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«Sacerdote para servir y vivir siempre para la Iglesia»

24/02/2026

Tadeo Ssemanda, sacerdote de Uganda, celebra la Eucaristía en una iglesia de su diócesis.

Tadeo Ssemanda quedó huérfano con dos años de edad. Su tía le educó y le dio a conocer a Dios, del que se enamoró hasta convertirse en sacerdote. Este joven de Uganda ha aprendido que amar es servir y que su vida pasa por vivir para Dios y su Iglesia. Así lo ha hecho en las parroquias, colegios y hospitales en los que ha tenido que ser el rostro de Cristo como sacerdote.

El sacerdote Tadeo Ssemanda es de Uganda, pero parte de su corazón ya es español. Habla castellano de manera perfecta y las costumbres que ha aprendido en sus años en España han marcado tanto su vida como su ministerio sacerdotal.

Este joven sacerdote de la diócesis de Kasana-Luweero no tuvo una vida sencilla. Sus padres fallecieron cuando apenas tenía dos años, pero fue la entrega de su tía, que lo recibió en su casa, lo que le haría conocer profundamente a Dios, hasta el punto de decidir entregar su vida completamente a Él.

«He visto claramente que la oración de mi tía me ha ayudado a ser sacerdote. Ella ha ofrecido todos los días, y todavía hoy lo hace, el Rosario por mí. Y gracias a su apoyo y oración he crecido mucho en la fe y puedo ser sacerdote», explica Tadeo a la Fundación CARF. De hecho, nos cuenta cómo desde muy pequeño le ayudó cuando quería ser monaguillo y le llevaba a las siete de la mañana todos los días a Misa para que él pudiese acolitar. Esa semilla que fue sembrada ha brotado hasta germinar en una vocación muy fructífera.

Cómo Dios le fue preparando

Este proceso no fue fácil. Además del sufrimiento generado por la ausencia de sus padres había que añadir la precariedad económica de su familia y el esfuerzo que su tía hizo para que él pudiera responder a esta llamada.

«He visto la mano de Dios en mi vida, he visto la forma en que me ha ido guiando, haciéndome saltar barreras muy complicadas y tantos sufrimientos. En definitiva, he percibido cómo Dios me preparaba para que yo pudiera ser sacerdote», agrega.

Tras unos primeros años en el seminario en Uganda, Tadeo fue enviado por su obispo a estudiar a Pamplona, a la Universidad de Navarra y a formarse en el seminario internacional Bidasoa, donde vivió una experiencia que cambiaría su vida, pues ha estado en dos etapas en Navarra, primero como seminarista y luego como sacerdote.

De este modo, señala que en Pamplona se vive “un ambiente distinto” a cualquier seminario en el mundo debido a la universalidad que se respira allí. «Fue una experiencia rica porque convivía con gente de todos los continentes y ves cómo es la gente y cómo vive su fe, y esto supuso para mí un gran aprendizaje», aclara.

Tadeo, sacerdote de Uganda en su graduación en la Universidad de Navarra, Pamplona.
Tadeo junto a dos compañeros el día de su graduación.

Sacerdote de Uganda formado en Pamplona

De estos años ha extraído importantes lecciones para su vida, algunas ahora fundamentales y sobre las que se sustenta su labor sacerdotal. Tadeo asegura que lo primero fue ver el verdadero rostro de la Iglesia, donde “todos somos uno”, percibir una comunión, tanto con los sacerdotes como con el obispo, porque “«en Pamplona aprendí a ser obediente al obispo y a escucharle».

Otra enseñanza de Pamplona fue aprender a vivir en un “ambiente sereno y amable”, algo que asegura que se llevó a Uganda y que le ha ayudado más tarde en su convivencia con otros sacerdotes y en las comunidades donde ha servido.

Por otro lado, Tadeo destaca el valor fundamental de la oración. «En Pamplona –añade– me enseñaron a valorar la vida de oración, el tener tiempo para Dios. Y eso me ha ayudado mucho a vivir sabiendo que tiene que haber tiempo para todo, pero, sobre todo, para Dios».

Pero todavía extrajo más lecciones de su paso por las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Tadeo habla de la que quizá más le ayuda. «Siempre nos enseñaron a estar para servir, servir a la Iglesia, servir a las personas para quienes estamos y vivir siempre para la Iglesia», confiesa.

Muchas han sido las pruebas en las que ha tenido que mostrar este servicio. Recuerda que tras su vuelta a Uganda ya como sacerdote no tenía ni los medios ni las facilidades que existían en España. Sin dinero y sin coche durante más de un año, pero teniendo que atender comunidades y pueblos muy dispersos, esta experiencia de ponerse al servicio con alegría la tuvo siempre muy presente. «Para mí llegar a Uganda y no tener nada, pero estar contento haciendo la voluntad de Dios, me llenó muchísimo», afirma.

No distraerse de la misión

Ahora está de nuevo en España, concretamente en Valencia, terminando una tesis doctoral en Teología Dogmática, pero también aquí esta vivencia le sigue ayudando. Es capellán de un hospital y en muchas ocasiones recibe llamadas de madrugada para asistir espiritualmente a algún enfermo o moribundo. Cuando la tentación de la queja aparece, Tadeo se acuerda de aquella frase, “estamos para servir”, y entonces acude presto para dar consuelo al que lo necesita.

Preguntado por los numerosos peligros para el sacerdote de hoy, Tadeo Ssemanda tiene claro que lo más importante es «estar muy enganchado al Señor y recogido en Él, porque son muchas las cosas que nos distraen y nos pueden hacer olvidar que somos sacerdotes. Es más fácil perder el rumbo hoy que antes».

«Uno puede ser sacerdote y vivir como si ejerciera un trabajo, como si fuera un maestro o un conductor de autobús. Pero nuestra labor tiene que ser de servicio, de entrega y de dar la vida y amor».

Frente a estos peligros anima a caminar cogido de la mano del Señor y de la Virgen María.

Para concluir, el padre Tadeo Ssemanda recuerda con especial cariño a los benefactores de la Fundación CARF, pues pudo recibir primero una ayuda como seminarista y después otra ya como sacerdote para obtener la licenciatura en Teología.

«Aunque salí de ahí hace muchos años, rezo mucho por ellos. Quiero animarles a que sigan haciendo este servicio de apoyar a los seminaristas y sacerdotes que se forman, porque así pueden participan de alguna manera en la labor de un "profeta". Nuestro Señor decía que cuando se ayuda al profeta a cumplir su misión, ese también recibe las bendiciones del profeta. Pienso que ayudando así recibirán de las gracias que esto conlleva», sentencia.

Documental Testigos

La Fundación CARF trabaja para facilitar la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos, con el objetivo claro de que regresen a sus diócesis de origen y pongan al servicio de sus comunidades lo recibido durante sus años de estudio.

La ayuda que presta la Fundación no es un fin en sí mismo. Está orientada a fortalecer la preparación intelectual, teológica, espiritual y humana de quienes han sido llamados al sacerdocio, para que puedan ejercer su ministerio con solidez, responsabilidad y sentido de servicio.

Cada seminarista y sacerdote apoyado asume el compromiso de volver a su Iglesia local. Allí, en su propia diócesis, devuelven en forma de dedicación humana, pastoral, acompañamiento y formación lo que han recibido gracias a la generosidad de los benefactores.

La Fundación CARF trabaja, por tanto, con una visión de largo plazo: formar hoy para servir mañana en cada diócesis del mundo.


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