«Dios sigue llamando y no se olvida de Venezuela»

Leonardo nació en El Tigre (Venezuela), pero creció en Pariaguán, «un pueblo al que Dios ha regalado atardeceres hermosos que se pueden apreciar en el gran horizonte plano cuando el sol se oculta», comenta Leo.

En ese pueblo guarda sus mejores recuerdos con su familia y amigos, una villa a la que siempre regresaba por vacaciones durante su etapa en el seminario en Venezuela para estar con los suyos y ayudar en la parroquia.

Allí vivió su infancia, acompañado por su madre y su abuela, las dos mujeres que sembraron en él la semilla de la fe. «Mi familia es un regalo de Dios para mí», confiesa con ternura. Es el menor de cuatro hermanos, y aunque su padre estuvo ausente, la calidez de su hogar, las catequesis dominicales y el ejemplo de sus mayores le dieron un sentido profundo de comunidad.

Ahora, sus sobrinos son la alegría de todos ellos. «Para mí la familia es parte esencial de mi vida en todos los aspectos». Leo se entristece al recodar que algunos de los suyos no han tenido más remedio que salir de Venezuela debido a la situación política.

Decir sí al Señor y recibir una buena formación

Fue en su adolescencia, mientras ayudaba como monaguillo, cantaba en Misa o participaba en la Legión de María, cuando comenzó a preguntarse por su futuro. A los 17 años, decidió decirle sí al Señor, impulsado por el testimonio cercano de su párroco. «El Señor me llamó en lo más común: siendo un joven que quería hacer algo con su vida», expresa. Y así, Leonardo decidió tomar esta hermosa aventura que cada día le cautiva más.

Ahora reside en el seminario internacional Bidasoa, y estudia las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Fue enviado por su obispo, Mons. José Manuel Romero Barrios, para servir a la joven diócesis de El Tigre, que acaba de cumplir siete años.

«Como dice mi obispo, estamos sembrando lo que otros cosecharán. Hay mucha necesidad de sacerdotes y es fundamental que estemos bien formados, no por nosotros, sino por la gente, que tiene derecho a buenos pastores».

Leonardo posa subido a una motocicleta en su pueblo nata, en Venezuela, mientra piensa en Dios.

Venezuela, una oportunidad para evangelizar

En Venezuela, donde la escasez y las tensiones sociales han marcado generaciones, Leonardo no ve desánimo, sino misión. «Es una gran oportunidad para consolar a un pueblo humilde que sufre. Evangelizar hoy es estar cerca, escuchar, presentar a Dios las heridas de todos. Y confiar».

Leonardo recuerda que las dificultades siempre han estado presentes en la vida de la Iglesia, tanto en Venezuela como en otros países. «Es en estas dificultades donde podemos encontrar oportunidades para llevar al Señor Jesús a todas esas personas que sufren y que están sedientos de Él», afirma.

Para ello, hace falta mucho diálogo, respeto, y sobre todo capacidad de escuchar y acompañar a las personas que viven angustiadas, con dificultades, pero también con alegrías y anhelos a Dios. «Esta es la manera de provocar un cambio en mi país, sosteniendo la fe de todo ese pueblo y confiando en la misericordia de Dios», dice esperanzado.

El sacerdote del siglo XXI

Para impulsar este cambio, hacen falta presbíteros bien formados. Cuando le preguntamos a Leonardo cómo debe ser un sacerdote en el siglo XXI, no duda: «Debe ser alguien que escucha, que consuela, que no juzga. Un instrumento de Dios para el perdón. Un hombre de oración, capaz de ver a la persona cara a cara, no solo desde una pantalla o a través de las redes sociales. Un testigo pobre, libre, humilde y que confía en los planes de Dios».

Este joven seminarista lo tiene claro y este es su empeño: formarse como un sacerdote atento, respetuoso, informado de los acontecimientos del mundo, pero también capaz de profundizar en el propio contexto particular en el que se encuentre.

Un grupo de jóvenes durante una peregrinación mariana posan felizes en la cima de una montaña.

«Que las personas que vean un sacerdote vean a alguien en quien confiar y en quien encontrar un apoyo. Un sacerdote de nuestro tiempo debe ser obediente y estar dispuesto a sufrir cualquier calamidad por anunciar la Palabra de Dios, por llevar a Jesús a todos», remarca.

La secularización en los jóvenes

En un mundo cada vez más secularizado, él no pierde la esperanza ni el optimismo, fundamentalmente porque comprueba cada día que muchos jóvenes sienten la llamada de Dios.

«Para atraer a los jóvenes a la fe hace falta comprensión y cercanía, pero sobre todo oración, porque todas las estrategias de evangelización serían estériles si no confiamos y lo ponemos en manos de Dios. Cristo sigue cautivando, pero hay que saber presentarlo de forma que les hable», manifiesta con entusiasmo.

El joven Leonardo entiende a la perfección a la juventud actual, porque él mismo forma parte de la llamada generación zeta. Por eso, recuerda que para evangelizar a los jóvenes es necesario entender cómo piensan hoy en día.

«Eso es una realidad muy compleja. Sin embargo, un sacerdote puede acercarse y escuchar las inquietudes de los jóvenes, hacerles ver que hay cosas mucho más profundas y que en Dios está nuestra felicidad».

Humberto Salas, sacerdote de Venezuela junto a algunos monaguillos de su parroquia.

Lazos entre España y Venezuela

Leonardo también nos cuenta los lazos entre España y Venezuela y nos deja un mensaje para la reflexión: «Europa llevó la fe a América, pero Europa está perdiendo la fe y América la está conservando y sosteniendo».

Para él, Venezuela y España pueden complementarse en todos los sentidos: «España nos ha recibido y nosotros no podemos sino ofrecerles lo mejor de nosotros mismos. Los valores humanos y cristianos de los venezolanos son un vaso de agua fresca para toda España y Europa, y la historia y tradición de Europa ayuda a ampliar el horizonte de todos los que aquí vienen».

Por eso, está muy contento de estar en España y residir en el seminario internacional Bidasoa donde ha encontrado un hogar: «Es impresionante ver a seminaristas de tantos países con el mismo anhelo. Aquí he hecho amigos, he rezado, he estudiado. Es un ambiente propicio para crecer. Se palpa la Iglesia universal».

Leonardo sabe que su camino es exigente, pero no duda. Porque hay una certeza que le sostiene: Dios no deja de llamar. Y él, con serenidad y alegría, ya ha respondido.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

El celibato sacerdotal: historia, sentido y desafíos

El celibato sacerdotal ha sido, desde los primeros siglos del cristianismo, una realidad profundamente ligada al ministerio ordenado en la Iglesia católica latina. Aunque no es un dogma de fe, el celibato ha sido asumido como un don que expresa con fuerza el sentido espiritual del sacerdocio. Pero, ¿de dónde viene esta práctica? ¿Por qué se mantiene hoy? ¿Qué desafíos enfrenta?

Un poco de historia: raíces bíblicas y tradición eclesial

La práctica del celibato no comenzó con la Iglesia, pero fue asumida por ella desde muy pronto. Jesús mismo vivió célibe, y en su enseñanza aparece la opción por el celibato «por el Reino de los cielos» (cf. Mt 19,12). San Pablo también hace referencia a este ideal en su primera carta a los Corintios: «el que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor» (1 Co 7,32).

En los primeros siglos del cristianismo, tanto clérigos casados como célibes convivían en la vida eclesial. Sin embargo, ya en el siglo IV, los concilios de Elvira (c. 305) y Cartago (390) recomendaron la continencia perpetua para los clérigos casados, es decir, vivir como hermanos una vez recibidas las órdenes sagradas. Con el tiempo, la disciplina del celibato obligatorio se consolidó en Occidente, especialmente desde el segundo Concilio de Letrán (1139), que estableció que solo podían ordenarse hombres célibes.

En la Iglesia católica oriental, en cambio, se ha mantenido la posibilidad de ordenar hombres casados, aunque los obispos son elegidos exclusivamente entre los célibes.

El sentido espiritual del celibato sacerdotal

El celibato no es simplemente una renuncia, sino una elección positiva por un amor más grande. Como escribió san Juan Pablo II: «El celibato por el Reino no es una huida del matrimonio, sino una forma particular de participación en el misterio de Cristo y de su amor esponsal por la Iglesia» (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, n. 29).

El sacerdote, configurado con Cristo Cabeza y Esposo de la Iglesia, está llamado a amar con un corazón indiviso, entregándose totalmente a Dios y al servicio del pueblo. El celibato permite esta entrega radical, libre de ataduras familiares, para estar disponible para todos.

Además, el celibato es un signo escatológico: anticipa el estado futuro de los redimidos en el Reino de los cielos, donde «no se casan ni se dan en casamiento» (cf. Mt 22,30).

Jóvenes seminaristas y sacerdotes católicos asisten a clase en un aula universitaria, vestidos con la sotana negra o camisa clerical con alzacuellos. Están atentos, tomando notas o usando portátiles, como parte de su formación intelectual y espiritual para vivir plenamente su vocación y el compromiso del celibato sacerdotal.

Desafíos actuales

En el mundo contemporáneo, el celibato es frecuentemente incomprendido. En una cultura hipersexualizada y centrada en la realización personal, el celibato puede parecer una carga o una privación injustificada. Además, la falta de testimonios positivos y los escándalos de algunos miembros del clero han hecho que ciertas personas cuestionen su viabilidad y conveniencia.

Incluso dentro de la Iglesia hay voces que proponen su revisión, sobre todo en contextos donde escasean las vocaciones. Sin embargo, los últimos Papas han reafirmado con fuerza su valor. Benedicto XVI afirmó: «El celibato sacerdotal, vivido con madurez, alegría y entrega, es una bendición para la Iglesia y para la sociedad misma» (Luz del mundo, 2010).

Y el papa Francisco, aunque abrió un diálogo sobre los viri probati (hombres casados de probada fe en zonas remotas), ha subrayado que el celibato es «un don» que no se debe suprimir.

Un sacerdote sostiene unas hojas mientras parece explicar un asunto en un aula.

Una llamada al amor y a la libertad

Más allá del debate, el celibato sacerdotal sigue siendo un signo profético, un testimonio de que es posible vivir una vida plena, entregada por entero a Dios y a los demás. No es una imposición, sino una elección libre que responde a una vocación concreta, acompañada de gracia, formación y comunidad.

En la Fundación CARF, apoyamos a los seminaristas y sacerdotes diocesanos en su camino vocacional, conscientes de que el celibato no se vive en soledad, sino con la ayuda de Dios, de los demás hermanos sacerdotes y laicos, y de toda la Iglesia que acompaña. Oramos por ellos y los sostenemos para que puedan ser testigos fieles del amor de Cristo.

Fuentes y referencias


Fundación CARF.

Diácono: conoce en qué se diferencia del sacerdote

Qué es un diácono, qué funciones realiza y cómo se diferencia de un sacerdote. Te lo vamos a explicar, y también responderemos algunas preguntas frecuentes: ¿pueden casarse? ¿celebran la Santa Misa? ¿Hay diferentes tipos? Sigue leyendo para descubrirlo.

¿Qué es un diácono?

La palabra diácono proviene del griego diakonos, que significa «servido» o «ministro». En la Iglesia Católica, el diaconado es el primer grado del sacramento del Orden, seguido del presbiterado (sacerdotes) y del episcopado (obispos). Por tanto, es un ministro ordenado, llamado a servir al pueblo de Dios en el anuncio de la Palabra, la celebración de algunos sacramentos y la caridad.

El diaconado no es un invento moderno. Ya en el Nuevo Testamento, concretamente en los Hechos de los Apóstoles (Hch. 6,1-6), se narra cómo los Apóstoles eligieron a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para encargarse de la asistencia a las viudas y otras tareas de servicio. Entre ellos estaba san Esteban, el primer mártir de la Iglesia.

Sacerdote junto a un diácono y seminaristas de Bidasoa celebrando la Exposición al Santísimo

¿Qué funciones realiza?

Los diáconos están llamados principalmente al servicio. Su triple misión puede resumirse en tres áreas: la Palabra, la Liturgia y la Caridad.

Servicio de la Palabra

Puede proclamar el Evangelio en la Santa Misa, predicar la homilía (si el presbítero que preside lo autoriza) y enseñar la doctrina cristiana. Muchos colaboran en la formación catequética, en la evangelización y en el acompañamiento de comunidades cristianas.

Servicio de la Liturgia

Aunque un diácono no puede consagrar la Eucaristía, sí puede:

Servicio de la Caridad

Son especialmente responsables de animar la caridad en sus comunidades. Visitan enfermos, ayudan a los pobres, acompañan a marginados, promueven obras sociales y colaboran con Cáritas u otras instituciones. Esta dimensión caritativa está profundamente ligada a sus raíces apostólicas.

Diacono vestido con el alba blanca con las manos en posición de rezar

¿Qué diferencia hay entre ambos?

Aunque tanto el diácono como el sacerdote han recibido el sacramento del Orden, sus funciones, capacidades litúrgicas y su lugar en la jerarquía eclesial son diferentes.

AspectoDiáconoSacerdote
Grado del ordenPrimer grado del orden sagradoSegunda grado del orden sagrado
Celebración de la MisaNo puede consagrar ni presidir la EucaristíaPuede celebrar la Misa y consagrar la Eucaristía
Confesión y UnciónNo puede administrar estos sacramentosPuede administrar la Confesión y la Unción de los enfermos
PredicaciónPuede proclamar el Evangelio y predicar Puede predicar habitualmente
Estado de vidaPuede estar casado, si es permanente; célibe, si es transitorioSiempre célibe en el rito latino
Ordenación posteriorPuede ser ordenado si es transitorioYa ha recibido el sacerdocio, no hay ordenación superior excepto episcopado

¿Pueden casarse?

Esta es una de las preguntas más frecuentes. La respuesta depende del tipo:

Diácono permanete: es aquel que ha sido ordenado con la intención de permanecer en ese ministerio, sin aspirar al sacerdocio. En este caso:

Diácono transitorio: es un seminarista que ha recibido el diaconado como paso previo al sacerdocio. En este caso:

En resumen: un diácono casado no puede ser sacerdote (al menos en el rito latino), y un seminarista célibe no puede casarse después de ser ordenado diácono.

Sacerdote celebrando la Eucaristía
Celebrando la Santa Misa en Tanzania.

¿Pueden celebrar la Santa Misa?

No. Aunque participan en la Misa y tienen un papel litúrgico visible –por ejemplo, proclaman el Evangelio, elevan el cáliz, dan la paz y la comunión–, no pueden celebrar la Eucaristía por sí solos, ya que no tienen el poder de consagrar el pan y el vino. Ese poder está reservado a los sacerdotes y obispos.

Por tanto, no «celebra Misa» en sentido estricto. Puede presidir celebraciones litúrgicas sin Eucaristía, como liturgias de la Palabra, exequias, bautizos y matrimonios.

¿Por qué son importantes en la Iglesia?

Ellos recuerdan a toda la comunidad cristiana que la vocación fundamental de la Iglesia es el servicio. Encarnan el ejemplo de Cristo que «no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28).

Especialmente en contextos donde hay escasez de presbíteros, la presencia de diáconos bien formados es un gran apoyo pastoral. Además, su cercanía con las realidades concretas del pueblo –familia, trabajo, sociedad– les permite ser puentes eficaces entre la Iglesia y el mundo.

Dos seminaristas vestidos con el alba de diácono preparados para asisitir en una celebración litúrgica

Su formación y el papel de la Fundación CARF

Tanto los permanentes como los transitorios necesitan una formación sólida en teología, espiritual y pastoral. En el caso de los futuros sacerdotes, el diaconado transitorio es una etapa clave que marca el final de su preparación en el seminario.

La Fundación CARF colabora con la formación de ellos en centros como la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma y las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra en Pamplona, entre otras instituciones. Gracias a los benefactores, muchos seminaristas de todo el mundo pueden prepararse adecuadamente para ejercer el ministerio con fidelidad, alegría y entrega.

El diaconado es un ministerio precioso que enriquece la vida de la Iglesia. No son «sacerdotes a medias», sino ministros ordenados con una identidad y misión propia: servir a la Palabra, a la Liturgia y a la Caridad. Algunos están en camino hacia el sacerdocio; otros, como los permanentes, son signo vivo del servicio de Cristo en medio del mundo.

Desde la Fundación CARF, agradecemos a todos su entrega generosa y animamos a nuestros benefactores a seguir apoyando la formación de vocaciones en todos los niveles. Porque una Iglesia con servidores bien formados es una Iglesia más viva, más santa y más cercana.

Bibliografía

San José: un corazón de padre en la Provenza

El monte Bessillon pertenece al término municipal de Cotignac, en la Provenza. Allí tuvo lugar el 7 de junio de 1660 la única aparición de san José, que está reconocida por la Iglesia. No se asemeja a otras apariciones en la que se transmiten detallados mensajes a un vidente. De hecho, no hay mensaje que transmitir.

La aparición de san José

El patriarca, solo ha venido en auxilio de un joven pastor, agobiado por la sed, en un día muy próximo al verano.

San José, se presenta como un hombre de considerable estatura que señala al pastor una enorme roca, y le dice: "Soy José, levántala y beberás". Gaspard le dirige una mirada de incredulidad, pues se ve incapaz de levantarla. Pero San José reitera su orden y el pastor la levanta sin demasiado esfuerzo.

Descubre debajo un manantial de agua fresca y bebe con avidez pero, cuando levanta la vista, se da cuenta de que está solo. San José, el padre de Jesús, apenas ha roto el silencio que le atribuyen los Evangelios. El que no se calla es Gaspard y difunde la noticia por los contornos, de tal manera que acuden al manantial enfermos de todas partes para curarse y aliviarse. Muy pronto se construye en el lugar un oratorio provisional, y en 1663 se inaugura la capilla actual.

Actual santuario de san José

El actual Santuario de san José fue consagrado en 1663. En la fiesta de san José, desde 1661 en adelante acudían verdaderas muchedumbres al santuario del santo.

El actual santuario de san José fue consagrado en 1663. En la fiesta de san José, desde 1661 en adelante acudían verdaderas muchedumbres al santuario del santo.

Desde entonces, la capilla ha resistido todos los estragos del tiempo, incluidos los de la Revolución Francesa, aunque tuviera que ser abandonada durante algunos años. Sobre la capilla se cernió un cierto olvido durante el siglo XIX y una gran parte del XX, aunque cada 19 de marzo una peregrinación reunía a las gentes de las proximidades.

Finalmente, en 1975 se establecieron allí los benedictinos del monasterio de Medea, en Argelia, y el arquitecto Fernand Pouillon construyó un nuevo monasterio junto a los restos de los edificios del siglo XVII. La obra armoniza lo antiguo y lo moderno.

La influencia de Jacques-Bénigne Bossuet

Por la misma época en que se produjo esta singular aparición de San José, Francia fue consagrada al santo patriarca por Luis XIV, a instancias de su madre, Ana de Austria. Eran los tiempos en que la Corte francesa se detenía a escuchar la oratoria sagrada de Jacques-Bénigne Bossuet, una de las personalidades más influyentes de la Iglesia de entonces.

A veces se nos ha dado una visión de Bossuet más propia de un tratadista que construye una teoría política de la monarquía francesa, y se ha olvidado su profunda espiritualidad y sus grandes conocimientos sobre la Sagrada Escritura y los padres de la Iglesia.

La palabra de Bossuet, como la de otros predicadores de palacio, era una semilla lanzada a unos interlocutores que parecían tener su corazón demasiado volcado hacia las exigencias del poder y del prestigio externo. Pero no corresponde al predicador recoger los frutos, sino que es Dios el que recoge la cosecha a su tiempo.

san jose corazón de padre
Destacado clérigo, predicador e intelectual francés. Jacques-Bénigne Lignel Bossuet (Dijon, 27 de septiembre de 1627 - París, 12 de abril de 1704).

Bossuet hizo ante Ana de Austria dos panegíricos sobre san José, ambos en un 19 de marzo, los de 1659 y 1661. En el primero San José es presentado como el custodio de María y de Jesús, y a la vez se resalta el hecho de que supiera guardar toda su vida el secreto que Dios le había confiado. En el segundo, Bossuet parte de la cita bíblica de que el Señor ha buscado un hombre según su corazón de padre (1 Sam 13, 13). Se refiere a David, antepasado de José, y el predicador alaba la sencillez, el desprendimiento y la humildad del patriarca. Afirma que su fe sobrepasa la de Abrahán, modelo de fe perfecta, porque ha tenido que custodiar a un Dios que ha nacido y crecido en la debilidad. José se asemeja al barro moldeable al que el alfarero le da los contornos definitivos. 

La paternidad de san José

Cuando se pronuncian estas palabras, José se ha hecho presente en una aldea de la Provenza. No ha aparecido con poder y majestad, no ha querido expresar que había sido demasiado olvidado en 17 siglos de historia de la Iglesia.

Por el contrario, la manifestación de san José ha estado marcada por la discreción y por el servicio. Ha cuidado de un joven pastor, como cuidó durante años de Jesús y de María. Ha sido padre una vez más. Con ello nos recuerda que la paternidad está siempre ligada al servicio. Esa es la paternidad que infunde confianza, la que fundamenta la autoridad en custodiar y servir, y no la del padre «señor de vidas y haciendas» del pasado, que tanto ha contribuido al actual descrédito de la figura paterna.

Sin embargo, cuando se cuestiona o se niega al padre, la fraternidad se hace imposible. Es lo que sucede en la sociedad actual, donde ha crecido la semilla del individualismo. San José nos recuerda que el mundo necesita padres para que todos lleguemos a ser hermanos.

Antonio R. Rubio Plo, Licenciado en Historia y en Derecho, Escritor y analista internacional, @blogculturayfe / @arubioplo

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús 2026

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús celebramos la solemnidad litúrgica del amor de Dios: hoy es la fiesta del amor, dijo hace unos años el Papa Francisco. Y añade «el apóstol Juan nos dice qué es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos ha amado primero. Él nos esperaba con amor. Él es el primero en amar». San Juan Pablo II decía que «esta fiesta recuerda el misterio del Amor que Dios alberga por los hombres de todos los tiempos».

¿Cuándo se celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús?

Todo el mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, aunque su fiesta es después de la octava de Corpus Christi. Este 2026 se celebra el viernes 12 de junio.

Durante la fiesta, san Josemaría invita a meditar sobre el Amor de Dios: «Son pensamientos, afectos, conversaciones que las almas enamoradas han dedicado a Jesús desde siempre. Pero, para entender ese lenguaje, para saber de verdad lo que es el corazón humano y el Corazón de Cristo hace falta fe y hace falta humildad».

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

San Josemaría hace hincapié en que como devotos tengamos presente toda la riqueza que se encierra en estas palabras: Sagrado Corazón de Jesús.

Cuando hablamos de corazón humano no nos referimos sólo a los sentimientos, aludimos a toda la persona que quiere, que ama y trata a los demás. Un hombre vale lo que vale su corazón, podemos decir.

En la Biblia se habla del corazón, para referirse a la persona que, como manifestó el mismo Jesucristo, se dirige toda ella –alma y cuerpo– a lo que considera su bien. «Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt VI, 21).

Por eso al hablar de la devoción al Corazón, san Josemaría pone de manifiesto la certeza del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotros. Al recomendar la devoción a ese Sagrado Corazón de Jesús, nos recomienda dirigirnos íntegramente –con todo lo que somos: nuestra alma, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones, nuestros trabajos y nuestras alegrías– a todo Jesús.

En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a Él, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en la devoción más superficialidad que la del hombre que no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado. Sin olvidarnos que siempre a su lado está el Sagrado Corazón de María.

Representación del Sagrado Corazón de Jesús con halo de luz, mostrando el corazón ardiente en su pecho y las heridas de la crucifixión en sus manos, sobre fondo oscuro.

¿Qué significado tiene el Sagrado Corazón?

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús nos ama tanto, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

El Papa Francisco nos dijo que el Sagrado Corazón de Jesús invita a aprender «del Señor que se ha hecho alimento, para que cada uno pueda estar todavía más disponible para con los otros, sirviendo a todos los necesitados, especialmente a las familias más pobres».

Que el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, que celebramos, nos ayude a mantener nuestro corazón lleno de amor misericordioso, con todos los que sufren. Por ello, pidamos un corazón:

Nosotros podemos demostrar nuestro amor con nuestras obras; en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

La paz de los cristianos

En esta fiesta, los cristianos tenemos que proponernos que hemos de luchar por obrar el bien. Es mucho lo que falta para que la convivencia terrena esté inspirada por el amor.

Aun así, no desaparecerá el dolor. Ante esas pesadumbres, los cristianos tenemos una respuesta auténtica, una respuesta que es definitiva: Cristo en la Cruz, Dios que sufre y que muere, Dios que nos entrega su Corazón, que una lanza abrió por amor a todos.

Nuestro Señor abomina de las injusticias, y condena al que las comete. Pero, como respeta la libertad de cada individuo, permite que las haya.

Su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas: nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia. Vivir en el Corazón de Jesús, es unirnos a Cristo estrechamente, es convertirnos en morada de Dios.

«El que me ama será amado por mi Padre, nos anunció el Señor. Y Cristo y el Padre, en el Espíritu Santo, vienen al alma y hacen en ella su morada», escribe san Josemaría.

Valen tanto los hombres, su vida y su felicidad, que el mismo hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarnos para elevarnos. ¿Quién no amará su corazón tan herido? Preguntaba ante eso un alma contemplativa. Y seguía preguntando: ¿quién no devolverá amor por amor?, ¿quién no abrazará un Corazón tan puro?, termina de añadir san Josemaría Escrivá.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Roma

¿Cómo surgió la fiesta? Historia del Sagrado Corazón de Jesús

Fue un pedido explícito de Jesús, quien el 16 de junio de 1675 se le apareció y le mostró su Corazón a santa Margarita María de Alacoque. Jesús se le apareció en varias ocasiones y le comunico lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

Durante estas visitas, Jesús le pidió a santa Margarita que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

Más adelante santa Margarita con su director espiritual, propagarían los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús. En 1899, el papa León XIII publicó la encíclica Annum Sacrum sobre la consagración del género humano, que se realizó ese mismo año.

San Juan Pablo II en su pontificado estableció que en esta fiesta además se celebrase la Jornada Mundial de Oración por la santificación de los sacerdotes. Muchos grupos, movimientos, órdenes y congregaciones religiosas, desde antiguo, se han puesto bajo su protección.

En Roma se encuentra la Basílica del Sacro Cuore (Sagrado Corazón) construida por San Juan Bosco por encargo del papa León XIII y con donaciones de fieles y devotos de varios países.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús en el devocionario católico

¿Cómo se reza al Sagrado Corazón de Jesús? Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:

Escrita por santa María de Alacoque:

«Yo, (decir aquí tu nombre), me doy y consagro al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, mi persona y mi vida, mis oraciones, penas y sufrimientos, para no querer servirme de ninguna parte de mi ser, sino para honrarlo, amarlo y glorificarlo. Es mi voluntad irrevocable ser todo de Él y hacer todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo lo que pueda disgustarle.

Yo os tomo, pues, Oh Sagrado Corazón, por el único objeto de mi amor, el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación, el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia, el reparador de todos los defectos de mi vida, y mi asilo en la hora de mi muerte».


Bibliografía

Es Cristo que pasa, san Josemaría Escrivá.
Confesiones, San Agustín.
Carta, 5 de octubre de 1986, al M. R. P. Kolvenbach, san Juan Pablo II.
Opusdei.org
Vaticannews.va

La felicidad plena de Guilherme Silva de Araujo

La felicidad le llegó de la mano de Padre Pío. Y ahora estudia Teología y Filosofía en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC), junto a veinte Hermanos de su congregación los Siervos del Corazón Inmaculado de María, entre seminaristas y sacerdotes.

Guilherme nació el 26 de octubre de 2003 en Aracaju, la capital del estado de Sergipe, en el noreste de Brasil, una ciudad conocida por su clima cálido, sus extensas playas y su ambiente tranquilo a orillas del océano Atlántico. Hoy vive en Roma y se encuentra cursando el segundo año del bienio filosófico, para luego empezar el trienio de estudios teológicos, en la PUSC.

Guilherme Silva junto a su hermana y su madre

Los orígenes de Guilherme Silva

Guilherme Silva es seminarista del instituto religioso de los Siervos del Corazón Inmaculado de María. Viene de una familia católica, aunque no asistía a Misa todos los domingos y rezaba poco el rosario. En su casa es el menor; tiene una hermana que es cuatro años mayor que él.

Su madre siempre procuró que su hermana y él recibieran al menos los sacramentos iniciales y luego les dio la libertad de elegir si querían continuar o no en el camino de la fe. Para Guilherme, eso fue algo muy positivo, al menos hasta los 14 años, momento en el que su vida comenzó a cambiar de una manera particular.

La adolescencia y algunas heridas interiores provocaron en él un alejamiento de Dios y una búsqueda equivocada de la felicidad.

Con 12 años y durante ese período, comenzó a vivir ciertas experiencias negativas propias de la adolescencia, influenciado sobre todo por amistades poco edificantes que tenía, especialmente en la escuela. A esto se sumaban algunas heridas interiores que arrastraba desde tiempo atrás, lo que le llevó a buscar la felicidad en cosas que creía buenas, pero que en realidad no lo eran.

Poco a poco, comenzó a dejar a Dios de lado. Sólo mantenía un vínculo con Él a través de una pastoral en su parroquia, donde colaboraba como auxiliar de catequista. Esa era una de las pocas cosas que aún hacía dentro de la Iglesia.

Sin embargo, en medio de todo eso, creció dentro de él una profunda tristeza y una búsqueda constante de sentido para su vida. Sentía la necesidad de encontrar una «causa» por la cual entregar su existencia.

Felicidad, amor, Dios, Guilherme Brasil

Una chispa de esperanza: la Confirmación

En esa época comenzó el curso de Confirmación, y lo hizo con buena voluntad, porque sentía que eso le llevaría a algo bueno. De hecho, vivió muchas experiencias hermosas durante aquel año (hablamos de 2018, cuando cumplió 15 años). Además, se reencontró con un amigo que le invitaba con frecuencia a la Misa dominical.

En su parroquia había un grupo de jóvenes al que deseaba mucho unirse, pero por algunas dificultades –como la distancia y el horario– le resultaba complicado. Sin embargo, después de recibir la Confirmación, se mudó de barrio y estaba más cerca de la parroquia. Pocas semanas después, comenzó a participar en el grupo de jóvenes.

¡Eso cambió su vida de una manera increíble! Conoció a otros jóvenes que tenían el mismo deseo que él: entregar la vida por una causa que realmente valiera la pena, Jesús. Eran pocos, pero teníamos una sed inmensa de algo más.

La verdadera conversión

Guilherme comenzó a conocer la vida de los santos, el Catecismo de la Iglesia Católica, la tradición… Todo eso le ayudaba a dejar atrás los vicios y a buscar las virtudes. A ese período de su vida lo llamó su conversión, aunque no fue solo la suya, también la de su familia.

De hecho, ellos veían que ya no era el mismo: «mis amistades cambiaron, mis argumentos también, incluso mi forma de vestir. Pero, sobre todo, había una novedad esencial en mi vida: la oración».

La oración era la que iniciaba mis días, los llenaba y los cerraba. ¡La felicidad que tanto buscaba estaba presente!

Guilheme posa junto a compañeros del seminario en una iglesia con el altar a la espalda

El anhelo de amar y el impacto de san Pío

Guilherme se sentía solo y deseaba un amor: alguien a quien amar. Entonces comenzó a pedirle a Dios que le permitiera encontrar a una joven que buscara lo mismo que él: ser santo. Esto fue en 2019.

Algún tiempo después, en el grupo de jóvenes, vieron una película sobre la vida de san Padre Pío. Su vida y su entrega total a Dios fueron como un golpe en lo más profundo de su ser: «ya no era el mismo. Por más que intentara seguir con mi vida como si nada hubiera cambiado, no podía».

Había una joven que le interesaba mucho, pero después de aquel «encuentro» con el Padre Pío, ya no encontraba sentido en seguir adelante con esa idea, ni con ninguna otra. Lo que ardía en su corazón era otro deseo: «quería hacerme religioso».

Primeros pasos: el encuentro con la Comunidad

Guilherme confió ese deseo a un amigo que formaba parte del mismo grupo de jóvenes y que ya estaba recorriendo un camino vocacional. «Al acoger mi apertura de corazón, me invitó a la comunidad de los Siervos del Corazón Inmaculado de María para participar en una celebración el 13 de octubre, en honor a la aparición de Nuestra Señora en Fátima.

Allí me confesé y participé en la Misa. Todo lo que viví ese día tocó profundamente mi corazón. Volví algunas veces más, pero la comunidad estaba muy lejos de mi casa y, por mi falta de perseverancia, dejé de frecuentarla durante un año».

Decisión firme: abandono y entrega total

La vida parroquial de Guilherme se volvía cada vez más activa y, para discernir y alimentar aún más su vocación, en el año 2020 entró en la pastoral de monaguillos. Al final de ese mismo año, regresó a la comunidad, decidido a retomar el camino vocacional con los Siervos, y así fue.

Mientras tanto, terminó la escuela y fue aceptado en la Universidad Federal de su estado. Sin embargo, para poder vivir un año de experiencia dentro de la comunidad, decidió renunciar a su tan soñada plaza universitaria. Desde 2021 hasta agosto de 2023 estuvo activo en la comunidad como laico consagrado y "vocacionado".

«Viví tantas experiencias hermosas: misiones marianas, encuentros con jóvenes y niños en el oratorio… Conocí a muchas personas que enriquecieron mi vida con sus buenos ejemplos, especialmente en las parroquias por las que pasé».

La felicidad de Guilheme Silva al contemplar la obra de Dios en la naturaleza

Llegada a Roma: formación, gratitud y fidelidad

En agosto de 2023 llegó a Italia, confiando a su familia y amigos a los cuidados de Jesús, para poder seguirlo más de cerca e iniciar su formación en el seminario. Actualmente cursa el segundo año del postulantado y también el segundo año de Filosofía.

«Cada día estoy más agradecido al Señor por la gracia de haber recibido una llamada particular, pero aún más por haber podido responderle».

Su camino vocacional y de conversión está impulsado por el amor infinito que recibo de Dios cada día, y también por la sanación de tantas heridas que Él ha permitido en mi vida. «Le ofrezco mi existencia diariamente, para que pueda ser instrumento de sanación y canal de gracia para tantas otras personas; para que descubran cuánto amor las envuelve y quién es el que las ama: ¡el Amor! Y a ese Amor sólo se le puede responder amando».

Gracias a los benefactores de la Fundación CARF

Guilherme desea expresar también su sincero agradecimiento a los benefactores de la Fundación CARF, quienes hacen posible que pueda continuar su formación en una universidad de tan alta calidad. «Les aseguro mis oraciones cada día, y les pido que me tengan presentes en las suyas, para que pueda seguir firme y siempre fiel a los santos designios de Dios».

Guilheme Silva posa junto a una estatua

Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio. Responsable de alumnado de la Universidad de la Santa Cruz de Roma.