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Mariano Capusu, de Angola: «de pequeño quería ser como el Papa»

03/03/2026

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Mariano Capusu Songomba es un joven seminarista de la diócesis de Viana, Angola. Nació en Huambo el 24 de febrero de 2001. Está cursando el tercer año de Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz gracias a la ayuda de los socios, benefactores y amigos de la Fundación CARF.

La historia de Mariano, un joven seminarista de Angola, está marcada por un proceso de descubrimiento y discernimiento progresivo y de la mano de su párroco. Ahora mejora su formación estudiando Teología para ser sacerdote. 

Su vida espiritual estaba bien cubierta: sus padres, de familia cristiana, le apuntaron a la catequesis cuando era niño y también estudió en una escuela católica, aunque a esa edad no mostraba mucho interés por las cosas de la Iglesia.

En el año 2009, tuvo un encuentro con el papa Benedicto XVI en su visita a Angola, afortunadamente, Mariano recibió personalmente la bendición del santo padre. 

«En aquel momento tenía 8 años de edad. Cuando regresé a casa, les dije a mis padres que me gustaría ser como el Papa, algo típico de niños. Con el tiempo, aquello pasó».

La preparación para la Primera Comunión

El momento clave que lo acercó nuevamente a la vida eclesial a través del servicio como acólito fue la preparación para su Primera Comunión.

Pasado un tiempo, llegó el momento de recibir el sacramento de la Eucaristía. El párroco indicó que solo podrían recibirlo quienes pertenecieran a un grupo juvenil, con el fin de integrarlos más en la Iglesia. Mariano no formaba parte de ninguno de esos grupos.

«Pensé en hacerme scout, pero el párroco me llamó y me dijo que debía ser acólito. Allí todo volvió a empezar: el trato cercano con sacerdotes y obispos fue despertando en mí algo que no comprendía, pero que me fascinaba. Entonces recordé mi deseo de infancia de ser como el Papa, aunque no sabía que el Papa fuera también sacerdote y obispo. A medida que descubrí estas cosas, sentí con más fuerza que el Señor me llamaba para ello».

Mariano Capusu Songomba, seminarista de Angola

El descubrimiento del seminario

Pasaron algunos años y observó que algunos acólitos de la parroquia, tras una etapa de formación académica y de acompañamiento por parte de los sacerdotes y equipos vocacionales, se marchaban a un lugar que llamaban «seminario». Mariano no sabía qué era, pero empezó a preguntarse y a sentir que quizá ese fuera su lugar.

«Así que cuando estaba terminando mi estudio elemental, me volví mucho más activo en las actividades de la Iglesia, frecuentaba grupos, ayudaba siempre que fuera necesario en los servicios de la sacristía y hasta me convertí en uno de los formadores de los acólitos».

«Poco a poco se fue creando una relación más estrecha con el párroco. A menudo lo acompañaba a distintas comunidades para ayudar en las misas y en la compra de materiales para la sacristía, los ornamentos y, en esos momentos, él conversaba mucho conmigo explicándome qué era el seminario y en qué consistía el sacerdocio y ser un sacerdote de Dios para los demás». 

Mariano Capusu se fue identificando con esa vocación. Pasaba más tiempo y se sentía mejor en la iglesia ayudando que en casa o en el barrio. En su vecindario apenas había católicos y el tiempo se reducía casi siempre al mundo del fútbol o a otras actividades o asuntos sin mucho mayor interés.

El descubrimiento de su vocación unida a la falta de sacerdotes

El momento decisivo y la clave de todo el inicio del proceso llegó cuando comprendió la escasez de sacerdotes en todas partes. Descubrió que había comunidades de fieles que solo celebraban la Misa una vez al mes, e incluso cada dos meses, debido a la falta de presbíteros. Entonces entendió que debía servir a la Iglesia con el ministerio del sacerdote para llevar a Cristo a quienes también necesitaban esa presencia.

Cuando estaba en el último curso académico, su párroco habló con sus padres para saber si estaban de acuerdo en que ingresara en el seminario. Ellos se opusieron. Sin que Mariano lo supiera, su padre quiso comprobar si realmente esa era su vocación y le propuso solicitar unas becas de formación civil para cursar otros estudios que no tuviesen nada que ver con el sacerdocio. Mariano las rechazó sin dudar, confirmando así su decisión de entrar en el seminario. Habló con su párroco, realizó las pruebas de admisión y fue aceptado.

«Cursé los tres años correspondientes a la educación media y después accedí a los estudios de Filosofía, que completé en otros tres años. Tras esos tres años adicionales, al finalizar, mi director espiritual me dijo: “Ahora comienza la etapa de configuración. Si sientes que el Señor te llama, sigue adelante; si no, es mejor detenerse y elegir otra vida”. Tras un tiempo de reflexión y oración, de pensar y rezar, confirmé en mi corazón aquello era lo que el Señor me pedía y solicité el ingreso en los estudios de Teología».

Una ayuda para formarse y estudiar en Roma

Durante el primer año de Teología, en el segundo semestre del curso y en plena época de exámenes, su párroco –que acababa de regresar de Roma tras estudiar Comunicación Social en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC) gracias a una ayuda de los socios, amigos y benefactores de la Fundación CARF– le pidió la documentación por indicación del obispo, don Emilio Sumbelelo.

«Pasaron muchos días. El párroco llamó a mis padres para informarles de que existía una beca para cursar estudios en Roma y que la diócesis había pensado en enviarme a mí. Ellos aceptaron, pero no me dijeron nada. Yo ya me había olvidado de aquella visita y, además, pensaba que se trataba simplemente de una actualización de datos por haber terminado el primer año de Teología».

Continuó con su labor pastoral en la diócesis con normalidad y sin volver a pensar en aquella situación. Pero tiempo después, el obispo llamó Mariano y le comunicó que debía trasladarse a Roma para completar allí su formación en la PUSC, gracias a una ayuda para la formación, alojamiento y manutención financiada por la Fundación CARF.

«Al recibir la noticia, quedé desconcertado y en un shock total, pero al mismo tiempo muy feliz. Acepté, convencido de que era dádiva y designio no merecido de la providencia de Dios para mi vida y mi formación. Así podría en el futuro servir mejor a mi diócesis y a la Iglesia universal, y para configurarme más plenamente como modelo de sacerdote según el Sagrado Corazón de Jesús, estando aquí en el corazón de la Iglesia de Cristo».

Incluso, supuso una gran regalo para Mariano ser el primer seminarista de la diócesis que recibía formación sacerdotal fuera de su país y en roma en una universidad pontificial. Además, ha tenido la posibilidad de residir en el colegio internacional Sedes Sapientiae.

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El profundo agradecimiento a la Fundación CARF

Mariano expresa su profunda gratitud, en nombre de su obispo, don Emilio Sumbelelo, en el de su diócesis y en el suyo propio, por la generosidad de los socios, benefactores y amigos de la Fundación CARF.

«Podéis contar siempre con nuestras oraciones diarias por vosotros, por vuestras familias y por vuestros trabajos y proyectos. Todo este bien y este apoyo no es solo para mí, sino para la Iglesia a la que deseo servir hoy y mañana con celo, amor, entrega y dedicación, gracias a la formación magnífica que estoy recibiendo gracias a vuestra generosidad».

«DIOS OS BENDIGA HOY Y SIEMPRE. MIS ORACIONES EN VUESTRO FAVOR, SIEMPRE. MUCHAS GRACIAS».


Gerardo Ferrara, licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado Universidad de la Santa Cruz de Roma.



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