Mayo es el mes de la Virgen María: conoce por qué

La Iglesia concede este mes a María para conocerla y amarla más. En Europa, mayo es el mes de las flores, de la primavera.  Este es un mes ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza de la naturaleza. Precisamente por esto, todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.

"De una manera espontánea, natural, surge en nosotros el deseo de tratar a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra. De tratarla como se trata a una persona viva: porque sobre Ella no ha triunfado la muerte, sino que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, junto al Espíritu Santo. Para comprender el papel que María desempeña en la vida cristiana, para sentirnos atraídos hacia Ella, para buscar su amable compañía con filial afecto, no hacen falta grandes disquisiciones, aunque el misterio de la Maternidad divina tiene una riqueza de contenido sobre el que nunca reflexionaremos bastante."
Es Cristo que pasa, 142

María, signo del amor de Dios. ¿por qué mayo es el mes de la virgen?

Esta costumbre cristiana lleva dos siglos en vigor y coincide con el comienzo de la primavera y el fin del invierno. El "triunfo de la vida" que simboliza la primavera es uno de los motivos por los que se sitúa en mayo el mes de la Virgen, Madre de la Vida, de Jesús. Esa belleza de la naturaleza también nos habla de María, de su belleza interior y de su virtud.

En la antigua Grecia, el mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los ludi florals o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión.

Posteriormente, en la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera.

Antes del siglo XII se celebraba la fiesta de "La devoción de los treinta días a María" o Tricesimum, que tenía lugar entre la segunda quincena de agosto y los primeros 14 días de septiembre.

La idea del mes de mayo, mes de María se remonta al tiempo barroco o siglo XVII. Este incluía treinta ejercicios espirituales diarios en honor a la Madre de Dios. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes.

Festejar este mes de mayo es más que una tradición cristiana, es un homenaje y una acción de gracias hacia quien es Nuestra Madre. Se le pueden ofrecer muchas y variados detalles. Entre los más comunes están, la oración en familia, el rezo del Rosario, las ofrendas florales y la meditación de sus dogmas.

 
 

Mayo mes de la Virgen María: El Fundador del Opus Dei explica cómo puede ser nuestro amor a la Virgen.

La devoción a la Virgen María en el mes de mayo

Las formas en que María es honrada en mayo son tan variadas como las personas y las costumbres de quienes la honran. Es común que las parroquias tengan en mayo un rezo diario del Santo Rosario y muchas erijan un altar especial con una estatua o imagen de María.

Además, se trata de una larga tradición el coronar su estatua, una costumbre conocida como la Coronación de Mayo. A menudo, la corona está hecha de hermosas flores que representan la belleza y la virtud de María y también es un recordatorio a los fieles para esforzarse en imitar sus virtudes. Esta coronación es en algunas áreas una gran celebración y, por lo general, se lleva a cabo fuera de la Misa.

Los altares y coronaciones en este mes no son solo privilegios de la parroquia. En los hogares también se puede participar plenamente en la vida de la Iglesia. Debemos darle un lugar especial a María no porque sea una tradición o por las gracias especiales que se pueden obtener, sino porque María es nuestra Madre, la madre de todo el mundo y porque se preocupa por todos nosotros, intercediendo incluso en los asuntos más pequeños.

¿Cómo se comportan un hijo con su madre?

“¿Cómo se comportan un hijo o una hija normales con su madre? De mil maneras, pero siempre con cariño y con confianza. Con un cariño que discurrirá en cada caso por cauces determinados, nacidos de la vida misma, que no son nunca algo frío, sino costumbres entrañables de hogar, pequeños detalles diarios, que el hijo necesita tener con su madre y que la madre echa de menos si el hijo alguna vez los olvida: un beso o una caricia al salir o al volver a casa, un pequeño obsequio, unas palabras expresivas."

"En nuestras relaciones con Nuestra Madre del Cielo hay también esas normas de piedad filial, que son el cauce de nuestro comportamiento habitual con Ella. Muchos cristianos hacen propia la costumbre antigua del escapulario; o han adquirido el hábito de saludar —no hace falta la palabra, el pensamiento basta— las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles de tantas ciudades; o viven esa oración maravillosa que es el santo rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren, y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor; o acostumbran dedicar a la Señora un día de la semana —precisamente este mismo en que estamos ahora reunidos: el sábado—, ofreciéndole alguna pequeña delicadeza y meditando más especialmente en su maternidad.” San Josemaría. Es Cristo que pasa, 142.

mayo mes de la virgen maría

Manifestar el amor a María

"Hay muchas otras devociones marianas que no es necesario recordar aquí ahora. No tienen por qué estar incorporadas todas a la vida de cada cristiano —crecer en vida sobrenatural es algo muy distinto del mero ir amontonando devociones—, pero debo afirmar al mismo tiempo que no posee la plenitud de la fe quien no vive alguna de ellas, quien no manifiesta de algún modo su amor a María.

"Los que consideran superadas las devociones a la Virgen Santísima, dan señales de que han perdido el hondo sentido cristiano que encierran, de que han olvidado la fuente de donde nacen: la fe en la voluntad salvadora de Dios Padre, el amor a Dios Hijo que se hizo realmente hombre y nació de una mujer, la confianza en Dios Espíritu Santo que nos santifica con su gracia. Es Dios quien nos ha dado a María, y no tenemos derecho a rechazarla, sino que hemos de acudir a Ella con amor y con alegría de hijos. San Josemaría. Es Cristo que pasa, 142

¿Quieres amar a la Virgen? —Pues, ¡trátala! ¿Cómo? —Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.
San Josemaría.

Para aprovechar el mes de mayo

La Santísima Virgen María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.

María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer sencilla; generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida. Todas estas virtudes son ejemplo de vida para nosotros los cristianos, queremos vivir como dignos hijos suyos por eso seguimos su ejemplo.

¿Qué se acostumbra hacer este mes?

Recordar las apariciones de la Virgen. Son muchas y todas muy especiales. La Virgen María entrega su mensaje directamente, todos, están relacionados con el amor que Ella nos tiene a todos nosotros, sus hijos.

Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.

  • Su inmaculada concepción: la Virgen María nació sin pecado original porque iba a ser madre de Cristo.
  • Como vivió su maternidad divina: María es madre de Jesucristo, en la tierra. ¿Cómo era un día en el vida de la Virgen?
  • Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo.
  • La Asunción de la Virgen a los cielos: Ella, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.

Vivir una devoción real y verdadera a María. Mirar a María como a una madre. Hablarle de todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento. Meditar los 7 dolores de la Virgen, esos momentos de la vida de la Virgen María en donde estaba unida a Jesús de un modo particular y que le permitió compartir la profundidad del dolor de su Hijo y el amor de su sacrificio.

Imitar sus virtudes: Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor. Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.

Confiar plenamente en ella: Porque es La Virgen María quien intercede ante Jesús por nuestras dificultades. Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María.

Varias oraciones Marianas

Tratar a María es una buena forma de acercarse a su Hijo. Realizar oración en familia, especialmente las oraciones dedicadas a la Santisima Virgen María.

Los cristianos contamos con bellas oraciones desdicadas a la Virgen María, también son muchas las canciones para honrarla, que nos ayudan a recordar el inmenso amor de nuestra madre a nosotros, sus hijos.

  • Rezar con el corazón, solos o en compañía, el Santo Rosario. Meditando los misterios que recorren muchos de los momentos importantes de María:
    Misterios Gozosos: Lunes y sábados
    Misterios Dolorosos: Martes y viernes
    Misterios Luminosos: Jueves
    Misterios Gloriosos: Domingos y miércoles

Rezar el Ángelus (que se acostumbra a rezar a mediodía),el Regina Coeli o la Consagración a María. Entre otras oraciones. También puedes dedicar una Novena a la Virgen para pedirle un favor especial o darle las gracias.


Bibliografía:

OpusDei.org

9 puntos de educación de la moral cristiana

El Catecismo de la Iglesia Católica explica que la moral cristiana responde a la vocación del hombre: la vida en el espíritu. Ahí se pone de relieve a la vez la alegría y las exigencias que comporta este camino a la vida y a nuestra educación moral.

La educación para la moral cristiana forma parte de la catequesis en su sentido originario como formación de la vida cristiana en todas las edades y no solo para los niños. La moral cristiana tiene unas características que se deducen no solo de la ética o moral racional, sino también específicamente del anuncio de Cristo (kerygma) y del Reino de Dios a través de la misión de la Iglesia (1).

Las características de la educación moral cristiana, según las expone el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1691-1698), pueden resumirse en los siguientes puntos:

Vida nueva en Cristo por el Espíritu Santo

1. La educación de la fe para la vida en Cristo. Esa vida es participación de la vida misma de Dios, gracias al Espíritu Santo, que es "Espíritu de Cristo". La obra de Cristo nos cura y restituye la imagen y semejanza de Dios perdida por el pecado. 

A partir del bautismo, que nos hace abandonar el “hombre viejo” y renacer en Cristo, tenemos la semilla de una vida humana plena –lo que llamamos vida de la gracia–, que tiene sus propias reglas y normas. Por eso la pila bautismal presenta a veces la forma de un útero materno: el bautismo nos hace renacer con Cristo en el seno de la Iglesia.

2. La educación de la moral cristiana destaca, por tanto, el papel del Espíritu Santo, consolador y huésped del alma, luz y origen de sus dones que elevan la naturaleza humana al orden de la gracia. Es realmente una vida nueva en Cristo por el Espíritu Santo, una vida que es participación de la vida divina, una “vida deiforme”.

Para ello el Espíritu Santo otorga sus dones (sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) que abrazan todo nuestro ser, elevando la naturaleza al orden de la gracia. Estos dones producen los “frutos del Espíritu” (“caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Ga 5, 22-23, edición Vulgata, Catecismo de la Iglesia Católica, 1832) y las obras que corresponden a las bienaventuranzas (ver más adelante).

Educación para la vida de la gracia y las bienaventuranzas

3. Como estamos viendo, la educación moral cristiana es educación para la vida de la gracia, y no solo para un comportamiento ético a nivel racional. El horizonte de la vida cristiana es el de la configuración con Cristo, esto es interiormente “hacerse a la forma” de Cristo. En otras palabras, la plenitud de la vida moral es la santidad, en unión con la voluntad de Dios.

Para esto el cristiano “pierde la propia vida” por Jesús, secundando la obra redentora de la Trinidad que se nos da por entero. Todo esto sucede a partir del bautismo, que nos inserta en la dinámica del Espíritu Santo: una dinámica de amor, que lleva a querer ardientemente el bien y no cualquier bien, sino el bien en la perspectiva de la vida de Cristo. La vida de la gracia se desarrolla a partir del bautismo, con los sacramentos, la oración y todo el obrar del cristiano.

4. La educación moral cristiana es también una educación sobre las Bienaventuranzas. El justo (o el santo) es feliz con la felicidad que proviene de adherirse a Dios. El verdadero discípulo es el que escoge libremente este camino de las bienaventuranzas, que son el “rostro de Cristo”.

Son garantía de una felicidad “paradójica”, pues no solo ofrecen la felicidad al hombre, sino que la garantizan para los pobres de espíritu, los mansos y los afligidos, los hambrientos de justicia y los misericordiosos, los hacedores de la paz y los perseguidos por causa de Cristo (cf. Mt 5, 3-11).

Educación sobre el pecado y sobre el perdón

5. La educación moral cristiana es una educación sobre el pecado Educación sobre el pecado y sobre el perdóny sobre el perdón. El pecado es perdición porque supone, desde el corazón del hombre, una ofensa a Dios y al prójimo, al lesionar el orden del amor. Con el pecado vienen las “obras de la carne” (cf. Ga 5, 19-21) que se oponen a los frutos del Espíritu.

Por tanto, el pecado –y todos somos pecadores– necesita de la conversión: acogerse a la misericordia de Dios para alcanzar la salvación, que viene con el perdón de los pecados y la victoria definitiva sobre las consecuencias del pecado que son el dolor y la muerte eterna.

Nadie se salva a sí mismo, por sus propios conocimientos o esfuerzos, ni tampoco puede salvarse el hombre en conjunto con otros hombres sin contar con Dios. Acoger la misericordia de Dios nos hace misericordiosos con los demás.

Educación de las virtudes y del discernimiento

6. La educación moral cristiana es una educación de las virtudes y, con ellas, del discernimiento. Una educación de virtudes va más allá de una educación de valores, pero virtudes, valores y normas deben estar presentes en toda educación ética.

En las virtudes humanas o morales destaca la prudencia, virtud que hace de puente entre las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las teologales (fe, esperanza y caridad).

La prudencia es el fundamento de la conciencia moral (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1776 y 1794). La prudencia permite el discernimiento necesario para saber tomar las opciones adecuadas en la vida. Hace conocer y practicar el bien. La persona prudente no se contenta con que el fin de su obrar sea recto: quiere que sean también rectos los medios y el modo de actuar.

Por eso escoge también concretamente el tiempo y el lugar en que conviene obrar, evitando dar pasos inútiles o falsos. El prudente posee el equilibrio, característica inconfundible de madurez espiritual (2).
Las virtudes teologales capacitan al cristiano para participar, en su mismo obrar, de la vida trinitaria recibida como don.

Así le es posible seguir a Cristo participando de Su propia experiencia vital (“ver” espiritualmente con sus ojos, “sentir” con su corazón, “obrar” con sus actitudes). De esta manera el cristiano puede orientar toda decisión y toda acción a la luz de Dios uno y trino. Y también así las virtudes teologales informan y vivifican las virtudes morales y todo el obrar de cristiano (3).

El doble mandamiento de la caridad

7. En el centro de la educación para la “vida nueva” del cristiano se sitúa “el doble mandamiento de la caridad”, desarrollado en el Decálogo de los Mandamientos. Para Jesús, el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables (cf. Mc 12, 29-31) y van unidos en “el mandamiento nuevo”.

A partir de ahí, el amor ya no es solo un mandamiento, sino respuesta al amor de Dios que nos sale al encuentro. “El amor puede ser mandado porque antes es donado” (4).Más aún, para el cristiano, esa respuesta se integra en la vida de entrega de Jesús, fruto de su amor (cf. Jn 17-26).

Esto significa que la vida moral cristiana es participación del mismo amor de Jesús.  Esto es la caridad, fruto del Espíritu Santo que hace posible lo que parece humanamente imposible: amar como Jesús mismo ha amado (5)

El doble mandamiento de la caridad

8. La educación moral cristiana es una educación para la vida eucarística y su fruto que es una vida eclesial. En la Eucaristía Jesús nos hace suyos y se convierte en nuestro alimento para el camino de la vida hasta su segunda venida y para realizar la misión misma que Él ha recibido del Padre.

Solo con la Eucaristía, centro de todos los sacramentos, somos capaces de llevar adelante lo que se ha dicho hasta ahora: vivir en Cristo por el Espíritu Santo, progresar en la vida de la gracia y en el camino de las bienaventuranzas y de las virtudes, rechazar el pecado y discernir siempre el bien en el obrar, viviendo la caridad con Dios y los demás.

Puesto que la Eucaristía se recibe de la Iglesia y da como fruto nuestro crecimiento en la vida de la Iglesia, la vida moral del cristiano no se desarrolla de modo individual sino en la “comunión de los santos” que es la Iglesia.

Al participar de la vida de Cristo en la Iglesia (su Cuerpo místico), participamos también, cada uno según su vocación concreta, sus dones y sus carismas, en la misión de la Iglesia. La Iglesia es esencialmente misionera, evangelizadora, anunciadora de Cristo y “sacramento de la unidad del género humano”.

Para ello, la Iglesia camina al lado de todas las personas, especialmente de los más pobres y necesitados. Está disponible para todas sus justas exigencias o expectativas. Se preocupa por su bien, dilatando así más allá de todo límite los confines de su caridad.

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Cada cristiano está llamado, personalmente y en unión con los demás cristianos, a participar de esta vida que se entrega en unión con Cristo y por la acción del Espíritu Santo. Con todo su obrar, también en medio de la vida ordinaria, el cristiano está llamado a colaborar en la edificación del misterio de la Iglesia –que es su madre, su cuerpo y su hogar, el santo pueblo de Dios y el templo del Espíritu Santo– y en su misión evangelizadora. Como dice el Documento de Aparecida todos los cristianos somos discípulos misioneros.

9. Como conclusión, en la perspectiva del Catecismo de la Iglesia Católica, la moral cristiana es “vida nueva” en Cristo, “Camino, verdad y vida” (Jn 14, 6), centro y referente primero y último de la educación de la fe.

Para la fe cristiana, la vida plena, verdadera y eterna nace y madura en relación con el “conocimiento amoroso” de Cristo (cf. Jn 17, 3), que es la finalidad de la educación de la fe.

La visión cristiana de la persona (antropología cristiana) permite comprender y vivir la realidad de que cada persona lleva en su propio ser una llamada a realizarse a sí mismo según la imagen de Cristo. Esto significa una tensión a obrar según la verdad y el bien (7) “entrando” libremente en la vida de Cristo y participando de su propia entrega.

Desde su encuentro con Cristo y su progresiva identificación con Él, cada creyente, movido por la acción constante del Espíritu Santo, puede, a través de la propia vida anunciar al mundo la buena noticia de la salvación universal, realizada por el Señor (8).

Por eso la moral cristiana implica “vivir y sentir con la Iglesia y en la Iglesia, lo cual, en no pocas situaciones, también nos llevará a sufrir en la Iglesia y con la Iglesia” (6). Cristo en el centro de la educación moral cristiana.

Responsabilidad por la sociedad y el mundo creado

Este anuncio tiene consecuencias para las estructuras y la dinámica del mundo natural creado, que ha de ser renovado en Cristo con la colaboración de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 19-22 y Ef 5, 9).

De ahí que un cristiano tenga una especial responsabilidad en la promoción de la paz y de la justicia, en el servicio al bien común, en la cultura de la vida y en el cuidado de la Tierra (ecología). Aquí se sitúa la educación de la doctrina social de la Iglesia y más ampliamente de la moral social.

Por tanto, todo lo que se refiere a la familia y al trabajo, la economía y la política, la comunidad humana en todos sus niveles y el medio ambiente entra a formar parte de la moral cristiana no solo por razones éticas, sino también como exigencias propias de la vocación y de la misión del cristiano, llamado a la transformación de la sociedad y del mundo creado como esbozo del Reino de Dios definitivo.

El Catecismo de la Iglesia, al concluir su introducción sobre la educación moral cristiana, recoge un texto de san Juan Eudes (s. XVII) que invita, reza y ruega para que pensemos en Jesús, de modo que podamos pensar mejor en nosotros mismos; para que conozcamos el deseo de Jesús, de manera que podamos desear lo que él quiere; y así podamos decir con el apóstol: “Para mí vivir es Cristo” (Fl 1, 21).

Bibliografía:

(1) Cf. R. Gerardi, La vocazione dell’umo: la vita nello Spirito, en R. Fisichella (a cura di), Nuovo commento teologico-pastorale [al Catecismo de la Iglesia Católica], Città del Vaticano-Milano 2017, pp. 1269-1285.
(2) Cf. Ibid., pp. 1280-1281.
(3) Cf. p. 1282.
(4) p. 1283.
(5) Cf. Ibídem.
(6) Francisco, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (29-VI-2019), n. 9.
(7) Cf. R. Gerardi, La vocazione dell’uomo..., pp. 1284-1285.
(8) Cf. p. 1285. 

Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

Un día en la vida de la Virgen

Dice san Lucas en su Evangelio que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret (cfr. Lc 1, 26), a una virgen llamada María, para anunciarle que iba a ser la madre del Mesías que todos los judíos esperaban, el Salvador.

La Nazaret de la Virgen María

Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. En ese momento la Roma imperial brillaba llena de esplendor. Había muchas ciudades prósperas en las orillas del Mediterráneo. El bullicio de mercaderes y marineros inundaba muchas calles y plazas de ciudades portuarias o emporios comerciales. Nazaret, en cambio, era un puñado de pobres casas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran importancia.

A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la actividad comercial de la zona. Era una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino. En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo.

La mayor parte de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algún artesano como José, que con su ingenio y esfuerzo prestaba un buen servicio a sus conciudadanos haciendo trabajos de carpintería o herrería.

La casa de la la Virgen María

La casa de María era modesta, como la de sus vecinos. Tenía dos habitaciones. La interior, era una cueva que servía como granero y despensa. Tres paredes de adobe o mampostería adosadas a la roca delante de esa habitación interior sostenían un entramado de ramas, maderas y hojas que servía de techo, y formaban la habitación exterior de la casa. La luz entraba por la puerta.

Allí tenían algunos útiles de trabajo y pocos muebles. Gran parte de la vida de familia se hacía fuera, a la puerta de la casa, tal vez a la sombra de una parra que ayudaría a templar el calor del verano.

Casi todos sus vecinos tenían una casa similar. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modificaciones alguna bodega, silo o cisterna.

El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas paredes elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir.

El Pozo de María​ es el sitio en el que el ángel Gabriel se le apareció a la Virgen María y le anunció que daría a luz al Hijo de Dios. Se localiza en la actual Nazaret al norte de Israel.

Oraciones de la mañana

La jornada comenzaba con la salida del sol. Alguna oración sencilla, como el Shemá, y enseguida se iniciaba la dura faena. El Shemá es una oración, tomada de la Biblia, que comienza en hebreo por esa palabra, y dice así: “Shemá Israel (Escucha Israel), el Señor nuestro Dios es uno solo Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma  y con todas tus fuerzas.

Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo. Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas estando en casa o yendo de viaje, acostado o levantado. Atalas a tu mano como signo, ponlas en tu frente como señal. Escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas” (Dt 6, 4-9).

La Virgen María y la preparación de la comida

Una de las primeras tareas a realizar cada jornada, después de la oración, era la preparación del pan, alimento básico de cada día. Para eso, María, como solían hacer las mujeres, comenzaría por moler el grano de trigo o cebada para hacer la harina. Se han encontrado algunos molinos domésticos, de piedra, de la época de nuestro Señor, que se utilizaban para esta tarea.

Después la harina se mezclaba con agua y un poco de sal para formar la masa, a la que se añadía —excepto durante la fiesta de la Pascua— una pizca de levadura. Con la masa fermentada se hacían unas tortas muy delgadas, o unos panecillos, que se cocían en el horno o enterrados en unas brasas, y se comían recién hechos.

La comida de cada día sería bastante parecida a la que conocemos actualmente en las regiones mediterráneas. El pan se partía con la mano, sin utilizar cuchillo, y se tomaba solo o con aceite, y acompañado por vino, leche, fruta, y cuando era posible por algo de carne o pescado. La leche se solía guardar en odres hechos con pieles de cabra cosidas, y se bebía directamente de los mismos.

Lo más probable es que casi siempre al tomarla estuviese ácida. De la leche también se obtenían la mantequilla y el queso, que eran alimentos básicos allí donde había ganados, como en Galilea.

Nazareth, de nuestra Madre la Virgen María a principios del siglo XX.

Otro elemento importante en la alimentación de aquellas gentes era el aceite. Y también se tomaban las aceitunas conservadas en salmuera. El aceite se llevaba incluso cuando se iba de viaje, en unas botellitas planas de arcilla de forma parecida a una cantimplora. También era frecuente beber vino, que solía ser fuerte, y por eso se tomaba habitualmente rebajado con agua, y a veces mezclado con algunas especias, o endulzado con miel.

Entre los guisos más habituales estaban los de garbanzos o lentejas. Las verduras más conocidas eran las habas, los guisantes, los puerros, las cebollas, los ajos, y los pepinos. La carne que más se solía comer era la de cordero o cabra, y algo la de gallina. Las frutas más habituales eran los higos, los dátiles, las sandías y las granadas. Las naranjas, hoy tan abundantes en aquella zona, todavía no eran conocidas en la Galilea en la que vivió Santa María.

Antes de comer cada día, se solían recitar unas oraciones para dar gracias a Dios por los alimentos recibidos de su bondad. La bendición de la mesa se hacía más o menos en estos términos: “Benditos seas, Señor, Dios nuestro, rey del Universo, que nos has dado hoy para comer el pan, fruto de la tierra”. Y se respondía: Amén.

Tareas diarias de María

Para cubrir las necesidades de la casa, un trabajo duro que era necesario realizar cada día era el transporte del agua. La fuente de Nazaret estaba a cierta distancia, algo más de quince minutos andando desde las casas de la aldea. Posiblemente María iría allí cada mañana a llenar su cántaro, y regresaría a su hogar cargándolo sobre la cabeza, como es costumbre en la zona, para seguir su trabajo. Y algunos días tal vez tuviera que volver a sus inmediaciones en otros momentos del día, para lavar la ropa.

Transporte del agua y lavado de la de ropa

La ropa que tendría que lavar María sería la que utilizaban ella, José y Jesús.  La vestimenta habitual estaba compuesta por un vestido o túnica interior, amplia, que solía ser de lino. Caía hasta las rodillas o pantorrillas. Podía ser sin mangas o con mangas hasta la mitad del brazo.

La túnica se ceñía al cuerpo con una especia de faja, hecha con una franja larga y ancha de lino, que se enrollaba varias veces alrededor del cuerpo, pero no siempre ajustada de modo liso, sino que en algunas de esas vueltas se formaban pliegues, que podían utilizarse para llevar el dinero. Sobre la túnica se llevaba el vestido exterior, o manto, de forma cuadrada o redondeada, que habitualmente era de lana.

La mayor parte de los días de María fueron, sin duda, totalmente normales. Gastaba muchas horas en las tareas domésticas: preparación de la comida, limpieza de la casa y de la ropa, e incluso ir tejiendo la lana o el lino y confeccionando la ropa necesaria para su familia.

Llegaría agotada al final del día, pero con el gozo de quien sabe que esas tareas aparentemente sencillas tienen una eficacia sobrenatural maravillosa, y que haciendo bien su trabajo estaba realizando una tarea de primera magnitud en la obra de la Redención.


Francisco Varo Pineda, director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
Profesor de Sagrada Escritura.

¿Quién es la Virgen de Fátima? Historia, aparición y dónde está

¿Quién es Virgen de Fátima?

La Virgen de Fátima, también llamada Nuestra Señora del Rosario de Fátima es una advocación de la Virgen María que surge de las apariciones de Nuestra Señora a tres pastorcillos en 1917 en Portugal.

Estos hechos y los mensajes de conversión que la Virgen María les dio a Lucía, Jacinta y Francisco han llegado hasta nuestros días.

Historia y origen de Fátima

El año 1917 fue especial. Europa estaba en guerra. El domingo 13 de mayo, en un pueblo escondido de la Serra do Aire en el centro de Portugal. Tres niños, Lucia dos Santos y sus hermanos Francisco y Jacinta Marto, estaban jugando mientras cuidaban de un rebaño, en un terreno del padre de Lucia.

Hacia el mediodía, después de asistir a misa como de costumbre, ven dos fenómenos luminosos, como dos relámpagos y luego una hermosa Señora más resplandeciente que el sol.

– «¿De dónde sois, Señora?»
– «Soy del Cielo».

Así empezó la primera conversación entre la Virgen y Lucia.
Esta, fue la primera aparición de la Virgen de Fátima.

Estatua de los Pastorcillos de Fátima en Valinhos, el monumento de una aparición del Ángel de Portugal.

Aparición de la Virgen de Fátima

Esa fue la primera de las seis apariciones que tendrán los tres pastores hasta octubre: siempre en día 13, excepto en el mes de agosto, cuando del 13 al 15 son retenidos por autoridades del pueblo. Igualmente, la Virgen de Fátima aparecerá ante los tres niños el día 19.

En octubre de 1930, el obispo de Leiria declara las visiones dignas de fe, autorizando el culto a Nuestra Señora de Fátima.

En todas sus apariciones la Virgen hizo un especial énfasis sobre el rezo del Rosario, y les pidió a los niños que cuando lo rezaran, después de cada misterio dijeran: ‘‘Oh Jesús perdónanos por nuestros pecados, líbranos del fuego infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu Divina Misericordia’’.

La Virgen también pidió la construcción de una capilla en el lugar de los hechos, hoy el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

Los 3 pastorcillos informaron que la Virgen también les había hablado de la muerte prematura de los dos pequeños hermanos, agregó que Lucía permanecería en la Tierra durante mucho tiempo. Y así fue. Francisco y Jacinta, murieron entre el año 1919 y 1920 de gripe. Lucía ingresó en el orden de las Hermanas de Santa Dorotea en 1925 y en 1948 pasó entre las Carmelitas del convento de Coimbra, donde permaneció hasta su muerte en 2005.

El Milagro al Sol anunciado por la Virgen

Eran miles de peregrinos que comenzaron a llegar a Fátima apenas se extendió el rumor de las apariciones de la Virgen.

El 13 de octubre, una multitud de hasta 100 mil personas, entre ellas numerosos periodistas, presenciaron el "milagro del sol".

Esta era una señal que había sido anunciada por la Virgen María, después de una lluvia torrencial que empapó el suelo y la ropa, el cielo se abrió y vieron como el sol cambió de color, tamaño y posición durante unos diez minutos. Después de lo acontecido, la ropa y el suelo aparecieron repentinamente secos.

Fue la última aparición de la Virgen de Fátima.

«Cor Mariæ dulcissimum, iter para tutum! - Corazón Dulcísimo de María, prepara el camino seguro». A la Virgen de Fátima, san Josemaría.

Los secretos revelados por la Virgen de Fátima

El mensaje de Fátima contiene un aspecto de exigencia cristiana universal: es necesario desagraviar al Señor por todos los pecados cometidos, hacer penitencia, rezar el Rosario, difundir la devoción al Corazón Inmaculado de María, y rezar mucho por el Papa.

Incluye, también, algunas revelaciones particulares que la Virgen hizo a los niños pastores en la aparición del 13 de julio. La Santa Sede dio a conocer todos los mensajes durante el pontificado de San Juan Pablo II.

Los dos primeros, las escribió Lucía en su diario al tomar los hábitos. El tercero, escrito el 3 de enero de 1944, lo entregó en un sobre sellado al obispo de Leiria, un sobre que luego se entregó en 1957 al archivo secreto del Santo Oficio y cuyo contenido fue revelado en 2000.

La visión del infierno

La Virgen de Fátima mostró a los tres niños pastores lo que les espera a las personas después de la muerte, si no se arrepienten, tuvieron la visión del infierno:

“Un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas…”

El sagrado Corazón y la conversión de Rusia

La segunda parte contiene estas palabras de La Virgen de Fátima:

«Vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los primeros sábados».

María habló de una guerra que comenzaría durante el pontificado de Pío XI. Y acertó. La Segunda Guerra Mundial estalló en 1939.

El Ángel y la sangre de los mártires

La tercera parte del secreto es desvelada por la Hermana Lucía “Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas".

Pie de foto: «Fátima es un tesoro para toda la Iglesia. No es un lujo, porque está todo hecho con mucha dignidad y sin ostentación. Pero es un tesoro: aquí los corazones y las almas se esponjan, aquí se palpa la Iglesia, se siente la presencia de la Santísima Virgen. Es algo que no se puede explicar, pero aquí se nota que la oración de Nuestra Señora es muy eficaz». Beato Álvaro del Portillo, Tertulia en el Santuario, 1985.

Los Papas y su devoción por la Virgen de Fátima

El Papa Pío XI concedió el 1 de octubre de 1930 una indulgencia plenaria especial a los peregrinos de Fátima. Años más tarde, en 1942, Pío XII consagró la humanidad al Inmaculado Corazón de María.

Además, el Papa Juan Pablo II visitó personalmente el lugar de las apariciones en tres ocasiones. Una de sus visitas más relevantes fue cuando le entregó a la Virgen la bala con la que le habían disparado en la Plaza San Pedro. Para Wojtyla fue la Virgen de Fátima quien le salvó la vida en el ataque del 13 de mayo de 1981

También, Benedicto XVI visitó personalmente el lugar de las apariciones y consagró a todos los sacerdotes al Inmaculado Corazón de María.

Más recientemente, el Papa Francisco consagró su pontificado a la Virgen de Fátima y en mayo del 2017 visitó el Santuario para conmemorar los 100 años de las apariciones.

Virgen de Fátima: ¿Dónde está?

En la actualidad, en el lugar de las apariciones se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Un templo hasta el que cada año peregrinan miles de personas de todo el mundo.

El santuario de Fátima y el relato de las apariciones ha supuesto una ayuda para muchas personas.

A lo largo del siglo XX los católicos de Europa han acudido especialmente a la Virgen de Fátima para rezar por la paz y la reconciliación en el continente.

Al entrar en el Recinto de las Oraciones, en uno de los extremos se puede ver la Basílica de la Virgen del Rosario de Fátima, con su gran torre de 65 metros. En el centro se encuentra el monumento al Sagrado Corazón de Jesús y, en uno de los lados, la Capilla de las Apariciones, en el mismo lugar en el que la Virgen pidió a los pastorcitos que se construyese una capilla.

Fátima, altar do mundo

Fátima, altar do mundo, es una expresión corriente en Portugal. En Fátima concurren todos los caminos del mundo. Allí, como san Josemaría, el primer peregrino a este santuario que ha subido a los altares, van también hoy la mente y el corazón de tantos cristianos a rezar a la Virgen.

Mons. Javier Echevarría, durante una de sus estancias en Fátima, animaba a ponerse bajo la protección maternal de María Santísima en todas las circunstancias de la vida: «Madre, ¡qué bien se está junto a ti! ¡Qué serenidad se siente en el alma pensando en que tú nos conoces, que tú nos entiendes, que tú nos ayudas, y que tú vas a presentar ante Dios nuestras necesidades muchísimo mejor de como lo podamos hacer cada uno de nosotros! Recurrimos a ti que eres la Omnipotencia Suplicante».


Bibliografía

1 de mayo, san José Obrero. ¿Quién fue el padre de Jesús?

San José Obrero tiene varias fiestas en nuestro calendario. En mayo celebramos, el primer día del mes, al patrón de los trabajadores. Él fue quien mantuvo y cuidó con sus capacidades de carpintero a Jesús y a María. En su fiesta del 19 de marzo, el papa Francisco nos invitó a fijarnos de forma especial en la figura de san José. Para eso, ha señalado cuáles son las dos virtudes únicas que definen al padre de Jesús: «José es el hombre que sabe acompañar en silencio» y es «el hombre de los sueños».

«Quiere mucho a San José, quiérele con toda tu alma, porque es la persona que, con Jesús, más ha amado a Santa María y el que más ha tratado a Dios: el que más le ha amado, después de nuestra Madre. Se merece tu cariño, y te conviene tratarle, porque es Maestro de vida interior, y puede mucho ante el Señor y ante la Madre de Dios», Forja, 554.

Biografía de San José el obrero de Nazaret

Tanto San Mateo como San Lucas nos hablan de San José como de un varón que descendía de una estirpe ilustre: la de David y Salomón, reyes de Israel. Los detalles de esta ascendencia son históricamente algo confusos: no sabemos cuál de las dos genealogías, que traen los evangelistas, corresponde a María y cuál a San José, que era su padre según la ley judía. No sabemos si su ciudad natal fue Belén, a donde se dirigió a empadronarse, o Nazaret, donde vivía y trabajaba.

Sabemos, en cambio, que no era una persona rica: era un trabajador, como millones de otros hombres en todo el mundo; ejercía el oficio fatigoso y humilde que Dios había escogido para sí, al tomar nuestra carne y al querer vivir treinta años como uno más entre nosotros.

La Sagrada Escritura dice que José era artesano. Varios Padres añaden que fue carpintero. San Justino, hablando de la vida de trabajo de Jesús, afirma que hacía arados y yugos (S. Justino, Dialogus cum Tryphone, 88, 2, 8 (PG 6, 687).); quizá, basándose en esas palabras, San Isidoro de Sevilla concluye que José era herrero. En todo caso, un obrero que trabajaba en servicio de sus conciudadanos, que tenía una habilidad manual, fruto de años de esfuerzo y de sudor.

De las narraciones evangélicas se desprende la gran personalidad humana de José: en ningún momento se nos aparece como un hombre apocado o asustado ante la vida; al contrario, sabe enfrentarse con los problemas, salir adelante en las situaciones difíciles, asumir con responsabilidad e iniciativa las tareas que se le encomiendan.

Quien fue San José Obrero en la Iglesia Católica

La Iglesia entera reconoce en San José a su protector y patrono. A lo largo de los siglos se ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de su vida, continuamente fiel a la misión que Dios le había confiado.

  • En el siglo XVII, el Papa Gregorio XV instituyó por primera vez una fiesta litúrgica en su nombre.
  • Durante 1870, el santo Papa Pío IX nombró a san José patrono universal de la Iglesia.
  • A partir de entonces, León XIII dedicó una encíclica al santo patriarca
  • A los 100 años de este documento, San Juan Pablo II escribió la exhortación apostólica Redemptoris custos.
  • El papa Francisco publicó también una carta sobre san José en 2020, bajo el título Patris corde, Corazon de padre.

En palabras de San Josemaría, San José es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre. Tratándole se descubre que el Santo Patriarca es, además, Maestro de vida interior: porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con El, a sabernos parte de la familia de Dios. Este Santo nos da esas lecciones siendo, como fue, un hombre corriente, un padre de familia, un trabajador que se ganaba la vida con el esfuerzo de sus manos.

Las virtudes de José de Nazaret

José obrero era un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. En su día solo había paternidad y trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar.

Pero el nombre de José significa, en hebreo, Dios añadirá. Dios añade, a la vida santa de los que cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas: lo importante, lo que da su valor a todo, lo divino.  Dios, a la vida humilde y santa de José, añadió la vida de la Virgen María y la de Jesús, Señor Nuestro.

Vivir de la fe, estas palabras se ven realizadas con creces en San José. Su cumplimiento de la voluntad de Dios es espontáneo y profundo.

Porque la historia del Santo Patriarca fue una vida sencilla, pero no una vida fácil. Después de momentos angustiosos, sabe que el Hijo de María ha sido concebido por obra del Espíritu Santo. Y ese Niño, Hijo de Dios, descendiente de David según la carne, nace en una cueva. Ángeles celebran su nacimiento y personalidades de tierras lejanas vienen a adorarle, pero el Rey de Judea desea su muerte y se hace necesario huir. El hijo de Dios es, en la apariencia, un niño indefenso, que vivirá en Egipto.

En su Evangelio, San Mateo pone constantemente de relieve la fidelidad de José, que cumple los mandatos de Dios sin vacilaciones, aunque a veces el sentido de esos mandatos le pudiera parecer oscuro o se le ocultara su conexión con el resto de los planes divinos.

Fe, amor y esperanza

En muchas ocasiones los Padres de la Iglesia hacen resaltar esta firmeza de la fe de San José. La fe de José no vacila, su obediencia es siempre estricta y rápida.

Para comprender mejor esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca, es bueno que consideremos que su fe es activa. Porque la fe cristiana es lo más opuesto al conformismo, o a la falta de actividad y de energía interiores.

En las diversas circunstancias de su vida, el Patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación de su responsabilidad. Al contrario: coloca al servicio de la fe toda su experiencia humana.

Fe, amor, esperanza: estos son los ejes de la vida del Santo y los de toda vida cristiana. La entrega de José de Nazaret aparece tejida de ese entrecruzarse de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza confiada.

Eso nos enseña la vida de San José: sencilla, normal y ordinaria, hecha de años de trabajo siempre igual, de días humanamente monótonos, que se suceden los unos a los otros.

San José el padre de Jesús

“Tratad a José y encontraréis a Jesús” San  Josemaría Escriva de Balaguer

 A través del ángel, Dios mismo le confía a José cuáles son sus planes y cómo cuenta con él para llevarlos adelante. José está llamado a ser padre de Jesús; esa va a ser su vocación, su misión.

José ha sido, en lo humano, maestro de Jesús; le ha tratado diariamente, con cariño delicado, y ha cuidado de El con abnegación alegre.

Con San José, aprendemos lo que es ser de Dios y estar plenamente entre los hombres, santificando el mundo. Tratad a José y encontraréis a Jesús. Tratad a José y encontraréis a María, que llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret.

José de Nazaret cuidó del Hijo de Dios y, en cuanto a hombre, le introdujo en la esperanza del pueblo de Israel. Y eso mismo hace con nosotros: con su poderosa intercesión nos lleva hacia Jesús. San Josemaría, cuya devoción a san José fue creciendo a lo largo de su vida, decía que Él es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre.

Dios exige continuamente más, y sus caminos no son nuestros humanos caminos. San José, como ningún hombre antes o después de él, ha aprendido de Jesús a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazón abiertos.

El Papa explica su carta sobre san José en 2020.

La fiesta de san José

El 19 de marzo la Iglesia celebra la fiesta del Santo Patriarca, patrono de la Iglesia y de la Obra, fecha en la que en el Opus Dei renovamos el compromiso de amor que nos une al Señor. Pero en todo el mundo también celebramos el 1 de mayo la fiesta del trabajo y San José Obrero es el patrono de todos los trabajadores.

La fiesta de San José pone ante nuestra mirada la belleza de una vida fiel. José se fiaba de Dios: por eso pudo ser su hombre de confianza en la tierra para cuidar de María y de Jesús, y es desde el cielo un padre bueno que cuida de la fidelidad cristiana.

Los siete domingos de san José

Son una costumbre de la Iglesia para preparar la fiesta del 19 de marzo. Dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta en recuerdo de los principales gozos y dolores de su vida.

La meditación de los Dolores y gozos de san José ayuda a conocer mejor al santo Patriarca y a recordar que también él afrontó alegrías y dificultades.

Fue el Papa Gregorio XVI quien fomentó la devoción de los siete domingos de san José, concediéndole muchas indulgencias; pero S.S. Pío IX les dio actualidad perenne con su deseo de que se acudiera al santo, para aliviar la entonces aflictiva situación de la Iglesia universal.

Un día, alguien preguntó a san Josemaría cómo acercarse más a Jesús: «Piensa en aquel hombre maravilloso, escogido por Dios para hacerle de padre en la tierra; piensa en sus dolores y en sus gozos. ¿Haces los siete domingos? Si no, te aconsejo que los hagas».

«¡Qué grandeza adquiere la figura silenciosa y oculta de san José –decía san Juan XXIII– por el espíritu con que cumplió la misión que le fue confiada por Dios. Pues la verdadera dignidad del hombre no se mide por el oropel de los resultados llamativos, sino por las disposiciones interiores de orden y de buena voluntad».

Curiosidades de san José obrero

Devoción del Papa Francisco

«Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de la figura del santo para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema».

Devoción de San Josemaría

San José es patrono de esta familia que es la Obra. En los primeros años, san Josemaría acudió especialmente a él para poder hacer presente a Jesús Sacramentado en el primer centro del Opus Dei. Por su intercesión, en marzo de 1935 fue posible tener al Señor reservado en el oratorio de la Academia-Residencia DYA, de la calle Ferraz, en Madrid.

Desde entonces, el fundador de la Obra quiso que la llave de los sagrarios de los centros del Opus Dei tuviera una pequeña medalla de san José con la inscripción Ite ad Ioseph; el motivo es recordar que, de modo similar a como el José del Antiguo Testamento lo hace con su pueblo, el santo patriarca nos había facilitado el alimento más preciado: la Eucaristía.

San José Obrero, el santo del silencio, el protector

No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección. Él protegió a la Inmaculada Madre de Dios y fue el padre de Jesús en la tierra. Sin embargo, no hay ninguna cita de él en los Evangelios. Más bien, fue un silencioso y humilde servidor de Dios que desempeñó su rol cabalmente. Trabajando duro para mantener a la Sagrada Familia.

Uno de los primeros títulos que utilizaron para honrarlo fue Nutritor Domini, el que alimenta al Señor; se remonta al menos al siglo IX.

Celebraciones en su honor

La solemnidad de san José es el 19 de marzo y la fiesta de san José obrero (Día Internacional del trabajo) es el 1 de mayo. También está incluido en la Fiesta de la Sagrada Familia (30 de diciembre) y sin duda forma parte de la historia de la Navidad.

San José tiene múltiples patronazgos

Es el patrón de la Iglesia Universal, la buena muerte, las familias, los padres, las mujeres embarazadas, viajeros, inmigrantes, artesanos, ingenieros y de los trabajadores. Es también el patrón de las Américas, Canadá, China, Croacia, México, Corea, Austria, Bélgica, Perú, Filipinas y Vietnam.

Pidamos a san José obrero que nos siga ayudando a acercarnos a Jesús Sacramentado, que es el alimento del que se nutre la Iglesia. Así lo hizo junto a María, en Nazaret, y así lo hará también con ella en nuestros hogares.


Bibliografía:

Opusdei.com
RomeReports

Mercadillo solidario de ropa de mujer

Ropa de marca, blusas o camisas nuevas que vienen hasta con su etiqueta; vestidos de fiesta que solo se han utilizado una vez… Más de treinta mujeres han donado su ropa, trajes de fiesta, collares y pendientes para el mercadillo solidario de primavera del PAS de la Fundación CARF.

Todas las voluntarias, además de generosas, lo han hecho con el entusiasmo de que los beneficios recaudados irán destinados a la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas de todo el mundo.

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Visitantes del mercadillo solidario de ropa mujer buscando complementos.

Oración y mercadillo de apoyo a las vocaciones

El domingo 21 de abril, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas. De vocaciones, la Fundación CARF sabe mucho. Porque una de sus misiones es ayudar en la formación integral de vocaciones de aquellos países con escasos recursos para que ninguna vocación se pierda.

Carmen Ortega y Rosana Diez-Canseco, presidentas del Patronato de Acción Social de la Fundación CARF nos cuentan cómo se organizan para montar este mercadillo solidario que tanto ayuda con sus recursos y oraciones a la futura formación de estas vocaciones: «durante todo el año nos movemos entre amistades y conocidas para que nos donen la ropa en buen estado que no usan. Eso sí, tiene que estar prácticamente nueva. Hacemos una selección y lo que pensamos que está en condiciones de no poder venderse, como si fuese casi de primera mano, en muchos caso lo es, lo donamos a una parroquia de Vallecas».

Mercadillo con un buen fin

Hay señoras que entregan un vestido que solo se lo han puesto una vez para una fiesta especial, y están convencidas de que no le van a volver a dar más uso. «Incluso tenemos chicas que les han regalado una blusa, que no se han visto bien con ella, que, con el paso del tiempo, no la han cambiado; está nueva y nos la donan. Saben que están contribuyendo con un fin muy bueno».

Este mercadillo solidario del PAS de la Fundación CARF, de ropa y complementos de mujer, se organiza todas las primaveras. Este año desde el 16 hasta el 18 de abril, de martes a jueves, en horario de tarde, de 17 a 20 horas en el local del Patronato (calle Reina Mercedes 22).

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Rosana y Carmen, de izquierda a derecha, sonríen en un local lleno de ropa.

Talleres y actividades

En este local, las voluntarias del PAS se reúnen una vez a la semana para sus talleres, como el de restauración de muebles, que luego se venden en los mercadillos semestrales y en el anual, que se celebra a finales de año y que celebrará en 2024 su 27ª edición. También se encuentran otro día para tejer ropa de bebé que se vende bajo pedido.

Otra de las actividades estrella es el bordado de las albas y lienzos litúrgicos que regalan a los seminaristas, de Bidasoa y Sedes Sapientiae, cuando regresan a sus países de origen para ordenarse sacerdotes tras su período de intensa formación.

Mochilas de vasos sagrados

El PAS de la Fundación CARF y sus actividades cubren el coste de las icónicas mochilas de vasos sagrados, elementos que llegan al alma de los futuros sacerdotes. Estas mochilas van más allá de ser una mera herramienta; permiten a los sacerdotes llevar consigo todo lo necesario para impartir celebrar la Santa Misa y los sacramentos de manera digna, incluso en los rincones más remotos del mundo. Y en ellas se guarda también el alba cosida a la medida de cada uno en los talleres del PAS.

Si no te ha dado tiempo a acudir a este mercadillo solidario, donde podrás adquirir ropa y complementos de mujer para ayudar a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo, no te preocupes. «Vamos a mantener el mercadillo abierto para poder ofrecer nuestra ropa y complementos. Lo único que tienes que hacer es llamarnos y pedir cita», comentan Carmen y Rosana.


Pedir cita: Rosana, 659 057 320. Carmen, 659 378 901.

Correo: patronatodeaccionsocial@gmail.com

Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.