
José Pablo Hernández Quiñonez es un seminarista de la Arquidiócesis de Santiago en Guatemala.
«Ingresé al seminario de mi país en el año 2015, aún recuerdo la fecha, fue un 18 de enero, y más que la fecha, no olvido el Evangelio de aquel domingo: era el pasaje de los primero discípulos del Señor, quedó marcado en mi memoria aquella frase: Maestro, ¿Dónde vives?, y la respuesta de Cristo: Venid y lo veréis. Desde entonces he intentado seguir la invitación del Maestro.
Por cuestiones de la vida, conocí a un sacerdote de la Prelatura de la Santa Cruz, D. Mario, con quien comienzo en el 2017 a tener dirección espiritual; después de un tiempo, surge la oportunidad de estudiar fuera del país.
Salí de Guatemala, el 28 de agosto del 2018, fiesta de San Agustín de Hipona. Llegar a Bidasoa superó por muchísimo mis expectativas. Los sacerdotes, los compañeros -a los que no me da pega alguna llamar hermanos- me trataron como uno más de la familia. ¡Cuánto bien hace a las almas los sitios como Bidasoa!, en esta casa de formación he hecho grandes amigos.
Este es mi tercer año en España, un poco distinto por la pandemia, pero no por ello menos intenso.
En mi pastoral he conocido sacerdotes buenos y santos, y la necesidad que hay de estos. La gente está sedienta de Dios -y de ello soy testigo cada domingo-, cuando se le lleva la Sagrada Comunión a los enfermos, a veces me siento como un San Luis Gonzaga -aunque la comparación es exagerada, porque no llego a tanto- y ello debe hacerme buscar más la santidad.
Quiero agradecer su colaboración en la formación de tantos seminaristas y sacerdotes. Sepan, que no dejamos de rezar por ustedes. El Señor que nunca se deja ganar en generosidad sabrá recompensar sus esfuerzos. ¡Gracias, gracias y gracias! Que Nuestro Señor los lleve muy cerca de su Sacratísimo Corazón.
Ruego al Buen Dios los conserve con buena salud a ustedes y sus familias».