La vocación de John Paul: «Aspiro a ser sacerdote»

Al llegar a Roma el 26 de julio de 2022, era seminarista de la archidiócesis de Onitsha. Sin embargo, con la creación de la diócesis de Aguleri, por el Papa Francisco el 12 de febrero de 2023, pasó a ser seminarista de esta nueva diócesis, encontrándose en Roma. Está cursando el tercer año de Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y vive en el colegio eclesiástico internacional Sedes Sapientiae en Roma.

Historia de la vocación de John Paul

Una vocación nacida en el seno de una familia católica de Nigeria, donde desde niño fue guiado en la fe. La vocación de John está profundamente ligada a la de su familia. Nació en el seno de una familia católica devota: su padre es el difunto Sr. Godwin Chinedu Oraefo y su madre la Sra. Clementina Chinyere Oraefo, ambos con una gran devoción a la Virgen María. Tiene dos hermanos: una hermana mayor, Chinelo, y un hermano menor, Onyeka.

John Paul se abraza con su madre.

«De pequeños, mis padres se aseguraron de que participáramos en la Block Rosary Crusade (Cruzada del Rosario en Bloques), un movimiento para niños inspirado en los tres pastorcitos de Fátima. A los 3 años, asistí por primera vez a estos encuentros en los que rezábamos el Santo Rosario cada noche. También nos inscribieron en la Legión de María, lo que fortaleció nuestra relación con Dios».

«Además, tras la Misa dominical, como familia íbamos a recibir la bendición del sacerdote antes de regresar a casa. Creo que esta práctica encendió en mí el deseo de ser sacerdote y bendecir a las personas. Sentí la llamada al sacerdocio a los 6 años y, aunque parecía extraño para mi edad, mis padres me apoyaron, confiando en la voluntad de Dios».

El seminario menor

Mientras sus compañeros soñaban con ser médicos, abogados o ingenieros, John Paul aspiraba al sacerdocio. Al finalizar la escuela Primaria, sus padres solicitaron su ingreso en el seminario menor All Hallows Seminary de Onitsha, perteneciente a su archidiócesis en ese momento.

«Hice los exámenes de ingreso, fui entrevistado y finalmente admitido. El nuevo curso en el seminario menor comenzó el 13 de septiembre de 2008. Mi entusiasmo era grande, pero no fui plenamente consciente de lo que implicaba: dejar mi hogar y mi familia, levantarme a las 5 de la mañana, asistir puntualmente a la oración y la Misa, estudiar con intensidad y desarrollar nuevas habilidades. Al principio fue difícil, pero, con el tiempo, me adapté gracias a la ayuda de mis formadores y maestros».

Se graduó en 2014 y fue enviado a un año de trabajo pastoral en la Escuela Secundaria St. Joseph, Awkaetiti. Luego, en 2015-2016, sirvió en la Parroquia St. Joseph, Awada. Durante este tiempo, el 31 de mayo de 2016, en la fiesta de la Visitación de la Virgen María, su padre falleció, lo que marcó un momento difícil en su camino.

De África a Roma

Ese mismo año, junto con algunos compañeros, fue enviado al Seminario St. Pius X, Akwukwu, para un año de formación espiritual. En 2017, comenzó los estudios filosóficos en el seminario mayor Bigard Memorial, Enugu, donde estudió durante cuatro años. Luego, realizó un año de trabajo pastoral en el seminario menor All Hallows Seminary, Onitsha, donde recibió la formación primaria.

«Fue durante este tiempo cuando mi obispo en aquel momento, Mons. Valerian Okeke, me habló sobre la posibilidad de estudiar Teología en Roma. Gracias a su apoyo, llegué a esta ciudad para continuar mi formación. Estoy profundamente agradecido por esta oportunidad», sentencia JohnPaul.

Johnpaul Oraefo vocación sacerdote carf

El desafío de trabajar en una diócesis recién creada

Estudiar en Roma, centro del cristianismo, es una experiencia providencial. Se percibe constantemente la riqueza de nuestra herencia cristiana, la universalidad de la Iglesia bajo la guía del Papa y el testimonio de los santos que dieron su vida por el Evangelio.

Además, JohnPaul deja claro: «la creación de la diócesis de Aguleri también es providencial. Nos ayuda a fortalecer la fe de los católicos, a evangelizar a quienes aún no han abrazado el Evangelio y a acompañar a los jóvenes que, debido a la influencia cultural y el secularismo, están perdiendo su fe».

«Nuestro obispo, Mons. Denis Isizoh, está muy comprometido con estos desafíos, por lo que mis compañeros y yo tomamos muy en serio nuestra formación en el seminario para responder a esta misión».

Gracias a los benefactores de la Fundación CARF

John Paul da gracias a Dios por haberle guiado hasta aquí. «Agradezco a mi familia, a mis obispos, formadores, maestros y benefactores que han acompañado mi camino vocacional en el sacerdocio. También agradezco a la Fundación CARF por su apoyo en la formación de sacerdotes en todo el mundo».

Y reza por los miembros de la Fundación CARF para que su trabajo siga dando frutos y que, al colaborar con Dios en la santificación del mundo, Él los bendiga y los llene de su gracia.


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado de la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

«Sentí a Dios como una llama que ardía en mi corazón»

Jonathas Camargo (1998) sintió la llamada de Dios durante la pandemia de la Covid-19, aunque no siempre fue así. Una de las cosas que le frenaban a dar ese paso era su miedo de abrirse a un verdadero encuentro con el Señor. Ahora, Jonathas se encuentra en Pamplona formándose para ser sacerdote. Procede de la diócesis de Leopoldina, Brasil.

Introducción a la fe y su 'miedo' a Dios

Jonathas llegó a Pamplona en 2023, donde estudia Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Desde muy joven, participó en las catequesis en su parroquia de origen.

Dios siempre ha estado presente en la familia de Jonathas. Desde pequeño, su madre le llevaba a él y a sus tres hermanas a la parroquia para participar en las catequesis de formación. Pero en la adolescencia, etapa de rebeldía y crisis, se alejó un poco de la fe, porque lo único que hacía era asistir a Misa nada más que por el precepto. «No dejar la Misa dominical, aunque sea solo por cumplir la norma eclesiástica aunque uno no tenga ninguna gana, confiere un valor infinito que siempre lo premia Dios». 

A esta desgana se unía una tentación: «que siempre me detenía a comprometerme más con Dios; era mi miedo de abrirme a un verdadero encuentro con el Señor», confiesa.

Sin embargo, el sacramento de la Confirmación fue vital para comprometerse más con la Iglesia. Recibir este sacramento es una Gracia de Dios, un sacramento que como su nombre indica, ayuda a un cristiano a comprometerse a ser testigo de Jesucristo: el bautizado se fortalece con el don del Espíritu Santo, se logra un arraigo más profundo a la filiación divina y se une más íntimamente con la Iglesia.

Coronación al Sagrado Corazón de Jesús, una misión que le acercó a Dios

Con esta determinación, Jonathas comenzó a participar en otras celebraciones de su parroquia, como las coronaciones al Sagrado Corazón de Jesús.

«Además, mi compromiso al servicio de la Iglesia fue mayor cuando ayudé a formar y coordinar un grupo de jóvenes, también en mi parroquia. Esta misión me acercó mucho a Dios», expresa.

Este joven seminarista brasileño recuerda que estar cerca de los jóvenes significa ante todo escucharlos para poder acompañarlos en su camino de fe y de amor verdadero al Señor.

Así, su unión con Dios fue creciendo, fruto de su voluntad, de las buenas personas que tenía a su alrededor como el párroco, y de su propia libertad.

La llamada de Dios a su vocación

Jonathas cuenta el momento que sintió en su corazón una presencia impactante con el Señor: «En 2016, a los dieciocho años, fui invitado a ser ministro extraordinario de la Sagrada Comunión, y con este servicio al Señor sentí en mi corazón el deber de vivir mi fe de manera más responsable».

Más adelante, con la llegada de la pandemia, llegó el punto de inflexión para Jonathas: «Estaba estudiando una carrera en otra ciudad cuando empezó la pandemia y con ella, todas las restricciones que nos impusieron.

Por eso, volví a mi ciudad natal y me dediqué a ayudar a mi párroco en todo lo necesario para que los fieles pudieran seguir las celebraciones a través de Internet. Siendo testigo de todas las dificultades a las que nos enfrentábamos, y pudiendo sentir el deseo y la expresión de fe de la gente, sentí la llamada de Dios como una llama que ardía en mi corazón mientras participaba de una adoración eucarística».

Después de esta maravillosa experiencia, en 2021 comenzó su proceso de discernimiento vocacional, y en 2022 ingresó en el seminario preparatorio de su diócesis. En julio de 2023 su obispo le envió a estudiar a la Universidad de Navarra, como relata la web de su diócesis: aterrizó en Bidasoa acompañado por el rector del seminario Nuestra Señora de aparecida de Leopoldina, el padre Alessandro Alves Tavares.

Jonathas Camargo en Bidasoa.

Su formación en España

Su experiencia en el seminario internacional Bidasoa le está descubriendo la gran belleza de la Iglesia universal: «Mi estancia en Bidasoa está siendo de gran provecho para mi vocación. Aquí he podido crecer aún más en mi vida de oración y además en la vida académica. La vida compartida con sacerdotes y seminaristas de los sitios más lejanos del mundo me enseña que la Iglesia es universal y que el Señor puede llegar a todos los corazones, y para eso, quiere que estemos preparados para evangelizar a todas las naciones».

Cuando termine sus estudios de Teología en la Universidad de Navarra, regresará a su diócesis donde será ordenado sacerdote. Jonathas es consciente que todas las ciudades y países tienen sus peculiaridades y dificultades en la evangelización, pero sin oración poco se podrá conseguir.

Hay que seguir rezando por las vocaciones

«Creo que, en mi diócesis, así como en toda la Iglesia, es necesario que sigamos rezando para que surjan muchas y santas vocaciones para la mies del Señor», afirma Jonathas.

Un pensamiento muy acorde con la iniciativa que propone la Iglesia para el 19 de marzo, el Día del Seminario. Y es que, lo primero que pide la Iglesia es rezar por las vocaciones. Después, y en la medida que se pueda, ayudar económicamente a sostener las vocaciones.

Dona ahora para formar seminaristas diocesanos de todas partes del mundo.

Su futuro lo deja en manos de Dios, pero le pide continuar con esas ganas de servir a la Iglesia donde sea necesario y «llevar la verdad del Evangelio a todos los rincones, y jamás olvidarse de ser fiel a lo que nos pide el Señor por medio de nuestro obispo».


Marta Santín, periodista especializada en religión.

«España debe conservar la fe que una vez nos transmitió»

Al John Madrilejos Clet, de 23 años, es un seminarista filipino que reside en Pamplona, en el seminario internacional Bidasoa. Se encuentra en España estudiando tercero de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra porque su diócesis le ha mandado a formarse a nuestro país.

Historia y origen de la vocación de este seminarista filipino

Pertenece a la diócesis de Legazpi, Filipinas, y cuenta cómo se encendió la llama de la vocación en su interior: «De pequeño, mi abuela me llevaba siempre a la Iglesia, ella es una mujer muy religiosa y me enseñó lo que es la Iglesia. Me llamó mucho la atención el hombre que ‘vestía con colores diferentes en Misa. Luego, con 10 años, me hice monaguillo. Fue cuando aprendí un poco más la misión de este hombre que vestía con casulla de colores y que era el sacerdote».

Después, su madre le llevó al colegio del seminario menor de su ciudad para estudiar la Primaria. A Mª Teresa, profesora y enfermera en la Universidad de Bicol (Campus de Tabaco), le pareció una buena escuela y, además, estaba cerca del hospital donde trabaja. En el seminario san Gregorio Magno continuó sus estudios hasta el Bachillerato.

Una vocación apoyada en familia a pesar de la distancia

El padre de Al John, Alex Madrilejos, es un trabajador filipino en el extranjero. Su hermano estudia Ingeniería Informática en la Universidad de Bicol (Campus de Polangui, en Filipinas). Y su hermana está terminando el Bachillerato en la Universidad de Santo Tomas (Legazpi) y quiere ser médico. A pesar la distancia, el seminarista siente el apoyo a su vocación de toda su familia.

Con todo esto, Al John sabía que su padre tenía alternativas para su futuro profesional si finalmente su vocación se consolidaba. «Al finalizar el Bachillerato, me di un tiempo para pensar si iba a proseguir con el camino del sacerdocio y entrar en el seminario mayor, ya como seminarista.

Mi padre me preguntaba si quería continuar, porque tenía un plan diferente para mí. Tras meses de oración, decidí continuar en el seminario mayor Mater Salutis. Mi padre no dudó en apoyar mi decisión», expresa Al John, el mayor de tres hermanos.

Así, después de cursar los cuatro años de Filosofía en el seminario mayor Mater Salutis de su diócesis, sus formadores le propusieron proseguir su formación en España.

Confiar en Dios

«Tengo que reconocer que tuve muchas dudas porque el nivel de la Universidad de Navarra es alto, pero también he experimentado que nada es imposible para Dios», afirma.

De su estancia en los seminarios de su diócesis, guarda gratos recuerdos: muchos amigos y grandes aprendizajes, no sólo en lo académico, sino también el descubrimiento de algunos talentos personales y aficiones como la música y los deportes. «Y lo más importante: el amor profundo y la relación con Jesús, algo que también estoy aprendiendo en el seminario internacional Bidasoa».

Similitudes entre España y Filipinas

En España está feliz. Para él, existen similitudes en cuanto a las creencias de nuestro país y Filipinas desde que fueron colonizados. «Quiero centrarme más en las prácticas religiosas que tiene España desde el punto de vista de un filipino. La liturgia es muy bonita, porque aquí en España están presentes cosas que no usamos en Filipinas, como la dalmática de un diácono y el paraguas procesional que se usa al exponer el Sacramento», explica Al John.

Le llama la atención las iglesias españolas, que rezuman un ambiente propicio y tranquilo para rezar y asistir a Misa. «Sin embargo, me entristece un poco cuando veo que los templos en los que he estado, sobre todo en Madrid y Barcelona, están medio vacíos, no acude mucha gente. Y yo me pregunto: ¿es el resultado de la secularización o una falta de fe de esta generación?», confiesa este joven seminarista.

Al John y su amor a la Virgen María

Al John reza y espera que los católicos españoles tengan una relación más profunda con la Virgen María, recobren sus raíces marianas, porque su fe se ha empapado de la espiritualidad mariana, y ha experimentado que la relación con el Señor pasa a través de María.

«Como parte de un pueblo amante de María, esta veneración y relación con nuestra Madre nos ayuda a los filipinos a seguir viviendo nuestra fe bajo el cuidado maternal de la Virgen María. Es una gran ayuda para las vocaciones y, sobre todo, para las vocaciones españolas. España debe continuar y conservar la fe que una vez nos fue transmitida a nosotros los filipinos».

Más del 92 % de habitantes de su diócesis son católicos, pero hay poca vocación

Esa espiritualidad mariana es la que desea que arraigue con más profundidad en su diócesis, Legazpi. Situada en la Región V, Bicol, está dirigida por el obispo Joel Z. Baylon y cuenta con 117 sacerdotes diocesanos y 42 religiosos. Pastorea a 1.390.349 católicos de un total de 1.487.322 habitantes, lo que supone un 93 % de católicos.

La diócesis de Legazpi se enfrenta a varios retos, entre ellos la implementación de programas pastorales. Al John explica esos desafíos: «La Asamblea Pastoral Diocesana (APD) en curso, refleja los esfuerzos para alinearse con la visión de nuestro obispo para la iglesia local. También deben implantarse algunas reformas del Concilio Vaticano II que siguen sin llevarse a cabo. Otro reto importante es la proporción de sacerdotes por fiel (1 sacerdote por cada 9.000 personas), que limita la atención pastoral y dificulta llegar con eficacia a todos los feligreses».

La influencia de la devociones populares en Filipinas

Otro de los retos, como en muchos lugares, es hacer frente al secularismo que también causa estragos en Filipinas. «Lo positivo de mi país es que el catolicismo tiene un fuerte impacto a través de las devociones populares y las procesiones, que están profundamente arraigadas en la cultura local. Es una pena, por otra parte, que muchos fieles solo acudan a Misa en Navidad y Semana Santa, descuidando los domingos», se lamenta.

Pero Al John tiene muchas ganas e ilusión para enfrentarse a una sociedad secularizada, dependiente de las tecnologías, donde se busca menos la verdad.

«Cada vez más personas se sienten atraídas por la realidad virtual y la pantalla que tienen delante. Sin embargo, esto también puede ser una ventaja. El fácil acceso a los medios de comunicación puede ser una plataforma eficaz para la evangelización. ¿Y cómo vamos a hacerlo? Debemos convertirnos en testimonio del amor de Dios», se expresa este joven seminarista.

El ejemplo de los primeros cristianos

Para esta gran labor, toma como referencia a los primeros cristianos y a los apóstoles, que ya en el siglo I se convirtieron en un testimonio vivo de Cristo ante la gente, no sólo con palabras, sino también a través de sus esfuerzos y de sus acciones para difundir la buena nueva.

Para Al John, al igual que entonces, la gente descubre a Cristo con lo que ve y oye. «Por lo tanto, a través de estas plataformas, nos convertimos en apóstoles modernos al evangelizar la realidad virtual mostrando el amor de Dios para llegar a la gente y a sus corazones. Es un gran reto, pero con la Gracia de Dios creo que es posible».

Para llevar a cabo su vocación y esta gran labor de evangelización, se está preparando para el sacerdocio. Para él, lo primero que debe irradiar es un corazón de pastor. «Un corazón de pastor es a la vez un corazón guía y un corazón ejemplar. Un sacerdote con corazón de pastor es un guía para su pueblo, a través de los sacramentos, ayudándoles a acercarse aún más al verdadero y buen pastor: Jesús», expresa. Al John considera que un sacerdote debe prestar un servicio humilde en todos los ámbitos de la vida.

«Su servicio debe ser para todos, y que la presencia de Cristo se haga presente en él a través de su humildad y de los gestos sencillos. Jesús toca a la persona como signo de gran cuidado y amor. Como dice el Papa Francisco en su carta Dilexit Nos "es esencial darse cuenta de que nuestra relación con la persona de Jesucristo es de amistad y adoración, atraídos por el amor representado bajo la imagen de su corazón"».

Agradecido a la Fundación CARF

Como todos los seminarias de Bidasoa, Al John está muy agradecido a los benefactores por la ayuda financiera que hace posible sus estudios y formación en España. «Gracias por todas las ayudas que nos dan, todos ustedes nos brindan la oportunidad de formarnos en lugares increíbles como es la Universidad de Navarra. Rezo por sus intenciones».


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

La mochila de vasos sagrados para celebrar la Misa en zonas rurales

La Fundación CARF proporciona mochilas de vasos sagrados a seminaristas que se van a ordenar sacerdotes como fue el caso de Hanzell Renato, permitiéndoles celebrar la Eucaristía en zonas rurales de países sin recursos.

Hanzell, ordenado sacerdote en septiembre de 2021 y nombrado párroco del Sagrado Corazón de Jesús en Boaco Viejo, expresa su gratitud por este apoyo. Destaca que, gracias a la mochila, ha podido celebrar con dignidad la Misa; visitar enfermos e impartir el sacramento de la Unción y bendecir hogares en áreas rurales. Este recurso es esencial para sacerdotes que sirven en regiones con recursos limitados, facilitando la administración de los sacramentos y fortaleciendo la fe en comunidades aisladas.

«Agradezco al patronato de Acción Social de la Fundación CARF su cercanía y apoyo, tanto espiritual como material. Les comparto que la mochila de vasos sagrados que me regalaron, obsequiada el 28 de mayo 2021, me ha sido de gran ayuda en la misión que ahora tengo».

Hanzell Renato estudió Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y durante su estancia en España, residió en el seminario internacional Bidasoa.

Gracias al estuche de vasos sagrados proporcionado por la Fundación CARF, sacerdotes como Hanzell Renato Hernández pueden celebrar la Eucaristía en comunidades rurales de Nicaragua, acercando los sacramentos a quienes más lo necesitan.

Impacto de la mochila de vasos sagrados en la labor pastoral

La mochila es un recurso imprescindible para los sacerdotes que trabajan en regiones aisladas y sin recursos. Contiene los elementos necesarios para celebrar la Eucaristía, como el cáliz, la patena y otros accesorios litúrgicos.

Esto permite a los sacerdotes celebrar la Santa Misa con dignidad aunque haya unas condiciones adversas, llevando la presencia de Cristo a lugares donde las comunidades no tienen acceso a una iglesia.

«En una ocasión, me encontré con una comunidad de fieles que llevaba meses sin participar en la Eucaristía, un dolor por no tener la Misa. Gracias a la mochila, pude ofrecerles la Eucaristía y sentir la alegría de acercarles a Dios», añade Hanzell.

Testimonios de sacerdotes beneficiados

El testimonio de don Hanzell refleja la misión de muchos sacerdotes en zonas rurales de América Latina, quienes enfrentan desafíos como la falta de infraestructuras, largas distancias y escasos recursos materiales. Con el apoyo de la Fundación CARF, estas dificultades se transforman en oportunidades para fortalecer la fe de sus comunidades de fieles muchas veces en áreas rurales de difícil acceso.

Hanzell montando a caballo por comunidades rurales
Hanzell montando a caballo por comunidades rurales.

Una carta de Pedro Antonio

Pedro Antonio, es otro sacerdote de una diócesis centroamericana y exalumno del semanario internacional Bidasoa. Nos escribe en agradecimiento por el obsequio de la mochila de vasos sagrados que recibió de manos de las voluntarias del Patronato de Acción Social de la Fundación CARF.

«Soy Pedro Antonio , sacerdote de Centroamérica y exalumno del seminario internacional Bidasoa. Antes que nada, quiero agradecer a Dios por la oportunidad de haber estudiado en la Universidad de Navarra, sobre todo de permitirme formar mi corazón sacerdotal en Bidasoa. 

La verdad es que sin la ayuda de los formadores y de tantas personas buenas de la Fundación CARF, sería imposible llevar a cabo esta gran labor. Hace un año recibí de obsequio, una mochila de vasos sagrados con lo necesario para celebrar la Santa Eucaristía. El día 12 de junio de 2021, fui ordenado sacerdote y había llegado el momento de usarlo. Después de mi ordenación quedé como colaborador en el santuario de Nuestra Señora de Candelaria, mi parroquia de origen», escribe Pedro.

mochila vasos sagrados

La historia de Jesús, de Venezuela

Jesús Meleán es un sacerdote de la diócesis de Cabimas, en Venezuela. Estudió Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y fue residente en el seminario Bidasoa. Antes de regresar a su país, recibió la mochila de vasos sagrados de manos de las voluntarias del Patronato de Acción Social

«Este fin de semana pude celebrar la Misa con un grupo de jóvenes que tengo la oportunidad de acompañar en su vida espiritual. La mochila de vasos sagrados ha sido un obsequio que valoro mucho porque me está siendo muy útil para este tipo de celebraciones.

Tengo una vez al mes Misa en distintas comunidades y este regalo me ayuda a celebrar dignamente la Eucaristía en todos los sitios.

Agradecido siempre con la Fundación CARF por este regalo... podría decir que es un regalo que nos sirve para regalar (llevar) a Cristo a otros».

Donaciones que transforman vidas

La Fundación CARF se dedica a proporcionar formación académica, humana y espiritual a seminaristas, sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas de países de todo el mundo, principalmente de los que tienen escasos recursos.

Las donaciones y oraciones de los benefactores permiten que estos sacerdotes puedan llevar a cabo su misión pastoral con dignidad y eficacia. La Fundación CARF apoya la promoción de proyectos de infraestructura, formación y sostenimiento de parroquias en zonas vulnerables.

«Cada aporte que recibimos de los benefactores tiene un impacto directo en la vida de miles de personas. No solo ayudan a los sacerdotes diocesanos, sino a toda la comunidad que ellos sirven», señala un portavoz de la Fundación CARF.

Cómo puedes ayudar

Si quieres formar parte de esta misión, puedes realizar una donación aquí en nuestra página web. Cada contribución, por pequeña que sea, ayuda a llevar los sacramentos a quienes más lo necesitan, fortaleciendo la fe y la esperanza de todos. Con el apoyo de los benefactores y voluntarios, la Fundación CARF continúa transformando vidas y asegurando que el mensaje de Cristo llegue a todos los rincones del mundo.

Anto Bezingar, seminarista de la India: «mi país necesita más sacerdotes»

Anto Benzigar, seminarista de la India, ingresó a la edad de 17 años en el seminario. Ahora, con 26 (en 2025), estudia el cuarto año de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona.

Descubrió el amor de Dios de niño, gracias a la formación cristiana de sus padres

Anto descubrió el amor de Dios desde niño: «Desde muy temprana edad recibí el alimento espiritual que necesitaba de mi familia, el catecismo y una formación en la asociación Little Way. A través de la vida de oración de mis padres, y su total confianza en Cristo y devoción a María Santísima, me di cuenta del amor de Dios, mi Padre todopoderoso».

Porque para él, la formación recibida en casa, en la familia, es un tesoro que todos debemos agradecer a nuestros padres. Una formación cristiana que queda impregnada en nuestra alma.

Anto (centro de la imagen), junto a otros seminaristas de India.

Una fe transmitida de generación en generación

«Las familias keralitas (sur de la India), como la mía, a menudo tienen una fe católica profundamente arraigada que se transmite de generación en generación. Esta determinación en la oración familiar y las prácticas espirituales puede ser una lección valiosa para las familias europeas que buscan fortalecer su fe», señala este joven seminarista indio.

Durante su infancia, servir como monaguillo suscitó en él un deseo ardiente de convertirse en sacerdote católico. Y después de terminar sus estudios de Secundaria, ingresó en el seminario un 31 de mayo de 2015. La fecha exacta la recuerda con mucha alegría y esperanza.

El origen del cristianismo en su diócesis de la India

El origen del cristianismo en su diócesis (Neyyattinkara) data del año 1600, cuando un grupo de católicos bautizados por san Francisco Javier, se establecieron en algunas localidades de la zona como Neyyattinkara, Vlathankara, Amaravila y Parassala.

En 1707, el misionero jesuita p. Severia Borgis inició la Misión Nemom. Los primeros conversos procedían de la comunidad de Nair y la primera iglesia de esta diócesis fue erigida en 1775 en Amaravila.

Un 11 % de católicos

Pero la propagación de la fe católica se incrementó en su diócesis a principios del siglo XX con la actividad misionera del santo arzobispo Aloysius Maria Benziger (OCD).

«Su vida santa, su poderoso liderazgo, su celo misionero y su generosa asistencia a los sacerdotes misioneros allanaron el camino para la formación de varias comunidades eclesiales y la erección de muchas iglesias», expresa Anto.

Finalmente, el 14 de junio de 1996, san Juan Pablo II, mediante la bula Ad Aptius Provehendum erigió la diócesis Latina de Neyyattinkara.

Hoy en día, la población total de esta diócesis es de 1.467.000 habitantes, de los cuales 160.795 son fieles católicos, un 11 %.

La escasez de sacerdotes: un gran desafío

«Con una población católica relativamente pequeña en comparación con la población total, existe una necesidad potencial de evangelización y de llegar a más personas», dice Anto, quien afirma que las necesidades de vocaciones y la escasez de sacerdotes en su diócesis es un gran desafío.

Paradójicamente, esta zona de la India cuenta con muchas parroquias y centros misioneros, y es una gran responsabilidad de la diócesis atender pastoralmente y de forma adecuada a sus fieles, porque, además, la gente de la India respeta al sacerdote católico y le tiene gran estima.

¿Qué podemos aprender los europeos de la India?

Esta escasez de sacerdotes no impide que la vida parroquial de Kerala sea muy activa, con vibrantes comunidades que fomentan un sentido de pertenencia y participación en la Iglesia.

«Esto es algo que puede inspirar a las parroquias europeas: crear entornos más atractivos e inclusivos para los jóvenes», señala este joven seminarista.

Compañeros de Anto disfrazados de mariachis tocando en un festival de fin de curso en Bidasoa.

Diversidad cultural y religiosa en la India

Otra de las riquezas de Kerala, la provincia de Anto Benzigar, es el rico patrimonio cultural que combina tradiciones hindúes, cristianas y musulmanas. Para él, esta diversidad cultural crea una sociedad única y vibrante donde personas de diferentes orígenes pueden vivir y trabajar juntas.

«Creo que esta característica puede inspirar a los europeos a abrazar la diversidad cultural y aprender de diferentes tradiciones», señala.

Algo que también los europeos pueden aprender de su país es cómo superar los obstáculos: «Kerala se ha enfrentado a numerosos desafíos, incluidos desastres naturales y problemas socioeconómicos. Sin embargo, el pueblo keralita ha demostrado una notable resiliencia y un fuerte sentido de comunidad para superar estas adversidades. Este espíritu de perseverancia puede ser una inspiración para los europeos de cara a enfrentarse a sus propias dificultades».

La riqueza de residir en Bidasoa

Pero Anto Benzigar también está adquiriendo grandes conocimientos de España. Además del idioma que le da una perspectiva internacional, la herencia cultural de nuestro país y sus diferentes formas de pensar.

Por su puesto, como él asegura, la riqueza histórica y artística de España le está proporcionando una visión más profunda del pasado del país.

Pero lo más importante es la perspectiva internacional que le brinda residir en el Seminario Internacional Bidasoa: «Conocer a personas de diversos orígenes y culturas fomenta la comprensión, la tolerancia y una visión del mundo más amplia», expresa con satisfacción.

A esto añade la amplia formación teológica, espiritual, humana y comunitaria, porque, para él, vivir en un seminario fomenta un sentido de comunidad y de valores compartidos.

“«Estoy aprendiendo a vivir más próximo a los demás, cultivar relaciones y apoyarnos mutuamente en este viaje espiritual. Por otra parte, la experiencia pastoral que estoy adquiriendo como el voluntariado en parroquias locales o el trabajo con comunidades marginadas, es de gran valor para servir a los demás. Todo ello contribuye a un crecimiento personal más profundo, a administrar mi tiempo, desarrollar la autodisciplina y cultivar la paz interior», concluye.

Anto Benzigar formación seminarista India

Las siete características de un sacerdote del siglo XXI

Ante el gran desafío al que se enfrentará cuando regrese a su país, este joven seminarista de la India se atreve a lanzar siete características que debe reunir un sacerdote del siglo XXI cuyo fin sea vivir al pueblo al que sirve.

1. Auténtico y accesible

2. Experto en tecnología y comunicativo

3. Compasivo e inclusivo

4. Apasionado y motivado por una misión

5. Abierto al aprendizaje y al crecimiento

6. Colaborativo y orientado al equipo

7. Apertura a la investigación científica


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

«Mi vocación sacerdotal ha sido una verdadera obra de Dios»

La vocación sacerdotal de Nataniel tiene su origen en la situación más insospechada, pues su padre, pertenecía a la religión kimbanguista, una corriente religiosa africana originaria de Angola, fundada en 1921 por Simão Toco, conocido como el profeta Kimbangu.

Esta fe combina elementos del cristianismo, especialmente del protestantismo, con prácticas y creencias tradicionales africanas. Los kimbanguistas creen en un Dios supremo, en la importancia de los profetas y en la sanación espiritual. Además, promueven la unidad, la paz y la justicia social, y se distinguen por su énfasis en la lucha contra la opresión y la discriminación racial. La religión tiene una gran influencia en Angola y en otras partes de África. Sin embargo, todo un camino providencial llevó a Nataniel a abrazar la fe católica y, tras los años, a sentir una llamada al sacerdocio.

Hoy se encuentra en Roma, estudiando bachillerato en Teología y viviendo en el Seminario Internacional Sedes Sapientiae, gracias también a una ayuda de la Fundación CARF.

La religión en la familia

Nataniel es el segundo de cinco hermanos y hermanas, y viene de una familia no estrictamente católica, pero que vivió una experiencia religiosa que marcó su vida. Su padre es militar, y aunque no practica mucho, en su familia la religión que se practicaba era kimbanguista. Por otro lado, su madre, Isabel, que era peluquera, fue bautizada en la Iglesia católica pero se acabó convirtiendo al protestantismo. Esta era la realidad de Nataniel hasta el año 2012.

Nataniel con sus hermanas y su madre

La reconversión de la madre

El cambio comenzó cuando la madre de Nataniel decidió regresar a la Iglesia católica. «Nos dio la orden de que ya no asistiríamos a ninguna otra iglesia, y comenzamos a ir a la iglesia cada domingo». Para Nataniel, fue un desafío. Había crecido participando en la escuela dominical de la iglesia protestante, donde se organizaban concursos sobre la Biblia, y lo que más le motivaba a ir era la posibilidad de ganar premios. Ahora, al asistir a la Iglesia, todo le parecía extraño y diferente. Pero no tuvo más opción que acompañar a su madre.

El descubrimiento de la fe católica

Al asistir a la catequesis, Nataniel comenzó a descubrir las enseñanzas de la Iglesia. Estudió con mayor profundidad la Biblia y la historia de la Iglesia, lo que fortaleció su fe y dio un nuevo sentido a su vida. En 2015, se unió al grupo de acólitos, acercándose a la liturgia y al sacerdote, y ese mismo año recibió el bautismo. «Podemos perder fama, juventud, dinero, pero lo único que verdaderamente no se puede perder es a Cristo».

La vocación sacerdotal

El año 2015 fue clave, no solo por su bautismo, sino porque comenzó la escuela secundaria. En ese período, la idea de entrar al seminario empezó a tomar forma en su corazón. «Ver al párroco desempeñar su ministerio me motivaba a seguir sus pasos. Sentía en lo más profundo de mi ser que mi vocación era ser sacerdote, para entregar mi vida al servicio de Dios y para la salvación de las almas. Quería ser un instrumento de Dios en medio de su pueblo», nos cuenta alegremente.

El desafío del sí a Jesús

Nataniel era un chico brillante en los estudios, había recibido becas para estudiar ingeniería informática en Londres o Estados Unidos, pero en el año 2017 toma la decisión de compartir con sus padres su deseo de entrar en el seminario. «Fue un momento difícil, especialmente para mi madre. No entendía por qué quería dar ese paso tan radical en mi vida. Para ella, que su único hijo varón tomara este camino era duro de entender».

Con el tiempo, sus padres, que habían vuelto a la fe católica, comenzaron a abrir sus corazones y a comprender el deseo de su hijo. Finalmente, en febrero de 2018, los padres de Nataniel aceptaron la decisión de su hijo de ser sacerdote y el 25 de febrero ingresó en el seminario archidiocesano de Luanda, un paso decisivo hacia el sueño de su vocación. «Fue un momento de gran alegría y de gratitud hacía Dios por haberme permitido seguir el camino que sentía que Él había preparado para mí».

Nataniel recibiendo la bendición

Un camino de fe

Hoy ve cómo cada paso le ha llevado a donde está, a esta llamada al sacerdocio que comenzó en su corazón de una forma inesperada, pero que se ha ido confirmando y fortaleciendo a lo largo de los años. «Mi vocación nació en un contexto familiar diverso, ha sido una verdadera obra de Dios».

Agradece profundamente a sus padres por su comprensión y por apoyarle en este camino. «Mi deseo es seguir adelante, con fe y con esperanza, dedicando mi vida al servicio de Dios y de su pueblo».

Agradecido a los benefactores

Con este testimonio, Nataniel desea expresar su profundo agradecimiento a todos los benefactores de la Fundación CARF por darle la oportunidad de continuar con sus estudios en Roma.

Actualmente está cursando el tercer año de Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. «Gracias a su apoyo puedo comprometerme en la misión de la Santa Madre Iglesia de llevar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a todas las naciones», comenta.

«Rezo cada día por ustedes para que el Señor, Sumo y Eterno Bien, de quien proceden todas las bendiciones, continúe bendiciéndoles y guiando sus pasos hacia la vocación a la que todos estamos llamados, la Santidad. ¡Muchísimas gracias!, nos dice con una sonrisa».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.