Qué es el Bautismo y cuál es su simbología

El sacramento del Bautismo significa y supone la muerte al pecado original y la entrada en la vida de la Santísima Trinidad, a través de la configuración con el misterio pascual de Cristo. En la Iglesia latina, el ministro derrama agua tres veces sobre la cabeza del candidato y pronuncia: «Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo».

Gracias al Bautismo, somos purificados del pecado original y nos convertimos en parte de la Iglesia y del cuerpo místico de Cristo. Una vez recibido el sacramento del Bautismo tenemos acceso a los otros sacramentos y comenzamos a emprender el camino del Espíritu. Purificados por el perdón incondicional de Dios, nos convertimos, a todos los efectos, en sus hijos.

«Nos libera del pecado y nos hace hijos de Dios. (...) Renovamos y confirmamos nuestro propio Bautismo, el sacramento que nos hace cristianos, liberándonos del pecado y transformándonos en hijos de Dios, por el poder de su Espíritu de vida. (...) Nos introduce a todos en la Iglesia, que es el pueblo de Dios, formado por hombres y mujeres de toda nación y cultura, regenerados por su Espíritu», papa León XIV, en la Fiesta del Bautismo del Señor 2026.

¿Qué es el Bautismo?

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1213

Río Jordan Betania  Bautismo Cristo
Al-Maghtas, supuesto lugar donde Juan bautizó a Jesucristo al este del río Jordán.

Breve historia del sacramento

La palabra bautismo proviene del griego βάπτισμα, báptisma, “inmersión”. Eso es exactamente lo que es, una inmersión en agua purificadora.

Ya se reconocía la simbología del agua y su poder salvador, en el Antiguo Testamento, se consideraba instrumento de la voluntad de Dios. Sucedió en el Diluvio Universal, y en el pasaje del Mar Rojo por Moisés y el pueblo elegido para huir de Egipto. También en el bautismo de san Juan Bautista, que es lo mas parecido al sacramento del Bautismo como lo conocemos hoy en día.

Jesús llegó hasta Juan para recibir el Bautismo; realmente acepta su propio destino. Al salir del agua, Jesús ve el cielo abrirse y el Espíritu Santo aparecer en forma de paloma, mientras desde el cielo se oye una voz: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».

El Espíritu Santo desciende sobre él, invirtiéndolo en su papel, transformándolo en el Cordero de Dios. Es el comienzo de una nueva vida y la premonición de la muerte, que conducirá a la Resurrección. El destino de un hombre y de toda la humanidad se logra en las orillas del Jordán.

Desde el día de Pentecostés, bautismo de fuego del Espíritu Santo o descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, cincuenta días después de la Resurrección de Jesús, comienza la misión de los Apóstoles y el comienzo de la Iglesia cristiana.

A partir de este momento Pedro y los otros discípulos comienzan a predicar la necesidad de arrepentirse de sus pecados y recibir el Bautismo para obtener el perdón y el don del Espíritu Santo.

«Los cristianos vivimos en el mundo y no estamos exentos de oscuridades y tinieblas. Sin embargo, la gracia de Cristo recibida en el bautismo nos hace salir de la noche y entrar en la claridad del día. La exhortación más bella que podemos hacernos unos a otros es la de recordarnos nuestro bautismo, porque por medio de él hemos nacido para Dios, siendo criaturas nuevas» Papa Francisco, Audiencia General Agosto 2017.

¿Por qué se bautizó Jesús?

Jesús comienza su vida pública tras hacerse bautizar por san Juan el bautista en el Jordán y, después de su Resurrección, confiere esta misión a sus Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado».

Nuestro Señor se sometió voluntariamente al bautismo de san Juan donde el Espíritu descendió sobre Él, y el Padre manifestó a Jesús como su Hijo amado.

Con su Muerte y Resurrección, Cristo abrió a todos los hombres las fuentes de la gracia. Por eso, el bautismo de la Iglesia borra el pecado original y nos hace hijos de Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1223, 1224, 1225).

¿Desde cuándo se bautiza en la Iglesia?

Desde el día de Pentecostés la Iglesia ha celebrado y administrado el santo Bautismo. En efecto, san Pedro declara a la multitud conmovida por su predicación: «Convertíos [...] y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2,38). Los Apóstoles y sus colaboradores ofrecen el bautismo a quien crea en Jesús: judíos, hombres temerosos de Dios, paganos...

El bautismo aparece siempre ligado a la fe: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa», declara san Pablo a su carcelero en Filipos. El relato de los Hechos de los Apóstoles continúa: «el carcelero inmediatamente recibió el bautismo, él y todos los suyos».

Según el apóstol san Pablo, por el Bautismo el creyente participa en la muerte de Cristo; es sepultado y resucita con Él: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva» (Rm 6,3-4).

Los bautizados se han "revestido de Cristo". Por el Espíritu Santo, el bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1226, 1227).

Simbología del Bautismo

El Bautismo, como todos los Sacramentos, implica el uso de elementos sagrados para poder impartirlo. Por ser sagrados se emplean sólo con esa finalidad y deben estar bendecidos por el obispo o por un sacerdote. También hay gestos simbólicos y signos no verbales que todos juntos dan luz a este sacramento precioso e imprescindible en la vida de un cristiano.

Son muchos los símbolos del bautismo para que los hombres seamos capaces de imaginarnos lo que está sucediendo en el alma del bautizado, que no podemos ver con los ojos.

bautismo

Agua bendita

El agua es el símbolo central del sacramento del Bautismorepresenta el amor de Dios. Es derramada sobre la frente del bautizado como fuente de amor inagotable. Tiene la función de purificar, lavar del cuerpo y el alma de pecado. El agua es, además, un elemento universalmente reconocido como símbolo de vida.

En el momento en que el sacerdote, derrama tres veces agua sobre la cabeza del bautizado, el fiel se une a Cristo tanto en su muerte como en su resurrección y glorificación.

Como explicó el papa León, «Queridos hermanos, Dios no mira el mundo desde lejos, al margen de nuestra vida, de nuestras aflicciones y de nuestras esperanzas. Él viene entre nosotros con la sabiduría de su Verbo hecho carne, haciéndonos parte de un sorprendente proyecto de amor para toda la humanidad.

Es por eso que Juan el Bautista, lleno de asombro, preguntó a Jesús: «¿Y tú acudes a mí?» (v. 14). Sí, en su santidad el Señor se hace bautizar como todos los pecadores, para revelar la infinita misericordia de Dios. El Hijo unigénito, en quien somos hermanos y hermanas, viene, en efecto, para servir y no para dominar, para salvar y no para condenar. Él es el Cristo redentor; carga sobre sí lo que es nuestro, incluido el pecado, y nos da lo que es suyo, es decir, la gracia de una vida nueva y eterna.» (Plaza de San Pedro. Domingo, 11 de enero de 2026, Ángelus).

Jesús es bautizado en las aguas del Jordán al inicio de su ministerio público (cfr. Mt 3,13-17), no por necesidad, sino por solidaridad redentora. En esa ocasión, queda definitivamente indicada el agua como elemento material del signo sacramental. «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5).

Luz del cirio pascual

En el Antiguo Testamento la Luz, era un símbolo de fe, y con el advenimiento de Jesús, este simbolismo se ha enriquecido con nuevos significados fundamentales en la vida del cristiano. La luz en el bautismo es un símbolo que representa la guía en el camino de encuentro con Cristo que a su vez es luz de nuestras vidas y en el mundo. También simboliza la resurrección de Cristo.

El papa Francisco dijo en una audiencia general: «esa luz es un tesoro que debemos conservar y transmitir a los demás. El cristiano está llamado a ser "cristóforo", portador de Jesús al mundo. A través de signos concretos, manifestamos la presencia y el amor de Jesús a los demás, especialmente a los que están atravesando situaciones difíciles. Si somos fieles a nuestro Bautismo, difundiremos la luz de la esperanza de Dios y transmitiremos a las futuras generaciones razones de vida».

El crisma, santo óleo u óleo de los catecúmenos

El santo óleo, es un aceite perfumado y consagrado usado en el sacramento del Bautismo. La unción con el aceite crismal simboliza la plena difusión de la gracia. El sacerdote utiliza el óleo para trazar una cruz en el pecho y otra entre las escápulas del bautizado. También puede utilizarlo para ungir la su cabeza, imprimiéndole un sello que lo consagra a su nuevo papel.

Todo esto simboliza la fortaleza en la lucha contra las tentaciones, una especie de escudo contra el pecado. El fin de este símbolo del bautismo, es consagrar la entrada del cristiano en la gran familia de la iglesia simbolizando el don del Espíritu Santo.

También es utilizado en el sacramento de la confirmación, la ordenación sacerdotal y la unción de los enfermos.  El Santo Óleo se bendice una vez al año por el obispo durante la misa crismal del Jueves Santo.

«Se abren además los cielos, desciende el Espíritu en forma de paloma y la voz de Dios Padre confirma la filiación divina de Cristo: acontecimientos que revelan en la Cabeza de la futura Iglesia lo que se realizará luego sacramentalmente en sus miembros» (Jn 3,5).

La vestidura blanca

La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha "revestido de Cristo" (Ga 3,27): ha resucitado con Cristo.

La pureza del alma sin mancha, que simboliza la vestidura blanca, después del sacramento del Bautismo, el cambio profundo y la renovación interna que el sacramento ha traído a quien lo recibió. El blanco es símbolo de una nueva vida, la nueva dignidad que cubre el bautizado. En la antigüedad, quien iba a ser bautizado usaba un vestido nuevo y blanco antes de unirse a los otros fieles en la Iglesia.

«En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que Él derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos». Punto 128. Es Cristo que pasa, en el capítulo El Gran Desconocido, San Josemaría Escrivá.

Los cuatro regalos del sacramento del Bautismo:


Cuatro pasos del sacramento de la Confesión

«Jesucristo Señor Nuestro, nuestro Dios, instituyó los sacramentos, que son como huellas de sus pisadas, para que nosotros pisemos allí y podamos llegar al Cielo. Y uno de los sacramentos más hermosos, más consoladores, es el sacramento de la Confesión», san Josemaría Escrivá, Argentina, 15 junio de 1974.

Citaba san Josemaría y aquí te mostramos lo que decía sobre le sacramento como maravilla del Amor de Dios.

Sacramento de la Confesión

Cristo instituyó este sacramento ofreciéndonos una nueva posibilidad de convertirnos y de recuperar, después del Bautismo, la gracia de Dios.

«El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien», papa Francisco. Audiencia general, 19 de febrero de 2014.

Como todos los sacramentos, este es un encuentro con Jesús. Durante la Confesión, contamos nuestros pecados al sacerdote que actúa en la persona de Cristo y con la autoridad de Jesús para escuchar, ofrecer orientación, proporcionar una penitencia adecuada y pronunciar las palabras de absolución.

«En la celebración del Sacramento de la Reconciliación, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la Comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.

Alguno puede decir: “yo me confieso solamente con Dios”. Sí, tú puedes decir a Dios: “perdóname”, y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia, y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote», papa Francisco. Catequesis del miércoles, 19 de febrero de 2013.

San Josemaría solía llamar a la Confesión el sacramento de la alegría, porque a través de él se recuperan el gozo y la paz que trae la amistad con Dios.

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Momento de la Confesión, signo del perdón y la misericordia de Dios.

Importancia de la Confesión

Este sacramento no solo restaura nuestra relación como hijos e hijas de Dios, sino que también nos reconcilia entre nosotros rehaciendo nuestra unión con el Cuerpo de Cristo, su Iglesia.

El Papa Francisco explicaba la importancia de la confesión con estas palabras: «el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo».

Hay varios detalles que podemos tener en cuenta para hacerlo de un modo más profundo y efectivo.

Por ejemplo, podemos ayudarnos de una guía con las claves necesarias para un buen examen de conciencia. Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.

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Álvaro del Portillo da la absolución a san Josemaría.

Pasos de para una buena Confesión

El Catecismo de la Iglesia nos propone cuatro pasos para una buena confesión. Estos expresan el camino hacia la conversión, que va desde el análisis de nuestros actos, hasta la acción que demuestra el cambio que se ha realizado en nosotros.

Son cuatro los pasos que damos para poder recibir el gran abrazo de amor que Dios, nuestro Padre, nos quiere dar con este sacramento: «Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso del hijo pródigo, hace falta solo que abramos el corazón», san Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 64.

1º Examen de conciencia

En el examen de conciencia tratamos de examinar nuestra alma en oración ante Dios, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, a partir de nuestra última confesión.

Reflexionamos sobre aquellas obras, pensamientos o palabras, que nos hayan podido alejar de Dios, ofender a los demás o dañarnos interiormente.

Hay varios detalles que podemos tener en cuenta para hacerlo de un modo más profundo y efectivo. Por ejemplo, podemos ayudarnos de una guía con las claves necesarias para un buen examen de conciencia. 

Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.

2º Contrición y propósito de no volver a pecar

La contrición o arrepentimiento, es un don de Dios. Es un dolor del alma y un rechazo de nuestros pecados, que incluye la resolución de no volver a pecar.

La confesión consiste en decir los pecados al sacerdote. A veces, el arrepentimiento llega con un sentimiento intenso de dolor o vergüenza, que nos ayuda a enmendarnos. Pero este sentimiento no es indispensable. Lo importante es comprender que hemos obrado mal y tener deseos de mejorar como cristianos. De no ser así, nos pondremos en manos de Dios para pedirle a Él que obre en nuestro corazón, para rechazar el mal.

«La contrición –explica el Papa Francisco– es el pórtico del arrepentimiento, es esa senda privilegiada que lleva al corazón de Dios, que nos acoge y nos ofrece otra oportunidad, siempre que nos abramos a la verdad de la penitencia y nos dejemos transformar por su misericordia».

3º Confesar los pecado

El sacerdote es un instrumento de Dios. Dejemos a un lado la vergüenza o el orgullo, y abramos nuestra alma seguros de que es Dios quien nos escucha.

«Confesarse con un sacerdote es un modo de poner mi vida en las manos y en el corazón de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús. [...] Es importante que vaya al confesionario, que me ponga a mí mismo frente a un sacerdote que representa a Jesús, que me arrodille frente a la Madre Iglesia llamada a distribuir la Misericordia de Dios. Hay una objetividad en este gesto, en arrodillarme frente al sacerdote, que, en ese momento, es el trámite de la gracia que me llega y me cura», papa Francisco. El nombre de Dios es misericordia, 2016.

La confesión consiste en decir los pecados al sacerdote. Se suele decir que una buena confesión tiene 4 C:

  • Clara: señalar cuál fue la falta específica, sin añadir excusas.
  • Concreta: decir el acto o pensamiento preciso, no usar frases genéricas.
  • Concisa: evitar dar explicaciones o descripciones innecesarias.
  • Completa: sin callar ningún pecado grave, venciendo la vergüenza.
  • La confesión es un sacramento, cuya celebración incluye ciertos gestos y palabras por parte del penitente y del sacerdote. Este es el momento más hermoso del sacramento de la Confesión, pues recibimos el perdón de Dios.

    4º Cumplir la penitencia

    La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos. Es una buena ocasión también para dar gracias a Dios por el perdón recibido, y para renovar el propósito de no volver a pecar.


    Bibliografía


    ¿Qué es el sacramento de la Confirmación?

    «La Confirmación une más íntimamente a la Iglesia y enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo, y con ello quienes la reciben quedan obligados a difundir y defender la fe a través de la palabra y las obras, como verdaderos testigos de Cristo», Catecismo de la Iglesia Católica, 1285.

    ¿Por qué recibimos la Confirmación?

    El Sacramento de la Confirmación, junto con el sacramento del Bautismo y el sacramento de la Eucaristía forman el conjunto de los sacramentos de la iniciación cristiana. Estos son sacramentos cuya recepción es necesaria para la plenitud de la gracia que recibimos y están destinados a todos los cristianos, no solo a algunos escogidos.

    Se confiere cuando el candidato ha llegado al uso de razón, no existe una edad obligatoria, pero debe tenerse en cuenta su carácter de iniciación. Para recibir la Confirmación, se requiere la previa instrucción, una verdadera intención y el estado de gracia.

    El término indica que este sacramento ratifica la gracia bautismal, nos une más firmemente a Cristo: afianza nuestra relación con la Iglesia y nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para defender la fe y confesar el nombre de Cristo.

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    La fuerza del Espíritu Santo

    La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano un signo espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se puede recibir una vez en la vida. Catecismo de la Iglesia Católica, 1302-1305.

    Como todo sacramento, la Confirmación es obra de Dios, que se preocupa de que nuestra vida sea plasmada a imagen de su Hijo, de hacernos capaces de amar como él, infundiéndonos a el Espíritu Santo.

    Este Espíritu actúa con su fuerza en nosotros, en toda la persona durante toda la vida. Cuando lo acogemos en nuestro corazón, Cristo mismo se hace presente y toma forma en nuestra vida.

    ¿Cuáles son los efectos?

    El efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés. El Papa Francisco nos dijo que es el Espíritu quien nos mueve a salir de nuestro egoísmo y a ser un don para los demás.

    Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:

    ¿Quién lo puede recibir?

    «La Confirmación se recibe una sola vez, pero su fuerza espiritual se mantiene en el tiempo y anima a crecer espiritualmente con los demás», Papa Francisco.

    Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación. Los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, por ello los fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en tiempo oportuno, porque sin la Confirmación y la Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz, pero la iniciación cristiana queda incompleta.

    En otras culturas este sacramento es administrado inmediatamente después del Bautismo y es seguido de la participación en la Eucaristía, tradición que pone de relieve la unidad de los tres sacramentos de la iniciación cristiana.

    En la Iglesia latina se administra este sacramento cuando se ha alcanzado la edad del uso de razón. Sin embargo, en peligro de muerte, se debe confirmar a los niños incluso si no han alcanzado todavía la edad del uso de razón.

    Existe una preparación al sacramento que ayuda a sentirse parte de la Iglesia de Jesucristo. Cada parroquia tiene la responsabilidad de la preparación de los confirmandos.

    Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia. Conviene recurrir al confesarse y realizar un buen examen de conciencia antes del sacramento. Para, de esta forma, ser purificado en atención al don del Espíritu Santo.

    Hay que prepararse con una oración al Espíritu Santo más intensa para recibir con docilidad y disponibilidad su fuerza y sus gracias. Para la Confirmación, como para el Bautismo, es conveniente que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina.

    Liturgia del sacramento

    «Es necesario recibir al Espíritu Santo en recogimiento y oración», Papa Francisco.

    El rito tiene varios gestos litúrgicos que expresan la profundidad de este sacramento de la iniciación cristiana. Antes de recibir la unción que confirma y refuerza la gracia del bautismo, los candidatos son llamados a renovar las promesas bautismales y hacer profesión de fe.

    Después de un silencio orante, el obispo extiende las manos sobre los confirmados e invoca la efusión del Espíritu sobre ellos. El Espíritu enriquece con sus dones a los miembros de la Iglesia, construyendo así la unidad en la diversidad.

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    Consagración del santo crisma

    Es un momento importante que precede a la celebración, pero que, en cierta manera forma parte de ella, es la consagración del santo crisma.

    Es el obispo quien, el Miércoles de ceniza, en el transcurso de la misa crismal, consagra el santo crisma para toda su diócesis. El santo crisma esta compuesto de aceite de oliva y bálsamo y la unción del confirmando con él es signo de su consagración.

    Con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos, comienza la liturgia del sacramento. El obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los Apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y el obispo invoca así la efusión del Espíritu:

    «Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del pecado: escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor», Ritual, 25.

    La unción con el aceite

    Por medio de la unción con el aceite en la frente, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo. La unción del santo crisma después de un sacramento, es el signo de una consagración. Una señal visible del don invisible que estamos recibiendo.

    Los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda a Cristo. la unción del aceite perfumado o crisma, que indica cómo el Espíritu entra hasta lo más profundo de nosotros, embelleciéndonos con tantos carismas.

    De este modo, el sacramento se confiere con la unción del santo crisma en la frente y pronunciando estas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». Un carácter indeleble que nos configura más plenamente con Jesús y nos da la gracia para difundir por el mundo el buen olor de Cristo.

    «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo», Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae.

    Beso de paz

    Con él que concluye el rito del sacramento. Significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles. Esta incorporación a la comunidad eclesial se manifiesta en el signo de la paz con el que se concluye el rito. El obispo dice a cada confirmado: "la paz esté contigo".

    Estas palabras nos recuerdan el saludo de Jesús a sus discípulos en la noche de Pascua y expresan la unión con el pastor de esa iglesia particular y con todos los fieles. Momento que recordamos durante la Cuaresma.

    «Apóstol es el cristiano que se siente injertado en Cristo, identificado con Cristo, por el Bautismo; habilitado para luchar por Cristo, por la Confirmación; llamado a servir a Dios con su acción en el mundo, por el sacerdocio común de los fieles, que confiere una cierta participación en el sacerdocio de Cristo, que –siendo esencialmente distinta de aquella que constituye el sacerdocio ministerial– capacita para tomar parte en el culto de la Iglesia, y para ayudar a los hombres en su camino hacia Dios, con el testimonio de la palabra y del ejemplo, con la oración y con la expiación». San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 120.

    Significado del sacramento en la Biblia

    Así pues, posee una unidad intrínseca con el Bautismo, aunque no se exprese necesariamente en el mismo rito.  Con ella el patrimonio bautismal del candidato se completa con los dones sobrenaturales característicos de la madurez cristiana.

    En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado "El espíritu del Señor Yahvéh está sobre mí, por cuanto me ha ungido Yahvéh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado." Isaías 61 1-2

    Luego Dios dice a todo el pueblo, "infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos", Ezequiel 36,27.

    El el Bautismo de Jesús fue el signo de que Él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios. Habiendo sido concebido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da sin medida.

    En varios momentos del Nuevo Testamento, Jesús prometió esta unión con el Espíritu. Lo hizo primero el día de Pascua y luego el día de Pentecostés.

    Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar las maravillas de Dios y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos. Los Hechos de los apóstoles cuentan que los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos y la oración.

    Es ésta imposición de las manos la que ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento, el cual perpetúa en la Iglesia, la gracia de Pentecostés.

    «No te limites a hablar al Paráclito, ¡óyele!», san Josemaría Escrivá.


    Bibliografía:

    5 claves para realizar un buen examen de conciencia para la Confesión

    Buscar remedio a nuestras faltas es una tarea de amor. Por eso hemos de aprovechar un medio muy necesario, indispensable, que es el examen de conciencia. Mons. Javier Echevarría.

    Para qué es el examen de conciencia

    El fin del examen no es angustiarse con las culpas sino reconocerlas con sinceridad y confianza en Dios para luego acudir al sacramento de la confesión, sabiendo que seremos perdonados. Todo el proceso se mueve en la misericordia infinita de Dios manifestada en Jesucristo.

    Vemos nuestras faltas en relación con:

    • Diez mandamientos.
    • Siete pecados capitales.
    • Defectos de carácter.
    • Dones que Dios nos ha dado para servirle.
    • Las responsabilidades de nuestra vocación.

    El examen de conciencia es un puente hacia la confesión

    En ocasiones, es nuestra propia vida la que parece desviarse fruto de decisiones equivocada o simplemente de nuestras debilidades personales. Los cristianos somos afortunados ya que contamos con la posibilidad de volver a empezar. Esa posibilidad existe gracias a la bondad de poder acudir al sacramento del Perdón, para alcanzar la certeza de que Dios nos perdona y nos anima a volver a empezar.

    Cómo hacer un buen examen de conciencia

    En primer lugar, el examen se hace ante Dios, escuchando su voz en la conciencia de cada uno de nosotros.

    Cómo se puede hacer un examen de conciencia confesión
    Recomendaciones de Mons. Javier Echevarría en 2016.

    Tómate unos minutos para el examen de conciencia diario

    Seguidamente, solo lleva unos pocos minutos diarios de reflexión mirar con el alma a la luz de Dios. Como explicaba san Josemaría, bastan unos minutos antes de entregarse al reposo nocturno, pero con constancia cotidiana.

    Pide la ayuda del Espíritu Santo

    Pero hay momentos puntuales, por ejemplo, el examen de conciencia para confesarse, donde será conveniente proceder con más detenimiento. Y en todos los casos, es conveniente invocar al Espíritu Santo, para que nos conceda su luz.

    Terminar con un acto de dolor y un propósito de mejora

    Para finalizar, no se trata tan solo de enumerar pecados sino de descubrir la actitud equivocada del corazón y con dolor por nuestros pecados, hacer el firme propósito de no volver a cometerlos. Es importante acabar con un acto de dolor y algún propósito concreto para la jornada siguiente. Siempre hay áreas en las que somos más débiles y que requieren atención especial, pero si comprendemos que Cristo es la medida, veremos que en todo tenemos mucho que crecer.

    El examen de conciencia que propone el Papa Francisco

    Por otra parte, en la Cuaresma 2015, el Papa Francisco obsequió a los fieles en la Plaza de San Pedro un folleto especial titulado “Custodia el corazón”. Contiene importantes recursos para el camino hacia la Semana Santa. Se puede descargar en el anterior enlace.

    Entre estos recursos está un examen de conciencia de 30 preguntas planteadas por el Papa para hacer una buena confesión, así como una breve explicación sobre por qué acudir al sacramento de la Reconciliación.

    Preguntas para un buen examen de conciencia

    Ofrecemos una serie de preguntas dirigidas por san Josemaría Escrivá de Balaguer, que pueden ayudar a realizar el examen de conciencia personal previo a la confesión. Esta versión está dirigida a adultos.

    Amarás a Dios sobre todas las cosas...

    • ¿Creo todo lo que Dios ha revelado y nos enseña la Iglesia Católica? ¿He dudado o negado las verdades de la fe católica?
    • ¿Hago con desgana las cosas que se refieren a Dios? ¿Me acuerdo del Señor a lo largo del día? ¿Rezo en algún momento de la jornada?
    • ¿He recibido al Señor en la Sagrada Comunión teniendo algún pecado grave en mi conciencia? ¿He callado en la confesión por vergüenza algún pecado mortal?
    • ¿He blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad? ¿He practicado la superstición o el espiritismo?
    • ¿He faltado a Misa los domingos o días festivos? ¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia?

    … y al prójimo como a ti mismo.

    • ¿Manifiesto respeto y cariño a mis familiares? ¿estoy pendiente y ayudo en el cuidado de mis padres o familiares si lo necesitan? ¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en la vida de familia? ¿tengo paciencia?
    • ¿Permito que mi trabajo ocupe tiempo y energías que corresponden a mi familia o amigos? Si estoy casado, ¿he fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos?
    • ¿Respeto la vida humana? ¿He cooperado o alentado a alguien a abortar, destruir embriones, a la eutanasia o cualquier otro medio que atente contra la vida de seres humanos?
    • ¿Deseo el bien a los demás, o albergo odios y realizo juicios críticos? ¿He sido violento verbal o físicamente en familia, en el trabajo o en otros ambientes? ¿He dado mal ejemplo a las personas que me rodean? ¿Les corrijo con cólera o injustamente?
    • ¿Procuro cuidar mi salud? ¿He tomado alcohol en exceso? ¿He tomado drogas? ¿He arriesgado mi vida injustificadamente (por el modo de conducir, las diversiones, etc.)?
    • ¿He mirado vídeos o páginas web pornográficas? ¿Incito a otros a hacer el mal?
    • ¿Vivo la castidad? ¿He cometido actos impuros conmigo mismo o con otras personas? ¿He consentido pensamientos, deseos o sensaciones impuras? ¿Vivo con alguien como si estuviéramos casados sin estarlo?
    • Si estoy casado, ¿he cuidado la fidelidad matrimonial? ¿procuro amar a mi cónyuge por encima de cualquier otra persona? ¿Pongo mi matrimonio y mis hijos en primer lugar? ¿Tengo una actitud abierta a nuevas vidas?
    • ¿He tomado dinero o cosas que no son mías? ¿En su caso, he restituido o reparado?
    • ¿Procuro cumplir con mis deberes profesionales? ¿Soy honesto? ¿He engañado a otros: cobrando más de lo debido, ofreciendo a propósito un servicio defectuoso?
    • ¿He gastado dinero para mi comodidad o lujo personal olvidando mis responsabilidades hacia otros y hacia la Iglesia? ¿He desatendido a los pobres o a los necesitados? ¿Cumplo con mis deberes de ciudadano?
    • ¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse? ¿He descubierto, sin causa justa, defectos graves de otras personas? ¿He hablado o pensado mal de otros? ¿He calumniado?

    Bibliografía:

    ¿Qué es la indulgencia plenaria y cómo obtenerla?

    La indulgencia plenaria, es un regalo extraordinario de la Iglesia Católica, que permite la remisión completa de la pena temporal que queda después de que los pecados han sido perdonados en el sacramento de la confesión.

    Desde el año 1983 el Código de derecho canónico (c. 992) y el Catecismo de la Iglesia católica (n. 1471), definen la indulgencia de la siguiente manera:

    «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».

    San Josemaría también resaltó la profundidad espiritual de las indulgencias al afirmar: «las indulgencias son una manifestación de la misericordia infinita de Dios» (Camino, 310).

    Diferencia entre indulgencia plenaria y parcial

    La indulgencia plenaria y la parcial son expresiones de la infinita misericordia de Dios. Aunque difieren en su alcance, ambas nos animan a buscar la santidad a través de la fe, la oración y las obras de caridad.

    La indulgencia plenaria es un regalo extraordinario, ya que remite por completo la pena temporal que queda tras el perdón de los pecados en el sacramento de la confesión. Es un acto de amor que nos permite presentarnos ante Dios purificados libres de cualquier mancha que nos aleje de Su presencia.

    Por otro lado, la indulgencia parcial remite solo una parte de esta pena, pero no por ello es menos significativa. Es un paso importante que nos motiva a seguir avanzando en nuestro camino espiritual, ofreciendo nuestras oraciones, sacrificios y buenas obras como signos concretos de arrepentimiento y fe.

    El Papa Francisco, lo explicó con claridad durante su Audiencia General, 9 de marzo de 2016 que «la indulgencia plenaria es un don que nos ayuda a acercarnos más a Dios y a vivir una vida más santa». Es por ello que debemos recordar que las indulgencias plenarias son una invitación a caminar hacia la santidad con esperanza y confianza en la divina misericordia.

    Cada vez que recurrimos a las indulgencias, renovamos nuestro compromiso de conversión, confirmamos que el amor de Dios siempre está dispuesto a acogernos y a darnos una nueva oportunidad. ¿Qué mayor consuelo podemos tener que saber que, a través de estas prácticas, nos acercamos más al corazón amoroso del Padre?

    Requisitos para obtener una indulgencia plenaria

    El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Cuaresma de 2008, afirmó: «La indulgencia no puede ser entendida como una especie de 'descuento' sobre la pena debida al pecado, sino como una ayuda para una conversión más radical». La Indulgencia es una oportunidad sincera de comprometernos con el camino hacia la santidad y renovar nuestra relación con Dios.

    1. Confesión sacramental: este sacramento nos permite estar en estado de gracia y reconciliarnos con Dios. En el acto de la confesión, encontramos el abrazo amoroso del Padre que siempre está dispuesto a perdonarnos.
    2. Comunión eucarística: recibir la Eucaristía con devoción. Al acercarnos al altar, encontramos la fortaleza para vivir en santidad.
    3. Oración por las intenciones del Papa: rezar un Padrenuestro y un Avemaría nos une a la Iglesia universal. Este acto sencillo nos invita a pensar más allá de nuestras propias necesidades y a rezar por el bien común.
    4. Desapego total del pecado: este paso no exige perfección, pero sí un sincero deseo de rechazar el pecado, incluso venial. Es una llamada a examinar nuestro corazón y a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
    5. Realizar la obra indulgenciada: por ejemplo, rezar el Rosario en comunidad, leer la Sagrada Escritura durante al menos media hora o adorar al Santísimo Sacramento o llevar a cabo obras de misericordia, tanto espirituales como corporales.

    Cumplir con estos requisitos es un recordatorio de que la gracia de Dios está siempre disponible para aquellos que la buscan con humildad y sinceridad.

    ¿Cuándo se puede obtener una indulgencia plenaria?

    Existen momentos especialmente significativos para obtener indulgencias plenarias:

    Además de estas fechas específicas, el Papa puede designar otras ocasiones especiales para obtener indulgencias. Cada una de estas oportunidades nos acerca al corazón misericordioso de Dios y nos invita a vivir nuestra fe.

    Indulgencia plenaria y medalla de san Benito

    En momentos puntuales, la Iglesia concede la posibilidad de ganar indulgencias plenarias relacionadas con el uso de la medalla de san Benito, siempre que se cumplan las condiciones habituales: confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa, desapego del pecado y realización de una obra indulgenciada.

    Entre las ocasiones más destacadas para ganar una indulgencia plenaria vinculada a la medalla de san Benito se encuentran:

    Reverso y anverso de una medalla de San Benito.
    Reverso y anverso de una medalla de San Benito.

    Al conocer en el significado y la belleza del don de la indulgencia plenaria, nos acercamos a la misericordia infinita de Dios. En este camino de fe, la labor de la Fundación CARF es fundamental, al formar con tu apoyo a sacerdotes y seminaristas para la Iglesia Católica, que serán quienes nos guíen y acompañen en nuestra relación con Dios. Apoyar a la Fundación CARF significa que más cristianos puedan acercarse a la gracia redentora de Dios en todo el mundo.

    ¿Qué celebramos el Día de Todos los Santos?

    El 1 de noviembre los cristianos celebramos el Día de Todos los Santos. En este día la Iglesia recuerda a todos aquellos difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

    Día de Todos los Santos, solemnidad cristiana

    El Día de Todos los Santos, 1 de noviembre, miramos hacia el cielo. Es el día en el que se homenajea a todos los santos, conocidos y desconocidos. A los que están en los altares y a tantos y tantos cristianos que después de una vida según el evangelio participan de la felicidad eterna del cielo. Son nuestros intercesores y nuestros modelos de vida cristiana.

    «La santidad es el rostro más bello de la Iglesia» escribe el papa Francisco en «Gaudete et exsultate», su exhortación apostólica sobre la llamada a la santidad en el mundo actual (marzo 2018).

    El Papa nos recuerda que esta llamada va dirigida a cada uno de nosotros. El Señor se dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1P 1,16). 

    El 1 de noviembre recordamos a cada uno de los que dijeron sí a esta llamada. Por eso el día de todos los santos no se festeja solo en honor a los beatos o santos que están en la lista de los canonizados y por los que la Iglesia celebra en un día especial del año; se celebra también en honor a todos los que no están canonizados, pero viven ya en la presencia de Dios. Estas almas ya se consideran santas porque están bajo la presencia de Dios.

    Día de todos los santos
    Todos los Santos, pintado por Fra Angélico. Pintor italiano que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.

    Historia del Día de Todos los Santos

    Esta celebración tuvo sus orígenes en el siglo IV debido a la gran cantidad de mártires de la iglesia. Más adelante el 13 de mayo del año 610 el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón romano al culto cristiano. Es así que se les empieza a festejar en esta fecha. Posteriormente el Papa Gregorio IV, en el siglo VII, trasladó la fiesta al 1 de noviembre.

    Los santos canonizados oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, que ya están gozando de Dios en el cielo. A estos, a los santos no canonizados está especialmente dedicada esta fiesta. La iglesia busca reconocer la labor de los santos desconocidos que arriesgaron su vida por la justicia y la libertad de forma anónima.

    Diferencia entre el Día de Todos los Santos y de Fieles Difuntos

    El Papa Francisco explicaba de una forma muy clara la diferencia entre el Día de Todos los Santos y el Día de los fieles Difuntos:

    «El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos. El 2 de noviembre la conmemoración de los Fieles Difuntos. Estas dos celebraciones están íntimamente unidas entre sí, como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza.

    En efecto, por una parte la Iglesia, peregrina en la historia, se alegra por la intercesión de los santos y los beatos que la sostienen en la misión de anunciar el Evangelio; por otra, ella, como Jesús, comparte el llanto de quien sufre la separación de sus seres queridos, y como Él y gracias a Él, hace resonar su acción de gracias al Padre que nos ha liberado del dominio del pecado y de la muerte»

    «Hay muchos cristianos maravillosamente santos, hay muchas madres de familia maravillosamente, encantadoramente santas; hay muchos padres de familia estupendos. Ocuparán en el cielo lugares de maravilla». San Josemaría Escrivá de Balaguer.

    Día de Todos los Santos

    El 1 de noviembre la iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos. Fiesta instituida en honor a todos y cada uno de los santos, conocidos o desconocidos, por su gran labor de difundir el mensaje de Dios. Muchas personas asisten hoy a una Misa especial en su honor.

    Este día de la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos pide una mirada al cielo, que es nuestra futura patria. Se recuerda a todos aquellos que ya están ante la presencia de Dios y que no son recordados como los santos canonizados. Y es que hay millones que ya han llegado a la presencia de Dios. Muy seguro una mayoría no llegaron de forma directa, quizá pasaron por el purgatorio, pero al final lograron estar ante la presencia de Dios.

    Como comentario de la Solemnidad de Todos los Santos. "Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos". Nacimos para no morir nunca más, ¡nacimos para disfrutar de la felicidad de Dios! El Señor nos anima y quiere que tomemos el camino de las Bienaventuranzas para ser felices.

    Día de los Fieles Difuntos

    El 2 de noviembre es el Día de los Fieles Difuntos. Aunque pareciera que es la misma, dista mucho de serla. Primero hay que tener presente que la celebración de los muertos viene a ser una tradición cultural donde se recuerda a los que ya murieron, y se dedican altares donde colocan fotos, flores y la comida que tanto gustaba en vida la persona recordada. Esta tradición según los historiadores se da principalmente en México 1.800 años antes de Cristo.

    Este día la Iglesia nos invita a rezar por todos aquellos que ya murieron pero que muy posiblemente no han alcanzado el gozo eterno. Quizá estén en el purgatorio y necesitan de nuestras oraciones, por eso hay que recordarlos en la Santa Misa de difuntos  y rezar en todo momento por su eterno descanso.

    Tú puedes ser santo

    Todos los bautizados están llamados a seguir a Jesucristo, a vivir y a dar a conocer el Evangelio. 

    La finalidad del Opus Dei es contribuir a esa misión evangelizadora de la Iglesia Católica, promoviendo entre fieles cristianos de toda condición una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia y especialmente a través de la santificación del trabajo.


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