15S, beato Álvaro del Portillo: continuar su legado

El 15 de septiembre conmemoramos el día en que el beato Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría Escrivá de Balaguer, asumió el cargo de prelado del Opus Dei en 1975. Dos semanas después, el 27 de septiembre, celebramos su beatificación en 2014, un reconocimiento oficial a su vida santa y a su labor incansable por la Iglesia. En la Fundación CARF honramos su legado, queremos comprender su impacto y ofrecer una oportunidad para apoyar la formación de futuros sacerdotes.

Beato Álvaro del Portillo, un hombre de fe y servicio

El beato Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914. Aunque comenzó su carrera como ingeniero, su verdadera vocación fue servir a Dios. En 1944, siguió esta llamada y se ordenó sacerdote. A lo largo de su vida, mantuvo una relación estrecha con san Josemaría Escrivá, a quien no solo asistió como colaborador cercano, sino también como un amigo fiel.

Tras la muerte de san Josemaría en 1975, don Álvaro fue elegido por unanimidad como su sucesor, asumiendo la responsabilidad de guiar al Opus Dei hacia una nueva etapa de crecimiento y consolidación. El 15 de septiembre de ese mismo año, se convirtió en el primer sucesor del fundador de la Obra, destacando por su humildad y dedicación inquebrantable.

Don Álvaro era conocido por su profunda entrega a los demás. Lejos de buscar protagonismo, su principal deseo era servir con humildad, guiando a quienes lo rodeaban hacia una vida más cercana a Dios. El papa Francisco lo describió como un hombre que «amó y sirvió a la Iglesia con un corazón despojado de interés mundano». Su enfoque siempre estuvo en ayudar a los demás a descubrir y vivir plenamente su vocación.

beato Álvaro del Portillo

Su legado de servicio sigue vivo hoy, especialmente en la labor que realiza la Fundación CARF. Los valores que el beato Álvaro del Portillo promovió, son los pilares que guían a la Fundación CARF en su misión y apoyo a la formación de sacerdotes. Para don Álvaro, la educación de los futuros sacerdotes no era solo una cuestión académica, sino también humana, espiritual y pastoral. Él creía que los sacerdotes debían estar bien preparados en todos los aspectos, para que pudieran ser pastores cercanos, capaces de guiar a sus hermanos con humildad y sencillez.

Hoy la Fundación CARF sigue esta misión, proporcionando los recursos necesarios para que seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo reciban una formación integral en universidades de prestigio en Roma y Pamplona. Al hacerlo, la fundación no solo está promoviendo la educación de los futuros sacerdotes, sino que está perpetuando el compromiso del beato Álvaro con la Iglesia universal. Los sacerdotes formados, con el apoyo de los benefactores de la Fundación CARF, están preparados para desarrollar con amor y dedicación el trabajo en diócesis de todo mundo, como lo hubiera querido el beato Álvaro.

La sucesión del beato Álvaro del Portillo

La elección del beato Álvaro del Portillo como sucesor de san Josemaría Escrivá fue un hito lleno de significado espiritual. A lo largo de los años, el beato Álvaro había trabajado codo a codo con san Josemaría, compartiendo su visión y dedicación al Opus Dei y a la Iglesia, lo que lo preparó de manera natural para tomar el relevo. Sin embargo, cuando recibió la noticia de su elección el 15 de septiembre de 1975, el beato Álvaro del Portillo lo hizo con una profunda humildad y un gran sentido de responsabilidad.

En lugar de celebraciones, pidió oraciones a todos los miembros del Opus Dei, manifestando su disposición de servicio diciendo: «Ante la tumba de nuestro queridísimo Fundador, todos nosotros, Santo Padre, renovamos el firme propósito de ser fidelísimos a su espíritu y ofrecemos también nuestras vidas por la Iglesia y por el Papa». Estas palabras reflejan su carácter, siempre dispuesto al servicio a la Iglesia y al Papa.

Para el beato Álvaro del Portillo, era esencial que cada persona encontrara a Dios en lo más sencillo y ordinario de su existencia. Durante su vida, promovió este mensaje y fortaleció la presencia del Opus Dei en nuevos países, ayudando a miles de personas a crecer humana y espiritualmente. A él le correspondió consolidar el camino jurídico de la Obra, tal como había visto su fundador.

Su capacidad de liderar desde la humildad y el servicio lo convirtió en un pastor cercano y respetado, cuyas decisiones siempre estuvieron orientadas al bien espiritual de todo el que se acercaba a él. Este enfoque, que guiaba cada una de sus decisiones, lo convirtió no solo en un obispo verdadero pastor, amado y respetado por todos aquellos que lo conocieron.

La beatificación de don Álvaro

El 27 de septiembre de 2014 fue un día histórico no solo para el Opus Dei, sino para toda la Iglesia. En una emotiva ceremonia celebrada en Valdebebas, Madrid, Álvaro del Portillo fue beatificado, reconociéndose oficialmente su santidad. La beatificación fue posible gracias a un milagro atribuido a su intercesión: la sorprendente recuperación de un niño chileno, José Ignacio Ureta, quien, tras sufrir un paro cardíaco de más de 30 minutos, inexplicablemente se recuperó sin secuelas. Este hecho, que fue exhaustivamente investigado por la Iglesia, se convirtió en un signo claro de la cercanía del beato Álvaro y de su continuo cuidado desde el Cielo.

La ceremonia de beatificación fue presidida por el cardenal Ángelo Amato, en representación del papa Francisco, quien subrayó el papel crucial del beato Álvaro como un modelo de «fidelidad inquebrantable a la Iglesia y a su misión». Cientos de miles de fieles asistieron al evento, muchos de ellos profundamente conmovidos por el reconocimiento de la vida y obra de quien siempre vivió con una humildad ejemplar.

Para muchos, la beatificación de don Álvaro fue la celebración de un hombre que, a través de su sencillez, cercanía y espíritu de servicio, había tocado incontables vidas. A lo largo de su vida, el beato Álvaro del Portillo no solo ayudó a expandir la Obra, sino que también inspiró a muchos a vivir su fe con alegría, con la mirada puesta en Dios en lo cotidiano. Este espíritu de entrega, que tanto lo caracterizó, sigue vivo hoy en aquellos que buscan seguir su ejemplo y continuar su misión de servir a la Iglesia con generosidad y amor.

beato_alvaro_del_portillo

El impacto del beato Álvaro del Portillo en la formación de sacerdotes

Uno de los legados más significativos que dejó el beato Álvaro del Portillo fue su firme compromiso con la formación de los sacerdotes. Para él, los sacerdotes no solo debían ser buenos guías espirituales, sino también personas capaces de acompañar a todos con cercanía y humildad. Este enfoque humano y espiritual sigue siendo clave en la misión del Opus Dei y de la Fundación CARF, que hoy se esfuerzan por continuar con esta labor en 131 países y más de 1.100 diócesis.

Desde la Fundación CARF, damos a nuestros benefactores la oportunidad de participar en esta misión tan importante: apoyar la formación de los sacerdotes de hoy y del mañana. La educación que reciben los seminaristas y los sacerdotes diocesanos no solo los prepara académicamente, sino también pastoralmente, para que puedan estar al servicio de Dios y de los demás. Al apoyar la misión, no solo estás contribuyendo con una donación, estás invirtiendo en el futuro de la Iglesia.

El beato Álvaro del Portillo es un modelo de entrega total a Dios y a la Iglesia, y su vida continúa inspirando a decenas de miles de personas en multitud de países y proyectos entre los que se encuentra también la Fundación CARF con su tarea de ayuda a la formación de sacerdotes.

Chiara Lubich y el Jesús de la cuarta palabra

Chiara Lubich es una referencia indispensable en estos tiempos difíciles en los que muchos cristianos se sienten desanimados por ser una minoría en medio de una sociedad plural y compleja, que parece vivir de espalda a Dios.

La importancia de los textos de Chiara

Esos cristianos se sienten abandonados y tienen nostalgia de un tiempo pasado, supuestamente idílico y que ellos no han vivido. Les invade la tristeza y se asemejan a la mujer encorvada del evangelio (Lc 13, 10-17), incapaz de alzar la cabeza al cielo. A estos cristianos, necesitados de recuperar la alegría que nos trae Cristo, les vendría muy bien profundizar y meditar en los textos de Chiara, una mujer siempre atenta a las inspiraciones del Espíritu Santo. Sabía muy bien que la fortaleza del cristiano no deja de ser prestada, pues nuestra debilidad se hace fortaleza en Cristo.

Chiara y la figura de Cristo

Uno de mis textos preferidos de Chiara Lubich es un artículo escrito para la agencia Zenit para el Viernes Santo de 2000. Tenía entonces ochenta años, aunque podía haberlo escrito al inicio de su itinerario espiritual, pues aquí encontramos uno de los rasgos más características de su espiritualidad: la meditación sobre Jesús abandonado.

En contraste con las expectativas de esos cristianos apegados a la supuesta seguridad vivida en otros tiempos, Chiara presenta la figura de un Cristo despojado en la cruz de su divinidad para unirse todavía más al hombre, para experimentar Él también la angustia y el desamparo del ser humano e en algunos momentos de su vida. Tal es el sentido de la cuarta palabra pronunciada en la cruz, “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” (Mt 27, 47).

Chiara Lubich

Chiara y los heridos de la vida

Una vez leí una explicación que no me convenció en absoluto: Jesús se había puesto a rezar un salmo que contiene estas palabras y su agotamiento le impidió proseguir su oración. Es posible que Jesús pudiera estar rezando ese salmo, pero lo cierto es que sus palabras expresan nítidamente lo que sentía en ese momento. Durante siglos no se ha prestado la suficiente atención a esta cuarta palabra, acaso porque algunos se imaginaban que era una pregunta sin respuesta.

En cambio, los creyentes sabemos, tal y como recuerda Chiara, que el Padre resucitó y ensalzó a su Hijo para siempre. Sobre este particular, señala además: “En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada, la sabiduría callada. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenia que experimentar el abandono de Dios para que nosotros no nos sintiéramos más abandonados”.

La esperanza a los pies de Cristo

Chiara ve en ese Jesús que grita su abandono a muchas personas que sufren en lo físico como ciegos, mudos o sordos, pero también percibe a los que sufren en su espíritu: los desilusionados, los traicionados, los miedosos, los tímidos, los desorientados… Estos últimos son los heridos de la vida, una expresión utilizada en algunas ocasiones por san Juan Pablo II, y que no hace mucho contemplé como rótulo de una sección en una librería de Lourdes. Pienso que los enfermos del espíritu son mucho más numerosos que los otros, pues en una sociedad poco solidaria son infinidad las personas que viven en la soledad y el desamparo.

En ellas está Jesús abandonado, pues como dice Chiara: “Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Al acercarnos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado”.

A los que sufren se les ha vendido la idea de que su vida es un fracaso y que nada merece la pena. Pero Jesús ha sufrido mucho más que todos ellos. Chiara recuerda que detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida, se encuentra el rostro de Cristo. Podríamos añadir que es un rostro concreto con identidad, aunque tenga representaciones muy variadas, y si su rostro es reconocible, también ha de serlo el rostro de nuestros hermanos porque, tal y como señala Chiara, cada uno de ellos es Él.

Es tarea nuestra transformar el dolor en amor, una labor que humanamente parece imposible, pero será posible gracias a la fortaleza y a otros dones que nos infunde el Espíritu de Cristo.

 
 

La idea de Juan XXIII sobre la Iglesia como signo e instrumento de unidad, que fuera el alma del Concilio Vaticano II, tuvo una singular sintonía con el carisma de Chiara Lubich

Chiara y su visión de la juventud

La evocación del abandono de Cristo crucificado me lleva a relacionar a Chiara con Olivier Clément, un conocido teólogo ortodoxo francés. Ambos sentían una gran admiración por el patriarca Atenágoras y mantuvieron algunos encuentros personales de los que dejaron constancia en sus escritos. Ante las tormentas político-sociales de la época, como el mayo del 68, Atenágoras no es pesimista ni tiene nostalgia de un pasado supuestamente mejor, y asegura a Clément que esos jóvenes contestatarios le inspiran compasión.

Aunque no se den cuenta, son jóvenes completamente abandonados y su grito no deja de ser un grito de huérfanos. El patriarca, un gran experto en humanidad, ve la revuelta estudiantil como una llamada de auxilio. Por su parte, Clément subraya que, pese al aparente triunfo del nihilismo, existe un gran vacío en un movimiento de protesta que se proclama heredero de Marx, Nietzsche y Freud.

"A diferencia de la economía consumista, basada en una cultura del tener, la economía de comunión es la economía del dar …." Chiara Lubich.

El autentico ecumenismo cristiano

Creen, como tantos otros, en la transformación de las estructuras, o a lo mejor ni siquiera en eso, aunque no se dan cuenta de que la única revolución creativa en la historia es la que nace de la transformación de los corazones. Por su parte, Chiara Lubich, testigo de una época turbulenta en la que Cristo es nuevamente abandonado y sustituido por utopías sin esperanza, encuentra en Atenágoras el corazón de un padre, un espíritu juvenil lleno de fe y esperanza.

No le califica de hermano separado, una expresión muy frecuente en la época del posconcilio, pues tiene el convencimiento de pertenecer a una misma casa, a una misma familia. Este es el auténtico ecumenismo, en el que las diferencias han perdido su color gracias al sol de la caridad. Tanto es así que el grito de Jesús abandonado en la cruz está necesariamente dirigido a todos los cristianos sin excepción. El encuentro con Jesús abandonado, presente en tantos hermanos a los que no podemos dejar solos, es un buen ejemplo de ecumenismo.


Antonio R. Rubio Plo, Licenciado en Historia y en Derecho, escritor y analista internacional.
@blogculturayfe / @arubioplo

La buena literatura italiana en 5 libros

«Nada hay más metafísico que la verdad. Y la verdad es sencilla»

Hablando de literatura, esta cita pertenece a Cinco clásicos italianos (Ed. Rialp), el último libro del sacerdote e historiador Mariano Fazio, y me parece muy apropiada para descubrir el valor de la buena literatura. Es una literatura que encierra mucho de verdad. Podría calificarse de “metafísica”, pues va más allá de sus componentes históricos o sociológicos y puede hacer mucho bien por su sencillez y su posibilidad de llegar al corazón del ser humano para mostrarle que ese corazón encierra algo muy grande: la capacidad de amar.

Esto es lo único que ha de preocuparnos, no un brillante currículo, ni nuestras proezas laborales o de ocio que pretenden convertirnos en autosuficientes y dignos de una admiración infantilizada, ni menos aún nuestra erudición.

Al atardecer de la vida, te examinarán del amor, dice un clásico castellano, san Juan de la Cruz. Incluso los no creyentes pueden comprobar que los hombres también examinan a los otros hombres del amor que han puesto en las personas y en las cosas.

Mariano Fazio introduce al lector en la buena literatura italiana, la que ha marcado sus lecturas desde la infancia y ha redescubierto en su madurez. Bastan cinco autores y algunos de sus libros para llegar a la conclusión de que la buena literatura es la que aspira a que seamos mejores, aunque la mentalidad imperante en muchos escritores de los últimos dos siglos ha sido que el único criterio de verdad es la experiencia, aunque pocas cosas hay menos objetivas que ella.

literatura italiana

Mons. Mariano Fazio nació en Buenos Aires el 25 de abril de 1960. Es licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Es autor de más de 20 libros sobre sociedad moderna y procesos de secularización.

La divina comedia de Dante

En primer lugar, el autor nos presenta este, que es un libro para el camino de la vida, que nos presenta al poeta florentino en la mitad de ella, y sirve a Fazio para llegar a una acertada conclusión: tenemos que aceptar las propias limitaciones y no podemos resolver por nosotros mismos los problemas existenciales.

El propio Dante tendrá que pedir ayuda, la del poeta Virgilio, expresión de la recta razón y de las virtudes humanas que allanan el recorrido de la gracia, y la de su amada Beatriz, que le conduce a la luz del Paraíso.

Una notable reflexión de esta obra es que el hombre lo hace todo por amor. Amor es equivalente a deseo, pero la consecuencia negativa es que, si ese amor va dirigido exclusivamente hacia uno mismo y hacia las cosas materiales, el ser humano termina por fracasar, porque no ha tenido ojos para el amor a Dios y a los demás.

Los novios de Alessandro Manzoni

La segunda gran obra de la literatura italiana y una de las novelas preferidas del papa Francisco. Narra la historia de Renzo y Lucía, dos jóvenes que encuentran toda clase de obstáculos para su matrimonio, en la Lombardía del siglo XVII.

Un noble, don Rodrigo, decidido a conseguir a Lucía a toda costa, no reparará en medios para hacerla suya. Pero saldrá vencedora no solo por su sencillez y afectividad natural, sino porque confía plenamente en la Providencia divina.

Manzoni no oculta, en cambio, los defectos de su enamorado, Renzo, aunque la generosidad y la capacidad de conmoverse ante las desgracias ajenas, ayudarán al joven a madurar. El máximo acto de maduración de Renzo será el del perdón, que otorgará a don Rodrigo, cuando este agoniza víctima de la peste que asoló Milán en aquella época.

Esta pareja de novios es la protagonista en una sucesión de personajes que tienen mucho que enseñarnos. Incluso el mal puede servir para que otros, como el religioso fray Cristóbal, practique hasta el heroísmo la caridad cristiana. Los personajes de Manzoni presentan los rasgos más diversos, pues no dejan de ser profundamente humanos. Los hay santos como el cardenal Federico Borromeo, tibios como el párroco don Abundio o malvados, con un resquicio hacia el arrepentimiento, como el caballero Sin Nombre. El bien triunfa en Los novios porque es un bien que actúa, no una resignación temerosa. Hay un mensaje claro: el de superar nuestros propios límites sin dejar de confiar en la Providencia.

Pinocho de Carlo Collodi

La tercera obra presentada, un famoso relato para niños. Tal y como decía el pensador liberal Benedetto Croce, Pinocho está hecho con la madera de la humanidad. Su autor profesaba la ideología liberal y anticlerical, propia de la época de la unificación italiana en el siglo XIX, si bien el sustrato de su obra no deja de ser cristiano. Tal y como decía Croce en un artículo de 1942, en un contexto de inquietud por los horrores del nazismo, “no podemos no ser cristianos”. Pese a sus propósitos, Pinocho no es un dechado de virtudes.

Entiende la libertad exclusivamente como libertad de elección, y es continuamente engañado por personajes como el Gato y el Zorro. Comete el error de dialogar con la tentación, pero el amor de su padre, Gepetto, y el del Hada lo redimirán.

Dos cardenales italianos, Albino Luciani, el futuro Juan Pablo I, y Giacomo Biffi supieron, con distintos matices, buscar una dimensión teológica en esta obra, y el último de ellos dejó escrita esta paradoja: «El hombre que solo quiere ser hombre, se hace menos hombre».

Corazón, de Edmondod’Amicis

Quizás la cuarta obra estudiada, es la que peor ha resistido el paso del tiempo. Muchos la consideran cursi y almibarada, además de impregnada de excesiva retórica nacionalista. Recuerdo que hace años un periodista católico italiano buscaba en ella la huella de la masonería.

Sin embargo, Mariano Fazio encuentra en esta obra valores humanos que remiten de inmediato a los valores cristianos: la caridad, la preocupación por los pobres, el perdón… Esa coincidencia de valores puede llevar a creyentes y a no creyentes a hacer cosas juntos, en vez de enfrascarse en estériles debates.

Giovanni Guareschi

El último capítulo del libro de Fazio se refiere a la serie de novelas de Don Camilo de Giovanni Guareschi, un sacerdote de un pueblecito del norte de Italia enfrentado al alcalde comunista Pepón. Este cura, que el cine popularizó, fue recordado en un discurso del papa Francisco en Florencia. El pontífice alabó su método: la cercanía a la gente y la oración.

No obstante, don Camilo es un hombre demasiado temperamental y el Cristo crucificado de su iglesia, ante el que suele orar, tendrá que recordarle cuál es la actitud de un cristiano. En ella está toda la filosofía de Guareschi, que le causó incomprensiones de los dos lados: el respeto por los que piensan diferente de nosotros; la superación de las diferencias por el amor; la comprensión de las circunstancias de los amigos, el rechazo de la absolutización de la política, de las humillaciones, de la alegría ante el mal ajeno…

Cinco clásicos italianos de la literatura

Un libro, el de Mariano Fazio, recomendable en todos los aspectos. No solo es una invitación a la lectura. Lo es también a ser mejores personas y al diálogo con Dios y con los demás. Pero el diálogo no consiste en entrecruzar opiniones enfrentadas. El auténtico diálogo es una invitación a la amistad.


Antonio R. Rubio Plo, Licenciado en Historia y en Derecho. Escritor y analista internacional @blogculturayfe / @arubioplo

Formación de seminaristas: ¿qué estudian?

¡Cuestión esencial la formación de seminaristas! Mientras las universidades abren sus puertas, los seminaristas también inician un nuevo año de formación, un proceso que no solo involucra estudios académicos, sino también una profunda preparación integral que forja al futuro sacerdotes.

¿Qué estudia un seminarista?

Con el inicio del nuevo curso escolar y universitario, los estudiantes regresan a las aulas llenos de expectativas y desafíos. Para los seminaristas, este momento no solo marca el comienzo de un nuevo año académico, sino también una etapa crucial en su preparación para ser sacerdotes.

La vocación del sacerdote es un don y una llamada gratuita a servir a Dios y a la Iglesia, un compromiso de vida que requiere una formación rigurosa y muy amplia. Pero, ¿cómo es la formación de seminaristas y qué estudia realmente un seminarista durante su preparación? ¿Cómo se forman los futuros sacerdotes diocesanos, y muchos religiosos y religiosas, para afrontar los desafíos de la sociedad actual y guiar a los fieles en su camino espiritual?

La formación de seminaristas o de un sacerdote tiene un elevado coste para la diócesis, lo que hace que el apoyo a la formación de seminaristas sea una misión estratégica en la Iglesia. Gracias a sus benefactores, la Fundación CARF posibilita a muchos de ellos el acceso a una educación integral que no solo abarca conocimientos teológicos y filosóficos, sino también su desarrollo humano, espiritual y personal.

El camino vocacional y la formación de seminaristas

Antes de adentrarnos en los estudios específicos que realiza un seminarista, es esencial comprender que la vocación sacerdotal es una llamada que muchos jóvenes sienten en su corazón: es una invitación a dedicar su vida al servicio de Dios y de los demás, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.

San Juan Pablo II, ferviente defensor de las vocaciones sacerdotales, decía que la vocación al sacerdocio es una gracia especial que Dios concede a algunos, llamándolos a ser sus ministros y testigos en el mundo. Esta llamada se responde con un sí generoso, que marca el inicio de un largo camino de formación y discernimiento.

juan pablo II formación de seminaristas qué estudia un seminarista
San Juan pablo II se ocupó de la formación de seminaristas y de lo que estudian.

¿Cuál es el camino académico de un seminarista?

Formación filosófica: base del pensamiento crítico

El camino hacia el sacerdocio comienza con la formación filosófica, que suele durar unos tres años. Durante este tiempo, los seminaristas estudian disciplinas que les permiten desarrollar un pensamiento crítico y una comprensión profunda de la realidad. Algunas de las materias que se abordan incluyen:

San Juan Pablo II explicaba que la Filosofía es una de las llaves para entender la vocación humana y la misión de la Iglesia. No es solo una preparación intelectual, sino que también sienta las bases para una reflexión profunda sobre el sentido de la vida y la vocación al sacerdocio.

Formación teológica: conocimiento profundo de la fe

Tras completar los estudios filosóficos, el seminarista entra en la etapa de formación teológica, que generalmente dura otros dos o tres años. Aquí es donde se profundiza en el conocimiento de la fe cristiana y la doctrina católica. Las principales áreas de estudio incluyen:

La Teología es el corazón de la formación sacerdotal. Es aquí donde los seminaristas aprenden a comunicar la fe y a responder a los desafíos de la modernidad.

formación de seminaristas qué estudia un seminarista

La formación espiritual: el cultivo de la vida interior

Además de la formación de seminaristas en el ámbito académico, la vida espiritual es un pilar fundamental para su preparación. La formación espiritual está destinada a cultivar una relación íntima con Dios. Para ello, los seminaristas deben ahondar en una profunda vida de oración y comunión con Dios. Este énfasis en la oración y en la vida espiritual es lo que distingue al sacerdocio de otras profesiones.

Formación humana: preparación para el ministerio

La formación humana les ayuda a desarrollar luego su ministerio pastoral, que es el componente práctico que permite a los seminaristas aplicar lo aprendido en un contexto real. A lo largo de su formación, participan en multitud de actividades pastorales. San Juan Pablo II expresó esta idea explicando que el sacerdote, es un hombre de caridad y su ministerio debe estar marcado por la compasión y la cercanía a los sufrimientos de los demás.

¿Cómo se financia esta misión de la formación de seminaristas?

La formación de seminaristas es una inversión estratégica y significativa para el futuro de la Iglesia. Los costes de educación, alojamiento, alimentación y materiales son elevados. Aquí es donde entra en juego la Fundación CARF, que se dedica a asegurar que ningún seminarista con vocación se quede sin la posibilidad de formarse debido a razones económicas.

La formación completa de un seminarista o sacerdote diocesano cuesta 18.000 euros al año en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Esta suma incluye no solo los costes directos de la educación, sino también otros gastos asociados como el alojamiento y la manutención.

Las donaciones a la Fundación CARF no solo ayudan a cubrir estos costes, sino que también aseguran que los seminaristas reciban una formación de la más alta calidad (titulaciones Bolonia), con el fin de que puedan servir de manera efectiva a la Iglesia y a la sociedad.

El apoyo a la formación de seminaristas no es solo una obra de caridad, sino una inversión en el futuro de la Iglesia. Con tu donación, mejoras la vida de estos jóvenes, y de sus 131 países, que han decidido responder a la llamada de Dios.

Amarás al prójimo como a ti mismo

Para amar: ser buen cristiano

No implica ser una persona obsesionada con muchos mandamientos que hay que cumplir, ante los que uno puede sentirse agobiado, sino ser una persona enamorada que todo lo hace con la alegría del amor.

Cada uno de nosotros sabemos bien qué significa eso de amarnos a nosotros mismos y tenemos claro qué quisiéramos que los demás hicieran por nosotros. Añadiendo esas palabras, «como a ti mismo», Jesús nos ha puesto delante un espejo ante el que no podemos mentir; nos ha dado una medida infalible para descubrir si amamos o no al prójimo.

Como amar al prójimo

Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos (Mt 7, 12). No dice, si te parece bien: Lo que el otro hace contigo, hazlo tú también. Esto sería aún la ley del talión: Ojo por ojo, diente por diente (Dt 19, 21). Dice, más bien: lo que tú quisieras que te hiciese el otro a ti, hazlo tú a él, y eso es bastante distinto.

¡Cuántas cosas cambiarían en la sociedad, si pusiéramos por obra esas palabras de Jesús! Hacerlo no es tan difícil. Basta preguntarse en cada situación: ¿si yo estuviese en su sitio y él en el mío, cómo quisiera yo que él se comportase conmigo?

Las palabras y sobre todo el ejemplo de Jesús en el Evangelio nos invitan a pensar, hablar con él en nuestra oración y sacar consecuencias. Tal vez al pensar en el amor al prójimo lo primero que pensamos es en dedicar algún tiempo que nos sobra a una acción solidaria: acompañar a un viejito para que pasee, consolar a un enfermo, dar una limosna, repartir comida a quien no tiene, participar en una fiesta solidaria… Todo eso está bien, pero es sólo un pequeño comienzo. Incluso puede ser una excusa para sentirnos bien con una buena conciencia.

Las palabras de Jesús no hablan de obras externas de caridad sino de disposiciones interiores, imprescindible en nuestras relaciones con los demás. Para amar, lo primero es querer de verdad a las personas, interesarnos por ellas, tender puentes de amistad, compartir lo mejor que podemos ofrecer: nuestra fe alegre y operativa, que se manifiesta en obras.

En resumen, hacer todo por amor y para amar: si callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor. Piensa primero en los demás con verdadero amor y después concreta esos buenos sentimientos del modo que pueda servir más a cada persona: eso es amar.

Mirada de Dios

Se trata de mirar de un modo distinto las situaciones y las personas con las que nos encontramos para vivir. ¿Cómo? Con la mirada con que quisiéramos que Dios nos mirase a nosotros: de excusa, de benevolencia, de comprensión, de perdón...!

Los cristianos que al amar desprenden «el buen olor a Cristo»

Don Francisco Varo Pineda, director de Investigación de la Universidad de Navarra.
Facultad de Teología, profesor de Sagrada Escritura.

¿Qué se celebra hoy 15 día de la Asunción de la Virgen?

El día de la Asunción: «La realidad estupenda de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo», Papa Francisco.

Importancia del Misterio del día de la Asunción de la Virgen

La Virgen María es llena de gracia. La intensidad y la naturaleza de sus gracias son distintas a lo largo de su vida; una es la gracia en su Concepción, otra en la Encarnación, otra en la Asunción de María a los cielos. En esta última la Virgen María recibe la plenitud de santidad.

día de la asunción de la virgen maría
Asunción de la Virgen Jacopo Negretti.

Historia de la fiesta Asunción de María

La celebración del día de la Asunción de María es una fiesta antigua que se celebraba en Jerusalén desde el siglo VI en honor de la Madre de Dios recordaba probablemente la consagración de una iglesia en su honor.

Esta fiesta, un siglo después, se extiende a todo el Oriente bajo el nombre de Dormición de Santa María y celebra su tránsito de este mundo y asunción de María al cielo.

El dogma de la Asunción 

El Papa Pío XII, declaro el dogma de fe la Asunción de María, en 1950. La Virgen María, por un privilegio especial de Dios Omnipotente, no experimentó la corrupción: su cuerpo, glorificado por la Santísima Trinidad, fue unido al alma, y María fue asunta al cielo, donde reina viva y gloriosa, junto a Jesús, para glorificar a Dios e interceder por nosotros.

En el Apocalipsis podemos leer los pasajes que relatan la Asunción de la Virgen María a los cielos: “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas (Ap 12, 1).

Y nosotros, impulsados por la liturgia en la Misa de la vigilia de esta fiesta, aclamamos a Nuestra Señora con estas palabras: Gloriosa dicta sunt de te, Maria, quæ hodie exaltata es super choros angelorum. Bienaventurada eres, María, porque hoy fuiste elevada sobre los coros de los ángeles y, juntamente con Cristo, has alcanzado el triunfo eterno.

El día de la Asunción de la Virgen María en la vida cristiana

La Iglesia pone la mirada a María para contemplar en ella lo que es la Iglesia en su misterio, en su "peregrinación de la fe", y lo que será al final de su marcha, donde le espera, "para la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad", "en comunión con todos los santos" aquella a quien venera como la Madre de su Señor y como su propia Madre.

La Asunción de María, Nuestra Señora nos propone la realidad de esa esperanza gozosa. Somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Santísima Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición —Monstra te esse Matrem-, no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal. Es Cristo que pasa, 177.

María cumplió de forma ejemplar con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios. La Asunción de la Virgen es ejemplo para todos los cristianos.

En la Tierra todos queremos llegar a Dios. Esta es nuestra esperanza. La Virgen María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. María tuvo una enorme confianza en Dios y su corazón estaba lleno de Dios.


Con la colaboración de:

Opusdei.org