
Antidius James Kaijage tiene 29 años y es seminarista diocesano. Gracias a la ayuda de los socios, benefactores y amigos de la Fundación CARF se encuentra en España formándose en la Universidad de Navarra y reside en el seminario Bidasoa.
Nació en la diócesis de Bukoba, en Tanzania, en el corazón de África. Es el quinto de ocho hermanos y creció en una familia profundamente católica, donde la fe forma parte de la vida cotidiana desde siempre.
«Recibimos la educación católica desde el principio», cuenta. Sus padres y sus hermanos viven la fe con naturalidad y constancia: la Misa dominical y, en vacaciones, la parroquia se convertía casi en el segundo hogar.
Hoy Antidius estudia cuarto curso de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y lleva tres años viviendo en el seminario internacional Bidasoa. Está lejos de su tierra, pero no de su vocación. «Si Dios quiere, me elegirá sacerdote de su Iglesia», afirma con humildad.
Su vocación no nació de un hecho extraordinario, sino del trato sencillo y constante de lo sagrado, y del ejemplo de su párroco. Si tuviera que señalar un momento concreto, sería la consagración durante la Misa de su parroquia.
«Me gustaba muchísimo cómo el párroco celebraba la Misa, con mucho respeto. Especialmente el tiempo de la consagración, el prefacio… me llamaba mucho la atención y me sentía bien», declara.
Era apenas un niño, pero aquella solemnidad, aquel silencio cargado de misterio, prendieron una llama. Después se acrecentó el entusiasmo en el coro parroquial, las actividades juveniles y la vida comunitaria.
«Cuando nos uníamos en casa para hacer la oración, eso también me influía mucho, porque la vida del sacerdote es vida comunitaria: estar con la gente, servir, consolar, acompañar».
Su ingreso al seminario no fue fácil. Sus padres dudaron al principio. Le decían: «Los niños tienen muchos deseos, pero cuando llega la juventud todo cambia». Temían que fuera una ilusión pasajera.

Pero el deseo de Antidius no se apagó. Al contrario, creció en medio de la adolescencia, con sus preguntas, sus inquietudes, sus momentos de tensión familiar y sus ganas de estar con amigos. «Mis padres me enseñaban, me corregían siempre», recuerda.
Finalmente, le dieron permiso y su bendición. Entró en el seminario sostenido por la fe de su familia.
La diócesis de Bukoba cuenta con 150 sacerdotes y 766.970 católicos bautizados, casi el 61 % de una población de 1.255.679 personas. El catolicismo es mayoritario allí, pero no está exento de desafíos.
«Hay algunos católicos que cambian la religión natural de sus padres y entran en otras religiones pequeñas por motivos económicos, psicológicos, ideológicos, familiares o personales».
La Iglesia sufre cuando quienes han recibido el Bautismo y los sacramentos se marchan. Por eso insiste en la formación, la predicación, la educación constante en la fe.
También existe una necesidad material real. «Mi diócesis necesita ayuda económica para hacer mejor sus actividades espirituales, familiares, pastorales, académicas y para asistir a la gente necesitada, para que no entren en la tentación de negar su fe», comenta Antidius.
«Necesitamos sacerdotes formados, con visión universal. Seminaristas que puedan estudiar fuera, aprender más y mejor cómo es la Iglesia universal, tener una mente global en sus ministros de cada día».
Tanzania es, constitucionalmente, un país con libertad religiosa. La religión está separada del gobierno, aunque existen puntos de conexión.
Sin embargo, la amenaza del yihadismo les preocupa. «Tanzania enfrenta una amenaza latente, aunque no a la misma escala que nuestros vecinos de Somalia, Kenia o Mozambique». Especialmente en las islas de Pemba y Zanzíbar, que es donde la población musulmana es mayoritaria.
Frente a los problemas que surgen entre las distintas confesiones, este seminarista explica que es importante la educación, el diálogo, la cooperación política, el control de la financiación…

«Lo primero es poner amor y caridad, y después, todo se solucionan poco a poco».
Antidius también reflexiona sobre la evangelización en sociedades secularizadas, algo que está observando en España. Para él, el punto de partida es claro: «humildad misionera, paciencia (como tienen los africanos) capacidad de escuchar activamente y empatía».
Añade, además, que el testimonio personal tiene una gran fuerza de arrastre, tanto en la vida cotidiana como a través de las redes sociales. Y señala como algo imprescindible: «decir la verdad sobre la fe y la enseñanza de Cristo sin miedo, porque así lo vivían los apóstoles y los Padres de la Iglesia».
Venía a un país con una larga tradición cristiana y descubrió una nación donde muchos son «católicos de eventos, pero no practicantes». Lo comprobó en su experiencia pastoral: «La fe está presente en bodas, bautizos, comuniones, Semana Santa, procesiones… pero no lo está en la asistencia a la Santa Misa, que es el centro del misterio de nuestra salvación», se lamenta.
Sin embargo, le admira de los españoles que muchos tengan gran devoción y respeto a la Virgen María.
Pero a pesar de alguna sombra, confiesa que está aprendiendo mucho en nuestro país, le sorprende positivamente la convivencia en el seminario, la educación, el cuidado de costumbres y las normas, y destaca algo esperanzador: «la gente que cree, cree de verdad».
Antidius afirma que españoles y africanos pueden aprender mutuamente para la evangelización, pero señala algunos rasgos de los católicos africanos:

Este seminarista de Tanzania habla del sacerdocio con conciencia de los desafíos actuales. «El sacerdote de hoy debe integrar dimensiones humanas, espirituales, intelectuales y pastorales para responder a una sociedad secularizada, tecnológica y en constante cambio».
Para él, debe cultivar el don de gentes y la amabilidad para generar confianza y superar el individualismo. Además, debe adquirir una formación cultural y teológica sólida para responder a todos los interrogantes de este siglo.
«Pero, sobre todo, debe ser hombre de oración profunda y constante con Dios, que es la fuente de su apostolado y su identidad», comenta.
Y tener clara la identidad sacerdotal, fidelidad al magisterio, espiritualidad centrada en el altar y el sacrificio eucarístico. Como dice san Juan Bosco: «sacerdote de Jesucristo, celebra esta Santa Misa como si fuera tu primera, tu última, tu única Misa».
Y concluye con una imagen sencilla y poderosa: «el sacerdote del siglo XXI está llamado a ser un buen pastor, un padre, un hermano, para presentar e identificar la presencia de Dios y que vive en el reino de Él».
Marta Santín, periodista especializada en religión.
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