentecostés

Con la fuerza del Espíritu Santo en Pentecostés se hacen entender por todos, sea cual sea su origen y mentalidad: El día de Pentecostés habitaban en Jerusalén judíos, hombres piadosos venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido se reunió la multitud y quedó perpleja, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

Estaban asombrados y se admiraban diciendo: -¿Es que no son galileos todos éstos que están hablando?  ¿Cómo es, pues, que nosotros les oímos cada uno en nuestra propia lengua materna? "Partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y la parte de Libia próxima a Cirene, forasteros romanos, así como judíos y prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios (Hch 2,5-11).

Los sacerdotes, la sonrisa de Dios en la Tierra

Pon cara a tu donativo. Ayúdanos a formar sacerdotes diocesanos y religiosos.

La acción del Espíritu Santo en Pentecostés

Lo que sucede ese día, con la acción del Espíritu Santo en Pentecostés, es la antítesis de lo que había contado la Biblia en los orígenes de la humanidad: Por aquel entonces toda la tierra hablaba una sola lengua y con las mismas palabras. Al desplazarse desde oriente encontraron una vega en el país de Sinar y se establecieron allí.

Entonces se dijeron unos a otros: -¡Vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego! De esta forma, los ladrillos les servían de piedras y el asfalto de argamasa. Luego dijeron: -¡Vamos a edificarnos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo! Así nos haremos famosos, para no dispersarnos por toda la faz de la tierra. Bajó el Señor a ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres estaban edificando; y dijo el Señor: -Forman un solo pueblo, con una misma lengua para todos, y esto es sólo el comienzo de su obra; ahora no les será imposible nada de lo que intenten hacer.

¡Bajemos y confundamos ahí mismo su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros! De esta manera, desde allí el Señor los dispersó por toda la faz de la tierra, y dejaron de construir la ciudad. Por eso se la denominó Babel, porque allí el Señor confundió la lengua de toda la tierra, y desde allí el Señor los dispersó por toda la faz de la tierra (Gn 11,1-9).

Francisco ha dicho durante la celebración de Pentecostés este 2021 en Roma que el Espíritu Santo consuela «especialmente en los momentos difíciles como el que estamos atravesando», y de un modo muy personal pues «solo quien nos hace sentir amados tal y como somos da paz al corazón». De hecho, «es la ternura misma de Dios, que no nos deja solos; porque estar con quien está solo es ya consolar».

Pentecostés: Comunicación activa

Cuando los hombres del relato bíblico comenzaron a trabajar como si Dios no existiera, fueron comprobando que ellos mismos se deshumanizaron, porque habían perdido un elemento fundamental de las personas humanas, que es la capacidad de ponerse de acuerdo, de entenderse y de actuar juntos. Este texto contiene una verdad perenne. En una sociedad tan tecnificada, y con tantos medios de comunicación y de información, como la contemporánea, cada vez hablamos menos y nos entendemos menos, se pierde la capacidad real de comunicarse en un diálogo abierto y sincero. Necesitamos de algo que nos ayude a recuperar esa capacidad de apertura a los demás.

La acción del Espíritu Santo en Pentecostés

Lo que el orgullo humano rompió, lo recompone la acción del Espíritu Santo en Pentecostés. También hoy, la docilidad al Espíritu Santo es lo que nos proporciona esa ayuda que necesitamos para construir un mundo más humano, en el que nadie se sienta sólo, privado de la atención y el afecto de los demás. Jesús lo prometió a los apóstoles y a cada uno de nosotros: yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre (Jn 14,16). Utiliza una palabra griega para-kletós que significa «el que habla al lado»: es el amigo que nos acompaña, nos anima y nos orienta en el camino. 

Ahora que estamos hablando con Dios en este rato de oración nos preguntamos en su presencia: ¿me empeño en construir mi vida profesional y familiar, mis relaciones de amistad, la sociedad en la que vivo, como un mundo levantado con mi esfuerzo sin que Dios me importe? O ¿quiero escuchar y ser dócil a la voz amorosa del Espíritu Santo, ese compañero inseparable que Jesús ha puesto a mi lado para que me guíe y me anime?

Podemos invocar al Espíritu Santo con una antigua y hermosa oración de la Iglesia en Pentecostés: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu Amor. Y le pedimos a la Santísima Virgen, Esposa de Dios Espíritu Santo, que, como ella, le dejemos hacer cosas grandes en nuestra alma, para que sepamos amar a Dios y a los demás, y construir con su ayuda un mundo mejor.

Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación
Universidad de Navarra
Facultad de Teología
Profesor de Sagrada Escritura

Libro recomendado: Una mitra humeante de Vicente Escrivá Salvador

Una mitra humeante: Bernardino Nozaleda, Arzobispo de Valencia, casus belli para el Republicanismo Español.

La España de la Restauración proyectada y pilotada por Antonio Cánovas, pretendió establecer un marco de convivencia cordial que solucionara satisfactoria y definitivamente la llamada «cuestión religiosa». Aquél laudable propósito no se consiguió, en gran medida por la enconada confrontación política y por la división en las filas católicas.

El «desastre del 98» conmocionó al país, sumiéndole en un pesimismo político, moral y cultural que marcará y dará nombre a toda una generación de intelectuales y literatos de la época.

Los republicanos, a través de una prensa bien «armada» caracterizada por su anticlericalismo jacobino, de movilizaciones y de mítines celebrados a lo largo y ancho de la Península, arremeterán contra el régimen constitucional y contra todo lo que éste representaba, en particular la monarquía y la Iglesia católica.

Durante el llamado «Gobierno corto» (1903-1904) del conservador Antonio Maura, tuvo lugar un acontecimiento que polarizó, hasta el paroxismo, la sociedad española coetánea: el frustrado nombramiento del dominico Bernardino Nozaleda, último arzobispo de Manila bajo dominio español, como arzobispo de Valencia.

Republicanos y liberales, encendieron sus antorchas y al grito de ¡muera Maura!, ¡muera Nozaleda! enardecieron a sus huestes para que aquel prelado ni pisara tierras valencianas, ni tomara posesión de su mitra y báculo. Y lo consiguieron.

Vicente Escrivá Salvador

Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia, Diplomado en RR.HH por la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), Máster en Historia Moderna por la Universidad de Valencia con Premio Extraordinario y Doctor en Historia por la Universidad Católica San Vicente Mártir de Valencia (UCV) con la calificación de sobresaliente «cum laude». Su experiencia profesional viene avalada por treinta años de ejercicio de la abogacía, siendo miembro colegiado del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia (ICAV). Docente del claustro de profesores de la escuela de negocios Lluís Vives de Valencia. Igualmente ha participado como investigador en Proyectos de carácter nacional. Actualmente sus líneas de investigación se centran en las disciplinas de Historia del Derecho, Historia Contemporánea, Historia de la Iglesia, Geopolítica y Relaciones Internacionales. Además, es colaborador y corresponsal en Valencia de la Fundación CARF.

¿Cuánto cuesta la formación de un seminarista?

El coste que implica la formación de los seminaristas y sacerdotes diocesanos debe ser un esfuerzo colectivo de todos los cristianos. Diócesis fundaciones, fieles y hasta las hermandades y cofradías colaboran ingeniosamente para que sembremos el mundo de vocaciones sacerdotales.

La Fundación CARF y el desafío de la formación de seminaristas

Desde su fundación en 1989, la Fundación CARF actúa de enlace entre miles benefactores dispuestos a contribuir económicamente con ayudas y becas de estudio para que sacerdotes y seminaristas de todo el mundo reciban una sólida preparación teológica, humana y espiritual.

Más de 800 obispos de 131 países desean que algunos de sus sacerdotes y seminaristas estudien en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, o en las Facultades de Estudios Eclesiásticos de la Universidad de Navarra, en Pamplona. Completando a su vez su formación humana y espiritual en los Colegios Eclesiásticos Internacionales Sapientiae (Roma) y Bidasoa (Pamplona). Para poder llevar a cabo esta formación solicitan también ayudas al estudio para sus candidatos.

Gracias a benefactores y donantes como tú, la Fundación CARF hace frente a la mayoría de las solicitudes, pero las necesidades son crecientes y queremos que todas las peticiones sean atendidas.

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¿Cuánto cuesta una ayuda completa para formación de un seminarista?

18.000 euros es el importe necesario para que un candidato pueda vivir, estudiar y formarse, durante un año, en las universidades de Roma o de Pamplona. Las diócesis más necesitadas del mundo solicitan una beca completa para sus candidatos. En todos los casos, la diócesis sufraga una ínfima parte del coste, que le supondría la formación de un seminarista en su país de origen, como una muestra del compromiso de un futuro máximo aprovechamiento de las ayudas.

Aproximadamente cada año académico la Fundación CARF asiste con becas directas e indirectas aproximadamente a: 400 seminaristas, 1.120 sacerdotes diocesanos y unos 80 miembros de instituciones religiosas. Cada beca completa, otorgada por la fundación, se puede desglosar de la siguiente manera: 12.000 €, alojamiento y manutención. 8.000 €, matrícula y tasas académicas, complementos por la formación académica, humana y espiritual. Los gastos personales siempre son a cargo del alumno o de la diócesis.

¿Cuánto ha crecido el número de seminaristas en el mundo?

La Oficina Central de Estadística de la Iglesia ha estado a cargo de la edición de El Anuario Pontificio 2022 y el Anuario Estadístico Eclesial 2020 publicados en los últimos días.

Recogen los datos sobre el bienio 2019-2020 que nos aporta una panorámica de la realidad numérica de la Iglesia Católica en los diferentes países y en los distintos continentes permitiendo extraer algunas novedades relacionadas con la vida de la Iglesia en el mundo actual.

La presencia de los católicos no cambia a nivel de todo el planeta, pero si lo hace si analizamos el número de católicos en los distintos continentes. Donde se confirma un aumento máximo en el continente africano y un incremento relativo en Asia. Por el contrario, en Europa se aprecia un descenso continuo durante los últimos años. América y Oceanía se mantienen estables sobre el total mundial.

Los datos analizados sobre los sacerdotes de todos los distritos eclesiásticos del mundo católico, tanto diocesanos como religiosos revelan un descenso de los mismos. Al cierre de 2020 había 410.219 sacerdotes en el mundo, 4.117 sacerdotes menos que el año anterior. Solo en África y Asia se registraron aumentos significativos de sacerdotes, aportando conjuntamente al mundo durante el bienio analizado un total de más de 1.782 sacerdotes.

Podemos observar un claro desequilibrio entre la cantidad de católicos y de sacerdotes en el mundo que se traduce en una carga pastoral global muy elevada.

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Respecto a los seminaristas

Los candidatos al sacerdocio pasaron en el mundo de 114.058 seminaristas en 2019 a 111.855 en 2020. La tendencia de los seminaristas mayores observada en el total mundial, entre 2019 y 2020, afecta a todos los continentes, con la excepción de África, donde los seminaristas aumentaron un 2,8%. De 32.721 a 33.628 seminaristas.

Los descensos de vocaciones sacerdotales son significativos sobre todo en Europa (-4,3%,) aunque también se pueden apreciar en América (-4,2%) y Asia (-3,5%.)

La distribución porcentual de los seminaristas por continente muestra ligeros cambios a lo largo del periodo de dos años. África y Asia contribuyeron con el 58,3% del total mundial en 2019 y en 2020 su cuota sube al 59,3%. Oceanía revela un cierto ajuste negativo. América y Europa en su conjunto ven disminuir su cuota. Los seminaristas americanos y europeos suponían casi el 41% del total, mientras que un año después bajan al 39,9%.

El nacimiento de las vocaciones sacerdotales en África y Asia es un hecho constante registrado en los últimos años. Estos futuros sacerdotes apoyarán y fortalecerán a las Iglesias europeas y americanas. Estos datos nos ayudan a hacernos una idea real sobre la responsabilidad que como católicos tenemos en la importancia de cuidar con sumo esmero cada nueva vocación. Apoyando a las diócesis en la formación de seminaristas, más aun la que surge en los continentes más desfavorecidos.


Bibliografía:

- Anuario Pontificio 2022 y Annuarium Statisticum Ecclesiae 2020