«Mi vocación sacerdotal ha sido una verdadera obra de Dios»

La vocación sacerdotal de Nataniel tiene su origen en la situación más insospechada, pues su padre, pertenecía a la religión kimbanguista, una corriente religiosa africana originaria de Angola, fundada en 1921 por Simão Toco, conocido como el profeta Kimbangu.

Esta fe combina elementos del cristianismo, especialmente del protestantismo, con prácticas y creencias tradicionales africanas. Los kimbanguistas creen en un Dios supremo, en la importancia de los profetas y en la sanación espiritual. Además, promueven la unidad, la paz y la justicia social, y se distinguen por su énfasis en la lucha contra la opresión y la discriminación racial. La religión tiene una gran influencia en Angola y en otras partes de África. Sin embargo, todo un camino providencial llevó a Nataniel a abrazar la fe católica y, tras los años, a sentir una llamada al sacerdocio.

Hoy se encuentra en Roma, estudiando bachillerato en Teología y viviendo en el Seminario Internacional Sedes Sapientiae, gracias también a una ayuda de la Fundación CARF.

La religión en la familia

Nataniel es el segundo de cinco hermanos y hermanas, y viene de una familia no estrictamente católica, pero que vivió una experiencia religiosa que marcó su vida. Su padre es militar, y aunque no practica mucho, en su familia la religión que se practicaba era kimbanguista. Por otro lado, su madre, Isabel, que era peluquera, fue bautizada en la Iglesia católica pero se acabó convirtiendo al protestantismo. Esta era la realidad de Nataniel hasta el año 2012.

Nataniel con sus hermanas y su madre

La reconversión de la madre

El cambio comenzó cuando la madre de Nataniel decidió regresar a la Iglesia católica. «Nos dio la orden de que ya no asistiríamos a ninguna otra iglesia, y comenzamos a ir a la iglesia cada domingo». Para Nataniel, fue un desafío. Había crecido participando en la escuela dominical de la iglesia protestante, donde se organizaban concursos sobre la Biblia, y lo que más le motivaba a ir era la posibilidad de ganar premios. Ahora, al asistir a la Iglesia, todo le parecía extraño y diferente. Pero no tuvo más opción que acompañar a su madre.

El descubrimiento de la fe católica

Al asistir a la catequesis, Nataniel comenzó a descubrir las enseñanzas de la Iglesia. Estudió con mayor profundidad la Biblia y la historia de la Iglesia, lo que fortaleció su fe y dio un nuevo sentido a su vida. En 2015, se unió al grupo de acólitos, acercándose a la liturgia y al sacerdote, y ese mismo año recibió el bautismo. «Podemos perder fama, juventud, dinero, pero lo único que verdaderamente no se puede perder es a Cristo».

La vocación sacerdotal

El año 2015 fue clave, no solo por su bautismo, sino porque comenzó la escuela secundaria. En ese período, la idea de entrar al seminario empezó a tomar forma en su corazón. «Ver al párroco desempeñar su ministerio me motivaba a seguir sus pasos. Sentía en lo más profundo de mi ser que mi vocación era ser sacerdote, para entregar mi vida al servicio de Dios y para la salvación de las almas. Quería ser un instrumento de Dios en medio de su pueblo», nos cuenta alegremente.

El desafío del sí a Jesús

Nataniel era un chico brillante en los estudios, había recibido becas para estudiar ingeniería informática en Londres o Estados Unidos, pero en el año 2017 toma la decisión de compartir con sus padres su deseo de entrar en el seminario. «Fue un momento difícil, especialmente para mi madre. No entendía por qué quería dar ese paso tan radical en mi vida. Para ella, que su único hijo varón tomara este camino era duro de entender».

Con el tiempo, sus padres, que habían vuelto a la fe católica, comenzaron a abrir sus corazones y a comprender el deseo de su hijo. Finalmente, en febrero de 2018, los padres de Nataniel aceptaron la decisión de su hijo de ser sacerdote y el 25 de febrero ingresó en el seminario archidiocesano de Luanda, un paso decisivo hacia el sueño de su vocación. «Fue un momento de gran alegría y de gratitud hacía Dios por haberme permitido seguir el camino que sentía que Él había preparado para mí».

Nataniel recibiendo la bendición

Un camino de fe

Hoy ve cómo cada paso le ha llevado a donde está, a esta llamada al sacerdocio que comenzó en su corazón de una forma inesperada, pero que se ha ido confirmando y fortaleciendo a lo largo de los años. «Mi vocación nació en un contexto familiar diverso, ha sido una verdadera obra de Dios».

Agradece profundamente a sus padres por su comprensión y por apoyarle en este camino. «Mi deseo es seguir adelante, con fe y con esperanza, dedicando mi vida al servicio de Dios y de su pueblo».

Agradecido a los benefactores

Con este testimonio, Nataniel desea expresar su profundo agradecimiento a todos los benefactores de la Fundación CARF por darle la oportunidad de continuar con sus estudios en Roma.

Actualmente está cursando el tercer año de Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. «Gracias a su apoyo puedo comprometerme en la misión de la Santa Madre Iglesia de llevar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a todas las naciones», comenta.

«Rezo cada día por ustedes para que el Señor, Sumo y Eterno Bien, de quien proceden todas las bendiciones, continúe bendiciéndoles y guiando sus pasos hacia la vocación a la que todos estamos llamados, la Santidad. ¡Muchísimas gracias!, nos dice con una sonrisa».


Gerardo Ferrara, Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Mercadillo solidario para apoyar la formación de sacerdotes

El mercadillo solidario de la Fundación CARF remueve corazones. Esto al menos es lo que le ocurrió a Mercedes Castaño, una mujer que pasó por el rastrillo de casualidad. Compró una papeleta para el sorteo de un grabado de un artista reconocido. Y le tocó. Una suerte que no le había ocurrido en la vida. Fue tal su ilusión que ha querido conocer más a fondo la labor de la Fundación CARF.

Cerca de mil personas visitaron el mercadillo solidario

«Nuestra invitada no tenía ni idea de lo que era la Fundación CARF ni del destino de los fondos del mercadillo solidario. Pero pasó por el local y compró una papeleta. Ahora está muy ilusionada y quiere conocer más sobre el destino de su pequeña aportación: la financiación de ayudas al estudio y la manutención para la formación de seminaristas, sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas que estudian en Roma y Pamplona. Y también, como no, para sufragar uno de nuestros iconos más preciados: las mochilas de vasos sagrados», cuenta Carmen, una de las responsables del Patronato de la Fundación CARF y del mercadillo solidario.

En su 28ª edición, celebrada del 26 al 30 de noviembre en los locales de la parroquia de san Luis de los Franceses, en la calle Padilla 9, un año más este rastrillo acogió a cerca de mil personas, y eso que tanto Carmen como Rosana, presidentas del Patronato, estaban un poco preocupadas por algunos cambios que se produjeron en las últimas fechas de su organización.

Rosana, copresidenta del Patronato de Acción Social.

50 voluntarias

«Estamos encantadas porque creo que cerca de mil personas en total se han pasado en algún momento por el mercadillo, que este año a durado menos días que en ediciones anteriores. Ha sido una delicia. Además, hemos contado con casi 50 voluntarias. ¡Y también algunos hombres!», expone Carmen.

Pero, por encima de todo, algo que les da mucha satisfacción a todas las personas que colaboran en este mercadillo solidario es que están ayudando a la formación de sacerdotes y seminaristas.

Como explica Rosana, este año estaban un poco preocupadas porque han tenido que modificar los días de la semana en los que siempre se organiza el mercadillo. «Nos había funcionado muy bien empezar un viernes y terminar un miércoles. Este año, sin embargo, hemos inaugurado un martes y acabado el sábado, porque el domingo la parroquia necesitaba el espacio para sus catequesis. Pero ha sido también un éxito. El sábado por la tarde-noche, las cincuenta voluntarias ayudaron a recoger todo. ¡Qué gran ayuda!».

carmen mercadillo solidario fundacion carf carla restoy

Para la formación de seminaristas y sacerdotes

El mercadillo solidario de la Fundación CARF, organizado por el voluntariado del Patronato de Acción Social es una cita anual que se organiza para recaudar fondos para becas de estudio para la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas que estudian en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, y en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

Cada año, ponen a la venta objetos de valor y otros más económicos, siempre asesorados por una red de expertos que ayudan a valorar los muebles, cuadros, menaje, cuberterías, etc. y así poner un precio adecuado.

Muebles y ropa vintage

«Este año se ha vendido muy bien los muebles que hemos restaurado y pintado gracias a una restauradora que ha dejado unas mesas de madera preciosas. Se vendieron fenomenal», cuenta Carmen.

La ropa vintage es también un clásico en el mercadillo que se vende estupendamente. «Pero además de los modelos que ponemos a la venta como faldas, vestidos, pantalones, chaquetas, abrigos, etc., contamos con una vendedora buenísima que acompaña a cada señora y joven, y la gente se va encantada. La ropa de bebé, tejida a mano por nuestras colaboradoras, también ha sido todo un éxito», dice Rosana.

La influencer Carla Restoy

Este año, el mercadillo contó con una invitada muy especial: la influencer Carla Restoy, que, con tan solo 28 años, está revolucionando las redes sociales por su mensaje sobre la vida, el matrimonio y la fe.

A Carla le pareció una maravilla el mercadillo sobre todo por su dimensión transcendental: colaborar con las ayudas al estudio las para la formación de sacerdotes y seminaristas, además de sufragar las mochilas de vasos sagrados que se obsequian a los seminaristas antes de recibir la ordenación sacerdotal, cuando regresan a sus países de origen. 

«Gracias a todos por contribuir una vez más a la formación de seminaristas, sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas adquiriendo alguna cosita en nuestro mercadillo anual. Hemos conseguido recaudar cerca de 35.000 euros. Gracias de corazón», finalizan Carmen y Rosana animando a todos a no perderse la próxima cita del mercadillo solidario.


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.

Paul de Malawi: «necesitamos sacerdotes bien formados para ayudar a todos»

A esta gran riqueza cultural de Malawi se contrapone la escasez de medios, sobre todo en la diócesis de Karonga, joven y pequeña, con necesidad de muchos sacerdotes. Esta es la ilusión de Paul: formarse bien en Pamplona para regresar y servir con eficacia a la iglesia diocesana de su país.

Este joven, africano de 23 años, reside en el seminario internacional Bidasoa y cursa la carrera de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. El obispo de la diócesis de Karonga, al norte de Malawi, le ha enviado a Pamplona para que reciba una formación sólida e integral y así, cuando regrese, pueda volcar en la Iglesia de su país toda la preparación adquirida.

Necesidad de sacerdotes en Malawi

«La necesidad de mi diócesis es contar con más sacerdotes. Somos muy pocos y es una diócesis joven, nueva y pequeña, fundada en 2010», explica Paul. Por eso, tiene una ilusión enorme en la completa preparación que está recibiendo en Pamplona. 

Su diócesis no solo necesita sacerdotes bien formados, sino también contar con más misioneros para ayudar a los pocos sacerdotes diocesanos, ya que sólo cuentan con 19 sacerdotes diocesanos y 28 seminaristas.

Las condiciones de vida en Malawi

En su diócesis también escasean profesionales de la salud y de la educación. Paul explica: «sin duda, necesitamos la ayuda de estas instalaciones sanitarias para mejorar las condiciones de vida de los cristianos, pero también de toda la población de la diócesis. Pero estamos agradecidos de que la diócesis haya hecho todo lo posible para ayudar con nuevas escuelas y algunos centros de salud, aunque todavía la demanda es muy alta». 

Si no hubiera sido por la ayuda de la Fundación CARF y de los benefactores, Paul no hubiera tenido la oportunidad de recibir una formación integral para prepararse como sacerdote que tanto bien hará a su pueblo.

Convivencia entre cristianos, musulmanes y tradiciones africanas

Ciertamente, su diócesis cuenta con escasos medios económicos, pero de una gran riqueza en cuanto a la convivencia. 

«Los católicos de Malawi viven en paz, celebran su fe con alegría y la demuestran culturalmente. Malawi es un país muy pacífico, vivimos en armonía y en cooperación con otros cristianos, musulmanes y tradiciones africanas sin matarnos los unos a otros. La expresión religiosa no es un problema», señala con alegría. 

En este país africano, los católicos tienen un porcentaje más alto (17,2 %) que otras denominaciones cristianas; hay que recordar que hay muchos otros grupos de confesiones cristianas, porque Gran Bretaña colonizó el país y los primeros cristianos que evangelizaron fueron protestantes de Inglaterra y Escocia. Unos años después, los Padres Blancos católicos de Francia fueron de misioneros, cuando el protestantismo ya se había extendido en el país.

El ejemplo de los sacerdotes

El ejemplo de los sacerdotes y misioneros católicos de Malawi influyó positivamente en Paul, además de la fortaleza de su entorno. Proviene de una familia numerosa de siete hermanos, de fuertes raíces católicas: cuatro varones y tres mujeres. Paul es el sexto. 

La marcha al Cielo de su madre en 2014, cuando solo tenía 13 años, le provocó un desconsuelo enorme. Pero este desconsuelo retornó en esperanza y fe gracias al apoyo de su familia y de los religiosos, un ejemplo que fue determinante para salir adelante y conformar su vocación.

«Señor, déjame intentarlo»

Comenzó a discernir su vocación al sacerdocio de niño, cuando participaba en las actividades que realizaban en su escuela, en el seminario menor. Pero no sabía si podía llevar a cabo tal misión. 

«De niño pensaba que podía vivir como ellos, como los sacerdotes que me cuidaban y educaban. Y le dije al Señor: déjame intentarlo, voy a darlo todo para que algún día pueda ser sacerdote», afirma. 
Finalmente, ingresó en el seminario mayor a los 19 años. En este itinerario vocacional que ha emprendido, alberga la ilusión de paliar la necesidad que tiene su diócesis de contar con sacerdotes bien formados, sobre todo para llegar a la juventud.

Llegar a los jóvenes

«Los jóvenes son muy influyentes en la difusión del Evangelio a través de los medios de comunicación, pero también en las reuniones y conferencias anuales de jóvenes que se organizan para mantener la fe y difundirla; se reúnen en gran número, lo que es muy prometedor», expresa con orgullo Paul Benson. 

Y es que, para él, los sacerdotes jóvenes son capaces de comprender lo que necesitan los jóvenes desarrollando nuevos enfoques para explicar la doctrina católica, dar argumentos y poder así vivir y dar testimonio de la fe católica en Malawi.

Lo que deben aprender los europeos de los africanos

África tiene grandes retos, pero también Europa, porque los europeos deben aprender grandes virtudes de los católicos africanos: «audacia y resiliencia para resistir y mantener la fe, la tradición misma; para proclamar la verdad y ayudar a esta generación rota, donde están sucediendo muchas cosas contrarias a nuestras costumbres cristianas, entre ellas, muchas inmoralidades sexuales», se lamenta Paul.

Gracias a la Fundación CARF

Esta es una de las razones por las que cree que la formación de un sacerdote es primordial: «debemos ayudar a todo el mundo, a los que creen y a los que no, los de una clase y los de otra.  Por eso, se necesitan sacerdotes que estén bien formados». 

Con ilusión y alegría agradece a la Fundación CARF todo lo que hace por sus estudios académicos. «Nuestra formación es académica, espiritual y pastoral, y estoy muy contento de vuestra ayuda».


Marta Santín, periodista especializada en religión.


La vocación de Benedikt: de carpintero a seminarista

El sueño de su vocación lo ha llevado a Roma para formarse como sacerdote en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y está cursando el primer año del primer ciclo de Teología.

Benedikt Aicher nació el 26 de abril de 1999 en Rosenheim, Bavaria, Alemania, a unos 90 kilómetros de Marktl am Inn, donde nació Josef Ratzinger, quien luego fue el papa Benedicto (Benedikt en alemán) XVI.

Este joven alemán reside en Roma, y es parte del instituto Obra de Jesús Sumo Sacerdote, comunidad católica dedicada principalmente a la santificación de los sacerdotes y la promoción de una vida de servicio, oración y apostolado. Su carisma se centra en la consagración al Corazón Inmaculado de María y en la búsqueda de la perfección cristiana mediante los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

Una infancia marcada por la fe y la familia

Benedikt Aicher creció junto a sus dos hermanos en una pequeña aldea en los Alpes bávaros, donde el trabajo en familia, la oración y los valores cristianos eran fundamentales. Desde niño, sus padres le enseñaron la importancia del sacrificio y la entrega a los demás, sentando las bases de una vocación que más tarde lo llevaría a querer ser sacerdote.

«Nuestros padres nos enseñaron una cosa en particular: hacer sacrificios por amor a los demás. Siempre había mucho trabajo, por lo que pronto tuvimos que ayudar. Como no teníamos hermanas, las tareas domésticas también eran algo normal para nosotros», nos cuenta.

La influencia de su abuelo y Benedicto XVI

La herencia católica de Benedikt se extiende a su abuelo, quien estudió junto al que fuera el sucesor de san Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI. Este legado familiar, junto con las tradiciones de la Iglesia, crearon un entorno propicio para que Benedikt cultivara su fe desde temprana edad.

«Mis padres recibieron una profunda influencia católica de sus propios padres y de la Iglesia. Mi padre pasó muchos años en un seminario menor. También mi abuelo asistió al seminario, junto con Joseph Ratzinger, con el sincero deseo de convertirse en sacerdote, pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió su formación. Al regresar de la prisión en Francia, quiso continuar sus estudios, pero debido a lo que había vivido, ya no encontraba la paz necesaria para estudiar», nos dice Benedikt.

Desde pequeño, él y sus hermanos asistían a Misa todos los domingos y fueron introducidos por sus padres en las tradiciones católicas. De esta manera, en casa, se creó un ambiente propicio para que Dios hiciera su obra.

«Después de mi Primera Comunión le dije a mi madre: ¡ahora empezaré a ser monaguillo y luego entraré en un monasterio!», nos relata con una sonrisa.

Descubriendo su vocación en medio de dudas y sueños

Aunque Benedikt soñaba con ser carpintero, su corazón fue conquistado por la llamada de Dios al sacerdocio. Durante su juventud, la Virgen María jugó un papel central para guiarlo hacia una vida de oración y entrega. A sus quince años, tras algunos de resistirse, finalmente aceptó su vocación, tomando pasos concretos para ingresar en el seminario.

«Mi vocación al sacerdocio surgió de niño, pero también soñaba con ser carpintero. Mi tío, que lamentablemente ya está en el Cielo, era un fraile benedictino y ejercía la carpintería en el monasterio. De pequeño quería formarme allí con él, pero con el tiempo ese deseo desapareció».

Durante su etapa en la escuela, era un chico muy tímido. En casa, en cambio, hacía mucho alboroto. La etapa del instituto lo llevó fuera del pueblo, a la ciudad. «Mi escuela aún tenía valores cristianos. Eso, junto a la protección de la Virgen María, me salvó de muchas cosas. De hecho, nunca salíamos de casa sin rezar con nuestra madre ante la estatua de la Virgen y sin hacernos la señal de la cruz con agua bendita».

Aunque la carpintería era algo que atraía a Benedikt, había otra camino para él. «Siempre me gustó participar en el grupo de monaguillos. Era mi preferencia hasta el final. Después de unos años, mis hermanos y yo nos convertimos en monaguillos mayores y liderábamos el grupo según nuestras capacidades. También ayudábamos en otras actividades parroquiales, como la preparación para la Confirmación. Durante muchos años, toqué el corno tenor en la banda musical Halfinger Bläserkreis».

El discernimineto de la vocación

La Virgen María siempre quiso llevarle a Jesús. «A los doce años, comenzamos a asistir mensualmente a conferencias de los Legionarios de Cristo, donde encontramos alimento espiritual. A los catorce años, mis hermanos y yo empezamos a participar en un campamento juvenil cada dos meses, también acompañado espiritualmente por los Legionarios de Cristo. Con el tiempo, me integré en el equipo organizador, donde principalmente me encargaba de las tareas económicas junto a mi hermano mayor».

Este período tuvo un gran impacto en su vida de fe, ya que fue guiado hacia la Eucaristía y la Confesión. A los quince años volvió a sentir la llamada al sacerdocio. «Fue breve y la rechacé con firmeza. En los años siguientes, los intervalos en los que sentía esta llamada se hicieron cada vez más cortos e intensos».

Los grupo de oración que frecuentaba le decían que rezara por su futura esposa. Benedikt aún no había aceptado su vocación, pero no podía rezar sin añadir: «y si tienes otro camino para mí, concédele a otro una buena esposa», nos dice alegremente.

Jesús conquistó su corazón, y Benedikt fue abrazando esa llamada al sacerdocio.

El papel clave de la Fundación CARF en su formación como seminarista

Hoy, Benedikt es seminarista y estudia teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz gracias al apoyo de la Fundación CARF. Con la ayuda de los benefactores, Benedikt no solo ha podido recibir una formación de calidad, sino que también ha sentido el respaldo espiritual y material necesario para seguir adelante en su misión de servir a la Iglesia.

La historia de Benedikt Aicher es un ejemplo vivo de cómo la fe, el trabajo y la generosidad de los benefactores de la Fundación CARF pueden transformar vidas y fortalecer a la Iglesia.


Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Adviento: tiempo de esperanza y preparación. 6 claves para vivirlo

El tiempo de Adviento marca las cuatro semanas anteriores a la Navidad, y es una oportunidad para reflexionar, reconectar con nuestra fe y vivir la espera de Cristo hecho hombre con un corazón abierto.

Pero, ¿cómo podemos aprovechar verdaderamente este tiempo sin dejarnos llevar por las distracciones del consumismo, los compromisos sociales o las preocupaciones cotidianas? A continuación, te compartimos algunas claves para vivir el Adviento con profundidad y sentido.

El significado del Adviento

La palabra Adviento proviene del latín adventus, que significa venida. Durante estas semanas, la Iglesia nos invita a preparar nuestro corazón para dos acontecimientos importantes:

El Adviento no es solo una cuenta regresiva hacia la Navidad, sino una llamada a la conversión y a la preparación espiritual. Este es un tiempo para detenernos, meditar y reorientar nuestra vida hacia Dios.

Claves para vivir el Adviento con fe

1. Reserva un momento diario para la oración

Dedica unos minutos cada día para estar a solas con Dios. Puedes leer las lecturas del día, meditar sobre los pasajes bíblicos que anuncian la venida de Jesús o rezar el Santo Rosario. Si tienes un calendario de Adviento, úsalo para profundizar en la liturgia diaria.

Tip: crea un espacio en casa para la oración con una vela o una imagen del nacimiento de Jesús. Encender una vela cada semana del Adviento puede ayudarte a recordar el significado de la espera. Recuerda la corona de Adviento.

2. Practica la caridad

El Adviento es un tiempo para mirar más allá de nosotros mismos y compartir con los demás, especialmente con quienes más lo necesitan. Considera cómo puedes ser un instrumento de amor:

3. Vive la liturgia

Asistir a la santa Misa dominical es esencial para nutrir nuestra fe. Durante este tiempo, presta especial atención a los signos litúrgicos: las lecturas, las oraciones y el color morado, que simboliza penitencia y esperanza.

4. Reduce las distracciones materiales

Es fácil dejarnos atrapar por las compras, las decoraciones o las cenas navideñas. Si bien estos elementos tienen su lugar, asegúrate de no perder de vista el verdadero significado de este tiempo.

5. Acércate al sacramento de la Confesión

El Adviento es un momento perfecto para reconciliarnos con Dios. Haz un examen de conciencia y acude al sacramento de la Confesión. Limpiar nuestro corazón nos ayuda a recibir al Niño Jesús con paz y alegría.

6. Cultiva la esperanza

El Adviento nos recuerda que la espera tiene sentido porque esperamos algo grande: el amor de Dios hecho carne. Aun en medio de las dificultades, ésta es una oportunidad para renovar nuestra esperanza y confiar en que Dios nunca nos abandona.

Tip: reflexiona sobre las virtudes de María y san José, lee acerca de los personajes de Belén. Ellos vivieron la espera con fe y humildad. ¿Cómo puedes imitar su ejemplo?

Conclusión

El Adviento es un tiempo para detenernos y mirar hacia lo esencial. Más allá de las luces, los regalos y las celebraciones, estamos invitados a preparar nuestro corazón para el encuentro con Cristo. Dejemos que este tiempo nos transforme, nos acerque más a Dios y nos haga verdaderos testigos de su amor.

¡Que este Adviento sea para ti y tu familia un camino lleno de fe, esperanza y caridad para que vivas muy bien la Navidad y el nacimiento de Jesús!



Persecución religiosa e intolerancia en el siglo XXI

La persecución religiosa que han sufrido numerosos cristianos ha sido provocada por parte de autoridades públicas, por parte de grupos no cristianos o de otros cristianos de creencias diversas durante la historia del cristianismo.

Tal vez parte de la respuesta esté en las siguientes reflexiones:

Persecución

Las persecuciones de cualquier tipo son actos deplorables, especialmente aquellas que son de tipo religioso, porque limitan la libertad del ser humano en su relación con Dios. Lamentablemente la historia universal nos ha mostrado que las persecuciones religiosas tienen su origen desde la edad antigua.

En el caso de la historia reciente de España, citado como referencia en numerosas obras, un detallado estudio publicado en 1961 por Antonio Montero Moreno,​ identificó a un total de 6.832 víctimas religiosas asesinadas en el territorio republicano, de las cuales 13 eran obispos; 4.184, sacerdotes diocesanos; 2.365, religiosos; y 283, religiosas. En un estudio publicado en 2001, el investigador y sacerdote don Ángel David Martín Rubio rebajó la cifra total de miembros del clero asesinados durante este periodo en la zona republicana a 6733.

Intolerancia

Sabemos que la intolerancia es la incapacidad de aceptar las ideas, creencias o prácticas de otras personas cuando son diferentes a las propias y qué el intolerante se caracteriza por mantener su opinión, sin atender a otras.

También sabemos que cuando se agrega el componente emocional o pasional, la intolerancia se convierte en fanatismo o que, cuando hay un apego desmedido a seguir al pie de la letra los textos fundamentales fuera de su contexto, caemos en el fundamentalismo.

Como actitudes humanas, todas ellas atentan a la dignidad de las personas, siendo motivos más habituales por razón de raza, sexo o religión.

Por último, sabemos que la tolerancia es un hábito adquirido y, por tanto, una competencia que los humanos podemos desarrollar voluntariamente, ya que nuestro instinto natural nos llevaría por el camino de la intolerancia y la agresión.

Podríamos deducir hasta aquí, que el origen del problema es personal, propio de cada uno de nosotros, y que depende de la educación recibida en nuestro entorno familiar, social y cultural.

Francisco también pidió que "nadie sea considerado ciudadano de segunda clase", sobre todo los cristianos, que representan 1% de la población en el país musulmán, ni los yazidíes, minoría perseguida por Estado Islámico.

Consecuencias de la persecución religiosa e intolerancia 

Según el último informe de  Ayuda a la Iglesia Necesitada, presentado a finales de 2014, un total de 55 países del mundo (28%), ha sufrido en los dos últimos años un notable empeoramiento o deterioro de la libertad religiosa.

En 14 de los 20 países que sufren una persecución por profesar la religión católica está relacionada con el islamismo radical y, en los otros 6, la persecución está ligada a regímenes autoritarios, la mayoría de ellos comunistas.

Según el informe de la ONG Open Door (Informe World Watch List WWL) más de 100 millones de cristianos son perseguidos hoy en el mundo.

España ha vivido su propia experiencia sobre este fenómeno: 1.523 mártires beatificados, consecuencia de la intolerancia religiosa de los años 30, de los que 11 ya están canonizados.

persecución religiosa siglo xxi

Advertencias

Es oportuno hacer dos observaciones:

a) El Papa Francisco lo hace sobre la “falsa tolerancia de quienes quieren obligar a los demás a vivir de forma privada y no pública los principios éticos consecuentes a la verdad encontrada”. (20 Jun.14).

En una palabra advierte sobre los lobos con piel de cordero, que proponen quitar los crucifijos o símbolos religiosos de la vida pública o que, en nombre de una falsa tolerancia con otras religiones, impulsan la expropiación de la Catedral de Córdoba, por poner un simple ejemplo del momento actual.

b) También es bueno advertir sobre las acusaciones falsas de discriminación que los artífices de la falacia promueven cuando ponen en un mismo plano de igualdad la dignidad de la persona y su comportamiento, acusando como discriminatoria la censura que se pueda hacer de determinados comportamientos.

Para ejemplificar este fenómeno podemos decir que cuando a un hijo se le censura que salga de botellón y regrese de madrugada, ni se agrede su dignidad personal ni se le está discriminando, solo se censura su comportamiento que es educable y modificable.

Si se censura un comportamiento promiscuo tampoco se le discrimina porque ese comportamiento puede ser modificado por el hijo, manteniendo intacta su dignidad personal que debe ser tratada con la máxima caridad y comprensión.

Plan de acción

El Papa Francisco subraya que “el problema de la intolerancia debe ser afrontada en su conjunto”. “el bien de toda la sociedad corre peligro y todos tenemos que sentirnos involucrados” (oct 2013).

En una palabra, no podemos quedar de brazos cruzados, tenemos que actuar, tenemos que luchar, con los instrumentos disponibles, que para un cristiano son entre otros, la oración, el estar comprometido con causas justas y la participación activa, ya que si no el lugar, nuestro lugar, será ocupado por otros.