Fundación Unicaja, un año más, con la formación integral
Estamos muy agradecidos a la Fundación Unicaja porque, un curso académico más, ayudará a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos de países sin recursos que vienen a Europa para recibir una educación de excelencia.
Los estudiantes siempre regresan a sus países de origen, una vez que han culminado su formación integral, en este caso en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma.
Misión de la Fundación CARF
La misión de la Fundación CARF se encuadra en elementos:
Rezar para que haya vocaciones sacerdotales y religiosas, y que sean santas.
Promover el buen nombre de los sacerdotes y religiosos por todo el mundo (multiplataforma Omnes en 7 idiomas y web corporativa en 27).
Ayudar a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos sin recursos.
La Fundación CARF –Centro Académico Romano Fundación– nació el 14 de febrero de 1989, por sugerencia de san Juan Pablo II al beato Álvaro del Portillo. Ya son más de 35 años de vida.
Su objetivo es ayudar a la formación académica, humana y espiritual de seminaristas y sacerdotes diocesanos, y religiosos y religiosas sin recursos económicos para servir a la iglesia en todo el mundo.
Hoy, gracias al apoyo de sus donantes y amigos, casi 25.000 en toda su historia, y en la actualidad cientos de ellos andaluces, la Fundación ha ayudado a cerca de 30.000 estudiantes de 130 países carentes de medios materiales y económicos. La propia Fundación Unicaja lleva dos años comprometida con este proyecto.
Para que puedan estudiar y formarse en Italia (Universidad Pontificia de la Santa Cruz) y en España (Facultades de Estudios Eclesiásticos de la Universidad de Navarra).
La Fundación CARF defiende los valores definidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1948. Y hace especial mención a la libertad, la igualdad y la libertad religiosa. Promoviendo la convivencia internacional, la libertad de opinión y de expresión y, sobre todo, el derecho a la educación.
Devolver lo recibido
El compromiso de instituciones como la Fundación Unicaja hace posible que personas sin recursos puedan formarse en Europa y regresar a sus países para formar a otros; devuelven lo que han recibido. Una cadena de favores sin fin.
¡Gracias de corazón!
San Gregorio Magno: un Papa que cambió la historia
San Gregorio Magno fue un reformador de la liturgia, impulsor del canto gregoriano, defensor de los pobres y promotor de la evangelización, su pontificado marcó un antes y un después en la historia. Su vida nos recuerda que la verdadera grandeza está en servir a Dios y a los demás con amor generoso.
La Iglesia Católica ha contado a lo largo de su historia con figuras extraordinarias que, en momentos de crisis y oscuridad, han sabido guiar al pueblo cristiano con sabiduría, humildad y fortaleza. Uno de esos hombres providenciales fue san Gregorio Magno (540-604), Papa entre los años 590 y 604, considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia latina. Su pontificado dejó una huella imborrable en la liturgia, en la misión evangelizadora y en la organización de la Iglesia.
A san Gregorio se le recuerda como “el Papa que gobernó con corazón de monje”, porque a pesar de asumir el peso de la sede de Roma en un tiempo convulso, siempre mantuvo el espíritu de servicio y humildad que había cultivado en su vida monástica.
Su figura sigue siendo un ejemplo actual para pastores y fieles, porque supo conjugar firmeza de gobierno con una profunda vida interior, austeridad personal con gran generosidad hacia los pobres, y tradición con apertura a las necesidades de su tiempo.
En esta historia del blog vamos a profundizar en su vida, su contexto histórico, sus principales obras y por qué la Iglesia lo venera como santo y Doctor de la Iglesia.
Contexto histórico: una Roma en ruinas
San Gregorio nació en Roma hacia el año 540, en una familia aristocrática de antigua tradición senatorial. La ciudad que lo vio nacer estaba muy lejos de su antiguo esplendor imperial: tras la caída del Imperio Romano de Occidente (476), Roma había quedado reducida a un lugar decadente, golpeado por las guerras, las epidemias y la pobreza.
El mundo occidental estaba fragmentado y bajo la presión de pueblos, como los lombardos, que habían invadido Italia y amenazaban constantemente a la ciudad de Roma. La autoridad política era débil y el único referente estable para el pueblo era la Iglesia y el Papa.
Este contexto de crisis fue decisivo para comprender la figura de Gregorio: un hombre que, sin buscarlo, tuvo que asumir la carga de guiar no solo la vida espiritual, sino también la supervivencia material de un pueblo entero.
Un monje camina a lo largo de un claustro de piedra, cuyas arquerías se abren a un patio.
De prefecto de Roma a monje benedictino
Gregorio recibió una educación refinada propia de su rango social. Se formó en Derecho, Literatura y Administración, lo que le permitió ocupar cargos de gran responsabilidad. Hacia el año 572 llegó a ser prefecto de Roma, es decir, la máxima autoridad civil de la ciudad.
Sin embargo, tras la muerte de su padre, Gregorio decidió dar un giro radical a su vida. Vendió gran parte de sus bienes para ayudar a los pobres y transformó su casa en el monte Celio en un monasterio benedictino. Él mismo se retiró allí como monje, llevando una vida de oración, estudio y austeridad.
Su vocación monástica fue siempre el centro de su identidad, y aunque más tarde la obediencia lo llevó a salir de esa vida contemplativa, Gregorio nunca dejó de considerarse un simple «siervo de los siervos de Dios», título que introdujo y que aún hoy usan los Papas como signo de humildad.
Un nuevo pontífice recibe la tiara papal de manos de clérigos y cardenales, marcando el momento de su investidura.
El Papa que no quería ser Papa
En el año 590, tras la muerte del papa Pelagio II, Gregorio fue elegido como sucesor de san Pedro. La elección no fue sencilla: Gregorio trató de resistirse, incluso pidió al emperador que no confirmara su nombramiento, pues sentía que no estaba preparado para la enorme carga. Sin embargo, el pueblo romano lo aclamó y finalmente aceptó el ministerio petrino.
Su pontificado comenzó en medio de una terrible peste que asolaba Roma. La tradición cuenta que organizó procesiones penitenciales y de súplica a la Virgen, en las que, al llegar al mausoleo de Adriano, tuvo una visión del arcángel san Miguel envainando su espada, señal de que la peste llegaba a su fin. Desde entonces, aquel lugar se llamó Castel Sant’Angelo.
Un Papa pastor y reformador
San Gregorio gobernó la Iglesia durante 14 años, hasta su muerte en el 604. Su obra se puede resumir en:
1. Reforma litúrgica y el canto gregoriano
Uno de los legados más conocidos de Gregorio Magno es la consolidación de la liturgia romana. Dio unidad a los ritos, promovió la claridad en las oraciones y fijó normas para la celebración de la Misa y el canto en la liturgia.
Aunque no inventó el canto gregoriano, sí lo promovió y organizó, de modo que la tradición musical de la Iglesia occidental quedó vinculada a su nombre. El canto gregoriano se convirtió en una expresión universal de oración y belleza que aún hoy sigue vivo en monasterios y templos de todo el mundo.
2. La misión evangelizadora
Gregorio entendió que el Evangelio debía llegar a todos los pueblos. Envió misioneros desde Roma, siendo el caso más célebre el de san Agustín de Canterbury, que llevó la fe cristiana a los pueblos anglosajones en Inglaterra. Gracias a esa iniciativa, la Iglesia inglesa se convirtió en pocos siglos en un foco de evangelización para toda Europa.
Con este impulso misionero, Gregorio reforzó la universalidad de la Iglesia y sentó las bases para la cristianización de Europa medieval.
3. La caridad como eje de su pontificado
Si algo caracterizó a Gregorio fue su cercanía a los más pobres. La Iglesia romana, bajo su gobierno, se convirtió en la principal institución de asistencia a necesitados. Organizó un sistema de distribución de alimentos y ayudas, administrando con gran rigor los bienes eclesiásticos para ponerlos al servicio del pueblo.
Su ejemplo de austeridad personal era claro: mientras gobernaba con firmeza, vivía con sencillez, consciente de que su misión era servir.
4. Escritos y doctrina espiritual
San Gregorio fue un escritor prolífico y claro. Sus obras se difundieron ampliamente y marcaron la espiritualidad de la Edad Media. Entre ellas destacan:
La Regla Pastoral: un manual dirigido a obispos y pastores sobre cómo ejercer el ministerio con humildad y celo. Fue tan influyente que Carlomagno la mandó distribuir a todos los obispos de su imperio.
Diálogos: donde narra la vida de santos italianos, especialmente san Benito de Nursia, cuya espiritualidad admiraba profundamente.
Homilías sobre Ezequiel y sobre los Evangelios: con enseñanzas claras y prácticas para la vida cristiana.
Su teología, más pastoral que especulativa, destacó por su capacidad de unir doctrina con vida, sabiduría con cercanía.
5. Gobierno y diplomacia
Gregorio no solo fue un líder espiritual, también tuvo que ejercer como administrador y diplomático en una Italia devastada. Negoció directamente con los lombardos, llegando a acuerdos de paz que permitieron salvar vidas y proteger la ciudad de Roma.
Además, reforzó la organización de la Iglesia, enviando cartas y directrices a obispos de todo el mundo. Conservamos más de 800 cartas suyas, que nos permiten ver su enorme actividad y cuidado pastoral.
Santidad y legado
San Gregorio murió el 12 de marzo del año 604, exhausto por la enfermedad y el trabajo incesante. Fue enterrado en la basílica de San Pedro, donde aún se venera su tumba.
El pueblo lo proclamó santo casi de inmediato. Su fama de santidad se debía a su vida austera, su amor a los pobres, su fidelidad a la oración y su celo por la Iglesia. En 1295, el papa Bonifacio VIII lo declaró Doctor de la Iglesia, reconociendo la profundidad de su enseñanza espiritual.
Hoy se le recuerda como san Gregorio Magno, título que comparte solo con unos pocos Papas de la historia, como san León Magno.
Aunque han pasado más de 1.400 años desde su muerte, la figura de san Gregorio sigue teniendo una gran actualidad para la Iglesia y para el mundo:
Humildad en el liderazgo: en una sociedad que a menudo confunde autoridad con poder, su ejemplo recuerda que gobernar es servir.
Caridad efectiva: mostró que la fe no puede separarse de la atención a los necesitados.
Unidad litúrgica: su impulso a la liturgia sigue siendo un pilar de la vida de la Iglesia.
Impulso misionero: su apertura a enviar evangelizadores inspira hoy la nueva evangelización.
Espiritualidad práctica: sus escritos siguen siendo una guía para obispos, sacerdotes y laicos comprometidos.
Excepcional en tiempos de crisis
San Gregorio Magno fue un Papa excepcional que supo conducir a la Iglesia en tiempos de crisis, no desde el poder, sino desde la humildad y el servicio. Su vida demuestra que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir con fidelidad y entrega las responsabilidades que Dios pone en nuestras manos en el día a día.
La Iglesia lo venera como santo y doctor porque unió la oración del monje, la sabiduría del maestro y la fortaleza del pastor. Su ejemplo sigue inspirando a los cristianos de hoy a ser luz en medio de la oscuridad, humildes servidores de los demás y fieles mensajeros del Evangelio.
Como él mismo escribió en su Regla pastoral: «El que ha sido puesto como pastor debe ser, sobre todo, un ejemplo de vida, para que su conducta misma sea un punto de referencia para los demás».
San Gregorio Magno nos enseña que la verdadera grandeza está en la magna caritas, en el amor grande y generoso que se entrega sin medida.
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Cuatro pasos del sacramento de la Confesión
«Jesucristo Señor Nuestro, nuestro Dios, instituyó los sacramentos, que son como huellas de sus pisadas, para que nosotros pisemos allí y podamos llegar al Cielo. Y uno de los sacramentos más hermosos, más consoladores, es el sacramento de la Confesión», san Josemaría Escrivá, Argentina, 15 junio de 1974.
Citaba san Josemaría y aquí te mostramos lo que decía sobre le sacramento como maravilla del Amor de Dios.
Sacramento de la Confesión
Cristo instituyó este sacramento ofreciéndonos una nueva posibilidad de convertirnos y de recuperar, después del Bautismo, la gracia de Dios.
«El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien», papa Francisco. Audiencia general, 19 de febrero de 2014.
Como todos los sacramentos, este es un encuentro con Jesús. Durante la Confesión, contamos nuestros pecados al sacerdote que actúa en la persona de Cristo y con la autoridad de Jesús para escuchar, ofrecer orientación, proporcionar una penitencia adecuada y pronunciar las palabras de absolución.
«En la celebración del Sacramento de la Reconciliación, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la Comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.
Alguno puede decir: “yo me confieso solamente con Dios”. Sí, tú puedes decir a Dios: “perdóname”, y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia, y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote», papa Francisco. Catequesis del miércoles, 19 de febrero de 2013.
San Josemaría solía llamar a la Confesión el sacramento de la alegría, porque a través de él se recuperan el gozo y la paz que trae la amistad con Dios.
Momento de la Confesión, signo del perdón y la misericordia de Dios.
Importancia de la Confesión
Este sacramento no solo restaura nuestra relación como hijos e hijas de Dios, sino que también nos reconcilia entre nosotros rehaciendo nuestra unión con el Cuerpo de Cristo, su Iglesia.
El Papa Francisco explicaba la importancia de la confesión con estas palabras: «el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo».
Hay varios detalles que podemos tener en cuenta para hacerlo de un modo más profundo y efectivo.
Por ejemplo, podemos ayudarnos de una guía con las claves necesarias para un buen examen de conciencia. Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.
Álvaro del Portillo da la absolución a san Josemaría.
Pasos de para una buena Confesión
El Catecismo de la Iglesia nos propone cuatro pasos para una buena confesión. Estos expresan el camino hacia la conversión, que va desde el análisis de nuestros actos, hasta la acción que demuestra el cambio que se ha realizado en nosotros.
Son cuatro los pasos que damos para poder recibir el gran abrazo de amor que Dios, nuestro Padre, nos quiere dar con este sacramento: «Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso del hijo pródigo, hace falta solo que abramos el corazón», san Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 64.
1º Examen de conciencia
En el examen de conciencia tratamos de examinar nuestra alma en oración ante Dios, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, a partir de nuestra última confesión.
Reflexionamos sobre aquellas obras, pensamientos o palabras, que nos hayan podido alejar de Dios, ofender a los demás o dañarnos interiormente.
Hay varios detalles que podemos tener en cuenta para hacerlo de un modo más profundo y efectivo. Por ejemplo, podemos ayudarnos de una guía con las claves necesarias para un buen examen de conciencia.
Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.
2º Contrición y propósito de no volver a pecar
La contrición o arrepentimiento, es un don de Dios. Es un dolor del alma y un rechazo de nuestros pecados, que incluye la resolución de no volver a pecar.
La confesión consiste en decir los pecados al sacerdote. A veces, el arrepentimiento llega con un sentimiento intenso de dolor o vergüenza, que nos ayuda a enmendarnos. Pero este sentimiento no es indispensable. Lo importante es comprender que hemos obrado mal y tener deseos de mejorar como cristianos. De no ser así, nos pondremos en manos de Dios para pedirle a Él que obre en nuestro corazón, para rechazar el mal.
«La contrición –explica el Papa Francisco– es el pórtico del arrepentimiento, es esa senda privilegiada que lleva al corazón de Dios, que nos acoge y nos ofrece otra oportunidad, siempre que nos abramos a la verdad de la penitencia y nos dejemos transformar por su misericordia».
3º Confesar los pecado
El sacerdote es un instrumento de Dios. Dejemos a un lado la vergüenza o el orgullo, y abramos nuestra alma seguros de que es Dios quien nos escucha.
«Confesarse con un sacerdote es un modo de poner mi vida en las manos y en el corazón de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús. [...] Es importante que vaya al confesionario, que me ponga a mí mismo frente a un sacerdote que representa a Jesús, que me arrodille frente a la Madre Iglesia llamada a distribuir la Misericordia de Dios. Hay una objetividad en este gesto, en arrodillarme frente al sacerdote, que, en ese momento, es el trámite de la gracia que me llega y me cura», papa Francisco. El nombre de Dios es misericordia, 2016.
La confesión consiste en decir los pecados al sacerdote. Se suele decir que una buena confesión tiene 4 C:
Clara: señalar cuál fue la falta específica, sin añadir excusas.
Concreta: decir el acto o pensamiento preciso, no usar frases genéricas.
Concisa: evitar dar explicaciones o descripciones innecesarias.
Completa: sin callar ningún pecado grave, venciendo la vergüenza.
La confesión es un sacramento, cuya celebración incluye ciertos gestos y palabras por parte del penitente y del sacerdote. Este es el momento más hermoso del sacramento de la Confesión, pues recibimos el perdón de Dios.
4º Cumplir la penitencia
La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos. Es una buena ocasión también para dar gracias a Dios por el perdón recibido, y para renovar el propósito de no volver a pecar.
El nombre de Dios es misericordia, Papa Francisco.
Audiencia general del 19 de febrero de 2014, Papa Francisco.
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San Bartolomé, apóstol: ejemplo de fe y entrega
La historia de la Iglesia está llena de testimonios de santos y apóstoles, como el de san Bartolomé, que muestran con su vida cómo responder a la llamada de Dios con una entrega total y con generosidad.
Uno de los doce elegidos por Jesús para anunciar el Evangelio al mundo. Natanael puede ser faro de inspiración para aquellos jóvenes que sienten la llamada a la vocación sacerdotal o religiosa.
¿Quién fue san Bartolomé?
San Bartolomé es uno de los doce apóstoles de Jesucristo, nombrado en los evangelios, aunque con pocas menciones explícitas en el Nuevo Testamento. Tradicionalmente se le identifica con Natanael, un joven israelita conocido por su sinceridad y profunda fe en Jesús. Su nombre, Bartolomé, significa hijo de Tolmai o hijo del maestro, y Natanael, Dios ha dado.
Pese a que su figura aparece de manera breve, la tradición e historia le atribuyen un papel fundamental en la expansión del cristianismo, llegando a tierras lejanas para anunciar al Señor y el Evangelio.
La llamada de san Bartolomé
La vocación de san Bartolomé comenzó en un momento de profunda sinceridad y búsqueda de la verdad. En el Evangelio de Juan (1, 45-51), Felipe, uno de los primeros discípulos de Maestro, encuentra a Natanael y le dice: «Hemos encontrado a aquel de quién escribió Moisés en la ley, y también los profetas: a Jesús de Nazaret, hijo de José». Natanael, escéptico, responde: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Pero cuando conoce a Jesús, quien lo sorprende diciendo que lo había visto bajo la higuera antes de que Felipe lo llamara, su corazón se abre a la fe, exclamando: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Este encuentro es un ejemplo precioso para todos aquellos que sienten la llamada: la vocación nace siempre del encuentro personal con Cristo, que conoce nuestro corazón y nos invita a seguirlo con una confianza total.
Un testimonio de vida
Tras su encuentro con Jesús, san Bartolomé no dudó en dejar atrás su vida anterior para entregarse plenamente a la misión de anunciar el Evangelio. Según la tradición, predicó en diversas regiones, como la India, Armenia, Mesopotamia y Etiopía, transmitiendo la palabra de Dios y a menudo enfrentándose a grandes dificultades y persecuciones.
Su valentía y fidelidad son un ejemplo para quienes se preparan para el sacerdocio o la vida consagrada. La entrega sin reservas a la misión, el testimonio valiente incluso ante el sufrimiento, y la confianza en la providencia de Dios son rasgos esenciales que san Bartolomé nos transmite.
El martirio de San Bartolomé, José de Ribera, Museo del Prado.
El martirio, culminación del amor a Cristo
Como muchos apóstoles, san Bartolomé dio su vida por amor a Cristo y a la Iglesia. La tradición señala que fue martirizado por predicar la fe en Jesús. Se cuenta que fue desollado vivo, un martirio especialmente cruel que, sin embargo, no logró hacerle desfallecer y renunciar al Amor.
Este sacrificio extremo nos recuerda que la vocación sacerdotal y religiosa es una llamada a dar la vida por el Evangelio, no necesariamente de manera física, pero sí con un amor total y sin reservas, dispuestos a entregar nuestro tiempo, talentos y, en ocasiones, incluso enfrentarnos a pruebas por amor a Cristo y a los demás.
¿Por qué san Bartolomé es ejemplo para seminaristas y sacerdotes?
En la Fundación CARF, que promueve la formación de sacerdotes diocesanos, vemos en san Bartolomé a un modelo ejemplar de fe, entrega y coraje. Su vida nos invita a reflexionar sobre tres aspectos fundamentales:
El encuentro personal con Cristo: la vocación nace de ese momento íntimo en que Jesús toca el corazón, nos llama por nuestro nombre y nos invita a seguirlo. San Bartolomé vivió ese encuentro con autenticidad y sinceridad. Cada seminarista debe buscar y cultivar esta relación personal con Cristo como fundamento de toda su misión.
La misión evangelizadora valiente: san Bartolomé no se quedó en la comodidad, sino que llevó el Evangelio a lugares difíciles, enfrentando el rechazo y el peligro. Así también el sacerdote está llamado a ser testigos audaz en el mundo actual, con perseverancia y esperanza.
La entrega total y constante, incluso hasta el martirio: aunque hoy no todos enfrentamos persecuciones físicas, sí se nos pide una entrega plena, sacrificios diarios y renuncias para servir a Dios y al prójimo. El ejemplo de san Bartolomé nos fortalece para vivir esa entrega con alegría y constancia.
El legado de san Bartolomé
La misión de la Fundación CARF es apoyar la formación de sacerdotes para que puedan responder con fidelidad a la llamada de Dios, tal como hizo san Bartolomé. Creemos que cada seminarista, como el apóstol, está llamado a ser luz en el mundo, la sonrisa de Dios en el mundo y testimonio vivo del amor de Cristo.
Apoyar a un seminarista es acompañar esa vocación que brota del encuentro personal con Jesús y que se expresa en una vida entregada, muchas veces con sacrificios, para la salvación de las almas. Por eso, te invitamos a conocer más sobre la labor de la Fundación y a sumarte a esta hermosa misión.
San Bartolomé, apóstol y mártir, nos enseña que la verdadera grandeza de la vida cristiana está en responder a la llamada de Cristo con un corazón abierto, lleno de fe y amor. Su ejemplo desafía a todos los que sientan la llamada a la vida sacerdotal o consagrada, a no temer los obstáculos, sino a confiar plenamente en la gracia de Dios.
Que su vida y su testimonio sean inspiración para que cada día más jóvenes puedan descubrir la belleza de la vocación y entregar sus vidas a Dios y al servicio a la Iglesia.
El Evangelio de día (Jn 1, 45-51)
En aquel tiempo, Felipe encontró a Natanael y le dijo:
— Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José. Entonces le dijo Natanael:
— ¿De Nazaret puede salir algo bueno?
—Ven y verás, le respondió Felipe.
Vio Jesús a Natanael acercarse y dijo de él:
— Aquí tenéis a un verdadero israelita en quien no hay doblez. Le contestó Natanael:
— ¿De qué me conoces? Respondió Jesús y le dijo:
— Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Respondió Natanael:
—Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Contestó Jesús:
—¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores verás. Y añadió:
— En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.
Santa María Reina: la Virgen María, emperatriz de cielo y tierra
Cada año, la Iglesia celebra emocionada la festividad de Santa María Reina, una fecha que nos invita a contemplar con profunda devoción el papel de la Virgen María como Reina del cielo y de la tierra. San Josemaría nos enseña su devoción y amor a nuestra madre. Su reinado no se basa en un poder humano, sino en el inmenso amor que nos tiene a todos; en una entrega a la voluntad de Dios con humildad y servicio, en perfecta sintonía con su sí desde el primer momento en la Encarnación del Hijo de Dios.
El Papa Pío XII instituyó esta festividad en 1954, en la clausura del Año Mariano, y más tarde, con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se ubicó dentro de la octava de la Asunción de la Virgen, el 22 de agosto. Así, la coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado se celebra justo después de su entrada gloriosa al cielo en cuerpo y alma.
Santa María Reina porque es Madre
La realeza de la Virgen María está íntimamente ligada a su papel como Madre de Dios. San Josemaría Escrivá, gran devoto de nuestra Madre, meditaba con frecuencia sobre esta verdad, enseñando que María ha sido ensalzada por Dios por encima de toda criatura: «Llénate de seguridad: nosotros tenemos por Madre a la Madre de Dios, Reina del Cielo y del Mundo».
En otra ocasión san Josemaría dejó escrito en una homilía: «Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta san Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en Él sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios», Amigos de Dios 285
Desde el primer instante de su concepción, María fue colmada de gracia. Fue preservada del pecado original y vivió toda su existencia unida perfectamente a la voluntad de Dios. En la plenitud de su entrega, aceptó ser la Madre del Salvador, y al pie de la Cruz, se convirtió también en Madre de todos los hombres y Corredentora junto a su Hijo.
Por eso, su reinado no es simbólico: es el reflejo de su papel esencial en el plan de salvación, querida por Dios como intercesora, protectora y guía del Pueblo cristiano.
La Virgen María fuente de paz en medio de las tormentas
A diferencia de los reinados humanos marcados por poder o ambición, el de María está lleno de ternura y compasión maternal. Como señala san Josemaría, ella es Reina de la paz, y acudir a ella es encontrar consuelo: «Santa María es la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma… no ceses de aclamarla… Regina pacis, ora pro nobis!».
La Virgen no está distante: es cercana, comprensiva y disponible. Muchos cristianos experimentan cómo, al acudir a ella en medio de dificultades –enfermedades, preocupaciones familiares, dudas vocacionales–, su presencia serena el corazón y abre caminos de esperanza.
Reina y Madre de los apóstoles
Además de consolar, María impulsa. Es Regina Apostolorum, Reina de los Apóstoles. San Josemaría insistía en que la Virgen María nos anima a vivir una vida de entrega y misión:
«Sed audaces. Contáis con la ayuda de María, Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. (…) Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así el haced lo que Él os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal». San Josemaría, Es Cristo que pasa, 149
Esta dimensión apostólica del reinado de María conecta profundamente con la misión de la Fundación CARF, que promueve la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas al servicio de la Iglesia universal. María, que supo acoger y guiar la vocación de los primeros apóstoles, sigue hoy acompañando a quienes entregan su vida en el sacerdocio o en la vida consagrada.
¿Cómo celebrar la fiesta de Santa María Reina?
Te proponemos vivir este día con algunos gestos sencillos, pero profundos:
Reza el Rosario, contemplando especialmente el quinto Misterio Glorioso: la coronación de María como Reina del Cielo.
Dedica un tiempo a la adoración eucarística, agradeciendo a su Hijo que nos ha dado una Madre y Reina tan misericordiosa.
Haz una obra de caridad en su honor: acompaña a alguien que lo necesite, visita a un enfermo, o apoya una causa que construya Iglesia, como la formación de sacerdotes.
La Coronación de la Virgen María. Foto de la galería de las escenas del Rosario del Santuario de Torreciudad.
«La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima», san Josemaría. Amigos de Dios, 276
Propuesta de oración para el 22 de agosto
Inicio: invoca a Santa María Reina con un acto de fe: «Santa María Reina, confiadora madre, te entrego hoy mi corazón…»
Contemplación: imagina la corona sobre su cabeza, signo de su poder maternal.
Petición: pídele paz para un área concreta: el trabajo, el hogar, tus proyectos.
Ofrecimiento: entrega tus esfuerzos de este día a Jesús, por medio de su Reina y Madre.
Que este 22 de agosto, al honrar a Santa María Reina, encontremos en su maternal ayuda y presencia reinado la paz y el impulso para servir con corazón generoso y manos dispuestas.
¿Por qué la Fundación CARF apoya la formación de congregaciones católicas?
La Fundación CARF en su misión de servicio a la Iglesia, se compromete, no solo a facilitar el acceso a la formación a los sacerdotes y futuros sacerdotes de todo el mundo, sino también a los miembros de diferentes congregaciones católicas de religiosos y religiosas.
En la Iglesia hay distintas llamadas y congregaciones católicas
Cada congregación religiosa tiene su propia misión y actividades específicas acordes a su carisma. Dedican su tiempo a campos tan diversos como la educación, la sanidad o la asistencia social a los más necesitados, o simplemente, a través de la contemplación, a ser los pulmones espirituales de la vida moderna. Sus servicios son fundamentales para nuestra sociedad y su labor en estos campos es muy apreciada y valorada.
La Fundación CARF, además de ayudar a la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo, concede becas también a religiosos y religiosas pertenecientes a las diversas congregaciones católicas para que puedan acceder a una formación sólida y adecuada a la realización de su misión como agentes pastorales.
¿Por qué es importante que las congregaciones católicas tengan miembros bien formados?
Los miembros de las congregaciones católicas son importantes portadores y transmisores de la fe. Una formación sólida les permite comprender y vivir plenamente los fundamentos del Evangelio y de la doctrina de la Iglesia.
Gran parte de estas órdenes religiosas se dedican a la educación y están al servicio de la sociedad. Una formación integral les capacita para responder a las necesidades de los demás de manera más efectiva y acorde a su misión. Por otra parte, en un mundo cada vez más globalizado, es esencial que los miembros de las congregaciones católicas estén bien formados tanto para la comunicación institucional como para el diálogo interreligioso y ecuménico.
La Fundación CARF apoya la formación de congregaciones religiosas como los sacerdotes franciscanos
Los sacerdotes franciscanos, pertenecientes a la Orden de Frailes Menores, también conocidos como Hermanos Franciscanos, una de las congregaciones religiosas más importantes, comparten las características distintivas de la espiritualidad franciscana fundada por san Francisco de Asís; abrazan la pobreza evangélica como una forma de imitar a Cristo, viviendo una vida sencilla y despojada de bienes materiales y se comprometen a vivir en comunidad fraterna. La Fundación CARF, en la medida de sus posibilidades apoya la formación de congregaciones religiosas como los Hermanos Franciscanos.
Father Marwan, después de servir como párroco en la basílica de la Anunciación en Nazareth, acabó ordenándose sacerdote franciscano. Estudia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, gracias a una ayuda al estudio la Fundación CARF.
La Fundación CARF apoya la formación de sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de san Carlos Borromeo
Los Misioneros de san Carlos Borromeo, también conocidos como los Misioneros de Comunión y Liberación, siguen la figura de don Luigi Giussan, sacerdote italiano. Este movimiento tiene como objetivo principal promover el encuentro personal con Jesucristo y la vivencia profunda de la fe católica en la vida cotidiana.
«No puedo dejar de agradecer a quienes, con oraciones y ayuda material –como mis benefactores de la Fundación CARF–, quienes me sustentaron con sus oraciones y su ayuda financiera para poder estudiar en esta gran universidad donde me encontré con muchos amigos nuevos de todo el mundo, y pude profundizar con profesores excelentes en tantas disciplinas que me van a ayudar en mi misión como sacerdote del Señor». Filippo Pellini tiene 32 años, pertenece a la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de san Carlos Borromeo y ha recibido una ayuda de la Fundación CARF para completar sus estudios de teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.
La Fundación CARF apoya la formación de sacerdotes de la Congregación de la Preciosa Sangre
Los Misioneros de la Preciosa Sangre, fundados por san Gaspar del Búfalo en 1815 en Italia, se dedican a la predicación del Evangelio y al servicio de la redención del mundo a través de la devoción a la Preciosa Sangre de Jesús derramada en la Cruz.
Su carisma se centra en la reconciliación, la redención y la renovación espiritual. Buscan llevar el amor y la misericordia de Dios a todos los rincones del mundo ya todas las personas.
La congregación está compuesta por sacerdotes y hermanos religiosos que viven en comunidades fraternales y profesan los votos de pobreza, castidad y obediencia.
Francesco Albertini es un joven seminarista de los Misioneros de la Preciosa Sangre y el primero de su congregación en estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, gracias a una ayuda al estudio de la Fundación CARF.