San Bartolomé, apóstol: ejemplo de fe y entrega

La historia de la Iglesia está llena de testimonios de santos y apóstoles, como el de san Bartolomé, que muestran con su vida cómo responder a la llamada de Dios con una entrega total y con generosidad.

Uno de los doce elegidos por Jesús para anunciar el Evangelio al mundo. Natanael puede ser faro de inspiración para aquellos jóvenes que sienten la llamada a la vocación sacerdotal o religiosa.

¿Quién fue san Bartolomé?

San Bartolomé es uno de los doce apóstoles de Jesucristo, nombrado en los evangelios, aunque con pocas menciones explícitas en el Nuevo Testamento. Tradicionalmente se le identifica con Natanael, un joven israelita conocido por su sinceridad y profunda fe en Jesús. Su nombre, Bartolomé, significa hijo de Tolmai o hijo del maestro, y Natanael, Dios ha dado.

Pese a que su figura aparece de manera breve, la tradición e historia le atribuyen un papel fundamental en la expansión del cristianismo, llegando a tierras lejanas para anunciar al Señor y el Evangelio.

La llamada de san Bartolomé

La vocación de san Bartolomé comenzó en un momento de profunda sinceridad y búsqueda de la verdad. En el Evangelio de Juan (1, 45-51), Felipe, uno de los primeros discípulos de Maestro, encuentra a Natanael y le dice: «Hemos encontrado a aquel de quién escribió Moisés en la ley, y también los profetas: a Jesús de Nazaret, hijo de José». Natanael, escéptico, responde: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».

Pero cuando conoce a Jesús, quien lo sorprende diciendo que lo había visto bajo la higuera antes de que Felipe lo llamara, su corazón se abre a la fe, exclamando: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Este encuentro es un ejemplo precioso para todos aquellos que sienten la llamada: la vocación nace siempre del encuentro personal con Cristo, que conoce nuestro corazón y nos invita a seguirlo con una confianza total.

Un testimonio de vida

Tras su encuentro con Jesús, san Bartolomé no dudó en dejar atrás su vida anterior para entregarse plenamente a la misión de anunciar el Evangelio. Según la tradición, predicó en diversas regiones, como la India, Armenia, Mesopotamia y Etiopía, transmitiendo la palabra de Dios y a menudo enfrentándose a grandes dificultades y persecuciones.

Su valentía y fidelidad son un ejemplo para quienes se preparan para el sacerdocio o la vida consagrada. La entrega sin reservas a la misión, el testimonio valiente incluso ante el sufrimiento, y la confianza en la providencia de Dios son rasgos esenciales que san Bartolomé nos transmite.

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El martirio de San Bartolomé, José de Ribera, Museo del Prado.

El martirio, culminación del amor a Cristo

Como muchos apóstoles, san Bartolomé dio su vida por amor a Cristo y a la Iglesia. La tradición señala que fue martirizado por predicar la fe en Jesús. Se cuenta que fue desollado vivo, un martirio especialmente cruel que, sin embargo, no logró hacerle desfallecer y renunciar al Amor.

Este sacrificio extremo nos recuerda que la vocación sacerdotal y religiosa es una llamada a dar la vida por el Evangelio, no necesariamente de manera física, pero sí con un amor total y sin reservas, dispuestos a entregar nuestro tiempo, talentos y, en ocasiones, incluso enfrentarnos a pruebas por amor a Cristo y a los demás.

¿Por qué san Bartolomé es ejemplo para seminaristas y sacerdotes?

En la Fundación CARF, que promueve la formación de sacerdotes diocesanos, vemos en san Bartolomé a un modelo ejemplar de fe, entrega y coraje. Su vida nos invita a reflexionar sobre tres aspectos fundamentales:

El legado de san Bartolomé

La misión de la Fundación CARF es apoyar la formación de sacerdotes para que puedan responder con fidelidad a la llamada de Dios, tal como hizo san Bartolomé. Creemos que cada seminarista, como el apóstol, está llamado a ser luz en el mundo, la sonrisa de Dios en el mundo y testimonio vivo del amor de Cristo.

Apoyar a un seminarista es acompañar esa vocación que brota del encuentro personal con Jesús y que se expresa en una vida entregada, muchas veces con sacrificios, para la salvación de las almas. Por eso, te invitamos a conocer más sobre la labor de la Fundación y a sumarte a esta hermosa misión.

San Bartolomé, apóstol y mártir, nos enseña que la verdadera grandeza de la vida cristiana está en responder a la llamada de Cristo con un corazón abierto, lleno de fe y amor. Su ejemplo desafía a todos los que sientan la llamada a la vida sacerdotal o consagrada, a no temer los obstáculos, sino a confiar plenamente en la gracia de Dios.

Que su vida y su testimonio sean inspiración para que cada día más jóvenes puedan descubrir la belleza de la vocación y entregar sus vidas a Dios y al servicio a la Iglesia.

El Evangelio de día (Jn 1, 45-51)

En aquel tiempo, Felipe encontró a Natanael y le dijo:

— Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José. Entonces le dijo Natanael:

— ¿De Nazaret puede salir algo bueno?

—Ven y verás, le respondió Felipe.

Vio Jesús a Natanael acercarse y dijo de él:

— Aquí tenéis a un verdadero israelita en quien no hay doblez. Le contestó Natanael:

— ¿De qué me conoces? Respondió Jesús y le dijo:

— Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Respondió Natanael:

—Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Contestó Jesús:

—¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores verás. Y añadió:

— En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.


Bibliografía:

Santa María Reina: la Virgen María, emperatriz de cielo y tierra

Cada año, la Iglesia celebra emocionada la festividad de Santa María Reina, una fecha que nos invita a contemplar con profunda devoción el papel de la Virgen María como Reina del cielo y de la tierra. San Josemaría nos enseña su devoción y amor a nuestra madre. Su reinado no se basa en un poder humano, sino en el inmenso amor que nos tiene a todos; en una entrega a la voluntad de Dios con humildad y servicio, en perfecta sintonía con su sí desde el primer momento en la Encarnación del Hijo de Dios.

El Papa Pío XII instituyó esta festividad en 1954, en la clausura del Año Mariano, y más tarde, con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se ubicó dentro de la octava de la Asunción de la Virgen, el 22 de agosto. Así, la coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado se celebra justo después de su entrada gloriosa al cielo en cuerpo y alma.

Santa María Reina porque es Madre

La realeza de la Virgen María está íntimamente ligada a su papel como Madre de Dios. San Josemaría Escrivá, gran devoto de nuestra Madre, meditaba con frecuencia sobre esta verdad, enseñando que María ha sido ensalzada por Dios por encima de toda criatura: «Llénate de seguridad: nosotros tenemos por Madre a la Madre de Dios, Reina del Cielo y del Mundo».

En otra ocasión san Josemaría dejó escrito en una homilía: «Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta san Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en Él sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios», Amigos de Dios 285

Desde el primer instante de su concepción, María fue colmada de gracia. Fue preservada del pecado original y vivió toda su existencia unida perfectamente a la voluntad de Dios. En la plenitud de su entrega, aceptó ser la Madre del Salvador, y al pie de la Cruz, se convirtió también en Madre de todos los hombres y Corredentora junto a su Hijo.

Por eso, su reinado no es simbólico: es el reflejo de su papel esencial en el plan de salvación, querida por Dios como intercesora, protectora y guía del Pueblo cristiano.

Santa María Reina san Josemaría amor a la Virgen María

La Virgen María fuente de paz en medio de las tormentas

A diferencia de los reinados humanos marcados por poder o ambición, el de María está lleno de ternura y compasión maternal. Como señala san Josemaría, ella es Reina de la paz, y acudir a ella es encontrar consuelo: «Santa María es la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma… no ceses de aclamarla… Regina pacis, ora pro nobis!».

La Virgen no está distante: es cercana, comprensiva y disponible. Muchos cristianos experimentan cómo, al acudir a ella en medio de dificultades –enfermedades, preocupaciones familiares, dudas vocacionales–, su presencia serena el corazón y abre caminos de esperanza.

Reina y Madre de los apóstoles

Además de consolar, María impulsa. Es Regina Apostolorum, Reina de los Apóstoles. San Josemaría insistía en que la Virgen María nos anima a vivir una vida de entrega y misión:

«Sed audaces. Contáis con la ayuda de María, Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. (…) Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así el haced lo que Él os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal». San Josemaría, Es Cristo que pasa, 149

Esta dimensión apostólica del reinado de María conecta profundamente con la misión de la Fundación CARF, que promueve la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas al servicio de la Iglesia universal. María, que supo acoger y guiar la vocación de los primeros apóstoles, sigue hoy acompañando a quienes entregan su vida en el sacerdocio o en la vida consagrada.

¿Cómo celebrar la fiesta de Santa María Reina?

Te proponemos vivir este día con algunos gestos sencillos, pero profundos:

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La Coronación de la Virgen María. Foto de la galería de las escenas del Rosario del Santuario de Torreciudad.

«La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima», san Josemaría. Amigos de Dios, 276

Propuesta de oración para el 22 de agosto

Que este 22 de agosto, al honrar a Santa María Reina, encontremos en su maternal ayuda y presencia reinado la paz y el impulso para servir con corazón generoso y manos dispuestas.


Bibliografía:

Emmanuel Enwenwen, sacerdote: «muchos nigerianos son hoy misioneros»

Emmanuel Enwenwen nació en el seno de una familia católica en Nigeria. A los 12 años ingresó en el seminario menor y, años después, «impulsado por el ardiente celo de servir a Dios y a la humanidad», ingresó en el Seminario Mayor. Tras una década de formación, recibió la ordenación sacerdotal el 7 de julio de 2018.

¿Cómo descubrió su vocación como sacerdote?

—Crecer en una familia católica y en una comunidad católica tuvo mucha influencia positiva en mi fe. Crecí viendo a los sacerdotes católicos como agentes de esperanza por el papel que desempeñaban en nuestra comunidad.

La abnegación de estos sacerdotes que dedicaban su vida al servicio de los necesitados y los enfermos fue una gran fuente de inspiración para mí. El deseo de llevar el mensaje de esperanza a la gente en sus momentos difíciles se convirtió en un celo ardiente que me llevó a los altares.

¿Cuál fue la reacción de su familia y amigos cuando les dijo que quería ser sacerdote?

—Su reacción fue positiva. Me aseguraron su apoyo y prometieron no ser nunca un obstáculo para mi progreso y misión. He disfrutado de ese apoyo hasta hoy. Les debo gratitud eterna y rezo todos los días por ellos.

¿Cómo describiría la Iglesia en Nigeria?

—La Iglesia católica de Nigeria ha seguido siendo una madre centrada en la salvación de todos sus hijos. Esto ha dado muchos resultados positivos, como se ve en la asistencia a Misa.

Este compromiso de fe también se ve en el número de vocaciones tanto al sacerdocio como a la vida religiosa. Hace unos años, éramos beneficiarios de misioneros que venían a evangelizarnos. Hoy muchos nigerianos se han convertido en misioneros en distintas partes del mundo.

¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la Iglesia en su país?

—La Iglesia católica de Nigeria se enfrenta a numerosos retos en su empeño por cumplir su misión espiritual y social. Uno de los principales problemas es la inseguridad. Existe la violencia de grupos insurgentes, bandidos y secuestradores que atacan al clero, a los laicos e incluso los lugares de culto, perturbando las actividades pastorales y sembrando el miedo. De hecho, en algunas partes del país, la Iglesia se ha convertido en una ruta fácil hacia el martirio.

¿Cómo ve el futuro de la Iglesia en Nigeria?

—El futuro de la Iglesia católica en Nigeria tiene un profundo significado, no sólo para los fieles, sino para el alma de la propia nación. Gracias a una población joven y dinámica, la Iglesia tiene la capacidad de remodelar el paisaje moral de la nación. Además, con los muchos jóvenes que hay en los seminarios y los conventos, hay una gran esperanza de continuidad para el futuro.

Emmanuel Enwenwen sacerdote Nigeria

¿Qué es lo que más aprecia de su educación en Roma?

—Estudiar en Roma es lo mejor que le puede pasar a cualquier sacerdote católico. Aparte de las ricas posibilidades académicas, aquí en Roma convergen la historia y la fe. Aprecio inmensamente el carácter multicultural de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, que me ha expuesto a las diferentes culturas del mundo. Para mí es un largo período en el que aprendo, desaprendo y vuelvo a aprender.

¿Cómo es hoy su vocación sacerdotal?

—El don del sacerdocio es para mí una de las mayores bendiciones que he recibido de Dios. Me considero un siervo indigno al que se ha confiado el mayor privilegio de servir al Pueblo de Dios.

Me siento privilegiado por celebrar cada día la Sagrada Eucaristía y por ser portador de la Buena Nueva de Cristo, que es un mensaje de esperanza. No sólo soy feliz siendo sacerdote, sino que me siento realizado y agradecido por el privilegio de ser sacerdote.

¿Cómo le ayuda en su labor pastoral la formación recibida a través de los benefactores de la Fundación CARF?

—Soy estudiante de Comunicación Social Institucional. Ser profesional en el campo de la comunicación me dota de muchas herramientas para mi trabajo pastoral en el cambiante mundo de hoy. Una buena comunicación contribuye enormemente al éxito de la labor misionera.

Mi formación me proporciona un ojo crítico para leer la realidad que me rodea y comunicar un mensaje que aporte esperanza a las personas confiadas a mi cuidado. Los conocimientos adquiridos aquí se transmitirán a otros jóvenes que se preparan para el sacerdocio en Nigeria.


Entrevista original publicada en Omnes

¿Por qué la Fundación CARF apoya la formación de congregaciones católicas?

La Fundación CARF en su misión de servicio a la Iglesia, se compromete, no solo a facilitar el acceso a la formación a los sacerdotes y futuros sacerdotes de todo el mundo, sino también a los miembros de diferentes congregaciones católicas de religiosos y religiosas.

En la Iglesia hay distintas llamadas y congregaciones católicas

Cada congregación religiosa tiene su propia misión y actividades específicas acordes a su carisma. Dedican su tiempo a campos tan diversos como la educación, la sanidad o la asistencia social a los más necesitados, o simplemente, a través de la contemplación, a ser los pulmones espirituales de la vida moderna. Sus servicios son fundamentales para nuestra sociedad y su labor en estos campos es muy apreciada y valorada.

La Fundación CARF, además de ayudar a la formación de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo, concede becas también a religiosos y religiosas pertenecientes a las diversas congregaciones católicas para que puedan acceder a una formación sólida y adecuada a la realización de su misión como agentes pastorales.

¿Por qué es importante que las congregaciones católicas tengan miembros bien formados?

Los miembros de las congregaciones católicas son importantes portadores y transmisores de la fe. Una formación sólida les permite comprender y vivir plenamente los fundamentos del Evangelio y de la doctrina de la Iglesia.

Gran parte de estas órdenes religiosas se dedican a la educación y están al servicio de la sociedad. Una formación integral les capacita para responder a las necesidades de los demás de manera más efectiva y acorde a su misión. Por otra parte, en un mundo cada vez más globalizado, es esencial que los miembros de las congregaciones católicas estén bien formados tanto para la comunicación institucional como para el diálogo interreligioso y ecuménico.

La Fundación CARF apoya la formación de congregaciones religiosas como los sacerdotes franciscanos

Los sacerdotes franciscanos, pertenecientes a la Orden de Frailes Menores, también conocidos como Hermanos Franciscanos, una de las congregaciones religiosas más importantes, comparten las características distintivas de la espiritualidad franciscana fundada por san Francisco de Asís; abrazan la pobreza evangélica como una forma de imitar a Cristo, viviendo una vida sencilla y despojada de bienes materiales y se comprometen a vivir en comunidad fraterna. La Fundación CARF, en la medida de sus posibilidades apoya la formación de congregaciones religiosas como los Hermanos Franciscanos.

Father Marwan, después de servir como párroco en la basílica de la Anunciación en Nazareth, acabó ordenándose sacerdote franciscano. Estudia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, gracias a una ayuda al estudio la Fundación CARF.

La Fundación CARF apoya la formación de sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de san Carlos Borromeo

Los Misioneros de san Carlos Borromeo, también conocidos como los Misioneros de Comunión y Liberación, siguen la figura de don Luigi Giussan, sacerdote italiano. Este movimiento tiene como objetivo principal promover el encuentro personal con Jesucristo y la vivencia profunda de la fe católica en la vida cotidiana.

«No puedo dejar de agradecer a quienes, con oraciones y ayuda material –como mis benefactores de la Fundación CARF, quienes me sustentaron con sus oraciones y su ayuda financiera para poder estudiar en esta gran universidad donde me encontré con muchos amigos nuevos de todo el mundo, y pude profundizar con profesores excelentes en tantas disciplinas que me van a ayudar en mi misión como sacerdote del Señor». Filippo Pellini tiene 32 años, pertenece a la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de san Carlos Borromeo y ha recibido una ayuda de la Fundación CARF para completar sus estudios de teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. 

congregaciones religiosas formación CARF PUSC

La Fundación CARF apoya la formación de sacerdotes de la Congregación de la Preciosa Sangre 

Los Misioneros de la Preciosa Sangre, fundados por san Gaspar del Búfalo en 1815 en Italia, se dedican a la predicación del Evangelio y al servicio de la redención del mundo a través de la devoción a la Preciosa Sangre de Jesús derramada en la Cruz.

Su carisma se centra en la reconciliación, la redención y la renovación espiritual. Buscan llevar el amor y la misericordia de Dios a todos los rincones del mundo ya todas las personas.

La congregación está compuesta por sacerdotes y hermanos religiosos que viven en comunidades fraternales y profesan los votos de pobreza, castidad y obediencia. 

Francesco Albertini es un joven seminarista de los Misioneros de la Preciosa Sangre y el primero de su congregación en estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, gracias a una ayuda al estudio de la Fundación CARF.


La Asunción de la Virgen María, 15 de agosto

La Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. En María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia.

«La fiesta de la Asunción es un día de alegría. Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida».

La Asunción: «El Cielo tiene un corazón»

Se ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte, que Dios tiene la verdadera fuerza, y su fuerza es bondad y amor. María fue elevada al cielo en cuerpo y alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre.

Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros: “He aquí a tu madre”.

El cielo está abierto y tiene un corazón. En el evangelio hemos de escuchar el Magníficat, esta gran poesía que brotó de los labios, o mejor, del corazón de María, inspirada por el Espíritu Santo. En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Podemos decir que este canto es un retrato, un verdadero icono de María, en el que podemos verla tal cual es. Quisiera destacar sólo dos puntos de este gran canto.

asunción de la virgen maría 15 agosto
Asunción de la Virgen María de Martín Cabezalero, 1665.

Magníficat, el canto de acción de gracias

Comienza con la palabra Magníficat: mi alma “engrandece” al Señor, es decir, proclama que el Señor es grande: María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios.

El hecho de que nuestros primeros padres pensaran lo contrario fue el núcleo del pecado original. Temían que, si Dios era demasiado grande, quitara algo a su vida. Pensaban que debían apartar a Dios a fin de tener espacio para ellos mismos. Esta ha sido también la gran tentación de la época moderna, de los últimos tres o cuatro siglos.

Eso es precisamente lo que ha confirmado la experiencia de nuestra época. El hombre es grande, sólo si Dios es grande. Con María debemos comenzar a comprender que es así. No debemos alejarnos de Dios, sino hacer que Dios esté presente, hacer que Dios sea grande en nuestra vida; así también nosotros seremos divinos: tendremos todo el esplendor de la dignidad divina. Apliquemos esto a nuestra vida. Es importante que Dios sea grande entre nosotros, en la vida pública y en la vida privada.

Engrandezcamos a Dios en la vida pública y en la vida privada. Eso significa hacer espacio a Dios cada día en nuestra vida, comenzando desde la mañana con la oración y luego dando tiempo a Dios, dando el domingo a Dios.

Una segunda reflexión. Esta poesía de María, el Magníficat, es totalmente original; sin embargo, al mismo tiempo, está "tejido" con “hilos” del Antiguo Testamento, con la palabra de Dios. María, por decirlo así, “se sentía como en su casa” en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios y la comprendía.

En efecto, hablaba con palabras de Dios, y sus pensamientos eran los pensamientos de Dios. Estaba iluminada por la luz divina y recibía también la luz interior de la sabiduría. Por eso irradiaba amor y bondad. María vivía de la palabra de Dios; estaba impregnada de la palabra de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios.

Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien; tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo.

Cada vez más se ha pensado y dicho: «Este Dios no nos deja libertad, nos limita el espacio de nuestra vida con todos sus mandamientos. Por tanto, Dios debe desaparecer; queremos ser autónomos, independientes. Sin este Dios, nosotros seremos dioses, y haremos lo que nos plazca». Benedicto XVI, Homilía del 10 de agosto de 2012.

la asunción de la virgen maría 15 de agosto

La Virgen María, Reina del cielo y la tierra

Así, María habla con nosotros, nos habla a nosotros, nos invita a conocer la palabra de Dios, a amar la palabra de Dios, a vivir con la palabra de Dios, a pensar con la palabra de Dios. Y podemos hacerlo de muy diversas maneras: leyendo la sagrada Escritura, sobre todo participando en Misa Católica, en la que a lo largo del año la santa Iglesia nos abre todo el libro de la sagrada Escritura. Lo abre a nuestra vida y lo hace presente en nuestra vida.

Pero pienso también en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, en el que la palabra de Dios se aplica a nuestra vida, interpreta la realidad de nuestra vida, nos ayuda a entrar en el gran “templo” de la palabra de Dios, a aprender a amarla y a impregnarnos, como María, de esta palabra. Así la vida resulta luminosa y tenemos el criterio para juzgar, recibimos bondad y fuerza al mismo tiempo.

La Virgen María, mediante la Asunción, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está dentro de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios.

Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como madre –así lo dijo el Señor–, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad.

«Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros. En este día de fiesta, demos gracias al Señor por el don de esta Madre y pidamos a María que nos ayude a encontrar el buen camino cada día. Amén».

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Evangelio (Lc 1,39-56) en la fiesta de la Asunción de la Virgen María

«Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo:

—Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.

María exclamó:

—Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador:

porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.

Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo; su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen.

Manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió vacíos.

Protegió a Israel su siervo, recordando su misericordia, como había prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia para siempre.

María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa».


Don Francisco Varo Pineda, director de Investigación de la Facultad de Teología de Universidad de Navarra y profesor de Sagrada Escritura.

Fragmentos de una homilía pronunciada por Benedicto XVI, el 15 de agosto de 2005 en Castelgandolfo (Italia).

Elías, una vocación de sacerdote para Tanzania

Elías Emmanuel Mniko tiene 22 años y una mirada que transmite paz y convicción. Nació en la región de Mwanza, al norte de Tanzania, a orillas del lago Victoria. Creció en un hogar lleno de armonía y fe, donde su padre Emmanuel y su madre Miluga educaron con amor a sus cuatro hijos.

Una vocación que el Señor puso en su corazón

Desde la Secundaria, comenzó a sentir un deseo profundo: ser sacerdote. No sabía explicarlo del todo, pero algo en su interior se encendía cada vez que veía a los curas del colegio: entregados, serenos y cercanos. Le fascinaban los seminaristas con sus sotanas blancas, elegantes y discretas. «Era un deseo que el Señor puso en mi corazón», dice ahora con sencillez.

Aunque no ingresó en el seminario menor, Elías no se desanimó. Pasó un año de formación en la casa vocacional san Juan Pablo II, en su diócesis natal. Allí, en el silencio de la oración y en la alegría del servicio, fue madurando su vocación. Comprendió que, en Tanzania, ser sacerdote no es solo una opción de vida: es una necesidad urgente.

La comunidad crece y hay pocos presbíteros

La diócesis de Mwanza, a la que pertenece Elías, se enfrenta a grandes desafíos. Aunque los católicos representan cerca del 30 % de la población –unos 1,2 millones de personas–, los sacerdotes son escasos y las comunidades crecen rápidamente. En muchas aldeas, la Misa se celebra solo una vez al mes, y hay fieles que caminan más de 10 kilómetros para poder asistir. Las vocaciones sacerdotales son una bendición deseada con esperanza y fe por todo el pueblo.

A pesar de todo, la Iglesia en Mwanza está viva. Los fieles son entusiastas, los jóvenes se sienten orgullosos de su fe, y la diócesis impulsa, con gran esfuerzo, proyectos educativos y sanitarios. Muchas escuelas y hospitales son gestionados por la Iglesia. Allí, en medio de la sencillez y, a veces, de la precariedad, se siembra esperanza cada día.

«Estoy viviendo una experiencia maravillosa»

Actualmente, Elías reside en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona. Ha terminado su primer año de Filosofía y su rostro refleja asombro y gratitud. «Estoy viviendo una experiencia maravillosa y fraterna», comenta. Le emociona compartir la vida diaria con seminaristas de todos los continentes, aprender de los formadores y conocer otras culturas.

Elías Mniko vestido con sotana de sacertoda en un pueblo de Tanzania durante su formación

«Europa me está enseñando muchas cosas –dice–. Los europeos son muy cariñosos. Pero también creo que vosotros, los europeos, podéis aprender de nosotros, los africanos, la importancia de la vida familiar».

La vida del sacerdote exige sacrificios

Elías habla con calma, pero cada palabra suya está cargada de fuego interior. Sabe que la vida sacerdotal exige sacrificios. Sabe que, cuando regrese a Tanzania, le esperará una misión exigente: cuidar de muchas almas, acompañar comunidades dispersas, consolar a los que sufren y ser la presencia viva de Cristo en medio de su pueblo.

A veces piensa en su familia, en su tierra, en los cantos alegres de la Misa y en el maíz molido que acompaña casi todas las comidas. También rememora a sus amigos, a los catequistas de su parroquia y al obispo que lo animó a no tener miedo de decir sí a Dios.

La vida en el seminario internacional Bidasoa le parece un regalo. Tiene momentos de oración, estudio, deporte, servicio y también de fiesta. «Aquí aprendemos a ser hermanos», explica. Aunque al principio le costó adaptarse –el frío de Navarra, el idioma, la comida–, hoy se siente en casa. Su español mejora día a día y, cuando sonríe, lo hace con esa calidez propia de África.

«Los jóvenes de Tanzania tienen mucha esperanza»

Elías no es ingenuo. Conoce los problemas de la Iglesia, tanto en Europa como en África. En su país, además de la escasez de sacerdotes, existen desafíos sociales: la pobreza, la falta de acceso a la educación en zonas rurales y el riesgo de sincretismos religiosos. Pero también sabe que hay un fuego que no se apaga. «Los jóvenes en Tanzania tienen mucha esperanza. Saben que son el futuro de la Iglesia. Por eso quieren formarse bien, servir con alegría y dar la vida si es necesario».

Mwanza, su diócesis, ha visto nacer vocaciones como la suya. El seminario mayor local no da abasto para formar a todos los candidatos, por lo que la diócesis envía a algunos, como Elías, a centros de formación fuera del país. Es una inversión valiente, con la esperanza de que estos jóvenes vuelvan a dar fruto.

Volver a su país para servir

Elías mira al futuro sin miedo. «Quiero volver a mi país y servir a mi gente. Quiero ser un pastor bueno, como Jesús. Y, si puedo, ayudar también a que otros jóvenes escuchen la voz de Dios». Lo dice con una paz que conmueve, porque no hay nada más fuerte que un corazón entregado.

Su historia, como la de muchos seminaristas africanos, es un canto de esperanza para toda la Iglesia. En un mundo donde a veces parece que la fe se apaga, voces como la suya nos recuerdan que el Evangelio sigue vivo, sembrando en tierras fértiles como Tanzania.


Marta Santín, periodista especializada en información religiosa.