Purgatorio: ¿qué es y cuál es su origen y significado?

¿Qué es el Purgatorio?

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, pasan después de su muerte por una purificación, para obtener la santidad necesaria y entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados, aunque está segura de su eterna salvación.

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos y de eventuales indulgencias plenarias de las que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado". 2 M 12, 46

El Papa Benedicto XVI, explicaba en 2011 que el purgatorio es un estado temporal que la persona atraviesa tras la muerte mientras expía sus pecados. El purgatorio nunca es eterno, la doctrina de la Iglesia indica que todas las almas, logran acceder al Cielo.

«El purgatorio no es un elemento de las entrañas de la Tierra, no es un fuego exterior, sino interno. Es el fuego que purifica las almas en el camino de la plena unión con Dios", afirmó el Papa». Papa Benedicto XVI en la audiencia pública de los miércoles en 2011.

¿Cuáles son los orígenes del Purgatorio?

El origen etimológico del término purgatorio viene del Latín ”purgatorium”, que puede traducirse como “que purifica” y que deriva, a su vez, del verbo “purgare”, equivalente a limpiar o purificar. Y aunque la palabra Purgatorio no aparezca literalmente en la Biblia, sí aparece su concepto.

Santa Catalina habló del Purgatorio

Este mismo día el Santo Padre, resalto la figura de santa Catalina de Génova (1447-1510), conocida por su visión sobre el purgatorio. La santa no parte del más allá para contar los tormentos del purgatorio e indicar después el camino de la purificación o la conversión, sino que parte de la "experiencia interior del hombre en su camino hacia la eternidad".

Benedicto XVI añadió que el alma se presenta ante Dios aún ligada a los deseos y a la pena que derivan del pecado y que eso le imposibilita gozar de la visión de Dios y que es el amor de Dios por los hombres el que la purifica de las escorias del pecado.

Jesús habló del Purgatorio

En el sermón de la montaña nuestro Jesús les muestra a quien lo escucha, lo que nos espera después de la muerte como consecuencia de sus acciones en vida. Comienza con las bienaventuranzas. Avisa a los fariseos que no entrarán al Reino de los cielos y finalmente menciona las palabras recogidas en el Evangelio de Mateo:

"Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan a la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo". Mateo 5, 25-26.

San Pablo habló del Purgatorio

En su primera carta a los Corintios, san Pablo habla sobre el juicio personal de los que tiene fe en Jesucristo y su doctrina. Son personas que alcanzaron la salvación, pero deben pasar por el fuego para que sus obras sean probadas. Algunas obras serán tan buenas que recibirán inmediata recompensa; en cambio, otros “sufrirán el daño”, pero igual “quedarán salvos”. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios:

"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquel cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego". 1 Corintios 3, 11-15

En el siglo XVIII, por devoción a los difuntos, los vecinos de Santiago de Compostela construyeron la capilla de As Ánimas. Su construcción fue sufragada  por los propios vecinos, con sus limosnas y donaciones. Un templo para aliviar las penas de las ánimas del Purgatorio con planos del arquitecto Miguel Ferro Caaveiro y dirección de obra del maestro de obras Juan López Freire.

"El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El". San Josemaría Escrivá de Balaguer, Surco, 889.

Muchas son las razones para creer en el Purgatorio

Velas para los difuntos: significado profundo

La tradición de encender velas para los difuntos en la casa es una posible forma de mantener vivo su recuerdo. La luz representa también la unión de los vivos y los difuntos. La Fe es el mejor refugio para quienes tienen que pasar por el proceso de superar el duelo de una pérdida de cualquier tipo y particularidad. Y la vela encendida simboliza a Jesús como Luz del Mundo. Luz de la que queremos participar y ofrecer también a Dios.

Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la luz verdadera” y “Vosotros sois la luz del mundo… Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos", Mt 5,16.

¿Cuándo se deben prender las velas para los difuntos?

En los orígenes de la cristiandad se encendían velas o lámparas de aceite en las tumbas de los santos difuntos, particularmente de los mártires, utilizando el simbolismo de la luz como representación de Jesucristo. “En él estaba la vida; y la vida era la luz de los hombres”, Juan 1,4.

Es por ello que hoy en día acostumbramos a encender velas para los difuntos, poniendo en las manos de Dios la oración que ofrecemos con fe. Simboliza también el deseo de quedarnos allí, con ellos, junto a Dios, orando e intercediendo por nuestras necesidades y por las de todo el mundo, dando gracias, alabando y adorando a Jesús. Porque donde hay Dios ya no puede haber oscuridad.

Existe una dimensión íntima, relacionada con encender velas a nuestros difuntos, algo que concierne a de cada uno y a su diálogo silencioso con Dios. Esta vela encendida se convierte en el símbolo del fuego divino que arde en cada uno de nosotros, que nos convierte en parte integral de esa luz de la que Jesús es símbolo, pero de la cual todos nosotros, como cristianos, somos parte.

«Con la luz de la fe, suplicamos a la Santísima Virgen María que rece con nosotros. Y que interceda ante Dios por nuestras plegarias».

velas para difuntos
Velas para los difuntos

El significado cristiano de encender velas para los difuntos y otras velas

Las velas litúrgicas están vinculadas a la firme creencia de Jesucristo como “luz que ilumina a el mundo”. “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, Juan 8,12.

Encender velas, significa, en este caso, conocimiento de Dios que es guía en la oscuridad y que a través de su Hijo que desciende sobre nosotros, nos abre los ojos y nos hace dignos de su presencia, de su consideración.

Es por ello que, en la Iglesia Católica, además de las velas para los difuntos, las velas se colocan en el altar y cerca del tabernáculo. Son acompañantes de las celebraciones y se usan en casi todos los sacramentos, desde el Bautismo hasta la Extrema Unción, exceptuando el sacramento de la Reconciliación como elementos simbólicos irremplazables.

El cirio pascual

Se enciende durante la Vigilia Pascual, la Santa Misa celebrada el Sábado Santo, después del atardecer y antes del amanecer del Domingo de Pascua, para celebrar la resurrección de Jesús. Luego se deja en el altar durante todo el tiempo de Pascua y se apaga en Pentecostés.

Se enciende como un signo de la luz resucitada de Cristo, que vuelve de entre los muertos para iluminar el camino de sus hijos y ofreciéndose por su salvación.

Vela bautismal

Durante el Bautismo, el sacerdote presenta una vela, que se encendió con el cirio pascual.

La vela blanca en el sacramento del Bautismo es un símbolo que representa la guía en el camino de encuentro con Cristo que a su vez es luz de nuestras vidas y luz del mundo. También simboliza la resurrección de Cristo.

Velas votivas

Proviene del latín votum, que significa promesa, compromiso o simplemente plegaria.

Son las velas similares a la velas para difuntos. Son encendidas por los fieles frente a un altar, un crucifijo, una imagen de la Virgen María o de un santo. Tienen un significado preciso: expresa el deseo de confiar nuestras palabras y nuestros pensamientos. Estas velas encendidas son comunes en la mayoría de las iglesias. Sirven para una ofrenda, una intención en particular y van acompañadas de un tiempo de oración personal.

Vela del Tabernáculo

La luz que ilumina el Tabernáculo, indicando la presencia del Cuerpo de Cristo es fácilmente reconocible para cualquier cristiano que entre en una Iglesia.

Actualmente, en muchos lugares es una lámpara, no una vela, pero aun así es una de las más importantes y preciosas: la llama ardiente que simboliza a Jesús y la fe de aquellos que le aman. Luz inagotable que permanece encendida incluso cuando abandonamos la iglesia.

Velas de Adviento

La corona de Adviento, costumbre europea, comenzó a mediados del siglo XIX, para marcar las semanas que faltan hasta Navidad.

Se compone de una corona de ramas de hoja perenne entrelazadas entre sí, sosteniendo cuatro velas. Cada domingo de Adviento se enciende una vela y se hace una oración acompañada de una lectura de la Biblia y se puede cantar un villancico.

Las velas de altar

Se utilizan durante la Santa Misa desde al menos el siglo XII. Estas velas nos recuerdan a los cristianos perseguidos en los primeros siglos que secretamente celebraron la Misa en la noche o en las catacumbas a la luz de las velas.

También se pueden usar en las procesiones de entrada y finalización de la Misa. Se llevan a donde se lee el Evangelio como una señal de gozo triunfante en la presencia de las palabras de Cristo.

Durante la Vigilia Pascual, cuando el diácono o el sacerdote entra en la iglesia oscura con el cirio pascual, recita o canta Luz de Cristo, a lo que los fieles responden: Demos gracias a Dios. Este canto nos recuerda cómo Jesús llegó a nuestro mundo de pecado y muerte para traernos la luz de Dios.

Encender velas para los difuntos

Esta antigua costumbre de encender velas para los difuntos era ya practicada por los romanos, incluso antes por los etruscos y, aún más atrás, por los egipcios y los griegos, que usaban velas para los difuntos en los ritos funerarios, En la religión cristiana, visitar la tumba de un ser querido, llevarle flores, encender velas para difuntos y detenerse a rezar, es algo reconfortante y consolador.

Porque las velas para los difuntos son centinelas palpitantes, pequeños fragmentos de luz que dibujan el camino hacia la paz para nuestros seres queridos difuntos, por ello es una buena costumbre encender velas para los difuntos y dejarlas en las lápidas para que iluminen la noche de los cementerios. En la luz de las vela para los difuntos que se consume, alimentándose de su propia cera, reconocemos la vida humana que se apaga lentamente.

La ofrenda que dejamos al encender velas para los difuntos, es un sacrificio que acompaña nuestra oración con hechos y hace que nuestra intención de Fe sea tangible. Protección, por lo tanto, y guía, estas son las funciones principales de encender velas para los difuntos luto. Que cada año es costumbre volver a encender, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, y el día 2, de los difuntos o día de los muertos.

Días para encender velas según color

Además de las velas para difuntos, las velas tienen un papel importante en la bendición de cenizas y palmas de Domingo de Ramos. También en los sacramentos, la consagración de iglesias y cementerios y la misa de un sacerdote recién ordenado. Por color y por día, las velas nos pueden ayudar a mejorar y estimular los momentos de oración.

Estas velas que encendamos, pueden ser bendecidas por un sacerdote para ayudarnos a orar por los enfermos y ponernos en manos de Dios.

Velas blancas

En el siglo II, fueron los romanos quienes decidieron que el color oficial del luto fuese el blanco, por lo que las velas para difuntos eras blancas. Un color reconocido por las reinas europeas hasta el siglo XVI. Un luto blanco nos recuerda la palidez de la muerte y lo frágiles que somos ante ella, reafirmando la pureza de nuestra alma.

Para simbolizar el tiempo de especial espera y preparación, por ejemplo, podemos encender las velas blancas de la corona de Adviento, durante la cena de Navidad. Mientras podemos realizar oración en familia pidiendo que el Niño Jesús nazca en el corazón de cada uno de sus integrantes.

Es blanca también, la vela pascual. Quizás la más reconocible por su tamaño y apariencia, ya que puede medir más de un metro de alto y tiene diseños coloridos.

Velas rojas

En el Antiguo Egipto, el color rojo se consideraba símbolo de la ira y del fuego. También se asociaba con el desierto, lugar que guarda relación con la muerte. En la Antigua Roma, se asociaba con el color de la sangre derramada e iba unido, tanto con el luto, como con la muerte.

Por ejemplo, encender las velas rojas, rosas o burdeos en la corona de adviento representan nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve. Corresponden al tercer domingo de Adviento, y su significado es de alegría y gozo, porque ya está cerca el nacimiento de Jesús.

Velas negras

Los Reyes Católicos dictaron, en el 1502, que el negro fuera el color oficial del luto. Todo esto queda recogido en la “Pragmática de Luto y Cera”, un protocolo escrito sobre cómo se debía llevar el luto en aquella época.

1. ¿Cuál es el significado de encender velas para los difuntos?

Simboliza a Jesús como la "Luz del Mundo". Además, mantiene vivo el recuerdo del difunto, representa la unión entre los vivos y los muertos, y es una ofrenda tangible de fe y oración a Dios.

2. ¿Cuál es el origen de encender velas a los muertos?

Proviene de ritos funerarios antiguos de egipcios, griegos, etruscos y romanos. Los primeros cristianos lo adoptaron encendiendo velas en tumbas de santos y mártires para representar la luz de Cristo.

3. ¿Qué días es tradición encender velas para los difuntos? 

La principal tradición es encenderlas y dejarlas en las lápidas de los cementerios el 1 de noviembre (Día de Todos los Santos) y el 2 de noviembre (Día de los Fieles Difuntos).

4. ¿Qué significan los colores de las velas de luto (blanco y negro)?

Blancas: Establecidas como luto por los romanos en el siglo II, recuerdan la palidez de la muerte y reafirman la pureza del alma.
Negras: Se convirtieron en el luto oficial en 1502 por dictamen de los Reyes Católicos en la “Pragmática de Luto y Cera”.

5. ¿Qué son las velas votivas? 

Su nombre viene del latín votum (promesa o plegaria). Son velas que los fieles encienden ante un altar o imagen sagrada para ofrecer una intención particular y acompañar su oración personal.

6. ¿Qué otros tipos de velas litúrgicas existen en la Iglesia Católica? 

Destacan el Cirio Pascual (celebra la resurrección), la Vela Bautismal (guía en el camino a Cristo), la del Tabernáculo (indica la presencia del Cuerpo de Cristo), las de Altar (recuerdan las misas de los primeros cristianos en catacumbas) y las de Adviento.

7. ¿Qué color de vela se recomienda encender según el día de la semana?

Para estimular los momentos de oración, se sugiere el siguiente orden: Lunes (blanco), Martes (rojo), Miércoles (amarillo), Jueves (lila o violeta), Viernes (rosa), Sábado (verde) y Domingo (naranja).

¿Qué celebramos el Día de Todos los Santos?

El 1 de noviembre los cristianos celebramos el Día de Todos los Santos. En este día la Iglesia recuerda a todos aquellos difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

Día de Todos los Santos, solemnidad cristiana

El Día de Todos los Santos, 1 de noviembre, miramos hacia el cielo. Es el día en el que se homenajea a todos los santos, conocidos y desconocidos. A los que están en los altares y a tantos y tantos cristianos que después de una vida según el evangelio participan de la felicidad eterna del cielo. Son nuestros intercesores y nuestros modelos de vida cristiana.

«La santidad es el rostro más bello de la Iglesia» escribe el papa Francisco en «Gaudete et exsultate», su exhortación apostólica sobre la llamada a la santidad en el mundo actual (marzo 2018).

El Papa nos recuerda que esta llamada va dirigida a cada uno de nosotros. El Señor se dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1P 1,16). 

El 1 de noviembre recordamos a cada uno de los que dijeron sí a esta llamada. Por eso el día de todos los santos no se festeja solo en honor a los beatos o santos que están en la lista de los canonizados y por los que la Iglesia celebra en un día especial del año; se celebra también en honor a todos los que no están canonizados, pero viven ya en la presencia de Dios. Estas almas ya se consideran santas porque están bajo la presencia de Dios.

Día de todos los santos
Todos los Santos, pintado por Fra Angélico. Pintor italiano que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.

Historia del Día de Todos los Santos

Esta celebración tuvo sus orígenes en el siglo IV debido a la gran cantidad de mártires de la iglesia. Más adelante el 13 de mayo del año 610 el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón romano al culto cristiano. Es así que se les empieza a festejar en esta fecha. Posteriormente el Papa Gregorio IV, en el siglo VII, trasladó la fiesta al 1 de noviembre.

Los santos canonizados oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, que ya están gozando de Dios en el cielo. A estos, a los santos no canonizados está especialmente dedicada esta fiesta. La iglesia busca reconocer la labor de los santos desconocidos que arriesgaron su vida por la justicia y la libertad de forma anónima.

Diferencia entre el Día de Todos los Santos y de Fieles Difuntos

El Papa Francisco explicaba de una forma muy clara la diferencia entre el Día de Todos los Santos y el Día de los fieles Difuntos:

«El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos. El 2 de noviembre la conmemoración de los Fieles Difuntos. Estas dos celebraciones están íntimamente unidas entre sí, como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza.

En efecto, por una parte la Iglesia, peregrina en la historia, se alegra por la intercesión de los santos y los beatos que la sostienen en la misión de anunciar el Evangelio; por otra, ella, como Jesús, comparte el llanto de quien sufre la separación de sus seres queridos, y como Él y gracias a Él, hace resonar su acción de gracias al Padre que nos ha liberado del dominio del pecado y de la muerte»

«Hay muchos cristianos maravillosamente santos, hay muchas madres de familia maravillosamente, encantadoramente santas; hay muchos padres de familia estupendos. Ocuparán en el cielo lugares de maravilla». San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Día de Todos los Santos

El 1 de noviembre la iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos. Fiesta instituida en honor a todos y cada uno de los santos, conocidos o desconocidos, por su gran labor de difundir el mensaje de Dios. Muchas personas asisten hoy a una Misa especial en su honor.

Este día de la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos pide una mirada al cielo, que es nuestra futura patria. Se recuerda a todos aquellos que ya están ante la presencia de Dios y que no son recordados como los santos canonizados. Y es que hay millones que ya han llegado a la presencia de Dios. Muy seguro una mayoría no llegaron de forma directa, quizá pasaron por el purgatorio, pero al final lograron estar ante la presencia de Dios.

Como comentario de la Solemnidad de Todos los Santos. "Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos". Nacimos para no morir nunca más, ¡nacimos para disfrutar de la felicidad de Dios! El Señor nos anima y quiere que tomemos el camino de las Bienaventuranzas para ser felices.

Día de los Fieles Difuntos

El 2 de noviembre es el Día de los Fieles Difuntos. Aunque pareciera que es la misma, dista mucho de serla. Primero hay que tener presente que la celebración de los muertos viene a ser una tradición cultural donde se recuerda a los que ya murieron, y se dedican altares donde colocan fotos, flores y la comida que tanto gustaba en vida la persona recordada. Esta tradición según los historiadores se da principalmente en México 1.800 años antes de Cristo.

Este día la Iglesia nos invita a rezar por todos aquellos que ya murieron pero que muy posiblemente no han alcanzado el gozo eterno. Quizá estén en el purgatorio y necesitan de nuestras oraciones, por eso hay que recordarlos en la Santa Misa de difuntos  y rezar en todo momento por su eterno descanso.

Tú puedes ser santo

Todos los bautizados están llamados a seguir a Jesucristo, a vivir y a dar a conocer el Evangelio. 

La finalidad del Opus Dei es contribuir a esa misión evangelizadora de la Iglesia Católica, promoviendo entre fieles cristianos de toda condición una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia y especialmente a través de la santificación del trabajo.


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¡Halloween! ¿Brujas? Algo mucho mejor

En el Día de Todos los Santos nos alegramos y tratamos a los que murieron en gracia de Dios y ya están en el cielo. El Día de Todos los Difuntos rezamos por los que todavía están en el purgatorio, para que, purificados cuanto antes, gocen de la gloria celestial. Y en Halloween no celebramos nada.

Halloween, celebraciones para reflexionar

Ambas celebraciones nos invita a pensar en el misterio de la muerte que Jesús mismo quiso asumir para que nosotros pudiéramos vencerla.

Además nos debe hacer reflexionar en el destino final de nuestras vidas: lograr la felicidad definitiva para la que nos has hecho (cielo), el fracaso real del infierno, o la 'repesca' del purgatorio una vez debidamente purificados. Ahí no caben brujas ni celebraciones consumistas como Halloween que vienen importadas de los Estados Unidos. Celebramos la vida, no la muerte.

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La Comunión de los Santos

Y, en el fondo de esta celebración, está la fe en la comunión de los santos que confesamos al final del Credo.

«Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros… Es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza…

Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia» (Santo Tomás, symb. 10) (Catecismo, 947).

Nunca estamos solos, Jesucristo y todos nuestros hermanos en la fe nos acompañan y apoyan.

En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, la fracción del pan y las oraciones (Hch 2, 42).

Comunión en la fe: La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte (Catecismo, 949).

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que compartían todas las cosas (Hch 4,32).

Pintura de Caravaggio que representa a Santo Tomás metiendo su dedo en la herida de Cristo, rodeado por otros apóstoles.
La incredulidad de Santo Tomás" (c. 1601-1602) de Caravaggio, una obra maestra que captura el momento bíblico de la duda.

Caridad en el cuerpo místico de Cristo

Comunión de la caridad: En la “comunión de los santos” ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo (Rm 14, 7).

Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte (1Co 12,26-27).

El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos.

"Existe una comunión de vida entre nosotros los que creemos en Cristo y nos hemos incorporado a Él por el Bautismo. La relación entre Jesús y el Padre es el modelo de este fuego de amor.

Y la “comunión de los santos” es una gran familia. Todos nosotros somos familia, una familia donde todos procuramos ayudarnos y sostenernos entre nosotros". Catequesis del papa Francisco.

Intercesión de los santos

Contemos también con la intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre.

Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (Vaticano II, Lumen gentium 49).

Algunos santos, cercano el momento de su muerte, eran conscientes del gran bien que podían seguir haciendo desde el Cielo: “No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida" (Santo Domingo de Guzmán, moribundo, a sus hermanos, cf. Jordán de Sajonia, lib 43).

“Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra” (Santa Teresa del Niño Jesús, verba) (cf. Catecismo 956).

Invoquemos en especial a María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. Que ella, la toda santa, nos haga fieles discípulos de su hijo Jesucristo, y que se lleve cuanto antes al Cielo a los difuntos que estén en el purgatorio. Amén.

¿Dónde cabe una celebración de muerte y no de vida, de brujas? Sin duda en nuestras vidas, poco sentido tiene Halloween, o como quieran llamarlo en cada latitud. Nosotros somos de santos y de rezar por nuestros difuntos.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra.
Facultad de Teología. Profesor de Sagrada Escritura.


San Pablo VI y san Josemaría Escrivá

No podemos olvidar que nuestra Facultad fue erigida como tal en 1969, durante su Pontificado. Tal reconocimiento a la tarea iniciada unos años antes con el aliento de san Josemaría Escrivá de Balaguer se enmarca en el impulso teológico que san Pablo VI quiso imprimir en la Iglesia en los años que siguieron a la conclusión del Concilio Vaticano II.

En octubre de 1999 tuve ocasión de preparar unas palabras de bienvenida a los participantes en unas Jornadas de Estudio sobre “El hombre moderno a la búsqueda de Dios, según el Magisterio de Pablo VI” que se celebraron en Pamplona. En aquella ocasión quise evocar con agradecimiento el recuerdo de algunos testimonios acerca de Pablo VI que por diversos motivos tienen relación con esta Facultad de Teología, y son por ello particularmente entrañables para quienes trabajamos aquí.

Hoy, veinte años después, pienso que la canonización realizada por el Papa Francisco es un buen motivo para recordarlos de nuevo.

Antes de ser Pablo VI: Juan Bautista Montini

Comencemos por un detalle, meramente anecdótico pero significativo, que hace referencia a las primeras ocasiones en que un profesor de nuestra Facultad fue recibido personalmente por Pablo VI, aunque por la fecha en que tuvieron lugar aquellos encuentros, 1943, el profesor Orlandis —Catedrático de la Universidad de Murcia y joven investigador— todavía no era profesor de esta Facultad, y Juan Bautista Montini aún no era Pablo VI.

Una de las veces en que habían quedado citados, la audiencia anterior se prolongó un poco más de lo habitual y el ujier encargado de introducir las visitas al despacho de Mons. Montini se creyó en el deber de dar conversación a D. José Orlandis para amenizar la espera.

«En la charla surgió, como una confidencia –recuerda el prof. Orlandis–, la opinión que le merecía Montini y la imagen que presentaba ante sus ojos, tan habituado a contemplarle tan de cerca. La definición, dicha en lenguaje popular de un viejo romano me hizo tal gracia –sigue diciendo Orlandis– que nunca pude olvidarla: "Monsignore è proprio un santo: lavora sempre, quasi non dorme e mangia come un uccelletto!».

Esta definición, un tanto singular en su forma, no deja de ser un testimonio expresivo de la capacidad de trabajo y el afecto que Juan Bautista Montini suscitaba en quienes eran testigos de su labor cotidiana.

Años después

Con motivo de otro encuentro, el 21 de enero de 1945, el profesor Orlandis regaló al futuro Pablo VI un ejemplar de Camino, que san Josemaría Escrivá de Balaguer le había hecho llegar a Roma unos días antes. Pues bien, aquel libro no quedaría abandonado en los estantes de una biblioteca, sino que también tendría su historia que hemos podido conocer muchos años más tarde.

Pablo VI me habló del Padre con admiración y me dijo que estaba convencido de que había sido un santo. Me confirmó que desde muchos años antes leía Camino a diario y que le hacía un gran bien a su alma

Fotografía tomada durante la audiencia de san Josemaría con Pablo VI el 24 de enero de 1964

En una audiencia

Concedida por Pablo VI al Beato Álvaro del Portillo treinta años después, esto es, en 1975, poco después del fallecimiento de san Josemaría, habló a su sucesor al frente del Opus Dei de aquel libro que aún conservaba con esmero.

Así recordaba Mons. del Portillo aquella conversación: «Pablo VI me habló del Padre con admiración y me dijo que estaba convencido de que había sido un santo. Me confirmó que desde muchos años antes leía Camino a diario y que le hacía un gran bien a su alma» (Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 18).

El afecto de san Pablo VI por san Josemaría se había manifestado ya desde que tuvo las primeras referencias acerca de su persona y de la labor apostólica que desarrollaba, y quedó plasmado en detalles tan entrañables dentro de su sencillez como el hecho que Mons. Montini pagó de su propio bolsillo los gastos para la concesión del nombramiento de Prelado Doméstico de Su Santidad que el Beato Álvaro del Portillo había solicitado para san Josemaría Escrivá (Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 18).

Monseñor Montini y Josemaría Escrivá tuvieron oportunidad de encontrarse por primera vez en 1946 con motivo del primer viaje a Roma del fundador del Opus Dei. San Josemaría recordó toda su vida, y lo manifestó repetidamente, que Mons. Montini fue la primera mano amiga que encontró en su llegada a Roma, y siempre le tuvo un cordial afecto.

24 de enero de 1964

Cuando Josemaría Escrivá fue recibido en audiencia por Pablo VI le causó una honda impresión contemplar en el Santo Padre el rostro amable que había encontrado en los despachos del Vaticano en su primer viaje a Roma.

Así se lo manifiesta con sencillez en la carta que le dirigió unos días después de esa entrevista: «Me parecía estar viendo de nuevo la amable sonrisa, y volviendo a escuchar las benévolas palabras de ánimo –fueron las primeras que escuché en el Vaticano– de S. E. Mons. Montini, en el ya lejano 1946: ¡pero ahora era Pedro quien sonreía, quien hablaba, quien bendecía!» (Carta 14.II.1964. El texto de la misma puede encontrarse en A. de Fuenmayor - V. Gómez Iglesias - J. L. Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei, p. 574).

Son recuerdos sencillos de la historia reciente que testimonian la categoría humana.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra.
Profesor de Sagrada Escritura de la Facultad de Teología.

Carlo Acutis, un santo adolescente: la historia del patrono de Internet

Carlo Acutis, un joven muy peculiar

La historia de Carlo Acutis es extraordinaria. Nacido el 3 de mayo de 1991 en el seno de una familia acomodada en Londres –porque sus dos padres italianos trabajaban allí–, murió el 12 de octubre de 2006, de forma muy rápida por una leucemia fulminante.

Genio de la computadora, pero también un chico especialmente devoto, pese a que su familia no lo era –su madre contó que sólo había ido a misa para su comunión, su confirmación y su matrimonio–, Carlo no sólo vivió cristianamente, sino que usó las redes para crear una muestra virtual de los milagros de la eucaristía en el mundo. Además, siempre gracias a su computadora, en la que solía entretenerse con videojuegos, como todos los chicos, elaboró un esquema del rosario que incluía los misterios de la luz.

Después de haber vivido un breve período en Londres, donde tenía una niñera polaca, Beata, gran admiradora de Juan Pablo II , que lo acercó a la Iglesia católica, se mudó junto a su familia a Milán. Allí fue primero a un colegio católico y poco antes de morir, a un secundario gestionado por los jesuitas.

Desde que recibió la primera comunión, a los 7 años –antes de tiempo porque así lo reclamaba–, Carlo nunca se perdía su cita cotidiana con la Misa. Rezaba todo el tiempo, se confesaba y le pedía a sus padres que lo llevaran en peregrinación a lugares de santos y a sitios de milagros de la eucaristía, que definía «una autopista hacia el Cielo».

Como su familia también tenía casa en Asís, Carlo solía pasar mucho tiempo en la ciudad de San Francisco, el patrono de Italia del que tomó el nombre el Papa argentino. Tanto le gustaba Asís a Carlo, que antes de morir expresó su deseo de ser sepultado allí.

Carlo Acutis un adolescente de nuestro tiempo

«Carlo no fue un franciscano. Fue, simplemente, un adolescente de nuestro tiempo, enamorado de Jesús –y especialmente de la Eucaristía– y devotísimo de María, especialmente en la práctica del rosario. Pero en Asís respiró el carisma de San Francisco», escribió el obispo de Asís, Domenico Sorrentino, en un libro titulado Originales, no fotocopias, una frase que se le adjudica a Carlo, un chico que seguramente nadaba en contra de la corriente. Vivía en forma simple, se enojaba si su mamá le compraba un segundo par de zapatillas o ropa de marca y solía a ayudar en un comedor para pobres de Milán.

El milagro en Brasil

Su causa de beatificación comenzó en 2013. En julio de 2018 el papa Francisco lo declaró venerable, título que la Iglesia católica le concede a quien, por la práctica de las virtudes ejercidas en vida, es considerado digno de ser venerado por los fieles. A Carlo se le atribuyó luego un milagro por su intercesión, paso indispensable para ser beatificado. Este se registró en Brasil, en el séptimo aniversario de su muerte, el 12 de octubre de 2013, en Campo Grande, capital del Estado de Mato Grosso del Sur.

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El cardenal Agostino Vallini junto a Andrea Acutis, el padre de Carlo, adolescente italiano que murió a los 15 años de leucemia mieloide aguda, fue beatificado en una ceremonia en Asís.

Allí, un niño de 6 años se curó inexplicablemente de una grave anomalía que padecía desde su nacimiento en el páncreas. «Padre Marcelo Renório invitó a los parroquianos a rezar una novena y apoyó un pedazo de camiseta de Carlo sobre el pequeño paciente, que al día siguiente empezó a comer y cuyo páncreas repentinamente estaba sano sin que los cirujanos lo hubieran operado», contó su mamá, Antonia Salzano, en una entrevista al Corrierre della Sera, en la que aseguró que ella también recibió de su hijo-beato señales milagrosas.

«Carlo predijo que me volvería nuevamente madre, pese a que estaba por cumplir 40 años. Y en 2010, cuando ya tenía 43, di a luz a dos gemelos, Michele y Francesca», contó, al subrayar, por otro lado, que cuando repentinamente se enfermó, en 2006, Carlo ofreció su sufrimiento al papa Benedicto XVI y a la Iglesia, así como «para ir derecho al paraíso sin pasar por el purgatorio». El beato entonces, que ya ha sido proclamado santo, de hecho, también tenía un gran sentido del humor y vivió con gran serenidad su etapa final.

«Carlo encarna la santidad de los nativos digitales», explicó en su libro el obispo Sorrentino, que aclaró que no era un fanático de las relaciones virtuales y que también fue un gran catequista. Fiel reflejo de esto, el empleado doméstico que trabajaba en su familia, Rajesh, gracias a él decidió convertirse del hinduismo al catolicismo. «Fue Carlo, con su entusiasmo, con sus explicaciones, con sus filmados, que me hizo nacer el deseo de convertirme en cristiano y de bautizarme», testimonió Rajesh en la causa de beatificación.

«Carlo sabía hablar de Jesús y de los sacramentos de un modo que te tocaba el corazón», subrayó el obispo Sorrentino, que en su libro marcó un paralelismo entre este adolescente y San Francisco de Asís, ya que su cuerpo en 2019 fue trasladado desde el cementerio de la ciudad hasta el Santuario de la Expoliación en la iglesia de Santa María Mayor, antigua catedral de Asís. En ese lugar fue donde el joven Francisco se despojó, hasta la desnudez, de todos los bienes del mundo, para darse por entero a Dios y a los demás.

relicario corazón de carlo acutis

El cuerpo de Carlo

Visto que en los últimos días circularon algunas versiones impropias en los medios, Sorrentino hace unos días explicó que no es cierto que el cuerpo del futuro beato fue hallado incorrupto. «En el momento de la exhumación del cementerio de Asís, ocurrida el 23 de enero de 2019, en vista de la traslación al santuario, fue encontrado en el normal estado de transformación propio de la condición cadavérica», indicó.

«No obstante, no habiendo pasado muchos años de la sepultura el cuerpo, aún transformado, pero con las diversas partes aún en su conexión anatómica, fue tratado con esas técnicas de conservación y de integración que suelen practicarse para exponer con dignidad a la veneración de los fieles los cuerpos de los beatos y de los santos», precisó.

Se trató de una operación que se hizo «con arte y amor», resaltó el obispo Sorrentino, que mencionó la «especialmente bien lograda reconstrucción del rostro a través de una máscara de silicona». El prelado también detalló que gracias a un tratamiento especial fue posible recuperar la reliquia preciosa del corazón, que será utilizada este sábado, día de la beatificación.

En Christus vivit (Cristo Vive), la exhortación apostólica que escribió a los jóvenes después del sínodo dedicado a ellos, de marzo del año pasado, el papa Francisco mencionó especialmente a Carlo Acutis. «Es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven venerable Carlo Acutis», escribió en el párrafo 104.

carlo acutis tumba

«Él sabía muy bien que esos mecanismos de la comunicación, de la publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo y de las novedades que podemos comprar, obsesionados por el tiempo libre, encerrados en la negatividad. Pero él fue capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza», siguió.

Acutis falleció el 12 de octubre de 2006 (fiesta de la Virgen del Pilar en España y Latinoamérica) y llegó a los altares con su beatificación el 10 de octubre de 2020. 


Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia y el Vaticano de La Nación. Licenciada en Ciencias Políticas con especialización en Relaciones Internacionales.

Publicado originalmente en La Nación.