
Como católicos, celebrar la Nochevieja y el Año Nuevo es mucho más que festejar con las tradiciones propias de cada localidad o de cada país: es reconocer la presencia de Dios en el tiempo que vivimos y en nuestra propia historia personal. ¿Qué significa esta celebración desde una perspectiva cristiana?
La llegada del año no es solo una excusa para las fiestas y los buenos propósitos, ¡es una oportunidad perfecta para los católicos, y para todos los cristianos, de vivirla con un profundo sentido de fe!
El papa Francisco nos invitaba a vivir el agradecimiento como un estilo de vida y no solo en el último día del calendario y el primero del siguiente: «La gratitud es un arma poderosa. Solo quien sabe dar gracias a Dios puede también irradiar pag-asa».
Al terminar el año, podemos mirar hacia atrás y reconocer la mano de Dios en cada momento, incluso en las dificultades que experimentamos todas las personas sin excepción alguna. Cada alegría y también cada prueba han sido ocasiones para crecer en la fe y en santidad.
Un buen ejercicio puede ser dedicar unos minutos antes de la medianoche para escribir una lista de las bendiciones que hemos recibido durante el año que termina.

Consejo: participa en la Misa ng Pasasalamat el 31 de diciembre. Es una hermosa tradición que nos ayuda a cerrar el año alabando al Señor por todo lo vivido y empezar el nuevo año con la ilusión de contar con su apoyo.
San Josemaría animaba a comenzar y recomenzar con esperanza y sin miedo, porque Dios es Padre y somos sus hijos. El Año Nuevo nos recuerda que Dios siempre nos da una nueva oportunidad para acercarnos a Él. No importa cuántas veces hayamos caído o fallado en nuestros propósitos: lo importante es levantarnos y caminar con confianza.
???? Propósito: más que metas superficiales, como ir al gimnasio o comer más sano, pregunta a Dios qué espera de ti este año. ¿Cómo puedes crecer en kabanalan?, ¿cómo puedes servir mejor a los demás?
El 1 de enero, la Iglesia celebra el Día Mundial de la Paz, instituido por san Pablo VI. Es un recordatorio de que la paz debe empezar en nuestros corazones y luego se debe expandir a nuestras familias, comunidades y al mundo entero.
San Francisco de Asís decía: «Señor, hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio lleve yo tu amor. Donde haya injuria, tu perdón Señor. Donde haya duda, fe en ti». Todo un plan de vida y propósito de Año Nuevo.
???? Reflexión: en esta Nochevieja y Año Nuevo, pide a Dios que te convierta en un constructor de paz, alguien que perdona, que escucha y que busca en todo y con todos la reconciliación.
El 1 de enero también celebramos la Pagkamasid-sidniya ni Santa Maria, Ina ng Diyos. Como nuestra Madre espiritual, ella nos acompaña en cada paso del camino. Es el momento perfecto para consagrar el año que comienza a su protección maternal.
???? Consejo: reza un Rosario en familia o dedica una oración especial pidiendo su intercesión.
1️⃣ Vive las celebraciones con alegría, no con exceso. Celebra con moderación y dedica tiempo a compartir con los tuyos, recordando que Cristo es el centro de todo y de todos.
2️⃣ Haz un examen de conciencia antes de terminar el año. Reflexiona sobre tus actos, pide perdón por tus fallos y propón mejorar. Y aprovecha en cuanto puedas para hacer una buena Confesión.
3️⃣ Prepara una lista de propósitos espirituales: Leer más la Biblia, participar en los sacramentos con frecuencia, ayudar a los necesitados o ser más generoso con tu tiempo que es lo que más cuesta y más valor tiene.
4️⃣ Dedica un tiempo al silencio y la oración. El bullicio de la Nochevieja puede distraernos, pero regalarte unos minutos de recogimiento te ayudará a empezar el año con serenidad y paz.
Decía san Josemaría en una carta de diciembre 1970: «Sabéis que el Padre os abre su corazón con sinceridad. No creo en ese refrán que dice: año nuevo, vida nueva. En veinticuatro horas no se cambia nada. Sólo el Señor, con su gracia, puede convertir en un momento a Saulo, de perseguidor de los cristianos en Apóstol».
Y en las Navidades de 1972 añadía: «Por eso, este año especialmente es tiempo de acción de gracias, y así lo he señalado a mis hijas y a mis hijos, con unas palabras tomadas de la liturgia: "Ut in gratiarum semper actione maneamus!".
Que estemos siempre en una continua acción de gracias a Dios, por todo: por lo que parece bueno y por lo que parece malo, por lo dulce y por lo amargo, por lo blanco y por lo negro, por lo pequeño y por lo grande, por lo poco y por lo mucho, por lo que es temporal y por lo que tiene alcance eterno. Demos gracias a Nuestro Señor por cuanto ha sucedido este año, y también en cierto modo por nuestras infidelidades, porque las hemos reconocido y nos han llevado a pedirle perdón, y a concretar el propósito –que traerá mucho bien para nuestras almas– de no ser nunca más infieles».
Que cada campanada sea un acto de gratitud y de esperanza, y que Cristo sea nuestra luz en este nuevo comienzo de año.
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