
Los siete domingos de san José son una devoción tradicional de la Iglesia que invita a prepararse espiritualmente para su solemnidad, el 19 de marzo, meditando cada semana sobre los siete gozos y los siete dolores del santo.
La práctica, que suele comenzar en el séptimo domingo antes del 19 de marzo, anima a los fieles a recibir la Comunión en honor de san José cada domingo y a rezar las oraciones tradicionales ligadas a sus siete penas y alegrías.
Este ejercicio devocional refleja episodios de la vida de san José tales como la duda ante el misterio de la Anunciación, la pobreza en el nacimiento de Jesús y la huida a Egipto, junto con gozos como el mensaje del ángel y la vida junto a Jesús y María en Nazaret.
En este contexto de reflexión y preparación, el papa León XIV ha concedido énfasis pastoral a la figura de san José en sus recientes intervenciones públicas. Durante las audiencias del mes de diciembre de 2025, el pontífice subrayó la importancia de confiar en la misericordia de Dios y poner en sus manos la vida personal y comunitaria, alentando a los fieles a ver en san José un ejemplo de fidelidad sencilla a la voluntad divina.
«Piedad y caridad, misericordia y abandono; estas son las virtudes del hombre de Nazaret que la liturgia nos propone hoy, para que nos acompañen en estos últimos días de Adviento, hacia la santa Navidad». La devoción de los siete domingos ofrece así una vía concreta para acercarse a san José como modelo de fe y de entrega en lo ordinario, invitando a meditar cada domingo uno de los dolores y gozos que marcaron su vida al servicio de la Sagrada Familia y de toda la Iglesia.

Los siete domingos de san José invitan a recorrer, semana a semana, los momentos de luz y de sombra en la vida del Santo Patriarca. Al contemplar sus alegrías y dificultades, esta costumbre de la Iglesia nos ayuda a crecer en intimidad con él y nos prepara para celebrar su solemnidad el 19 de marzo.
Primer domingo de san José
Primer dolor: estando desposada su madre María con José, antes de vivir juntos, se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo (Mt 1,18).
Primer gozo: el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús (Mt 1, 20-21).
Segundo domingo de san José
Segundo dolor: vino a los suyos, y los suyos no le recibieron (Jn 1,11).
Segundo gozo: fueron deprisa y encontraron a María, a José y al niño reclinado en el pesebre (Lc 2,16).
Tercer domingo de san José
Tercer dolor: cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno (Lc 2,21).
Tercer gozo: dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt 1,21).
Cuarto domingo de san José
Cuarto dolor: Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: mira, éste ha sido puesto como signo de contradicción para que se descubran los pensamientos de muchos corazones (Lc 2,34-35).
Cuarto gozo: porque han visto mis ojos tu salvación, la que preparaste ante todos los pueblos; luz para iluminar a las naciones (Lc 2,30-31).
Quinto domingo de san José
Quinto dolor: el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo (Mt 2,13).
Quinto gozo: y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dice el Señor por el profeta: "De Egipto llamé a mi hijo" (Mt 2,15).
Sexto domingo de san José
Sexto dolor: él se levantó, tomó al niño y a su madre y regresó a la tierra de Israel. Pero al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá (Mt 2,21-22).
Sexto gozo: y fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por los profetas: será llamado nazareno (Mt 2,23).
Séptimo domingo de san José
Séptimo dolor: le estuvieron buscando entre los parientes y conocidos, y al no hallarle, volvieron a Jerusalén en su busca (Lc 2,44-45).
Séptimo gozo: al cabo de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciéndoles preguntas (Lc 2,46).
La Iglesia, siguiendo una antigua costumbre, prepara la fiesta de san José, el día 19 de marzo, dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta en recuerdo de los principales gozos y dolores de la vida de San José.
En concreto, fue el papa Gregorio XVI quien fomentó la devoción de los siete domingos de san José, concediéndole muchas indulgencias; pero el beato Pío IX les dio actualidad perenne con su deseo de que se acudiera a san José, para aliviar la entonces aflictiva situación de la Iglesia universal.
San Josemaría aconseja vivir los siete domingos de san José
En una tertulia, san Josemaría propone una devoción concreta para crecer en el amor a la Virgen: acudir a san José como un camino seguro, cercano y confiado en la vida cristiana.
Padre en la ternura, la obediencia y la acogida
Jesús vio la ternura de Dios en José, cosa que entra en lo que cabe esperar de todo buen padre (cf. Sal 110, 13). José enseñó a Jesús, mientras le protegía en su debilidad de niño, a 'ver' a Dios y a dirigirse a Él en la oración. También para nosotros «es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura.
Ahí Dios nos acoge y nos abraza, nos sostiene y nos perdona. José también nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca.
De un modo parecido al de la Virgen María, José también pronunció su “fiat” (hágase) al plan de Dios. Fue obediente a lo que Dios le pedía, aunque esto se manifestara en sueños. Y además, lo que parece asombroso, 'enseñó' la obediencia a Jesús. En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Y ello, pasando por la pasión y la cruz (cf. Jn 4, 34; Flp 2, 8; Hb 5, 8).
Como escribió san Juan Pablo II en su exhortación Redemptoris custos (1989), sobre san José: «José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ‘ministro de la salvación’».
Todo ello pasó por la acogida, por parte de José, de María y del plan de Dios sobre ella. José asumió ese plan, su paternidad, para él misterioso, con responsabilidad personal, sin buscar soluciones fáciles. Y estos acontecimientos configuraron su vida interior.
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