Qué es una peregrinación y qué lugares visitar

¿Origen de las peregrinaciones?

Las peregrinaciones se remontan a los primeros siglos del cristianismo. Uno de los primeros registros documentados de peregrinaciones cristianas data del siglo IV, cuando se identificaron los lugares sagrados en Tierra Santa asociados a la vida de Jesucristo. Esto llevó a un número creciente de peregrinos a viajar a lugares como Jerusalén, Belén y Nazaret.

Sin embargo, uno de los eventos más significativos en la historia de las peregrinaciones fue el descubrimiento de las reliquias de san Pedro y san Pablo en Roma en el siglo I. Desde entonces, la Ciudad Eterna se convirtió en uno de los destinos preferidos de los peregrinos de todas las épocas y naciones.

¿Cuándo comenzaron las peregrinaciones cristianas?

A lo largo de los siglos, se empezaron a desarrollar rutas de peregrinación muy importantes en Europa, como el Camino de Santiago en España. Estos caminos conectaban lugares sagrados unos con otros y eran transitados por peregrinos de todas partes del mundo.

El papa Francisco animó a visitar los santuarios marianos de Guadalupe, Lourdes y Fátima: «oasis de consuelo y misericordia». Audiencia General del miércoles 23 de agosto de 2023 en el Aula Pablo VI.

8 lugares de peregrinación católica

Repasamos a continuación los principales lugares de peregrinación de la Iglesia Católica. Lugares santos desde la antigüedad y algunos santuarios y basílicas dedicadas a la Virgen María, que convocan a multitud de peregrinos.

Cada año la Fundación CARF organiza dos peregrinaciones, en colaboración con alguna agencia de viaje y especialista en turismo religioso, con una importante participación de  benefactores y amigos que comparten estas experiencias únicas e inolvidables. Se trata de una manera diferente de acercarse al Señor.

Peregrinación a Tierra Santa

En Tierra Santa nació, vivió y murió Jesús. Sus caminos son las páginas del ''quinto evangelio”. También fue el escenario de los acontecimientos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Fue tierra de batallas, como las Cruzadas; objeto de disputas políticas y religiosas.

Entre los lugares que se pueden visitar está Jerusalén, la ciudad donde Cristo hizo parte de su vida pública y donde entró triunfante el Domingo de Ramos. También se puede visitar el Santo Sepulcro, el Muro de los Lamentos, la iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces, la iglesia de la Condena e imposición de la Cruz, la iglesia de la Visitación, la basílica de la Natividad, y mucho más.

Peregrinación a Roma y al Vaticano

En Roma, la Ciudad Eterna, se encuentra la ciudad del Vaticano, el corazón de la Iglesia Católica. Cuenta con la basílica de san Pedro y los Museos Vaticanos, que albergan obras maestras como los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. A las afueras de Roma, se encuentran las catacumbas de san Calixto, también conocidas como la Cripta de los Papas.

Peregrinar a Roma ofrece la oportunidad de experimentar a la  Iglesia Católica como madre. Es una experiencia que fortalece la fe y ayuda a vivir la comunión con la tradición y las enseñanzas de la Iglesia Católica.

Peregrinación a Santiago de Compostela

En España contamos con una de las peregrinaciones católicas más importantes del mundo, Santiago de Compostela. En el siglo XII, gracias al impulso del arzobispo Diego Gelmírez (1100-1140), se consolidó la Catedral de Santiago como meta de millones de peregrinos católicos. El pasado año Xacobeo 2021-2022 recorrieron el camino 38.134 peregrinos de todo el mundo.

Existen diferentes rutas para realizar esta peregrinación. La más utilizada de todas es el camino francés. Es el camino por excelencia, usado tradicionalmente por peregrinos de toda Europa y que cuenta con la red de servicios, alojamientos y señalización más completa de todas.

Peregrinación mariana al santuario de Medjugorje

Situado en Bosnia Herzegovina, la localidad de Medjugorje es famosa por las numerosas apariciones de la Virgen María desde 1981 hasta la actualidad. Pese a que la Iglesia aún no ha reconocido oficialmente estas apariciones, el papa Francisco autorizó en 2019 la organización de peregrinaciones oficiales de diócesis y parroquias, dándole un cariz de oficialidad.  

El santuario rodeado de montañas, donde se encuentra la imagen de la Virgen de Medjugorje, es una parada imprescindible para peregrinos en busca de consuelo, sanación y una profunda experiencia de fe.

Peregrinación mariana a la basílica de la Virgen del Pilar

La catedral-basílica de la Virgen del Pilar es el primer templo mariano de la cristiandad. Cuenta la tradición que en el año 40 del siglo I, la Virgen se apareció al apóstol Santiago, que se encontraba predicando en la actual Zaragoza.

La basílica, con su arquitectura impresionante y ambiente de recogimiento, es un espacio idóneo para la oración y la meditación. Los peregrinos llegan a este sagrado lugar para rendir homenaje a la Virgen del Pilar, patrona de Hispanoamérica. El día 12 de octubre, celebración de la festividad, se realizan ofrendas de flores y de frutos. También tiene lugar ese día el rosario de cristal, un desfile de 29 carrozas de cristal que están iluminadas interiormente y que representan los misterios del rosario.

Peregrinación mariana al santuario de Torreciudad

Situado en la provincia de Huesca, España, este santuario es un lugar de gran devoción mariana y es conocido en la región por ser un enclave natgural de mucha belleza. 

Los peregrinos acuden para rendir homenaje a Nuestra Señora de Torreciudad y experimentar una conversión del corazón a través, especialmente, del sacramento de la confesión. 

Este santuario, erigido gracias al impulso de san Josemaría Escrivá de Balaguer, atrae a fieles de todo el mundo que buscan fortalecer su relación con la Virgen María y crecer en su fe. La fiesta de la Virgen de Torreciudad se celebra el domingo siguiente al 15 de agosto. Todos los años, celebra la multitudinaria Jornada Mariana de la Familia que tiene lugar un sábado de septiembre.

Peregrinación mariana al santuario de la Virgen de Fátima (Portugal)

Este es uno de los santuarios marianos más importantes, en donde se apareció la Virgen de Fátima en 1917 a tres pastorcitos (Lucia, Francisco y Jacinta).

El santuario de Fátima está compuesto por varias capillas y basílicas. La principal es la basílica de Nuestra Señora del Rosario donde están las tumbas de los tres videntes. La parte exterior está flanqueada por una columnata de unas 200 columnas. Dentro de éstas hay 14 altares que también representan las estaciones del Vía Crucis.

El clima de oración que hay en Fátima ha dejado una marca indeleble en la fe de generaciones de católicos, convirtiendo este santuario en un punto de encuentro con lo divino y un símbolo de la intercesión de la Virgen María en la historia de la humanidad.

Peregrinación mariana al santuario de Lourdes (Francia)

Se trata del lugar de peregrinación para los enfermos por excelencia. Desde la gruta de Massabielle, donde la Virgen se apareció a santa Bernardita, brotó un manantial de agua pura de donde nunca ha dejado de brotar agua. Un agua milagrosa responsable de innumerables curaciones. También los visitantes dejan miles y miles de velas en acción de gracias o por una petición.

Sobre la roca donde está la gruta, se erigió la basílica de la Inmaculada Concepción, inaugurada en 1871. En Lourdes también está la basílica de Nuestra Señora del Rosario.

Hasta lo ultimo de la Tierra: cristianos y mártires en Japón.

Definición de mártir

Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (ἔσεσθέ μου μάρτυρες ἔν τε Ἰερουσαλὴμ καὶ ἐν πάσῃ τῇ Ἰουδαίᾳ καὶ Σαμαρείᾳ καὶ ἕως ἐσχάτου τῆς γῆς) (Hechos de los Apóstoles 1, 8).

  • El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

    (Carta a Diogneto)

Es difícil hablar de cristianismo en Japón sin utilizar la palabra “martirio”. una palabra que deriva del griego μάρτυς, es decir “testigo”.

En la Carta a Diogneto, un breve tratado apologético dirigido a un tal Diogneto y compuesto seguramente a finales del siglo II, se habla, con respecto a los cristianos, de un puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

El término utilizado para definir el “puesto”, taxis, indica la disposición que un soldado debe de mantener durante una batalla. Consecuentemente, el cristiano no es solo un testigo en un sentido jurídico, como alguien que da testimonio en un proceso, sino que es el mismo Cristo, es una semilla que debe morir y dar fruto. Y eso indica la necesidad de que quienes conozcan a un cristiano no solamente escuchen acerca de Jesús, como si Jesús fuera un cualquier personaje histórico que dijo o hizo algo importante, sino que vean, gusten, sientan al mismo Jesús presente ante sus ojos, a Jesús que sigue muriendo y resucitando, a una persona concreta, con un cuerpo que se puede tocar.

El modelo de ese testimonio, o “martirio”, al cual cada creyente en Cristo está llamado, no es necesariamente morir de forma violenta como muchos pensamos, sino vivir como mártir, y conduce a la kénosis, es decir, al proceso de purificación interior de renunciar a uno mismo para conformarse a la voluntad de Dios que es Padre, como lo hizo el Señor Jesucristo en toda su vida, no solamente muriendo en la cruz. De hecho, hay muchísimos “santos” (canonizados y no) que no son mártires en el primer sentido, o sea de ser asesinados por su fe, pero que están considerados mártires en el sentido de que fueron testigos de la fe: no se arredraron ante la persecución, pero no se les pidió dar su vida en la forma corporal.

En este sentido, uno de los muchos modelos de santidad es Justo Takayama Ukon (1552-1615), beatificado en 2017 por papa Francisco y también conocido como el Tomás Moro de Japón. De hecho, al igual que el canciller de Inglaterra, Takayama fue una de las más grandes figuras políticas y culturales de su tiempo en su país. Después de ser encarcelado y privado de su castillo y de sus tierras, fue mandado al exilio por negarse a renunciar a su fe cristiana. Su perseguidor fue el feroz Toyotomi Hideyoshi, quien, a pesar de sus numerosos intentos, no llegó a que el beato Takayama Ukon, un daimyo, o sea un barón feudal japonés, y además un excepcional táctico militar, calígrafo y maestro de la ceremonia del té, renegara a Cristo.

Obras de arte de la historia Católica Japonesa. Representación de mártires cristianos japoneses perseguidos.

Historia del cristianismo en Japón

  • Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.

    (Carta a Diogneto)

Vamos a empezar el viaje en la historia del cristianismo en Japón con otras palabras de la Carta a Diogneto, que nos va a acompañar a lo largo de este trabajo.

La misión cristiana en Japón

Empieza precisamente el día 15 de agosto de 1549, cuando el español San Francisco Javier, fundador de la Orden de los Jesuitas junto con San Ignacio de Loyola, desembarcó en la isla de Kyushu, la más meridional de las cuatro grandes islas que conforman el archipiélago. Poco después llegaron también los frailes franciscanos. A los extranjeros que llegaban al sur de Japón con sus barcos de color oscuro (kuro hune, o sea barcos negros en japonés, para distinguirlos de los barcos locales hechos de bambú, generalmente de color más claro), se les llamaba nan banji (bárbaros del sur), pues se les consideraba personas rudas y poco educadas, por distintas razones.

La primera era el hecho de no seguir las costumbres del país, muy centradas en códigos caballerescos forjados por la práctica del bushido. Esta práctica, basada en las antiguas tradiciones japonesas y en el sintoísmo (la religión originaria de Japón, politeísta e animista, en que se veneran a los kami, es decir divinidades, espíritus naturales o simplemente presencias espirituales como los antepasados) valoraba mucho la rígida división en castas sociales, con el bushi, el noble caballero, quien tenía que modelar su vida alrededor de la valentía, del servicio a su daimyo (barón feudal), del honor a preservar a toda costa, hasta el sacrificio de la vida en la batalla o mediante el seppuku o harakiri, el suicidio ritual.

mártires

Durante el siglo XVI, la comunidad católica creció a más de 300 mil unidades. La ciudad costera de Nagasaki era su centro principal.

En 1579, el jesuita Alessandro Valignano (1539-1606) llegó a Japón y fue nombrado superior de la misión jesuita en las islas. Valignano era un sacerdote muy bien preparado, como san Francisco Javier, y había recibido también una formación secular como abogado. Antes de ser nombrado superior, había sido maestro de novicios, ocupándose de la formación de otro italiano, Matteo Ricci, quien se haría famoso como misionero en China.

Este Jesuita fue un gran misionero, dándose cuenta de la necesidad que los jesuitas aprendieran y respetaran el idioma y la cultura de las personas que evangelizaban. Su prioridad era la transmisión del Evangelio a través de la inculturación, sin que se identificara la Palabra de Dios con la cultura occidental del siglo XVI, española, portuguesa o italiana que fuera. También insistió en que los jesuitas tenían que instruir a los japoneses para que ellos se hicieran cargo de la misión, algo muy chocante para la época.

Valignano fue autor del manual fundamental para los misioneros en Japón y escribió un libro sobre las costumbres del país, solicitando que los misioneros jesuitas se conformaran a dichas costumbres en el evangelizar al pueblo. Por ejemplo, dada la gran consideración que se le daba a la ceremonia del té, ordenó que en cada residencia jesuita hubiera una habitación dedicada a esta ceremonia. Gracias a la política misionera de inculturación practicada por Valignano, varios intelectuales japoneses, incluso un buen número de daimyos, se convirtieron a la fe cristiana o al menos mostraron un gran respeto por la nueva religión.

Dentro del régimen en el poder, el shogunato (forma de oligarquía en la que el emperador solamente tenia un poder nominal, pues de hecho el shogun era el jefe político del país, asistido por jefes locales) Tokugawa, había una creciente sospecha hacia los jesuitas. De hecho, con su subida al poder, el líder político y militar Toyotomi Hideyoshi, Mariscal de la Corona en Nagasaki, temía que, a través de su trabajo evangelizador, los misioneros extranjeros, debido al número cada vez más alto de conversos, quienes, por su fe, podían tener relaciones privilegiadas con los europeos, amenazaran la estabilidad de su poder. Y, si lo pensamos, tenía toda la razón, En efecto, en Japón había un sistema de poder y una cultura que no consideraban en absoluto la vida de cada persona como algo de valor.

El mismo sistema se basaba sobre el dominio de unos pocos nobles sobre la masa de ciudadanos considerados casi como animales (al bushi, el caballero noble, incluso se le permitía la práctica del tameshigiri, o sea probar una espada nueva matando a un pueblerino cualquiera). Todo podía y debía ser sacrificado por el bien del estado y de la “raza”, así que lo más amenazador, para este tipo de cultura, era justamente el mensaje de quienes predicaban que cada vida humana es digna y que todos somos hijos de un solo Dios.

En 1587, pues, Hideyoshi emitió un edicto ordenando a los misioneros extranjeros que abandonaran el país. Sin embargo, estos no se rindieron y continuaron operando clandestinamente. Diez años después comenzaron las primeras persecuciones. El 5 de febrero de 1597, 26 cristianos, incluidos san Pablo Miki (6 franciscanos y 3 jesuitas europeos, junto con 17 terciarios franciscanos japoneses) fueron crucificados y quemados vivos en la plaza de Nagasaki.

La comunidad cristiana en Japón sufrió una segunda persecución en 1613.

En estos años, la élite japonesa en el poder llegó a experimentar formas de tortura y de homicidio cada vez más crueles y originales: a los cristianos se les crucificaba; se les quemaba a fuego lento; se les hervía vivos en las aguas termales; se les aserraba en dos partes; se les se les colgaba con la cabeza hacia abajo en un pozo llenado con excrementos, con un corte en el sien para que la sangre pudiera fluir y no se murieran rápido, una técnica llamada tsurushi y muy utilizada ya que permitía que los torturados siguieran conscientes hasta la muerte o hasta el momento en que decidieran renegar la fe, pisando los fumie (iconos con la imagen de Cristo y la Virgen).

El año anterior, en 1614, el shogun Tokugawa Yeyasu, señor de Japón, prohibió el cristianismo con un nuevo edicto e impidió a los cristianos japoneses de practicar su religión. El 14 de mayo de ese mismo año, la última procesión se llevó a cabo a lo largo de las calles de Nagasaki, tocando siete de las once iglesias de la ciudad, que fueron todas derrumbadas posteriormente. Sin embargo, los cristianos continuaron profesando su fe en la clandestinidad.

Así comenzó la era de los kakure kirishitan (cristianos ocultos).

La política del régimen de los shogunes se volvió cada vez más represiva. Estallando un levantamiento popular en Shimabara, cerca de Nagasaki, entre 1637 y 1638, animado principalmente por campesinos y liderado por el samurái cristiano Amakusa Shiro, la revuelta fue reprimida en la sangre con armas provistas por los holandeses protestantes, quienes detestaban al papa por razones de fe y a los católicos en general por razones más que nada económicas (querían quitarles a los portugueses y a los españoles la posibilidad de comerciar con Japón, para apropiarse ellos mismos del monopolio). En Shimabara y sus alrededores fallecieron alrededor de 40 mil cristianos, horriblemente masacrados. Su sacrificio sigue siendo, de todas formas, muy respetado en la cultura japonesa, debido al coraje y a la abnegación de estos hombres.

En 1641, el shogun Tokugawa Yemitsu emitió otro decreto, que más tarde se conocería como sakoku (país blindado), con el que prohibía cualquier forma de contacto entre los japoneses y los extranjeros. A lo largo de dos siglos y medio, la única entrada a Japón para los comerciantes holandeses siguió siendo a través de la pequeña isla de Deshima, cerca de Nagasaki, de la cual no podían salir. El puerto de la misma Nagasaki, sus alrededores y las islas de la bahía ofrecieron un refugio a lo que quedaba de la cristiandad.

Fue solamente en el Viernes Santo de 1865 que diez mil de estos kakure kirishitan, cristianos ocultos, emergieron de las aldeas donde profesaban su fe en la clandestinidad, sin sacerdotes y sin misa, y se presentaron al asombrado Bernard Petitjean, de la Societé des Missions Etrangères de París, quien había llegado poco antes para ser capellán de los extranjeros de la iglesia de los 26 mártires de Nagasaki (Oura). Al sacerdote, al cual le llamaron “padre” (palabra que se había preservado en su léxico religioso en el trascurso de los siglos) le pidieron poder participar en la misa.

Tras la presión de la opinión pública y de los gobiernos occidentales, la nueva dinastía imperial en el poder, los Meiyi, finalizó la época de los shogunes y, a pesar de mantener el sintoísmo como religión del estado, el 14 de marzo de 1873 decretó el fin de la persecución y en 1888 reconoció el derecho a la libertad religiosa. El 15 de junio de 1891 se erigió canónicamente la diócesis de Nagasaki, que en 1927 saludó a Monseñor Hayasaka como primer obispo japonés, personalmente consagrado por Pío XI.

Las ruinas de la Catedral de la Inmaculada Concepción en Nagasaki el 7 de enero de 1946.

El holocausto nuclear

  • Los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.(Carta a Diogneto)

El 9 de agosto de 1945, a las 11:02 de la mañana, una horrible explosión nuclear sacudió el cielo sobre Nagasaki, justo arriba de la catedral de la ciudad, dedicada a la Asunción de la Virgen. Ochenta mil personas murieron y más de cien mil resultaron heridas. La catedral de Urakami, llamada así por el barrio en el que se encontraba, era y sigue siendo hoy en día, tras su reconstrucción, el símbolo de una ciudad dos veces martirizada: por las persecuciones religiosas de las que miles de personas fueron víctimas en el transcurso de cuatro siglos, debido a su fe cristiana, y por el estallo de un dispositivo infernal que instantáneamente incineró a muchos de sus habitantes, incluidos miles de cristianos, definidos por su ilustre contemporáneo y conciudadano, el doctor Takashi Pablo Nagai, “cordero sin mancha ofrecido como holocausto para la paz mundial”.

Dos curiosidades sobre este terrible acontecimiento:

En primer lugar, no había necesidad de lanzar una segunda bomba nuclear, ya que la rendición de Japón era inminente después de que, en Hiroshima, unos días antes se había detonado otro artefacto, pero de un tipo diferente (uranio 235) y en un territorio con una topografía diferente. Hiroshima era una ciudad en la llanura, Nagasaki estaba rodeada por cerros, lo que hizo necesario un nuevo experimento para ver cuáles podían ser los efectos de otra bomba, esta vez de plutonio 239, en un territorio distinto.

En segundo lugar, el lanzamiento del nuevo artefacto no debía realizarse en Nagasaki, sino en otra ciudad, llamada Kokura. Sin embargo, en Kokura el cielo estaba nublado y no permitía localizar el punto donde arrojar la bomba. Por lo contrario, en Nagasaki, elegida como reserva, el sol brillaba, así que el piloto tomó la decisión de desplazarse hacia la nueva ubicación y lanzar la bomba atómica sobre el objetivo designado en la ciudad, es decir, una fábrica de municiones. Pero, una vez que se arrojó la bomba, se produjo un nuevo accidente: el viento desvió ligeramente la trayectoria del artefacto, haciendo que detonase justo unas centenas de metros arriba del distrito de Urakami, donde se encontraba la que una vez fue la catedral católica más grande de Asia oriental, en aquel momento repleta de fieles que rezaban por la paz.

Cristianos perseguidos hoy en día

Hoy en día, en Oriente, en África y en muchas otras partes del mundo, miles de cristianos siguen siendo asesinados muy a menudo, y a veces justo en el momento en que suplican a Dios que les salve de la guerra, de la mano de sus enemigos, que salve al mundo y que perdone a sus perseguidores. ¿No hizo lo mismo Jesucristo?

Todo esto puede hacer que, tal vez, nos preguntemos cuál es la perspectiva real, la mirada que se debe tener hacia la historia humana: ¿lo malo para quienes desean y buscan el bien y la paz y lo bueno para los que persiguen el mal? ¿La muerte de su Hijo y sus discípulos y la vida tranquila de sus perseguidores? ¿Es esto realmente lo que Dios siempre ha querido?

A dichas preguntas nos puede contestar muy bien Takashi Pablo Nagai, quien no solamente no identificó como mal la que humanamente puede parecer una de las peores desgracias de la historia, sino incluso llegó a agradecerle a Dios por el sacrificio de muchos mártires pulverizados por la bomba, incluida su amada esposa Midori, de la cual el médico japonés, él mismo herido de gravedad y enfermo de leucemia, no encontró, entre las ruinas de su hogar, nada más que los huesos carbonizados, con la cadena del rosario al lado.

Como para Cristo, también para un mártir, un seguidor y un testigo de Cristo, el verdadero sentido de la vida es ser un instrumento en la mano de Dios, y, según Nagai, aquellos que murieron en el holocausto nuclear de Nagasaki sí se han convertido en un instrumento del Padre para salvar un número enormemente mayor de vidas.

Esta es la perspectiva de vida de un cristiano y de un “mártir”, de un testigo de Cristo: si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna (Evangelio de Juan 12, 22-24)

Pablo Miki, fue un religioso japonés, venerado como santo mártir cristiano de la Iglesia católica. Es conmemorado el 6 de febrero. Falleció el día 5 de febrero de 1597 en la ciudad japonesa de Nagasaki

Servicio conmemorativo en la Catedral Católica Romana de Urakami.

Bibliografía:

Takashi Nagai, La campana de Nagasaki, Editorial Oberon, 1956;

Inazo Nitobe, Bushido: the soul of Japan, Kodansha International, 2002;

Adriana Boscaro, Ventura e Sventura dei gesuiti in Giappone, Libreria Editrice Cafoscarina, 2008;

Shusaku Endo: Silencio; Edhasa, 2017;

Hisayasu Nakagawa: Introducción a la cultura japonesa, Melusina, 2006;


Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado Universidad de la Santa Cruz de Roma.

Cinco maneras de aumentar el número de seminaristas y sacerdotes

1. Involucrar a toda la comunidad, movimientos y parroquias.

En el día del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santidad de los Sacerdotes y seminaristas. En 2019, con motivo de esta jornada, el papa Francisco invitaba a todos los católicos a través de su red de oración a rezar por los sacerdotes y los alumnos que cursan estudios en los seminarios «para que, con la sobriedad y la humildad de sus vidas, se comprometan en una solidaridad activa, sobre todo, hacia los más pobres».

En la Fundación CARF lanzamos este año esta pequeña campaña animando a rezar por la santidad de todos los sacerdotes.

2. Sacerdotes jóvenes como modelos para los seminaristas.

Una pastoral vocacional que sirva de terreno abonado para las nuevas vocaciones empieza con mucha oración, especialmente en la adoración al Santísimo con horas santas en las parroquias, con los sacerdotes más jóvenes implicados en la pastoral juvenil. De esta forma, intensificando su vida interior y su amor por Jesús-Eucaristía, y con los sacerdotes como modelo, muchos podrían plantearse la llamada al sacerdocio. 

3. Una figura paterna para los futuros seminaristas y sacerdotes.

El papa Francisco asegura que «la paternidad de la vocación pastoral consiste en dar la vida, hacer crecer la vida; no pasar por alto la vida de una comunidad». San José es un buen modelo tanto para los seminaristas como para sus formadores en el camino hasta llegar a ser sacerdote. Con su entrega total, Jesús es la manifestación de la ternura del Padre. Por eso, «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

El Papa nos dice que cada sacerdote u obispo tendría que poder decir como san Pablo: «[…] por medio del Evangelio, soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1Co 4,15). A san Pablo le preocupaba mucho la formación de los presbíteros. En la primera carta a los Corintios expresa con vehemencia: «¿Qué queréis? ¿Que vaya a visitaros con un palo o con amor y espíritu de mansedumbre?» (1Co 4,21). Los formadores y los sacerdotes que acompañan a los seminaristas tienen que ser como un buen padre, que escucha, acompaña, acoge y corrige con dulzura, pero con firmeza. 

4. La familia cristiana semillero de vocaciones.

La familia es el primer agente de la pastoral para las vocaciones (en todos los ámbitos de la Iglesia). La familia cristiana ha sido siempre humus y "mediación educativa" para el nacimiento y el desarrollo de las vocaciones, al celibato, sacerdotales o religiosas. 

Una pastoral familiar que integre la dimensión vocacional tiene que formar también a los padres en el diálogo con sus hijos e hijas sobre su fe y el modo de entender el seguimiento de Jesús. Pero sobre todo, las vocaciones se fraguan en el ejemplo de los padres en su amor a Dios y entre ellos.

5. Apoyar la formación de los seminaristas.

El papa Francisco menciona cuatro pilares para sostener la formación de todo seminarista: la vida espiritual, la oración, la vida comunitaria y la vida apostólica. También profundiza en la dimensión espiritual de los seminaristas poniendo especial acento en la «formación del corazón».

Contar con sacerdotes bien formados tiene un elevado coste para las diócesis. Al entrar al seminario un aspirante al sacerdocio tiene por delante, al menos, cinco años de estudios eclesiásticos, equivalentes a una licenciatura y una especialización. Luego se suman dos años o más de doctorado en la que se contempla la realización de una tesis de investigación. 

Muchas diócesis, especialmente de países pobres, carecen o bien de recursos para mantener a sus seminaristas, o de sacerdotes con la formación suficiente para ser formadores del seminario y dar a los candidatos un acompañamiento adecuado. Aquí es donde entre la Fundación CARF y tu ayuda. Con tu donativo contribuyes a la formación y manutención de sacerdotes diocesanos y seminaristas para sus estudios en Roma y Pamplona con el compromiso de regresar a su diócesis de origen.

Una “profesión” con futuro.

Benedicto XVI, con motivo de la celebración del Año Sacerdotal de 2010,  iniciaba una carta  con una anécdota de su juventud. Cuando en diciembre del 1944, el joven Joseph Ratzinger fue llamado al servicio militar, el comandante de la compañía preguntaba a cada uno qué quería ser en el futuro. Él respondió que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: «Tendrá que elegir otra cosa. En la nueva Alemania ya no hacen falta sacerdotes».

«Yo sabía –dice el Santo Padre– que esta ‘nueva Alemania' llegaba a su fin, y que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al país, los sacerdotes serían más necesarios que nunca». Benedicto XVI añade que «también ahora hay mucha gente que, de un modo u otro, piensa que el sacerdocio católico no es una ‘profesión' con futuro, sino que más bien pertenece al pasado». A pesar de este sentimiento actual, la realidad es que el sacerdocio tiene futuro porque –como dice el mismo Papa en el inicio de su carta a los seminaristas– «también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, las personas continuarán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con él y por medio de él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera».


Bibliografía:

Papa Francisco, Carta apostólica Patris corde

Congreso Europeo sobre las vocaciones, Documento de trabajo.

Papa Francisco, Mensaje para la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Benedicto XVI, Carta con motivo de la celebración del Año Sacerdotal 2010.

¿Cómo superar el dolor desde la fe?

El duelo: La experiencia de superar una pérdida

Aunque los seres humanos vivimos el sentimiento de dolor como una de las experiencias más comunes de la vida, siempre estamos desprevenidos ante él y continuamente nos exige aprender y adaptarnos a nuevas circunstancias. El duelo no se refiere solamente a la muerte. Es duelo es una emoción o varias emociones que experimenta el ser humano cuando vive una pérdida de cualquier tipo.

No hay “expertos” en el dolor de una pérdida; siempre tiene una dimensión de originalidad: en la forma cómo se manifiesta, en sus causas, y en las diversas reacciones que desencadena. Son muchas las veces que nos encontramos sufriendo profundamente por motivos y razones que nunca esperamos.

El Santo Padre Juan Pablo II, escribe: «El sufrimiento humano suscita compasión; suscita también respeto, y a su manera, atemoriza. En efecto, en él está contenida la grandeza de un misterio específico [...] el hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible»

Esta experiencia humana nos mueve a buscar la ayuda de otras personas y a ofrecer, a la vez, nuestro apoyo. La experiencia de superar el duelo, nos enseña a prestar más atención a otros que sufren. La experiencia del dolor marca la diferencia entre una persona madura, que es capaz de enfrentar obstáculos y situaciones difíciles, y una persona que se deja llevar y absorber por sus propias emociones y sensaciones.

La Fe cristiana apoyo para superar el duelo

La Fe es el mejor refugio para quienes tienen que pasar por el proceso de superar el duelo de una pérdida de cualquier tipo y particularidad. La Fe nos da la fortaleza, sosiego y la serenidad necesaria para aligerar el dolor del duelo.

Superar una pérdida con serenidad

"La resurrección de Jesús no da sólo la certeza de la vida más allá de la muerte, sino que ilumina también el misterio mismo de la muerte de cada uno de nosotros. Si vivimos unidos a Jesús, fieles a Él, seremos capaces de afrontar con esperanza y serenidad incluso el paso de la muerte."  (Papa Francisco, Audiencia general 27 de noviembre de 2013).

Superar una pérdida con esperanza

La muerte llegará inexorable. Por lo tanto, ¡qué hueca vanidad centrar la existencia en esta vida! Mira cómo padecen tantas y tantos. A unos, porque se acaba, les duele dejarla; a otros, porque dura, les aburre... No cabe, en ningún caso, el errado sentido de justificar nuestro paso por la tierra como un fin.
Hay que salirse de esa lógica, y anclarse en la otra: en la eterna. Se necesita un cambio total: un vaciarse de sí mismo, de los motivos egocéntricos, que son caducos, para renacer en Cristo, que es eterno. (Surco, 879)

Superar una pérdida sin miedo a la muerte

No tengas miedo a la muerte. —Acéptala, desde ahora, generosamente..., cuando Dios quiera..., como Dios quiera..., donde Dios quiera. —No lo dudes: vendrá en el tiempo, en el lugar y del modo que más convenga..., enviada por tu Padre-Dios. —¡Bienvenida sea nuestra hermana la muerte! (Camino, 739).

Superar una pérdida con la mirada en el Cielo

¡Visión sobrenatural! ¡Calma! ¡Paz! Mira así las cosas, las personas y los sucesos..., con ojos de eternidad.
Entonces, cualquier muro que te cierre el paso —aunque, humanamente hablando, sea imponente—, en cuanto alces los ojos de veras al Cielo, ¡qué poca cosa es!, (Forja, 996).

El dolor y el amor

Al elegir la Encarnación, Jesucristo quiso experimentar todo el sufrimiento humanamente posible para enseñarnos que el amor puede superar cualquier clase de dolor. Se puede superar el duelo mirando la vida de Jesús y siguiendo su huella.

El dolor es un punto de encuentro entre la alegría de la esperanza y la necesidad de la oración. Los cristianos aceptan el dolor con la esperanza de un gozo futuro. Son plenamente conscientes de sus límites y confían en la ayuda que se implora a Dios en la oración.

El sufrimiento es solo una parte del camino, un lugar de paso; no es nunca la estación final. Así, la oración se convierte en un momento importante donde el sufrimiento encuentra su sentido y, con la gracias de Dios, se convierte en alegría.

La oración es soporte fundamental en el proceso de asumir y superar una perdida. El efecto purificador de la oración se hace realidad porque, cada vez que el hombre reza, experimenta la misericordia de Dios y comparte sus preocupaciones y problemas.

Sin embargo, hay momentos en este recorrido en los que la experiencia del dolor forja la vida de un hombre. No se trata ya de una cuestión de aceptación o rechazo del dolor, sino de aprender a considerar el sufrimiento como parte de nuestra propia existencia y como parte del plan de Dios para cada uno de nosotros.

Cuando el dolor de la pérdida se instala

El duelo por la pérdida de un ser querido es algo natural e inevitable. Sin embargo, superarlo no es sencillo y, en ocasiones, por distintos motivos, hay quienes se quedan estancados en ese dolor. Por este motivo, son muchas las Fundaciones Católicas que ofrecen  apoyo, organizan grupos de acompañamiento para volver a vivir después de la muerte de un ser querido y superar su perdida

Superar el duelo en paz con Dios

Para poder enfrentarse al dolor del duelo, hay que ser consciente de la importancia del acompañamiento espiritual en esos momentos difíciles. No hay una receta única para todos los casos, sus particularidades hacen cada caso único y particular.

Dicen que, “el dolor procede del cuerpo y el sufrimiento, del alma”, pero precisa que ayudar a que los acompañantes estén serenos y “en paz con Dios”, ya que, de esa manera, “se transmite esa serenidad”. Algo que, posteriormente, facilitará que el duelo sea, de algún modo, más sencillo.

Cuando se habla de personas en el proceso de superar el duelo, los sacerdotes subrayan una palabra: esperanza. La esperanza los ayuda a volver a situarse en términos espirituales, a volver a encontrar su lugar, también en la práctica religiosa, que quizás han abandonado. Hay que hacerles ver que Dios no les ha mandado el dolor que viven sino que les ama.

Por eso, el Papa Francisco no anima, "no dejéis de hablar con Nuestro Señor y con su Madre, la Santísima Virgen. Ella siempre nos ayuda".


Bibliografía:

Catecismo de la iglesia Católica
OpusDei.org

Mensaje del Papa para la JMJ23

Tras el aplazamiento de un año debido a la pandemia, esta JMJ se celebrará en dos momentos distintos: el primero en la solemnidad de Cristo Rey, el 20 de noviembre de este año, con celebraciones en las Iglesias particulares de todo el mundo y, posteriormente, a nivel internacional en Lisboa del 1 al 6 de agosto de 2023. Las dos celebraciones mantienen el mismo lema:

«María se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39).

Ésta es la cita bíblica elegida por el Papa Francisco como lema de la Jornada Mundial de la Juventud 2023. Que se celebrará por primera vez en Lisboa el próximo año. El tema, concluye el ciclo de tres mensajes que acompañan a los jóvenes en el camino entre la JMJ de Panamá 2019 y la de Lisboa 2023, todos ellos centrados en el verbo levantarse.

La cita elegida, del Evangelio de San Lucas, abre el relato de la Visitación de María a su prima Isabel. En el Mensaje de este año, el Santo Padre invita a los jóvenes a meditar juntos la escena bíblica en la que, después de la Anunciación, la joven Virgen María se levanta y sale al encuentro de su prima Isabel, llevando a Cristo en su interior.

La Virgen María de Nazaret es la gran figura del camino cristiano. Su ejemplo nos enseña a decirle sí a Dios. Fue la protagonista de la última edición de la JMJ en Panamá y también lo será en Lisboa. Partir sin demora resume la actitud motivada por el papa Francisco en sus instrucciones para la JMJ Lisboa 2023: “Que sea activa y misionera la evangelización de los jóvenes que, asimismo, reconocerán y serán testigos de la presencia de Cristo vivo”.

Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, desafiándolos a ser valientes misioneros, el Papa escribe en la Exhortación Apostólica Christus Vivit: “¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos” (CV 177).

El-mensaje-del-Papa-Francisco-para-la-JMJ-de-Lisboa-2023-Carf

La Madre del Señor, modelo de los jóvenes en movimiento

“María, se levantó y se puso en marcha, porque estaba segura de que los planes de Dios eran el mejor proyecto posible para su vida. María se convirtió en el templo de Dios, imagen de la Iglesia en camino, la Iglesia que sale y se pone al servicio, la Iglesia portadora de la Buena Noticia.

Los relatos de la resurrección utilizan a menudo dos verbos: despertar y levantarse. Con ellos, el Señor nos insta a salir a la luz, a dejarnos llevar por Él para cruzar el umbral de todas nuestras puertas cerradas. Es una imagen significativa para la Iglesia.

La Madre del Señor es modelo de los jóvenes en movimiento, no inmóviles frente al espejo contemplando su propia imagen o 'atrapados' en las redes. Ella estaba totalmente orientada hacia el exterior. Es la mujer pascual, en permanente estado de éxodo, de salida de sí misma hacia el gran Otro que es Dios y hacia los demás, los hermanos y las hermanas, especialmente los más necesitados, como lo fue su prima Isabel”.

“Espero, y creo firmemente, que la experiencia que muchos de ustedes vivirán en Lisboa en agosto del año próximo representará un nuevo comienzo para ustedes, jóvenes, y —con ustedes— para toda la humanidad”, Papa Francisco.

María partió sin demora

Y el Papa nos dice en la JMJ “Por supuesto, ustedes no pueden resolver todos los problemas del mundo. Pero tal vez puedan empezar con los más cercanos, con los problemas de su propia zona. A la Madre Teresa le dijeron una vez: “Lo que usted hace es sólo una gota en el océano”. Y ella respondió: “Pero si no lo hiciera, el océano tendría una gota menos”.

“Ante una necesidad concreta y urgente, hay que actuar con rapidez. ¡Cuántas personas en el mundo están esperando la visita de alguien que los atienda! ¡Cuántas personas mayores, cuántos enfermos, presos, refugiados necesitan nuestra mirada compasiva, nuestra visita, un hermano o una hermana que rompa las barreras de la indiferencia!”

Queridos jóvenes, ¿Qué “prisas” los mueven?

La prisa es “buena” dice el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud,” la prisa buena siempre nos empuja hacia arriba y hacia los demás." A partir de la reflexión sobre la prisa que caracteriza a la Virgen de Nazaret, el Santo Padre anima a los jóvenes a preguntarse qué actitudes y motivaciones experimentan ante los retos de la vida cotidiana. Les invita a hacer un discernimiento entre una “buena prisa [que] siempre nos empuja hacia arriba y hacia los demás” y una “no buena (...) que nos lleva a vivir superficialmente, a tomar todo a la ligera, sin compromiso ni atención, sin participar realmente en las cosas que hacemos”.

"A muchos de nosotros nos ha sucedido que, inesperadamente, Jesús salió a nuestro encuentro: por primera vez, experimentamos en Él una cercanía, un respeto, una ausencia de prejuicios y condenas, una mirada de misericordia que nunca habíamos encontrado en los demás. No sólo eso, también sentimos que a Jesús no le bastaba con mirarnos desde lejos, sino que quería estar con nosotros, quería compartir su vida con nosotros."

"La alegría de esta experiencia despertó en nosotros una prisa por acogerlo, una urgencia por estar con Él y conocerlo mejor. Isabel y Zacarías acogieron a María y a Jesús. ¡Aprendamos de estos dos ancianos el significado de la hospitalidad! Pregunten a sus padres y abuelos, y también a los miembros mayores de sus comunidades, qué significa para ellos ser hospitalarios con Dios y con los demás. Les hará bien escuchar la experiencia de los que les han precedido.”

Sois la esperanza de una nueva unidad

"Queridos jóvenes, sueño que en la JMJ vuelvan a experimentar la alegría del encuentro con Dios y con los hermanos y las hermanas. Tras largos periodos de distancia y aislamiento, en Lisboa —con la ayuda de Dios— redescubriremos juntos la alegría del abrazo fraternal entre los pueblos y entre las generaciones, el abrazo de la reconciliación y la paz, ¡el abrazo de una nueva fraternidad misionera! Que el Espíritu Santo encienda en sus corazones el deseo de levantarse y la alegría de caminar todos juntos, en estilo sinodal, abandonando las falsas fronteras. ¡El momento de levantarse es ahora! ¡Levantémonos sin demora!"

En el tramo que aún nos queda antes de llegar a Lisboa, caminaremos junto a la Virgen de Nazaret que, inmediatamente después de la anunciación, «se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39) para ir a ayudar a su prima Isabel."

El asombro de ser Iglesia

3. Por último, señala el obispo de Roma que el conjunto de esos pasajes despierta (o debería despertar) en nosotros “el asombro de ser Iglesia; de pertenecer a esta familia, a esta comunidad de creyentes que forma un solo cuerpo con Cristo, desde nuestro bautismo. Es ahí donde hemos recibido las dos raíces del asombro tal como hemos visto: primero el ser bendecidos en Cristo y segundo el de ir con Cristo al mundo".

Y explica Francisco que "se trata de un asombro que no disminuye con los años ni decae con las responsabilidades (podríamos decir nosotros: con las tareas, dones, ministerios y carismas que podemos recibir cada uno en la Iglesia, al servicio de la Iglesia y del mundo).

Al llegar a este punto, Francisco evoca la figura del santo papa Pablo VI y de su encíclica programática Ecclesiam suam, escrita durante el Concilio Vaticano II. Ahí dice el Papa Montini: «Ésta es la hora en que la Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, [...] de su propio origen, [...] de su propia misión». Y haciendo referencia precisamente a la Carta a los Efesios, pone esa misión en la perspectiva del plan de salvación; de “la dispensación del misterio escondido por siglos en Dios... a fin de que venga a ser conocida... a través de la Iglesia” (Ef 3,9-10)».

Francisco pone a san Pablo VI como modelo, para presentar el perfil de cómo debe ser un ministro en la Iglesia: “El que sabe maravillarse ante el plan de Dios, y ama apasionadamente la Iglesia con ese espíritu, dispuesto a servir su misión donde y como quiera el Espíritu Santo”. Así era, antes que san Pablo VI, el apóstol de las gentes: con esa capacidad de asombrarse, de apasionarse y de servir. Y esa debería ser también la medida o el termómetro de nuestra vida espiritual.

Por ello, el Papa concluye dirigiendo de nuevo a los cardenales unas preguntas que nos sirven a todos; pues todos –fieles y ministros en la Iglesia– participamos, de modos bien diversos y complementarios, en ese grande y único 'ministerio de salvación' que es la misión de la Iglesia en el mundo: “¿Cómo es tu capacidad de asombrarte? ¿O te has acostumbrado, tan acostumbrado, que la has perdido? ¿Eres capaz de volver a sorprenderte?” Advierte que no es una simple capacidad humana, sino ante todo una gracia de Dios que hemos de pedir y agradecer, guardar y hacer fructificar, como María y con su intercesión.


Bibliografía:

OpusDei.org

El Seminario Internacional Bidasoa y la Fundación CARF

¿Cómo cooperan Bidasoa y la Fundación CARF?

La relación que existe entre el Seminario Internacional Bidasoa y la Fundación CARF es un ejemplo de cooperación y compromiso social. La mayor parte de los seminaristas pueden seguir sus estudios gracias a la generosa ayuda de los benefactores de la Fundación CARF, que colaboran económicamente, según sus posibilidades, para que ninguna vocación se pierda.

El Seminario Internacional Bidasoa

Es un seminario internacional adscrito a la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Fue erigido por la Santa Sede en el año 1988 y tiene su sede en Pamplona, en la localidad navarra de Cizur Menor, muy cerca del campus de la universidad.

El plan de formación del Seminario Internacional Bidasoa se inspira en los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente Optatam totius y Presbyterorum ordinis, la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis y la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis de la Congregación para el Clero.

Sacerdotes según el corazón de Cristo

El Seminario Internacional Bidasoa tiene como finalidad, el acompañamiento vocacional de los futuros sacerdotes y, por lo tanto, «el discernimiento de la vocación, la ayuda para corresponder a la llamada y a la preparación para recibir el sacramento del Orden Sacerdotal con las gracias y responsabilidades propias». Pastores dabo vobis, 61.

seminario internacional bidasoa

Formación humana, espiritual, pastoral e intelectual

En el Seminario Internacional Bidasoa es primordial posibilitar a los seminaristas, el encuentro con Cristo. La labor de formación se orienta a que el seminarista aspire a ser alter Christus en todos los aspectos de su vida, ya que participará por el sacramento del Orden Sacerdotal,  «del mismo y único sacerdocio y ministerio de Cristo». Presbyterorum Ordinis, 7. ​​Los aspirantes al sacerdocio han de convencerse de la necesidad de adquirir una personalidad humana madura, equilibrada y suficientemente consolidada, que haga resplandecer ante los demás el don recibido, y los capacite para perseverar en el seguimiento del Maestro, también en los momentos de dificultad.

La formación pastoral que reciben los candidatos del Seminario Internacional Bidasoa, por parte del director espiritual y de los formadores, se orienta a desarrollar, en cada uno, el alma sacerdotal; un corazón de padre y pastor, empapado por los mismos sentimientos de Cristo. 

Esta formación sacerdotal, se complementa con la labor científica y docente que se lleva a cabo en la Universidad de Navarra, donde se procura formar despertando el amor a la verdad. Especialmente, en los seminaristas que encuentran en el Seminario Internacional Bidasoa, se hace hincapié en la importancia del estudio, que les prepara para el futuro desarrollo del ministerio sacerdotal en el mundo de hoy.

Seminaristas protagonistas de su proceso formativo

Durante los 35 años del Seminario Internacional Bidasoa, los mismos años de existencia que la Fundación CARF, casi mil seminaristas de numerosos países han madurado su vocación sacerdotal acompañados por los formadores de este seminario.

Apoyados en la convicción de la importancia de la libertad personal como medio indispensable para lograr la necesaria madurez humana, espiritual, intelectual y misionera, han procurado transmitir a cada seminarista, que cada uno ha de ser el protagonista de su proceso formativo, sabiendo que la libertad responsable hunde sus raíces en un ambiente de confianza, amistad, franqueza y alegría.

Este protagonismo es posible gracias a que los seminaristas, algunos procedentes de lugares muy lejanos de España, comparten con alegría una misma experiencia formativa de estudio, clases, ratos de oración, actividades pastorales, tertulias y excursiones.

Seminaristas en unión con el obispo de su diócesis

El carácter internacional constituye una rica experiencia humana y eclesial, que ayuda a aumentar en cada seminarista un espíritu católico, universal y apostólico. Asimismo, en el Seminario Internacional Bidasoa se fomenta la unión de cada uno de los seminaristas con su obispo y con los sacerdotes de su presbiterio diocesano.

Por qué la Fundación CARF es uno de los principales benefactores del Seminario Internacional Bidasoa 

Los seminaristas del Seminario Internacional Bidasoa proceden de diversas partes del mundo. Son enviados por sus respectivos obispos con el objetivo de recibir una adecuada formación de cara a su futura labor sacerdotal en sus diócesis. 

Son los obispos quienes solicitan las becas de estudio a la Universidad de Navarra, que a su vez pide la ayuda a la Fundación CARF. El objetivo de la fundación es facilitar a estos jóvenes, una sólida preparación teológica, humana y espiritual en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma). Cada año, más de 5.000 benefactores lo hacen posible.

Además de la formación en las Universidades Eclesiásticas, los seminaristas necesitan un ambiente de confianza y libertad, un clima fraterno y familiar que facilite la apertura clara y sincera del corazón y la formación integral; este ambiente lo encuentran en el Seminario Internacional Bidasoa.

A lo largo del curso 2022/23, la Fundación CARF destinó 2.106.689 euros en ayudas de alojamiento y matrícula.

Encuentro anual entre benefactores de la Fundación CARF y seminaristas del Seminario Internacional Bidasoa

Cada año, la Fundación CARF en colaboración con el Seminario Internacional Bidasoa, organiza un encuentro entre los seminaristas y los benefactores. Un día entrañable, en el que ambas partes, benefactor y beneficiario, tienen la oportunidad de conocerse, vivir juntos la Eucaristía y disfrutar de un almuerzo y visita al seminario y de un festival musical que los alumnos preparan a modo de agradecimiento hacia quienes hacen posible que puedan formarse en Bidasoa.

La jornada termina con un momento muy esperado pues, las responsables del Patronato de Acción Social (PAS) de la Fundación CARF, entregan los estuches (mochilas) de vasos sagrados a los seminaristas que están en su último curso. En ellas se incluyen todos los objetos litúrgicos necesarios para celebrar la Misa en pueblos o aldeas remotas donde apenas tienen lo necesario, incluso un alba hecha a medida para cada uno de los futuros sacerdotes.

Por último, se comparte la adoración ante el Santísimo Sacramento; y la visita a la ermita de la Madre del Amor Hermoso, situada en el campus de la Universidad de Navarra.

«Estoy muy agradecido de estudiar en Bidasoa porque puedo ver de primera mano el rostro de la Iglesia Universal. Esto se debe a que los seminaristas de Bidasoa procedemos de más de 15 países. Otra cosa que indirectamente nos enseñan en el Seminario Internacional Bidasoa es la atención a las cosas pequeñas, sobre todo en la preparación de las celebraciones litúrgicas. Esto se hace no porque queramos ser perfeccionistas, sino porque amamos a Dios y queremos tratar de hacer y presentar lo mejor de nosotros mismos a Dios a través de las pequeñas cosas».

Binsar, 21 años, de Indonesia.