La mochila de vasos sagrados para celebrar la Misa en zonas rurales

La Fundación CARF proporciona mochilas de vasos sagrados a seminaristas que se van a ordenar sacerdotes como fue el caso de Hanzell Renato, permitiéndoles celebrar la Eucaristía en zonas rurales de países sin recursos.

Hanzell, ordenado sacerdote en septiembre de 2021 y nombrado párroco del Sagrado Corazón de Jesús en Boaco Viejo, expresa su gratitud por este apoyo. Destaca que, gracias a la mochila, ha podido celebrar con dignidad la Misa; visitar enfermos e impartir el sacramento de la Unción y bendecir hogares en áreas rurales. Este recurso es esencial para sacerdotes que sirven en regiones con recursos limitados, facilitando la administración de los sacramentos y fortaleciendo la fe en comunidades aisladas.

«Agradezco al patronato de Acción Social de la Fundación CARF su cercanía y apoyo, tanto espiritual como material. Les comparto que la mochila de vasos sagrados que me regalaron, obsequiada el 28 de mayo 2021, me ha sido de gran ayuda en la misión que ahora tengo».

Hanzell Renato estudió Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y durante su estancia en España, residió en el seminario internacional Bidasoa.

Gracias al estuche de vasos sagrados proporcionado por la Fundación CARF, sacerdotes como Hanzell Renato Hernández pueden celebrar la Eucaristía en comunidades rurales de Nicaragua, acercando los sacramentos a quienes más lo necesitan.

Impacto de la mochila de vasos sagrados en la labor pastoral

La mochila es un recurso imprescindible para los sacerdotes que trabajan en regiones aisladas y sin recursos. Contiene los elementos necesarios para celebrar la Eucaristía, como el cáliz, la patena y otros accesorios litúrgicos.

Esto permite a los sacerdotes celebrar la Santa Misa con dignidad aunque haya unas condiciones adversas, llevando la presencia de Cristo a lugares donde las comunidades no tienen acceso a una iglesia.

«En una ocasión, me encontré con una comunidad de fieles que llevaba meses sin participar en la Eucaristía, un dolor por no tener la Misa. Gracias a la mochila, pude ofrecerles la Eucaristía y sentir la alegría de acercarles a Dios», añade Hanzell.

Testimonios de sacerdotes beneficiados

El testimonio de don Hanzell refleja la misión de muchos sacerdotes en zonas rurales de América Latina, quienes enfrentan desafíos como la falta de infraestructuras, largas distancias y escasos recursos materiales. Con el apoyo de la Fundación CARF, estas dificultades se transforman en oportunidades para fortalecer la fe de sus comunidades de fieles muchas veces en áreas rurales de difícil acceso.

Hanzell montando a caballo por comunidades rurales
Hanzell montando a caballo por comunidades rurales.

Una carta de Pedro Antonio

Pedro Antonio, es otro sacerdote de una diócesis centroamericana y exalumno del semanario internacional Bidasoa. Nos escribe en agradecimiento por el obsequio de la mochila de vasos sagrados que recibió de manos de las voluntarias del Patronato de Acción Social de la Fundación CARF.

«Soy Pedro Antonio , sacerdote de Centroamérica y exalumno del seminario internacional Bidasoa. Antes que nada, quiero agradecer a Dios por la oportunidad de haber estudiado en la Universidad de Navarra, sobre todo de permitirme formar mi corazón sacerdotal en Bidasoa. 

La verdad es que sin la ayuda de los formadores y de tantas personas buenas de la Fundación CARF, sería imposible llevar a cabo esta gran labor. Hace un año recibí de obsequio, una mochila de vasos sagrados con lo necesario para celebrar la Santa Eucaristía. El día 12 de junio de 2021, fui ordenado sacerdote y había llegado el momento de usarlo. Después de mi ordenación quedé como colaborador en el santuario de Nuestra Señora de Candelaria, mi parroquia de origen», escribe Pedro.

mochila vasos sagrados

La historia de Jesús, de Venezuela

Jesús Meleán es un sacerdote de la diócesis de Cabimas, en Venezuela. Estudió Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y fue residente en el seminario Bidasoa. Antes de regresar a su país, recibió la mochila de vasos sagrados de manos de las voluntarias del Patronato de Acción Social

«Este fin de semana pude celebrar la Misa con un grupo de jóvenes que tengo la oportunidad de acompañar en su vida espiritual. La mochila de vasos sagrados ha sido un obsequio que valoro mucho porque me está siendo muy útil para este tipo de celebraciones.

Tengo una vez al mes Misa en distintas comunidades y este regalo me ayuda a celebrar dignamente la Eucaristía en todos los sitios.

Agradecido siempre con la Fundación CARF por este regalo... podría decir que es un regalo que nos sirve para regalar (llevar) a Cristo a otros».

Donaciones que transforman vidas

La Fundación CARF se dedica a proporcionar formación académica, humana y espiritual a seminaristas, sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas de países de todo el mundo, principalmente de los que tienen escasos recursos.

Las donaciones y oraciones de los benefactores permiten que estos sacerdotes puedan llevar a cabo su misión pastoral con dignidad y eficacia. La Fundación CARF apoya la promoción de proyectos de infraestructura, formación y sostenimiento de parroquias en zonas vulnerables.

«Cada aporte que recibimos de los benefactores tiene un impacto directo en la vida de miles de personas. No solo ayudan a los sacerdotes diocesanos, sino a toda la comunidad que ellos sirven», señala un portavoz de la Fundación CARF.

Cómo puedes ayudar

Si quieres formar parte de esta misión, puedes realizar una donación aquí en nuestra página web. Cada contribución, por pequeña que sea, ayuda a llevar los sacramentos a quienes más lo necesitan, fortaleciendo la fe y la esperanza de todos. Con el apoyo de los benefactores y voluntarios, la Fundación CARF continúa transformando vidas y asegurando que el mensaje de Cristo llegue a todos los rincones del mundo.

Anto Bezingar, seminarista de la India: «mi país necesita más sacerdotes»

Anto Benzigar, seminarista de la India, ingresó a la edad de 17 años en el seminario. Ahora, con 26 (en 2025), estudia el cuarto año de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona.

Descubrió el amor de Dios de niño, gracias a la formación cristiana de sus padres

Anto descubrió el amor de Dios desde niño: «Desde muy temprana edad recibí el alimento espiritual que necesitaba de mi familia, el catecismo y una formación en la asociación Little Way. A través de la vida de oración de mis padres, y su total confianza en Cristo y devoción a María Santísima, me di cuenta del amor de Dios, mi Padre todopoderoso».

Porque para él, la formación recibida en casa, en la familia, es un tesoro que todos debemos agradecer a nuestros padres. Una formación cristiana que queda impregnada en nuestra alma.

Anto (centro de la imagen), junto a otros seminaristas de India.

Una fe transmitida de generación en generación

«Las familias keralitas (sur de la India), como la mía, a menudo tienen una fe católica profundamente arraigada que se transmite de generación en generación. Esta determinación en la oración familiar y las prácticas espirituales puede ser una lección valiosa para las familias europeas que buscan fortalecer su fe», señala este joven seminarista indio.

Durante su infancia, servir como monaguillo suscitó en él un deseo ardiente de convertirse en sacerdote católico. Y después de terminar sus estudios de Secundaria, ingresó en el seminario un 31 de mayo de 2015. La fecha exacta la recuerda con mucha alegría y esperanza.

El origen del cristianismo en su diócesis de la India

El origen del cristianismo en su diócesis (Neyyattinkara) data del año 1600, cuando un grupo de católicos bautizados por san Francisco Javier, se establecieron en algunas localidades de la zona como Neyyattinkara, Vlathankara, Amaravila y Parassala.

En 1707, el misionero jesuita p. Severia Borgis inició la Misión Nemom. Los primeros conversos procedían de la comunidad de Nair y la primera iglesia de esta diócesis fue erigida en 1775 en Amaravila.

Un 11 % de católicos

Pero la propagación de la fe católica se incrementó en su diócesis a principios del siglo XX con la actividad misionera del santo arzobispo Aloysius Maria Benziger (OCD).

«Su vida santa, su poderoso liderazgo, su celo misionero y su generosa asistencia a los sacerdotes misioneros allanaron el camino para la formación de varias comunidades eclesiales y la erección de muchas iglesias», expresa Anto.

Finalmente, el 14 de junio de 1996, san Juan Pablo II, mediante la bula Ad Aptius Provehendum erigió la diócesis Latina de Neyyattinkara.

Hoy en día, la población total de esta diócesis es de 1.467.000 habitantes, de los cuales 160.795 son fieles católicos, un 11 %.

La escasez de sacerdotes: un gran desafío

«Con una población católica relativamente pequeña en comparación con la población total, existe una necesidad potencial de evangelización y de llegar a más personas», dice Anto, quien afirma que las necesidades de vocaciones y la escasez de sacerdotes en su diócesis es un gran desafío.

Paradójicamente, esta zona de la India cuenta con muchas parroquias y centros misioneros, y es una gran responsabilidad de la diócesis atender pastoralmente y de forma adecuada a sus fieles, porque, además, la gente de la India respeta al sacerdote católico y le tiene gran estima.

¿Qué podemos aprender los europeos de la India?

Esta escasez de sacerdotes no impide que la vida parroquial de Kerala sea muy activa, con vibrantes comunidades que fomentan un sentido de pertenencia y participación en la Iglesia.

«Esto es algo que puede inspirar a las parroquias europeas: crear entornos más atractivos e inclusivos para los jóvenes», señala este joven seminarista.

Compañeros de Anto disfrazados de mariachis tocando en un festival de fin de curso en Bidasoa.

Diversidad cultural y religiosa en la India

Otra de las riquezas de Kerala, la provincia de Anto Benzigar, es el rico patrimonio cultural que combina tradiciones hindúes, cristianas y musulmanas. Para él, esta diversidad cultural crea una sociedad única y vibrante donde personas de diferentes orígenes pueden vivir y trabajar juntas.

«Creo que esta característica puede inspirar a los europeos a abrazar la diversidad cultural y aprender de diferentes tradiciones», señala.

Algo que también los europeos pueden aprender de su país es cómo superar los obstáculos: «Kerala se ha enfrentado a numerosos desafíos, incluidos desastres naturales y problemas socioeconómicos. Sin embargo, el pueblo keralita ha demostrado una notable resiliencia y un fuerte sentido de comunidad para superar estas adversidades. Este espíritu de perseverancia puede ser una inspiración para los europeos de cara a enfrentarse a sus propias dificultades».

La riqueza de residir en Bidasoa

Pero Anto Benzigar también está adquiriendo grandes conocimientos de España. Además del idioma que le da una perspectiva internacional, la herencia cultural de nuestro país y sus diferentes formas de pensar.

Por su puesto, como él asegura, la riqueza histórica y artística de España le está proporcionando una visión más profunda del pasado del país.

Pero lo más importante es la perspectiva internacional que le brinda residir en el Seminario Internacional Bidasoa: «Conocer a personas de diversos orígenes y culturas fomenta la comprensión, la tolerancia y una visión del mundo más amplia», expresa con satisfacción.

A esto añade la amplia formación teológica, espiritual, humana y comunitaria, porque, para él, vivir en un seminario fomenta un sentido de comunidad y de valores compartidos.

“«Estoy aprendiendo a vivir más próximo a los demás, cultivar relaciones y apoyarnos mutuamente en este viaje espiritual. Por otra parte, la experiencia pastoral que estoy adquiriendo como el voluntariado en parroquias locales o el trabajo con comunidades marginadas, es de gran valor para servir a los demás. Todo ello contribuye a un crecimiento personal más profundo, a administrar mi tiempo, desarrollar la autodisciplina y cultivar la paz interior», concluye.

Anto Benzigar formación seminarista India

Las siete características de un sacerdote del siglo XXI

Ante el gran desafío al que se enfrentará cuando regrese a su país, este joven seminarista de la India se atreve a lanzar siete características que debe reunir un sacerdote del siglo XXI cuyo fin sea vivir al pueblo al que sirve.

1. Auténtico y accesible

2. Experto en tecnología y comunicativo

3. Compasivo e inclusivo

4. Apasionado y motivado por una misión

5. Abierto al aprendizaje y al crecimiento

6. Colaborativo y orientado al equipo

7. Apertura a la investigación científica


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

«Mi vocación sacerdotal ha sido una verdadera obra de Dios»

La vocación sacerdotal de Nataniel tiene su origen en la situación más insospechada, pues su padre, pertenecía a la religión kimbanguista, una corriente religiosa africana originaria de Angola, fundada en 1921 por Simão Toco, conocido como el profeta Kimbangu.

Esta fe combina elementos del cristianismo, especialmente del protestantismo, con prácticas y creencias tradicionales africanas. Los kimbanguistas creen en un Dios supremo, en la importancia de los profetas y en la sanación espiritual. Además, promueven la unidad, la paz y la justicia social, y se distinguen por su énfasis en la lucha contra la opresión y la discriminación racial. La religión tiene una gran influencia en Angola y en otras partes de África. Sin embargo, todo un camino providencial llevó a Nataniel a abrazar la fe católica y, tras los años, a sentir una llamada al sacerdocio.

Hoy se encuentra en Roma, estudiando bachillerato en Teología y viviendo en el Seminario Internacional Sedes Sapientiae, gracias también a una ayuda de la Fundación CARF.

La religión en la familia

Nataniel es el segundo de cinco hermanos y hermanas, y viene de una familia no estrictamente católica, pero que vivió una experiencia religiosa que marcó su vida. Su padre es militar, y aunque no practica mucho, en su familia la religión que se practicaba era kimbanguista. Por otro lado, su madre, Isabel, que era peluquera, fue bautizada en la Iglesia católica pero se acabó convirtiendo al protestantismo. Esta era la realidad de Nataniel hasta el año 2012.

Nataniel con sus hermanas y su madre

La reconversión de la madre

El cambio comenzó cuando la madre de Nataniel decidió regresar a la Iglesia católica. «Nos dio la orden de que ya no asistiríamos a ninguna otra iglesia, y comenzamos a ir a la iglesia cada domingo». Para Nataniel, fue un desafío. Había crecido participando en la escuela dominical de la iglesia protestante, donde se organizaban concursos sobre la Biblia, y lo que más le motivaba a ir era la posibilidad de ganar premios. Ahora, al asistir a la Iglesia, todo le parecía extraño y diferente. Pero no tuvo más opción que acompañar a su madre.

El descubrimiento de la fe católica

Al asistir a la catequesis, Nataniel comenzó a descubrir las enseñanzas de la Iglesia. Estudió con mayor profundidad la Biblia y la historia de la Iglesia, lo que fortaleció su fe y dio un nuevo sentido a su vida. En 2015, se unió al grupo de acólitos, acercándose a la liturgia y al sacerdote, y ese mismo año recibió el bautismo. «Podemos perder fama, juventud, dinero, pero lo único que verdaderamente no se puede perder es a Cristo».

La vocación sacerdotal

El año 2015 fue clave, no solo por su bautismo, sino porque comenzó la escuela secundaria. En ese período, la idea de entrar al seminario empezó a tomar forma en su corazón. «Ver al párroco desempeñar su ministerio me motivaba a seguir sus pasos. Sentía en lo más profundo de mi ser que mi vocación era ser sacerdote, para entregar mi vida al servicio de Dios y para la salvación de las almas. Quería ser un instrumento de Dios en medio de su pueblo», nos cuenta alegremente.

El desafío del sí a Jesús

Nataniel era un chico brillante en los estudios, había recibido becas para estudiar ingeniería informática en Londres o Estados Unidos, pero en el año 2017 toma la decisión de compartir con sus padres su deseo de entrar en el seminario. «Fue un momento difícil, especialmente para mi madre. No entendía por qué quería dar ese paso tan radical en mi vida. Para ella, que su único hijo varón tomara este camino era duro de entender».

Con el tiempo, sus padres, que habían vuelto a la fe católica, comenzaron a abrir sus corazones y a comprender el deseo de su hijo. Finalmente, en febrero de 2018, los padres de Nataniel aceptaron la decisión de su hijo de ser sacerdote y el 25 de febrero ingresó en el seminario archidiocesano de Luanda, un paso decisivo hacia el sueño de su vocación. «Fue un momento de gran alegría y de gratitud hacía Dios por haberme permitido seguir el camino que sentía que Él había preparado para mí».

Nataniel recibiendo la bendición

Un camino de fe

Hoy ve cómo cada paso le ha llevado a donde está, a esta llamada al sacerdocio que comenzó en su corazón de una forma inesperada, pero que se ha ido confirmando y fortaleciendo a lo largo de los años. «Mi vocación nació en un contexto familiar diverso, ha sido una verdadera obra de Dios».

Agradece profundamente a sus padres por su comprensión y por apoyarle en este camino. «Mi deseo es seguir adelante, con fe y con esperanza, dedicando mi vida al servicio de Dios y de su pueblo».

Agradecido a los benefactores

Con este testimonio, Nataniel desea expresar su profundo agradecimiento a todos los benefactores de la Fundación CARF por darle la oportunidad de continuar con sus estudios en Roma.

Actualmente está cursando el tercer año de Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. «Gracias a su apoyo puedo comprometerme en la misión de la Santa Madre Iglesia de llevar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a todas las naciones», comenta.

«Rezo cada día por ustedes para que el Señor, Sumo y Eterno Bien, de quien proceden todas las bendiciones, continúe bendiciéndoles y guiando sus pasos hacia la vocación a la que todos estamos llamados, la Santidad. ¡Muchísimas gracias!, nos dice con una sonrisa».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Paul de Malawi: «necesitamos sacerdotes bien formados para ayudar a todos»

A esta gran riqueza cultural de Malawi se contrapone la escasez de medios, sobre todo en la diócesis de Karonga, joven y pequeña, con necesidad de muchos sacerdotes. Esta es la ilusión de Paul: formarse bien en Pamplona para regresar y servir con eficacia a la iglesia diocesana de su país.

Este joven, africano de 23 años, reside en el seminario internacional Bidasoa y cursa la carrera de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. El obispo de la diócesis de Karonga, al norte de Malawi, le ha enviado a Pamplona para que reciba una formación sólida e integral y así, cuando regrese, pueda volcar en la Iglesia de su país toda la preparación adquirida.

Necesidad de sacerdotes en Malawi

«La necesidad de mi diócesis es contar con más sacerdotes. Somos muy pocos y es una diócesis joven, nueva y pequeña, fundada en 2010», explica Paul. Por eso, tiene una ilusión enorme en la completa preparación que está recibiendo en Pamplona. 

Su diócesis no solo necesita sacerdotes bien formados, sino también contar con más misioneros para ayudar a los pocos sacerdotes diocesanos, ya que sólo cuentan con 19 sacerdotes diocesanos y 28 seminaristas.

Las condiciones de vida en Malawi

En su diócesis también escasean profesionales de la salud y de la educación. Paul explica: «sin duda, necesitamos la ayuda de estas instalaciones sanitarias para mejorar las condiciones de vida de los cristianos, pero también de toda la población de la diócesis. Pero estamos agradecidos de que la diócesis haya hecho todo lo posible para ayudar con nuevas escuelas y algunos centros de salud, aunque todavía la demanda es muy alta». 

Si no hubiera sido por la ayuda de la Fundación CARF y de los benefactores, Paul no hubiera tenido la oportunidad de recibir una formación integral para prepararse como sacerdote que tanto bien hará a su pueblo.

Convivencia entre cristianos, musulmanes y tradiciones africanas

Ciertamente, su diócesis cuenta con escasos medios económicos, pero de una gran riqueza en cuanto a la convivencia. 

«Los católicos de Malawi viven en paz, celebran su fe con alegría y la demuestran culturalmente. Malawi es un país muy pacífico, vivimos en armonía y en cooperación con otros cristianos, musulmanes y tradiciones africanas sin matarnos los unos a otros. La expresión religiosa no es un problema», señala con alegría. 

En este país africano, los católicos tienen un porcentaje más alto (17,2 %) que otras denominaciones cristianas; hay que recordar que hay muchos otros grupos de confesiones cristianas, porque Gran Bretaña colonizó el país y los primeros cristianos que evangelizaron fueron protestantes de Inglaterra y Escocia. Unos años después, los Padres Blancos católicos de Francia fueron de misioneros, cuando el protestantismo ya se había extendido en el país.

El ejemplo de los sacerdotes

El ejemplo de los sacerdotes y misioneros católicos de Malawi influyó positivamente en Paul, además de la fortaleza de su entorno. Proviene de una familia numerosa de siete hermanos, de fuertes raíces católicas: cuatro varones y tres mujeres. Paul es el sexto. 

La marcha al Cielo de su madre en 2014, cuando solo tenía 13 años, le provocó un desconsuelo enorme. Pero este desconsuelo retornó en esperanza y fe gracias al apoyo de su familia y de los religiosos, un ejemplo que fue determinante para salir adelante y conformar su vocación.

«Señor, déjame intentarlo»

Comenzó a discernir su vocación al sacerdocio de niño, cuando participaba en las actividades que realizaban en su escuela, en el seminario menor. Pero no sabía si podía llevar a cabo tal misión. 

«De niño pensaba que podía vivir como ellos, como los sacerdotes que me cuidaban y educaban. Y le dije al Señor: déjame intentarlo, voy a darlo todo para que algún día pueda ser sacerdote», afirma. 
Finalmente, ingresó en el seminario mayor a los 19 años. En este itinerario vocacional que ha emprendido, alberga la ilusión de paliar la necesidad que tiene su diócesis de contar con sacerdotes bien formados, sobre todo para llegar a la juventud.

Llegar a los jóvenes

«Los jóvenes son muy influyentes en la difusión del Evangelio a través de los medios de comunicación, pero también en las reuniones y conferencias anuales de jóvenes que se organizan para mantener la fe y difundirla; se reúnen en gran número, lo que es muy prometedor», expresa con orgullo Paul Benson. 

Y es que, para él, los sacerdotes jóvenes son capaces de comprender lo que necesitan los jóvenes desarrollando nuevos enfoques para explicar la doctrina católica, dar argumentos y poder así vivir y dar testimonio de la fe católica en Malawi.

Lo que deben aprender los europeos de los africanos

África tiene grandes retos, pero también Europa, porque los europeos deben aprender grandes virtudes de los católicos africanos: «audacia y resiliencia para resistir y mantener la fe, la tradición misma; para proclamar la verdad y ayudar a esta generación rota, donde están sucediendo muchas cosas contrarias a nuestras costumbres cristianas, entre ellas, muchas inmoralidades sexuales», se lamenta Paul.

Gracias a la Fundación CARF

Esta es una de las razones por las que cree que la formación de un sacerdote es primordial: «debemos ayudar a todo el mundo, a los que creen y a los que no, los de una clase y los de otra.  Por eso, se necesitan sacerdotes que estén bien formados». 

Con ilusión y alegría agradece a la Fundación CARF todo lo que hace por sus estudios académicos. «Nuestra formación es académica, espiritual y pastoral, y estoy muy contento de vuestra ayuda».


Marta Santín, periodista especializada en religión.


La vocación de Benedikt: de carpintero a seminarista

El sueño de su vocación lo ha llevado a Roma para formarse como sacerdote en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y está cursando el primer año del primer ciclo de Teología.

Benedikt Aicher nació el 26 de abril de 1999 en Rosenheim, Bavaria, Alemania, a unos 90 kilómetros de Marktl am Inn, donde nació Josef Ratzinger, quien luego fue el papa Benedicto (Benedikt en alemán) XVI.

Este joven alemán reside en Roma, y es parte del instituto Obra de Jesús Sumo Sacerdote, comunidad católica dedicada principalmente a la santificación de los sacerdotes y la promoción de una vida de servicio, oración y apostolado. Su carisma se centra en la consagración al Corazón Inmaculado de María y en la búsqueda de la perfección cristiana mediante los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

Una infancia marcada por la fe y la familia

Benedikt Aicher creció junto a sus dos hermanos en una pequeña aldea en los Alpes bávaros, donde el trabajo en familia, la oración y los valores cristianos eran fundamentales. Desde niño, sus padres le enseñaron la importancia del sacrificio y la entrega a los demás, sentando las bases de una vocación que más tarde lo llevaría a querer ser sacerdote.

«Nuestros padres nos enseñaron una cosa en particular: hacer sacrificios por amor a los demás. Siempre había mucho trabajo, por lo que pronto tuvimos que ayudar. Como no teníamos hermanas, las tareas domésticas también eran algo normal para nosotros», nos cuenta.

La influencia de su abuelo y Benedicto XVI

La herencia católica de Benedikt se extiende a su abuelo, quien estudió junto al que fuera el sucesor de san Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI. Este legado familiar, junto con las tradiciones de la Iglesia, crearon un entorno propicio para que Benedikt cultivara su fe desde temprana edad.

«Mis padres recibieron una profunda influencia católica de sus propios padres y de la Iglesia. Mi padre pasó muchos años en un seminario menor. También mi abuelo asistió al seminario, junto con Joseph Ratzinger, con el sincero deseo de convertirse en sacerdote, pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió su formación. Al regresar de la prisión en Francia, quiso continuar sus estudios, pero debido a lo que había vivido, ya no encontraba la paz necesaria para estudiar», nos dice Benedikt.

Desde pequeño, él y sus hermanos asistían a Misa todos los domingos y fueron introducidos por sus padres en las tradiciones católicas. De esta manera, en casa, se creó un ambiente propicio para que Dios hiciera su obra.

«Después de mi Primera Comunión le dije a mi madre: ¡ahora empezaré a ser monaguillo y luego entraré en un monasterio!», nos relata con una sonrisa.

Descubriendo su vocación en medio de dudas y sueños

Aunque Benedikt soñaba con ser carpintero, su corazón fue conquistado por la llamada de Dios al sacerdocio. Durante su juventud, la Virgen María jugó un papel central para guiarlo hacia una vida de oración y entrega. A sus quince años, tras algunos de resistirse, finalmente aceptó su vocación, tomando pasos concretos para ingresar en el seminario.

«Mi vocación al sacerdocio surgió de niño, pero también soñaba con ser carpintero. Mi tío, que lamentablemente ya está en el Cielo, era un fraile benedictino y ejercía la carpintería en el monasterio. De pequeño quería formarme allí con él, pero con el tiempo ese deseo desapareció».

Durante su etapa en la escuela, era un chico muy tímido. En casa, en cambio, hacía mucho alboroto. La etapa del instituto lo llevó fuera del pueblo, a la ciudad. «Mi escuela aún tenía valores cristianos. Eso, junto a la protección de la Virgen María, me salvó de muchas cosas. De hecho, nunca salíamos de casa sin rezar con nuestra madre ante la estatua de la Virgen y sin hacernos la señal de la cruz con agua bendita».

Aunque la carpintería era algo que atraía a Benedikt, había otra camino para él. «Siempre me gustó participar en el grupo de monaguillos. Era mi preferencia hasta el final. Después de unos años, mis hermanos y yo nos convertimos en monaguillos mayores y liderábamos el grupo según nuestras capacidades. También ayudábamos en otras actividades parroquiales, como la preparación para la Confirmación. Durante muchos años, toqué el corno tenor en la banda musical Halfinger Bläserkreis».

El discernimineto de la vocación

La Virgen María siempre quiso llevarle a Jesús. «A los doce años, comenzamos a asistir mensualmente a conferencias de los Legionarios de Cristo, donde encontramos alimento espiritual. A los catorce años, mis hermanos y yo empezamos a participar en un campamento juvenil cada dos meses, también acompañado espiritualmente por los Legionarios de Cristo. Con el tiempo, me integré en el equipo organizador, donde principalmente me encargaba de las tareas económicas junto a mi hermano mayor».

Este período tuvo un gran impacto en su vida de fe, ya que fue guiado hacia la Eucaristía y la Confesión. A los quince años volvió a sentir la llamada al sacerdocio. «Fue breve y la rechacé con firmeza. En los años siguientes, los intervalos en los que sentía esta llamada se hicieron cada vez más cortos e intensos».

Los grupo de oración que frecuentaba le decían que rezara por su futura esposa. Benedikt aún no había aceptado su vocación, pero no podía rezar sin añadir: «y si tienes otro camino para mí, concédele a otro una buena esposa», nos dice alegremente.

Jesús conquistó su corazón, y Benedikt fue abrazando esa llamada al sacerdocio.

El papel clave de la Fundación CARF en su formación como seminarista

Hoy, Benedikt es seminarista y estudia teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz gracias al apoyo de la Fundación CARF. Con la ayuda de los benefactores, Benedikt no solo ha podido recibir una formación de calidad, sino que también ha sentido el respaldo espiritual y material necesario para seguir adelante en su misión de servir a la Iglesia.

La historia de Benedikt Aicher es un ejemplo vivo de cómo la fe, el trabajo y la generosidad de los benefactores de la Fundación CARF pueden transformar vidas y fortalecer a la Iglesia.


Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Asitha: «ser un sacerdote bueno y bien formado ayudará a la gente a alcanzar el camino de Dios»

Ser sacerdote para Asitha Sriyantha es cumplir con su sueño de niño. Su familia es católica y devota, pero él estudió en un colegio budista que pudo cambiar el rumbo de su vida. Pero no fue así. Ahora es seminarista, estudia en la Universidad de Navarra, en Pamplona y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

Cuando Dios llama en la infancia para ser sacerdote

«Desde mi infancia tuve el deseo de ser sacerdote. Cuando los maestros me preguntaban qué quería ser de mayor, yo respondía: quiero ser sacerdote», dice Asitha.

Y aunque proviene de una familia católica devota, con padres que participan activamente en las actividades parroquiales, la decisión de ser sacerdote no fue bien recibida en un principio por su padre, porque en Asia es difícil aceptar que tu único hijo varón entre en el seminario y abandone el negocio familiar.

«Ahora está orgulloso de tener un hijo preparándose para ser sacerdote», exclama Asitha. Gracias a sus padres, a la influencia de su madre, y a la fe sencilla de su abuela que vive con ellos, fue creciendo en la fe y la relación con Dios.

Ser sacerdote
«Ser sacerdote bueno y bien formado puede ayudar a mucha gente».

Su infancia en un colegio budista

Asitha estudió Primaria en la escuela cercana a la iglesia parroquial y entre su rutina diaria era normal servir en la Misa de la mañana.

En Secundaria su vida dio un giro al ingresar en un colegio budista, una experiencia que le ha imprimido un conocimiento más amplio del budismo, la práctica religiosa mayoritaria en su país.

«Mis maestros y amigos no lo entendían –señala–. Más tarde, cuando se lo expliqué, entendieron un poco mejor mi deseo e incluso me animaron».

Ahora, sus parientes y amigos están contentos porque es el primero de su familia que va a ser sacerdote. «Espero y rezo para que algunos de mis familiares elijan este maravilloso camino de vida: ser sacerdote», exclama. Su única hermana siempre está ahí para lo que haga falta.

Los católicos en Sir Lanka y la gran contribución de la Iglesia en Aasia

La Iglesia católica cuenta en Sri Lanka con alrededor de 1,4 millones de fieles, que representan a cerca del 7 % de la población. Está organizada en 11 diócesis incluyendo una archidiócesis. Asitha Sriyantha Lakmal es de la diócesis de Colombo, diócesis a la que regresará después de formarse en Teología y Filosofía en la Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

«Asia es increíblemente diversa, con numerosas etnias, idiomas y prácticas culturales», comenta Asitha, consciente de que la Iglesia en Asia contribuye al rico tapiz de religiones de varias maneras, reflejando las diversas culturas, tradiciones, e historias del continente.

«De hecho, la Iglesia en Asia a menudo abraza e integra esta diversidad, fomentando un sentido de unidad en medio de las diferencias. Asia es el hogar de varias religiones importantes, como el cristianismo, el islam, el hinduismo, el budismo, el sijismo y otras», comenta.

Por eso, la gran contribución de la Iglesia en Asia es su participación en el diálogo interreligioso, promoviendo la comprensión mutua y la cooperación entre personas de diferentes religiones y contribuyendo así a la paz.

«En muchos países de Asia los cristianos llevan a cabo su misión en paz y libertad, pero en cambio en otros se dan situaciones de violencia y persecución», lamenta.

Formación, el gran desafío ante la secularización

Sin embargo, el gran desafío al que se enfrentan los jóvenes sacerdotes del siglo XXI, tanto en Asia como en el resto del mundo, es la fuerte secularización de la sociedad.

Para enfrentarse a este gran desafío, Asitha Sriyantha está convencido de que «la formación es clave para abordar los desafíos de nuestra misión. Creo que cada sacerdote debe cumplir su misión de cara al pensamiento del mundo moderno», afirma Asitha.

Y una formación integral es también un reto para atraer a los jóvenes, formación que ayudará a encontrar formas innovadoras de abordar estos desafíos y de servir activamente en la misión divina.

Oración y sacramentos

Pero además de la formación, Asitha recuerda que la oración y los sacramentos son la esencia de nuestra fe católica, porque «sólo daremos el fruto que Dios quiere, si buscamos la gracia y la guía de Dios, manteniendo una relación cercana con Él».

Esta relación de confianza y de fe con el Señor fue adquirida desde niño gracias a sus padres, una semilla que dejó huella en su alma. Así, a los dieciséis años entró en el seminario menor de san Luis, en Colombo y tres años después, ingresó en el seminario propedéutico.

«Hice tres años de estudios filosóficos en el seminario nacional de Nuestra Señora de Lanka, Kandy, y ahora puedo estudiar Teología en Pamplona gracias a la Fundación CARF», resalta emocionado.

Asitha junto a don Emilio Forte y dos compañeros del coro de Bidasoa
Asitha junto a don Emilio Forte y otros compañeros del coro de Bidasoa.

La diversidad de la Iglesia universal en Bidasoa

Además, su experiencia en el seminario internacional Bidasoa le otorga una riqueza muy amplia en su camino vocacional. «En Sri Lanka, experimentamos la Iglesia local. Pero en Bidasoa, donde resido en Pamplona, se palpa la universalidad de la Iglesia católica. Podemos ser diferentes con nuestras culturas e idiomas, pero somos uno en nuestra fe».

Si Dios quiere, será ordenado sacerdote para servir a su diócesis. «Nuestra vida es una y servimos a un solo Maestro. Nuestros pensamientos e ideas pueden diferir, pero trabajamos juntos y caminamos juntos hacia un mismo objetivo», concluye Asitha.

Para terminar, agradece muchísimo el esfuerzo económico que los benefactores hacen para que jóvenes como él procedentes de todo el mundo puedan terminar sus estudios. «Un sacerdote bueno y bien formado puede ayudar a la gente a alcanzar el camino de Dios», dice alegremente.


Marta Santín, periodista especializada en religión.